Outtake

Autora: Nolebucgrl

Traducido por Pauli Aguliar, Traductora FFAD.

Capítulo beteado por Marta Salazar, Beta FFAD.


EMPOV

El vendedor estaba parloteando sin parar sobre las características y tratando de mostrarme cómo se ajustaban los asientos y toda esa mierda que ya sabía. ¿Por qué estaba perdiendo mi tiempo? Sólo necesitaba entrar a mi hermoso bebé e irme. Ella era la única chica que necesitaba, y quería que moviera su culo lejos de sus cómodos asientos de cuero hechos a medida para mi culo más sexy.

—Y no se olvide de reducir la velocidad cuando... —Bla, bla, bla. Tal vez debería decirle que cambié de parecer y ahora quería comprar un Kia. ¿Cuánto sería la pérdida de comisión de un Lamborghini a un Sedona? Miles de dólares, apuesto. Su reacción sería inolvidable.

—Creo que eso es todo, Sr. McCarty.

¡Por fin!

— ¿Tiene alguna pregunta?

—No, hombre, tengo todo. —Tal vez vaya al entrenamiento y así se la refregaría a GQ y Shaggy. Estarán verdes de envidia. De todos modos, ninguno de los dos sabía cómo manejar una dama como la mía. Ella necesitaba un nombre. Negra, elegante y sexy como el pecado... Halle Berry será. O Beyoncé. Diablos. ¿Cuál puede ser un buen nombre para el auto? Halle era mejor; Beyoncé tenía el trasero más relleno y mi bebé no.

—Si firma aquí y, bueno, ¿puede darme un autógrafo?

Sonreí ampliamente y firmé con mi nombre en los dos trozos de papel.

—Gracias, Dave. Que tenga un gran día.

—Ah, lo tendré. —Sus ojos prácticamente estaban mostrando signos de dólar. ¿Quién puede culparlo? — Disfrútela, señor McCarty.

Pasé mis dedos a lo largo del capó de color negro brillante y le sonreí.

—Vamos a disfrutar el uno del otro. ¡Que tenga un buen día! —Ya estaba harto de él. Me deslicé en mi coche y la encendí. Escuché cómo ronroneaba mi bebé. Al igual que una mujer real cuando la honro con mi toque.

—Vamos, nena. —Aceleré su motor y la puse en movimiento, saliendo de la concesionaria y poniéndola en punto muerto. Por supuesto que inmediatamente tuve que pisar el freno cuando llegué a un semáforo en rojo. Maldita sea. Downtown Scottsdale no era lugar para estrenar a Halle.

Me dirigí hacia el norte, hacia el culo del mundo, porque quería tomar velocidad. Si iba así por la carretera, me pararían a los cinco minutos. Podía evitar una multa, por supuesto, pero, ¿para qué arriesgarse?

Gina, mi GPS de confianza, me mostró que Cactus Road era larga y lo justamente recta. Elegiría esa. Dirigí a Halle hacia allí y sonreí al ver un tramo recto con nada más que cactus y rocas a lo largo de la carretera. No quería que la gente llamara a la policía y me notificara cuando acelere.

—Ok, nena, muéstrame lo que tienes. Moriremos otro día, ¿de acuerdo? —Halle era tan sexy como una chica Bond. Merecía ser llamada así. Me preparé con la palanca de cambios de la que tanto había hablado el vendedor y aceleré. Diablos, tenía razón. Ella aceleró más rápido. Buena elección. Aceleré una y otra vez. Estábamos a 115 y su motor todavía no estaba aún gritando. Oh sí, nena, voy a hacerte gritar.

Aceleré de nuevo y disfruté de la carrera sin problemas. Esto era tan sexy. Tal vez debería ir a clubes, pero no iba a dejar que nadie estacione a Halle. Sólo yo la conducía. Heisman podía rogar todo lo que quisiera, pero él puede conseguir su propio coche. No podía entender por qué eligió ese aburrido Mercedes para conducir. Por otra parte, cualquier cosa era mejor que la ridícula camioneta de Tex. Era vergonzoso que todavía condujera esa cosa. ¿Por qué era amigo de él?

Había una curva próxima, así que reduje la marcha. Halle podría con esto sin problemas. Fue hecha para manejar las curvas, al igual que yo. Eso es, chica, gira, tómalo bien. Bueno, hubo un tirón pero eso era de esperar. Tal vez debería reducir la marcha de nuevo y así evitar derrapar. Es tan fuerte. ¡Mierda, mierda, no me hagas esto bebé, inclínate hacia mí, no, no! ¡Mierda!

Escuché el impacto antes de sentirlo y me preparé lo mejor que pude, con ambas manos en el volante. Era ruidoso ahora, podía escuchar el metal rechinando, los neumáticos estaban girando y chillando, y la bolsa de aire explotó con un fuerte chasquido y me golpeó en la cara. Eso dolió jodidamente. El coche seguía funcionando, el motor ahora gritando, pero no estaba en movimiento. Quité mi pie del acelerador y apagué el coche, sacando la maldita bolsa de aire de mi cara.

— ¡Halle! Lo siento mucho. —Toqué el salpicadero y con cuidado abrí la puerta. Por lo menos choqué en el lado del pasajero. ¿Con qué había chocado? Me levanté y vi el gigantesco cactus que Halle había derribado—. Mierda. —Me dolía el cuello y lo moví con cuidado mientras caminaba alrededor para ver los daños. Había un hueco enorme en la puerta del lado del pasajero, por supuesto, y la pintura se rasgó toda. La ventana estaba rota, el borde delantero parecía estar doblado. Era reparable, gracias a Dios, pero apestaba. Había esperado meses para que ella llegara y la había roto en cuestión de minutos. Era seguro que Halle costaría mucho de mantener.

Saqué mi teléfono y busqué una compañía de remolque en Scottsdale. Les ofrecí unos cientos de dólares extra para que estuvieran aquí dentro de próxima media hora y lo harían. Por supuesto que lo harían. El dinero hablaba y yo creía mucho en el soborno. Tal vez podría sobornar al mecánico para que la arregle rápidamente.

¿Debería llamar a los chicos para que vengan a buscarme? No, me cargarían mucho. Podía escuchar los regaños sobre conducir seguro. Como si ellos supieran algo sobre cómo manejar una máquina como Halle. Sólo pueden soñar con tener sus manos sobre ella. Playboy seguro la conduciría como una abuela y el Hayseed probablemente la ensuciaría o algo ridículo. Ellos no sabían nada acerca de los italianos exóticos. Hmm, tal vez debería cambiar su nombre a Sophia.

El conductor de la grúa llegó un minuto antes que la policía. Mierda.

—Realmente no hay nada que ver aquí, oficial. No giré bien en la curva y tuve un pequeño accidente. Sin daño, no hay falta. —Le di mi mejor sonrisa y él sólo me miró, al menos creo que lo hizo. No podría decirlo con esos tonos brillantes que tenía. ¿Quién se creía que era? ¿Ponch?

Miró las marcas de neumáticos y el daño en Halle/Sophia y sonrió.

—Parece que fue algo más que un poco de exceso de velocidad, Sr. McCarty. —Sabía quién era yo, naturalmente. Todo el mundo lo sabía. Todo el mundo debería saberlo.

Hice mi mejor esfuerzo para lucir juvenil e inocente.

—Bueno, podría haber estado conduciendo un poco por encima del límite, pero recién me la entregaron y tenía que ver lo que podía hacer. Estoy seguro de que usted entiende.

Se rio con dureza.

—Oh, lo entiendo bien. —Mierda. Sacó su libreta y empezó a escribir. ¿Cuál era la mejor manera de hacer que esto desaparezca?

—Ya sabes, vamos a tener un buen equipo este año —le dije tratando de hacer conversación. El conductor de la grúa estaba enganchando las cadenas a mi chica, lo cual habría sido sexy si mi chica no estuviera dañada.

— ¿Ah sí? —preguntó, levantando la vista de su libreta.

—Oh, sí. Cullen luce fuerte en la práctica. No pensarías que el año pasado fue su año de novato.

—Sería bueno tener un equipo de fútbol ganador por aquí por primera vez.

No le hice caso a eso último y asentí con entusiasmo.

— ¡Seguro que sí! Te lo digo, él nos va a llevar hasta el final.

—Bueno, espero poder ver eso. —Esa fue mi señal.

—Tal vez podría hacer que eso suceda, si usted quiere.

Su postura y rostro se endurecieron, sus ojos marrones me miraban bruscamente.

— ¿Sí? ¿Cómo puede ocurrir eso?

Lo tenía. —Línea de treinta yardas, dos entradas por partido, para todo el año.

— ¿Me está sobornando, Sr. McCarty?

Mierda. ¿Estaba a punto de ser arrestado?

—No, sólo estaba pensando en realizar una pequeña donación al fondo de la policía. —Listo, prefiero atribuírselo todo a la caridad.

— Eso sería muy amable de su parte.

Estaba sudando. Mantén la calma. —Soy un buen tipo.

—Por supuesto, si los donara, nunca conseguiría una de esas entradas.

¡Demonios, sí, había pasado! —Eso sería una verdadera pena.

—Cuatro entradas.

Ja, eso fue fácil.

—Hecho. —Escribió algo en el papel y me lo entregó. Era su nombre y dirección, bajo la multa por conducción imprudente tachada—. Me aseguraré de que sean enviados a usted esta semana.

—Me parece bien. Espero que consiga arreglar el coche. Es tan malo ver una máquina tan buena en esa forma.

—Lo sé —le dije con tristeza—. Pobre Sophia. —A la mierda Halle, ella chocó mi coche.

—Conduzca seguro, Señor McCarty.

Me eché a reír.

—No hay opción ahora. —Tendría que volver a mi Hummer por ahora. El Oficial Shawn Lassiter se despidió y subió a su coche.

Vi cómo el conductor ubicó a mi bebé en su camioneta. Ella se veía tan triste. Casi me entraron ganas de llorar, pero eso sería una cosa totalmente de niñas y ni de joda lo hacía. Pero dolía.

— ¿Quiere venir conmigo a ver a Rose? Probablemente querrá obtener una estimación de tiempo y esas cosas, ¿no?

— ¿A ver a Rose? ¿Qué clase de mecánico era ese?

—Sí. —Entre y charlamos sobre el fútbol en el camino de regreso a Scottsdale. Por lo menos, me saco de la mente a Sofía; aunque cada vez que miraba por el espejo retrovisor, la veía destrozada. Pobre bebé.

El conductor, Henry Jones, se detuvo delante de Rose's Auto Body y me bajé. Me paré al lado de Sophia mientras él iba a hablar con el mecánico. Este lugar parecía bastante bien. Vi un Porsche elevado y todo en el lugar parecía brillante y limpio. Iba a cuidar bien de mi chica. Me volví y la miré.

—Vas a estar bien, nena. Como nueva. No me importa lo que me cueste. Me aseguraré de que estés tan bella como estabas hace un par de horas.

— ¿Qué carajo hiciste, gran cabeza cuadrada? ¿No sabes cómo manejar una dama? —Me giré hacia la voz femenina enojada y observé su cabello rubio, el overol y la rabia pura trasfigurar en su cara hermosa—. ¿Cómo pudiste?

¿Cómo pude qué? ¿Cómo podría hacer que esta gloriosa mujer fuera mía? Sí, eso era algo que necesitaba saber de inmediato.

—Es sólo un coche. Eres...

Ella gritó: — ¿Sólo un coche? —Y lo siguiente que supe, fue que levantó su mano derecha y tiró algo. Me agaché y sentí un golpe en el hombro izquierdo. ¿Qué demonios fue eso? Miré hacia abajo y vi una llave inglesa a mis pies. ¿Me lo había tirado a mí? No lo podía creer—. ¡Es un Lamborghini Gallardo 2008 Edición Especial! Sólo existen cincuenta de ellos. ¡Sólo un coche! ¡No sabes nada acerca de una máquina como esta!

Ella se acercó y me clavó un dedo en el pecho. No me podía mover. No podía pensar. Era la cosa más hermosa que jamás había visto, y si tenía que chocar mi coche una y mil veces más para verla, obviamente lo haría.

—Eres hermosa —le dije, extendiendo la mano para tocarla. ¿En serio era real? ¿Realmente había diosas como esta con overoles y aceite en la mejilla?

Ella golpeó mi mano y me ciñó punzando con su dedo contra mí otra vez.

—Tú no sabes una mierda de belleza. Si fuera así, ese coche estaría en buenas condiciones. Tengo casi decidido arreglarla y quedármela, ya que tú sólo la arruinarás de nuevo.

Ella era fenomenal. —Cásate conmigo.

Ella gritó y se agachó para recoger su llave inglesa. Pensé que podría estar en problemas, así que rápidamente moví mi pie y pisé la llave.

—Devuélveme mi llave —exigió ella con los dientes apretados.

—Ok, si sales conmigo.

Se puso de pie, matándome con los ojos. ¿Eran violetas? ¿Quién tenía los ojos violetas? Esta criatura hermosa que sería la madre de mis hijos, esa es quién.

—No saldría contigo ni que fueras el último hombre en la tierra. Si no puedes manejar un coche rápido, seguro como la mierda que no puedes empezar a manejarme a mí. —Se dio la vuelta, y su cabello rubio volaba con el viento delante de mí—. Deja tu información en la recepción. Jorge te llamará con un presupuesto.

—Olvídate de Jorge, ¿por qué no me llamas y podemos encontrarnos? Tal vez podrías enseñarme cómo manejarte, quiero decir, a mi coche. Ambos, en realidad.

Se dio vuelta y me inmovilizó de nuevo con esos ojos extrañamente hermosos. Le di mi sonrisa más dulce, la que doy a todas las chicas. Funcionaba todo el tiempo. Se acercó a mí lentamente, su cuerpo ridículamente sexy en un par de feos overoles marrones.

— ¿Quieres saber cómo manejar una chica de clase mundial como tu coche?

Asentí con la cabeza con impaciencia.

—Comienzas bien y despacio. No la presionas. Lentamente la pones en la primera marcha. Dulcemente la llevas a segunda. —Su voz era puro sexo y yo quería tenerla inmediatamente en la primera superficie que pudiera encontrar. El mostrador de su tienda parecía bonito y resistente—. Pasas mucho tiempo en la tercera, haciéndola ronronear, acariciando sus palancas. —Pasó un dedo por mi brazo y sentí realmente agitación ante su contacto. Ella era increíble. Tenía que tenerla—. La pones en cuarta y la dejas volar. Cuando ella viene abajo, reduces la marcha y suavemente la bajas. ¿Estaba sudando? ¿Estaba duro? Sí, absolutamente.

— ¿Y quieres saber cómo manejarme?

¿No había dejado eso perfectamente claro? —Mierda que sí.

Ella sonrió y lamió sus labios, sus dedos moviéndose hacia debajo de mi antebrazo. Luego me agarró del brazo y clavó las uñas en él. Grité.

— ¡Pones retroceso y corres como el infierno! —gritó ella. Mierda. Mi brazo duele como la mierda. Me soltó y se fue de nuevo a su garaje, con el pelo al viento. Me quedé mirándola, incapaz de moverme. Tenía que tenerla.

Entré en la oficina y llené el formulario asegurándome de dejar muy clara la información respecto a mí. No la volví a ver; la diosa rubia con la que tenía intención de casarme, pero la vería pronto. No había ninguna duda al respecto.

Xoxoxoxo

—Se lo digo chicos, ella es la única.

GQ me miró como si acabara de decirle que quería que fuera la madre de mis hijos.

—Ella te tiró una llave inglesa en la cabeza.

¿Y su punto es?

— ¡Lo hizo! ¡Y ella me llegó como nadie lo ha hecho antes! ¡Fue la cosa más caliente! ¡Y deberían verla! ¡Es hermosa! Cabello rubio, ojos violeta, cuerpazo, incluso en overoles feos... ¡Estoy enamorado!

—Por supuesto que sí —resopló Shaggy—. Sólo te enamorarías de una mujer que te tira mierda y te odia plenamente. ¡Todavía tienes sus marcas de uñas en el brazo!

Jodidamente que sí. —Ella me marcó. Un día, pronto, va a clavar las uñas en mi espalda mientras la llevo al éxtasis.

— ¿Acaso tus analogías de conducción no te metieron ya en suficientes problemas? Ni siquiera te devuelve las llamadas.

Fruncí el ceño por ese recordatorio. Sí, ella hizo que Jorge me informara que tardaría casi un mes en arreglar a Sophia. Al menos me confirmó que su nombre era Rose. Lo sospechaba, por supuesto, pero era agradable tener la confirmación. Era un nombre muy apropiado. Ella era la mujer más bella del mundo por lo que debe tener un nombre hermoso. Y ella tenía carácter y era espinosa, al igual que una rosa, pero con un poco de tiempo y paciencia podré desespinarla y hacerla mía.

— ¿Qué saben ustedes dos sobre mujeres? —Me dieron dos sonrisas petulantes en respuesta—. Quiero decir, ¿qué saben acerca de mantener una? Claro, pueden conseguir una en la cama, pero, ¿qué hay de encontrar a la mujer con la que vas a pasar toda tu vida?

Jasper se rio. — ¿Por qué iba yo a querer elegir una cuando tengo tantas para elegir? —Idiota. Pero era cierto. Había salido con estos dos un montón de veces y las mujeres nos caían en masa a los tres. Bueno, a lo mejor tenían un poco más que yo, pero eso es sólo porque yo era más selectivo.

—Yo sé lo suficiente como para saber que si me tira algo, no voy a volver por más —respondió Heisman mientras se ponía la camisa.

— ¡ja! ¡Rose tiene pasión! ¡Imagínate todo ese fuego en la cama!

—Me imagino que te quemarás —respondió.

—Tú no sabes nada. El paso uno ya está en marcha. Ella me llamará en cualquier momento.

—McCarty, ¿cuántas veces tengo que decir que dejes de decir mierda aquí? Si se trata de nuevo de una muñeca inflable, ¡te voy a sacar! —gritó el entrenador. Por Dios. Le compras a un hombre una muñeca inflable después de que se queja de no ver nunca a su esposa, ¿y dónde están las gracias? Sólo estaba pensando en sus necesidades.

—Yo no he pedido nada. —Llegó con una gran caja y me la tiró.

—Bueno, sea lo que sea, no lo quiero aquí. —Se alejó y rodé los ojos.

— ¿Qué es eso? —preguntó Esquire.

—No lo sé. —Rompí la caja y me quedé mirando el contenido—. Maldita sea.

Jerksper miró por encima de mi hombro y se echó a reír. — ¿Así que le enviaste rosas? Buen primer paso. Asesinó a esas cosas.

Él tenía razón. Las había decapitado y le arrancó todos los pétalos. Seis docenas de rosas reducidas a nada. —He calculado mal su ira.

Edward se rio. —Se podría decir. ¿Qué más te gustaría enseñarnos acerca de las mujeres? —Él y Jasper rieron y tomaron sus bolsos de entrenamiento—. ¿Vas a salir con nosotros esta noche?

Negué con la cabeza y Edward me dio una palmada en la espalda antes de salir. Es evidente que había hecho mal. Rose no era una niña de flores. A Rose le gustan los coches. Por lo tanto, le daría lo que ella quería.

Xoxoxoxox

El segundo paso fue bastante fácil. Entré a un sitio web y ordené a todas las revistas sobre coches que pude encontrar y se las había enviado a ella. Pagué extra para conseguir que fueran enviadas de inmediato. El tercer paso fue un poco más complejo, pero pensé que con ello la haría feliz. Navegué por internet y encontré todo tipo de piezas de automóviles clásicos, cosas que eran difíciles de encontrar de acuerdo a las guías y clasificaciones que consulté. Se los envié a ella, dejando espacio entre la noche del primero y le envié los otros en momentos diferentes por lo que así le llegaría uno por día.

Luego, encontré un sitio de modelos de autos (1) impresionantes y ordené a todos los mejores. Ferraris, Porsches, Mustangs, Vettes... eran lo suficientemente buenos, tanto que incluso yo quería algunos. Arreglé para que llegaran durante el próximo par de semanas también. Cada uno iba con un mensaje, pidiéndole que me enseñara cómo manejarlos y ofreciéndole una cena afuera, o dentro, o un viaje a Cabo. Uno de ellos le llegaría. Lo sabía.

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Tres semanas pasaron y no había respuesta de ella. Ella terminaría con mi coche en cualquier momento y estaba empezando a ser un hombre desesperado. Había comprobado y cada cosa que había pedido había llegado a sus manos. Afortunadamente, ninguno de ellos había sido devuelto. Eso tenía que significar que los guardaba, ¿verdad?

Estaba triste, pero aún no me daría por vencido. Tenía una gran arma bajo la manga. Me dirigí a Phoenix y me reuní con Jerry Lane, a este hombre lo había encontrado en la Lista de Craig. Él tenía un Corvette del '69 que necesitaba un poco de amor, pero funcionaba bastante bien. Era color rojo fuego, aunque la pintura estaba saliéndose y sin duda necesitaba renovarse. La encendí y salí corriendo, aunque hubo un ruido de traqueteo que probablemente conseguiría enojar a Rosie. La tomé, dándole al tipo $ 13.000 en efectivo. Él estaba feliz y yo estaba emocionado. Si esto no funciona, nada lo haría. Aunque no podía rendirme. No me la podía sacar de la cabeza. Cada vez que cerraba los ojos, ella estaba allí, gritándome y luciendo como un ángel vengador enviado del cielo para patear un pequeño culo en la tierra. ¿Quién no querría eso?

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La llamada llegó al día siguiente. Sophia estaba lista. Jorge me dijo que podía recogerla en cualquier momento. Le pregunté si Rose estaba alrededor y él me dijo que sí, pero que tenía que decirle cuándo iba a ir para que pudiera desaparecerse. A la mierda eso. Si ella me iba a rechazar, lo iba a hacer bien en mi cara. Le ofrecí mil dólares para que le dijera que no iría hasta el día siguiente, y juré que le conseguía un nuevo trabajo si ella lo despedía.

Conduje el Vette a su casa. Salió del garaje cuando lo vio y se detuvo en seco cuando salí del coche. La veía debatiéndose entre el deseo de irse y las ganas de ver el coche. Contaba que su amor por los coches ganara ante su deseo de huir de mí. Vi cada uno de los modelos que le envié alineados en el estante en el garaje. Así que, le habían gustado. ¡Lo sabía!

Me apoyé contra el coche y esperé. Echó un vistazo a su garaje y luego al coche y luego de vuelta otra vez, dejó escapar un gran suspiro y se dirigió hacia mí. Estaba aún más impresionante de lo que recordaba, con su pelo rubio brillando a la luz del sol. Tenía que verla sin los overoles por lo menos una vez antes de morir. Su cuerpo era fenomenal en él y sólo podía imaginar cómo se vería en un vestido sexy, o mejor aún, nada en absoluto.

— ¿Destrozando otro coche? —preguntó ella, enarcando una ceja elegante y burlándose de mí, deteniéndose a unos tres metros de distancia.

—Eso depende de ti —le dije, acariciando el capó y sin dejar de sonreír.

—No destruyo coches. Los reparo. Les hago mejores y más rápidos.

Ella era fenomenal. —Sí, así es. Por eso es que te la traje.

— ¿Qué quieres que haga? —preguntó ella, caminando alrededor del coche lentamente, sus ojos observando con avidez. Un día ella me mirará de esa manera, juré.

—Lo que quieras hacer. Ella es tuya.

Se detuvo en seco y me miró boquiabierta. — ¿Qué quieres decir con que es mía?

Me aparté del coche y di un paso hacia ella, balanceando las llaves alrededor de mi dedo índice.

—Quiero decir, la conseguí para que tú puedas hacer lo que quieras con ella. Considéralo como un agradecimiento por arreglar a Sophia.

—Tú me das las gracias pagando tu gran factura. No me lo agradeces comprándome un coche.

Sonreí y giré parte de los rizos de oro alrededor de mi dedo. —Me gusta ser diferente.

—Sí, puedo ver eso —murmuró, lanzando una mirada hacia atrás en el garaje, en los modelos que yo le había enviado.

— ¿Te gustan?

Se encogió de hombros, pero no se apartó de mí. —Las coloqué allí, ¿no?

—Sí, pero nunca contestaste ninguno de los mensajes que venían con ellos.

Ella me miró con recelo. — ¿Por qué quieres salir conmigo? Te tiré una llave inglesa.

Me eché a reír. —Es exactamente por eso que quiero salir contigo. Nadie me ha arrojado algo antes. Bueno, excepto el entrenador cuando cambié todas las jugadas de su libro por dibujos animados porno.

Ella sonrió. —Eres extraño.

—Lo sé. ¿Quieres llegar a conocer cuán raro soy?

Ella frunció los labios. — ¿Realmente me compraste este coche?

Sonreí. —Sí.

—Voy a arreglarlo, pero te lo voy a devolver. No puedo aceptar un regalo como este de alguien que no conozco.

—Así que, conóceme y luego tómalo.

Ella me miró por un segundo y luego miró el coche de nuevo. —Está bien.

No podía contener la sonrisa que se extendió por mi rostro. — ¿Sí? ¿Vas a salir conmigo?

Ella asintió con la cabeza. —Sí. Sí a salir contigo, pero no me voy a casar contigo. —Teníamos tiempo para eso. La haría caer haciéndola pensar que sabía lo que estaba pasando.

Alargó la mano y cogió las llaves de las mías. —Ah, ¿y Emmett? —Era la primera vez que decía mi nombre y me provocó toda clase de cosquilleo por dentro.

— ¿Sí, Rose?

—Yo conduciré.

Me eché a reír.

—No lo querría de ninguna otra manera, Rosie.


(1) También llamados autos a escala.