Cap. 52
Simples mortales
Dos meses después…
Las voces sobre excitadas de los mortífagos llenaban aquella habitación. Las conversaciones se entrecruzaban unas con otras, cada una marcada con un tinte de interés único que no se había escuchado en un largo tiempo.
El tema principal recaía en la Orden del Fénix, la cual finalmente parecía debilitarse y flaquear hasta el punto de volverse no más que un estorbo altamente vulnerable que podía ser borrado de una vez por todas.
La pérdida de Severus había marcado visiblemente al grupo de Dumbledore, los cuales luchaban desesperadamente por conseguir la información que necesitaban de los mortífagos, poniéndolos bajo encantamientos y tratando de sonsacarles información, sin embargo, para cuando la Orden se enteraba de lo que iba a ocurrir, siempre era demasiado tarde.
Al fondo de la habitación, una puerta se abrió lenta y pesadamente, haciendo que un silencio absoluto envolviera a los presentes.
El fuego no era capaz de iluminar a las personas que entraban en aquél instante, menos aún por sus negras vestiduras, y sin embargo, la piel pálida y con la tonalidad de una calavera parecía brillar entre las tinieblas revelando una figura amorfa la cual se estaba acercando.
Los grupos se disolvieron al instante y los mortífagos se acercaron a sus respectivos sitios en la mesa, contemplando con respeto absoluto a aquél ser que parecía nacer de la propia oscuridad.
A pesar de llevar los pies descalzos, sus pasos eran completamente audibles al tocar el piso de piedra, así como lo era el ya familiar rumor del tintineo que producían los eslabones metálicos al tocarse los unos contra los otros.
En la cabecera opuesta de la mesa, los ojos metálicos de Lucius Malfoy se cerraron con fuerza deseando no observar el momento que tanto temía en cada una de las reuniones, y sin embargo, al final se obligó a contemplar la triste escena que se desarrollaba ante él.
Voldemort emergió finalmente, sus ojos rojos de pupilas rasgadas demostraban estar realmente complacido con todos sus recientes logros y la manera en que sus planes avanzaban sin que nadie pudiera detenerlos.
En su mano había una cadena, la cual se perdía en medio de las sombras debido a que el cuerpo del señor oscuro bloqueaba la luz hacia el hombre que le seguía.
El suave tintineo de las cadenas continuaba escuchándose conforme el hombre a espaldas del lord continuaba caminando, revelándose finalmente ante el resplandor del fuego que crepitaba en la chimenea.
Era la imagen entre lo cuidado y lo descuidado, pues todas las señales de tesoro y esclavo podían encontrarse en él.
Severus avanzaba lentamente tras su señor, sus pies igualmente descalzos avanzaban lentamente casi sin separarse del suelo, buscando cualquier obstáculo que pudiera procurarle un accidente, de los cuales ya le habían ocurrido demasiados.
Había cortadas y raspones en cada extensión de sus dedos, los cuales habían adoptado una tonalidad pálida la cual con el cambio del tiempo podía volverse azulada debido al frío que empezaba a acosarles.
Su cuerpo cubierto apenas por una simple túnica se estremeció de forma casi imperceptible mientras continuaba avanzando siguiendo los pasos del lord y el camino que le marcaba la cadena, la cual estaba sujeta a un grillete que aprisionaba su cuello, el cual estaba enrojecido debido al largo tiempo que llevaba sujeto a aquél lugar.
Su cabello negro caía lacio y perfectamente peinado enmarando su rostro, parecía limpio y sedoso, inclusive su cuerpo transpiraba el delicioso aroma del perfume, sin embargo, el encantamiento que podía producir aquella fragancia se rompía al observar que su portador estaba excesivamente delgado y demacrado, sus mejillas estaban hundidas en algunos sitios y amoratadas en otras, señal de los incesantes golpes que había recibido. Sus labios estaban entreabiertos jalando con un zumbido cada respiro, pálidos como los de un muerto y secos debido a la terrible sed que le consumía, de la misma manera que le consumía el hambre, inclusive el sueño, el cual se manifestaba en gruesas ojeras debajo del oscuro vendaje que mantenía ocultos sus ojos.
Las manos del profesor se mantenían atadas frente a él por una simple cuerda, lo cual era realmente vergonzoso, ya que él estaba plenamente consiente de que podía liberarse de aquél ridículo amarre sin importar lo apretado que estuviera, pero de nada le serviría si tenía la cadena en el cuello.
Voldemort tomó finalmente asiento antes de que su mascota pudiese alcanzarle, por lo que no esperó un solo segundo y le dio un brusco tirón a la cadena, provocando que Severus perdiera el precario equilibrio que poseía y cayera al suelo con un ruido sordo.
Tendido sobre el frío suelo de piedra, Snape emitió un bajo gemido de dolor, pues sus manos atadas le habían impedido completamente detener su caída. Se enderezó como pudo y se limpió con la manga los labios, los cuales se había lastimado debido al golpe.
- ¿Y bien?
Los mortífagos se observaron los unos a los otros indecisos sobre quien debería de empezar a hablar con el señor oscuro sobre los logros que habían realizado según sus órdenes.
- ¿Malfoy?
El aludido no contestó al llamado, provocando que todos le observaran realmente sorprendidos y algunos otros asustados, ya que aquello era una falta de respeto para el señor oscuro.
Lucius sin embargo no se daba cuenta del peligro al cual se había expuesto, pues toda su atención estaba en la figura postrada en el suelo.
Severus se encontraba sentado sobre sus talones con la cabeza gacha, por lo que sus cabellos negros, ligeramente mas largos que cuando enseñaba en Hogwarts, cubrían su rostro.
Una de las manos del rubio se encontraba sobre su regazo, y sus dedos se movieron lentamente preguntándose si podría tener alguna oportunidad de acercarse a su compañero sin que el lord se diese cuenta.
Aquellos dos meses habían sido un infierno para él. No podía comparar su propia pena con la de Severus, ya que era estúpido tratar de descubrir quien estaba sufriendo mas, sin embargo, el hombre de rubios cabellos no podía comprender la traición del que fuera su mejor amigo durante la mayor parte de su vida.
Snape debió sentir la mirada de su compañero pues levantó lentamente el rostro en su dirección, adivinando con precisión lo que le ocurría a Lucius y las razones por las que lo observaba con tanta insistencia.
Un sonido de dolor emergió de la garganta de Severus cuando la cadena fue jalada sorpresivamente forzándolo a ponerse de pié, y un segundo tirón lo hizo caer de espaldas sobre el regazo del lord, el cual lo recibió acunándole entre sus brazos.
- ¿Así está mejor, Lucius?
El mago parpadeó confundido y sacudió la cabeza para sacarse a si mismo de sus pensamientos, siendo consiente finalmente de lo que había acontecido a su alrededor durante su ausencia mental.
- Le ruego me disculpe, mi lord…
- No hay problema. Puedes observar a mi mascota como si fueras un idiota durante el día entero. No tengo nada en contra.
- Por favor mi lord, no fue mi intención molestarle.
- ¿Y quién está molesto?
Lucius tembló sin poder evitarlo, ya que era evidente lo furioso que el lord se encontraba al haber sido ignorado.
- Y ahora, si puedes concentrarte en los asuntos que realmente importan, me gustaría continuar con esta reunión.
Dicho aquello, el lord tumbó de su regazo a Severus enviándolo nuevamente al suelo, sin embargo, aquella sorpresiva acción acarreó una mas, ya que Lucius se impulsó en su asiento con la intención de ponerse de pié, deteniéndose casi inmediatamente, sin embargo, su acción no pasó desapercibida para los demás presentes.
Voldemort se inclinó sobre sus codos y contempló a Lucius.
- ¿Tanto te interesa mi mascota?
- N-No mi lord…
Una sonrisa llena de maldad abordó los labios del señor oscuro. Lucius le estaba mintiendo.
- Entonces demuéstramelo para que puedas concentrarte de una buena vez.
- ¿Qué es lo que desea el lord que haga?
- Envíale un cruciatus a mi muy amado Gildor. ¿Qué te parece?
El rubio observó a su compañero en el suelo y sacó lentamente su varita, la cual temblaba entre sus dedos.
Algo dentro de él se removía desagradablemente, y a punto estuvo de negarse a torturar a alguien tan querido y que ya había sufrido demasiado, sin embargo, un movimiento débil llamó su atención.
Era Severus… estaba aceptando con su cabeza, le estaba pidiendo que lo hiciera.
Lucius se mantuvo en silencio observando a su compañero el cual se estremecía en el suelo debido al dolor que le agobiaba, a la sed que lo martirizaba y al hambre que lo consumía hasta el punto del delirio.
El sabía lo que ocurriría si Lucius no aceptaba la orden, y a pesar de su situación…
- ¡Crucio!!
El cuerpo del espía se tensó en el suelo, sus puños se apretaron con fuerza y la sangre brotó de sus palmas cuando sus uñas penetraron en la carne, y sin embargo, no gritó.
Todos observaban en silencio lo que ocurría entre ambos hombres y un breve susurro se extendió entre los presentes al ver la manera en que el prisionero soportaba la terrible tortura.
Lucius bajó su varita y suspiró mientras cerraba sus ojos.
- Otra vez.
Los ojos metálicos de Malfoy se abrieron temblando totalmente incrédulos ante las palabras que había escuchado. Se giró para observar al lord oscuro y este sonrió.
- Otra vez.
Repitió sin una nota de emoción en su voz, la varita de Lucius se alzó nuevamente.
- ¡Crucio!!!!
Severus se arqueó nuevamente y apenas un gemido brotó de sus labios.
- Otra vez.
- ¡Crucio!
- Otra vez.
- ¡Crucio!!
- Otra vez.
- ¡Crucio!!!
Cuando hubo finalizado el hechizo, Lucius respiraba agitadamente incapaz de continuar con aquella tortura hacia su mejor amigo. La orden de repetir el ataque no llegó esta vez, por lo que se permitió desviar la mirada.
- ¿Colagusano?
Un chillido de miedo brotó desde el fondo de la habitación y el hombre se acercó torpemente hasta su amo, el cual se giró a mirarle, estremeciéndolo de terror con aquella simple acción.
- Necesito escribir algo.
Nadie dijo una sola palabra mientras el sirviente se ausentaba un momento y regresaba cerca de un minuto después, dejando frente a su amo un pergamino, tintero y una hermosa pluma de águila.
Voldemort tomó la pluma entre sus dedos y la mojó apenas, escribiendo unas pocas palabras en el pergamino, el cual le tendió silenciosamente a Lucius.
El rubio contuvo su respiración un instante y alargó su mano para tomar lo que le ofrecía su amo. Su alma pensaba horriblemente de solo pensar que en aquél pergamino estuviese dictada la sentencia de muerte de Severus.
Sigue haciéndolo hasta que lo hagas gritar.
Los dedos de Lucius temblaron sobre el papel amarillento y observó a Voldemort, llevándose una mano al pecho y haciendo una ligera reverencia como símbolo de haber entendido la orden.
El hombre de orbes metálicas sintió que la sangre en sus venas hervía debido al odio.
El señor oscuro había sido muy listo, pues aún habiéndole llamado y susurrado en su oído aquella orden, los sentidos excesivamente sensibles de Severus habrían captado el mensaje y podrían haber terminado de una buena vez con todo aquello.
Lucius levantó su varita lentamente en dirección a su compañero, el cual había logrado incorporarse y nuevamente estaba sentado sobre sus talones, totalmente ajeno a lo que estaba por ocurrirle.
- Oye Lucius.
- ¿Si?
- Narcisa se anda paseando por la mansión… sin pantaletas.
- Quien lo diría.
Los dedos del hombre se cerraron sobre la varita y sus ojos se cerraron lentamente.
- ¿Sev?
- ¿Si?
- ¡CORRE!!
- ¡VENGAN ACÁ PAR DE CRETINOS!!!
Sus labios se abrieron incapaces de pronunciar el hechizo.
- ¿Lucy? ¿Cómo te encuentras?
- Podría estar mal, si ustedes no estuvieran aquí.
- Cursi.
- Marica.
Severus ladeó el rostro obviamente extrañado ante la situación, deduciendo lo que estaba pasando y lo que iba a ocurrir.
- Severus te lo suplico… mi esposa… mi Narcisa… ¡No puedes abandonarnos!!
- Lucius, no puedes esperar…
- ¡Te lo suplico!!! ¡Por tu madre Severus! ¡Te lo pido! ¡Mírame, estoy de rodillas!
- ¿Cómo puedes mencionar a mi madre???
Los ojos de Lucius se abrieron y la punta de la varita brilló con una tonalidad rubí la cual hizo que los presentes se cubrieran el rostro.
- ¡CRUCIO!!!
La potente descarga carmesí golpeó con semejante fuerza el pecho de Severus que lo lanzó de espaldas un par de metros, arrancando inclusive la cadena de entre los dedos del Lord, el cual no pudo menos que regocijarse ante el grito desgarrador de su pareja, quien se retorcía presa del horrible dolor del cual era víctima.
Sus ojos se desviaron hacia la chimenea, donde las llamas se sacudieron con fuerza, provocando que la habitación se cubriera de tinieblas algunos segundos, hasta que finalmente, todo regresó a la normalidad, dejando en el ambiente nada mas que la respiración agitada de Lucius.
- No Ron, por tercera vez, el nombre de Inferi, no hace alusión a que sean "inferiores".
- ¡Pero son gente muerta! Marionetas, eso los hace inferiores.
- Si Ron, pero por mas que sean marionetas, no son inferiores en lo mas mínimo, créeme.
El pelirrojo torció los labios y volvió a observar el trabajo a medio terminar que debía entregarle al profesor de DCAO.
Harry no prestaba atención a sus amigos, pues estaba demasiado metido en su propio ensayo, lo cual era realmente sorprendente, ya que el moreno solía ser un alumno de mediano rendimiento, excepto cuando se trataba de su materia favorita, y más aún, si la impartía un maestro competente.
Sin embargo, aquél pensamiento sobre lo increíbles que eran las clases del profesor Grayson, no era compartido por Hermione, la cual torció el gesto mientras leía un libro sobre las criaturas oscuras.
- Me gustaría hablar con usted, señorita Granger.
- ¿Si profesor Grayson?
- He estado revisando su expediente, y… ciertamente, sus calificaciones son muy interesantes.
- Gracias profesor.
- Por lo que no me explico, como puede tener un rendimiento tan deficiente en mi clase.
Los ojos de Hermione se abrieron con sorpresa mientras el profesor la observaba con el rostro apoyado en sus manos entrelazadas.
Los ojos marrones del hombre se cerraron un momento y su cabello castaño cayó sobre su rostro cubriéndole durante un instante.
Finalmente sus piró y se lo echó hacia atrás, de manera que fluyera sobre su espalda.
- Es usted brillante en cuanto a teorías, Granger, pero en hechizos defensivos, estrategia, o reaccionar correctamente ante situaciones de peligro, siento decirle que tiene un rendimiento verdaderamente patético.
- Profesor, yo creo que…
- La única materia donde parece haber tenido problemas fue en pociones al inicio del año pasado, pero luego mejoró magníficamente.
- Si bueno… las pociones aumentan su complejidad conforme…
- Supongo que acostarse con el maestro que impartía la materia le ayudó mucho.
Ambos se quedaron en silencio, y una sonrisa bastante desagradable se instaló en los labios del hombre de ojos melados.
- Le recomiendo que mejore en mi materia… no le vaya a dar por… usar otros métodos.
Los pocos pasos que los separaban desaparecieron en cuestión de segundos y Hermione alzó su mano para abofetearle, sin embargo, el profesor le detuvo con bastante facilidad, haciéndola retroceder luego un par de pasos.
- Desde ahorita le advierto, que a mi no me gustan esos jueguitos.
Los labios de Hermione se torcieron en una mueca de intensa furia, y dando media vuelta, salió del despacho del profesor.
La joven emitió un suspiro que contenía todo su enfado hacia ese hombre. No había vuelto a hablar con él, ni él le había dicho ninguna otra estupidez, pero con esa había sido mas que suficiente como para desear otra mas.
No le había comentado a nadie sobre aquella reunión, ni siquiera a Harry o a Ginny, y la única que tenía una idea sobre su aberración hacia el maestro era Luna, pues no dejaba de notar la mueca de su amiga cada vez que mencionaban al profesor.
- Ahora regreso, voy a buscar un libro.
Ron agitó su mano en el aire como respuesta mientras Harry continuaba con su redacción, dejando que la joven se alejara entre los altos pasillos llenos de libros.
Un suspiro brotó de sus labios y ella no hizo nada por contenerlo mientras sus ojos se paseaban buscando el título del libro que necesitaba.
Había vuelto a utilizar la biblioteca desde hacía un par de meses, pues se negaba rotundamente a utilizar la caja negra de Gringotts.
Era demasiado doloroso.
Aún la usaba de vez en cuando, en la soledad de su cama rodeada de dosel, encontrando los tesoros que aquella cámara bajo tierra guardaba, y no podía evitar que las lágrimas brotasen de sus ojos.
Tomó uno de los libros del estante ante ella y comenzó a revisarlo, sin embargo, tras algunos minutos de haberse perdido en su lectura, pudo sentir unos ojos sobre ella, alguien que la observaba con mucha insistencia.
Levantó el rostro y buscó a la persona que debía estar mirándola, pero no encontró a nadie sospechoso, por lo que regresó su atención al libro.
La gente aún hablaba a sus espaldas sobre su relación con Snape, se reían, la insultaban de una y mil maneras. Algunas veces de la forma más descarada, otras con ataques ciertamente repugnantes, y sin embargo, todo podría ser peor si no fuera por sus amigos… y por Draco.
Una sonrisa tocó sus labios al pensar en el joven de cabello platinado. El muchacho había sufrido mucho, no importaba lo mucho que quisiera ocultarlo, ella podía darse cuenta.
Crabbe y Goyle lo habían dejado tiempo atrás, obviamente hartos de cuidar de una sangre sucia como ella. Igual lo había abandonado su novia Pansy Parkinson, loca de celos y de furia al ser el blanco de las burlas sobre como su novio defendía a la amante de Snape.
Aquello la tenía sorprendida, pues nunca había creído que Draco fuese capaz de perderlo todo por defender a la mujer de la cual se padrino estaba enamorado. Muy lentamente, pero comenzaba a apreciarlo.
De nuevo, la insistente mirada recayó sobre Hermione, la cual levantó rápidamente el rostro buscando a quien la observaba, y esta vez, se encontró con unos ojos verdes los cuales reflejaron una intensa sorpresa, desviándose luego a un libro sobre hierbas curativas.
La chica parpadeó un par de veces y retomó su lectura, sin embargo, un breve sonrojo abarcaba sus mejillas.
Lentamente giró su mirada buscando al dueño de los ojos verdes, al cual descubrió nuevamente mirándole.
Esta vez, él no desvió su mirada, y sus labios se curvearon en una tímida sonrisa.
No recordaba su nombre, pero pertenecía al sexto año en la casa de Ravenclaw.
Sus ojos melados buscaron a un lado y a otro preguntándose si él estaría mirando a alguien mas, pero descubrió que ahí no se encontraba nadie mas que ella, por lo que sus labios se curvearon en una sonrisa avergonzada.
Aquella inesperada respuesta acentuó el gesto de felicidad del joven, el cual levantó una mano en señal de saludo, el cual fue, tras algunos segundos, contestado por Hermione.
Sin embargo, la luz colándose por el enorme ventanal le arrancó un destello al anillo en el dedo de la joven, desviando la atención de esta hacia la joya.
- ¿Te casarías conmigo?
El dulce carmín que había teñido las mejillas de la joven desapareció súbitamente y una palidez se extendió por todo su rostro, provocando que Hermione se girase bruscamente de regreso a su libro.
Era como si una mano le estrujase el corazón con saña recordándole que ya se había prometido a alguien, a alguien que en aquél instante estaba sufriendo mientras ella coqueteaba descaradamente con otra persona.
Cuando levantó el rostro y volvió a buscarle, el chico se había ido.
La joven sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y tiró del anillo, comprobando que este continuase en su dedo, para luego abrazar el libro contra su pecho, mil y un pensamientos desfilando por su mente sin control.
Y en aquél instante ocurrió.
El grito femenino de histérica agonía retumbó en las altas paredes de la biblioteca sorprendiendo a todos los ahí presentes, aún a la propia persona la cual lo había proferido.
A un par de pasillos de distancia, Harry y Ron abandonaron sus actividades y corrieron totalmente poseídos por la preocupación hasta su compañera, a la cual encontraron convulsionándose agónicamente sobre el piso víctima de las miradas curiosas de los alumnos que habían acudido a ver lo que pasaba.
Las manos del pelirrojo se cerraron sobre el anillo de la joven tratando de arrancarlo con todas sus fuerzas, sin embargo, era completamente imposible, y la manera en que ella se sacudía era tan violenta que le habría podido terminar rompiendo un dedo si no hubiera desistido.
Los gritos cesaron repentinamente y la joven terminó totalmente inerte en el suelo, su respiración era agitada y su cuerpo se sacudía con intermitentes temblores mientras sus ojos permanecían abiertos observando a un punto fijo.
- ¡A un lado, vamos, a un lado!
Los gritos de la Señora Prince eran audibles una vez que Hermione cesó con los propios, acercándose conforme la mujer se abría paso dirigiéndose al centro de aquél corro de estudiantes curiosos que se habían formado en torno a la persona que había gritado tan espantosamente.
- ¡Oh por Merlín!!
Gritó la bibliotecaria observando a la Gryffindor tumbada en el suelo con sus amigos a los lados, para luego arrodillarse y tratar de comprobar si se encontraba bien.
- ¿Pero qué es lo que ha ocurrido aquí??
- Ella estaba bien señora Prince, solo… solo gritó de repente.
La mujer les observó de una manera que daba a entender que no les creía nada, sin embargo, su mirada buscó la única fuente de desgracia que podría haberle causado eso a la alumna.
El anillo.
Minerva le había contado todo, al igual que se lo habían contado a los demás profesores por si aquél incidente de hacía un par de meses volvía a ocurrir.
Cerró sus ojos con fuerza apenada por la muchacha y luego se giró hacia los muchachos que se apiñaban a su alrededor.
- No hay nada que ver aquí, todos regresen a sus actividades. Potter, ayúdeme a llevar a la señorita Granger a la enfermería.
- Si señora.
- ¿Puedo ir yo también?
La bibliotecaria observó al muchacho pelirrojo el cual le ganaba considerablemente en altura, y sus ojos se entrecerraron.
- Lo siento Weasley, pero después de lo que me han contado sobre el comportamiento barbárico que tuvo la última vez que estuvo con la señorita Granger en la enfermería, creo que no sería lo más adecuado.
Ron gruñó mientras apretaba los puños, observando con gran impotencia como se llevaban a su adorada Hermione lejos de él.
La noche había caído llenando de sombras la enorme y vieja mansión, invadiendo con sus tinieblas cada rincón no solo del lugar, sino también de los corazones de los pocos habitantes que esta poseía.
El silencio que reinaba en aquella fortaleza era interrumpido solo en un de las habitaciones, en la cual, el cuerpo níveo del lord oscuro se movía con brutalidad sobre el de su víctima, quien no podía hacer otra cosa que gemir con dolor ante cada arremetida.
Sus heridas, cada una más reciente que la anterior, se habían abierto de nuevo debido al sádico comportamiento de su acompañante, el cual obtenía su máximo deleite al torturarle sin piedad.
Al principio se había defendido, había luchado por detener aquellas continuas violaciones, inclusive había logrado asestarle un buen puñetazo al lord oscuro, sin embargo, con aquello no había ganado mas que aumentar sus castigos.
Hoy no podía negarse ya siquiera, pues la falta de alimentos lo tenía demasiado débil, y el solo hecho de detenerse sobre sus piernas era un suplicio, lo que convertía en una mera fantasía la idea de defenderse.
Severus gruñó tratando de llevar su mente a cualquier otro lugar que no fuese aquella prisión a la cual estaba confinado, tratando de ignorar el dolor que estaba sufriendo, o la sensación de sus huesos a punto de romperse debido a la presión a la que eran sometidos.
No sería la primera vez que uno de sus huesos se rompía por culpa de los maltratos del lord, y por ello sabía que una insignificancia como esa no le detendría en lo más mínimo, pues lo solucionaría llamando al día siguiente a su sanadora, dejando a su sirviente con aquél horrible dolor, el cual no le exentaba de tener que acompañarlo a donde fuese.
Un sonido de dolor escapó de sus labios cuando los dedos del lord se cerraron sobre su piel con fuerza, mientras el poderoso mago temblaba violentamente recargado en su espalda, dejando caer su peso entero sobre él un momento después.
Severus se revolvió obviamente incómodo ante el pero que le aplastaba impidiéndole respirar, pero Voldemort no se movió, demasiado cómodo como para satisfacer la inútil demanda.
- ¿Qué ocurre Gildor? ¿No te gusta?
- No.
Gruñó la voz debajo de él, y Voldemort no pudo menos que sonreír realmente extasiado ante la capacidad de su pareja.
Su cuerpo había mermado hasta convertirse en nada mas que un espectro del ser imponente que había sido meses atrás, su voz era no mas que un esforzado susurro silbante debido a lo lastimada que tenía la garganta por las continuas estrangulaciones, pero su orgullo… su maldito orgullo continuaba en pié.
No era tan fuerte como la primera vez, no… Severus había perdido mucho en aquél tiempo, pero continuaba siendo fuerte, quebrándose un poco mas día con día.
Voldemort sonrió mientras deslizaba sus dedos sobre el rostro de su víctima, quien ladeó el rostro tratando de evitar el toque, lo cual no provocó más que el deleite del lord.
Le gustaba tener tantos problemas para romperlo, adoraba tener en su poder a alguien tan fuerte, por que cuando lograse convertirlo en polvo, se convertiría en el ganador de aquél absurdo juego de poder.
Saber que él había roto al orgulloso Severus Snape sería un verdadero deleite, además, logrando aquella hazaña, cualquier otra víctima sería cosa fácil.
Sus ojos chispearon ante aquél pensamiento mientras comenzaba a besar los hombros desnudos de su pareja.
Le había tomado el gusto a esto… romper el orgullo de alguien hasta que no quedara mas que polvo, no enviarle a un calabozo, ni permitir que alguien mas tuviese la diversión, no… él rompería a los mas fuertes partícula por partícula… con la ayuda de Severus, quien sería la muestra viviente de lo que les esperaba.
Se puso de pié lentamente abandonando el cuerpo de su amado en la cama, para luego observar a través de la ventana, sumido en el glorioso pensamiento de su siguiente víctima…
Un siseo a sus pies lo hizo sonreír, pues su querida Nagini deseaba participar en los pensamientos de su amo, Voldemort giró sus ojos rojos hacia su mascota.
- Dime querida… ¿No es la muerte un regalo que no todos merecen?
La serpiente siseó en respuesta.
Los pies descalzos del lord le llevaron de regreso a la cama, provocando un suspiro lleno de resignación de parte de Severus cuando este le sintió subir nuevamente en la cama.
El señor oscuro apartó algunos de los largos cabellos de su pareja y acarició su oído con su aliento helado.
- Dime Gildor… ¿Qué pensarías si te digo… que el siguiente que va a sufrir lo que sufre tu… va a ser Harry Potter?
Los ojos de Hermione se abrieron lentamente en medio de la oscuridad. La joven se levantó lentamente mientras se sujetaba la cabeza tratando de descubrir que era lo que había ocurrido, de forma que poco a poco, los recuerdos de la biblioteca acudieron a su mente, poniéndole su actual situación en claro.
La luz de la luna colándose por el ventanal le permitió ajustarse lentamente a su entorno hasta conseguir una aceptable claridad.
Se encontraba en la enfermería, en la misma cama del fondo que había ocupado la vez pasada, la misma donde…
Ladeó el rostro y cerró sus ojos un instante.
Había sido después del baile de Navidad, en esa misma cama, ellos… ellos habían tenido su primer encuentro erótico ahí.
¿O había sido el segundo?
Hermione se llevó una mano al cabello mientras trataba de forzar a su mente a que recordara todos los detalles posibles de aquella noche, sin embargo, no podía encontrar otra cosa que espacios en blanco y posibles frases que se habían dicho aquella noche.
Harta de no encontrar lo que buscaba en sus recuerdos, se dedicó a contemplar su anillo.
Severus se lo había dado… él le había pedido matrimonio… y luego habían echo el amor.
Sus ojos melados se desviaron hacia su vientre, el cual acarició lentamente, su mente divagando en mil y un pensamientos.
Si hubiera quedado embarazada, ahora tendría dos meses de gestación. Su vientre seguiría siendo tan plano como lo era justo ahora, pero tendría náuseas, cambio de humor, se sentiría enferma y cansada.
Tan solo de pensar en todo lo que estaría ocurriéndole en aquellos momentos, la joven agradeció mentalmente no encontrarse embarazada, después de todo, tenía demasiados trabajos, deberes, reportes y obligaciones como delegada como para preocuparse por un embarazo.
Es mas, ¡La habrían expulsado! Y dudaba realmente que cualquiera de sus acciones pasadas le hubiera ayudado para continuar en la escuela.
Ella no habría sido ni la primera ni la última estudiante que resultara embarazada, y todas habían sido expulsadas sin remedio.
Aquello habría truncado sus estudios durante meses, es decir que tendría que haberse marchado a Grimmauld Place, tal vez conseguir un tutor particular, o esperar a que su bebé naciera y que sus padres le ayudaran para poder ella continuar con sus estudios.
Pero… ¿Cómo rayos iba a continuarlos teniendo a un bebé a su cargo? Conocía a su madre y ella le había dicho muchas veces que si tenía la madurez para acostarse con alguien, debía tener la madurez para atenerse a las consecuencias, entre ellas la probabilidad de que quedase embarazada.
Eso descartaba a sus padres, ellos le ayudarían, pero bajo ninguna manera cuidarían de su nieto las veinticuatro horas para que su hija hiciera su vida cómodamente.
¿Cómo podía haber estado ilusionada con la idea de estar embarazada cuando no habría sido más que un problema? Madame Pomfrey había tenido la razón, y afortunadamente no estaba embarazada.
Pasaron algunos segundos, y de repente, fue como si un balde de agua helada cayera sobre la joven, la cual se sintió paralizada.
¿Realmente ella había pensado todo eso? Se cubrió la boca tratando de contener un sonido de sorpresa.
¡Ella había pensado en todo eso!
No, no… no era posible… ella hubiera preferido quedar embarazada, hubiera preferido tener un poco de Severus a su lado, para que cuando él volviera, si es que volvía, pudieran convertirse en una familia y…
¿Si es que volvía?
Hermione se cubrió el rostro horrorizada de sus propios pensamientos. Sentía que estaba traicionando al hombre al que amaba, se sentía desecha. El joven de la biblioteca regresó a sus pensamientos, y se sintió infiel.
¿Qué diría Severus de ella cuando volviera? ¿Y si nunca volvía? La Gryffindor tiró del anillo en su dedo, y este continuó en su sitio. El seguía vivo…
La joven de cabellos castaños se frotó los brazos tratando de disipar el frío que empezaba a sentir, hundiéndose en sus pensamientos tratando de descubrir si el hecho de que Severus continuase con vida, era realmente bueno, o malo…
El frío crecía conforme avanzaba la noche, y en la mansión del lord parecía multiplicarse.
Severus despertó de su ligero sueño al sentir como el frío traspasaba su piel sin piedad alguna.
Voldemort dormía a su lado, ajeno a cualquier inconveniencia del clima, y Snape no pudo menos que envidiarle, ya que había visto a aquél cerdo desgraciado pasearse entre sus mortífagos vestido con nada mas que sus habituales túnicas, a pesar de que la temperatura estuviera bajo cero, y nunca demostrar frío alguno.
Solo podía suponer que era parte de las artes oscuras que había aprendido en su juventud, no podía saberlo.
Frotó sus brazos tratando de entrar un poco en calor, pero sus manos estaban igualmente heladas, y dudaba mucho que pudieran ayudarle en algo.
Sus oídos captaron en aquél momento un ruido que nunca antes había escuchado.
Su rostro se giró hacia el lugar de donde dicho ruido provenía, y lo que descubrió lo dejó paralizado.
Tuvo que guiarse por sus manos a falta de sus ojos, tocando al hombre que dormía a su lado.
Si, un hombre… un simple mortal débil como cualquier otro el cual temblaba de frío de la misma manera en que lo hacía él, profiriendo suaves sonidos que evidenciaban su estado actual.
Voldemort estaba temblando, sujeto a si mismo en busca de calor de la misma manera en que Severus lo había echo segundos atrás.
El espía no podía creerlo, era completamente imposible.
¿Cuánto tiempo llevaba así? ¿Por qué?? ¿Qué estaba ocurriendo?
Y en aquél instante, todo terminó, el movimiento en la cama le permitió saber que Voldemort se había estirado cuan largo era, y ahora dormía apaciblemente, como siempre lo había echo.
Severus se mantuvo en silencio tratando de conectar sus ideas, y cuando finalmente formuló una hipótesis, sintió que desfallecería ante semejante descubrimiento.
Voldemort, el más poderoso mago oscuro de todos los tiempos, poseía un instante, un corto momento en el día, cuando no era más que un simple, y sencillo mortal sin ninguna habilidad especial. Ese era el precio de su inmenso poder… un instante de vulnerabilidad absoluta.
Tenia que comunicarse con la orden.
TBC…
Hola!!
Espero que les gustara como quedó este capi. Lo hice con poca inspiración, así que espero que no fuera un verdadero desastre.
Gracias por la felicitación por el aniversario de ECHYLDa Balck y Quindi, muchísimas gracias muchachas!!! Las quiero mucho!
Respuestas a los reviews pasados en mi profile. Sorry pero no pude contestar los nuevos por falta de tiempo. Ahí se ven!!
Lady Grayson
