Aquí más, más, más! Un saludo a bellaHerms22 y a vane-chan6! Grandes mentes piensan igual chicas, o mentes locas...se aplica.
Capítulo 44: A trauma.
Fuera de la sala en donde se encontraba Paola, Prue estaba esperando por su papá y hermano. Había decidido hacerlo afuera, por el sólo hecho de que los gritos y la sangre la ponían nerviosa, aunque su madrastra parecía no gritar demasiado, más bien, estaba bastante relajada. Esa mujer debía ser hippie o zen, no se explicaba como podía ser tan paciente y calmada todo el tiempo, aunque era lo mejor, con el gen de histeria en su familia altamente activado, un poco de equilibrio no estaba mal.
Cerró los ojos y apoyó su cabeza contra la puerta, reviviendo las últimas escenas con Hackett. Podía sentir sus manos en su piel, y eso la enfermaba. Abría los ojos y él ya no estaba, pero al cerrarlos de nuevo, lo tenía encima otra vez. Estaba asustada, aún en un poco de negación...si no hubiese sido por Víctor...
Suspiró. Prefirió no pensar en eso, era demasiado tétrico, debilitante imaginarse lo que venía después. Sacudió su cabeza, se despejó el flequillo y enderezó un poco su espalda. No dejaba de pensar en que él si había llegado al final de todo con Phoebe y eso, le daba mucho más asco que cualquier cosa. Su hermana era tan pequeña tan...frágil, no sólo en edad e inteligencia emocional, físicamente también, y era imposible que Hackett no se hubiese dado cuenta de que era una menor de edad. Esperaba a que el estúpido se pudriera en la cárcel después de lo que había tratado de hacerle en el parque, pero peor, después de lo que le había hecho a Phoebe, por mucho que ella hubiese estado de acuerdo. Se sentía triste, se sentía sola...porque no podía entender por qué Piper no le había contado si sabía qué era lo que estaba pasando. Se las imaginaba hablando, chismeando, riéndose del engaño y la falsa ilusión en la que estaba viviendo; sabía que no podían ser tan crueles como para hacerle algo así, pero sí sabía que de todas formas, le habían mentido. Y estaba derrotada. Había sido traicionada por las personas que más amaba en el mundo, por las que daría la vida e incluso aún más, ¿Con qué cara iba a mirar a sus sobrinos ahora? Ellos eran inocentes en todo ese asunto, pero eran la prueba de la gran canallada que le habían hecho. Nada sería lo mismo desde ese entonces...todo estaba roto. Ya no quedaba nada de la familia que trizada, intentaba avanzar, y que ésta vez, había terminado de caerse.
Traición. Mentiras. Engaños. Esas palabras, siempre creyó que estaban fuera del diccionario familiar...siempre creyó que algún día, podía pasarles algo así...pero de afuera, no entre ellas mismas. Porque eran hermanas sí, pero mucho más que eso: eran mejores amigas, y así se lo habían jurado años atrás...
La cálida noche de verano y la luna iluminando el lago de Skylark, eran las únicas cosas que acompañan a los cuchicheos y pasitos de cuatro niñas escabulléndose de sus camas unos cinco minutos antes de las doce de la noche.
― No deberíamos estar aquí, ¿Qué pasa si nos atrapan? ―preguntó Piper, abrazándose a sí misma de manera nerviosa.
― No seas gallina, nadie va a encontrarnos y si lo hacen, siempre podemos decir que somos sonámbulas ―dijo Phoebe, agachándose para abrocharse sus zapatillas.
― Eres la que tiene más imaginación de las cuatro, ¿Y lo único que puedes inventar es que somos sonámbulas? ―preguntó Prue, levantando una ceja.
― ¿A quién le paso esto? ―preguntó Paige, frotándose los ojos con sus puños, somnolienta; a sus ocho años de edad, la hora de dormir nunca pasaba las diez.
― A mí ―dijo Prue, sentándose en el suelo junto a Phoebe, y acomodando a Paige sobre sus piernas.
― ¿De verdad haremos esto? ―preguntó Piper, siendo obligada por Phoebe a sentarse a su otro lado.
― Sí, y es mejor que lo hagamos rápido ―dijo ésta, moviéndose un poco para alinear bien el círculo que formaban sentadas sobre las hojas de árboles caídas.
― ¿Por qué a las doce y no antes?, Muero de sueño ―se quejó Paige, intentando mantenerse despierta.
― En las películas todo lo importante esa las doce y en luna llena. Y siempre forman círculos ―explicó Phoebe, Prue rodó los ojos.
― Ok, bruja frustrada. Terminemos con esta idea tuya, que no sé por qué accedí, y vámonos. Paige se va a dormir y yo voy a tener que cargarla, no ustedes ―se quejó ésta.
― De acuerdo. Manos al medio, todas ―pidió Phoebe.
Piper se tapó la cara con sus dos manos, Prue y Paige estiraron las suyas, al igual que Phoebe.
― ¡Piper! ―la regañó Prue.
― Odio la sangre ―refunfuñó, antes de estirar su mano, aún tapándose los ojos.
Phoebe tomó una tijera que había sacado de manualidades, y trazó una línea por su palma.
― Auch ―se quejó, haciendo a Piper saltar y repitiendo lo mismo con sus hermanas.
― Prometo ser, no sólo su hermana toda la vida, sino su mejor amiga. Podrán confiar en mí, pase lo que pase ―dijo Prue, estirando su brazo nuevamente, poniéndolo al medio del círculo.
― Prometo no desmayarme ―dijo Piper, asqueada por la sangre, juntando su mano con la de Prue― y ser su mejor amiga por siempre. Siempre estaré para ustedes cuando lo necesiten.
― Prometo ser su mejor amiga y sin que me busquen estaré ahí. Juro que siempre podrán encontrar en mí el apoyo que les haga falta ―dijo Phoebe, uniendo su mano a las de las otras dos.
― Prometo ser su mejor amiga, estar ahí para alegrarlas y jugar siempre que quieran, aunque el juego sea aburrido ―dijo Paige, estirando su mano y uniéndola a las otras tres hermanas.
― Mejores amigas, hermanas y una sola para siempre ―repitieron las cuatro, sonriendo juguetonamente.
Un llanto fue lo que la distrajo de sus pensamientos, y se dio vuelta a mirar por la ventanita de la puerta. Sonrió y el corazón casi se le sale del pecho al ver al varoncito que ahora, su papá sostenía en sus brazos para dejar sobre el pecho de Paola. Se quedó mirando, sin saber qué hacer, sintiéndose entre afuera y adentro de esa familia al mismo tiempo. Aún tenía el recuerdo fresco en su memoria, y no entendía cómo una relación tan linda se había desvirtuado tanto con los años...hasta llegar a eso. Realmente le hacían falta las pijamadas a las cinco de la tarde, los campamentos en el patio de la casa de Andy, los juegos con Barbies, pelear por quien usaba el auto...eran los problemas más grandes del mundo y siempre, se arreglaban con una sonrisa.
Ésta vez no. No había nada que arreglase un corazón roto, una confianza traicionada, ni un lazo destruido. Vio a su padre acercarse a abrirle la puerta con una sonrisa, y sintió el golpe de la ironía darle de lleno.
― Ven, ayúdame ―le pidió sonriendo de lado a lado mientras ella entraba tímidamente a saludar a Paola y luego, conocer a su hermano.
Víctor se quedó con su esposa, mientras que Prue acompañó a la matrona hasta la pequeña mesita en donde le estaban realizando pruebas básicas antes de limpiarlo. Prue sonrió al ver que todo salía tan bien, mucho más simple, acogedor y tranquilo que con Phoebe. Se preguntaba cómo sería su relación con ese niño, si es que algún día, iría a ser así de fuerte como había sido con las demás...y por sobretodo, si podría confiar en él sin tener miedo a que la decepcionara. Ya no confiaba en nadie. De una manera u otra, todo el mundo le había dado la espalda. Primero su padre al irse, luego su madre al morir, su ex novio engañándola con Taylor, después su abuela siguiendo los pasos de Patty, Hackett acostándose con su hermana, ella escondiéndole la verdad y Piper ayudándola. No tenía nada más, que un mundo lleno de figuras desmoronadas.
― ¿Quieres cargarlo? ―le preguntó la matrona, tendiéndoselo en una manta, trayéndola de vuelta a la realidad.
Prue titubeó, mirando a su padre y madrastra antes de asentir, al ver que ambos la animaban a hacerlo. Estiró sus brazos, nerviosa, y su timidez aumentó al sentir el cálido calorcito sobre su pecho. Era fácilmente, del doble de tamaño del que había sido Sophia al nacer, y eso que ella era la más grande entre ella y Matthew. Era más pesado, también se veía más gordito y gritaba mucho más fuerte que los dos hermanos juntos.
― Hola...―susurró, meciéndolo para tratar de que dejara de llorar, pero sabía que no la conocía para nada, y eso haría muy difícil que se quedara callado en sus brazos.
― Alex ―dijo Paola desde la cama, sonriendo agotada― se llama Alex Bennett.
Prue se mordió el labio inferior, y tomó al niño de cabello oscuro entre sus brazos con más firmeza, acercándose a los padres.
― Hola Alex...―dijo ésta vez― soy Prue. Soy tu...hermana.
Cerró los ojos, respiró profundamente, pensando en lo fuerte que era aquella palabra, lo mucho que significaba, y lo vacía que se sentía ahora. También pensó en Paige y lo lejos que estaba, aunque era mucho mejor lejos que enfrentándose a todo eso. Mejor lejos antes que verla tan...incapaz de manejar nada. De seguro hubiese disfrutado mucho ese momento si estuviese con ella. Ella misma estaba emocionada, algo así no pasaba todos los días. Los sucesos de la última semana habían sido tan repentinos y rápidos, que no se alcanzaban a digerir bien cuando ya aparecía otra cosa de la cual hacerse cargo, la mayoría de las veces, un problema difícil de manejar. Esta vez, un milagrito de nombre Alex. Le costaba mirarlo y aceptar que ese niño no era de su madre, que era de otra mujer viviendo con su papá...de que Patty jamás iba a regresar. Y la echó de menos. Extrañaba su olor a hamburguesas...su madre olí a hamburguesas y frituras cada vez que iba a darle un beso, debido al trabajo de mesera que había conseguido cuando Víctor las había abandonado. Extrañaba el dulce roce de sus labios contra su mejilla, y la manera tan suave en que le acariciaba el cabello cada vez que la bañaba, siempre utilizando el shampoo de manzanilla que desde su muerte, nunca más había vuelto a usar. Dejó caer una emocionada lágrima, tratando de reprimir las demás con un puchero. Recordaba cuando había nacido Paige, ella tenía cinco años y su mamá se la había tendido, con ayuda de su abuela claro. Había sido así como Alex, gordita, tibia y suave...todo eran sonrisas, y felicidad...excepto porque el hombre que sujetaba a su nueva hermana no era su padre, era Sam.
Ésta vez, era lo mismo, porque, aunque su madre nunca la había abandonado derechamente, técnicamente, si lo había hecho. Eran casi los mismos sentimientos encontrados, pero desde otro punto de vista más maduro quizás, menos puro tal vez.
― Víctor ―llamó alguien de la puerta― hay una emergencia abajo y...
Prue rodó los ojos, ¿Por qué siempre le ponían emergencias en los momentos más...desubicados? Estaba recuperando a su familia, intentando ser una hija otra vez y una hermana buena con ese pequeño, para que se metieran a interrumpir su acto de madurez. Paola frunció el ceño, frustrada y Víctor negó decidido a no irse.
― Lo siento pero estoy ocupado ahora, ¿No puede ir alguien más?, Clarkson tenía dos turnos ho...
― Se trata de tus hijas ―dijo la secretaria con una mueca amarga, sin atreverse a decirle nada, pero interrumpiendo sus quejas de inmediato.
Prue abrió los ojos y su corazón dejó de latir un segundo, al igual que el de su padre, ¿Sus hijas? Piper y Phoebe. Algo había pasado con ellas en las horas que no habían estado en casa, e, inevitablemente, no pudieron hacer más que pensar en las peores tragedias que se les venían a la mente. Tenía que ir a verlas, tenía que estar con ellas: que ambas hubiesen roto su promesa, no significaba que ella también iba a hacerlo. Al menos, no por ahora.
― Ve ―dijo Paola, preocupada, y Prue le entregó al pequeño a una de las enfermeras antes de correr junto a su padre.
Temían por Piper. Había estado bajo demasiado estrés y presiones, y se habían olvidado de volver a casa a ver qué tal estaban sus nervios con todo lo que había pasado después de dejar la casa. Prue se maldecía por egoísta, por no haberse devuelto apenas debió haberlo hecho, y Víctor no se sentía mucho mejor.
Al llegar a la sala de emergencias, pudieron ver tres camillas entrando una tras otra. La primera tenía a Hackett, encadenado a las barandas y siendo guiado por un par de policías hasta un box del fondo. La segunda, llevaba a Piper con un parche en un costado de la frente así como las vendas manchadas con sangre, y en la tercera, iba Phoebe. Ésta tenía la cara cubierta de sangre y una chaqueta de la policía puesta encima de la rasgada y sucia ropa que llevaba abajo.
Prue apuntó a Hackett y miró a Víctor con terror, ¿Acaso no lo habían detenido después de que hubiese intentado atacarla?, ¿Qué hacía ahí?, ¿Qué le había hecho a sus hermanas?
― ¡Rápido!, ¡Rápido! ―escucharon decir a los paramédicos, cambiando a las dos chicas de una camilla a otra.
― Bennett, a trauma dos ―le dijo uno de sus jefes, apuntándole a Phoebe.
Éste no lo pensó dos veces y comenzó a trabajar de inmediato, mientras que a otro médico se le encargó el trauma tres y por ende a Piper.
― Déjenme ir ―pidió Prue tras ellos, manteniéndose a una buena distancia para no ser expulsada.
Los médicos la dejaron quedarse ahí sin molestar, más preocupados de Piper que de su presencia. Prue no entendía qué demonios era lo que estaba pasando, lo único que podía hacer era llorar y escuchar cosas que no comprendía. Quería preguntar, interrogarlos a todos, pero era mejor quedarse callada y dejarlos trabajar. Deseaba estar con Phoebe, por mucho que estuviera enojada, pero su hermana estaba con Víctor y con él a su cargo estaría bien pronto. O eso esperaba.
Pensó en Paige automáticamente, y pudo suspirar algo más calmada respecto a ella al recordar que estaba kilómetros más allá, sana y a salvo. Su cabeza pasó de inmediato a sus sobrinos. Si todos estaban en la clínica, ¿Dónde estaban ellos?
Prue se debatía entre quedarse y salir, estaba entre la espada y la pared. Por un lado tenía a Piper, a quien no deseaba abandonar, pero no era médico y no había nada que ella pudiera hacer de bueno ahí; en cambio, de sus sobrinos era la única que podía hacerse cargo ahora, y dependía de ella hacerlo. Cerró los ojos, maldijo y salió de la sala, corriendo hasta buscar al primer policía que encontrara cerca para pedirle que le explicara qué era lo que estaba ocurriendo, pero no encontró a ninguno cerca. Se detuvo donde la secretaria, quizás ella sabía algo de todo eso.
― ¿Sabes dónde están los mellizos?
― Están en pediatría, en perfectas condiciones. Puedes ir a recogerlos si quieres.
― Es mejor que estén ahí hasta que...¿Qué pasó? ―preguntó angustiada, con las lágrimas a punto de caer de sus ojos.
― No lo sé ―respondió negando, lamentándose por no poder darle una mejor explicación.
― Necesitamos una TAC cerebral ―dijo el medico a cargo de Piper, hablando con la secretaria, quien de inmediato tomó el teléfono para pedir el examen a los tecnólogos.
― ¿Está bien? ―preguntó Prue, arriesgándose a tomarlo del brazo para que no se fuera antes de hablar con ella― es mi hermana ―agregó.
― Todo indica que hubo forcejeos. Algunas de sus heridas se reabrieron, pero están controladas. Sufrió un intento de asfixia por estrangulamiento, que no pasó a mayores afortunadamente. Una de sus piernas tiene una fractura menor. Nada serio excepto por el golpe en su cabeza. Debemos realizar los exámenes pertinentes y mantenerla bajo observación durante al menos veinticuatro horas para asegurarnos de que no hayan complicaciones por ello.
Prue se quedó de hielo, ¿Intento de asfixia?, ¿Golpe en la cabeza?, ¿Fractura?, ¿De qué hablaba?, ¿Por qué no lograba entender una sola palabra? Vio al médico alejarse, a mucha gente moverse, y aunque tenía ganas de ir donde Hackett para sacarle la verdad a golpes y asfixiarlo a él con resultados de muerte, prefirió correr de regreso hasta donde se encontraba Piper para acompañarla en cada examen posible. Necesitaba saber que iba a estar bien, que nada iba a pasarle y por sobretodo, que le explicara quién y por qué le habían hecho algo así. Todo apuntaba a que había sido el bastardo de su ex novio, pero no entendía las razones de éste, ¿Por qué Piper?, ¿Qué tenía que ver ella en todo ese asunto? Y pensaba en Phoebe...recordaba su rostro ensangrentado y la piel se le ponía de gallina. Piper había intentado defender a Phoebe de quién sabe qué, no tenía dudas de ello, y sólo esperaba de que no hubiese sido por rescatarla de lo mismo de lo que su padre la había salvado a ella.
En trauma dos, Víctor hacía sus mejores esfuerzos por no vomitar ni desmayarse por el horrible escenario al cual se estaba enfrentando. Phoebe tenía politraumatismos varios, pero los más importantes eran en la cara, y por sobretodo, el abdomen. Habían dado la orden de que apenas la estabilizaran se le tomarían todas las pruebas habidas y por haber, por lo que nadie debía tocarla mucho para no alterar los resultados de los exámenes, ya que Víctor estaba decidido a encontrar algo, lo que fuera, que sirviera de evidencia contra Hackett: como lo había hecho con Prue.
Todo había pasado demasiado rápido. Junto al equipo, la policía había entrado con ellos para contarle a él como padre, y también al resto como médicos, lo de la llamada de Piper, lo que habían visto en la casa y todo lo que Katrina les había contado horas antes. Y simplemente, no podía creerlo. La mejor amiga de su hija menor había decidido confesar todo a la policía al momento de despertar, y había contado todo con lujo de detalles. Había hablado de los traficantes de drogas, de lo que John y Hackett habían hecho a Phoebe, de lo que Hackett seguía haciéndole y además, que John había intentado matarla de una sobredosis, así como a Phoebe, sin lograrlo con ninguna, por lo que en la casa, parte de los detectives estaban buscando la botella que la chica había llevado en su mochila, a ver si daban con la evidencia necesaria para investigar lo de Katrina, y por supuesto, hacer justicia para ella y su amiga.
Uno de los primeros exámenes en llegar, fueron los de sangre, casi todos normales, menos uno: el de embarazo. Víctor ya se había enterado de que su hija estaba esperando un bebé otra vez, y sabía que era de Hackett, de nuevo. Dado eso, se había decidido saltar todos los demás procedimientos como yesos, transfusiones y cualquier cosa que no fuese urgente, para dar comienzo al examen de violación: tenían que moverse rápido, porque la amenaza de aborto era demasiado alta y en cualquier momento, un sangrado podría llevarse la evidencia que necesitaban y sabían que había, después del relato de Katrina.
No podía creer que cuando la había encontrado en la clínica, junto a su amiga unas horas antes, su hija veniese de haber estado con su abusador. Y él no había hecho nada por ella. La había mirado con desaprobación, la había dejado ir, no la había protegido como debió hacerlo...y si lo hubiese hecho, nada de eso estaría pasando. Si él no la hubiese dejado ir, ni Piper ni Phoebe hubiesen salido así de lastimadas. Si no la hubiese dejado ir...jamás se hubiese enterado de la verdad.
Ahora tenía a Phoebe tendida sobre una camilla en una habitación cerrada, tomada de la mano como única cosa que podía tocar sin alterar ninguna prueba. Kent había atendido a su llamado, y aparecido de inmediato para hacer la revisión necesaria, estaba tan sorprendido y destrozado como su viejo conocido. Shockeado, alarmado, triste a la vez.
La pequeña estaba dormida por el exceso del alcohol y el dolor posiblemente, y junto a ellos, había una inspectora, en el caso de que despertara: necesitaba hacer preguntas, muchas, dolorosas era cierto, pero entre más tiempo pasara, más difícil sería obtener una declaración que fuera útil.
― Esto es eterno ―dijo Víctor frustrado, viendo cómo pasaban los minutos y no llevaban ni la mitad del proceso listo.
No aguantaba tener a su hija desnuda a vista y paciencia de todos, porque eso permitía que tanto él como el resto pudiesen ver cuán herida estaba. Tenía el labio reventado, la nariz quebrada y las mejillas, pómulos y mandíbulas ya estaban tomando un color violáceo. En el cuello tenía marca de dedos, en los brazos uñas y dientes, así como en su torso. Las piernas estaban magulladas, y tenía marcas tanto antiguas, medianas, como nuevas: era obvio que llevaba tiempo en eso. No había sido una cosa de una vez. Y él nunca lo había notado. Entendía por qué solía usar ropa que la cubriera casi entera, por qué tiritaba muchas veces en que la tocaban...por qué tenía pesadillas todas las noches. Comprendía su pérdida de apetito, sus demayos, su debilidad y mal humor. Captaba con más claridad todas sus actitudes, y al igual que con Piper, todo estaba ahí: frente a sus ojos, y nadie había visto nada de nuevo...Quizás, porque imaginar que algo tan terrible podría pasar con sus hijas era imposible, porque esas cosas pasan sí...pero siempre se tiende a pensar que jamás va a tocarle a uno. A ellas les había pasado.
― Lo más importante ya está hecho ―le respondió Kent con mucha seriedad― encontramos lo que necesitábamos.
Víctor asintió, entendiendo perfectamente lo que quería decir y su corazón se contrajo más, porque eso confirmaba toda la historia de la que aún tenía inocentes esperanzas, no fuera cierta. Significaba que sí, que cuando Phoebe no estaba en casa...estaba con él. Significaba que cada palabra que había salido de la boca de Katrina había sido verdad, y ya no quería vivir más. No quería que el reloj siguiera avanzando, solamente que parara. No quería salir de ahí y conversar con Kent en privado, porque no quería escuchar lo que tenía que decirle. No quería saber lo que había visto, ni en qué condiciones se encontraba el cuerpo de su hija por dentro. Solamente quería tomarla en brazos y no soltarla nunca más. Nunca. Porque ahora sabía que si siempre se había negado a hablar del padre de sus nietos, era porque no quería recordarlo. Porque tenía miedo. Ahora sabía que por mucho que se hubiese decepcionado por haber llegado a su vida otra vez y visto con dos niños en brazos, jamás fue su culpa...como tampoco era culpa de ella estar esperando a otro más. Era culpa suya, por no haber estado ahí para defenderla de ese monstruo. Si no la hubiese dejado, si jamás se hubiese ido...si se hubiera preocupado de a dónde iba, con quién y por qué...
Se preguntaba si Phoebe sabía que estaba embarazada de nuevo, y de qué manera iba a confesárselo independiente eso. Pensaba en que lo más probable era que sí lo supiera, y por eso su uraña y agresiva actitud durante los últimos días que nadie había sabido leer. Sí, ella lo sabía...lo sabía, no hace mucho, pero lo suficiente. Dos semanas y seis días...eso tenía, dos semanas y seis días de gestación. No se notaba nada aún, no lo haría hasta unos meses más y, en enero, estaría ahí su nieto número tres. En sus brazos. En los brazos de Phoebe. Otra vez, su pequeña pasaría por la misma pesadilla, sin poder hacer nada por evitarlo...nada que ella quisiera hacer. Estaba contra el aborto, Katrina lo había repetido muchas veces, pero por otro lado...las situaciones siempre cambiaban, las acepciones también.
Suspiró, se restregó la cara, confundido y sin dejar de mirar sus manos, de observar sus muñecas heridas. Esas marcas eran nuevas, de hacía pocas horas...su hija estaba destrozada. Piper siempre decía que antes de que la abuela se enfermara, Phoebe había sido una persona alegre, animosa, un ejemplo en muchas cosas y llena de vida. Que todo eso se había apagado con la enfermedad de ésta, y había vuelto un poco, de manera intermitente, con el nacimiento de sus hijos y además, el regreso de su padre. Pero no toda su alegría había regresado, y la poca que tenía, se había ido de nuevo cuando Hackett había atacado. Y se había convertido nuevamente en una chica perdida, sin dirección, con miedo, desde hacía unos pocos días atrás. Y razones tenía, si él, como padre y adulto, como hombre incluso, no tenía idea qué hacer...¿Cómo iba a saberlo ella?, Era una pesadilla, quería que le mostraran una cámara y le dijeran que no era más que un chiste cruel, prometía no reaccionar mal, sino con alivio. Pero no habían cámaras, o no más de las que tomaban fotos a Phoebe en ese momento. Las que quería apagar y destruir, pero no era una buena idea hacerlo si quería hundir a Hackett en la cárcel hasta el último día de su vida.
Él había tomado toda la vida de su hija, afectado también a las otras dos. A todas en general...ese hombre, ese monstruo, había arruinado la adolescencia de todas, pero más aún, la vida de Phoebe. Tenía miedo de que fuera a perderla del todo. Su cuerpo se había debilitado con el embarazo y cada vez había ido peor hasta ese entonces, y, con el nuevo bebé en camino, su vida corría muchos más riesgos. Sabía que habían pocas posibilidades de que ese niño lograse sobrevivir, y tenía que ser sincero: no quería que lo hiciera. No quería que niña tuviera que, otra vez, dar a luz a un hijo que no quería ni había buscado. Si fuese por él, habría enviado a Kent a abortarlo, pero era demasiado peligroso para Phoebe...y no tenía derecho a tomar una decisión así sin conversar con ella antes.
Estaba en una encrucijada, en una grande. Y lo único que le quedaba por hacer, era esperar.
― Lo siento amor ―susurró limpiándose las lágrimas con su otra mano― lo siento.
Se sentía inútil. Ninguna palabra, gesto, nada, podría devolverle todo lo que le habían quitado, ninguna disculpa era válida. Quería que despertara para poder prometerle que él iba a pagar, pero por otro lado, prefería que no lo hiciera...abrir los ojos significaba enfrentarse directamente con la realidad.
Unos pisos más arriba, Prue tenía a Piper tomada de la mano mientras ésta descansaba en su cama. Los resultados de todo habían estado saliendo normales, y lo único que tenía que esperar era pasar el periodo de observación. Lo más probable era que no despertara hasta unas horas más debido a sus medicamentos, más que a otra cosa.
― No te gustan los hospitales, y es la segunda vez que estás en uno en menos de una semana...―dijo acariciándole la mano, ya que su frente estaba cubierta con una gran venda que le sostenía la cabeza en caso de cualquier cosa.
Se quedó mirándola, repasando las palabras de los médicos. Tenía marcas de dedos en su cuello. Se tocó sus heridas, las mismas de Piper, al menos en el cuello, y deseó ser ella la que estaba en su posición. Tenerla a salvo. Pero seguía fallando en protegerla...de una forma u otra, su hermanita salía lastimada sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo.
Fue en ese momento en el que las cosas dejaron de transcurrir a la velocidad normal. Los pensamientos se pausaron en su cabeza y todo a su alrededor dejó de tener sentido. No quería pensar. No quería saber. No quería sentir. Hizo un conteo en su mente y las cosas pasadas en las ultimas cinco horas eran demasiado fuertes. Ya no podía enfrentar más, y supo que ese era el momento en el que bajaba los brazos. Se dio cuenta de que ya no tenía fuerzas para luchar, era suficiente, lo único que quería hacer era dejarse caer y eso haría: ya no quedaba nada de la persona que siempre había sido. Ya no quería ser la fuerte, la valiente, la hermana mayor, la que siempre estaba ahí para todos. Ya no más.
Se dejó caer sobre su silla, apoyando su frente en la cama de Piper, dejándo caer también simbólicamente, toda su fuerza, aunque fuera por un momento, lo necesitaba. Quería por primera vez, ser débil y la protegida, porque así se sentía ahora: débil, inútil, incapaz de reaccionar y a la deriva. Porque gracias a ella, Hackett había lastimado a sus hermanas...y tenía un pésimo presentimiento sobre Phoebe, y nada de ánimo para confirmarlo. Del sólo hecho de pensar en que algo más pudo haberle hecho a su hermana, le hacía sentir un escalofrío y tiritar. Querer morir, desaparecer, terminar con todo de una buena vez; seguir el ejemplo de Piper y suicidarse, o sino el de Phoebe y perderse en fiesta tras fiesta sin nunca más tener una responsabilidad otra vez. O el de Víctor: huir y armar una vida nueva de la nada, sin mirar atrás hasta que sintiera que podía.
Cerró los ojos, volvió a recordar...ésta vez a su abuela. Tantas noches, tardes, mañanas en las que se había sentado a su lado para cuidar de ella...por mucho que le dijese "Prue, hija, ve a dormir, mañana tienes escuela". Siempre decía "Sólo diez minutos más" antes de quedarse dormida con ella, y despertar al día siguiente con un dolor de espalda que no se quitaba con nada, pero al menos, tenía la seguridad de que su abuela seguía viva. La extrañaba mucho. No había tenido tiempo suficiente para echarla de menos, e, incluso, había tenido el triste instinto de querer llamarla a casa para pedirle que fuera por los mellizos, para que no se quedaran solos. Pero no...porque ella no estaba, porque ella no había tenido la oportunidad de conocerlos.
Suspiró. Su vida, la de todas, era un desastre de principio a fin, y todo parecía indicar que en lugar de ir mejorando y yendo hacia arriba, cada año que pasaba, todo empeoraba más. Lo único que quería era que todo volviera a ser normal. A que fueran una familia unida, con mamá y papá, con una abuela cariñosa, sin preocuparse de nada más que de la ropa que usarían al día siguiente o si habían suficientes dulces para todas. El peso de sus párpados, como el de la presión sobre su persona; su cuerpo cansado de tanto correr; su cabeza abrumada y el reloj indicando las cuatro de la mañana, la hicieron quedarse dormida con una lágrima en la mejilla y una mano empuñada sobre su regazo. Sentía impotencia, rabia e impotencia, pero más que eso, desolación.
Me deprimo. Mucho. D:
Respuesta(s) de review(s):
Daniie Armstrong: Sé lo que te había dicho por el chat, pero creo que hubo ciertos cambios de planes! Más drama, obvio. Gracias por todo pequeña.
ViryMousy: Jajaja tú y Hackett xD! meter ruido será cambiado entonces! Okas, yo tb te amo! Gracias.
DyegoHalliwell: Más traumado quedarás cap a cap, te lo aseguro. Feliz día de la amistad!(atrasado).
bellaHerms22: ¡Miren lo que trajo la marea! Sí, pretendo matarte! gracias por el review número 200, grossa. Amiga off, fic on!
