William y Natasha
- Hola, Garret —dijo Brigid, deslizándose hasta donde él se hallaba y haciendo
correr uno de sus dedos por su pecho—. Tienes buen aspecto..., como siempre.
Garret levantó el dedo de Brigid, apartándolo de su camisa, y lo soltó.
—Vístete un poco, Brigid —dijo.
Ella le sonrió.
—¿Por qué? ¿Te sientes tentado?
—Sí, a taparme los ojos.
Brigid sopló por la nariz y se desplazó hacia Edward.
—¿De modo que éste es el príncipe de la corona de la Camarilla, verdad? —Lo
miró de arriba abajo—. Nada que no pueda arreglarse con unas lentes de contacto y un vestuario mejor. —Dio un paso hacia él.
—No, gracias —murmuró Edward.
—¿Brigid? —dijo John—. Por favor, vístete.
—No te molestes —dijo Tanya—. Si Garret tiene lo que necesitamos,
entonces os dejaremos para que disfrutéis de vuestro sueño inmortal.
Se dirigió hacia la puerta.
—Espera —dijo John—. Puedo tener detalles que no tenga Garret. Mi trato
sigue encima de la mesa.
—¿Trato? —dijo Garret.
Yo hice un gesto con la cabeza.
—Quiere que le prometamos que no ejecutaremos al asesino ni lo entregaremos
a las camarillas.
—Vamos, Hans, sabes que no podemos hacer eso. Vendrían a por nosotros. Nos
cazarían como a animales.
Brigid se rió.
—¿Y tú crees que tenemos miedo de las camarillas? Somos vampiros, los dioses
del mundo sobrenatural, inmunes a cualquier daño...
—Sí, hasta que alguien nos corta la cabeza, y nos convertimos en alimento para
los gusanos como cualquier otro. Hans, es posible que le hayas hecho creer a Brigid toda esa basura sobre la superioridad de los vampiros, pero sé que tú eres demasiado listo para creerlo.
—No hace falta que pasemos por esto —dijo Tanya—. Si sabes de alguien...
—Lo sé, pero Hans puede saber más aún. Quiero encontrar a ese tipo antes de
que mate a otro chico de las camarillas.
—¿Por qué? —dijo Brigid—. ¿A quién le importa que muera otro chico de las
camarillas?
—A las camarillas. —John vaciló, y luego movió la cabeza asintiendo—.
Hablemos.
Ante la insistencia de Tanya, salimos del sótano. John sugirió el jardín de
atrás, de modo que lo esperamos allí. Como el delantero, el jardín de atrás estaba rodeado por un alto muro. Pero ahí, ese muro había sido levantado por John, no por sus vecinos. El jardín producía un shock casi tan impactante como la oficina que habíamos visto arriba, y ése era, probablemente, el motivo de que lo mantuviese oculto.
Era pequeño, de menos de doscientos metros cuadrados. En lugar de césped,
tenía jardines de rocas y estanques koi rodeados por senderos de piedra. En el centro del jardín había una pagoda con una mesa de pino y un juego de sillas, donde esperamos a John.
Brigid había dejado claro que no nos acompañaría. Aparentemente, se tomaba
muy en serio su papel de verdadera mujer vampiro, con lo que nunca se aventuraba al exterior durante el día. Sospeché que ésa era la razón por la cual John había elegido que nos reuniéramos fuera, de modo que pudiese hablar sin las interrupciones de Brigid.
Mientras esperábamos, Edward explicó cómo nos habían encontrado. Garret lo
había llamado a primera hora de esa mañana, pensando que nosotras estaríamos durmiendo después de pasarnos la noche persiguiendo a John. Se pusieron de acuerdo y decidieron venir juntos a Nueva Orleans. Edward sabía que nos dirigíamos a la casa de John, pero no tenía la dirección. Garret, en cambio, sí la tenía.
Estaba deseando saber lo que Garret había averiguado, pero antes de que
pudiese preguntárselo, volvió John. Estaba vestido con pantalones de cuero negro y una camisa de lino blanca. Bastante gótico, todavía, pero no tan teatral como el conjunto de la noche anterior. Sospeché que había mucha pose en la imagen de John.
La noche anterior se había mostrado sumamente efusivo con respecto a Garret, pero cuando éste se presentó, Brigid había sido la única que se había comportado como una vampiresa.
—Es William, ¿verdad? —dijo Garret en cuanto John tomó una silla y se sentó.
—Eso es lo que yo diría —repuso John—. No lo conozco lo bastante como para
afirmarlo con certeza...
—Nadie los conoce lo bastante como para hablar con certeza —replicó Garret.
—¿Los conoce? —pregunté.
—William y Natasha. Son una pareja. Hace mucho que están juntos.
—He oído esos nombres —dije—. En las minutas del Consejo. Son buscadores
de la inmortalidad.
—¿Los ha investigado el Consejo? —preguntó Edward.
—Los ha investigado y los ha exonerado, si no recuerdo mal —contesté—.
Ocurrió hace treinta o cuarenta años por lo menos. Otro vampiro expresó su
preocupación con respecto a la búsqueda que ellos hacían..., no eran acusaciones propiamente dichas, sino cierta animadversión. En cualquier caso, William y Natasha no estaban infringiendo ningún código, sino que lo único que hacían era buscar respuestas, como la mayor parte de los buscadores.
—Bueno, ha ido más allá de la animadversión —replicó Garret —. Según parece, hace tiempo que en la comunidad de los vampiros circulan ciertos rumores, según los cuales los dos se han metido en una situación sumamente grave en Ohio. — Garret captó mi mirada—. Sí, han estado viviendo en Cincinnati. Ya me ha dicho Edward que ése es el lugar de donde vosotros pensáis que puede ser el asesino. Yo diría que nosotros tenemos un sospechoso.
—¿Está el asunto vinculado con su búsqueda? —pregunté.
—Es posible —respondió Edward—. Pueden haber descubierto un ritual que
requiere sangre sobrenatural.
—Entonces, ¿dónde está la conexión con las camarillas? Sin duda entrar en los
archivos de empleo de las camarillas es una buena manera de encontrar
sobrenaturales, pero parece más inteligente quedarse en la periferia e ir a por chicos que se han escapado de casa, como Dana. Atacar a la familia de un CEO no haría más que subir las apuestas.
—Eso podría ser un efecto colateral del asesinato mismo —dijo Edward—.
Después de Dana, William vio el caos que estaba creando y no pudo resistir
la tentación de un desafío más grande.
—O tal vez el ritual no funcionaba y pensaron que sangre real de las camarillas
podría ayudarlos.
—Ellos no —dijo John—. William solamente.
Tanya negó con la cabeza.
—Esos dos no hacen nada solos.
—Ahora sí —dijo Garret —. Nadie ha visto a Natasha desde hace meses. Corre
el rumor de que al final estaba harta, pues todo había salido mal, y se largó.
—Lo encuentro difícil de creer —dijo Tanya—. Hace más de cien años que
están juntos. Después de un tiempo así, uno no... —Su mirada se dirigió a Garret —. Lo que quiero decir es que me parece improbable que esos dos se hayan separado.
—Bueno, de un modo u otro, ella ha desaparecido —dijo John—. Y dudo
mucho que William esté contento.
