Alma
Las Moiras miraban con sorpresa el desenlace de este ciclo, frente a ellas la Diosa de la Sabiduría estaba de pie sosteniendo un bulto entre sus brazos níveos, era un alma especial una de las pocas que habían visto en los últimos siglos.
- ¿Qué significa esto? - Se quejo una de ellas ignorando a la Olímpica, ellas eran mucho más antiguas podían darse el lujo de tratarla como una niña.
- Ha sucedido un desgarro en el alma de la deidad. - Murmuró la segunda.
Mientras las tres diosas discutían sobre el evento, Athenea observaba con curiosidad a la criatura, reconocía parte de su propia alma en ella pero al mismo tiempo diferente, si le preguntaban a ella diría que estaba sosteniendo a Saori.
- ¿Debemos destruir este falló?
- ¿Destruirlo? ¿Por qué? - Cuestionó estrechándolo contra su cuerpo.
- Ella es un desgarro de tu alma, joven diosa. Si nace en el mundo humano estará ligada a ti de forma irreversible y tendrá un poder superior a los demás.
- Los humanos que sirven a los dioses son iguales. - Argumentó lo que la llevo a otro pensamiento - Panthea. ¿Qué ha sucedido con él?
- Tú mortal también ha hecho este extraño suceso. - Señalo la tercera para que observará dos esferas que se encontraban suspendidas a unos metros, la primera y más grande brillaba con un tono dorado, la segunda más pequeña resplandecía. - El alma de Pegaso es mortal, tardará en recuperar esta parte que se ha separado y la segunda alma no es tan poderosa como la primera. Será afortunado.
- ¿Cómo puedo arreglarlas? ¿Serán estables? - Pregunto con aprensión sin saber si era capaz de elegir entre ellos.
- Es debido a que lleva años expuesta a tu poder y tu cosmos que lo protege que no se destruyo, sobre todo esta reencarnación fue en múltiples oportunidades atendido con tu sangre. - Respondió otra.
- La Daga puede ser la respuesta, hermanas. En esta vida, nuestra doncella aquí presente se suicido con La Daga sagrada, pudo haber creado ese pequeño corte del alma.
- Quiero conservarlas a ambas. A esta alma humana que ha sido parte de mi misma y la segunda alma que se ha desprendido de Panthea. - Con firmeza sus ojos grises se clavaron en las tres diosas mayores.
Se observaron en silencio mientras tomaban el único ojo que poseían para tomar una decisión, mientras tanto Athenea meditaba sobre la situación, Saori fue una de las encarnaciones más peculiares que tuvo, su afecto a Pegaso estaba a flor de piel y su amor por el hombre completamente tangible.
Meditando las tres diosas podrían tener razón al usar la daga para entrar al mundo de los muertos pudo haber causado un corte en su alma divina, si eso era cierto la pequeña alma seria muy parecida a una ninfa o un espíritu menor, quizás una humana con una alta cantidad de poder, también sentía que parte de su amor infranqueable por Panthea se traslado a esa persona recién creada, o pensándolo mejor Saori amaba a Seiya.
Sus ojos viajaron a donde se mantenían suspendidas ambas almas, la grande que era Panthea tenia un espacio vacío en su estructura aunque igual resplandecía demostrando su pertenencia a una deidad, la otra brillaba levemente tratando de demostrar que también tenía la protección de la diosa.
Su mano se extendió sin dudar acariciando el alma del mortal que le pertenecía con confianza en una caricia tan íntima que las tres ancianas guardaron silencio para observar el intercambio, el alma reaccionó a la voluntad de su dueña brillando antes de completar el espacio faltante, Athenea había sellado el espacio con parte de su propio poder, seguidamente sus dedos se dirigieron a la segunda alma que inmediatamente se elevo cortando la delgada unión que lo mantenía ligado a la otra, absorbiendo el poder que la diosa derramaba sobre ella para crecer.
- Ahora me pertenecen. - Musitó dejando que su mirada se concentrara en sus brazos donde la masa de luz se convirtió en un bebé sonriente.
- Desde el momento de su creación. - Confirmó una de las tres.
- Hemos visto tu afecto por estos defectos, diosa. Te concederemos la libertad de conservarlas pero en el próximo ciclo estarás unida a esa alma humana, su destino entrelazado con el tuyo puede estar lleno de dificultades. - La segunda anciana señalo a las almas mortales - El mortal conocido como Panthea en su primera vida, consagrado a tu culto y posteriormente ligado a ti por un juramento inquebrantable realizado por si mismo, siempre ha sido el Santo de Pegaso y eso no cambiará. La segunda alma tendrá que encontrar su lugar entre tus guerreros, es un alma vieja y nueva al mismo tiempo.
- Una advertencia más. - Cantó la tercera - Escucha con atención joven deidad. Tú quién naciste del olímpico Zeus, no olvidéis nunca que no perteneces a los Olímpicos en plenitud, la Prudencia, la hermosa Metís fue tu madre, descendiente de titanide la profecía a la que temía Zeus puede cumplirse.
- Esta alma humana tiene tu alma divina si ella procrea un descendiente puede o no ser el elegido para cumplir el destinó que le fue arrebatado a tu hermano no concebido. ¿Estarás preparada para asumir ese riesgo?
Las voces se volvieron lejanas mientras se desdibujaba todo a su alrededor, las ancianas la sacaron de su territorio con su poder y se encontraba en los terrenos se su Templo en el Olimpo con tres almas que estaban sorprendidas.
El alma de Panthea tenia la forma de un niño de unos cuatro años con su cabello castaño y sus ojos como arenas del desierto, vestía una túnica tradicional mientras sostenía un bebé entre sus torpes brazos con los rasgos físicos de Seiya, estaba desnudo y sollozaba suavemente, ella en cambio sostenía a Saori, una bebé con mirada inteligente y serena, igualmente desnuda.
- Mi Señora. - Partita, su fiel sirvienta la saludo al llegar observando con sorpresa a los dos nuevos visitantes.
- Tengo un poco más de trabajo para ti, mi querida amiga. - Comentó con una sonrisa amable.
- Si es algo que alegra el corazón de mi Señora es bienvenido. - Caminó hasta que pudo recibir a la bebé en sus brazos, sonriendo suavemente al recuerdo, esa niña se parecía a la pequeña Sasha que había conocido la era anterior por lo que la cuidaría con cariño.
Mientras Athena se sentaba en la mesa pudo ver como Panthea observaba con curiosidad las atenciones de Partita a los bebés, un pequeño pinchazo de preocupación en el fondo en su mente, si las Moiras tenían razón ella podría haber creado la oportunidad de la caída de Zeus.
La temática de esta historia me ha encantado mientras la escribía pensaba en muchas cosas, como seguirla, en el desenlace y que tantc podría sacarle. Pero creo que ahorita no tengo ánimos para escribir historias largas, si alguien quiere tomarla sólo avisenme para poder leerla.
