Las tres gemas miraban nerviosas las sombras que les rodeaban y se introducían entre la densa arboleda, esperando que el monstruo apareciera de repente a través de cualquiera de ellas. A cada mínimo ruido giraban rápidamente y apuntaban con sus armas a la dirección de la que procedía. De repente desde el interior de unos matorrales unos ojos rojos y salvajes empezaron a observarlos, y de esos matorrales salió lentamente la gema esfinge enseñando las fauces. Rápidamente Steven se puso al frente, alzando su escudo con firmeza. Sin embargo Lapis percibió algo extraño, revisó con cuidado la figura amenazante y entonces notó un pequeño parpadeo, casi imperceptible. Al notar que algo raro pasaba, volvió la mirada de manera casi instintiva y para su sorpresa se encontró una segunda gema-esfinge avanzando lentamente hacia ellos por la espalda. Al percatarse Lapis de la trampa, la gema corrupta se lanzó corriendo hacia ellos desde ambos lados. Rápidamente la gema indicó a sus dos compañeros que rotaran y estos se miraron mutuamente durante un instante. Pero no había tiempo para dudar: Zircón se giró y apuntó la espada en dirección a la segunda gema y Steven, cerrando los ojos y apostándolo todo saltó entre las dos gemas de cristal, cubriéndolas del monstruo que les atacaba por la espalda. La sospecha de Lapis parecía ser cierta: la segunda gema corrupta chocó contra el escudo de Steven y la primera se deshizo como si fuera polvo, dejando claro que era una ilusión.
Steven hizo caer de espaldas a su enemiga con un fuerte golpe de escudo, dejando vulnerable su vientre por un instante. Entonces Lapis y Zircón se lanzaron sin dudar, dispuestos a acabar este combate de una vez. Pero la poderosa gema corrupta no estaba dispuesta a caer así de fácil: justo antes de lograr acertarle sus ojos brillaron con fuerza, cegándolos temporalmente y dándole tiempo para contraatacar. De un zarpazo desarmó a Lapis y se lanzó sobre ella, pero Steven consiguió acertarle con el escudo en el costado justo a tiempo. Sabiendo que era ahora o nunca Zircón se frotó los ojos y sin una visión clara se volvió a lanzar a por el monstruo que estaba aturdido por el ataque de Steven. Finalmente consiguió clavarle la espada profundamente por el lateral. Sin embargo, en vez de de desaparecer en una nube de polvo aulló de dolor y con las pocas fuerzas que le quedaban intentó alcanzar a Zircón. Tras esquivar de un salto, observó con un nudo en la garganta y con una mezcla de pena y miedo como la gema se acercaba balanceándose hacia él. Cayó de lado e intentó levantarse para defenderse pero estaba agotada por el ritmo de la lucha y las múltiples heridas. Steven miraba desde la distancia con tristeza como la gema que segundos antes intentaba matarlos ahora luchaba por seguir respirando en el suelo. Zircón preparó su espada para acabar con su sufrimiento pero justo antes de lanzar el golpe, la gema esfinge se lanzó sobre él con un último resquicio de energía. Ante el gesto de sorpresa de Zircón una segunda espada atravesó a la gema corrupta por la espalda, haciéndola caer como un plomo encima de este. Cuando retiró el pesado cuerpo de encima suya, encontró a Lapis Jadeando y con la mirada perdida en el infinito mientras sostenía aún la espada clavada. Zircón se levantó y con cuidado le ayudó a retirar la espada del cuerpo. Finalmente yacía en el suelo sin moverse, aparentemente sin vida… pero si era así , ¿Por qué no se retiraba a su gema?. Steven se acercó a comprobar si todo había acabado de verdad. – "Esto es extraño, es la primera vez que pasa… que le pasa"-. Zircón se agachó, la revisó y suspiró: – "Me temo que esta gema no vaya a poder regenerarse"-. Lapis lo miró incapaz de creerlo: – "¿Cómo?, las gemas no mueren por heridas físicas"-. Zircón revisó la gema con cuidado de no dañarla. –"Es posible que le afecten sus propios poderes, y siendo incapaz de controlarlos siempre está inhibiendo sus propias habilidades, incluida la regeneración… es una suposición…"-. Steven se acercó y acarició el cabello a la gema corrupta, entonces miró a Zircón, tenía los ojos llorosos. –"Entonces, ¿la hemos matado?..."-. Zircón no sabía que responderle, en tres mil años esto no le había sucedido nunca. –"No… no lo sé… nos llevaremos la gema igualmente, las burbujas anulan las capacidades también y ninguna gema encerrada ha muerto…"-. Steven asintió y se frotó los ojos.
Zircón les indicó que fueran avanzando hacia el portal, que les alcanzaría en unos minutos. Sin decir nada Steven se dio media vuelta y se fue, Lapis permaneció en el sitio. Zircón le dedicó una sonrisa: – "No te preocupes, solo quiero revisar algo antes de irme, puede que no vuelva aquí jamás"- . Lapis miró al suelo con los ojos perdidos. – "No es.. eso … necesito hablar contigo sobre lo que acaba de pasar"-. No hicieron falta muchas palabras, Zircón simplemente se acercó y le acarició el hombro para reconfortarla. Lapis esbozó una sonrisa y le devolvió la caricia.
Tras dejar a sus dos compañeras/os ( :/…) de camino al portal Zircón se acercó de nuevo hasta el poblado, esta vez fue a un lugar concreto. Detrás de una cabaña de adobe había un pequeño agujero que dejaba entrever una habitación bajo la densa capa de arena. Zircón chistó y retiró un poco con las manos, dejando ver una trampilla de madera seca, casi fosilizada. Intentó abrirla pero estaba atascada, como no tenía ganas de perder un minuto la echó abajo de una patada. Bajo la trampilla había una habitación oscura apenas iluminada por la luz de la luna, con unas vasijas antiguas y algunas ánforas grandes, así que probablemente se trataba un antiguo almacén. En el centro de la habitación, un pequeño montón de piedras apiladas, cubiertas parcialmente por la arena. Se acercó inexpresivo y se sentó junto a la pila. – "Hola padre"-. Años, milenios habían pasado desde la última vez que había estado ahí: – "Siento no haberte visitado… pero como bien sabes no soporto este lugar"- . Se mantuvo en silencio durante unos segundos. – "Después de tantos años encontré a más como madre, como yo…"-. Entonces profirió una leve risa y continuó hablando: –"Te sorprendería saber de dónde venía tu "leona celestial"…-. Zircón hizo una pausa y miró con tristeza a su alrededor, a las resquebrajadas paredes de la habitación que le habían causado pesadillas durante tantos años. Se detuvo y cerró los ojos. Algo debió recordar porque bajó la mirada aterrado. –"No puedo… lo siento, este lugar me sigue oliendo a sangre… quizá venga a visitarte alguna otra vez… me esperan… adiós"-. Se levantó acelerado y tras una fugaz última mirada al lugar salió de allí de un salto.
Lapis y Steven le esperaban cerca del portal. Sin decir nada levantó la mano para indicarles que ya podían irse. Steven cerró los ojos, alzó los brazos y el portal se activó llevándolos de vuelta al templo en un halo de luz. Cuando llegaron las gemas estaban en el salón, Amatista tenía toda la cabeza vendada dejando solo un par de huecos para los ojos. Los recién llegados no pudieron evitar dejar escapar una pequeña risa: – "Creo que era suficiente con una cura y un pequeño vendaje…"-. Amatista miró a perla y esta se encogió de hombros –"¡Mejor así , no vaya a infectarse la herida!"-. Steven la rodeó observando con una sonrisa burlona el minucioso trabajo de perla. – "¡Pareces una momia!... ¿será la maldición del desierto?"-. Amatista gruño e intentó transformarse en momia pero no pudo. Entonces miró extrañada a Zircón. –"Los efectos de la gema inhibidora duran un par de semanas, tendrás que aguantar sin transformarte hasta entonces… y también sin tomar aceite de motor , comer alimentos en mal estado o en cantidades industriales, tu estómago mortal no lo soportaría"-. Amatista se echó las manos a la cabeza e intentó emitir un grito pero se ahogó dentro del denso vendaje. Granate se acercó entonces a los tres que acababan de llegar: –"Hablando de la gema, que ha pasado con ella"-. La sonrisa desapareció de sus rostros. –"¿No habéis podido capturarla?"-. Steven negó con la cabeza. – "Nada que ver, fue relativamente fácil derrotarla, estaba cansada y herida por los combates anteriores"-. Granate repitió la pregunta y las otras dos gemas se acercaron a escuchar la respuesta. Fue Lapis quien finalmente respondió: – "No se retiró a su gema cuando acabamos con ella"-. Perla se echó la mano a la boca y miró a Steven. – "Siento que hayas tenido que hacer eso tan joven… ¿estas… bien?"- . Steven negó con la cabeza. – "No, pero eso da igual, era raro que con el tipo de misiones que hacemos no haya pasado antes… tenía que pasar"-. Perla se acercó y le acarició la mejilla. –"No da igual, tienes 16 años… si necesitas hablar estamos aquí para ti"-. Steven asintió con la cabeza y se lo agradeció devolviéndole la sonrisa y un abrazo. Zircón entonces sacó la burbuja con la gema en su interior: – "Igualmente la hemos traído, está intacta…"- . Granate la recogió y la envió al templo. –"Bien hecho"-. Zircón agachó la mirada. – "Claro…"-
