NdA: Natasha Granger, no sé si leíste mi mensaje de que no puedo contestar a tus rr porque tienes anulada la opción de recibir PM.
Muchas gracias a todos por leer y comentar. Os recuerdo a los españoles que esta tarde a las siete hay una manifestación a nivel europeo en sintonía con los mensajes de las acampadas y el movimiento 15-M. ¡Nos vemos allí! ^^
Capítulo 45 Las huellas psíquicas
Mei había dormido fatal aquella noche. No estaba muy preocupada por su amiga Rebecca, que al fin y al cabo sólo se había quedado a dormir en la enfermería porque estaba con un ataque de ansiedad o algo así, pero la cama vacía de Angela, la cama que aún no habían retirado de la habitación, resultaba dolorosa como una herida abierta. Leila y Joyce, las mejores amigas de Angela, habían estado llorando hasta las dos o las tres de la madrugada. Y Mei se había quedado horas y horas despierta repasando el momento en el que se la habían llevado, la expresión de desesperación y locura de sus ojos mientras pedía auxilio a gritos, reviviendo la batalla. Se sentía incapaz de asimilar que había tenido lugar y que ella había formado parte de aquella locura.
Cuando se levantó de la cama, aún pronto, se sentía cansada y deprimida. El ambiente entre los alumnos que ya estaban despiertos en la Sala Común no era mucho mejor, aunque algunos esbozaron sonrisas al darle los buenos días. Los Ravenclaw habrían sido la Casa con más pérdidas si Bouchard hubiera logrado llevar a cabo su plan, porque había captado con la Flauta a media docena de Ravenclaw de cuarto que se había encontrado por el camino; todos apreciaban lo que Seren, los chicos y ella habían hecho.
Aunque había salido de su dormitorio pensando en ir a la enfermería a ver a Albus y Rebecca o quizás bajar al Gran Comedor y ver si Seren o Scorpius ya estaba allí, descubrió que tenía algo de miedo a irse sola, por esos pasillos que aún estarían desiertos. Era estúpido, se dijo, pero no podía evitarlo. Todavía estaba asustada. Entonces decidió ponerse a hacer los deberes hasta que Tarah se despertara también; seguro que ella querría acompañarla a ver a Rebecca.
Pronto descubrió que no iba a ser fácil. Aquella mañana daba la sensación de que cada vez que uno de sus compañeros bajaba a la Sala Común sentía la necesidad de acercarse a ella a saludarla o preguntarle qué tal estaba o si sabía algo nuevo de los Parásitos (como si tuviera línea directa de Red Flú con el ministro o algo así). Apenas pudo escribir media redacción de Pociones hasta que Tarah por fin se unió a ella.
-¿Llevas mucho tiempo despierta?
-Desde las siete –dijo Mei, cerrando su tintero-. ¿Quieres que vayamos a ver a Rebecca antes de desayunar?
-Claro.
Pero cuando ya iban a dirigirse a la puerta, Flitwick entró en la Sala Común, preguntando a unos y a otros cómo estaban. Mei imagino que los jefes de las cuatro Casas estaban haciendo lo mismo. ¿Daría McGonagall otro discurso durante el desayuno? Probablemente. Y probablemente también harían una pequeña ceremonia después de las clases para despedir a Angela, Gallivant y Dawlish.
Pobre Angela, todos la daban ya por muerta.
-Sé que muchos de ustedes están pensando en ir a la enfermería a ver a sus amigos ingresados, pero madam Midgen no desea que aquello se llene de gente. La mayoría de alumnos, además, recibirán el alta esta mañana. Vayan ahora al Gran Comedor y espérenlos allí; la profesora McGonagall tiene un par de cosas que anunciar.
Tarah se inclinó hacia ella.
-¿Qué te apuestas a que hoy no hay clase?
Mei pensó que podía tener razón. Y quizás era una buena idea, aunque ya hubieran perdido una semana entera cuando los Parásitos atacaron Windfield. La gente estaba demasiado deprimida para atender correctamente.
Tarah y ella bajaron con el grueso de los Ravenclaw hasta el Gran Comedor. Seren ya estaba en la puerta, con su amiga Ginny Morrison. A Mei no le importó demasiado que Seren la recibiera con un breve abrazo aunque normalmente no le entusiasmaba que la tocaran. Entre eso y el miedo a ir sola, que aún sentía rondando por el fondo de su mente, no pudo evitar preguntarse si no tendría stress post traumático o algo así. Tenía que encontrar algún libro que hablara del tema.
-¿Habéis visto a vuestra amiga Rebecca?
-No, aún no. Queríamos ir a la enfermería, pero Flitwick no nos ha dejado.
-A nosotras tampoco.
-Por ahí decían que iban a cancelar las clases hoy –dijo Ginny.
-Es lo mejor –opinó Seren-. Los amigos del pobre Jason están hechos polvo.
Hablaba de Dawlish, de Hufflepuff. Mei sólo había hablado con él las pocas veces que les había tocado batirse uno contra el otro en Defensa y no podía decir que le hubiera dedicado dos pensamientos mientras estaba vivo, pero resultaba extraño pensar que había muerto, que no volverían a verlo nunca más. Su curso iba a notar mucho su ausencia y la de Angela.
Mientras discutían las posibilidades de que se anularan las clases, llegaron la mayoría de los Gryffindor, tristones también por la muerte de Gallivant. Albus no estaba con ellos, debía de seguir en la enfermería. Amal, Urien y Rose las saludaron al pasar y les preguntaron si le estaban esperando.
-A él y a Scorpius –contestó Seren.
-Y a Rebecca –añadió Tarah.
Faltaban sólo diez minutos para que fueran las ocho, la hora a la que se servía el desayuno. Mei supuso que no podían tardar ya mucho, si era verdad que les iban a dar el alta aquella mañana. Y en efecto, la mayoría de ocupantes de la enfermería llegaron un par de minutos después. Ella y Tarah se fueron a reunirse con Rebecca, que ya estaba mucho más tranquila, y después se acercó con Seren a saludar a Albus, quien les dedicó una media sonrisa. Sería difícil encontrar sonrisas realmente alegres aquel día.
-Eh, ¿cómo estáis?
-¿Cómo estás tú? –replicó Seren.
-Ya estaba bien anoche. Scorpius me bombardeó con Ennervates y Episkeyos y debió de acertar. ¿Le habéis visto? ¿Ha llegado ya?
-No, sólo han entrado unos Slytherin de quinto.
Waterfall pasó entonces por su lado, con ojos abatidos, pero al verlas esbozó una sonrisa triste parecida a la de Albus.
-Eh, ayer estuvisteis geniales. –Miró a Mei-. Para ser de segundo sabes pelear.
-Sólo usé Desmaius y Protegos.
-Pero los usaste bien, que es lo que cuenta.
Eso era incontestable, ya que seguía viva, así que asintió.
-Tú también nos ayudaste después –dijo Seren.
Mei volvió a asentir; varios estudiantes hipnotizados por la Flauta se habían quedado para luchar contra los Parásitos y sin ellos, el resultado de la batalla habría sido muy distinto.
-De todos modos, gracias por salvarlo, chicos –dijo una chica de Gryffindor, poniendo cariñosamente la mano en el hombro de Waterfall-. Creo que estuvisteis increíbles.
Mei se sintió un poco consolada. Quizás era verdad que no habían fracasado, que existían los éxitos incompletos. Al menos la novia de Waterfall seguía teniendo a su novio cerca, y Albus, a su hermana y a sus primos Roxanne y Hugo.
La mayoría de los Gryffindor entraron en el Gran Comedor, pero ellas, Albus, Amal, Rose, Lily y Urien aún seguían en la puerta, esperando a Scorpius. Y éste apareció por fin por el pasillo, junto con la inmensa mayoría de los Slytherin. Esta vez no habían sufrido ninguna baja y se les notaba un poco menos desanimados que a los demás.
-¡Al!
Scorpius se acercó a paso rápido hacia ellos y le dio un fuerte abrazo a Albus, quien le acarició el pelo antes de dejarlo ir.
-Hola.
-¿Cómo te encuentras? –preguntó Scorpius, con un poco de ansiedad-. ¿Estás bien?
-Sí, perfectamente.
-¿Y tú, Lily?
-Un poco mejor.
Mei se dio cuenta de que Lily estaba tan pegada a su hermano como Hugo a Rose y Cassandra a Scorpius, pero pensó en su propia hermana pequeña y no le extrañó demasiado.
-Malfoy… -Era Rose, con las mejillas un poco rojas-. Gracias por salvar a mi hermano y a mis primos.
Albus sonrió, probando que Mei se había vuelto a equivocar al pensar que no vería ninguna sonrisa realmente alegre aquel día. Scorpius le dedicó a Rose una leve inclinación de cabeza y miró a Albus de reojo.
-De nada, lo hicimos entre todos. Además, esos cabrones son los que mataron a mi madre y a mi abuelo.
Albus le pasó el brazo por los hombros y apoyó un momento la cabeza contra la suya en un gesto de ánimo.
-Ojalá los metan a todos en Azkaban para el resto de su vida –dijo uno de los Weasley.
Aquello provocó una oleada de asentimientos a la que Mei se unió de buena gana.
-Venga, vamos a desayunar –dijo Dominique, señalando hacia la puerta.
Muchos de los que se habían quedado atrás esperando a los de la enfermería estaban entrando ya en el Gran Comedor. Mei se encaminó hacia allí también, pero Scorpius la sujetó del brazo.
-Espera… ¡Seren! Seren, ven, tengo que deciros una cosa.
Mei le dijo a Tarah y Rebecca que entraran sin ella y se fue con Seren y Albus a ver lo que quería Scorpius.
-¿Qué pasa?
Scorpius hizo una mueca satisfecha.
-Ya podemos contar cómo supimos lo del traidor. Anoche, después de cenar, fui a hablar con Myrtle.
Y entonces les explicó lo que había sucedido, y cómo el Barón Sanguinario había aparecido de pronto y le había echado la bronca y liberado a Scorpius y ellos tres de su juramento. A Mei le pareció fascinante, porque siempre ha habido un debate entre los expertos sobre si los fantasmas podían tocarse o no; unos pocos argumentaban que sí, pero había muy pocos testimonios que sustentaran esa teoría y en general se daba por sentado que los fantasmas, pese a moverse en la misma dimensión, no podían interactuar físicamente. Lo que había visto Scorpius probaba que la mayoría estaba equivocada.
¿O quizás algunos fantasmas tenían esa capacidad? ¿La adquirirían con el tiempo? Ciertamente el Barón Sanguinario era el fantasma más antiguo de Hogwarts, a excepción de La Dama Gris, que había muerto a sus manos y se había convertido en la primera residente no viva del colegio. Podía preguntarle a ella si podía tocar a otros fantasmas; Helena Ravenclaw no siempre contestaba a las preguntas, pero al contrario que al Barón no le molestaba que se las hicieran.
-Es genial, Scorpius –exclamó Albus-. Así ya no tendremos que contarle ninguna mentira a mi padre.
Mei, perdida en sus elucubraciones sobre fantasmas, tardó un par de segundos en recordar a qué venía todo aquello.
-Claro, sí.
-Aunque yo creo que no deberíamos contar que fuimos al Bosque Prohibido –dijo Scorpius-. Por si nos riñen y eso. Podemos decir simplemente que miramos el Mapa para curiosear y sospechamos algo raro al ver que Bouchard estaba yendo hacia el norte con ese montón de alumnos.
Albus y Seren hicieron una mueca.
-No sé, Scorpius –dijo Albus-. ¿Y si lo que saben los centauros es importante? Yo creo que es mejor que le digamos a mi padre que ellos pueden saber algo.
Scorpius puso los ojos en blanco.
-Oh, vale, está bien… Pero nos van a echar la bronca, ya lo veréis.
Una prefecta les hizo señales a todos desde la puerta para que entraran ya al Gran Comedor para desayunar. Mei obedeció, todavía con la cabeza en las nubes.
Los primeros en llegar al despacho de McGonagall fueron Cora y Eddie Carmichael. Los dos habían ido a Hogwarts, ella dos curso por detrás de Harry y él, un curso por delante. Cora, bajita y con cara de luna, trabajaba como técnica de hechizos de sonido para la WWZ; Eddie, que había jugado en el equipo de quidditch de Ravenclaw, lo había intentado un par de años en la liga profesional, pero una lesión lo había apartado de los campos y ahora era fotógrafo profesional. Todavía tenía un porte atlético y llevaba el pelo, idéntico al de su hija, casi tan largo como ella.
Después apareció Draco y apenas un par de minutos más tarde, Ginny. Los dos se saludaron casi sin mirarse a la cara, aunque Harry, que la conocía aunque ya no la amara, sabía que ella tenía muy presente lo que Scorpius había hecho por los niños el día anterior. Ella y el resto de los Weasley. Cho y su marido, Huan, fueron los últimos en llegar, y sólo entonces McGonagall mandó llamar a Albus y los demás.
Cuando entraron, Harry comprobó que los cuatro tenían mucho mejor aspecto esa tarde. Sus caras eran demasiado serias y se notaba que sus ojos habían visto demasiadas cosas, pero al menos habían recuperado el color y no parecían tan conmocionados. La más extraña era Mei, que apenas les prestó atención a sus padres. Quizás sí estaba aún en shock por todo lo que había pasado.
-Bueno, chicos, ¿qué pasó exactamente ayer? –preguntó Harry-. ¿Qué es eso de que habéis jurado no decir nada?
Pero el momento del silencio había pasado, aparentemente, y Harry escuchó con incredulidad y admiración cómo Albus le contaba toda aquella historia de huellas psíquicas, fantasmas, centauros y runas de protección. Los demás padres parecían igual de pasmados que él y miraban a sus hijos como si los estuvieran viendo por primera vez.
-Tendríais que haber pedido ayuda –dijo Cora, cuando acabaron de hablar.
-Pero mamá, no podíamos –dijo Seren-. Además, pensábamos que seríamos sólo los cuatro contra ella.
-Intentamos avisar a los aurores también, con el anónimo –añadió Scorpius, haciendo que Harry intercambiara una mirada ligeramente triunfal con Draco-. Pero o no encontraron la Flauta o no estaba aquí cuando la buscaron. No sabíamos qué otra cosa hacer.
Harry meneó ligeramente la cabeza, sin palabras. Aquello era aún más gordo de lo que había pensado.
-Scorpius, ¿sabes qué ha pasado con Myrtle? –preguntó Draco.
-El Barón le dijo que no lo volviera a hacer, yo creo que sólo quería asustarla un poco.
Tras asegurarse de que los niños habían dado todos los detalles que habían podido, Harry dio por terminado el interrogatorio. La conclusión era obvia: aquellos críos eran unos héroes. Y aunque eso también asustaba como mil demonios, se sentía muy orgulloso de Albus.
-Bien, si no tenéis nada más que añadir, creo que hemos terminado. ¿Albus? ¿Scorpius? –Ellos dijeron que no con la cabeza-. ¿Seren?
-No, ya lo hemos contado todo.
-¿Mei? Tú no has dicho nada. -La niña lo miró como si estuviera pensando intensamente y Harry se preguntó si tendría que ver con los conspiradores-. ¿Mei?
-Si es una densificación a nivel molecular, con el tiempo suficiente, quizás docenas de miles de años, podrían materializarse por completo, ¿no es cierto?
-¿Eh?
Cho y Huan menearon la cabeza y los niños soltaron risitas divertidas.
-Está así desde el desayuno –dijo Seren, mirándola con una mezcla de orgullo y perplejidad.
-Le ha obsesionado eso de que los fantasmas puedan tocarse entre ellos –añadió Albus.
-Seguro que no ha oído una palabra de lo que hemos dicho –finalizó Scorpius.
Mei los miró con cierto fastidio.
-Pero, ¿qué pasa? Estoy intentando pensar.-Cho le dijo algo en chino que no sonaba muy bien y Harry se fijó en que tanto Huan como Draco alzaban las cejas a la vez. La niña contestó también en chino, Cho replicó y Mei se giró hacia él con la cara de martirio, resignación y condescendencia que todos los hijos ponían cuando pensaban que sus padres estaban siendo absurdos-. Perdone, jefe Potter, ¿qué me estaba preguntando?
-Quería saber si tenías algo más que añadir a la historia de tus compañeros.
Mei miró a sus amigos como si no estuviera muy segura de lo que estaban hablando.
-¿De lo de ayer y eso?
-Sí.
-No, lo que ellos han dicho está bien –contestó, sin el menor interés-. Aunque sería interesante averiguar más cosas sobre esas huellas. Es curioso que el Barón dijera ayer que las huellas psíquicas se han marchado.
A Harry le sorprendió un poco que dijera eso.
-¿No es lo normal, ahora que el peligro ha pasado?
-¿Cómo va a ser normal? Las huellas psíquicas son residuos que permanecen en el lugar de los sucesos que las desencadenan. Pero no ha habido nada normal en las huellas que hemos estado oyendo este año, primero de todo porque no tendríamos que haber sido capaces de oírlas. ¿Y ahora se van? ¿A dónde? ¿Al lugar en el que se produjeron? Considerando que avisaban de un peligro relacionado con la conspiración yo tendría en cuenta la posibilidad de que esas huellas psíquicas vengan del lugar en el que los Parásitos matan a sus víctimas.
Un silencio espeso siguió a aquel pequeño discurso y Harry intercambió una mirada con Minerva.
-Me gustaría hablar con el Barón Sanguinario.
-Por supuesto –dijo ella, aún un poco boquiabierta.
-Deja que te acompañe –dijo Draco al momento-. Conozco al Barón, puedo ayudar.
A Harry le parecía que contar con un Slytherin a la hora de tratar con el fantasma de esa Casa no podía ser una mala idea y asintió.
-De acuerdo.
Encontrar al Barón les llevó casi media hora, pero al final se dejó ver, no muy lejos de la entrada a la Biblioteca. Como era de esperar, tenía el mismo aspecto que Harry recordaba, amenazador, corpulento, con todas esas manchas plateadas sobre su pecho.
-Draco Malfoy y… ¿Harry Potter? Primero vuestros hijos, ¿y ahora vosotros?
-Uno nunca puede estar seguro de haberlo visto todo –replicó Draco-. ¿Cómo estáis, Excelencia? ¿Las nuevas generaciones os tratan bien?
-Débiles, todos son cada vez más débiles. En mis tiempos, no habrían durado ni media hora.
-No sabría qué deciros, Excelencia. Ayer unos cuantos alumnos dieron muestra de bastante fortaleza.
-¿Estáis aquí por ese asunto?
-Queríamos haceros unas preguntas sobre las huellas psíquicas –dijo Harry, dirigiéndose a él tal y como Draco había hecho. Aunque aquella era la primera vez que hablaba directamente con ese fantasma, había oído hablar de su susceptibilidad y su mal genio y le había visto enfadado, un espectáculo que no deseaba volver a contemplar.
-No puedo ayudaros con ese tema.
-Excelencia, os lo ruego, sólo queremos que nos ayudéis a confirmar una teoría –dijo Draco rápida y cortésmente-. Sospechamos que las huellas psíquicas que trataban de avisar de la presencia de Bouchard no se originaron en Hogwarts, sino en el lugar en el que trabajan los ladrones de magia que nos atacaron ayer. ¿Tenemos razón? ¿Vinieron de fuera?
El Barón frunció las cejas.
-Como ya le dije ayer a tu hijo, eso no es asunto de los fantasmas.
-Esa gente está alterando la magia, y los fantasmas podrían terminar afectados también –replicó Draco-. Lo que está pasando es asunto de todas las criaturas mágicas.
Aquello pareció hacer dudar al fantasma, pero al final meneó tercamente la cabeza.
-No, los muertos no deben inmiscuirse en los asuntos de los vivos.
Harry pensó que no iban a conseguir nada, pero entonces oyeron una voz femenina surgida de ningún sitio en particular.
-Everard…
Para sorpresa de Harry, era la Dama Gris, quien apareció de pronto atravesando una de las paredes. El Barón la miró con obvia sorpresa y después hizo una reverencia que hizo tintinear las fantasmales cadenas que arrastraba consigo.
-Milady… ¿En qué puedo serviros?
-Los mortales están en lo cierto, también nosotros podríamos correr peligro. Decidles lo que sabemos.
Sin más, el Barón hizo una nueva reverencia.
-Como deseéis.-Y entonces se giró hacia ellos-. Las huellas psíquicas vinieron del suroeste, de Gales, poco después del verano. Y aunque no sabemos la causa, todos notamos que no eran huellas psíquicas normales. No sólo hablaban de vidas arrancadas, estaba claro que también su magia había sido atormentada. Eso es todo lo que sabemos.
Harry intercambió una mirada con Draco para ver si él también había comprendido lo mismo que él: la hija de Cho tenía razón, las huellas psíquicas eran restos del sufrimiento de las víctimas de los conspiradores.
-¿Es posible saber en qué lugar del suroeste de Gales se produjeron exactamente? –preguntó, esperando la respuesta casi sin respirar. Llevaban tiempo dando por sentado que los secuestradores tenían por ahí su guarida, pero si conseguían dar con el lugar exacto…
-No, no hay manera de saberlo.
-¿Seguro?
-Te he dicho todo lo que sé, Potter –le espetó el Barón, con no muy buenos modos.
-Gracias, Excelencia –dijo Draco a toda prisa-. Gracias, milady.
Ella inclinó graciosamente la cabeza y se marchó sin mirar atrás. Harry se fijó en la mirada triste y cargada de anhelo que le lanzó el Barón y sintió pena por él a pesar de sus malos modales. Tenía que ser horrible pasar la eternidad lamentando haber asesinado a la mujer amada.
-Marchaos ahora –gruñó el Barón.
Era más que obvio que el fantasma ya no les iba a decir nada, así que Harry y Draco se despidieron de él y se dirigieron a las escaleras.
-Eran las víctimas de los conspiradores –dijo Harry.
-Sí, ya lo sé. Es increíble… No sé mucho de huellas psíquicas, pero nunca había oído que pudieran abandonar el sitio en el que se crearon. En eso son como los fantasmas, están atadas a un lugar.
-Puede que sean especiales –dijo, pensando en voz alta-. Esa gente estaba alterando su magia mientras los mataban, así que puede que las huellas que se crearon fueran diferentes a las que se producen por un simple asesinato.
-Eso no es buena señal, Potter.
-No, no lo parece. Se lo diré a los Inefables, para que lo investiguen.
-Mejor. ¿Habéis averiguado ya algo sobre Bouchard?
Harry asintió. Los aurores franceses habían mandado un informe justo antes de que él saliera para Hogwarts.
-Es mestiza y sus dos padres han muerto. Cuando salió de Beauxbatons empezó a trabajar en el ministerio y a principios de los noventa se vio envuelta en un pequeño escándalo relacionado con la malversación de fondos. No pudieron probar nada, pero ella se marchó del país. El ministerio francés no le siguió la pista, así que no sabemos qué hizo o a dónde se fue. –Los dos empezaron a bajar por los escalones-. Entró en nuestro país con un Traslador Internacional hace diez años, pero estuvo trabajando como profesora y viviendo en el mundo muggle hasta que McGonagall la contrató. O al menos eso ponía en su currículum. Los BIM también están intentando encontrar información suya en el mundo muggle, si es verdad que estuvo moviéndose por ahí. Y bueno, estamos en contacto con otros ministerios de magia, a ver si nos mandan más información sobre sus movimientos.
-¿Y Scotland Yard?
-También están investigando. A ella y al par de sangremuggles que capturamos en Hogwarts. Y a la madre de uno de ellos; no la encontramos y casualmente tiene una ingeniería en electrónica.
-¿Eso es malo?
-Son los que saben construir las máquinas que están usando en sus experimentos. –Unos chicos de Hufflepuff se cruzaron con ellos y se lo quedaron mirando de hito en hito. Harry les dedicó una leve sonrisa y un saludo con la mano y siguió hablando con Draco-. Esa mujer debe trabajar para ellos, estoy seguro. Según la policía llevaba cinco años sin empleo conocido; obviamente estaba con los Parásitos.
Draco bajó unos cuantos escalones en silencio.
-En el suroeste de Gales…
-En el suroeste de Gales. No está mal que nos lo hayan confirmado. Ese proyecto no puede ser precisamente pequeño. Investigaremos esa pista también.
Continuará
Lumina, muchas gracias, me alegra que te guste Alianza y mi Draco ^^ El chico muerto es Gallivant, me lié yo con los apellidos.
Tati, awww, muchas gracias, me hace mucha ilusión que pienses así. Ya veremos cómo reaccionan los adultos en el futuro, pero francamente, Ginny no tiene ya nada en contra de Scorpius. Desde luego estoy desarrollando a gusto la relación de Harry y Draco, jaja. Ahora ya han descubierto en el otro cualidades que les gustan, y además han descubierto que se pueden llevar muy bien. Poco a poco irá llegando lo demás. Me alegra que te gustara Astoria, matarla fue muy triste, por ella y por los que dejaba detrás. En cuanto a los Weasley, piensen lo que piensen de los Malfoy, está claro que ahora van a mirar a Scorpius de otra manera. No tengo planeado el final al cien por cien, pero sí tengo una idea de lo que pasará. Alianza va de la lucha del mundo mágico contra los Parásitos, así que no voy a cambiar de villano a mitad historia. Lily y Cassandra saldrán más en fics posteriores, sí. Y lo de Draco no te lo contesto, ya lo verás.
María, es que Harry se piensa que la relación entre los dos niños es como la que tuvieron Ron y él. En el momento en el que esto ha dejado de ser un caso de los aurores y se ha convertido en una guerra, no veo mal que se organicen cuerpos de civiles, es algo que pasa en el mundo real.
Silvers Draco, muchas gracias, me alegra que te haya gustado.
Jeimi, porque en realidad llevaban veinte años sin hacerlo y Harry ya se había olvidado de que en sus tiempos los villanos andaban por ahí como Pedro por su casa. Ya corregiré ese fallo con el número del capi, gracias.
Dana R, me alegra que eso me salga bien ^^ Es verdad que los niños tienen un vínculo especial, después de todo lo que han compartido. Yo creo que hay muchas clases de valentía y que la valentía y la moral no tienen nada que ver. Una persona puede ser un cabrón despreciable y ser valiente. Y una persona excelente puede también ser miedosa y cobarde. Insinuar que ambas cosas van de la mano me parece uno de los planteamientos más cuestionables de Rowling, sobre todo porque no me la imagino a ella entrando en un edificio en llamas para salvar a una niñita atrapada ni enfrentándose cara a cara con un asesino megalómano.
Lizbeth, bueno, queda un capítulo, a ver qué pasa con los niños.
Anony, Harry no tiene nada en contra de Scorpius y desde luego no va a ponerse tonto porque a su hijo le gusten los chicos, así que…
Sarahi, sí, han podido contarlo todo. ¡Me alegra que te guste!
Mia Shinobu, pues en este capi tb has tenido otra aparición de los fantasmas. El Barón sí estaba un poquito orgulloso de Scorpius, es bueno para la reputación de Slytherin. En el próximo fic veremos mucho más sobre ese cuerpo de voluntarios, y tb cómo le va a Draco con su plan de mandar un elfo de guardaespaldas.
