Descargo de responsabilidad: Nosotros (Kyubi1, PepeFernandez, Víctor, María, Ellis, Carmen y yo, KanadeSilver) no somos dueños de Date A Live ni nada relacionado con él, solo la historia y los OCs.
Capítulo Especial. Parte 8: Las heridas que aún no sanan.
Como comandante del Fraxinus, tenía muchas responsabilidades; estas eran tan pesadas que no había espacio para sentimentalismos, para su corta edad, era increíble que fuera líder de todos los demás, pero ella estaba a cargo de todo, aun con ayuda de las cintas, flaqueaba en ocasiones, sobre todo cuando se enfrentaba a personas tan heridas que no había forma de acercárseles.
Como la chica con la que tendría que hablar ahora y convencerla de cosas nuevas. Como mínimo, ya esperaba la resistencia al cambio, y como máximo, hacerla enojar mucho.
Extrañamente, para una situación tan casual y de mucha "azúcar", como todas las cosas que había visto por las chicas y por los chicos, sobre todo por Satou, se había puesto a analizar las cosas con detenimiento.
«Nunca vas a estar de acuerdo conmigo, Satou. Espero eso cambie, no eres el primero, ni el último. Creo que todas pensamos así desde el principio, pero… Cambiaste. Y no solo tú… Tal vez que hayas aparecido aquí, tiene una razón en particular, a veces pienso en cómo eras antes y resulta extraño al que veo ahora». Pensó con melancolía mientras enviaba un mensaje de texto a Miku para poder encontrarse en algún lugar, excepto en su casa.
Claro, había cantidades de cosas que no alcanzaba a entender, y no solo ella, sino personas de más edad y experiencia como Reine y su loco Vice-comandante, además del resto de la tripulación del Fraxinus, incluso Shidou; quien tiene más empatía por los espíritus que cualquier otro ser en el mundo.
—Pagaran por esto. —Antes de que pudieran hacer más, tan siquiera hablar, Satou electrificó sus cuerpos con una corriente eléctrica proveniente de sus brazos.
—¡Ahhhhhhhh! —gritaron las dos hechiceras mientras seguían pasándoles corriente, Hikari al verlo, soltó las manos. Eso le alivió, algo que no era correcto y solo Kotori, quien se giró ante los gritos desgarradores de las hechiceras, detuvo la tortura.
—¡Satou, detente! ¡Las estás matando! —regañó a tiempo, viendo que las mataría sin piedad.
—Ellas lastimaron a Kanade y a Hikari, merecen el mismo trato, ¡no es justo que solo ellos sufran! —Ante eso, los dos cautivos miraron al suelo, sin saber por qué, estaban aliviados; no solo por ser salvados, sino por lo que estaban mirando.
Esa fue la primera vez que dudó de sus argumentos bondadosos y moralistas, era obvio que odiara a la DEM, y tal vez, centrándonos en Satou, sería un insulto el negarle el derecho a desatar su rabia, después de todo, ellos eran los malos de la situación.
Recordó que solo el comparar sus acciones con los enemigos lo había detenido, sobre todo, recordó los rostros de sus amigos.
Alivio.
Kanade, Hikari y Miku, sobre todo esta última, tenía un repudio a los humanos, especialmente con los hombres, pero nunca había llegado a matar a nadie. Y entre el odio y el asesinato, hay una delgada capa que los separa, Satou ya estaba por mucho, en el otro lado; lleno de arrepentimientos.
«Satou, nunca pude hablar contigo después de eso, creí que me había olvidado, pero no. No puedo entender todo el odio que le tienes a la DEM, y si lo pienso un poco… Creo que… Merecen todo lo que les has hecho, creo que no entenderás que matar no está bien… Pero…»
—Yo también te quiero, Kotori. Y no es tarde, siempre te preocupas por todos, has ayudado a todos los espíritus, incluso a mí, eres muy fuerte. Pero desde antes he visto que no puedes sola, por eso, no me importa sacrificarme, si ustedes estarán bien, todo estará bien.
Pero un ruido la interrumpió de sus pensamientos, era la respuesta de Miku.
—Así que, en un café, bien, supongo que se tiene más tranquilidad en un lugar de esos. —Guardó el celular y se acomodó mejor sus cintas, además de ponerse unos zapatos y tomar las llaves de la casa.
Durante el camino, agradeció de sobre manera el plan de Reine, hasta ahora y para su sorpresa, Tohka iba ganando en las estadísticas, y esa mujer que estaba en su teléfono había destrozado a la competencia, pero tampoco preguntó sobre eso, era tan complicado comprender al chico que tenía miedo de meter la pata.
«Satou ha cambiado, más de lo que esperaba, el expresar sus sentimientos abiertamente demuestra su confianza en nosotros, aun después de cómo lo traicionamos… De nuevo es culpa de la DEM». Ahora fue transportada al café con ayuda del Fraxinus, con un mensaje en la tableta fue más que suficiente. «El plan de Reine es un éxito, así puedo asegurar la confianza de él en nosotros, todas lo han hecho excelente, pero si lo que me dijo Reine es verdad, Miku… No debe de fallar en esto».
—Oh, sí que eres rápida, Kotori-san —dijo Miku, alzando la mano para que le viera, sentada en una de las mesas—. Ya ordené algo para mí, y no te preocupes por ojos curiosos.
Miku sonrió con seguridad, Kotori suspiró para relajarse, la verdad, no tenía ni una idea de qué decirle exactamente a la chica, ni sabía cómo empezar, ella era tan delicada como Satou con el tema de sus padres. Por lo menos, ambas eran chicas, eso le daba cierta confianza.
—No te preocupes por eso, quería verte urgentemente porque… Tengo algo que decirte. ¿Por qué lo de los ojos curiosos? —preguntó mientras tomaba asiento.
—Bueno, me he vuelto muy popular, eso me alegra, pero por eso no puedo estar con Darling y es difícil salir a citas con él. ¡Por eso tengo este bonito lugar! —dijo emocionada, la chica de coletas necesitaba algo para quitarse los nervios, y ahora eso había pasado.
—¿¡Compraste este lugar?!
—Así es, por lo que Darling podrá venir aquí y nadie va a molestarnos. —Un sonrojo adornó sus mejillas, yéndose a su nube de ilusiones.
«Así que Miku piensa en todo, es un plan perfecto, solo espero que no empiece a comprar lugares solo para tener citas». Su mente se iba a ir por cómo es que la idol mantendría este lugar si no le permitía el paso a nadie más que a ella. «¡No! Eso no es importante ahora, ya está grande para saber de compras».
—Bueno, ¿qué es lo urgente que tenías que decirme? —preguntó con leve preocupación—. ¿Pasa algo malo?
—No, creo que… No —dijo con titubeos. Suspiró de nuevo y ella le miró raro—. Bueno, sí…
—¿Eh? —Miku dejó escapar una risa por la situación—. Ya dime que pasa, ¿es Kanade? ¿Es Darling? Es…
—Es sobre Satou.
—¿Se está peleando con Darling? —Su preocupación creció, la comandante negó con la cabeza.
—No, todo está yendo muy bien con el plan de Reine. —Eso llamó la atención de la idol—. Y es precisamente para evitar peleas y depresiones. Y… Miku, me gustaría mucho, no… Es necesario que me ayudes con eso.
—Un plan para ayudar a Satou-san, si ya no va a causar problemas con esto, te ayudaré. Aunque… Ya me he disculpado por lo que hice.
—Sí, lo sé. Y de eso también debo hablarte. —Kotori se puso seria, ahora tenía toda la atención de Miku y debía soltarlo ahora que tenía la fuerza—. Y contigo no lo diré con adornos, Miku. Este plan es para saber a quién, de todas nosotras, quiere más Satou.
Hizo una pausa al ver que ella se puso más seria, hilando la información.
—Él ya confía en nosotros, tanto que ni siquiera nos dimos cuenta de que era el objetivo principal de la DEM, no era Kanade, era eliminar a Satou del camino, sabiendo que él haría todo por protegerla y por salvarnos a todas.
—Espera, espera, dices que… ¿Él está… de una de nosotras? —preguntó con más duda que otra cosa.
—Hasta ahora no.
—¿Hasta ahora? —Kotori asintió con la cabeza.
—Eres la única que no ha dicho lo que siente por Satou, y no hablo de disculpas, Miku, sino de sentimientos honestos. —Miku miró a otro lado con cierta molestia.
—Yo ya me disculpé… —dijo cortante, sin aceptar la situación—. No tengo porque hacerlo otra vez.
Pero recordó la forma en la que Satou le miró durante su visita, como si él fuera la víctima, ¡como odiaba eso del chico! Él también era un desgraciado, igual que todos, tal vez, incluso más; había lastimado a Kanade, casi había matado a Shidou, no tenía piedad, aparentemente, tampoco amor, solo odio.
—Miku… —Pensó que le estaba haciendo daño, por cómo no quería ni verla, su mirada oculta entre su cabello púrpura claro.
—Y-Ya lo hice, Kotori. ¿Qué más quieres que haga? Fui buena, de verdad que sí, y lo escuché… Una vez más, escuché… Lo que nos dijo a todas, y eso me confunde…
—No te pido que hagas más, pero al menos… Hazlo en serio. —Miku se quedó con la boca abierta, Kotori estaba seria y con el ceño fruncido, recordando al espíritu sonriendo felizmente frente a ella, cuando fue honesta—. Hazlo como él lo hizo por ti.
Le habían dado una cachetada imaginaria, una que le hizo apretar los puños. Ciertamente, había sido linda con el chico, había rebasado el límite de lo que había hecho antes con un hombre que no fuera Shidou, pero lo fingió.
Fingió ver a un animal, no a un hombre. Fingió creer en la moral, ella no tenía esa moral por los hombres, sobre todo con los que lastimaban a los demás, como Satou había hecho. ¿Podría perdonar a ese hombre solo porque nunca la lastimó a ella?
—Después de todo, ¿lo odias?
—¿Cómo que después de todo? —preguntó ya viéndola con seriedad y sentimientos negativos—. Estuviste ahí, Kotori-san, viste las cosas que le hizo a Kanade-san, a Tohka, a las gemelas Yamai, ¡a Darling también, tu hermano!
—Sí, estuve ahí. Así como estuve cuando nos pidió disculpas, así como cuando estuve ahí cuando lloró, así como cuando rescató a Kanade y a Hikari, así como cuando dio su propia vida por todas ustedes, ¡mientras yo solo lo veía morir lentamente! —Esta vez había gritado, suspiró para calmarse, Miku agachó la cabeza—. Pero eso no lo recuerdas, ¿verdad? Lo miras, pero no lo observas, ves que tiene sentimientos por todos, pero no lo aceptas. Has escuchado lo que dicen las demás sobre cómo es ahora, te lo he dicho yo, y lo has visto por ti misma, no eres estúpida, Miku, tampoco ciega.
—Eso no cambia nada…
Su discurso se vio interrumpido, Kotori estaba apretando los puños para no gritarle una grosería por ser tan renuente, y se enojaba aún más porque ella era la comandante; sabía exactamente, por Reine, que Satou no podía ser comprendido, pero él podía comprender perfectamente a los demás, así como la situación.
—No merezco ni las gracias, suficiente es que me hayan perdonado. Ya no voy a causarles problemas, mi trabajo aquí está hecho… —Se levantó de la silla y miró una última vez a Kanade, caminó rumbo a la salida, pero pasó en frente de Reine, quien le tomó el brazo.
—Me voy.
—¿Por qué?
—Porque no tengo nada más qué hacer aquí, esto es lo justo. Déjeme ir. Kanade ya está a salvo, se recuperará muy pronto, Hikari igual, todas ellas… Ellas están bien, ya he hecho suficiente, en todos los sentidos.
—Sí… Está bien, Miku, no cambia nada —dijo con tristeza y se levantó de la mesa, sorprendiendo un poco a la chica—. Solo voy a decirte una sola cosa, mi hermano es una gran persona, y será un gran hombre en el futuro, no tengo dudas sobre eso, sé que tú también lo crees, pero… Eso solo es porque se sacrificó en frente de ti, tuviste que verlo morir para que cambiaras de parecer, y eso es cruel… Como su hermana, te lo p-puedo…
Miku agachó la cabeza de nuevo, por lo que pudo ver como Kotori estaba apretando sus pequeños puños, porque esa vez tampoco estuvo ahí para su hermano.
—Te entiendo… Lo hago perfectamente, y tú no tuviste que ver morir a nadie para empezar a odiar a los demás, por eso yo odio a la DEM, pero Shidou está vivo… ¿Y los que no? —Recordó la foto que Satou miraba en su celular, no tenía por qué pensarlo tanto para saber que esa mujer en la foto era muy especial—. ¿Y los que en verdad pierden algo y se vuelven como tú eras? ¿Ellos qué?
—Kotori-san…
—¿¡Se debe derramar sangre en tu nombre para que lo entiendas?! —gritó con fuerza, los empleados del lugar iban a servirles, pero se regresaron a la cocina al ver la escena—. Las lágrimas, las disculpas, el dolor, el arrepentimiento, el cambio, ¡eso no importa! ¿¡No es así, Miku?! Y solo porque no lo viste, solo porque no aceptas a nadie que no sea mi hermano, ¡solo porque no viste todas sus heridas, su sangre y como estaba al borde del colapso frente a mis ojos!
La tomó de los hombros y le agarró la cara para que le viera a los ojos; estos estaban con una capa cristalina, pero llenos de furia, Miku estaba triste también.
—Solo porque… No viste todo lo que hizo por ti, solo por eso… No le darás otra oportunidad —dijo con la voz seca, cansada de verla indecisa como ahora—. La oportunidad que yo te di, que Shidou te dio, todas te ofrecimos la mano, la tomaste y ni siquiera pensaste si la merecías o no, te vi feliz de verdad. Pero se trata de ti, ¿no? Y si eso repite con un chico ahora, negarás todo lo que ves y escuchas, así como lo haces ahora, Miku… Tú… Eres igual que él, pero Satou cambió y tú…
Kotori la soltó y se dio la vuelta para dejarla ahí en la mesa.
—Por favor, Miku, no lastimes a Satou, solo… No lo hagas. —Y entonces, ella se fue y Miku la dejó ir.
Se quedó sentada en la silla, mirando a un punto fijo de la pared, pensando en cómo las demás chicas miraban a Satou, incluso la tímida de Yoshino había aceptado el cambio, y también sabía de cómo su amado Shidou estaba siendo entrenado por él, cuando lo supo, pensó que pasarían cosas malas, incluso cuando supo que Kanade era más amiga de él que todas las demás…
Eran mentiras, pensó.
¿Lo eran? Era un hombre, de esos que lastiman a los demás, como los que la hicieron renunciar a sus sueños. Pero esos desgraciados jamás pagaron por sus pecados, pero Satou sí lo había hecho, Kotori tenía razón, su arrepentimiento y dolor lo había demostrado, aun así, ella seguía insegura.
—Su rebanada de pastel, señorita —dijo la empleada, pero Miku usó sus poderes de su ángel mientras su corazón era apretado por la culpa.
—Olvida todo lo que viste y escuchaste hoy, gracias —pidió con una voz cansada.
—Sí, señorita. —Se retiró y Miku siguió pensando en lo que Kotori le había dicho.
«Él no me ha lastimado, con su fuerza y su poder, es aterrador… Después de que me sentí segura y confiada de que, con su ayuda, rescatar a Kanade-san sería sencillo, eso cambió cuando… Vi todo lo que hizo, pero… Estaba realmente… Enojado». Se quedó viendo la cereza sobre el pastel de fresas con melancolía.
Ella había hecho lo mismo en el pasado.
—Ah, eso, Miku me gusta mucho. —La chica se quedó petrificada y con un sonrojo en las mejillas, en ningún momento se esperó una declaración de ese tipo—. ¿No la han escuchado cantar? Su voz es increíble, me hace feliz escucharla.
—Ah, te… Te referías a… E-Eso… —Miku miraba al piso, entre aliviada y contenta.
—Sí, me gusta mucho como cantas, por eso, le pediré dinero a Reine para ir a verte.
—¿Kotori?
—Perdóname, yo dejé… Que te hicieras tanto daño, estabas tan lleno de sangre que pensé que ibas a morir, ¡y si eso pasaba… y si eso pasaba! ¡Yo iba a ser la culpable! ¡Lo siento!
—Estoy bien, Kotori. Todas lo están y eso… Es lo que importa. Yo lamento haberme quedado dormido por tanto tiempo, debí despertar antes y… Decir… Que… —Su voz iba bajando de volumen con cada palabra dicha entre pausas que después de decirlas, todos guardaron silencio—. Las quiero mucho a todas…
«Satou-san… ¿Por qué? Me quieres, eso dices, pero lastimaste a todos…»
―Gracias, Miku… Te quiero. Miku, realmente me gusta ir a tus conciertos, incluso antes de que te cambiaras el nombre… Siempre me ha gustado tu música, pero no puedo recordar con claridad esos días ya que, en ese tiempo, yo… Me convertí en un espíritu.
Ahora, ella sentía dolor en su corazón, se lo estaban apretando, ¿cómo podía ser tan cruel? ¿Cómo podía seguir tachándolo? Ella sabía lo que era el dolor del rechazo, de la traición, de estar sola, el dolor que te arrebaten algo que amas, ¿no era eso por lo que Satou estaba tan enojado? Eran por sus padres y ella, siendo mayor que él, ¿cómo no sentía vergüenza por tacharlo de insensible cuando había perdido a su familia?
—¿Por qué ayudas a los espíritus? ¿Por qué lo haces? —preguntó Kanade.
—Ah, eso. Bueno, todas ustedes han pasado por cosas muy malas, algunas hasta yo las quiero olvidar. —Ante esto, Miku agachó la cabeza, después de todo, ella había intentado matarlo—. Pero… Sé lo que se siente sufrir, sé que no he sufrido tanto como ustedes, pero intento tener la suficiente empatía por ustedes.
—¿Qué es empatía? —Shidou sonrió ligeramente y la quedó viendo a sus ojos azules.
—Es ponerse en el lugar de otro, intentando estar en sus zapatos.
Lágrimas resbalaron por sus mejillas, sin entender porque estaba llorando, empezaron sin avisar, movió la boca ligeramente y solo susurró a los demás que olvidaran todo lo que vieron y que regresaran a su trabajo.
«Darling… Darling, Kotori-san…». Ella salió del lugar con su bolsa de mano, con pasos rápidos, hasta que empezó a correr hacia el lado derecho, secándose sus lágrimas. «Soy una estúpida, pero no puedo, Kotori-san, no puedo entender… Y lo siento… ¡Lo siento!»
