Hola Chicas, aquí va uno más, por favor déjenme saber lo que piensan.
Bendiciones, y un abrazo.
Capítulo 50
Candy estaba a punto de abrir la puerta de la habitación, cuando la voz ronca de Archie la detuvo.
No puedes entrar ahí. – la voz grave y lo ojos enrojecidos de Archie le dijeron claramente que algo no andaba bien.
¿Archie? -
No quiere ver a nadie. –
Yo no estoy incluida, en ese no quiere ver a nadie. – le dijo la rubia en tono ligero, aunque sentía que su estómago se contraía.
Especialmente a ti, dejó muy claro que no te permitiera entrar.
¿Qué sucedió?
Pidió hablar con el doctor a solas, y después de eso, cuando quise entrar me pidió que me saliera y que me asegurara de que nadie lo molestara, incluida tú.
Llamaré al doctor entonces. – ninguno de los dos hombres le dijeron lo que obviamente el médico le diría, sabían que sería inútil.
El médico entró 10 minutos después, Candy, no había dejado de dar vueltas alrededor de la sala.
Señorita Andrew, Señores.
Buenas tardes doctor.
¿En que le puedo servir señorita Andrew?
Necesito saber de que habló con Albert.
Me temo, que no es algo que puedo discutir con usted.
¿Qué quiere decir?
Mi paciente, el señor Andrew, tiene derecho a su privacidad.
Doctor, usted no entiende, yo soy...
Su prima adoptiva, señorita Andrew, eso es lo que legalmente es, si aun siendo su esposa debo guardar la privacidad del señor Andrew, no siendo familiar directo, con más razón, puedo decirle que su vida no corre peligro, y que debemos esperar a que pase algo de tiempo, pero no puedo decirle más. – el médico la vio con mirada compasiva.
Gracias doctor. – dijo Candy.
Lo siento gatita, tal vez solo necesita descansar.
¿Te llevo a casa? – preguntó Anthony solicitó.
No.
Candy, hay que darle tiempo…
No, legalmente no soy su esposa, pero nos prometimos que estaríamos en la salud y en la enfermedad, así, que lo siento, pero Albert Andrew no tiene derecho de impedirme la entrada a su habitación, porque él mismo, me pidió que me casara con él, y lo hicimos.
Candy…
No te preocupes Archie, puedes decirle que soy una loca irracional y testaruda. – le dijo la rubia, mientras lo miraba desafiantemente.
Ni Archie, ni Anthony hicieron nada por detenerla, simplemente esperaron afuera, ella tenía razón, no creían que Albert debía estar solo, y confiaban en que entre ambos podrían enfrentar lo que fuera.
Candy entró en la habitación, y de inmediato percibió la tensión de Albert. Se dio cuenta que estaba muy molesto, y cerró los ojos en cuanto la vio entrar.
Albert…
Al parecer han olvidado que soy el patriarca de los Andrew, y que mis órdenes deben ser seguidas. – le dijo amargamente. Candy respiró profundo, y trató de contestarle en un tono ligero.
Me temo que tú has olvidado, que en estos momentos no somos tus subordinados, sino tu familia, ¿qué sucede amor?
Candy, vete, quiero estar solo. – le contestó el enojado.
Lo siento, pero eso no será posible. – le respondió ella con tono de que no daría su brazo a torcer.
Estás llevando las cosas al límite. – la voz de Albert, era ligeramente amenazadora, pero Candice Andrew sabía de sobra que no tenía porque sentirse intimidada por él.
No Albert, tú estás olvidando que juramos que nunca más no separaríamos. – le reprochó ella.
Las circunstancias eran otras. – le dijo él secamente.
¿Qué pasó? Habla conmigo, necesito entenderte, saber que es lo que te está pasando… ¿Cómo crees que me siento yo ante esta incertidumbre? El médico no me dirá nada, porque no soy tu esposa legalmente… - le espetó ella llena de frustración y dolor, habían pasado por tanto, y no estaba dispuesta a perderlo, lucharía por él con uñas y dientes de ser necesario.
Candy, te prometí una vida a mi lado, para cuidarte, para cumplir tus sueños, y ahora… - su voz se quebró, en su tono había dolor, ira, decepción…
Mi amor, ahora lo que sea lo resolveremos juntos, por favor háblame, dime que te pasa, entiende que el médico no me va a informar porque no soy tú esposa legalmente. – le dijo ella en tono suplicante una vez más.
Albert guardó silencio, era cierto, no era su esposa legalmente, no tenía derechos, había sido una locura casarse de esa forma y creer que habían sido muy listos y burlado al destino.
Mis vertebras están inflamadas, no tengo sensación de la cintura para abajo… - le espetó él con amargura
Candy guardó silencio por un segundo, y tragó en seco, eso definitivamente no se lo había esperado, pensar en que su amado esposo no volvería a caminar, que no volvería a sentir su imponente estatura protegiéndola, brindándole calor, respiró profundo, no podía desmoronarse, debía ser fuerte por él, se tragó su dolor e incertidumbre y le habló suavemente.
Mi amor, seguramente hay algo que podamos hacer… - comenzó ella
¿Has pensado que, si no lo hay, no podremos viajar como quieres, e incluso tal vez no podremos tener hijos? ¿qué estarás toda tu vida atada a un hombre que no puede dártelo todo, a un hombre que será una carga? No seré tu igual, no seré quien te proteja, seré un lastre… - el enojo y la frustración en la voz de Albert era más que palpable.
Candy sentía como su corazón se desgarraba ante su dolor, con gusto cambiaría su lugar con él, con gusto sería ella la que llevaría esa carga, pero no podía hacerlo, tomó fuerzas y lo refutó.
Viajaremos de otra forma, y adoptaremos sí es necesario. Mi amor, hemos pasado por tantas cosas, que esto no puede ser un obstáculo a menos que nosotros lo permitamos, prometí estar a tu lado en la salud y en la enfermedad, que ahora me quieras alejar, sería tan absurdo como que si me pidieras lo mismo por quedar en bancarrota. – le dijo ella con lágrimas en los ojos. – Por favor, no me alejes de tú lado. -
No es justo que lidies con un enfermo… con un hombre incompleto.
Tú lo hiciste, arriesgaste tu vida por mí, por ir a rescatarme, dejaste todo, por cuidarme, no puedes pedir que yo no lo haga. Te amo. – las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, no podían estar tan cerca de ser felices y perderlo todo de nuevo. La desesperación la llenaba, la incertidumbre del futuro amenazaba con arrasar con ella, clavó su mirada en la de él, y sin palabras le dijo lo que había dentro de ella, cuanto lo amaba, y cuanto lo necesitaba, y que nunca se haría a un lado.
Albert quería endurecer su corazón, gritarle y ofenderla, con tal de alejarla de su lado, y luego recordó que eso era justo lo que ella había hecho, y vio sus lágrimas, y supo que no podía, que haría lo que fuera por hacerla feliz y evitarle llorar, aunque eso fuera permitirle quedarse a su lado en esas circunstancias, y por otro lado… por otro lado, sabía perfectamente que sus días sin ella serían completa oscuridad. Respiró profundo, y solo alcanzó a formular una rápida plegaria, pidiendo ayuda y entereza, para lo que habría de venir.
Lo siento, princesa, te he hecho llorar, ven acá. – le dijo él abriéndole los brazos.
Durante esas semanas, el contacto físico había sido reducido a tomarse de las manos, pero en esos momentos de desolación ambos se necesitaban, había poco espacio, pero ella se acomodó con cuidado en el lado que no tenía la quemadura, y se acurrucó en su pecho, con cuidado de su pierna enyesada, Albert la recibió en sus brazos, y se aferró a ella. Ambos estaban cansados, y se quedaron dormidos así, Anthony se asomó, para ver que todo estuviera bien y los vio dormidos, sonrió y salió.
Lo convenció. – dijo Anthony con una enorme sonrisa.
Jajaja ¿esperabas otra cosa? – le dijo Archie burlonamente.
No, pero esperaba que Albert se resistiera un poco más.
¿Tú te resistirías un poco más?
Tú tampoco puedes negarle nada, no te vi impedirle la entrada. ¿Qué es lo que el doctor se negó a decirle?
Hay posibilidades de que Albert no vuelva a caminar.
¿Lo sabías?
Sí, pero no podía decírselo, Albert estaba muy enojado y frustrado…
¿Serán felices algún día?
¿Te refieres a sí tendrán la vida perfecta?
Sí.
Será perfecta, porque estarán juntos, pero tal como hasta ahora, no será fácil, si Albert no vuelve a caminar, tendrán que readaptarse, pero mira todo lo que han sobrevivido hasta ahora. Y Stear, tú y yo, tendremos que hacernos cargo de todo, por un tiempo.
Lo sé, tal vez es tiempo…
¿Tiempo?
De sentar cabeza, Sophie es perfecta para convertirse en la señora Brower-Andrew.
Anthony…
Sé lo que dirás, pero, se lo debo, hemos tenido una relación por 4 años. Salió limpia en las investigaciones.
¿Cuándo lo harás?
Cuando hayamos instalado a Candy y a Albert, en Chicago, o en Lakewood, lo que prefieran, entonces le pediré que sea mi esposa.
¿Usarás el anillo de tu madre?
Le compraré algo espectacular en Harry Winston. El anillo de mi madre, cuando tengamos nuestro primer hijo.
Bien, empecemos la cuenta regresiva.
Después de casi dos meses hospitalizado, Albert pudo volver a casa para Navidad, todos irían a Lakewood, una camioneta especial había sido comprada para él, e incluso acondicionada para que él condujera, tanto Candy, como la tía, estaban conscientes de que tenerlo confinado a un espacio como un inválido, sería perjudicial, mandaron acondicionar Lakewood, para terapia física, contrataron un terapeuta, y enfermeros, Candy quería hacerse cargo de muchas cosas, pero la realidad, era que era demasiado menuda como para poder con él físicamente, además Albert, no quería que su relación se volviera de paciente enfermera.
Habían volado de regreso a Chicago, y ahora conducían rumbo a Lakewood, por supuesto que Albert había insistido en conducir él, no era el auto de su preferencia, era una minivan Honda, de lujo, nueva, y por ser especial había sido muy cara, pero él era un hombre acostumbrado a su libertad a los autos deportivos, y ahora, debía conducir un auto que nunca pensó en comprar, pero al menos podía conducir. Candy iba sentada a su lado, planeando la cena de navidad en su ipad, y ordenando regalos, ir de compras había sido imposible hasta ese momento.
¿Cómo vas con las compras?
Ya compré todo lo del hogar. Y estoy por encontrar el regalo perfecto para la tía.
Pues, darle la noticia de que será abuela no podrá superar nada de lo que hagamos… - le dijo él con un guiño.
Podemos intentar hacer algo de eso, pero… no estaría listo para el 25…
Jajajaja, no nosotros princesa, Stear y Patty…
¿Cómo lo sabes?
Sabes bien lo atolondrado que es Stear, se le salió decírmelo.
Jajajaja, al paso que van, no será sorpresa para nadie.
Jajaja, supongo que no…
Tengo más esperanzas en Archie y Annie…
¿También?
Jajajajaja, ves, el error es decírnoslo a nosotros.
Sí, ya veo… no me has dicho que quieres de regalo.
Nunca has necesitado de mis sugerencias para comprar regalos perfectos.
Tengo regalos perfectos, pero, me preguntaba, si había algo que quisieras.
No mi amor, estamos juntos, estamos vivos, y fuera de peligro…
¿Te dijo George?
Sí, me dijo que había despertado, debe ser horrible…
Le tomará cerca de un año recuperarse lo suficiente para poder ir a juicio.
¿No fuiste a verla?
Candy, no quiero saber de ella, la única noticia que me interesa saber es que nunca más nos hará daño, que la justicia se ha hecho cargo de ella, hasta ahora no la han llevado presa, y no quiero ser inhumano, pero creo que en cuanto esté fuera de peligro es lo que debe seguir. Pero no te preocupes de ello, ya he hablado con los abogados al respecto, y también necesito hablar con mi tía con respecto a Goldman, sé que ella hizo algo para sacarlo de nuestras vidas, pero quiero saber como, y en que está involucrado.
Amor…
No Candy, no se quedará impune, no sé que negoció mi tía, pero, si no es inocente, te juro que va a pagar de una forma u otra.
Yo también le pregunté, pero no ha querido decirme nada, y por supuesto George tampoco, la respuesta de la tía fue que por ahora ella lo tenía bajo control, que después, cuando ella lo creyera oportuno me lo diría.
Pues a mí no van a darme esa respuesta, soy el patriarca de la familia, y si no es mi tía, George me lo dirá.
Albert, prométeme que no invertiremos nuestra vida en una venganza, no quiero estar atada a ello, ni que nos llenemos de amargura.
Te prometo que no permitiré que esto se meta entre nosotros. Te amo, y siempre cuidaré de ti.
Yo también te amo… amor, estaba pensando que tal vez en vez de festejar dos veces, debemos invitar a los niños del hogar, a la hermana María, y al staff a celebrar con nosotros navidad en Lakewood… sé que es mucha gente…
No tienes ni que decirlo mi amor, organízalo como más te guste, si quieres contrata personal extra, y puede ser que se queden unos tres días al menos con nosotros.
Sí, y también pensé, en darles después los días libres, hasta año nuevo a nuestro personal.
¿Y la cena?
Contrataré un catering, de hecho, también lo haré para el 25, para invitar a las familias y al personal a estar con nosotros ese día.
Me parece una idea estupenda mi amor.
Creo que hay mucho por lo cual estar agradecidos, y quiero compartir con los demás la felicidad de tenerte conmigo. – le dijo ella mientras le sonreía.
Una hora después llegaron a Lakewood, un par de fuertes enfermeros esperaban para ayudar a Albert a subir a la silla, él insistía que no estaba cansado, pero Candy no se dejó convencer, y lo obligó a descansar, una vez que estuvo recostado en la cama, y que Candy se hubo hecho cargo de algunas cosas, subió a verlo, habían hecho lo mejor posible por mantener su habitación lo más normal, hacía años que no estaban ahí los dos como pareja, y cuando Candy entró se sintió a la vez alegría y nostalgia, observó al hombre sentado en la cama, seguía siendo increíblemente guapo, llevaba una fina piyama de seda color negra, su cabello comenzaba a crecer, pero aún era muy corto, pero a decir verdad a Candy le gustaba el nuevo look, sus facciones resaltaban más, sus ojos estaban cerrados, así que pensó que dormía, sabía que los enfermeros se habían hecho cargo de todo, y ahora, ella quería acostarse a un lado de él, cerrar sus ojos, sintiendo su aroma, su calidez, su cuerpo seguía siendo fuerte, y confiaba en que pronto lograrían ver que sus vertebras se habían desinflamado, y todo volvería a la normalidad.
Se cambió su ropa por un suave piyama de satín y encaje, a pesar de que afuera nevaba, el ama de llaves había mandado encender la chimenea de la habitación, y eso brindaba calidez al ambiente, se sentía perfecto, además, claro, la calefacción central estaba encendida, caminó en silencio hacia la cama, sin dejar de contemplarlo, de sentir un enorme alivio, porque estaban en casa, a salvo, juntos, y relativamente bien. De pronto un par de ojos azules le devolvió la mirada, Albert la observó, se veía hermosa, la fina tela se pegaba a su cuerpo, y revelaba sin lugar a dudas, los detalles de su anatomía, vio como ella se ruborizaba ante su mirada, y también pudo percibir el deseo de su cuerpo, le sonrió seductoramente, y le pidió con voz ronca.
Ven acá y déjame besarte.
Tienes que descansar.
No me trates como un niño, o un enfermo… ven acá, y déjame tocarte y acariciarte, te he extrañado.
Albert…
Candy…
¿Y sí te lastimas?
No me lastimaré, anda, ven, hoy solo quiero verte disfrutar a ti.
Ella lo miró dudosa por unos momentos.
Bien, no quieres venir, puedo tocar el timbre y pedir que venga alguno de los enfermeros, para traerte a mi lado.
Jajajaja, ese no es su trabajo.
Su trabajo, es que yo esté cómodo y satisfecho.
Jajajaja Albert… - Candy no se hizo más del rogar y fue hasta él.
Con una enorme sonrisa entró en la cama, y se acercó para besarlo, él la atrajo posesivamente de la cintura, y tomó sus labios, primero lentamente, explorando con calma, sintiendo el dulce sabor de sus labios, recorriendo con su lengua sus mejillas y cuello, mientras sus manos se deslizaban por debajo de la bata, acariciando la suave piel de porcelana de ella, cuando una de sus manos rozó sus pechos, él la escuchó gemir.
Intensificó sus besos, y la recorrió con sus manos, tratando de compensar la falta de movilidad de la cintura para abajo, le prestó atención, y con infinita pasión y ternura la llevó al cielo de ida y vuelta más de una vez, después ella se quedó dormida en sus brazos, Albert acariciaba suavemente sus sedosos y dorados rizos, disfrutando de su aroma y compañía.
Si bien, la incertidumbre del futuro estaba frente a él, estaba agradecido, agradecido de estar vivo, de tener un futuro, de tenerla a su lado, no supo en que momento se quedó dormido, pero el cansancio de todo lo acontecido por fin lo alcanzó.
El 24 de diciembre llegó, Candy, Annie y Paty habían decorado la mansión de forma espectacular, debajo del enorme árbol de navidad había montañas de regalos, y además habían escondido regalos por toda la casa para hacer una búsqueda del tesoro con los pequeños del hogar, sería su primera navidad sin Ms. Ponny, y aunque nada podía compensar esa ausencia, iban a hacer todo lo posible por darles un tiempo inolvidable.
Elroy Andrew observaba a su alrededor, la casa estaba llena de vida, había unos 50 pequeños en el hogar, y aunque todos eran bien educados, eran niños, y sus risas y juegos se escuchaban por todos lados de la normalmente enorme y silenciosa mansión. Las chicas se habían hecho cargo de empacar cualquier objeto rompible y valioso, y la misma Candy correteaba como chiquilla con los niños, mientras Patty y Annie participaban de una manera más sosegada en las actividades.
En ese momento se estaba llevando a cabo una pelea de bolas de nieve, y Elroy observó desde el ventanal del segundo piso como sus sobrinos, aún Albert participaba de ello, los muchachos le habían hecho una especia de fuerte para ayudar a defenderlo, y muchos estaban de su lado, defendiendo a su general.
Elroy sonrió, sus chicos eran felices, y por un momento meditó, tratando de decidir que era lo mejor, la voz pausada y seria de George la sacó de sus pensamientos.
Madame Elroy.
George, ven acá y observa a estos chiquillos jugar, o mejor aún ve a unírteles.
George se acercó, y también observó lleno de emoción el cuadro, pensando en que seguramente su amada Rosemary hubiese disfrutado jugando con ellos.
Estás pensando en ella.
¿Madame?
Tú la hubieses hecho feliz George, y si pudiese hacer el tiempo volver, les ayudaría a mandar al diablo las convenciones sociales.
Al final ella amó a Vincent.
Sí, no dudo que fue feliz, y que lo amó, pero tú fuiste su primer amor.
Y ella siempre será el mío… Madame…
¿Las investigaciones fueron concluyentes? - preguntó Elroy, ante el sutil cambio de voz de George.
Sí, no hay duda, Monica Ainsworth ordenó lo de los autos, pero Samuel Goldman ordenó el cambio, él conocía el plan de Monica seguramente, y planeó que Monica y William fueran los accidentados.
No podemos retractarnos, pero Samuel no puede quedar impune…
Madame, si me lo permite, creo que es algo que William y Candy deben saber, ella ha estado preguntando…
Lo sé George, pero no quería cargarla con todo, lo poco que ella sabe fue un impacto fuerte, porque en verdad llegó a apreciarlo, y a considerar hacer su vida con él.
Lo entiendo Madame, pero ahora el peso de la familia recaerá sobre ellos, y deben decidir que quieren hacer al respecto.
Hablaré con ellos cuando pasen las fiestas, démosles tiempo de disfrutar y recuperarse.
Muy bien Madame.
Gracias George, gracias por hacerte cargo, y por llevar el peso de la familia junto conmigo.
Sabe bien, que no tiene nada que agradecer, ustedes son mi familia, si me disculpa, tengo algunos asuntos que atender.
Adelante George.
Elroy observó por un rato más, y después fue en busca de la hermana María, Candy le había dicho que descansara, ellos junto con los demás asistentes del hogar se harían cargo. Entre Elroy y la religiosa se había desarrollado una amistad estrecha, y platicaron mientras tomaban el té, después de que los niños estuvieron cansados, los llevaron adentro, les dieron chocolate caliente para deshacerse del frío, y se hicieron cargo de que se asearan.
Albert observó a Candy rodeada de los más pequeños, mientras les ayudaba a quitarse la ropa de exterior, y escuchaba cada una de sus palabras, él siempre había sabido que ella sería una excelente madre, y aunque aún era muy joven, se preguntaba sí en realidad podría vivir una vida sin hijos, había estado investigando, y existían posibilidades, pero, por otro lado, saber que ella tendría que hacerse cargo de muchas cosas sola lo preocupaba. No se dio cuenta cuando Candy se acercó a él después de haber atendido a los pequeños.
¿En que piensas amor?
En que serás una gran madre.
Tú también serás un gran padre mi amor. – le dijo ella mientras lo besaba suavemente en los labios.
Esa noche, después de descansar tuvieron una alegre cena de navidad, los niños habían preparado villancicos, y una representación de la natividad, los platillos fueron exquisitos y abundantes, había de todo, y una increíble mesa de postres que era la fantasía de cualquier niño hecha realidad, y también la fantasía de Candy, los pasteles, dulces y postres parecían interminables, exquisitos chocolates, caramelos, natillas, etc… y al final abrieron los regalos bajo el árbol, la búsqueda de tesoro la harían al día siguiente, la cara de deleite de los niños, al abrir sus regalos era incomparable, después de que ellos terminaron de abrir y jugaron un rato, fueron enviados a dormir, y la familia, incluidas la hermana María y Sophie se quedaron en la gran sala, la chimenea prendida daba un calor agradable, deliciosa sidra caliente con especies fue servida, y comenzaron su intercambio de regalos.
Annie y Archie le entregaron una caja hermosamente decorada a la tía Elroy, y a Diana y Allistear, dentro, enmarcada en un fino marco de plata estaba el primer ultrasonido. Las lágrimas asomaron en los ojos de ambas mujeres.
Archie, hijo…
Felicidades madre, serás abuela. – le dijo él apuesto joven mientras le daba un beso en la mejilla.
Una generación más de Andrew… - dijo Elroy con voz trémula.
Así es tía, y sé que estarás a nuestro lado para criarlo apropiadamente, si pudiste con Candy…-
Jajajajajaja – la carcajada fue general, mientras la aludida pretendía estar enojada.
Archie y Annie abrazaron a Elroy, y todos los felicitaron, después Stear llevó una gran caja de madera al centro del salón, y les dijo que ese era un regalo familiar, sorpresa.
Gracias Stear, ¿no te hubieras molestado hermano, lo abrirás para nosotros? – preguntó Archie, conociendo a su hermano, y completamente renuente a abrir una caja, que seguramente explotaría en su cara, o bien lo bañaría con algo.
Vamos Archie, es para que lo abran todos…
Mi querido primo, yo paso… - dijo Anthony con una descarada sonrisa, mientras tomaba la mano de Sophie sentada a su lado.
¿Papá, mamá? –
Stear, querido… - Comenzó Diana, volteando a ver a su marido en busca de ayuda.
Apreciamos tú creatividad hijo, pero…
Candy, vamos, sálvame de la humillación de tener que abrir mi propia caja. – le dijo Stear con ojos suplicantes, a la rubia que siempre se arriesgaba a ser parte de sus experimentos.
Está bien Stear. – dijo ella resignada a ser salpicada, despeinada, u lo que fuera.
Mi amor, no es necesario…
¿No es necesario porque tú lo harás en mi lugar? – preguntó la rubia con una sonrisa inocente conociendo de sobra la respuesta.
Stear, por Dios, solo dinos que no saldrá nada peligroso de esa caja… - le dijo Albert con mirada divertida.
Es totalmente inocua. –
Candy se acercó a la caja, su elegante vestido color azul zafiro le iba a la perfección, era más bien sencillo, de terciopelo, ajustado al cuerpo, con mangas largas y falda recta corta, lo había complementado con unos exquisitos zapatos dorados. Albert dirigió su silla al otro extremo de la caja.
¿Estás segura de que quieres hacer esto?
Siempre ayudo a Stear, no sé porque no entienden su espíritu de inventor…. Tal vez….- no pudo completar la frase porque tanto ella como Albert quedaron cubiertos de polvo azul fluorecente y confeti del mismo color, pero en cantidades impresionantes, de hecho el lugar se llenó de humo de los polvos de color y de los pequeños papeles, que por supuesto serían una pesadilla de recoger.
¿Y bien? – preguntó Stear ansioso.
¿Stear? – preguntaron todos con un poco de confusión.
Patty con toda la calma que la caracterizaba ante los inventos de su marido, después de años de estresarse tomó la palabra.
Querida familia, queremos compartir con ustedes nuestra gran alegría, seremos padres de un niño.
Al por fin todos entender las felicitaciones no se hicieron esperar, y por supuesto morían de la risa ante el aspecto del otro.
Stear, esta habitación…
Lo sé tía, no te preocupes, contraté especialistas en limpieza, y mañana mismo vendrán a hacerse cargo.
Así que habrá dos pequeños en la familia, es bueno ver que seguimos creciendo. – dijo Allistear Cornwell conmocionado ante la noticia de que pronto sería abuelo.
Familia, yo tengo un regalo especial para Candy…
¿También serán padres? – preguntó Diana emocionada.
No, Diana. Toma mi amor. – dijo Albert extendiéndole un hermoso sobre color dorado.
Candy lo abrió con las manos temblorosas, no sabía que encontraría adentro, podría ser cualquier cosa, conociendo a Albert, había papeles dentro, documentos legales, los sacó con cuidado, y cuando se dio cuenta de lo que eran, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
¿Candy? – preguntó la hermana María al ver a su reacción.
Mi amor, podemos fijar la fecha de la boda cuando quieras…- mientras la tomaba de la mano y la besaba, ella por toda respuesta lo abrazó y lo besó.
Los demás los vieron confundidos por un momento. Hasta que Candy por fin pudo hablar desde su lugar sentada en las piernas de Albert.
El divorcio es oficial. – fue lo único que alcanzó a decir entre lágrimas. Había sido conseguido en tiempo record, tres meses, a pesar de todas las complicaciones legales, y de que Monica se había negado a firmar cuando se lo pidieron, lograron que un juez fallara a su favor.
Bendito Dios. Por supuesto que prepararemos la boda, y …
No tía. – dijo Candy tranquilamente.
¿A qué te refieres?
No podemos casarnos de inmediato, Albert aún está en recuperación, y ella está hospitalizada, nos casamos en Escocia, y eso es más que suficiente para mí por ahora, no quiero que nuestra boda se vea empañada por nada…
¿William? – le preguntó Elroy
Tía, no sé ni para que preguntas, sabes bien que haré lo que sea que Candy quiera.
Muy bien, esperaremos entonces. Estoy feliz por ustedes hijos, me da gusto ver que las cosas van bien, y que estamos todos juntos.
Gracias, tía, Albert, tengo un regalo para ti, pero hay que ir afuera por él… ¿Vamos familia?
Se voltearon a ver unos a otros por unos segundos, pero al igual que con Stear, bien sabían que decirle a Candy que nevaba y hacía frío, no era opción, así que la siguieron, afuera, cuatro camionetas con chofer los esperaban, sabiendo que sería inútil preguntar, abordaron resignadamente en las camionetas, una media hora después, llegaron al claro de la cascada, no estaban seguros de que hacían ahí, pero todos descendieron, cerca de la orilla, del lago, había un hoyo cavado, pero nada más.
Todos se vieron interrogantes, pero sostuvieron en sus manos las linternas que Candy les pasó, John y Steve ayudaron a empujar la silla de Albert, sobre la tarima de madera que habían puesto hasta el lugar donde la fosa se encontraba, Albert reconoció el lugar de inmediato, ahí era dónde había despertado Candy después de que la rescatara en la cascada, y también ahí era dónde él había enterrado el luckenbooth no hacia mucho tiempo atrás.
¿Amor?
Familia, este lugar tiene significado para nosotros, ustedes han escuchado la historia, de cómo Albert me rescató de la cascada, cuando apenas era una chiquilla, y por si no lo saben, aquí enterró uno de los símbolos de nuestro amor cuando nos separamos, y hoy quiero hacer algo más en este lugar, y que ustedes sean testigos de ello… -
Mientras ella hablaba, un par de trabajadores se acercaron con un árbol, no era muy grande, pero Albert pudo reconocer perfectamente que se trataba de un cedro.
Quiero que plantemos un árbol, como símbolo y testimonio de nuestro amor, que crecerá con raíces profundas, y alto y fuerte con el paso de los años, porque creo que así es nuestro amor, muchas cosas nos han embestido, y a veces ha parecido a punto de morir, pero sé que este árbol será testimonio de nuestra historia, y de la fuerza de nuestro amor, aun cuando nosotros ya no estemos en esta tierra, solo espero que este cedro les recuerde a nuestros hijos, y a nuestros nietos, que el amor, el verdadero amor, puede contra cualquier adversidad, y que a nosotros nos haga conscientes, de que no importa lo que enfrentamos hoy, ni lo que seguramente enfrentaremos mañana, nuestro amor, nos sacará adelante. Te amo, Albert, y quiero estar siempre a tu lado, "Come what may, my love" – la voz de Candy se había quebrado en más de una ocasión, mientras miraba a Albert a los ojos, y decía estas palabras.
Albert la atrajo a él hasta que quedó sentada en sus piernas y la besó.
Gracias mi amor, es el regalo perfecto, te amo. Soy el hombre más afortunado del mundo, por tenerte a mi lado, y te juro que haré mi mayor esfuerzo, por hacer tus sueños una realidad. Y también agradezco al cielo, que tú estés bien, y que podamos caminar juntos por esta prueba que ahora tenemos frente a nosotros, que aunque parece que hoy amenaza con empañar nuestra felicidad, te prometo que juntos lo superaremos, por ti estoy aquí, y nada cambiará mi amor y devoción.
Los ojos de las damas presentes estaban anegados también, y cuando la rubia besó al príncipe, todos aplaudieron conmovidos. Anthony, Stear y Archie le ayudaron a Candy a poner el árbol en la fosa, y entre Candy y Albert terminaron de cubrirlo con tierra, los termos llenos de chocolate caliente fueron repartidos, y cantaron algunos villancicos alegremente antes de regresar a casa.
Reunidos una vez más en la sala, disfrutando del calor de la chimenea, y charlando amenamente, Anthony interrumpió las conversaciones generales llamando la atención de todos.
Familia yo quiero hacer algo más está noche. – dijo Anthony.
Claro hijo, dinos… - le dijo Elroy expectante.
Anthony se puso de pie, y tomó entre sus manos la mano de Sophie, viéndola a los ojos le dijo.
Sophie, delante de mi familia, quisiera pedirte que te cases conmigo, me sentiré honrado de que aceptes compartir conmigo tu vida, y de que formes parte de los Andrew. – le dijo él con una de sus cautivadoras sonrisas.
Sophie lo observó por un momento, y el sacó de su bolsillo una caja de cuero rojo, con engravado color dorado, y pudo reconocer de inmediato la famosa marca, cuando abrió el estuche, había un magnífico anillo de diamantes de Harry Winston, elegante, cautivador, extravagante y de buen gusto, todo lo que los Andrew representaban. Y contemplándolo supo algo con certeza, sí bien, él era todo lo que ella quería, también sabía perfectamente, que ella no era la mujer que lo haría feliz, así que tomó la decisión más difícil de su vida, y tal vez una de las pocas decisiones no egoístas que tomaría en su vida. Sonriendo se puso de pie, mientras tomaba ambas manos del guapísimo hombre que tenía frente a ella, y con suavidad le dijo.
Me siento honrada de que me lo pidas, delante de tu familia. Y por años he esperado este momento, y siempre pensé que mi respuesta sería diferente, pero… no Anthony, lo lamento, pero no puedo casarme contigo. – después volteó a ver al resto de la familia, y tomando aire, y soportando las miradas de desconcierto, les dijo. – Lo siento, y agradezco su apoyo, y el hacerme parte de ustedes, han sido buenos años… me iré temprano… - dijo mientras con una sonrisa forzada salía rumbo a su habitación.
