Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.

O M G, vamos allá.


Life's too short
Capítulo LIV


~Al borde del acantilado~

Quise creer que se trataba de un malentendido, que sus labios seguían siendo sólo para mí, que su corazón latía junto al mío, pero en el fondo sabía que no era verdad. Jamás pensé que llegaría a pasar algo así. ¿Cómo pude ser tan ingenua? ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo pude estar tan engañada?

Lo que más me dolía era que me lo estaba ocultando, ella podía confiar en mí, podría habérmelo dicho desde un inicio y no me lo hubiera tomado tan mal, incluso podría llegar a entenderlo, pero no así. Sentí estar viviendo una sarta de mentiras, con un amor falso y artificial, con alguien que deseaba estar con otra persona.

Vi a mi hija con Eugene y Elisabeth en la encrucijada, esperándome, esperándonos. Mandy corrió hacia mí para cogerme de la mano, sacándome una sonrisa desde lo más profundo de mí misma.

— ¿Y los sombreros?— preguntó inocentemente.

— No los he encontrado… Como estuvimos haciendo limpieza los debimos guardar en algún sitio y…— no me sentía con fuerzas ni de terminar de inventarme una excusa— Vamos cariño.

Me puse a seguir el camino sin más.

— ¿No va-

— Espéralas si quieres, nosotras vamos tirando.— y ahí se quedó, esperándolas con Eli. Seguí andando haciendo mil esfuerzos para mantener en pie mi rota integridad, hasta que mis recuerdos me apuñalaron por la espalda y mis lágrimas me traicionaron.

— ¿Mamá…?

— Creo que se me ha metido algo en el ojo…

— ¿En los dos?— no sé a quién pretendía engañar. Entonces se quedó quieta, obligándome a parar— Agáchate.

No lo entendí hasta que al hacerlo, me abrazó. Adoraba su inocencia, su forma involuntaria de hacerme sentir mejor pasara lo que pasara, su amor incondicional que me sacaba una sonrisa en la más oscura de las tinieblas de la tristeza. Y la abracé, la abracé con todo mi yo sabiendo que aunque algún día podría perderlo todo, la tendría a ella.

— Te quiero mi pequeño monstruito.— no quería perder todo aquello que habíamos construido con el paso de los años, no quería perder a mi Elsa, no quería perder la hermosa vida a la que estaba tan bien acostumbrada.

Entonces empezaron a llegar e hice lo imposible por aparentar normalidad.

— Venga chicos, que a ese ritmo se nos hará la hora de comer…— Elsa me miró entristecida.

— Ya vamos…— dijo Eugene, entre un ambiente tenso y tan denso que podía cortarse con un cuchillo.

Me quedé en cabeza con Mandy, dejando a mis problemas detrás, hasta que Rapunzel me alcanzó, acelerando el paso.

— Anna… ¿podemos hablar un momento?

— Claro, dime, ¿qué ocurre?

— ¿A solas?

— Si tienes algo que decir dilo, no te cortes. ¿Qué pasa? ¿De qué quieres hablar?

— Nada… da igual…— conseguí que retrocediera, y seguimos nuestro camino con un silencio abrumador.

— Mamá, ¿te has peleado con la tía?

— No… No te preocupes ¿vale?— entonces me soltó la mano y fue corriendo hacia Elsa.

No quería que nuestros problemas le afectaran, pero ya era demasiado tarde. Poco después volvió a mi lado.

— Dice mami que si hablas con ella comeremos chocolate todos los días durante un año entero.

— ¿Eso ha dicho?

— Sí, y que te quiere mucho.

— Entonces cuando lleguemos a casa hablaré con ella, pero quítate eso de comer chocolate de la cabeza porque no va a pasar, nos pondríamos todas gordas como hipopótamos.

Seguía sin poderme quitar de la cabeza la imagen de ellas dos besándose. Aún así pudimos continuar con nuestra marcha, guardando las distancias entre nosotras, entreteniéndome con la dulce imaginación de Mandy.

Dimos la vuelta antes de lo previsto por el calor que hacía, la temperatura no era normal para esa época del año. Me quedé pensando en cómo tratar el problema, en qué decirle cuando llegara el momento y en cómo podría terminar todo.

Mandy no se separó de mí, Eugene trató de animar el ambiente y ellas dos siguieron cuchicheando detrás de todo. Al final el camino se me hizo más corto de lo que esperaba.

Ya de vuelta a casa, fui directa a nuestra habitación para hacer algo que necesitaba hacer. Cogí el cuadro que teníamos colgado donde estaba dibujada Elsa junto a su hermana del día que fuimos a Corona el año pasado y saqué la hoja para romperla por la mitad.

— ¿Qué haces?— sabía que le importaba mucho ese dibujo.

— Limpieza.— Elsa cerró la puerta con llave— Déjala abierta.

— No te dejaré salir así.— fui a quitarme el anillo y aunque no pude, abrió la puerta, ajustándola— ¿Puedes sentarte al menos?

— ¿Dónde? ¿En la cama donde seguro que os habéis enrollado alguna vez?— se acercó a mí.

— Anna-

— No te acerques más.

— No es lo que piensas, sólo nos besamos un par de veces, eso es todo, no la quiero de la misma forma que te quiero a ti y no lo volveremos a hacer ¿de acuerdo?— se frotó la oreja subconscientemente, siempre lo hacía cuando mentía— Deja de-

— ¿Crees que soy imbécil? ¿Que voy a creerme esa gilipollez? Si a estas alturas no eres capaz de decirme la verdad, no vale la pena seguir con esto.

Fui decidida a salir.

— Vale vale Anna, espera.— me cogió del brazo y la empujé.

— ¿Qué? ¿Vas a decir que no lo volverás a serme infiel? ¿Que has cometido un error? ¿Que estabas confusa o alguna mierda de esas? Para contarme mentiras mejor ten la boca cerrada.

Al abrir la puerta me encontré con Rapunzel, escuchándonos, bloqueándome el paso. Elsa volvió a meterme dentro, y su hermana entró también.

— Anna, por favor, no hagas ninguna estupidez.

— ¿Lo sabe alguien más?

— No.

— Pues ya verás cuando se lo cuente a Eugene.

— ¡No!— entre las dos me hicieron sentar en la cama.

— ¡Pues decidme de una puta vez qué pasa con vosotras! Y ni se os ocurra decirme una sola mentira.

— Está bien… de acuerdo… Te lo contaremos todo.

Elsa empezó contándome lo que sintió la primera vez que la vio, cuando ni siquiera sabía que era su hermana, hace ya muchos años. Me contó que el día antes de que se fueran, después de nuestra boda, le pidió un beso prometiéndole que sería el único, y Rapunzel se lo dio, algo extrañada. Ahí empezó todo.

No fue hasta unos años después, después de dar a luz a Mandy, que rompieron su promesa, volviendo a sentir sus labios una vez más. Las dos sabían que eso no iba a terminar bien de ninguna forma, querían más pese a ser hermanas, incluso aún estando casadas y tener una familia propia, y ese mismo año volvieron a caer en la tentación.

A partir de ahí empezaron a enviarse cartas en secreto, sobre todo por parte de Rapunzel, la que incluso le mandaba dibujos de ella desnuda o de las dos besándose. No me lo podía creer.

Pasó algo más de un año antes de que volviéramos a vernos, y fue entonces cuando los besos empezaron a convertirse en algo más que besos, fueron descontrolándose con ansia de más, llegando a desnudarse la una para la otra. Decidieron no llegar nunca más lejos de ahí, pero una vez más, incumplieron sus palabras para caer en manos de la lujuria y bañarse juntas en un cálido baño lleno de emociones.

Ya el año pasado, llegaron incluso más lejos teniendo sexo como tal, aprovechando una noche en vela en el castillo. Me contaron también que el día anterior, con la excusa del vestido, se enrollaron en la misma cama en la que estaba sentada, sintiendo un profundo dolor en mi pecho que nada me iba a curar.

Me dejaron rota con todo eso, me sentí tan engañada que se me quitaron las ganas de seguir con esa farsa.

— Entonces,,, ¿la quieres más a ella… que a mí?

— No puedo responder a eso.

— Pues ¿con quién te quedarías? Escoge joder, y no mientas.

— Con ella.— en ese momento perdí todas las ganas de vivir, mis lágrimas así lo demostraron— Pero me quedaré contigo, porque tú eres mi vida.

— No… Porque no te queda otra… porque lo vuestro es imposible…— me levanté.

— Perdóname Anna. No quería que esto pasara, intenté y juro que intenté no sentirme atraída por ella de esa forma, pero es imposible…— me acercó la mano a la cara y se la aparté de un manotazo.

— ¿Y ahora qué eh? ¿Cómo se supone que voy a vivir sabiendo que prefieres estar con otra?

— Lo siento…

— Y una mierda, tú no sientes nada, me acabas de matar por dentro…— me abrazó, ya sin alma en mi cuerpo, y ni me inmuté, ni siquiera con todos sus llantos.

— Anna por favor…

Con mis dedos resbaladizos por mis propias lágrimas, conseguí quitarme el anillo.

— Gracias por todos estos años Elsa, me has hecho muy feliz.— se lo di en la mano.

— No…— y me fui.

Me fui destrozada, sabiendo que mi vida había sido una farsa. Ignoré a Eugene, también a su hija y a Mandy. Salí fuera para coger mi caballo, y entonces mi pequeña se acercó a mí.

— ¿A dónde vas mamá?— Eli la siguió.

— Tengo que ir a hacer unos recados, no tardaré.— me dolió una barbaridad tener que mentirle.

— ¿Puedo ir contigo?— me cogió de la mano izquierda y se dio cuenta de que me faltaba el anillo— ¿Mamá?— me cogió con fuerza— ¿Qué está pasando?

— Quédate aquí ¿vale cielo? Necesito pensar un poco.— le di un beso, subí al caballo, y me fui hacia ningún lugar, sola, destrozada y sin más compañera que la soledad.


[Rey de las Islas del Sur]

Estaba en mi majestuoso trono del palacio real esperando noticias de mi decimotercer hijo, cuando de repente vinieron mis fieles guerreros a anunciarme que había muerto.

— ¿¡Cómo es posible!? ¡Tenía un ejército de cincuenta mil hombres!

— S-somos conscientes de ello majestad, p-pero h-había un hombre aterrador con poderes de hielo q-que lo congeló todo de un soplo y acabó con miles de nuestros hombres sin piedad encima de su dragón de hielo.

— S-sí sí, era capaz de invocar incansables monstruos terroríficos y poderosos, y ni siquiera un puñado de flechas lo derribó.

— ¡¿Cómo osáis mentir de esta forma ante vuestro rey?!

— O-os juro por todos los dioses que es verdad majestad, lo vimos con nuestros propios ojos, y-y tenemos muchos testigos que-

— ¡Silencio! ¡Guardias! Alimentad a los cocodrilos con esos bastardos.— me deshice de esas nenazas, no por mentir, sino por cobardes, deberían haber muerto en batalla en vez de huir de esa forma tan patética— Preparadme un barco, y que sea discreto, no quiero causar el pánico antes de tocar tierra.

Pasé muchos años en busca del poder del hielo, pues escuché rumores y leyendas acerca de esos por las tierras del norte. Por fin había llegado mi momento, por fin podría hacerme con la segunda magia de los elementos.

Fui hacia mi sala privada de tesoros para sacar de la caja fuerte aquél bastón sagrado que tiempo atrás me hizo vencer tantas batallas y en el cual tan poco poder quedaba en su interior. Con el poder del fuego que me ofrecía, no me costaría nada terminar con ese supuesto hombre tan aterrador de Arendelle. Con él podría al fin conquistar el globo entero, y ese sería el principio de una nueva era.


[Jack]

Tuve un mal presentimiento, noté que algo iba mal así que volvimos a casa, además ya casi era la hora de comer. Nos despedimos en su casa y fui patinando hacia la mía para ir más rápido.

Cuando entré ni siquiera estaba la mesa preparada, mamá estaba con los tíos en el sofá y Mandy estaba con Eli y papá en la cocina, preparando algo.

— ¿Hola?— fue como si nadie me hubiera oído entrar, pero callaron todos de golpe— ¿Qué pasa aquí?

— Hey… Jack, ¿qué tal ha ido con Lara?— mamá no estaba para nada bien, era inútil que intentara disimularlo.

— ¿Qué ha pasado? ¿A qué vienen esas caras?— Eugene ya no tenía su habitual sonrisa, Punzi se ocultaba entre su rostro y mamá jugaba con su anillo entre sus dedos.

— ¿Por qué te has quitado…-— entonces me di cuenta que no era el suyo— ¡¿Qué ha pasado?!— algo muy malo tenía que haber pasado para que Anna se quitara su anillo.

— La he fastidiado… se acabó…

— ¿El qué se acabó? ¿Dónde está Anna?— no contestó— ¿Tía Punzi? ¿Eugene?— al ver que no respondían, salí fuera para ver si estaba su caballo, y no estaba— ¡Mamá!

— Se ha ido.

— ¿A dónde? ¿Por qué?

— Le he sido infiel…— dijo entre dientes, agachando su cabeza.

— ¿C-cómo?— los miré a todos, no entendía nada— ¿C-con quién?— la tía me miró, y con los ojos me lo dijo todo. Tenía que ser una broma— No… no puede ser…

Salí corriendo a por Kero, me subí en él y me puse a buscarla. Aún no podía creer lo que estaba pasando.

La busqué por los alrededores hasta que imaginé donde podía estar. Volé hacia el oeste con prisa para ir a ese acantilado donde se prometieron años atrás.

La vi en el borde, mirando hacia el cielo.

— ¡No lo hagas!— salté del dragón al vuelo y la plaqué cayendo al césped los dos— ¿¡Se puede saber qué hacías!?— la vi destrozada, con la cara empapada en lágrimas, llorando.

La incorporé para poder abrazarla, estaba realmente hecha polvo.

— Tranquilízate vamos… ¿En qué estabas pensando?

— No lo sé…

— No te muevas…— le aparté el flequillo para darle un largo beso en la frente, volcando mi poder curativo en ella con la esperanza de que se sintiera mejor. Pude sentir su sufrimiento y dolor como si fuera mío, debió de estar pasándolo muy mal— ¿Estás mejor?

— Un poco…

— ¿Qué ha pasado? Mamá me ha dicho que te ha sido infiel con la tía pero…

— Pues eso. Por lo visto la quiere más que a mí…— contestó apenada.

— ¿Qué cojones? Eso es imposible, no puede ser.

— Eso ha dicho.

— Pues eso no tiene ni pies ni cabeza, tenemos que volver a casa para aclararlo, tiene que ser un malentendido.

— No Jack… me lo han dejado muy claro. Elsa preferiría estar con ella antes que conmigo.

— ¿Y vas a dejar que se salga con la suya? ¿Ni siquiera vas a luchar para reclamar lo que es tuyo? No puedes quedarte ahí como si nada.

— No digas tonterías.

— Levanta, tienes que reconquistar a mamá.

— ¿Te estás escuchando? O sea ¿me es infiel y tengo que ir yo detrás de ella? Creo que hay algo que no entiendes.

— Entonces ¿vas a quedarte de brazos cruzados? ¿No vas a hacer nada?

— ¡Y ¿qué quieres que haga?! Yo no soy el problema aquí…— en parte tenía razón, pero huir no iba a solucionar nada tampoco.

— Hm… ¿Sabes qué haría yo? Me plantaría delante de ellas dos y les daría una buena bofetada a cada una, eso para empezar.— al menos la hice sonreír un poco.

— Genial… ¿y luego?

— Pues no sé… Haría que me compensara por lo que ha hecho. Mamá no quiere que os separéis, y sé que tú tampoco… De hecho, nadie quiere que os separéis, vuelve a casa… estoy seguro de que Mandy estará preocupada.— di en el blanco.

— Tienes razón… huyendo no conseguiré nada.

— Eso es.

— A la mierda, vamos allá.

Corrió hacia su caballo y la seguí por los aires con Kero hasta que llegamos a casa. Todos salieron al jardín cuando llegamos.

— A-Anna… has vuelto…— Elsa no sabía ni cómo reaccionar. Después de estar en silencio esperando a que terminara de meter el caballo en el establo, Anna se acercó a Kristoff y le dio un bueno beso en todo los morros, dejándonos a todos de piedra. Luego le dio un buen bofetón a la tía Punzi y después entró en casa como si nada.

— Mamá, ¿qué haces?— Mandy no debía saber qué pasaba, de hecho, no sabía si lo sabía alguien más o no. La seguí por si a caso.

En el comedor, cogió el enorme cuadro que teníamos encima de la chimenea de la boda, donde salían todos y sacó la hoja de papel. Nadie se atrevía a acercarse a ella.

— Anna… por favor, ese no…— le hizo caso omiso a mamá y rompió justo la parte en la que salía la tía.

Entonces se acercó a ella y le tendió la mano.

— El anillo, dámelo.— se lo dio, temblando, y Anna se lo guardó— ¿Qué hacemos aquí parados? Vamos a comer ¿no?

Inexplicablemente, hicimos como si no hubiera ocurrido nada y comimos, sin comentar absolutamente nada de lo ocurrido. Recé para que al final, todo saliera bien.


Mandy: Haha, tenía que escribirlo XD llevo dudando sobre el RapunElsa desde hace unas semanas y al final no pude encontrar mejor ocasión que esta.
Elsii: Lo siento, pero no puedo tener a dos mellizas en mi historia y que no se enrollen ^^, espero no haberte hecho sufrir mucho hehe. A todo esto, genial! Ya tienes cuenta de fafinction (ni que me pagaran por promocionarlo xD) Dentro de tu cuenta, en la barra lateral izquierda donde pone Private Messaging, te he dejado un mensaje.

Mañana más~ :D