Las tetas

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Bella POV

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Edward desapareció.

No había rastro de él por ninguna parte. Al despertar, me encontré con su lado de la cama vacío, intenté no alarmarme y entonces, cuando me desperté completamente lo fui a buscar por toda la casa. No estaba. Tampoco contestaba el teléfono. Lionks decía que él estaba con día libre y no sabía de la estadía del señor Cullen mientras no trabajara para él. Bronson tampoco estaba enterado de nada. Emmett no se imaginaba el motivo por el cuál no estaba aquí y Esme tampoco.

Intenté no desesperarme, sobre todo porque no tenía por qué desesperarme. Ese sentimiento en mi pecho debía ser ignorado ahora. La inseguridad sobre él no me venía nada bien.

¿Por qué tenía que estar todo el tiempo conmigo? Él podía irse donde quisiera, con quien quisiera… ¿no?

Probablemente ya estaba cansado de tantos gritos. El día de ayer habíamos tenido las visitas de la familia Cullen-Hale, con sus nuevos integrantes y había sido todo un caos. La casa les parecía realmente pequeña para tan solo siete niños, además de nosotros los adultos. Edward ayudó con la limpieza de la casa, sin embargo, se le notaba ya realmente cansado.

Tal vez salió por un poco de aire fresco.

Suspiré, intentando despejar mi mente. No tenía por qué preocuparme por Edward de esa manera, me resultaba completamente estúpido, él ya era un hombre mayor, podía hacer lo que quisiera. Tenía muchas cosas más por las que debía preocuparme y no era precisamente él.

-Mark, deja ese aparato, por favor – ordené al pasar por su lado y recogí la ropa sucia, esparcida por toda la habitación - ¿Por qué hay tanto desastre en tu habitación, niño? ¿Te has detenido a observarla?

-Más tarde limpio – murmuró con voz cansina como respuesta y siguió con la mirada en aquel aparato.

-No, más tarde no, ahora. Llevamos menos de una semana aquí y tu habitación da asco – me paré frente a él – Ya eres un adolescente.

-Casi – corrigió.

-Casi un adolescente, deberías tener orden, no te voy a permitir que seas un holgazán, así que por favor, limpia tu habitación – le quité el aparato de las manos, lo apagué y lo metí en el bolsillo de mi pantalón – Ahora.

Salí de la habitación escuchando sus protestas, sin embargo, no me volví para estar escuchándolo.

Odiaba tratar de esa manera a alguno de mis hijos, pero si no lo hacía de esa manera ahora, ellos, probablemente, se harían más mimados de lo que ya lo eran. No era algo que quería especialmente ahora mismo. Tenía suficiente con Anthony.

Descolgué el teléfono al quinto timbrazo.

-Isabella Cullen.

-Hola, Bella. – contestó Esme - ¿Cómo te encuentras? ¿Qué tal tu mañana?

Miré el reloj con gesto pensativo. Eran las dos y media de la tarde, y la mañana había sido un completo caos hasta ahora. Por suerte, el día de hoy no recibiría visitas chillantes que tenían energía al cien por ciento.

-Bien, los niños se han mostrado bastante quietos - ¿desde cuándo era tan buena mentirosa? - Estaba a punto de preparar la comida.

-¡Excelente! – chilló ella – Estoy con Alice ahora mismo, ella insiste en comprar algunas cosas junto con Rosalie para Anne , Elena y Derek. ¿Te parece si nos juntamos para comer? Te ahorras el hecho de preparar la comida.

No estaba de humor para soportar aún más chillidos de los niños. Edward tenía razón, a veces era bastante estresante. Tan solo quería estar encerrada todo el tiempo en mi casa. Sin embargo, probablemente ese no era el plan de mis hijos, que ya estaban inquietos por todo el lugar.

-En realidad… no creo que sea bueno para los mellizos y Mark acudir allí. No quiero que estén todo el tiempo fuera de casa. Es algo así como un tiempo fuera – respondí con voz contenida.

-¿No quieres pasar el día con nosotros?

-No es eso, simplemente es que no necesito que ellos estén fuera de la casa todo el tiempo. Ahora están muy entretenidos con sus juguetes nuevos.

-Bien, entiendo – la imaginé asintiendo un par de veces – En ese caso, si vez a Edward más tarde, le dices que Emmett lo está buscando como un lunático, ¿de acuerdo?

-Claro, cuando lo vea se lo diré.

-Hasta luego, querida.

-Hasta luego – me despedí y colgué.

Odiaba que la mayoría de la gente fuera bastante insistente. Por suerte, ella no actuó como lo hubiera hecho Alice o Rosalie, ellas insistirían hasta que dijera que sí. Sospechaba el hecho de que Esme precisamente había llamado, para no hacerme acudir allí. Esme podía darse cuenta de muchas cosas algunas veces, y las otras veces que no,… simplemente se hacia la ciega.

-¡Mamá! – bajé la cabeza hasta Elizabeth, que estaba vestida con algo bastante ligero para la época del año en la que nos encontrábamos. Detrás de ella, Anthony no estaba muy bien vestido tampoco.

-Dime, Elizabeth – contesté a ella y me dirigí a la cocina, con los dos niños siguiéndome en hilera. Los cabellos de mi pequeña saltaban cada vez que daba un paso. Los cabellos de Anthony le caían sobre los ojos. Ellos dos necesitaban un corte.

-Leche. – Pidió – Ahoda, leche.

-Por favor, leche, mamá – le corregí y ella me miró sin comprender. – Cariño, voy a preparar la comida, espera un momento, no puedo darte leche.

-¡Leche, mamá! – gritó Anthony, sobresaltando a Elizabeth.

A Anthony probablemente le hubiera dado un vaso de leche en cuanto lo pidió. En la mañana apenas y se comió el sándwich que le había preparado con una malteada. No quería comer para nada, llamé a su pediatra por teléfono y le comenté lo que estaba pasando, él había dicho que algunas veces los niños se negaban a comer, a esa edad era bastante normal, así que no tenia de qué preocuparme. Pero yo no lo veía de esa manera, mi hijo estaba bastante delgado, cuando alzaba los brazos sus costillas se marcaban en su estómago.

No podía darle algo solo a uno cuando los dos me lo habían pedido.

-¿No quieres un jugo, Eli? – ella infló sus regordetas mejillas y se cruzó de brazos.

Me pregunté como era que ellos, al ser mellizos y nacer al mismo tiempo, eran completamente distintos. Elizabeth con sus cabellos cafés, Anthony con sus cabellos dorados. Elizabeth con sus ojos color chocolate, Anthony con sus ojos color esmeralda. Elizabeth con su carita redondita, Anthony con su carita delgada. Elizabeth con mucha hambre, Anthony con poca hambre. Elizabeth un poco tranquila, Anthony un torbellino.

-¿Juego uva?

-Sí, un juego de uva – fui al refrigerador y saqué un jugo de cartón, junto con la bebida de leche chocolatada especial para Anthony con las suficientes vitaminas que necesitaba ahora. Los abrí y se los di a ambos. – Iremos al supermercado – les anuncié – Y después iremos a cortar cabello, ¿entienden?

-¡Sí!

-¡No!

Elizabeth tenía su brillante sonrisa cuando me escuchó decir aquello, Anthony, en cambio, tenía un puchero en su rostro, con los pequeño bigotes de leche chocolatada.

-Sí, Toni – asentí y él me envió una mala mirada. – Pueden ir a jugar.

Mientras preparaba la cocina podía escuchar los gritos y risas de los niños en el salón principal. Para mi suerte, Esme les había regalado un inflable enorme que estaba colocado justo detrás de los sillones, a la vista de todo el mundo. Ellos dos se encontraban allí, saltando y haciendo cosas para ellos.

Pasé la mayoría del tiempo, mientras cocinaba y comía con los niños, esperando alguna llamada de Edward, pero nada. Aun cuando sabía dónde era que él se encontraba recibía llamadas suyas, al menos intentando saber por sus hijos. Pero nada.

Intenté no pensar en eso todo el tiempo, después de todo, si él no había pensado en mí, al no decirme lo que estaba sucediendo o donde iba… ¿por qué yo debía pensar en él? Lo más probable es que me sentía muy mal con él, y estaba enojada. Triste y enojada.

-¡Mark, baja ahora! – grité al pie de las escaleras.

-¿Puedo llevar un video juego? – me gritó de vuelta.

-Baja.

Aun si decía que no podía llevarlo, él lo llevaría. Era imposible apartarlo de uno de esos aparatos. Él ya tenía problema de la vista y ahora con los ojos puestos en esas cosas iba a ser peor. Necesitaba separarlo de eso durante una temporada, al menos reducir su horario inexistente.

Ahora íbamos en el auto, casi en silencio excepto por los sonidos que hacia el juguete de cada niño. El auto sería un completo escandalo si Anthony y Elizabeth no llevaran los chupetes en la boca.

Estaba enterada que la etapa de los porqués empezaba cuando los niños cumplían dos años, casi tres. Y estaba enterada también de que el niño o niña era casi insoportable en ese periodo. Nunca me detuve a pensar que: si en un niño, sólo un niño, era insoportable en esa etapa… a mí me iría muchísimo peor con dos niños. Los mellizos eran unos loros. Nunca paraban de hablar. Muchas veces solo quería ir por la cinta adhesiva y colocárselas en la boca para ya no escucha sus vocecitas chillantes nunca más.

Algunas veces me sentía mal por pensar de esa manera y por las cosas que quería hacer con mis hijos pero no podía evitarlo. Me sentía bastante frustrada, me sentía bastante vulnerable e incapaz de soportar algún ruido o caos. Tenía una familia, sí; debía luchar por ella, sí, pero era bastante difícil con las hormonas revolucionadas. Me sentía mal, emocionalmente. Ya me había sentido de esa manera con anterioridad así que… debía superarlo. Podría hacerlo.

-¡No quiero, mamá! – Lloraba Anthony a mi lado, colgado de mi pierna – No, no, no.

Lo tomé en mis brazos, ignorando por completo sus berrinches. Elizabeth estaba contenta, sentada en aquella silla de color rosa. Estaban haciendo los últimos cortes para que su cabello quedara perfectamente. Por petición de ella, pidió a aquel chico que tenía las puntas de sus cabellos de diferentes colores, le hiciera un peinado bastante bonito. Cuando ella terminara, iría Anthony, él lo sabía. Mark, por su parte, no había recibido un gran corte pero estaba concentrado ya en su videojuego, sin inmutarse.

-Nena, ¿quieres el pelo recogido? – le preguntó con esa voz tan extraña, pero suave. Se podía decir que gemía hablando.

-No – ella agitó la cabeza mientras su cabello era secado – Pelo suelto, po favod.

Me entretuve con el teléfono celular, mirando los correos electrónicos que Molly había mandado ayer por la mañana con todas las noticias acerca de las tiendas. En dos meses estaría lista la tienda y se tendría que organizar la inauguración. Me iba a volver loca con eso y probablemente, tal vez, estaba en consideración, pedirle ayuda a Alice con eso.

Después de veinte minutos, logré convencer a Anthony de que dejara cortarse el cabello a cambio de poder comprarle un helado cuando estuviésemos en el supermercado, aun cuando afuera estuviera nevando. Intentaría convencerlo también de comprar algún otro dulce que no fuera congelado.

Ahora estábamos en el supermercado, recogiendo las cosas que hacían falta de la despensa para la siguiente semana. Nos quedaríamos en Chicago hasta dos días antes de entrar de nuevo al colegio. Molly me había hecho el favor de encontrar una guardería para los niños y ellos acudirían allí una semana después de que Mark entrara de sus vacaciones.

Eso me daría tiempo para mí. Podría pensar en bastantes cosas, podría hacerme cargo de la casa y realmente ponerme al corriente con todos los asuntos del trabajo que me estaban poniendo muy nerviosa últimamente. Había tantas cosas que hacer… a veces me preguntaba cómo era que Edward podía manejar tantas cosas al mismo tiempo. No era fácil, lo sabía, varias noches sin dormir pasaba pero, aun así, eran bastantes cosas que mirar.

Tal vez Edward sólo estaba en la oficina mirando algunas cosas sin esperar que nadie lo interrumpiera…

Debía dejar de pensar en Edward y concentrarme en todo lo que Mark estaba echando al carrito.

Todo lo que había allí tenia colores chillantes, dando a entender que eran en realidad bastantes azucares y nada bueno para alguno de ellos. No entendía como es que ellos echaban cosas al cochecito si al final de cuentas yo terminaría sacando más de la mitad de las cosas.

-¿Alguna vez has pensado en que sólo haces que los trabajadores de este lugar trabajen más? – le pregunté a Mark, que estaba muy ocupado intentando decidir si llevaría las galletas oreo cubiertas de chocolate blanco o las normales.

Él alzó la mirada hacia a mi rápidamente y de la misma manera la volvió a colocar en los productos.

-¿Por qué lo dices?

-No llevarás nada de eso, Mark, es mucho dulce y no puedes ingerir bastantes azucares, así que deja de perder el tiempo con eso.

-No perderemos nada – bufó –. Además, para eso les pagan a los trabajadores, es su trabajo.

Lo miré con el ceño fruncido y con una muy mala expresión. ¿Desde cuándo él se comportaba de esa manera? No era la primera vez que soltaba un comentario como ese, donde despreciaba el esfuerzo de los demás trabajadores, pero las últimas veces no le había prestado bastante atención.

-Y tú trabajo es obedecerme. – respondí – Así que deja eso ahora mismo, nos vamos ya.

Él me miró mal.

Mark no era un ángel caído del cielo, no. Él era un niño que también tenía sus arranques emocionales, y cuando se enojaba era una persona completamente diferente a la que todo el mundo estaba acostumbrado. Los mellizos y yo sólo conocíamos esa parte de Mark, ni siquiera se había dejado desenvolver de esa forma frente a Edward porque sabía que él lo pararía de inmediato. Edward se mostraba bastante firme a la hora de tener que reprender a Mark porque él era el niño mayor y no esperaba que respondiera de esa manera, sin embargo, era con quien se entendía mejor y Mark lo sabía.

Esta vez también se contuvo porque estábamos en un lugar público y él no daría una muy buena imagen.

Soltó las cajas de galletas de manera despreocupada en el estante, sin importarle tirar las cajas que ya estaban allí. Después se colocó frente a mí, dándome la espalda mientras caminábamos hacia las cajas registradoras.

-Mami – me llamó Elizabeth mientras se comía una paleta de caramelo, que le había hecho mancharse toda la boca de dulce. Se veía bastante adorable de esa manera.

-Dime, mi amor – le contesté al momento en que le tomaba una fotografía con mi teléfono celular.

-Quiero ver a papi – me miró con sus enormes ojos brillantes y después hizo un puchero, sobresaliendo su labio inferior.

Tomé una gran respiración y le dediqué una sonrisa a la cajera, que miraba con interés a Anthony, colgado del cochecito mientras jugaba con su chocolate blanco pegado en sus manos.

-Papi llegará en la noche, mi amor – Le dije suavemente al momento en que dejaba todas las cosas del cochecito en la caja, mirando como pasaban rápidamente.

-No, yo quiedo ahora… - arrugó la nariz cuando sonó mi teléfono que seguía en mi mano.

-Espera un momento, cariño – apreté suavemente su mejilla y contesté rápidamente, mirando de la misma manera el número de Alice en la pantalla – Hola, Alice.

-Hola, Bella -me respondió entusiasta - ¿Cómo te encuentras el día de hoy querida amiga?

Casi quise rodar los ojos por el repentino tono de voz que Alice estaba utilizando conmigo. Seguí con la mirada sobre los niños, asegurándome de que no salieran corriendo. Anthony, por suerte, seguía frente a mí, chupando sus dedos llenos de chocolate. Cuando su mirada se encontró con la mía me sonrió en grande, agitando su mano.

-Perfectamente, gracias, Alice. ¿En qué puedo ayudarte?

Escuché su suspiro.

-De acuerdo, al ver que estas antipática tendré que decirlo sin amabilidad – habló con voz resignada. Pude escuchar movimientos al otro lado de la línea, lo que me hizo preguntar quién estaría con ella –. Bien, Bella, esta noche, Rosalie y yo saldremos a algún bar, no sé dónde, porque yo no puedo tomar alcohol debido a Eva, pero vamos a ir. Así que iré a tu casa en veinte minutos, ¿entendiste? Veinte, si estás haciendo algo en estos momentos fuera de tu casa es mejor que vayas y te quedes allí. Los niños entenderán – Bufé. – Así que así están las cosas. Lo tomas o lo tomas.

Las veces que Alice me hacía esto eran escasas. Cuando estábamos en la universidad yo siempre accedía a ir a cualquier tipo de fiesta, nunca me ponía dura para eso y a Alice no le costaba nada de trabajo, pero ahora, las veces en que Alice me había invitado a salir de esa manera era, probablemente, muy muy escasas, y nunca iba a una de ellas, ¿Por qué tenía que acceder ahora mismo a eso?

-No creo que pueda ir, Alice – le di la tarjeta de crédito a la cajera sin apartar los ojos de Mark y Anthony que estaban jugando en el pasillo. – No va a pasar porque no tengo ganas de ir.

-Pero hace miles de años que no vienes con nosotras a algún lugar – lloriqueó.

-No puedo creer que estés lloriqueando – fruncí el ceño y Elizabeth me imitó.

-Necesito de ti y de Rosalie.

-¿Sucede algo realmente importante?

-Algo así. Son caprichos de embarazada, Bella, deja de intentar desviarme del tema. – hice una mueca al verme descubierta. – Te quiero en tu casa, en veinte minutos, no diré más.

Y después colgó.

-Aquí tiene, señora. – escuché que me decía la cajera y me entregaba la tarjeta, con toda la compra en bolsas sobre el cochecito.

-Gracias – murmuré de vuelta y me dirigí hacia el estacionamiento, pensando muy bien en como recibiría a Alice en mi casa.

Al llegar a casa alrededor de las seis y media de la noche fui directamente al baño de los mellizos para llenar la bañera y los preparé para dormir. Me daba cierto pavor dejarlos sin un baño después de cortarse el cabello, aun si se lo hicieron profesionalmente.

Ellos se mostraron bastantes entusiastas al momento de colocarse en la bañera con agua caliente y varios juguetes. Los dejé allí suficiente rato como para poder distraerlos y justo cuando estaba sacando a Elizabeth de la bañera, envuelta con una toalla, se escuchó el timbre resonar por toda la casa.

-¡Yo voy! – gritó Mark lo suficiente alto para que pudiera escucharlo. No pude evitar hacer una mueca al enterarme de que Alice ya estaba aquí. Había pasado al menos una hora desde su llamada y creía que ya me había librado de ella. Por desgracia no fue así.

Se hizo escuchar la animada plática que tenía Mark con Alice y Rosalie mientras subían las escaleras. Cuando Elizabeth estuvo un poco seca salió corriendo de la habitación de baño y fue a su encuentro, en cambio, Anthony estaba enganchado a mí, frotando sus ojos con pereza.

-¡Hola, princesa! – Exclamó Rosalie al ver a Elizabeth y ella chilló de alegría al ser alzada en el aire - ¿Cómo estás? – Rosalie me sonrió al verme salir de la habitación de baño con Anthony en mis brazos. – Hola Bella.

-Hola – murmuré de mala manera.

-Oh vamos – Alice bufó – Muestra un poco de entusiasmo, te divertirás bastante, o al menos ese es el objetivo.

-¿No pudiste encontrar otro día en el cual podríamos ir a donde quieras? ¿Tenía que ser hoy? Estoy realmente cansada y los niños están a punto de dormirse y…

-¡Nada! – me interrumpió la duende, ganándose una mirada envenenada de Anthony, que estaba muy ocupado metiendo mano en mi camiseta. – Espero que Eva no pase el día tocándome los pechos – agregó con cierta curiosidad y la mirada sobre mi hijo.

-Oh, no lo creo – contestó mi amiga la rubia. – Creo que son los niños quienes hacen eso. Ethan lo sigue haciendo, y de vez en cuando pide todavía pecho, aun cuando ya no tengo nada de leche porque dejé de darle un tiempo – se encogió de hombros. – pero si Eva es igual de entrometida que su madre, entonces tal vez sí, tendrá su mano sobre tu pecho todo el tiempo.

Alice pareció distraerse con eso y se cruzó de brazos.

-No planeo darle mucho tiempo pecho a Eva, tan solo los seis meses que deba dársele y ya. Quiero decir, no es que no quiera a mi hija, claro que lo hago, pero no por eso va a estar pegada a mi todo el tiempo.

-No se trata de eso – le dije mientras me dirigía a la habitación de los niños a colocarles su pijama. – Yo tenía tiempo libre cuando ellos nacieron, Elizabeth ya no quiso más, pero lo dejó por su cuenta, Anthony no, y yo no tenía problema con eso.

-Es que… mira – se señaló los pechos como si fuera la cosa más obvia del mundo y todos en el lugar se diera cuenta de lo que estaba señalando – Mis pechos siempre han sido pequeños, el embarazo los ha agrandado un poco y eso me agrada.

-Cuando estés amamantando estarán más hinchados – le dijo Rosalie con una mueca divertida.

Alice la miró con los ojos entrecerrados.

-¿Es enserio?

Rosalie asintió.

-¿Has leído los folletos que te di? – Alice se sonrojó. – Allí viene todo ese tipo de información, Alice. Para que te mantengas informada.

Mi pequeña amiga pareció componerse de su vergüenza un poco después y yo terminé de colocarle el pijama a Anthony una vez que terminé con su hermana.

-Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que, aun teniendo los pechos pequeños, y que después se hinchen al amamantar, quedarán caídos y yo no quiero eso.

Rosalie le envió una mirada enfurecida.

-¿Estás diciendo que yo tengo unos pechos caídos, Alice Brandon?

Miré de reojo como Elizabeth salía corriendo de la habitación, con calcetines puestos y el chupete en la boca. Anthony alzó la mirada hacia a mí y comenzó a palmear mi pecho, haciendo su silenciosa petición con la mirada aunque a ratos se entretenía con las palabras dichas por nosotras tres.

Miré a mis amigas con una sonrisa divertida.

-No, no – se apresuró a decir la enana. – Nunca dije eso, es solo que así he visto a muchas mujeres.

-Todas las mañanas me levanto a hacer ejercicio de pecho precisamente para que mis pechos no queden caídos ¡y tú me dices que sí lo están! Si no tuviera a dos hombres jugando con ellos todo el tiempo entonces no te creería pero como no es de esa manera… tus palabras hieren.

Las miré con cierta diversión y sin tratarme de sentir ofendida también yo. Me sentía identificada con mi amiga ahora mismo. Rosalie tenía los pechos grandes, sí, siempre habían sido así, ella siempre fue proporcional con su cuerpo. Alice no tenía muchos pechos, ella siempre había sido pequeña en todo y yo… había sido normal, en todo, creo. No era ni tan delgada (hasta ahora) ni tan obsesa. Tampoco tenía enormes piernas ni enorme culo al igual que no tenía enormes pechos y eso estaba bien. Pero con el comentario de Alice comencé a preocuparme. ¿Y si Edward se había ido porque yo ya no le atraía en ese sentido?

Sacudí levemente la cabeza. No debía pensar en eso.

-Rosalie, no quise decir eso – dijo Alice enfadada. – Además, estamos perdiendo el tiempo. Bella, entra a ducharte ahora mismo, revisaremos tu armario para ver si tienes algo bueno, sino, allá abajo están todas las cosas para poder hacerte bella – alcé las cejas en su dirección. – Bueno, aún más bella. – Ella viajó su vista hacia Anthony que seguía entretenido con mi pecho – Y tú, niño aprovechador, deja a mamá.

-¡No! – le respondió y le enseño su pequeña lengua.

-¡Ah! Pero que niño más caprichoso – rodé los ojos. No me iba a poner a escuchar las críticas sobre mi hijo.

-Mi amor – le llamé con suavidad. – Mamá se irá a bañar, así como tú, ¿de acuerdo?

-No, mami, quiero teta. – sus pequeños ojitos color verdes comenzaron a brillar a causa de las lágrimas y su cuerpo se retorció levemente en mis brazos.

-Primero mamá debe ir a bañarse, puedes jugar con Mark y Eli abajo – él sacudió la cabeza. – entonces esperas a mamá en su cuarto, vamos.

Pasé frente a la atenta mirada de mis amigas en dirección a mi habitación y con el chupete en una de mis manos. Dejé a Anthony en la cama, con la televisión encendida y con sus tías revoloteando alrededor, desordenando toda la ropa que estaba en el armario. Sin pensar mucho tiempo en el desorden decidió entrar a la ducha para acaba con este desastre de una vez por todas.

Edward POV

Bella probablemente en estos momentos quería matarme, terminar conmigo y después deshacerse de mí de una manera bastante cruel.

No me había desconectado de ella por otra cosa que no fuera para su bien. Necesitaba alejarme de ella para que mi plan se llevara a cabo y había resultado bien, al menos el plan de la organización porque aún faltaba traer a Bella conmigo y ver su reacción.

Ella estaba bastante estresada últimamente, no dormía casi nada y cuando lo hacía se ponía a hablar en sueños cosas que no eran para nada agradables. Lo cual me había llevado a pensar que tal vez ella necesitaba un "tiempo fuera".

Tal vez hubiera pensado en llevarla a alguna parte menos este lugar. Un lugar donde ella pudiera relejarse, ¿Por qué tenía que hacer caso a las cosas que decían los demás? ¿Cómo era que yo iba a bailar salsa? ¿Enserio? No sabía en qué mierda estaba pensando al contratar a aquella mujer que enseñaba todo tipo de bailes. Era ridículo.

Sin embargo, lo que Alice y Rosalie habían dicho antes era que Bella siempre había querido práctica baile de salón… o de lo que sea. Así que, probablemente, cumpliría lo que ella quisiera. Estaba deseando que ella estuviera de humor como para poder soportar todo esto. Desconocía el motivo por el cual me había desconectado de ella por completo. Le había dejado pasar todo el día sola con los niños a su cargo. Ellos estaban tan hiperactivos últimamente que ni siquiera cuando estábamos juntos podíamos controlarlos.

Esperaba que me perdonara.

Mi reloj marcaba las nueve de la noche con cinco minutos. Bella no estaba llegando tarde. Alice dijo que ella y Rosalie se las arreglarían para que aceptara ir con ellas a alguna parte. En realidad solo la dejarían en el auto con Bronson y después ellas se quedarían con los niños. Estaba seguro que Mark podría llevarlo bien si le explicaban las cosas, sin embargo, no creía mucho que los mellizos se comportaran. Era la primera noche que no la pasaban con alguno de nosotros dos y eso sería un completo caos. Sentí pena por esas dos mujeres.

Me detuve en la entrada del salón, con las manos en los bolsillos. La noche era lo suficientemente fresca como para llegar a helar las manos pero no suficiente como para dejar que los dedos se pusieran de color morado y llegar al punto donde eran negros y caían, al menos no aun.

Cuando estaba por dar la quinta vuelta, de manera desesperada frente al edificio, apareció la camioneta de color negro, conducido por Bronson, quien me dirigió un gesto con la mano y yo le devolví el gesto con un asentimiento. Él se bajó del auto y abrió la puerta trasera y ella pudo bajar del auto.

Como siempre, ella lucia hermosa, vistiese lo que vistiese. El color negro siempre le resultaba la piel, yo prefería el color azul marino en ella pero con cualquier cosa se veía hermosa. Ahora vestía un vestido sin mangas, color negro y suelto a partir de donde terminaban sus caderas. Cuando la contemplé por completo tuve una extraña sensación en el cuerpo que probablemente la había pensado tener pero después de terminar con todo esto.

-Debí suponer que todo esto era idea tuya.

Alcé la mirada a su rostro y lo estudié. Tenía una pequeñísima sonrisa en él, sus brazos estaban en jarras y su ceño estaba levemente fruncido. Ella estaba muy lejos de parecer enojada conmigo así que le sonreí de manera torcida, sabiendo que a ella le gustaba que sonriera de esa manera. Al hacerlo, su sonrisa se amplió y su ceño se suavizó.

-Algunas veces tengo unas buenas ideas – le respondí.

Intentaría persuadirla ahora mismo, necesitaba saber cómo se sentía en estos momentos. Probablemente ella se veía forzada a sonreírme de esa manera solo por el hecho de que la habían traído hacia a mí en una trampa y no tenía nada más que hacer si las cosas ya estaban hechas. Probablemente yo hubiera hecho lo mismo si estuviera en su lugar, sin embargo, si volteáramos los roles, intentaría pasar todo mi tiempo posible con ella en ese momento.

Llegué justo frente a ella y le rodee la cintura con los brazos. Ella no respondió el gesto inmediatamente, de manera lenta y casi resignada, colocó sus manos sobre mi pecho. Alzó la mirada hacia a mí, sólo lo suficiente para que nuestras miradas se conectaran. Sus ojos estaban levemente brillosos al igual que sus labios. Ahora mismo era donde me lamentaba haber estado apartado de ella durante todo el día; no tenía ni la más mínima idea de cómo había estado su día. Esperaba poder repararlo diciéndole que el día de mañana no estaría conmigo sino con sus amigas y yo me quedaría con los niños…

-Te odio – soltó y me frunció el ceño. - ¿Por qué hiciste esto?

A pesar de sus palabras, mi expresión siguió de la misma manera, mirándola con cierta adoración. Ella realmente no me odiaba, o tal vez sí, pero sólo en estos momentos, sólo porque le había hecho pasar por esto.

-Lo hice porque quería pasar un rato contigo. – le contesté, encogiéndome levemente de hombros - ¿no puedo hacer ese tipo de cosas?

-No, no puedes – se apresuró a decirme. – No después de dejarme sin saber nada de ti. Estuve como una histérica, Lionks ni siquiera sabía dónde estabas, ¿Qué se suponía que iba a pensar?

-¿Qué estaba con otra persona? – ella me miró mal, sin embargo, yo sabía que tenía razón. – No puedes pensar de esa manera, nena. Porque… ¿Quién más me interesaría si te tengo a ti?

-Vaya, que lindo – bufó y yo sonreí.

-Bueno, es verdad. Además, intentaba que fuera sorpresa. Tú probablemente me habías imaginado de alguna manera con alguna otra mujer que ni siquiera yo conozco, entonces, eso quería decir que estaba completamente enojada conmigo, por lo cual no te culpo. Que pensaras eso estaba bien, así que no tendrías porqué imaginarte algo como esto.

-Odio las sorpresas, lo sabes, ¿cierto?

-Sí. –Asentí – Lo sé perfectamente, pero por si no te has dado cuenta… nosotros vivimos de las sorpresas.

Ella suspiró y me rodeó el torso con sus brazos de manera resignada. Casi doy un pequeño salto de felicidad al saber que ella ya había caído en la trampa. Ella ya no se mostraba tan molesta como antes y eso estaba perfectamente bien para mí. Sentí su frente recargarse en mi pecho y yo me incliné hacia a ella.

-Por cierto – le murmuré al oído. Ella se estremeció levemente – Luces muy hermosa.

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Bella por fin entró al salón, tomada de mi mano con un poco más de fuerza de la necesaria. Eso podía tomarlo como un gesto de nerviosismo. En cuanto entramos, ella sofocó un grito de exclamación apretando fuertemente los labios. Recorrió todo el lugar con la mirada de manera crítica y con la sorpresa palpada en su rostro. Cuando finalmente terminó de acosar el salón bastante espacioso con la mirada, sus ojos se encontraron con los míos.

Le sonreí levemente.

¿Qué pasaba si Rosalie y Alice se habían equivocado con todo esto? Nunca me había imaginado a Bella haciendo esto, ni siquiera se me había pasado por la mente hacerlo yo mismo. Esto era algo que superaba cualquier cosa que estuviera capacitado para hacer. Era algo que probablemente nunca se volvería a repetir.

-¿Qué opinas? – me atreví a preguntarle ya que ella no formulaba ninguna palabra. Apreté mis dientes mientras esperaba que dijera algo, cuando comenzó a pensarlo bastante me preocupé. – Podemos ir a otro lugar si…

-No – se apresuró a contestar. – No quiero ir a otro lugar. Me gusta aquí – sonrió levemente – Aunque tengo la curiosidad acerca de esta idea, ¿fuiste tú quien lo pensó?

Suspiré.

-Es una historia larga.

-Tenemos toda la noche – respondió.

-Bueno, me levanté con el pensamiento de que probablemente tenía que hacer algo por ti porque ya lo merecías, y bastante, así que me pasé horas en la cama intentando saber que era lo bueno para ti. Pensé en algo material pero rápidamente lo descarté, pensé también ir a algún restaurant pero no era demasiado adecuado, al menos no lo sentía así. – me encogí de hombros ante su atenta mirada – Así que, como último requisito, llamé a Alice. Ella me dijo que era una buena idea que te alejaras de los niños por un tiempo, después ella llamó a Rosalie, y extrañamente toda la familia terminó enterándose así que participaron en eso. Es por eso que Rosalie y Alice te mandaron aquí.

Bella tenía una sonrisa en su rostro al escucharme relatar lo que había sucedido, la sonrisa era pequeña, pero sincera.

-De modo que… el día de hoy se te dio por ser romántico.

-Algo así – asentí levemente. - ¿está funcionando?

-Oh sí, está funcionando, y creo saber cuáles son tus planes después de esto – mi sonrisa se amplió aún más. – Así que creo que no debe ser tan malo.

-Intento que no sea de esa manera.

Ella asintió y su agarre en mi mano se suavizó, haciendo que sus dedos y los míos apenas se rozaran.

-¿Qué es lo que haremos esta noche?

-Creía que era obvio… - señalé el lugar con un gesto.

-Lo es, pero necesito estar segura.

-Bueno, este es un salón de baile y pensé que sería bueno…

-¿Sabes bailar algo de esto? ¿Al menos sabes cómo se llama el baile? – preguntó con la diversión bailando en su rostro.

-Bueno… no mucho – admití. – Es por eso que aquí hay una señora que nos ayudará con eso.

En cuanto dije eso, la figura de una mujer, que tenía alrededor de cuarenta años, apareció frente a nosotros, luciendo realmente como una maestra de baile, con su atuendo todo negro y de lycra, con una falda de holanes del mismo color. Tenía varias facciones latinas y Bella se mostró un poco sorprendida con eso.

-Bella, ella es Verónica. Verónica, ella es mi esposa, Isabella – les presenté.

-Sólo Bella – se apresuró a decir y extendió su mano, la cual, la mujer de piel bronceada la tomó muy gustosa.

Me di cuenta de que con tan solo ese apretón de manos supe que no habría problema con ellas dos porque de inmediato se habían llevado realmente bien.

No entendía como es que Bella, un poco torpe cuando se trataba de caminar y hacer cosas que implicaba movimientos de cuerpo, estaba realmente interesada en el baile. Cuando Alice me lo dijo no supe cómo reaccionar, sin embargo, era bueno saber un poco más de información acerca de ella.

Las dos mujeres se sumieron en una conversación acerca de los bailes por al menos cinco minutos. Eran breves en todo y había mucha cordialidad por parte de ambas, algo que no sabía si era bueno o malo, lo importante era que Bella se sintiera a gusto con ello.

-De acuerdo – habló la mujer para ambos, después, su mirada se dirigió a Bella – El señor Cullen ya me ha hablado de lo que se planea hacer esta noche. Lo único que debe hacer es relajar su cuerpo – le indicó. – Si no lo hace, entonces, el esfuerzo de este hombre no servirá de mucho.

Bella rió por lo bajó pero asintió un par de veces.

-Creo que podré lidiar con ello. Sobre todo porque será interesante verlo bailar.

Rodé los ojos.

-No me verás bailar. Mientras tú lo hagas yo lo haré. – le sonreí de manera torcida y ella asintió sin borrar su sonrisa.

-Me parece justo.

-De acuerdo, empecemos – indicó Verónica, que tenía un acento que me hacía recordar que yo también me escuchaba casi de la misma manera cuando intentaba hablar su idioma.

Nos fuimos a colocar al centro del salo. El piso era de madera falsa y a mi costado derecho estaba una larga sección de espejos enormes, que hacían parecer doble el lugar. El techo tenía grandes luces de color blanco, lo cual daban gran iluminación a todo el lugar.

-Edward, debes poner tu mano en la cintura de ella, muy bien, así está perfecto. Ahora, Bella, pon tu mano en su hombro y tómense la mano libre unos con otro. Así es – asintió. – Ahora, lo que van a hacer es moverse como si estuvieran bailando algún vals.

Aparté por completo la vista de aquella mujer y me dediqué a mirar a Bella mientras mis manos estaban posadas sobre ella. Era bastante… incómodo y cómodo, sin embargo, Bella parecía realmente divertida al verme intentar hacer algo así.

-Inténtenlo un poco más rápido – indicó la mujer. Quise mirarla mal, pero sabía que ella tenía los ojos posados en nosotros y también tenía los de Bella sobre mí. – Lo hacen perfectamente.

"Claro, yo siempre hago las cosas bien" quise responderle, sin embargo me dediqué a callarme y a seguir moviéndome.

-En la salsa, el movimiento son las caderas, así que tienen que mover las caderas de un lado a otro cada vez que den un paso – ella se puso frente al espejo y comenzó a hacer aquellos movimiento bastantes femeninos. – Vamos – aplaudió haciéndome parpadear – Inténtelo.

Me voltee hacia a Bella que tenía una sonrisa enorme.

-¿Estás listo, bailarín?

-No – contesté y suspiré. Sin embargo, yo de ninguna manera lograba mostrarme malhumorado porque no encontraba nada malo en esto. Se suponía que debía divertir a Bella y también yo estaba terminando de esa manera, divertido.

-Edward, si no lo haces no funcionará. Mira como Bella mueve las caderas – No hace falta que me lo pida. – Ahora intenta hacerlo tú.

-Lo siento, pero yo nunca me había planteado salir "Bailando con las estrellas" – respondí de manera irónica, causando su risa.

-Imagina que será así – respondió – Haz un esfuerzo.

Miré a Bella pidiendo cierta ayuda que ella no podría darme.

-Dos, tres, cuatro… - se escuchó de nuevo su voz y Bella y yo nos volvimos a mover, esta vez, ella se mostró un poquito más seria pero la diversión estaba en sus ojos. – Vamos, Edward, muévete.

Mierda, esta mujer comenzaba a caerme mal.

Con un suspiro de resignación hice lo que me estaba pidiendo y a la mitad de mi acto, Bella soltó una carcajada, separándose por completo de mí y abrazándose a sí misma, intentando contenerse.

La miré de mala manera. Intentaba hacer lo que la otra mujer me estaba diciendo y ella se reía. Sin embargo, Verónica también se estaba riendo pero mucho más discretamente que Bella, quien estaba controlándose un poco sin lograr bastante.

-De acuerdo – logró decir, con el rostro enrojecido gracias a las carcajadas. – Me comporto, lo lamento – se volvió a poner frente a mí – Muy bien, guapo, sigamos.

-Sí, lo sé, soy bueno en los movimientos. – le contesté de manera irónica. – Me dedicaré simplemente a ver como Bella mueve las caderas, ¿de acuerdo? – le dije a la mujer que seguía mirándome con ojo crítico.

-Oh vamos, esto es para que los dos los disfruten – dijo con simpatía. – De acuerdo, Bella, respira e inténtalo de nuevo.

Miré directamente a Bella de nuevo. ¿Cuántas veces me ponía a hacer algo ridículo por Bella para demostrarle que realmente la quiero? Tal vez no podría importarme el cómo me vería bailando de esa estúpida manera, esto era algo que Bella quería hacer así que tenía que sacrificarme y mostrarle lo que realmente ella me importaba. Necesitaba que ella riera más de esa manera libre y divertida, sin preocupaciones.

-Bien, tendré mi recompensa después de todo – me encogí de hombros y la volví a tomar de la cintura.

Sus ojos brillaron.

-Eso tienes que ganártelo. Me gusta como mueves esas caderas, hazlo de nuevo.

Le sonreí de manera divertida y sacudí la cabeza.

-De nuevo – escuché a Verónica- Dos, tres, cuatro…

.

Cuando salimos de aquel lugar eran alrededor de las once de la noche. Bella estaba aún riendo por lo bajo cuando recordaba los momentos en los que intentábamos hacer unos pasos que eran realmente imposibles. Eso era extraño. Nunca me había imaginado hacer ese tipo de cosas, sin embargo, lo había disfrutado como Bella, tal vez ella lo había hecho mucho más.

Sus mejillas estaban completamente sonrojadas debido a la excitación y a su corazón acelerado por la actividad física que habíamos tenido alrededor de una hora atrás. Ella estaba sonriendo a todo el mundo mientras caminábamos por las calles de Chicago con un poco de nieve cayendo sobre nosotros.

Ahora era más de media noche y habíamos terminado de cenar en el restaurante que estaba a unas calles del salón. Mantenía a Bella abrazada contra mí sin dejar de caminar. Extrañamente, ella lo había decidido así y yo no pensaba en poner alguna resistencia. Nosotros éramos unas de las pocas personas que estaban caminando por las calles frías. Las tiendas alrededor tenían una leve luz que daban a resaltar un poco su lugar, no tan excesivo. Aun había lucen navideñas por todo el lugar lo cual daba un poco más de iluminación a las calles.

-Creo que esto ha valido la pena – murmuró Bella mientras se veía reflejada en la Cloud Gate. Aparté la mirada de la cosa enorme de acerco y la llevé a la real Bella, no a la que estaba reflejada.

-Esperaba que de verdad valiera la pena. – le respondí.

-Bueno, ya que estoy bastante cansada por todo el ajetreo del día y todavía bailar con alguien que mueve muy bien las caderas creo que me voy a desmoronar, sin embargo, o pongo ninguna objeción y queja.

Reí levemente al escucharle decir aquello.

-Aun no sabes cuánto puedo mover de bien mis caderas, nena – ella se sonrojó levemente y sacudió la cabeza.

-Vas a matarme, Edward.

-Puedo hacer todo el trabajo por ti si así lo quieres – me encogí de hombros sonriendo levemente.

No tenía planeado tener relaciones sexuales con Bella después de esto, no en realidad. Ni siquiera se me había pasado por la mente, bueno, tal vez sí Sabía que Bella no necesitaba ese tipo de pensamientos ahora mismo pero me era imposible bromear acerca de eso. Necesitaba que ella se refiera como llevaba haciéndolo en las últimas dos horas. Ella se había mostrado bastante alegre.

-Bien, tendré que pensarlo – asintió y dejó caer su cabeza sobre mi hombro, acercándose más a mí.

Después de un largo rato de estar allí de pie, sin decir nada me atreví a romper el silencio.

-¿En qué estás pensando?

-Bueno, nunca me imaginé que tú y yo pasaríamos por algo así. Sé que siempre estoy pensando en eso pero es inevitable no hacerlo. – se encogió de hombros. – Me ha parecido un gesto realmente bonito que hayas hecho esto por mí.

Me voltee hasta quedar frente a ella. Sus mejillas ahora estaban sonrojadas por el frio que había a nuestro alrededor. Ella llevaba mi chaqueta encima además de su abrigo y aun parecía que tenía mucho frio. Sus manos, cubiertas de guantes de cuero se posaron sobre mis brazos.

-Tú te mereces más que esto y lo sabes, Bella.

-Si tan solo hubiera puesto más atención…

-Shh, shh… - me apresuré a tomar su rostro entre mis manos – No, no digas eso. No fue tu culpa. Entiéndelo, nadie te está culpando de nada, Bella.

-No puedo evitarlo, Edward – su voz era bastante baja, sin embargo podía sentir sus palabras más que escucharlas.

-Lo sé, también pasé por eso, Bella. Pero aquí estamos, los dos, saludables y tenemos otros hijos que esperan por nosotros saludables también – me incliné hacia a ella hasta que sentí su aliento contra mi rostro. – No he sido la mejor persona del mundo pero trato de remediarlo.

-Lo estás haciendo bien – aceptó y asintió con la cabeza hasta que su frente quedó contra la mía. En sus pestañas había pequeñísimos copos de nieve. Ella también tomó el rostro entre mis manos y se alzó en la punta de sus pies para juntar nuestros labios.

Hacía más de veinticuatro horas que no tocaba los labios de Bella y eso era algo extraño porque últimamente no sucedía eso. Sin embargo, me dediqué a besarla lentamente, con su rostro sonrojado entre mis manos.

Cuando nos separamos, ella volvió a recargar su frente con la mía, con la respiración un poco agitada.

-Por cierto… no sé si te lo mencionaron antes pero el día de mañana te librarás de los niños.

Ella soltó un risa corta y alzó la mirada con cierta diversión hacia a mí.

-¿Qué planes tienes esta vez?

-Yo ninguno – me apresuré a contestar y aparté un mecho de su cabello que cubría sus ojos. – Ahora sí, Rosalie y Alice te llevaran a una especie de Spa del cual no se su nombre – fruncí el entrecejo – eso es algo que me pone muy nervioso.

-Oh… el gran peligro que puede pasar allí es que resbale con alguna crema y caiga a la piscina de lodo.

-Eso siempre me ha parecido raro.

Ella se encogió de hombros y frotó sus pequeñas y delgadas manos en mi nuca. Agradecí el gesto porque ahora mismo estaba muriendo de frio.

-Funciona bastante. La piel es más suave una vez que sales de ese lugar. Deberías intentarlo.

-Lo tomaré en cuenta, muchas gracias – asentí y le sonreí levemente. Rocé apenas nuestras narices y ella se quedó en silencio, con un gesto serio. – Te quiero. No tienes idea de cuanto lo hago…

Esta vez su expresión era de sorpresa. Sus ojos se abrieron un poco más y después de asimilar mis palabras sonrió levemente y los cerró fuertemente.

-No tengo idea de cuanto lo haces… pero si sé cuánto te quiero yo a ti – murmuró de vuelta y me rodeó con sus brazos el cuello, atrayéndome hacia a ella.

La envolví en mis brazos también, sintiéndome como un adolescente que abrazaba y le decía cosas bonitas a su primera novia en sus primeros meses de relación. Sin embargo, eso no importaba mucho ahora. Sentía el corazón de Bella martilleando contra su pecho a pesar de todas las ropas que llevaba puestas. Supuse que era de felicidad o cualquier otro tipo de buena emoción.

-No creo que exista la palabra de cuanto lo hago yo.


Finalmente, después de varios millones de años aquí está el capítulo. Ya se que me he tardado demasiado en hacer esto pero tenía la semana se exámenes y la semana de la Ciencia y la tecnología en donde tenía que hacer proyectos y bueno, es un completo caos. Pero ya está aquí :D

¿Qué les pareció la actitud de Edward? Llevaba tiempo con esa idea hasta que finalmente se dio. Hoy no hemos tenido mucho niño pero ya está. Bella se equivocó cn sus rápidos pensamientos. Y creo que ustedes tambien.

Gracias a: whit cullen, eliza82, Lucero Mendozaa, AglaeeCullen810, soles, fabiola, ingrid, Nessie Joan Pattinson Stewart, yolabertay, gintygise, Eli Val, Helle Masen, Mafe D'Cullen Rojas, solechitopucheta, PattyMirandaGarcia1983, , LicetSalvatore, Saha Denali, flexer, Beastyle, Laura Katherine, Vero Hernandez, kimjim, an Cullen, Anahi-littrell, anaprinces25, beakis, Malingrez, Melania, ludwikacullen, Eva, Manu Nyn, iam Nikkiswan, ashleyswan, edidi, isakristen, Karenca Cullen Grey, tere2597

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, a los que publican en sus páginas y a todos los anónimos :)

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