Una tarde serena en el atelier
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Damien manejaba con precaución de camino al taller Agreste, ese día Marinette tenía pruebas de vestuario de la colección que se encontraba en proceso.
Se sentía incómoda con el trato que recibía como protección, al grado que le provocaba náuseas por aquello. No era por algo en especial, todo tenía que ver con ese vértigo de convertirse en famosa, una figura pública que otros buscaban seguir.
- Había jurado que podría con esto. - Susurró con resignación.
Esto era un gran peso en sus hombros y todo por un simple deseo. ¿Pero lo valía?
La respuesta era un sí, por que estar con Adrien era maravilloso aún con los inconvenientes que la fama podía acarrear. Tal vez si no fuera por la insistencia de que eran una pareja, no se hubiesen animado a ciertas cosas.
Llegaron al local de moda, donde fuera se encontraba Gabriel Agreste. Bajó del vehículo con algo de temor al ver que el interior del lugar parecía tapizado.
- Pasa. - Le indicó. El guardaespaldas la iba a seguir, pero el mayor le detuvo. - Sola.
Tragó saliva y avanzó temblorosa, escuchando como la puerta se cerraba tras ella dejándola en la penumbra. Su piel se erizó, algo o alguien le rozaba en repetidas veces.
Ante su reacción, fue tomada de las manos con el fin de guiarla al frente. La presencia de una mesa la detuvo siendo ese el momento en que las luces de la habitación se encendieron. Cerró los ojos con fuerza, después pudo ver en el mueble tres cosas: una chamarra que tenía un patrón de mariquita, con una especie de alas en la parte de atrás; un collar con la mitad de un corazón, uno que tenía grabado el nombre de su amigo rubio; finalmente se encontraba una nota escrita a mano.
La tomó con algo de miedo, solo tuvo que desdoblarla para leer el mensaje:
- ¿Me permitirías ser feliz a tú lado? - Escuchó detrás de ella, mientras leía lo mismo en la hoja.
- ¿A-Adrien? - Se giró para verlo con los ojos vidriosos.
- ¿Qué dices? - Él estaba sonrojado, otorgándole su mano.
Aún tenían miedo por lo que se avecinaba con las amenazas, ¿acaso eso debía impedirles estar juntos? ¿Debían de dejar todo de lado en vez de perseguir lo que querían? Claramente no lo dejaría. Si ellos querían formalizar como una pareja lo harían aun teniendo en contra al mundo entero.
- Por favor, cuida de mi. - Exclamó la joven de coletas abrazándolo.
- Lo haré. - Afirmo acariciando la espalda de su ahora novia. - Cuida también de mi.
- Claro.
En aquel atelier existió la primera promesa de dos jóvenes promesas en el mundo de la moda. No se dejarían vencer nunca.
