¡Hola queridos Terrafofans!

Aquí está, ya llegó... ¡la primera parte del capítulo de Navidad! De nuevo dividido en dos partess. Al haber tantos personajes a la vez en un mismo espacio y querer relatar con cierto detalle lo que les va ocurriendo, estos capítulos tienden a alargarse mucho y para que la lectura no se haga tan pesada preferimos dividirlos. Una vez pasen tantas festividades y vuelvan al ritmo normal los capítulos también serán más cortos.

Si bien el reparto de regalos no toca hasta la segunda parte del capítulo (que subiremos el sábado) eso no quiere decir que la cosa no vaya a estar moviditas antes. Coches de 5 plazas en los que viajan 6 personas, indecisiones a la hora de elegir qué ponerse y el muérdago, pueden hacer que la cosa se caliente bastante.

- Título: All I need for Christmas is...expensive gifts and delicious food
- Autora: Eme sylvestris
- Palabras: 17549
- Personajes: Todos menos Sylvester e Iván.

¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!


ALL I NEED FOR CHRISTMAS IS…EXPENSIVE GIFTS AND DELICIOUS FOOD

Lo había echado de menos. Sí, así tal cual sonaba. No es como si se hubiese percatado de repente, pero realmente no había sido consciente de la magnitud de ese sentimiento hasta ese mismo día. Era 24 de diciembre e iban a celebrar el Secret Santa en casa de Shokichi, hasta ahí todo normal. Tras charlar con Akari por teléfono el día anterior habían acordado que ella pasaría a recogerlos en coche porque algunos de los regalos que tenían corrían peligro en el autobús, eso también entraba dentro de lo habitual. Lo que no se esperaba era el hecho de que desde que se había levantado esa misma mañana las horas se le hicieron eternas, y en ese momento percibía una sensación agradable en el pecho al pensar que vería a su alumno en unos minutos. De hecho y casi sin darse cuenta había salido de su casa antes de lo necesario y aún faltaban 45 minutos para la hora en la que habían quedado con ella. Cerró la puerta de su viejo vehículo tras asegurarse que su regalo estaba a buen recaudo en el maletero y echó a andar hacia el portal. Por suerte había conseguido aparcamiento casi en frente y no tuvo que caminar mucho rato bajo el viento frío que la obligó a sujetarse la boina para no perderla.

Todavía sentía cierta incomodidad al recordar la escena en el despacho de Joseph ocurrida la semana anterior. No tenía muy claro que la había llevado a tomarse tantas confianzas con Akari, pero lo cierto es que si bien le daba cierta vergüenza recordar ese momento y también algo de reparo, la idea de sentir las manos del chaval sobre ella sin un fonendoscopio de por medio le resultaba bastante agradable. Y cuando dos días antes se lo encontró en el centro comercial, había podido sentir la mirada del chico sobre ella desde que empezaron a seguirlas y más directamente una vez los habían atrapado. Había llegado algún momento en el cual consiguió inquietarla, pero debía reconocer que era más por el hecho de que la incomodaba sentirse observada que otra cosa, porque esos ojos cargados de lujuria que Akari paseaba por su cuerpo le hacían tener ganas de ponerle fin a esa tensión sexual no resuelta y resolverla a base de bien. Aunque fuese contra una mesa y sin muchos miramientos. De hecho casi lo prefería así que no en una cama, arrancándose la ropa con ansia y ahogando sus gemidos en el cuello del chaval dejando la marca de sus uñas en esa fornida espalda que se moría por acariciar otra vez. Estaba convencida de que bajo esa aparente inocencia se escondía una fiera dispuesta a devorarla y se moría de ganas por hacerla salir. Pero lamentablemente tendría que quedarse con ellas. Eran profesora y alumno, todo resultaba muy complicado, y ni siquiera estaba segura de lo que Akari sentía. Que se sentía sexualmente atraído por ella era más que evidente pero ¿había algo más que eso? Y aunque lo hubiese, ella tampoco tenía muy claro en qué punto estaba su cariño hacia él. Que le resultaba atractivo era un hecho, que sentía por él una amistad y un aprecio que no profesaba a la mayoría de las personas de su alrededor también pero… ¿Qué implicaba realmente todo ello? Además él simplemente se trataba de un estudiante de intercambio, pasase lo que pasase tendrían que ponerle un fin a todo cuando el chico volviese a su país de origen el próximo mayo para no volver nunca más.

Miró el telefonillo y pulsó el botón, siendo precisamente la extrañada voz de su alumno al otro lado la que preguntó quién era. En vista de su tono confuso estaba claro que aún no la esperaban. Conforme subía las escaleras y pese a que la puerta de la casa aún estaba cerrada, pudo escuchar los ladridos ansiosos de Max y a Akari pidiéndole que se calmase. Por lo que le habían contado el animal se emocionaba cada vez que alguien llegaba a casa y tendía a bajar corriendo las escaleras si no le sujetaban. Los tres pisos de escalones no suponían para Michelle ningún esfuerzo y al llegar arriba aún tuvo que esperar unos segundos a que su alumno abriese y una inquieta masa de pelo rubio se abalanzase sobre ella.

- ¡Max! ¡No! ¡Déjala en paz!- se echó sobre el animal intentándolo sujetar de su grueso collar de cuero, pero éste se escabulló y se puso a dos patas sobre ella, moviendo la cola alegremente e intentándola lamer- ¡Max, bájate! Lo siento, lo siento, lo siento….Marcos no lo tiene educado- Se disculpó alejándolo y sujetándolo con fuerza. Aun así el perro dio un par de tirones en su dirección tras soltar un alegre ladrido y la miraba fijamente jadeando.

- No pasa nada, Akari- le dijo sacudiéndose los pelos dorados que se le habían quedado pegados al abrigo- Ya sabes que me gustan los perros.

- Ya, pero es muy bruto… ¡Max, no!- riñó dando otro fuerte tirón del collar del animal, que al verla acercarse mostró intenciones de echarse sobre ella de nuevo.

Michelle sonrió y se acercó a ambos, agachándose junto al animal y agarrándole la cabeza con ambas manos, enterrando los dedos en su pelaje y rascándole detrás de las orejas. Max se sentó ya más relajado y empezó a golpear el suelo con la cola, momento que Akari aprovechó para soltarle dado que parecía haberse tranquilizado. Aun acariciando al perro Michelle alzó la vista en dirección a su alumno, en el cual no había centrado su atención hasta el momento…y mentiría vilmente si dijese que no le gustó lo que vio. Ataviado tan sólo con unos pantalones en color granate que dejaban asomar parte de sus bóxer grises, con el torso descubierto, una toalla al cuello y el cabello húmedo del cual se escapaban algunas gotas que resbalaban por su piel…la visión que Akari ofrecía era francamente apetecible. No fue realmente consciente del rato que se quedó observándole, con una ceja enarcada en una mueca de interés mientras rascaba distraídamente a Max, hasta que lo vio sonrojase ligeramente y rascarse la nunca, desviando su mirada al suelo.

- Me pillaste justo cuando me estaba vistiendo y por eso estoy así aún- dio un paso al interior de la casa y con un gesto de la cabeza le indicó que la siguiera- Pasa- en cuando tanto ella como el perro entraron Akari cerró la puerta tras ellos- Estaba eligiendo qué ponerme.

- He llegado antes de tiempo, es normal- le disculpó conforme pasaba a su lado. Compartieron una sonrisa y clavaron sus miradas el uno en el otro – Me aburría en casa.- miró a su alrededor, el salón se veía mucho más grande sin toda la decoración del cumpleaños y sin estar lleno de gente – Y ese…em…¿árbol?- preguntó señalando la especie de arbusto pelado de no más de 40 cm de alto, con espumillón despeluchado, alguna bola y luces de colores.

- Era nuestro árbol…hasta que éste decidió que era su juguete- dijo resignado señalando al animal.

Como si supiese que hablaban de él, Max fue hasta el sofá y se tumbó en él panza arriba, esperando unas caricias que Michelle no dudó en ir a darle. Podía oír la ducha así que supuso que alguno de los compañeros de Akari estaría haciendo uso de ella, probablemente Marcos teniendo en cuenta que también se escuchaba el sonido de un secador desde la habitación de Alex. Akari, el cual se había apoyado en el respaldo del sofá y la observaba atentamente, no tardó en confirmarle que no estaba equivocada además de advertirle que probablemente Marcos tardaría bastante en salir. Una vez se hubo cansado de jugar con el perro se incorporó quitándose el abrigo, se estaba empezando a agobiar con la calefacción y si todavía tenían que esperar a que los chicos terminasen de prepararse y a que Yaeko y Kanako llegasen, suponía que tendría que esperar aún un buen rato. Su alumno no tardó en acudir en su ayuda y recoger su abrigo, explicándole que lo dejaría en su habitación hasta que llegase el momento de marcharse. En ese momento el secador dejó de oírse, y Alex hizo aparición segundos después, llevando unos vaqueros en un color pizarra, una camiseta negra y una camisa blanca entreabierta encima. Puede que él fuese menor y que no le interesase para nada, de hecho no sentía atracción alguna por el chaval, ni siquiera desde el punto de vista más carnal. Pero era rematadamente guapo, y eso era algo que ni Michelle ni nadie podía negar. De hecho el pensamiento "¡Qué guapo es!" acudió a su mente en cuanto lo sus ojos dorados se posaron en ella con cierta sorpresa, acompañados de una bonita y sincera sonrisa.

- ¡Hola Michelle!-saludó pasándose la mano por el pelo, peinándose su corta melena azabache con los dedos- No te esperaba tan pronto.

- Salí un rato antes de casa- se encogió de hombros- No tenía nada que hacer. Lo siento si molesto

- Ni mucho menos, puedes venir siempre que quieras – sonrió ladinamente- Seguro que más de uno se alegra

- ¡Hey!- se quejó Akari mirándolo con cara de consecuencias. - ¿A qué viene eso?
- Me refería a Max- se rio suavemente- Pero ya veo que te das por aludido rápidamente.

- Bah- rezongó el japonés agitando la cabeza con hastío y resoplando. El mejicano se rio por lo bajo

- Por cierto, Michelle – la miró y la señaló con el dedo asintiendo ligeramente- Te queda muy bien lo que llevas hoy. Muy guapa.

- Gracias- dijo con cierta sorpresa. No se lo esperaba, principalmente porque sabía que viniendo de Alex era un halago honesto y no una estratagema para convencerla de algo- Podría decir lo mismo de ti.

Por el rabillo del ojo pudo ver a Akari dirigiéndole una expresión de indignación a Alex. Casi podía oírle decir un muy frustrado "Tíooo" seguido de un bufido. Podía imaginarse por dónde iban los tiros pero dado que no quería poner en un compromiso a ninguno de los presentes obvió el hecho y acarició al animal entre las orejas de nuevo. Chascando la lengua, el chico se encaminó a su habitación y ella lo siguió sintiendo sobre sí la mirada y sonrisa mordaz del compañero de piso de su alumno. Debía reconocer que tenía verdadera curiosidad por cómo el lugar donde dormía Akari y en qué modo reflejaría su personalidad, ya que la otra vez que había estado allí no llegó a entrar. Conforme colocaban adornos no había tenido necesidad de ello, y después había alcanzado tal estado de embriaguez que aunque hubiese entrado en dicho cuarto no lo recordaría. Akari dejó la ropa de Michelle sobre la cama y ella aprovechó para sentarse en el colchón y hacer un análisis de todo cuanto la rodeaba.

Como en cualquier piso de estudiantes los muebles eran básicos, algo viejos e iguales a los de las otras habitaciones, pero la presencia de Akari se dejaba ver en los posters; los libros repartidos en estanterías, mesilla y escritorio; el bloc de dibujo que reposaba junto a su ordenador portátil y la Nintendo 3DS cargándose apoyada en la almohada. También en la ropa sobre la silla, en su impertérrita mochila roja y negra en el suelo junto a su mesa y en el corcho lleno de anotaciones sobre fechas de exámenes y entregas de trabajos que colgaba de la pared. Pero lo que más delataba que se trataba de su habitación era el fino objeto rectangular envuelto en papel de regalo que estaba apoyado contra el escritorio. Desde donde estaba y pese a que su vista no era muy buena, tal y como anunciaban sus gafas, pudo leer en una etiqueta adherida a la superficie del objeto el nombre de Joseph. Por cómo lo había visto comportarse cada vez que salía el tema ya se lo imaginaba. Pobre chico. Hacerle un regalo a Joe ya era de por sí complicado teniendo en cuenta que tenía todo lo que quería. Hacérselo cuando además se trataba de alguien con quien mantienes una rencilla personal debía de ser durísimo. Miró a Akari con algo de ternura, bien podría haber dicho que abandonaba el juego o haber pedido que alguien le cambiase el papel, y sin embargo se había estado preocupando hasta el último momento sobre qué regalo sería el más adecuado.

Las puertas del armario que había frente a la cama estaban abiertas de par en par, y por el revoltijo de ropa que había dentro de él así como por el par de camisetas y el jersey que reposaban a su lado en el colchón, Michelle dedujo que Akari no mintió al decirle que lo pilló decidiendo qué ponerse.

- Perdón por el lío de ropa- se disculpó antes de que ella llegase a decir nada, empezando a recoger las prendas que tenía esparcidas por la silla y la cama. Le hizo un gesto con la mano quitándole importancia.

- ¿No sabes qué ponerte?- cuestionó levantándose y acercándose al armario, pasando su mano por las prendas que había colgadas.

Lo miró y él negó con la cabeza a tiempo de frotar con ambas manos la toalla sobre su pelo para eliminar el exceso de agua. Volvió su vista a la ropa, la mayoría de lo que había en las perchas eran pantalones, un par de camisas muy informales y todo tipo de sudaderas, en un estante se agolpaban multitud de camisetas y algún que otro jersey. Al fondo del armario, cuidadosamente colgado y protegido con una funda de plástico pudo ver lo que supuso que sería su traje para nochevieja, un pantalón negro acompañado de un chaleco del mismo color y una camisa granate. Sonrió al recordar lo preocupado que se había mostrado por no haber encontrado una chaqueta que le sirviese. Idiota. No se hacía a la idea de lo atractivo que podría llegar a resultar con la ropa que había colgada en esa percha, al menos teniendo en cuenta lo bien que le quedaba al dibujarle con ella puesta en su imaginación. Le dirigió una mirada de soslayo no pudiendo ocultar una sonrisa, por fortuna parecía entretenido secándose la cabeza y no se percató.

Iba a proponerle que simplemente se pusiese un jersey cuando atisbó casi escondida entre el resto de su ropa una bonita camisa negra de corte informal que le llamó poderosamente la atención. Sin pedir siquiera permiso sacó la percha en la cual estaba colgada y se acercó a él en dos pasos. Akari la miró con curiosidad dejando que la toalla cayese sobre sus hombros, y Michelle, aprovechando que gracias a sus tacones la diferencia de altura entre ambos se veía reducida a unos pocos centímetros, puso sobre él la camisa en la percha alargando el brazo y echándose ligeramente hacia atrás, analizándolo.

- Ponte esto- sentenció.

- ¿En serio?- Él se pasó la mano por la cabeza con cierta indecisión y Michelle pudo percatarse de cómo al dirigir la vista hacia ella sus ojos se posaban momentáneamente en su escote para luego pasar a su cara. Carraspeó

A modo de respuesta, sacó la prenda de la percha y se la dejó a Akari en las manos. Tardó un poco en reaccionar antes de empezar a vestirse, momento que ella aprovechó para seguir deleitándose la vista. Debía de reconocer que había varios aspectos de la anatomía masculina en general que le resultaban tremendamente atractivos, uno de ellos eran las espaldas. Y desde luego la de su alumno, bien formada y torneada, y lo suficientemente amplia como para para poder tumbarse sobre él cómodamente, no le resultaba para nada indiferente. Otro de ellos era la continuación de la misma, es decir, los culos. Esos glúteos redondeados y prietos, que parecían un melocotón jugoso enfundados en esos favorecedores pantalones y que la incitaban a dejar la marca de sus dientes sobre su piel, la hicieron morderse el labio inferior mientras paseaba la vista por ellos. Eso sin olvidar sus musculados brazos, que estaba segura que serían capaces de soportar sus 85 kilogramos de peso y llevarla en volandas a donde fuese, o su fornido pecho que le gustaría acariciar hasta llegar a la cinturilla de sus pantalones…o más allá. Se quitó las gafas para frotarse los ojos y dejar de pensar en tonterías. La imagen de Akari cada vez era más recurrente en sus fantasías sexuales, y si bien no lo consideraba nada malo, ni perjudicial ni amoral, ya que al fin y al cabo el sexo para aquellos que querían tenerlo era algo fabuloso e incluso una necesidad fisiológica básica, no quería hacerse ilusiones con algo que no debería pasar. Volvió a ponerse las gafas y se topó de nuevo frente a frente con él, con la camisa ya puesta, abrochada hasta el último botón del cuello y metida por dentro del pantalón, con una expresión poco convencida.

- Te queda bien, aunque…- ladeó la cabeza analizándole, pese a que la prenda le favorecía mucho le veía un poco incómodo con ella. No era de extrañar, en lugar de haber intentado adaptar la camisa a él, se había adaptado él a la camisa, y daba la impresión de que se sintiese disfrazado- Ven aquí…

Akari se acercó a ella sin rechistar aunque con cierto desconcierto en el rostro. Michelle pudo percatarse de que la respiración del chico se cortaba momentáneamente en cuando tiró de su camisa para sacarla fuera del pantalón. Le dirigió una mirada entre ansiosa y profundamente confundida y por el rabillo del ojo pudo atisbar como cerraba y abría los puños, el pobre chico no sabía qué hacer con las manos. Le dedicó una media sonrisa que pareció tranquilizarle, pero sólo hasta que ella misma acercó sus propias manos a su cuello para desabrocharle un par de botones de la prenda, no tenía sentido que la llevase abrochada hasta tan arriba si no se iba a poner corbata. Pudo percibir perfectamente cómo conforme sacaba los botones de sus ojales, Akari apretaba la mandíbula. Probablemente él también estuviese mordiéndose el interior de la mejilla, o con eso se quería consolar dado que ella misma lo estaba haciendo.

- ¿Ves?- le apoyó las manos en el pecho y le dio un par de leves palmadas, separándose de él- Mucho mejor- se aclaró la garganta y al llevarse la mano a la cara la descubrió más caliente de lo que esperaba. Probablemente estuviese enrojeciendo, por suerte Akari parecía demasiado preocupado por su propio estado como para percatarse- Me voy al salón, con Max.

Nada más hacer el anuncio salió de la habitación, a tiempo de oír a Akari musitar algo en japonés por lo bajo y dejar escapar el aire de sus pulmones pesadamente. Al entrar en el salón se topó con la mirada interrogante que Alex le dirigió desde el sofá. Lo obvió y se sentó en el otro, recolocándose su minifalda de polipiel con vuelo al sentarse, cruzándose de piernas para que no dejase ver más de lo debido. Max se acercó a ella y apoyó la cabeza en un cojín a su lado, poniéndole ojos lastimeros hasta que accedió a acariciarle. Casi al instante el otro chico salió de su habitación, con las mejillas ligeramente sonrojadas y deteniéndose junto a los sofás. Intercambió una serie de mensajes mudos con Alex sobre los que Michelle prefirió no indagar y finalmente se acomodó junto a ella, echando la espalada hacia atrás y suspirando profundamente.

- ¿Con ganas de ver qué os regalan?- rompió el hielo Alex, guardando el teléfono que estaba utilizando en el bolsillo y apagando la televisión, para poder hablar tranquilamente.

- Sí – murmuró ella levantando la mirada del perro- Aunque casi tengo más ganas de dar mi regalo. Creo que le va a gustar a la persona que me ha tocado.

- Yo también tengo ganas de dar el mío- se rio Alex- Aunque tengo casi más ganas de ver la reacción de otra persona que la de la que va a recibir el regalo.

- ¿Tramando maldades?- cuestionó Michelle enarcando una ceja

- No son maldades si todo el mundo está contento ¿no?- sonrió ladinamente y Michelle asintió con grata sorpresa, le gustaba esa forma de verlo.

- Yo sólo quiero darlo ya y olvidarme- Akari se rascó la mejilla- Pero sí que tengo ganas de recibir el mío, la verdad – los miró con complicidad- ¿Sabéis a quién le he tocado? Os prometo que no saldrá de aquí si me lo decís, además sólo queda un ratillo para que me lo den así que ya da igual.

- Yo no tengo ni idea, tío- respondió Alex con total sinceridad, encogiéndose de hombros.

- Entre el trabajo y que he estado enferma no me he preocupado por indagar- concluyó Michelle a modo de respuesta

Estaban aún discutiendo quién le podía haber tocado a quién cuando el sonido de la ducha dejó de oírse y poco después la puerta del baño se abrió. Y tal y como era costumbre, Marcos empezó a cruzar el salón tal y como su madre lo trajo al mundo, canturreando totalmente ensimismado y golpeando superficies como la mesa de la cocina o los marcos de las puertas con los dedos, como si de las baquetas de una batería se tratasen. Akari y Alex lo miraron con los ojos abiertos de par en par con la boca abierta, conteniendo una carcajada, y luego se desviaron inmediatamente a Michelle, la cual observaba el espectáculo con cierta estupefacción al principio e intentando no echarse a reír poco después. Akari se cubrió la boca con las manos, incapaz de aguantarse más. Se estaba poniendo muy rojo y empezaban a lagrimearle los ojos. La mujer le posó la mano en el brazo y se puso el dedo sobre los labios pidiéndole que se mantuviese callado, repitiendo el mismo gesto hacia Alex, el cual parecía dispuesto a lanzar un comentario mordaz de un momento a otro. Ambos la miraron interrogantes, y Michelle se vio obligada a respirar profundamente antes de empezar a hablar para evitar carcajearse.

- ¡Si tu culo fuese un banco te la metería a plazo fijo!

Marcos se detuvo de repente y miró hacia el sofá con una expresión de total horror dibujada en la cara. En cuanto sus ojos se clavaron en Michelle los abrió de par en par y emitió un chillido agudo, quedándose momentáneamente bloqueado en mitad del salón. Fue en ese momento cuando ni Alex, ni Akari ni la propia Michelle pudieron soportarlo más y estallaron en carcajadas. Alex se dejó caer en el sofá en el que estaba sujetándose la barriga con las manos, Akari empezó a llorar de risa literalmente y no cesaba de enjugarse las lágrimas conforme se dejaba deslizar por el sofá, hasta acabar desternillándose sentado en el suelo con la cabeza echada en los cojines, y Michelle apoyó la frente en la manos mirando fijamente al suelo para darle algo de intimidad al chico sin poder dejar de carcajear. Max, que hasta el momento se mantenía tranquilo, decidió unirse al divertido coro y comenzó a aullar mirando al techo, lo cual provocó que las risas se hiciesen aún más intensas.

- ¿P-p-p-por qué está ella aquí?- preguntó histérico, una vez hubo reaccionado los suficiente como para ponerse a la cintura la toalla que llevaba sobre los hombros. La señaló con un dedo acusatorio mientras que con el dorso de la otra mano se cubría la cara totalmente enrojecida - ¡Dejad de reíros!- se quejó.

Los tres se detuvieron un momento, mirándose entre ellos. Akari se levantó del suelo y se volvió a sentar en el sofá, Alex se incorporó y se apoyó en el respaldo y Michelle por fin levantó la vista y posó las gafas sobre la mesa, limpiándose las lágrimas que amenazaban con salir para que no se le estropease el maquillaje. Tras unos segundos en los cuales los tres susodichos tenían sus bocas apretadas en una línea, y Marcos mantenía una expresión enfurruñada con su pelo rubio mojado, lacio y pegado a su frente; una risotada de Akari que se escapó a través de los dedos con los que se cubría la boca, desató una nueva oleada de carcajadas. El chaval fruto de las risas pataleó en el suelo un par de veces al sentirse ignorado y humillado y a pasos decididos echó a andar el dirección a su habitación, sin levantar la mirada del suelo.

- ¡Te lo advertí! ¡Llevo años diciéndote que algo así pasaría!- vociferó Alex desde el salón, aun desternillándose, a tiempo de que Marcos entrase en su habitación cerrando la puerta con un portazo.

- Pero…- Michelle se enjugó otra lágrima-...pero…- cogió aire para tranquilizarse y conseguir enlazar dos palabras seguidas sin reírse- ¿esto en normal? Es decir ¿sale así de la ducha siempre?- miró hacia Akari el cual asintió aun intentando controlar sus carcajadas, y luego hacia Alex, que se encontraba en una situación similar

- A veces hasta baila- atinó a decir el japonés, lo cual provocó una nueva risotada por parte de la mujer- Oh, aquí vuelve- anunció al escuchar de nuevo la puerta de la habitación abrirse.

- Michelle- la llamó ignorando las miradas socarronas y las risas de sus compañeros, plantándose frente a ella en ropa interior y con un jersey en cada mano….- Ya me ha visto en pelotas ¿de verdad crees que me molesta que me vea en calzoncillos?- dijo a modo de respuesta adivinando la pregunta que iba a hacer Alex, que tenía la boca abierta. No obstante sus mejillas seguían teniendo un ligero tono rosado y le estaba resultando difícil mirarla directamente a la cara- Cuál te gusta más ¿El beis o el negro?

- Mmmm- lo miró de arriba abajo, con una mano en la barbilla y ladeando ligeramente la cabeza- ¿Qué pantalones vas a llevar?

- Vaqueros normales, claros

- Pues el negro- sentenció. Marcos farfulló un agradecimiento y se encerró de nuevo en su habitación- Confesadlo, en realidad sólo me habéis dicho que venga para que os escoja la ropa, lo de los regalos es una mera excusa- bromeó acariciando de nuevo la cabeza de Max, que tenía la cabeza apoyada en una de sus piernas.

- No te diría yo que no- le respondió Alex- Por cierto, para lo que llevo hoy ¿deportivas o botas?

Michelle le lanzó un cojín que el chico no fue capaz de esquivar, pero aun así le contestó que se pusiese las botas. Siguieron hablando a la espera de que Marcos terminase de prepararse y a que llegasen Kanako y Yaeko. Cuando Akari le había dicho que el rubio tardaba mucho en arreglarse nunca imaginó que realmente le fuese a tomar tanto tiempo, de hecho aún estaba en el baño terminándose de colocar el pelo cuando el telefonillo sonó anunciando la llegada de sus amigas. Max, que se había mantenido tranquilo apoyado en ella mientras le rascaba, se puso histérico y empezó a ladrar al lado de la puerta antes incluso de que Alex se levantase a abrir, y en cuanto lo hizo echó a correr escaleras abajo. Michelle podía oír a las dos chicas charlando conforme subían al tercer piso y se levantó para saludarlas, no siendo consciente de su craso error. En cuando Yaeko cruzó la puerta se lanzó a los brazos de su novio, el cual la agarró de la cintura con ansia y profundizó el beso que ella le depositó en los labios. La chica se puso de puntillas y rodeó el cuello de Alex pegándose más a él, dejando que sus senos se aplastasen contra los pectorales del chico y haciendo que las manos de éste descendiesen hasta posarse en sus glúteos, los cuales apretó con avidez. Cuando lo que empezó a sonar como alguien mascando chicle empezó a convertirse en algo similar a gemidos ahogados, Michelle apartó la mirada arrugando la nariz y dirigiéndose a Kanako, que suspiraba con exasperación.

- Y así tooooooooooooooooooodo el día- protestó poniendo los ojos en blanco.

- ¿En serio?- cuestionó con incredulidad.

- Sí- contestaron al unísono Akari desde el sofá y Marcos, que justo salía del baño ya peinado y vestido.

En cuanto las miradas de este último y la de Kanako se cruzaron ambos enrojecieron ligeramente y desviaron sus ojos al suelo. Por suerte el oportuno Max, viéndose ignorado por Alex y Yaeko, se abalanzó sobre ella casi tirándola al suelo. Marcos se acercó en dos zancadas a ellos, riñendo al animal para que se bajase de ella y tirando de su collar, agachándose a su lado mientras lo sujetaba para recriminarle. Ella, tras recomponerse, se agachó también al lado de ambos, estando pegada casi hombro con hombro con el mejicano mientras acariciaba al perro.

- Perdona, ya sabes cómo es- se rascó la nuca- Le gustas mucho y se emociona.

- Tranquilo, no me molesta- se recolocó el adorno con plumas que llevaba en la oreja mirando a Marcos de refilón- Me gusta gustarle

Al sentirse observado el chico fijó los ojos en ella y se mantuvieron así unos segundos, sosteniéndose la mirada mientras acariciaban al animal, que se dejaba hacer sin poner pegas. El rubio pareció querer avanzar hacia ella por un instante, pero se mordió el labio y se aclaró la garganta, desviando la atención a su perro y tragando saliva con dificultad. Kanako frunció los labios y desvió la mirada al suelo, con las manos aún enterradas en el pelaje de Max. Al verla con la cabeza gacha, de forma prácticamente inconsciente Marcos alargó la mano hacia las plumas blancas y marrones que se perdían en la corta melena de Kanako y cogió una de ellas entre sus dedos índice y pulgar, pasándosela a la chica por la mejilla. Ella dio un respingo fruto del cosquilleo que acababa de sentir y se cubrió la zona con la palma de la mano, dirigiéndole a su amigo un gesto de estupefacción.

- ¿Q-qué haces?

- Nada- musitó no teniendo muy claro él tampoco que era lo que le había llevado a hacer eso y por qué- Te queda bien- y no lo decía sólo por decir, realmente lo pensaba.

Por alguna razón los pájaros y las cosas relacionadas con ellos siempre le hacían pensar en Kanako. Quizás fuese porque sabía que le gustaban los aves y que eran sus animales favoritos, de hecho debajo del abrigo que la chica llevaba desabrochado, podía atisbar un jersey con siluetas de lo que parecían colibríes. Pero no era sólo eso. Pequeñita, menuda y tan pronto cerca de él como echando a volar escapándose de entre sus manos y distanciándose para no volver en una temporada. Y cuando volaba, le resultaba inalcanzable. Y le gustaría atraparla con una red para que estuviese a su lado, y ocultarla para que nadie más viese la belleza de sus plumas. Durante las últimas semanas se había percatado de que los celos le quemaban por dentro cada vez que la veía con Iván, y las ganas alejarla de él y proclamarla como suya, de poseerla y tomarla para que ese maldito ruso no pudiese mi mirarla le picaban en las manos. Pero en el fondo y aunque le costase verlo, sabía que eso no era justo para ella…y aun así…

- Me gusta tu jersey- soltó ella de repente rompiendo el tenso silencio que se había formado entre ellos, pasándole la mano por el brazo y acariciando el tejido.

- Gracias- murmuró. Por un momento se planteó el decirle que la mujer rubia, de la cual podía sentir la mirada, le había ayudado a escogerlo, pero en realidad Kanako no tenía por qué saberlo así que simplemente asintió y sonrió- Oye y…siento lo del lunes- se atrevió a decir finalmente

- Oh...eso- aun apoyada en su antebrazo y con las mejillas algo sonrojadas reunió valor para mirarle a la cara con una medio sonrisa- Ya te dije que no pasa nada.

- Ya…pero aun así- suspiró- No sé qué me pasó, perdona. Quería hacerte reír y fue lo primero que se me pasó por la cabeza.

- No importa- le frotó el brazo reconfortantemente, él se quedó mirando sus manos un instante y alzó de nuevo la vista hacia ella- No fue nada malo…

Y en ese instante, contrariado por perder la atención que estaba recibiendo hasta hacía un momento, Max soltó un profundo ladrido que hizo que Marcos y Kanako diesen un bote en el sitio y a punto estuviesen de caerse sino fuese porque él consiguió apoyar una mano en el suelo para mantener el equilibrio, sujetando a la chica del hombro para que no se fuese contra él. Sin mediar más palabras entre ellos devolvieron sus atenciones al animal, que movía la cola alegremente al recibir el cariño de dos pares de manos acariciándole.

Por su parte, Yaeko y Alex parecían haberse percatado de que respirar era una función vital para la supervivencia y había separado sus bocas, pero sólo lo suficiente como para apoyarse el uno en la frente del otro y susurrarse "te quieros" entre beso y beso, acompañado de risitas y algún que otro movimiento de pelvis por parte de ambos, que dejaban bien patente que de no haber público presente probablemente acabarían con menos ropa y llevando a cabo actividades que requerían bastante más movimiento. La bolsa en la que Yaeko traía lo que Akari y Michelle suponían que era su regalo yacía olvidada a sus pies, ya que sus manos parecían estar demasiado ocupadas por dentro de la camisa de Alex, el cual no parecía poner pegas y aún tenía las suyas agarrando, aunque con menos fuerza, el culo de su novia.

Akari dejó escapar un bufido cansado y se recostó el sofá, echando la cabeza hacia atrás en el respaldo y cerrando los ojos. Estaba tan, pero tan harto, de que siempre pasase lo mismo. No es que no se alegrase por sus amigos, sobre todo por Alex y Yaeko a los cuales se les veía mucho más felices desde que habían decidido confesarse sus sentimientos, pero el tener que observar de brazos cruzados a sus cuatro amigos tontear entre ellos no era una situación agradable. Sintió un peso cerca de su cabeza y abrió los párpados topándose con Michelle, que estaba de pie junto al respaldo del mueble en el que él estaba sentado y se apoyó en la cabecera, mirándole desde arriba con una mueca de horror. Incluso con esa expresión era preciosa, o al menos a él se lo parecía, pero Alex le había arrebatado la oportunidad de decirle lo guapa que estaba al adelantársele. Le estaba resultando muy difícil no quedarse fijamente mirando el movimiento de sus piernas, o del vuelo de esta minifalda de piel sintética que parecía que iba a levantarse de un momento a otro. Pero sin duda del lugar que más le costaba despegar la vista era de su escote. No se había percatado al principio y le pareció que simplemente vestía un jersey ajustado de cuello alto en color blanco, que ya de por sí le quedaba como un guante. Pero una vez Alex hizo la apreciación de lo guapa que estaba se fijó mejor y se topó con que la prenda estaba adornada a la altura del pecho con la cara y orejas de un gato…coronado por una apertura justo por encima de sus senos que dejaba una más que apetecible panorámica de cierta parte de la anatomía de Michelle que Akari se moría por mordisquear, lamer o simplemente tocar. Y a su mente volvía el momento del cumpleaños de Marcos hacía ya un mes en el cual su cara había aterrizado en esa misma zona, y no podía evitar preguntarse cómo sería repetirlo de nuevo con ese jersey.

- ¿Normalmente son así de inaguantables?- le preguntó interrumpiendo sus pensamientos.

- Así o más- suspiró y se rascó la frente- Siempre que quedamos todos juntos terminan igual. Si vienen Sheila o Eva me da igual, pero sino me aburro.- se quejó hinchando los mofletes y frunciendo ligeramente el ceño.

- Pobrecito…- le dijo con algo de lástima, Akari no tenía muy claro si se lo decía con sorna o en serio, pero sonrió igualmente- La próxima vez que quedéis los cinco llámame, y si estoy libre puedo venir- inesperadamente empezó a pasarle la mano por el pelo - Así tienes alguien con quien hablar.

- Hmmm….sí, lo haré- ronroneó al sentir los dedos de Michelle en su cabeza, si le iba a hacer eso cada vez que sus amigos pasasen de él, esperaba que lo ignorasen durante el resto de su vida.

- Deberíamos ir yendo- musitó mirando el reloj de su muñeca- A este paso llegaremos tarde.

- No parece que estén por la labor- y siendo sincero, él tampoco lo estaba. No quería dejar de sentir las caricias de la mujer, que estaban consiguiendo que un escalofrío placentero le recorriese el cuerpo y que los nervios que tenía en el estómago a causa de tener que darle el regalo a Joseph se diluyesen por completo.

- Aún tienes el pelo húmedo ¿no te lo vas a secar?- Akari negó con la cabeza, demasiado a gusto como para abrir la boca y hablar- Pues vamos entonces.

Y sin más desenredó los dedos de entre su pelo y se incorporó, dando palmadas y anunciando en voz que no daba derecho a réplica que fuesen espabilando que había que irse ya. El chico se pasó la mano por la cabeza, anhelando desde el momento en el cual se separó de él el tacto de la piel de Michelle contra la suya y lo placentero de sus caricias. Se levantó y fue hasta la despensa, en búsqueda de una bolsa de papel lo suficientemente grande como para llevar su regalo. Según estaba en ello la cabeza de Alex se asomó a la puerta y le chistó.

- ¿Tú no estabas ocupado con Yaeko?

- Está en el baño retocándose el pintalabios- respondió con sorna y sacando pecho- pero no venía a hablar de eso ¿qué os pasó en la habitación?

-¿Eh?- Akari se hizo el loco y clavó la vista en el suelo, como si fuese lo más fascinante que hubiese hecho jamás y agachándose para buscar en los estantes más bajos

- Michelle salió de tu habitación con la cara roja, y a ti parecía que te iba a dar un síncope.

- Sólo me ayudó a escoger la camisa…- pudo oír un sonido de incredulidad de boca de su amigo- Piensa lo que quieras, es lo que hay. Y por cierto- le miró con el ceño fruncido- Ya te vale, tío.

- ¿A mí?- se señaló confuso y se cruzó de brazos tras llegar a una posible razón en su cabeza- Si es por liarme con Yaeko lo siento, te vas a tener que acostumbrar o cerrar los ojos

- No es por eso, aunque deis algo de grima – Alex le dirigió una expresión profundamente ofendida- ¿Por qué le dices a Michelle que está guapa?

- Porque está espectacular- sentenció como si fuese lo más evidente del mundo.

- Lo sé ¡pero quería decírselo yo!- se levantó habiendo encontrado por fin una bolsa que le servía- Ahora me has quitado la oportunidad

- ¿Acaso que yo se lo haya dicho te impide decírselo tú?

- No, pero….no sé, tío- resopló- Ya no es lo mismo- su amigo se rio por lo bajo y Akari arrugó la nariz en un gesto de disgusto- No te rías de mí.

- No me río de ti- le dio un par de palmadas en la espalda- Díselo, le va a hacer más ilusión que lo hagas tú que yo.

Akari no estaba muy convencido, pero cuando iba a emitir su réplica se topó con que Alex ya no estaba y lo vio poniéndose el abrigo antes de agarrar a Yaeko de la cintura y abrir la puerta para salir de casa. Lo mismo daba, al fin y al cabo no tenía nada realmente importante que añadir.

Tras llegar al coche de Michelle y acomodar los regalos lo mejor posible para que no se dañasen, especialmente el suyo que era delicado y el de Marcos, que pesaba como un cadáver y que según decía el chaval era frágil, se dispusieron a emprender su camino. No obstante y una vez allí se percataron de algo de lo que nadie se había dado cuenta hasta ahora, o mejor dicho, algo sobre lo que ni él ni Kanako, ni Marcos habían pensado porque por las miradas de Michelle, Alex y Yaeko en seguida supo que ellos estaban al corriente.

Eran 6 personas, y el vehículo tenía tan sólo 5 plazas.

- Bueno, id entrando- Michelle abrió la puerta del conductor y empezó a dar indicaciones- Akari, tú de copiloto. Vosotros cuatro, atrás.

- ¿Pero cómo?- cuestionó Marcos- No hay sitio

- ¿Cómo que no? Se pone Kanako encima de ti y pista

- ¡NO!- dijeron los dos implicados al unísono

- Sí- sentenció- Vamos, ya estáis tardando

- ¿Y por qué no va Yaeko encima de Alex?- preguntó Kanako, apoyada por Marcos que empezó a asentir- Es su novia, es lo más lógico. – en ese momento totas las miradas se posaron en Michelle con verdadera curiosidad. A la japonesa no le faltaba razón y de hecho a los susodichos nos les importaría para nada tener que apretujarse en el interior del vehículo.

- Por dos razones principalmente, aunque si me dejas pensar probablemente encuentre más- levantó el dedo índice- Número uno, con lo grande que es Alex y lo alta que es Yaeko no me dejarían ver nada, y no tengo ganas de estamparme- levantó otro dedo- Número dos ¿Los habéis visto hace un rato en el salón? Si alguien va a tener sexo en este coche, desde luego voy a ser yo, no mis amigos.

- Tiene lógica- apoyó Akari.

- No nos vamos a poner a follar en el coche- se quejó Alex, agarrando a Yaeko de la cintura y apretándola contra él, ella asintió- No con gente delante al menos- la chica soltó una risita que hizo al resto de los presentes excepto a su novio poner los ojos en blanco.

- Vale, puede que tengas razón. Pero…- Kanako se llevó la mano a la barbilla, pensando- Puedo ir encima de Yaeko ¿no?

- ¡Sí anda! y arriesgarte a que te meta mano Alex al intentar sobar a Yaeko- respondió Marcos como activado por un resorte – Ni de coña. Para eso me voy yo en bus

- No vas a ir tú solo en bus- le contradijo Kanako- Para eso vamos todos.

- Si tanto problema hay puedo ir yo en bus, no me imp…- Akari iba a continuar la frase pero una reprobatoria mirada de Michelle le detuvo.

- El lunes bien que os agarrabais en el centro comercial y ninguno de los dos parecía estar a disgusto- se cruzó de brazos y los observó con severidad- Así que se acabaron las tonterías. Si os parece bien subid ya, sino os vais andando… ¡TODOS!- los señaló uno por uno y entró en el coche dando un portazo. Akari no dudo en seguirla y tras encogerse de hombros se subió en el asiento del copiloto sin rechistar. Iba a preguntarle si estaba enfadada cuando la vio hacerle una señal para que se callase mostrándole una sonrisa traviesa. Lo tenía planeado

En el exterior del coche, Yaeko y Alex animaban a sus amigos a sentarse como la rubia les había propuesto y dejarse de chorradas, pero Kanako aludió a que era ilegal que un coche de 5 plazas llevase a más de cinco personas. No obstante en cuanto oyeron el claxon y el sonido del motor encenderse, entraron apresuradamente en el vehículo sin más miramientos. Alex se acomodó junto a una de las ventanillas, Yaeko se puso en el centro apoyándose en él, que le rodeó los hombros con el brazo y le plantó un beso en la sien. Marcos y Kanako se miraron entre ellos con indecisión y después de una promesa por parte del chico asegurándole que no tocaría más de lo debido, éste entró y se sentó, seguido de Kanako que se apoyó con cierta reticencia en sus piernas.

- Quiero veros a todos ahí atrás poniéndoos el cinturón YA- exigió Michelle mirándolos a través del retrovisor.

Kanako se incorporó un momento, agarrándose al asiento de delante para darle espacio a Marcos para maniobrar. El chaval no estaba pasando un buen momento, o quizás estaba pasando demasiado buen momento, no lo tenía claro del todo. La cosa es que por si no le bastaba con el hecho de pensar que por un buen rato llevaría a Kanako sentada encima con todo lo que ello implicaba, en ese momento tenía justo frente a su cara y a muy poca distancia el trasero de la joven. Puede que ella se quejase de su cuerpo, pero ese culillo dentro de esos shorts con lazos en los bolsillos de atrás estaban provocando que a Marcos le entrase un calor que dudaba que fuese de la calefacción del coche, entre otras cosas porque no estaba ni encendida. Se quedó petrificado un momento, con las manos en el aire y no sabiendo muy bien qué hacer con ellas hasta que Alex carraspeó y le señaló el cinturón con un gesto con la cabeza. Sí. Eso. Tenía que ponérselo.

- Kanako no tiene cinturón- anunció mientras se abrochaba el suyo- ¿Ves? Te dijimos que era mala idea.

- Ohhh qué pena- Michelle giró la cabeza para mirarles con una expresión sardónica en la cara- Vas a tener que agarrarla.

- Pero no…- se empezó a quejar Kanako

- ¿Estáis?- preguntó la conductora devolviendo la mirada al frente. Alex, Akari y Yaeko respondieron afirmativamente y la mujer sonrió- Pues en marcha

Y arrancó con tal fuerza que Kanako, a la cual todavía no le había dado tiempo a sentarse, cayó hacia atrás encima de Marcos que la agarró de la cintura como un acto reflejo para que no se derrumbase a plomo sobre él. La cara de la chica adquirió un tono escarlata, o por lo menos eso le pareció ver en sus orejas y cuello, que era lo que podía vislumbrar desde su posición. Incluso con todas las capas de ropa que llevaba, le seguía pareciendo diminuta y sus manos casi podían rodear toda su cintura. No es que no le gustase tener a Kanako encima, de hecho le encantaba, pero el culo de la chica estaba rozando ciertas partes de su anatomía que tenían vida propia y que se estaban animando demasiado, y además la pobre parecía ir incomodísima, agarrada malamente al asiento de delante y teniendo que agachar la cabeza. Pudo escuchar una risita maliciosa de Yaeko a su lado y le parecía sentir la mirada socarrona de Alex vacilándoles. Les dedicó una expresión de disgusto, pero la respuesta de sus amigos fue sacarle la lengua para a continuación darse un profundo beso que hizo a Kanako soltar un quejido exasperado.

Una curva más pronunciada de lo que esperaba le hizo escorarse hacia un lado y sujetó con más fuerza a la chica sentada sobre él, que a punto estuvo de perder el equilibrio. La oyó musitarle un agradecimiento y él resopló, echándose momentáneamente hacia delante inconscientemente y reculando inmediatamente al darse cuenta de que acababa de apoyar la frente en la espalda de Kanako. Al moverse había rozado aún más su entrepierna con ella y tuvo que respirar muy profundamente, le estaba costando mucho no sujetarla con fuerza de las caderas y frotar su pelvis contra su trasero.

Al hecho de lo incómodo de la postura en sí se le sumaba el que realmente no sabía dónde poner los pies. Con ella encima tenía una movilidad nula, con el la cazadora puesta se sentía embutido en el reducido espacio del coche y además sufría tanto al verla claramente incómoda como por el hecho de que le quemaban las manos queriendo tocarla más y no podía hacerlo. Soltó a Kanako un momento para pasarse las manos por la cara, intentando despejarse. Un muy inoportuno frenazo de Michelle en un semáforo a punto estuvo de hacerla estamparse con el asiento de delante, sino fuese porque Marcos fue lo suficientemente rápido como para sujetarla en el último momento y apretarla contra él, haciendo que la espalda de la chica se apoyase en su pecho. Tragó saliva. Oh Dios. Le había prometido que no tocaría más de lo debido, pero no habían llegado a establecer dónde estaba el límite y cada vez tenía más ganas de tantearlo. Y desde luego oír a Alex y Yaeko besándose a su lado no ayudaba. Se obligó a rebuscar en su mente algo que le hiciese olvidar momentáneamente que el calor que sentía era fruto de su amiga Kanako y no de la calefacción, y desgraciadamente su pensamiento viajó hacia el lunes y ese vestido que tendría que llevar sin sujetador y casi sin bragas. Clavó la mirada en esa espalda ahora cubierta por un jersey y un abrigo y tuvo ganas de quitárselo, para ver si era verdad que tenía esos lunares que decían sus amigas. Resopló y empezó a tararear, evadiéndose lo suficiente como para recordar su conversación con Joseph. Le había dicho que tenía que mostrarse seguro, decidido, ofrecerle seguridad, y que los roces casuales animaban a las mujeres. Tomó aire y decidió poner en práctica las tácticas que su ¿mentor? le había confiado.

- ¿Podrías levantarte un momento, Kanako?- preguntó intentando mostrarse osado.

- Ah…sí…claro- tardó un poco en reaccionar y Marcos se preguntó qué se le estaría pasando a ella por la cabeza.

Podía sentir las miradas de todos los presentes en el vehículo sobre ellos, hasta la de la conductora, que aprovechando que la luz del semáforo tardaría unos segundos más en cambiar a verde les dirigió una sonrisa ladina desde la parte delantera. Ahí estaba otra vez, esos malditos bolsillos con lacitos incitándole frente a su cara. Si los tocaba ningún juez le condenaría, esos lazos estaban ahí por algo ¿no? Para, para, para, Marcos. Concéntrate se dijo a sí mismo. Se recolocó su revolucionada entrepierna con todo el disimulo del que fue capaz y se echó hacia atrás todo lo que pudo en el asiento, abriendo las piernas y dejando un pequeño hueco delante de él. Le dijo que ya podía sentarse justo a tiempo de que Michelle arrancase de nuevo, y cogiéndola suavemente del espacio entre la cintura y las caderas la ayudó a acomodarse en el diminuto hueco que había dejado frente a él en el asiento. Pudo sentir a Kanako estremecerse bajo su toque y sonrió con algo de malicia, al final iba a ser verdad lo que decía Joseph de los gatitos. Dirigió una mirada de refilón a Yaeko y Alex, que estaban algo estupefactos, lo que le hizo hinchar el pecho con orgullo. Akari tenía los ojos abiertos de par en par y le murmuró algo a la mujer que estaba conduciendo, que echó un vistazo por el retrovisor y alzó las cejas con cierta sorpresa.

- ¿Vas más cómoda así?- murmuró echándose un poco hacia delante, hablándole cerca del oído.

- S-s-sí- le pareció que le temblaba la voz y presionó ligeramente sus costados, que aún sujetaba.

- Bien- realmente se alegró. Le estaba doliendo verla con el cuello encogido en la posición en la que iban antes- Así además te puedo sujetar mejor y no te caes.

El resto del viaje si bien él intentó disimularlo, fue extremadamente tenso para ambos. Por fortuna sus amigos parecían haberse aburrido momentáneamente de ellos, o por lo menos habían decidido que ya no les iban a dar más juego y estaban cada cual a lo suyo. Yaeko y Alex haciéndose arrumacos que arrancaban bufidos de la boca de Kanako, y Michelle y Akari charlando en la parte delantera. No sabía que habría pasado entre los dos últimos recientemente, pero desde hacía unas semanas su amigo era capaz de hablar con ella sin parecer que tuviese algún tipo de lesión cerebral, de hecho le llegó a parecer que tenían incluso demasiada complicidad. Pero no le incumbía, en esos momentos tenía asuntos más importantes entre manos, literalmente.

Tras un par de vueltas por el barrio de Shokichi sin encontrar aparcamiento, Michelle los hizo bajar delante del portal del susodicho alegando que ella iría a buscar aparcamiento. Como era de esperar Akari decidió que le haría compañía y ellos cuatro descendieron del vehículo, cogiendo sus regalos del maletero y despidiéndose de sus amigos hasta dentro de un rato. Como ya era habitual en la pareja, Alex y Yaeko caminaban agarrados el uno al otro y hablando entre ellos, Marcos y Kanako se miraron con cierta incomodidad tanto por el hecho de tener que ver a sus amigos haciendo cursiladas como por la situación que habían vivido en el coche de Michelle. Sin decirse nada más se adentraron en el portal que Alex mantenía abierto y entraron los cuatro en el ascensor. El trayecto hasta el último piso del edificio transcurrió en silencio, a excepción de algún susurro entre sus amigos que hicieron al rubio y a la menor de las japonesas poner los ojos en blanco. Al llegar arriba pudieron ver que el anfitrión los esperaba con la puerta abierta, una sonrisa de oreja a oreja y dando palmadas entusiasmado. Yaeko dio un chillido ilusionado de repente y cogió a Alex de la mano, arrastrándolo hasta el marco de la puerta y plantándole un beso en los labios. Su novio se lo devolvió intensamente, agarrándola de ambos lados de la cara y metiendo la lengua en su boca de forma tan evidente que hasta los espectadores de la escena, es decir, Kanako, Shokichi y él mismo, se dieron cuenta. No entendiendo el porqué de tanta efusividad repentina, Marcos le dirigió una mirada de confusión a su amiga, cuya cara de asco fue tornándose poco a poco a una de estupefacción y acabó convirtiéndose en el horror más absoluto. Horror acompañado de un bonito rubor en sus mejillas, pero horror al fin y al cabo. Siguió la mirada de la chica, que se había agarrado con un par de dedos a la manga de su chaqueta y pudo sentir como si algo le apretase el estómago de repente. Muérdago. El cabrón de Shokichi había puesto muérdago.

Haciéndose el valiente, echó a andar hacia la puerta conforme Yaeko y Alex se separaban con cierta reticencia por petición del japonés. Podía sentir a Kanako a su espalda dudando sobre si seguirle o no y haciéndolo finalmente. Intentó cruzar la puerta pero Shokichi se mantenía firme frente a ella bloqueándole el paso, al igual que Yaeko y Alex, el cual le sonreía con cierta maldad. Miró por encima del hombro del anfitrión y pudo ver a Eva y Sheila saludándole desde el interior de la vivienda, dirigiéndole esta última una expresión de lástima.

- ¿Puedo pasar?- preguntó con cierta impaciencia

- Claro- respondió Shokichi, pero siguió sin moverse de su sitio

- Pues…- Marcos hizo un gesto con las manos como si estuviese separando el aire, indicándoles que le dejasen espacio- Emm… ¿dejadme?

- Sí, sí- el hombre asintió manteniéndose en su posición de brazos cruzados y con una sonrisa traviesa marcándole el rostro.

- Dejaos de tonterías, vamos aden…- pero la frase de Kanako se vio cortada cuando ni corta ni perezosa intentó entrar creyendo que entonces de apartaría y acabó chocándose contra el pecho de Shokichi, que ni se inmutó. El hombre empezó a negar con el dedo chascando la lengua.

- Hay muérdago y creo que no haga falta que os recuerde los requisitos para pasar bajo el muérdago- suspiró- de hecho creo que con la demostración de Alex y Yaeko debería bastaros.

Yaeko mostró una sonrisa juguetona y se rio por lo bajo, al igual que su novio, que sacó pecho con orgullo. Y como para corroborar lo que Shokichi acababa de decir se plantaron un fugaz beso en la boca y frotaron la nariz el uno contra el otro. Por favor. Eran tan empalagosos que serían capaces de provocar caries hasta al dentista con mejor salud dental del gremio. Marcos dirigió una mirada curiosa a Kanako, la cual se encogió de hombros pese a reflejar algo de vergüenza en su cara. Al fin y al cabo con un simple beso en la mejilla bastaría, y no es como si fuese algo nuevo para ellos. Ella ya le había dado alguno y él también, hasta le había dado un mordisco juguetón en la cara de hecho. Y bueno, si lo pensaba, la había llegado a dar un beso en los labios. Corto, torpe y fruto de la desesperación porque ella le estaba volviendo loco y no sabía cómo calmarla, pero bueno, ya era bastante más que posarle los labios en la mejilla. Suspiró rascándose la nuca y dejó su pesado regalo en el suelo, cogiendo a Kanako del brazo para colocarla bajo al umbral junto a él. Ella levantó un poco la cara pero pese a ello la agarró suavemente de la barbilla con su otra mano y se inclinó hacia delante, dejando que su boca se acercase a la suave piel de su rostro. Posó un breve y tímido beso casi más cerca de la comisura de los labios que su pómulo y se separó de ella lentamente. No le molestaba hacerlo, ni mucho menos, pero no es que hiciese gracia tener tanto público delante.

Shokichi se apartó de la puerta dando palmadas dejándoles pasar, al igual que Yaeko y Alex, el cual rodeaba a la chica de la cintura y miraba a Marcos con malicia. Iba a replicarle cuando algo captó su atención por el rabillo del ojo y se dio la vuelta, topándose con el árbol de navidad más grande, más decorado y con más luces que había visto en su vida. Casi se le cortó la respiración. Le encantaba la navidad y era una fiesta que pese a los esfuerzos de Alex nunca había llegado a celebrar tal y como le gustaría. Así que cuando se topó con el símbolo por excelencia de esas festividades, que a su pie acumulaba diversos paquetes envueltos en papel de colores, dejó que la emoción se abriese paso en su interior haciéndole olvidar el vergonzoso evento que acababa de vivir. Iba a ser la mejor fiesta de Navidad de toda su vida.

Salió del coche y se masajeó el cuello a sí misma, no estaba acostumbrada a conducir y no era raro que se le cargasen los hombros con la postura. De soslayo pudo ver a Akari estirarse tras cerrar la puerta del copiloto tras él, dirigiéndole una mirada interrogante al sentirse observado. Michelle aludió a que no hubiera hecho falta que la acompañase y antes de darle tiempo a responder fue al maletero, a sacar su propio regalo y el del chico. Le producía una enorme curiosidad el paquete rectangular que él agarró como si la vida le fuese en ello, quería saber cómo habría resuelto al final el tener que darle un obsequio a alguien como Joe, pero no le hizo preguntas, no quería presionarle y al fin y al cabo en un rato se enteraría. Tras otro par de vueltas por el barrio había localizado a un conductor yéndose, por lo que finalmente acabó encontrando aparcamiento bastante cerca de casa de Shokichi, y en menos de 5 minutos la alegre voz del hombre saludándoles por el telefonillo les dio la bienvenida. Akari estaba abriendo la puerta cuando Michelle lo oyó, esa inconfundible manera de caminar acercándose con paso decidido y enérgico hacia donde se encontraban. OH NO, NO, NO…dio un fuerte empujón al chaval haciéndolo entrar en el portal de golpe y pasando tras él casi chocándose con su espalda. Tiró de la puerta con todas sus fuerzas intentando dar un portazo y cuando creía que se habría librado de la historia de terror que se le venía encima, una fuerte mano sujetando la puerta en el último momento y una conocida voz acompañada de una radiante sonrisa, hicieron que no pudiese evitar soltar un quejido de disgusto.

- Hola, preciosa- abrió el portal con soltura y entró, cambiando la mirada de ella al chico que la acompañaba- Akari

- Hola- respondió este último. Ella se limitó a chascar la lengua y hacer un gesto de saludo con la cabeza.

- Hoy estás guapísima como siempre, Michelle- la alabó llevándose la mano al pecho y situándose entre ella y Akari, que se dirigían al ascensor- O incluso diría que más, el rojo te sienta de maravilla- aludió a su boina y su bufanda. Ella soltó un bufido exasperado- Te dan un aire de femme fatale que resulta hasta excitante. ¿A ti que te parece, Akari?

- A mí me parece que la estás haciendo sentirse incómoda- presionó el botón del ascensor con fuerza, frunciendo el ceño.

No pudo evitar mirar al chico fijamente, él debió notarlo pues se giró hacia ella y Michelle no dudó en dedicarle una sonrisa. No es que necesitase un caballero en brillante armadura ni mucho menos, de hecho aborrecía bastante esa idea, no obstante estaba tan harta de tener que lidiar con Joseph y que no la escuchase, que el que Akari intercediese por ella la alegró profundamente. No sabía si era impresión suya fruto del aprecio que sentía por él o que por comparación todo le parecía mejor que Joseph, pero en el japonés le parecía haber encontrado a alguien que la veía a ella como la persona que era en todo su conjunto, no como un mero trofeo de un juego de conquista.

- ¿Te estoy haciendo sentir incómoda?- preguntó con lo que parecía sinceridad entrando en el ascensor junto a ellos dos.

- Siempre- de dio al botón correspondiente al último piso y se apoyó en la pared del habitáculo junto a Akari.

A su mente vino el momento en el que se habían quedado encerrados en el ascensor de su edificio y a él debió pasarle lo mismo pues se miraron entre ellos y soltaron una leve risa. Joseph los observaba con curiosidad y una ceja enarcada, pero no hizo ningún comentario. Michelle se había esperado que antes o después el hombre le hiciese un interrogatorio al respecto de lo ocurrido en su despacho la semana anterior, pero sorprendentemente, no le había dicho nada. Sólo se había comunicado con él vía mensaje y había sido para preguntarle sobre su enfermedad, comentarle alguna cosa de sus investigaciones y cómo no, convidarla a comer o cenar cuando estuviese recuperada de su bronquitis, invitándola de paso a trasladarse a su casa para que poder atenderla como se merecía. Evidentemente, rechazó todas las ofertas.

- ¿Es ese mi regalo, Akari?- Michelle pudo verle entrar en pánico momentáneamente. Claro que Joseph sabía que le iba a regalar el pobre chico ¡cómo no iba a saberlo!- Parece un cuadro ¿te gusta el arte? Aunque dudo que hayas podido permitirte alguna gran obra- alzó las manos en señal de disculpa- Lo entiendo, muchas de esas obras ni siquiera puedo permitírmelas yo…

- Joe, ¿y tu regalo?- desvió el tema recibiendo un silencioso "gracias" por parte del japonés.

- Oh- centró la atención en ella mostrándole otras de sus resplandecientes sonrisas- Yo ya lo traje ayer, no quería que nadie me viese con él- le guiñó el ojo y se llevó un par de dedos a la barbilla- Es se-cre-to

- Pues bien que intentas saber los de los demás- murmuró Akari. Los miró para asegurarse de si le habían oído o no, pues su intención era que no lo hubiesen hecho, pero lamentablemente parecía que le habían escuchado a la perfección.

- Eso forma parte del propio juego- rio el rubio haciendo un gesto teatral con las manos.

Mientras Joseph les explicaba el interés del Secret Santa además del más que obvio reparto de regalos, llegaron al último piso del edificio y al bajar del ascensor se toparon con una visión muy similar a la que habían tenido sus amigos unos minutos antes. No obstante si bien su expresión se iluminó al ver a Michelle y Akari enfilar juntos el camino hasta la puerta de su casa, esta se ensombreció al ver a al otro hombre tras ellos. No es que no le gustase Joe, ni mucho menos, pero desde luego si había puesto muérdago en la entrada de su casa era claramente para tener una excusa para poder divertirse con las que para él eran parejas más que anunciadas. Y Joseph no entraba en ninguna de ellas.

- Oh no…otra vez no- bufó Michelle. Nada más ver a su amigo en la puerta se lo imaginó e instantáneamente miró a la parte superior del marco topándose, tal y como esperaba, con muérdago. Tiró de la manga de Akari y le indicó la planta, para que estuviese al corriente- Ya hizo esto el año pasado y me tocó besar a éste- le dijo señalando a Joseph, el cual mostró una expresión triunfal. El japonés mostró una mueca de horror absoluto y a ella se le escapó una sonrisa- Sólo fue en la mejilla, pero fue desagradable igual.

- ¡Feliz Navidad! – saludó efusivamente Shokichi una vez llegaron a la puerta. Al igual que ocurrió con Marcos y Kanako, bloqueó la entrada, no dejándoles pasar. Además a ello había que añadir la práctica totalidad de los que ya habían llegado a la celebración haciendo barrera detrás del anfitrión.

- ¿Ya estás con la tontería del muérdago?- le espetó sin responder a la felicitación y cortando en seco las que estaban dando Joseph y Akari.

- Es una tradición navideña como cualquier otra- la miró con ilusión haciéndose el inocente- No sé que le ves de malo

- ¿Me lo estás diciendo en serio, Shokichi?- se cruzó de brazos y su expresión se volvió más severa- ¿Qué pretendes?

- Naaaada- respondió muy poco convincentemente, como si de un niño al que le hubiesen preguntado qué había hecho después de cometer una trastada se tratase

- Perfecto, entonces pasaré sin más - dijo con un tono de voz que sonó duro e inflexible - Déjame hueco- tanto Shokichi como los que estaban detrás de él parecieron no darse por satisfechos con esa proposición y cerraron aún más la barrera, intercambiando miradas expectantes entre ellos. Yaeko llegó incluso a zarandear a Alex del brazo del cual estaba agarrada.

- Es que…verás….- miró a Joseph con cierto recelo y el rubio se llevó la mano al pecho simulando una gran ofensa. Luego se dirigió a Akari, que simplemente observaba la escena sin saber muy bien qué decir ni qué hacer.

- ¿Qué es lo que quieres Shokichi?- preguntó al borde de la exasperación.

- ¿Yo?...nada-

- ¿Quieres que le dé un beso a alguien?- ante la última pregunta Shokichi se mostró reticente balanceándose sobre sus pies. Akari se sonrojó y Michelle no tardó en sentir de nuevo sus ojos sobre ella. Joseph se acercó a ellos, animado por lo que, a su modo de ver, era una fabulosa idea de su anfitrión. Y de paso también con la intención de si al final había beso, ser él quien lo recibiese.

- ¿No?- respondió prácticamente con otra pregunta y mirando de refilón a su compatriota, el cual mostró una expresión de total confusión. Michelle suspiró poniendo los brazos en jarras.

- ¿Quieres que le dé un beso a Akari?

El aludido terminó de enrojecer por completo y se llevó una mano a la boca, ahogando un grito de sorpresa. Eva musitó un "hala lo que ha dicho" cubriéndose la cara con la manos y Sheila tenía los ojos abiertos de par en par. Yaeko empezó a zarandear aún con más energía a Alex, emitiendo sonidos agudos e ininteligibles. Desde donde estaba podía ver también a Marcos y Kanako, charlando a los pies del árbol de Navidad ,o más bien, Marcos revoloteando alrededor del vegetal mientras que Kanako lo miraba encogida en sí misma con cierta vergüenza, y no precisamente vergüenza ajena, sino propia, MUY PROPIA.

- Si quieres puedes darme un beso a mí. Lo aceptaré con gusto- prácticamente le ronroneó Joseph guiñándole un ojo. Michelle se apartó de él arrugando la nariz, realmente le llegaba a resultar muy molesto cuanto se comportaba de esa manera. No obstante no quería montar un número en la fiesta de Shokichi, todos lo habían estado esperando así que tomó aire e intentó ser lo más diplomática posible.

- Gracias por el ofrecimiento Joe, pero no

- ¿Podríais dejarnos pasar? por favor- pidió Akari con una seriedad que no le caracterizaba.

- Uy, ni que no quisieras recibir un beso- le picó Alex.

- Pues claro que sí- resopló- Pero desde luego no a la fuerza ¿qué sentido tiene eso?

Se hizo un silencio sepulcral entre los presentes, cayendo la información sobre ellos como una losa. Realmente al chico no le faltaba razón y la emoción de todos por ver el intercambio de besos se desinfló un poco. Bueno, la de todos menos las de Shokichi que hizo un gesto indiferente con la mano y siguió mirándolos fijamente con los ojos brillantes y una sonrisilla dibujada en la cara. Michelle dirigió su mirada el chaval, que se encogió de hombros y le mostró una expresión de derrota. En realidad no le importaba darle un beso, de hecho no le importaría hacer bastante más que eso. Lo que no le gustaba es que fuese a la fuerza, con público y como si fuese fruto de una apuesta creada para el divertimento de sus amigos. No obstante e impulsada más por la ternura que despertó en ella con su última frase, que por las miradas curiosas y expectantes de aquellos que bloqueaban la puerta, se acercó a él sin previo aviso y aprovechando los centímetros de más que le daban sus tacones le puso el brazo sobre los hombros. Se miraron un momento, él con curiosidad, ella con complicidad, y posándole la mano en mandíbula con suavidad acercó su cara a la de él y le plantó un beso en la mejilla. Sonoro, algo húmedo y dejando tras de sí una marca de pintalabios, además de un más que evidente sonrojo en el rostro de Akari. Ignoró las respiraciones contenidas de sus amigos y la expresión de asombro que soltó Joseph, seguida de un chillido de Yaeko, que había pasado de zarandear a golpear en el brazo a su novio.

- Te manché- explicó pasándole el dedo por la zona en la cual acababa de besarle. Le oyó tragar saliva con dificultad y pudo verle cerrar los ojos momentáneamente y respirar profundamente. Sus manos apretaron con fuerza el asa de la bolsa en la que llevaba el regalo, pero aun así se atrevió a posar su mirada en ella y mostrar una sonrisa algo avergonzada.

- No importa- musitó mientras ella intentaba limpiarle el carmín como buenamente podía- No hace falta que lo quites.

- No me cuesta nada, idiota- alejó la cara de él un momento para verle a más distancia- ¿Ves? Ya está- le dio un suave golpe con la cadera- ¿Vamos dentro?

Akari simplemente asintió sonriendo abiertamente así que Michelle se separó de él y entraron al salón aprovechando que sus amigos, con gestos de total estupefacción marcándoles la cara, abrieron un pasillo dejándoles pasar. No obstante cuando estaban cruzando la puerta, Shokichi, que se mantenía en un estado similar a haber sufrido un shock, reaccionó de repente emitiendo un sonido parecido a un llanto de sirena y que se abalanzó sobre ella y Akari abrazándolos a los dos. Los estrechó con tal fuerza que si no fuese porque su condición física era inmejorable a Michelle no le habría extrañado que le rompiese una costilla o algo similar. Cuando consiguieron liberarse, la chica se recolocó el pelo y la boina, que casi había perdido con la efusividad del hombretón, y Akari se pasó la mano por el cuello.

Echó un vistazo a su alrededor. Además de los que ya estaban en la puerta y de Marcos y Kanako, la cual los saludó al verles entrar, pudo atisbar a Adolf acomodado en uno de los sofás. Chascó la lengua, Rose también estaba allí. No es que le cayese mal…bueno sí, le caía mal, muy mal, y no le ofrecía nada de confianza. Pero aunque su honestidad brutal pujase por salir a la superficie haría todo lo posible por hacerla a un lado y mantener ciertas convenciones sociales para evitar conflictos. Akari le dirigió una mirada curiosa y le preguntó por lo bajo si se trataban de la mujer y la hija de Adolf, ella se lo confirmó, percatándose en ese momento de la pequeña cabeza de pelo castaño y bucles apoyada en el hombro de su amigo. Saludó intentando mantener una expresión impasible, pero lo cierto era que cuanto más crecía la niña, menos se parecía a Adolf. Evidentemente, a él jamás se le ocurriría decírselo. Se quitó el abrigo, suspirando, y no tardó en sentir una conocida presencia a su lado.

- Yo también lo he pensado- murmuró Joseph, a su lado, apoyándole la mano en el hombro como si le hubiera leído el pensamiento- ¿Te llevo el abrigo al perchero? Voy a dejar el mío

- Gracias- le dijo sinceramente, ofreciéndoselo.

Él le dedicó una de sus sonrisas y se alejó, momento que aprovechó para acercarse al pie del árbol, del cual Marcos había decidido retirarse en pos de ir a cotillear las novedades del acuario de Shokichi, para dejar su regalo. A unos pocos pasos de ella estaba Akari, mirando a su alrededor con desconfianza y dejando su presente entre el resto, escondiéndolo un poco de las miradas de los curiosos. Shokichi los llamó a todos para enseñarles la decoración de la casa a los que estuviesen interesados y tanto Alex como Marcos se mostraron muy entusiasmados y se acercaron en un instante al hombre, impacientes por ver el resto de la casa. Yaeko y Kanako también se unieron, aunque si bien se las veía contentas no mostraron sus ganas con tanta efusividad como sus amigos. Sheila miró a Eva interrogante y después se acercó a ellos, dejando a la alemana sola, la cual tras mirar hacia los sofás con cierta reticencia echó a andar hacia ellos algo cabizbaja. Por su parte, Akari le dirigió a ella misma también una expresión como si le estuviese pidiendo su autorización para algo.

- Akari, puedes ir con ellos si quieres. No me tienes que pedir permiso

- ¡Gracias!- le hizo una leve reverencia y se acercó al resto de sus amigos, uniéndose inmediatamente a sus bromas y echando los brazos por los hombros a Alex y Marcos

Michelle optó por ir a hacer compañía a Eva, la cual la miró como si fuese su salvadora cuando se sentó junto a ella en el sofá. Pudo notar la tensión en el ambiente nada más acercarse a ellos, Rose parecía estar mal a gusto y tenía mala cara, y Adolf intentaba mantener una conversación con ella y su ayudante, pero dado que la joven se sentía incómoda su timidez había vuelto al ataque y sólo era capaz de responder con monosílabos. Para intentar animarla Michelle preguntó por qué no había ido con el resto, al parecer Shokichi ya les había enseñado la decoración y Sheila había querido verla otra vez por razones obvias que poco tenían que ver con la decoración y más con el decorador. Charlaron ya más tranquilamente sobre temas de la universidad, incluyendo también a Adolf, el cual al encontrarse en lo que parecía un terreno neutral se animó a hablar e incluso consiguieron que Rose se uniese con alguna vivencia de la universidad. Dana, la cual ya empezaba a revolverse nerviosa en brazos de su padre, mantenía su mirada obnubilada clavada en Eva. En cuanto Adolf la posó en el suelo, la niña fue a trompicones y agarrándose al sofá hasta la joven, la cual como con un acto reflejo la sujetó de sus pequeños hombros para ayudarla a mantener el equilibrio. Balbuceó algo similar a "bonita" y alargó sus manitas hacia ella. Eva miró interrogante a Adolf, que con una medio sonrisa que no dudó en ocultar en el cuello de su jersey, asintió. Eva cogió a la cría y la sentó en su regazo, no pudiendo evitar dirigirle una mirada emocionada a su amiga. Michelle intentó devolverle el gesto pero no le salió, no entendía a qué tanto revuelo con los niños. Vale, eran monos y tal, pero no dejaban de ser humanos en miniatura enérgicos, llorones, babosos, sucios y con los cuales no se podía mantener una conversación interesante. Además su cuerpo tampoco funcionaba bien y se les complicaban hasta las tareas más básicas. Y por si fuera poco le daban algo de miedo, no por lo que le pudiesen hacer sino por lo contrario. Eran tan frágiles, tan pequeños y tan indefensos que le daba la sensación de que podía hacerles daño sólo con estar cerca de ellos.

La niña emitió una serie de gorjeos agudos que a Michelle le resultaron totalmente imposibles de descifrar, y empezó a acariciar el pelo y la cara de Eva mientras se reía. Su amiga parecía bastante emocionada, al igual que Adolf, que se quedó prendado mirando la escena. Por suerte o por desgracia Rose daba la sensación estar demasiado ocupada consultado su teléfono móvil como para percatarse de la mirada cargada de sentimiento que su marido le dirigió a su ayudante. Sintiéndose ligeramente incómoda se giró un poco para echar un vistazo por encima del respaldo. Shokichi se veía radiante guiando a los chavales por su casa mostrándoles todos los perifollos, bastante horteras en su opinión, que había repartido por la misma. No había rincón sin ornamentar y el hombretón mostraba la mejor de sus sonrisas sacando pecho mientras explicaba los entresijos de una buena decoración navideña y los trucos que él utilizaba. Sheila le escuchaba totalmente obnubilada y con las mejillas sonrosadas, asintiendo ante casi cada una de sus palabras, Yaeko y Kanako escuchaban con atención intercambiando de vez en cuando opiniones y lanzando alguna pregunta y Akari, Marcos y Alex correteaban de un lado a otro, tocándolo todo y emitiendo gritos de sorpresa o admiración de cuando en cuando. En cuanto a Joseph, hacía ya un rato que había desaparecido y no tenía ni idea de dónde podría encontrarse. Fue entonces cuando notó un peso apoyarse a su lado y miró de refilón encontrándose con él, acomodándose en el sofá y estirando los brazos en el respaldo. Le cuestionó en silencio pero él simplemente sonrió negando con la cabeza. Bueno, si no se lo quería contar, tampoco le iba a insistir más.

El resto del grupo se acercó al sofá hablando y riendo entre ellos, momento en el cual Rose se excusó para ir al baño. Eva, a su lado, respiró aliviada y pasó su mano por los bucles de la niña, que seguía embelesada con su melena rubia. No obstante en cuanto los chicos se posicionaron junto al sofá y la niña vio a Shokichi, lo llamó con efusividad y el hombre no dudó en acercarse y arrebatársela a Eva de los brazos, la cual mostró una expresión de decepción que no pasó desapercibida ni para Michelle ni para Joseph. La alzó en volandas y agarrándola por debajo de los brazos empezó a hacerle pedorretas en la barriga arrancándole una serie de carcajadas a la pequeña que inundaron la habitación. Ninguno de los presentes, salvo Shokichi, había visto nunca tal expresión de alegría en la cara de Adolf, que se incorporó del sofá y caminó hacia su amigo.

- Qué pequeña es- saltó Marcos como si fuese la primera vez en su vida que viese un bebé- Sabe emmm… ¿hacer algo?- preguntó con sincera curiosidad. No obstante y pese a que sus intenciones no eran malas no se libró de una mirada fulminante de Adolf, una colleja de Kanako y un codazo de Alex. Michelle soltó una carcajada nasal, en el fondo, estaba de acuerdo con él.

- ¡Claro que sabe!- exclamó Shokichi ofendidísimo abrazando a la cría y cubriéndole los oídos, no queriendo que escuchase el despropósito que el rubio acababa de decir- Dana es una niña, muy, muy, muy lista ¿verdad?- la cría respondió afirmativamente y se abrazó al cuello de Shokichi, que le plantó un sonoro beso en la mejilla. Sheila estaba muy sonrojada y no apartaba los ojos del hombre y Yaeko tenía las manos bajo la barbilla y se acercó a ellos con los ojos brillando de emoción.

- ¿Puedo…puedo cogerla?- miró a Adolf y Shokichi esperando aprobación y en cuanto lo hicieron alargó las manos hacia la niña y la sostuvo en sus brazos. En cuanto lo hizo inmediatamente centró su mirada en Alex, que tragó saliva y dio un par de pasos hacia atrás- Aleeex…

- NO, no, no, no, no- empezó a negar con la cabeza y las manos- YAEKO, NO- para ninguno pasó desapercibido el hecho de que la había llamado por su nombre en lugar de por su mote cariñoso

- Aaaaaaaleeeeeeeeex, mira que mooooooona

- Preciosa- tragó saliva y se escondió detrás de Akari, que miraba la escena divertido. Marcos se reía por lo bajo y Kanako puso los ojos en blanco, se lo veía venir.

- Os voy a pedir que me devolváis a Dana, no es un juguete…

- Perdón Adolf- murmuró Yaeko algo decepcionada y dejando a la cría en los brazos de su padre, la cual parecía estar pasándoselo genial con tanta gente haciéndole caso y danzando de una persona a otra.

Eva se levantó y se acercó al grupo que se dedicaba a hacerle tonterías a la niña, mientras que Michelle y Joseph se mantuvieron en el sofá, observando la escena desde la distancia pero sin tener muchas ganas de unirse a ella. La mujer suspiró, con cierta pena, no pudiéndose quitar de la cabeza la idea de que esos ojos marrones y esos bucles castaños se parecían muy poco a los de su supuesto padre. Claro que ella no era quien para interceder, ni para malpensar pero….cuando más tiempo pasaba, más claras le parecía ver las evidencias.

- Joe- llamó al hombre que tenía a su lado, que también observaba a su grupo de amigos con una expresión de incomodidad. En cuanto posó los ojos en ella con un halo de curiosidad, se aventuró a preguntarle tras coger aire- Sólo por confirmar. Genéticamente hablando… ¿Cómo de alta es la probabilidad de que de padres de ojos claros nazca un hijo de ojos oscuros?

- Eres adorable preocupándote- le dijo con una sonrisa tierna y sin su habitual tono petulante- Lamentablemente creo que no voy a poder animarte, conoces la respuesta de sobra.

Michelle se mordió el labio, frustrada. Adolf no era tonto, probablemente hacía ya mucho que se había dado cuenta de que algo no cuadraba y había decidido o bien obviarlo o bien cargar con ello en silencio. Conociéndole, probablemente lo segundo. Pero parecía tan feliz con esa niña que aunque así fuese, los pros superaban, con mucho, a los contras. Dándole un par de leves toques en la espalda la animó a levantarse y unirse al resto con la excusa de que iba a hacer un experimento etológico. Los ordenó ponerse a todos en fila justo en el momento en el cual Rose volvió a hacer aparición tras estar una eternidad en el baño, y la hizo colocarse a ella también. Arrebató momentáneamente a la cría de los brazos de Adolf, el cual lo miró contrariado. Alegando que en seguida se la devolvía llevó a Dana al inicio de la fila que había formado y agarrándola con cuidado de sus manitas la posó en el suelo haciendo que se mantuviese de pie. Una vez consideró que todo estaba en orden le dijo a Dana que fuese hasta su persona favorita. La niña lo miró con cierta confusión al principio, pero luego clavó la mirada en su padre, al cual se le estaba cayendo la baba casi literalmente, y fue avanzando hacia él agarrándose a las piernas de todos los invitados, a los que Joseph había colocado estratégicamente. Rose observaba la escena de brazos cruzados con un mohín de disgusto, y su marido, que en un principio le había recriminado a Joseph que usase a su hija como consejillo de indias, se ablandó al verla avanzar hacia él y se agachó esperando para abrazarla. No obstante los pasos aun torpes de Dana la hicieron dar un traspié cayéndose al suelo y echándose a llorar gusto cuando estaba al lado de Alex. Adolf iba a acudir a socorrerla al instante, pero el chaval se agachó junto a la niña la levantó del suelo, poniéndole muecas graciosas. Marcos y Akari no tardaron en unirse y la cría pasó del llanto a la carcajada en segundos, para alivio de los padres de la criatura.

- Alex- murmuró Akari a su amigo- Te recomiendo soltarla, Yaeko te está mirando como si fuese a empezar a ovular de un momento a otro- Alex la soltó de inmediato y el relevo lo tomó Marcos, al cual le estaba divirtiendo en sobremanera que Dana se desternillase con cada cosa que hacía.

En ese momento el telefonillo sonó y Shokichi corrió a abrir totalmente entusiasmado. Eso significaba que Keiji y Amelia habían llegado, y que podrían disfrutar de una nueva escena vergonzosa bajo el muérdago. Mientras Alex huía para hablar con Yaeko y quitarle ideas raras de la cabeza y Kanako se entretenía hablando con Sheila y Eva mientras miraba a Marcos de refilón, Michelle, Joseph y Akari acompañaron al anfitrión a la puerta para ver el espectáculo. Dado que ellos tres habían sido las últimas víctimas, querían disfrutar de ser parte del público aunque fuese sólo una vez. Como si no fuera lo suficiente evidente, Shokichi no hacía más que repetir que estaba muy emocionando, dando saltitos sobre los talones y mirando impaciente la puerta del ascensor. En cuanto el sonido característico del elevador abriéndose sonó, hasta Michelle se mostró emocionada. ¡Qué demonios! Era raro ver a Keiji comportarse de esa manera con alguien, y teniendo en cuenta el más que evidente enamoramiento de Amelia por él se moría de ganas por ver las reacciones que podrían llegar a tener.

Supo que Keiji se había dado cuenta de la trampa en cuanto vislumbró su rostro desencajándose conforme caminaba hacia la puerta, para a continuación dirigirle una mirada fulminante a su mejor amigo. El susodicho mostró una sonrisa radiante y canturreaba por lo bajo villancicos, aludiendo poco después al hecho de que le encantaba la Navidad. Amelia, que también se había dado cuenta del engaño, estaba pálida, y le dirigió una mirada de auxilio a Michelle.

- Nos ha hecho a todos los mismo-

- Sí- corroboraron al unísono Shokichi y Akari, el uno visiblemente más ilusionado que el otro.

- Shokichi, todos los años haces lo mismo ¿no crees que ya es hora de que cambies un poco?- recriminó Keiji sin atreverse a dirigirle los ojos a Amelia.

- Las buenas costumbres hay que mantenerlas.

- Te aconsejaría no intentar convencerle, Keiji- dijo Joseph- Debe haber estado ensayando y tiene todo tipo de excusas- Shokichi asintió dándole la razón. El boxeador bufó, pasándose la mano por la cabeza, y Amelia jugueteaba nerviosa con el gorro de lana que llevaba en las manos.

- Yo os diría que cuanto antes mejor- colaboró Akari- Lo vais a tener que hacer igualmente.

- Pero… ¿no hace falta que sea en la boca ¿no?

- ¡Oh Amelia-chan! Tú sí que entiendes el espíritu de la Navidad- la agarró de los hombros, emocionado – Puede ser donde tú quieras

- A mí en la mejilla no me importa…creo- murmuró a Keiji mirándole de soslayo. El boxeador se atrevió a devolverle el gesto y suspiró pasándose la mano por la cara. Conocía a Shokichi, sabía perfectamente que a Akari no le faltaba razón.

- Está bien…- carraspeó- ¿Cómo lo hacemos?

- Pues…- la cara de Amelia fue tornándose más y más roja- puedo dártelo y ya está

Tiró un poco de su brazo de Keiji y éste, tras asentir, se agachó. La chica fue poco a poco acercándose a él con los labios en posición de posar un pequeño beso en la mejilla, pero en el último momento se acobardó y se detuvo de golpe, cubriéndose la cara con las manos y disculpándose por no ser capaz. El boxeador la miró con algo de lástima, y con la presión de las expresiones expectantes de sus amigos sobre él, en un rápido gesto plantó sus labios en la frente de la chica y se apartó inmediatamente, profundamente ruborizando.

- ¿Ya?- cuestionó abriéndose de brazos. Todos asintieron y Shokichi prácticamente lloraba, murmurando algo similar a "crecen muy rápido"

- ¿Veis? Eso sí es adorable y no los humanos en miniatura- sentenció Michelle- ¿Cenamos ya? Tengo hambre

Y finalmente tras un rato más de los correspondientes saludos y dejar que Amelia y Keiji se quitasen los abrigos y dejasen sus regalos junto al resto, se acercaron todos a la zona de la casa a la que Shokichi les había impedido acceder hasta entonces. La visión de un enorme kotatsu con un hot pot en el medio los entusiasmó prácticamente a todos, incluso a Shokichi que lo había planeado y Joseph, que fue quien le ayudó a montarlo y preparar los alimentos. Los gritos ilusionados y las peleas por qué sitios ocupar no se hicieron esperar. Shokichi les pedía a voces que se quitasen los zapatos antes de entrar en el kotatsu, Marcos tiraba de la manga de Kanako con efusividad, preguntándole muy emocionado qué era todo eso y cómo debía utilizarlo. Alex y Yaeko se sentaron tras descalzarse mientras ella le explicaba costumbres de su país natal, al igual que hacía Keiji con Amelia, que miraba los palillos con cierto horror buscando un tenedor con la mirada. Adolf se sentó a parte junto a Rose y la niña, pues le había llevado su propia comida y preferían alejarse un poco de la algarabía que provocaban sus amigos, además del hecho de que no había sitio para tanta gente. Shokichi tomó asiento en el único lado de la mesa en el cual aún no se había sentado nadie y Michelle ni corta ni perezosa agarró a Akari del brazo y lo arrastró con ella, alegando que los sitios al lado de Shokichi eran los suyos. De esa forma conseguiría librarse de tener que posicionarse junto a Joseph, el cual la miró soltando una risilla y se sentó junto a Alex y Yaeko, ya que era un hueco que el resto de invitados estaba obviado de forma bastante flagrante. A parecer ninguno de los presentes, y con razón, tenía ganas de sentarse junto a la ardiente pareja.

Akari se deshizo de sus botas y cuando iba a acomodarse en el kotatsu una mano apoyándose en su hombro y una voz diciéndole que esperase le hizo detenerse. Michelle se había agarrado a su hombro para mantener el equilibrio mientras se descalzaba, y casi como un reflejo posicionó uno de sus brazos alrededor de la chica sin llegar a tocarla, por si esta hacía el amago de caerse. Pero evidentemente, teniendo en cuenta de quién se trataba la mujer, no lo necesitó.

En cuanto se sentaron e incluso antes de que el hot pot estuviese encendido, Akari vio a Michelle empezar a picotear por el rabillo del ojo, y tomándoselo como que había abierto la veda él también aprovechó. Se estaba muriendo de hambre. No obstante su ritmo de ingesta era bastante más bajo de lo esperado, pues se veía incapaz de apartar la vista de ella y de esos labios, carnosos y suaves que tantas veces había imaginado sobre su cuerpo, comiendo con avidez. Le había besado, en la mejilla y a cuenta del muérdago, pero lo había hecho. Y no sólo eso, sino que había llegado a rodearle con el brazo, y a posar la manos en su cara e incluso a darle un golpe con la cadera. Realmente no tenía muy claro qué sentir, evidentemente estaba eufórico, pero ese beso había conseguido encender aún más su ya de por sí ardiente imaginación y ahora que había sentido esa boca de verdad no cesaba de visualizarla en sus partes pudendas. Y al mismo tiempo que pensaba eso, el cariño que sentía hacia ella le golpeaba como una toalla mojada y se imaginaba abrazándola, enterrando la nariz en ese pelo que olía a vainilla y besándola suavemente en la coronilla. De hecho cuando hacía ya unas horas le había ayudado a elegir la camisa que llevaba puesta, había tenido que controlarse para no hacerlo. Lo miró de soslayo cuestionándole y metiéndose un trozo de carne en la boca, él simplemente negó con la cabeza y siguió comiendo. Le encantaba eso, el haber llegado a tal nivel de confianza con Michelle que la comunicación no verbal se había vuelto algo habitual entre ellos. Eran momentos como esos los que le hacían sentir que en realidad estaban en el mismo nivel, y la idea de que en algún momento ella pudiese corresponderle ya no se le hacía tan disparatada.

Aprovechando que estaba distraído, la mujer a su lado acercó los palillos a su cuenco y le robó el trozo de carne más apetitoso que tenía en él. Le dirigió una expresión de incredulidad y ella se rio por lo bajo, alargando de nuevo la mano para arrebatarle otro pedazo. La esquivó malamente y decidió entrar en su juego, pasando su brazo por detrás de ella para llevarse con los palillos unas exquisitas setas shiitake que había dejado desprotegidas. Al notarlo, Michelle se revolvió en el sitio y con dos dedos le pinzó el trapecio entre el cuello y el hombro, haciéndole encogerse en sí mismo de puro dolor. En un acto reflejo soltó los palillos, e intentó cubrir su cuenco de comida con su cuerpo. Miró hacia abajo y se topó con el escote de la mujer, lo que consiguió que bajase la guardia por completo y que ella lograse su objetivo, arrebatándole el otro pedazo de carne con una sonrisa triunfal. Le liberó de su agarre y Akari movió el cuello hacia los lados recolocando sus músculos doloridos. Miró su cuenco con algo de lástima mientras la veía a ella sacar más carne de la olla, simplemente se la había quitado porque no quería esperar tanto a que se hiciese la suya. Ella se rio por lo bajo, mirándole y aunque al principio le devolvió una expresión enfurruñada, no tardó en sonreír. Era incapaz de resistirse a hacerlo cuando la veía contenta. Podía sentir las miradas inquisitivas de Joseph y Eva sobre ellos, por fortuna el resto parecía demasiado entretenido con sus propios quehaceres como para haberse percatado de su pequeña batalla. Echó un vistazo alrededor y se topó con que a excepción de los ya mencionados, el resto de sus amigos estaban enseñándose los unos a los otros a utilizar los palillos. No fue hasta ese momento que se percató de que a él también le habría gustado poder enseñarle a Michelle a usarlos, pero en cuanto la vio manejándolos con soltura y dejando en su cuenco vacío una apetecible seta shiitake se le olvidó. Al fin y al cabo la profesora era ella ¿no?

- Marcos, pedís comida a restaurantes asiáticos habitualmente- resopló Kanako- Ya deberías saberlos usar.

- Ya, pero ya sabes que me canso y acabo usando el tenedor- le puso carita de pena- Pero aquí no hay- la miró con un palillo en cada mano chocándolos entre sí- Además quiero que me enseñes tú- Kanako apartó la cara un poco sonrojada y Marcos sonrió. Estaba disfrutando esa fiesta incluso más que su cumpleaños, ya no sólo por la celebración en sí sino por el rato que estaba pasando con la chica.

- Pues tienes que sostener los palillos así- le indicó poniendo su mano delante de él y colocando primero uno y luego otro, repitiendo la operación un par de veces para que memorizase la posición de sus dedos – No entiendo por qué haces esto, Marcos.

- Me gusta cuando me cuentas cosas- le espetó con los ojos brillantes y mirándola desde arriba adelantándose hacia ella. La chica se colocó el pelo detrás de la oreja con cierto nerviosismo y se apartó el flequillo de la cara

- Anda, deja de decir tonterías y prueba a sujetarlos como te he dicho- lo hizo y Kanako asintió, indicándole que estaba bien.

No obstante en cuanto probó a llevarse un trozo de seta a la boca, se le cayó y tuvo que capturarla al vuelo con la mano. La chica suspiró tras tragarse el trozo de comida que estaba masticando y le pidió que le enseñase de nuevo cómo estaba sosteniendo los palillos. Le hizo repetir la operación de antes para cogerlos como correspondía, pero volvió a obtener el mismo resultado. Marcos rio maliciosamente ante la expresión de exasperación de Kanako. Puede que quizás, sólo quizás, estuviese haciéndolo a propósito para tener su atención . De refilón pudo ver a Joseph guiñándole un ojo mientras le daba un trago a su jarra de cerveza. Ese gesto por parte de su mentor infló su ya de por sí generoso ego, envalentonándolo más de lo que ya estaba.

- Si no te sale, pínchalo con los palillos y ya está- bufó – En Japón es de mala educación pero bueno, no estamos allí.

- No, jo, Kanako – utilizó su más poderosa técnica…los ojos de cachorro abandonado- esta vez seguro que ya me sale, a la tercera va la vencida ¿no? – pudo ver como la expresión de su amiga se ablandaba segundo por segundo, pasando de un gesto ligeramente enfurruñado a una mirada mucho más amable.

- Está bien…- Marcos la sonrió, arrancándole a ella otra sonrisa- Trae la mano.

Y tal cual se la pidió, de la dio. Y sí, se estremeció un poco al sentir los dedos de la chica posándose sobre los de él, colocándoselos en lo que ella consideraba la posición correcta para sostener los palillos, pero evidentemente no dejó que lo notase. Sintió un calor agradable recorriéndole el cuerpo cuando las pupilas de Kanako dejaron de posarse en su mano para hacerlo en su mirada, como percatándose de repente de lo cerca que realmente estaban. Y se perdió un momento en sus ojos negros, y en ese ceño ligeramente fruncido y esos labios algo arrugados en una mueca de concentración. Casi hasta podía contar las prácticamente imperceptibles pecas que se perdían en su cara. Nunca antes las había visto y eso que recorría con sus ojos cada rincón del cuerpo de la chica y lo conocía casi como la palma de su mano. Quizás era porque nunca la había visto tan cerca, ni siquiera cuando la besó en los labios hacía ya un mes atrás. En aquel entonces ella estaba demasiado borracha, la luz era demasiado escasa y él estaba demasiado desesperado como para fijarse. Y sin embargo ahí estaban, como burlándose de él porque haber conseguido escapar de su mirada hasta entonces.

- Tienes pecas

- ¿Eh?- aflojó el agarre en su mano un momento fruto de la sorpresa, pero en seguida se recompuso y tras carraspear volvió a su tarea de enseñarle a coger comida con los palillos- Sí, bueno. Casi no se ven, cuando me maquillo más ni se notan.

- Me gustan- dijo de forma totalmente espontánea. Ni siquiera llegó a pensarlo.

- Gracias- respondió ella, la sorpresa le marcaba el rostro, pero ante todo, le se la veía contenta. Le gustaba tanto verla así….

En frente suyo, sentados al otro lado de la mesa, una abatida Amelia intentaba utilizar los palillos con poco éxito mientras Keiji le daba indicaciones. Estaban tan metidos en su propia burbuja que ni siquiera reaccionaron cuando Shokichi preguntó que si luego querrían tomar postre.

- Puedo ir a por un tenedor a la cocina. No me cuesta nada- le sugirió de forma totalmente desinteresada

- Gracias pero…- se mostró algo dudosa- Todos están usando las palillos, no quiero molestar

- No es molestia, Amelia- hizo un amago de levantarse y ella le posó la mano en el brazo, impidiéndoselo.

- Quiero aprender- murmuró- Sólo tengo que esforzarme un poco más- Keiji le dedicó una de sus sinceras sonrisas y casi instintivamente posó su mano sobre la que la chica había apoyado en su brazo. Se miraron un momento y en cuanto se dieron cuenta de su posición se soltaron al instante, ambos con algo de vergüenza reflejada en sus caras.

El inocente beso que había compartido al llegar, si bien había sido difícil para ambos, era a Keiji al que tenía más preocupado. Nunca en su vida le había dado un beso a una chica, nunca, y su idea de su primer beso era más romántica, con menos público y con alguien de quien estuviese locamente enamorado. Y a Amelia la apreciaba, era una buena amiga y una chica encantadora además de muy bonita pero no estaba enamorado de ella ¿no? Vale que a veces se ponía nervioso a su lado, o que le daban ganas de tocarla y que le gustaba pasar tiempo con ella y los días que iba al gimnasio estaba más impaciente que el resto. Nunca había estado enamorado antes así que no tenía tampoco muy claro lo que se sentía, pero viendo cómo se comportaban sus amigos enamorados, el aprecio que él sentía por Amelia distaba mucho de eso. No obstante podía notar cierto calor en el pecho al verla, como en ese momento, intentando meterse en la boca un trozo de verdura que acabó en su regazo arrancándole un bufido. Soltó una leve risa y le acercó una servilleta, que ella aceptó con timidez y utilizó para limpiarse la boca y la cara, donde se había manchado con algo de salsa. La llamó y tras ponerle algo de comida de la olla en el cuenco, le indicó que para que no le ocurriese eso cogiese el recipiente en la mano y se lo acercase también a la boca, para que en caso de que cayese lo hiciese dentro. Ella lo miró como si acabase de descubrirle el mundo y no tardó en probar, devolviéndole una sonrisa tras ser capaz de comer algo sin tirárselo por encima. Keiji suspiró, realmente era muy bonita cuando reía.

Eva por su parte y después de que Michelle y Akari terminasen con su batalla por comida, había establecido una conversación agradable con ellos dos a la que Joseph también se había unido. Alex y Yaeko, que habían estado dándose la comida en la boca el uno al otro y que habían desaparecido primero la una y después el otro con la excusa de ir al baño, hacía ya rato que no daban señales de vida. No tuvo que pensar mucho para imaginarse que estarían haciendo, el dónde, casi prefería no saberlo. Su amiga Sheila había pasado toda la velada embelesada con Shokichi, que la ayudaba a manejar los palillos y le llenaba el cuenco de comida constantemente aludiendo a que se alimentase porque todavía tenía que crecer. La mejicana estaba tan prendada de la conversación que ni siquiera pareció percatarse de lo dolorosas que podrían llegar a haber sido esas palabras de haberlas asimilado correctamente. Se echó la melena hacia atrás atendiendo a la especie de duelo intelectual que se había establecido entre Michelle y su director de tesis, echando una mirada de reojo a los tres invitados a la celebración que se mantenían alejados del resto. Hacía ya rato que habían dado de comer a la niña, la cual estaba en brazos de Adolf pero miraba hacia la mesa en la que estaban el resto con total y absoluta curiosidad. Tras dirigirle una mirada a Eva, Adolf se levantó y agarrando a la niña de las manos caminó hasta ellos, preguntándoles qué tal la cena. Dana, soltándose de su padre lo justo y necesario, trastabilló hasta Eva y aprovechando que estaban sentados en el suelo se agarró de su brazo, mirándola emocionada. Su padre quiso llevársela, pero después de que insistiesen por activa y por pasiva de que no molestaba volvió con Rose dejando a la cría sentada en el regazo de su ayudante.

Dana miraba a su alrededor totalmente obnubilada con todo lo que había en la mesa, y alargó sus manos varias veces hasta objetos potencialmente peligrosos que tuvieron que alejar de ella. Akari, en un arranque de lucidez, aprovechó uno de los múltiples papeles que había por encima del kotatsu para hacer una grulla y dársela a la cría, consiguiendo entretenerla lo suficiente como para no intentar coger más cosas. Puede que Michelle les hubiese dicho el otro día que entre ella y Akari no había nada, y de hecho estaba segura de ello, pero no se le escapó la mirada tierna que depositó sobre él conforme el chico hacía origami, y en general, casi siempre que lo miraba sin que él se diese cuenta.