Disclaimer: Los personajes de la serie no me pertenecen, como a nadie en FF.


Veo sus dedos moverse en frente de mis ojos, me está llamando, me está esperando. Estamos empapándonos aquí, bajo la creciente lluvia y, aunque el frío es grande, lo que siento en mis huesos es la agonía de la soledad.

Papá murió, mi papá por elección.

Hace unos segundos le pedí a Tori que no me deje sola. Qué desesperaba debo estar para rogarle que me de un espacio en su vida, por lo menos hoy. Ya luego podré ser fuerte otra vez, ponerme de pie y valerme por mi misma, como siempre. Pero hoy la necesito. Hoy… y tal vez mañana.

Ella no suelta mi mano desde que me ayudó a levantarme. Entrelazó sus dedos con los míos y ahora abre la casa, frente a la cual, la he esperado por casi 3 horas.

Debo confesar que he pensado en este momento en varias ocasiones, estoy a punto de entrar en la casa de la que no es Tori, de una extraña conocida que se niega a ser ella… la Tori Vega que yo conocí.

—Estás estilando —me dice al verme temblar y pronto me suelta la mano entrando al baño de visitas—, ¿por qué no me esperaste adentro de tu auto?

—Salí a estirar las piernas antes de que empiece a llover y dejé la llave adentro —le contesto recibiendo una toalla—. No puse atención.

—No sabía que conocías donde vivo.

—Te seguí la primera noche que nos vimos —le confieso, no estoy de humor para sarcasmo o bromas, solo quería verla, no quiero pelear, no quiero perder el tiempo en juegos, solo saber que todavía está conmigo.

—Te traeré una toalla más grande y algo para que te cambies de ropa o te resfriarás —dice quitándose los pantalones mojados y su sudadera, para no mojar su camino por la casa, quedando únicamente en ropa interior. Lo peor de todo es que no tengo ánimo para molestarla con lo linda que se ve. Así, como me he acostumbrado a verla las últimas dos semanas, en poca ropa.

En un lindo y amplio lugar, una edificación de ladrillo visto, tanto adentro como afuera. No tiene cara de haber sido pensada como casa o departamento. Tiene aspecto de haber sido un taller o una central pequeña de bomberos, algo así.

Son dos pisos muy amplios, sin paredes divisorias, techos altísimos, mucha luz entrando por los grandes ventanales, es un lindo lugar en realidad.

—Aquí tienes, una pijama. Es cómoda, está seca y tibia —me dice recibiendo mi chompa de cuero y yo la ropa de sus manos—. Puedes cambiarte en el baño si prefieres —me dice señalando con la quijada a la puerta que está a mi derecha —voy arriba a tomar un baño rápido, siéntete como en casa.

Tal vez yo también debería tomar un baño rápido. Luzco como una psicópata con todas estas líneas verticales negras en mi rostro.

Primero lavo mi cara, no quiero manchar su camiseta de negro al ponérmela. Estoy más pálida que de costumbre y mi expresión es completamente vacía. Estoy cansada, agotada en realidad. Necesito dormir, necesito calor, café… y a Tori.

Salgo de ese pequeño baño y dejo mi ropa mojada sobre el mostrador de la cocina. no tengo idea donde esté ubicada su lavandería, pero me interesa ver otras cosas primero.

Tiene un librero pequeño con un tocadiscos viejo de vinilos, está lleno de álbumes igual de viejos. Música de los sesentas, ochentas, libros clásicos, evidentemente usados, nada aquí parece nuevo.

Da la impresión de ser un set de película. Todo seleccionado con cuidado para aparentar una vida ajena, la de un personaje que ella creó. Nada es real, por lo menos aquí.

No hay un solo marco de fotos. Tiene algunos cuadros colgados, aunque no tengo idea del pintor. Seguramente de algún tipo que vende sus obras en la calle.

Muebles viejos, plantas en las esquinas, una alfombra que aparenta tener su uso, pero he visto de este tipo en Los Ángeles y sé que es nueva, tal vez lo único en este lugar. Pero entiendo el por qué.

Le encantaba acostarse en la alfombra a soñar despierta. Seguramente, todavía lo hace y qué mejor que una cómoda alfombra, una en la que estés seguro que nadie ha dejado huellas antes que tú.

Se deja descubrir en pequeños detalles.

Todavía arma rompecabezas, veo uno a medio terminar en la mesa de la sala. No es tan grande, tal vez unas mil piezas.

Voy hasta su cocina y abro uno de los muebles buscando una taza. Necesito café y veo una lata de una buena marca en el mueble del fondo.

Tiene una canasta de frutas, perfectas, como si no fuesen reales. Manzanas verdes, brillantes, rojas que se ven tan apetitosas, bananas sin una sola mancha de madurez.

—Si tienes hambre, sigue si lo deseas —dice a mis espaldas—. Quiero que te sientas como en casa.

—Café —le respondo sin ganas, sacando una taza despostillada y otra completamente diferente para ella.

—Prefiero un té —me responde tomando la de color rojo y llenándola de agua del grifo para calentarla en el microondas—. Debes estar agotada por el viaje.

—Y tú por la noche de trabajo.

—Tal vez deberíamos dormir unas horas —me dice tomando la taza de café de mis manos—. Esto no te va a ayudar.

No, no lo hará, pero no quiero ayuda… no la quiero, pero la necesito.

Sí…, es una buena idea, necesito dormir.

—Está bien —le digo dejando todo ahí, a medio hacer en ese mesón y la sigo hasta arriba. Solo espero que al llegar, no se le ocurra dejarme sola en su cama.

No quiero estar sola, no quiero perderla de vista, no quiero… caer en ese vació que sentí en ese cementerio, ese que me obligó a subirme a mi auto y manejar hasta aquí. Para encontrarla, para tenerla -aunque sea por unos segundos- en mis brazos, para pedirle que me ayude.

Porque desde que se fue me tan siento perdida; porque jamás pensé que lo haría y se robaría la oportunidad de -en un futuro- decirle que, en algún punto de mi vida, me di cuenta que estaba enamorada de ella, que lo sentía y que me perdone por alejarla de todos.

Nunca supe el poco tiempo que me quedaba hasta que se fue. Y si hay algo en este mundo que sé con seguridad, es que no hay un mañana.

No esperaré un segundo más para demostrarle que ella es esa persona para mi, que me jugaré todo por ella, la llamaré como quiera, haré lo que sea… ni uno más.


Nota:

Gracias por el tiempo, por leer y por todos sus comentarios. Los aprecio muchísimo.