Secretos

Capítulo 45 – El retrato de Dumbledore

—¡Quedate quieto!

—¿Tenés la mano metida en mis pantalones y pretendés que me quede quieto? —murmuró Harry.

Draco hizo una pausa. —Touché. —admitió.

—¡Mierda, Draco! —se quejó Harry exasperado— ¡Si de todos modos voy a tener que sacarme la puta camisa apenas llegue a Hogwarts!

—No podés ponerte una camisa y dejar los faldones afuera. —declaró Draco con un tono demasiado condescendiente para el gusto de Harry— Y tenés que ponerte una camisa porque no hay posibilidad alguna de calzarte una remera con el hombro así como lo tenés.

Harry suspiró impaciente y lo dejó hacer, tratando de mantenerse quieto. —¿Me vas a volver a vestir de igual modo en el ala hospitalaria una vez que hayamos terminado? —preguntó irónico.

—Si fuera preciso. —Draco lo miró a los ojos— A estas alturas ya deberías saber que en lo que respeta a la ropa y a la forma de vestirte nunca vas a ganar, Harry.

Harry le sacó la lengua enojado. Draco sacudió levemente la cabeza y terminó de acomodarle los faldones y de ajustarle la cintura del pantalón. —Así está mejor. —declaró sonriendo satisfecho.

Harry revoleó los ojos. La fascinación de Draco por la ropa era tan irritante por momentos, pero tenía que admitir que lo hacía sentir muy bien cuando Draco lo recorría con los ojos de esa forma… como lo hacía en ese momento.

—¿Por qué me tomo tanto trabajo para vestirte decentemente si sólo obtengo reproches?

Harry le sonrió. —Porque me amás. —respondió orgulloso y enfiló hacia la puerta pavoneándose descaradamente.

—Sí, ha de ser por eso. —dijo Draco— Seguramente no tiene nada que ver con esos pantalones que te marcan tan deliciosamente el culo.

Harry sonrió y Draco lo siguió. La sonrisa se le borró cuando llegaron a la puerta de calle. Remus y Severus los aguardaban ya. Draco se cubrió con la Capa y Severus con el Manto y los cuatro abandonaron la casa con destino a Hogwarts.

oOo

—Señor Potter, ¿qué lo trae por acá? —exclamó madame Pomfrey cuando lo vio entrar. Remus, seguido por Severus, se había separado desviándose hacia la dirección para ir preparando a McGonagall. Draco seguía con él, pero escondido debajo de la Capa naturalmente.

—Me lastimé el hombro. —le informó. Le contó las curaciones que había recibido el día anterior y que claramente no habían dado resultado satisfactorio. Ella lo hizo recostar en una cama, pasó a revisarlo de inmediato y cuando completó el procedimiento chistó sonoramente con desaprobación.

—Deberías haber venido directamente a mí, Harry. Voy a poder curarte como corresponde pero… va a ser muy doloroso.

—¿Qué me pasa? —preguntó Harry alarmado y haciendo una mueca.

—Te dislocaste un hombro… pero de manera más complicada que otro tipo de luxaciones. En este caso hay pinzamiento de ligamentos e intensa inflamación de la bolsa articular. El realineamiento adecuado va a ser muy doloroso… si bien garantizo que será efectivo… la curación posterior completa se logrará con pociones, linimentos y algo de tiempo.

—Encantador. —suspiró Harry con sorna.

—Voy a tener que usar un hechizo paralizante. —dijo la sanadora.

—¿¡Qué?!

—No puedo arriesgarme a que te muevas durante el proceso de reubicación de los huesos. —respondió ella con cierta brusquedad, giró sobre sus talones y fue hasta un armario para buscar varios implementos que iba a necesitar.

—Aquí tenés, bebete esto. —dijo tendiéndole un frasco cuando regresó.

—¿Qué es? —preguntó Harry con recelo.

—Un analgésico muy potente. Y este otro, —levantó otro frasco— es un anestésico tópico. Lo voy a usar localmente sobre la piel del hombro, contribuirá también a disminuir el dolor. Igual lo vas a sentir, me temo, pero será mucho más soportable.

Harry la dejó hacer y se sometió al hechizo paralizante. Se le cruzó por la cabeza que quizá hubiese sido mejor que hubiera usado un hechizo que lo desmayara directamente. Unos minutos después la sanadora procedió a reacomodar los huesos. Harry soltó un chillido estridente, uno como para helar la sangre en las venas.

—La peor parte ya está superada. Muy dolorosa, lo sé, pero por suerte corta, sólo unos segundos. —madame Pomfrey anuló el hechizo paralizante y se dedicó a atarle el brazo en cabestrillo.

Harry todavía jadeaba, el dolor había sido brutal. No quería siquiera imaginar cómo habría sido sin el analgésico y sin el anestésico.

—Mañana te vas a sentir mucho mejor. Debería dejarte internado pero estoy segura de que de ninguna manera lograría convencerte. —le entregó varios frascos— Estas pociones van a ayudar a la curación. Tomá dos esta tarde y dos antes de acostarte. Nada de actividades extenuantes durante el día y limitá el movimiento del brazo al mínimo posible.

—Sí, señora. —contestó Harry obediente y se guardó las pociones en un bolsillo— Y gracias.

Ella le sonrió. —No tiene porque darlas, señor Potter. Y por favor, al menos por hoy, trate de no meterse en problemas.

oOo

—¿Draco? —susurró Harry ya en el corredor— ¿Dónde estás?

Draco se quitó la capucha. Tenía el semblante verde.

—¿Qué te pasa? —preguntó Harry alarmado.

—Severus debería haberse quedado con vos, yo debería haber acompañado a Lupin. —articuló con dificultad.

—¿Te descompusiste por el dolor que me tocó pasar?

Draco lo miró con vergüenza. —Sí. —admitió.

Harry se echó a reír. La acción del anestésico persistía y los movimientos del hombro no lo incomodaron demasiado.

—No te rías. —le pidió Draco angustiado— Fue horrible verte y oírte sufriendo tanto.

Harry paró de inmediato. —Perdón. Para mí también sería terrible si me tocara verte sufriendo así.

Draco se estremeció. —Creo que yo me habría muerto del dolor.

Harry se esforzó para no sonreír. Draco era tan flojo cuando de dolor se trataba.

—Creí haberte pedido que dejaras de reírte. —le espetó Draco enojado.

—Bueno… pensalo de esta forma… hiciste un excelente trabajo para ponerme contento después de todo ese dolor que me tocó pasar.

—Te odio, Potter. —gruñó Draco.

—Yo también te odio, Malfoy. —replicó Harry sonriendo de oreja a oreja

Draco lo miró y él también se permitió un esbozo de sonrisa.

Cuando llegaron a las escaleras que conducían al despacho de la directora, Draco se acomodó la Capa para que lo cubriera completamente. Las gárgolas se desplazaron sin que tuvieran que darles contraseña alguna.

—Señor Potter, —lo saludó McGonagall en bienvenida— Estábamos esperándolo. ¿Cómo sigue su hombro?

—Me lo había dislocado… no fue precisamente agradable reacomodarlo, pero madame Pomfrey dice que mañana va a estar bien. —tomó asiento en la silla que la directora le había señalado con un gesto.

—Remus me informa que ha venido a buscar la espada. —dijo ella con evidente desaprobación en los rasgos— Supongo que será consciente de que no puedo autorizarlo a que se la lleve del castillo.

—Ya cambiará de opinión. —respondió Harry serio.

—Señor Potter, esa espada es sumamente valiosa. —insistió ella.

—Soy perfectamente consciente de eso. Es la espada de Gryffindor y la única reliquia que ha pervivido del linaje del fundador.

Ella lo miró con desconcierto. —Veo que reconoce su importancia… ¿y aun así pretende que le permita llevársela?

Harry suspiró profundamente. Había llegado el momento de mostrar su carta más fuerte. —La necesito porque el sábado tendrá lugar la batalla final. De acá a cuatro días voy a usar la espada para matar a Nagini… y eso me permitirá matar a Voldemort después.

McGonagall lo miraba perpleja.

Harry prosiguió decidido a mostrar todas las otras cartas también. —He estado trabajando con este propósito durante todo el verano. He contado y cuento con mucha ayuda… ayuda que muchos no conocen. He estado trabajando con Severus Snape. Estoy viviendo en Grimmauld Place con los Malfoy. Tenemos ahora además a los Slytherin neutrales refugiados allí también… porque Voldemort planea marcarlos. Y hemos estado haciendo todo lo necesario y requerido para que yo pueda finalmente matar a Voldemort.

—¡Harry! —exclamó Remus—¿¡Acaso querés darle un ataque cardíaco a la pobre mujer?

Harry sonrió culpable. —Eh… no… pero me pareció mejor decírselo todo junto y ya.

—Así parece. —dijo Snape irónico al tiempo que se quitaba el Manto.

Draco siguió el palo. —Supongo que esto significa que yo también me puedo mostrar. —se quitó la Capa y se sentó en el brazo de la silla de Harry.

La profesora los miraba mareada, claramente en shock.

—Severus, mi muchacho, es un placer verte. —Harry se paralizó de golpe. Y lo mismo les pasó a Severus y Draco.

Lentamente, Harry giró la cabeza hacia el retrato más reciente de los que colgaban de la pared. Las veces anteriores que había entrado al despacho, había deliberadamente evitado mirarlo.

—Ah… y el joven señor Malfoy, estoy muy complacido de verlo aquí. —agregó Dumbledore— Todo indica que estás haciendo las cosas muy bien, Harry. Y Remus… que agradable sorpresa.

Harry sintió como si fuera a descomponerse. Miró a Severus y a Draco, el semblante de los dos había adquirido un tono blancogrisáceo como de tiza. Estiró la mano a ciegas hasta encontrar la de Draco, las entrelazaron. Quería tranquilizarlo… pero también quería sentir la seguridad que el contacto con Draco siempre le suscitaba. Se sentía aturdido, quizá no había sido una buena idea revelar todo.

—Creo que una taza de té les vendría bien a todos, Minerva. —sugirió el ex director con afabilidad.

—¡Pero, Albus…! —la profesora se interrumpió, al parecer reconsiderando su primer impulso de protestar. Decidió que no se iba a poner a discutir con un retrato delante de todos. Conjuró un servicio. Remus, que era el de los presentes el que estaba menos sacudido, se puso de pie e hizo los honores. Todos recibieron su taza y bebieron, el silencio se prolongó durante varios minutos.

Harry terminó el suyo y depositó la taza sobre el escritorio. Inmediatamente, Draco volvió a tomarle la mano. Harry lo miró, él mismo ya se sentía un poco mejor, pero Draco seguía luciendo un aspecto terrible. Sin tener en cuenta lo que los otros pudieran pensar, se puso de pie abruptamente, hizo sentar a Draco en la silla y él se le acomodó encima acurrucándosele sobre la falda. A los dos les iba a venir bien.

McGonagall contuvo una exclamación escandalizada pero del retrato de Dumbledore sólo llegó una corta risa.

—Salgan todos. —dijo Severus con aspereza.

—Severus, no puedo… —empezó a decir McGonagall con un tono que mezclaba desaprobación y comprensión.

—Salgan… —repitió.

—Profesora McGonagall, hagamos como él dice… por favor. —pidió Harry.

Ella estudió el rostro de Severus que tenía la mirada baja y luego miró a Harry durante unos segundos más. Finalmente se avino. —Está bien. —dijo poniéndose de pie.

—Harry, vos quedate. —dijo Severus.

—Severus, creo que sería mejor que yo también me fuera. —dijo Harry.

—Quedate. —ordenó Severus.

Harry miró a Remus y a Draco con desamparo, pero ambos lo animaron con sendos gestos a que se quedara como Severus quería. Draco parecía más que aliviado de poder salir. Remus dijo que esperarían en un aula cercana y que aprovecharía para aclararle las cosas a la profesora. Los tres abandonaron el despacho.

—Severus… esto debería ser en privado… —aventuró Harry.

Severus lo ignoró por completo. Transfiguró dos de las sillas en un sofá y lo ubicó delante del retrato. Le indicó a Harry que tomara asiento y él hizo lo mismo.

—Mis queridos muchachos, no se imaginan cuán feliz me hace verlos juntos. —dijo Dumbledore.

Ninguno de los dos contestó. Harry no sabía qué se suponía que le dijera a un hombre a cuya muerte había contribuido. Severus debía de tener un problema similar.

Dumbledore suspiró. —Minerva ha tenido la amabilidad de mantenerme al tanto de los acontecimientos. Soy consciente de que ustedes dos deben de estar culpándose de mi muerte. Creo que se están olvidando de que yo si bien un hombre muy viejo, era perfectamente capaz de tomar mis decisiones. Sabía además que mi muerte estaba muy cercana, la opción que elegí fue la más sensata de acuerdo a las circunstancias.

—Nos forzaste… a mí… y a un niño a contribuir a tu muerte. —dijo Severus con acritud.

Harry se estremeció. Abruptamente, Severus se había puesto de pie. Hasta ese momento se había mostrado apocado y dócil, ahora en cambio lo invadía la furia. Y canalizó toda su ira contra el retrato, escupiendo improperios viles y palabras llenas de desprecio, de rabia y de autoreproche.

Por primera vez Harry oyó todo desde el punto de vista de Severus. Mucho de lo que dijo ya lo había adivinado. Pero así y todo, oírselo decir era muy difícil de soportar. Severus describió todo lo ocurrido durante esa noche fatídica de la muerte de Dumbledore.

Sus sospechas de que Severus había ayudado sin que lo advirtieran a Hermione, a Flitwick y a Luna esa noche fueron confirmadas. Oyó a Severus confesar en voz alta el miedo por su ahijado al que no estaba seguro de poder salvar. Lo oyó autocondenarse por haberse visto obligado a matar a uno de los pocos hombres que le habían demostrado confianza durante su vida. Lo oyó gritar la indecible ira que había sentido cuando Harry lo había llamado cobarde. Lo oyó declarar su certeza de ese momento, de que su vida se había acabado esa noche cuando huyó desaparicionando de Hogwarts.

Harry se apelotonó en un extremo del sofá, no sabía si Severus se acordaba de que él estaba allí. Se sentía como un intruso, pero no se animaba a escapar como bien hubiera querido. Un Severus Snape fuera de sí como en ese instante no era un asunto menor, podía llegar a ser muy peligroso. Lágrimas silenciosas corrían por las mejillas de Harry, pero no podía hacer nada, sólo observar y escuchar.

Pero Severus no habló sólo de esa noche. Harry tuvo que oír mucho más. Las cosas espantosas que se había visto obligado a hacer como mortífago para que su posición como espía no peligrara. Toda una letanía de horrores, de miedos y de autoexecración.

Finalmente Severus se desplomó vencido en el sofá, su silueta sacudiéndose gimiente. Harry no estaba seguro de qué se suponía que hiciera. Se sentía perdido en una especie de subespacio alterno… ¿cómo era posible que Severus se mostrara tan quebrado? Sus instintos lo empujaron a acercársele y a reclinarse contra él ofreciéndole silencioso consuelo.

Desde el cuadro, Dumbledore los contemplaba como una serena deidad pero de expresión preocupada. Harry se estremeció. Se trataba nada más que de un cuadro. ¿Acaso estaban arreglando diferencias con un retrato? Había algo de muy perturbador en el concepto… pero asimismo, parecía algo que estaba bien. Arreglar diferencias, hacer las paces siempre estaba bien… independientemente de cuáles fueran las circunstancias.

Dumbledore asintió aprobador con los ojos fijos en él. Harry se lo agradeció sin palabras, el gesto lo había inundado de paz. Al parecer había elegido bien.

—Perdón, Albus. —susurró Severus.

—No hay razón para pedir disculpas, Severus. Estoy muy orgulloso de vos. Creo que estás buscando el perdón de otros… creo que Harry ya te ha perdonado… faltaría que lograras perdonarte a vos mismo.

—Siempre me consideré alguien que aprendía con rapidez… —musitó Severus— Pero me parece que Harry ha podido aprender muchas de tus lecciones con mucha más rapidez que yo.

—Cada uno de ustedes tuvo que aprender diferentes lecciones para sobrevivir. Pero creo que las cosas empezaron a cambiar… para bien al parecer.

—Ciertamente. —dijo Severus— Creo que ahora convendría que me excusara unos momentos. Estoy seguro de que Harry tiene cosas que discutir en privado con vos.

Harry se sobresaltó cuando recibió un beso en la frente. Severus se puso de pie, puso un encantamiento de privacidad entre Harry y el cuadro y se alejó seguido por una elegante estela negra flameante.

Dumbledore rió ante la perpleja expresión de Harry. —Severus y vos han recorrido sin dudas un largo camino durante estos dos meses.

—Sí. —confirmó Harry con los ojos todavía fijos en la puerta por la que había desaparecido Severus, no era la que conducía a las escaleras sino la que comunicaba el despacho con los aposentos del director… de la directora en este caso.

—¿Hay algunas cosas que tengas guardadas en el pecho que me quisieras comunicar?

Harry suspiró profundamente y volvió los ojos al cuadro. —No, creo que las cosas están yendo bien… sólo que lo extraño, extraño su presencia, señor. Y Severus también lo extraña.

—Creo que se han dado cuenta de que pueden ir a buscar consejo el uno en el otro en mi ausencia. No obstante, por el encantamiento de privacidad… deduzco que no le has contado todo a Severus.

—Deduce bien…

Era raro contarle cosas a un cuadro, pero Harry hizo a un lado el pensamiento y le relató todo lo que habían hecho relacionado con los horcruxes. Severus regresó unos minutos después, ya tan compuesto como siempre. Tomó asiento al lado de Harry y esperó imperturbable y pacientemente a que Harry concluyera.

—Has actuado muy bien, Harry. —lo felicitó Dumbledore.

Harry se sonrojó de satisfacción, quitó el encantamiento silenciador y dejó que Severus le informara al retrato todo lo demás.

Cuando hubieron concluido, se despidieron y abandonaron el despacho para ir a reunirse con los otros.

—Gracias, Harry. —dijo Severus solemne cuando llegaron al pie de la escalera.

—Eh… de nada. —respondió Harry sin estar muy seguro de por qué le daba las gracias.

Severus sonrió irónico. —Has hecho mucho para contribuir a mi sensación de bienestar durante este verano.

Harry se encogió de hombros algo incómodo. —En realidad yo no hice nada.

Severus sacudió lentamente la cabeza y sonrió apenas. —Vamos, niño. —dijo y se puso en marcha.

Harry no se movió de inmediato… Severus había conseguido algo de paz y consuelo esa mañana. Probablemente nunca llegaría a ser considerado una persona "agradable" según los estándares de la mayoría, pero quizá Severus lograría sentirse mejor si toda esa culpa que lo abrumaba llegara a mitigarse al menos en parte.

—Harry… —llamó Severus con una nota de impaciencia.

Harry sonrió. —Ya estoy yendo, señor. —respondió. Severus dejaría de ser Severus si se tornara por demás de "agradable". Pero era bueno que siquiera de vez en cuando dejara asomar una veta humana.

Remus, Draco y McGonagall se volvieron a mirarlos cuando entraron al aula. Los tres entrecerraron los ojos al ver el aspecto de la cara de Harry.

—No me vayan a decir que me veo hecho un desastre.

—Ah… se me olvidó decirte que quizá convenía que te lavaras un poco la cara. —dijo Severus.

Harry lo miró acusador. —Humm… seguramente querías divertirte al verles las reacciones.

—Quizá. —concedió Severus.

—Bueno, al menos los dos parecen estar bastante bien. —dijo Remus con un tono que aunaba alivio y resignación.

Severus fue a hablar con Remus y McGonagall. Draco agarró a Harry de un brazo y se lo llevó aparte.

—¡Merlín!, estás hecho un horror.

Harry se quedó quieto en tanto Draco le metía los faldones de la camisa dentro del pantalón, le acomodaba un poco la ropa y usaba unos encantamientos para limpiarle la cara y para disimularle el enrojecimiento de los ojos.

—¿Ya terminaste de tratarme como a un nene de cinco años? —preguntó Harry divertido.

—Con el brazo como lo tenés no podrías hacerlo solo. —se justificó Draco.

Harry soltó una risita. —Draco, vos siempre querés vestirme incluso cuando estoy en perfectas condiciones para hacerlo por mi cuenta.

—Bueno, alguien tiene que enseñarte cómo hacerlo apropiadamente. —dijo con suficiencia.

Harry sacudió lentamente la cabeza. —Recordame otra vez por qué sigo aguantándote.

Draco le dio el beso que Harry le estaba pidiendo indirectamente. No podían ir mucho más lejos con tres adultos en el mismo recinto. Harry le posó la cabeza en un hombro y se envolvió en los brazos de Draco.

—Severus se ve… contento. —susurró Draco— ¿Qué pasó ahí arriba?

Harry giró un poco la cabeza para mirarlo. No se podía decir que luciera feliz, mal habría podido dado que estaba discutiendo asuntos muy serios con la directora y Remus. Pero era cierto que lucía satisfecho. Y había una cierta calma en su semblante que no había estado allí antes.

—Creo que Severus empieza a perdonarse de muchas de las cosas que ocurrieron. —dijo.

—El perdón no es cosa sencilla, ¿verdad?

Harry se separó un poco y lo miró a los ojos. —¿Me acompañarías hasta la Torre de Astronomía?

El primer impulso de Draco fue negarse, los ojos se le habían abierto muy grandes. Reflexionó unos segundos, sin embargo, y finalmente asintió.

—Volvemos enseguida. —anunció Harry y sin dar más explicaciones se llevó a Draco de la mano. Draco merecía obtener algo de la misma paz que Severus había conseguido. Harry iba a hacer lo posible para proporcionársela.

Harry se quedó sentado en los escalones superiores y dejó que Draco saliera solo a la explanada de la Torre. Se le ocurrió que era lo mejor.

Draco lo llamó diez minutos después, Harry acudió presuroso. No se sorprendió de encontrarlo llorando. Lo envolvió de inmediato en sus brazos. Luego de un largo momento de abrazo confortante, Draco dijo con voz quebrada: —Necesito hablar con Severus.

Harry lo guió escaleras abajo de regreso. Y le pidió que esperara afuera.

—Severus, Draco te necesita. —dijo lacónico entrando al aula.

Severus salió de inmediato sin hacer preguntas.

—Harry, ¿todo está bien? —preguntó Remus con una nota de preocupación.

Harry se les acercó, se sentó al lado de Remus y lo abrazó. —Sí, creo que sí.

—¿Hoy ha sido como una sesión de terapia que los tres venían necesitando? —dijo Remus.

Harry asintió. —¿Los magos hacen terapia? —preguntó con curiosidad.

Remus sonrió. —¿Con psiquiatras? ¿A eso te referís?

—Sí, a eso.

—Hay una rama de la Sanación que se ocupa de la mente. Aunque es posible que Severus desconozca su existencia.

McGonagall se permitió una tímida risa.

Harry la miró. —¿Usted está…? Eh… ¿qué le parece todo esto?

—Confieso que estoy muy consternada cuando pienso en todo lo que tuviste que cargar este verano… pero también muy orgullosa por todo lo que conseguiste, Harry. Y… estoy también muy agradecida de que nos hayas traído a Severus de vuelta… y al señor Malfoy con nosotros.

—Severus nunca se había ido. —dijo Harry.

Ella lo miró reflexiva. —Tenés razón… es conveniente que no me olvide de que así es.

oOo

La cocina estaba llena de Slytherins cuando regresaron. Harry saludó a Narcissa con un beso y aceptó la silla que le ofreció Draco.

Severus les pidió con calma a los "refugiados" que se retiraran puesto que tenían que discutir ciertos asuntos en privado.

—¿Ahora qué sigue? —preguntó Harry una vez que estuvieron solos. Debido al hombro el entrenamiento quedaba descartado.

—Ahora que ya contamos con el apoyo del ministro y de la directora de Hogwarts, —dijo Severus— quizá haya llegado el momento de obtener el apoyo de los Weasley.

Harry abrió los ojos alarmado, esa instancia había sido programada para dos días más tarde. Harry no sabía si estaba preparado para enfrentar a Ron y Hermione.

—¿Preferirías esperar y que se lo comuniquemos cuando lo sepa el resto de la Orden? —preguntó Severus.

—Humm… no. —concedió Harry.

—Supongo que no vamos a tener que ir a la casa. —dijo Draco.

—Vas a sobrevivir. —le dijo Severus.

—En la condición que está, Harry ni siquiera puede defenderse a sí mismo. Deberíamos esperar. —insistió Draco.

—Harry no va a tener que defenderse de nadie… son sus amigos. —le recordó Severus.

—Pero no va a poder defenderme a mí de ellos. —le espetó Draco.

Harry lo miró un momento como si no pudiera creer lo que oía y a continuación se deshizo en risitas incontenibles. Le rodeó la cintura con el brazo sano. —Yo sabré encontrar la forma de protegerte, Cielo. —lo tranquilizó sin dejar de reír.

Draco lo miró con severidad y sintió que se le sonrojaban las mejillas.

—Me extraña, Draco. —dijo Lucius— Creo haberte enseñado a defenderte.

—Así es, ¿pero vos creés que Harry y Severus me van a permitir que ataque a los Weasley? —le replicó Draco.

—Debo reconocer que eso dificulta las cosas. —admitió Lucius.

—Harry, —dijo Severus— enviales un mensaje a los Weasley informándoles que te esperen para una reunión esta tarde a las seis y media. Hasta entonces Draco y vos pueden disponer de la tarde para lo que prefieran hacer. —agregó despidiéndolos.

Draco decidió ir a pasar algo de tiempo con los Slytherin. Harry prefirió ir a ver a Victoria.

—Hola, calabacita. —la saludó.

—¡Papa…! — chilló ella encantada.

Winky sonrió y se retiró. Harry se sentó en suelo alzó a Victoria, se la puso sobre la falda, la abrazó y la hamacó durante un rato. La nena se quiso bajar para jugar con Lissa que Harry había traído consigo. Le había ganado afición a la serpiente tanto como Lissa a ella. Se deslizaba a su alrededor lentamente cambiando de color a intervalos, para gran placer de Victoria. Harry no tenía ya necesidad de darle instrucciones.

Se quedó mirándolas jugar durante un largo rato hasta que Victoria empezó a mostrar signos de sueño.

—¿Cansada, Victoria?

Victoria bostezó. Harry la alzó y fue a cambiarla. Por suerte la nena se mantuvo quieta, puesto que con un solo brazo la tarea se complicaba. Winky reapareció portando una mamadera, la elfa le conocía bien los horarios. Harry se sentó en la mecedora y se puso a darle de comer al tiempo que le hablaba… o pensaba en voz alta.

—No sé cómo voy a hacer para explicarle Winky a Hermione. Suena ridículo pero creo que eso va a resultar más difícil que explicarle lo de Severus, lo de tus abuelos o lo de tu papi…

Victoria soltó la tetina. —¡Papa…! —gorgeó.

Harry sonrió. —Sí, tu papá. Tomate la leche, Victoria… supongo que ahora vas a tomar menos mamaderas… ya comés sólidos… bueno, más que nada papillas… pero pronto vas a empezar con comida normal.

La reacomodó un poco para que pudiera sostener ella sola la mamadera, el hombro le empezaba a doler un poco.

—También voy a tener que explicar más de vos. Te conocen… pero no saben que Draco es tu papi… y que a mí me gusta tu papi. —notó que Victoria no había reaccionado esta vez a la palabra papi. Ya se había acabado la leche y los ojitos se le cerraban. Le sacó el biberón vacío de la boca y lo dejó caer al suelo.

Miró hacia la cuna. Le iba a resultar difícil poder acostarla con un solo brazo. Oh bueno… se quedaría con ella en brazos hamacándola… y aprovecharía él también para descabezar un sueñito.

Narcissa entró media hora después. —¿Te quedaste atrapado con ella en brazos?

—Supongo que podría haber llamado a Winky…

—Pero hay algo de muy agradable en acunar a un bebé. —dijo ella entendiendo— ¿Te parece que la acueste?

Harry asintió. Narcissa la tomó en sus brazos, la llevó a la cuna y la acostó.

—Yo solía quedarme horas sentada acunando a Draco. —dijo Narcissa— Y hay algo que te va a sorprender más… Lucius… durante el día prácticamente nunca lo tenía en brazos… pero lo sorprendí muchas noches acunándolo… cuando pensaba que todos dormían.

Harry trató de imaginárselo… pero su mente se negaba a formar la imagen. ¿Era posible? ¿Había Lucius sostenido en brazos siquiera una vez a Victoria?

Narcissa le había adivinado el pensamiento. —Más de una vez, Harry… ha venido casi todas las noches a acunarla.

Ah… por eso habían coincidido esa noche… después de lo del Ministerio.

Narcissa conjuró otra mecedora y se le sentó al lado.

—Draco tiene mucho de Lucius… pero mucho de vos también… —dijo Harry.

Narcissa sonrió. —Cierto… aunque casi todos piensan que es un a réplica idéntica a su padre…

Bueno… Harry también había estado convencido de eso hasta no hacía tanto.

Narcissa volvió a sonreír. —Probablemente vos lo habías considerado así… hasta hace poco. Pero en las últimas semanas llegaste a conocer al Draco que yo siempre conocí.

—Bueno… es que… eh… antes no nos llevábamos bien… yo trataba de evitarlo siempre que podía. —admitió Harry— Durante años todo lo que vi fue a un imbécil odioso que vivía burlándose de mí y de mis amigos… nunca me molesté en ver un poco más hondo… y yo tampoco me comporté precisamente simpático con él.

—¿Y tenés miedo de que las cosas vuelvan a ser como entonces? ¿Que resuciten esas rivalidades de chicos?

—No… si Draco se comporta como durante este último mes… pero si resucitan esas actitudes que tenía en Hogwarts… las cosas no van a ir bien.

—¿No te parece que lo estás subestimando?

—Quizá… —Harry reflexionó durante un momento— Esta noche va a ser muy difícil… es muy posible que termine perdiendo a alguien… les he estado mintiendo a mis amigos… nunca les gustó Draco… a Draco nunca le gustaron… ¡Ron y Draco se odiaban ya de muy chicos!

Narcissa hizo una mueca, lo cual no dejaba de ser una forma de darle la razón. —Sí, ya veo que manejar la situación puede llegar a presentarte muchas dificultades.

—Buena forma de animarme. —dijo Harry irónico.

Ella sonrió. —Yo tengo mucha fe en vos, Harry.

—Gracias. Es bueno saber que alguien al menos tiene fe en que las cosas van a salir bien.

—Andá con Draco ahora, yo me quedo cuidando a Victoria.

oOo

Con cautela, Harry se asomó a la sala. No lo sorprendió ver a Draco rodeado por su corte. Bueno, no estaba mal que estuviera con un grupo de Slytherins decentes, lo ponía contento incluso. Crabbe y Goyle eran los únicos separados del resto… de hecho estaban en el otro extremo. Harry frunció el ceño, todavía no se explicaba por qué los habían traído. Tenía que investigarlo. Ignoró por el momento a Draco, bajo la luz de las candilejas e imperando sobre su claque de adoradores estaba en su elemento y lucía más que satisfecho. Fue directo hacia el rincón donde estaban los dos fornidos Slytherins.

—¿Les molesta si me siento un rato con ustedes? —les preguntó.

Crabbe y Goyle cruzaron una mirada y luego negaron brevemente con la cabeza. Harry tomó asiento. Se produjo un silencio no precisamente cómodo.

Fue Crabbe el que habló primero. —¿Qué es lo que querés, Potter? —preguntó sin disimular la hosquedad.

—Yo… me interesa saber… por qué es que están acá…

—¿Lo decís porque todos están convencidos de que queremos ser mortífagos? —preguntó Goyle con acritud.

—¿Y no es así? —no pudo evitar preguntar Harry.

Los otros dos volvieron a cruzar miradas. ¿Tendrían un código privado de comunicarse?

—Snape nos había adelantado que quizá íbamos a tener que decírtelo. —admitió Crabbe.

—Dijo que si te lo explicábamos vos ibas a entender. —precisó Goyle.

—¿Decirme qué? —preguntó Harry confundido.

—Nosotros éramos amigos de Draco, Potter. —dijo Crabbe, la aspereza del tono era manifiesta— Habríamos hecho lo que fuera por él.

—Incluso tomar polijugos para transformarse en nenas de primero… —murmuró Harry.

Los dos hicieron una mueca de disgusto. —Sí, y para lo que nos sirvió tanta solicitud hacia él… —se quejó Goyle— …Draco nos abandonó, nos hizo un lado a la primera de cambio.

El comentario lo desconcertó. —Draco dijo que ustedes eran… —Harry se interrumpió, no quería decir algo insultante.

—¿Lacayos? ¿Sirvientes? ¿Esclavos? —escupió Crabbe.

—¿Matones? —sugirió Goyle.

Harry hizo una mueca, sicarios había dicho Draco… pero era claro que Crabbe y Goyle sabían de lo que hablaban.

—Mirá, Potter, —dijo Crabbe— no nos molestaba ser sus guardaespaldas. Lo que no nos gusta es que nos haya desechado como lo hizo… nosotros también… dependíamos de él.

—Él en cierta forma también los protegía…

—Tenía mucha influencia en Slytherin… más que ninguno los dos últimos años. —dijo Goyle.

—¿Ustedes querían ser mortífagos?

Crabbe se encogió de hombros. —En realidad no… pero era lo que pensábamos que Draco quería.

—Así que ustedes se avinieron… —murmuró Harry.

—¿Qué tiene de malo? —protestó Goyle— Era nuestro amigo.

Harry suspiró e hizo un gesto comprensivo.

—Saben… todos están convencidos de que ustedes querían ser mortífagos…

—No todos, no Snape. —dijo Crabbe con orgullo— Él sabía que no era así.

Harry sonrió. Severus conocía bien a sus Slytherins… y se preocupaba y se ocupaba de ellos.

—¿Qué les parece si jugamos a las cartas explosivas? —sugirió.

Los dejó perplejos con la invitación, un nuevo cruce de miradas entre ellos y finalmente asintieron en silencio. Harry llamó a Winky para que les trajera un mazo. Y se pusieron a jugar, prácticamente sin pronunciar palabra… más conversación de la que ya habían mantenido quizá habría sido demasiado para ellos.

Les llegaron desde el otro lado de la sala algunos murmullos, pero los tres los ignoraron y se concentraron en el juego. A Harry siempre lo divertían las cartas explosivas.

Un rato más tarde, Draco se le acercó y le susurró al oído. —¿Rescatando más perritos descarriados, Harry? —le preguntó sin disimular su evidente fastidio.

Harry giró la cabeza y le puso muy mala cara. —Te lo advierto, Draco, no voy a tolerar nunca que me trates como has tratado a tus amigos.

Los ojos de Draco se abrieron grandes de indignación. Miró de soslayo a Crabbe y Goyle. —Harry Potter, el caballero andante, defensor de desvalidos dignos de lástima. —dijo con desprecio.

—Andá a cagar, Draco. Acá el único que da lástima sos vos.

Draco lo fusiló con ojos furiosos, pegó media vuelta y salió de la sala trinando de rabia.

—Encantador… —masculló Harry.

—No hacía falta que hicieras eso. —dijo Goyle con voz muy suave. Había admiración en sus ojos.

Harry empezó a alarmarse. ¿En qué se estaba metiendo? Lo único que le faltaba… ¿también reverencia hacia el héroe de parte de Crabbe y Goyle?

—No lo hice por ustedes. —reaccionó con brusquedad. Toda la situación era tan frustrante. No había sido su intención pelearse con Draco. ¿Pero acaso no se suponía que fuera Draco el que los defendiera? Pero Draco no los había defendido… más bien lo contrario… y bien, entonces alguien tenía que ocuparse de ellos.

—Perdónenme… reaccioné mal con ustedes… y les doy la razón, Draco debería tratar mejor a sus propios amigos.

¡Maldición! Había empeorado las cosas con la disculpa… ahora lo miraban con hipnotizada fascinación. ¿Acaso nunca nadie los había tratado con un mínimo de amabilidad? Probablemente no… o no con frecuencia al menos.

—Sigamos jugando. —propuso. Siguieron jugando hasta que los llamaron a comer.

La cena fue muy poco placentera. Todos estaban pendientes de la tensión extrema entre Draco y Harry.

—Pero qué tarde más agradable. —comentó Severus con sorna.

Ni Draco ni Harry dijeron nada. Harry sentía un nudo en el estómago. Peleado con Draco… ¡justo esa tarde! Todo parecía presagiar que ese día iba a terminar muy mal.

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