CAPITULO 51

17 de Abril de 1930.

Londres.

– ¿James, tienes el regalo? – Pedía Terry mientras el chofer de los Grandchester le entregaba un paquete enorme.

– Si mi lord, – Terry abrió el regalo y vio un hermoso vestido hecho para una princesa.

– ¡Es maravilloso! Y vio que en un costado estaba el escudo de la Familia Grandchester bordado, como él lo había pedido.

– Ese vestido es un poco grande para Lady Margaret. – Terry se sorprendió del comentario del chofer, pero siendo que el vestido traía el escudo de la familia bordado, era lógico que pensara que fuera para su hija Maggie.

LONDRES, DEPARTAMENTO DEL DUQUE DE GRANDCHESTER.

VIERNES 18 DE ABRIL DE 1930.

Era de mañana cuando alguien toco a la puerta, Esmeralda la mucama se extraño ya que el Duque como Eleonor se habían ido a Paris por dos semanas. Abrió la puerta y vio quien entraba al departamento era el hijo del Duque.

– Señor, debo de informarle que su padre el Duque como la señora Eleonor no se encuentra en el país. – le decía mientras entraba al departamento con una caja de regalo envuelta con un enorme moño rosa y la firma de algún diseñador importante, arriba de este otra caja de regalo más pequeño.

– Sí, estoy enterado de eso, – dejo las cajas en una mesa – en realidad no vengo a ver al Duque sino a entregar esto.

– Yo le daré el regalo a la señora Baker cuando regrese del viaje.

– Este regalo no es para ella, sino para Emma…

– ¿Emma? ¿Por qué le ha traído un regalo a Emma y con qué derecho? – Se sorprendió.

– Bueno no sé si sea de su conocimiento pero mi hijo Ricky va a cumplir años este sábado y ha decidido invitarla a su fiesta de cumpleaños.

– ¡Esta usted loco! ¡Claro que no!

PASADO

DICIEMBRE DE 1920

AVON STRATFORD RESIDENCIA.

Nada de eso marquesa, usted me ha dicho que tiene una sorpresa para mí y quiero mi sorpresa ahora.

Está bien – dijo Candy con resignación – voy al estudio por tu sorpresa. Cierra los ojos y no los vayas abrir hasta que yo te diga. – Terry cerró los ojos obedientemente, hasta que escucho unos pasos, – mi amor ya puedes abrir los ojos.

Terry abrió los ojos y se sorprendió cuando vio la sorpresa.

– Hola mi amor – Saludo Eleonor dando un abrazo afectuoso a su hijo – estuviste grandioso en el estreno, llore de la emoción de verte actuar.

– ¡Mamá! ¡Mamá dios mío que alegría de verte! – Exclamó Terry abrazando a su madre afectuosamente. – No sabía que estabas entre el público.

– Fui de incógnita, me disfrace para que nadie me pudiera reconocer, – le guiño el ojo – Candy fue la que me invito al estreno de la obra. – Se dirigió a ella – Gracias Candy.

– Pecas, gracias – dijo mirando a su esposa, las emociones estaba a flor de piel. – Gracias por venir mamá, has estado en los días más felices de mi vida. – Se quedaron abrazados por un tiempo.

– Señora Eleonor, – dijo Candy con una enorme sonrisa de ver a madre e hijo unidos – además Terry y yo tenemos un anuncio que decirle. – Observo a su esposo con una mirada llena de amor – ¡Terry dile la gran noticia!

– Mamá, – soltó el abrazo y se acerco a Candy y la tomo de la mano – muy pronto serás abuela, Candy y yo ¡Vamos a ser padres!

– ¡Terry! ¡O Dios mío! ¡No lo puedo creer! ¡Muchas felicidades! – Corrió a abrazar a su hijo y después a Candy. – ¡Van a ser padres! ¡Voy a ser abuela! – Eleonor derramaba lágrimas de felicidad, no podría estar más dichosa y feliz por su hijo y por Candy.

Eleonor estuvo por tres días en la casa sin que nadie supiera, cuando Terry se iba a trabajar, Eleonor y yo nos pasábamos las horas platicando amenamente mientras que me enseñaba como bordar los pañales y hacerle chambritas al futuro heredero Grandchester. Eleonor tenía que irse nuevamente a América, pero se prometió que muy pronto cuando naciera su nieto iba a regresar.

Los días pasaron y la Navidad estaba muy cerca. Candy como Terry estaban adornado su primer árbol de Navidad juntos, habían comprado varios obsequios para la llegada del nuevo miembro de la familia. Una cuna, ropa para bebé y habían ya decorado la habitación en tonos pastel y muebles.

– ¿Sabes? – Dijo Terry mirando la chimenea junto a su esposa sentados en la alfombra y él sobaba cariñosamente la barriga todavía aun pequeña de su amada – creo que esta va a ser la primera Navidad que voy a disfrutar muchísimo…

– Terry – decía Candy con melancolía – me gustaría decir lo mismo… sin embargo yo recuerdo bien la Navidades… no teníamos regalos lujosos o un banquete especial, pero entre todos los niños del hogar nos poníamos a cantar villancicos, hacíamos guerras de bolas de nieve… y andábamos por trineo… era muy buena en el trineo y la Hermana María y la Srta. Ponny nos cocinaban ricos pasteles… sencillos pero con mucho amor.

– Me hubiera gustado tener una Navidad así… desde que tengo uso de razón… mis padres nunca estuvieron con nosotros en Navidad… tenían compromisos sociales, la pasaba muy solo… eso sí, llegaban varios regalos por parte de él… pero no tenía con quien jugar…

– Ya no pienses más en eso, desde ahora en adelante vamos a escribir nuestro propio libro, una historia de amor y de felicidad. En dos días será Navidad y he organizado ¡Una fiesta para celebrar! – Exclamó con entusiasmo.

– Pecas, ¿Una fiesta? – Volteo a verla con el ceño fruncido.

– Claro, una fiesta donde he invitado a tu familia, es Navidad y en Navidad las familias se reúnen… – Terry se levanto abruptamente.

– ¡¿De qué demonios hablas?! – Exclamó enojado – ¡Te había dicho que no deseo hablar con mi padre! A pesar de todo sigo aun enojado por el contrato prenupcial que te hizo firmar. – Su mirada era tan fría que me congelaba.

– Mi amor, eso ya no importa, porque estoy casado con el hombre que más amo en todo el mundo – se dio Terry la media vuelta mirando por la ventana – ¡Porque muy pronto voy a hacer madre y tu padre! Te ha pedido perdón varias veces… ¿Recuerdas? ¡Trajo a Eleonor a nuestra boda y a mis dos madres desde América! Nos regalo esta maravillosa residencia y estás trabajando como actor ¡En lo que más te apasiona! – Se levanto de la alfombra y fue hasta él y lo abrazo por detrás ya que le estaba dando la espalda. – ¿Qué más deseas?

– Pecas – Se volteo a verla directamente a sus ojos aun tenía esa mirada de frialdad.

– No debes de ser rencoroso, debes de aprender a perdonar… además no creo que quieras que tus hijos crezcan sin sus abuelos. No le quites la oportunidad a tu padre de ser un abuelo cariñoso.

– Abuelo y cariñoso… no me hagas reír Candy, él nunca será un abuelo cariñoso…. Y no deseo que mis hijos sufran lo que yo viví… y tengo mucho miedo de ser el mismo tipo de padre que mi padre fue conmigo.

– Eso nunca sucederá Terry, por qué yo no lo voy a permitir, mientras haya amor… educaremos a nuestros hijos con amor.

NOCHE BUENA.

Candy tenía cinco meses de embarazo y se le veía genial. Emilia y Jenny hicieron todos los preparativos para la pequeña celebración que iba a dar los Marqueses de Grandchester, estaba nerviosa ya que iba hacer su primera fiesta que hacía en su nueva casa. Deseaba dar como siempre una buena impresión a sus suegros como a sus cuñados.

– Creo que no había pasado una Navidad tan maravillosa – Decía Lady Caroline cuando terminaron de cenar ya muy de madrugada. – Con un árbol de Navidad majestuoso, abriendo obsequios, pero sobre todo una buena platica en familia con una cena deliciosa.

– Cariño – decía la Duquesa con un aire de tristeza y seriedad cuando escucho hablar a su hija. – Dudo mucho que no hayas pasado una Navidad feliz.

– Bueno en realidad me la pasaba muy sola, era muy tímida – le decía a Candy mientras comían el postre – no tuve buenas amigas y contigo me siento muy relajada y no sé porque, pero eres una mujer muy agradable, mi hermano mayor se saco la lotería contigo. – le sonrió.

– Gracias Caroline. – Ese fue un cumplido sincero que le llego hasta el corazón de Candy.

– Bueno… nosotros teníamos muchos compromisos con la Realeza. – Comento la Duquesa como queriendo dar una escusa – Terruce, Caroline y Edward estaban renuentes a ir a esas fiestas…

El Duque se quedo en silencio mientras Regina platicaba de las Navidades pasadas y recordó que sus hijos tenían razón, se supone que es una época donde se reunía la familia y desfrutaban todos juntos abriendo obsequios. Fue ahí que se dio cuenta que no había pasado ninguna Navidad en familia, ver a sus cuatro hijos abrir sus regalos y ver la emoción en sus caras. Candy se dio cuenta de aquello y decidió cambiar el tema a otro más agradable.

No quería admitirlo Terry, pero se la había pasado muy bien en ese pequeño núcleo familiar. Y por otra parte su padre ya no le recrimino haber dejado la Cámara de Lores, cosa que le agradeció profundamente, al contrario se sentía muy orgullo cada vez que su padre lo veía arriba de un escenario.

Los meses pasaban y la espera era cada día más gratificante mientras se veía Candy en el espejo de vanidad su abultado vientre, se veía radiante y su esposo la consentía en todo, ella le leía cuentos a su barriga cada noche, Terry le cantaba y le hablaba a su hijo con un profundo amor incondicional.

Albert la había visitado en dos ocasiones, había estado con ellos una semana entera y se prometió que cuando llegara su sobrino estaría ahí para conocerlo personalmente, al igual que Archie y Annie. Además que entre ellas se escribían muy a menudo de todo lo que les pasaba y en esas cartas también les escribía a sus dos madres. Por medio de Annie se escribían y mandaba fotos de su embarazo al Hogar de Ponny.

19 de abril de 1921.

Era la una de la madrugada cuando Candy se le rompió la fuente y Terry rápidamente la llevo al Hospital. En unas horas más serían ya padres, la llevaron en una camilla mientras Terry estaba en la sala de espera avisando a sus padres. Las horas pasaban y los doctores decían que aun se encontraba en labor de parto, eran aproximadamente las 9:30 cuando les dieron la noticia que ya había nacido su hijo.

Terry entro a la habitación viendo a su amada pecosa amamantando a su pequeño y recién nacido hijo.

– Muchas felicidades han tenido un varón fuerte y muy sano. – Dijo el Doctor felicitando a los padres primerizos.

– ¡¿Es un niño?! – Pregunto emocionado mientras veía a su esposa.

– Mi amor acércate para que lo conozcas – Terry se acerco a la cama y vio por primera vez a su hijo, su piel era blanca y con cabello castaño y veía que succionaba bastante fuerte.

– ¿No te duele? – Pregunte admirando a mi familia.

– Un poco, pero llegas a acostumbrarte, además es una sensación maravillosa de darle de comer a tu hijo.

– Te amo tanto pecas. – dijo con lágrimas en los ojos, su felicidad era infinita.

– Ya se ha dormido, ¿Quieres cargarlo?

– ¡¿Yo?! Tengo miedo de lastimarlo, es tan pequeño. – conteste algo asustado.

– No pienses eso, te enseñare como cárgalo… tómalo de su cabecita y ahora de las piernas – Terry lo abrazo con mucho cuidado y observando cada detalle en él.

– Se parece tanto a ti, es tu mismo retrato. – dijo Candy viendo el rostro de su marido quien lo miraba con un amor incondicional.

– Espero que no sea como yo en el carácter, – dijo haciendo una mueca graciosa – ¿Cómo le llamaremos?

– Le llamaremos como su padre, Terruce… es un hermoso nombre.

– ¿Terruce? No lo sé, no me gusta.

– Bueno estaba pensando en Richard…

– Richard ¡¿Cómo mi padre?! ¿Por qué? – Pregunte sorprendido

– Por qué gracias a él, tú y yo estamos juntos.

– Candy.

– Además será un gran honor para él. – Richard Terruce Grandchester, suena imponente. El nuevo heredero de la familia. – comenzaron a reír, en eso tocaron la puerta – adelante.

– ¿Podemos pasar? – Preguntaron Caroline y Edward – Deseamos conocer a nuestro sobrino.

– Claro, pasen.

En la mañana me visitaron toda la familia Grandchester hasta la Duquesa, todos estaban emocionados de conocer a Ricky quien el Duque se sintió realmente alagado por el nombre de su nieto. Al día siguiente el único que se encontraba de visita era el Duque que sostenía a su nieto.

– Me recuerda mucho cuando Terry nació, es idéntico a ti, y el sentimiento es profundo, no puedo describirlo con palabras. – me quede mirando al Duque que no le quitaba la vista a su nieto. Terry estaba ahí dándome el desayuno y platicando tranquilamente.

– Señor, – una enfermera toco y abrió la puerta – hay una visita y pregunta si puede pasar a ver a los Grandchester.

– ¿Una visita? – Pregunto Terry extrañado. – ¿Sabes quién es?

– Una señora, me dijo que se llama E.B. – Terry volteo a ver a su padre y con la mirada pedía permiso que ella entrara, ya que era una zona bastante restringida por ordenes del Duque. El Duque hizo un movimiento casi invisible que solo ellos podían comunicarse.

– Hágala pasar por favor.

– ¡No lo puedo creer! – Decía emocionada – E.B. esta aquí. – Dije mientras el Duque me entregaba a mi hijo ya que estaba despierto y un minuto después tocaron la puerta y Eleonor entraba a la habitación.

– Hola buenos días, he venido a conocer al nuevo miembro de la Familia Grandchester – Saludo Eleonor con una enorme sonrisa, traía un arreglo de rosas rojas y varios regalos para Ricky. – ambos saludamos y mientras dejaba el arreglo y los regalos en el tocador vio que ahí estaba el Duque, ella solo hizo una reverencia como saludo. Terry en ese momento me quito a Ricky de los brazos y se acerco a ella.

– Mira mamá – dijo Terry entregándole al bebé – ¡Mira a tu nieto! ¡¿No es precioso?! – Eleonor sostuvo a Ricky en sus brazos admirando al pequeño que le sonreía, ella estaba embobada – Tiene tus mismo ojos.

Cuando de repente el Duque abofeteó dos veces simultáneamente a Terry, me sorprendí de lo sucedido, ¿Por qué había hecho eso el Duque? Iba a protestar pero Eleonor me miro y con su mirada me dijo que no dijera nada, que no me metiera. Mire a Terry y vi que estaba sangrando de lado derecho de su labio inferior. Con sus dedos trato de quitarse la sangre.

– Lo lamento – Terry se disculpo y entro al baño y el Duque lo siguió, se escucharon murmullos, el Duque aun seguía bastante molesto.

Me di cuenta en ese momento que Eleonor no sería parte de la vida de nuestros hijos, para nosotros, ella no es la madre de Terry, si no una amiga, una colega… y mucho menos es la abuela de nuestros hijos. Tenía que meterme eso a la cabeza. Algo tan maravilloso opacado por aquella triste realidad.

PRESENTE

DEPARTAMENTO DEL DUQUE DE GRANDCHESTER.

VIERNES 18 DE ABRIL DE 1930.

– ¿Qué tiene de malo que Emma vaya a la fiesta? Ella es amiga y compañera de clase en el Real Colegio donde ambos asisten.

– ¿Qué pretende usted? – Preguntó enojada – Sé perfectamente que sus hijos en el ciclo escolar que viene, ellos ya no estudiaran en ese colegio… y sé perfectamente que su padre y usted están enojados, – Esmeralda hablaba con rabia – cuando termine el año escolar en junio será su último año para Emma ahí… – su voz se quebraba – y a nosotros nos echarán de aquí porque sé que era para que Eleonor y sus nietos estén en este departamento.

– ¡Vaya! Sin embargo no me sorprende de que esté enterada de todo. Siendo que desde que la conocí ha sido una persona muy metiche que se esconde detrás de la puerta escuchando conversaciones ajenas. – hizo un ademan sarcástico – y si, tiene razón, es muy seguro que su último día de trabajo aquí en esté departamento, sea un día después que Emma termine el tercer grado de primaria. Ya que ese será el último día que mis hijos pisen este departamento.

– ¿A qué ha venido señor? – Preguntó Esmeralda perdiendo la paciencia.

– Ya le dije, mi hijo cumple años mañana y quiere invitarla, cómo sé que es la hija de la mucama pues he traído este vestido y adornos de cabello para que ella se vea como todo una princesa. Ahh y un presente a nombre de su hija Emma para Ricky.

– ¡No puedo creer lo que está haciendo! ¡¿Qué pretende con que Emma vaya a una fiesta vestida como una princesa y al mes siguiente que ya no tenga un lugar decente donde dormir? Que ya no esté más en esa hermosa escuela donde es dichosa y feliz. – Sé acerco aun más con Terry y le grito – ¡Claro a ustedes que les va a importar los sentimientos de una niña! ¡Ustedes solo utilizan a las personas y las desechan como basura!

– Tenga cuidado con su lenguaje señora, porque si sigue así hablándome como lo está haciendo es posible que ahora mismo recoja sus pocas pertenencias y se marche de aquí inmediatamente. – dijo Terry con voz amenazadora.

– No me importa, no tengo nada que perder, mis días en esta casa ya están contados, un día más, un día menos cree que me importa. – dijo a punto de las lágrimas pero su valor era tan fuerte que no permitió que llorara delante del Marques y Terry se dio cuenta de eso. – No quiero que mi hija sea lastimada… quizá no sepa esto… pero mi hija está enamorada de su hijo. ¡Esta ilusionada! Se ve tan feliz… – su voz era tan delgada como un hilo, no podía ya ni hablar – no tengo el valor suficiente para decirle que ya no estará con Ricky más, que ya no asistirá más a ese colegio y que ya no viviremos aquí… – se acerco a la mesa donde había puesto la caja enorme dándole la espalda al Marques para limpiar una lágrima solitaria que no pudo más evitar que saliera… – ¡Usted con su dinero puede comprar todo lo que quiera! Pero tenga en cuenta los sentimientos de mi hija.

– Se equivoca señora Miller.

– Baxter, Miller es el de mi esposo y él ya murió, desde que murió ya no utilizo el apellido de mi difunto esposo.

En ese momento Terry recordó algo que le dijo su hermana Caroline.

– Sra. Baxter, aunque no lo crea he estado en la misma situación que Emma, sé que Emma siente algo especial por mi hijo Ricky, – se dio ahora él la vuelta y se dirigió a la ventana viendo la hermosa vista del río Támesis y la imponente Torre de Londres, yo conocí a alguien a quien amo incondicionalmente … no voy a darle detalles, pero no podíamos estar juntos… por la maldita sociedad y ante todo está mi familia que es tradicionalista, nos regimos por el "honor y el deber".

– Lord.

– Al principio desee no haberla conocido, porque ella me enseño a conocer el amor, ser feliz, ser otra persona diferente, una mejor persona sin vicios. Decaí muchísimo… fui un alcohólico, me estaba autodestruyendo, no podía soportar que ella ya no estuviera conmigo… entonces Eleonor Baker me dijo… realmente te hubiera gustado no haberla conocido… "recapacite" Esos meses que pase con ella fue lo mejor que me pudo haber pasado. Y me di cuenta que no me importaba, si fuera feliz aunque fuera solo un día con ella… y que lo guardaría como mi más preciado tesoro. – Se acerco y tomo la caja – No le quite a Emma la ilusión de que por solo un día sea como una princesa, porque ese día lo guardara en su memoria como uno de sus mejores días de toda su vida, y uno… nunca puede saber que sorpresas llevan a veces estos sucesos… pueden ser para toda una vida o simplemente un año, 6 meses, un mes o simplemente un día o una hora. Permita que su hija sea una princesa.

– Lo pensaré.

– De todas formas el chofer de los Grandchester, Cather y una dama vendrá por ella a las 10 de la mañana para arreglarla, vestirla y llevarla a la fiesta. Si usted decide que no. No habrá problema, ellos se retirarán inmediatamente. – Suspiro profundamente – debo irme. Por cierto si decide que si, dígale a Emma que estos obsequios son parte del Duque para ella.

– Lo escolto a la puerta Marques de Grandchester. – Los dos iban caminando a la puerta cuando Esmeralda le soltó una pregunta.

– No comprendo, usted se enojo con su padre el Duque ¿Por qué se entero que Eleonor y él son amantes? – Terry se sorprendió por la pregunta hecha. Él no contesto a su pregunta, pero respondió con otra pregunta.

– ¿Es verdad que cuando mi madre vino a este departamento, usted dijo que era su amante para que no supiera la verdad que Eleonor Baker es la amante de su esposo?

– Sí. – dijo con un levantamiento de hombros.

– Sé que la puso a prueba, mi madre tiene ese gran don de humillar a las amantes de mi padre…

– Sin embargo mi esfuerzo no sirvió de nada, – abrió la puerta – De cualquier forma se enteraron los Grandchester de Eleonor Baker y ahora desprecian al Duque – suspiro – y mis días aquí ya están contados.

– ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué dejo que mi madre la humilla con un trabajador de la familia?

– Por lo mismo, no deseaba que esto saliera a la luz pública, por mi beneficio, de seguir más tiempo aquí… a veces una madre hace todo lo posible para que su hija sea feliz… aunque el precio sea muy alto.

– Debo irme. Gracias por lo que hizo, le debo una.

– ¿Puede pagarme con una pregunta? – Terry la vio extrañado.

– Claro, puede preguntarme lo que quiera.

– ¿Eleonor es la mujer de quien usted se enamoro?

– ¿Por qué pregunta eso?

– Una persona, solo puede odiar a su padre, si este sabe que su padre es la amante de la mujer a quien uno ama. Además usted siempre ha visto a Eleonor a escondidas. El Duque me pidió que cuando usted esté aquí yo me retire inmediatamente… es lógico, además me confesó su nombre hace un momento y aunque solo dure una hora aquella felicidad. Lo cito

– Usted es muy observadora, tiene mucha razón, mi padre me quito a Eleonor a la mujer que amo incondicionalmente, y al cual yo no puedo estar con ella como yo desearía, él me quito a Eleonor y ¡No puedo perdonar su traición sus mentiras! Y el precio que está pagando E.B. para que yo este con ella por un tiempo tan limitado es un precio muy pero muy alto, - miro a la señora con tristeza - quizá ahora E.B. se halla enamorado del Duque. – bajo la mirada y salió – y yo no puedo competir con el Duque.

PASADO.

21 DE ABRIL DE 1921.

Salimos del hospital, recuerdo que manejaba, llevaba conmigo a mi nueva familia, Candy en la parte de atrás abrazando a nuestro hijo, por el retrovisor veía que lo amamantaba, se veía tan feliz pero al mismo tiempo tenía una mirada de tristeza.

Llegamos y Emilia como Jenny nos recibieron en el patio delantero, ahí estaba también el jardinero y un mayordomo. Él abrió la puerta y Candy salía con el niño en brazos. Las damas no se acercaban hasta que Candy levanto la mirada y las vio ahí formadas como debe de ser el protocolo aristocrático.

– ¡¿No desean conocer a mi hijo?! – Exclamó sonriente – Los Duques no se encuentran aquí – miro a un lado y al otro para cerciorarse que fuera verdad. Las damas sonrieron y se acercaron a recibirlos con júbilo hasta el mayordomo. Para mí era una alegría que ellas estuvieran aquí, para platicar, para reír, para compartir con ellas nuestra felicidad.

Ya en la noche.

– Se ha dormido, Ricky es muy tranquilo, casi no llora. – Decía Candy mientras lo arropaba en su cuna.

– No estés triste pecas, E.B. y yo estamos destinados a vivir siempre así.

– No debió de haber hecho eso, – me miro y se echo a mis brazos llorando – Eleonor apenas vio a nuestro hijo.

– Fue mi culpa, nunca debí de haber dicho eso y menos delante del Duque. – Candy acaricio mi mejilla con ternura y mucho amor.

– ¿Por qué es así? ¿Por qué la odia tanto? ¿Por qué los lastima a los dos?

En esa semana llegaron Archie y Annie y nos dieron la noticia que ellos también estaban esperando, Annie y Archie iban a ser padres también, y que la tía abuela estaba muy feliz.

Albert también llego a las semanas siguientes para conocer a Ricky, ahí nos presento a una amiga. Aun no eran novios pero estaba seguro que Albert sentía algo muy especial por ella. Estaba feliz por el empresario del Clan Andley que podría estar enamorado.

En casi dos años no vi a mi madre hasta que nació Maggie. Esta vez me prometí ser cuidadoso con mis palabras y prometí al Duque no hacer otra estupidez como cuando nació Ricky, había aprendido mi lección de la peor manera.

E.B. Abrazaba a nuestros hijos en secreto y nuestro cariño solo lo podía mostrar en secreto, atrás de las puertas. Pero aquella felicidad solo duraba unos días o a veces unas horas. Horas que siempre estaban en mi mente como el más preciado tesoro. Pero un día Ricky comenzó a crecer, ya era un niño de tres años cuando se dio cuenta que E.B. lo abrazaba, besaba y lo veía con tanta devoción.

– Ely me abraza como mi mamá… cuando no la veo por algún tiempo, Ely está feliz de verme, es la única persona que me hace sentir como mi mami…

Ese comentario, Ricky lo dijo estando mi padre presente y fue cuando el Duque decidió que ya no podía E.B. convivir más con los niños.

PRESENTE

18 DE ABRIL DE 1930

Residencia de lady Caroline.

– ¿Va ir esa niña a la fiesta? – Pregunto Lady Caroline a su hermano Terruce esa noche cuando la fue a visitar.

– No lo sé, espero que si vaya… si no mi plan no funcionara.

– Pues yo no estoy muy feliz de conocer esa niña, deseo que no vaya a la fiesta… sería lo mejor para ella.

– Quizá, quizá haga sufrir a esa niña que no tiene ningún derecho de que la lastimen, pero no puedo evitar no utilizarla para mi beneficio. – Estrujo Terry sus puños fuertemente.

– ¿Desde cuándo eres tan malo hermanito? Tú siempre habías sido tan bueno.

– Me canse de aguantar las humillaciones de mi padre.

– ¿Candy sabe acerca de lo que vas a hacer con esa niña Emma y lo peor en el cumpleaños de tu hijo?

– ¡Claro que no! ¡Y ni se te ocurra decirle ni una palabra a Candy! Tuve que mover todas mis influencias para que Candy no pueda ir a la fiesta de cumpleaños de Ricky. Imagínate cómo se siente, devastada… se indignaría si supiera lo que pretendo hacer.

– Sorpresa, no sabía que tú habías movido tus influencias en el Hospital para que Candy no vaya a la fiesta por estar trabajando.

– No vine para eso Carol… vine para saber si aprendiste todo lo que tienes que hacer en la fiesta.

– Sí, eso de la actuación no se me da muy bien como a ti, pero puedo hacer mi mejor esfuerzo, ¿Y qué hay de Maggie? Puede echar a perder mi gran actuación.

– A Maggie mantenla lejos de Emma, ¡Que no interactué con ella en ningún momento Caroline! Aléjala de Emma.

– Te va a costar muy caro todo esto Terruce, te lo juro. Va arder Troya con todo lo que pretendes hacer… y lo peor que es en el cumpleaños de Ricky.

– Lo sé.

Terruce salió de la residencia de su hermana esa noche para ir hasta Windermere, iba a manejar toda la noche, tenía que ver a alguien más, pidió perdón a su hijo ya que él tampoco iba a estar en su cumpleaños, pero su sed de venganza era muy fuerte, y haría cualquier cosa sin importar las consecuencias o su dignidad.

Ohh Emma, tu madre tiene mucha razón, nosotros solo utilizamos a las personas sin pensar en los sentimientos de las personas, y más de una niña tan buena como tú. Por una parte no deseo que vayas a la fiesta, pero por otra parte… mi venganza es enorme que no me importa tu bienestar. – pensó Terry mientras sostenía una copia del expediente del juicio de la Duquesa vs el Duque de Grandchester que le había entregado su secretaria Laura hace menos de una semana, la demanda tenía como prueba de infidelidad una carta, una carta escrita por E.B. La nota que había encontrado la Duquesa y la que fue el motivo por la que ella fue al departamento del Duque para verificar si era Eleonor Baker la autora de esa carta.

Lord Essex me había previsto de esa demanda de la Duquesa vs el Duque de Grandchester… la Duquesa ya no estaba dispuesta a seguir permitiendo más humillaciones por parte del Duque. Pedía el divorcio y varias propiedades, entre las propiedades el Palacio Grandchester casa oficial de los Grandchester. La bomba estaba por estallar.

19 de abril de 1930

Era sábado, su hija estaba entusiasmada por que finalmente iba ir a la fiesta de cumpleaños de Ricky, le gustaba mucho Ricky porque había sido muy tierno, atento y simpático con ella. Pero sabía ahora que su sueño iba a terminarse… se miraba al espejo mientras recordaba la conversación con su madre.

Flashback

– ¿Quieres ir a la fiesta de cumpleaños de Ricky? – Había preguntado Esmeralda a su hija ya en la noche cuando se disponían a dormirse.

– ¡Claro mamá! – Fue su respuesta inmediata.

– Hija, es posible que para el próximo año escolar ya no estés en el colegio y no vivamos más aquí. – decía acongojada, pues era el momento de hablar con la verdad.

– ¡Qué! ¿Por qué?

– Los hijos del Marques, ya no asistirán al colegio en Londres, ellos irán a otro colegio… el Duque y el Marques están enojados… como ya te habrás dado cuenta.

– Si lo sé. Pero Ricky no me ha dicho nada de que vaya irse a otro colegio.

– Su padre apenas lo ha decidido, seguramente Ricky y Maggie aun no saben que van a irse a otro colegio.

– Así que ya no veré más a Ricky… – su voz se escuchaba tan triste. – ya no asistiré al colegio para el próximo curso escolar.

– Lo lamento hija y es muy probable que ya no trabaje aquí también.

– Mamá – Emma levanto la mirada y vio a su madre que estaba muy triste – no te preocupes por mi mamá, yo sabía que tarde o temprano me iba a despertar de este sueño tan maravilloso. ¡Y soy muy feliz!

– Hija.

– ¡Tuve la oportunidad de haber estudiado en un colegio de niños ricos! Y haber aprendido muchísimo, y de conocer a personas maravillosas… cómo el Duque y Ricky. No me arrepiento de lo que he vivido mamá.

– Hija, mi amor – ambas se abrazaron.

– Mañana me convertiré en una princesa… princesa por un día. – dijo viendo el vestido que le había dado el Duque de Grandchester y un regalo para Ricky para que se lo diera a nombre de ella, con una mirada especial y con lágrimas en los ojos.

– ¿Entonces quieres ir? – Pregunto la madre.

– ¡Claro! Será mi despedida a este sueño tan maravilloso y lo recordaré en mi memoria por el resto de mi vida entera.

Fin del flashback

Cómo había dicho el Marques, una dama llego para arreglar a Emma, la peino con un peinado bellamente elaborado y con cintas de seda y el vestido era justo a su medida. Emma se sentía realmente como una princesa, cuando se vio en el espejo de vanidad.

– ¡Mamá! ¡Mamá! Ya estoy lista. – decía emocionada.

Esmeralda entro a la habitación y la vio, era realmente una princesa… y observo que su hija estaba realmente feliz, como le había dicho el Marques, ser princesa por un día va a ser una experiencia única y maravillosa. Pero un presentimiento sintió en su pecho, sentía que algo malo iba a ocurrir pero no sabía qué.

En ese momento llego el chofer, pero no era Carther, no era el chofer del Duque, si no otro que no conocía.

– Mi lady… – dijo el chofer haciendo una pequeña reverencia – es hora de marcharnos a la fiesta.

Mi lady… ese comentario se le hizo extraño a Esmeralda, Emma estaba tan emocionada y llevaba un pequeño paquete que era un presente para Ricky.

– Mamá debo de irme, – fue hacia a ella y le dio un beso – ¡Estoy tan emocionada! Tengo mariposas en el estomago.

– Si me imagino, diviértete mi amor, – le dio otro beso como despedida, cuando se dio cuenta que en el brazo derecho en un costado traía un escudo bordado en su vestido. Emma salió acompañada de la dama que la había asistido y del chofer. Se asomo por la ventana y vio el automóvil oficial de los Grandchester, propiedad del Duque para ocasiones oficiales, cuando abrió la puerta para que Emma subiera al vehículo se dio cuenta que era el mismo escudo que Emma traía bordado en su vestido era muy pequeño… pero era sin duda el escudo de armas de la familia Grandchester.

Esmeralda sintió que el piso se abría ante sus pies. Todo se nublo, el vehículo arranco y en un segundo ya no estaba, un mal presentimiento sentía, fue hasta la habitación buscando la invitación, sabía que la había guardado muy bien su hija como un tesoro. Vio una cajita que había adornado bellamente, la tomo y abrió la caja. Abrió la invitación cuando se percato, que el lugar de la fiesta de Cumpleaños era en el Palacio Grandchester. Toda la familia Grandchester iba a estar ahí. Toda la realeza y nobleza de Inglaterra.

– ¡Dios mío! ¿Qué he hecho? – Se llevo la mano a la boca.

Continuara…

Perdón por la demora, pero me he divorciado y he estado en juicio. Y me cambie de domicilio. Así que pido perdón por no haber terminado la historia y haberla dejado inconclusa.