Ranma ½ no me pertenece.

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Fantasy Fiction Estudios presenta:

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RAGNAROK

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XXXIII

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La saga infinita, capítulo doce

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La empuñadura de la espada de cristal estaba en el fondo del estanque del jardín y la punta clavada en la parte del muro que todavía se mantenía en pie. No había sonido de luchas ni tampoco de desesperación. Dainn se encontraba sentado sobre el abdomen de la chica con las rodillas a los lados en el suelo, los ojos extasiados y la baba cayéndole por la boca en un sediento frenesí. Nina arqueó la espalda y trató de levantarse sin resultado alguno, apenas estremeciéndose, sin fuerzas. El cazador con ambas manos retorcía lentamente el cuello de la chica mientras ella, sin aire, trataba de gritar por el dolor. Movía las piernas desesperada, con sus manos trataba de librarse de Dainn, lo golpeaba, lo tomaba de las muñecas y jalaba, pero nada daba resultado, era como si el cazador de almas estuviera hecho de roca sólida. El miedo en los ojos de la joven valquiria se volvió evidente lo que excitaba todavía más la enferma hambre del hambre del cazador.

—¿Recuerdas? —susurró Dainn—, sí, ¿recuerdas donde nos quedamos, sí, quedamos?

Los ojos de Nina se abrieron de dolor y espanto, sus pupilas se dilataron y se movieron hacia arriba, los movimientos antes violentos de sus suaves piernas bajo el pesado cuerpo de Dainn se hicieron más lentos y pesados, los brazos apenas se levantaban. Nina levantó una mano temblorosa y la empuñó, en un último intento quiso golpear el brazo de Dainn, pero solo lo dejó caer sin fuerzas, y se deslizó por la manga del cazador de almas, hasta quedar tendido sobre el césped. Las piernas también cayeron, vencidas, quedando una estirada en el suelo.

—¿Ya? —Se preguntó el cazador, siseando—, ¿eso es todo, ya?

Estaba desilusionado al observar como los ojos antes aterrados y furiosos de Nina perdieron la luz de la consciencia, y los labios sonrosados se abrían, ahora tornándose azules, en un gesto de desesperación como si quisiera gritar ya sin voz, haciendo apenas lastimosos sonidos con la garganta, hasta que su mentón dejó de temblar y se relajó, cerrando la boca lentamente. Y el cuerpo tan pequeño bajo su peso no luchó más.

—Sí, sí, sí… Piel suave, alma pura —Dainn no soltó la presión sobre el cuello de la casi inconsciente chica—, años que no devoraba a una valquiria, sí, pura valquiria. Dulce banquete para Dainn, sí, banquete.

El cazador comenzó a acercar el rostro al de la valquiria sin dejar de estrangularla. Abrió la boca y mostró su naturaleza inhumana al extenderse de una forma antinatural, con los dientes alargados como los de una bestia. La lengua de Dainn, como la de una serpiente, cayó gruesa y viscosa sobra el rostro de Nina, lamiendo su mejilla y las lágrimas de sus ojos. Pequeños gorjeos era todo lo que podía escucharse como protesta de Nina ante tan repugnante destino.

Pasos se escucharon en el jardín, pero Dainn ya lo había presentido y sus ojos afilados ya se inclinaban hacia un lado como un animal precavido. A centímetros de que sus dientes rozaran el rostro enrojecido y amoratado de la casi inconsciente valquiria, cerró su boca y retrocedió la mandíbula recobrando en algo la poca humanidad que tenía. Levantando un poco el torso giró la cabeza cuidadosamente y con sorpresa descubrió tras él una alta figura que le hacía sombra. Y sus ojos bestiales se abrieron de par en par, en una mezcla de sorpresa e ira. Pero antes de que pudiera reaccionar, una mano cayó con fuerza sobre su rostro aprisionándolo con tanta fuerza que su cráneo crujió, y entre la mano y la cabeza estalló un poderoso resplandor mágico.

—¡Luz del alma! —gritó el recién llegado, y los ojos de Dainn temblaron de dolor, lanzando un escalofriante grito.

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—¡Luz del alma! —conjuró Ranma, pero su hechizo se desvió al igual que la vez anterior y dio en un lejano lugar del techo del cielo de cristal. Loki continuó concentrado en su magia ignorando completamente la existencia de los improvisados protectores de la creación.

—No insistas —ordenó Rashell a su amigo cuando vio que iba a tratar otra vez con los brazos en alto y concentrado—, ¡geez! jamás podrás hacerle daño.

—Pero tenemos que hacer algo —se quejó Ranma.

La vibración que antes se sentía por todo el lugar se hizo más fuerte, convirtiéndose en un verdadero terremoto. El cielo de cristal comenzó a desplomarse sobre sus cabezas a medida que las grietas surcaron los cuatro confines de la bóveda celestial, liberando una potente luz.

—Méril, ¿lo sientes? —preguntó Rashell—, ¿te has dado cuenta de lo que sucede?

El joven arquero, estando confundido, miró a su amigo. Rashell actuaba con una dureza y conocimiento poco habitual. Sacudió con fuerza la cabeza y trató de concentrarse solo en el problema que tenían por delante. Respondió basándose en el conocimiento secreto que fue revelado para él durante su corta estancia entre los libros de la torre.

—Loki destruirá esta dimensión para hacerse con el corazón de Gimle —respondió Méril con el rostro endurecido y pálido—. Toda la bóveda celeste es la caja que guarda a Gimle, el corazón del universo, y no puede ser manipulado ni removido de este lugar, a menos que este lugar ya no exista. Solo así el corazón reaparecerá en el plano de Asgard.

—Geez! ¿Qué cosa? —preguntó Rashell, atemorizado.

—No me gusta cómo está sonando eso —se quejó Ranma.

Méril continuó con un tono fúnebre.

—Para destruir esta dimensión necesitará expandir una nueva que iguale la masa de existencia de esta y así cancelar ambas existencias…

Ranma los miró como si hablaran en inglés.

—¡Geez! Pero no puede hacerlo encontrándose él mismo dentro de la existencia a cancelar, ¿no? —consultó Rashell a Méril.

—En teoría… sí puede hacerlo —respondió el más joven de los guerreros—, ya que si Loki estuviera en realidad en una tercera dimensión distinta a las dos que han de colisionar... Pero Loki está en esta dimensión, no puede hacerla desaparecer, sino él también…

—¿De qué demonios hablan? —se quejó Ranma.

Méril cayó en cuenta de hacia dónde lo dirigía Rashell, o más bien Touni, con su gran conocimiento sobre la ciencia de la magia creadora.

—Desde un principio Loki no se ha encontrado en nuestra dimensión, por eso la forma extraña en la que levita y que nuestros ataques sean desviados. No es por su poder, sino por la distorsión que existe entre las dimensiones.

—Un momento, ¡alto! —Ranma llamó la atención de sus amigos—. Si todo lo que dicen es verdad, y que desde el momento en que entramos a este gigantesco sitio nos encontramos en una dimensión distinta a la de Asgard, y si Loki se encuentra ahora en esa extraña burbuja mágica que en realidad es otra dimensión —ironizó cansado de que sus enemigos siempre usaran trampas en lugar de pelear de frente—, que lo hace invencible…, bien, supongo que… eso sí lo entiendo, pero…

—¿Pero? —Preguntaron ambos chicos atentamente.

—¿Qué significa eso de que ambas dimensiones se cancelarán? —preguntó el joven Ranma.

—¡Geez! Ranma, obviamente lo que dice, que este lugar dejará de existir del todo y el corazón de Gimle quedará al descubierto para ser robado por Loki.

—Dices… ¿destruida?... ¿Incluyéndonos?

—Sí, Inclu…

Los tres se miraron a la vez.

—¡Tenemos que salir de aquí! —apremió Ranma.

—El portal por el que entramos —respondió Rashell.

—Ya no existe, el corazón de Gimle mantenía el enlace abierto, ahora se encuentra demasiado débil y la puerta de regreso a la torre está sellada —respondió Méril.

—¿Y cómo salimos? —preguntó Ranma más que preocupado.

—¡Geez! —respondió Rashell, frustrado—. No preguntes que no tengo la menor idea.

—Dijiste que transportaste a las chicas, ¿no puedes hacer lo mismo? —insistió Ranma.

—¡No puedo, maldición! —contestó Rashell con honestidad—. Geez, la dimensión se ha vuelto demasiado inestable, no puedo visualizar ni siquiera donde nos encontramos en el supra universo, o el lugar por el que partimos antes, es demasiado peligroso, puede significar una muerte segura si trato de enviarnos a cualquier sitio, ¿comprendes?

—Haré como que entiendo eso —dijo Ranma pasando su atención a Méril—. Méril, eres el hijo de Ull, ¿puedes abrir el portal?

—No sé, ¡no lo sé! ¡No sé qué debo hacer! —reaccionó Méril mirándose la mano sin saber cómo convocar lo que fuera que les sirviera en esa situación.

—Ranma, no insistas, Méril es un dios novato —habló Rashell—, no sabe cómo manipular, crear o vincular dimensiones. Menos viajar por ellas de manera segura.

—¡¿Y tú?! —insistió Ranma, con el sudor brillando en la frente.

Los gigantescos bloques de cristal caían a su derredor levantando vendavales de polvo y fragmentos.

—¡Geez! Sé cómo hacerlo, pero carezco del poder necesario, no ahora, no con este cuerpo. Méril es el único que podría pues su cuerpo es cien por ciento divino…

—¡Enséñale entonces, demonios!

—¿Qué cosa? ¡Geez! ¡¿Enseñarle la teoría que le costó a Touni tres mil años de estudios arriesgando su vida en cinco minutos?!

—Estamos jodidos —lamentó Ranma.

—¡Geez! —Rashell se agarró el mechón de pelo con la mano.

—Lo siento, amigos, todo es mi culpa —dijo Méril.

Rashell y Ranma miraron detenidamente al cabizbajo Méril. Entonces cada uno puso una mano sobre el hombro del chico y asintieron sonriendo.

—No es la peor de la que hemos salido —dijo Ranma tratando de parecer optimista.

—¿Geez? Pues tendré mala memoria pero yo no recuerdo ninguna peor…

—Rashell, cállate.

El terremoto se hizo más intenso, el suelo comenzó a abrirse liberando estelas de gas y partículas. Los chicos cayeron de rodillas sin poder mantener el equilibrio cuando el cuerpo de Loki comenzó a emitir ondas de luz como pulsaciones que se expandieron por todo el cielo y se coordinaron con las palpitaciones de Gimle. La luz se volvió cada vez más intensa como si el corazón se convirtiera en un pequeño sol y todo comenzó a volverse blanco.

—No puede terminar así —murmuró Ranma, pero el ruido era tal que ni siquiera podía escuchar sus pensamientos—. ¡No va a terminar así!

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En la aldea de las hadas el viento arreciaba con violencia. Los árboles crujían y se quejaban, los animales gemían, las cuidadoras de Gimle sentían el dolor en el corazón y la pérdida como la muerte de todas.

—Gimle muere —anunció la matriarca. Las demás la rodearon y se arrodillaron tomándola de las manos y del vestido.

—No teman, hermanas, al destino. No somos las primeras, no seremos las últimas. Nuestras esperanzas quedarán en las que vendrán.

Prisma, ajena al dolor de su raza, miraba el horizonte, hacia donde el resplandor de la torre de ámbar era como una tormenta eléctrica en el centro de una oscuridad tan absoluta que parecía la noche en mitad del día. Zafiro se encontraba a su lado, ella se mostró aterrada y descompuesta al igual que las demás, incluso Ámbar, siendo siempre la más fuerte de las tres se veía confundida y miraba el horizonte sin esperanzas.

Pero Prisma se encontraba firme, sin temor, sin dudas, sin anhelos. A ella el nombre de Ull le sonó como a un extraño, habiéndose criado en las calles de la ciudad divina no tuvo la misma formación religiosa que las de su raza. Además, la preocupación de Prisma era únicamente por el arquero que sabía se encontraba en el centro de ese caos.

El suelo se estremeció y desde el horizonte una onda de luz apareció, luz violácea que surcó todo el cielo como una ola, pasando por encima de sus cabezas, y a medida que avanzaba el día se volvía noche, el cielo antes azul se volvía negro y podían verse las estrellas, la onda había consumido el firmamento como el fuego a un viejo pergamino. Las hadas gritaron aterradas cuando el sol de Asgard desapareció.

—Ámbar, ¿qué está sucediendo?... ¡Ámbar! —Zafiro llamó a su hermana tomándola del brazo, pero ella se encontraba tan perdida como su hermana.

Prisma se llevó una mano al rostro.

—Debemos irnos —reaccionó tardíamente la mayor.

—No me iré sin Méril.

—Lo siento, Prisma, pero Méril ya debe habernos dejado. Este lugar es peligroso —giró hacia la matriarca y las demás hadas gritando con desesperación—. ¡Este lugar es demasiado peligroso! Debemos marcharnos.

—Mis niñas, ¿y dónde iremos si el universo está a punto de desaparecer? Ustedes no han vivido lo que yo, no han sentido lo que yo. He visto los pilares de este universo siendo alzados en los inicios de Asgard como una de las primeras nacidas de Gimle, sé a qué nos enfrentamos, a nuestro final.

Ámbar gimió impotente, el deseo de proteger a sus hermanas era la única razón de su existencia y ahora se sentía incapaz de hacerlo.

—Yo no me iré sin Méril —insistió Prisma, pálida y perdida en sus propias divagaciones, provocando el desconcierto y un mayor dolor en Ámbar. Entonces levantó la mano y vio un pequeño brazalete que colgaba de su muñeca con una piedra verde esmeralda y recordó porqué la tenía.

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Ámbar entró en la elegante sala con timidez. La frialdad de la mayor de las hermanas hadas no era debido a dureza de corazón, sino al temor que la embargaba hasta no saber cómo reaccionar. Notó una figura sentada en el escritorio del otro lado de la sala. Al instante, ella se arrodilló realizando una elegante reverencia.

—Mi señora, siento la tardanza ante su llamado.

—No has demorado nada, Ámbar Ex, la mayor de las nietas de Amatista. ¿Por qué tal humildad? Levántate, quiero ver tu rostro.

Obedeciendo a la dama ella se irguió, pero mantuvo el rostro inclinado.

La dama dejó el escritorio, arrastrando el borde del vaporoso vestido recorrió toda la distancia que había entre ellas dejando que su silueta hiciera sombra ante los enormes ventanales que mostraban la gloria del Valhala y la omnipresencia de Yggdrasil. Al llegar delante de la joven notó cómo temblaba. La tomó delicadamente por el mentón y la obligó a levantar el rostro.

—No debes temerme.

Ella, nerviosa, asintió. Freya pasó por su lado y caminó dando un círculo como si la examinara, entonces se detuvo delante de ella dándole la espalda, pasando su interés hacia las gigantescas estanterías con centenares de libros.

—¿Sabes por qué te he convocado?

—No, mi señora.

—Lo supones.

—Si se trata de un trabajo, mi señora, estaré encantada de servirle con toda mi alma.

Freya sonrió.

—Debes tener cuidado con ofrecer tu alma tan abiertamente. Los dioses son seres egoístas, la tomarán de seguro y no esperes que te retribuyan igualmente tu sacrificio. Supones bien, te necesito para un trabajo.

Ámbar, algo confundida ante las palabras de la dama de oro, prefirió asentir respetuosamente.

—Dentro de unos días un joven prometedor irá a vuestro hogar, solicitará ayuda para ser transportado a Midgard.

—No nos es permitido ayudar a desertores.

Freya suspiró.

—No te estoy probando, este joven no es un desertor. Pero tampoco le ayudarás.

La joven hada se sintió confundida, lo expresaron sus ojos.

—No debo ayudarle.

—De hecho le dirás que lo harás, pero no sucederá de esa manera. Una de mis agentes visitará también tu hogar por ese tiempo. Lamento tener que darte tan poca información pero debes saber que es sobre un asunto grave que ocurre al sur de Gimle.

—¿Gimle? —exclamó la joven sin pensar; entonces, avergonzada, bajó la cabeza—. Disculpe mi indiscreción.

—Te disculpo. Debes asegurarte de que este joven acepte ayudarlas con el problema de Gimle. Pero no lo dejes saber que lo necesitas, que sea de su propia motivación asistirlas.

—¿Se ofrecerá como voluntario?

—Te puedo asegurar que así lo hará.

La dama Freya caminó hacia uno de los ventanales.

—Mi señora, ¿y qué debemos hacer una vez que nos enfrentemos al problema de Gimle? —La curiosidad por saber qué sucedía en el mundo verde superó a su propio deseo de ser prudente en presencia de la dama Freya.

—Lo dejarás actuar a su voluntad. Si él decide ayudar debes permitírselo, mas te aconsejo que no le acompañe ninguna de vosotras, tus hermanas o cualquiera otra involucrada en el asunto, porque seréis estorbos.

—¿Estorbos?

—Esto será un asunto absolutamente familiar.

Freya miraba por la ventana a un joven en el jardín. Méril se veía triste y silencioso, con el sudor bañando el rostro practicaba con el arco desde hacía horas, sin descanso. La dama cerró los ojos conmovida.

—Hermano —dijo tan suavemente que Ámbar apenas pudo escucharla—, ¿en qué estabas pensando?

A los pocos segundos Freya reaccionó recordando la existencia de Ámbar.

—Debo hacerte una última advertencia.

—Lo que usted ordene, mi señora.

—Llegado el momento, uno que tú has de conocer y te aseguro que así será, deberás huir con tus hermanas. Si os quedáis seguramente moriréis.

Ámbar palideció, no podía imaginar a qué clase de situación la dama se estaba refiriendo y temió por la seguridad de Zafiro y Prisma.

—¿Huir, dónde?

—Ya me encargo de ello.

La dama caminó de regreso al escritorio donde había una pequeña caja de madera con exquisitos adornos de oro en la que Ámbar recién había reparado. Al abrirla pudo ver sobre una suave capa de terciopelo una fina pulsera de cadena con una esmeralda en el centro.

—Ahora, mi buena niña, te daré la última orden que deberás acatar de mí y de cualquier otro dios, porque si quieres sobrevivir a lo que se avecina éste será el único camino.

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Ámbar recordaba lo vivido con la dama Freya y se quedó pensativa mirando la pulsera. Volvió la atención hacia la matriarca, que rodeada de las suyas le devolvió la mirada y asintió, como si realizara una improvisada reverencia. Entonces la joven hada supo que había llegado el momento.

En el horizonte el oscuro vacío en el centro de la improvisada noche se extendió abarcando gran parte del cielo y se llenó de las estrellas más hermosas que nunca habían visto en el firmamento divino. Podían verse las manchas coloridas de una gran nebulosa naciendo por encima de las lejanas montañas. Pero sobre la torre los estruendos de relámpagos y explosiones, junto a otros sonidos similares a rugidos de bestias divinas, pero más metálicos. y una sensación de vacío que embargaba el corazón, todo ello hacía sentir a cualquiera que estuviera allí un profundo miedo capaz de conmover a la más poderosa razón. Sin que Ámbar hiciese nada la piedra esmeralda comenzó a dar un suave resplandor.

—Zafiro, Prisma, debemos partir.

—¿Partir, dónde? —Zafiro se encontraba tan asustada como sus hermanas—. Ámbar, ¿qué está sucediendo? Ya no puedo escuchar al alma de Gimle.

—Prisma, debemos irnos.

La más joven de las hermanas no la atendía, trataba de mirar hacia el horizonte como si de alguna manera sus ojos quisieran alcanzar aquello más allá de la oscuridad. En realidad trataba de enfocar todos sus sentidos en la presencia de Méril pero mientras más se acercaba los gemidos del bosque y de los animales, además de fuerzas que le eran absolutamente desconocidas, retorcían su corazón casi al borde de la locura. Pero ella tercamente no desistía.

—¡Prisma, ya basta! —Ámbar la tomó por el brazo y la obligó bruscamente a girar cuando se percató de lo que trataba de hacer. La dulce Prisma gritó al ser desprendida tan bruscamente de su estado de concentración y al volver en sí lloró por el sólo hecho de sentir fuerzas tan espantosas. A pesar de ella se restregó con las manos el rostro y más decidida que antes la tímida y pequeña Prisma desafió a su hermana mayor.

—No puedo, tengo que encontrarlo.

—Ya es suficiente, nos vamos.

—¡No! ¡No me quiero ir, no me puedo ir!

—Se acabó, nos marchamos ahora. Zafiro, ven aquí. Prisma…

—No, por favor, te lo suplico.

Ámbar, afirmando a Prisma férreamente a pesar de que la niña forcejeaba con ella, tomó con la otra mano a Zafiro del brazo, la que estaba muy confundida. La piedra del brazalete brilló intensamente.

—Hermana, ¡hermana, déjame!

—Lo siento, aunque me odies no hay nada que tú puedas hacer permaneciendo aquí. No tiene tu voluntad dominio sobre el destino de ese muchacho.

—¡Ámbar!

Las tres fueron envueltas por una fuerte corriente de viento que luego se volvió blanco formando una esfera. La esfera se deshizo al instante y de las tres hermanas hadas ya no hubo más que un último recuerdo para las condenadas hadas de la aldea. Ante la sorpresa de las demás la matriarca observó lo sucedido con profunda satisfacción.

—Para nosotras el fin con todos sus dolores, para ellas lo nuevo. Que gocen lo que nosotras lloramos, así deberán hacer porque nos lo deben —la matriarca alzó los ojos al cielo—. Tal como previste ha sucedido, mi señor, y como has ordenado hemos cumplido. Que tus predicciones triunfen por sobre la de tus enemigos. Oh, Freyr, señor del sol, guía a los jóvenes al verdadero renacer de Vanaheim.

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Akane movió el brazo con fuerza extendiéndolo hacia adelante. Rays se preparó con una sonrisa.

—¡Explosión aurora!

Una descarga multicolor como la aurora boreal llenó el espacio entre ellos. La explosión sacudió la tierra y como una columna de humo y polvo se alzó por encima de los tejados. Akane retrocedió corriendo rápidamente, pero a la vuelta de la esquina Rays se encontraba cerrándole el paso. La joven dio un rápido salto hacia atrás deteniendo el impulso cuando la Skirr cayó con toda su fuerza sobre el suelo, partiendo el asfalto.

—¿Dónde vas, acaso te he dado permiso para marcharte?

La chica gruñó. Rápidamente cambió de dirección y echó a correr por otra calle. Pero allí también se apareció Rays como una sombra cortándole el paso. Ella movió las manos resplandecientes. Una nueva columna de humo y tierra se levantó. Luego otra, otra y una más en distintas callejuelas. Akane saltó sobre uno de los techos de las casas y en un instante sintió el aire silbar a su costado. Diestramente se arrojó sobre las tejas, rodando, cuando la espada le peinó los cabellos. Apoyando una mano se detuvo y la otra ya la tenía estirada apuntando a Rays con una mirada llena de resolución.

—¡Rayo aurora!

Esta vez el ataque fue más concentrado en la forma de una corriente rápida y certera.

—¡Escudo!

La barrera de Rays detuvo completamente la descarga siendo desviada en todas direcciones. Akane se percató por el brillo de la hoja de la Skirr que mientras luchara contra la espada sagrada de los Vanir no tendría posibilidad alguna de penetrar la defensa del demente hombre.

—Precioso, eso fue perfecto, Akane. ¿Qué sigue?

Akane lo miró con desprecio. Entonces, al encontrarse con los pies en el borde del tejado, lo volvió a mirar pero esta vez fue con una sonrisa. Se dejó caer de espaldas por el borde.

—Ah, eres persistente —Rays corrió y saltó por el borde queriendo seguirla, pero se encontró con que la joven todavía se encontraba en el suelo, acostada de espaldas sobre el césped del pequeño jardín de esa casa, con ambas manos estiradas apuntando justo por donde él había dado el salto—… muy astuta.

—¡Explosión aurora!

El cuerpo de Rays fue golpeado en el aire por la explosión multicolor y proyectado hacia el cielo, el cuerpo del einjergar sintió la brutal fuerza del poder de Akane y gritó mientras era arrastrado por la corriente mágica, pero entonces percibió cómo la chica ya preparaba un segundo hechizo y soportando el dolor giró en el aire anteponiendo la espada. El rayo de luz de Akane dio sobre la espada Skirr y se desperdigó en pequeñas estelas luminosas que se curvaron alrededor del cuerpo de Rays. Cuando el hombre cayó nuevamente sobre el tejado vio con molestia que Akane había aprovechado la oportunidad para huir.

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Méril sintió los dedos cosquillear, los movió incómodo. Abrió los ojos y todo le pareció de un brillo molesto. Cuando consiguió enfocar la vista se encontró con el cielo más negro que hubiera visto en toda su vida. Apoyó las manos con dificultad y los brazos temblaron. Se sentía muy débil.

—¡Geez! Ya era hora.

Giró la cabeza muy lentamente.

—Rashell, ¿qué sucedió?

Los cabellos rubios de Rashell reflejaban la luz viéndose casi blancos. Era extraño, a pesar del cielo negro todas las cosas se veían como si estuvieran fuertemente iluminadas, casi con brillo propio, pero a la vez era una luz pálida, fría, como de luna, que hacía todo tan irreal como un sueño. Méril se quedó en silencio al ver que su amigo no respondía pero siguió la mirada de éste y alzando un poco los ojos se encontró con Ranma delante de ellos. El joven de Nerima se encontraba parado sobre las rodillas con la espada clavada en el suelo y sosteniéndose penosamente de la empuñadura como si estuviera a punto de caer. Sus hombros se estremecieron lentamente.

—Ya es suficiente, Ranma, detente.

—¿Detenerme? —susurró como si el gran esfuerzo que realizara no le permitiera escuchar bien las palabras de su amigo.

—Estás agotando tus energías —insistió Rashell con una seriedad y autoridad que le era más propia de Touni—. Lo conseguiste, estamos a salvo. Puedes parar.

Ranma cedió, dejando que los dedos resbalaran de la espada y cayó sentado sobre las piernas con las manos sobre las rodillas. Entonces el extraño resplandor cesó casi imperceptiblemente. Méril creyó enloquecer porque el mundo de silencio que los envolvía desapareció bajo una marejada de ruidos estridentes. Rocas chocando unas contra otras, truenos y relámpagos azotando los cielos sobre sus cabezas. Cuando observó a su alrededor vio que se encontraban en una pequeña roca suspendida en el aire, donde otras más levitaban en distintas direcciones, estrellándose y destrozándose entre sí como si se encontraran a la deriva. Sobre su cabeza, lo que antes creyó era el firmamento nocturno, era en realidad un vacío eterno más profundo que el espacio, sintió que su alma gemía con sólo mirar hacia arriba y que si insistía podría desaparecer absorbido por la nada. Se arrastró hacia el borde de la roca y vio en el lejano horizonte el bosque de Gimle. Los árboles eran grises, más allá del vacío del cielo se podían ver algunas estrellas casi rozando las montañas. El lago de aguas negras y el bosque que lo rodeaba habían desaparecido. Al mover la mano suavemente sobre la textura del suelo pudo comprobar que se trataba de un fragmento de la torre de Ámbar.

—¿Qué es esto?

—Ranma nos protegió creando su propia dimensión al igual que lo hizo Loki —Rashell pronunció lentamente como si contara con todo el tiempo del universo.

Ranma parecía no escucharlo, jadeaba como si necesitara recuperar la vida, y el sudor era notorio en el rostro del joven.

—No lo entiendo, dijiste que no se podía hacer.

—¡Geez! ¿Lo dije? Creo que he dicho muchas cosas últimamente.

Méril no quiso insistir a pesar de la evidente mirada de falsedad que delataba a su amigo. Recordando entonces la situación en la que se encontraban reaccionó alterado.

—¡La torre!

—Lo siento, amigo, pero ya es historia. No sólo ella, sino todo el universo que conocemos llegará pronto a su fin. La destrucción del eje original del universo ha creado una distorsión tal en esta dimensión que se ha abierto una herida en la existencia, provocando la invasión del vacío absoluto.

—El ginnugagap.

—El abismo entre los mundos, la no existencia, la eternidad insustancial, todo eso está presente aquí y comenzará a devorar la energía espiritual del universo. No, Méril, no es algo que me sorprenda porque lo he visto antes —suspiró—. He visto cómo un mundo es consumido y regresado a la misma nada de la que nació. Es parte del ciclo.

—¡¿Cómo puedes rendirte tan fácilmente?!

—No me rindo, sólo he dicho la verdad. Loki, en su ambición de poseer el corazón de Gimle, con tal de convertirse en el nuevo señor de la creación, ha adelantado algo que tarde o temprano tenía que suceder. La vida de un universo no se diferencia de la vida de un ser cualquiera como nosotros; nace, crece, se desarrolla y muere.

—Debemos hacer algo. Aun podemos hacer algo, ¿verdad? —La decisión del chico se transformó en súplica.

Rashell tardó en responder, quizás demasiado para el golpeado ánimo del más joven de los improvisados defensores de la creación.

—En Vanaheim por ejemplo, Njörd trató por años de detener la destrucción de un universo agotado, lo único que consiguió fue ganar algo de tiempo y salvar finalmente a su gente llevándola a otro mundo. Pero ahora no estamos preparados y Loki ha cometido una verdadera estupidez. Los dioses se encuentran en este momento en los campos de Nifelheim luchando descarnadamente en contra de las fuerzas de Hel, ¡la perfecta distracción para que no se percataran de los desbalances de la energía del universo! Además, los aesirs son dioses jóvenes e inmaduros, no conocen los fundamentos de la magia tanto como los Vanir. ¡Geez! ¿Crees que conseguirían, esos cabezas de chorlito que viven para la guerra, hacer algo que nosotros no pudimos con todo nuestro saber?

Méril enderezó el cuerpo para sentarse sobre las rodillas. Estaba derrotado.

—Es mi culpa.

—No, amigo. Podría haber sucedido hace cien años o dentro de otros doscientos, eso no importa, nada hubiera detenido a la rueda del destino.

—Tiene que haber alguna manera. Una forma de salvarlos a todos.

—Asgard no tiene salvación.

—¿Y Midgard?

Rashell guardó silencio.

—¡Habla, Rashell! ¿Qué sucederá con la gente de Midgard?

—No lo sé, en realidad no lo sé. Midgard fue creado por la gente de Vanaheim cuando llegó a Asgard con la idea de formar un nuevo universo con sus propias manos. El proyecto iba bien, pero la muerte de Njörd y la ambición de Odín lo transformaron en un mundo más dependiente de Yggdrasil, carente de su propio eje para subsistir.

—¿Cuánto tiempo nos queda? —preguntó finalmente el chico. Rashell lo miró con lástima.

—¿Para Asgard? Cinco, diez, quizás cien años, todo depende del daño que se le siga haciendo a este universo; parte por parte irá cayendo al vacío y los dioses, impotentes, tratarán de luchar entre ellos por conservar para sí las pocas ruinas de este universo, lo que acelerará su declive. Y aunque uno o dos años puedan parecerte suficiente tiempo, el caos que gobernará en ellos hará de la vida en Asgard un infierno extinguiendo nuestra cultura en poco más de unas escasas semanas.

—¿Midgard?

—Un mundo separado por el tiempo y el espacio pero dependiente de la energía de Asgard. En este momento el ginnugagap absorberá toda la vida de Yggdrasil, y aunque haya sido creado como un nuevo eje de Asgard en realidad no posee fuerza por sí mismo y es dependiente de la energía de Gimle. Ahora… ahora Midgard sucumbirá antes que Asgard al ser abandonada por Yggdrasil, que guardará sus fuerzas para tratar inútilmente de sobrevivir, sin energía espiritual el mundo mortal se transformará en una roca vacía navegando por los confines del espacio. Ese será el más posible destino de todas las almas humanas.

—¡No es verdad! —Méril golpeó el suelo con todas sus fuerzas—. No es verdad, no puede ser verdad.

—Es triste, lo sé, pero no sé qué puedo hacer. Si Touni lo hubiese sabido entonces habría detenido la destrucción de Vanaheim, pero… ¡Geez!, sucedió tal cual ahora, en que la ambición de unos pocos condenaron a muchos.

—No puede ser verdad —Méril cayó sobre las manos acurrucándose en el suelo, llorando—. Todos morirán y no pudimos hacer nada —la culpa retorcía el corazón puro de Méril.

—¡A callar, par de inútiles!

—¿Ranma? —Méril levantó la cabeza.

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No podía escapar por más que lo intentara, Akane se sentía una presa de Rays, que jugaba con ella. Cada vez que conseguía ir en dirección de la casa el malévolo einjergar se anteponía y la obligaba a retroceder. Así estaban ahora, uno delante del otro en un largo callejón. La chica jadeaba notoriamente, pero él se mantenía frío con la espada Skirr descansando sobre el hombro.

—Espero que ahora estés dispuesta a rendirte. Comienzo a aburrirme de este estúpido juego. ¿Qué dices, Akane? Podrías aceptar entregarme voluntariamente a tu hija, quizás, y digo quizás, podríamos regresar a tiempo de detener a Dainn. Y quizás alguien de tu familia podría aún encontrarse con vida.

—Puedes ahorrarte tus palabras.

—Ah, qué fogosa actitud. ¿Vas a llorar?, tus lágrimas no me conmoverán.

—No voy a llorar.

—¿No? ¿Ni por tu papito muerto, o tus hermanas destrozadas, o por tus amigos matándose entre sí? ¿O por tu querido prometido que jamás volverás a ver?

—Cállate.

—Te contaré algo, Akane Tendo, algo que quizás te haga comprender un poco mejor las cosas: yo debí ser tu prometido y no esa alma falsificada a la que llamabas Ranma.

—¿Alma falsificada? —La chica fue atrapada por las palabras de Rays no pudiendo comprenderlas en absoluto. El joven, notando la renovada atención de la chica, sonrió divertido y comenzó a hablar lentamente.

—Así es. Siglos atrás comprendí que mi poder no era suficiente para conseguir mis objetivos. Por más que lo intentara, aún consiguiendo conocimientos nigrománticos que le pertenecían exclusivamente a Hel, de lograr gracias a la alquimia la inmortalidad como los hijos del cielo, descubrir la forma en que se componen las almas, todo eso, ¡todo eso!, era inútil si no poseía una fuente de poder capaz de competir con la magia de la creación. Teoría sin poder no era nada, nada en absoluto. Ideé una manera entonces, sacrifiqué mi propia vida y con el hijo de un descendiente de Freyr realicé un ritual capaz de introducir mi alma en la descendencia de ese maldito dios transgrediendo las leyes que sostienen a Yggdrasil. Mi triunfo era completo entonces, cuestión de tiempo para que renaciera como un nuevo descendiente del linaje de dioses y así poseer la fuerza que me faltaba, lo único que necesitaba para poseer la altura de un dios. ¡Y casi lo consigo! De no ser por ese perro de Freyr que se adelantó a mis planes.

Akane no quería escucharlo hablar, pero la historia de Rays comenzaba a acercarse peligrosamente a su difunto prometido y no pudo esperar más la cansina retórica de ese sujeto interrumpiéndolo bruscamente.

—¿Qué tiene que ver eso con Ranma?

Rays no se sintió afectado por el frío tono en forma de orden que utilizó la chica, mojándose los labios sintió una enorme satisfacción en hacerla esperar, hasta que se decidió a hacerlo.

—Nodoka Saotome debió tener un único hijo, y no era precisamente tu torpe prometido.

Akane comenzó a comprender hacia dónde se dirigía la historia y palideció.

—Yo debí nacer en esta época, alterando el destino debí ser el segundo hijo de Nodoka Saotome y debí poseer la sangre de Freyr, ir al Valhala y conocer todos los secretos. Entonces estarían los cuellos divinos al alcance de mi espada. ¡Pero no! ¡Maldito seas, Yngvi Freyr, señor de las trampas! Para que mi alma no existiese en este mundo ocupaste mi destinado lugar, inventó un alma quizás con qué desperdicios de espíritus, como el arte de crear a los demonios que utiliza la reina Hel, para dar forma al que llamaste tu prometido, y sellar la mía en su interior sin poder hacer más que mirar cómo ese idiota desperdiciaba todo el valioso tiempo jugando con crías en vez de preocuparse de lo verdaderamente importante. Fue un alivio que muriera ese bueno para nada, así mi alma fue libre de convertirse en un einjergar gracias a las precauciones que tomé antes de sacrificar mi vida y obtuve algo de la esencia divina de los Yngvi. ¿Lo entiendes ahora, Akane?

La chica negó con la cabeza. Rays comenzó a sacarse lentamente los lentes y ella cerró los ojos, no queriendo mirar.

—¿Lo comprendes ahora, que yo debí ser «tu Ranma Saotome»?

Al sacarse los lentes y dejarlos caer la chica no pudo evitar mirarlo. Se quedó helada ante el rostro de Rays.

—Yo debí ser Ranma Yngvi Saotome, nadie más. ¿Ahora lo ves claramente? Yo soy tu prometido, Akane. Es el destino el que nos reunió y las maquinaciones de los dioses las que una vez más quisieron separarnos.

Akane, sin decir palabra alguna, comenzó a caminar lentamente hacia Rays. El hombre vio los labios temblorosos de la chica, los ojos vidriosos y las manos caídas y supo que había ganado. Ella se detuvo delante de él y lo miró como si se encontrara en trance.

—¿Ran… ma?

—Así es, Akane —Rays clavó a la Skirr en el pavimento y extendió los brazos como invitándola hacia él—. Soy Ranma, el verdadero Ranma.

—Ranma, ¿tú?

Akane levantó la mano temblorosa acercándola al rostro del joven.

—Ranma.

Rays sonrió satisfecho.

—Akane.

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Continuará

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Nota de autor: Los vientos se arremolinan, fríos que calan los huesos de los valientes guerreros. ¿Habrá esperanza alguna? ¿O será que solo hacen más insoportable el martirio por su terquedad, queriendo dar batalla al destino? Un día menos, un día que ya no volverá a repetirse en el calendario, no por lo menos en este universo, mis estimados colegas.

Saludos a todos mis queridos lectores, muy en especial a Revontulett, Darkreyvin y Yes.

Nos vemos mañana con el siguiente eslabón de la cadena infinita en la historia del nacimiento y final de los universos.

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Noham Theonaus

Espadachín mago de Idavollr

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