CAPÍTULO 43

Echa un último vistazo a Twitter antes de salir de la habitación. Tenten le ha convencido para que juegue al póker con ellos y se olvide un poco de sus problemas. No la conoce demasiado, pero se nota que es una gran chica. Y pensar que han vivido tanto tiempo tan cerca el uno del otro en Valencia... Seguro que se han cruzado decenas de veces. La vida está llena de casualidades. Si se hubiera enamorado de alguien como ella, todo sería más sencillo. Kiba tiene asumido que será difícil volver a hablar con Karin, por mucho que le duela. Pero no puede evitar entrar en su cuenta para comprobar si ha escrito algo nuevo. Y así es. Sin embargo, lo que se encuentra en esta ocasión no le gusta nada. Son tres tuits seguidos; el último, de hace cuatro minutos.

«No puedo más. Todo tiene un límite».

«He dado todo lo que he podido, pero eso no es suficiente. Esta vida no está hecha para mí».

«Sin mí, todo será más fácil. Algunos se alegrarán de esto. Me voy para siempre. No me busquéis. Adiós».

¿Aquello significa que se marcha de las redes sociales para siempre? Es la impresión que le da. Aunque los motivos no están claros. No comprende de qué límite habla o por qué dice que sin ella todo será más fácil. ¿Son mensajes dirigidos a él? No lo parece. Por lo menos, no del más ha tenido que pasar para que Karin haya dado aquel paso. Y necesita averiguarlo.

Comienza por leer los tuits que la chica ha recibido de otros usuarios respondiendo a lo que acaba de poner. Se sorprende al descubrir a varios de ellos atacándola. Algunos incluso le escriben para decirle que ya era hora de que decidiera largarse y dejarlos en paz. No sospechaba que pudiera tener tantas cuentas enemigas ni que la odiaran. Nunca le habló de eso. Además, salvo el incidente con Rin, no había leído ninguna confrontación con ningún usuario en Twitter. Alguna pequeña discusión como máximo, sin mayor importancia, típica de las redes sociales.

¿Es ese el motivo por el que se ha marchado? ¿Los haters que tenía y a los que parecía ignorar?

Es muy extraño, como todo lo que la rodea.

Kiba empieza entonces a examinar las cuentas de las personas que critican a la chica. Algunas parece que se han creado solo para eso. Son usuarios con pocos followers y diez o quince tuits que únicamente escriben para insultar a Karin.

Está tan metido en aquella historia que el sonido de su móvil hace que pegue un respingo. Pulsa el botoncito verde de su smartphone y responde.

Dime, Tenten.

¿Kiba? ¿Vas a venir? Te estamos esperando para empezar a jugar —le indica la peruana.

Es verdad. Se me había pasado, perdona.

Date prisa, que están a punto de explicarme lo que es una escalera de color.

Verás..., me ha surgido algo importante. Empezad sin mí. Yo voy luego.

¿Luego? ¿Cuándo?

No sé, más tarde —comenta el valenciano, impaciente por continuar investigando—. De verdad, Tenten, no te preocupes por mí. Pasadlo bien.

Y cuelga sin tan siquiera dejar que la chica se despida. Al instante, Kiba se da cuenta de que quizá ha sido algo brusco. Luego le pedirá perdón, pero ahora tiene que continuar con sus pesquisas.

Pasa más de una hora analizando cuentas y usuarios relacionados con Karin. Ella no ha vuelto a escribir. En cambio, sus followers le ruegan continuamente que no se vaya y sus haters siguen mostrando, inmisericordes, una gran felicidad por su marcha.

Todo parece desarrollarse dentro de la misma dinámica entre los dos bandos hasta que, a las 23:07, aparece un tuit que deja helado a Kiba y al resto de los amigos de la chica. Es de Dafne-Sonia:

«Acabo de hablar con el padre de Karin_CFDaniM y me ha pedido que os diga que su hija se ha suicidado. No puedo dejar de llorar #RIPKarin».

No puede ser. No puede ser verdad —susurra repetidamente Kiba, atónito tras leer más de veinte veces aquel tuit.

Tarda en reaccionar. Su cuerpo está frío como un témpano de hielo y ni tan siquiera puede llorar. Aquello tiene que ser una broma. Un error. Una pesadilla. Pero está despierto, con los ojos rojísimos, aunque muy abiertos. No está soñando.

Mientras el tuit de Rin sobre el suicidio de Karin empieza a acumular interacciones y retuits, piensa que lo mejor es hablar con ella para ver qué ha pasado y cómo ha conseguido contactar con el padre de la joven. Entra en el perfil de Dafne y, cuando va a enviarle un mensaje directo, descubre que ya no le sigue. Así que no le es posible mandarle ningún privado.

No lo comprende. ¿Por qué le ha eliminado de sus followers? Tampoco está conectada a Skype. Es increíble. Se ha quedado sin posibilidades de hablar directamente con ella. Eso le agobia y le desespera. Mucho, muchísimo.

No puede más.

Kiba se levanta y va al cuarto de baño. Se mira en el espejo y se golpea la cabeza rapada con los puños. Repetidamente. Hasta se hace una pequeña herida, que empieza a sangrar aparatosamente. Comprende que debe calmarse o la noche no acabará bien para él. La historia de Karin le está volviendo loco. ¡No puede ser que se haya quitado la vida! ¡Se niega a creerlo!

Cuando se cura la herida con agua y un poco de papel higiénico, regresa frente al portátil. No puede creer lo que ve. #RIPKarin se ha convertido en trending topic en Twitter. El supuesto suicidio de la chica se ha hecho viral y todo el mundo lo está comentando en sus cuentas.

Lee algunos de los comentarios que la gente escribe con aquel hashtag. La mayoría piensa que aquello ha sido consecuencia de una guerra de fandoms y que la chica no ha podido aguantar más la presión. Se inician infinidad de debates y acusaciones de todo tipo, y aparecen opiniones sin ningún rigor y sin sentido alguno. Kiba ya no sabe qué creer ni qué pensar.

Pasadas las doce de la noche, el hashtag #RIPKarin ocupa el primer puesto entre los TT nacionales y también es tendencia mundial.

¿Hasta dónde va a llegar aquella locura?

Rin no ha vuelto a decir nada más. No responde a los muchos que le preguntan, ni desmiente a los que la acusan de haberse inventado aquella historia. Se ha evaporado de las redes sociales. Y eso hace sospechar a Kiba. Es muy raro que, después de la pelea que protagonizaron la noche anterior, sea ella, precisamente, la que haya comunicado aquella horrible noticia. No tiene mucho sentido. Tampoco tiene sentido que ya no le siga a él. La última conversación que mantuvieron entre ellos por la mañana no acabó mal. ¿O es que habían vuelto a hablar Karin y ella después?

La cuestión es que no va a encontrar respuestas para tantas preguntas porque no hay nadie que pueda aclararle la verdad.

O se toma una pastilla o la cabeza le va a estallar. Le duele muchísimo. Se pone una gorra para que nadie descubra la herida que se ha hecho y sale precipitadamente de la habitación. En recepción le dan una aspirina. Después acude a la sala de las máquinas expendedoras y compra una botella de agua mineral para poder tragar la pastilla. No regresa inmediatamente a su habitación, sino que se sienta en el suelo de aquel cuarto e intenta ordenar sus ideas. Le cuesta pensar y, cada vez que recuerda lo que ha pasado con Karin, siente una inmensa angustia. No sospechaba que estuviera tan mal como para hacer lo que ha hecho. ¿Cómo no se dio cuenta?

Pasan quince minutos y permanece allí sentado, analizándolo todo, preguntándose mil cosas que no llega a comprender. Le da miedo volver a su habitación y ver que todo sigue igual.

¡Eh, tío! ¿Qué haces aquí?

El que ha entrado en la sala de las máquinas y se dirige a él es Sai. Kiba le sonríe a duras penas y bebe un trago de agua antes de hablar.

Pues no lo sé muy bien.

¿Te ha pasado algo?

Bueno. Me duele bastante la cabeza —responde el valenciano, que opta por no contarle lo que le sucede.

A mí también me duele un poco. Debe de ser cosa del clima de Madrid.

El sevillano saca una Coca-Cola de una de las máquinas y se sienta en el suelo a su lado tras pedirle permiso para hacerlo.

¿Tú no juegas al póker? —le pregunta Kiba, que agradece en ese momento algo de compañía sin interrogatorio.

¿Qué póker?

Algunos de nuestro pasillo están en la habitación de Gaara jugando al póker. Creía que estabas con ellos.

¡Ah! No lo sabía. No he hablado con nadie. Yo he pasado el día en el centro, y cuando he regresado, he cenado y me he ido a dar un paseo.

¿Te has ido a dar un paseo tú solo?

Sí, a veces me gusta estar solo para pensar. Estar aquí, rodeado todo el tiempo de tanta gente, a veces te hace perder de vista la realidad.

Kiba reflexiona sobre lo que Sai le dice. Él también siente que la realidad de su vida en ese momento se encuentra distorsionada. ¿Qué es auténtico y qué no?

No sabría ni podría asegurarlo.

No es fácil estar siempre feliz, ¿verdad?

Eso es imposible, Kiba. A no ser que te llames Tenten y tengas un espíritu positivo casi infinito. Aunque no creo que ni ella sea todo el tiempo feliz.

El valenciano sonríe cuando su amigo menciona a la peruana. Es verdad, ella, pese a todo lo que ha sufrido en su vida, es la persona más positiva que conoce.

Los dos se quedan en silencio durante unos segundos. Sai se termina el refresco y se pone de pie. Le ofrece su mano para ayudarle a levantarse, pero Kiba le indica que se va a quedar allí sentado un poco más.

No te vayas a dormir muy tarde o mañana no te levantarás para el desayuno. Me han dicho que los sábados ponen chocolate con churros.

No lo sabía. Intentaré despertarme pronto entonces.

Los chicos se despiden y Kiba se queda otra vez solo. Aquel sevillano le parece un tipo de confianza. Pero es pronto para abrirse a alguien y revelarle lo que ha pasado esa noche.

El dolor de cabeza mengua y se va encontrando algo más tranquilo. Y aunque el miedo no desaparece, entiende que va siendo hora de afrontarlo cara a cara.

Se incorpora y regresa a su cuarto. De fondo, desde la puerta de la 1154, escucha a sus compañeros de pasillo, que continúan reunidos en la habitación de Gaara. Aquella no es su fiesta, aunque le gustaría integrarse pronto en aquel grupo de chicos.

Sin embargo, su guerra está esperándolo ahora delante de la pantalla de su ordenador.