¡Y aquí vamos! Otro capítulo de esta historia original de Minikomicweb y continuada por este servidor. Ahora regresamos con Misao y Kagami, y espero que les dé mucho que pensar.

Habían pasado más de dos horas desde que Misao había tratado las horribles heridas que abarcaban completamente las manos de Kagami. La habitación había estado sumida en un profundo e inquietante silencio, pero Misao no se inmutaba en absoluto por ello. Su mente estaba centrada en otra cosa, la cual llevaba un buen rato en sus manos, inmóvil.

No podía creer lo que había descubierto cuando hubo completado el tratamiento. En sus manos había una fotografía rota, y al frente estaba la caja de zapatos con el resto del contenido que Kagami no había sustraído todavía. Todo aquello no tenía ningún sentido. Misao no conseguía entender lo que estaba pasando ni lo que significaban aquellas fotografías. Estaba demasiado confundida para pensar en nada de manera ordenada, puesto que sólo un par de palabras tenían cabida en su cabeza.

El nombre del asesino fotográfico resonaba dentro de ella sin piedad alguna.

No había que sacar conclusiones precipitadas, pero le era imposible pensar que fuese de otra manera. Ahí estaba ese material, casi hablando por sí mismo, haciendo escandalosas señales de que Kagami podría ser el asesino fotográfico. La castaña no deseaba creer que eso fuese verdad, pero tampoco tenía manera de decir que aquello era falso, que todo eso no podía ser una simple broma, especialmente porque Kagami no es esa clase de personas que haría bromas como esa.

Pero ahí precisamente estaba el detalle. Pudo saber con certeza que Kagami era la poseedora consciente de la caja, y su actitud definitivamente no daba margen alguno a pensar que estaba para bromas, y ahí es cuando la cosa se torna tétrica. La caja mostraba las fotos de animales, rotas de una manera bastante parecida a como lo hace el asesino fotográfico. Luego de haber descubierto aquello, Misao había querido ahondar en su curiosidad, encontrando una memoria extraña que inserta en su propio teléfono, sólo para ver unos pocos segundos de video en el que aparece Tsukasa esposada a una silla y en un lugar tan oscuro que era imposible reconocer la ubicación, y al final aparecen unas letras que para Misao no significaban nada, estaban simplemente puestas al azar en lo que parecía ser un juego del ahorcado.

Estaba asustada. Le daba miedo pensar en qué estaba metida Kagami para tener consigo ese material tan horripilante. Eso de ninguna manera se podía tratar de un juego. Tsukasa estaba secuestrada, con su vida peligrando en una localización imposible de precisar, y ese vídeo de ningún modo invitaba a pensar en otra cosa que no fuese lo peor. Pensar en eso le causaba un horrible dolor de cabeza, pero no podía pensar en absolutamente nada más.

─ ¿Qué significa esto? ¿Por qué tienes estas cosas, Hiiragi?

Levanta lentamente la mirada. Kagami seguía durmiendo como si nada. Sus manos vendadas estaban ligeramente teñidas de rojo, revelando un poco del horror que en sus palmas y dedos yacía. Misao traga grueso. Siente una corriente fría recorriendo su espinazo mientras piensa en lo que podría pasar si despierta. No sabía qué hablar con ella si aquello ocurría. Sólo tenía claro que la situación se tornaría tensa hasta el límite desde el inicio mismo del diálogo que vaya a surgir. Inevitablemente las respuestas tendrán que surgir. Misao no podía irse de allí sin exigir respuestas, pues de otro modo no sería capaz de estar tranquila ni de seguir adelante de ninguna manera. Las manos le empiezan a temblar, sentía los dedos gélidos, pero mantiene su decisión firme e inamovible.

─ Hiiragi, ¿acaso sabes dónde está tu hermanita? ¿Qué estás intentando ocultar? ¿Acaso tú... puedes ser el asesino fotográfico?

Por dentro rogaba que Kagami le dijera que no a esa última pregunta. Deseaba saber que Kagami no estaba involucrada en el secuestro y el proceso de asesinato de su propia hermana gemela. Sería algo que lamentaría con toda su alma.

Un trueno retumba en el lugar. Las paredes vibran y los pocos objetos de cristal presenten hacen su característico sonido. Pero Misao no hacía mucho caso a eso. Estar allí adentro era bastante más deprimente que estar afuera, pero prefería esperar.

Por un momento fue capaz de pensar en lo que ocurrió después de la muerte de Konata. El cambio que había sufrido Kagami era mucho más que obvio, pero nadie tenía idea de qué tan profundo podía llegar a ser. Desde aquellos fatídicos días, Misao había visto a una chica taciturna, carente de vitalidad, triste, sobreprotectora con Tsukasa, distante con respecto a todas las demás... Ni qué decir sobre que Misao en más de una ocasión se había preguntado si aquella chica realmente era Kagami, pues con el pasar de los días el parentezco era más y más raro. La imagen de Kagami lentamente se iba desfigurando en una actitud aterradoramente opuesta a la habitual. Abandonándose a sí misma, y dejando a un lado al resto de sus contactos, el rostro de Kagami había desaparecido completamente a partir de cierto punto.

No más charlas amistosas, ni salidas casuales, ni reuniones para estudiar juntas. Todo eso quedó en el más absoluto olvido, y Misao nunca dejó de preguntarse la razón de ello, y en ese mismo momento veía la posibilidad de encontrar la respuesta.

Se levanta un momento y se acerca a la caja de zapatos para sacar una de las fotografías. Toma la que mostraba la imagen de una rata, la voltea y lee su contenido, apretando fuertemente los dientes al hacerlo.

─ ¿Por qué? ¿Qué puede significar esto, Hiiragi?

El mensaje que había leído le causaba pavor a un nivel impresionante, pero en ese momento la reacción de la castaña era la de enfurecerse. Mientras más veía esas inquietantes fotografías, más furiosa y contrariada se iba sintiendo. Todo aquello carecía completamente de sentido. No había manera de pensar nada optimista si Kagami tenía todo eso en el momento en que su hermana está secuestrada, y que encima todo lo tenga en secreto ¿Cómo confiar o darle un margen de duda? ¿Cómo hacerse de la vista gorda y pretender que las cosas marchan bien, cuando es terriblemente obvio que no es así?

En ese momento Kagami se mueve un poco, y Misao se sobresalta, pensando que estaba por despertarse. Y no se equivocaba.

─ Esperaba que pudieses despertar, Hiiragi, ¿o prefieres que te llame de otra manera?

Kagami no muestras de entender nada. Apenas estaba abriendo los ojos y se sentía demasiado confundida. Recordaba que había estado dejándose las manos cavando para obtener las letras, y cuando las consiguió había intentado llegar a su auto, y justo al entrar había perdido la consciencia, no recordando absolutamente nada más.

─ ¿Kusa... kabe? ─ Kagami hace amago de levantarse, pero el cuerpo se resiente y termina simplemente girándose un poco para ver más cómodamente a la castaña ─ ¿Cómo me encontraste?

─ ¿A qué viene eso? ─ Misao por un momento pensó que Kagami solo intentaba confundirla ─ Te encontré hace más de dos horas tirada en el piso frente a esta habitación, y traje y te traté las manos que no sé qué hiciste con ellas, pero si tan inconforme te sentías con ellas te las hubieras quitado de una vez en lugar de hacer lo que sea que hayas hecho. Ahora respóndeme ¿qué significan estas fotos? ¿Tú eres acaso el asesino fotográfico? ¡Responde, Hiiragi!

Kagami sentía que estaba completamente mareada. No entendía lo que estaba pasando. No tenía idea de cómo es que pasó de aquel lugar abandonado hasta el hotel, no comprendía cómo es que Misao había descubierto las fotos, y sus preguntas no la ayudaban en absoluto.

─ ¿Y bien? ─ Misao estaba alterada, ya no podía quedarse esperando por más tiempo ─ Tanto secretismo, tanto actuar a espaldas del resto del mundo, tantas cosas siniestras pasando alrededor, y tú lo único que haces es permanecer aislada, justo como hace dos años. No quiero creer que seas tú precisamente la que secuestró a Tsukasa y la tiene en un lugar desconocido, a la espera de una muerte horrible y humillante, pero tu actitud no me ayuda a pensar nada bueno acerca de ti, así que habla de una vez antes de que llame a la policía y te entregue, Hiiragi ─ Misao no quería, pero iba muy enserio con su amenaza ─ ¿Eres o no eres el asesino fotográfico? ¿Qué significa todo esto?

─ ¡Sí, yo soy el asesino fotográfico! ─ responde Kagami sin ser capaz de soportar más lo que le estaba diciendo Misao ─ ¿Contenta? ¡Yo soy la persona que se ha cobrado las vidas de aquellas chicas durante casi dos años, desde poco después de que Konata muriese! ¡Soy yo la que secuestró a Tsukasa y la está matando lentamente!

─ Hiiragi... ─ Misao se tapa la boca, asqueada al escuchar precisamente aquello que no quería ─ No puede ser... ¿Tú... estás haciéndole eso a tu propia hermana?

Kagami rompe a llorar. Si pudiera apretar los puños, sin dudarlo lo haría hasta herirse las palmas con las uñas. En ese momento estaba sin salida. Sentía que lo único que le quedaba era descender más hacia el abismo, hacia el cúmulo de recuerdos y todas esas cosas que más la aterraban, y en ese mismo momento Misao era parte de ello.

CONTINUARÁ...


Apuesto que no se esperaban algo así. Las cosas se ponen cada vez más tensas, y esto todavía tiene historia para mucho rato. Ya esta historia está a solo cinco capítulos de empatar el fanfic El consejo de sabios, hasta ahora el fanfic con mayor número de capítulos que yo haya escrito hasta la fecha, y todo indica que este fanfic pasará muy, muy de largo.

Hasta otra