Kira sólo pudo soltar un leve gemido de dolor cuando la espada de Piedmon comenzó a salir lentamente de su cuerpo. Era como si pudiese sentir, con desagradable perfección, la forma en la que la afilada hoja de metal pasaba a través de su piel y sus músculos. Su visión se nubló cuando la punta de la espada se encontró totalmente fuera. Cayó al suelo, pues Piedmon la desechó como a un simple saco inservible de huesos, sangre y piel. Sintió la forma en la que las diminutas partículas brillantes, sus Datos, comenzaron a emanar de su cuerpo lentamente. Era como alguien estuviese triturado su cuerpo en trozos diminutos que iban siendo arrancados poco a poco. Su sangre comenzó a encharcarse debajo de su cuerpo. Respirar era una tarea titánica y dolorosa, pero sumamente importante si quería seguir luchando. No podía rendirse, no quería dejarse llevar por la nada. Ambos mundos dependían de ella. Sus amigos estaban esperándola. Defraudarlos sólo la haría sentir como una traidora.
Duele… Pensaba ella, las lágrimas brotaban de sus ojos en un intento de liberarse un poco del dolor. No… No puedo… No puedo más…
Escuchó los pasos de Piedmon cerca de ella, así como se dio cuenta de que la espada cortaba el aire cuando Piedmon la levantó de nuevo. Kira soltó un leve sollozo y decidió dejarse llevar. Ya era tarde para pensar en posibles formas de sobrevivir.
—Padre… —musitó, un poco de sangre escapó de su boca—. Lo lamento… No pude salvar a ambos mundos…
Y permitió que la nada se apoderara de ella.
Lo último que sus oídos pudieron escuchar, fue la risa cruel de Piedmon. Su mundo se oscureció sólo por un segundo y una extraña calidez rodeó su cuerpo. Una calidez que tenía la forma de dos brazos delgados.
— ¡Yuu!
MailBirdramon se posó lo suficientemente cerca del bloque de escaleras como para que el general del Xros Heart bajara de un salto. Akari lo siguió, sonriendo cálidamente. Yuu se sintió mucho más tranquilo estando en compañía de sus amigos.
Era como si repentinamente la presencia de Lelouch hubiese dejado de importarle.
—Yuu, ¿te encuentras bien? —preguntó Taiki.
—Escuchamos tu voz —explicó Akari antes de que el chico rubio pudiese responder a la pregunta—. Parece que llegamos justo a… Pero, ¿qué te ha pasado en la mejilla?
Yuu sonrió despreocupado.
Lelouch enarcó las cejas.
—No es nada —dijo el chico rubio y cambió su expresión a una de más seriedad para añadir—: ¿Están todos bien? ¿Dónde está mi hermana?
—Tagiru ha ido a buscarla —explicó Taiki—. Tenemos que reencontrarnos con ellos antes de que sea demasiado tarde.
—Sí —intervino Zero y dio un par de pasos hacia Taiki, sintiéndose con la confianza suficiente como para intervenir en la conversación pues sabía que el general del Xros Heart no se atrevería a ignorar sus palabras—. Estamos dentro de una Torre Oscura.
—Lo sabemos —dijo Taiki—. Es imposible que estemos en otro lugar. Pero lo único que hemos encontrado ha sido esa escalera que comenzó a derrumbarse de repente. No hemos visto a ningún enemigo más que ese Digimon que intentó atacarlos a ustedes.
—Nene y tu hermana quieren encontrarte —dijo Kiriha al chico moreno.
Lelouch sintió que su alma podía descansar al haber escuchado que Nunally estaba a salvo.
Por supuesto, no tenía idea de lo que ocurría en la cima de la torre.
— ¿Dónde se habían metido? —preguntó JagerDorulumon, que tuvo que dar un gran salto para posarse en el mismo bloque de peldaños donde sus amigos se habían congregado—. ¿Y dónde está esa otra chica? Kira Yagami. Ella también ha desaparecido.
—No ha desaparecido —respondió Yuu.
—Se ha quedado a luchar afuera para ganar un poco de tiempo —secundó Lelouch.
—Decidió enfrentarse a una chica rubia que iba acompañada por un Digimon con la forma de un payaso —concluyó Yuu.
Taiki asintió.
—Suban a MailBirdramon —ordenó el general del Xros Heart—. Iremos a reunirnos con los demás y luego saldremos para encontrar a Kira.
Akari fue la primera en subir, quien obtuvo un poco de ayuda por parte de Kiriha. Yuu fue el siguiente y al estar sobre el lomo de MailBirdramon, tendió una mano para que Lelouch también subiera. El chico moreno rechazó la ayuda y saltó por su propia cuenta, subiendo al Digimon sin mayor problema. Yuu sólo puso los ojos en blanco y Taiki, antes de subir al lomo del Digimon de Kiriha, sólo soltó un suspiro de hastío.
Tal parecía ser que no había manera en la que Lelouch y Yuu pudiesen convivir en paz.
Tagiru bajó de un salto del lomo de Arresterdramon. Corrió a toda velocidad hacia Nunally, que seguía agazapada contra el muro que había detrás de ella. Tomó a la chica por los hombros y dijo, con delicadeza:
—Nunally, ¿te encuentras bien?
La chica, a pesar del temor que aún sentía, asintió y rodeó el cuello de Nunally con sus brazos. Tagiru devolvió el abrazo, evocando el recuerdo de aquel día en el que la rescató de las manos de aquel Knightmare que la había sacado del campo de batalla.
Nene y Sparrowmon tuvieron un emotivo reencuentro, mientras Mimi se encargaba de ayudar a que Katsura pudiera levantarse. Infermon, totalmente fuera de combate, tuvo que confiar en que los recién llegados serían lo suficientemente poderosos como para destruir a Arukenimon. Ni bien la siniestra araña se preparó para lanzar su siguiente ataque, Lilimon entró en combate. De sus muñecas se desprendieron un par de lianas que sujetaron el cuerpo de Arukenimon, deteniendo todos sus movimientos. Aunque Arukenimon intentó resistirse, no pudo esquivar los disparos del Random Lasser de Sparrowmon que lograron dejarla herida y aturdida. Arresterdramon, entonces, se preparó para lanzar el golpe final. Lilimon levantó a Arukenimon del suelo y la liberó del agarre de sus lianas para que el Prism Garret se encargara de terminar el trabajo. El cuerpo de Arukenimon fue rodeado por el haz de luz que Tagiru ya extrañaba demasiado. Así que el chico se separó un poco de Nunally para realizar un veloz movimiento con su Xros Loader para absorber los Datos de Arukenimon. Y cuando su enemiga apareció en la pantalla de su Xros Loader, el chico sonrió y exclamó:
— ¡Digimon, captura completa!
La pantalla de su Xros Loader se apagó.
El chico acrecentó su sonrisa triunfal.
— ¡Lo hicimos! —celebró Gumdramon una vez que dejó ir su Digievolución.
— ¡Bien hecho, Gumdramon! —respondió Tagiru.
— ¡Tagiru! —Exclamó Nene para detener las festividades, acercándose al chico velozmente—. ¿Dónde está Kiriha? ¿Cómo nos encontraste?
—Kiriha, Akari y Taiki han ido a buscar a Yuu —explicó el muchacho acalorado—. Escuchamos su voz. Él está dentro de la torre.
—Recién me pareció escuchar la voz de Lelouch —informó Nene—. Juraría que fue su voz lo que escuché hace sólo unos instantes.
—Eso significa que mi hermano también está aquí dentro —intervino Nunally, que aún temblaba de pies a cabeza—. Tagiru, tengo que ir. ¿Puedes llevarme con él?
Un potente rechinido que se desprendió de las paredes logró acallar todas las voces que estaban por escucharse. El grupo entero se apiñó en el centro de la habitación. El suelo temblaba bajo sus pies de la misma forma que habría hecho durante un violento terremoto. Las grietas que se causaron en el boquete de la puerta con la heróica entrada de Arresterdramon comenzaron a abrirse más y más, hasta que el muro comenzó a caer en pedazos. Los escombros amenazaban con aplastarlos a todos, pues caían arbitrariamente cuando la inestabilidad de la torre los hacía ceder.
—La torre se derrumba —dijo Sparrowmon—. ¡Nene, tenemos que irnos!
Nene asintió y se dirigió hacia donde Katsura intentaba alejarse de Mimi, pues su orgullo le impedía aceptar que necesitaba ayuda para mantenerse en pie. Keramon, tras dejar ir su Digievolución, insistía en que su amiga humana le permitiese tomarla de la mano para brindarle un soporte que le ayudara a la chica a caminar sin tambalearse. Katsura se negaba rotundamente.
— Shinyuga, ¿te encuentras bien? —preguntó Nene.
La aludida asintió con torpeza. Para todos fue evidente que no era así, especialmente por las pequeñas partículas brillantes que se desprendían lentamente de la mano de Katsura que estaba cubierta de sangre. Un trozo de cristal era el culpable, pues se había incrustado en el dorso de su mano. Al darse cuenta de que sangre no dejaría de brotar, Nunally cortó un trozo de tela de sus ropas para crear un improvisado vendaje. Ella misma se encargó de retirar el trozo de cristal, que cayó al suelo y se transformó en una diminuta maraña de Datos que comenzó a subir al cielo. Cuando el vendaje estuvo hecho, Nunally le dedicó a la chica una cálida sonrisa. Katsura devolvió el gesto. Y así, tras haberse encargado de la mano herida de Katsura, el grupo entero emprendió el escape.
Pocos segundos quedaban antes de que la Torre Oscura se cayera en pedazos.
— ¡Taiki, la estructura no resistirá más tiempo! —exclamó OmegaShoutmon tras haber utilizado su Heavy Metal Vulcan para deshacerse del gigantesco escombro que estaba por aplastarlos.
Taiki tuvo que pensar velozmente en un plan, ya que la amenaza de la muerte inminente seguía latente sobre los hombros de todos ellos. De inmediato obtuvo la gran idea, que parecía ser la única opción. Dio un leve golpe a sus gafas con un dedo y exclamó:
— ¡JagerDorulumon, abre un hueco en el muro! ¡Saldremos de aquí ahora!
Un simple golpe con la lanza de JagerDorulumon fue suficiente para abrir un hueco lo suficientemente grande como para que MailBirdramon pudiese atravesarlo. La luz del exterior cegó a Lelouch durante una fracción de segundo. El aire fresco fue revitalizante para todos, que bajaron del lomo de MailBirdramon para poder poner los pies sobre la tierra firme. La torre continuaba cayéndose en mil pedazos. JagerDorulumon, Tswarmon, MailBirdramon y OmegaShoutmon se encargaron de destruir todos aquellos escombros que caían desde el punto más alto. Lelouch sólo podía mirarlos a todos con el entrecejo fruncido, deseando poder participar en la contienda de cualquier manera y anhelando, con todas sus fuerzas, que el rostro de Nene o el rostro de Nunally aparecieran pronto en su campo de visión. Los cuatro Digimon unieron sus técnicas especiales para crear una onda expansiva que aniquiló todos los escombros.
No hubo vítores, sin embargo.
Todos miraban expectantes la torre, en espera de lo inevitable.
— ¿Se terminó? —preguntó Akari en voz baja cuando la calma comenzó a reinar.
La respuesta de Taiki fue cubrir a la chica, protegiéndola con sus brazos, cuando la torre se derrumbó definitivamente. JagerDorulumon extendió su capa para proteger a Yuu, Lelouch y Kiriha. OmegaShoutmon, Tswarmon y MailBirdramon se encargaron de luchar por última vez contra la lluvia de escombros. Poco pudieron hacer, pues un gigantesco trozo de metal se incrustó en la tierra, seccionando en dos pedazos la plataforma en la que el equipo se encontraba. El trozo de tierra comenzó a desplazarse hacia atrás, permitiendo así que el resto de la torre cayera al vacío. Las pupilas de Lelouch se contrajeron. Se quedó sin aire durante un segundo y su corazón se aceleró.
Pasó un segundo.
Dos segundos.
Tres segundos
Una eternidad.
La nube de polvo se acrecentaba, impidiendo la visión y haciendo escocer los ojos.
—Nene… —Musitó el chico, en su voz indiferente reflejaba sólo una mínima parte de todo su dolor interno—. Nunally…
Dio un paso al frente con desesperación. Habría continuado con su camino de no haber sido por el brazo de Yuu que le bloqueó el paso. Lelouch fulminó al chico rubio con la mirada. Yuu, mirando hacia la densa nube de polvo, sólo pudo decir:
—Espera, Lamperouge.
La expresión de Lelouch comenzó a endurecerse.
Y la voz de Akari, así como las sonrisas de Taiki y Kiriha, bastó para que la esperanza reviviera en su interior.
— ¡Ahí están!
Lelouch pudo respirar con tranquilidad cuando vio surgir a Sparrowmon de la densa nube de polvo.
El Geass de Nene resplandeció, así como el Emblema de la Amistad que Katsura llevaba al cuello.
Sus amigos habían sobrevivido.
Sparrowmon iba volando lentamente, pues sobre su lomo había demasiado peso. El único Digimon que no iba encima de él era Lilimon, quien podía volar por sí misma. Sparrowmon encontró una gran sensación de alivio cuando llegó a tierra firme y todos quienes se habían montado en él comenzaron a saltar para reunirse con los demás. Keramon y Gumdramon fueron los primeros en bajar, seguidos por Katsura. Mimi fue la siguiente, quien tomó la mano de Taiki para evitar caer de rodillas al suelo. Tagiru se reunió con sus compañeros, totalmente listo para contar la anécdota sobre cómo había conseguido cazar a Arukenimon. Pero todo el barullo dejó de significar algo para Lelouch, pues el chico moreno se encontró inmerso en los rostros de las dos personas más importantes para él en todo el mundo.
Su hermana y la chica que había robado su frío corazón.
— ¡Hermano!
Nunally fue mucho más veloz que él. Rodeó a su hermano con ambos brazos y lo sujetó con fuerza. Lelouch hizo lo propio, para luego separarse de su hermana y sujetar con fuera las delicadas manos de la chica. Se aseguró de que Nunally se encontrase ilesa, llevándose la desagradable sorpresa de que alguien había golpeado la cabeza de la pequeña. Colocó un par de dedos sobre los bordes de la herida sangrante. Nunally respondió con un quejido de dolor.
—Parece ser que a todos nos dejaron inconscientes de la misma manera, Lelouch —intervino Tagiru antes de que el chico moreno quisiese hacer que las cabezas comenzaran a rodar—. Nunally se encuentra bien además de eso. Quizá está sólo un poco asustada.
Lelouch, aliviado, sólo asintió.
Se separó entonces de su hermana para acudir hacia Nene, quien se encontraba acariciando la cabeza de Sparrowmon para agradecerle a su adorable amigo que hubiese transportado a todos con vida hacia aquel sitio. Al darse cuenta de que su amado había terminado su reencuentro con Nunally, la joven Idol dejó ir el nombre de Lelouch en un suspiro y se unió con él en un fuerte abrazo. Lelouch se separó de ella casi inmediatamente, para proceder a examinar las heridas de la chica. Se enfureció nuevamente cuando vio las marcas que los hilos de Arukenimon habían dejado en el cuello de Nene. La chica le restó importancia a ese asunto, a sabiendas de que su vida no estaba en riesgo, y sólo llamó la atención de Lelouch uniendo sus labios con los de él mediante un dulce beso. Se separaron tras un par de segundos. Nene acarició la mejilla de Lelouch con delicadeza y dijo:
— ¿Te encuentras bien?
Lelouch asintió.
—Estaba preocupado por ti —la riñó con la voz de Zero.
—Dímelo a mí —respondió ella con la misma actitud—. Pero me alegra que tú estés a salvo.
— ¿Qué ocurrió allí dentro? —continuó Zero implacable—. ¿Quién te ha lastimado? ¿Qué son esas marcas en tu cuello?
—De eso podremos encargarnos después.
La voz de Katsura fue la que se encargó de ponerle fin al arranque sobreprotector del chico moreno. Tambaleándose a causa del dolor que no terminaba de desaparecer de su cuerpo, la chica se adentró dentro del grupo y buscó velozmente a su amiga de las gafas de aviador. Al no encontrar ningún rastro de ella, la chica miró a los demás con el entrecejo fruncido y reclamó:
— ¿Dónde está Kira?
—Se ha quedado atrás para ayudarnos a ganar tiempo —respondió Zero.
— ¿Encontraron algún enemigo? —urgió Katsura.
—Sí —respondió Yuu.
—Una chica pelirroja y un zorro de color amarillo —dijo Lelouch—. Y cuando estábamos por derrotar a ese par, llegó alguien más.
— ¿Quién? —dijo Katsura con impaciencia.
—Una chica —dijo Yuu—. Una chica rubia y un Digimon con la forma de un payaso.
La sangre de Katsura se heló por completo. De pronto pareció que sus energías se habían renovado.
— ¡Imbéciles! —Exclamó la chica—. ¡Esa persona que apareció es Clarisse! ¡Kira no posee el poder suficiente para vencerla!
Yuu frunció el entrecejo, confundido.
Lelouch, sin poder comprender lo que ocurría dentro de él, sólo tuvo un muy mal presentimiento.
El dolor en su estómago acrecentó cuando recuperó la consciencia, por más lento que fuese el proceso. Se quedó sin aliento durante un momento, en el que sólo pudo apretar con fuerza los dientes y arquear la espalda. Llevó una mano, pesada como el plomo, hacia el sitio donde la sangre aún estaba brotando. Sintió que sus dedos se impregnaban con el espeso y cálido líquido de color rojo. Abrió lentamente los ojos cuando recuperó el aliento. La luz del sol la dejó deslumbrada sólo por un instante, antes de darse cuenta de que en realidad su visión era peor que la de una persona que necesitara gafas con un aumento exagerado. Su instinto de supervivencia parecía estar pidiéndole disculpas por la tortura, pues sabía que debía continuar respirando a pesar de sentir punzadas de dolor cada vez que inhalaba el terroso oxígeno de la Zona Polvo. Su cuerpo estaba empapado con el sudor frío y la debilidad era más que evidente, pues el simple hecho de girar su cabeza para mirar hacia distintos ángulos era una tarea titánica. Soltó un ahogado sollozo, deseando estar muerta para así evitar soportar semejante agonía cruel.
—Papá… —llamó con la voz quebrada por el llanto—. Ayúdame…
Aquella figura entró entonces en su confuso campo de visión. Sólo pudo distinguir el color azul en la parte superior y el color púrpura que cubría la mayor parte de un rostro al que no pudo darle forma.
—Kira… —decía aquella voz femenina y sensual que le hablaba, un sonido que parecía ser demasiado lejano como para estar brotando de la difusa figura—. Kira, necesito que te mantengas consciente. No vuelvas a desmayarte, por favor.
Pero la pobre y convaleciente chica no podía hacerlo. Sus párpados se cerraron sin previo aviso, así como la mano que había posado sobre la herida cayó al suelo como si estuviese hecha de simples trapos.
— ¡Kira! —Exclamó Zephyrmon cuando la chica de las gafas de aviador se dejó llevar por la inconsciencia—. ¡Kira, despierta!
Tuvo que buscar sus signos vitales, sólo para asegurarse de que seguía respirando. Su pulso, sin embargo, se debilitaba cada vez más. Así que Zephyrmon optó por dejar de ser amable con ella, pues era crucial que Kira se mantuviese totalmente alerta. La tomó por los hombros y le dio una fuerte sacudida. Se arrepintió al instante. La sangre comenzó a brotar con más intensidad. Presionó la herida con sus propias manos, intentando detener el sangrado. No había manera en la que Kira siguiese con vida. A Zephyrmon le pareció cruel que Piedmon no hubiese optado por simplemente cortar la garganta de Kira o atravesar su corazón. Cualquier cosa era mejor que sufrir tanto. Miró al pequeño Digimon emplumado, de color negro, que yacía a pocos metros de donde Kira se debatía entre la vida y la muerte. Era un diminuto guerrero que luchaba contra sí mismo por abrir los ojos. Zephyrmon sólo pudo sentir una gran oleada de cariño hacia ambos. Eran sumamente valientes.
— ¡Kira!
Zephyrmon levantó el rostro cuando escuchó aquella voz que provenía de los cielos.
La comitiva pronto se hizo presente, todos montados sobre el lomo de MailBirdramon.
— ¡Kira!
La dueña de la voz fue la primera en bajar de MailBirdramon, cuando éste se encontró a pocos metros de distancia de la plataforma donde Zephyrmon se encontraba en compañía de sus convalecientes protegidos. Katsura apartó a Zephyrmon de un empujón y se colocó de rodillas a un lado de la chica de las gafas de aviador. Verla así, con la piel palidecida y con las garras de la muerte intentando sujetarla para llevársela definitivamente a un mundo de sombras y desolación, causó que una lágrima brotara de los ojos de Katsura.
— ¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Nene, una vez que la chica logró bajar de MailBirdramon.
No había tiempo para hacer cálidos saludos.
Ya después podrían hacer presentaciones y comentarios acerca de la posible responsabilidad de Zephyrmon sobre lo acontecido en la Zona Cielo.
Lo único que importaba en ese momento era el bienestar de Kira.
—Es una puñalada —explicó Zephyrmon—. No he podido ayudarla de ninguna manera, sólo me atreví a sacarla del campo de batalla. Su compañero también está herido.
Keramon fue quien se encargó de intentar hacer que Cheepmon volviera en sí. No tuvo éxito, por supuesto. El daño era demasiado grave.
—Esto ha sido obra de Piedmon —aseguró Katsura hecha una furia—. ¡Y esto ha pasado por culpa de ustedes dos, malditos idiotas!
Era imposible discutir con o tratar de rebatir su acusación.
Lelouch y Yuu sabían que ella tenía razón.
Así que para enmendar sus propios errores, sin pretender ayudar al chico rubio, Lelouch en persona se colocó de rodillas al otro lado de Kira y buscó sus signos vitales. Al encontrar el pulso debilitado y escuchar la respiración que pronto podría desaparecer, el chico se levantó y miró a Akari con esa expresión autoritaria propia del líder que antes había sido.
—Tú tienes un Digimon capaz de curar las heridas, ¿no es cierto? —Akari asintió—. Lo necesitamos. Llámalo.
Cutemon hizo su aparición cuando Akari dio la orden para recargarlo. Ni bien estuvo a los pies de la chica herida, utilizó su Kizunaol para asegurar que aquel no se convirtiese en el momento de la despedida. La herida comenzó a cerrarse, aunque el color no volvió a la piel de la convaleciente chica. Acto seguido, Lelouch miró a Nene y dijo sin mudar el tono de su voz fría, demandante e indiferente.
—La Torre Oscura ha sido destruida. ¿Cuál es la siguiente Zona?
—La Zona Shinobi —respondió Tagiru, robando las palabras que Nene estaba por pronunciar—. Sólo nos quedan cuatro Zonas. La Zona Shinobi, la Zona Disco, la Zona Dulce y la Zona Espada.
—Eso, si es que aún no es demasiado tarde —dijo Nene y tomó el brazo de Lelouch para añadir con cierto énfasis—: En la Torre Oscura, Shinyuga y yo encontramos información importante que todos tienen que saber.
—Antes, debemos asegurarnos de que Kira se recupere —habló entonces el general del Xros Heart—. Vayamos todos a la Zona Shinobi. Allí buscaremos un refugio y podremos encargarnos de ponernos al tanto.
—Pero, para Kira podría ser peligroso viajar en esas condiciones —se negó Zephyrmon.
—La atmósfera de este lugar podría infectar la herida —dijo Kiriha—. El polvo no le hará bien y los poderes de Cutemon podrían ser sólo una medida provisional.
—Aonuma tiene razón —dijo Lelouch—. Tenemos que salir de aquí antes de que la condición de Yagami se agrave.
Fue aquella la última palabra.
El grupo entero se dirigió a la Zona Shinobi sin mediar más palabras. Por supuesto, ninguno de ellos se fijó en que, a pocas plataformas de allí, se encontraban aún aquellos dos siniestros enemigos en compañía del saco que aún contenía a la compañera de Kyubimon. Clarisse dibujó una maligna sonrisa en sus labios cuando vio el portal aparecer. Miró a Piedmon con complicidad y se encargó de darle un empujón al saco para que la chica pelirroja cayera al vacío. Sacudió sus manos entonces, como si intentase limpiar el polvo que las había cubierto.
—Así que se dirigen a la Zona Shinobi —dijo la chica—. Interesante… Piedmon, será mejor que vayamos ahora al Campo del Infierno. Tenemos que alertar a Dynasmon y asegurarnos de que LordKnightmon se prepare para pelear.
—Creí que querías presenciar con tus propios ojos cuando el virus se apodere del corazón de Yagami —comentó Piedmon—. ¿Estás segura de que quieres volver al refugio?
—Por supuesto que estoy segura —respondió Clarisse—. Créeme, Piedmon. No querrás estar cerca cuando el virus haga su trabajo. Será mejor que todo lo presenciemos a una distancia segura. Cuando llegue el momento, Yagami deseará haber muerto aquí. Y ahí estaremos nosotros para asegurarnos de que su última petición sea cumplida.
—Aún queda con vida ese otro chico que enviaste como súbdito para Arukenimon.
—El plan ha sufrido un ligero cambio. No podré hacer que Ishida se enfrente a Tai Yagami, ya que no sé siquiera dónde pudo haberse metido ese cretino Héroe Legendario. Pero nuestro objetivo ahora es otro. Debemos conseguir que la oscuridad se apodere del corazón de Mimi Tachikawa. Aunque, antes de eso, esperaremos a ver cómo transcurren las cosas en la Zona Shinobi. Ellos no saben que la Zona Dulce ya ha sido totalmente conquistada. La Zona Disco está por sucumbir también. Si todo sale como yo espero, estoy totalmente segura de que el virus que implantaste en esa zorra no será necesario.
Dicho aquello, Clarisse se encargó de abrir su propio portal para transportarse al Campo del Infierno. Lo último que se escuchó en la Zona Polvo antes de que desapareciera totalmente fue el eco de la maligna carcajada que soltó la chica rubia.
