Espero que les guste y les deseo el mejor de los días, además de un buen mes de diciembre. Todo mi aprecio y mis cariños para quienes lean, comenten o simplemente pasen de visita.
~ Capítulo 44: Fiesta de cumpleaños II
El profesor Snape sabía que dormía a su lado, pero afrontaba una de las peores pesadillas que había vivido jamás. Sudaba frío y se revolvía en la cama, tenía lágrimas en su rostro. Debía ser otra de esas pesadillas con Lily. ¿Qué otra cosa podría ser?
Saltó de pronto en la cama, sentándose y mirándome, tratando de regularizar su respiración y parpadeando las lágrimas hasta secarlas. Nunca se había sentido de esa manera, tener que revivir la sensación de mirar fijamente a mi cuerpo sin vida, de la misma forma que había ocurrido con Evans.
Dormir era una actividad que no podía permitirse nunca más o al menos hasta que todos los problemas que amenazaran lo que más amaba, terminaran.
Sí, él me amaba.
Su dedo pulgar acarició mis labios con extremo cuidado de no despertarme, intentando memorizar los rasgos que sus labios ya conocían con anticipación. Su mirada sobre mí, con una inocencia que seguro no había tenido jamás y acompañando a una sincera sonrisa, haciéndolo lucir casi infantil.
Ahora era el tiempo para ver una faceta totalmente nueva, expresar sentimientos que no había podido sentir, bajo tanta presión y angustia. Débiles palabras que sonaban como:
"No permitiré que vuelva a pasar. Si algo bueno sucede al cometer un error, es que se puede aprender de ello y no cometerlos por segunda vez. No morirás mientras yo pueda hacer algo para revertirlo. Mientras seas... mía."
Besó mi frente un par de veces, ya amanecía y tenía que despertar o me perdería el desayuno. Pociones y defensa contra las artes oscuras, necesitaba estar realmente preparada y luego después de un coma tan prolongado.
- Buenos días. - sonreí, pero había algo diferente en su mirar. Aunque ya no hubiese lágrimas o rastros de sus pesadillas. - ¿Te sientes bien, Severus?
- Perfectamente... - me sonrió sin disimulo. - pero sé de una bruja que llegará tarde al desayuno y también a su clase de defensa contra las artes oscuras.
Me empujé lo más fuerte que pude, pero Severus ya estaba de pie e inclinándose para sostenerme entre sus brazos, lo que me obligó a arrojar mis manos sobre su cuello y gemir de miedo ante la sorpresa que me había dado. Su risa de triunfo se escuchaba por todo el despacho, de camino al baño. Cerró la puerta tras dejarme en la tina e ignorando mis quejas.
Al encontrarme tan presentable como me era posible, con todas mis limitaciones gracias al maleficio, el profesor Snape empujaba la silla de ruedas y no dejábamos de causar gran impresión en todos quienes nos miraran. No sabía decir si debido a mi impedimento físico o si se debía al matrimonio entre un estudiante y un profesor.
Ron no demoró en abordarme tras sentarme en mi lugar junto a mis viejos amigos. Neville leía el correo y al parecer, su abuela no paraba de preguntarle sobre la fecha en el que tanto él como Hannah, concebirían un hijo. Las orejas de Neville estaban tan coloradas como un tomate. Lavander y Ronald, tras reír un poco, ya habían tomado una decisión sobre la fiesta de cumpleaños de Rose.
- Lamentablemente no podré estar en su fiesta. - dijo Lavander con tristeza. - mi padre ha estado un poco enfermo y necesito ir a casa por unos días. La fiesta debería continuar siendo en la madriguera y estoy segura de que Ron y tú, crearán un tema y una decoración perfecta.
Me pregunté si Severus querría volver a la madriguera o si seríamos bien recibidos, tras todo lo que había ocurrido en el pasado. Además, ¿acaso Ron y yo, podríamos estar de acuerdo en alguna cosa?
SSHG
La clase había terminado sin mayor novedad mientras Lavander y yo, anotábamos ideas para la fiesta en un viejo sobrante de pergamino, durante los descuidos del profesor Kingsley. Me sentía realmente entusiasmada con la fiesta y esperaba que Severus no pusiera muchas objeciones.
Mi siguiente clase era pociones y podríamos discutirlo, mientras recibía mi lección en la comodidad de su laboratorio privado.
Al volver al despacho, el profesor Snape no estaba dentro y tras servirme un vaso de jugo de naranja y beber un par de sorbos, escuché un fuerte golpe y me di cuenta de que Severus estaba realmente molesto y arrojando la puerta de mala gana.
- ¡No puedo creer que Minerva no me permitiera castigarlos! - vociferó mientras tomaba un vaso y servía el mismo jugo, derramando un poco sobre la mesa. Sus manos temblaban violentamente y me dije que quizá no podríamos hablar de la fiesta.
- ¿Qué sucede? - me atreví a preguntar y el profesor pensó por unos minutos, intentado volver a recuperar su usual frialdad y calma.
- ¡Dos estudiantes se atrevieron a hablar de mi vida privada! - El profesor se encontraba fuera de sus casillas, así que traté de ir al grano y hacer las preguntas adecuadas.
- ¿Y qué fue lo que dijeron exactamente?
- Se preguntaban qué se sentiría ser un profesor y poder cogerse a una estudiante. ¡Hablaban sobre nuestra vida sexual, intentando descifrar si le parecía repulsivo o si estaba lo suficientemente loca como para encontrarme algún atractivo! Intenté castigarlos, pero Minerva no estuvo de acuerdo. Un estudiante de Gryffindor y uno de Ravenclaw, cuarto año.
Me encogí de hombros y me imaginé que nuestro matrimonio había pasado mucho sin una crítica. Severus dejó nuestros vasos en el fregadero y nuevamente sin previo aviso, me alzó entre sus brazos y me sentó en uno de los pequeños bancos de su laboratorio, abriendo un pesado libro frente a nosotros.
- No deberías tomarlos en cuenta, tú mismo lo dijiste. No te preocupes, que digan lo que se les antoje. - respondí mientras intentaba tomar notas sobre el capítulo. Pociones de nivel experto. - yo sé que vivo con un magnífico hombre, con un muy buen desempeño en la cama y no tengo nada para quejarme
Severus se encontraba de brazos cruzados y ruborizado a todo dar. Aunque mis palabras parecían funcionar y disminuía su enfado en gran medida.
- Eres un esposo maravilloso, además de un padrastro excepcional. Rose te adora y al final, su opinión es la que cuenta. Es mi hija y si ella te aprueba, es más que perfecto.
El profesor intentó encontrar otra razón para quejarse, pero mi sonrisa pareció ser suficiente para convencerlo. Sostuve su rostro entre mis manos y planté un gran beso en sus labios, acariciando la punta de su nariz con la mía.
Apreciaba el hecho de que intentara defender a su esposa y tras nuestra conversación, la clase transcurrió con una normalidad a la que no estaba acostumbrada y encontraba muy placentera. Reímos con chistes, nos detuvimos por unos bocadillos, nos acurrucamos o besamos según fuese el caso.
Me imaginaba lo que pensarían los estudiantes de vernos y no pude evitar reír por lo bajo. Quizá tenían un poco de razón.
Creí que ya era el momento de hablar y llenándome de valor, di una honda respiración y me preparé para comentarle sobre los planes de la fiesta.
- ¿En la madriguera? - repitió como un eco y mientras que yo asentía suavemente. - ¿Y sin la señora Weasley? Quiero decir, Lavander Brown...
- Pues sí, no creo que suceda algo malo. Al fin de cuentas, es el cumpleaños de Rose y Ronald debería saber cómo comportarse.
- ¿Y seremos bien recibidos, aún después de todo lo sucedido en navidad?
- También me preocupa, pero soy su madre y tengo el mismo derecho de celebrar el cumpleaños de mi hija. Y si Ron decide que será en la madriguera, no tengo más opción.
SSHG
Después de nuestra clase de pociones, decidí tomarme el consejo del profesor Snape y comenzar a rediseñar el cuarto donde solía dormir. Trataba de descubrir qué tema Rose apreciaría más, pero no podía decidir si debía repetir el tema del zoológico o un laboratorio de pociones.
Pensaba en la mejor pintura para la habitación, para el momento en el que Severus entraba en la habitación y observaba lo que hacía, con una expresión de concentración. Había estado moviendo los muebles de un lado al otro y haciendo dibujos en un pergamino, para utilizar el espacio de manera adecuada.
Sentí sus brazos a mí alrededor mientras miraba la habitación cubierta de sábanas blancas para proteger los muebles y el suelo.
- Creo que podremos pagar todo. - dije con una sonrisa y mientras el profesor miraba la lista de compras.
- Los duendes tienen mucha idea del color. Conocen el arco iris y todas esas ridículas historias sobre las ollas de oro al final del recorrido. Aunque muy pocos saben que son realmente celosos con sus ollas de oro y violentos. Además de tramposos...
- ¿Y qué hay de la pintura?
- Hay que cuidarse de sus trucos. El chiste es pagarla al precio adecuado.
- ¿Y los muebles?
- Los centauros son buenos albañiles. Sus fuertes cascos son capaces de tallar la madera y son piezas exclusivas. Del resto, puedo encargarme yo...
Asentí muy contenta, mientras Severus besaba mi cuello con dulzura. Tomó el pergamino de mis manos y comenzó a dibujar unos ajustes, mientras estábamos sentados en el sofá. Sus ideas eran realmente buenas y no podía esperar para materializarla en algo real.
- Eso nos deja... el regalo de cumpleaños de Rose y su fiesta. Ella desea unicornios y cebras, pero no creo que exista algún objeto que pueda combinar ambas cosas.
- Los niños a esa edad, casi nunca saben lo que quieren exactamente. Aunque quizá haya una forma para utilizar su idea en algo original.
- ¡Un Safari! - dije con una sonrisa. - Hagrid podría ayudarnos con las criaturas. La profesora McGonagall podría transfigurar objetos en animales.
- Realmente dudo que Minerva sea capaz de seguirle el paso a niños de cuatro años en adelante, pero quizá me equivoque.
No pude evitar reír y me pregunté si necesitaba el permiso de Severus, nuevamente, para visitar Hogsmeade y encontrar un regalo de cumpleaños para ella.
- ¿Ya es seguro volver a Hogsmeade? - dije y Severus se cruzó de brazos, negando con la cabeza.
- Nunca se sabe pero no creo que ocurra alguna cosa, mientras estemos juntos.
El profesor Snape pareció dudar por unos segundos y me preocupó que alguno malo estuviera pasando. El estrés de Severus, siempre era evidente y no podía mentirme.
- ¿Qué es lo que te preocupa?
Trató de evitar mi mirada, pero no desistiría hasta que se sincerara y aprendiera que podía confiar en mí.
- Me preocupa... que puedan reconocerme. Hacerte daño.
- Severus, ya no eres el mismo hombre que fuiste hace cuatro años o más. No tienes nada de qué preocuparte. - sonreí, mientras acariciaba uno de sus hombros con dulzura. - yo confío en ti y sé que el ministerio confiará en ti, después del interrogatorio.
Por unos instantes, el profesor se vio motivado a confesarme su plan para detener el maleficio, perdiendo la fuerza para continuar y simplemente guardando silencio y desviando la vista.
- Anoche... tuve un sueño. - dijo en voz baja, sosteniendo mis manos entre las suyas. - temo repetir los mismos errores, perderte de la misma forma que perdí a Evans.
Eso había sido aquello que había notado durante la mañana. El fantasma de lágrimas que intentaba ocultarme, pero que resultaban más que obvias. Estaba aprendiendo a conocer a mi esposo y algunos detalles, ya sabía cómo percibirlos.
- Todo estará bien, no me perderás. Ya tienes un plan, supongo, así que sólo falta que lo ejecutes.
Severus sabía que sonaba más sencillo que hacerlo, pero no sabía qué más decir, si no tenía ni la más mínima idea de su plan para solucionar mi problema.
- Me quedaré a tu lado, te lo prometo. - sonreí mientras sostenía su rostro entre mis manos, nuevamente, besando sus labios con gran pasión.
SSHG
Tras las clases, teníamos el suficiente tiempo libre como para planificar una visita a Hogsmeade. Quería comenzar con la pintura de la habitación y diseñar un gran laboratorio de pociones, con un mural especialmente dibujado para ella. No tenía gran habilidad para dibujar, pero estaba segura de que Severus me brindaría la ayuda que necesitara y me permitiría disfrutar del amargado y hosco profesor de pociones, pintando una habitación para una niña de cuatro años y medio.
- Quiero que las luces en su habitación, sean brillantes llamas de colores en frascos de vidrio. Que cuelguen del tejado. Repisas para colocar todos los implementos, animales en frascos. Aunque de eso no estoy tan segura, creo que es un poco cruel. - enumeré los detalles mientras el profesor y yo, nos dirigíamos a la chimenea. Sonreía ante el plan que tenía armado en mi cabeza.
- Qué bueno que no tenemos un bebé... - dijo a modo de chiste y antes de que pudiera quejarme, nos vimos consumidos por las llamas.
No queríamos llamar la atención, así que Severus había decidido utilizar la chimenea de la escuela, para luego des encoger la silla de ruedas y para que yo pudiera usarla.
- Entonces, dejaremos los muebles y la pintura por encargo y nos dedicaremos a encontrar un obsequio. Aunque en verdad dudo que podamos superar, los regalos de navidad.
- Soy terrible para las compras, así que yo me encargaré de la habitación y tú te encargarás de los obsequios. - me informó mientras tomaba mi lista para la habitación perfecta.
- ¿Estará bien si me quedo sola, en la reconstruida tienda de juguetes? - no podía negarme, pero los recuerdos me erizaban la piel.
El profesor pareció dudar por unos minutos y me di cuenta de que los recuerdos también le hacían pensar que quizá no era tan buena idea. ¿Cuántas probabilidades había de que volviera a repetirse el mismo incidente, del cual había sido víctima y donde casi había perdido la vida?
- No debería tomar mucho tiempo. - dijo tras un gran momento de reflexión. - Y si algo ocurre... - se inclinó hasta estar a mí altura, sosteniendo mi mano derecha y junto con mi varita. - demuestra tú espíritu Gryffindor.
Se marchó tras besar mi frente y acordar que nos encontraríamos en el Caldero Chorreante, tras terminar con nuestras respectivas listas. Si quería planificar un safari mágico, necesitaba muchas cosas y visitar Gringotts para obtenerlas. Al menos, el dinero necesario.
- Creo que quizá debería preguntarle a Ron primero, antes de que Hagrid se aparezca con un dragón en la madriguera o algo. - sonreí y sin poderlo evitar, mientras empujaba mi silla de ruedas y de camino al banco mágico. Aún y después de tanto tiempo, continuaba en reparación y un gran vacío, al no ver a un enorme dragón sobre el tejado.
Me pregunté si tomaría mucho tiempo, el conseguir el dinero, debido a las bajas que el banco había tenido y el cambio de personal. La decoración era casi la misma y los trabajadores quizá también, aunque no podría decirlo con certeza.
- Si está casada, debe declarar para qué utilizará el dinero. Política del ministerio de magia. - me dijeron en un gruñido y dejé escapar un chasquido con mi lengua.
Como fuera, escribiría cualquier tontería en el pergamino y no habría problema. Redacté que necesitaba dinero para amueblar una habitación infantil y no mentía al respecto, aunque no dijera para qué clase de niño lo estaba haciendo. También escribí que compraría un par de juguetes con el mismo fin.
Supuse que el profesor escribiría lo mismo, de necesitar dinero o dejar los muebles por encargo. Esperaba que no tuviera problemas con la pintura, me preocupaba las historias sobre los duendes y las ollas de oro, el arco iris.
Mi cámara no había sido abierta tras mis cuatro años de coma y me causó curiosidad que Ronald no me hubiese pedido dinero para la manutención de Rose. Me imaginé que no habíamos tenido tiempo de discutirlo.
No quería vaciar la cámara, Severus tenía razón y dependíamos de su salario y no deseaba volver a casa y pedirles dinero a mis padres. Sería realmente vergonzoso, después de haberles borrado sus mentes.
- Con un par de bolsas debería bastar. - me dije a mí misma, cargando pequeñas bolsas de cuero y llenas de galeones. - ¿cuánto podría costar?
No creía poder encontrar cebras en el callejón Diagon, pero sí podía encontrar algo relacionado con unicornios. Eran realmente raros, pero quizá tendría suerte.
- Aquí hay muñecos de felpa que el niño puede nombrar y son casi reales, jugará con su hija y como si estuviera vivo.
- ¿Y cómo se detiene?
- Simplemente aplaudiendo. - dijo el hombre dentro de la juguetería y sonreí al ver a un oso de felpa, seguirme y bailar mientras reproducía una canción infantil, mágicamente. Jalaba las faldas de mi túnica y esperaba que bailara con él o ella.
- Lo siento, amiguito, pero no puedo caminar.
El oso de felpa me miró atentamente y como si intentara comprender lo que le decía, lo que me pareció imposible. Dejó de reproducir música ante mi negativa de bailar y comenzó a brillar con suaves luces de colores que brotaban de sus ojos e iluminaban el suelo a nuestros pies.
- Está diseñado para calmar el llanto de los bebés, con luces suaves y sonidos para arrullar. Es mercancía nueva y estoy seguro de que su hija de cuatro años lo amará. Es adaptable a la edad del niño en cuestión, puede seguirle los pasos hasta al niño más travieso. Eso sí, no les gusta mojarse y tampoco los juegos bruscos. Si el niño es muy destructivo, el muñeco de felpa simplemente romperá el encantamiento y se convertirá en un juguete cualquiera.
La magia nunca dejaba de sorprenderme y me dije a mí misma que Rose lo amaría. Un muñeco de felpa que pudiera responder cuando dijera su nombre y seguirle los pasos, jugar con ella. Quizá era un poco perturbador, pero no lo sabría sino hasta comprarlo.
- ¿Tiene otras criaturas?
- Hipogrifos... creo que hay un unicornio, aunque ese es mucho más especial y hace cosas realmente distintas al resto.
- Estoy dispuesta a pagar lo que sea.
Por Rose era capaz de lo que fuera, pagar la cantidad más desorbitante que pudiera imaginar.
