Cincuenta y tres: Precipitación.

El curso en Hogwarts estaba por finalizar y todos esperaban con ansias la tercera prueba del Torneo de las Tres Partes, en la que por fin sabrían quién ganaría la competencia. Lo que a todos les quedaba claro era que debía ser algo espectacular y complicado, porque los campeones no paraban de ir a la biblioteca y de andar alrededor del lago como si investigaran algo.

—¿Creen que la prueba será en el lago? —inquirió Rose.

Estaban ella y sus amigos de Gryffindor en clase de Historia de la Magia y cualquier cosa era mejor que estar casi durmiéndote al oír al profesor Binns hablando de rebeliones de duendes como si relatara un aburrido documental. Rose se ocupaba en mirar por la ventana cercana, procurando que Binns no lo notara.

—Mejor pon atención —regañó Henry, con la vista fija al frente y escribiendo un poco en un largo pergamino.

Era la semana de exámenes y aquel día tenían la última clase de Historia de la Magia antes del examen de esa materia. En las demás, a la Orden del Rayo parecía que les iría bien, pero aún así, no se libraban de los nervios.

—No es que no quiera, pero Binns no es precisamente encantador —precisó Rose.

—Definitivamente vas a reprobar Historia de la Magia —se burló Henry.

Justo entonces sonó la campana y salieron de la clase, lo que provocó que Henry y Rose comenzaran a discutir sobre si ella reprobaría o no Historia de la Magia. Hally y Procyon los seguían de cerca, con caras de resignación ante la situación. Era común que aquellos dos discutieran y más cuando el tema eran los estudios, pero eso no evitaba que sus amigos los escucharan con cierto fastidio.

—Lo dicho, no hay cinco minutos del día que ese par no esté en paz —masculló Hally con voz cansina —¿Crees que al menos aprueben Historia de la Magia?

—Si Henry le dice a Rose que luego estudiarán, sí —Procyon sonaba entre bromista y harto —Aunque sería un buen descanso que se calmaran. Oye¿qué harás este verano?

Hally negó con la cabeza.

—Esperar a que lleguen papá y mamá, supongo.

—¡Ah, sí! —Procyon hizo una ligera mueca de molestia¿cómo olvidó aquel detalle?

—No te preocupes tanto, no es la gran cosa —Hally sonrió ligeramente —Pero creo que hay que separar a esos dos antes de que se maten.

Hally señaló a Henry y Rose, que ahora discutían a tal volumen que muchos a su alrededor se les quedaba viendo. Procyon asintió y siguiendo a Hally, fue a retirar a Henry de su pelirroja amiga antes que pasaran a las varitas.

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Hugo Hagen había logrado lo que quería sin casi nada de esfuerzo. Luego de mucho indagar, estaba instalado en una elegante mansión en Newport, Gales, en compañía de la mayoría de sus seguidores y por supuesto, Turner. La mujer era la organizadora oficial, así que nadie podía mover nada de su lugar sin su consentimiento, cosa que de todas formas, no sería posible sin enfrentar la ira tanto de Turner como de Hagen.

—Bien, hora de reunión —anunció Turner de pronto, haciendo aparecer con su varita un anuncio luminoso en todas las habitaciones donde había personas.

—¿Y de qué se trata ahora, Turner? —un hombre alto y rubio, el prototipo de varones germanos, la fusiló con una helada mirada de sus claros ojos.

—Eso, Foss, averígualo por ti mismo —espetó Turner, desapareciendo en dirección al salón principal, ubicado en la planta baja de la mansión.

—Esa mujer es fascinante —masculló en griego y con un dejo de burla un hombre alto, pero de cabello oscuro, tras el rubio Foss.

—Dime algo que no sepa, Onassis —le siseó furioso Foss en el mismo idioma, siguiendo a Turner —Por cierto¿cómo van las cosas en tu patria?

—Normal, hay pocos que quieren unírsenos —Onassis se encogió de hombros con desgana —Pero creo que por tu patria y la del jefe las cosas van mejor.

Foss asintió. Al fin, tanto ellos como el resto de los habitantes de la mansión llegaron al salón principal, donde encontraron al frente a su líder, discutiendo en susurros con Turner, quien atendía la conversación con el mismo aire imperturbable de costumbre. Onassis se retiró al entrar al salón, encaminándose hacia unos compañeros con los que estableció una charla en griego, mientras Foss se entretenía en vislumbrar a Turner y preguntarse qué tenía aquella extraña para ser tan cercana a Hagen, una posición por la que él haría cualquier cosa… en caso de que Hagen se lo pidiera.

—Silencio —ordenó Hagen en alemán, haciendo que las voces se apagaran al instante.

Muchos no hablaban el idioma antes de conocer a Hagen, pero rápidamente lo habían aprendido. Y los que no querían aprenderlo por alguna razón, usaban un difícil hechizo traductor que hacía que cuanto oyeran en un idioma desconocido, les llegara al cerebro en su idioma natal. En el caso de Onassis, por ejemplo, como él no quiso aprender alemán por simple capricho, usaba siempre el hechizo para escuchar todo en griego.

—Muy bien, esta operación debe ser la mejor hasta estas fechas —indicó Hagen con un tono que daba a entender que no admitía lo contrario —Hay que demostrarle a la comunidad mágica internacional hasta dónde somos capaces de llegar. Así, cuando menos lo esperen, presentaremos nuestras exigencias y no tendrán más opción que aceptarlas.

Varios de los presentes asintieron en señal de acuerdo, otros murmuraron con los de junto en tono entusiasta, pero Turner permaneció inexpresiva, como todo el mundo la conocía. Aunque nadie sabía, más que ella misma, el motivo de su falta de expresión.

—La operación se llevará a cabo sin contratiempos, por lo que espero que para entonces, todos y cada uno de ustedes tengan bien aprendidos los hechizos y maldiciones que emplearemos —Hagen recorrió a la concurrencia con la mirada, para luego musitar con cierto dejo de crueldad —No quiero el más mínimo error.

A la vez, los presentes hicieron una inclinación ante Hagen y poco a poco, abandonaron la estancia. Turner fue, en apariencia, la única que se quedó, porque Foss, discretamente, se ocultó en un sitio junto a la puerta, entre unos largos cortinajes.

—¿Qué te parece el plan, Turner? —le preguntó Hagen a la mujer.

Ella se encogió de hombros, demostrando una frialdad infinita. La verdad, eso le costaba todo el valor que era capaz de reunir, pero sabía que era necesario. Si lograba aguantar, pronto podría dejar esa doble vida.

—Tan explícita como siempre —Hagen se rió de ella en tono un tanto burlón —Pero no me importa¿sabes? Forma parte de tu encanto.

Esa frase consiguió que Turner arqueara las cejas con cierta sorpresa. Ese tipo de comentarios se estaban haciendo cada vez más frecuentes de parte de Hagen y como en aquel momento, no le daban buena espina.

—Por mucho encanto que tenga, eso no ayuda a la hora de pelear —soltó con cierta ira —Al pelear, hay que emplear fuerza y poder. Es lo que sueles decir¿no, Hugo?

Hagen asintió, aunque frunció levemente el entrecejo. Era cierto que Turner nunca era comunicativa respecto a sí misma, pero definitivamente se estaba comportando de forma anormal en los últimos meses. La sospecha de años atrás surgió de pronto en su mente.

—No estarás pensando en desertar¿verdad? —la interrogó.

Turner negó lentamente con la cabeza.

—No tengo nada porqué hacerlo ahora —afirmó, llevándose una mano al listón negro atado a su cuello —Hace años que murió la única razón para no ser como soy.

Acto seguido, sin ánimos de prolongar aquella charla, Turner se encaminó a la salida, dejando a Hagen entre satisfecho y confundido. Sí, él mismo acabó con la única persona que habría conseguido que Turner se fuera de su lado¿pero a qué precio? Siendo sincero consigo mismo, no sabía porqué cada vez que le recordaba la razón para que ese listón negro estuviera en su cuello, él mismo se sentía mal. ¿Pero porqué¡Bah, debía ser una tontería! Se encaminó al exterior del sitio, sin saber que Foss había oído la conversación.

Conversación que para Foss, era un descubrimiento muy particular.

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Un ambiente húmedo, eso era. Por donde quiera que veía, solamente se distinguía agua. Un mundo submarino que mostraba que en el agua, también podía darse mucha vida. Y a la vez mucha muerte.

Varios rayos de luz surcaron las profundidades, haciendo que unas cuantas siluetas humanas se dibujaran en las oscuras aguas. Esas siluetas nadaban de un lado a otro, con varitas en mano, lanzando con ellas rayos de luz a su vez, aunque sin mucho éxito. Uno de los rayos, de un verde cegador y acompañado de un sonido como el del planeo de una enorme ave, rozó a quien simplemente era una persona espectadora y se fue directo a la superficie. Esa persona, curiosa, nadó siguiendo al rayo, y al salir a la superficie, se encontró con un panorama desolador.

Parecía que aquel sitio era un enorme lago y estaba cerca de la orilla. Nadó en silencio hasta ver que alguien estaba tirado a la orilla, boca abajo, como si hubiera estado de espaldas al lago cuando cayó. Quien veía todo aquello sin comprender salió del agua, caminó hasta ese alguien, se arrodilló a su lado y al darle la vuelta para verle la cara… No pudo tocar a esa persona. Su mano atravesó el cuerpo como si fuera un fantasma.

—¡No es cierto, no es cierto! —se oyó que exclamaba una chica que llegaba en ese momento y se arrodillaba al otro lado de aquel caído, sollozando sin parar. Esa chica sí pudo tocar el cuerpo y logró darle la vuelta —¡Tú no, Lalo, tú no¿Cómo pudiste? —le gritó a una muchacha que llegaba entonces, una joven de rasgos orientales e inusuales ojos azules, a quien una multitud trataba de detener para que no llegara allí mientras la veía con cruel frialdad —No puede ser¡NO PUEDE SER!

—¡NO! —gritó Itzel del Carmen Salais Nicté, despertando de pronto.

Se pasó una mano por la frente, notando que estaba empapada en sudor. Se frotó los ojos con la otra mano, espantando el poco sueño que le quedaba, y sentándose en la cama, se abrazó las piernas con nerviosismo.

Hacía tiempo que no soñaba algo así, tan trágico. No sabía si sería una simple pesadilla u otra cosa, pero no tenía ganas de averiguarlo, al menos no de momento. Con indecible temblor de manos, se retiró las cobijas de encima, se puso sus anteojos, se calzó unas sandalias y procurando no hacer el menor ruido, salió de allí.

Aún en la oscuridad, no tenía problemas para transitar por los pasillos de la enorme pirámide de Calmécac. Eso era gracias a la Omnivista, que le permitía ver a través de la sombras todo lo que hasta antes del día de Invocaciones, era imposible que distinguiera sin sus anteojos y una vela para alumbrarse. A paso lento, logró lo que quería: llegar hasta una puerta de madera que marcaba la entrada a cierta habitación. Normalmente no habría ido hasta allí, pero la ocasión no era precisamente normal. Mirando a ambos lados del pasillo, usando su Omnivista, se decidió a llamar a la puerta un par de veces. Unos minutos después, oyó pasos al otro lado, señal de que el ocupante de aquella habitación estaba despierto. Y al abrirse la puerta, una cabeza castaña y despeinada se asomó, con los ojos entrecerrados y una vela en la mano.

—¿Quién es a esta hora? Son las dos de la mañana —masculló una voz algo ronca y malhumorada en español, cuando a punto de soltar una palabrota, el dueño de la misma abrió los ojos y dio un respingo —¿Itzi?

La chica asintió, acomodándose un mechón rizado de cabello castaño tras la oreja. Y es que cuando se bañaba por la noche y dejaba secar su cabello al natural, éste se rizaba de forma muy simpática.

—Lo siento, Ton, sé que no debería andar por aquí —se disculpó Itzi enseguida, inclinando la cabeza —Pero es que… Tuve un…

Tonatiuh García Quezada observó más atentamente el semblante de su novia, frunció el entrecejo y creyó saber lo que le sucedía. Con un gesto, le indicó que pasara al dormitorio, haciéndose a un lado para ello. Itzi, luego de un breve titubeo, accedió y se llevó una pequeña sorpresa al encontrarse con dos camas en el cuarto, en una de las cuales descansaba una figura de la que solamente se distinguía el cabello, de un tono muy claro, pero que la joven, con su Omnivista, supo reconocer al instante.

—¿Lalo duerme aquí? —susurró, incrédula.

—Sí, es que… —Ton ladeó la cabeza, en actitud pensativa, hasta que se decidió a decir —Digamos que se siente mejor en compañía.

Itzi no hizo preguntas, pero de vez en cuando iba su vista hacia su durmiente amigo.

—Soñaste algo¿verdad? —inquirió Ton sin rodeos —Por eso te ves así.

—Me conoces —se limitó a decir Itzi antes de sentarse en la cama que por estar desocupada, supuso que era de Ton —Sí, soñé algo del futuro y lo que me preocupa es que… tiene que ver con él.

Señaló con un gesto de cabeza a Lalo, quien en eso se movió un poco en su cama para acabar dándoles la espalda. Ton miró a su amigo antes de regresar sus ojos a Itzi.

—¿Estás segura que era Lalo? —preguntó quedamente.

—Claro, su pelo era inconfundible con esas mechas que tiene —Itzi logró sonreír un poco antes de continuar —Lo que me preocupa es en dónde soñé todo eso. Parecía que era en el agua y que será pronto. Además… Yue Lin…

—¿Te refieres a Ming?

—Sí, Yue Lin tiene ojos azules, alcancé a verlos. Lo increíble de todo es que… ella parece la que le va a hacer algo malo a Lalo. Y sé que es imposible.

—Oye, no conocemos bien a esa china, puede ser cierto —intervino Ton, severo.

—No entiendes. Yo la conozco, sé que nunca le haría algo así a Lalo. Y no preguntes cómo lo sé, porque ni podría contestarte. Sólo puedo decirte que me consta que Yue Lin quiere mucho a Lalo. ¿No lo has notado tú?

—Claro que lo he notado. Prácticamente nuestro güero no habla de otra cosa que no sea esa chinita tan linda. Lo que me intriga es lo que dices del agua.

—¿Porqué?

—La tercera prueba será en el lago. En lo profundo del lago.

Itzi se llevó una mano a la boca, aterrada, para luego ver a Lalo dormir.

—Por favor, no vayas a decirle nada —pidió la chica, juntando las manos en actitud de plegaria —Sé que no es justo, pero debo averiguar un poco más sobre lo que vi. Así podría saber si puedo evitarlo.

Ton asintió con cierto pesar, dando a entender que no estaba de acuerdo, pero que comprendía su proceder.

—Me voy —anunció Itzi, poniéndose de pie —Duerme bien, Ton, y disculpa la molestia.

El joven campeón negó con la cabeza, esbozando una sonrisa.

—No es molestia que me cuentes tus problemas, Itzi. Para eso somos novios.

La muchacha logró sonreír a su vez, le dio un tierno beso de despedida al chico y salió lo más silenciosa que pudo de la habitación. Ton, al ver que la puerta se cerraba, volvió a su cama, se cobijó y se quedó dormido casi enseguida. Por eso no se dio cuenta que Lalo, aún dándole la espalda, se movía un poco para quedar boca arriba, con expresión seria y los ojos abiertos y mirada desconfiada.

Él coincidía con Itzi completamente respecto a Yue Lin, la oriental era incapaz de hacerle daño. Pero también sabía que esos sueños de su amiga (los cuales Ton le confió poco después de hacerse novio de la chica) eran cien por ciento infalibles. Entonces¿qué debía hacer¿Dejar las cosas como estaban o desconfiar de aquella amiga extranjera a la que tanto estimaba?

O peor aún¿debía dar señas de que sabía que tal vez, le esperaba un futuro fatal?

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Una brillante luna, la cual sería llena en unos cuantos días, iluminaba la mayor parte de los jardines de Hogwarts cuando una figura solitaria los cruzaba. Como bien había dicho Ton minutos antes en la pirámide de Calmécac, eran alrededor de las dos de la mañana y quien quiera que hubiera visto a una persona en los jardines a esas horas se había extrañado muchísimo. Sin embargo, en las puertas principales del castillo había otra figura, portando en una mano una lámpara, que esperaba a la que cruzaba los jardines. Cuando ésta por fin alcanzó la escalinata de piedra, la que esperaba con la lámpara la alzó un poco más, para asegurarse que la vista no le fallaba. En pocos minutos, ambas figuras estuvieron frente a frente y la que había subido se quitó la capucha oscura que le ocultaba la cara para dejar ver los finos y morenos rasgos de Katrina Turner.

—Lamento llegar tan tarde —se excusó en inglés —El cambio de horario me sentó muy mal y preferí descansar primero.

La figura que sostenía la lámpara, que era nada menos que la profesora McGonagall, asintió en señal de comprensión y se apresuró a entrar al castillo, seguida de cerca por Turner. Ambas mujeres hicieron en silencio el camino que las conducía al despacho de la directora, donde luego de pronunciada la contraseña (Animatus Conjurus), subieron la escalera giratoria y penetraron en el despacho. Los retratos de directores y directoras anteriores se hacían los dormidos de manera tan convincente, que Katrina se creyó la actuación. Cuando tomó asiento frente al escritorio de la directora, ésta ocupó su silla y la miró con expresión severa, pero ligeramente preocupada. Sabía el motivo de la entrevista y aún así, temía lo que de ella pudiera resultar.

—Mencionó en su mensaje que tenía novedades que podrían perjudicar a los alumnos de Hogwarts, señorita Turner. ¿Podríamos ir directo al grano, por favor?

—Sí, profesora, pero debo corregirla —Turner se veía más serena que la profesora McGonagall, pero era debido a la práctica de fingir ante Hagen, no porque realmente lo estuviera —Mis novedades no solamente podrían perjudicar a los alumnos de Hogwarts, sino también a los chicos extranjeros que está usted alojando. Quisiera equivocarme, pero sé que digo la verdad.

La profesora McGonagall asintió con pesar, al tiempo que los retratos de la estancia poco a poco dejaban su habitual farsa y ponían atención a la charla.

—Por lo que sé, Hugo planea una operación aquí —continuó Turner, alentada por el respetuoso silencio que adoptó la directora —Quiere demostrarle a la comunidad mágica mundial hasta dónde puede llegar para que, llegado el momento, le cumplan cualquier petición. Sé que varios gobiernos mágicos no cederán fácilmente aunque varias vidas de las suyas se pierdan, pero en cuanto al gobierno mágico de Reino Unido…

La profesora McGonagall movió la cabeza, en señal de concordancia.

—McGill no es precisamente de los que buscan problemas —declaró la profesora con desdén —Más bien, los evita siempre que puede.

—Eso creo que lo sabe Hugo, por eso se decidió a hacer su operación aquí —señaló Turner —Aprovechando que hay varios extranjeros en Hogwarts. Así los demás gobiernos le echarán la culpa a nuestro Ministerio y éste, para evitarse problemas, accederá a lo que sea que Hugo pida. Y eso, le aseguro, será el principio de un gran desastre.

—Lo que no logro entender… —dijo de pronto la profesora McGonagall, pensativa —Es cómo logrará Hagen infiltrarse en Hogwarts. Lo veo sumamente difícil.

—Ya tiene a alguien aquí —informó Turner con pesar —Esa persona ya le hizo llegar a Hugo el dato de que aquí estudia la hija de su primo Karl, y está dispuesto a eliminar a esa pobre niña con tal que Karl haga lo que él quiera.

—¿Y quién es? —soltó McGonagall un tanto indignada —¿Quién fue capaz…?

Pero al ver el rostro de Turner, supo que no obtendría respuesta y que a Katrina le dolía no poder dársela. Si llegaba a hacerlo, arriesgaba su trabajo de años y sobre todo, arriesgaba la vida. La directora respiró profundamente para tranquilizarse.

—Lo único que puede usted hacer es aceptar la vigilancia del Ministerio en la tercera prueba del torneo —rogó Turner —Pasé un informe detallado sobre el asunto y aunque Hugo sospechará, no me importa. Recuerde que me queda aquí algo qué proteger.

Eso la profesora McGonagall no pudo discutirlo, pues conocía el asunto de sobra. Acto seguido, se puso de pie, invitando a Turner a imitarla.

—No creo que quede más qué decir¿o sí? —inquirió la profesora antes de abrir la puerta del despacho para dejar salir a la aurora encubierta.

Turner frunció el entrecejo, concentrándose al máximo, pues sentía que había un detalle que pasaba por alto. Al cabo de unos segundos, negó con la cabeza, incapaz de recordar de qué se trataba dicho detalle.

—En todo caso, avíseme si recuerda algo —indicó la profesora, advirtiendo en el rostro de Turner que algo no cuadraba —Buenas noches, señorita Turner.

—Buenas noches.

Turner abandonó el castillo tan silenciosamente como había llegado, ensimismada y a la vez, atenta a cualquier sonido o movimiento anormal. Logró salir del edificio sin que nadie la viera y antes de atravesar los jardines, se echó un encantamiento desilusionador. No quería llamar la atención de cualquier curioso que pudiera andar por allí a deshoras.

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Los exámenes por fin acabaron y en Hogwarts se respiró un aire de tranquilidad indecible. Todos los estudiantes pudieron disfrutar unos días sin tareas ni repasos antes que el curso acabara y además, antes de la tercera prueba del Torneo de las Tres Partes. El curso acababa oficialmente el mismo día de la prueba, siendo al día siguiente cuando todos se marcharían a casa para las vacaciones de verano.

—¡Al fin a descansar! —Rose se echó sin muchos miramientos en el césped en la reunión habitual de la Orden. Ese sábado, se había programado la última visita a Hogsmeade del curso, así que los jardines estaban particularmente tranquilos por falta de estudiantes —No creí decirlo, pero estudié como nunca.

—Se nota —comentó Amy, sonriendo serenamente —¿Y a qué hora vendrán los chicos?

—Cuando terminen su asunto de hombres —respondió Paula con indiferencia —La verdad no los entiendo. ¿Porqué no pueden decirnos de qué se trata?

—No esperarás que siempre nos cuenten todo¿verdad? —trató de explicar Sunny, que había llevado su bloc de dibujo y un lápiz para entretenerse —Seguro quieren devolvernos la vez que nosotras celebramos sin ellos mi cumpleaños. Esa vez, no los invitamos y contamos cosas que a ellos no les diríamos¿verdad?

—Cierto, no lo tomé en cuenta —reconoció Paula.

—Hablando de otra cosa¿y Hally? —preguntó Danielle.

—La detuvo Corner cuando bajábamos a desayunar —respondió Rose cansinamente.

Ya era costumbre en esas fechas que Melvin Corner sorprendiera a Hally apareciéndose frente a ella cuando sabía que tenía tiempo libre, para llevársela a pasear.

—¿Y no la dejó desayunar? —se indignó Danielle.

—Por si no recuerdas, Danielle, Hally llegó antes que nosotras al Gran Comedor —le hizo notar Paula, seria, con la vista fija en el lago —Seguramente mientras charlaban, Corner la llevó allí por un atajo.

—O Hally lo llevó a él —sugirió Rose —Recuerden que tiene el mapa que le regaló su padre y que muestra todos los pasadizos secretos del castillo.

—Lo que yo quiero saber es de qué hablan los chicos —comentó Sunny distraídamente, haciendo un par de trazos en el dibujo que había empezado días antes de la casa tradicional de Hoshikino —¿Qué tema suyo puede ser tan secreto?

En realidad, el tema de conversación de los chicos de la Orden del Rayo no era algo que conservarían siempre en secreto. Más bien, era algo que Procyon quería proponerles a ellos primero, antes de lanzarse a la aventura de insinuárselo a sus amigas.

—No, no y no —dijo Henry rotundamente al saber de lo que se trataba —Tú estás loco, Procyon. Creo que el apellido se te subió a la cabeza.

—Sí, claro, y a ti el tuyo te mantiene de lo más cuerdo —rebatió Procyon, sonriendo con cierta burla —Henry, piénsalo: lo que propongo nos haría todavía más únicos de lo que ya somos por ser miembros de la Orden del Rayo. Además¿no te da curiosidad si no intentarlo, al menos averiguar cómo se hace?

Había dado en el clavo. Henry dejó de poner objeciones para ponerse a pensar cómo sería el proceso para lograr realizar la "propuesta" de su amigo. Procyon sonrió levemente, pensando que ya tenía a uno de sus amigos en la bolsa.

—Conmigo no será tan simple, Black —señaló Walter, ceñudo. Solamente llamaba a sus amigos por sus apellidos cuando algo que ellos hacían o decían no le parecía —Tu idea no se ve como algo que se te ocurriera de la noche a la mañana.

Procyon se echó a reír por unos segundos.

—Claro que no, se me ocurrió hace tiempo —reconoció, encogiéndose de hombros —Es por unas historias que me contaba la abuela cuando era pequeño, cuando yo todavía no sabía que era mago. ¡Vamos, no es nada del otro mundo! Al menos no para alumnos como nosotros, que si queremos, podemos lograr lo que sea.

—Eso, así se habla —apoyó de repente Ryo, que había estado callado la mayor parte de aquella reunión —A mí, en lo personal, me atrae la idea. No sé qué saldrá de nuestro intento, si es que lo llevamos a cabo, pero aún así, me parece una idea genial.

—Y arriesgada —se atrevió a decir Bryan.

—Sí, cierto, pero emocionante¿no te parece? —rebatió Ryo.

—Para mí sí —intervino Thomas de repente —Aparte, he leído sobre el tema y parece más sencillo de lo que nos hacen creer. ¡Quisiera poder hacerles bromas a mis hermanos con eso! Así me dejarían en paz.

Bryan y Walter seguían estando en contra, aunque el primero tenía una expresión más cautelosa que el segundo, que veía con el ceño fruncido a sus amigos. Repentinamente, Procyon frunció el ceño, un tanto impaciente.

—Si no quieren ayudarme, no importa —espetó de pronto, firmemente —Lo haré yo solo¡faltaba más!

—¿Estás loco, verdad? —repitió Henry, arqueando una ceja —Yo ayudo. Además, uno de los Legados de mi familia se parece mucho a eso que quieres hacer. Quizá yo tenga facilidad para eso¿no crees?

Procyon sonrió triunfante.

—Yo… yo también ayudo —dijo de pronto Bryan, titubeante. Los demás lo miraron con sorpresa —¿Qué les extraña? No saben lo difícil que es tener por hermana a una loca que siempre anda presumiendo de sus excelentes calificaciones. Si lograra hacer esto… Me imagino la cara que pondría la pobre.

—No te conocía ese lado vengativo, Bryan —comentó Ryo de pronto.

El Hufflepuff se encogió de hombros, sonriendo tímidamente.

—Bien, yo me apunto —continuó Ryo, animado —Me encanta la idea.

—Y yo secundo eso —agregó Thomas, con una enorme sonrisa.

Y después de eso, todos se le quedaron viendo a Walter, esperando alguna réplica de su parte, aunque lo único que distinguían en él era su semblante serio y, cosa rara, con un matiz frío.

—No sé, es algo complicado —admitió por fin Walter, ante las miradas escrutadoras de sus amigos —No me agrada la idea de fallar en el proceso, o algo peor, pero… No sé, creo que… Bueno, si se investigara bien, y nos apegamos al procedimiento… Y aparte, nada más practicamos aquí…

—¡Ah, ya di que sí de una buena vez! —se impacientó Thomas.

—De acuerdo, sí —Walter se rindió, aunque sonreía levemente —¿Cuándo empezamos?

Procyon esbozó una sonrisa radiante.

—Cuando comencemos el próximo curso. Después de proponérselo a las chicas.

Los demás no pudieron estar más de acuerdo y abandonando el aula que habían usado como sitio de reunión, se dispusieron a bajar a los jardines para reunirse con sus amigas.

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¡Hola, gente linda! Aquí Bell Potter, reportándose. ¿Cómo están? Yo aquí, en días de septiembre de 2006, terminando este capi para ustedes mientras espero las fiestas patrias de mi México querido. Pero en fin, pasemos a los comentarios.

Este capi sí que se tardó en estar, y les diré que fue porque pasó lo que suele pasarme en los momentos menos oportunos: la inspiración se fue de vacaciones. Sí, sé que suena tonto, loco e incluso como vil tontería, pero pasa seguido, al menos conmigo. Y lo peor es que nunca tiene fechas de partida y regreso, sino que agarra las que se le pegan la gana¡vaya con la inspiración! Tuve que esperar prácticamente medio agosto a que volviera, dejando el presente capi botado, para poder sentirla de nuevo.

Por otra parte, la uni no deja en paz a nadie. ¡Sí, claro! Y las tareas, igual o peor. Así que ahí me tendrán ocupándome de otras cosas antes que en el fic. Lo siento por eso.

Pero bueno, me dejo de quejar y les cuento: abriendo el capi con una pelea entre Rose y Henry, eso fue genial. ¿Porqué? Pues porque es una forma inocente de meter buen humor, nomás por eso. Eso y hacer sufrir un poco en conjunto a Hally y Procyon, puesto que son los condenados a separarlos. ¡Pobrecitos!

Por otra parte, Hagen se está poniendo las pilas. Ya se va viendo que atacará en Hogwarts y como pudieron ver, tiene secuaces de toda la Europa continental¡qué hombre! Sí que sabe atraer a las masas. Me recuerda a Hitler, por alemán y enfermo mental. Pero así es Hagen, qué le vamos a hacer.

Katrina se está arriesgando demasiado en informar de todo eso a su gente en Inglaterra¿no les parece? Ella lo hace porque "tiene algo que proteger" en Hogwarts (no hay que ser genio para saber a qué se refiere), pero de todas formas, se la está jugando. Se los juro, si esta mujer fuera exclusivamente creación mía, la estaría haciendo sufrir como no tienen idea antes de arreglarle la vida, pero seré buena con ella por ser un personaje "prestado". Aunque no crean, seguramente su creadora debe estar a punto de enviarme un review diciéndome "¿todo eso que le inventaste a Katy es ser buena con ella¡Pues no quiero saber cómo serás con ella de mala!" Que la creadora no se preocupe, y si no le gusta cómo quedó Turner en la historia, pues que se queje. La escucharé con gusto.

Y por último, Itzi y su sueño. ¡Pobre Lalo! Es cierto, no parecía que Yue Lin le hizo algo (en el sueño, se entiende), pero pues todo apunta a que sí¿pues qué rayos va a pasar? Lo siento, pero eso no se los voy a decir. En primera porque no doy avances de capítulos y en segunda¡porque todavía no lo tengo! Lo juro, tengo la idea, pero escrito, lo que se dice escrito… para estas fechas no lo tengo. Tal vez cuando se publique el presente capi, ya esté, y entonces podrán acribillarme con mil y un preguntas. Antes no.

Bueno, por el momento es todo. Cuídense, vivan la vida y nos leemos pronto.

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Nota al 30 de noviembre del 2006: Éste es el último capi que subo por el momento, pues empezaré los exámenes finales la próxima semana y tengo que estudiar como loca, porque llevo en ciertas materias malas calificaciones y... mejor no les cuento mis desgracias. Lo que también debo decirles es que hasta el momento, la condenada inspiración no ha vuelto, al menos no para esta historia, así que el siguiente capi, en contra de mi costumbre, sí tendrán que esperarlo mucho rato, pues no está terminado (y no saben la frustración que me causa querer hacerlo pero no tener ni idea de qué poner). Así que esperando que tengan un buen inicio de diciembre (aquí en México estará de locura, pues mañana es la toma de posesión del presidente electo el pasado julio y con el zafarrancho que arman los diputados para que no suceda... Bueno, si ven noticias internacionales al respecto, sabrán de qué hablo. Eso para mis lectores(as) extranjeros(as). Los(as) nacionales ya se saben el cuento) y que quienes sufren el invierno, se abriguen bien. Y quienes están de verano, disfrútenlo en mi nombre, jajaja. Cuídense y de verdad deseo que nos leamos muy pronto.