Capítulo 50: Páguenme la apuesta

Lily intentaba recordar el hechizo para quitar manchas de la piel, como la tinta que tenía por el examen de pociones, llevaba veinte minutos refregándose las manos, pero no ocurría nada, por eso decidió recurrir a la magia.

- Gracias a Merlín que los hechizos de limpieza no entran en los exámenes – agradeció para si misma mientras aplicaba el hechizo que leía en libro de Mary "La Bruja de Casa" – Al fin.

Logró quitarse las manchas de las manos, pero solo fueron unos segundos de tranquilidad, porque rápidamente su cabeza comenzó a confabular contra ella, era cosa de verse al espejo, su cabello estaba tomado en un tomate improvisado y no se lo había lavado porque si lo hacía llegaba tarde al examen de Encantamientos de la mañana, por alguna extraña razón sentía que olía mal y luego llegó al típico ¡Qué me voy poner!

Eran demasiadas cosas para una bruja de diecisiete años, miró su reloj y vio que le queda una hora, ¿Había gastado toda una hora tan solo en lavarse las manos?. Decidida se metió a la ducha, se lavo el pelo y salió, se secó el pelo uso su poción para alisar el cabello e intento decidir que ponerse. ¿Pero cómo elegir que ponerse si ni siquiera sabía que iba a hacer?. Ya eran casi las ocho, así que agarro unos vaqueros sueltos, la primera polera que encontró y un chaleco azul marino que le había regalado Mary el verano pasado. Agarró su capa, la varita y se vio por última vez en el espejo. No era perfecto, pero mal no se veía.

Mary, ni ninguna de sus compañeras de cuarto habían llegado. Era extraño no ver a Mary en tanto tiempo, pero supuso que estaba hablando con McGonagall sobre su situación académica y que luego pasó directamente al Gran Comedor.

Al bajar las escaleras se encontró con que la sala común estaba completamente vacía, exceptuando por un niño pelirrojo de primero o segundo año, tenía el pelo castaño y se notaba algo nervioso.

- ¿No deberías estar cenando? – le preguntó Lily al muchacho, actuando como prefecta.

- Tengo que entregarle esto – dijo temeroso el chico pasándole una carta color azul.

Sin más el chico se dio la vuela y se marchó. Lily abrió el sobre sin remitente y se encontró con un pergamino con una letra desprolija que reconoció como la de James Potter.

"

Lily, si estás leyendo esto, significa que ya te encontraste con Timothy Johnson, no sabía bien si él iba a recordar todo, por lo que le dí está carta para decir que eres la más hermosa de todas, que te adoro, que he esperado este día durante mucho tiempo y aunque todos mis amigos dicen que voy a arruinarlo, yo te prometo que intentaré todo para darte la mejor cita de toda tu vida, aunque debes admitir que no tengo muco que superar, porque yo mismo me encargué de arruinar todas tus citas con otros chicos.

Te espero en la torre de Astronomía"

Lily río, recordó las citas que James había arruinado, la primera vez fue un accidente, suponía, en cuarto cuando Amos Diggory un chico dos años más grande que ella la invito a Hogsmeade y mientras caminaban románticamente James que corría con sus amigos de unos Slytherin enojados, tacleó por accidente a Amos dejándolo inconciente por cuatro horas.

Ese no había sido el comienzo del odio por el chico, es más, lo había encontrado hasta chistoso. Comenzó a pensar en que estaría preparando James en la sala de Astronomía. Los pasillos estaban extrañamente vacíos y sabía que era obra de él.

Llegó a la entrada de la torre, pero no estaba nadie, ¿No se suponía que James debía estar ahí?. No quiso esperar más así que le pidió con modales a la puerta que la dejara pasar, subió las escaleras y llegó a la torre de astronomía y ahí estaba James con su cara de galán de película muggle, vestido con una capa color azul, simple pero encantador.

La torre no necesitaba decoración alguna, a esa hora las estrellas se asomaban y se podían ver en el techo que las ampliaba para su estudio, Lily contempló las constelaciones que había aprendido cuando tomaba esa asignatura, siempre le había gustado esa torre.

- Cuando descubrimos como entrar a esta torre, nos pasamos noches enteras aquí – comentó James nervioso, mientras se acercaba a la pelirroja – Es el lugar más tranquilo de Hogwarts.

- Es espectacular – suspiró la chica.

Hubo un silencio incomodo, ambos estaban nerviosos, ninguno de los dos sabía bien que hacer, menos que decir.

- ¿Y qué haremos? – preguntó tímidamente la pelirroja.

- Volar – anunció el chico.

Lily abrió sus ojos como si una bludger fuera directo hacía a ella, volar era una de las cosas que sabía muy bien que James amaba y a ella le aterraba, se le vino a la cabeza aquel día en primero, cuando tuvieron su primera clase de vuelo, esa vergonzosa clase de vuelo donde su escoba temblaba y ella termino con un brazo fracturado.

- ¿Volar? – preguntó la chica rogando porque había escuchado mal y el chico había dicho "hablar" o "robar" o cualquier otra cosa, hasta estudiar historia de la magia le parecía una mejor idea, pero no, él chico asintió, mientras reía de la expresión de Lily – James, no sé si recuerdas que le temo a las alturas, me caigo de las escobas y que…

- … y que conmigo no te pasará nada – le interrumpió James – te aseguro que todo saldrá bien.

- ¿Volar en escobas? – preguntó la chica.

- No – río el chico, poniendo aun más temerosa a la pelirroja.

- ¿En qué, entonces? – volvió a preguntar la chica.

- En una sola escoba – le explicó el chica – mira, ven.

Lily se acercó a James y vio como este atrajo con su varita una escoba, incluso Lily que no era una fanática del deporte con escobas, podía ver una belleza en ella, sus curvas eran sutiles, tenía el barniz algo gastado, pero el color avellana aun destellaba, los palillos de atrás delgadísimos y en la punta estaban teñidos con color dorado y rojo, por la inscripción en el mango podía saber que se llamaba "Ráfaga 450", había visto en una revista el anunció de aquella escoba, era la sensación de cualquier aficionado al vuelo.

- Tú – inició el chico – te subirás, y yo me sentaré atrás tuyo,, así manejarás tú, pero cualquier cosa yo voy a poder ayudarte y manejar en caso de emergencia.

- ¿Emergencia? – chilló histérica Lily - ¿Qué tipo de emergencia?

- Calma, no pasará nada – río el chico elevando la escoba a la altura de las caderas de la pelirroja - ¿Estás Lista?

- Para nada.

- ¡Vamos! ¿Qué pasó con la valiente Lily Evans, la Gryffindor?

Lily decidió que debía subirse, no podía temerle a las escobas por siempre, ¿o si?. Con ayuda del chico logró subirse sin caerse, pero inmediatamente al despegar los pies del suelo, cerró los ojos y solo sintió que James se sentaba justo detrás de ella.

- Lily, debes abrir los ojos – le avisó el chico.

- No – dijo cortante la chica.

- Vamos, tú puedes, solo volaremos por la torre – le intentó convencer James.

Lily sintió como James sujetaba sus manos que se encontraban en el mango de la escoba y la ayudaba a avanzar lentamente por la sala, abrió el ojo izquierdo y luego, lentamente, el derecho. ¡Realmente estaba volando!, no lo podía creer, ella no hacía más que sujetarse bien, mientras James la guiaba, se sentía extrañamente bien.

- Ahora tú sola.

Lily volvió a cerrar sus ojos y negarse completamente, pero James soltó el mango obligándola a tomar las riendas del viaje. Al principio la escoba subía y bajaba completamente sola, y Lily chilló, pero luego de unos minutos de guías y de que James los salvará de chocar contra la pared, Lily aprendió a maniobrar la escoba.

- Es fantástico – reconoció la chica al bajarse de la escoba – ahora entiendo porque te gusta tanto.

- Y eso que solo estuviste a treinta centímetros del piso – río el chico.

- Por algo se parte – dijo la chica - ¿Y ahora qué?

- Pues volar fuera de esta sala, claro está – mencionó el chico acercándose a un gran ventanal y abriendo la ventana.

- Estás loco si piensas que yo volaré sobre una escoba en la noche y con aurores vigilando los terrenos, James – Lily ya se imaginaba cayendo sobre el húmedo pasto de Hogwarts- Y que pienses que te salvarás de que nos quiten puntos.

- Me encanta cuando te enojas – dijo James como si no hubiese escuchado ninguna de las palabras que salían de la boca de Lily. - Y no vamos a infringir ninguna regla más, solo la de no estás en nuestras habitaciones y esa, ya la rompimos. Frank Longbotton avisó a los otros aurores que volaríamos, por lo que no hay ningún problema con ella y esta vez yo volaré y tú irás atrás, por lo que no pasará absolutamente nada. Y si eso no te basta, te tengo una sorpresa allá afuera.

Luego de unos minutos de dudar, de preguntarse como era que Frank estaba metido en todo esto y como James tenía tanto poder sobre ella, aceptó. No sin antes amenazarle de que si le pasaba algo, que mejor no volviera a Hogwarts el próximo año.

- ¿Alguna vez habías hecho esto? – preguntó Lily mientras se aferraba a James como si de eso dependiera su vida.

- No – admitió el chico – siempre dije que quería hacer esto contigo.

James le indicó a la pelirroja que por ningún motivo debía dejar de abrazarlo y que mantuviera las piernas lo más firme posible. Luego de eso, se impulsó con un pie para salir por el gran ventanal de la torre de astronomía. Para no asustar a la pelirroja, el chico partió demasiado lento.

- Lily, te apuesto un galleons a que tienes los ojos cerrados – río James, a lo que solo sintió que la chica lo apretaba aun más fuerte – te estás perdiendo el cielo – pero la pelirroja solo lo apretó aun más – Yo sé que no eres una cobarde.

Lily abrió los ojos, tímidamente. Todo estaba oscuro, pero podía ver las ventanas iluminadas por las velas y antorchas, el castillo se veía espectacular a esa altura, era como por primera vez contemplar la magnitud y majestuosidad de Hogwarts. Sin soltarse ni un poco del torso del chico levantó la cabeza y vio las estrellas, aun estaban lejos, pero sentía que brillaban como nunca.

- Más alto – susurró la chica hipnotizada por la belleza de lo que vivía y la sensación adrenalínica – más rápido.

James con cuidado, fascinado por como la chica se sujetaba de él, aceleró y se elevó. Le encantaba volar y le encantaba sentir que ella estaba compartiendo sus gustos, sentía el viendo frente a la cara y como las uñas de la chica se le enterraban en las costillas.

- Mira allá – le dijo James girando la cabeza hacía la izquierda – en esa torre.

- ¿Dónde? – preguntó Lily intentando enfocar, hasta que vio una de las torres de Hogwarts completamente iluminada - ¿Qué es?

- Mi sorpresa – susurró el chico – sujétate – ordenó para acto seguido inclinar su escoba y quedar a solo 5 centímetros de tocar.

Lily no se soltó de James, tenía las manos pegadas como si hubiera tenido una especie de pegamento industrial muggle. Volar había sido increíble, pero el miedo no se le quitaba, el estomago se le revolvía y su cabeza estaba entumecida por el aire helado. Se quedó suspendida en el aire, aferrándose al chico y admirando pequeña mesita iluminada puesta sobre las frías piedras de la torre.

- Tuve que cobrar unos favores – comentó James ayudando a la pelirroja a bajarse de la escoba – pero quería que fuera perfecto para ti.

- De seguro lo haces con todas las chicas – comentó la chica más en broma que en serio.

- Te aseguro – dijo el chico moviéndole la silla para que se sentara – si lo hubiese hecho antes, hubiese hecho algo completamente mejor a esto.

- Y de seguro le dices eso a todas tus chicas.

- Y te aseguro, que solo tengo una chica – respondió James – Y eres tú.

Luego de unos segundos de silencio comenzaron a hablar de frivolidades, de cómo ya no quedaba nada de este año, de lo hermosa de la noche, de comer la cena que James había traído a escondidas desde las cocinas gracias a un elfo doméstico, comenzaron a hablar de que pronto sería el verano.

- Sirius quería hacer un viaje Francia este año, pero claramente ahora que tiene a Theo como prometida, supongo que lo pasaremos en mi casa o en la de Peter.

- Yo me iré a casa de Mary en el verano – mencionó la pelirroja más para si misma que para James – y sinceramente, no tengo otro lugar al que ir, mi hermana me odia y es la única que me queda de mi familia.

- Siempre puedes ir a mi casa – dijo James sintiéndose completamente responsable de la felicidad y seguridad de Lily.

- Ni he ido a verte una sola vez a tu casa y ya quieres que viva contigo – río Lily - estás loco.

- Loco, pero encantador - le recordó James comiendo del postre.

- Y modesto.

- Siempre.

Ambos se miraron aguantando la risa, era realmente extraño para ellos sentirse tan cómodos el uno con el otro, ahí en una de las torres de hogwawrts, cuando el mundo mágico se veía asechado por la maldad. De repente Lily miró la torre, no había puerta, ni ventanas, ni conexión a una escalera que los llevara a dentro.

- ¿James? – preguntó - ¿Cómo volveremos a nuestras habitaciones?

- Volando - aseguró el chico, confirmando las conjeturas de la chica que rogaba porque no fuera así – llegamos volando y volveremos volando.

- ¿No hay otra opción? – preguntó Lily esperanzada - ¿Una cuerda que baje hasta el pasto?

- ¿En verdad preferirías eso?

- No, pero me gustaría tener la opción – regaño la chica levantándose – Si tenemos que volar de nuevo, quiero volar yo.

- Así me gusta, toda una valiente pelirroja – James se acercó a la pelirroja y la ayudo a subirse - ¿Estás segura de que quieres manobriar tú?

Lily dudó de lo que hacía, pero debía enfrentar sus miedos, quería demostrarle a James que también podía impresionarlo haciendo lo que él más adoraba, volar. Además, por mucho miedo que había tenido, le había encantado la sensación de estar arriba de todo.

James ayudo a la pelirroja a subir a la escoba y luego se subió tras ellas, la chica se puso algo histérica al comienzo pero con ayuda de James logró salir a una velocidad de una anciana de ciento tres años por la ventana. Lily intentaba hacer lo mejor posible, mientras que James se reía por dentro del intento de Lily.

- Lo estás haciendo bien – dijo James dándole una palmadita en espalda luego de que Lily aceleró un poco más.

- No seas mentiroso, vuelo igual que como en primero.

- Mira, intenta dar una vuelta en el aire – le intentó convencer el chico – solo debes acelerar un poco y luego levanta la punta de la escoba.

- No sé, James, suena peligroso – susurró la chica - ¿Así no se cayó ese chico de Hufflepuff?

- Yo te ayuda, vamos – le incitó James – solo acelera.

Lily comenzó a acelerar, le gustaba como le chocaba el viento contra la cara, James la sujeta con una mano en la cintura y la segunda sujetando el mango de la escoba, ayudando a la pelirroja a levantarla y dar el giro. Lily sintió más adrenalina que cuando luchaba en el club de vuelo, sintió que una sensación de alegría la recorría desde la cabeza a la punta de los pies, hasta que volvieron a la posición normal.

- De nuevo – gritó la chica soltando las manos de la escoba y solo sujetándose con sus piernas – es increíble.

- Pero esta vez inténtalo sola – río James, entretenido por la reacción de Lily.

- Esta bien – dijo la chica acelerando en seguida, era como si el espíritu de una ex jugadora de quidditch la hubiese poseído.

Aceleró completamente, levantó el mango y volvió a sentir esa adrenalina de hace unos momentos, pero esta vez había un problema, no sabía como volver a la posición normal. Lily comenzó a desesperarse y a gritar sin control, ya no solo sentía adrenalina, tenía miedo, la escoba seguía dando vueltas mareándolos y Lily empezó a mover el mango de un lado para otro, por lo que las vueltas eran irregulares y sin dirección coherente.

- ¡Lily, calma! – gritó James intentando llegar al mango para ayudar a la pelirroja – la escoba parará si tu paras.

Pero era imposible, Lily había entrado en un ataque de histeria digno de sus ataques antes de los exámenes, no paraba de gritar y hacer temblar la escoba que ya a este punto comenzaba a manejarse sola.

James logró llegar al mango e intentó estabilizar la escoba, pero cuando lo logró Lily seguía en su ataque de histeria y lo golpeó con su codo, haciéndolo caer de la escoba semi inconciente.

- ¡James! – gritó Lily que se había paralizado junto a la escoba, sin reaccionar a la caída de James.

Lily vio a James en el suelo del patio, eran mínimo unos treinta metros de altura, quería ir a ayudarlo, pero sus manos temblaban y ya no recordaba ni como hacer mover la escoba, todo era su culpa. Pero de pronto vio a un hombre con capa acercarse al chico y levantarlo, era uno de los aurores.

- ¡Lily, baja! – le gritó el hombre, que reconoció como Frank, pero luego de que la pelirroja ni se inmutara, hechizó la escoba para que bajara con cuidado llevado a Lily. – Voy a llevar a James a la enfermería – Frank cargó a James a la espalda, pero notó que la pelirroja aun no reaccionaba – Vamos, Lily, no te puedo dejar sola en el patio.

Frank terminó hechizando la escoba que aun cargaba a Lily para que o siguiese hasta la enfermería.

- ¡Por Merlín! Qué hizo Potter esta vez – gritó enfurecida madame Pomfrey colocando al chico inconciente sobre una de las camillas y examinándolo – dos costillas rotas, una fractura de fémur y se lesionó el brazo, tenemos suerte de que Potter sepa caer, sino tendría el cuello quebrado.

- ¿Estará bien? – preguntó susurrando Lily, muerta de miedo.

- Claro que si, señorita Evans – grito la enfermera – ¡Y usted que está haciendo aquí, a su sala común!

- Perdón, Madame Pomfrey – interrumpió Frank galante – pero creo que Lily necesita una poción calmante, hace un rato no se podía mover del susto.

- Que sea la consecuencia de estar jugando por las noches – alegó madame Pomfrey haciendo un menjunje para James – Llévala a su sala común y que le pida a un prefecto algo para calmarse, mañana podrán ver al señor Potter.

Ni Frank, ni Lily quisieron recordarle a la enfermera que Lily era en efecto una prefecta, así que el auror llevó de un brazo la escoba de James y con la otra a la pelirroja, no hablaron nada en el camino, Lily aun tiritaba y recordaba la caída de James, era toda su culpa.

- Yo debo volver a mi puesto – le informó Frank – además no puedo entrar a las salas comunes, ni siquiera a la de Gryffindor que era mi casa, pero nos vemos mañana, descansa.

Casi por inercia Lily dijo el santo y seña, entrando a la supuesta vacía sala común.

- Mira viene sola – dijo Peter – James lo arruinó de nuevo.

Lily no tomó en cuenta el comentario y se sentó en el sillón junto a Remus.

- dame una poción calmante, ahora – le ordenó apoyando la cabeza en el pecho del merodeador y largándose a llorar.

- Theo, trae de mi mesita de noche la cajita azul – le ordenó el chico abrazando a Lily – vamos, calma Lily, lo que sea que haya hecho James, de seguro fue sin mala intención.

- El es solo es un poco bruto – comentó Sirius intentando defender a su amigo – no lo odies.

- Lily – dijo Mary que al igual que los merodeadores quería saber que tal había ido la cita – yo le pego a Potter, sea lo que sea que haya hecho.

- ¡Que no fue James! – gritó Lily abrumada ante todo lo que le decían los chicos, negando la poción que Theo le ofrecía - ¡Fui yo, yo lo arruiné! – hubo una sorpresa general – James está en la enfermería inconciente por mi culpa.

Hubo un silencio general, hasta que Sirius comenzó a reírse estrepitosamente.

- ¿Y por eso estás así? – preguntó sin dejar de reír – Evans, James siempre está en la enfermería y la mitad de esas veces esta inconciente. Además… que por alguna vez el no sea el que haya arruinado las cosas ¡Va a estar feliz!

Todos comenzaron a reírse de la situación, excepto Lily que estaba muerta de miedo, no quería que le pasara nada a James.

- ¡Esperen! – gritó Mary – esto significa que cada uno me debe tres galleons – Mary comenzó a contar con los dedos – Les dije que la cita saldría mal porque alguno llegaría a la enfermería.

- Malditas apuestas – murmuró Sirius.

oOo

Lamento la demora, espero les guste, tuve que hacerlo rápido, nunca había tenido tantas cosas que hacer

pero espero subir otro capítulo pronto

Espero sus comentarios, deseos, todo, incluso cuéntenme de sus vidas

Perdón por no responder cada review, pero en verdad estoy complicada, pero sepan que aprecio cada comentario

que aprecio demasiado que me lean y eso disfruten

Simona