Espero que les guste jeje. Besos.
Capítulo 44: El regreso de Harry Potter.
Dumbledore volvió a sonreír mientras Severus apartaba la vista del pensadero.
- Harry ha sido visto en las afueras del colegio, estoy seguro de que muy pronto tendremos noticias suyas. Creo que ya es tiempo de que le devuelvas el giratiempo a Minerva. Estoy seguro de que muy pronto le encontrará más uso que tú, Severus.
Snape dio la impresión de no entender, introduciendo una de sus manos en uno de los bolsillos de su túnica y sacando el giratiempo y alzándolo a la altura de su vista.
- Cómo te sientes, Minerva. - La señora Weasley se encontraba sentada a un lado de ella, mientras la subdirectora leía un viejo libro de transformaciones. Las chimeneas permanecían vigiladas pero por alguna extraña razón, Voldemort no había puesto particular atención a la suya. - Ron me contó lo que ocurrió, no tardamos en acudir en tu ayuda.
- No lo sé, no estoy segura. Severus me trajo aquí luego de estar inconsciente por días en la enfermería. Poppy me explicó que había agotado todas mis energías en el escudo. Severus me confesó que había estado muy preocupado por mí y me besó. No recuerdo nada más, sólo un sueño que tuve.
- ¿Un sueño, Minerva?
- Sí. Me pareció escuchar la voz de Severus, mientras dormía... - sonrió al recordarlo. - decía que mis ojos siempre le parecieron preciosos, que siempre había deseado besarme, siempre se había preguntado cómo se sentirían mis labios junto a los suyos. Creí sentir que acariciaba mi cabello, que besaba mi frente, mis mejillas y mis párpados con fervor. Pero al despertar, estaba sola en la cama.
La matriarca de la familia Weasley, sostuvo las manos de la sonrojada jefa de Gryffindor en la cama.
- Ron me explicó que él lo planificó todo. Saboteó a su propia casa para distraer a esos terribles mortífagos y darte tiempo para reforzar el encantamiento escudo sobre la escuela. He tratado de contener a Alastor y al resto, pero no será por mucho. Muy pronto vendrán a la escuela y sabes lo que significa...
- Es inevitable, lo sé. Estoy segura de que pronto Quien tú Sabes se dará cuenta de que ya no puede entrar en la escuela y sé que pronto... cosas terribles sucederán.
Se escucharon pequeños pasos y Minerva sonrió ante la elfina que pasaba a través del retrato.
- Buenas noches, Effy.
- Buenas noches ama Minerva, señora Weasley. Effy le trae algo a su ama, que el amo Snape quiere que tenga. Además, el amo Snape pregunta cómo se siente.
Minerva parpadeó sorprendida mientras la elfa colocaba el giratiempo sobre la cama. ¿Por qué Severus lo devolvía, si pensaba que podía serle útil?
- ¿Qué te dijo el amo Snape al respecto?
- Dice que usted ama Minerva, lo va a necesitar más que él.
Se mordió el labio inferior mientras no veía en qué forma podría llegar a darle algún uso, en tiempos como aquellos. Lo guardó celosamente en un cajón de su mesa de noche y volvió a mirar a la pequeña criatura.
- Dile al amo Snape, que se lo agradezco. - a continuación, meditó sus palabras. - también dile que todavía estoy un poco cansada y mareada. Pero que en general, me siento mucho mejor que hace unos días.
Effy asintió rápidamente atravesando el retrato y dejando solas a ambas mujeres, nuevamente.
- ¿Por qué Severus querría que conserve el giratiempo? - pensó en voz alta y luego sacudió la cabeza en negación. - estoy segura de que Albus y él, están tramando algo.
- Tienes que descansar, Minerva. - le recomendó la señora Weasley de inmediato. - protego máxima es un encantamiento de mucho cuidado, podría matarte al consumir toda tu energía.
Dentro del despacho, Severus pensaba qué hacer a continuación si Potter había vuelto. Minerva prácticamente estaba fuera de plan alguno, necesitaba descansar. Y si la guerra se aproximaba, no debía luchar bajo ninguno concepto.
- La ama le agradece el gesto y dice encontrarse aún cansada y ligeramente mareada. - escuchó que la elfina comentó a un lado, mientras aún miraba el pensadero y su reflejo, oculto tras otro viejo librero en la sala de maestros, mirando a Minerva mientras degustaba un poco de té Earl Gray y un par de bizcochos.
- Dile a Poppy que suba un par de pócimas contra el mareo, a su despacho. - Dijo distraídamente mirándose a sí mismo siguiendo a la profesora de transformaciones, mientras ella ahogaba un bostezo y de camino a su despacho para irse a la cama, diligentemente luego de la cena. Sabía todo lo que hacía y algunas veces deseaba poder ver más allá. Ver su rito de quizá cepillarse los dientes, tomar un poco de té y una amena lectura antes de dormir. Ver a la mujer fuera del día a día. Placer que tenía, ahora que eran esposos. Jamás en sus días de juventud se habría imaginado que terminaría casándose con su amor platónico.
- Sí amo. - asintió la elfina con una reverencia. - la ama y la señora Weasley conversan... ¿el amo quiere que Effy espíe?
- No será necesario, confío en ella. - contestó Snape y el retrato de Dumbledore sonrió. - hay algo mucho más importante que debes hacer. Potter ha de estar por volver, así que espero que te quedes a su lado y la protejas durante su recuperación. Pronto deberé abandonar la escuela y no podré protegerla yo mismo.
Aquella iba a ser una noche larga. Y a la hora de la cena, había reunido a todos los estudiantes en fila, en el gran comedor. Alecto y Amycus habían apartado las mesas y Severus se paseaba entre los estudiantes, mirándolos con severidad.
- He recibido noticias, ésta noche. Noticias de que Potter ha sido visto a las afueras de Hogwarts. Si alguno de ustedes tiene información con respecto a Potter y no habla ahora mismo...
Se conjuró un gran silencio, mientras Severus regresaba a su lugar y miraba a sus alrededores. Si Albus tenía razón, alguien debía haberlo visto. El director parecía haber visitado un par de retratos en el pueblo y haber confirmado las teorías. Sabía de la estación secreta en la radio, sólo necesitaba que sus locutores le dijeran la verdad.
- Si alguien oculta el paradero de Potter...
- No es necesario. - se escuchó al final del comedor y todos los estudiantes volvieron sus rostros para mirar, mientras un joven caminaba en dirección al centro del comedor y frente al nuevo director. - aquí me tiene, profesor Snape. Me sorprende que tenga el tupé de plantarse en éste lugar y llamarse director, luego de lo que hizo. Dígales, profesor Snape, explique cómo el director confiaba en usted, cómo le suplicó y usted aún así lo mató. Dígaselo a todos, cobarde. Cómo asesinó a un hombre sin varita.
La algarabía era evidente. Los gemidos de sorpresa al ver a Harry Potter en medio del comedor y la momentánea palidez del jefe de Slytherin, ante sus palabras. "¡Harry Potter está vivo!" Nadie podía creerlo y estaba seguro de que la guerra comenzaría en cualquier segundo.
Y así fue, Alecto apuntó su varita en dirección a Harry y el muchacho bloqueó el hechizo de inmediato, mientras los estudiantes se apartaban, corrían en direcciones opuestas a la batalla que acababa de comenzar.
- ¡Traidor! - había exclamado Harry a todo pulmón, apuntando su varita en dirección a Snape frente a él. Su aparición parecía haber congelado al hombre en el tiempo y espacio. Traidor, cobarde...
Por qué si simplemente había estado siguiendo órdenes.
La varita de Harry no tardó en lanzar el siguiente conjuro y con un simple y perezoso movimiento de su mano, esquivó el hechizo sin mucho esfuerzo.
- Y sigues sin saber cómo defenderte, Potter. - dijo en voz baja, repeliendo cada uno de los hechizos. Harry parecía enloquecido, arrojando conjuros a diestra y siniestra. - bloqueado, Potter, hasta que aprendas cómo cerrar tu mente. - sonrió y alzó su varita en dirección al muchacho. No debía lastimarlo. Aparte de ser el trabajo del señor tenebroso, era el único capaz de derrotarlo y no podía equivocarse. Su varita se iluminó lentamente y un hechizo salió de ella, en dirección a Harry.
El ruido resultaba ser ensordecedor, incluso podía escucharse en la torre de Gryffindor y en el despacho de la subdirectora.
- Qué es lo que sucede abajo, Effy. - preguntó Minerva, sobresaltada al oír una potente explosión. Molly Weasley preparó su varita de inmediato, mirando a la subdirectora con preocupación. - Acaso Slytherin y el resto de las casas, están discutiendo...
- Effy no está segura, pero Effy escuchó del amo Snape... que Potter estaba en los terrenos de Hogwarts y le ordenó que la vigilara, que pronto tendría que abandonar la escuela.
- ¡No! - gimoteó la mujer, apartando las cobijas de sí e inclinándose para tomar su varita de la cómoda junto a la cama.
- Minerva, no puedes estar pensando... ¡si Harry está aquí, no puedes luchar! Estás muy débil.
- Tengo que ir, tengo que... - meditó, a quién defender primero. - Severus me necesita, Potter también.
- El amo Snape le ordenó descansar. La ama podría morir...
Pero realmente no importaba. Si Severus moriría, que importaba si ella también moría.
Y una acalorada guerra se llevaba acabo, hechizos iban y venían pero Harry tenía todas las de perder, contra tres magos. Hermione y Ron habían preparado sus varitas, al igual que Ginny y Neville, y no tardaron en entrar en la lucha. Severus lo sabía, Potter había entrenado muy bien a sus amigos.
- Sigues siendo un pobre tonto, inútil como tu padre y tu padrino. Jamás aprenderás cómo tener un duelo de verdad, todavía eres un niño. Te falta tanto por aprender. - dijo Snape con sorna, blandiendo su varita una vez más y arrojándole otro hechizo sin mucho esfuerzo.
Pero ésta vez, el hechizo resultó desviado por otra varita. Severus se detuvo de inmediato, al ver el pálido rostro de Minerva McGonagall ante la sorpresa y agitación del duelo, en un largo camisón blanco y sosteniendo su varita, protegiendo a Potter.
- Ah, Minerva. - dijo con una sonrisa suave. - me pregunto qué te ha sacado de la cama.
- Creí haber oído un ruido y vine a investigar.
La guerra ya comenzaba.
