Estoy deprimida. Se quemó mi pendrive y perdí todos mis escritos (de esto hace más de un mes). No pude recuperar casi nada. Es por eso que tardé tanto en actualizar y encima es un capítulo corto y de cuarta.
Sepan disculparme, y prometo que el próximo será muchísimo mejor.
Adilene Jzpe: No es la gran cosa, gomen!
ENYA GLEZ MOR: Gracias por seguir la historia! Honto Arigatou!
pbdbgt: Gracias por estar siempre ahí. Y tranquila, Kokoro no se murió ^^
Hillary castro: Muchas gracias por haber leído toda la historia! Espero que continúes leyendo lo que hago!
Y gracias a todos los que leen y no comentan. Tal vez esta vez se animen!
Mary
Kaien estaba inconsciente sobre la arena. Su reiatsu comenzaba a disiparse. Grimmjow permanecía junto al cuerpo del dragón, que aún respiraba. Ulquiorra sostenía a Orihime, y ambos miraban la escena. Nadie movía ni un músculo. De pronto, el cuerpo de la bestia resplandeció. Una ráfaga de viento lo envolvió y cuando volvieron a ver, una niña había aparecido en su lugar. Su pálido cuerpo estaba cubierto de sangre y cortadas. Su cabello negro y largo cubría su rostro y parte de su torso apenas cubierto con lo que quedaba de una chaqueta.
– ¿Kokoro? – preguntó Grimmjow en voz alta, tomándola entre sus brazos. Orihime no pudo contenerse más y se soltó del agarre de Ulquiorra, corriendo junto a Grimmjow. El felino la miró a los ojos, que estaban inyectados de sangre y lágrimas que no se atrevían a salir. – No respira
Habían transcurrido varios segundos desde que el monstruo Shiroshi se desvaneció en el aire. El lugar, permanecía en silencio, quieto y tranquilo. Kaien sólo podía sentir el latir de su corazón y el peso de su zampakutoh en su mano derecha. Cuando abrió los ojos, la katana se desintegró, volviendo a tomar forma más allá, materializándose.
– Todo acabó, Saru – dijo él, volviendo a cerrar los ojos. Los párpados le pesaban.
– No, aún no – la respuesta de la mujer lo sorprendió. – Esa niña está en peligro – dijo. Kaien llevó su vista al cuerpo inerte de Kokoro que permanecía estacado en el pedestal.
– ¡Kokoro! – los gritos de Orihime desgarraban los sentimientos de todos los presentes, incluso los de Grimmjow que presionaba con fuerza el cuerpo de la chica contra su pecho. La mujer estaba aferrada a si misma, llorando desconsoladamente.
Ulquiorra se acercó a ellos, tomando a Orihime por el hombro derecho. Ella tomó su mano y lo atrajo hacia si misma, obligándolo a arrodillarse junto al cuerpo de Kokoro. Se veía diferente, pero estaba seguro de que era ella. Su piel era blanca y su cabello negro y largo. Ya no había máscara ni agujero de hollow. Ella parecía totalmente humana. Una lágrima cayó sobre la frente de la niña, Ulquiorra miró a Grimmjow, que permanecía en silencio. Su rostro estaba húmedo y su mirada, fija en Kokoro, denotaba su profundo pesar.
Kaien había desatado el cuerpo de la chica y lo había colocado en el suelo. No podía entender lo que había sucedido. ¿Esa joven era realmente Kokoro? Era diferente, era humana. Entonces, ¿quién era ella realmente? ¿Qué había sucedido con su anterior forma? O quizá, Shiroshi había tomado no sólo el control de su alma, sino también el de su cuerpo… De todas formas no tenía demasiado tiempo para pensar, debía hacer algo. Volvió a controlar sus signos vitales. Sintió un leve latir dentro de ella y se concentró en su reiatsu. Era débil, pero allí estaba.
– ¿Qué debo hacer? – murmuró por lo bajo. – Ella… es gracias a ella que yo estoy aquí, que ahora… – apretó sus puños.
– Que ahora entiendes quién eres, y que todas esas historias que contaban eran ciertas – terminó la frase Saru, que estaba observando desde lejos. – Depositaste en ella todo, tu fe… confiaste en esta niña y ahora no sabes qué hacer – cerró los ojos. – Continúa creyendo en ti, dentro tuyo, dentro de tu corazón está la respuesta
− Pero… − cuando volteó a ver a Saru, ella ya había desaparecido. Volvió su vista a Kokoro. Podía sentir que era realmente ella y quería hacer algo, debía hacer algo para recuperarla.
– Souten Kisshun – pronunció Orihime con sus ojos en blanco. No era capaz de pensar, siquiera podía hilvanar nada en su mente. Sabía que si alguien podría hacer algo era ella, pero no estaba segura de tener la suficiente fortaleza como para lograrlo. Cuando la luz comenzó a crubrir el cuerpo de Kokoro, Grimmjow la depositó suavemente en el suelo, aún con lágrimas en sus ojos.
Por un momento los ojos verdes de Ulquiorra se cruzaron con aquel intenso azul de los orbes de su eterno rival. Pudo notar a simple vista todo lo que el ex sexto sentía por Kokoro. Sus ojos materializaban el afecto, y sobre todo, el dolor que sentía en ese momento, creyéndola muerta. Apretó los dientes, haciéndolos rechinar. Ulquiorra volvió a mirar a la niña. ¿Podía ser realmente su hija? ¿Existía la remota posibilidad de que todo lo que le habían dicho en el momento del nacimiento fuera falso? ¿Era cierto lo que Grimmjow le había contado momentos atrás? Insistió con su vista, queriendo agudizar sus sentidos y descubrió que el alma de Kokoro aún era inestable, pero que podía notar una pizca de vitalidad en ella. Apretó el hombro de Orihime, que no reaccionaba.
Aún no comprendía lo que había querido decirle Sabaku Saru, pero sabía que definitivamente debía hacer algo para salvarla. Sus heridas eran muy graves y notaba la desestabilidad de su alma. De a poco fue elevando su reiatsu, torpemente, queriendo aunarlo al de ella, así poder darle un poco de estabilidad.
− Vuelve – susurró.
Al abrir los ojos, lo primero que vio fue cabello, cabello anaranjado. Su cuerpo le pesaba y tenía frío. Pero, sin embargo, sentía algo cálido que la cubría. Volvió a cerrar los ojos e intentó, con mucho esfuerzo, subir su mano derecha para tocar el cabello de la persona que estaba cuidándola.
− K… − un sonido gutural salió de su garganta. – Ka… ien – él retrocedió unos centímetros, sólo para poder observar el rostro de Kokoro. No pudo evitar sentir nerviosismo al saberse tan cerca de ella y a la vez pudiendo verla reaccionar ante sus estímulos. A la vez, el alma de la chica comenzaba a estabilizarse.
Estaban muy cerca, Kokoro podía sentir la respiración de Kaien sobre su rostro. Apenas sonrió, parecía que absolutamente toda su energía hubiera sido drenada de su cuerpo. Cuando volvió a ver, notó los impacientes ojos ámbar de Kaien sobre ella.
− No hables, sólo concéntrate en estabilizar tu reiatsu – susurró, sosteniendo sus miradas. Ella cerró los ojos.
