Epílogo
La celebración de alargó durante una semana. Espectáculos, bailes, música, vino, comida … No faltó nada. Kaileena estrenó un vestido nuevo cada día, todos hechos por los mejores sastres del Reino. Malik y Farah ya habían dejado atrás aquel pequeño malentendido y Arsalan, como siempre, iba seduciendo mujeres por la fiesta.
El último día de la celebración, mientras Farah alimentaba al pequeño Darab, Malik le pidió a Kaileena que bailase con él. Todos los hombres de la Corte querían bailar con ella, aunque sólo fuera un segundo. Cyrus charlaba mientras tanto con el Anciano, su leal y sabio mentor, eso sí, sin quitarle la vista de encima a su esposa.
La fiesta ha sido todo un éxito. – Le decía el Anciano.
Malik lo ha organizado todo. Le encantan estas cosas.
Lo sé. – Dijo el Anciano entre risas. – Kaileena parece estar disfrutando.
Sí, parece muy feliz. – Cyrus estaba maravillado observándola. – Es perfecta …
Te tiene bien hechizado, ¿eh?
¿Cómo resistirme a esos encantos?
Es una mujer muy atractiva, ciertamente. – Dijo el Anciano. – Posee la belleza digna de la Diosa que fue.
Pero no es sólo eso … - Respondió Cyrus. – Es su carácter, su inteligencia … Ese modo de ver las cosas, la fuerza y decisión que posee …
Ha cambiado mucho, ¿no?
Ha dejado atrás su anterior vida, el mundo de las Arenas del Tiempo. Ahora es feliz con nosotros. Pero sigue siendo una luchadora. Es lo que me gusta de ella.
Sí, seguro que será una gran Consejera.
Más de uno tendrá que callarse cuando demuestre su valía. – Y en tono preocupado, añadió. – Sólo espero estar a la altura del regalo que me ha concedido con su elección de quedarse a mi lado.
Lo estarás, Cyrus. Eres el hombre al que ama. Con eso ya es feliz. Seguro que os aguarda una vida llena de placeres.
Ya …
¿Cuál es el problema? Estáis enamorados, os habéis casado, vais a iniciar una vida juntos. ¿Qué ocurre?
Quiero formar una familia con ella … - Confesó él, decaído.
Oh … Ya veo … - El Anciano sabía a qué se refería Cyrus con aquello. – Bueno, no debes pensar que las cosas saldrán mal. Intentadlo y que los Dioses decidan.
¿Creéis que tengo posibilidades?
La herida era grave, eso no te lo voy a negar. Pero te has recuperado relativamente rápido. Tenéis todo el tiempo del mundo para intentarlo. Tarde o temprano el milagro sucederá.
¿En serio?
Si quieres un hijo, tendrás que intentarlo. Aunque te de miedo descubrir qué pasará, si no lo intentas, jamás podrás saberlo. ¿Y si los Dioses os son favorables y concebís un hijo antes de que cambiemos de estación? – Y riendo, añadió. – Además, el intento siempre tiene su recompensa, ¿no?
Sí … - Cyrus se rió. – En fin, sólo espero que si lo conseguimos, sepamos criar a un bebé.
Siempre tendréis alguien que os ayude. Estoy seguro de que Farah le enseñará a Kaileena todo lo que deba saber. Son muy amigas.
Tiene gracia, cuando se encontraron por primera vez, eran enemigas. – Recordó Cyrus. – Su primera conversación fue un enfrentamiento … Kaileena atacó a Farah, a pesar de estar en pésimas condiciones.
Y ahora son inseparables.
Cosas del destino …
Entonces, Malik regresó con Kaileena, ambos riendo. Al parecer, el baile había sido agotador para ambos. Ella venía cogida de su brazo, tratando de no tropezar.
Aquí tienes a tu esposa. – Le dijo al tiempo que Kaileena se separaba de él y abrazaba a Cyrus. – De una sola pieza, tal y como prometí.
¿De una sola pieza? ¡Viene agotada! – Bromeó Cyrus, viendo a Kaileena recuperando el aliento. - ¿Qué voy a hacer yo esta noche si se queda dormida antes de tiempo?
Bueno, esta noche os convendría descansar. – Les dijo él.
¿Por qué? – Le preguntó Kaileena.
Mañana os espera un largo viaje hasta el Palacio de Salomón, aposentos Reales, debidamente preparados para una pareja recién casada … – Anunció Malik, sonriendo.
¡¿Qué?- Exclamó Cyrus.
¡Sorpresa!
¡¿Nos has organizado una luna de miel? – Cyrus estaba sorprendido.
Os dije que os tenía preparada una sorpresa.
Malik, ya nos has organizado la boda. – Le dijo Kaileena. – No tenías que molestarte tanto …
No es ninguna molestia. – Aseguró él. – Aquí vamos a estar liados con cambios y reestructuraciones. Es mejor que os retiréis a un lugar lejos de aquí para que tengáis intimidad para hacer vuestras cosillas …
Oh, qué detalle … - Dijo Cyrus, abrazando a Kaileena. – Mandarnos a un Palacio que está perdido en el desierto para que podamos yacer el uno con el otro sin que nadie nos moleste …
Vamos, Malik, diles la verdad. – Farah se unió a la conversación con el pequeño Darab en brazos. – Diles que los estás echando para no tener que escucharles por las noches.
¡Oh! ¿Te molestamos? – Bromeó Cyrus. - ¿No te dejamos dormir?
Venga ya, ¿vais a rechazar mi regalo?
Aprovechad ahora que la chispa está al rojo vivo … – Dijo Farah, mirando de reojo a Malik. - … que luego, uno de los dos pierde completamente el interés y la cama pasa de ser una fuente de pasión a ser un lugar frívolo y triste.
Uy sí … - Malik se colocó detrás de Farah y la abrazó, hablando con sarcasmo. – Tú anoche estabas más triste …
Calla … - Bromeó ella. – En serio, aprovechad. Allí estaréis a solas.
Los únicos que podrían molestaros serían los sirvientes.
Pero está muy lejos … - Protestó Cyrus.
¿Tanto se tarda en llegar? – Preguntó Kaileena, que desconocía el lugar al que iban.
Dos días. Tendríamos que pasar una noche en el desierto, por lo menos.
Iríais escoltados, por supuesto. – Aclaró Malik.
¿Cuál es el problema? – Kaileena se mostró entusiasmada. – ¡Vayamos!
Bueno … - Dándole un beso en la mejilla, Cyrus añadió. – Si a ti te gusta, iremos.
Entonces mañana os quiero ver en las puertas de Palacio tras la salida del Sol.
Allí estaremos.
El resto del día, la pareja prefirió retirarse a sus aposentos. Ya habían hecho acto de presencia, así que tras despedirse de sus conocidos, regresaron a su nidito de amor para seguir consumando su matrimonio.
A la mañana siguiente, los sirvientes comenzaron a llevar las cosas a un carruaje que llevaría a Cyrus y Kaileena hasta el Palacio de Salomón. Mientras, ellos se despedían de Malik, Farah y los demás.
Disfrutad de vuestra luna de miel. – Farah abrazó a su buena amiga, deseándole lo mejor. – Y tened cuidado por el camino.
Tranquilos, estaremos unos días y después regresaremos. – Dijo Cyrus.
Quedaos allí hasta que os hartéis. – Insistió Malik. – Vosotros no tengáis prisa por volver.
Si quieres nos quedamos a vivir allí … - Murmuró Kaileena.
No, no, no … Tú tienes que estar en Babilonia por si necesito pedirte consejo. – Malik se fijó en que los sirvientes ya habían terminado y que los guardias ya estaban montados en sus caballos. – Vuestra escolta ya ha llegado. Subid al carruaje.
¡Nos veremos pronto!
Tras despedirse, la pareja subió al carruaje y éste comenzó a alejarse de Palacio. Atrás quedaban sus familiares y amigos. Les esperaban dos días de largo camino a través del desierto y las montañas. Kaileena iba mirando por la ventana, contemplando las calles de la ciudad.
¿Contenta? – Le preguntó Cyrus, colocando su mano sobre su pierna.
Mucho. – Kaileena se acercó a él y le abrazó.
Ahora vamos a tener unos días para nosotros. Ya sabes lo que eso significa …
Sí … Te tengo una sorpresa preparada para cuando lleguemos.
¿Ah sí? ¿Y cuál es esa sorpresa?
Si te lo dijera no sería una sorpresa. Tendrás que esperar.
¿Y me gustará?
Espero que sí.
El día se hizo largo y aburrido. El mismo paisaje desértico una y otra vez. Kaileena se quedó dormida apoyada sobre el hombro de Cyrus. Finalmente, cuando el Sol comenzó a ocultarse, los soldados decidieron establecer un campamento en un pequeño oasis con el que se habían encontrado. Estarían más protegidos de ladrones y los caballos tendrían agua que beber.
Cuando cayó la noche, el campamento estaba ya montado. Los soldados ya habían colocado las tiendas y dado de beber a los caballos. También habían encendido una hoguera donde estaban asando carne. Cyrus se disponía a llevarle un poco a Kaileena cuando ésta salió de la tienda hacia el oasis.
¿Adónde vas?
A darme un baño. – Contestó ella, sin parar de caminar. – Necesito quitarme este estúpido vestido.
El día había sido muy caluroso y el vestido que llevaba no era precisamente apto para tales temperaturas. Obviamente, Cyrus no iba a dejar que Kaileena se bañase sola en aquel lago. Así que dejó la comida en la tienda y la siguió. Cuando llegó, encontró su vestido en una roca de la orilla. Alzó la vista y la vio nadando desnuda a la luz de la luna. Sin pensárselo dos veces, se despojó de su ropa y se metió en silencio. Se acercó a ella en silencio y la apresó por detrás.
¡¿Pero qué …? – Kaileena se dio un buen susto. - ¿Qué haces aquí?
Darme un baño contigo, ¿no lo ves?
Me has asustado …
¿Tienes miedo?
¡Me has asaltado por detrás!
Eres tú la que se ha adentrado sola en un lago y se está bañando desnuda, a merced de miradas indiscretas y pervertidos degenerados.
Oh … Claro, en un oasis hay mucha gente.
Podrían espiarte los soldados.
Cyrus, no se van a atrever a mirar a la esposa de un Príncipe. Podrían decapitarles por ello.
Cállate y ven aquí. – Le dijo, cogiéndola en brazos y besándola lentamente. – Un baño nocturno a la luz de la luna en mitad de la nada con una mujer de exuberante belleza. Esto es tentador …
Pues no te resistas …
Y así, continuaron besándose bajo la luna llena, disfrutando el uno del otro. Más tarde, decidieron retirarse a su tienda, donde gozarían de más intimidad, aunque ello no evitaría que sus escoltas les escuchasen.
Los soldados se turnaron para hacer guardias. Eran dos de los hombres de Arsalan. En mitad de la noche, mientras Kaileena dormía, Cyrus salió a estirar un poco las piernas. Aquello les preocupó, pero su Príncipe no venía con malos propósitos.
¿Ocurre algo, Príncipe?
No, sólo quería tomar el aire. – Le respondió él cordialmente. - ¿Qué tal la guardia?
Sin problemas. – Dijo uno.
La noche es silenciosa, eso nos ayudará a detectar a cualquier rufián que ose acercarse a nuestro campamento. – Añadió otro. - ¿No podéis dormir?
No tengo sueño … Y eso que llevo días sin dormir en condiciones.
¿Nervioso?
Excitado … - Los soldados se miraron entre ellos. – No … No me refiero a "esa" excitación. Es que aún no me creo que haya desposado a Kaileena.
Es una gran mujer. Podéis estar satisfecho.
Sí, mujeres como ella no se encuentran fácilmente. Habéis tenido mucha suerte.
Sí, sí que la tengo … - Cyrus bostezó. – En fin, voy a volver dentro antes de que se despierte. Avisadnos cuando salga el Sol.
Sí, Alteza.
A la mañana siguiente, el viaje se reanudó según lo esperado. Sin ningún contratiempo, llegaron al gran Palacio de Salomón. Era más imponente de lo que Cyrus imaginaba. Malik se lo había descrito muchas veces en sus numerosas cartas durante los años que estuvo allí, pero jamás lo imaginó tan magnífico.
La noche comenzaba a llegar y los sirvientes ya habían llevado sus pertenencias a los aposentos reales mientras ellos tomaban una gran cena amenizada con música.
Los aposentos reales eran magníficos. Una enorme cama, la más grande que habían visto, llena de suaves almohadones y rodeada de numerosas alfombras. Tocar el suelo era prácticamente imposible. Puesto que el clima allí era muy cálido, la habitación no tenía paredes, sino que estaba rodeada por varios balcones separados de la habitación principal por cortinas de seda. Y para hacer el ambiente más exótico, la pared que quedaba a los pies de la cama había sido convertida en una fuente, formándose una cascada que fluía suavemente hasta un conducto que llevaba el agua hacia el centro de la sala, donde había una pequeña piscina, que si bien no era más profunda de un palmo, estaba cubierta de flores. Todo ello decorado con numerosas velas.
¡Por todos los Dioses! – Exclamó Kaileena, maravillada. – Esto es precioso.
¿Te gusta?
¡Me encanta!
Pues disfrutémoslo. – Cyrus la rodeó con los brazos y empezó a besarla. – Ya puedes darme la gran sorpresa, ¿no?
Sí. – Kaileena miró a su alrededor y llevó a Cyrus hasta un sillón enorme. – Siéntate aquí.
¿Qué planeas?
Tú y yo tenemos una deuda pendiente, ¿recuerdas? – Le dijo, colocándose en el centro de la habitación y desabrochándose el vestido, dejando al descubierto un seductor conjunto de bailarina en seda roja. – Y, puesto que la música del comedor aún se oye desde aquí …
No … me lo puedo … creer … - A Cyrus se le puso la piel de gallina cuando la vio con aquel atuendo. – Estás … Estás …
Shhh … - Kaileena se sentó en su regazo y colocó su dedo índice sobre sus labios, haciéndole callar. – No hables, sólo disfruta …
Y, tras aquello, comenzó un baile sensual que excitaría hasta al más apático. Kaileena se movía con delicadeza y lentitud, haciendo suaves movimientos de cadera al ritmo de la música. Cyrus trataba de no parpadear. Aquel baile parecía sacado de un sueño, una fantasía que ahora se estaba cumpliendo.
Kaileena volvió a sentarse sobre él y le quitó la camisa lentamente, no sin besarle apasionadamente. Después, descendió sus manos hasta sus caderas, desabrochando sus cinturones y los botones del pantalón. Cyrus estaba excitado y no podía evitar la tentación de tocarla, pero Kaileena no se lo permitía.
Todavía no, Cyrus … - Le dijo ella en tono seductor. – Todo a su tiempo.
Y, respirándole en la nuca, comenzó a besarle el cuello, marcándole suavemente con los dientes. Cyrus clavó sus dedos en los reposabrazos del sillón, sintiendo que iba a explotar.
Kaileena …
Disimuladamente, Kaileena se desabrochó la parte superior del atuendo, cubriéndose a tiempo con las manos para que Cyrus no pudiera verla. Entonces, para torturarle aún más, le dejó la pieza de ropa sobre las manos, levantándose para seguir bailando de espaldas a él.
¡Se acabó! – Dijo él, histérico. - ¡Yo ya no aguanto más!
Antes de que Kaileena pudiera reaccionar y darse la vuelta, Cyrus se tiró encima de ella, como un animal cazando a su presa, haciéndola caer en la piscina. Comenzaron a besarse salvajemente, despojándose de la poca ropa que les quedaba y se dejaron llevar no una, ni dos … Sino tres veces seguidas, hasta que Cyrus, exhausto, cayó rendido sobre la cama y, junto a él, Kaileena.
¿Estás bien? – Le preguntó ella, viéndole exageradamente agitado.
Sí … - Respondió él aceleradamente. – Sólo dame unos minutos para recuperar el aliento …
Eso ha sido increíble … - Dijo ella, acercándose a él.
Sí … Y me gustaría seguir … - Cyrus intentó tragar saliva, pero tenía la boca completamente seca. – Pero aunque quisiera … no podría levantarme … No puedo más …
Eso te pasa por querer llevar el ritmo … Te gusta ser el macho dominante …
Es que verte así de sumisa me excita a más no poder … - Kaileena se inclinó sobre él y le besó de nuevo. – Te quiero …
¿Te quiero o … te "esmero"? – Le preguntó ella, arqueando una ceja.
Las dos cosas. – Contestó él, abrazándola.
La feliz pareja de recién casados cayó dormida al poco tiempo. Su luna de miel no podía haber empezado mejor. Tras las cortinas, el Sol del nuevo día les acariciaba la piel con su luz. Dos años habían pasado desde que se separaron, dos duros años en los que fue difícil reparar aquella situación. Celos, engaños, traiciones y batallas … Un sinfín de calamidades por las que ambos tuvieron que pasar para confirmar que su amor era más fuerte que cualquier otra cosa. Eran dos seres extraordinarios cuyos caminos se habían cruzado por un capricho del destino. Y, ahora, esos caminos se habían fusionado en uno solo, trazando un nuevo destino que explorarían juntos. ¿Qué les depararía la Línea del Tiempo ahora? ¿Se había acabado la maldición que sobre ellos se hallaba? Sólo el tiempo lo diría.
FIN
