¿Qué hubiera pasado si Victoria tuviera poderes?

Importante: Éste capitulo contiene escenas de sexo. Si eres menor de edad o no, me da igual; no creo que nadie espere a los dieciocho para pervertirse la mente XD Así que si tienes una mente sensible no lo leas. Luego no quiero quejas.

Capitulo 49

Me encontraba en una habitación oscura. No podía ver nada a mi alrededor. Di dos pasos vacilantes por miedo a chocar contra algo y paré al oír una voz que pensé que no volvería a escuchar jamás.

-Hola, Bella- giré bruscamente hacia donde provenía la voz a la vez que un escalofrío me recorría de pies a cabeza.

-Mike- susurré. Tragué grueso y mis ojos se movieron rápidamente buscándole. Todos los recuerdos de cuando me llevó detrás del instituto, y cuando me secuestró llegaron a mi mente.

-Cuanto tiempo... Te estaba esperando- su voz cada vez se oía más cerca, aunque yo seguía sin poder verle aún.

-Esto no puede ser real, tú estás...

-¿Muerto?- rió-. Nadie muere del todo- bufó y sentí una mano en mi estómago. Me tensé y me aparté de él lo más rápido posible. Ahí me di cuenta que mi bebé no estaba al poder moverme de nuevo con agilidad. Mi estómago estaba plano.

-¿Y mi niña?- los ojos se me llenaron de lágrimas-. ¿Dónde está?

-No está- y le volví a sentir detrás de mí-. Aquí solo estamos tú y yo.

-No- susurré-. Edward...- le llamé esperando que viniera a ayudarme.

-Cullen tampoco vendrá a salvarte esta vez- se burló-. Por fín acabaré mi cometido.

-No- jadeé y ésta vez me arriesgué a correr sin importame chocar contra algo.

-¡Este lugar me pertenece!- gritó a lo lejos-. ¡Puedes correr todo lo que quieras, pero no podrás huír de mí, Bella! ¡Bienvenida a la Nada!

Seguí corriendo a través de la oscuridad. No veía nada, pero no me importaba. Al parecer ese lugar era infinito, y allí no había nada contra lo que tropezar. Solo esperaba que mi torpeza natural no apareciera.

-¡Edward! ¡Edward!- grité-. Por favor, despiertame- susurré en una súplica. Había pasado tanto tiempo teniendo pesadillas extrañas, que había aprendido a diferenciar lo que era real de lo que no. Y ésto, ciertamente, no era real.

-Te pillé-. rió Mike cuando choqué contra su cuerpo. Sus brazos me rodearon y yo me removí para que me soltara.

-Déjame- coloqué mis manos en su pecho y le empujé sin ningún éxito.

-¿Piensas que con el tiempo que llevo esperándote voy a dejarte ahora que te tengo?- se burló-. Sé que no has sido una niña buena este tiempo, y que te has follado al bicho raro de Cullen. No estoy enfadado- sentí como negó con la cabeza-, es decir, sé que las zorras tenéis necesidades- comentó tranquilamente-, y bueno, mejor para mí. Así no tendré que lidiar con los dolores y sangre de una virgen. Al final voy a tener que agradecerle a Cullen por haberte preparado para mí. Hizo el trabajo sucio- se burló.

-¿Qué... qué estás diciendo?- volví a empujarle horrorizada.

-Que voy a hacerte mía, al fín- dijo simplemente

-No- jadeé.

-Sí...- rió, y al momento sentí sus manos subir hasta mi pecho.

-Mike, no, por favor- supliqué.

-Oh, sí. Llevo mucho tiempo esperando hacer esto, y ésta vez nadie me interrumpirá- rió y sin soltarme me tumbó en el suelo colocándose sobre mí.

-Para- con mis manos intenté empujarle, y pegarle, pero él rápidamente las atrapó colocándolas sobre mi cabeza.

-Así que te gusta duro, ¿eh...?- rió-. Mejor. No me apetece ser paciente y cariñoso. Esas son tonterías- puso su peso sobre mí-. A mí me gusta duro. Gritarás- prometió en mi oído, y más lágrimas corrieron por mis ojos.

-Por favor. Estoy casada. Amo a Edward, y estoy embarazada. No hagas esto- pedí desesperada.

-Ya dije que aquí solo existimos tú y yo- besó mi mejilla y una mueca de asco apareció en mi cara-. Ólvidate de lo demás. Nadie vendrá a salvarte- declaró y sus manos empezaron a tocar mi cuerpo, a la vez que su asquerosa boca iba por mi cuello.

-No... para- me removí-. ¡Edward, Edward!- lloré-. No...- su mano fue directa a mi pantalón para desabrocharlo y justo cuando soltó el botón me vi libre de su agarre y me senté jadeando.

-Bella- la voz de Edward, detrás de mí, sonó preocupada. Su mano frotó mi espalda.

Abrí los ojos, todavía jadeando y pude ver que estaba en la habitación de Edward; ahora nuestra.

Rápidamente coloqué mis manos sobre mi estómago y exalé tranquila cuando sentí que estaba abultado.

Me abracé a mí misma, con la sensación aún en el cuerpo, de las manos de Mike sobre mí. Necesitaba quitarme esa horrible sensación, así que me giré para quedar frente a Edward que aún me miraba preocupado.

-Edward- susurré.

-¿Estás bien?- acarició mi mejilla con cuidado y su toque fue tranquilizador-. Estabas teniendo una pesadilla.

-Te necesito- susurré.

-Estoy aquí- declaró abriendo los brazos, y rápidamente me refugié en ellos aspirando su dulce olor. Arrastré mi nariz por su pecho desnudo, hasta que llegué a su cuello. Mis manos, a la vez, bajaron hasta la goma del patalón del pijama que llevaba, y se colaron dentro-. ¿Bella?

-Por favor- empecé a besar su cuello a la vez que subía por su barbilla, hasta llegar a sus labios. Los besé suavemente-. Te necesito ahora.

-¿Por qué siempre acabas suplicándome?- murmuró más para sí mismo que para mí.

-Por favor- volví a repetir en su susurró metiendo mis manos más profundamente bajo su pantalón, acariciando su duro trasero.

-Dios, Bella- gimió, y en un rápido movimiento, pero cuidadoso, se colocó sobre mi cuerpo.

-No- supliqué y él me miró confundido-. Déjame arriba.

-Pero...- frunció el ceño precupado.

-Por favor.

-Está bien- me ayudó a ponerme sobre su cuerpo, y en cuanto estuve colocada me fui hacia sus labios desesperada, y bajando mis manos para quitar su pantalón-. Ey, tranquila, amor, no me voy a ningún lado- rió divertido, pero yo estaba demasiado necesitada, como para contestarle. La pesadilla me había dejado un mal sabor de boca, y necesitaba sentirle a él.

-Tócame- le pedí y al instante sus manos se colocaron sobre mi trasero recolocándome para quedar sobre su miembro. Edward nos sentó y con cuidado sacó mi camisón por mi cabeza. Agarré sus manos y las puse sobre mi pecho-. Bésame, aquí- señalé mi mejilla, la misma que había besado Mike- y aquí- levanté la cabeza para dejar libre mi cuello y él, rápidamente, puso su boca primero en mi mejilla, dejándome varios besos húmedos, y desde ahí bajo hacia mi cuello, besando y lamiendo, hasta que llegó a mis pechos-. Edward- gemí, moviendo mis caderas y tirando más fuerte de su pantalón. Él levanto las caderas y yo pude sacarlo-. Te necesito- gemí cuando sentí su húmeda y fría lengua en mi pezón derecho-. Entra ya- tiré la cabeza hacia atrás.

-Aún no estás lista- murmuró sobre mi pecho, a la vez que cambiaba sus labios al otro para darle la misma atención.

-No importa- gemí moviendo mis caderas contra las suyas sintiendo su miembro contra mi centro. Cogi sus manos que estaban sobre mi trasero y las coloqué en la gomilla de mis bragas-. Arráncalas- demandé moviendome desesperada.

-Amor, ¿qué ocurre?- preguntó apartándose lo justo para mirarme a los ojos, colocando sus manos a ambos lados de mi cara.

-Te necesito ahora- volví a poner sus manos en el borde de mis bragas-. No más juegos.

-Pero...

-Ahora- demandé y él arrancó mi ropa interior.

-Si te duele...

-Hazlo- le corté a la vez que me levantaba un poco para recolocarme. Cogí su miembro con una de mis manos, le acaricié un par de veces y entonces empecé a bajar. Una de mis manos fue a su nuca y la otra a su hombro, a la vez que las suyas iban a mi cadera. Bajé despacio hasta que entró la mitad, y el resto lo hice de golpe.

-Bella- gruñó cerrando los ojos.

-Uff- apreté su nuca ante el dolor y el placer. Sabía que no estaba del todo lista, pero la necesidad de tenerle dentro era aún mayor.

Fui a moverme, pero sus manos me impidieron hacerlo.

-Espera- suplicó abrazándome con un brazo, mientras que su otra mano iba a mi mejilla-. Sé que te a dolido. No sigas todavía.

-Pero...

-No voy a irme a ninguna parte- apoyó su frente contra la mía suspirando y yo cerré los ojos abrazándole por el cuello. Lentamente separó su frente de la mía, y pegó allí sus labios-. Voy a estár siempre contigo- susurró bajando sus labios hasta los míos, atrapándolos en un beso suave y lento.

-Te amo- dije contra sus labios, y esta vez, cuando intenté moverme, sí me lo permitió. De manera lenta y suave fui subiendo y bajando con su ayuda. Mi gran estómago me dificultaba la acción, así que Edward me ayudó con el movimiento.

Su boca no dejó mi piel en ningún momento. Fue de mis labios, a mi mejilla, cuello, pechos, y de vuelta a arriba.

-Bella- gimió cuando moví mis caderas en círculos. Sus manos fueron a mi estómago y lo acarició con cuidado-. Nena, este momento es de mamá y papá. Portate bien- le habló.

-¿Qué ocurre?- pregunté jadeando.

-Su mente está algo confusa- dijo también jadeando y chupó mi lóbulo-. No entiende bien porqué hay tanto movimiento- rió.

-Dios, que vergüenza. Es solo un bebé que todavía no a nacido y- cogí aire- ya tenemos que tener cuidado para que no nos pille- reí.

-Estás tan preciosa ahora mismo- gimió-. Toda sonrojada, despeinada, gimiendo, y embarazada. Y lo mejor de todo es que estás desnuda. ¿Puedo tenerte así para siempre?

-Edward- reí, pero rápidamente la risa fue convertida en un gemido cuando su boca atrapó mi pezó y comenzó a succionar sediento.

Aceleré los movimientos, sintiendome cada vez más cerca del orgasmo. Gotas de sudor caían por mi frente, y el cansancio iba en aumento.

-Déjame moverme a mí- pidió en mi oído, pero negué.

-Lo necesito- susurré y él frunció el ceño, aunque asintió.

-Date la vuelta- susurró en mi oído. Con cuidado me levanté, y al momento me sentí vacia. Edward me ayudó a girarme. Coloqué mis piernas a ambos lados de las suyas, y dándole la espalda volví a dejarme caer sobre su miembro-. Grrr, tan bueno...- gimió.

-Debería estar prohibido no poder verta la cara en este momento- jadeé, y Edward me reclinó lo justo para que pudiera llegar su boca a mi espalda.

-Tu cara es un poema del que ahora me estoy privando- gimió cuando empecé a moverme más rápido-. Pero ya te dije que quería probar contigo todas las posturas del kamasutra, aunque algunas de ellas no me dejen disfrutar de las vistas de tu preciosa cara.

-Edward- sentí su lengua subir por mi columna hasta mi nuca, donde succionó suavemente. Sus manos, que estaba en mis caderas, una de ellas fue hasta mis labios, donde puso dos dedos-. Chupa- ronroneó en mi oído. Rápidamente abrí la boca y él los introdujo. Chupé sus dedos fuerte, rodeándolos con mi lengua.

-Bella- gimió de nuevo en mi oído, a la vez que mordía mi lóbulo suavemente. Despacio sacó sus dedos y los llevó hasta mi clítoris.

-Ahh...- gemí apoyando la cabeza en su hombro.

-Te falta tan poco- gimió.

-Sí...- me moví en círculos y él frotó más fuerte sus dedos. Lo sentía. El orgasmo estaba a la vuelta de la esquina. Pero necesitaba algo... Necesitaba que me mordiera. Quería sentirle de esa forma-. Muerdeme- y él volvió a morder mi lóbulo suavemente-. No- gemí-. Aquí- estiré el cuello más en su hombro.

-¿Qué?- Edward nos paró.

-Por favor- giré mi cabeza para poder mirarle.

-Bella, lo que estás diciendo es una locura...

-No digo que lo hagas en serio. Solo como lo sueles hacer. Suave.

-Pero nunca lo hago cuando estamos tan cerca- su voz era jadeante, como la mía; aunque él no necesitaba respirar.

-Por favor.

-Puede ser peligroso.

-No lo será- besé su mejilla y él ronroneó.

Despacio volvímos a retomar los movimientos, yo con la cadera, y Edward con la suya y sus dedos, aunque ahora le sentía vacilante.

-Cada vez estás más apretada- gimió.

-Ya... casi...- gemí. Apoyé la cabeza en su hombró y sentí sus labios en la piel sensible de mi cuello.

-Te amo- susurró. Lentamente sentí su fría lengua hacer un pequeño recorrido y entonces sus dientes apretaron suavemente mi piel.

-Edward...- gemí cuando en ese instante mis musculos se contrageron y sentí al orgasmo invadirme.

-Grrr...- gruñó, y apartó su boca de mi piel. Rápidamente moví mi cabeza y esta vez fui yo la que mordió su dura piel-. Bella...- gimió, sus manos se apartaron de mi cuerpo y en ese instante sentí como se corría en mi interior. Poco a poco fuimos moviendonos cada vez más despacio, hasta que paramos del todo. Con cuidado me levantó y me puso a su lado en la cama-. Eso a sido muy arriesgado- frunció el ceño. Le miré y no pude evitar suspirar. Se veía tan sexi despeinado y jadeando...

-Estás tan guapo...- no pude evitar decírselo y el bufó.

-Bella, ¿sabes lo cerca que he estado de moder un poco más?- negó apretando los ojos.

-Pero no lo has hecho.

-Te saboreé.

-¿Eh?- me senté en la cama y llevé mi mano a donde había mordido. No sentí nada.

-A sido un pequeño rasguño, pero lo justo para que te hiciera sangrar.

-No sentí el corté- admití.

-¿Por qué querías que te mordiera?

Me encogí de hombros y tiré de la sábana para taparnos.

-No lo sé- jugué con la tela como si fuera lo más interesante del mundo-. Siemplemente lo necesitaba. Necesitaba que nos conectaramos de una manera diferente.

-A sido demasiado arriesgado.

-Pero no a pasado nada. Deberías confiar un poco más en ti- dije abrazándole, aunque él seguía sin moverse.

-No cuando se trata de tu seguridad.

-Edward, por favor, no te enfades- le pedí con los ojos llenos de lágrimas. Las hormonas estaban apareciendo-. No volveré a pedírtelo, pero por favor, no te enfades- sollocé.

-¿Por qué lloras?- preguntó confundido.

-Por... porque... es... estás enfada... dado- sorbí mi nariz-, y no quiero que te en... enfades. Si lo ha... haces te i... irás y me deja... ras por una vam... pira má...as gua... pa y delgada...- lloré.

-Amor, lo estás sacando todo de quicio. Yo no me voy a ir a ningún sitio, y mucho menos voy a dejarte. Yo solo te amo a ti. Y estás preciosa con nuestra pequeña dentro- besó mi frente y limpió mis lágrimas con sus pulgares-. No pienses esas bobadas.

-¿De verdad?

-De verdad- besó suavemente mis labios.

-Edward.

-¿Sí?

-Tengo hambre- dije y él rió negando-. Bueno, tenemos hambre- corregí.

-¿Y que les apetece desayunar hoy a mis princesas?

-Tortitas con caramelo y chocolate, leche, zumo de naranja, fresas con chocolate y...

-¿Chocolate?- rió.

-Sí. ¿Ahora me lees la mente?

-Ojalá- los dos reímos-. Cambiate y mientras te lo preparo.

-¿Y tú vas a bajar así?- le miré de arriba a abajo mordiendome el labio inferior. Cuando llegué a su miembro, tapado por la sabana, dio un respingo al sentir mi mirada.

Rápidamente Edward se levantó de la cama y en menos de un segundo ya estaba totalmente vestido.

-Listo- se pasó una mano por el pelo.

-Eres tan sexi- suspiré mirándole. Llevaba un vaquero, unas convers azules y una camiseta roja de manga corta.

-Y tú eres preciosa, sexi, comestible, deseable, prohibido, increíble, especial- a cada palabra iba dando un paso, hasta que llegó a mi lado colocando sus brazos a ambos lados de mi cabeza, haciendo que quedara tumbada con su cuerpo sobre el mío, aunque él aún seguía con los pies en el suelo-. Podría seguir diciendo lo maravillosa que eres el resto de la eternida y me faltarían adjetivos- dijo contra mis labios.

-Pero tengo hambre.

-Sí- rió.

-Aunque...- me mordí le labio inferior llevando mi vista hasta su miembro, que ahora estaba atrapado- puede que tenga hambre de otro tipo.

-Esas hormonas tuyas me van a volver loco- rió, y besó mis labios.

-A desayunar- Edward se incorporó, y cuando yo intenté hacer lo mismo no pude. Mi gran estómago no me dejaba moverme bien-. Amor, necesito ayuda.

-Claro, perdona- cogió mis manos y tiró suavemente de mí, hasta que quedé sentada y totalmente destapada.

-Gracias.

-Nena, vístete o quizás el que quiera desayunar sea yo- sus ojos estaban oscuros mientras se relamía los labios mirandome con hambre. Su mirada hizo que mi clítoris palpitara.

-Bueno, yo no me opongo, ya lo sabes...- me mordí el labio inferior.

-Vas a matarme- gruñó para después volver a tumbarme suavemente, abrir mis piernas y meter la cabeza entre ellas.

-Edward, ¿qué...?

-Shhh- besó el interior de mi muslo-. Dije que iba a desayunar.

-Pero...

-Disfruta- cuchicheó, para después pasar la lengua por mi sexo.

-Oh, Dios- me arqueé.

-El cielo...- gimió para empezar su labor de besar, lamer, succionar, chupar y morder.

-Edward...- gemí, cuando sentí sus dientes rozar mi hinchado clítoris. Una de sus manos mantenía mis labios abiertos mientras que la otra acariciaba mi pierna.

-¿Alguna vez te he dicho cuanto me gusta tu sabor?- preguntó preguntó dejando de besarme unos segundos.

-Todas las veces que lo haces- dije jadeando.

-Nunca me cansaré de repetirlo- declaró para volver a succionar uno de labios.

Su lengua serpenteaba por toda la zona con agilidad; centrándose más en mi entrada, donde penetraba varias veces con ella, para después volver a subir hasta mi clítoris y succionar y moderlo suavemente.

Mi orgasmo iba a llegar, así que rápidamente busqué la mano libre de Edward y entrelacé sus dedos con los míos.

Lamió mi ingle, para después llevar su otra mano hacia mi entrada, donde metió primero un dedo, haciéndome gemir fuerte, y después otro.

-Edward- me arqueé, sacudiendo mis caderas.

-¿Te gusta?- succionó uno de mis labios y yo gemí-. Dime- volví a gemir y el paró sacándo sus dedos de mi interior.

-Edward- levanté la cabeza jadeando.

-Si no me contestas no seguiré- dijo divertido.

-Sigue- me quejé.

-Dime- se levantó colocándose sobre mi cuerpo. Su pelo caía sobre su frente. Se veía tan sexi con los labios húmedos...

-Sí, mucho...- gemí llevando mis manos hacia su trasero, para pegarle totalmente a mí.

-Tu clítoris palpita. Puedo sentirlo a través de los pantalones- se relamió los labios y yo tragué grueso.

-Edward...- me sonrojé.

-Dime, preciosa- besó humedamente mi mejilla-, ¿quieres más? ¿Quieres correrte?- preguntó cuando empecé a frotarme contra él.

-Sí...- mi respuesta sonó más bien a súplica, pero no me importaba. Sentía que iba a explotar

-Mira como estás dejando mis vaqueros- dijo con figido enfado-. Todo húmedos de ti- esta vez se frotó él-. Y tu humedad debería estar o en mi boca, o en mi polla- gemí ante sus palabras-. Estás siendo muy mala, Isabella.

-Edward, por favor- apreté su trasero más hacia mí-. Tú también lo quieres- gemí cuando la costura del vaquero dio en el punto exacto.

-Estoy terminando de decidir donde quiero tu orgasmo. Si aquí- besó mi boca introduciendo su lengua-, o aquí- embistió sus caderas contra mí.

-Donde sea- supliqué-, pero quiero acabar ya.

-Mmm...- gimió en mi oído, soltando su frío aliento haciéndome jadear.

-Te quiero dentro- decidí por él.

-¿Quieres sentir mi dura y grande polla dentro de ti?- preguntó divertido.

-Quiero que tú también acabes- dije mirándole a los ojos.

-Dios, Bella- gimió para después besarme fuerte, pero suavemente.

Mis manos fueron hasta el botón de su vaquero y lo soltaron rápidamente. Los bajé con ayuda de mis pies, y cual fue mi sorpresa al notar que no llevaba boxer.

-Te estás convirtiendo en un vampiro pervertido- dije divertida viendo su miembro totalmente libre y erecto.

-Es para ahorrarnos tiempo- dijo tranquilamente, aunque sabía que si fuera humano estaría sonrojado.

-Me gusta este Edward pervertido.

-A sí...- una mirada pícara invadió sus ojos-. ¿Quieres que te siga hablando?

-Dios, sí- gemí levantando las caderas para reencontrarme con su miembro totalmente duro. Lo llevé hasta mi entrada, pero otra idea pasó por mi cabeza-. Espera.

-¿Qué ocurre?- toda la diversión desapareció de su mirada.

-Yo también quiero desayunar- dije sonrojada.

-Otro día- dijo suavemente.

-Pero...- yo también quería que el sintiera ese placer.

-Hoy era para ti- besó mi frente, y empujó suavemente sus caderas entrando solo la cabeza.

-Mmm- me arqueé, y él salió-. Edward- me quejé y él rió. Besó mi cuello y volvió a entrar. Esta vez metio la cabeza y un poco más, y cuando pensé que iba a seguir, volvió a salir y yo bufé.

-¿Desesperada?

-Estás siendo infantil- dije con la respiración rápida. Mi pecho subía y bajaba rápidamente por la espectativa, y él fijo su atención allí.

-Tu pecho está más grande- comentó y yo reí-, más grande y apetitoso- declaró y llevó su boca a mi pezón, para succionarlo, y masajearlo con su húmeda lengua.

-Edward- me arqueé colocando una mano en su nuca y él lo soltó mientras lo succionaba aún.

La mano que estaba a un lado de mi cabeza, acarició mi mejilla, y la otra fue hacia su miembro y lo colocó a lo largo de mi sexo, donde empezó a frotarse .

-Estás tan húmeda...- gimió moviendose más rápido.

-Tu culpa- le acompañé en el movimiento.

-Míranos- jadeó y llevé mi vista hacia nuestros sexos. Su miembro se movia con agilidad entre mis pliegues, viendose más brillante-, somos perfectos aún cuando no estoy dentro de ti. Ese es el mejor momento- susurró, para después parar y dirigirse hacia mi entrada.

-Aún no sé como eres capaz de entrar con tanta facilidad- dije jadeando.

-Porque te preparo mucho- dijo y lentamente empezó a entrar. Ninguno de los dos apartó la vista de nuestros sexos, viendo como su miembro se perdia en mi interior poco a poco hasta que entró completamente. Me sentía totalmente llena-. ¿Ves, amor? Perfectos.

-No- negué y él frunció el ceño-. No estás del todo desnudo. Así no puede ser perfecto- dije y señalé su camiseta. Rápidamente se la quitó y me besó-. Ahora sí es perfecto- abracé su músculosa espalda con mis brazos y sus caderas con mis piernas.

-Ahh...- gimió cuando empezó a moverse en mi interior lentamente-. Tan apretada amor. Tan mojada, y caliente- susurró en mi oído.

-Dios- me arqueé cuando el hueso de su caderas rozó mi clítoris. Edward se movió varias veces, recolocándose hasta que dio con mi punto G-. Edward.

-Aquí estoy... nena- succionó mi lóbolo y jugó con él con su lengua.

-Es... ahh... siento como si... fuera a... correrme cada vez... que te mueves...- gemí.

-Apretame más- lamió mi mandíbula hasta mi barbilla y yo apreté mis musculos vaginales-. Oh, sí...- Edward perdido en el placer era lo mejo que había visto-. Otra vez- pidió y yo volví a apretar-. Dios, amor, cuando me aprietas casi no puedo moverme. Podría morir asfixiado en tu interior feliz.

-Edward... voy...- acompañé sus movimientos desesperada a la vez que clavaba mis dedos en su espalda.

-Córrete, amor- gimió en mi oído, a la vez que su boca iba a uno de mis pezones, su mano frotaba mi clítoris, y sus ojos me miraban.

-Edward...- me arqueé mientras que el orgasmo me golpeaba fuertemente. Edward aumentó sus movimientos, succionando más fuerte, y entonces, apartó su boca y mano de mí y vi como apretó los ojos a la vez que el primer chorro salía disparado en mi interior.

-Bella...- gimió.

-Abre los ojos- dije en su oído y él rápidamente lo hizo. Su mirada mientras se corría era indescriptible-. Amor, estás tan duro mientras te corres- acaricié su espalda.

-Ah...- gimió moviéndose más despacio hasta que paró escodiendo su cara en mi cuello. Su helada respiración puso mi acalorada piel de gallina.

-¿Estás bien, amor?- pregunté cuando estuvo un buen rato sin moverse. Solo podía sentir su rápida respiración en mi cuello.

Acaricié el pelo de su nuca y él ronroneó.

-Estoy mejor que bien- levantó su cabeza y me sonrió de manera torcida-. Eres increíble.

-El único increíble aquí eres tú- aparté los mechones que caían sobre su frente.

-No hace falta ser fuerte y rápido para ser increíble- pegó su frente contra la mía-. Te amo.

-Te amo- besó suavemente mis labios.

-Ahora sí. A desayunar- se incorporó y me ayudó a levantarme a mí.

-Sí, por favor.

Después de limpiarnos y vestirnos, bajamos al piso de abajo, donde Edward me dejó en la sala mientras él iba a prepararme mi desayuno. Todos ya estaban allí con unas sonrisas en sus caras, aunque la más sospechosa era la de Emmett.

-Hola, Bella- saludó Emmett con una sonrisa burlona.

-Hola- saludé.

-Tuviste una buena mañana, ¿eh...?- movió las cejas de manera sujerente.

-Emmett, no la molestes- le regañó Esme-. No le hagas caso.

-No pasa nada. Me estoy acostumbrando a estos comentarios, aunque creía que íbais a tardar más con la caza- me sonrojé.

-Bueno, son las doce de la mañana... No podíamos estirarla más- dijo Alice.

Edward entró con una bandeja y mi desayuno.

-Lo que no sabíamos es que tuvieras que suplicarle a Edward por un poco de amor- se burló Emmett y todo mi bueno humor desapareció, cuando recordé mi amargo despertar.

-¿Bella?- Edward dejó la bandeja en la mesa y colocó una mano en mi estómago-. ¿Estás bien?

-Solo necesitaba olvidar un mal sueño- susurré.

-¿Tuviste una pesadilla?- preguntó Carlisle.

-Con Mike- murmuré y todos se tensaron. Incluso Emmett se puso serio-. El intentaba...- apreté los ojos negando.

-Ven aquí- Edward abrió los brazos y yo me refugié en ellos-. Ahora lo entiendo. ¿Por eso querías que te besara en sitios específicos?

-Necesitaba quitarme la sensación de... él...

-¿Has soñado más veces con él?- preguntó Carlisle.

-No desde...- él asintió entendiendo-. Pero desde que empecé con el embarazo he tenido sueños raros.

-¿Y no me has contado nada?- preguntó Edward.

-Son cosas sin importancia. Colores, formas raras... pocos tienen sentido. El único que ahora lo tiene es el que tuve el día que nos enteramos del embarazo- recordé el sueño donde una niña me llamaba mamá-. Creo que soñé con nuestra hija- cogí sus manos y las coloqué encima de mi estómago junto con las mías-. Ella era preciosa. Se parecía a ti.

-Pobrecita entonces- se burló Emmett-. Ouch, Rose, era una broma- se quejó cuando Rosalie le dio una colleja.

-Me llamó mamá- sonreí-. En ese momento no lo entendí, pero ahora sí. Estoy segura que ella era nuestra niña.

-¿Eso significa que Bella está desarrollando un don? ¿Ver el futuro en sueños?- preguntó Alice.

-No creo. Muchas madres, durante el embarazo, sueñan con sus hijos. Es totalmente normal- aclaró Carlisle.

En ese instante mi estómago rugió.

-Alguien tiene hambre- comentó Jasper con una sonrisa.

-Sí- admití y empecé a comer-. Chocolate- me relamí los labios cuando cogí una fresa cubierta de chocolate-. Eres el mejor- besé la mejilla de Edward y comí mi fresa.

-Eso lo dices porque te cocina y te da sexo- se burló Emmett.

-Bueno... eso ayuda, pero antes no había sexo y seguía siendo el mejor- dije como si nada, hasta que me di cuenta de lo que había dicho y me tapé la boca con las manos totalmente sonrojada-. Ups- no solía seguir las bromas de Emmett, pero esta vez, sin darme cuenta, lo había hecho. Emmett soltó una carcajada.

-Que bien te sienta el sexo mañanero- rió-. Edward, consiente más a tu mujer. Quizá se te pegue un poco su buen humor- Edward le gruñó.

-Yo siempre estoy de buen humor. Pero te veo a ti, y se me pasa- dijo molesto.

-Que exagerado eres, Eddy. Con verme a mí tu humor deberia ser mil veces mejor- rió-. Y yo que pensaba que cuando descubrieras los placeres de sexo dejarías de ser un amargado- negó con la cabeza-. Bella, ¿seguro que haces bien tu trabajo? No es normal que después de vuestras sesiones siga así de agrio.

-Emmett- me quejé.

-Emmett, no te preocupes. Bella es escelente. Ya te dije que solo tú me amargas el ánimo- le dijo Edward entre dientes.

-Bella, prueba con el sexo oral. Eso seguro que no falla- Emmett me guiñó un ojo y yo me sonrojé.

-Ella lo hace increíble- dijo Edward orgulloso.

-¡Edward!- le di un manotazo en el pecho.

-Lo siento- negó con la cabeza cuando vio lo que había dicho-. Emmett, deja de liarme.

-Bella, ¿la tiene grande?- preguntó Alice emocionada.

-¡Alice!- exclamamos Edward y yo al mismo tiempo.

-Lo siento, las emociones de Emmett son fuertes, y a Jasper le están afectando demasiado- se disculpó avergonzada-. Cielo, contrólate- le dijo.

-Venga, niños, dejar a Bella desayunar tranquila- intervino Esme-. Hay cosas sobre vuestra vida sexual que prefiero ignorar. Como el tamaño de vuestros miembros- dijo abochornada saliendo de la habitación con Carlisle.

-Pues Jasper la tiene grande- comentó Alice como si nada.

-Oh, no, eso es porque no viste la de mi osito- dijo Rosalie.

-Ninguna será tan increíble como la de Edward- dije tranquilamente encogiendome de hombros y comiendo mi desayuno. Todas las miradas se centraron en mí-. Ups.

-¿Tan grande?- preguntó Alice sentandose a mi lado, y Rosalie al otro echando a Edward del sofá.

-¿La usa bien?- preguntó Rose emocionada.

-Chicas...- me sonrojé.

-Vamos... no puedes dejarnos así- Alice hizo un puchero.

-Pues...

-Amor, sigo aquí- me recordó Edward.

-Tú calla. Estamos apunto de saber que tan bueno eres en la cama y si lo que tienes sabes usarlo- dijo Emmett totalmente emocionado.

-¿Jasper?- buscó apoyo.

-Lo siento. Sus emociones son fuertes.

-¿Y?- insitió Alice.

-Bueno... Edward es... ya lo dije, increíble.

-No, eso no explica nada- se quejó Rosalie-. ¿La tiene grande?

-Jasper, animala para que nos responda- dijo Alice emocionada.

-Enorme- me mordí el labio agachando la cabeza sintiéndome atrevida.

-¿Sabe usarla?- preguntó Rosalie.

-Es obvio que sabe. Solo hay que mirar las consecuencias- rió Emmett señalando mi enorme estómago.

-Puede ser terrible en la cama y haberla dejado embarazada- le contestó Rosalie.

-No, él es bueno, más que eso. Es...

-Increíble- rió Alice.

-Exacto. No hay palabras para describirle- me mordí el labio inferior-. Todo lo que hace... y dice...

-¿Te habla sucio?- Alice dio saltos en el sofá-. Eso es caliente.

-Mucho- asintió Rose-. Ya sabemos que tú le haces orales, ahora la pregunta es, ¿él te los hace a ti?

-Sí.

-¿Te has corrido en su boca?- preguntó Alice emocionada.

-Sí- me sonrojé.

-¿Qué es lo más sucio que habéis hecho?- preguntó Rose

-Por favor, parar de preguntar- me tapé la cara con las manos totalmente avergonzada-. Jasper...- supliqué, ya que él era el culpable de que yo las estuviera siguiendo el juego.

-Perdona- rió.

-¿Edward?- le miré avergonzada ya que él parecía estár en shock.

-Ahora, Eddy, cuéntanos- comenzó Emmett-, ¿qué tan buena es Bella en la cama?

-Increíble- dijo tranquilamente y yo abrí mucho los ojos. Jasper ya estaba haciendo de las suyas.

-¿Es que no sabéis otra palabra?- bufó Emmett-. Bueno, ¿ella te la come bien?

-Dios- me tapé la cara.

-Bien es quedarse corto. Hace unas cosas con la lengua... y cuando succiona...- le miré totalmente alucinada, y pude ver el deseo reflejado en sus ojos.

-¿Te has corrido en su boca?- preguntó Jasper.

-Sí.

-¿Traga?- preguntó Emmett.

-Sí.

-Te a dejado que las des por cul...

-¡Basta!- me levanté de un salto, o al menos lo intenté, ya que al hacer el movimiento tan brusco sentí como la bebé se movía, y al momento noté un dolor en mi costilla-. Oh...- me llevé la mano al lugar.

-Bella- todo el humor de la habitación desapareció, y Edward se colocó a mi lado en un segundo-. ¿Estás bien? ¿Dónde te duele?- me miró frenético.

-¿La niña?- pregunté asustada.

-Está bien- dijo mirando a mi estómago-. ¿Dónde te duele?

-Aquí- llevé su mano a donde me dolía-. A sido mi culpa por moverme tan rápido. Seguramente se a asustado.

-Carlisle- al momento él entró por la puerta-. El bebé a dado en una de sus costillas- dijo palpando la zona-. Creo que no está rota, pero tendríamos que hacerle una radiografia.

-Me parece bien. Llévala al estudio.

La siguiente hora la pasé encerrada en el estudio sin poder moverme mientras Edward y Carlisle decidían mi tiempo de reposo. Afortunadamente la costilla no se había roto, pero por muy poco, así que al final estaría tres días en la cama sin moverme.

...

-Edward- me encontraba tumbada parcialmente sobre su frío pecho. Había pasado los tres días en la cama y estaba deseando poder levantarme. Hoy quería que saliéramos a hacer nuestras primeras compras para el bebé juntos. Le habíamos prohibido a Alice ser ella la primera en comprarlas. Nosotros queríamos comprar su primer conjunto, su primer pijama, su primer juguete... hacer la habitación...; y aunque ella pataleó al final lo entendió-, ¿has pensado en algún nombre para la niña?

-Edward, haz que lo cambie. Es horrible- pidió Alice a través de la puerta.

-¿Tú tienes ya alguno?

-Sí... bueno, tengo algo pensando.

-Dime.

-Pues, bueno, si hubiera sido niño me hubiera gustado que se llamara como tú.

-¿Edward?- frunció el ceño-. Menos mal que es niña.

-Edward, o Anthony. Los dos me gustan, y quería que tuviera algo tuyo.

-¿No querrás que se llame Eduarda, no?- preguntó con fingido miedo.

-No- reí-. Había pensando en hacer una convinación con el nombre de nuestras madres. Y pues salió... Renesmee.

-Renesmee- repitió-. Me gusta- besó mi frente.

-¿En serio?- pregunté emocionada.

-Sí. Es un nombre especial, y ella lo es- sonrió-. ¿Tienes el segundo?

-Sí- admití.

-¿Otra mezcla?

-Con el nombre de nuestros padres- me sonrojé-. Carlie.

-Renesmee Carlie Cullen Swan- dijo en voz alta-. Es perfecto- sonrió ampliamente.

-¿Te gusta?- pregunté timidamente.

-Me encanta- besó suavemente mis labios. Se incorporó hasta quedar cerca de mi estómago-. ¿Te gusta tu nuevo nombre, Renesmee?- preguntó con los labios pegados a mi estómago, y sentí un leve moviento-. Le gusta.

-¿Te lo ha dicho?- pregunté emocionada.

-Sí.

-Mi niña- coloqué mis manos en mi estómago, y Edward lo besó.

...

-¿Seguro que no quieres que vayamos a Port Angeles a comprar?- pregunté poniendome una chaqueta.

-Sí, además, es más probable que nos encontremos con conocidos allí que en Seattle, y no quiero que te alteres inecesariamente- besó mi frente-. En Seattle hay muchas más tiendas para que podamos elegir todo lo que queramos.

-Está bien- acepté y salímos de la habitación.

Edward había decidido que fueramos a hacer nuestras compras a Seattle para evitar cruzarnos con alguien. No quería que fuera la comidilla del pueblo, y bueno, Charlie no podía enterarse que estaba embarazada. Para él todavía estabamos de luna de miel, por eso hablaba con él de manera regular por teléfono. Así que después de comer nos preparámos y salímos en el Volvo. Sobra decir que llegamos a nuestro destino en tiempo record, aunque Edward condujo con más precaución que otras veces.

La primera tienda que visitamos fue la de los muebles, y después de una hora de dar vueltas elegímos una cuna blanca, un cambiador a juego, un armario y una cómda blancos con los tiradores rosas, con las cortinas igual. Un par de alfombras blancas, peluches, estanterías, un espejo con apareciencia antigua y la ropa de la cuna.

Cuando fuímos a pagar, la cajera me miró de arriba a abajo y negó con la cabeza. Imaginaba que pensaba. Que era demasiado joven para estar embarazada, pero a mí no me importaba. Estaba feliz con la idea de ser madre. Después miró a Edward y su cara cambió totalmente. Disimuladamente se bajó el escote, y lo sacó pero Edward ni siquiera la miró. En cambio me preguntó si quería que compraramos algo más con su tono amoroso y besó el tope de mi cabeza.

La siguiente parada fue una tienda de ropa. Ahí me volví loca con todos los mini conjuntos que había. Creo que ahora entendía mejor porque a Alice le encantaban las compras.

Al final nos decantamos por una camiseta larga anchita blanca y puntitos de colores y un lazo rosa, con unas braguitas rojas y unos zapatos rojos, y de pijama un enterito blanco con unos flamencos en el pecho.

Y las siguientes horas las pasamos comprando biberones, juguetes, libros, pañales, un parque, un taca, una bañera, una trona... y todo lo necesario para nuestra pequeña.

Para cuando acabamos nuestras compras era tarde, y yo no podía dar un paso más. Me dolía la espalda, tenía los pies hinchados, estaba muerta de cansancio, además de tener hambre, sueño y la vejiga llena.

Desde que había empezado con el embarazo no me había esforzado tanto, y eso me estaba pasando factura. Además sentía varios pinchazos en mi estómago.

-Edward- me apoyé contra su pecho mientras caminabamos abrazados hacia el coche-, no puedo más- coloqué una mano en mi tripa-. Renesmee está algo inquieta.

Miró a su alrededor concentrado y de repente me cogió en brazos y corrió hasta el coche.

-Si estabas cansada, ¿por qué no me lo habías dicho antes?

-Porque quería comprar todo hoy- admití sentandome en el asiento.

-No tendrías que esforzarte tanto.

-¿Cuando traen los muebles?- pregunté cambiando de tema.

-Mañana por la mañana. Los chicos ya estarán pintando la habitación para que cuando mañana estén los muebles podamos meterlos.

-Genial- sonreí apoyándome contra el asiento.

-Duerme- Edward apartó un mechón de mi flequillo que caía sobre mis ojos y a los pocos minutos me quedé dormida.

Hola! Nuestra pareja ya hizo sus primeras compras para la pequeña, además que ya eligieron el nombre jeje. ¿Qué os a parecido?

En mi grupo dejaré las fotos de los conjuntos de ropa que compraron para Renesmee para que podáis verlos =)

Gracias a todas por leer siempre la historia y dejar siempre comentarios ^^

(NiCullenRoBri): Hola, Nicole, cuanto tiempo sin verte por aquí jeje. Me alegra que te gustara el capítulo y que no hayas olvidado tu fic. Lo miro regularmente por si lo has actualizado. Ya sabes que estoy deseando ver que pasará. Besitos =)

( ): Me alegro que te encante la historia. La verdad es que me gusta hacer sufrir a Bella, y cuando pensé que ya iba a llegar el final, se me cruzó otra idea, la de Diego, y bueno, lo volví a liar todo otra vez jeje. Pero como dices, también he intentado que tuvieran momentos buenos. No todo iba a ser malo XD La verdad es que Renesmee eligió el peor momento para hacerse notar por Edward. Pero bueno, ya se lo han cobrado por partida doble jeje. Creo que la ola de inspiración llegó y bueno, es divertido, porque mientras que estaba en el trabajo, yo estaba montando en mi mente el primer lemmon del capítulo. Sí, jaja. Si alguien me hubiera leído la mente pensaría que soy una pervertida. Mientras limpiaba zapatos (soy terminadora en una fabrica de zapatos de baile), en mi mente había (sí, Edward, más fuerte, que grande la tienes...) y cosas así jaja. Espero poder verte amenudo por aquí. Besitos =)

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Espero que os haya gustado el capítulo y me dejéis muchos reviews.

Besitos =)