Saludos desde Ecuador para mis lectores:

Llegamos a las 50 entregas del fic. Gracias sinceras a todas las personas que se dan su tiempo para leer esta historia. También hago una mención especial a quienes me apoyaron con sus comentarios. Hikaru Kino88, lobunaluna y Crys; muchas gracias por su apoyo.


[Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


CAPÍTULO 50: ¡ENIGMA! EL ROSTRO OCULTO DETRÁS DE LA MÁSCARA


==Maravilla Suprema. Jardín de K'uen-Luen, Entrada al Monte Penglai==

—¿Qué… acaba de ocurrir? —preguntó a la nada Téngfēi de Tigre Blanco, al ver a su compañera Guardiana pasmada y con la mirada perdida en el firmamento.

Imbuida en un halo de cosmos dorado, la Guerrera que desplegó el 'Satán Imperial' empezó una lenta marcha hacia sus dos rivales orientales.

—«¿Pero… qué clase de demonio es este…? —cuestionó para sí el impresionado Baihu, al contemplar el lento avance de la Amazona—. Por más Santo de Atenea que sea, no es posible que un ser humano pueda seguir en pie con heridas tan profundas y una hemorragia así de severa».

Géminis se detuvo al encontrarse hombro con hombro con el regente del otoño, quien simplemente no pudo reaccionar ante la presencia intimidante de la mujer que fue capaz de dejar helada a su coterránea con un solo ataque.

—«¿Por… por qué no puedo voltear a mirarla…?» —continuó reflexionando el castaño, al también verse paralizado por un irracional miedo y sentir que sudor frío recorría su frente.

—Tú… Niño bonito… —lo llamó la Ateniense con una tétrica voz—. Si deseas que esa ingenua… vuelva a ser la de antes, deberás morir… ante sus ojos…

Tan cruel sentencia borró el desasosiego del semblante de Téngfēi. Por primera vez se lo pudo ver auténticamente iracundo.

Cual furioso tigre, se giró para encarar a su impredecible rival. Estaba dispuesto a exterminarla con sus propias garras, pero por desgracia suya, su semblante cambió a sorpresa cuando notó que la pelirroja ya se había esfumado sin dejar rastro. No tenía más asuntos pendientes en ese lugar, ya que estaba segura de que los dos Guardianes se matarían entre sí.

—¡'La Armonía del Shēngxiào'! —exclamó de repente Jíngfēi con toda la potencia de su voz.

La serpiente metálica que también formaba parte de la armadura de la quimera del norte, arremetió contra Baihu y lo atrapó en una poderosa constricción. A espaldas de la víctima, un fantasmal círculo negro apareció para dar vida en su radio a las imágenes de los doce animales del zodiaco chino.

—Por Nü Wa… Ésta es la técnica más poderosa del Sì Shòu llamado Xuanwu —susurró para sí el atacado, en un inútil intento por soltarse de la presión del reptil de metal.

El Guardián otoñal se veía sobremanera alterado, ya que sabía que si la joven de cabellera azul oscuro recitaba los nombres de los doce animales; eso significaría su inminente deceso.

—¡Recapacita, Jíngfēi! —le exigió él en tono desesperado—. ¡¿Acaso no recuerdas que le prometiste a nuestra diosa que no ejecutarías una técnica tan violenta como ésta?!

—Téngfēi… 'La Armonía del Zodiaco Chino' no es un ken malintencionado como afirmas —reaccionó la aludida de la manera más calmada posible, pero con la cabeza agachada—. Mi máxima técnica es piadosa con la víctima, porque la purifica desde su mismo interior al despojarla suavemente de la savia de su vida…

—Al arrebatarle cruelmente toda la sangre, querrás decir… —complementó entre dientes el paralizado Guardián.

La joven quimera levantó la faz y al fin el guerrero de Tigre Blanco consiguió observar aterrado el drástico cambio de sus facciones:

El delicado celeste de los ojos de la protectora del norte fue reemplazado por un amenazante carmesí. Su semblante que hace poco transmitía pureza, se vio alterado por una demente expresión, resaltada ésta por las oscuras ojeras que la habían marcado.

Shǔ, Niú, Hǔ —pronunció lentamente la posesa doncella, frunciendo el entrecejo en un trastornado semblante de júbilo.

Las imágenes de la rata, el buey y el tigre desaparecieron en el orden recitado. Los devastadores efectos no se hicieron esperar y enseguida el joven de mirada verde dejó escapar una inmensa cantidad del líquido vital por la boca.

Las bellas joyas multicolores que adornaban el camino a la montaña de jade, se vieron cubiertas por el enorme charco de sangre que se desparramó desde el cuerpo del primer hombre de la nueva especie…

—Por favor… detente ya, Jíngfēi… —le rogó por instinto la desorientada víctima, cuyas fuerzas fueron mermadas en gran proporción por la alarmante hemorragia—. Lo que en verdad me duele… es saber que no eres capaz de reconocerme…

Tù, Lóng, Shé

Las iconografías de tres animales más se esfumaron del círculo de luz negra. Liebre, dragón y serpiente abandonaron el zodiaco apenas evocados sus nombres en chino. Justo en ese momento, Téngfēi sangró dolorosamente a través de oídos, nariz y la mayoría de sus poros abiertos. La armadura blanca que alguna vez resaltó la pureza de su portador, en esos momentos se vio manchada por un perturbador carmesí.

El regente del oeste había perdido ya la mitad de su sangre…

—Mírame… Jíngfēi…

La poseída quimera negra así lo hizo y fue capaz de suavizar un poco sus facciones cuando contempló la cálida sonrisa que le estaba dedicando su compañero. A pesar de la dolorosa tortura, se las había arreglado para observar a la chica con su clásico semblante amable y angelical. No obstante, sus sangrantes ojos verdes transmitían al mismo tiempo una profunda tristeza.

—¿Sabes por qué… tengo esta sonrisa…? —inquirió el atenazado guerrero, casi llorando—. Es porque tú la provocas…

La alterada Guardiana del invierno pareció reaccionar a las palabras y la imagen que tenía enfrente. Por un momento quiso contestar a lo dicho por Baihu, pero enseguida una fuerte jaqueca la detuvo y la obligó a desplomarse sobre sus rodillas.

—Sé que no ha pasado mucho tiempo desde que nos conocemos —añadió él en tono suave—. De hecho, apenas transcurrieron un par de días desde que nuestra diosa nos otorgó el regalo de la vida; pero aún en el poco tiempo en el que he vivido, he aprendido a conocer la verdadera felicidad… Felicidad que nace de cada pequeño momento que he compartido contigo…

El furioso cosmos escondido del Tigre Blanco se encendió con ímpetu y, aunque estaba disminuido en relación a su poder original, fue suficiente para liberar a Téngfēi de la técnica de Xuanwu. Aprovechando que la ejecutora del ken negro había perdido el control sobre el mismo, el guerrero despedazó en un instante la serpiente metálica y el círculo translúcido de cosmos negro.

—¡No quería atacarte, pero haré todo lo posible para ver nuevamente tu tranquilo rostro y tu hermosa sonrisa! ¡Permite que mi técnica purifique tu alma, Jíngfēi! ¡'Ilusión en el Paraíso de Qilin'!

Una cálida y benévola luz blanca saturó por completo la porción septentrional del jardín, concentrándose en especial en su protectora.

El disminuido Baihu esperó con ansias los resultados, pero grande fue su decepción al percatarse de que su resplandor no logró contrarrestar los efectos nocivos de la temible técnica de Géminis.

—Te mataré, estúpido Guardián —amenazó Xuanwu, mostrando aún malicia en su semblante, y clavando a la vez su nueva mirada escarlata sobre la verde pura de su oponente—. Solo me detendré cuando vea tu cadáver a mis pies…

Con dolor Téngfēi corroboró las palabras que la Dorada le dijo antes de marcharse.

Estaba abatido y desesperanzado, así que no pudo controlar sus emociones y estallar en llanto mientras observaba al firmamento. Sabía que únicamente el sacrificio de su vida serviría para liberar a su compañera de la influencia de la maldad.

—Mi existencia es tuya, Jíngfēi… —declaró borrando por completo su expresión amena, solo para reemplazarla con una de inmenso desconsuelo y resignación—. Ven y tómala de una vez.

Nuevamente la quimera negra reaccionó a lo que veía y escuchaba. La conmovedora imagen que invadía su campo visual se confundía en su mente con los recuerdos que tenía del joven castaño. Las lágrimas y sangre en el rostro de Téngfēi se combinaban a ratos con la cándida sonrisa y actitud amigable que lo caracterizaban normalmente.

Tan desconcertante mezcla de imágenes logró aturdir a la primera mujer de la nueva especie, pero no fue suficiente para distraerla del cruel y poderoso dominio mental que la aprisionaba.

Inspirada por su instinto asesino, la muchacha se abalanzó sobre el joven que para ese momento había bajado la guardia, tomándolo firmemente del cuello con ambas manos.

A pesar de estar siendo asfixiado, el indefenso Guardián se las arregló para regalarle una última sonrisa a quien apreciaba como algo más que una compañera. Solo al sentir que la vida se le escapaba, tuvo el valor para aceptar en silencio sus más profundos deseos.

—«Mi Jíngfēi… lo que más anhelaba en la vida… era que tú seas la madre de mis hijos…»


==Maravilla Suprema. Jardín de K'uen-Luen, Melocotonero de los Ocho Inmortales==

Un desorientado Saga avanzaba erráticamente a través de la armónica combinación de plantas frutales y flores del lugar. Lejos estaba aquel paisaje paradisíaco de distraerlo de su estado actual, ya que ni siquiera la casi irreal paz que emanaba el jardín de Nü Wa, podía reconfortarlo en el agónico martirio que le significaba caminar. Adicional a esto, su dolor físico se incrementaba con el profundo remordimiento y amargura producidos por la batalla que recién libró con su hermano. No podía evitar preocuparse por su estado, ya que ambos fueron separados súbitamente cuando Morrigan los regresó al plano estable de la realidad.

Sin embargo, una sensación diferente a la que manaba el jardín, lo invadió de manera súbita, provocando a la vez que olvide por un momento a su gemelo.

—«Mi cuerpo y la armadura negra que visto, están prácticamente destrozados… —reflexionó, luchando por mantener la consciencia—. Casi no tengo energía ni para mantenerme en pies, pero es este sentimiento familiar que no había experimentado en lustros; el que me obliga a continuar a pesar del dolor y el cansancio».

El maltrecho hombre trastabilló varias veces en su tortuoso trayecto. Solo ayudándose con los firmes troncos de varios árboles, evitó caer de bruces sobre el pasto.

Ya casi no le restaban fuerzas. Era su instinto el que le obligaba a continuar con ansias, ya que algo le gritaba dentro de su cabeza para que no se detenga ni por un segundo. Algo lo convencía con desesperación de que, en el momento que alcance el lugar al que avanzaba a la deriva; la recompensa haría que el esfuerzo valga la pena.

—«¿Pero qué son estas sensaciones de añoranza y nostalgia que estrujan mi corazón mientras continúo…? ¿Podría ser posible que ella…?»

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando cruzó los gruesos arbustos que daban al claro central del bosque. La bella imagen que invadió su campo visual provocó que su corazón palpite con frenesí, dejándolo a la vez boquiabierto e inmóvil. Aquella era la escena más sublime que había contemplado en toda su vida:

Una mujer de cabellera color vino tinto se mantenía quieta bajo la sombra de sendo árbol de melocotones. Las pequeñas motas de luz alba que se desprendían del mismo, caían suavemente sobre ella para dotarle de una presencia casi angelical. El metal de su armadura de bronce y el inmaculado blanco de su largo vestido de diseño a la usanza griega; lucían más puros que nunca al armonizar perfectamente con las bellas flores y plantas de infinitos colores que danzaban con la suave caricia del viento.

—Alalá… —musitó el Santo en un liberador suspiro, reconociendo enseguida a la dama que engalanaba el jardín con su figura.

Saga se sintió en el más hermoso sueño. Todavía no daba crédito a la bella imagen que invadía sus pupilas azules.

Más que por el dolor físico que había olvidado por un momento, el antaño Géminis fue pasmado por el asombro que también se reflejaba en su rostro. Simplemente no supo cómo reaccionar al ver cara a cara a la mujer que significaba tanto para él. Intentó acercársele, pero sus músculos se habían agarrotado. Intentó hablarle, pero no pudo coordinar las palabras para hacerlo. Incluso su sola presencia le había quitado el aliento.

Solo al contemplar el opaco brillo en los ojos de la Amazona y sus párpados entreabiertos en un gesto de indiferencia; el guerrero de cabellera azulada recibió una cruel dosis de realidad.

Su sueño se convirtió en pesadilla cuando se percató que la dama se mantenía en un profundo trance catatónico…

—El destino es atroz e irónico, ¿cierto, Alalá? —le dijo, intentando ocultar su inmensa tristeza con la seriedad que lo caracterizaba—. Todas las noches me visitabas en el monumento que nos erigieron en el Santuario y en cada ocasión ansié dejar mi prisión de roca para tomar las orquídeas azules que me obsequiabas… —el guerrero en cloth negra sacó fuerzas de donde no las tenía para acercarse a Casiopea y tomarla suavemente de ambas hombreras—. Ahora te tengo aquí, frente a mí, pero te siento tan lejos… Como si alguien te hubiese arrebatado el espíritu…

El llanto casi se le escapa cuando retiró la vista de la figura de la Amazona. Verla en esas condiciones era algo que le dolía en el alma, pero que no podía admitir a causa de su orgullo de Santo de Oro.

—Tengo una misión que cumplir… Me marcho…

Haciendo caso al llamado del deber de un Caballero de Atenea, Saga sintió la amargura más terrible cuando le dio las espaldas a la única mujer con la que abrió su corazón.

A punto estuvo de dejarla a su suerte, cuando un recuerdo que golpeó su mente provocó que se detuviera en seco.

—El brazalete…

Saga rompió sin esfuerzo la porción ya cuarteada de su guantelete izquierdo, solo para ver aliviado que una delgada manilla de oro adornaba su muñeca.

Al instante rememoró el momento en el que Alalá le obsequió la valiosa joya. Claramente recordaba las palabras que la entonces aprendiz de Amazona le había dicho con timidez al momento que le cedió la posesión de aquella reliquia.

«Tú conoces bien cómo es el señor Shion, ¿cierto, Saga? Siempre ha sido tan amable y paternal con nosotros dos… No sabes lo feliz que fui cuando me obsequió este hermoso brazalete. Yo era una niña huérfana de ocho años entonces, pero siempre me sentí acompañada al observar esta pulsera… Saga, no quiero que te sientas solo. Por eso cada vez que mires este objeto, recuerda que aunque no esté presente físicamente, me tendrás a tu lado por toda la eternidad».

Géminis Negro se giró nuevamente y contempló la figura indefensa de Casiopea. Reponiéndose del dolor emocional para adoptar una postura solemne, se plantó frente a ella.

—Que Atenea me perdone por distraerme de mi misión como uno de sus Caballeros, pero no voy a abandonarte en este lugar, Alalá —manifestó el guerrero revivido con abrumadora convicción—. Como sea encontraré la forma de despertarte de ese trance.

Sin pensarlo dos veces, Saga retiró la máscara agujereada del rostro de la estática mujer. Grande fue su sorpresa al contemplarla a la cara, ya que lucía igual de joven de cómo la recordaba.

—Es imposible —musitó el Geminiano con incredulidad—. Ni siquiera con el pasar de tantas décadas, el tiempo ha hecho mella en su belleza…

Sacudiendo la cabeza para dejar a un lado esos pensamientos, el Ateniense decidió concentrarse en asuntos más importantes y averiguar el origen del estado actual de la Amazona. Con delicadeza posó la mano en su aún cálida mejilla y se concentró profundamente tras cerrar los ojos con seriedad.

—«No puede ser… Fue un cosmos ajeno al humano el que aprisionó su alma… —reflexionó, apretando los dientes en un gesto de frustración—. ¿Acaso no seré capaz de recuperarla?»

Un intenso sentimiento de fracaso hizo presa del Geminiano, así que no pudo evitar caer de rodillas y dar un fuerte puñetazo en el suelo lleno de flores.

—¡Maldición! ¡El nivel de cosmos que poseo actualmente no separa suficiente para despertarla! —gritó, alzando la mirada hacia el rostro de expresión inmutable que lucía la Guerrera—. Necesito… el poder de un dios…

Dicho esto, los ojos de Saga empezaron a tornarse rojos y su cabellera a adoptar una oscura tonalidad gris… Los anhelos del humano provocaron que el espíritu del dios griego de la guerra despertara…


==Maravilla Suprema. Inmediaciones de la Torre de Porcelana. Jardín de K'uen-Luen==

Kanon, Santo albo de Géminis, recuperó su apariencia normal tras ser liberado del dominio de la diosa céltica de la muerte. Una vez más su cabello lucía el radiante azul claro con el que nació y su semblante denotaba serenidad mientras dormía sobre una mullida superficie.

No pasó mucho tiempo para que despertara reconfortado al percibir la inmensa paz que transmitía el jardín de Nü Wa. La cálida luz que se colaba por sus párpados entreabiertos, complementaba perfectamente el bienestar que sentía.

—¿Dónde… estoy? —se preguntó aún somnoliento—. ¿Acaso me encuentro en el paraíso?

Esa fue la primera impresión que tuvo el regenerado guerrero al verse rodeado de flores de todos colores y de la luminosa armonía en la que convivían los pequeños animales que moraban el territorio chino. En especial llamó su atención la gigantesca pagoda que se elevaba imponente no muy lejos del lugar donde yacía cómodamente.

De repente, el alivió dejó de embriagarlo cuando sus pupilas azules se dilataron súbitamente. Sus más recientes recuerdos golpearon dolorosamente su cerebro…

—¡Morrigan! —gritó, sosteniéndose la cabeza con ambas manos.

Kanon recordó la maligna presencia de la diosa que lo liberó de aquel gris limbo, en el cual creía vagaría eternamente tras su muerte en el Inframundo. Le sería imposible borrar de sus pensamientos los horribles instantes en los que fue dominado por el magno cosmos corrupto de la dama oscura.

Intentando recomponer su psiquis, el menor de los gemelos sacudió la cabeza y se esforzó por reincorporarse, sin embargo, el paralizante dolor que todavía lo agobiaba le obligó a desplomar su peso sobre rodillas y codos.

—Saga… fue al tenerte en esta misma pose sumisa, cuando te dije tantas cosas malintencionadas…

Géminis Blanco derramó incontables lágrimas de frustración. Incluso sabiendo que sus acciones y palabras fueron producto de la influencia del mal sobre él; sintió un profundo dolor por todo lo que aconteció durante la batalla contra su hermano mayor.

—Nada justifica lo que dije, ni todo el daño que te causé —profirió enjugando su llanto con rabia—. Lo que hizo esa malvada fue simplemente sacar a flote el resentimiento que te tuve desde hace décadas atrás…

Recuperando la compostura, Kanon al fin logró ponerse en pies tras tambalear a causa de sus heridas.

—Me reivindicaré contigo y con Atenea, hermano —juró, observando la torre de porcelana con la determinación que lo caracterizaba—. Erradicaré los planes de los dioses que intentan destruir a la humanidad.

A paso lento pero firme, se dispuso a entrar a la morada principal de la diosa china de la creación. El simple hecho de caminar le significaba un insoportable martirio, pero supo sobrellevarlo al saber que tendría que enfrentar a enemigos fuertes en el interior de aquella pomposa pagoda.

Pocos metros le faltaron para atravesar el adornado umbral del edificio, cuando un terrible presentimiento lo dejó sin aliento y le obligó a detenerse en seco…

Era una sensación siniestra la que de pronto reemplazó a la tranquilizante del jardín. La influencia de una misteriosa presencia recién aparecida, esfumó por completo la paz en esa porción del terreno y produjo escalofríos en Kanon, quien atónito se giró para ver de quién se trataba.

—«Es… es un Caballero Dorado… —reflexionó, al contemplar la figura que sigilosamente se había plantado a sus espaldas—, pero… lleva una máscara… Debe ser la Amazona de Géminis de esta época».

El antaño Dragón Marino no sabía qué esperar de la sucesora de su constelación. Su mente le obligaba a desconfiar de ella al verla bañada en sangre; pero, por otro lado, su corazón le decía que aquella extraña mujer sí le era fiel a Atenea.

Con suma cautela le dirigió la palabra:

—¿Quién eres? —le preguntó, intentando sonar lo más calmado posible—. ¿Nuestra diosa te envió para detener a las deidades que moran esta fortaleza?

La silente pelirroja ni siquiera prestó atención al interrogatorio. Estaba concentrada en analizar al maltrecho hombre que vestía una casi destruida armadura blanca, la cual, curiosamente, lucía idéntica a la suya con excepción de la tonalidad…

—Es… es un impostor de Géminis —balbuceó tartamudeando, mientras lo señalaba irregularmente con los tres dedos de su mano destrozada—. Siento residuos de… la influencia del cosmos de Morrigan en… en ese cadáver andante…

—No soy un cadáver… ¡Estoy más vivo que nunca! —renegó el referido, contrariado—. Fui liberado por completo de la influencia de esa malvada diosa, gracias a la ayuda de mi hermano Saga.

—No le creas…—se dijo a sí misma la Dorada de nombre desconocido, de una forma tan mecánica, que por un momento Kanon dudó que se trataba de un ser humano—. Es solo una… marioneta poseída por la diosa que… asesinó a tanta gente en el Santuario… Su exterminación es… necesaria e inminente…

La actual Géminis se arrojó de improviso contra el alarmado guerrero. En microsegundos decidió aprovechar una potencial ventaja, notando la gran herida que el de blancos atavíos tenía en el centro del pecho, producto del combate físico que protagonizó hace poco con su gemelo.

Milímetros le faltaron a la Ateniense para incrustar completamente su garra derecha en el lastimado torso de su oponente, quien tuvo la suficiente velocidad de reacción para detener a su agresora con ambas manos apenas sintió que las uñas de ésta empezaban a perforarle la piel, músculos y esternón.

—¡Detente… de una vez! —le exigió enojado el hombre de larga melena azulada, mientras se esforzaba por contener la mano que ansiosa buscaba extraerle el corazón—. ¡Mi nombre es Kanon de Géminis! ¡Yo era quien portaba esa armadura antes que tú!

Pareció ser que la guerrera reaccionó al conocer la identidad de su víctima, ya que enseguida se detuvo y retrocedió tras escuchar el nombre del antaño guardián de la Tercera Casa.

—Kanon… —repitió la dama de dorado, despojando por un momento la voz de su usual aire macabro—. ¿Entonces… tú eres mi antecesor?

—Exactamente —respondió el cuestionado, recuperando la calma y cerrando los ojos con seriedad—. Tú misma puedes corroborar mis palabras con la reacción de tu armadura.

Dicho esto, la cloth que portaba la Amazona empezó a resonar con ímpetu. Al parecer reconocía la presencia de quien la vistió hace décadas.

—¡Eso no es cierto! —gritó con demente ímpetu la pelirroja enmascarada, reemplazando su actitud indiferente con una nueva más agresiva—. ¡Tú no eres ni Kanon, ni Saga! ¡Tú no eres ninguno de los legendarios hermanos que… sacrificaron sus vidas en el Inframundo! ¡Solo eres un… espectro revivido por una voluntad malvada!

Géminis había sido cegada por cálida sensación que empezó a transmitir su armadura dorada. Aquello en lugar de tranquilizarla, la exasperaba; así que le fue imposible controlar sus acciones posteriores:

Acumulando el cosmos que había desatado con su compulsiva ira, arrojó veloz un potente rayo ken desde su mano. En esa ocasión, Kanon estuvo atento a una posible contrarréplica, así que fue capaz de apartarse del trayecto de tan peligrosa acometida de luz dorada. Incluso con todas las heridas acumuladas que lo agobiaban, logró ejecutar perfectamente una ágil maniobra evasiva.

Con otro rápido movimiento, apareció agachado sobre una rodilla a pocos centímetros de la descontrolada Guerrera de Oro. Por fortuna suya, ella solo notó su presencia cuando arrojó sobre su vientre un fuerte impulso de luz, el cual tenía como objeto empujarla a varios metros lejos de la armónica escena.

—¡Ya es suficiente, Amazona de Géminis! ¡No tienes por qué atacarme! —le increpó él con el tono más implacable posible—. ¡Sé que cometí errores imperdonables en el pasado, pero debes saber que fui redimido por la misma Atenea! ¡Por tal razón, mi vida está dedicada a intentar ser un Santo digno para ella y para toda la humanidad que habré de proteger!

Tosiendo bajo su máscara, la atacada logró reincorporarse por inercia desde el campo de flores. Definitivamente no le importaba la acumulación de heridas consecuencia de su batalla contra Jíngfēi de Quimera Negra hace minutos, ya que en su perturbada mente solo estaba presente la idea de asesinar a quien veía como a un ser ruin.

Encorvando el cuerpo en una postura poco natural, la sucesora de Géminis empezó a acechar a su víctima cual criatura abisal sedienta de sangre.

—Despojo… basura… desecho… muerto en vida… esbirro del mal… espectro de Morrigan… No me queda más opción que… hacer esto…

Con lentos movimientos, la Amazona retiró el casco dorado de su cabeza y lo arrojó sobre el pasto como si de basura se tratase. Enseguida su desordenada y exageradamente larga cabellera roja quedó libre para entremezclarse con los pétalos y hojas que flotaban con la brisa. Acto seguido, se quitó también la máscara dorada para que Kanon sea capaz de contemplar su rostro desnudo.

—Ahora que me has visto a la cara… mi deber es… degollarte con mis propias manos…

El guerrero en atavíos blancos se quedó pasmado al contemplar el rostro de quien estaba empeñada en asesinarlo. A causa del asombro extremo que le produjo, solo pudo proferir unas pocas palabras al reconocer a quien se escondía tras la máscara dorada que yacía entre las flores:

—¿Tú…? ¿Pero… cómo es posible que vistas la cloth de Géminis? ¿Qué demonios te pasó…?

La mitad izquierda del rostro de la dama todavía se mantenía cubierto por una porción de su desaliñado cabello, pero aun así se notaban claramente sus facciones delicadas y a la vez indiferentes. Su pálida piel era resaltada en belleza por el opaco celeste de su ausente mirada, la cual denotaba carencia absoluta de emociones.

Sintiendo que parte de su faz aún estaba cubierta por un mechón de sus rojas hebras, la mujer de nombre desconocido usó su mano para echar detrás de su cabeza aquel cabello que estorbaba la visión de la integridad de su cara.

A Kanon casi se le escapa todo el aire de los pulmones en un suspiro, cuando vio que la Amazona tenía el sello de Atenea tatuado en el lado izquierdo del rostro…

Continuará…


Nos leemos en la siguiente entrega del Cataclismo 2012. Novedades o actualizaciones sobre los capítulos o los dibujos, las comunicaré por facebook.

Un abrazo desde Ecuador.