CAPÍTULO 47.2
AL FIN JUNTOS
En cuanto abrí la puerta Valkyon me giró hacia él y me agarró elevándome del suelo para abrazarme, así que aproveché para abrazarle yo también tanto con los brazos como con las piernas sobre su cadera. Sin dejar de sujetarme y mirarme entró en la habitación y cerró la puerta con el pie.
No podíamos apartar la vista el uno del otro, conscientes de que al fin podíamos estar juntos y solos, algo que habíamos deseado desde hacía mucho.
Valkyon me besó con suavidad, acariciando mi boca lentamente y en cuanto volvió a hacerlo atrapé su labio entre los míos tirando de él ligeramente. Eso lo animó de nuevo y fue en busca de mi lengua con la suya, apretándome más fuerte contra él.
En seguida pude sentir su notable erección en mi entrepierna a través de la ropa, lo que me llevó soltar un gemido involuntario entre sus labios y hacer que mi ropa interior se humedeciera al momento. Pero antes quería jugar un poco, así que antes de ya no poder parar, detuve el beso.
- Valk... - susurré separándome escasos centímetros de él para mirarle seria.
- ¿Qué ocurre? - respondió algo confuso.
- Me he enterado de algo que has hecho.
Valkyon me miró con una expresión interrogativa levantando una de sus cejas sin entender a lo que me refería.
- Thiedil me ha dicho que has estado bañándome personalmente - dije más seria aún.
- Sí... creí que no te importaría - aseguró mientras me soltaba en el suelo con aire preocupado.
- Me has tocado sin mi permiso - repliqué y separé mis brazos de él apartándome ligeramente de su cuerpo.
- Yo...
- Eso no está bien - le interrumpí. - Voy a tener que hacer algo para estar en igualdad de condiciones - añadí mientras ponía la mano en mi mentón como si meditara sobre ello.
La cara de Valkyon era de confusión total, no conseguía entender bien este giro en mi actitud hacia él, así que decidí dejar de torturarle por el momento.
Volví a aproximarme a él y llevé una de mis manos al borrego de su chaleco y la fui bajando lentamente hacia el cierre de éste sin dejar de mirarle a los ojos. En cuanto llegué, lo desabroché provocando un chasquido metálico.
Luego retiré la prenda observando las diferentes reacciones en su rostro, mientras él se dejaba hacer sin oponer resistencia alguna.
Una vez tuvo el torso descubierto puse mis manos sobre su pecho y las bajé acariciando su cálida piel, delineando sus abdominales lentamente hasta dar con el cierre de su cinturón.
En ese momento le sonreí de lado con picardía y él, que ya había entendido mi juego, me sonrió de vuelta entrecerrando los ojos mientras su mirada se oscurecía y su respiración se aceleraba.
- ¿Vas a castigarme por ello? - susurró él con la voz ronca.
- Así es - sentencié desabrochando finalmente su cinturón y lanzándolo al suelo junto al chaleco. - Y te mostraré quien manda en esta habitación.
Valkyon acarició mi brazo y yo le propiné un manotazo autoritario para que no me tocara, lo que le provocó una carcajada.
Acto seguido me dirigí al cierre del pantalón en el cual, incluso en la semioscuridad de mi cuarto, podía ver el abultamiento provocado por la erección de su miembro.
Y aunque también fuera un castigo para mí, fui desabrochando lentamente los botones del pantalón, absteniéndome de arrancarlos de golpe y sin dejar de mirarle a los ojos para no flaquear y lanzarme a sus brazos. Le había dicho que le castigaría, no podía echarme atrás.
Una vez desabrochado, dejé caer el pantalón al suelo y comencé a retirar las vendas que cubrían sus caderas dejándolo sólo con la ropa interior. Tenía que hacer un gran esfuerzo para no desviar mi mirada.
Luego lo llevé frente a la tina que estaba llena del agua que puse antes de ir a cenar. Obviamente ya no estaría caliente, pero a él no le importaría, solía ducharse con el agua más fría. Y colocándome detrás de él bajé su ropa interior, dejando a mi vista su perfecto y musculado trasero.
- Al agua - ordené dándole una ligera cachetada en su nalga, que tenía realmente dura y bien trabajada.
Él, diligente, se metió en la tina y se tumbó, quedando únicamente del pecho hacia arriba al descubierto. Enredé mis manos en su pelo y lo retiré detrás de sus hombros. Entonces agarré una goma para sujetar el mío en un moño alto para no mojarlo y volví a su posición con el jabón para bañarlo tal y como él había hecho esos días conmigo.
En cuanto me puse detrás de él, elevó la vista llena de deseo y llevó su brazo hacia atrás para colocarlo alrededor de mi cadera. Cada centímetro de mi piel en contacto con la suya ardía como ascuas y tenía que poner empeño en mi plan para no abandonarlo y meterme allí con él. Así que intentando ignorar sus acciones, llené mis manos de jabón y comencé a lavar su pecho y sus brazos, de nuevo apoyados en el borde de la tina.
Valkyon emitía ligeros gruñidos de placer cuando mis manos se aventuraban más abajo o acariciaban sus pequeños pezones, algo que me hacía perder los sentidos.
Al bajar hacia sus abdominales tuve que inclinarme sobre él, sintiendo su respiración agitada. Acaricié el contorno de su oreja primero con mi nariz, luego ligeramente con los labios y noté su cuerpo estremecerse bajo mis manos mientras soltaba una gran exhalación después de haber contenido el aliento.
Poco a poco fui bajando más, alargando el momento, acariciando sus caderas y su vientre, rozando mínimamente su entrepierna. Valkyon parecía nervioso, se estaba conteniendo.
Finalmente fui en busca de su miembro mientras mordía el lóbulo de su oreja, provocando un sonoro jadeo a mi compañero. La erección era total, su miembro palpitaba en mi mano, que a duras penas rodeaban la punta de mis dedos. Sentirlo tan duro y grande hizo que mi vientre se contrajera pensando sólo en el placer que iba a proporcionarme, haciendo que un suave gemido se escapara de mi boca en el oído de Valkyon.
Él apretó sus manos en el borde de la tina en cuanto comencé a mover mi mano con suavidad, apretando ligeramente su miembro. Las contracciones de éste junto a sus jadeos me enloquecían y tenía que concentrarme para no perder el control.
Hice un poco más de presión con mi mano y Valkyon soltó un gruñido y seguidamente giró su cara, poniendo una de sus manos sobre mi nuca y me besó sin contención. El deseo me estaba consumiendo y era incapaz de pensar en nada más, quería a ese hombre entre mis piernas.
Por suerte él tampoco parecía querer esperar más y separando sus labios de los míos se puso de pie y salió de la tina para girarse hacia mí. Y así, grande y poderoso, con el agua escurriéndose por su piel, se acercó a mí con determinación para dirigirse a mi top y sacarlo por mi cabeza y brazos, que elevé sin pensarlo un segundo, admirando al bello hombre que tenía ante mis ojos y que era sólo mío.
Él volvió a besarme con sus manos en mi cara, que llevó enseguida hacia el cierre del sujetador desabrochándolo rápidamente y con destreza. Luego lo lanzó de forma apremiante e hizo lo mismo con mi falda.
Acto seguido me elevó del suelo llevándome hacia la cama, donde me dejó con cuidado, a su merced bajo su cuerpo y sus cabellos cayendo a ambos lados de mi cara. No tardó en volver a juntar sus labios con los míos para luego abandonarlos en dirección al cuello, depositando suaves besos que me hacían tener escalofríos de placer.
Su mano había dejado de apoyarse en la cama y se dirigió a mi pecho, acariciándolo con delicadeza para luego pellizcar con cuidado mi pezón. Yo me retorcía de placer bajo su cuerpo, reclamando más, más caricias, más besos, más contacto. Él, que parecía entender lo que mi cuerpo le pedía siguió bajando la mano, provocándome cosquillas al acariciar la piel de mi vientre hasta llegar a mis braguitas. Entonces se detuvo y me miró con deseo, el cual parecía también consumirlo a él.
- Una vez te dije que no desafiaras a tu jefe, ¿recuerdas? - susurró roncamente en mi oído.
Yo simplemente asentí con la cabeza mientras él volvía a posar su vista en mis ojos. Los suyos brillaban a la tenue luz de la luna que la cortina dejaba pasar.
Aventuró su mano bajo mi ropa interior, provocando mil sensaciones en mí, deseando que no se detuviera. Y lejos de hacer tal cosa, siguió el camino rozando mi clítoris haciendo que mi respuesta fuera inmediata. Gemí en su oído abrazando su enorme espalda. Él siguió hasta introducir uno de sus dedos en mi vagina y entonces fue él quien gimió al notar lo húmeda que estaba.
Acercó de nuevo su cara a la mía y lamió mi labio superior con calma mientras su dedo se movía lentamente en mi interior. Luego introdujo otro mientras mordía mi labio inferior.
Otro gemido más sonoro escapó de mis labios y él lo acalló con los suyos, mientras ejercía más presión en mi entrepierna y subía el ritmo de sus movimientos.
Apenas habían pasado unos pocos minutos e increíblemente sentí como llegaría al orgasmo de un momento a otro, así que le detuve agarrando su mano y con la respiración totalmente agitada. No quería correrme tan pronto, no con sus dedos.
Los acerqué a mi boca y los lamí mirándole a los ojos, lo que provocó que un profundo gruñido se escapara de su garganta.
- Aún no te he levantado el castigo - ronroneé en su oído y me deslicé de debajo de su cuerpo.
Valkyon se incorporó quedando sentado y yo me puse de pie en el suelo frente a él. Me quité el único trozo de tela que me quedaba y luego agarré la goma que sujetaba mi pelo y lo solté, entonces me dirigí a Valkyon empujándolo suavemente hasta que quedó recostado sobre los cojines de mi cama.
Ahora tenía una vista perfecta de él, tumbado en mi cama, iluminado por la luz que se colaba por la ventana, con una sonrisa en sus labios y la mirada llena de deseo y amor.
Su enorme miembro enmarcado por las venas claramente visibles se contraía de forma rítmica, al compás de la agitada respiración de su dueño. Me reclamaba y no quería hacerle esperar mucho más, no podía.
Inclinándome hacia él acaricié la piel del interior de su muslo, deslizando la mano poco a poco hacia arriba mientras subía de nuevo a la cama apoyando lentamente mis rodillas a cada lado de su cuerpo y quedando a horcajadas sobre él.
Valkyon apoyó sus manos en mi cadera, invitándome a aproximarme más, a lo que accedí gustosa hasta quedar sentada sobre su miembro mientras le observaba en silencio. Entonces comencé a moverme sobre él, rozando con mi entrepierna la suya en toda su longitud, haciendo que la habitación se llenara de jadeos y gemidos que no podíamos contener. Ya no quería esperar más a sentirlo dentro de mí.
Elevé un poco mis caderas liberando su pene de mi presión, que se erigió perfectamente en dirección a la entrada de mi vagina y sin más dilación hice que se encontraran bajando mis caderas en cuanto sentí su glande.
El profundo y sensual gemido que surgió de ambos llenó la silenciosa habitación. Las enormes manos de Valkyon se hincaron en mi trasero mientras sentía su miembro caliente y palpitante dentro de mí, llenándome por completo, rozando cada milímetro de mi interior de forma deliciosa.
En seguida me incliné hacia él en busca de su boca apoyando una mano sobre los cojines y otra en su pecho, justo sobre su corazón, que latía desbocado bajo mis dedos. Sus manos apretaron más mi trasero elevándolo ligeramente y bajándolo después, mientras conseguía el roce de su pubis en mi clítoris, provocando así un intenso cosquilleo en mi vientre.
Subía y bajaba con lentitud aunque las manos de mi compañero pellizcando mi trasero y sus profundas estocadas me pedían más. Sonreí entre sus labios y su lengua volvió a aventurarse en mi boca, lamiendo mis labios, dejándose besar por ellos con la misma calma que mis movimientos.
Su inquietud iba en aumento, sus gemidos se oían más fuertes, sabía perfectamente que deseaba dejar salir su lado salvaje, pero aun así se estaba dejando castigar, disfrutando de mis movimientos, mis caricias y mis labios.
De repente Valkyon abandonó mis nalgas y apoyándose en la cama se incorporó quedando sentado, cara a cara, lo que nos dio la oportunidad de abrazarnos y mirarnos mientras seguía moviendo mi cadera en círculos. Él volvía a sujetar mi culo con una de sus manos continuando el ritmo de mi vaivén, me acercaba hacia él al máximo y notaba su miembro tocar los límites, cada vez más fuerte, más profundo, mientras callábamos nuestro placer con nuestras bocas.
Ambos estábamos a punto de corrernos, pero nos detuvimos a la vez mientras nos mirábamos a los ojos jadeantes y entonces las caricias se volvieron tiernas por unos instantes.
- Mystika - susurró roncamente mientras retiraba un mechón húmedo de mi rostro. - Te amo.
- Y yo a ti Valkyon - aseguré depositando un dulce beso sobre sus labios.
Entonces volví a mover mis caderas despacio, abrazando su espalda, sintiendo el aroma del jabón de su piel mezclado con un ligero olor a sudor dulce provocado por nuestro ejercicio. Él seguía atrayéndome hacia él de forma rítmica mientras ambos besábamos cada centímetro de piel a nuestro alcance hasta volver a juntar nuestros labios.
Los gemidos apenas acallados por nuestras bocas resonaron alrededor, las piernas comenzaron a temblarme y el cosquilleo que sentía en mi vientre se intensificaba por segundos.
De repente Valkyon abandonó mis labios y escondiendo su cara entre mi cuello y mi pelo, me abrazó más fuerte. Entonces sentí como su miembro se contraía con fuerza, provocando en mí un intenso orgasmo mientras mordía con cuidado su cuello para acallar mis gritos, igual que intentaba él.
Mi vagina se contrajo con fuerza sobre su pene durante un rato mientras él respondía de la misma forma, llenándome por completo y provocándome un placer inigualable.
Nuestros cuerpos empezaron a relajarse, abrazados, jadeantes y cubiertos de un sudor ligero que nos proferían un olor especial, el de los amantes.
Comenzamos a acariciarnos con cariño de forma automática, a peinar nuestros cabellos con los dedos, a besar con dulzura la piel a nuestro alcance, hasta que él separó su cara de mi clavícula, haciendo que yo también abandonara su piel para mirarle a los ojos. Aunque en ellos hubiera desaparecido parte del deseo de hace unos minutos, se había sustituido por amor.
Acaricié su rostro en silencio, no necesitábamos decirnos nada más. Valkyon su tumbó en la cama llevándome con él y se giró para quedar ambos sobre la cama, aún unidos. Una de mis piernas seguía sobre su cadera y sus brazos no habían dejado de rodearme, así que aproveché para acurrucarme en su pecho.
El calor de su pecho y sus latidos me relajaban. Su presencia y saberlo mío me tranquilizaba, pues ya éramos el uno para el otro y no había marcha atrás, no había nadie que lo impidiera.
Valkyon cogió aire con fuerzas y lo soltó poco a poco abrazándome más fuerte aún, como si intentara impedir que desapareciera de su lado. Sabía que pensaba y sentía lo mismo que yo en esos momentos. Estaba segura de sus sentimientos y él de los míos.
Volví a separar mi cabeza de su pecho y besé sus labios, ya los echaba de menos, tan dulces y asombrosamente suaves. Él correspondió gustoso acariciando mi espalda lentamente, dibujando cada vértebra de ésta. El ritmo de los besos fue poco a poco en aumento, como si no pudiéramos controlarnos.
Y sin esperarlo, noté su miembro crecer de nuevo aún dentro de mí.
- Creo que debemos que recuperar el tiempo perdido - susurró Valkyon en mi oído.
- Sí, yo también lo creo - contesté para luego volver a besarle con una sonrisa en los labios.
Sus manos volvieron a mis caderas para moverlas muy suavemente al ritmo de las suyas. Se incorporó en un rápido movimiento quedando sobre mí, entre mis piernas, apoyado sobre sus antebrazos en la cama y su cabello de nuevo cayéndose los lados de mi cara, como si fuesen una cortina que nos escondía del mundo exterior.
Aunque lentas, sus embestidas eran profundas. Mis manos se perdían por cada rincón de su piel, acariciando y pellizcando, agarrando su trasero para invitarle con ahínco, aunque no lo necesitara.
Sus ojos me escrutaban con deleite mientras observaban el placer reflejado en mi rostro. Un placer que jamás había experimentado con nadie, un placer mezclado con un amor incondicional por parte de ambos.
Llevé mis manos a su nuca y le miré unos segundos pensando en la suerte que tenía de estar ahora mismo con él.
Sí, al fin juntos...
CONTINUARÁ
