LIII.

Una vez más.

Katarina llegó al campamento con la última luz del día. Las fogatas y antorchas estaban ya encendidas, los soldados se turnaban para comer y preparar sus respectivos turnos de guardia, otros ya descansaban en sus tiendas. Fue directamente hacia la tienda de su hermana ignorando los escuetos saludos que le dedicaban sus hombres y entró sin siquiera molestarse en saludar al sanador que colocaba compresas sobre la frente de Cassiopeia.

La pelirroja se dejó caer cual larga era sobre la silla y observó al hombre trabajar hasta que terminó, tampoco reparó en la mercenaria shurimana que comía en una esquina. Sus ojos se encontraron un par de veces, pero ninguna era de muchas palabras y tampoco sentían que tenían nada que decirse, más allá de Cassiopeia no habían una sola cosa en común entre ambas mujeres.

—La señorita dormirá unas horas más, no se preocupe si habla o se mueve. Es común para los magos cuando tienen sueños muy vívidos…

Dijo el sanador a Sivir mientras recogía los trozos de tela y el recipiente con agua tibia.

—General…

Katarina hizo una mueca y luego lo despachó con un movimiento de muñeca.

Los minutos que siguieron los invirtió observando el rostro de su hermana a la luz de la lámpara, sus pupilas solo se movieron al ver como la mercenaria subía a la cama junto a Cassiopeia y se estiraba. Casi de inmediato la larga cola esmeralda de Cassiopeia fue enredándose entre su torso y piernas hasta que la mujer quedó completamente atrapada, pero si a Sivir le molestaba nada en su rostro lo reveló.

De hecho, casi parecía que para la mercenaria la presencia de su hermana era reconfortante.

—Si despierta esta noche, que vaya alguien a buscarme.

Con eso Katarina se levantó y abandonó la tienda con el propósito de regresar a su habitación. Incluso si había revisado que Luxanna estuviere bien luego de comer no podía sacudirse la sensación de que le estrujaban el pecho.

—General.

— ¿Qué pasa? – contestó Katarina de mal humor.

—Esperan por usted en la sala de guerra – informó el soldado a la vez que le ofrecía una bolsa de cuero con ambas manos.

Katarina hizo una mueca, tomó la bolsa e hizo una seña para darle a entender que continuara con sus labores regulares.

A la asesina no le hacía la menor gracia tener que aplazar sus planes, pero el peso del anillo que llevaba en su mano lo volvía inevitable.

Caminó por los pasillos de la Liga con zancadas largas y no se detuvo hasta que llegó a la sala que habían establecido como sala de guerra. Abrió la puerta de par en par y entró observando como la agitada conversación se pausaba para que tomara asiento.

Ashe le miró antes de continuar con su reporte de bajas y heridos, luego lo hizo la demaciana y finalmente fue el turno de Katarina. Según los cálculos que hacían por lo menos un tercio de sus fuerzas había muerto o no estaba en condiciones de seguir luchando, los magos humanos aún no reaccionaban y solo Diana había despertado de los aspectos. Cassiopeia también estaba fuera de combate, así que la reina de Freljord proponía un plazo máximo de dos noches para intentar sellar la grieta nuevamente, pero los mercenarios de aguas turbias y los piltoverianos no estaban de acuerdo, los primeros porque deseaban una compensación extra y los segundos porque sus máquinas hextech habían sufrido daños considerables.

—Dos noches. Es todo lo que podemos permitirnos, es mejor que descansemos. cCnfío que Sejuani y los demás podrán organizar todo en el campamento de la montaña.

Con esas palabras Ashe dio por terminada la reunión y la gente comenzó a irse. Katarina fue una de las primeras en levantarse, pero la arquera freljordiana era rápida y apareció a su lado en segundos para cerrarle el paso mientras esperaba que los demás abandonaran la sala. La noxiana entendió que deseaba hablar en privado así que se dejó caer en la silla más cercana y esperó, con cara de pocos amigos, que estuvieran a solas.

Cuando tuvieron la privacidad que Ashe necesitaba, la arquera se acercó a Katarina y esperó que esta levantara la vista de la mesa hasta sus ojos.

— ¿Qué? – gruñó la asesina cruzándose de brazos.

—Mi gente aprecia un líder que no se esconde detrás de sus soldados y lucha a su lado. También Sejuani, pero es demasiado orgullosa para decírselo.

Katarina frunció las cejas, entre disgustada y confundida. ¿A qué venia ese comentario por parte de Ashe?.

—Escuche, Katarina. Cuando hayamos cerrado la grieta, es seguro que Noxus intentará retomar el control de las tierras cercanas a la fortaleza y me gustaría hacerle una mejor oferta.

— ¿Oferta? ¿Quiere negociar con tierras que le pertenecen a Noxus?

—No. Quiero negociar un tratado de paz.

Ashe tomó el cuchillo que había recogido del campo de batalla y lo colocó sobre la mesa justo frente a Katarina que siguió cada movimiento suyo con mirada atenta.

—Piénselo.

La arquera abandonó la habitación dejando la puerta doble abierta. Aunque sabía que Katarina no tenía la autoridad para decidir por sí sola, sospechaba que podía tener la cantidad de influencia necesaria para conseguirle una audiencia con el nuevo Gran General noxiano, después de todo fue ella quién le entregó el trono. Seguramente Sejuani y el resto de su gente no se molestarían en considerar el asunto porque estaban todos ocupados con la guerra que se traían entre manos, pero precisamente por eso recaía en ella pensar un poquito más allá.

La asesina, por su parte, tomó el chuchillo y salió de la habitación sin tener la menor intención de caer en el juego de Ashe, Noxus no necesitaba hacer tratados de paz con debiluchos como los freljoridanos. Al menos no ahora, no cuando Jericho hubiere empezado a restaurar la gloría del Imperio.

Katarina no llegó demasiado lejos, a solo un par de metros escuchó la calmada voz de Nami llamar su nombre y se detuvo cruzándose de brazos para esperar que le diera alcance.

— ¿Está bien? – preguntó Nami al ver la mala cara que lucía la asesina y creyendo que podía estar herida.

—Estoy bien.

Nami sabía que Katarina tenía muy poca paciencia así que decidió no perder tiempo con formalismos ya que además debía regresar a cuidar de los heridos más graves. Sacó un paquete y se lo tendió a Katarina que lo tomó sin perder tiempo.

—Es para Luxanna – dijo la Marai observando como las facciones de la asesina se suavizaban al mencionar a la rubia —. Debe comerlo todo, no tiene buen sabor pero le ayudará para recuperar energía.

Como siempre, Katarina se despidió con un leve asentimiento y regresó a su habitación.

Al abrir la puerta, Katarina vio como Chispa tenía las patas sobre la cama y estuvo a punto de gritarle porque seguía detestando encontrar pelo de gato entre sus cobijas, pero vio que el enorme felino intentaba mantener a Luxanna en cama.

— ¿Qué haces? – preguntó la noxiana mientras la obligaba a recostarse.

—No sabía dónde estabas.

Respondió Lux mirando a su asesina con esos bonitos, y muy cansados, ojos azules que tanto adoraba Katarina.

Chispa regresó a su cojín luego de sobarse un par de veces contra la pantorrilla de Katarina. Al parecer, también la lince se alegraba de que hubiera regresado en el momento justo.

—Tenía asuntos que atender. ¿Cómo te sientes?

—Agotada… tengo sueño.

Katarina sonrió. Era raro, pero para Luxanna fue una señal de alivio y se corrió un poco dejando espació para que Katarina se acostara a su lado. Sin embargo, la asesina no lo hizo, sino que sacó algo del bolsillo de su chaqueta y lo llevó a su boca. Lux le miró intrigada durante unos segundos, luego fijó la vista en la pasta que le ofrecía y entreabrió los labios.

Con el primer mordisco Luxanna sintió ganas de vomitar. Frunció las cejas e intentó alejarse, era un sabor demasiado amargo y penetrante. Ni siquiera había tragado y el estómago ya se le estrujaba; Katarina notó de inmediato como pretendía escupir el trozo que había mordido y colocó su mano sobre su boca obligándola a tragar.

Lux la miró resentida, pero cuando Katarina alejó su mano y le acercó de nuevo la pasta, Luxanna suspiró resignada y terminó de comerse la horrible medicina en silencio. A fin de cuenta, el primer bocado fue terrible pero los que siguieron ya no eran tan malos.

—Ya, acuéstate…

Pidió Lux mientras Katarina la miraba sin dar la menor señal de meterse en la cama. Al ver la falta de reacción de la pelirroja, Luxanna la tomó del cuello de su chaqueta para traerla hacia ella y agradeció a los dioses que la noxiana no opusiera resistencia, pues apenas tenía fuerza para mantenerse sentada.

—Ven

Repitió acomodando a Katarina sobre ella.

Katarina sonrió y se mantuvo sobre Luxanna recargando su peso en sus brazos para evitar que la rubia tuviera que cargar con ella.

Lux no tardó en adormecerse y Katarina escapo de su abrazó una vez que la joven maga estuvo profundamente dormida. La asesina encendió una vela y se cambió en silencio, con movimientos controlados y silenciosos.

Las palabras de Ashe le daban vueltas en la cabeza. ¿De verdad era posible que los freljordianos se convirtieran en una amenaza seria para el imperio?. Hasta ese momento, Katarina había evitado pensar en las circunstancias de su gente y tanto Riven como Cassiopeia se negaban a hablar largo y tendido sobre la grieta de Noxus.

A ciencia cierta, lo único que Katarina sabía es que habían tenido un considerable número de bajas, en especial magos que su hermana había drenado hasta el punto en que apenas podían caminar. La infantería había fracasado en mantener la línea y los insectos habían matado la mayoría de soldados. De hecho, haber cerrado la fisura había sido más bien una cuestión de suerte; aun así, las dos mujeres le aseguraron que Noxus estaba más fuerte que nunca, pero la asesina ya no estaba tan segura.

Katarina no quiso pensar más en ese asunto, terminó de cambiarse y tiró su ropa y trozos de armadura sobre la mesa. Luego, se agachó un momento para contemplar como Chispa dormía y estiró la mano para hacerle un cariño. Regresó a la cama y se acomodó al lado de su mujer para tomar su merecido descanso.

La noche transcurrió tranquila, ni Lux, ni Katarina ni siquiera Chispa habían sentido un descanso tan placentero como aquel desde que habían empezado a luchar contra la invasión del vació. No obstante, cuando apenas despuntaba la madrugada el sueño reparador de Katarina fue interrumpido por la estampida de botas que pasaban a toda prisa por el corredor.

Un recuerdo raro afloró en su mente. Aquella vez que había asesinado un comandante demaciano, sus hombres habían despertado a media madrugada y dado la alarma mientras corrían a medio vestir entre las tiendas. Ella sonreía burlona porque los imbéciles perseguían una sombra, en tanto ella los observaba desde una distancia segura mientras limpiaba muy tranquila la sangre de sus dagas.

Katarina se levantó de un brincó, miró como Chispa llegaba al lado de la cama en segundos y mostraba los colmillos en dirección a la puerta. La asesina se vistió a toda prisa, miró un par de veces a Lux que seguía sin dar la menor señal de despertar y cuando terminó de colocarse las botas. Se acercó solo un segundo a la cama para darle un beso en la frente antes de abrir la puerta y salir.

Una vez en el corredor, Katarina empezó a correr en dirección a la plataforma y nada más llegar se topó con Riven y Ahri que pujaban por estar en el siguiente grupo que sería enviado a la avanzada de montaña.

— ¿Qué demonios pasó? – preguntó al llegar al lado de Riven.

—No lo sé.

— ¿Luxanna? – quiso saber Ahri.

—Dormida.

Acto seguido, Katarina tomó el brazo de Riven quién alcanzó a sujetar a Ahri antes de sentir una horrible sensación de mareo y nauseas. Cuando aparecieron, Riven tuvo que taparse la boca para evitar vomitar allí en medio de la plataforma que ya comenzaba a brillar.

Una vez del otro lado, las tres mujeres vieron una escena bastante extraña: había soldados suspendidos en el aire, como si estuvieran durmiendo y otros tantos luchando con algún tipo de criatura invisible, solo algunos pocos tenían insectos como rivales. Y, lo peor, nadie parecía tener al menor idea de que ocurría.

De hecho, los recién llegados se quedaron perplejos sin saber que hacer hasta que de la nada, algo levantó por la cintura a un arquero y lo elevó varios metros sobre el suelo alejándolo rápidamente de la plataforma. Entonces, Katarina lanzó ambas dagas hacía uno de sus hombres que estaba suspendido de cabeza y las vio clavarse en algo, una sustancia gelatinosa y transparente. Sin pensarlo, se transportó y comprobó que lo que estuviere atrapando a los solados no era invisible, pero si lograba camuflarse bastante bien.

Riven siguió su ejemplo, tomó su enorme espada rúnica y activó la hoja abanicando varias veces mientras lanzaba ráfagas de energía que cortaron sin problemas la sustancia. También Ahri uso su fuego mágico para liberar un par de hombres. Los demás, las siguieron y el grupo que llegó detrás de ellas no perdió tiempo en empezar a cortar las áreas cercanas para liberar a tantos como pudieran.

Katarina, entre tanto, uso su shumpo para llegar al lado de Ashe quien disparaba sus flechas heladas contra una formación mucho más densa y resistente.

— ¿Qué demonios está pasando?

—No sé qué tipo de criatura es esta, pero el núcleo está protegido. Mis flechas encantadas no causan el daño suficiente…

De repente Ashe dejó de disparar y miró alrededor de Katarina, frunció ambas cejas y sus azules ojos se posaron sobre los verdes de Katarina; la asesina supo de inmediato lo que buscaba, o más bien, a quién buscaba.

—No.

Respondió tomando ambas dagas y lanzándolas al capullo. Ashe no discutió y continuó atacando.

Al cabo de algunos segundos, Katarina sintió como algo viscoso se deslizaba por su cintura, sin dudarlo clavó ambas dagas en el capullo y tomó u par de chuchillos para cortar con un movimiento de tijera el apéndice. Observó el trozo caer al suelo a medida que iba haciéndose claramente visible, el trozo de carne púrpura se retorció un par de veces y Katarina tuvo que apartar la vista del suelo cuando sintió otros dos enredársele en las piernas.

—General – gritó Riven llegando a su lado en segundos y liberando los brazos de Ashe.

—Destruye esa cosa – fue la respuesta de Katarina que seguía cortando todos los apéndices que ya se le estaban enredando por todo el cuerpo.

Riven obedeció, lanzó dos poderosas ráfagas de energía que lograron destruir la primera capa de protección del capullo. Riven esperaba encontrar una segunda capa de tejido, o quizá una grotesca criatura que saltaría para intentar matarla o hacerla pedazos, pero, su cara de sorpresa reveló que nada la hubiera preparado para lo que vio allí dentro.

Si había una criatura, o más bien, un enorme ojo violáceo que la observaba fijamente. La noxiana se quedó de pie, con la espada a un lado de su cuerpo mirando como hipnotizada la pupila negrísima y vertical. Tan ensimismada estaba que cuando el rayó de energía violeta salió disparado Riven solo atinó a cubrirse y fue Katarina quién la empujó justo a tiempo para evitar el ataque. Un soldado, menos afortunado que estaba parado a un par de metros de Riven recibió el impacto, su cuerpo fue completamente destrozado.

— ¿Estas estúpida o qué?— le reclamó Katarina levantándose de inmediato para transportarse a sus dagas y regresar junto a Riven con ambas armas.

— ¿Qué es esa cosa?

Ni Ashe ni Katarina respondieron su pregunta, pero la criatura volvió a atacar y las tres esquivaron sin mayor problema. A la distancia, un freljordiano aulló de dolor antes de que su caja torácica se hiciera pedazos en frente de sus compatriotas.

Tomaron turnos para atacar a la criatura, pero Katarina era incapaz de llegar siquiera al rango suficiente para golpearla. Riven utilizaba las ráfagas de energía de su espada y Ashe sus flechas encantadas, pero cada proyectil era bloqueado eficientemente por los apéndices, que ya habían pedido su opacidad y lucían un tono violeta claro.

La pelea se extendió durante varios minutos, a su alrededor varios soldados fueron víctimas del rayo. Con la llegada constante de refuerzos, los insectos fueron abatidos y los pocos soldados que aún eran presa de los apéndices fueron liberados. Cada vez m{as y m{as guerreros se unían al esfuerzo de derrotar al monstruoso ojo. Aunque, claro está, con poco éxito.

Katarina ya estaba cansada y frustrada por no ser capaz de clavarle sus malditas dagas a la abominación, y no se percató que Luxanna había llegado apoyada en Kahina.

—Maldito hijo de puta. ¡Ya me estoy hartando!— gritó la noxiana.

La asesina se lanzó con una serie de shumpos esquivando los apéndices y llegando muy cerca de apuñalar el iris, pero fue tomada de la pierna y lanzada varios metros por el aire. Katarina perdió ambas dagas con la sacudida, pero al mirar en derredor observó la familiar figura de Lux observándola asustada.

Katarina intentó volver a su armas, pero al apéndice le apretó con fuerza y no le permitió activar el hechizo.

Lux tomó su arma, dio dos firmes pasos al frente y apuntó al ojo, sus pupilas se encontraron la única de la criatura y concentró toda la energía que había recuperado.

— ¡Suéltala!

Gritó a todo pulmón. El rayo de energía que abandonó el bastón fue tan devastador que al hacer impacto con la criatura le atravesó limpiamente, matando por accidente unos cuantos mercenarios que no tuvieron la precaución de hacerse a un lado.

Katarina cayó al suelo y aterrizó dando una voltereta.

Cuando sus ojos se encontraron con los de Luxanna, Katarina sintió paz como jamás en su vida. Más su alegría duró muy poco, pues la falla se activó de nuevo.

Esta vez no fue una horda de insectos lo que brotó, tampoco extrañas larvas carnívoras que se trasformaron en horribles y gigantescas bestias, ni siquiera otro ojo monstruoso. Lo que salió de la grieta, fue un hombre.

O, eso parecía.

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Well, the end is here… más o menos.