NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Kameraden! ¡Herr Hauptsturmführer Tarmo Flake ist hier!
Un año.
Hace exactamente un año que inicié las aventuras de Aria Jaëgersturm en este sitio. Desde entonces, y sé que muchos quisieran que jamás hubiera ocurrido, no he parado de plasmar la demente historia de esa excéntrica arañita germana sáfica que, ignoro por qué, sigue atrayendo a uno que otro lector cada mes. Ha sido un largo, pero muy largo camino, no hay duda.
Y nunca me he arrepentido de recorrerlo.
Cada vez que parecía que seguir relatando una trana tan intrascendental en un fandom, ya de por sí muy pequeño, era inútil; ustedes me recordaban que, sí, vale la pena volver ponerse frente al teclado y dejar fluir la imaginación y grabarla para la posteridad en virtual tinta. Así que, si me lo permiten, celebremos el primer aniversario de mi historia más exitosa y longeva con un episodio de la misma longitud.
¡Que comience la fiesta!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena los invita a probar su pastel de R'lyeh! ¡Garantizamos que no contiene las almas de los infortunados!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 53
¡Hoy es la fiesta!
Sí, ya sé que soné a niña pequeña con tan exaltada proclamación respecto a la celebración de otro aniversario más en la vida de la dueña del restaurante Aizawa, pero en verdad estoy ansiosa. Y eso es tanto por pasar un rato agradable en compañía de mi familia y amigos, como por los inolvidables sucesos ocurridos en día de ayer. Es decir, después de tanto conjeturar y fantasear sobre cómo mejorar los lazos de exigua amistad entre la arpía y la dullahan, una afortunada serie de eventos finalmente me ofrecieron la oportunidad de empujar la balanza a mi favor, ocasión que aproveché sin dilación. Hubo instancias donde pensé que terminaría arruinando lo que había logrado obtener, pero por suerte, Tique y Niké me sonrieron lo suficiente para volver esa posible caída en una pequeña, pero significante victoria.
¡Y qué triunfo!
Que la segadora nos permitiera a mí y a Cetania el poder darnos ósculos y achuchones libremente, incluso en su presencia, es prácticamente un hito en nuestra relación. Suena absurdo emocionarse con algo tan aparentemente intrascendental, pero sinceramente, no es fácil convencer a una dullahan; especialmente en una materia tan delicada y personal como el amor. Y debo admitirlo, si Lala poseyera dos pares más de ojos, tres más de piernas y su cuerpo estuviera fusionado con un quitinoso exoesqueleto, sería una arachne indomable; tiene todo lo necesario para volverse la próxima dictadora de Sparassus. Por supuesto, no estoy insinuando que mi princesa azul sea una tirana, pero es obvio que ella posee una fuerte personalidad dominante que saca a relucir cuando intenta proteger lo que es suyo.
Y también cuando estamos en la cama, pero ese no es el punto ahora.
Después de que Helios confabulara junto a las Híades para que los negros nubarrones descargaran el diluvio entero sobre suelo nipón, el cuarteto conformado por la arpía, la irlandesa, Haruhiko y esta arachne de mal agüero, corrió tan rápido como pudo a resguardarse bajo la protección de los edificios de la urbe y el paraguas que había traído conmigo. Y aunque el horario no hubiera impedido que halláramos techo con suficiente espacio para todos, por alguna razón elegimos un lugar al aire libre y pocos comercios abiertos para albergarnos. Únicamente un escueto barandal y el inusualmente ancho parasol sobre los cuatro nos protegían de la inclemencia de la líquida precipitación atmosférica.
– "¡Condenada lluvia! ¡Justo cuando ando estrenando ropa!" – Vociferó la rapaz. – "¡Demonios, flaca! ¡Tenías que echarnos la sal, ¿cierto?!"
– "¡¿Acaso crees que controlo también el tiempo, pajarraca?!" – Le contesté, comprimiendo mi abdomen lo mayor posible. – "¡Deja de imprecarme control sobre el clima y pégate más, si no quieres mojarte!"
– "¡Ya estoy más apachurrada que una sardina enlatada!"
– "¡Pues ponte tan plana como tabla de surf!"
– "¡No puedo prensarme más! ¡A menos que me apretujes las tetas!"
– "¡Por mí, encantada!"
– "¡Si cesaran de farfullar lascivas fruslerías y se concentraran en buscar un lugar menos expuesto, sería muy apreciado!" – Nos reprendió la dullahan. – "Desgraciadamente, el torrente constante de agua no me permite dar con respuesta a nuestra precaria situación."
– "Genial; moverse y mojarse o estar parada para seguir soportando a esta pitufo." – La castaña giró los ojos. – "¿Qué sigue? ¿El viento soplando de lado para empaparnos?"
Cuando la infausta profecía de la halcón se cumplió, se ganó una mirada inquisitiva por parte de la Abismal y un ligero coscorrón de la mía. Haru era el único impávido, pues parecía disfrutar de nuestras pequeñas reyertas y el caer de las incontables gotas sobre el ahora tornado frío pavimento. Nuestra mayor prioridad era proteger al bebé, tal responsabilidad cayendo en mí. Me aseguré de cubrirlo con el paraguas y la bufanda que la segadora me proporcionó, a costa de calarnos la entidad corpórea entera y pescar un resfriado. Bueno, he sobrevivido cosas peores, como la comida primeriza de Miia, el entrenamiento infernal y a la guadaña de la peliblanca, así que la gripa no me preocupaba. Y si eso significaba que podía quedarme en cama sin trabajar mientras mi hermosa irlandesa me ofrecía sus panaceas comestibles, entonces el trato no era tan malo.
Aprovechando una pequeña ventana donde el dios Eolo disminuyó la intensidad de sus impasibles vendavales, corrimos hacia el edificio más cercano, buscando ya sea techo o poder tomar algún transporte para trasladarnos a nuestros hogares. Fuimos a parar con lo primero justo al tiempo que el torrencial reanudaba su fuerza. Tal tarea se repitió durante los intermitentes intervalos que la tormenta alternaba entre tenue llovizna e impetuoso tifón, momentos que aprovechábamos para correr con celeridad hasta el próximo punto, minimizando nuestra exposición y especialmente la del niño, a los elementos. Finalmente, después de haber atravesado casi tres manzanas de la misma manera, nos encontrábamos a solo un cruce de calle doble para alcanzar una estación de autobuses con amplio cobertizo.
Ya estaríamos ahí, de no ser porque la ventisca logró doblar el parasol hacia arriba, curvando las varillas de metal y dejándonos sin otro medio para abrigarnos del agua. Guardé como pude la sombrilla y traté lo más que pude de mantenernos secos a mí y a Sarver.
– "Tan cerca, y aún así tan lejos." – Musité al ver la distancia que nos separaba. – "Y la lluvia no se detiene."
– "¿Puedo preguntar por qué no estamos usando nuestros celulares para llamar un taxi?" – Cuestionó la americana, pegada a mi brazo derecho. – "¿O al menos pedirle a algún patrullero que nos dé un aventón?"
– "He estado aquí antes, con mi primera familia; este distrito no posee transporte con tamaño para liminales grandes." – Respondió la peliblanca, aferrada al izquierdo. – "Lo mismo para los vehículos policiacos. Sí deseas, puedes abordar uno tú sola. Nada te ata a nosotras."
– "Buen intento, decapitada, pero me quedo a lado de mi araña, aunque no te guste." – La emplumada se adhirió más a mi brazo. – "Tú quieres que me quede, ¿verdad, flaquita?"
– "Sabes que sí, Süsse." – Le sonreí. Mis manos estaban ocupadas cubriendo al pequeño. – "Pero si quieren que les consiga un carro para ustedes, por mí no hay problema. Que mi presencia no les estorbe."
– "Como si fuera mi voluntad el abandonarte ahora, A chuisle." – La dullahan replicó. – "Además, sólo debemos ser pacientes y esta borrasca eventualmente cesará su furia."
– "No me molesta esperar, pero Haru podría enfermarse de seguir a la intemperie." – Reiteró la arpía. – "Y el aguacero lleva un buen rato si detenerse. Quizás ya no pare."
– "Es verdad, Spatzi, el chiquillo puede ponerse malo." – Concordé con la voladora. – "Desconocemos también si el siguiente autobús aparecerá pronto o más tarde. Arriesguémonos y corramos hasta ahí."
– "La paciencia es una virtud, A chuisle." – Reiteró la irlandesa. – "Aguardemos un poco más."
– "Estoy de acuerdo con ella, flaca." – Terció la rapaz. – "Por muy delicado que sea el churumbel, tampoco hay necesidad de exponerlo para ganar algo de cobertura cuando ya contamos con esta."
– "Comprendo su preocupación, pero el tiempo no espera a nadie." – Aseveré. – "Vamos, nos empaparemos un poco y pronto estaremos secas en casa."
– "Te estás precipitando, flaca. Quedémonos."
– "¿Confían en mí, chicas?" – Interrogué, mirándolas a ambas. – "¿Creen en mi buen juicio?"
– "De hecho, no." – Respondió la castaña, riendo tenuemente. – "Pero tampoco voy a soltarte, linda. De acuerdo, estoy lista."
– "¿Spatzi?"
– "Supongo que no tengo opción." – La aludida suspiró, guardando su reloj nuevo. – "Adelante, temeraria descendiente de Arachne; te sigo."
– "Bien." – Sonreí y miré hacia el frente. – "¡Panzer vor!"
El tráfico era mínimo y el cruce de peatones marcaba indicaba que era seguro el movernos; era nuestra oportunidad. Con mi grito de batalla proferido, las tres nos alejamos de la seguridad del concreto del edificio y nos aventuramos a ser recibidas por la helada lluvia. Dos calles, el doble de largo, ningún refugio que no fuera el que parecía cada vez más cercano conforme avanzábamos. El agua nos cubrió por completo, excepto a Haru, al cual protegí con ahínco. Sin dilación y después de darnos un baño express con la madre naturaleza, finalmente alcanzamos nuestro objetivo.
Y entonces, la lluvia cesó.
El cielo, ese caprichoso reino sobre nosotras, se decantó por hacer otra de sus mezquinas jugarretas y decidió que el terrible diluvio debería detenerse justo al momento que nos hallamos bajo techo. Tales coincidencias suelen pasar, pero en mi caso, es casi una ley implícita que corra con la peor suerte de todas. Las miradas recriminatorias de mis compañeras no se hicieron esperar y, el sudor, más frío que las gotas que resultaron en nuestro mojado estado, se apoderó de mi cuerpo al igual que el temblequeo. Debí hacerles caso, lo sé, pero ya era tarde para arrepentirse.
– "Uhm…" – Tomé tímidamente la palabra. – "Quizás esto sea bueno para el bebé, después de todo. Ya saben, ¿ayudarle a desarrollar anticuerpos y así fortalecer su sistema inmunológico?"
Lo único que se hizo fuerte en ese momento, fueron los repetidos coscorrones que recibí de ambas mujeres, al igual que mis constantes quejas y suplicas para que interrumpieran su incesante bombardeo sobre mi ya muy dilacerada sesera. Luego de fútilmente batallar contra la ira de una arpía y una dullahan, un bello carruaje de tonos bicolores conducido por un valiente jinete apareció para distraer a las atacantes. Era sólo el autobús conducido por una simple chofer nekomata, pero igualmente acudió a mi rescate al estacionarse y abrir las puertas del vehículo, dándome una muy apreciada ventana de tiempo para evitar que perdiera completamente la consciencia. Obligándome mis acompañantes a pararme con sutiles patadas en los costados, abordamos el transporte y pudimos relajarnos mientras nos trasladaban hacia la parada más cercana a nuestras moradas.
Pero, incluso si nuestro esfuerzo fue en vano y acabamos justamente como no queríamos debido a mi impaciencia, ninguna se alejó de mí al sentarnos en los lugares reservados para liminales. Descansando sus cuerpos sobre el mío, en iguales empapadas condiciones, recorrimos los mojados caminos de la ciudad. Acaricié las cabezas de ambas, sonriendo ante la pacífica escena que acontecía dentro de esa caja móvil de metal, contrastando con el gris panorama exterior, opacado por la reacia tormenta, que volvía a arremeter con fuertes vientos que creaban un peculiar sonido al ulular entre los espacios cerrados. El agua se impregnaba en los cristales, fusionándose con sus demás congéneres y nublando el vidrio.
Sin embargo, aunque afuera el mundo se viniera abajo, mi interior se iluminaba al saber que el cariño y amor incondicional de las mujeres más importantes en mi vida era más fuerte que cualquier tifón que la naturaleza osara provocar. Haruhiko alzó la mirada y se encontró con la mía; sonreímos al mismo tiempo. El volvió a entretenerse, contemplando un juego de video portátil que un pequeño del lado contrario disfrutaba alegremente; y yo me regocijé en la dicha de seguir compartiendo un pequeño pedacito del dulce pastel de la vida en compañía de mis damas. Cierto, aún faltaba para que mi mayor sueño se cumpliera, y tal objetivo todavía seguía siendo incierto; pero todo comienzo, por muy pequeño que sea, es igual de magnífico si se obtienen grandes dichas al iniciarlo.
Y no hay mayor dicha que amar.
El bus siguió su ruta predeterminada sin interrupciones, más allá del tráfico y los semáforos, hasta entrar en las cercanías del domicilio de la residencia Honda. Sacando algo renuentemente a Cetania de su ligero sueño e indicándole que ya estaba en casa, la arpía badalló un poco y tomó sus pertenencias. La lluvia volvió a disminuir, otorgando una oportunidad perfecta para que llegara incólume a su morada. Acordando que ella pasaría temprano por nosotras el día de mañana, la estadounidense se despidió del pequeño con un beso en su frente y para mí, uno muy tierno en la boca. La segadora obtuvo de ella un simple 'adiós' en su idioma natal, que si bien fue frío y breve, tampoco fue un dedo medio por cortesía de las manos protéticas de la pajarita, como acostumbraría. Con la falconiforme ya habiéndose retirado, proseguimos hasta detenernos en la esquina de la calle que corría paralela a nuestro hogar.
En esta ocasión, los dioses no fueron favorables y, tan pronto las puertas del vehículo nos permitieron la salida, nos precipitamos raudamente por la acera hasta llegar a nuestra residencia. Procurando que la lluvia se mantuviera alejada del chiquillo y de la peliblanca usando mi cuerpo a manera de barrera, encarando al viento, quité el seguro de la bruna reja que resguardaba la casa y rápidamente abrimos la puerta. Ya bajo el amado techo de tan preciado santuario hogareño, nos dimos un momento para secarnos antes de ingresar a la pieza principal. Encendimos las luces para alejar la imperante oscuridad que reinaba en la morada, evidencia empírica de que el resto de la familia se hallaba ausente.
Concordando en que seguramente realizaron algún paseo que quedó interrumpido por el mal clima, la irlandesa y yo optamos por retirarnos nuestros atavíos y darnos un baño agua caliente; no sin antes dejar al niño en su hamaca, a insistencia mía. Con Sarver ya acostado y rindiéndose sin dilación al sueño, nosotras dos nos dirigimos al cuarto de aseo. No hablamos mucho, más allá de cosas triviales y los cotidianos sucesos del día. Aseadas, regresamos con el churumbel, ya despierto de su breve siesta, para también adecentarlo y ver que el virus de la influenza no haya logrado reclamar su bienestar.
Afortunadamente, Haru gozaba de excelente salud y admito que pasamos un rato agradable lavándolo. De nueva cuenta, recurrimos al bicarbonato de sodio para limpiar su cabello, pues el shampoo y demás productos de limpieza continuaban agotados. Eso también significó que tendría que esperar a higienizar mis dientes. Después de dejar al nene presentable y vestirlo con un trajecito de pandita, mi chica de piel añil me solicitó que le enseñara a descubrir los misterios de la telefonía celular en la sala. Con el nenito en sus brazos, asenté mi cuerpo junto a la dullahan y, encendiendo el vistoso aparato, dimos los pasos iniciales para configurar el equipo.
– "Saliste demasiado seria, A chuisle." – Comentó ella, mostrando mi foto en su pantalla. – "Es para tu perfil de contacto, no el ejército. Sonríeme un poco."
– "Perdón, linda, es casi instintivo. Veinte años de adoctrinamiento no desaparecen tan fácil de un soldado." – Ahora sí, sonreí, disculpándome. – "Incluso me pasó la mitad del tiempo en el zoológico. ¿No quieres la misma que uso en mi placa? Manako la pasó a mi celular."
– "Esa quedaría mejor para… ¿Cuál era el nombre de las imágenes que van en la sección principal?"
– "¿Papel tapiz?"
– "Correcto. Además, deseo hacerlo yo misma." – Volvió a alistar la cámara del aparato. – "Una vez más, A chuisle. Y trata de lucir feliz."
– "Cuenta hasta tres primero."
– "De acuerdo. Eins… zwei… ¡drei!"
– "¡Spatzi!" – Declaré jubilosa, logrando la mueca esperada. El flash me cubrió por completo. – "¿Qué tal?
– "Excelente método, amor." – Sonrió ella, enseñándome el resultado. – "La lente ha logrado capturar tu belleza germana innata."
– "¿Tan fea?" – Bromeé y le mostré el mío. – "Por cierto, ¿te gusta el fondo que elegí para el mío?"
– "Yo y la descendiente de Electra junto a Haruhiko." – Comentó, observando la foto.
– "¿No crees que ambas lucen hermosas cargando al rorro?" – Pasé el dedo, cambiando a otra. – "Esta nos la tomé en el bus, mientras descansaban. Mira esas caritas tan tranquilas."
– "Admito que es un cuadro enternecedor, ignorando la vituperable presencia de esa peste alada." – Dijo con sarcasmo. – "En todo caso, ¿algún otro contacto que deba agregar a mi lista?"
– "La tienes a todo color frente a ti, linda."
– "¿Qué te hace pensar que añadiré a esa emplumada, Jaëgersturm?"
– "Que después de mí, es la siguiente en que puede auxiliarte en caso de una emergencia."
– "No, gracias. Ya me has compartido el número de esa agente gubernamental y la occisa viviente; incluso del resto del departamento policiaco." – Replicó. – "Además, soy una Abismal. Los artilugios humanos no pueden tomar mi vida."
– "Pero sí herirte, amor." – Reiteré. – "Y aunque fueras una intangible espectro antimateria, yo jamás dejaría de preocuparme por ti."
– "Lo sé, A chuisle. Has insistido infinidad de veces en que siempre te llame en cualquier suceso, por pequeño que sea."
– "Y aún así no estaré tranquila hasta volver a ver tu angelical e incólume rostro." – Le acaricié su impoluta cara para enfatizar. – "En serio, Spatzi. Te daría un botón de pánico para alertar hasta al emperador, pero no quiero sonar sobreprotectora."
La irlandesa e incluso el bebé se me quedaron viendo, inclinando la cabeza. Yo ignoré sus acusativas miradas y le envié los datos de la americana a la dullahan por Bluetooth. Aceptando ella renuentemente, hizo parte a la falconiforme de su lista y continuamos personalizando el aparato. Eso sí, ni yo pude convencerla de cambiar el apodo a otro que no sea 'Peste Alada'. Kimihito apareció junto a las demás poco tiempo después, también empapados aunque no tanto como nosotras, contando ellos con paraguas funcionales. Como predijimos, fueron a sacarle provecho a los cien mil yenes, yendo de compras.
Ayudándoles a acomodar las provisiones y demás objetos conseguidos durante su excursión a los diversos centros comerciales, las chicas se excusaron para tomar un baño. Es necesario recalcar que luego de los sucesos ocurridos en la mañana, las inquilinas insistieron en que su casero también se les uniera, rechazándolo él cortésmente. Ellas no hicieron barullo alguno y civilizadamente se dirigieron al cuarto de aseo. Por supuesto, eso no evitó que Miia volteara a verlo, guiñando sugestivamente y moviendo su cola y caderas, a manera de invitación. El pelinegro discretamente rechazó la oferta de nuevo y la lamia encogió los hombros, reanudando su camino. Pero en el fondo, sabía que él hubiera aceptado sin dilación. Digo, yo en su lugar, lo haría.
– "Sí que surtió la casa en esta ocasión, ¿cierto, Herr Kommandant?" – Le dije al chico mientras yo guardaba la comida en la alacena. – "¿Se acabó los cien mil morlacos?"
– "Aún me sobra como el cuarenta por ciento." – Replicó el muchacho, abasteciendo la nevera. – "Las demás cooperaron para cubrir parte de sus gastos. Por supuesto, me hice con varios regalos para ellas y la señorita Aizawa."
– "Los lazos de amistad entre las residentes de esta morada siguen reforzándose día a día, compañero." – Comentó la dullahan, categorizando los enlatados. – "Has realizado impecablemente tu trabajo como hospedador del Programa, Kimihito."
– "Te agradezco el halago, Lala, pero tampoco soy un chico modelo o algo así." – Contestó él, ordenando los vegetales. – "Odio admitirlo, pero en ocasiones estuve al borde de salir huyendo de tanto caos que sucedía a diario en la casa."
– "Descuide, Herr Kommandant. Lo comprendemos perfectamente." – Respondí. – "Usted es un santo beatificado por soportar tanta loca en la residencia de sus padres. Yo les hubiera puesto una buenas tundas infinidad de veces, si me permite ser honesta."
Y también hubiera cometido liminalcidio en demasiadas ocasiones, pero no iba a decir eso.
– "Entiendo, Aria. Pero, en mi caso, no era porque detestara a alguna de ellas. Odiar no es mi estilo." – Reveló él. – "Más bien, me daba miedo tanta responsabilidad."
– "Demasiada para una sola persona." – Acotó la irlandesa. – "Especialmente con personalidades tan variadas y explosivas."
– "Pero posible, como me esfuerzo en demostrar." – Afirmó Kurusu. – "Acepto que muchas veces pude evitar conflictos si hubiera hecho lo necesario por evitarlos."
– "Usted siempre intenta el diálogo primero, mein Herr." – Recalqué. – "Con resultados desgraciadamente exiguos."
– "Aún así, no deseo culpar a las chicas por ello. Buscar chivos expiatorios no nos ayuda a mejorar."
– "¿A pesar de que sabes que ellas también comparten responsabilidad?" – Cuestionó la segadora, terminando la labor.
– "Cosa que no hubiera sucedido si yo hubiera puesto de mi parte, en lugar de dejarme intimidar por mis propias inseguridades." – Afirmó Kimihito. – "Pero, creo que eso es parte de madurar, ¿no lo creen? Sufrir juntos para crecer."
– "En eso le doy toda la razón." – Repliqué. – "Aunque parezca que todo el tiempo tratamos de arrancarnos las entrañas, Dyne y yo nos respetamos como guerreras."
– "Al grado de compartir ósculos…" – Susurró la peliblanca, con desdén. – "Pero estoy de acuerdo. A pesar de las innumerables dificultades que han traído nuestra presencia, considero que hemos logrado avanzar mutuamente."
– "Especialmente en asuntos del corazón." – Nos guiñó el muchacho. – "Como ese par de tímidas tortolitas que pretendían ignorar lo que sentían la una por la otra, a pesar de que lo ocultaban con la sutileza de una bengala en medio de la noche."
– "O arrojaba sin cuidado la cabeza de la persona que ha jurado proteger toda la vida." – Agregué, riendo tenuemente. – "Nunca me lo perdonaré. Por ello acepto todo castigo que ose imponerme."
– "Aunque tampoco es que esa Abismal estuviera libre de pecados y calumniara contra la inocente arachne." – La dullahan me besó la mejilla. – "Por ende, no debe preocuparse por un simple accidente del pasado."
– "Ces't la vie." – Sonrió el casero. – "Me alegro de que sigamos juntos en esta travesía, chicas."
– "Una familia unida siempre avanza, Herr Kommandant." – Regresé el gesto. La segadora me emuló.
Con eso, proseguimos desempacando el resto de las cosas. Las chicas finalizaron su baño poco después y fue el turno de Kurusu para asearse. Miia y Lala se excusaron para comenzar a preparar la cena y yo platiqué con el resto. El pequeño Haru era atendido por Meroune, ya que Cerea aún se rehusaba a cargarlo, por mucho que el niño insistiera. Entre las cosas que compraron, se hallaban artículos para embellecer a sus portadoras, como la nueva blusa azul de Centorea, la camiseta verde con un sonriente sol para Papi e incluso un impermeable con forma de ave rojiblanca para Suu que también incluía un paraguas para hacer juego.
En el caso de los accesorios, el bello brazalete argento para la sirena y el áureo reloj análogo en la muñeca de Rachnera, junto al nuevo collar de perlas (de fantasía) en el cuello de Miia, eran muestra diminuta pero suficiente del cariño que Kimihito les tenía a sus futuras esposas. Tampoco se olvidó de nosotras y nos obsequió muy apreciadas dádivas en forma de perfumes con agradable aroma para mí y mi amada nativa del Éire. No eran sobrevaloradas fragancias de nombres comercialmente reconocidos, pero al igual que los regalos que conseguí para mis novias, eran la intención y el sentimiento detrás de tales presentes lo que importaba. Además, no iba a rechazar algo que me hiciera oler a fresitas. Con el pelinegro ya saliendo de la ducha y uniéndose a las dos chefs residentes, la comida pronto fue servida en la mesa y nos sentamos a degustarla.
– "Veo que la influencia de esa serie sigue extendiéndose, Lala-sama." – Comentó Lorelei sobre el teléfono de la irlandesa y disfrutando de un tonkatsu. – "Suu también ha mostrado interés. El impermeable que estrenará mañana en la fiesta está precisamente inspirado en tal animación."
– "¡Porque es muy divertida!" – Se apresuró a afirmar la arpía, con restos de omuraisu en su boca. – "Esposo, ¿podemos ir al zoológico, también? ¡Quiero ver a los animalitos!"
– "Un día de estos, Papi." – El aludido le acarició la cabeza. – "Primero buscaré un empleo, pero te prometo que iremos, ¿sí?"
– "Por cierto, ¿cómo va ese asunto, Querido?" – Preguntó Rachnera, deglutiendo hambagu y vigilando a Haru. – "¿Aún sin suerte?"
– "Bueno, traté con mi amigo Karu y me recomendó que no debía pensarlo mucho." – Replicó Kurusu. – "Que simplemente ejerciera mi mayor talento natural. Así no sólo disfrutaría de mi labor, sino también ganaría por ello."
– "Un consejo muy normal para alguien como el profesor Sarver." – Opinó Shianus, comiendo kinpira. – "Pero debo darle la razón en esta ocasión. Aunque, ¿Cuál considera que es su habilidad innata, Mi Señor?"
– "Ser gloriosamente magnífico." – Acotó Miia, devorando udon. Kurusu sonrió por el cumplido. – "Y muy guapo."
– "De eso no hay duda." – Asintió la tejedora, dándole su jugo al bebé. – "Pero no creo que lo contraten por ser una buena persona. Por mucho que lo merezca."
– "Bueno, en lo personal, considero que Mi Señor es un excelente sastre." – Dijo la centáuride. – "No al nivel de Rachnera, pero sigue siendo notable para un humano."
– "Sin contar una insólita resistencia que ningún mortal sería capaz de poseer." – Añadió la dullahan, comiendo curry.
– "Y una amabilidad que hasta el más beato envidiaría." – Agregué.
– "Paren, por favor, chicas. Moriré por sobredosis de lisonjas." – El chico, ruborizado, no borraba la mueca de felicidad de su rostro. – "¿Qué hay de ti, Suu? ¿Qué dices?"
La limo, silentemente, usó su probóscide cefálica para apuntar a su plato de omuraisu. Reímos ligeramente al darnos cuenta que de alguna manera habíamos olvidado lo obvio. Kimihito era un as en la cocina, incluso con mayor talento que Lala (según los demás; porque mi azulita es insuperable) y ciertamente podría desempeñarse impolutamente como cocinero de cualquier restaurante que cuente con su invaluable habilidad para las artes cisorias. Recibiendo suaves palmaditas en su glauca cabeza gelatinosa, Suu regresó a degustar su platillo.
– "Es increíble que no nos diéramos cuenta de algo tan evidente." – Comentó la lamia.
– "Supongo a que estamos tan acostumbradas a que nuestro casero nos cocine, que inconscientemente descartamos tal posición de nuestra lista de opciones." – Opinó la peliblanca. – "Pero, aunque su perspicacia gastronómica es excelsa, ¿realmente desea dedicarse a tal profesión?"
– "No veo el problema, Spatzi." – Injerí, tomando mi bebida. – "Si Herr Kommandant es bueno en algo, que le saque provecho."
– "Creo que Lala-sama se refería a que si mi Amado hallaría satisfacción al designarse tal ocupación, Aria-sama." – Consideró Mero. – "Una cosa es prepararnos el alimento, otra es hacerlo un oficio y acabar fastidiado de la monotonía. Es algo bastante común."
– "Gura míle, Meroune, es precisamente lo que intentaba exponer." – La irlandesa asintió. – "Pensaba que podía hastiarle el pasar de hobby a obligación. Perderle el amor a algo que uno adora es algo que me parecería demasiado infausto como para provocarlo."
– "Descuida, Lala, te aseguro que estaría más que encantado de trabajar en tal campo." – Afirmó nuestro anfitrión. – "Sinceramente, se me había pasado por la mente antes de aceptar el cargo en la tienda de historietas, pero la descarté por no considerarme suficientemente apto. ¿Ustedes creen que tengo todo lo necesario, chicas?"
– "Cariño, no conozco a persona más idónea para ese puesto que tú." – Habló la pelirroja, colocando su mano en el hombro del muchacho. – "Tienes todo mi apoyo."
– "¡Sí, la comida de Esposo es muy buena!" – Exclamó Papi. Suu también respondió afirmativamente.
– "No sólo pienses en los beneficios económicos, Querido, sino en demostrarle al mundo de lo que estás hecho." – Afirmó Rachnera. – "Todos merecen tener el privilegio de gozar tus deíficas viandas."
– "Creo que la decisión es unánime, Mi Señor." – Acotó la rubia ojizarca. – "Y puede confiar en que lo respaldaremos incondicionalmente."
– "De acuerdo, si ustedes piensan que puedo, entonces lo haré." – Declaró Kurusu. – "Gracias a todas, mañana mismo iniciaré la búsqueda."
– "Me daré el lujo de predecir tu laureado éxito, compañero." – La segadora sonrió. – "Pero he de advertirte que tengas precaución al escoger el lugar que se convertirá en tu trabajo. Algunos, como he experimentado personalmente, no siempre son lo que aparentan."
– "Por si las dudas, aléjese de los restaurantes franceses, Herr Kommandant." – Añadí, cortando mi hambagu. – "Spatzi, ¿no le quedará a Mio alguna vacante disponible?"
– "Lo desconozco, A chuisle. No la he oído mencionar algo al respecto." – Respondió ella. – "Podríamos despejar tal interrogante en la celebración de mañana. Quizá tengamos suerte."
– "Vale." – Miré entonces al casero. – "Sólo no le vaya a quitar el puesto a mi azulita, ¿de acuerdo, Herr Kommandant?"
Riendo grupalmente por la broma, proseguimos con la cena. Conversando, Miia declaró que se esforzaría el doble para mantener a los inquilinos plenamente abastecidos durante el desayuno e incluso el almuerzo, ya que su Cariño ahora también se ausentaría de la cocina. Hace unos ayeres, tal exclamación hubiera sido peor que escuchar la primera trompeta del Apocalipsis o el nacimiento de los descendientes directos de Loki y Angrboda, que daría paso al Ragnarök. Afortunadamente, sus dos maestros le instruyeron correctamente y el anuncio fue recibido con entusiasmo. Mientras tanto Cerea indicó que seguiría tratando de conseguir una oportunidad en la universidad, incluso si el profesor Geber, aún hospitalizado, no estaba presente. También se había puesto a estudiar temas médicos por su cuenta. Pero en esa ocasión, fueron la princesa y la tejedora quienes nos dieron la sorpresa del día.
– "Así es, Querido." – Afirmó Arachnera, sonriendo satisfecha. – "Mero y yo iniciaremos nuestro propio negocio."
– "Espera, ¿en serio?" – Se preguntó la poiquiloterma. – "Bueno, en verdad que lo encuentro insólito."
– "¿Qué la sirena y yo hayamos formado una alianza?"
– "No, que trabajes."
– "También te quiero, culebra."
– "¿Pero, a qué se dedicarán?" – Fue el turno de la centáuride.
– "Rachnee-sama y yo acordamos que, al igual que le hemos aconsejado a nuestro Amado, deberíamos emplearnos en algo que aproveche nuestras capacidades." – Explicó la acuática de rosados cabellos. – "En este caso, combinando la destreza congénita de una tejedora con mis recursos monetarios para financiar nuestros medios de publicidad y expansión en el mundo de la red virtual."
– "Para no explayarnos más; venderemos prendas hechas con mi tela por Internet." – Acotó la araña de bruno exoesqueleto. – "La seda de arachne sigue manteniendo su valor en el mercado, así que podríamos obtener cuantiosas ganancias si todo marcha bien."
– "Eso me parece admirable, y las felicito por emprender tal misión." – Shianus hizo una pequeña reverencia a ambas. – "Pero, ¿están seguras que podrán llevar a cabo tal tarea?"
– "No dude de nuestra férrea voluntad, Centorea-san. Ambas somos las mejores en nuestras áreas" – Replicó Lorelei. – "Ella teje mientras yo administro tanto las relaciones públicas como la logística. Ya hemos conseguido algunos materiales para apoyar a mi socia tejedora y cuento con contactos e influencia para lograrnos destacar lo suficiente para rendir buenos frutos."
– "¿Pero qué hay de las jornadas?" – Interrogó la dullahan. – "¿Serán ustedes dos capaces de soportar toda esa carga?"
– "Empezaremos desde abajo, naturalmente. Pedidos locales pequeños." – Puntualizó Rachnera. – "Iniciaremos por encargos personales. No sólo para evitar sobrecargarnos, sino para crear un vínculo vendedor-cliente que asegure la favorable fama de nuestra microscópica, pero ambiciosa empresa, conforme vayamos creciendo."
– "¿Qué hay de la distribución?" – Habló Miia. – "Dudo que la gente desee salir de sus casas si lo piden por Internet en primer lugar."
– "Contrataremos a un repartidor por supuesto." – La tejedora tomó tranquilamente de su vaso. – "O mejor dicho, repartidora. Todo el personal será femenino. Cuestión de imagen y publicidad."
– "Ofrecemos un salario competente, así que los prospectos no serían difíciles de encontrar." – Informó la sirena ojizarca. – "Repito que no deben preocuparse, tenemos todo perfectamente planeado."
– "Bueno, eso es fantástico y sé que podrán salir adelante." – Dije yo. – "Pero, ¿qué clase de ropa manejarán? ¿Casual, para bebés, exclusivamente liminales?"
Rachnera, sin otro previo aviso aparte de una maliciosa sonrisa, desabotonó su nívea camisa y respondió ofreciéndonos una muy directa prueba de su calculado proyecto. Con un muy elaborado diseño y de un oscuro color púrpura, mi congénere ostentaba un realmente atractivo sostén de erótica apariencia en sus voluptuosos pechos. El material era finamente semi-transparente, permitiendo observar sus agraciadas glándulas mamarias sin problemas, a excepción de sus pezones. Tales elementos se hallaban perfectamente ocultos por una onerosa pieza de encaje con la forma de una telaraña. Apenas dos pequeñas piezas de tela que amenazaban con dejar al descubierto tan críticas partes corporales al mínimo movimiento.
No necesito decir que los ojos de todos los presentes casi se salen de su órbita y nuestras quijadas pudieron haber tocado la mesa de lo abiertas que quedaron. Me alegré que mi sujetador fuera lo suficientemente grueso para disimular el erecto estado de mis carnosos botones pectorales por tan, debo admitirlo, sicalíptico despliegue textil. Incluso el pequeño Haru no evitó tirar su biberón de la impresión. ¿Para qué conformarse con un frío bote plástico cuando dos suaves e imponentes reservas de lácteos manjares se hallaban frente a él? debió pensar, al igual que yo. Meroune, la única que no estaba ensimismada con los atributos de su amiga, se mantenía volteando la mirada, con la cara tan roja como los demás. La tejedora volvió a acomodarse la ropa y, sonriendo satisfecha, continuó con la cena.
– "Nos especializaremos en el mercado liminal femenino, para empezar." – Explicó ella. – "¿Opiniones?"
– "Dime que ya están a la venta." – Contesté sin dilación. Todos se me quedaron viendo. – "¿Qué? El diseño es excelente. No me culpen por tener buen gusto."
– "Ese es sólo el prototipo, Aria-sama." – Replicó Meroune, disminuyendo el rubor en su rostro. – "Pero le aseguro que contaremos con nuestros primeros modelos en poco tiempo."
– "Y por supuesto que tendré algunos reservados para mi querida hermana." – Rachnera se acercó y susurró a mi oído. – "Y también para tu azulita, si me consigues sus medidas."
– "Cuenta con ello." – Murmuré, guiñando. – "Me encanta el negro."
– "De todas maneras, aún requerimos arreglar algunas cosas antes de iniciar de lleno." – La princesa miró a Kimihito e hizo una reverencia. – "Amado, nos gustaría contar con su autorización para llevar a cabo entrevistas en esta morada a las posibles candidatas que se encargarían de distribuir nuestros productos por la ciudad. Claro, si no encuentra inconveniente."
– "B-bueno, en realidad no veo razón para negárselo." – Respondió el muchacho, saliendo de su absorto estado. – "Sólo traten de ser… Uhm, ser un poco más discretas, ¿de acuerdo?"
– "Por supuesto, Querido. Este será un negocio respetable." – Afirmó complacida la tejedora. – "Aunque, dado que las liminales son tan diversas y muchas poseen figuras muy diferentes a nosotras dos, nos gustaría hacerles una invitación a cualquier voluntaria que se apuntara para ser nuestras modelos. Así perfeccionaríamos nuestros atuendos que con unas simples conjeturas. Y pagaríamos bien."
– "¿Segura que no es otro de tus pervertidos planes para conseguir más víctimas?" – Interrogó la desconfiada lamia, alzando una ceja. – "¿Cómo sabemos que no terminaremos tras las rejas por actos indecentes a costa tuya?"
– "Porque en primera, Aria es la representante de la ley aquí, y dudo que mi hermana me denuncie." – Rió. – "Y en segunda, limitaré tan íntimos contactos exclusivamente para ustedes y mi Querido."
– "Eso no es muy reconfortante, arachne." – Replicó Cerea. – "Espera, ¡¿Por qué nos incluyes en tus lascivos planes?!"
– "Era broma, yegua crédula." – La tejedora inclinó la cabeza sardónicamente. – "Pero estoy… Estamos hablando en serio. Queremos que esto funcione, y nos gustaría contar con su ayuda. No sólo como modelos, sino también como consejeras. Quien mejor que nuestra familia para asesorarnos."
– "Y es totalmente optativo, no deseamos presionarlas." – Complementó Mero.
– "Está bien, entendemos. Sinceramente, no me parece tan mala idea." – Opinó la serpiente. – "Por supuesto, no significa que desee cooperar. Al menos no por ahora."
– "Aún así, me enorgullece su afán de salir adelante, chicas. Estoy seguro que triunfarán." – Sonrió Kurusu. – "Oh, ¿y Rachnee?"
– "¿Sí, Querido?"
– "El morado te queda bien."
La arácnida de cabellos lila le envió su agradecimiento desde el otro lado de la mesa besando su propia mano y soplándolo en dirección del sonrojado Kimihito. Hubo ligeras miradas de celos por parte de la rubia y la pelirroja, pero los tiernos balbuceos de Haruhiko disiparon las tensiones. Yo simplemente me sentía satisfecha por ver que Mero y Arachnera también extender sus horizontes más allá de vender tela a laboratorios o depender de una mesada por parte de la reina Lorelei. Yo entendía perfectamente ese sentimiento de querer independizarse y lograr algo más en la vida por cuenta propia. Era apenas un humilde comienzo, pero Roma tampoco se alzó en un día.
Terminamos de cenar y ayudé al casero con el lavado de platos. Lala se encargaría del bebé. La arachne y la sirena se excusaron para comenzar a fraguar su microempresa en la habitación de la acuática mientras Papi y Suu se dirigieron a la consola para probar su nuevo videojuego. Ya que Shianus lavaría la ropa junto a Miia, les pedí que fueran amables de asear los uniformes que la tejedora me hizo, aceptando ellas. La hora nocturna no importaba, pues usarían la secadora. Yo estaba a punto de ir junto a la dullahan a nuestro cuarto para pasar una tranquila noche de lectura y dormir perfectamente para estar radiantes el día de mañana, pero la arpía de añiles plumas fue la primera en reclamarme.
– "¡Aria-nee! ¡Ven, prueba el nuevo juego que Esposo nos compró!" – Exclamó la pajarita, jalándome en el proceso. – "¡Puedes matar dragones, y matar gente, y usar espadotas, y luego matar al que las vende y…!"
Ella siguió hablando sin parar de las maravillas electrónicas que su juego ofrecía al tiempo que yo era arrastrada hasta el sofá de la sala y me facilitaban el control principal. Suu se había hecho con un plato de palomitas de maíz, a pesar de que había cenado ya, y Papi insistió en que le diera una oportunidad al condenado juego. Sin forma de escapar a los deseos de la hija del superintendente Kuribayashi, me resigné a iniciar la aventura en el llamado "Elder Scrolls V: Skyrim - Arconte Edition". Ya había oído de tal título con anterioridad, aunque nunca le presté atención a los juegos una vez mi Game Bollo murió después de un ataque de ira al arrojarle contra la pared. Seleccionando la opción para comenzar, la historia empezó.
No es que tuviera deseos de perder el tiempo con ocio electrónico en ese momento, pero tampoco tenía mucho que hacer. Y dudaba que Haru nos dejara leer en paz; prefiero la cacofonía de los parlantes del televisor a sus berridos. Después de la cinematográfica introducción, fue el turno de diseñar el actor virtual que me representaría en la aventura. Con diversas razas disponibles, algunas animales y como cien variantes de especies reptilianas, más los consejos de las niñas (que parecían eruditas respecto al juego), decidí que recrearía a mi diosa de platinados cabellos. Seleccionando a una fémina de la raza de los elfos oscuros (e ignorando el infame suceso en el restaurante a causa de estos), esculpiéndola crudamente a semejanza de mi novia y nombrándola como ella, la odisea inició.
Ah, finalmente los tan mencionados dragones. Me recuerda a las historias de Helga Langschwert y sus hazañas que hoy son desplegadas en la fortaleza de Himmelsrand. Bueno, hora de probar de qué estamos hechas en Sparassus y acabar con esas lagartijas escupefuego.
– "¡Argh! ¡Qué porquería de juego!" – Vociferé a la pantalla. – "¡Terminé como carne asada!"
– "Aria-nee, acabas de morir." – Mencionó la voladora.
– "¡Eso ya lo sé!"
– "¡Pero es apenas el tutorial!"
– "¡¿Y eso qué?!"
Hubo algunas dificultades al principio, pero una arachne siempre encuentra manera de salir adelante. Luego de huir como rata indefensa ante de la tórrida tormenta de fuego que aquellos reptiles despedían al abrir sus fauces y morir alrededor de dieciséis veces, logré seguir al guía virtual vestido a la usanza romana hasta lo que supuse era el final de la fase de entrenamiento. Confieso que es entretenido, especialmente cuando pulverizo los cráneos enemigos con mi martillo de guerra en lugar de esos patéticos hechizos y demás basura mágica. Además, la idea de ver a Lala blandiendo el arma predilecta de la legendaria Erika Kriegtochter era una imagen demasiado divina como para pasarla por alto. Ojalá el resto hubiera sido igual de ameno.
– "Aria-nee…" – Volvió a hablar la arpía. – "Acabas de morir."
– "¡Eso ya lo sé!" – Exclamé, a punto de quebrar el control. – "¡Maldito Riverwood! ¡Mugrosa aldea, buena para nada!"
– "No debiste matar a esa gallina." – Opinó la limo. – "O al herrero… O a su esposa... O al perro."
– "¡Se lo merecían por atacarme sin razón!" – Protesté. – "¡Ustedes los vieron agredirme con una condenada hacha!"
– "¡Porque te robaste las cosas de su tienda!" – Dijo Papi.
– "¡Necesitaba una armadura nueva!"
– "¡Pudiste comprarla, o crearla! ¡O quitársela a los bandidos!"
– "¡Esos desgraciados me mataban apenas me acercaba!"
– "¡Te dijimos que tomaras el camino de la izquierda!"
– "¡Quería hablar con las arañitas!"
– "¡Son enemigas!"
– "¡Eso es discriminación!"
– "¡Ya volvieron a matarte!"
– "¡Aaargh!"
– "Niñas, ya es tarde." – Dijo la irlandesa, cargando a Haru, ya dormido en sus brazos. – "Vayan a descansar, mañana podrán divertirse en la fiesta."
– "¡Oh, cierto!" – Reaccionó la arpía, incorporándose junto con Suu y abrazando ambas a la segadora. – "Buenas noches, Lala-nee. Buenas noches, Haru."
– "Oíche mhaith, pequeñas." – La peliblanca les besó sus cabecitas. – "Que descansen."
– "Aria-nee, buenas noches a ti también." – Se despidieron ellas al mismo tiempo. – "¡Hasta mañana! Vamos, Suu."
– "A chuisle, tú también requieres reposo. Apaga ese aparato y ven a la cama."
– "Está bien, Spatzi. Dame unos minutos." – Respondí, sin quitar los ojos del monitor. – "Sólo déjame explorar esta cueva primero y te prometo que te complaceré bajo las sábanas."
– "Tentadora oferta, pero reserva tus briosas energías para el convivio. Además, tenemos al churumbel." – Replicó la dullahan. – "Estoy segura que la rapaz vendrá temprano por nosotras para compensar el tiempo que no pudimos aprovechar en estos días y no obtendremos mucho descanso."
– "Cinco minutito-¡Ay, ay, ay! ¡Está bien, está bien! ¡Ya no me jales!"
Sin poder cobrar mi venganza contra los malhechores que amenazaban la paz de Tamriel, mi azul domadora, usando la extremadamente efectiva técnica de sostenerme del lóbulo de mi oreja, me llevó de vuelta a nuestros aposentos. Pero, antes de que pasáramos a al cuarto para adentrarnos al mundo onírico, la irlandesa me dijo que esperara adentro mientras ella resolvía un asunto. Obedeciendo, me interné a nuestra habitación y viendo que aún faltaba para que fueran las diez y media, decidí que pasaríamos el resto de la noche ya sea leyendo antes de dormir o simplemente platicando. Cualquier opción era buena. Claro, un poco de ardiente acción arachne-dullahan no estaría mal, pero compartía el sentimiento de querer guardar el vigor para lo que suponíamos, sería un día sumamente agitado.
Y de todas maneras, no podemos divertirnos con ese mocoso viéndonos.
– "¿Spatzi?" – Cuestioné a la peliblanca al regresar ella. – "¿Dónde está el chiquillo?"
– "Dejé al bebé bajo los cuidados de la heredera del Reino Sirena, A chuisle." – Contestó, desabotonando su atuendo.
– "Oh, linda…" – Me mordí los labios en anticipación. – "Sabía que tenías ganas de ejercitarte un poco al estilo Sparassediano."
– "Menoscaba tus libidinosas fantasías, descendiente de Arachne, pues jamás he afirmado que la razón de mis actos se deban a lascivas causas." – Afirmó la Abismal, deshaciéndose de su camisa. – "Fue una solicitud de parte de Lorelei, cuyos instintos maternales han aflorado en su totalidad y desea instruirle útiles lecciones pedagógicas al niño, imperativas para su infante mente, según sus propias palabras."
– "¿Segura que no terminaremos con los forenses estudiando el cadáver de Sarver flotando en medio de la piscina?"
– "Descuida, tu congénere tejedora se encargó de proveerle una resistente hamaca de seda para que el primogénito descanse segura y cómodamente." – Se retiró la falda. Gloriosos glúteos los que se carga esta niña. – "Se han tomado en serio el cometido de lograr que su proyecto despegue. Las encontré departiendo sobre cifras, tiempos de entrega y el posible nombre para el negocio."
– "Quien hubiera imaginado que dos mundos tan diferentes compaginarían tan bien y se coligarían en una próspera alianza." – Sonreí. – "Pero ambas sabemos que la unión hace la fuerza, ¿cierto, Spatzi?"
– "Buen intento, pero no lograrás que muerda ese cebo, cazadora." – Replicó a dullahan, cambiándose a una de mis camisas que le quedaban holgadas. – "Deberás hallar otra forma, infructuosa debo adelantar, para que yo admita un punto de vista positivo sobre tu obsesivo plan para compartirte con esa peste alada."
– "De hecho, yo lo decía por la coalición entre las sirenas y Sparassus que ha beneficiado enormemente a ambos bandos desde hace siglos." – Reí, sonriendo burlonamente. – "Creo que la obsesionada con cierta emplumada es otra."
– "Muy hilarante, Jaëgersturm." – Intentó disimular su sonrojo y se acercó. – "En todo caso, espero contar con tu cooperación para que mi lectura sea una grata experiencia esta noche."
– "¿Vas a leer al literatura erótica y quieres que te ayude a sumergirte en la historia, guapa?" – Me relamí los labios. – "¿Con nuestra deífica sinfonía de placer resonando en el cuarto para acentuar el ambiente?"
– "No, a que guardes silencio y ceses tan viciosas maquinaciones mentales, si no es mucha molestia." – Se acostó y hurgó en el cajón superior de la mesita de noche, sacando un libro. – "¿Has entendido, descendiente de Arachne?"
– "Jawohl, meine Königin." – Tomé uno también y me acomodé en el colchón. – "¿Me das un besito, linda?"
Aceptando ella y otorgándome un ósculo en mis labios, dirigimos la luz de la lámpara sobre el buró para que iluminara las páginas de los ejemplares y procedimos a devorar las letras e imágenes impresas en el papel que residían en nuestras manos. Yo me decanté por 'El rumor del oleaje' de Yukio Mishima, porque deseaba leer algo bonito y sencillo. Lala, por su lado, había elegido al clásico 'Mujercitas' de Louisa M. Alcott; una buena novela que me dio buenos mensajes de joven. Aunque, que desde que estamos juntas, siempre la veo con el mismo. Dada la duración de nuestras sesiones y la extensión relativamente corta del relato, me sorprendía que aún siguiera en este.
– "¿Aún no acabas ese, Spatzi?" – Le dije, mirándola brevemente antes de regresar a mi libro. – "Creo que podría ver esa portada hasta en sueños de tanto que la frecuento."
– "Un buena obra puede disfrutarse más de una vez, A chuisle." – Respondió la aludida, sin despegar su vista. – "Las aventuras de las cuatro hermanas, por más elementales que pudieran parecer, siguen poseyendo vigencia a pesar de los cambiantes siglos."
– "En eso si coincido. Siempre me sentí identificada con Jo, ¿sabes? Por lo indomable de su ser y porque se me hacía una lesbiana en el fondo. Cosa sencilla sabiendo que la autora era feminista. De las originales, no las locas misándricas de ahora."
– "¿Aún ignorando su infatuación implícita con el joven Laurie? ¿O el hecho que posteriormente se casara con un profesor y tuviera dos hijos?"
– "Laurie era como ese amigo gay cuya relación nunca pasaría de la platónica." – Me pausé. –"Espera, ¡¿Jo se casó?!"
– "Creí que lo sabías."
– "Recuerdo que el relato acabó con la boda anunciada de Meg, nada de matrimonio para la más imparable de las hermanas March."
– "Esa fue la primera parte, la original. ¿Desconoces sus secuelas?"
– "No tuve tiempo para seguir indagando la bibliografía de Alcott una vez entré a la academia militar, Spatzi." – Suspiré. – "Bueno, otra ilusión más de la infancia que muere. La vida es dolor."
– "Siento haberte arruinado tan gratos recuerdos, A chuisle." – Acarició mi mano suavemente. – "Si te sirve de consuelo, el marido de Josephine era alemán."
– "Al menos Jo tenía buen gusto." – Reí tenuemente, cambiando de página. – "¿Lo ves? Incluso la escritora sabe que los americanos y los alemanes están destinados a la felicidad juntos. ¿No concuerdas con ella, guapa?"
– "Eres incesante en tu empeño por hacerme cambiar de opinión, mitad invertebrada." – Disintió lentamente con la cabeza. – "¿Cuándo te darás cuenta de la futilidad de tales intentos?"
– "Como nos dijera esa hela en la tienda de ropa, segadora: Nuestros sueños se cumplen si luchamos por ellos."
– "Lo siento, A chuisle, no creo que seas como la intrépida Jo March." – Replicó. – "Tan optimistas aforismos revelan que eres más como la pequeña Beth."
– "¿Porque soy talentosa, gentil y tierna, como ella y sus gatitos?"
– "No, porque prefieres vivir en tus fantasiosos castillos en las nubes y sueños."
– "Muchos de los cuales se han cumplido." – Le di un beso rápido en su mejilla. – "Como el que disfruto en este preciso momento."
– "Y nunca pierdes la oportunidad de recurrir a tu zalamería para tornar las cosas a tu favor." – Sonrió. – "¿Cómo es que todavía funciona conmigo?"
– "Porque sabes que tengo razón, amorcito." – Acaricié su barbilla. – "Tranquila, te aseguro que no contraeré fiebre escarlatina que casi me mate."
– "La niña de los March la obtuvo de los Hummel, A chuisle…" – Bajó su libro y me miró directo a los ojos. – "Nombre que comparte una de tus armas."
Capté el mensaje de inmediato. Colocando mi ejemplar a un lado, mimé con cariño su mejilla, deleitándome con su suave y tersa piel impoluta. Comprendía perfectamente cuál era su preocupación, y aunque ella entendía que mi trabajo me obligaba a cargar con tales herramientas, su más reciente encuentro desde el lado mortal del cañón le hizo comprender el peligro que esos artilugios representan para ella, su familia y la mujer que ama. Aquello resultaba irónico, conociéndome el apego hacia el tema, pero yo entendía su sentir. Sin decir nada, la abracé y la dejé reposar sobre mi cuerpo, besando su níveo cabello y permitiendo al tiempo seguir su curso.
Estando ella más calmada y juntando nuestros labios nuevamente, la sonrisa regresó a su añil rostro y asintiendo en silencio, continuamos sumergiéndonos en los mundos que los autores habían plasmado por el resto de la noche. Pasadas las once y media, decidimos que había sido suficiente por ese día y guardamos los libros antes de apagar las luces. Abrazándonos en la tenue oscuridad y rodeando las piernas de mi reina Abismal con las mías, sintiendo nuestros corazones latir al unísono y nuestras cálidas respiraciones acariciarnos el cuerpo, nos preparamos para visitar los reinos de Morfeo.
– "¿Aria?" – Preguntó ella, acurrucándose más a mí.
– "¿Sí, amor?"
– "No quiero volver a ver armas en la casa."
– "Lo prometo."
– "Gracias. Te amo."
– "Y yo a ti."
Un beso cerró perfectamente el breve discurso y procedimos a dormir, sin separar nuestras manos. Mañana también será un excelente día.
…
– "¡Aria Jaëgersturm! ¡¿Qué haces despierta a las tres de la mañana?!"
– "¡Sólo deja que primero el jarl Balgruuf me haga thane de Whiterun, linda! ¡Finalmente maté a ese condenado dragó-Ay, ay, ay! ¡Espera, no he salvado mi progreso aún! ¡Auch!"
– "Tu emperatriz demanda que regreses a tu puesto, descendiente de Arachne. Y no lo repetirá."
– "¡Ay, vale, ya entendí! ¡No me jales tan fuerte! ¡Ay, mi orejita!"
Bueno, al menos es mejor que el anterior.
…
¡Ahora sí! ¡Hoy es la fiesta!
Me levanté de un salto. Y luego me arrepentí, porque me estiré un tendón que me torció la espalda bien feo. Pero, ignorando lo esguinces musculares matutinos, me sentía con mucha energía y brío para empezar los preparativos de la celebración. La irlandesa comprobó que nuestros cronómetros biológicos están más sincronizados que un reloj atómico y abriendo sus áureos y bellos ojos, estiró su esbelta entidad corpórea y bostezó profundamente antes de ofrecerme una hermosa sonrisa. Dándole los buenos días tanto vocal como bucalmente, nos encaminamos a darnos la ducha matinal. O eso quisimos, pero al entrar al baño, el resto de las chicas ya se nos había adelantado, habiendo madrugado todas al mismo tiempo.
– "Oh, son ustedes, tortolitas." – Dijo la lamia, asomándose por la pared que divide la entrada de la zona de lavandería. – "Pensé que era Cariño que se había metido por equivocación. No es que eso me hubiera molestado."
– "Está bien, Miia. También nos introdujimos por error." – Hice una reverencia, disculpándome. – "Lo sentimos, esperaremos afuera."
– "Bueno, ya que están aquí, ¿por qué no nos acompañan?"
– "¿Eh?"
– "No deseamos interrumpir su aseo personal." – Injirió la dullahan. – "O hacerlas sentir incómodas con nuestra presencia."
– "¿Por qué?" – Cuestionó la poiquiloterma. – "No me digan que les da pena bañarse con nosotras."
– "Bien, es que nosotras…" – Hablé yo. – "Y ustedes… Tú sabes…"
– "Aria…" – La pelirroja inclinó la cabeza. – "Creí que había quedado más que claro que no nos importaban las preferencias tuyas o de Lala."
– "¿Eh? ¡No, no me refería a eso!" – Me apresuré a esclarecer. – "¡Sabemos perfectamente que no tendrían inconvenientes con que seamos lesbianas!"
– "¿Entonces?"
– "B-bueno… Es que…" – Me rasqué la mejilla, volteando hacia el otro lado, apenada. – "Digamos que la segadora y yo teníamos pensado aprovechar el baño para… Tú sabes…"
– "¡Oh! Sí, ya capté…" – La sierpe imitó mi sonrojo, al igual que nosotras. – "Pero, ¿no tuvieron tiempo anoche para sus juegos de alcoba?"
– "Digamos que decidimos no agostar nuestras energías para poder emplearlas eficientemente el día de hoy." – Explicó la Abismal. – "Sin embargo, la elevada y pertinaz libido de Mo chuisle logró convencerme de reponer hoy la ausencia de afectuosas caricias de íntima naturaleza la noche anterior."
– "Y luego dicen que una es la calenturienta aquí…" – Disintió con la cabeza. – "Postérguenlo para otra ocasión, ¿sí? Mejor pasen, así se ahorran tiempo."
– "Si no es molestia. Danke, Miia." – Sonreí. – "¿Las demás están de acuerdo?"
– "Ya dejen de hacer tanto teatro y métanse de una buena vez, par de miedosas." – Oímos a Rachnera, del otro lado. – "En serio que les gusta complicarse la vida."
Con eso, colocamos seguro a la puerta y optamos por hacerles compañía a las demás. Yo y la azulita nos desvestimos, colocamos la ropa sucia en la cesta correspondiente y, tímidamente, saludamos al resto que se encontraban en la gigantesca tina. Había otra más pequeña, donde Papi y Suu jugaban, esta última pudiendo evitar el deshacerse en la diminuta cantidad de agua. No necesito mencionar que las que estaban nerviosas éramos nosotras dos; no por el obvio nudismo, sino porque en todo el tiempo que hemos vivido bajo el mismo, era la primera vez que compartíamos el baño. Y por supuesto, siendo las dos criadas con las costumbres europeas de que tal momento era algo íntimo y privado, al contrario de la filosofía grupal nipona, no podíamos evitar sentirnos algo extrañas.
Afortunadamente, nuestros temores eran sólo fruslerías mentales, como demostraron las chicas al quitarnos esa incomodidad de encima entablando plática y haciéndonos parte de su conversación sobre los nuevos papeles que desempeñarían en la economía de la morada. Miia nos informó de cómo pasó parte de la noche aprendiéndose el resto de los libros de cocina, Cerea decidió que iría mañana a investigar sobre la universidad y entrar de una vez por todas, mientras Rachnera y Meroune explicaban que habían elegido 'Grandeur Silk' como el nombre de su empresa, aunque seguían abiertas a sugerencias. Las niñas continuaban relajándose en su piscinita. Tomamos nuestras posiciones habituales y comencé a lavar la espalda de mi amada. Fue ahí cuando noté algo extraño.
– "Uhm, ¿Mero-san?" – Le hablé a la ojizarca de rosada cabellera. – "¿Dónde está Haru?"
– "Oh, no se preocupe por el bebé, Aria-sama. Se encuentra perfectamente dormido en mi habitación." – Desestimó con su palmeada mano. – "Incluso conté con el amable apoyo de Rachnera-sama para otorgarle una hamaca y ayudarme a velar por él antes de retirarse a descansar."
– "¿No la despertó a mitad de la noche?"
– "Claro que no. Ese pequeñín es un verdadero serafín y se mantuvo en paz durante el transcurso del horario nocturno." – Afirmó con una sonrisa. – "Sin contar que aprende rápidamente mis clases de estímulo intelectual."
– "Me cuesta creer que fueras la misma que ayer casi lo ahoga." – Mencionó la lamia, descansando los brazos en el borde de la tina. – "Si sus padres se enteraran, te harían cebiche en escabeche."
– "Ya le he dicho que lo lamento, Miia-san."
– "Tampoco es que tú estuvieras muy entusiasmada con la idea de cuidarlo en tu cuarto, sierpe pelirroja." – Retrucó la tejedora, sumergida a lado de la sirena. – "Y a mí también me lo prohibiste. Creí que habíamos acordado llevarnos más como familia."
– "Porque seguramente le hubieras corrompido su inocentemente con tus perversiones, pulga gigante." – Replicó la lamia, señalándola con la punta de su cola.
– "Ese niño ya está lo suficientemente amañado como para que tenga algún efecto." – Musitó Centorea, ruborizándose. – "Además, considero que Lala y Aria son las más aptas para tal tarea, así que pelearnos por la custodia del joven Sarver es innecesario."
– "Aria y Lala son nuestra familia, y lo que concierne a ellas, también a nosotras." – Declaró Suu, habiendo crecido un poco por absorber agua. – "Y todas lo queremos, incluyendo nuestro Amo. Deberíamos repartirnos equitativamente tal responsabilidad."
– "Papi, ¿le diste otra vez agua mineral a Suu?" – Preguntó la centáuride.
– "Sí. A ella le gusta como las burbujitas le hacen cosquillas." – Respondió alegre la arpía.
– "Casi olvidaba que la limo aumenta sus capacidades cognoscitivas con el monóxido de dihidrogeno acompañado de sales." – Comentó la dullahan. – "Pero tiene razón, todas deberíamos cooperar para el bienestar del bebé, como lo hemos estado haciendo desde que llegó."
– "Aunque tampoco es que importe mucho ahora." – Tomé la palabra. – "Hoy se lo entregamos a la cambiaformas que vive con el profesor Sarver."
– "Aww, ¿de verdad?" – Se lamentó la pajarita. – "Yo quería seguir jugando con él. Le iba a enseñar a dominar Mayro Kratt."
– "Descuida, Papi-chan. Estoy segura que volveremos a ver a Haru-kun." – La reconfortó Lorelei, acariciando su cabeza.
– "Espero que no. Suficiente he tenido de ese demonio en miniatura." – Comenté. – "Pero al menos nos proveyó con un buen capital."
– "Sin contar que para tratar con una criatura inmadura y ruidosa, contigo me basta y sobra, A chuisle." – Dijo la segadora.
– "¡Hey!"
Todas se echaron a reír por ello y después de que la peliblanca me regresara el humor a base de tiernos besos, continuamos nuestro aseo corporal. Escuchamos a Kimihito tocar la puerta, indicándonos que se había tomado la libertad de recoger al niño porque lo oyó despertarse y llorar por su comida, cosa que le agradecimos. Terminamos de bañarnos y congratulé a la rubia equina por haber dejado impecables nuestros mejores atuendos para lucirlos en la fiesta. Con eso, la irlandesa y yo nos encaminamos a la habitación para empezar a arreglarnos. Ella llevaría su atavío de influencia militar, y yo el uniforme negro que Rachnera me hizo, ya libre de orina y demás cochinadas que ese mocoso le dejó.
Nos engalanamos como si el emperador mismo nos hubiera invitado a un evento personal, yo acomodando lo más simétricamente posible mi corbata y mis pines dorados. Aunque no fuera un suceso tan importante como nuestra presentación ante los medios después de graduarnos, sin contar que ya estaba más que acostumbrada a los eventos militares en mi patria; el hecho que fuera la primera fiesta de cumpleaños a la cual me invitaban desde que era una jovencita, le daba ese toque especial. Era gracioso ver a una agente de élite temblar como gelatina feliz de la emoción. Mi novia se lo tomó con más calma, y onerosamente se vistió impolutamente. Nos cepillamos el cabello, nos dimos mutuamente los toques finales y finalmente, estrenamos las fragancias que Kurusu nos obsequió. Ya perfumadas, nos dirigimos a la cocina.
Miia se ofreció a que la irlandesa se abstuviera de cocinar, pues sería una pena que sus ropas se ensuciaran por el trabajo, además de que deseaba demostrar que estaba más que capacitada para los deberes gastronómicos. Viendo la determinación en sus reptilianos ojos, aceptamos y le dejamos proseguir. Kimihito regresó y nos reveló que había tomado la oportunidad de lavar al pequeño Haru. Este último lucía muy limpiecito, pero su rostro ostentaba una expresión que denotaba que bañarse junto al casero no era una idea que le agradara mucho. No lo compadezco, se lo merece por siempre andar de pervertido.
El muchacho nos entregó al chiquillo y trató de unírsele a la serpiente, pero la poiquiloterma, en un acto insólito, rechazó la oferta, alegando las mismas razones que usó con la dullahan. El casero aceptó. Ya desayunando y comprobando que, en efecto, la pelirroja podía darse abasto con todos los inquilinos a tiempo, mi teléfono comenzó a sonar. Reconociendo la tonada de mi grupo británico de heavy metal favorito, me excusé un momento y salí de la cocina para mejorar la recepción y no obligar a las chicas a bajar el volumen de sus conversaciones.
– "Guten Morgen, Süsse." – Saludé a Cetania. – "¿Qué pasa?"
– "Nada, avisándote que espero que tú y esa decapitada estén preparadas para hoy. Estoy vistiéndome y llegaré como en veinte minutos por ustedes."
– "¿Sólo nosotras dos? ¿Qué hay del resto de la familia?"
– "Son invitados, flaca, pueden llegar a la hora regular." – Aclaró. – "Pero no puedo prescindir de ti o esa pitufo. Ya perdimos demasiado tiempo y hoy tendremos que darlo todo para no arruinarlo."
– "Comprendo, linda. ¿Qué dijo Yuuko? ¿Cree que podamos hacerlo?"
– "Parece hormiga obrera en régimen comunista. Se levantó desde temprano y no ha parado de ir de aquí para allá." – Contestó. La oí abrir un cajón. – "Le aplaudo esa vehemente energía, pero sería mejor si ustedes dos nos echaran una mano."
– "Vale, entiendo. Bueno, nosotras ya estamos listas y cargadas. Te esperamos entonces, pajarita."
– "Alright. Por cierto, ¿cómo te fue ayer con la Führerin? ¿Dolió?"
– "De hecho, ella fue muy gentil. Le devolví el favor recorriendo su feminidad con mi diestra lengua."
– "Tienes suerte de que desayuné ligero o ya hubiera vomitado el teléfono." – Hizo sonido de nauseas. – "No, zopenca; me refiero a que si no le salió lo violenta y te fracturó esa dura cabezota por convencerla de acceder a tus demandas."
– "Otra vez acusándola de actuar como troglodita." – Giré los ojos. – "Ignoro cómo no te has quedado muda te tanto que te muerdes la lengua, plumífera. Tú no eres una inocente angelita, ¿sabes?"
– "Sí, pero ella te pega porque es una déspota controladora abusiva y demagoga." – Afirmó. – "Yo te lastimo porque te quiero, flaquita."
– "Me sorprende que lo digas sin un ápice de remordimiento."
– "Soy un amorsh, lo sé." – No podía verla, pero sabía que estaba pestañeando rápidamente. – "En fin, mantente viva hasta que llegue. Me saludas a la familia."
– "Podrás hacerlo tú misma, cuando vengas."
– "Sí, sí… Veinte minutos, niña lista."
– "Eso dijiste hace dos."
– "Bleh, como sea. Me esperas."
– "Como si me fuera a ir a otro lado."
– "¡Argh!"
Terminando ella abruptamente la conversación, guardé el teléfono y regresé a degustar mi comida. Informé al resto que la segadora y yo nos retiraríamos primero para atender a la brevedad posible los preparativos y que ellos podían arribar a la hora designada. Asintiendo, finalizamos los alimentos y esperamos pacientemente por alrededor de cuatro minutos hasta que la conocida silueta de la chica halcón aterrizó frente a la puerta, creando una gran sombra en la ventana. Abriéndole la puerta, traté de recibirla con un beso y un abrazo, pero el sólo sentir la mano de la peliblanca sobre mi hombro, me disuadió afásicamente de intentarlo. Antes de que la americana pudiera pasar, la irlandesa insistió en que el tiempo apremiaba y que nos encamináramos lo antes posible a la residencia Honda. Así, nos despedimos de la familia y emprendimos rumbo a nuestro destino.
– "Mira que ni siquiera dejarme saludar a los demás. O dejarme recoger mis pertenencias." – Dijo con desdén la arpía, caminando a nuestro lado. – "¿Tanto me detestas para evitarme el pasar a la casa, cabeza floja?"
– "¿Es esa una pregunta capciosa?" – Contestó la aludida. – "¿O en verdad eres tan exigua de intelecto para no captar mi evidente hostilidad hacia tu vituperable persona, incordio alado?"
– "Yo también te aborrezco, enana engreída, pero tampoco al grado de prohibirte la entrada a mi morada."
– "No es tuya, descendiente de Electra. Legalmente ya no eres considerada parte del Programa de Intercambio, al igual que Mo chuisle."
– "¿Y acaso la residencia Kurusu lleva tu nombre en algún lado? ¿Lo amenazaste para que te hiciera dueña de las escrituras de propiedad?"
– "Como estudiante de intercambio, el hogar que comparto con la arachne es comprendida como mi propiedad de la misma manera, puesto que es definido como mi hogar huésped."
– "Deberían deportarte a esa pocilga irlandesa de donde saliste."
– "Después de ti, invasora yanqui."
– "Bueno, Spatzi." – Injerí. – "Técnicamente, ella lleva viviendo en el país desde hace-"
– "Jaëgersturm, no te di permiso de hablar." – Conminó la dullahan.
– "Perdón, linda."
– "¡Ay, no tienes escrúpulos, Abismal controladora del averno!" – Espetó la rapaz. – "¡Eres una déspota descarada! ¡No me sorprendería que te hubieras quedado con mi pistola para seguir amenazando a la pobre Aria!"
– "Tampoco exageremos, Süsse." – Mencioné. – "Ya sabes que la azulita no es buena con las armas."
– "¡Cállate, flaca, que te estoy defendiendo!"
– "Perdón…"
Dado que Haru fue dejado en la casa, a cargo de Meroune, no había balbuceos o acciones pacificadoras que sólo un bebé puede lograr, por lo que tan absurda tragicomedia se prolongó al menos por casi todo el trayecto. Afortunadamente, los ímpetus de la beligerantes féminas se apaciguaron conforme nos acercábamos a la residencia Honda, aprovechando yo para recordarles que todas estábamos juntas en la tarea de proveer una celebración inolvidable a la dueña del restaurante Aizawa y debíamos dejar las rivalidades de lado para evitar que desembocara en desastre, tanto para la inquilina de la pareja de la festejada, como para su empleada. Aceptando ellas renuentemente que la tregua era necesaria, se dieron reticentemente la mano y la reyerta cesó. Ignoro cuanto dure tal paz en esta ocasión; incluso el pacto Ribbentrop-Molotov era más estable.
Llegamos a la calle donde se hallaba la conocida casa de dos pisos, de dimensiones parecidas a la de Kurusu, con anchas paredes color crema, sin tejas, casi formando un cubo perfecto. Siempre me pregunté por qué una sola persona necesitaría una casa tan grande, especialmente alojando a una liminal de humano tamaño como la arpía, pero esta una vez me explicó que, al igual que Kimihito, los padres de Yuuko solían vivir con ella hasta que se mudaron al continente americano. Tal coincidencia no se detuvo ahí, y se reveló que al igual que nuestro casero, los padres de Honda no tenían idea que su hija fuera parte del Programa o incluso que fuera lesbiana. Su relación con sus progenitores no es mala, pero tampoco tiene prisa por contárselos.
– "Ahora que lo pienso…" – Musité, deteniéndome a una cuadra del domicilio. – "Aún no sé en qué trabaja Yuuko."
– "Je, no te culpo, flaca. A veces parece que ella se queda todo el día en casa, ya que siempre la encuentras cuando vienes." – Replicó la castaña. – "Ni siquiera su perfil en Facebook revela algo a lo que se dedique. De hecho, ni yo podría contestar correctamente."
– "¿Por qué lo dices?"
– "No tiene empleo fijo. Es como un barco a la deriva, siempre se mueve con la corriente." – Encogió los hombros. – "Ha sido de todo: Maestra sustituta de preescolar, de guardería, vendedora de productos de belleza femenina, auxiliar de veterinaria, traficante de órganos..."
– "Que no se diga que no es trabajadora." – Reí tenuemente. – "Espera, ¡¿Qué?!"
– "Y sus padres le dejaron una considerable cantidad antes de irse al otro lado del mundo, así que ha podido mantenerse relativamente estable. Y desde que es pareja de Mio, no sufre por el dinero." – Explicó. – "¿Pero sabes cuál era su mayor anhelo?"
– "¿Deshacerse de ti?" – Bromeó la irlandesa.
– "Ser escritora, flaquita." – Respondió la halcón, ignorando a la Abismal. – "Solía redactar poemas (todos originales, debo señalar) en la secundaria. Eran terribles, siempre referenciando al río Mogami, según Mio, pero era un comienzo. Después pasó a historias pequeñas sobre la vida cotidiana."
– "Interesante. ¿Y por qué no pudo realizarlo?" – Interrogué. – "¿Escribía peor que el autor de 'No es fácil ser una garrapata'?"
– "Malvada. Tampoco le digas tan feo a mi casera." – Le sacó la lengua. – "Nah, más bien el mundo actual es demasiado cruel con el nuevo talento. Llevó el prototipo de su primera historia a varias editoriales; ninguna estuvo interesada."
– "¿Qué dijeron sus amistades?" – Preguntó la segadora, genuinamente consternada. – "¿O sus padres? Alguien debió al menos darle una opinión preliminar."
– "¿Cuáles amigos, Lala? Después de la preparatoria, todos partieron por rumbos diferentes. Sin Mio a su lado y enamorada de una chica que eventualmente le rompería el corazón, ella estaba sola." – La falconiforme miró al suelo. – "¿Y sus padres? Buena broma. Le dijeron que se lo tenía merecido por siempre perder el tiempo con sus novelas buenas para nada."
– "Y es así como nuestros sueños se erosionan…" – Musité, viendo a las nubes. – "Igual que efímeros castillos en el cielo en una tarde de septiembre."
– "Je, Mujercitas." – Mencionó Cetania, sonriendo. – "¿Sabes? Me recuerdas un poco a Jo March, flaquita."
– "Es verdad." – Se unió la irlandesa, imitándola. – "Es tan indomable como ella."
– "Son tan fantaseadora que incluso la pequeña Beth me llamaría ilusa." – Reí. – "Y al igual que a ella, mi sueño ya se cumplió… Con ustedes dos."
– "Oye, segadora; yo creo que a esta ya le dio la fiebre escarlatina de tanto que delira." – Le dijo la estadounidense. – "Deberíamos llevarla al doctor, para evitar que nos contagie."
– "¿Y exponer al galeno a soportar la enfermedad y a la portadora? No seamos tan crueles." – Respondió la dullahan. – "Me parece que internarla en el manicomio sería lo moralmente aceptable. Para nosotras."
Cierto, se divertían a costa mía, pero escuchar reír a las mujeres que amaba al unísono era la recompensa más grande que podría imaginar, más allá de mis fugaces fortalezas metafóricas hechas de nubes, sueños e ilusiones. Esto era mejor que cualquier fantasía, de eso no había duda alguna. Reanudamos la marcha y, pasando por la rojiza reja, la rapaz nos abrió la puerta y, su casera, que se encontraba moviendo los muebles en la sala, nos dio una calurosa bienvenida.
– "¡Selamat pagi, chicas! ¿Cómo están?" – Saludó Honda. – "Pasen, las estaba esperando."
– "Guten Morgen, Yuuko." – Hice una reverencia. – "¿Cómo has estado?"
– "Ocupada. Con lo del trabajo, el asalto al restaurante, las lluvias y ustedes ocupadas, no he tenido ni tiempo para revisar que tengo ingredientes suficientes para la comida o planear un horario." – Suspiró la chica. – "Al menos ya podemos comenzar con lo primero. Oh, hola, tú debes ser Lala, ¿cierto? No nos vemos desde que visitamos el Aizawa junto a la familia."
– "Maidin mhaith. Tá áthas om buaileadh leat." – La mencionada ofreció una reverencia y su mano. – "En efecto, soy ella. Lamento haberme presentado hasta el día crítico. Espero pueda ser de ayuda."
– "Está bien, amiga. Mio siempre me habla bien de sus cuatro cocineras." – Yuuko sonrió y nos hizo señas que entráramos. – "Bueno, ¿gustan algo de tomar? Tengo té sabor durazno y leche con lactobacilos."
– "Té estaría bien para mí." – Respondí, accediendo. – "Con permiso. ¿Y tú, Spatzi?"
– "Pediré lo mismo." – Replicó ella, retirándose los zapatos en el genkan. – "Gura míle, Yuuko."
– "Yo les serviré, Yu." – Dijo la castaña, en camino a la cocina. – "Tú encárgate de seguir poniendo todo en orden, mientras llevo a la dullahan a su lugar de trabajo, ¿vale?" Por aquí, azul.
– "De acuerdo, Duraznín." – Contestó Honda, dirigiéndose al último mueble de la sala. – "Aria, ¿te molestaría darme una mano? Lo necesito a la izquierda."
– "Con gusto." – Asentí y le ayudé a mover el sillón. – "¿Le llamas Duraznín a la pajarita?"
– "Bueno, le dicen 'Peaches' en MOE. Y ya que tanto le gustan los melocotones, el apodo le queda como anillo al dígito." – Empujó el asiento hasta el lugar indicado. – "Solía decirle 'fresita', pero una wyvern, salida de quien sabe, casi nos arranca las tripas cuando visitábamos el centro comercial. Por suerte, se desquitó con el tipo que la acompañaba."
– "Conozco esa historia. Demasiado bien." – Suspiré. – "Juro que un día nuestra misión será capturar a una de esas escamosas."
– "Ustedes invitaron a una de ellas, ¿no es así? Junto a una serket."
– "Es una dragonewt, y al menos parece mucho más civilizada que esa lagartija voladora." – Reí. – "También es del equipo sáfico, y le estoy ayudando a la escorpiona a mejorar su relación con esta."
– "Que se cuide Eros; la arañita del amor llegó para reclamarle el puesto." – Bromeó la falconiforme, regresando con un vaso de té. – "Ten, flaquita. Dejé a la decapitada en la cocina para que se familiarice y evalúe nuestras reservas."
– "Las cuales, me temo, no son suficientes." – Comentó la segadora, regresando. – "Las provisiones apenas cubrirán un cuarenta por ciento de la demanda, y eso sólo si los invitados mantienen un apetito similar al humano."
– "Cosa imposible con todo el escuadrón MON sumándose a la lista de comensales." – Añadí.
Y no digo nada de la residencia Kurusu, porque no quiero hablar mal de Miia, Rachnera y Centorea, las cuales consumen su peso entero por día. Y admito que soy igual de tragona, pero me mantengo en forma gracias al ejercicio y mi eficiente metabolismo de cazadora. Aunque, debo confesar que Lala me ha estado malacostumbrando con sus platillos, y a veces el cinturón me queda algo apretado. Rayos, necesitaré entrenar duro para no engordar.
– "Supongo que entonces deberán visitar de nuevo las tiendas, chicas." – La casera opinó, tomando su cartera. – "¿Cuánto creen que será suficiente?"
– "No te molestes. Yo cubriré los gastos, Yu." – La americana alzó su ala, en señal de alto. – "Aún no me acabo ni la mitad de mis cien mil."
– "Oh, Duraznín, eso no es necesario. Todavía me sobra de la venta de perfumes."
– "Mam-Digo, Yuuko; ya has gastado mucho en estos días, y has trabajado sin parar. Esto es lo mínimo que puedo hacer por mi hospedadora." – Le aseguró la halcón, con sus alas en sus hombros. – "Y ni hablar de lo tolerante que has sido a pesar de que hemos invitado a demasiada gente a la fiesta de tu novia. Me sentiría terrible si no te apoyo, aunque sea monetariamente."
– "Tú también me has ayudado."
– "No es suficiente. Vamos, tómate un descanso por esta ocasión y déjanos hacer el resto, ¿de acuerdo?"
– "Está bien, Cetania." – La hospedadora sonrió. – "Vayan, yo las espero."
– "¿No vienes?"
– "Debo terminar de darle unos últimos retoques a la casa, bañarme, hornear el pastel y pasar a recoger a Mio para distraerla." – Enumeró Honda. – "Y aunque es temprano, puede que algún invitado también se presente."
– "Comprendo. Bueno, creo que entonces nos vamos."
– "¿Tienes la lista?"
– "No es necesario, ya tienes todo para lo que planeabas en un principio. Improvisaremos y veremos que puede servirnos, ¿de acuerdo?"
– "Y me aseguraré que elegiremos víveres e ingredientes de calidad, así como evitar el gastar de más." – La peliblanca hizo una reverencia. – "Tienen mi palabra."
– "Y yo cuidaré que no surjan riñas." – Añadí. – "Y si me lo permites, también cooperaré con mi dinero."
– "Si ustedes están de acuerdo, entonces no me opongo." – Yuuko se inclinó. – "Se los agradezco mucho, amigas."
– "Servir a la ciudanía es nuestro trabajo." – Guiñé tres ojos. – "Y ayudar a que todas quedemos bien con la jefa de mi novia, también."
– "Ay, le quitaste lo bonito." – La arpía me dio un golpecito en el brazo. – "Bien, vamos de compras. ¿Quieres que te traiga algo más, Yu?"
– "Más galletas wafer marca Chocozombie." – Replicó la aludida. – "Ignoro quién se habrá acabado las dos cajas que quedaban. Son sabrosas y el relleno a cacao sabe mejor congelado, pero devorárselas y esconder las cajas vacías detrás de las latas de la alacena, como que no está bien."
– "¡Y-yo no fui!" – Declaró la rapaz. Incriminación más obvia no podía existir.
– "Nunca dije tal cosa." – Yuuko sonrió maliciosamente. – "En fin, quiero usarlas para el pastel. Vayan al Andariel's, como a ocho cuadras, y traigan al menos seis paquetes. Y no te choques con la puerta por ponerte a leer la caja, como en esa ocasión, ¿sí, Duraznín? Y eso que era automática."
– "Vale, vale, ya entendí." – Hizo ademán de que bajara la voz. – "No me avergüences frente a todas."
Las tres salimos, la irlandesa y yo reímos, la castaña se ruborizó y su casera agitó su mano para despedirse desde la entrada, antes de regresar a sus labores. Caminamos en dirección al supermercado que la hospedadora nos indicó, siendo el mismo que visitamos con Dyne hace unos días, como indicaba el GPS del celular de la segadora. El día lucía esplendoroso, y el reporte meteorológico informaba que no habría precipitación alguna, así que todo parecía marchar viento en popa. Sólo esperaba que el resto del mundo también estuviera de acuerdo y no nos sorprendiera con algún imprevisto. Por lo menos podíamos contar con el apoyo de MON, Mei y Roberto en caso de emergencia.
Siendo las ocho y cincuenta y cinco de la mañana, no perdimos tiempo distrayéndonos en cosas intrascendentales, como aquel par de niños probando sus autos a control remoto en el parque cercano, una tipa rubia con ojeras tocando una guitarra y cantando peor que un sapo de montaña, o el gatito negro que fue atropellado por un camión. Llegamos a la tienda de autoservicio y además de notar que la cantidad de mujeres con pelucas rosadas y vestidas a usanza de sirenas había aumentado, repartiendo volantes y proclamando lealtad a una Gran no-sé-quién, también advertimos que era el día de ofertas dobles. De no ser otra de esas promociones fraudulentas donde los precios rebajados son exactamente los mismos antes del supuesto descuento, entonces había que agradecerle a Tique por tanta suerte.
– "La página de Hakurei Deals indica que sí, las ofertas son genuinas." – Comentó Cetania, enseñando su teléfono. – "¿Por dónde empezamos la travesía, decapitada?"
– "Los perennes, sintéticos y embotellados." – Señaló la dullahan a la izquierda. – "Por último nos haremos con los víveres perecederos para evitarles que pierdan su frescura. Trae un carrito para transportarlos, peste alada."
– "De acuerdo, enana canosa." – Replicó la halcón, bostezando y tomando el objeto mencionado. – "¿Estás segura de lo que llevaremos? Ni siquiera preguntaste a Yuuko lo que deseaba preparar."
– "Quizás no haya entablado conversación extensa con la señorita Honda, plumero parlante, pero trabajo para su pareja, así que me permito jactarme de augurar las viandas que podrían ser tanto de su agrado como de el de los comensales." – Contestó la nativa del Éire. – "Pero confío en que accederás a ofrecer tu opinión respecto a mis decisiones preliminares, para asegurar una mayor probabilidad de éxito."
– "Vale, vale. Sólo que no se te ocurra alguna extravagancia gastronómica o ponerte a experimentar, pitufo."
– "Descuida, pájaro de mal agüero, que mis órdenes como cocinera son seguir la receta y abstenerme de ensayar con las sagradas artes cisorias en un día tan importante. La improvisación y imprevisibilidad son papeles reservados para la chef principal."
– "¿Crees que ella ya se haya dado cuenta de nuestras intenciones? ¿No ha tratado de sacarles la sopa disimuladamente?"
– "Tranquila, que aún si ella sospechara de la festividad, guardaría el secreto para no arruinar la ilusión de su pareja sentimental."
– "Bien." – La falconiforme suspiró. – "Hablando en serio, que bueno que estás para apoyarnos, azulosa. La pobre Yuuko quiere que esto resulte lo mejor posible y casi no durmió de los nervios. Espero que no termine delatando la sorpresa ella misma cuando la lleve hoy de paseo para distraerla. Eso significa que esta responsabilidad recae en nosotras."
– "Entiendo perfectamente, y por mi honor, te doy mi palabra que no las decepcionaré."
– "Thanks, Lala."
– "'Se do bheatha."
Mientras tanto, yo me mantenía silente y contenta por verlas congeniar nuevamente. Las palabras de la irlandesa, 'no las decepcionaré', podrían aplicarse también para mí. Yo sabía que la disputa entre ellas por mi corazón era simple inopia, un ejercicio de futilidad, una gresca sin sentido; yo les pertenecía a ambas e iban a ser recompensadas de todas maneras. Eso lo juré por mi persona, honor, patria y alma. Quizás mi vida no valiera mucho, pero no iba a rendirme por mi poca importancia. Dejando a un lado mis optimistas pensamientos pero todavía feliz por ver que también mis planes parecían ir por buen camino, pasé en medio de ellas y acaricié las barbillas de ambas, prosiguiendo mi trayecto.
Las dos respondieron positivamente al tomarme cada de uno de los brazos y, tomando yo el carrito en el centro, nos movimos juntas por los coloridos pasillos, llenos de variedad de productos que anunciaban ser cada vez más bajos de precio. La lista mental de la peliblanca era directa y al punto, además de eficiente. Era casi como si lo estuviera leyendo en papel, habilidad que sin duda debía desarrollar al recibir tantos pedidos y acordarse de la receta para cada uno mientras el cliente esperaba impaciente del otro lado. El calor y la presión forman las mejores gemas, como diríamos en MOE. Y para mí, mi Lala era más divina que el más radiante diamante.
La arpía no se quedaba atrás, y sugería ingredientes que aparentemente no tenían nada de especial a comparación de los elegidos por la dullahan, pero que después de ingeniosos soliloquios, lograban convencerla de tomarlos. Cambiar la opinión de una (sinceramente, testaruda) Abismal no era tarea sencilla, y le aplaudí mentalmente a la pajarita que pudiera salirse con la suya en ocasiones. Por supuesto, también sabía que aquello era una feroz batalla de voluntades para imponerse ante su rival, disfrazada de buenas intenciones, pero mientras el resultado fuera un trabajo bien hecho, podía permitirles su obstinada guerra de tenacidad.
Y honestamente, yo no tenía idea de quien tenía la razón, así que opté por callarme.
Llevábamos apenas como veinte minutos, pero el inventario ya iba poco más de la mitad para ser completado. Algunos elementos extra también se sumaban a la lista, pero eran esporádicos. El carrito estaba casi a toda su capacidad, pero mi experiencia manejando cajas de municiones y demás elementos de logística en la academia militar me fue provechosa para acomodar las cosas de manera que aprovecharan aquel espacio cúbico con la mayor eficiencia. Incluso utilicé el espacio debajo de la canasta principal.
– "Debiste ser campeona de Tetris, flaca." – Comentó la castaña. – "Creí que necesitaríamos una estibadora por tanto que estamos llevando."
– "Agradece a que los carritos son espaciosos, Süsse." – Respondí, colocando una lata de piñas en almíbar que la dullahan me facilitó. – "Danke, Spatzi. Al igual que estos amplios pasillos. Es la ventaja de las empresas liminales, siempre piensan en grande. Literalmente."
– "A lo mejor la tal Andariel pasó demasiado tiempo en la tierra de la libertad. Allá estos carritos serían el tamaño para las tienditas de la esquina." – Dijo ella y mostró un empaque de duraznos en trozos. – "¿Este te parece bien, azulosa?"
– "Parece aceptable. Lleva cuatro." – Contestó la segadora. – "¿Tan generosos son estos contenedores en tu patria?"
– "Al menos en Montana. Una vez Atseelia y yo encontramos uno abandonado cerca del hotel Rising Sun, a un lado del lago Saint Mary. Y como la pequeña delincuente juvenil que era yo, lo tomé prestado." – La halcón rió tenuemente. – "Tendría como trece años, pero ya ocupaba el tamaño de este carrito. En todo caso, y a pesar de las protestas de mi hermana adoptiva, lo tomé en mis garras y volé hasta la parte más elevada del camino, que estaba al borde de la montaña Otokomi."
– "Oh, Arachne, creo que ya sé a dónde va esto." – Sonreí en anticipación, acomodando los melocotones. – "¿Qué hiciste entonces, vaquera?"
– "Me creí la nueva estrella de Rápida y Furiosa, porque me subí en este y, con un ligero empujón, recorrí todo el camino cuesta abajo, exclamando como loca por casi ochocientos metros." – Su risa aumentó. – "Éramos solamente yo y la caja metálica con cuatro rueditas chillonas, pero el alboroto que causamos desde el sendero Rose Creek hasta alcanzar la carretera Going-to-the-Sun fue intenso. Tanto Atseelia como los transeúntes no pararon de gritarme en todo el trayecto."
– "¿Ochocientos en línea recta?"
– "No, había curvas, pero ni Vin Diesel podría compararse con mi maestría en la conducción de transportes para supermercado." – Guiñó ella, entre carcajadas. – "La cereza del pastel vino cuando al final del camino, no pude girar a tiempo para evitar colisionar con un vehículo estacionado. Por suerte, logré saltar incólume y el único afectado fue el dueño del carro, que seguramente se lanzó al lago adyacente después de ver el plaustro insertado en el parabrisas. Mi primera y última acción criminal en toda mi vida, lo juro por mis plumas."
– "Concedo que es una hilarante anécdota, y digna de un incordio alado como tú." – Opinó la irlandesa. – "Sin embargo, tan irresponsable osadía pudo resultar en fatales conclusiones. No debiste arriesgar tu vida tan imprudentemente."
– "Sí, fui una completa idiota, no hay duda de eso." – Rió tenuemente. – "Pero como decía Díaz Mirón: El ave canta aunque la rama cruja…"
– "Como que sabe lo que son sus alas." – Completé. – "Un poema muy ad hoc para ti, Süsse."
– "Gracias, Blondie." – Me dio un beso rápido. Lala giró los ojos. – "Además, hace falta más que algo tan nimio como chocar con un automóvil para acabar conmigo."
– "Emulas perfectamente a un ser intelectual cuando te lo propones, plumífera." – Dijo la segadora. – "Ojalá tanta agudeza mental no desparezca cuando debas proteger a Mo chuisle en combate."
– "Prefiero morir antes que dejar que algo malo le pase a mi amada arañita."
– "Esa es la idea." – La peliblanca sonrió jactanciosamente. La atrapó.
– "Oh, sí que eres astuta, cabeza floja." – La voladora torció la boca. – "Pero ya me las pagarás."
Tan corta (y francamente divertida) mirada al pasado de la estadounidense habrá concluido con una pequeña victoria para la chica de añil epidermis, pero entre risas y burlas, pude notar que la hostilidad entre las contendientes disminuía su intensidad entre más interactuaban. Por un breve momento, mi mente remembró como fue evolucionando la relación entre Dyne y yo, pasando del odio, a la tolerancia, hasta desembocar en nuestra problemática, pero sólida amistad. Evidentemente había momentos donde casi nos cortábamos la garganta, pero siempre lo resolvíamos y volvíamos a estar en buenos términos.
Aquello siempre me recordaba que incluso entre acérrimos rivales, con la enemistad cultivada desde el inicio de los tiempos, el compañerismo siempre es posible cuando nuestras manos prefieren estrecharse en lugar de formar puños de guerra. En el caso de ellas dos, deseaba que fuera más que amistad y así alcanzar el cenit de la felicidad. Yo era cándidamente optimista, incluso ilusa, pero estaba segura que tal idea, por muy temprana que fuera, también era factible. El timbre de mi celular me sacó de mis pensamientos y lo atendí al instante, aunque desconocía el número que se comunicaba.
– "Guten Morgen, esta es Aria Jaëgersturm. ¿Con quién tengo el gusto?"
– "Guten Morgen, arachne. Soy yo, Ekaterina."
– "Ah, hola, Eka. ¿Cómo estás? Espera, ¿cómo conseguiste mi número?"
– "Karu posee una red de espionaje internacional capaz de infiltrarse en el más inexpugnable sistema de seguridad o base de datos." – Contestó casualmente la doppelgänger. – "Nos hemos internado en los archivos privados de MON y te llamé para advertirte que planeo controlarte a cambio de que no revele tus más sucios secretos, heroína. ¿Hablamos el mismo idioma?"
– "Normalmente, me reiría de tan obvia broma, pero tu casero está tan demente para hacerlo. Hablando en serio, ¿cómo lo supiste?"
– "Solamente se lo pregunté a tu jefa, genio. Te maravillarías de lo que unos simples 'por favor' y 'gracias' son capaces de lograr."
– "Tomando en cuenta que de ti depende que les entregues su parte del dinero, dudo que rechazara tal solicitud."
– "Ni que fueras una agente super-secreta. ¿Te crees James Bond de ocho patas?" – Rió. – "Como sea, llamo para preguntar a qué hora debo pasar a tu casa. Ya sé que olvidé preguntar en esa ocasión, pero de no ser por mí, en nuestra casa hubiéramos tenido que convidarles el almuerzo a los bomberos. Nunca dejes que una equidna cocine, son bien brutas."
– "¡Jódete, Eka!" – Oí una voz gritar a lo lejos.
– "Ya veo. Bien, ahora mismo no me encuentro ahí, pero la familia sí." – Expliqué, resumiendo mi caminar. – "La fiesta comienza aproximadamente a la una, así que podrías pasar media hora antes. Ya saben que eres parte de las invitadas y podrías acompañarlos."
– "Suena bien. ¿Cómo está Haru?"
– "Perfectamente y bajo el cuidado de las mejores niñeras. Lo llevamos ayer al zoológico y se puso como loco con esa bobería de las Kemono Cuatas."
– "Argh, ni me lo recuerdes. Culpa a Rachel por descargar sus series para nerds y a Karu por tolerarlo." – Masculló. – "Yo me abstuve de transformarme en esas malditas 'kemonas', a pesar de sus lloriqueos, pero la pobre Plu, nuestra limo, estuvo imitándolas todo el día y al final escuché tanto esa jodida cancioncita que me daban ganas de despertar a la Antítesis de la Creación para que acabara con la existencia misma."
– "Lo peor es que convenció a mi novia de comprarse un celular con la figura de esas condenadas. ¡Treinta y tres mil yenes porque tenía una desgraciada pingüina de caricatura en la tapa! ¡Y supuestamente tenía descuento!"
– "Es una conspiración, araña, te lo juro. En fin, me reuniré en tu casa a las doce y media. Los veré ahí entonces, ¿Ok?"
– "Sehr gut. Por cierto, ¿ya le conseguiste algo bonito a Mio?"
– "¿Eh? Erm… ¿Si te digo que sí, me creerás?"
– "Absolutamente…" – Repliqué con sarcasmo. – "Le gustan los animales y pintar."
– "Entendido y anotado. Qué bueno que Haru tiene varios libros para colorear. ¡Nos vemos!"
No pude retrucar a su comentario y la cambiaformas colgó enseguida. Alcancé a las chicas y les comuniqué el estado de la invitada, para proseguir con las compras. Habían pasado veinte minutos desde que llegamos y la irlandesa ya había colocado la última cebolla en el carrito, concluyendo con eso nuestra visita. Nos formamos en la fila, yo y la arpía siempre alertas por si algún malhechor decidía hacer de las suyas, como sucedió con aquel soldado mexicano. Por suerte, nada malo sucedió y pagamos las compras. La rapaz se alegró que no haya tenido que gastar tanto, aunque no le hubiera importado haber desembolsado toda la cartera. Y también juntamos varios puntos para canjearlos por alguno de esos peluches que tanto le gustan a la empusa.
Salimos de ahí con las manos más que llenas. Andábamos con tantas bolsas que varias de ellas fueron colocadas en mi segundo tórax, volviéndome la mula de carga mejor entrenada del mundo. Tampoco es que me molestara, pues estaba más que acostumbrada a llevar la mitad de mi peso en mis entrenamientos; y era buen ejercicio. Además, tampoco iba a dejar que mis damas cargaran tanto peso. Claro, pudimos haber solicitado que un taxi nos transportara, e incluso ellas lo propusieron, pero yo me negué, alegando que deseaba seguir disfrutando nuestro tiempo juntas lo más posible.
Y quería presumir lo bonito de mi uniforme, lo admito.
– "Spatzi, no es que desee contradecir tus decisiones o hacerte quedar mal…" – Me arriesgué a hablar. Tragué saliva. – "Pero siempre has dicho que las tiendas pequeñas ofrecen mejores alimentos perecederos que los hallados en un supermercado. ¿Por qué optaste por comprarlos en Andariel's en esta ocasión?"
– "Provienen del mismo distribuidor del Aizawa." – Contestó ella. – "Pude reconocer las cajas que las contenían. Estas patatas son las mismas provenientes de los campos de Hokkaido, al igual que la mayoría de los productores locales."
– "¿No se supone que un granjero conoce mucho mejor sobre el crecimiento y cuidado de sus productos que una empresa?" – Fue el turno de la castaña de indagar. – "Es lo que Mio siempre dice cuando está de visita."
– "Eso es correcto, emplumada, pero debido a los reveses económicos de estos últimos meses, muchos agricultores han optado por vender sus cultivos a aquellas empresas para solventar sus problemas financieros." – Replicó la segadora. – "Por ende, desde hace aproximadamente seis semanas que casi ochenta por ciento de los productos en el mercado son los mismos que hallarías en los campos. Sólo se le ha agregado una etiqueta para aumentar su precio y la visibilidad de la marca comercial."
– "¿Cómo sabes todo eso, dullahan? ¿Ahora trabajas en el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca? ¿O sólo lo viste en Google?"
– "Las informativas pláticas entre la chef principal y la superior Aizawa, la cuales son frecuentes y una no puede evitar escuchar. Puedes corroborarla tú misma, si lo deseas."
– "Está bien, te creeré, azulosa." – La halcón se detuvo en el cruce peatonal. – "Además, recorrer los puestos locales nos llevaría más tiempo y este ya es muy exiguo."
– "Y sería más lento al tener que cargar con todo esto." – Añadí.
– "Precisamente." – La Abismal asintió. – "Apresurémonos, necesitaremos exprimir todo segundo posible."
Sin dilación (y sin pleitos), aceleramos el paso y regresamos a la residencia, donde Yuuko ya había partido para su cita con su pareja; dejando ella una notita donde nos indicaba en primera, disculparse por su ausencia, y en segunda, que confiaba en nosotras para que todo saliera a la perfección. Con unas cuantas instrucciones para las tres, nos dispusimos a seguir cargando con la antorcha simbólica que la dueña de la morada nos entregó. Lala se preparó para la batalla colocándose un delantal amarillo y ordenando (no sugiriendo) que nosotras nos encargáramos del resto mientras ella tomaba control absoluto de la cocina.
A pesar de tan autoritaria orden, comprendimos que era mejor dejar a la experta hiciera su trabajo. La falconiforme y yo nos dispusimos a sacudir los últimos restos de polvo y arreglar la mesa, colocando platos, vasos y servilletas. Honda había hecho un extenso trabajo y realmente no dejó mucho de que ocuparnos, así que volvimos a la zona de guerra reclamada por la hija del Abismo para solicitar que amablemente que nos permitiera auxiliarle en el delicado trabajo de las artes cisorias.
– "¡Carajo, cabeza floja! ¡Esta no es tu casa!" – Vociferó la arpía, blandiendo un cuchillo. – "¡Ni siquiera es tu fiesta! ¡¿Quién te da derecho a negarme el pase a mi propia cocina?!"
– "¡La cual está bajo mi responsabilidad, según la palabra escrita de tu hospedadora!" – Contestó la irlandesa, habiendo invocado su guadaña. – "¡No quiero que estropees mi ardua labor con tu cerebro de pájaro!"
–"¡Enana canosa!"
– "¡Befa emplumada!"
– "¿Chicas?" – Musité débilmente, interponiéndome entre las dos. – "El pastel se va a quemar…"
– "¡No te metas!" – Me ordenaron al mismo tiempo. – "¡No le grites!"
La paz es tan efímera como las luciérnagas de marzo. Afortunadamente y gracias al incesante tic-tac del reloj en la habitación, indicando que la hora designada estaba cada vez más cercana, la trifulca cesó y ambas rivales prefirieron cooperar, conmigo como la diplomática que ponía su perspicacia y bienestar físico para evitar que las insignificantes disputas escalaran nuevamente. Gracias a mi hábil lengua, reconfortantes besos para ambos partidos y un poco de apaciguamiento proveído por el apoteósico olor que las viandas preparándose en calderas y hornos despedían, la tarea se llevó a cabo sin incidentes mayores.
Fue una fortuna el que la dueña de la casa poseyera dos estufas, porque en verdad que las necesitábamos. La cuenta del gas deberá ser estratosférica al final del mes al usar todos los quemadores disponibles al mismo tiempo. Dos horas, dos minúsculas horas eran el intervalo establecido que dividía la meta final y Crono nunca era tan magnánimo para dispensar una prórroga de extensión temporal. Cada segundo debía dilatarse lo suficiente para poder organizar más de doce platillos de tres orígenes nacionales diferentes, sin contar que cada uno requería una preparación única y por separado, además de ser multiplicado por al menos cuatro veces aquella cantidad para satisfacer a los convidados.
Cortar vegetales, frutas, carne, descamar pescado, engrasar sartenes, hornear, freír, repetir. Esto sólo era una breve pero muy convincente prueba empírica del infierno que tanto Lala como el resto de las trabajadoras debían soportar a diario en el restaurante. La dullahan sudaba y se secaba el añil rostro con una toalla que absorbía el salino líquido de su cara, la nativa de Montana exhalaba del cansancio y se soplaba con sus frondosas plumas antes de emitir un gruñido determinado y volver a la carga mientras yo me nutría de la convicción de mis compañeras para motivarme y no despejaba mis ojos de mis tareas, más que para cerciorarme que mis amadas estuvieran bien.
En esos escasos siete mil doscientos segundos, entre fuego, aceite, los diversos aromas de cada ingrediente y nuestras glándulas sudoríparas recubriéndonos la epidermis con su acuosa capa brillante; la rapaz y yo desarrollamos un mayor respeto por el mundo culinario. Ya no como simples comensales, sino como practicantes en turno. El agitado universo de la cocina profesional era tan intenso como nuestra lucha diaria, y, aunque las diferencias fueran enormes en la práctica; ambas compartían las mismas sensaciones intrínsecas: Presión, decisión, pasión.
El trabajo, así como la vida, es una guerra eterna.
Pero como la batalla de Kursk, los desembarcos en Pointe-Du-Hoc y el asalto al monte Suribachi, es el trabajo en equipo lo que nos llevaría a victoria. Esa unión que nos permitió salir de las trincheras que las imparables manecillas socavaban bajo nuestro suelo y nos elevó paulatinamente en la fugaz, pero decisiva carrera contra el tiempo. No éramos las mejores, ni las más reconocidas o incluso las más pacientes, en mi caso particular; pero no cesamos de darlo todo y coadyuvarnos como una sinfonía de labor físico hasta lograr que el extenso menú se encontrara perfectamente disponible al llegar el mediodía.
Cuando el níveo cronómetro en la cocina sonó su alarma, anunciando como si fuera el repiqueteo del campanario anunciando el final de un tremendo conflicto que el último platillo estaba listo, hubo un suspiro grupal de alivio sincronizado que provocó eco por la habitación. La irlandesa se recostó sobre la alacena, apoyando sus brazos en esta y permitiéndole a las gotitas de sudor concentrarse en su barbilla e impregnarle el delantal al caer sobre este. Su larga cabellera platinada presentaba alguno que otro pelito rebelde que se negaba a alaciarse, pero sin quitarle lo hermosa a su dueña. Yo, parecía jabalí apestoso en pleno sol veraniego comparado con ella.
Por su parte, la arpía reposaba en una silla, estirándose y soplándose con sus alas mientras sonreía satisfecha. La transpiración le había transparentado su blanca camiseta y nos daba una buena vista de su rojo sostén debajo de este, sin contar que la prenda también permitía apreciar su generoso escote salpicado por la exudación. Aquello le otorgaba un aire muy sensual a su portadora, que no pasó desapercibido por mí ni tampoco por la peliblanca, que afásicamente me ordenó con la mirada que desviara la mía de las glándulas mamarias de la estadounidense. Traté de obedecer, pero mis ojos poseían vida propia y desafiaron los mandatos implícitos de la Abismal.
Me ganaría una regañada más tarde, pero valdría la pena deleitarse la vista.
– "De acuerdo, confieso que tienes algo de talento, decapitada." – Dijo la rapaz, secándose la frente. – "No creí que fuera posible preparar tanto en tan poco. ¿Esto es lo que vives a diario en el restaurante?"
– "Sólo cuando no hay muchos clientes." – Replicó la dullahan, exhalando. – "¿Es así como tú y Mo chuisle se sienten después de sus entrenamientos?"
– "Ojalá hubiera comida tan apetitosa al finalizarlos, entonces tendríamos mejores motivos para no desplomarnos tan pronto ordenaran parar." – La castaña rió tenuemente. – "Joder, y mañana seguramente los reanudaremos."
– "Tres meses, dieciséis horas diarias sin parar, junto a esa liliputiense del Tártaro." – Musité, mirando al techo, exhausta. – "Súmale las boberías de Smith, los futuros encuentros con la escoria criminal… Creo que ya quiero exigir jubilación."
– "Moriremos antes de los treinta, flaca." – Bromeó la falconiforme. – "Y eso si tu dictadora azul no te parte en dos primero para reclamar tu alma."
– "Descuida, vástago de Taumas; te cederé el honor de ser la primera que impregne de sangre el filo de mi falce." – Contestó la segadora, con tono nada serio. – "Prometo conservar perfectamente tu cabeza para colocarla en mi pared."
– "¿Acaso nunca has eliminado a nadie con esa cosa, azulosa?" – La halcón la miró, curiosa. – "¿Qué no eras una mensajera de la muerte y todas esas fruslerías salidas de algún cliché gótico?"
– "A pesar de que mi misión primordial es llevar a las almas a los aposentos del Más Allá, valiéndome de ominosa guadaña para tan sagrada tarea, nunca me atrevería a privar de la vida a alguien que no ha sido llamado por el Abismo Eterno." – Explicó. – "Solamente cuando escucho la señal del Caos Infinito dentro de la frugal ánima del ser elegido, es cuando ejecuto mi mortal juicio. Aquello no se aplica para espíritus perdidos o que aún se rehúsan a seguir el camino hacia su descanso final, los cuales son barridos de este mundo en el acto. Sin embargo, jamás he tenido que recurrir a mi arma para ello, pues tal trabajo ya no es mi destino."
– "Así que no reclamas el alma de alguien si no le llega la hora de su juicio." – La nativa de Montana inclinó la cabeza. – "¿Qué hay de esa ocasión donde casi me degüellas en el centro comercial?"
– "Yo soy también la juez, y mi sentencia fue tu erradicación inmediata." – La dullahan la miró, desafiante. Entonces, su expresión se suavizó. – "Sin embargo, reconozco que en esos momentos me encontraba nublada por las fatuas ínfulas de los celos y actué premeditadamente. Lo… lamento."
Sonreí para mis interiores. Lala ya se había disculpado sobre tan infame suceso con anterioridad, pero volverla a escuchar admitir sus errores, con la aspiración de resanar las heridas, me llenaba de orgullo. Es de valientes reconocer las faltas personales, y más lo es el enmendarlos. Las hostilidades entre ellas dos seguían cediendo poco a poco.
– "Bueno, esto sí que es sorpresa. Vale, supongo que puedo indultarte." – La castaña encogió los hombros. – "Pero, ¿qué pasará con Aria? ¿O tu familia? ¿Qué harás cuando su tiempo se acabe?"
– "Ellos son la única excepción, a quienes he elegido para ser los candidatos exclusivos a quienes guiaré hacia la paz sempiterna." – La irlandesa me miró, y yo devolví el gesto con una sonrisa comprensiva. – "Soy su protectora en vida, su guardiana en la muerte y, en el caso de mi amada cazadora, también su compañera eterna. Cuando les llegue la hora, me aseguraré de que sigan existiendo en ese pequeño refugio imperecedero que he reservado para mis seres queridos."
– "¿Algo así como un mundo alterno donde vivirán juntas por siempre? ¿Puedes hacer eso?"
– "Correcto. Una creación existencial atemporal donde una dullahan puede residir para meditar, protegido del juicio del Abismo y de todo problema. Podríamos decirle, en términos coloquiales, nuestro lugar feliz."
– "Tú propio paraíso personal." – La falconiforme sonrió. – "¿Qué tan grande puede ser? ¿Son como los campos Elíseos? ¿Una burbuja celestial en medio del Inframundo, como una esfera de cristal entre lava?"
– "Tan extenso como desee y colmado de las bellezas que pueda imaginar, siempre y cuando mi habilidad para concebir tan ambicioso proyecto esté a la par de mi imaginación." – Aseguró la peliblanca. – "Incluso, puedo crear subdivisiones para reservar un espacio que únicamente yo y Mo chuisle disfrutaríamos. Nuestra tierra exclusiva. Aún me falta dominar mis poderes innatos, pero por ella y por mí, juro que terminaré tan anhelada obra."
– "Impresionante." – Respondió con sinceridad la americana. – "Eres toda una caja de sorpresas, dullahan. Y creí que sólo estabas medio chiflada."
– "Tú también has superado mis expectativas, arpía." – La segadora asintió. – "Creí que tu afán por ser parte de tan selecto grupo policiaco era únicamente un capricho por ganar el afecto de Jaëgersturm; pero el salir victoriosa de tan infaustos entrenamientos que ella me ha relatado infinidad de veces, demuestra que tu convicción con la justicia es genuina."
– "Jamás creí que dijeras algo así sin una pizca de sarcasmo. Pero, gracias, Lala. De verdad." – Sonrió la aludida. – "No eres tan mala. Aunque sea un poquito."
– "Ambas son maravillosas." – Finalmente volví a hablar. – "Las dos poseen algo extraordinario y que las hace más que excepcionales. No podría prescindir nunca de alguna de ustedes y quisiera que continuáramos tan fantástico viaje… juntas."
– "Nunca te rindes, ¿cierto, flaca?" – Rió la rapaz, disintiendo con la cabeza. – "Ah, ¿a quién engaño? Yo soy igual de terca, quizás más que tú."
– "Toda guerrera lo es." – Acotó la dullahan. – "La guerra y el amor sólo son lados opuestos de la misma moneda sentimental. Ambas libran batallas que se luchan con ahínco y con el corazón en la mano."
– "La pregunta es…" – Las observé a ambas, fijamente. – "¿Sería posible que las tres pudiéramos ganar?"
– "Un objetivo sumamente osado, cazadora." – La peliblanca opinó.
– "Pero posible. En alianza."
– "Exiges demasiado, flaca." – Dijo la castaña.
– "Como Smith en los entrenamientos, como nosotras al aceptar tan imposible desafío, como las tres al tratar de demostrar cuanto valemos." – Repliqué. – "Y siempre comprobamos que no hay obstáculo que no podamos vencer si trabajamos en equipo. ¿Qué dicen? ¿Le damos una oportunidad?"
El silencio imperó en la sala. Ellas desviaron la mirada y yo me mantuve afásica, pero sin dejar de observarlas intermitentemente. Con nosotras optando por el mutismo, las manecillas del plástico reloj aumentaban en decibeles conforme el tiempo seguía su curso, martillando cada segundo, que parecían convertirse en horas a cada momento. Ni siquiera el apetitoso aroma podía amenizar la tensión en el aire, que podría cortarse con cualquiera de los numerosos cuchillos disponibles.
Pero ni el más filoso objeto punzocortante podría deshacerse de la cuestión que continuaba flotando en el ambiente y que se rehusaba a ser contestada por las dos rivales. Tímidamente, la arpía y la dullahan voltearon sus cabezas y, con suma lentitud, se atrevieron a hacer contacto visual, para nuevamente apartar la mirada, aún sin decir nada. Yo continuaba esperando algo; una palabra, un ademán, un furtivo destello de ojos que me confirmara o, por lo menos, me diera algo más que una vaga esperanza de que este fantasioso plan avanzaba.
– "Las amo…" – Musité, viendo al suelo. – "Las amo a las dos. Por favor, si tan sólo…"
No terminé la frase, no había necesidad de remarcar mis flagrantemente obvias intenciones que todavía insistía en defender testarudamente. Los engranes del cronómetro seguían girando, sonando, presionando con esa incesante percusión cacofónica indetenible y que ya hacían eco dentro de las cajas craneales de las presentes, como una bomba de tiempo que amenazaba con explotar. El sudor que habían retirado de sus semblantes hacía una segunda aparición, aunado a la elevada temperatura que emanaba de los alimentos calientes y los rayos de Helios filtrándose por la ventana. Tarde o temprano, la contestación se daría; ya sea por la americana, la irlandesa, o ambas. Y aunque la decisión no me fuera favorable, yo la aceptaría sin condición. Mi nerviosismo era tan grande como el de ellas.
Y entonces, el timbre sonó.
Con un pequeño sobresalto grupal, un segundo pitido nos regresó a la realidad y disipó la ominosa pesadez. La falconiforme se paró de inmediato, alegando que necesitaba una ducha y nos solicitó que atendiéramos a los invitados, desapareciendo como las sombras ante la luz del sol. Yo estaba un poco decepcionada, pero la débil, casi imperceptible oportunidad, continuaba plasmada en los ruborizados rostros de la segadora y la rapaz, así como una muy invisible sonrisa en mis labios. Incorporándome, le ofrecí la mano a mi azulada dama a mi lado y ella la tomó para dirigirnos a la entrada y darles la bienvenida a las personas que habían hecho su tercer intento con el timbre.
– "Amanda, Unteroffizier Roberto. Willkommen, meine Freunde." – Hice una reverencia al soldado y la minotauro. – "Es un gusto verlos de nuevo."
– "Céad míle fáilte." – Los saludó la nativa del Éire. – "Pasen, siéntanse como en su casa."
– "Muchas gracias, amigas." – El militar también reverenció. – "Me alegro de verlas también."
– "Con su permiso." – Amanda pasó junto con su amigo. – "Trajimos un par de botellas de excelente vino francés. Espero sean de su agrado."
– "Por supuesto, te agradecemos la molestia, compañera." – Tomé las bebidas en mis manos. – "Adelante, son los primeros en llegar."
– "¿Gustan algo de beber?" – Preguntó la peliblanca, asumiendo una pose como si fuera la propia Mio. – "Contamos con té sabor melocotón y productos lácteos variados."
– "Bueno, yo prefiero la leche de Aman-¡Auch!" – El mexicano recibió un pinchazo en su brazo de parte de la sonrojada bovina. – "Quiero decir, preferiría el té, si no es molestia."
– "Tuigim. Siéntense, por favor. Enseguida se los traeremos." – La irlandesa miró en mi dirección. – "A chuisle, sus bebidas."
– "Pero yo…" – Me pausé de inmediato. – "Sí, amor. Ya vuelvo."
No había razón para contradecir a la mandamás y sin dilación me dirigí a la cocina. Me hice con la jarra del ambarino líquido y los serví en los diáfanos vasos. Depositando los recipientes en una bandeja de plástico y sosteniéndola, regresé a la sala donde la Abismal se hallaba platicando con los invitados, discutiendo las anécdotas de la pareja en su visita al zoológico y su encuentro con nosotras. Deposité la bandeja en la mesita que la segadora había colocado cerca de los invitados. Platicamos unos minutos más, aunque no tocamos el tema del Aizawa. No por desagradable, sino porque básicamente ellos comprendían lo agradecidas que estábamos yo y mi chica por las heroicas acciones del subteniente y no había necesidad de palabras.
Mientras intercambiábamos puntos de vista sobre la nueva película sobre el famoso héroe militar, James Bullock, que yo estaba interesada en ver algún día, Cetania regresó de su ducha, vestida con una de sus camisetas que compré el día anterior y sus clásicos aretes de atrapasueños. Se alegró de ver al dúo y luego de estrechar manos, se unió a nuestra conversación. Durante ese tiempo, tanto chica azul como la pajarita evitaban toda clase de contacto visual, sentándose de lados paralelos a mi lado, para tener una excusa válida de no mirarse. Yo podía palpar esa ligera tensión que la charla con nuestros compañeros lograban amortiguar.
¡Lalalala, lalalala! ¡Oh, welcome to the Japari Park!
Ahí, el teléfono de la peliblanca reprodujo esa molesta cancioncita del show animado desplegado en la tapa del aparato con su monoaural bocina y vibró de manera igual de sonora. Extrañada un poco, la dullahan tomó el celular e informó que la identidad del llamante era nada menos que nuestro casero. Oprimiendo el verde botón virtual, la irlandesa realizó su primera conversación telefónica y después de intercambiar un breve diálogo con Kurusu, nos avisó que Ekaterina ya se había reunido con los demás y estaban en proceso de llegar hasta nosotros.
Pidiéndole prestado el artilugio a mi novia, aproveché para pedir a Kimihito que se dirigiera a mi habitación y se hiciera con la caja con el nombre de la emplumada escrito en su costado, la cual contenía las pertenencias de la susodicha, además de los paquetes el dinero de Dyne y Mei, envueltos y guardados en el cajón superior de la mesita de noche. Confirmando él que lo haría, finalicé la charla y regresamos a esperar al resto de los invitados. Comenté a la Abismal la excelente calidad de su parlante, muy superior a mi vejestorio. Lo primero que haría al recibir mi salario, sería conseguirme un mejor teléfono. No podía esperanzarme nuevamente de que Smith me regalara los que decomisaba.
Eran las doce y treinta dos minutos, cuando el retintín de la electrónica campanilla informó que la residencia Kurusu y la embajadora del hogar Sarver ya habían arribado. Fue el turno de la arpía para abrir la puerta y recibirlos cálidamente. Saludando a los presentes, los ocho invitados pasaron uno por uno por la puerta, cargando los regalos para la festejada, con Miia algo apenada de ser la última en la fila, debido a su obvio tamaño. Rachnera sólo estaba un puesto delante de esta, pero era suficiente para que formulara algunos mordaces comentarios respecto a su longitud y peso de la ofidia, provocándole reñir en voz baja. Depositaron los obsequios en la mesa reservada para estos y ocuparon sus lugares. El muchacho le entregó sus pertenencias a la estadounidense y a mí me dio los sobres con el dinero, agradeciéndole ambas el tomarse la molestia.
Con tantas personas, el ambiente se tornó más vivo y las risas y demás sonidos de alegría inundaron la enorme casa. Reí un poco al pensar que si el resto llegaba antes que la pareja principal y si el plan salía a pedir de boca, la cara estupefacta de Mio al hallar a tan variopinta asamblea en su día especial sería perfecta para capturar con la lente de mi cámara. Lo mejor, la castaña y la segadora habían empezado a cesar su juego de evitarse, pero sin deseos de tratar tan azorado tema. Por suerte, yo era paciente y las dejaría que tomaran sus propias decisiones, sin presionarlas. No puedes obligar a los sentimientos, después de todo. Además, primero debía cerciorarme de que viviría para poder ver el sueño hecho realidad.
– "Eka…" – Hablé a la cambiaformas, que estaba tomando el ya popular té de durazno. – "¿Trajiste el dinero?"
– "¿Eh? ¿De qué hablas, arachne?"
– "Los trescientos mil en efectivo que acordamos por teléfono, ¿recuerdas?"
– "Oh, esos. Sí, ya recordé." – Bebió otro sorbo con su pajilla curva. – "Los olvidé."
– "¡¿Qué?! ¡Pero…! Tratas de jugarme una broma, ¿verdad?"
– "Nope. En verdad me olvidé de ellos."
– "Ekaterina, no trates de joderme."
– "No lo hago, Jaëgersturm." – Depositó el vaso vacío en la bandeja. – "No traje ninguna cantidad monetaria conmigo. Revisa mi bolsillos si lo deseas."
– "Ya entendí." – Suspiré al notar que su indumentaria, a usanza de un traje escolar, carecía de compartimiento alguno. – "¡No, espera! ¡Se supone que lo prometiste, cambiaformas! ¡Smith va a matarme, y no es juego!"
– "Serena, morena." – Hizo señal de alto. – "Sosiega tus ímpetus, ¿sí?"
– "¡¿Por qué debería hacerlo?!" – La sacudí de los hombros. – "¡Carajo, Eka! ¡Van a matarme y las cosas apenas empezaban a salir bien para mí!"
– "¿Soy yo o en verdad eres más dramática que una sirena aficionada a Shakespeare? Te dije que te calmes, araña. Y cuidado con la ropa, que es mi cabello y no quiero que se arruine." – Quitó mis manos. – "Además, ¿acaso piensas que andaría con trescientos de los grandes por ahí, después de lo que le hiciste a los últimos?"
– "Bueno…" – Sacudí mi cabeza. – "En todo caso, ¿qué harás? Se lo juramos."
– "Bienvenida al siglo XXI, germana." – Sacó un celular entre su larga cabellera multicolor y me lo entregó. – "Aquí tienes la respuesta a todos tu problemas."
– "¿Qué es esto?"
– "Es un celular. Introduces el número telefónico y te comunicas a distancia con otras personas."
– "¡Sé lo que es un teléfono!" – Repliqué, furiosa. Esta escena la he vivido antes. – "Pregunto la razón para dármelo."
– "Enciéndelo."
– "Tiene seguro."
– "1-2-3-4-5"
– "La contraseña más ingeniosa." – Reí, sardónicamente. – "Ojalá no me salgas con la infame foto del negrote ese que Zombina una vez me… Oh…"
– "Síp, transferí el dinero directamente a sus cuentas bancarias." – Confirmó la doppelgänger, cruzada de brazos y tomando el aparato con su pelo prensil. – "¿Satisfecha?"
– "¿No pudiste decírmelo desde el principio y evitarme lucir como una idiota?"
– "¿Y perderme el verte reaccionar de manera tan hilarante? Ni por órdenes directas de mi Oscuro Padre." – Rió. – "Lo siento, heroína. Está en mi naturaleza."
– "Wunderbar." – Giré los ojos. – "Bueno, gracias, supongo. Al menos cumpliste tu palabra."
– "Una Abismal nunca la rompe." – Acercó su vaso vacío. – "Ahora, ¿Qué tal si me sirves un poco más de esa ambrosía de frutal sabor por ser tan buena niña?"
Suspirando, regresé a la cocina por otra jarra de la bebida que rápidamente se volvió la sensación de la casa. Mientras me preguntaba como los entes del Eterno Abismo me volvieron su juguete, tanto para mi placer (como Lala) como mi disgusto (esas condenadas cambiaformas), descubrí que las reservas del preciado líquido habían sido agotadas en su totalidad. Exhalando con desgano, me di a la tarea de preparar más y agregarle hielo, porque a todos les gustaba bien frío. Ya listas dos grandes jarras del brebaje, regresé a continuar con mi papel de sirvienta improvisada. Al menos los clientes agradecían mi humilde posición.
– "¿Estás bien, A chuisle?" – Preguntó la dullahan, acercándose.
– "Sí, descuida, Spatzi." – Sonreí. – "Sólo pensando en que al final del día, sigo siendo esa torpe arachne que sólo sigue órdenes. Sparassus, MOE, aquí. No puedo escapar de mi destino, ¿cierto?"
– "No eres una peona, Aria; siempre has sido y serás nuestra laureada defensora." – Me besó la mejilla. – "Y la persona con quien pasaré el resto de mi imperecedera existencia."
– "Gracias, linda." – Besé la suya también. – "Te amo."
– "Igual yo, querida." – Acarició mi barbilla. – "Además, la única a quien debes servir fielmente, es a mí."
– "Con mucho gusto, mi reina." – Reí, abrazándola. – "¿Sus órdenes, su majestad?"
– "Ya que estás tan afanosa por cumplir tu trabajo." – Agitó un vaso vacío frente a mí. – "Más té, esclava."
– "Como ordene, mi reina." – Suspiré, riendo tenuemente. – "¿Desea algo para acompañar su brebaje?"
– "Un poco de esos manjares azucarados de pastosa consistencia con pequeños trozos de cacao." – Chasqueó sus dedos. – "Schnell, Jaëgersturm."
– "Jawohl, meine Königin."
Definitivamente no puedo escapar a mi destino. Pero en este caso, estoy feliz de cumplir los designios de mi diosa de platinados cabellos y añil epidermis. O de mi deidad anglosajona de colorido plumaje y áureos globos oculares, que se encontraba entreteniendo al dúo plumitas-gelatina con las anécdotas sobre los animales del zoológico. Ya las habían oído, pero les encantaba revivirlas. Regresando de la cocina, hallé a Lala, Amanda y Miia, juntas mientras compartían conocimientos de cocina. Kimihito se hallaba contando algunas bromas de inofensiva índole a Roberto al tiempo que Ekaterina las contrarrestaba con su repertorio subido de tono.
Cetania, sentada con las niñas a su lado, ahora transmitía los conocimientos médicos que aprendió con su tribu y Saadia a una atenta Cerea, la futura estudiante de medicina que cargaba al pequeño Haru en brazos, ya reconciliado con este. Acomodadas en un largo sofá blanco e iluminadas por la tenue luz que se filtraba por las violetas cortinas, Mero y Rachnera chocaban copas llenas de leche con lactobacilos y degustaban galletas wafer de chocolate, brindando por el futuro de su negocio y su próspera alianza. Yo sólo pude continuar en mi lugar, sonriendo y contemplando esa hermosa y serena escena. Esta amistad, esta paz, esta unión; era lo que siempre habíamos buscado desde el principio. Las próximas convidadas hicieron acto de aparición y fui yo quien las recibió.
Al abrir la puerta, me hallé con una mujer gecko con una chaqueta imitación de cuero negro, una camiseta roja como su corto cabello y pantalones blancos algo ajustados que remarcaban su agraciado posterior de ascendencia brasileña. Iba acompañada de otra fémina, esta vez vestida con una blanca camisa de mangas largas y pantalones acampanados negros, como su larga cabellera. Ambas eran el contraste perfecto, tanto social como filosóficamente, pero de alguna manera habían llegado juntas.
– "Guten Morgen, chicas." – Las saludé con una reverencia. – "Las esperábamos. Llegan a tiempo, pasen por favor."
– "Bom dia, Aria." – Mei devolvió el gesto con una sonrisa. Cargaba una caja mediana. – "Traje dulces de açai. Auténticos de Brasil, ojalá les gusten."
– "Claro, amiga. Adelante."
– "Muito obrigada."
– "Jaëgersturm." – Dijo la siempre estoica Nikos, detrás de la reptil y entregándome dos botellas verdes. – "Conseguí vino lesbio."
– "Danke schön, Dyne." – Agradecí, tomándolas. – "Me alegra que vinieras. Pasa, compañera."
La empusa sólo hizo un sonido de confirmación y entró, saludando silentemente al resto. Me alegré que no pareciera enojada conmigo por mi atrevido ósculo, aunque quizás únicamente se contenía por estar en público. O tal vez en gustó en secreto, no lo sé. Silica, siendo tan amigable, comenzó a socializar exitosamente tan pronto se presentó y rápidamente se hizo parte del grupo de discusión principal. Por el otro lado, la griega se mantenía algo aislada, limitándose a escuchar y asentir afásicamente en caso que preguntaran su opinión.
– "¿Un poco más de néctar hecho a base de Prunus persica, Unteroffizierin?" – Pregunté a la helénica, sirviéndole té. – "Disfrútalo, que nuestras reservas de tan primoroso elixir son tan vastas como el ejército macedonio."
– "Déjate de tus terribles metáforas y ve directa al grano, Potato." – Cuestionó la pelinegra, con voz tajante. – "La vida es demasiado corta para desperdiciarla con redundantes facundias, especialmente las tuyas."
– "¿No te mordiste la lengua?" – Mascullé. – "Como sea, sólo quería saber si te sientes a gusto."
– "Entre menos me fastidies, mejor estaré."
– "¿Sabes, pimientín? Antes lograbas convencerme con ese teatrito de hostilidad, pero pasar tiempo a tu lado me ayudó a leerte, más allá de esa cara de limón agrio que tienes." – Bebí, tranquilamente. – "Cuando estás con alguien en quien no confías del todo, tu dedo índice derecho se dobla inconscientemente, como si tratara de alcanzar su arma. A mí me sucede lo mismo con la mano izquierda."
– "¿Ahora crees que me conoces, araña? Qué pretenciosa." – Disintió con la cabeza. – "Pero te aplaudo tan ingeniosa fruslería pseudo-psicosomática. ¿Cuál es el punto de tan particular observación?"
– "No has hecho tan discreto gesto desde que llegaste. Y ahora lo realizas porque te lo recordé."
– "Quizás estás equivocada respecto a tu análisis, Potato." – Su dedo regresó a su posición original.
– "O tal vez te esfuerzas demasiado en negar que te caemos bien, mantis." – Reí, dando otro sorbo a mi vaso. – "Pero esa actitud tan hosca es lo que me agrada de ti. En todo caso, me alegra que hayas comunicado a la lagartijita a tiempo. ¿Dónde te la encontraste?"
– "Necesitaba ocupar mi mente en algo, como el ejercicio físico. Odio estar en inactividad." – Bebió. – "Fue ahí, que nos topamos cerca de una tienda de flores. Ella estaba comprando lirios."
– "¿Para regalarle a Mio? No recuerdo verla con un ramo al entrar."
– "Decorar su casa." – Aclaró. – "Le informé de la celebración y aceptó de inmediato. Fue una suerte que hoy tuviera el día libre para asistir. Fue muy amable en acompañarme a conseguir juntas un obsequio para la festejada."
– "Ahora sí estoy sorprendida, grillita. ¿Tú congeniando con alguien tan fácilmente?" – Sonreí maliciosamente. – "¿Acaso… desarrollaste algo más que amistad por la pelirroja?"
– "Encuentro tus risibles intentos por incordiarme sumamente hilarantes, Potato." – Replicó con sarcasmo, agitando su vaso vacío. – "¿Tu afán por tratar de probar mi inexistente safismo es una psicopatía patológica o simplemente deseas que estampe mi puño en tu cara?"
– "Sólo bromeo, malhumorada." – Serví más té. – "Aunque, no me extrañaría que todo este tiempo hubieras resultado una lame-almejas empedernida como yo o la rapaz. Digo, no luces tan furiosa por nuestro ósculo como esperaría."
– "Finalmente decidiste tocar el tema." – Se cruzó de brazos. – "Estaba esperando a que dejaras de extender esta inútil charla teátrica e ir directo al grano."
Retrucaría alguna mordaz respuesta, pero en el fondo, la nativa de Mitilene tenía razón. Nikos también podía leerme tan bien como yo lo hacía con ella. Suspirando, rellené mi recipiente vacío, como si tratara de darme valor con una bebida alcohólica, y tomé un profundo trago. Por alguna razón, me supo algo amargo.
– "¿Estás molesta?" – Le pregunté, limpiando mi boca. – "La respuesta es positiva, lo sé, pero ya sabes a qué me refiero."
– "Descargué parte de mi odio al tratar de comprimirte la tráquea después de la prueba de la alférez. Dejé que la arpía se encargara del resto." – Explicó. – "Y por ese chichón que tratas de ocultar con tu tocado, puedo apostar a que mi denuncia ante la dullahan fue la guinda de mi pastel de venganza."
– "Y te diste un buen festín, lo admito." – Suspiré. – "En todo caso, perdón por haberte robado tu primer beso. Incluso aunque alegas no sentir nada por nadie, no justifica que te haya profanado al hallarte indefensa. Lo siento."
– "Es parte del pasado. Aprende de este y no cometas el mismo error."
– "¿Me perdonas? ¿Incluso cuando tienes plena justificación para no hacerlo?"
– "¿Tengo otra opción? Estamos en el mismo equipo; no puedo guardarte rencor, por más insoportable que seas." – Se hizo con otro sorbo. – "Además, es sólo un contacto bucal. Aparte de tus gérmenes, no veo razón para seguir con tal animadversión. Eso no significa que no te deteste por lo demás."
– "Eso es suficiente para mí." – Reí ligeramente. – "Danke, Dyne. Prometo no volver a hacer tales estupideces."
– "Sé que no dejarás de hacerlas, pero aún así, confío en ti, alemana estúpida."
– "Me conoces perfectamente, mantis." – Alcé mi vaso. – "¿Por nuestra inusual amistad?"
– "Si eso quieres." – Me emuló. – "Salud, Potato. Stin iyá mas."
– "¡Prost!"
Chocando los recipientes de cristal, brindé junto a la mediterránea y bebimos todo el brebaje, ya regresado su dulce sabor que dejaba una agradable sensación en las papilas gustativas. Una reconciliación siempre edulcora el ambiente. La mano de la griega se había relajado, señalando que se hallaba a gusto en mi presencia y la del resto. Descifrar el enigma viviente que era la helénica era un complejo arte de observación, paciencia y conjetura aplicada en un sencillo método analítico. No me considero una genio, ni una versada en el campo de las ciencias psicológicas; incluso con mis vagos conocimientos generales, sigo siendo una simple soldado.
Aún así, me gustaba cavilar y tratar de resolver el misterioso pasado de la pelinegra. En parte curiosidad, en parte porque conocerla mejor significaría una mejor amistad, y por ende, una mayor eficiencia en batalla. Por las pocas evidencias empíricas que son de conocimiento público, es un hecho que ella es diestra, omnívora, hematófaga, hábil con las armas, y muy bella. Pero el verdadero ser escondido tras la férrea guerrera de verdes ojos era el más atractivo de todos. Su interés como pianista revela una formación, valga la redundancia, artística, como ella misma ha dicho. Y, el hecho que no haya preguntado por el paradero del instrumento de teclado que Honda poseía, evidencia que ella desea esperar a que tanto ella como la estrella de la fiesta estén presentes para poder hacer gala de sus talentos musicales.
Eso comprueba otro punto y quizás el más revelador: Su afán de probar su utilidad. Desde sus acciones, palabras y hasta su filosofía personal, la empusa siempre se ha empeñado en demostrar sus talentos, ya sean sus innatos, como la lucha, o en cualquier tarea que pueda desempeñar satisfactoriamente, como ayudar lavar la ropa. Ella misma se considera una simple herramienta, un utensilio disponible en beneficio de la sociedad, un gatillo dispuesto a ser accionado en pos de la justicia. Tan casi sociópata ideología sería mal vista si ella no continuara exhibiendo su eficiencia, manifestando que al final de todo, ella tiene razón.
El paradigma que cierra el tópico es su afición hacia los peces selacios y, como lo comprobé en el acuario, su desdén por el estado en cautividad. Ambos puntos exponen un deseo de estar a tope jerárquico de la hipotética pirámide alimenticia, la predadora suprema que puede nadar a sus anchas y sin restricciones, la cazadora cuya presencia sola es axioma de temor, poder y respeto. Por ello, y haciendo uso de mis francamente fantasiosas ilaciones, puedo concluir que Nikos debió sufrir las durezas de una rígida educación a mano de estrictos padres y/o tutores, cuyas inflexibles reglas y férreas convicciones competitivas moldearon la psiquis de la joven mantis; gradualmente desembocando en la fría e impasible mujer con la que ahora comparto una infusión de frutal sapidez.
Por supuesto, y lo reitero, todo lo anterior no son más que hipótesis y suposiciones salidas de mi estúpida sesera y basadas únicamente en un análisis amateur sin base profesional alguna. No pretendo conocer sobre lo que ignoro ni sacar juicios apresurados, fundamentados en meras corazonadas. Puedo estar tanto en lo correcto como completamente equivocada, y me decanto por esta última posibilidad. Sin embargo, admito que es ese halo de secretismo es lo que me sigue impulsando a jugar a la detective. Me sentí atraída por Lala no únicamente por su inigualable personalidad, gran inteligencia o su innegable beldad; sino también debido a ese aire misterioso que ella posee, inherente a toda descendiente del Abismo. O Hécate, en el caso de la mediterránea. Y ser quien logre descifrar esas incógnitas es un sentimiento demasiado adictivo como para abandonarlo.
Sólo espero que la curiosidad no mate a la araña.
– "Oh, y antes que se me olvide." – Dije, metiendo la mano en un bolso de mi saco. – "Algo para mi pimiento favorito. Pero antes dime, ¿Ekaterina nos está viendo?"
– "No lo creo. ¿Por qué la pregunta?"
– "Sólo asegurándome que no nos delaten." – Saqué el sobre oscuro y se lo entregué. – "Toma. Como muestra a tu valor, tenacidad y entrega al sobrevivir a la Operación Bebé. Y también como forma de pedirte nuevamente disculpas."
– "Jaëgersturm…" – Me miró extrañada mientras lo abría. – "No sabía que también estuvieras en el negocio."
– "Sí, ni yo me-¡Espera, ¿qué?!"
– "Oh, sólo son billetes." – Mencionó, al ver el contenido. – "Un momento, son cien mil. ¿De dónde los sacaste?"
– "Digamos que Haruhiko no es tan malo como creíamos." – Guiñé tres ojos. – "Resulta que ese mocoso tuvo todo este tiempo los cuatrocientos mil perfectamente ocultos en sus pertenencias."
– "Entonces, ¿dices que todo el jodido infierno que pasamos por estos malditos pedazos de papel fue completamente en vano?"
– "So ist das Leben, Unteroffizierin." – Encogí los hombros. – "Lo sé, a mí también me dieron ganas de aventarme de un risco, pero lo importante es que logramos reclamar lo que nos pertenecía, ¿no te parece?"
– "Bleh, no rechazaré mi bien merecido dinero." – Lo guardó en su camisa. – "¿Qué hiciste con el resto?"
– "Le di cien a mi pajarita, otros cien a mi casero y aparté cincuenta para Mei." – Expliqué, levantando la bandeja. – "El resto lo usé para consentir a mi dullahan. Y ayer casi me lo gasto todo en un mugroso celular."
– "Qué Nazi tan generosa resultaste." – Respondió sarcásticamente. – "En fin, gracias por el estímulo monetario, Potato. ¿Esa doppelgänger se aseguró de conseguir la parte de la Jerarca?"
– "No hay de qué preocuparse." – Mostré un pulgar arriba. – "¿No has hablado con las chicas, en los cuarteles? ¿Te han contado sobre el estado de los de aquí, en Asaka?"
– "Nuestros horarios parecen no coincidir. No las he encontrado ni en los horarios designados para comer."
– "Debieron estar hasta el tope de ocupadas, entonces." – Opiné. – "Justo ayer, Manako me informó de que habían dado con el responsable de esos actos vandálicos en el bosque. No creerás quién fue la culpable."
– "¿Tu mugrosa especie?"
– "Sí, supongo que no puedo negarlo en esta ocasión." – Suspiré. – "Pero en defensa de nuestra gloriosa estirpe, era una peluda salvaje. Ya sabes, agresivas, impetuosas y sin respeto por nadie. Igual que tú."
– "Muy graciosa. ¿Ya terminamos?"
– "Sí, sí. Puedes largarte a seguir refunfuñando en tu esquina, amargada." – Disentí con la mano. – "Ush, al menos finge que estás contenta."
– "Es imposible estarlo a tu lado. En asuntos más importantes, ¿dónde está el baño?"
– "Arriba, a la izquierda de un cuadro de gatito. Jálale a la taza, ¿sí?"
– "Vete al diablo…"
Yo reí y ella comenzó a retirarse. No lo demostraba, pero estaba agradecida por haber sido recompensada, y tal vez por la pequeña plática. No debe ser fácil tratar de socializar cuando no eres muy sociable, así que amenizarla un poco al charlar con conocidos debió sentarle mejor. Y lo afirmo porque a mí me sucedía lo mismo en mis días de escuela, hasta que tuve que aprender a congeniar en la academia de policía. Quizás sólo trataba de buscar lazos que nos hicieran más cercanas a la mantis y a mí, pero únicamente deseaba que la pelinegra y yo nos lleváramos mejor.
– "¿Jaëgersturm?" – Habló de repente la griega, antes de subir las escaleras.
– "¿Sí?"
– "La próxima vez, lávate la maldita boca primero, ¿quieres?"
– "¡Oye, no dig-!" – Me pausé. – "Espera, ¿la próxima vez?"
– "¿Eh? ¡No! ¡No es lo que…! ¡C-cállate, arachne! ¡Eres una imbécil!"
Tan roja como permitía su mediterránea epidermis, la helénica escaló a toda velocidad y desapareció de escena. La escuché correr con celeridad, y luego repetir el proceso, al equivocarse de habitación. No me molesté en ocultar mi risa, para beneplácito mío y disgusto de la segunda. Regresé a la sala principal y me uní a los demás en las discusiones generales. Faltando apenas dos minutos para que el reloj marcara la una pasado meridiano, el teléfono de la rapaz sonó y, tratando de seguir su conversación con Rachnera y Mero sobre los beneficios de cooperar como modelo para su empresa, atendió la llamada. Después de un corto intercambio de palabras, ella guardó el aparato y carraspeó para llamar nuestra atención.
– "Yuuko acaba de salir del cine y se dirigen junto a Mio para acá en este momento." – Anunció. – "Todos a sus posiciones, amigos. Tenemos alrededor de cinco minutos. Y recuerden, felicítenla con todas sus fuerzas. ¡Alright, people! ¡Let's get ready to fuckin' rumble!"
Con una confirmación al unísono, todos se dispusieron a buscar un lugar para poder sorprender a la festejada. Más fácil decirlo que hacerlo, puesto que las liminales de mayor tamaño, yo incluida, tenían más de una dificultad para ocultar sus masas corporales. Al menos Amanda podía recurrir a Suu, transformada en un gelatinoso sombrero para ocultar sus cuernos y Miia poseía la capacidad de enroscar su gigantesca cola y disminuir su perfil. Cerea contó con la ayuda de una enorme sábana para pasar desapercibida y Rachnera recurrió a su seda y habilidad de sigilo para camuflarse en el techo.
Afortunadamente, mi amada segadora halló la respuesta en reacomodar algunos muebles y mover un librero, con ayuda de la rapaz, para disimular mi presencia. Aunque no quedé enmascarada por completo, la posición de los objetos creaba una ilusión que me permitía pasar desapercibida desde el ángulo de la entrada. Agradeciéndoles el ingenio y ellas regresando a seguir fingiendo que no se conocían, aguardamos pacientemente la llegada de las actrices principales. Los segundos pasaban, y tanto las niñas como Ekaterina eran las que menos podían contenerse.
Y entonces, con un aviso preventivo disfrazado de giro de perilla tardío, la puerta se abrió. ¡Ahora o nunca!
– "¡Sorpresa!" – Gritamos jubilosamente todos al unísono, saliendo de nuestros escondites. – "¡Feliz cumpleaños!"
Todo salió a la perfección.
– "Ay, que amables son todos." – Respondió la mujer, llevándose la mano al pecho. – "El mío fue en septiembre, pero les agradezco la intención. Muchas gracias."
Excepto por eso.
– "¡Hauptmman!" – Exclamé. – "¡¿Pero qué hace aquí?!"
– "¿A qué te refieres, Jaëgersturm?" – Smith se llevó las manos a la cintura. – "Tú misma me invitaste, ¿recuerdas?"
– "Bueno, sí, pero…"
– "¿Le niegas la entrada a tu propia capitana, cabo?" – Se acercó a mí y bajó sus lentes. – "¿Las ínfulas de la insurrección se te han subido a la cabeza, novata?"
– "¡No, no quise decir eso!"
– "Entonces no hay problema en que pase, ¿verdad? Me alegro que seas sensata, granate." – Sonrió. – "Vamos, diamantes; tomen posiciones, que la fiesta apenas empieza."
Entrando ella, junto al resto de MON, la agente se presentó ante todos, aunque ya teníamos la desgracia de conocer a la excéntrica mujer. Esta se sentó en el sillón principal y ordenó a sus subordinadas que le sirvieran bebidas y aperitivos, recalcando que se hicieran con cualquier reserva de cafeína disponible, ya sea líquida o sólida. El equipo, obviamente abochornado por el egocentrista proceder de su superiora, pero sin poder contradecirla, se resignaron a obedecer sus hedonísticos mandatos. La única divertida por tan descarado despliegue de abuso de poder era Doppel, que usó su multiforme cabello para crear una silla individual con este y descansar despreocupadamente junto a su aliada. Incluso compartieron la misma pose relajada y los lentes oscuros.
Antes que pudiéramos protestar, la puerta volvió a abrirse.
Predeciblemente, tanto Yuuko como Mio quedaron estupefactas al entrar y descubrir que una muy osada pelinegra en traje oscuro se había adueñado del centro de la sala y era servida con una tetera llena de oscuro brebaje por una increíblemente apenada Manako, sin importarle a la humana (y la Abismal a su lado) la presencia de las recién llegadas. Como si fuera la propietaria de la morada, la coordinadora saludó a ambas y las invitó a sentarse, la muy fresca. La cíclope deseaba desaparecer de la vergüenza, Tionishia no podía ocultar su apocamiento y la generalmente bromista Zombina parecía que sufriría un segundo fallecimiento en cualquier momento. La doppelgänger parecía disfrutar del caos que inminentemente se desataría.
– "Feliz cumpleaños, señorita Aizawa." – Congratuló la líder de MON, alzando su taza. – "Señorita Honda, siempre es un placer."
– "Uhm… ¿Agente Smith?" – Preguntó Yuuko, saliendo de su ofuscado estado. – "¿Qué es lo que está tomando?"
– "Sólo un poco de café, por supuesto." – Replicó la aludida, dando otro sorbo. – "Confieso que si bien el sabor no es el acostumbrado, no está mal. ¿Es alguna cosecha del sub-Sahara?"
– "Erm, no…" – La casera sonrió nerviosamente. – "De hecho, esa es agua sucia del fregadero que guardé en la tetera como emergencia."
– "Vamos, Yuuko, conozco esa broma. Un poquito más de originalidad, ¿sí?" – Kuroko rió, siéndole servida más cafeína por Manako. – "Zoe la intentó conmigo más de una vez. Y en ninguna logró hacerme caer. ¿No tienes un petit-fours para acompañarlo?"
– "Mannachi..." – Habló Doppel a la francotiradora. – "¿Dónde hallaste este café?"
– "Junto a la estufa." – Respondió la cíclope. – "Ya estaba preparado, sólo lo calenté. Lo siento, Jefa, no había más."
– "Ya llevaba demasiado tiempo frío, eso explica el gusto tan amargo. Debimos haber traído un poco." – Dijo la agente. – "Incluso para mis estándares, esto se siente como… Por el Eterno Abismo…"
Los ojos de la coordinadora y la cambiaformas casi se salen de sus órbitas al mirar de cerca sus negras bebidas. Bajo la espesa espuma y el humeante vapor del recipiente de la humana, sobresalía una delgada línea, que a pesar de su bruna tonalidad, contrastaba con el oscuro líquido. Smith y su compañera alférez se miraron y regresaron la atención a sus tazas. La primera tomó un par de diminutas pinzas, como las usadas por los forenses para recaudar evidencia, y con el temor de un ingeniero desenterrando una mina antitanque, ella tomó aquel objeto desconocido y lentamente lo alzó hasta descubrir a una infausta y muy cocinada cucaracha; goteando y despidiendo un maloliente vaho.
Y el caos se desató.
Emitiendo un grito de horror, asco y arrepentimiento, ambas cómplices dejaron caer sus blancos recipientes al suelo, esparciendo el aciago brebaje en el suelo. Afortunadamente, las tazas eran de plástico, evitando crear un desastre mayor. Por supuesto, eso no se comparaba con el pánico que Doppel y Kuroko experimentaban en ese momento, imprecando maldiciones tanto en japonés como lengua Abismal, brincando como si sus bocas fueran a deshacerse y escupiendo hasta agotar sus reservas de saliva mientras se tallaban repetidamente la lengua para borrar la mortificante sensación del agua contaminada y los gérmenes de los insectos rastreros.
Nosotros, por el contrario, reíamos en el interior por la dulce, dulce justicia divina.
Preguntando ellas la dirección del baño y la hospedadora indicándoles, disimulando esta última el schadenfreude que le provocaba ver a ese par de insolentes recibir su merecido, la agente y su secuaz se dirigieron con celeridad a seguramente lavarse la lengua con lejía, después de vomitar por horas. En su trayecto, chocaron con la empusa, que regresaba de su visita a la sala de aseo y casi provocan que esta cayera de las escaleras de no ser su rápido actuar al sostenerse del barandal con sus extremidades mantoideas. Con las delincuentes fuera de cuadro, el resto estallamos en una sonora carcajada grupal, con incluso las chicas de MON uniéndose a la algarabía de risotadas.
No cabía duda, todo salió a la perfección.
Inaugurándola así, de tan bizarra manera, todos felicitamos a la cumpleañera y la fiesta comenzó de una buena vez. La rapaz se hizo con un disco compacto de la selección musical disponible, propiedad de la dueña de la casa, y lo colocó en el reproductor. Pronto, los nostálgicos sonidos de los años setenta resonaron en la morada y las bebidas, junto a los platillos, comenzaron a rondar entre los presentes. Con ayuda mía y de Yuuko, la dullahan distribuyó sus perfectamente creadas viandas mientras Centorea, Tio y Miia se ofrecieron voluntariamente para abastecernos de frías bebidas a base de frutas. Y se aseguraron que esta vez no contuvieran animales blatodeos en su interior.
El timbre volvió a sonar.
En esta ocasión, Nikos ya parecía haber superado esa bochornosa frase que intercambió conmigo (aunque seguía sin dirigirme la palabra) y fue ella la que decidió recibir a los siguientes invitados, seguramente siendo la escórpida y la dragonewt. Girando la perilla, abrió la puerta y en lugar de una serket y una poiquiloterma, se encontró con una mujer de pálida epidermis, rojas pupilas y verde cabellera ataviada en una blusa color rosado y leggins blancos de morados diseños florales. Era Sanae Paromia, la lámpades amiga y compañera de trabajo de la irlandesa. Cargaba una bolsa que contenía el obsequio de Mio en una mano y en la otra, una caja de chocolates y galletas.
Pero lo interesante no era que la ninfa del Inframundo vistiera una prenda que dejaba al descubierto gran parte de su espalda y hombros, o que sus calzas remarcaran sus curvas al tiempo que permitían ver el relieve de su ropa interior. O que los dulces que traía eran de fina fabricación europea. No, lo llamativo definitivamente era el afásico juego de vista fija que libró con la nativa de Mitilene tan pronto cruzaron las miradas. Ambas permanecían estoicas, inmóviles y silentes, como si fueran exploradoras topándose sorpresivamente con una nativa de alguna civilización perdida. Aquel afónico momento siguió por varios segundos donde nos preguntábamos que era lo que aquellas dos mujeres, ambas sirvientes de Hécate, estaban pensando.
Dyne comenzó a reír.
Iniciando con un tembloroso gesto curvo en la comisura de su boca, la insólita felicidad de la helénica de verdes ojos paulatinamente escaló a un ahogado sonido repetido de laringe, luego fue una distinguible risilla; después, evolucionó en una risa a trémula mandíbula para culminar en una fuerte y descarada carcajada que obligó a la sargento a arquearse al tiempo que continuaba soltando la tétrica risotada; digna de un villano burlándose del héroe derrotado antes de darle el tiro de gracia y hacerle mirar el mundo arder. En ocasiones, yo pensaba que la verdadera personalidad de la pelinegra era comparable a la de una cruel tirana que se regocijaba patológicamente en demasía con el sufrimiento ajeno; y ahora, ese siniestro jolgorio malsano empezaba a darme la razón. Ahí, la oriunda de Lesbos tomó la placa en su cinturón y, dejando ver el cuasi-áureo escudo, se la acercó a la cara de Paromia.
Saliendo del trance inicial y sin decir palabra, Sanae ignoró el interminable despliegue de sombría hilaridad por parte de Nikos y se apresuró a entrar para rápidamente dejar sus obsequios en la mesa designada y, sin dilación, encaminarse directamente a la cocina. Preocupada por su amiga, la segadora la siguió y yo fuimos detrás de ella, intrigada más por la muda reacción de la lámpades que el arrobamiento de locura que la empusa seguía experimentando. Cuando nos encontramos con la ninfa, nos volvimos a desconcertar cuando la contemplamos el intentar comerse una cebolla cruda con briosa vehemencia.
– "¡Por el Eterno Vacío!" – Exclamó la peliblanca. – "¡¿Qué crees que estás haciendo, Paromia?!"
– "¡Cumplo mi jodida promesa, segadora!" – Replicó la mencionada, insertándose la verdura en la boca. – "¡Esa maldita bruja lo hizo! ¡La hija de puta bien que lo hizo!"
– "¡¿A quién te refieres?!" – Intentó retirarle el alimento, sin éxito. – "¡Suelta eso, o vas a dislocarte la mandíbula!"
– "¡Te dije que lo haría, Abismal! ¡Y siempre termino lo que sale de mi boca… o lo que entra en ella!"
– "¡¿Cuál es la razón de tan inicua acción, Sanae?!"
– "¡La empusa, genio! ¡Gah!" – Contestó la ninfa, tragando otro trozo. – "¡Esa miserable mantis! ¡La del centro comercial! ¡¿Ya recordaste?!"
– "¿Nikos? ¿Qué tiene ella…? Espera, ¿era la sargento la persona que juró callarte la boca cuando alcanzara el éxito?"
– "¡La misma, dullahan!" – Confirmó la lámpades, dando un mordisco enorme a la cebolla. – "¡Carajo, esta cosa quema! ¡Sabía que debí quedarme en casa!"
– "¡Detén ya esta absurda befa, mujer! ¡Vas a lastimarte los dientes!"
– "¡Sólo déjame tragarme mi propias palabras, ¿quieres?!" – Se alejó y volvió a comer otro pedazo. – "¡Ya casi termino, permíteme sufrir a solas!"
– "Spatzi…" – Coloqué mi mano en el hombro de la irlandesa. – "Tranquila, no le pasará nada aparte del mal aliento. Vamos."
– "Está bien, A chuisle." – Suspiró y miró a su colega. – "No te excedas, compañera. Y hay hojas de perejil sueltas en la alacena, para combatir la halitosis amarilidácea."
– "Hello darkness, my old friend…" – Cantó desconsolada la ninfa mientras consumía su blanquecina penitencia. – "Mierda, ya olvidé el resto…"
Retirándonos, volvimos con el resto del grupo. La mediterránea proseguía regocijándose en su victoria, aunque su risa ya había cesado y ahora sólo ostentaba una jactanciosa sonrisa al tiempo de comía los pimientos rellenos con queso que la segadora había preparado. Por lo menos su humor había mejorado y, sumida en su altivez, me saludó a mí y a mi chica azul, a quien felicitó por su impecable habilidad gastronómica. Tampoco es que eso fuera tan malo, así que le agradecimos el cumplido y la dejamos seguir disfrutando de la vanagloria de su supremacía (por muy vacía que fuera) sobre la lámpades.
Pero, dejando de lado a las disputas griegas, la festejada se encontraba disfrutando del ambiente, a pesar de que la sorpresa principal hubiera sido arruinada por una coordinadora y una cambiaformas con pocos escrúpulos, las cuales ya habían terminado de lavar sus bocas. Sorpresivamente (aunque quizás también predispuestamente para generar simpatía), ambas se disculparon con Mio y Yuuko por su reprobable proceder y les recordaron que no había olvidado traer sus regalos para Aizawa. Aunque la agente y la doppelgänger sugirieron que los revisaran cuando estuvieran a solas debido a su íntima naturaleza. La sonrojada dueña del restaurante, comprendiendo de la clase de presentes que eran, asintió tímidamente y la titular de la casa les invitó a que siguieran divirtiéndose.
Sanae regresó, mascando el contenido entero de una caja de goma de mascar que una bien preparada Mei le facilitó e, ignorando la fatua expresión que Nikos se negaba a borrar de su cara, empezó a socializar con el variopinto grupo, encontrándose a gusto con Ekaterina y Doppel, intercambiando su repertorio de chistes de altas tonalidades. Iba a hacer un comentario sobre ébano y marfil, haciendo alusión a los contrastantes colores de piel entre la ninfa y las Abismales, pero me lo reservé. La música sonaba en las seis bocinas del sistema digital de sonido pero sin ahogar a las pláticas y risas que permeaban de vida a la morada. Lala no abandonaba mi lado, y juntas entrelazamos una interesante charla con Roberto y su bovina compañera sobre las diferencias ideológicas entre la Wehrmacht, la Schutzstaffel y la moralidad del soldado germano durante los tumultuosos tiempos bélicos.
El timbre sonó.
Miia, quien estaba más cercana a la entrada, se tomó la molestia de recibir a lo que debían ser el dúo conformado por Aiur y Draco, puesto que eran las últimas restantes en la lista. Ella abrió la puerta y fue recibida por una mujer de rosada cabellera y una muy recatada indumentaria idéntica a las usadas por Meroune. Esta sostenía un libro negro de medianas proporciones en sus manos, con las iniciales GS.
– "Buenos días, hermana de la verdad. ¿Tiene tiempo para hablar de Nuestra Eterna Salv-?"
¡Pum! La pelirroja le cerró la puerta en la cara. Literalmente, porque la escuchamos golpear el suelo y quejarse de florida manera, imprecando contra la poiquiloterma y deseándole todos los males del universo. Hicimos caso omiso de esa fanática religiosa y regresamos a nuestras actividades regulares. Nuestra sirena comenzó a discutir con la serpiente por alguna razón que desconozco hasta que el retintín de la electrónica campanilla llamó su atención nuevamente. Desdeñando las vituperaciones de Lorelei, la ofidia abrió por segunda vez la puerta. Pero en esta ocasión, no fue una predicadora con el cerebro lavado quien nos visitaba, sino otra lamia con el mismo tono rojizo en su larga cabellera y escamas, sin contar a su versión en miniatura que la acompañaba, aunque esta poseía hermosas tonalidades doradas.
– "Por todos los cielos…" – Musitó nuestra sierpe. – "¿Steno? ¿E-en verdad eres tú?"
– "¿Miia?" – Replicó la otra. – "¡Miia! ¡¿Dónde has estado?!"
– "¡Lo mismo te pregunto, al igual que toda la aldea!"
– "¡Ami!" – Oímos exclamar al pequeño Haru, en brazos de Rachnera. – "¡Ami, Ami!"
La pequeña aludida reptó hacia la dirección del niño, quien también obligó a la arácnida guardiana a acercarse a la infante ofidia de áureas escamas. Aunque un poco intimidada por tantas personas desconocidas para ella, la lamia menor no se detuvo hasta encontrarse con el bebé y amablemente solicitó cargarlo, deseo concedido por la tejedora sin rechistar. El joven Sarver rió mientras era mecido por una igualmente contenta Ami Sprins. Lo tierno de la escena, combinada por la lindura que la hija de Steno irradiaba naturalmente, provocó sonidos sentimentales por parte de la mayoría de los presentes y que las cámaras de nuestros celulares se activaran al unísono. Y como las abejas a la miel, pronto la chiquilla se vio rodeada por Papi y Suu, quienes la volvieron parte de su círculo social al instante.
Diplomacia más efectiva no se había visto nunca.
Dejando a la niña congeniar y prácticamente agregándola junto a su madre a la lista de invitados, nuestra atención se volvió hacia las dos lamias pelirrojas que continuaban en la puerta. Todos teníamos dudas, no del motivo de la visita de la madre de la pequeña, sino de la familiaridad con la que trataba a nuestra Miia. Con la ofidia que conocíamos mejor siendo la más alta de las dos, aparte del tamaño y las ropas formales de Steno, ambas eran muy parecidas físicamente. Fue Kimihito quien finalmente tomó la palabra.
– "Perdón por interrumpirlas…" – El muchacho alzó la mano. – "Pero, ¿podrían explicar de dónde se conocen, chicas?"
– "¡Oh, Cariño! ¡Lo lamento, qué descortés de mí!" – Miia se dio la vuelta y, como si fuera edecán de televisión, apuntó sus manos a su congénere. – "Esta es…"
– "Mucho gusto en conocerlos, amigos. Mi nombre es Steno Sprins." – Hizo una reverencia. – "Dibujante mangaka, para servirles. Soy la hermana de Miia."
–"Oh, ya veo…" – Kurusu se pausó. – "¡¿Qué qué?! ¡¿Hermana?! ¡¿P-p-pero cómo?!"
– "¿Ella no les contó sobre mí?"
– "Me temo que no. Ni siquiera su madre mencionó algo de una pariente."
– "Cariño, ya te he dicho las costumbres de nuestra especie." – Reiteró nuestra lamia. – "Un padre, múltiples mujeres. Debo tener medias hermanas regadas por todo el globo que no conozco aún."
– "Pero yo soy su única consanguínea pura." – Aclaró la otra. – "Nacimos de la misma madre."
– "Helena, y es la matriarca de nuestra tribu." – Señaló Miia. – "Eso sí, yo soy la mayor y por ende, la más lista y guapa."
– "Sólo me aventajas por veinticuatro horas, Onee-san…" – Steno dijo esto último con sarcasmo. – "Y en cualquier caso, me sorprende que ni tú ni mamá les hayan contado sobre mí."
– "¿Y qué esperabas? ¡Abandonaste la aldea sin decirle a nadie! ¡Enviamos a nuestras exploradoras por ti, pero tú sabías que era peligroso salir en esos tiempos! ¡Nos diste la espalda, Steno!"
– "¡No le di la espalda a nadie ni las traicioné! ¡Sólo deseaba buscar algo mejor para mí que esperar a ser otra esposa comunal de algún pobre diablo capturado en el desierto!"
– "¡¿Y despareciendo sin previo aviso era la respuesta?! ¡¿Sabes lo deprimida que se puso mamá cuando no aparecías por ningún lado?! ¡Creímos que algún maldito te había secuestrado o peor!"
– "¡Porque de haberles comunicado, no me hubieran permitido salir de ese maldito pozo en medio de la nada!"
La sierpe de la residencia Kurusu se acercó a su hermana y colocó su dedo en el centro del pecho de esta, acusadoramente.
– "¡Ese pozo era nuestra patria y tú renunciaste a ella! ¡Te marchaste, sin importarte que eras una buena alquimista y excelente cartógrafa; la siguiente pródiga que de la que todas, especialmente mamá estaban orgullosas! ¿Acaso sabes cuanta falta nos hiciste? ¿Y lo mucho que nos dañó tu ausencia?" – Espetó. – "Decides largarte cuando los conflictos en Medio Oriente estaban en su apogeo. Todos los malditos días escuchando el traqueteo constante de rifles, cañones y esos jodidos aviones que te perforaban la cabeza aunque la tuvieras escondida en la arena. Ya fueran esos vituperables fanáticos muyahidines o los belicosos americanos, todo el tiempo el aire de la guerra junto al polvo desértico era lo único respirable.
Y de noche era peor, especialmente para las más pequeñas. Nuestras primas deseaban verte, requerían de tu presencia para calmarse y espantar a los demonios que las constantes explosiones en la lejanía despertaban en sus infantiles mentes; y tú no estabas ahí. Mamá no dormía porque el mundo entero se venía abajo; y tú no estabas ahí. Mi hermana, mi única consanguínea, no estaba ahí.
Pero al menos, yo me quedé cuando tú nos abandonaste.
No tengo tu talento, tu inteligencia ni tu perspicacia. Habré sido todavía una torpe chiquilla que no sabía cocinar ni apenas con conocimientos básicos de alquimia elemental, pero yo me quedé ahí. La abuela ya había pasado a mejor vida, mamá tenía toda esa responsabilidad y preocupación consumiéndole el alma, estrujándole el corazón y chupándole la vida mientras el infierno se levantaba alrededor de nuestro pequeño universo en Lamnius.
Y yo me quedé ahí.
Triunfaste, por lo que puedo ver. Lograste ser toda una dama importante y vestirte en finos trajes de seda. Incluso lograste dar a luz a una hermosa niña, que es inocente de los pecados de su progenitora, pero que no conoce a su abuela. Espera, ¿me estás viendo de nuevo con esa expresión que pones cuando sabes que te están poniendo en tu lugar, verdad? Pues espero te vayas acostumbrando, porque esto no es ni lo que la aldea entera te tiene reservado, si es que algún día planeabas en regresar. Pero sé que no lo harás. Lo evitaste antes y lo evitarás mañana.
Porque cuando le diste la espalda, dejaste de ser parte de ella.
No creas que esto me alegra, Steno. Eres mi hermana, compartimos la misma sangre y el vientre de nuestra madre. Quizás peleáramos todo el tiempo por niñerías, pero siempre me sentí orgullosa que resultaras lo que yo no. Cuando las otras me preguntaban que se sentía ser la familiar directa de una ilustre persona, siempre les respondía con orgullo. Y tú no estuviste ahí. Te fuiste, para siempre; yo no.
Punto final."
Terminando tan sombrío soliloquio, Miia se dio la vuelta y miró al suelo, sin hacer contacto con nadie. Su consanguínea se mantenía inerte, observando vacíamente el horizonte, tratando de hallar una panacea para su afásica garganta. Todos los presentes guardaron el silencio, estupefactos, absortos. La música seguía sonando, pero no era más que un barullo lejano comparado con la horrísona tensión palpable que el mutismo ambiental creaba de manera irónica. Ami, afectada por ese inquisidor monólogo dirigido a su madre, se paralizó, hallando refugio en los brazos de Papi y Suu, que compartían la misma atónita petrificación corpórea.
– "Y aún así… Después de todo esos sentimientos encontrados dentro de mí, que cociné como el más abyecto veneno en mis venas por años…" – La pelirroja mayor se dio la vuelta, descubriendo sus ojos más que humedecidos. – "No puedo odiarte. Porque por más que trate de cultivar esa execrable emoción, por más justificación que pudiera tener para no hacerlo… Sigues siendo mi familia, mi amiga de la infancia, mi compañera inseparable que me estuvo a mi lado desde que apenas éramos unas diminutas culebrillas en los brazos de nuestra madre."
Miia se acercó a su congénere y, suavemente, la rodeó en un cálido abrazo que ninguna rechazó.
– "Por favor, perdóname." – Sollozó la mayor de las Sprins. – "Es sólo que te extrañé tanto; demasiado. Perdóname…"
– "No, Miia; yo soy la que te pide amnistía." – Steno le acarició la cabeza. – "No imaginé lo egoísta que fui. De verdad, lo siento."
– "Tenías razón, Steno. Nunca hubieras podido salir de Lamnius." – La gemela se separó, hipando y disintiendo con la cabeza. – "Serías la sucesora de la alquimista, pasando el resto de tus días creando venenos, afrodisiacos y demás porquerías. Hubieras sido otra simple privilegiada por el nepotismo, superior a las ciudadanas comunes, pero esclava de lo que la aldea impondría en ti."
– "¿Por qué me apoyas cuando sabes que hice mal?"
– "Porque comprobé que tus justificaciones eran reales. Cuando llegué aquí, pude salir porque tomaría a un hombre y lo regresaría a casa, a base de engaños, para volverlo un simple banco de esperma." – Gimoteó. – "Nuestra propia madre vino de visita con el único propósito de que cumpliera tan repugnante cometido. No le importaban mis sentimientos; se comportó como creí que tú lo habías hecho. Y aunque al final ella entendió que yo buscaba algo más en la vida, como tú; aquello me sirvió como estatuto de que siempre estuviste en lo cierto."
– "Comprendo, hermana." – El abrazo se intensificó. – "Discúlpame, debí avisarte. Incluso, traerte conmigo, así no hubiera cometido tantos errores, como la niña idiota que era."
– "Debiste hacerlo, no hay duda." – Asintió la poiquiloterma más grande. – "Daba igual si nos volvíamos parias de Lamnius, no quería estar separada de ti."
– "Lo siento. No debí abandonarte, traicionarte."
– "Olvídalo, ya estás aquí, sana y salva." – Miia se separó, sonriendo. – "Y eso es lo único que importa. Te quiero, Steno."
– "Y yo a ti, hermana. Prometo no volver a huir."
– "Somos familia. No importa la distancia, siempre estaremos juntas en nuestro corazón." – Limpió sus lágrimas. – "Pero mejor dejémonos de tanta tristeza, que es día de celebración."
Ahí, una diminuta manita jaló de la camisa nueva de Miia. Esta se volteó y se encontró con Ami, con los ojos llenos de lagrimitas y preocupación. Se hallaba tan temerosa que se paralizó cuando los ojos ambarinos de la sierpe mayor se encontraron con los suyos. Fue en ese momento que una sincera sonrisa por parte de la adulta disipó como los rayos de Helios a la oscuridad sobre la negra noche y pronto tía y sobrina se daban un emotivo abrazo. Pasado y presente, adultez y niñez; una dicotomía de tiempo y madurez reencontrándose y reconciliándose con un simple acto físico. Ahora los que luchaban por controlar sus lágrimas éramos los demás.
Admito que una que otro rodó por mis mejillas. Soy una llorona, no puedo evitarlo.
– "Y por cierto, Steno. ¿A qué viniste?" – Cuestionó Miia, cargando a Ami. – "¿Yuuko también te invitó?"
– "No oficialmente. De hecho, no tenía idea que estuviera celebrando el cumpleaños de alguien. Y perdón si esto suena descortés, ¿pero quién es la festejada?"
– "Esa sería yo, señora Sprins. Soy Mio Aizawa." – La aludida alzó la mano. – "Y si desea quedarse, con gusto usted y su hijita están invitadas."
– "Bueno, se lo agradezco mucho, señorita Aizawa." – Hizo una reverencia. – "Y lamento que haya tornado su día especial en este melodramático despliegue familiar. Jamás esperé encontrarme con mi hermana."
– "Descuide. El saber que usted y su consanguínea han hecho las paces es tan buen regalo como el más caro obsequio importado. Además, su niña es adorable."
– "Muchas gracias. En todo caso, la razón por la que estamos aquí es simplemente para darle un mensaje personal a la señorita Honda." – Sacó una carpeta de su bolso y se lo mostró a la casera. – "Yuuko, ¿recuerdas esto?"
– "Oh, por dios, Steno..." – La mencionada se llevó la mano a la mejilla, incrédula. – "No me digas que en verdad lo enviaste."
– "Por supuesto que sí. Es un buen trabajo. E insististe tanto, que sería un insulto el no haberlo hecho." – Inclinó su cuerpo y se lo entregó. – "Y después de todo te traigo buenas nuevas, Virginia Woolf."
– "No…" – Musitó la mujer, viendo la carpeta, estupefacta. – "¿Acaso…? ¿Acaso lo aceptaron?"
– "Bueno, no realmente. Sólo le lo pasé a un conocido de la editorial Bracamonte." – La ofidia encogió los hombros. – "Sin embargo, quedó embelesado con tu trabajo y está dispuesto a ayudarte. No garantizo que sus jefes autoricen publicarla o prestarle atención en primer lugar, pero es la mejor oportunidad que tenemos. ¿Qué dices?"
– "Bien… ¿Tú crees que puedo hacerlo?"
– "Hey, yo vine con sólo mis sueños y ahora soy una mangaka decente." – Aseguró. – "Y si estoy aquí es porque creo en tu talento, amiga. Incluso Ami le agarró cariño a la protagonista. ¿Verdad, hijita?"
– "¡Sí, la scharführer Hildebrand es muy valiente!" – Exclamó la niña. – "¡Quiero ser como ella cuando crezca! ¡Me gustó cuando torturó a esa mugrosa comunis-!"
– "Ya entendimos, linda. Anda, ve a jugar con tus amigas." – Le ordenó su progenitora. Hicimos caso omiso a tan potencialmente tétrica implicación. – "Como decía, no hay nada seguro, pero no podemos desperdiciar tan jugosa ocasión. Entonces, ¿seguimos adelante?"
– "Ah, qué rayos." – Honda ofreció su mano. – "La vida es ahora. Hagámoslo."
– "Dicho y hecho." – La estrechó. – "Suerte, Mariko Aioi."
– "Gracias, Constrictor-Sensei."
Nos mantuvimos confusos por todo aquello, pero la anfitriona fue rápida para informarnos que la misión de la poiquiloterma consistía en avisarle que su proyecto personal, una novela amateur de autoría propia y que tardó tres años en escribir, había sido dado el visto bueno por un conocido de Sprins en una editorial pequeña. Si bien eso no significaba que el relato fuera aprobado ni mucho menos publicado, la esperanza seguía ahí, y eso era todo lo que se necesitaba. Yo soy la mayor defensora de ello. También reveló que había escogido el seudónimo de Mariko Aioi en honor al nombre de pila su madre y el apellido de soltera de su abuela, un gesto muy bonito de su parte.
Con todo aclarado y con las gemelas recuperando el tiempo perdido, sin olvidar que Miia le recordaba a su melliza que se refiriera a Kimihito como 'cuñado' a partir de ahora, para bochorno del muchacho, el convivio recuperó su cauce natural y el ambiente volvió a su euforia jaranera. Gran parte de la atención ahora se concentraba en las recién llegadas y Ami se volvió el axioma de ternura reptiliana y un imán para los achuchones. Compartí parte de su dolor cuando Tionishia y Amanda le dieron una pequeña probadita de la fuerza constrictora que poseería ella cuando creciera. Pero aunque seguro le dolería el cuerpo más tarde, la niña estaba contenta de tanto cariño que le demostraban. Mientras tanto, logré escuchar la voz de Mei, sentada junto a Roberto y la minotauro.
– "Entonces, ¿dices que incluso una simple oficial policiaca como yo puede formar parte?" – Indagó Silica. – "Digo, la seguridad privada no es de emplear novatas como yo."
– "Ofrecen muchas posibilidades para diferentes niveles de habilidad, amiga, pero siempre asegurándose que todas sean tan eficientes como las unidades de élite." – Explicó el mexicano, degustando unas galletas de vainilla. – "No tengo los folletos a la mano, pero puedes cerciorarte revisando su portal en Internet. Estoy seguro que hallarás algo para ti."
– "Bueno, creo que lo pensaré. Gracias, Rob." – La gecko probó los aperitivos dulces. – "Me haría bien un cambio de aire. No es que no sienta convicción con mi empleo actual, pero creo que merezco algo mejor; sin contar el atractivo salario."
– "De nada, Mei."
– "Granate, ¿sabes de que están hablando esos dos?" – Me susurró Smith, apareciendo desde atrás.
– "Nein, Hauptmann, acabo de venir del baño." – Repliqué. – "Pero ya me retiro. Me siento mal espiando las conversaciones de otros."
– "Nada de eso. La eterna vigilancia es parte inherente del trabajo, cabo." – Reiteró la capitana. – "Obviamente el tema es el oficio de la lagartija, cosa que me importa mucho, si recuerdas bien. Necesitamos detalles."
– "Lo sé, pero no estoy segura si sea correcto entrometerme para averiguarlos."
– "Demonios, Jaëgersturm, ¿tengo que hacer todo yo aquí? Mira y aprende, novata." – Comenzó a acercarse al grupo. – "¡Hey, Robie! ¿Qué cuenta nuestro héroe local? ¿Atrapaste más rufianes con tu pierna nueva? Por cierto, no tienes que darme las gracias, ¿vale?"
– "No he olvidado su enorme amabilidad, agente." – El latino le extendió la mano. – "Nunca podré agradecerle lo suficiente por su ayuda. En verdad, estoy en deuda con usted."
– "Oh, sabes que no es nada, compañero. Lo que sea por un abnegado defensor de la justicia, como su servidora." – Declaró la coordinadora, sin tratar de ocultar su zalamería. – "Pero dejémonos de recordar mi vasta magnanimidad. Dime, Amanda, ¿cómo le va a tu anfitrión y su nuevo aditamento? ¿No se ha electrocutado en la tina por accidente? ¿No le ha dado por creerse Bruce Lee y lanzar patadas en privado?"
– "Claro que no, agente. Robie es muy maduro para andarse con esas niñerías. Y lo de las patadas fue sólo un momento." – Aseguró la bovina. – "Ayer se dio otro chispazo tratando de arreglar el ventilador del techo, pero eso es aparte. Aunque deberíamos revisar la instalación eléctrica; cada vez que enciendo el tostador, el microondas deja de funcionar."
– "No hay nada peor que los desperfectos hogareños. Especialmente si no hay manera de solventarlos debido a falta de fondos monetarios." – Mencionó la pelinegra, bebiendo de su taza. – "Sería bueno contar con el apoyo económico de algún organismo que aproveche las habilidades de los ciudadanos y al mismo tiempo, nos evoque ese fastuoso sentimiento de proteger lo que amamos. Como la Agencia Nacional de Policía; ¿cierto, oficial Silica?"
– "¿Eh? ¡Oh, por supuesto, agente!" – Contestó la pelirroja, nerviosa. – "Cierto, la fuerza de policía es todo eso y más."
– "Dime, Robie, ¿has pensado en qué hacer con tu futuro, ahora que regresaste a la relativa normalidad física?" – Cuestionó Kuroko, meneando despreocupadamente su bebida. – "Una persona tan valiente como tú se vería desperdiciada en algún nimio empleo de oficina, o trabajando como burro en una nevería, obligado a vestir una horrible botarga zoomorfa."
Yo iba a reclamar por esa indirecta, pero en el fondo ella tenía razón. Sobre el soldado, no sobre el empleo en la heladería. Aunque eso tampoco era falso del todo; en verdad que ese disfraz era espantoso. Pero no tan abyecto como la descarada manera de Smith para tratar de persuadir a Mei y hasta al pobre García para unirlos a la fuerza. No en MON, eso era seguro; su finalidad debía ser engatusarlos para volverlos simples peones que llevaran papeles de aquí para allá todo el día o peor. No es que desee hablar mal de la institución donde laboro, pero cuando se tiene a una jefa tan egoísta…
– "Lo sé, agente, estoy consciente de ello." – Respondió el latino. – "De hecho, lo primero que hice fue empezar a buscar opciones en campos relacionados con la seguridad. Sonará peligroso volver a arriesgar la vida, pero es lo que mejor sé hacer."
– "Un guerrero siempre lucha, subteniente. Comparto la opinión." – Asintió la coordinadora, tomando algunas galletas. – "Hmm, están buenas. Y, ¿ya has tomado una decisión?"
– "Sí, lo hice. Incluso Amanda me apoya." – El militar le sonrió a su amiga. Ella devolvió el gesto. – "Y creo que le alegrará saber que ya he realizado el papeleo correspondiente y estoy preparado para comenzar a defender a esta hermosa nación a la brevedad posible."
– "Pues en verdad que me sorprendes, compañero. Y me enorgullece que personas como tú pongan el buen ejemplo. Será fantástico para callarle la boca a esos detractores de la inmigración." – La sonrisa en la pelinegra era genuina. – "Y dime, Robie, ¿a qué laureado organismo has resuelto el auxiliar con tus sobresalientes dotes combativos? En la estación tenemos algunos puestos disponibles, como le comentamos a la oficial Silica en una ocasión anterior."
– "Bien, después de meditarlo mucho y considerar el resto de las ofertas, concluyo que no podría haber mejor oportunidad para alguien como yo." – Proclamó orgulloso García. – "Me uniré a la empresa de seguridad privada BrutalCorp."
Como si la hubieran impactado con ciento veinte mil voltios, Kuroko casi salta al techo de la sorpresa y el bizcocho en su boca se atoró en su garganta. La brasileña rápidamente se apresuró a auxiliar a la capitana, dándole palmadas en su espalda para hacerle expulsar la galleta. Liberando su tráquea, la pelinegra tosió un par de veces y se incorporó, contemplando patidifusa al soldado, como si hubiera dicho alguna anatema. Tratando de recuperar la compostura, intentó beber su café, pero su trémula mano le dificultaba la acción y prefirió no arriesgar a derramarlo.
– "BrutalCorp…" – Masculló Smith, colocando la taza en la mesa. Pude notar una pulsante vena remarcada en su sien. – "Ya veo. Sí, son una oferta extremadamente tentadora. Me alegro mucho por ti, García."
– "Perdone, agente, pero no me parece que esté muy contenta con tal decisión."
– "Roberto García de la Madrid, me ofende que pienses así." – La aludida fingió ser injuriada. – "¿Por qué estaría molesta por tu éxito? ¿Por optar por un grupo de mercenarios que se valen de toda esa propaganda reminiscente a la Alemania de los cuarenta, soberbios despliegues de material de última generación, acaudalados recursos crematísticos y agresivas tácticas de reclutamiento para obtener prospectos? ¿O porque el gobierno pareciera apoyarlos más a ellos que a su propia dependencia? Debes estar imaginando cosas."
– "Vamos, no son tan malos como los pintan." – Aseguró el muchacho. – "Comprendo que usted pudiera tener una opinión parcial debido a que 'compiten', por así decirlo, en el mismo entorno. Incluso yo confieso que en el ejército teníamos cierta rivalidad con los fusileros paracaidistas. Pero al final, ambos luchábamos exactamente por lo mismo, y no podíamos permitirnos dividirnos por algo tan banal y egoísta como la exclusividad; la cual va en contra del bien común."
– "Gracias por el discurso, subteniente. Muy alentador." – La capitana dominó el temblequeo en sus extremidades y dio un sorbo a su café. – "¿Es esa su postura final?"
– "Sí, deseo trabajar con ellos. ¿Tiene algún inconveniente con mis decisiones personales, Smith?"
– "Estoy a favor del libre albedrío."
– "De acuerdo." – Suspiró y miró a la pelirroja. – "Entonces, Mei; ¿ya lo has pensado? Podríamos entrar juntos. BrutalCorp siempre tiene las puertas abiertas."
Por segunda ocasión, Kuroko casi se ahoga por aquella revelación. Esta vez rechazó toda ayuda y recobró su compostura raudamente. Mientras el mexicano y la gecko seguían discutiendo el asunto de unirse a tal compañía, Amanda se excusó para ir al tocador y la coordinadora operó su teléfono al tiempo que escuchaba atentamente la charla. Pronto, mi celular comenzó a vibrar y al tomarlo, me percaté que era un mensaje de la propia agente.
– "¡Simijo! ¡Ya perdimos a este cojo traga-tacos y ahora intenta quitarnos a la lagartija!" – Se leía en el texto, lleno de emoticones. Al menos poseía buena ortografía. – "¡Remédialo inmediatamente o también acabaremos sin mecánica!"
– "¡¿Qué se supone que haga, Hauptmann?!" – Respondí. Me alegro de mi capacidad de escribir bien y rápido. – "¡¿Meterle una bala en la frente a Rob para que se detenga?!"
– "¡¿Por qué no?! ¡Estás autorizada para atacar humanos!"
– "¡¿Perdió la razón?! ¡¿Y por qué tengo soy yo quien deba hacerlo?!"
– "¡Es tu culpa por traerlo en primer lugar! ¡Sólo falta que esa condenada vaca también decida unírseles y adiós a nuestros planes!"
– "¡¿De qué está hablando?! ¡¿Qué tiene que ver Amanda en todo esto?!"
– "¡Podríamos reclutarla! ¡Sería una excelente fuente de leche fresca! ¡Podría prepararme un divino café au lait con un poco de esa ambrosía láctea!"
– "Hauptmann, usted ya perdió la razón."
– "¡No me contradigas, granate! ¡Ahora ve y rescata a nuestra poiquiloterma o juro que te sodomizaré con un misil y después te regreso a esa jodida nación de mierda de la que saliste! ¡Es una orden, cabo!"
Me fue imposible rebatirle tan despectivo comentario sobre mi patria debido a que no deseaba seguir perdiendo el tiempo contra la terca líder. Y porque la batería del aparato se descargó después de eso. El latino parecía estar ganando la batalla de convencer a la ojizarca de sangre fría de formar parte del mismo grupo, y la mirada indirecta pero asesina de mi superior me escudriñaba el alma con ahínco. Con tanta presión, una idea se me vino a la cabeza y con celeridad me excusé para tomar la mano de la chica de Osaka y llevarla a un lugar más alejado del militar y la psicópata coordinadora. El sitio fue debajo de la escalera al segundo piso; sólo éramos nosotras dos.
– "¿Qué sucede, Aria?" – Cuestionó confundida Silica. – "¿Para qué me trajiste aquí?"
– "Tengo algo importante que quiero mostrarte, Mei." – Repliqué. – "Te va a gustar."
– "¿Eh? ¿Dé que hablas?"
– "Es algo que tengo aquí." – Señalé, dándole palmaditas a mi pecho. – "Es sólo para ti y nadie más."
– "¿Para mí? ¿Y lo tiene en su pe…?" – Sus ojos azules se hicieron enormes. – "Oh… Sí, ya entiendo. B-bueno, yo n-no lo sabía. E-es decir, lo sabía, pero no que también me incluyera a mí."
– "¿De verdad estabas enterada? Bien, significa que ya sabes que te agradará."
– "¿Qué? ¡N-no, no!" – Disintió vehemente con la cabeza. – "¡E-es decir, n-no se lo tome a mal! Me halaga que piense tanto en mí, y tampoco es que tenga algo en contra de ello, pero… es demasiado pronto para nosotras..."
– "Descuida amiga. Sé que esto parece un poco apresurado, y honestamente hubiera elegido un momento menos concurrido…" – Contesté, colocando mi mano en su hombro. Ella dio un pequeño sobresalto. – "Pero estos días MOE estará en intensivos entrenamientos y dudo cuando podremos hallarnos de nuevo. Que mejor chance que este."
– "E-está bien, no hay prisa alguna. Ni siquiera lo tenía contemplado."
– "Je, te entiendo. En el momento en que menos lo esperas, ¡y puf! Se materializa de la nada." – Reí. – "Pero bueno, tampoco es que cualquiera pueda negarse, ¿verdad? Además, a mis novias les encantó."
– "No lo dudo, agente, p-pero…"
– "Igual Dyne. Y mira que esa gruñona no se contenta con cualquier cosa."
– "¡¿Eh?! ¡¿También la sargento Nikos?! ¡Pero si ustedes dos está siempre…!"
– "Lo sé, es casi insólito. Pero ya la conoces; fingió no importarle, pero en el fondo estaba que rebozaba de alegría." – Aseguré. – "Y ya que también has sido una niña tan buena, mereces un poco de esa felicidad."
– "Te repito que no es necesario, Aria. Estaré bien, te lo prometo." – Intentó retirarse. – "S-sería mejor discutir esto con más calma en otra ocasión, ¿sabes? Ahora, si me disculpas, q-quisiera seguir oyendo la propuesta del señor García…"
Sabiendo que podía perder la batalla, la detuve de un brazo y la pegué a la pared, sin soltarla.
– "¡No, espera! Por favor, no te vayas todavía." – Le supliqué. – "No quieres perderte de esto, que es sólo una muestra de lo que te espera si tomas la decisión correcta de unirte a MON."
– "C-créeme que no es precisamente lo que ando buscando, amiga. Yo esperaba otra cosa."
– "Lo sé, compañera. Servir al público, proteger al inocente, que se obedezca la ley. Todas luchamos por lo mismo." – Afirmé con la cabeza. – "Pero no me negarás que esto también es parte del atractivo. Después de todo, arriesgamos la vida todos los días y podríamos simplemente ya no estar más aquí; ¿Qué hay de malo con querer disfrutar la existencia y consentirse de vez en cuando?"
– "T-te entiendo, araña. Aún así, esto no es lo que tenía en mente."
– "Bien, al menos eres menos interesada que la capitana. De verdad." – Reí. – "¿Puedes creer que ella casi nos vuela la cabeza, únicamente porque casi se perdía la oportunidad de gozarlo un poco? Cierto, iba a compartirlo con el resto de las chicas; pero eso no cambia el hecho que ella únicamente piense en eso."
– "¿Tan fervorosa es la agente Smith?"
Escuchamos a alguien acercarse y haciendo un ademán con la boca, le ordené que guardara silencio mientras las personas ascendían al piso superior. Supe que eran dos por los silentes pasos dobles, quizás las niñas o tal vez un par de chicas que bebieron mucho de ese té de melocotón. No es que estuviéramos haciendo algo ilegal, pero tampoco quería que alguien fuera con el chisme de que yo andaba regalando papel moneda y la coordinadora descubriera que al final si obtuvimos recompensa. Ya sin peligro alguno, tomé la palabra.
– "Su única adicción, además del café. Y ni siquiera se molesta en ocultarlo, la muy descarada." – Disentí con la cabeza. – "Habla todo el tiempo sobre lo maravilloso que es y cómo le encantaría vivir eternamente rodeada de este. Pero tampoco puedo culparla, a mí también me agrada. Y sé que a ti también, no seas tan modesta, Silica."
– "V-vale, no negaré que es una necesidad básica y puede que la gente lo adore. ¡P-pero eso solo debería realizarse con una persona sumamente especial!"
– "¿De verdad? Si tú lo dices." – Encogí los hombros. – "Entonces, ¿no soy lo suficientemente especial para esto?"
– "B-bien, yo…" – Ella, ruborizada, desvió tímidamente la mirada. – "Creo que eres extraordinaria, Aria, al igual que el resto. Y-y como dije antes, me halaga que me considere tan importante. Tal vez… No lo sé, no sería tan malo… Sin embargo…"
– "¿No crees ser lo suficientemente capaz de lograrlo con nosotras, compañera?"
– "Es demasiado para mí; y demasiado pronto."
Sabía que algo así podría sonar abrumador. Tengo más que experiencia en dudar de mis propios talentos. Sin embargo, yo sabía que ella poseía no sólo la habilidad, sino el espíritu de una auténtica guerrera; con la fuerza necesaria para hacerle frente a cualquier obstáculo y reto que la demente de Kuroko osara imponerle. Y yo estaría ahí, para apoyarla. La solté y con delicadeza, tomé su mano.
– "No te desprecies de esa manera, Mei. Yo sé que podrás con esto y cualquier cosa que te propongas." – Manifesté. – "¿Sabes? Desde que nos topamos esa primera vez e intercambiamos puntos de vista, supe que no eras alguien ordinaria. Sabía que había algo especial en ti, por eso te obsequié esa ballena de peluche en la feria en el reencuentro. Y luego, cuando nos volvimos a topar por tercera ocasión, viéndote con ese extinguidor y neutralizando el desastre que desatamos en el parque, me convencí que el destino nos unió por una razón. Y aquí estamos, juntas nuevamente, como creo que deberíamos estar siempre."
– "Aria…" – Sus grandes y azules globos oculares me contemplaron, tornándose acuosos. – "T-tú… ¿Dices esto en serio?"
– "Sí, amiga, lo digo de corazón." – Acaricié su escamosa extremidad. – "Escucha, sé que esto es muy abrupto, y no te culpo por desconfiar. Si te soy sincera, el sentido común te diría que no aceptaras el trato de una araña gigante vestida a usanza fascista. Y conociendo lo que Smith te haría realizar, la precaución está más que justificada. Sin embargo, si aceptas, si deseas formar parte de esta pequeña pero amorosa familia llamada MON; juro que cuidaremos bien de ti. Tu puesto será pequeño, pero cada una de las piezas que lo conforman son primordiales, por más intrascendental que luciera a primera vista."
– "No lo sé…"
– "Te entiendo. Es tu elección y no deseamos presionarte. No te obligaremos a hacer algo que no quieres." – Solté su palma y tomé su barbilla, haciéndola verme de frente. – "Aún así, sea cual sea la decisión que tomes, por lo menos permíteme obsequiarte el regalo que tengo para ofrecerte. ¿Me permites?"
– "…"
– "¿Mei?"
– "¿Prome…?" – Tragó saliva. – "¿Prometes… que me gustará, Aria? ¿Qué me tratarás bien?"
– "Sabes que sí." – Sonreí. – "Honor militar."
– "De… De acuerdo." – Suspiró. – "Sé gentil, por favor."
Asintiendo e ignorando la razón de tan inusual petición por un poco de efectivo, saqué el empaque de mi saco. Al observar a la mujer de escamas aguamarina de nuevo, me sorprendí al verla tan roja como su cabello, con los ojos cerrados y acercando sus labios hacia mí, en posición de esperar un ósculo.
– "Uhm… ¿Qué estás haciendo, Silica?"
– "Chuu… ¿Eh?" – Se detuvo y parpadeó, confundida. – "¿D-de qué hablas? ¿No ibas a…?"
– "Sólo quería entregarte esto." – Deposité el paquete en sus manos. – "Cincuenta mil, por ayudarnos con lo de la carriola, el bebé y transportarnos al Aizawa. Todos tuyos, chica."
– "Entonces… ¿Todo este tiempo estuviste hablando de dinero?"
– "¿Pues qué creías?"
– "Que tú querí-¡No, nada! ¡Olvídalo!" – Disintió vehementemente con la cabeza. – "Uhm, gracias, Aria. No debiste molestarte."
– "Y tú tampoco, pero siempre estuviste ahí para darnos una mano, ¿cierto?" – Me rasqué detrás del cuello. – "Aún sigo agradecida por ello. No sé qué locura hubiera cometido para estar lo más pronto posible con mi novia. Por eso deseo que te aceptes la oferta que MON te ofrece; buenas personas como tú son invaluables."
– "Me halagas en demasía, amiga." – Me emuló. – "Aunque, no estoy segura en que podría ayudarles. No tengo madera de ser una agente de élite."
– "Bien, sabes mucho de mecánica y actualmente no contamos con ninguno. Sé que no es muy glamoroso y posiblemente termines de oficinista improvisada un día de estos, pero la capitana promete un mejor salario que el de un simple oficial. Y te auxiliaremos en lo que podamos."
– "Vale, como digas, Aria." – Rió. – "De acuerdo, lo haré. Me les uniré."
– "Hiciste la elección correcta, Mei." – Rodeé su cuello con mi brazo e imité un estereotípico acento siciliano. – "Vamos, ragazza. Hablaremos con la Madrina sobre nuestro nuevo miembro en la familia, comerás un buen espagueti, aprenderás el negocio y tutti contenti."
Riendo, regresamos con los demás. Guiñándole tres ojos a la coordinadora para indicarle que la operación "Salvando a la soldado Silica" resultó todo un éxito, la dejé con la gecko para que discutieran sobre las nuevas obligaciones y demás cosas que la pelinegra le tenía reservadas a la incauta reptil. Deseando que todo salga bien (o al menos tolerable) para la poiquiloterma, intenté buscar a mi azulita o a la rapaz, pero ambas brillaban por su ausencia. Mi corta investigación fue interrumpida cuando un efusivo Haruhiko apareció en la espalda de Ami, sostenido de la cabeza de la ofidia y demandando con balbuceos y primitivas palabras que esta siguiera su curso hacia adelante.
A pesar del obvio estado incómodo de la niña, especialmente al sentir los pataleos del bebé en su cara o sus diminutas manitas jalar de las escamosas orejas puntiagudas de la lamia, ella no cesaba su juego para seguir disfrutando de la sonora risa del churumbel. Las fotos no se hicieron esperar, así como la competencia. Rachnera apareció, cargando a Ekaterina en su tórax arácnido, quien a la vez llevaba a Doppel en sus hombros y esta última traía a Papi en los propios, para rematar con la limo en la cabeza de la arpía, formando el tótem móvil viviente más estrafalario que pudiera concebirse.
La heredera de los Sprins lo tomó como un amigable reto y se alzó para tratar de estar a la altura, apoyándose en su cola. Aunque poseía casi cuatro metros de longitud, no pudo superar las dimensiones del Rachnee Express. Sin embargo, la culebrita tenía la ventaja en cuanto a ternura y ni siquiera con las perfectas imitaciones de las cambiaformas, lograron transformar la opinión general de que Ami era la mejor 'hermana' mayor. Fue Tionishia quien puso fin a la competencia al tomar a la sierpe en sus omóplatos y otorgarle la victoria definitiva en estatura. El público ovacionaba a los campeones indiscutibles del trenecito/torre liminal y yo, ensimismada con la euforia general, olvidé por unos momentos a quienes estaba buscando.
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– "¿Y bien? Ya estamos aquí. ¿Qué es lo que querías?"
– "Conoces la razón."
– "¿Es realmente necesario hacer esto?"
– "Sabes que sí."
No sé cómo pasó.
Yo estaba junto a Rachnera y Meroune, hablándome ellas sobre su ambicioso proyecto de vender prendas eróticas por la Red y proponiéndome cooperar como modelo para tomar mis medidas y posteriormente lucirlas, cosa que al principio me pareció una elaborada broma, pero no detecté los indicios aromáticos en las presentes que delatara alguna mentira de su parte. Tal cosa me desconcertó por un momento. Aunque pareciera que tengo una actitud más relajada y atrevida que mis conocidas respecto a tales temas, en realidad soy bastante selectiva sobre a quién le doy el privilegio de contemplarme en tan íntimo estado.
Obviamente no tengo problemas con que Aria me vea tal y como vine al mundo; tampoco con Dyne o mis colegas en MON en las duchas, aunque estas dos últimas son por motivos de trabajo y el hecho que todas compartamos dos cromosomas equis. Cuando usaba bikinis en mis danzas tribales de Hachijō-jima, siempre me aseguré de cambiarme en privado. Incluso puedo decir con seguridad que a excepción de mi familia adoptiva y la chamán de mi tribu; La cazadora alemana es la única a quién le he permitido tocarme durante mi puesta mensual de huevos. No es que me jacte de ser una púdica santa, pero al contrario de lo que los rumores sobre nuestra especie podrían hacer suponer, soy una persona muy modesta.
Eso sí, mi cabeza está a la par con la arañita en cuanto a degeneración, ¿para qué ocultarlo?
Sin embargo, la labiosidad de la tejedora y las monetarias tentaciones que la sirena prometía, más la reiteración que recibiría piezas gratuitas para el deleite de mi germana eran demasiadas buenas razones para ignorarlas. Aún así, les dije que primero lo consultaría con Jaëgersturm, accediendo las dos y regresando a tópicos más normales, como los sucesos cotidianos trabajando bajo el mando de Smith y las razones que llevaron a las empresarias primerizas para aventurarse al mundo laboral de lleno. La falta de ese delicioso té de melocotón me hizo excusarme para rellenar los vacíos vasos y me retiré a la cocina. Entrando al recinto, me topé sorpresivamente con ella.
Lala.
Mi (literalmente) eterna rival, la mujer que compite por el afecto de la misma arachne que me robó el corazón, aquella que se ha ganado el afecto, las caricias y el privilegio de disfrutar el mismo lecho con la persona que amo. Desvié la mirada; no quería verla. La dullahan compartía el sentimiento e igualmente dirigió esas pupilas rodeadas de negra esclerótica hacia la dirección contraria. Nos mantuvimos afásicas por varios incómodos segundos, tratando de llevar a cabo lo que habíamos venido a realizar, pero nuestras presencias nos dificultaban el concentrarnos a ambas.
Irónico; en otra ocasión, estaríamos sumidas en un litigio verbal de sarcasmo y mordacidad que generalmente sería interrumpido por la teutona u otra circunstancia antes que se desencadenara un enfrentamiento físico. Pero ahora, la mera cercanía nos provocaba actuar como idiotas, chocando con los muebles y sufriendo de lagunas mentales para ejecutar acciones simples. Después de un embarazoso despliegue de intentos fallidos por obtener refrigerios de la nevera, volvimos a quedar inmóviles y mudas, oyendo los engranes del reloj continuar su constante repiqueteo mecánico, casi tan fuertes como nuestros corazones bombeando.
– "¿Cetania?" – Preguntó finalmente la irlandesa.
– "¿Qué pasa?" – Respondí, sin mirarla.
– "Tenemos que hablar."
– "¿Ahora?"
– "Sí. ¿Conoces algún lugar donde podamos estar a solas, sin ser interrumpidas?"
– "Hay un balcón en la terraza. Pero, ¿realmente debemos hacer esto?"
– "Es necesario." – Afirmó. – "Guíame al sitio."
– "Como quieras." – Suspiré, atreviéndome a darle la cara. – "Por aquí, entonces."
No quería hacerlo, no estaba de humor para ello; pero la Abismal tenía razón, era necesario. Asegurándonos de que nadie nos viera, nos escabullimos por la casa, ocultas por la ausencia de los invitados y la música que ahogaba nuestros ya de por sí sigilosos pasos. Ascendiendo por las escaleras, capté un olor familiar debajo de estas, pero lo descarté como una sobrecarga de nervios. Hallando a nadie en el trayecto, alcanzamos la puerta que daba al exterior y con sumo cuidado de no hacer ruido que nos delatara, giré la perilla para encontrarnos con los cálidos rayos de Helios filtrados por las plantas de plástico que Yuuko conservaba en aquel espacio.
Colocándonos bajo la sombra de un par de palmeras falsas que cubrían gran parte de la balaustrada de madera, permanecimos silentes por un momento, intentando concentrar nuestros pensamientos al tiempo que admirábamos el paisaje urbano; limitado por el smog citadino y los altos árboles de la casa contigua. El viento no soplaba, pero el clima era agradable. Los pequeños insectos revoloteaban cerca de las flores en el minúsculo jardín que mi casera se esforzaba en conservar en la planta baja, a pesar de que apenas cabíamos las dos en ese insignificante pedacito de tierra rodeado por paredes de concreto colindantes con la morada del vecino. Estábamos en medio del día, pero el barullo de las calles no era suficiente para evitar el seguir oyendo ese maquinal tic-tac proveniente del reloj de la segadora.
– "¿Y bien?" – Decidí romper ese imperante hielo. – "Ya estamos aquí…"
Nuevamente.
– "Sabes que sí…" – Suspiró ella, descansando sus brazos en el barandal. – "Créeme, yo también he estado luchando por evitar este momento, pero si algo me ha enseñado la vida, especialmente junto a Mo chuisle, es que huir del problema no lo resuelve."
– "Dímelo a mí. Huí de mi tribu, mi familia, y ahora hasta de ti." – Disentí con la cabeza, reposando a su lado. – "Soy una arpía, migrar está en mi naturaleza. Y aún así, soy una fugitiva."
– "Yo también soy una paria. Rechazo los mandatos primordiales del Abismo al negarme tomar almas que no sean de las personas que me importan, incluso si con eso me ganaba el desprecio de mi matriarca."
– "Esa soledad fue lo que nos hizo empatizar con Aria, ¿cierto?"
– "Mucho antes de conocer su pasado, ya había hecho una conexión con la heredera de los Jaëgersturm. Tal vez suene a una razón trillada, pero esa chispa inicial nació cuando ella tuvo genuino interés en escuchar sobre mi hogar durante un día de precipitación atmosférica." – Afirmó, observando una parvada de pájaros elevarse. – "Ese pequeño, pero significante acto de tomarse el tiempo para oír sobre una psicopompo con delirios por la perífrasis y ridículas sobreactuaciones alusivas a la muerte, fue suficiente para empezar a desarrollar algo más que la mera tolerancia reservada para el resto de mi hogar huésped. Puedes considerarlo risible, si te parece."
– "No me parece tan absurdo como lo pintas, segadora." – Me concentré en los lirios que mi casera cultivaba. – "¿Quieres oír algo realmente hilarante? Yo me sentí atraída principalmente porque ella fue la primera en hacerme reír en mucho tiempo. Sí, esa es la causa de que debas llenarte el hígado de piedritas con esta peste alada."
– "Tu lazo con la arachne es más que una cuestión de jocosidad, Cetania." – Manifestó. Se sentía extraño oírla pronunciar mi nombre con mayor frecuencia. – "Las interacciones que he atestiguado revelan un profundo vínculo sentimental que va más allá de lo físico o la satisfacción humorística que abundan a su lado. Y sus acciones revelan un auténtico cariño que sus palabras no necesitan externar."
– "¿Reconoces que soy digna de merecer a la alemana?" – Alcé mi ceja, extrañada. – "Eso no suena mucho a ti, Abismal."
– "Puedo afirmar lo mismo de ti, descendiente de Electra." – Retrucó, viéndome de reojo. – "Desde el inicio de esta conversación, no te has decantado por recurrir a farfullar vulgares imprecaciones de nulo impacto contra mi persona. Tanta civilidad es infrecuente en alguien tan pedreste como tú."
– "Lamento quebrar los erróneos preceptos que tenías sobre mí, enana decapitada."
Reímos ligeramente hasta quedar en paulatinamente en silencio. Nadie parecía notar nuestra ausencia y me aseguré de la puerta estuviera bien cerrada.
– "Entonces, ¿qué piensas de todo esto?" – Dije. – "¿Qué opinas del osado plan de esa zanquilarga que de alguna manera nos alumbra el alma?"
– "¿Acaso estás dispuesta a aceptar una relación polígama, conmigo incluida, rapaz?"
– "¡Ja! Me volvería pollo frito antes de siquiera pensar en que me pongas un dedo encima, azul." – Refuté. – "¿Qué hay de ti? ¿Dejarías que este incordio emplumado te dominara en la cama?"
– "Ni aunque poseras mi sempiterna existencia lograrías subyugarme física o mentalmente, vástago de Taumas." – Replicó. – "Incluso Jaëgersturm es incapaz de someterme durante nuestras impetuosas sesiones de placer desenfrenado. Y cuando lo hace, es porque se lo he autorizado previamente."
– "Sí que te gusta jugar a la dictadora, dullahan. Preguntaría si también usas ese traje de fascista, para acentuar la imagen. Aunque sinceramente, no quiero enterarme de lo que ustedes hacen bajo las sábanas." – Temblé ligeramente. – "Suficiente tengo con el intenso olor a feromonas y secreciones que sus arrumacos nocturnos provocan. Demonios, admito que gran parte de los besos que me he dado con Aria, aún contenían el aroma y hasta el sabor de tu entrepierna."
– "Felicidades, falconiforme. Con ese comentario has logrado que una creación del Eterno Vacío sienta un escalofrío muy humano recorrerle la espina dorsal." – Hizo mueca de desagrado. – "Por el lado positivo, me conformo con saber que esos ósculos te hicieron pagar un alto precio por disfrutar ilegalmente de los labios de Mo chuisle."
– "¿Sabes que es lo peor? No sabe tan mal."
– "Jamás había experimentado una tentación tan grande de romper mi pacto de no matar, pelma americana."
– "Es broma, irlandesa sobreactuada." – Reiteré. – "La saliva es lo suficientemente antiséptica para matar cualquier bicho que tuvieras en tus azules cavidades. Eso, combinado con el afanoso esmero de la araña con su higiene bucal, garantiza que el riesgo de que haya entrado en contacto con tus zonas íntimas de manera indirecta sea extremadamente bajo. El aroma persiste, por desgracia."
– "Me he asegurado de marcar mi territorio escrupulosamente, mortal. Cada parte de la germana despide mi perfume personal."
– "Ugh, ni me lo recuerdes, ¿quieres?" – Saqué la lengua. – "Ya no sé si la fragancia que me gusta de ella es su esencia corporal o la tuya. Y dado que el olor es parte importante en despertar e influir en diversas emociones, espero que sea la primera circunstancia."
– "¿Dices que mi aroma te atrae, arpía?"
– "No, digo que puede tener efectos adversos de los que ni yo me he enterado. No lo sé, quizás las veces que me enojo con la flaquita es porque tu peste residual me motiva a alterarme. Sugiero que te laves con jabón, no con barro."
– "Me haces perder la cabeza de la risa, befa aviar." – Contestó con sarcasmo. Ahora entiendo de dónde salen tan malos chistes. – "Y supongo que después de todo, no hemos logrado nada con privar de nuestra presencia al resto de la morada."
– "Tú insististe en venir aquí en primer lugar, enana." – Recalqué. – "Que después de todo sólo hayas ratificado lo que ya sé, no es mi culpa."
Retornamos a nuestro afónico estado, contemplando el azul cielo. La conversación se estancó, cualquier cosa que tuviéramos planeada se detuvo y a pesar de que nos era posible expresar lo que en el fondo deseábamos externar, las palabras dejaron de fluir. Había algo que nos molestaba, nos punzaba como una sutil aguja que no provocaba su agudo dolor, sino que lentamente continuaba internándose en la piel y no la sentíamos hasta que era demasiado tarde. La jeringa de la incertidumbre continuaba inyectando más incomodidad en nuestras venas y el silencio no ayudaba a desintoxicarse. Pero, nosotras simplemente no sabíamos que decir; había tanto por dónde empezar, que nos abrumaba.
– "Dime, Cetania…" – La peliblanca no se movió. – "Si por azares del caprichoso destino, Aria nunca hubiera llegado a nuestras vidas, ¿tú y yo seríamos amigas?"
– "Ni siquiera nos conoceríamos, para empezar." – Me di la vuelta y me apoyé de espaldas sobre el barandal. – "Y aunque cruzáramos caminos y entabláramos conversación, ¿tenemos algo en común, además de amar a la misma persona y haber huido de nuestro pasado?"
– "Somos guerreras necias y nunca cedemos fácilmente." – Respondió, asumiendo mi posición. – "También consideramos que debemos trabajar por lo que deseamos, en lugar de esperar a que un afortunado suceso de eventos nos briden la oportunidad que esperamos. Yo anhelaba probar que soy más que una herramienta de muerte, tú que podías enfrentarte al mundo criminal y obtener el afecto exclusivo de la arachne, a pesar de las exiguas probabilidades de triunfar."
– "En primera, te agradezco los halagos. Y en segunda, no olvides también que ambas provenimos de países donde el idioma anglosajón es la regla, sin olvidar que conocemos la lengua folklórica étnica." – Enumeré. – "Incluso en semejanzas exteriores poseemos algunos paralelos. Ojos dorados, cabello platinado, brazos aparentemente delgados pero que guardan gran fuerza corporal. Hasta usamos el mismo perfume 'Bella Morte' que venden en esa plaza del centro."
– "Aquello último nunca lo noté. Pero tienes razón, las semejanzas son mayores de las que esperábamos." – Asintió, lentamente. – "Aún así, no has respondido a la cuestión principal. ¿Nacería amistad entre nosotras?"
– "¿Seguirías siendo una engreída controladora que habla exclusivamente en rebuscados circunloquios y propensa a la agresividad física?"
– "¿Y tú, continuarías existiendo como una vulgar yanqui adoradora de los improperios, sin respeto por las reglas sociales y que abyectamente intenta separar a una pareja hecha y derecha para sus egoístas fines?"
– "No hay duda, seríamos inseparables." – Reí. Ella también. – "Hablando en serio, creo que posees suficientes virtudes que te hacen admirable, azul. Y si soy sincera, en ocasiones me remuerde la consciencia el que yo trate de interponerme en su camino. Ustedes son... Bueno, ustedes. Verdaderas almas gemelas."
– "Lo estás diciendo en serio. Insólito." – Inclinó su cabeza, para acentuar la sorpresa. – "Y si es así, ¿por qué no desistes en esta cruzada condenada al fracaso por arrebatármela?"
– "¿Claudicarías en mi lugar, Abismal? ¿Te retirarías de la batalla a pesar de haber reclamado el puesto en forma de una audaz declaración y posteriormente el privilegio del primer ósculo?"
– "Esa respuesta parece ser nuestra favorita. Otro elemento más a la lista de compartidos." – Exhaló. – "Sin embargo, tienes razón. De estar en tu adversa posición, no me rendiría. A pesar de lo infructuoso que arrojarse contra la impasible marea de la inopia sentimental, seguiría adelante. Me hundiría con mi barco, pero no alzaría mis manos, derrotada. Nunca enarbolaría una bandera blanca, porque estaría enamorada, y siempre sería así."
– "I will go down with this ship…" – Empecé a recitar al reconocer esas letras. – "And I won't put my hands up and surrender…"
– "Diste en el blanco." – Musitó ella, sonriendo. – "Miia la escuchaba en la radio un día y me pareció interesante."
– "Una cazadora siempre atrapa su objetivo." – Simulé una pistola con mi mano postiza y la apunté hacia ella. – "¡Bang!"
Hallamos la situación lo suficientemente hilarante para reírnos más de lo esperado. No era realmente gracioso, pero necesitábamos sentirnos mejor para darnos valor de tocar tan delicado tema. Debía estar funcionando, porque el sol dejó de ser una incandescente esfera de gas enviando rayos ultravioleta y se transformó en un cálido proveedor de luz. La brisa nos envolvió, refrescándonos al secar el ligero sudor en nuestra epidermis. El ruido citadino era una agradable melodía que acompasaba el paso despreocupado de las nubes. El nerviosismo se disipaba, el silencio empezaba a escasear entre sentencias y nuestras mentes podían concentrarse mejor en articular argumentos más efectivos. En términos simples, y aunque me costara creerlo, estábamos a gusto en nuestra presencia.
– "¿Por qué estamos peleando, azulosa?" – Cuestioné, recargándome en el barandal. – "El afecto de Aria, claro. Pero ya lo tenemos más que asegurado, ella nos adora y viceversa. ¿Cuál es la verdadera razón de esta enemistad?"
– "Que la otra opción sería desarrollar afecto más allá del platónico entre nosotras."
– "Fuck." – Bufé. – "Estamos atrapadas, ¿cierto?"
– "Aria nos atrapó. No será una tejedora, pero logramos caer en su perfectamente planeada red como un par de mariposas." – Se cruzó de brazos. – "Me llamas controladora, rapaz, pero ha sido ella la que ha movido diestramente los hilos a su favor todo este tiempo. Míranos, encrucijadas entre aceptar tan pecaminosa relación o seguir en este, francamente, innecesario litigio amoroso con tal de satisfacerla."
– "¿Te arrepientes de haberle dejado jugar sus cartas?"
– "No, porque eso significaría que estaría lamentándome el haberla conocido. Aquello sería blasfemia para las dos. Además, no podemos culparla por seguir lo que su corazón sentía con toda sinceridad."
– "¿Le dejaremos ganar?"
– "Ella lo hará de una manera u otra." – Exhaló. – "Sea cual sea nuestra decisión, Jaëgersturm será la beneficiada en esta reyerta. Y dudo que deje ir a alguna de nosotras, pues al igual que las dos, es una arácnida sumamente testaruda."
– "¿Qué haremos, segadora? Por más vueltas que le demos, regresamos al mismo punto." – Suspiré, descansando en mis brazos y observándola. – "Yo nunca me rendiré, tú jamás cederás y Aria no estará satisfecha hasta tenernos a las dos. Ambas sabemos que ella acabará cumpliendo su palabra de poner anillos en nuestros dedos."
– "¿Alguna idea de cómo salir de tan profunda trinchera?"
– "Morir por fuego de ametralladora o esperar a que la artillería nos triture. Excelente metáfora." – Comenté. – "Pero sólo soy una mortal. Tú eres la que posee sabiduría milenaria aquí, dullahan."
– "Únicamente cuento con veintiún años humanos, arpía. Mi imperecedera existencia no es siquiera una molécula primordial en la vastedad de la eternidad."
– "Eres importante para Aria. Ni la mismísima Titanomaquia le parecería tan crítica para ella que tu vida. Nuestra supuesta intranscendencia queda refutada cuando somos tan valiosas para alguien más."
– "Realmente me cuesta aceptar que hables de manera tan positiva de mí, sin sarcasmo de por medio." – Aseveró. – "¿Acaso estarás considerando llevar tan disparatada idea a cabo?"
– "Yo nunca he afirmado tal cosa, Abismal." – Ratifiqué. – "Quizás tú eres la que está deseosa de cumplirlo."
– "Tal vez debería ponerle fin a esto y callar para siempre tus irracionales conjeturas con un sagaz movimiento de mi falce, peste alada."
– "¿Qué te detiene, vaquera?"
– "Tu óbito lastimaría a Mo chuisle. Dañarla tan profundamente me es inconcebible."
– "Admites mi importancia."
– "Por más que deteste aceptarlo."
– "El sentimiento es mutuo." – Me pausé. – "¿Otro elemento más para la lista?"
– "Sin duda."
Silencio.
El ciclo volvía a repetirse. Ese giro de trescientos sesenta grados que nos regresaba al punto de partida, esa elipse de parabólicas tendencias que nos hacía extendernos para llegar a un punto muerto. Era un campo de batalla donde no parecía decidirse la victoria para alguna de nosotras, pues apenas la primera obtenía una ligera ventaja, la segunda realizaba otra maniobra para devolver a los beligerantes a la misma casilla. Sólo éramos tontas dándoles vueltas en la tierra de nadie, matándonos innecesariamente y retrasando lo que sería inevitable.
– "Cetania…" – Habló ella. – "¿Puedes contestar una pregunta con toda sinceridad?"
– "Es lo que he estado haciendo todo este tiempo."
– "Necesito saber si tu respuesta será únicamente la verdad absoluta."
– "Puedes confiar en que sí." – La miré con seriedad. – "Go ahead."
– "Tú… ¿Tú piensas que…?" – Disintió con la cabeza, suspirando. – "Increíble la dificultad que presenta manifestar esta interrogante."
– "Quieres saber si me pareces atractiva, ¿cierto?"
– "¿Qué tan larga se está haciendo esa lista de coincidencias?"
– "Demasiado para nuestro gusto." – Reí tenuemente. – "Ahora, me pediste franqueza y supongo debo dártela. Bien… Diablos, ¿tenías que hacer precisamente esa clase de cuestión, enana?"
– "¿La respuesta es positiva?"
– "Fuck…" – Gruñí. – "Ah, qué diablos. Sí, no es estás tan mal. Listo, lo dije. ¿Contenta?"
– "Ahora mi beldad se volvió mi maldición." – Rió ligeramente. – "Pero trataré de ver el hecho que te sea agradable a la vista como un halago, en lugar de una horrible pesadilla."
– "Eso, revuélcate en la vanidad, cabeza floja. Yo mientras acabo de admitir que tengo malos gustos." – Giré los ojos. – "Tu turno, engreída. Dime, ¿acaso esta fastuosa ave de presa también te roba uno que otro suspiro?"
– "No, me pareces detestable en todo sentido."
– "Hey, acordamos decir la verdad."
– "Esa es la verdad."
– "Hija de… Me haces confesar y tú continúas jodiéndome. Eres cruel, segadora." – Reí, meneando la cabeza. – "Hablando en serio, ¿Qué tal te parezco? Digo, le gusto a tu novia después de todo."
– "En el caso Mo chuisle, puede que la cultura híper-nacionalista en la que fue criada no le desarrollara el mejor sentido del gusto que existe." – Contestó, con una mueca burlona. – "Tal vez esa alta tolerancia a los bajos estándares de belleza son la razón por la cual ella te encuentra dentro de sus niveles de sublimidad aceptables."
– "Buen intento, enana, pero acabas de decir que ella te ve guapa por la misma razón."
– "No, ella lo hace porque en verdad soy un axioma de deífica hermosura."
– "Oh, vete al diablo."
– "Ya lo tengo frente a mí."
Quise retrucar, pero esa facilidad para fastidiarme era en verdad graciosa. Ella también se unió en la jocosidad. Detestaba admitirlo, pero entre más tiempo pasaba con la peliblanca, más me agradaba. Por supuesto, no al demente nivel que la arachne deseaba, pero al menos ya no sentía ese impulso de querer usar su sesera como balón de futbol a la primera provocación. Y, ya que estoy desembuchando todo, confieso que hasta su sonora risa en ese acento nativo del Éire me parecía simpática. Ese té sabor durazno debía tener tequila.
– "Sí." – Afirmó finalmente la irlandesa. – "Sin embargo, es normal el encontrarse fascinada el aspecto físico, sin importar estado civil u orientación, como la infatuación que una adolescente siente por su actor favorito o un niño embelesado por su profesora. Es la naturaleza de la belleza, después de todo."
– "Nah, no intentes justificar tu respuesta con otra de tus facundias, pitufita." – Fue mi turno de sonreír jactanciosamente. – "Ya admitiste que en ocasiones me comes con la mirada."
– "Admiro la seguridad con que…"
– "…Has postrado tu ego en tan alto pedestal, descendiente de Taumas." – Completé, imitando su pose y acento habituales. – "Ya me sé esa frase de memoria, segadora, invéntate otra. ¿Y tanto te cuesta aceptar que soy capaz de endurecerte esos azules pezones de vez en cuando?"
– "Tampoco es para que exageres. Y son rosados." – Replicó. Ni yo me esperaba tanta sinceridad. – "Aunque no entiendo el entusiasmo por demostrar tu supuesta agraciada apariencia, emplumada."
– "Oye, tú fuiste la que inició." – Le recordé. – "Ya van tres con esta, ¿segura que no eres tú la interesada?"
– "Estamos regresando a la trampa de lo inopia." – Acotó, moviéndose a la sombra que lentamente retrocedía. – "Y por cada intercambio verbal que transcurre, siento que estamos a punto de ceder ante los deseos de la alemana."
– "¿Realmente sería tan malo, Lala?" – Cuestioné, cubriéndome también del sol. – "Es decir, ya reconocimos que podríamos ser compañeras si lo deseáramos y que incluso nos encontramos atractivas. Además, ya hemos demostrado que nuestro cariño por Aria es más que sincero. Si nos ponemos a analizarlo, nuestro litigio es meramente un asunto de terco orgullo. No veo razón para no hacer las paces."
– "Cetania…" – Me contempló con seriedad. – "¿En verdad estás…?"
– "Yo…" – Disentí la cabeza con vehemencia. – "No lo sé, segadora. En verdad que no. Digo, no es fácil aceptar esta clase de cosas, ¿o sí?"
– "Por supuesto que no. Tendríamos que aceptarnos no sólo como compañeras, sino amantes eternas." – Suspiró. – "Y aunque pudiéramos desarrollar atracción física suficiente para progresar a un nivel de relación estable, aún deberíamos germinar auténticos sentimientos reservados para esa persona especial. Aquellos que únicamente siento por Aria."
– "Te comprendo. No se puede forzar al corazón."
– "Exactamente. Sé que entiendes perfectamente mi sentir, y compartes la idea de que fomentar tal clase de lazos requiere tiempo y dedicación." – Opinó. Yo asentí. – "Básicamente, tendríamos que empezar a conocernos mejor y eso únicamente para determinar empíricamente si en realidad tal sueño es factible."
– "Concuerdo, azulosa. Para mí, el amor es cosa seria. Las arpías tenemos fama de ser polígamas, pero las rapaces (o al menos la mayoría) solamente elegimos a una pareja de por vida." – Expliqué, mirando el despejado cielo añil. – "Por ende, tal decisión tiene que ser la más seria que pueda tomarse en nuestra existencia. No me importan los obstáculos, las barreras; soy una arpía, ni siquiera el cielo puede detenerme. Aria fue la escogida para acompañarme por siempre, y por eso seguiré luchando para ser oficialmente su esposa. Incluso si para eso, también debo aprender a am…"
Me detuve de inmediato. Un efímero pero crítico momento de vulnerabilidad (o quizás fatiga) casi me hace decir algo que podría haber cambiado drásticamente el curso del día y de nuestras existencias. La irlandesa me observaba, expectante. Podía oírle el corazón palpitarle, como el mío. Nuestro absorto estado se mantuvo por varios segundos, donde ni siquiera el barullo de los automóviles y sus cacofónicos cláxones eran suficientes para abrirse paso en la pequeña burbuja de afonía ambiental en la que mi descuidado comentario nos había encerrado. Sacudí mi sesera briosamente, incluso tallando mi sien. Lo que inició como un intento para limar asperezas, ahora se había transformado en un empeño titánico por no ser traicionadas por nuestras insolentes lenguas. Opté por desquebrajar el silencio con una pregunta a modo de despiste y de paso, saciar mi curiosidad despejando algunas dudas.
– "¿Lala?" – Hablé, sin darle la cara.
– "¿Qué sucede?" – Replicó, imitándome.
– "Dime… Dime una cosa."
– "Una cosa..."
La miré extrañada. Ella, tan sonrojada como yo, solamente encogió los brazos inocentemente. Luego de un par de segundos, rompimos en fuertes carcajadas. Le aplaudí y agradecí mentalmente por haber pensado lo mismo y realizar esta perfecta distracción para subirnos el ánimo y disipar la ominosa tensión. Recuperando el aliento y la confianza, pudimos volver a vernos sin tener la implacable sensación de salir huyendo. El ligero sonrojo en nuestras mejillas parecería no querer abandonarnos, sin embargo. Ojalá lo hubiera hecho, ver a la Abismal con ese rubor la hacía extrañamente… ¿atractiva? No, yo debía estar demasiado cansada.
– "¿Cuál es la interrogante que deseabas externar, Cetania?" – Preguntó la dullahan, aún riendo.
– "Bueno… Verás…" – Me rasqué detrás del cuello, mirando nerviosamente hacia la izquierda. – "Bien, digamos que Tique le sonríe a la araña y, los dioses no lo quieran, aceptemos ser un trío. Dime, tú… ¿me tratarías bien? ¿Te esforzarías para que funcione?"
– "Sería imperativo. Una relación está condenada al fracaso si no hay confianza, base primordial de toda interacción social y sentimental."
– "Pero me refiero a si en verdad lo harías porque te nace del interior, no por cumplir un deber o tratar de no decepcionar a la alemana." – Aclaré. – "Lo que intento expresar es que… Bueno, ¿me amarías de corazón?"
– "Te hago la misma pregunta. ¿Me considerarías también tu pareja, a pesar de tus tradiciones monógamas y la obvia oposición que tienes respecto a formar un ménage-à-trois?"
– "Hace mucho que rechacé las costumbres de mi tribu, segadora. Lo único que he conservado de los valores de los Wankatanka es a nunca claudicar, a demostrar valentía en el combate y a buscar al mejor candidato para unirnos eternamente. Y todo lo he seguido al pie de la letra. Pero…" – Inhalé antes de proseguir, sentándome en el suelo. – "Siendo honesta, no tengo nada en contra del poliamorío. Es decir, la monogamia en sí fue un invento de la humanidad para asegurar la estabilidad en las sociedades primitivas, cosa innecesaria hoy en día. Demonios, la lamias, arpías comunes, centauros; infinidad de liminales han vivido de esa manera desde el inicio de los tiempos. Que nos parezcan extrañas o lo implementen de manera poco ortodoxa es otro asunto, pero no podemos negar que tal cosa es más común de lo que pensamos."
– "Lo estás aceptando."
– "Concedo tal posibilidad basada en pruebas fehacientes, azul. ¡Joder, tu propio casero planea casarse con sus seis inquilinas! ¡Seis!" – Gesticulé. – "Y nosotras aquí, mortificándonos por la mitad de eso."
– "Sé que suena ridícula nuestra disyuntiva con todo lo que sucede alrededor." – Se sentó también. – "¿Quieres que te revele un secreto? Sanae mantiene una relación con su hospedador y su otra inquilina, una dragonewt. Casi me pongo tan blanca como ella cuando lo desveló."
– "¿En serio?"
– "Sí. Al principio también le pareció un dislate inconcebible. Y ahora, lo toma con tanta naturalidad." – Sonrió. – "Pero ella está satisfecha, y su compañera reptil también. Se notaba en sus miradas que el amor verdadero floreció, y su alegría es más que evidente al verlas interactuar. Esa felicidad no puede fingirse… Y es posible."
– "Es como si el universo entero nos obligara a decir que sí." – Reí. – "Diablos, somos tú y yo contra el mundo, irlandesa. La última esperanza de los valores tradicionales. Deberíamos formar una alianza para defender nuestras posiciones."
– "Las guerras no son necesarias si todos son aliados." – Musitó. – "Eso es lo que me dijo Meroune una vez, y ahora me doy cuenta de la sabiduría detrás de tales palabras."
– "Cierto." – Recordé algo. – "Espera, ¿no era precisamente una coalición entre nosotras lo que la flaca quería?"
– "Bienvenida al frente alemán, rapaz. Una trinchera tras otra, y seguimos cayendo."
– "Fuck. Aria es una excelente estratega."
– "La mejor…"
– "Sí…"
El silencio de nuestra parte regresó, pero en esta ocasión, era disfrutable. Una vaga mueca sonriente se asomaba por la comisura de nuestros labios mientras contemplábamos ese hermoso firmamento, libre de nubes y e iluminado por el fulgor de los dorados rayos solares. Podíamos oír el trino de los pajarillos desde los árboles en la casa vecina, recitando seguramente algún sinsentido en el idioma aviar. Miré los lirios en el diminuto jardín de mi casera, siendo visitadas por unas cuantas abejas. No estábamos en temporada de polinización, pero los himenópteros no dejaban su afanosa labor de recorrer las flores con ahínco. Entonces, reuní el valor suficiente para hacer algo que nunca, jamás, se me hubiera ocurrido siquiera conjeturar dentro de mis redes sinápticas. Seguramente me iba a arrepentir de aquello, pero tenía que manifestarlo de alguna manera.
– "Lala…" – Le dije, incorporándome y mirándola con ojos decididos. – "Creo que ya hemos desperdiciado demasiado tiempo. Deberíamos tomar una decisión de una vez."
– "Concuerdo." – Se levantó. – "Es hora hablar como adultas."
– "Pero dime una cosa antes. ¿Cuál era tu plan, antes de explayarnos en esta serie de confesiones?" – Interrogué. – "Es decir, ¿pretendías hacerme cambiar de opinión o seguir con el statu-quo de seguir enfrentándonos hasta que la araña se decidiera por alguna?"
– "Honestamente, no lo sé. Supongo que solamente deseaba encontrar alguna solución que no envolviera nuestras aparentemente únicas opciones, que ya hemos discutido." – Suspiró. – "Confieso que fui impulsiva al traerte aquí, pero quería ver si podíamos arreglar esto pacíficamente. Ahora veo que no es tan sencillo como persuadirte de buscar a alguien más."
– "Jamás dejaré de amar a Aria, segadora." – Afirmé. – "Así como ella tampoco dejará de hacerlo con nosotras. Podríamos encontrarnos con otras Sparassedianas zanquilargas, idénticas en cuerpo y apariencia la mujer que adoramos, quizás mejor organizadas, más inteligentes, etcétera. Pero ninguna, nunca, sería Aria Jaëgersturm. Ella es única, y a quien quiero. No hay vuelta atrás."
– "Admiro tu determinación, Cetania. Esa lista ya debe estar más que completa, en este momento." – Sonrió. – "¿Qué haremos, entonces? ¿Prolongar esta reyerta hasta sus últimas consecuencias? ¿Concederla la victoria a la germana?"
– "Volveríamos a este punto." – Meneé lentamente la cabeza. – "No. Debemos dejarnos de rodeos y atacar de frente. Despejarnos la duda de una vez por todas. La prueba definitiva que determinará el todo o nada."
– "Suena peligroso."
– "Lo es. Quizás no te guste. ¿Está dispuesta a correr el riesgo?"
– "¿Crees que hay algo que pueda intimidar a una mensajera de la muerte?"
– "El miedo es universal. ¿Aceptas?"
– "Go ahead."
Suspiré. La situación sonaría inverosímil ahora, y lo seguirá siendo en el futuro. Tratando de sosegar ese intenso palpitar de mi bomba sanguínea y la hiperventilación que amenazaba con seguir retrasando lo inevitable, lo que mi boca y pulmones y quizás hasta alma se torturaban al continuar postergándolo, me atreví. Viéndola directamente a sus áureos ojos, centrándome en su tersa epidermis azul contrastando con su platinada cabellera, exhalé por segunda ocasión en tan corto intervalo y pronuncié algo que abriría una nueva y más peligrosa caja de Pandora. Lo peor, es que quería hacerlo. Gran Diosa, dame fuerzas.
– "Besémonos."
0~0~0~0~0~0
Se estaban besando.
Bueno, no debería sorprender a nadie ver a la dueña de la casa y a la festejada compartir un sencillo ósculo frente a todos, especialmente cuando lucen tan tiernas. Pero lo que hacía destacar a tan simple contacto bucal sobre los otros que habíamos presenciado con anterioridad, era la extravagante manera en la que lo habían realizado. Yuuko, en un trance eufórico desatado por estrambótica la música que salía de los tres pares de bocinas y un poco de arak, bebida alcohólica cortesía de Miia y sus ahora revelados orígenes Pérsicos, decidió tomar a su novia por la cintura e improvisar un baile en medio de la sala. A pesar de lo repentino y el ligeramente ebrio estado de Honda, Mio le siguió el juego y se unieron en una danza. Todos les dimos espacio suficiente para dejarles disfrutar de su pista casera.
El timbre sonó otra vez.
A menos que nos apareciera una hermana sorpresa a alguna de nosotras (aunque si la pajarita o la dullahan resultaran poseer gemelas, me moriría de hemorragia nasal), quienes llamaban a la puerta debían ser ese par de enamoradas. Abrí la puerta y me encontré con una serket emperador de negro exoesqueleto y rojos globos oculares vistiendo una camiseta con el símbolo del juego Skyrim y una caja en sus manos, cubierta en envoltura para regalos. Su compañera, la dragonewt, se encontraba ataviada en sus ropas habituales (camisa de manga larga y pantalón), aunque había reemplazado esa larga gabardina blanca por una chamarra de cuero café. También traía un obsequio en manos.
– "¡Aiur, Draco! ¡Esperábamos su llegada!" – Exclamé a las recién arribadas. – "¡Pasen, pasen!"
– "Buenos días, prima arachne." – La escórpida hizo una reverencia. – "Lamentamos llegar tan tarde, tuvimos que atender un asunto importante primero."
– "Si con eso te refieres a quedarte dormida por trasnochar en otro de esos juegos en línea..." – Murmuró sardónicamente la dracónida. – "Buenos días, Aria. Perdón por el retraso."
– "Está bien, no tiene mucho que comenzamos." – Contesté, haciendo ademán para que entraran. – "Vengan, les serviremos algo."
– "Aria…" – La reptil colocó su mano en el hombro. – "Uhm… ¿Acaso Miia sabe de…?"
– "Scheisse. Perdóname, amiga, pero creo que olvidé comunicarle ese pequeño detalle." – Sonreí apenada. – "Pero descuida; ella acaba de reencontrarse con su hermana, así que estará de humor para recibirte."
– "Ya veo. Confío en que salga bien." – Suspiró. Alzó la vista de nuevo. – "Espera, ¡¿su hermana?! ¡¿Miia tiene una hermana?!"
– "Lo sé, apenas nos enteramos hoy. La conocía desde antes, pero nunca hice la conexión con su gemela. Qué bruta soy, ¿cierto?"
– "¿Y dices que son mellizas?" – Preguntó, con ojos avispados. – "¿Sabes si ella…?"
– "Tiene una hija. La conocerás pronto."
– "Una hija…" – Su entusiasmo decayó. – "Sí, entiendo. Ehem, bien, yo sólo quiero que Miia me perdone, ¿De verdad piensas que lo hará?"
– "Nunca pierdas la fe, compañera." – Le di palmaditas en el hombro. – "Créeme; la lamia y tú volverán a ser amigas al final del día."
– "Dudo que alguna vez lo fuéramos para empezar." – Suspiró. – "Te agradezco el apoyo, agente."
– "Sólo ayudo a una hermana de armas sáfica."
– "¿Eh?"
– "¡Draco, ven! ¡Hay bollos de canela con azúcar glaseada!" – La alacrancita tomó de la mano a la poiquiloterma. – "¡Restaurarán solamente cinco puntos de salud, pero son deliciosos!"
Riendo tanto por lo gracioso de ver a la dragona ser arrastrada por la serket como por finalmente entender esa referencia sobre los postres, volví al grupo. Mi primera tarea fue seguir buscando a la americana o a la irlandesa, que parecían haberse esfumado. Bien, mientras no estuvieran luchando clandestinamente en el sótano de Yuuko, no debía preocuparme mucho por su ausencia. Quizás tanto té de melocotón las obligó a una larga sesión de descarga líquida en el baño, o tal vez estén ocupadas en la cocina, batallando contrarreloj para abastecer al resto de los comensales que ya habían mermado la mayoría de las reservas alimenticias, con Smith y sus allegadas siendo las principales culpables.
Y al igual que su consanguínea, Steno salió bien tragona.
Fue ahí que vi a cierta chica de azul epidermis bajar la escalera. Prestamente me acerqué a ella y le informé de la llegada de los nuevos invitados. Le pregunté sobre dónde había estado y ella afirmó que se hallaba puliendo sus habilidades con el sistema operativo de su reciente aparato telefónico y que no me preocupara por ella o ese intenso sonrojo que permeaba sus mejillas. Dándole un besito en sus añiles labios, que por alguna razón desconocida ella convirtió en profundo ósculo, regresamos con los demás y nos sentamos junto a Dyne, Sanae, Ekaterina y el equipo MON, que escuchaban atentas, junto a las niñas, a Roberto contando la historia (perfectamente adaptada a un público infantil) sobre sus días en el ejército mexicano, atrapando malhechores.
– "¡Señor Boberto, señor Boberto!" – Papi alzó el ala. Amanda rió por la pronunciación errónea del nombre. – "¿Y a cuantos malos logró atrapar antes que le volaran la pata?"
– "A varios, Papi. Pero nunca eran suficientes." – Aclaró el soldado, como si fuera un docente escolar. – "Siempre que capturábamos a uno, este confesaba (si teníamos suerte) que habían el doble que seguían activos. Era casi una persecución interminable; desde ciudades hasta el campo y el desierto."
– "Señor García." – Fue el turno de Ami. – "¿Nunca sintió que su deber era increíblemente extenuante?"
– "Sin duda, pequeñita. Pero aún así, no podíamos permitir que esos malvados continuaran infectando al país."
– "¿Estaban enfermos?" – Cuestionó inocentemente la arpía.
– "Sí, chiquitita, lo estaban." – El latino le acarició la cabeza. – "Lo infestaban con sus contaminantes actos de violencia y corrupción. Y nosotros éramos la cura para tan infausta calamidad."
– "Esa es la manera de hablar." – Opinó Nikos. – "Actuar, no hablar."
– "Nada como unas cuantas inyecciones con plomo para aplacar la enfermedad, ¿cierto?" – Rió Zombina.
– "Karu tiene jeringas especiales que podrían servir para hacerlo literal." – Se le unió Ekaterina. – "No son letales, pero paralizan por un buen tiempo."
– "A Kenta le encantaría escuchar esto." – Afirmó Paromia. – "Antes de ser policía, deseaba ser soldado."
– "Robie es la panacea de todo los males." – Dijo la minotauro, cargando a Haru.
– "Y entonces, ¿cómo es que perdió su pierna, señor García?" – La tímida Manako preguntó. – "¡Oh, mil perdones! ¡No quería incomodarlo!"
– "Descuide, agente, está bien. No tengo problema alguno." – Le calmó el muchacho. – "Claro, si creen conveniente que sea correcto contar algo así frente a las niñas."
– "Únicamente Ami y Haruhiko son menores." – Acotó Smith, tomando café. – "Papi es tan adulta como nosotros. Ignoro la edad de la gelatina."
– "Suu comprende perfectamente los horrores que el individuo promedio experimenta en aquellas inhumanas condiciones." – Aclaró la limo. – "También cree en que la verdad debe darse a conocer, especialmente si ayuda a entender el invaluable sacrificio de arriesgar la vida en aras de la justicia."
– "Papi, ¿has estado dándole a Suu agua mineralizada mientras ven documentales bélicos?" – Interrogó la dullahan.
– "Aria-nee dijo que eran buenos para nosotras." – Contestó la pajarita. Yo silbé inocentemente. – "¡Pero díganos cómo le pasó lo de su patita, señor Boberto! ¡Diga, diga!"
– "A eso voy, tranquila. ¿Estás de acuerdo, Ami?" – El susodicho preguntó a la lamia. – "¿No te regaña tu mamá?"
– "Mientras no sean descripciones muy gráficas, me parece aceptable." – Confirmó la ofidia.
– "De acuerdo."
El subteniente empezó a relatar su pasado, revelando el misterio detrás del infame suceso con un artilugio explosivo que le cambió la vida en más de una forma. Sabía que había tenido de prescindir de su extremidad durante el intenso combate, pero ahora pudimos saber los detalles exactos. Claro, no permitió que la narración fuera demasiado perturbadora para las jóvenes, pero una podía palpar la gravedad de los acontecimientos en sus ligeras pausas al llegar a una parte delicada de la crónica, o en sus casi imperceptibles gestos de desagrado al seguir escarbando sus dolorosas memorias.
Yo y el resto de mi equipo asentíamos cuando él hacía un paréntesis para señalar la razón de su proceder en ciertas condiciones. A pesar de que García decidió unirse a la 'competencia' (parafraseando a Smith) en BrutalCorp, compartíamos sus mismos ideales. Estábamos en el mismo bando después de todo. Al finalizar la anécdota, se esparció un pequeño momento de dicotomía expresiva mientras asimilábamos tan explicativa historia. Las niñas, a pesar de lo aterrador de todo lo anterior, lo veían con mayestática admiración y nosotras nos mantuvimos circunspectas, sabiendo el horror que debió pasar el militar.
– "Aturdidor pero sintomático testimonio de un país azotado por la violencia." – Comentó Smith, disintiendo con la cabeza. – "No es que seamos mejores, pero creo que hemos sabido mantener un poco el orden."
– "No negaré que mi patria es actualmente, seamos sinceros, un caos." – Acotó Roberto, ahora con el bebé en sus brazos. – "Y sin embargo, sigo tan orgulloso de pertenecer a ella."
– "Porque incluso con todos los males que la afligen, es la tierra que nos vio nacer nuestros sueños, deseos y prospectos para el futuro." – Añadí. – "Crecimos, nos moldeó, nos hizo ser quiénes somos y lo que aún continuamos luchando por lograr, para bien o para mal. No será perfecta, pero al final del día, sigue siendo casa. Y vale la pena luchar por ella."
– "A pesar de estar tan lejos, esta nunca abandona nuestro corazón." – Musitó la empusa. – "Es ahí donde las fronteras sólo están en los mapas."
– "Cuanta verdad." – Suspiró Kuroko, meneando su taza. – "Pero al menos, opino, nosotros estamos aquí, representando lo mejor de nuestras naciones, ¿no lo creen?"
– "No sé si yo sea lo mejor, incluso de mi casa, Hauptmann." – Bromeé, tomando unas galletas en la mesita. – "Aunque quiero seguir demostrando que somos más que fascistas en ocho patas."
– "En ese caso, son fascistas en ocho patas... Y lesbianas." – Injirió Zombina. Todos rieron.
– "En fin, espero que esos matones de BrutalCorp aprecien tus habilidades, García." – Comentó la coordinadora. – "Sería una lástima que terminaras vendiendo tu dignidad e ideales por unos cuantos billetes. Confío en que te mantendrás firme como una roca ante cualquier irregularidad que notes."
– "Sea sincera, agente. Usted deseaba reclutarme, ¿cierto?" – Preguntó el mexicano, tomando la última galleta. – "Pero MON y MOE son exclusivamente de mujeres liminales, como ya me ha dicho. ¿Cuáles eran sus planes para mí?"
Recé mentalmente para que no dijera que lo quería como conserje. Smith debería estar demente para afirmar algo así… Y lo estaba, por eso me preocupaba.
– "El Escuadrón de Seguridad del Intercambio Cultural." – Aclaró la capitana, asumiendo pose seria. – "CESS, por sus siglas en inglés. Nuestra unidad humana que desempeña el papel de guardianes de las estipulaciones del Acta."
– "Prácticamente una subdivisión de tácticas especiales con el objetivo de salvaguardar tan sagradas leyes." – Prosiguió Tionishia, con aire informativo. – "Caseros agresivos, abusivos o que intenten despojar de la inocencia a sus huéspedes, sean hombres o mujeres, o simples listillos que traten de sobrepasarse con las garantías que el Programa ofrece, como fraudes monetarios o incluso comercio ilícitos, ya sea de artículos, consumibles o personas."
– "Altamente entrenados como fuerzas especiales para rápida y precisa respuesta." – Dijo Manako. – "Su valor demuestra su empeño con nuestros ideales.
– "Kurusu y esa lamia pelirroja los conocieron de cerca cuando la Capi los encontró en un motel de mala muerte." – Complementó Zombina. – "Descuida, Ami, que tus tíos no hacían nada malo. Sólo fue un malentendido."
– "O eso dicen." – Murmuró sardónica Doppel.
– "Por supuesto, dado que no cuentan con autorización para dañar especies liminales, deben valerse de la cooperación de MON para lidiar con individuos extraespecies particularmente problemáticos." – Explicó Kuroko. – "Sin embargo, aunque te suenen a meros policías glorificados, esperábamos que el éxito de la unidad Monster Ops: Extermination permitieran retirar tales restricciones y permitir no sólo al CESS, sino al resto de las fuerzas nacionales, actuar ante toda amenaza sin importar su origen. MOE es el primer paso hacia el cambio."
– "El cual esperamos lograr satisfactoriamente." – Expresó la mantis.
– "Correcto." – Asentí. – "Y lo haremos, es una promesa."
– "Suena realmente tentador, agente. Sí, no hay duda que hubiera sido de utilidad ahí." – Comentó García. – "Pero la decisión ya está tomada. BrutalCorp será mi alma mater."
– "Tampoco es que tratara de hacerte cambiar de opinión o recriminarte por tus elecciones, Roberto. Libre albedrío, ¿recuerdas?" – Expresó la capitana, bebiendo un sorbo de café. – "Además, ya sea el escudo que ostentes en la placa, nuestros objetivos son los mismos. Simplemente tomamos caminos diferentes para llegar a la meta compartida: La seguridad. ¿Tengo razón?"
– "Completamente, Smith." – Contestó el soldado, alzando su vaso medio lleno de té. – "Honorem et Gloriam."
– "Semper brutalis." – Respondió la coordinadora, haciendo lo mismo con su taza.
Chocando recipientes e intercambiando lemas, ambos cerraron en buenos términos su pequeña rivalidad con un brindis. Litigio actualmente unilateral, pues era una disputa que únicamente pareció ser librada por Kuroko, pero al menos ya no teníamos que preocuparnos porque nuestra jefa se desquitara de alguna manera; No con él, sino con nosotras. La fiesta seguía su curso regular, pero yo me seguía preocupando por la ausencia de cierta estadounidense, que seguía desaparecida. Pregunté a Lala si no tenía conocimiento del paradero de la arpía, pero ella negó vehementemente tener información sobre ella. Quise ir en su búsqueda, pero entonces surgió un grito desde la cocina que nos hizo interrumpir todo para acudir rápidamente al lugar de los hechos.
Le agradecí a nuestra superior que actuara rápido y pidiera a todos mantener la calma para después enviarme a mí y a Nikos a investigar. No es que pensara que se trataba de una terrible emergencia, pero si sucedía algo, arruinaría el día especial de Mio. Con todos serenándose y volviendo a sus pláticas previas a tan perturbadora exclamación, la griega y yo nos encaminamos al lugar de los hechos. Entrando a la zona, nos encontramos con una muy azorada Miia, atrapada entre una actitud tanto defensiva como agresiva, al hallarse con una asustada Draco, usando sus manos y alas para protegerse ante el posible ataque con la bandeja metálica que la ofidia tenía en sus manos. La cristalina jarra que contenía la ambarina bebida sabor a frutas, yacía en el suelo, ligeramente dentada por el impacto y manchada del brebaje esparcido. Un solitario cuchillo también era parte de la infausta decoración del piso.
Comprendiendo la gravedad del asunto, le pedí a la helénica que se quedara junto a la serpiente para que yo me encargara de la dragona rubia. La pelinegra accedió sin quejarse por recibir órdenes de una cabo y, tomando a la dracónida de la mano, la llevé al segundo piso. Asegurándome que no hubiera nadie adentro, nos introdujimos en el baño. Le di un momento para que la ofuscada poiquiloterma reordenara su cabeza y me ofreciera una explicación. Pasó casi un minuto sin que ella se atreviera a hacer otra cosa que no fuera tallar su brazo y observar al suelo con expresión de aflicción en su rostro. Concluyendo que mi pose tan exacerbada, acrecentada por mi bruna indumentaria, no le ayudaba a relajarse, laxé mis rigurosas facciones y suspiré antes de hablar.
– "¿Qué sucedió, Draco?" – Pregunté, con mueca preocupada. – "Y por favor, seme sincera."
– "Soy una idiota." – Masculló la reptil. – "Pero no le hice nada; lo juro."
– "¿Por qué el grito, entonces? Era muy agudo para provenir de ti."
– "Yo… yo simplemente la vi a ella, tratando de sacar algo del congelador. Tenía tantas ganas de dirigirle la palabra, pero no sabía cómo." – Talló su sien. – "Me acerqué lentamente, sin hacer ruido, como si fuera una presa o algo así. No era mi intención; únicamente estaba insegura de cómo proceder."
– "¿Se asustó al verte tan sigilosa?"
– "No, ni siquiera me habría notado. En realidad, y aunque te suene absurdo, vi un cuchillo a punto de caerse cerca la mesa detrás de ella. Apresurándome, tomé el objeto en mis manos antes que causara daño a alguien…"
– "Y ahí, ella te vio."
– "Sí." – Exhaló. – "Solté el filo tan pronto Miia emitió ese aterrador chillido de espanto, y rogué que me escuchara, pero dudo que deseara entablar conversación con esta imbécil. Rayos, soy tan estúpida."
– "No, sólo eres demasiado desafortunada. Créeme, tengo experiencia." – Afirmé con sinceridad. – "En todo caso, aunque no te haya confundido con una asesina serial, ¿cómo planeabas iniciar tan delicada conversación?"
– "Lo ignoro, realmente no tengo idea." – Agitó su cabeza. – "Rayos, sabía que no debía venir. Pude decirle a Aiur que me encontraba enferma, pero ella tenía ganas de asistir y yo me ilusioné con recibir amnistía de Miia… Ah, lo lamento, no deseaba arruinar la fiesta."
– "Está bien, tranquilízate. No ha pasado nada, sólo fue una confusión." – Hice ademán de sosegarse. – "Mira, empecemos de nuevo, conmigo a tu lado para hacerla sentir segura. Entonces, sólo dile sin titubeos que lo sientes y listo."
– "Ya lo hice; dos veces, de hecho. La primera en un restaurante al aire libre, la segunda fue en tu casa." – Reveló. – "Da igual que yo lleve cuchillos o flores, algo siempre sale mal y ella termina por odiarme aún más."
– "Recuerdo la segunda. Y también a esa wyvern que casi me arranca el corazón de una patada." – Espeté. – "¿Qué te dijo ella en esa ocasión?"
– "No respondió. Permaneció afásica, inerte." – Hizo mueca de desagradado. – "Pero sus ojos, tan áureos y hermosos, sólo reflejaban el odio y rencor que ella me guardaba. No deseaba hablarme, y después de un minuto en completo silencio me retiré junto a Erin de su habitación. Le rogué, me arrodillé, me rebajé lo más que pude… Y todo fue inútil."
– "Algo así no es fácil de perdonar, Draco."
– "Lo sé. Demonios, no debí venir, definitivamente no debí." – Se dio una palmada en la frente. – "Debería rendirme y aceptar que soy una maldita inútil. A veces quisiera regresa a Nueva Zelanda y meterme en una maldita cueva, para vivir como ermitaña. Seguiría igual de sola, pero al menos estaría en casa y no dañaría a nadie."
– "Huir no arreglará nada, y vayas a donde vayas, ese peso te seguirá persiguiendo hasta tus últimos días."
– "Por favor, no hables como si me comprendieras. Eres una agente de MON, yo una cretina altanera que mete la pata en todo."
– "Te equivocas, dragona; puedo comprender lo que sientes. Porque verás…" – La miré con sombría seriedad. Mi pesadilla se repetía. – "Yo… Yo también intenté abusar de mi mejor amiga."
Silencio. Esa horrible afonía ambiental que se apodera de ti e irónicamente te grita tan fuerte que te lastima el interior del cerebro. Una ominosa navaja que corta lenta y metódicamente el alma con su afásico filo, derramando la sangre de nuestra cordura, herida por herida, gota por gota. La cara de la dragonewt se debatía entre asombro y un vago dejo de empatía autoaflictiva, como si no supiera si continuar incrédula o alegrarse, a pesar de tan execrables razones, de hallar a alguien igual a ella.
El tiempo pasaba, los segundos seguían agregando la cuenta a la digital pantalla de mi reloj hasta reiniciar su ciclo de sesenta intervalos sin que ninguna dijera cosa alguna. Inhalando profundamente y meditando un par de momentos más, comencé a desabotonar mi saco y mi gris camisa. Ella se pasmó por tan súbito acto e intentó hablar, pero calló tan pronto vio la herida en mi costado derecho que yo mostraba deshonrosamente. Mi aberrante marca de la vergüenza, mi vituperable tatuaje hecho con infamia y plasmado con la sangre de la abyección. Mi ignominiosa prueba irrefutable de mi mayor pecado en la vida.
– "Su nombre era Akantha. Arachne, como yo. Mi única amiga en mi patria." – Hablé, casi robóticamente. No deseaba mostrar muchos sentimientos o sucumbiría a estos. – "Sólo éramos un par de adolescentes, cuando en mi interior se despertó una vomitiva bestia que me llevó a cometer tan inicuo acto. Ella me detuvo antes que pasara a mayores, estigmatizándome de esta manera, para asegurarse que nunca olvidara. Pero el daño, el horror, la blasfemia, la apostasía máxima; fue perderla para siempre."
La ojizarca trató de hablar, pero alcé la mano para que me permitiera proseguir.
– "Draco, no soy la mejor persona, ni el parangón de verdad y justicia que aparento. Soy egoísta, torpe y muy ingenua. Pero la vida me ha bendecido con dos seráficas mujeres que me aman, contra toda lógica, contra toda probabilidad." – Coloqué mis brazos alrededor de mí. – "Y nunca dejo de sentir que no lo merezco. No soy digna de esa felicidad. Las amo, les agradezco infinitamente que me acepten en su corazón, pero siempre regresa a mí esa aplastante pesadumbre que me desgarra el alma como el fuego.
Escucha, no sé realmente si estoy capacitada para aconsejarte con mis pésimas credenciales, pero sólo puedo asegurar que si continúas claudicando, la espina que aflige a tu ser sólo seguirá enterrándose más y más profundo, hasta que pierdas el control y termines dañándote o a quienes te rodean. Yo me arrepiento cada mañana y cada noche de lo que cometí, sabiendo que no tengo esperanza alguna de recibir el catártico perdón que tanto anhelo de la persona a quién dañé. Estoy condenada para la eternidad, no puedo ser eximida.
Pero tú sí, porque Miia sigue ahí, así como tú te encuentras aquí, ahora. Y si no sales ahora e intentas remediar tu infracción, las paredes de la culpa harán tan pequeño a tu mundo como este cuarto de baño. Te encerrarás en una prisión mental de la cual jamás podrás escapar ni pagar tu penitencia. Aún tienes esperanza, aún puedes redimirte. No desperdicies esta oportunidad, porque el tiempo no perdona. Así que ve, ve ahora…
Y sálvate de ti misma."
Ahogué mis lágrimas y mi llanto. La dracónida me contemplaba con circunspecta expresión, silente. Hizo intento de retirarse, pero vaciló en girar la perilla tan pronto se acercó a la puerta. Lentamente, se volteó hacia mí y extendió su mano en mi dirección, suplicando afónicamente por mi apoyo. Me sentía tan sucia que me rehusé al principio, pero su insistente y casi imperceptible sonrisa de comprensión me animaron a estrechar sus escamosos dedos y seguirla escaleras abajo. Recorriendo los blancos corredores de la morada Honda, tuve tiempo para secar mis ojos, más rojos de lo habitual por mi plañir.
Pasamos por la cocina, pero únicamente hallamos a Dyne, esperándonos y señalando la sala, avisando que la ofidia había regresado con el grupo. La pelirrubia tragó saliva sonoramente, su valor escapándose por el miedo de haber perdido la relativa privacidad de la apartada zona y permitiéndole al gélido sudor invadir su piel. Un apretón de manos de mi parte le recordó que yo seguía a su lado y con un sutil movimiento de cabeza, la alenté a no rendirse. Inhalando hasta llenar sus pulmones a la máxima capacidad y exhalándolo todo, afirmó con determinación y rompió el lazó de nuestras extremidades superiores. Por razones desconocidas, tomó dos vasos y los llenó con agua, asegurándose de agregar un cubo de hielo a cada uno. Asintió al terminar.
Estaba lista.
Las tres caminamos hacia la sala, donde la música que continuaba sonando y las pláticas entre los invitados cesaron de inmediato al ver a la dragonewt acercarse con paso inseguro, pero sin detenerse, hacia la mayor de las hermanas Sprins. Esta, no tardó en expresar su disgusto con la intimidante mueca de advertencia que sus ojos acrecentaron con ayuda de su seseante lengua bífida. Ignorábamos si su consanguínea estaba ya enterada del suceso, pero también se colocó a lado de su gemela para protegerla, junto al resto de la familia.
Pero Draco no se detuvo.
Aiur, sin saber que pasaba, intentó hablar, pero le hice señas de que aguardara al tiempo que la reptil de rubios cabellos seguía moviéndose. Al estar aproximadamente a un metro de la lamia, rodeada aún por la pared formada por su protectora familia, la dracónida se hincó frente a la serpiente y alzó los vasos a altura de su pecho. Nadie habló durante tan aparentemente inconcreto acto que la ojizarca llevaba a cabo, ni siquiera el pequeño Haru, en brazos de Ekaterina, rompió el silencio. Para muchos, lo anterior sería demasiado críptico para comprender las razones de lo que acontecía, pero pude aventurarme a descifrar lo que aquella escena ambigua simbolizaba.
Brindar por el perdón, o rechazar este, arrojándole el agua fría a la cara.
Debía ser una tradición entre las reptiles, ya que Steno relajó su postura y Mei asintió suavemente. Miia, sin embargo, persistió en su estoica posición, mirando con incredulidad los diáfanos recipientes llenos del transparente líquido, con el gélido cubo flotando en esta. Las gotas que resbalaban del vidrio por la condensación de las contrastantes temperaturas entre el vaso y los rayos del sol emulaban perfectamente la delgada capa de sudor que se apoderó de la frente de la dragona. El reloj apilaba los segundos y no había respuesta por parte de la jueza de rojas escamas.
Miia decidió agarrar un vaso.
Draco se cercioró de que la mayor parte del cristal sobresaliera y permitiera a la sierpe tomarlos sin hacer contacto físico alguno. Así, la ofidia se hizo con el izquierdo, que poseía el cubo de hielo de mayor tamaño. Lo inspeccionó escrupulosamente, como la que cata un buen vino añejo, oliéndolo, moviéndolo, asegurándose que era agua pura y corriente. La dragonewt no se movía, temblando ligeramente y con el corazón palpitándole como un tambor, esperando al juicio de la pelirroja que parecía no tener fin. ¿Tomaría el líquido, exonerándola? ¿Le arrojaría una fría negación? Nadie podía saberlo, sólo la indescifrable lamia que proseguía deliberando sobre su sentencia.
Ella lo bebió.
Los azules ojos de la rubia brillaron como si hubiera presenciado un milagro. Miia, en su infinita magnanimidad, había indultado de sus pecados a Draco, consumiendo el agua hasta dejar su vaso a la mitad. Temblorosamente, pero completamente extasiada, la dracónida alzó su recipiente para chocarlo, tarea facilitada por la serpiente al acercar el suyo. Creando un agudo retintín al pegar un vidrio contra el otro, ambas tomaron el líquido en su totalidad. Sin borrar la absorta sonrisa de su cara, la reptil bípeda se incorporó y prestamente se preparó para rodear a la ofidia con sus brazos, pero se detuvo de inmediato, temiendo arruinar el momento de nuevo.
Y entonces, fue Miia quien la abrazó.
Cerrando el caso con excelentísima nota, el par de poiquilotermas se unieron con una efusiva y sincera muestra de afecto, olvidando la amargura del pasado para, con suerte, reemplazarla con la ambrosía de una genuina amistad. Las lágrimas transitando las mejillas de la rubia eran tan grandes como la mueca de felicidad que se negaría a abandonar su boca por el resto del día. Susurrando e hipando, Draco le agradecía infinitamente por la compasión a su compañera pelirroja y esta la reconfortaba con pequeñas palmaditas en su espalda alada.
Lala, que estaba a mi lado, me limpió una furtiva lágrima solitaria que deseaba recorrer el trayecto hasta el suelo. Besé sus cálidos labios por el gesto y la abracé, admirando juntas la seráfica paz que se desarrollaba frente a nosotras. Terminando la unión entre la lamia y la dragonewt, esta última estrechó la mano del resto de la familia Kurusu, ofreciendo reverencias y agradecimientos al por mayor. Aiur se acercó a ella y fue recibida por un fuerte abrazo de su escamosa compañera, haciendo ruborizar a la escórpida como tomate. La guinda de la tarta se manifestó cuando Papi y Suu le ofrecieron su característico achuchón, técnica infalible para afianzar toda aceptación.
Fue en ese momento que Yuuko hizo un anuncio que desentonaría con el ambiente.
– "Uhm… Lamento interrumpirles, de verdad." – Reverenció, disculpándose. – "Pero parece que, a excepción del pastel, se agotó la comida."
Como se había predicho por mi pesimista interior, las reservas alimenticias fueron mermadas en su totalidad. Inclusive con la vasta selección que yo, la irlandesa y la rapaz (que seguía desaparecida) preparamos, las cantidades tuvieron que ser repartidas y racionadas entre demasiadas personas, con capacidades estomacales equivalentes a más del doble de su peso corporal. Las miradas de los presentes mostraron evidente preocupación, y algunos se sintieron culpables cuando sus aparatos digestivos hicieron ese característico ruido cuando el cuerpo exige más combustible. No había opción, habría que ir de compras nuevamente.
– "Iré yo." – La dullahan se ofreció, alzando la mano. – "Es la responsabilidad principal que asumí y con gusto la cumpliré."
– "Cuenta conmigo, compañera." – Sanae se sumó. – "Será mucho para una sola persona."
– "No se olviden de mí." – Amanda, incorporándose, deseó agregarse. – "Tal vez no sea una chef profesional, pero mis platillos no son nada despreciables. Si me permiten, quisiera ayudarles en lo que fuera posible."
– "Amanda, eres nuestra invitada, no tienes por qué molestarte." – Argumentó Mio y se volteó hacia sus trabajadoras. – "Incluso ustedes. Hoy no son mis subordinadas, sino simplemente mis amigas. Descansen, resolveremos esto de otro modo."
– "Deseamos hacerlo de corazón, jefa." – Indicó Paromia. – "Nos devoramos todo y usted apenas pudo probar una pizca. Sería una enorme descortesía si no tratáramos de remendarlo."
– "Hoy es su día especial, superiora." – La irlandesa reiteró. – "Usted no debe preocuparse por otra cosa que no sea celebrar el alcanzar otro año más de vida."
– "Permítanos retribuirle por lo que ha hecho por nosotros." – La minotauro reverenció. – "La fama que Robie obtuvo gracias a las acciones en su restaurante le han permitido obtener un prometedor empleo y por ende, un buen futuro. Dijo que usted nos debía la vida, ahora nosotros le debemos la nueva que nos espera."
– "En más de una forma." – Acotó la segadora. – "Me dio una oportunidad de descubrir y pulir el verdadero talento que jamás pensé que poseyera dentro de mí."
– "Trabajar para usted es un placer, nunca una carga." – Dijo la lámpades. – "Y el placer nunca es trabajo."
– "Mio, sólo desean agradecerte lo mucho que significas para ellas." – Su pareja acarició su espalda. – "Y aunque no te debieran nada, lo harían sin rechistar, porque eres una buena persona."
– "Todos nos ayudamos los unos a los otros. Con los amigos, en el trabajo, en el país entero." – Opinó Kimihito, incorporándose. – "Compartimos el mismo planeta, después de todo. Pertenecemos a la misma gigantesca familia, y esta debe permanecer unida. También cooperaré en lo necesario."
– "Gracias, amigos. En serio me halagan." – Aizawa limpió sus ojos, conmovida. – "Si esa es su voluntad, no soy quién para impedírselos. Y al mismo tiempo, quisiera unírmeles. No me gusta la idea de no ayudar a quienes ofrecen altruistamente su auxilio."
– "Mio, es tu cumpleaños." – Replicó Honda.
– "Exactamente, Yu; es mi cumpleaños." – La aludida colocó sus manos en la cintura. – "Y este es mi deseo."
– "Vale, ya comprendí, caprichosa." – Rió Yuuko, dándole un beso rápido. – "Sólo déjame darte el dinero."
Súbitamente, la puerta principal se abrió de golpe. El astro rey se encontró en la posición ideal para rodear desde atrás la silueta completa de la persona que se presentó tan abruptamente, cegándonos por un momento debido a la intensidad del fulgor. Aclarando nuestra vista, la negra figura fue tomando forma definida revelando ser, como sospechaba por la inconfundible silueta aviar, la mismísima Cetania. Su cabello y ropa mostraban restos de hojas y ramitas diversas, incluso un pequeño escarabajo recorriendo su hombro que tomó vuelo hacia la libertad. Con una expresión molesta y un visible chichón en su cabeza, la castaña caminó hacia nosotras, sin perder su agria mueca y emitiendo un ahogado gruñido.
Afásicamente y con paso firme, se dirigió hacia Lala y se detuvo frente a ella. Haciendo su plumaje más voluminoso, igual que un gato alzando su pelaje para lucir más amenazador, la halcón resolló en la cara de la peliblanca, mostrando sus afilados dientes de cazadora. La Abismal, de brazos cruzados, se mantuvo impasible ante la furiosa predadora que proseguía enseñando su aperlada dentadura, desafiante. La reina del cielo y la emperatriz del Inframundo continuaron su silente juego de miradas por varios segundos, concluyendo con un bufido por parte de la falconiforme, quien se encaminó hacia mí y, rodeándome con esas coloridas alas, me plantó un suave beso en mis labios.
La segadora entrecerró los ojos y torció la boca tenuemente, pero no hizo otra clase de protesta y le dejó a la americana disfrutar del ósculo, el cual se profundizó, con la ávida lengua de la arpía recorriendo el interior de mi cavidad bucal. Yo estaba algo desconcertada, pero igualmente deseosa y desde el inicio hasta el final del acto, no cesé de corresponderle con vehemencia. Separándonos de tan deliciosa unión oral, la rapaz usó su húmeda lengua para pasarla desde mi labio inferior hasta la punta de mi nariz y, jactanciosa, tomarme del brazo para sonreírle burlonamente a la irlandesa.
– "Ehem…" – Aizawa carraspeó. – "Creo que es hora que nos vayamos, chicas. Adelante."
– "Un momento, Mio; no tan rápido." – La castaña hizo señal de alto. – "Lo escuché todo, y yo también quisiera unirme a su expedición comercial."
– "Dudo que tus exiguos conocimientos en las artes cisorias nos sean de utilidad, descendiente de Electra." – Arguyó la dullahan. – "Sugiero dejes de consumir nuestro preciado tiempo e intentes asear tu impío ser de la inmundicia vegetal que lo agobia."
– "Por supuesto, después que lo limpies con tu sucia lengua y me implores perdón de rodillas." – La estadounidense se acercó a su rostro y susurró. – "Es tu jodida culpa que yo haya terminado así, en primer lugar."
– "El pájaro ha olvidado para qué son sus alas."
– "La enana no desea aceptar la responsabilidad."
– "Tus anodinos argumentos son inocuamente risibles."
– "No me hagas repetir lo de hace unos momentos."
– "Lo mismo te digo."
– "¿Podrían detenerse de una vez?" – Interrumpió la festejada. – "Cetania, puedes venir si quieres, pero te prohíbo iniciar otra de estas absurdas peleas. Y a ti también, Lala, o te bajo el sueldo."
– "Comprendo, señora." – La sonrojada segadora inclinó la cabeza. – "Disculpe mi proceder."
– "Vale, vale. No te enojes, Mio." – La halcón suspiró. – "En fin, yo quería aportar el efectivo. No me comparo con su habilidad, pero tengo recursos. Además, podrían necesitar un par de alas extra."
– "¿Y qué mejor que ir en compañía de una destacada agente de MOE para sentirse aseguras?" – Añadí. – "Así sabríamos que están protegidas."
– "Me sumo a la propuesta. Que Duraznín las cuide." – Habló Yuuko. – "No es que siga asustada por lo del asalto, pero así me sentiría más tranquila."
– "De acuerdo, que la pajarita se una." – La dueña del restaurante encogió los hombros. – "No le iba a negar la asistencia después de todo."
– "Gracias, señorita Aizawa." – La emplumada hizo una onerosa reverencia. – "¿Objeciones, pitufo engreído?"
– "No puedo contradecir los mandatos de mi superior." – Replicó la irlandesa. – "Por más en desacuerdo que esté con la decisión."
– "Este será un viaje muy divertido." – Mio giró los ojos sardónicamente. – "Vamos, chicas. Conozco un lugar donde nos darán buenos precios."
– "Duraznín, fíjate que Mio-chan no compre muchas frituras de papa. Tienen mucha grasa." – Indicó Honda, haciendo que su novia se ruborizara. – "Y tú tampoco, que sé que te gustan. ¡Tienes un bicho en la espalda; sacúdetelo!"
La castaña y la cumpleañera le sacaron la lengua como protesta y el grupo se encaminó hacia la búsqueda de víveres e ingredientes para avituallar la ocasión. Con otro par de embarazosas recomendaciones, que se perdieron en el aire a la distancia, la casera nos sugirió que continuáramos celebrando y cambió el repertorio musical en el reproductor. Con una variopinta selección de eurodance noventero como fondo ambiental, me senté en torno a la pequeña mesa redonda donde una solitaria tacita de bruno café era degustada con suma tranquilidad por Smith, relatando casualmente sobre el operativo que las mantuvo tan ocupadas el día anterior.
– "¿Los siguieron en helicóptero?" – Preguntó con interés Dyne. – "Creí que sólo contábamos con una furgoneta disponible."
– "Así es, Nikos. Desgraciadamente ese vetusto vehículo es el único medio de transporte que nos queda." – Respondió Kuroko. – "Aún así, gracias al apoyo de Sarver, pronto contaremos con dos flamantes unidades móviles que nos auxiliarán en nuestra misión. ¿No estás ansiosa por darles una ojeada, Silica?"
– "Claro, agen… Erm, Patrona." – Respondió Mei. Comprendía lo raro que se sentía decirle jefa a la coordinadora. – "En todo caso, ¿cómo lograron hacerse con el pájaro metálico?"
– "La policía nos apoya con ellos en caso de emergencias." – Afirmó Tionishia. – "Por supuesto, toda situación siempre la es, pero dada la delicada naturaleza del asunto de los homicidios, no se escatimaron en recursos para asegurarse que atrapáramos a los culpables."
– "Una tarántula." – Musité, con tono de resignación. – "Perpetuando nuestra ya de por sí mala reputación."
– "Idiotas de toda especie hay en todo el mundo, granate." – Expresó Zombina, recostada en el sillón. – "¿Sabes cuantos ogros Tio ha tenido que pacificar? ¿La cantidad de cíclopes que Manako ha puesto en su lugar con una Barrett M82? Y si te dijera que los muertos vivientes que hemos combatido me hacen ver como un parangón de comportamiento."
– "Y le repito, Aria-san: No sería la primera arachne que atrapamos." – Iteró Manako. – "La lista incluye también rapaces, empusas y diversidad de reptiles."
– "Nada de dullahans hasta ahora. Aunque el despliegue de violencia de tu azulita hubiera sido un excelente inicio." – Añadió Doppel al notar que deseaba preguntar. Me leyó la mente. – "Aunque ya hemos lidiado con otra clase de Abismales. Son un encanto."
– "¿Cómo logran capturar a seres prácticamente inmortales?" – Cuestionó la poiquiloterma. – "Sé que no todos son iguales, pero estoy segura que requieren equipo especial."
– "Inmortalidad no significa invulnerabilidad, Silica." – Contestó la capitana, meneando su taza. – "Las balas duelen, novata, lastiman en demasía. Doppel, Ekaterina o Lala sobrevivirían a un disparo y eventualmente restaurarían la herida como si nada, más no saldrían incólumes del sufrimiento. Lo peor, dado que son incapaces de fenecer, pueden ser torturadas indefinidamente, si el tormento es lo suficientemente fuerte para someterlas."
Sentí un horripilante escalofrío de tan sólo pensar en el dantesco infierno que tal imagen proyectó en mi interior. Sufrimiento literalmente eterno, un Tártaro en vida, un Cocito sempiterno personal. Las abominaciones nunca cesan en este mundo.
– "Me alegro que mi Spatzi pueda volverse niebla intangible, por si necesitara escapar." – Comenté.
– "Esa habilidad no le ayudaría en nada si el adversario cuenta con las armas adecuadas, araña." – Aseveró la cambiaformas. – "Cualquier artilugio que contenga un poco del poder del Eterno Vacío puede ser convertido en un excelente veneno para nuestra sangre. ¿Conoces los proyectiles Schwinger? Desarrollados en tu patria étnica durante la dictadura soviética y que fueron mejorados en el cambio de siglo. Balas cargadas de la energía del Abismo para contener establemente fermiones gravitinos concentrados y cuya potencia electromagnética reacciona adversamente con nuestra composición química. Un roce es suficiente para dejar a tu azulita en coma por una semana. Y ruega a tu panteón para que el envase de uranio no quede atrapado en tu cuerpo, o la radiación te consumirá como las fauces del centro del universo."
– "Y los peligros no se limitan únicamente a cartuchos para armas de fuego; cualquier objeto dosificado con una pizca de poder es capaz de causar los mismos estragos." – Completó Zoe. – "Espadas, hachas, mazos, dagas, incluso piedras; La lista es interminable y muchos terminaron como piezas que dieron pie a las leyendas a lo largo de la historia."
– "Como el báculo sagrado de Archon; usado en la Edad Media por los españoles durante la Reconquista para expulsar a base de porrazos a los llamados malos espíritus moros." – Relató la ogresa. – "O el famosísimo Santo Grial, que ha capturado la imaginación de medio mundo. En realidad, la tan buscada copa no era más que un recipiente de tosco metal que aguardaba una daga dorada y cubierta con runas. El cáliz y la cuchilla se hallaban en algún lugar de Francia y fueron destruidos durante la Gran Guerra. Eso no evita que sigan engañando a incautos con supuestas piezas perdidas."
– "Pero la manufacturación de tales artefactos es en extremo difícil y escasa. Se necesita que un Abismal le infunda su energía vital para lograr que funcione." – Dilucidó Smith. – "Y dado que se requiere que el donante siga vivo para que el efecto continúe funcionando, muchos de esos dispositivos, si no es que todos, han quedado inutilizados cuando se usan para traicionar a sus creadores, lo cual era casi siempre."
– "Irónico." – Musitó la griega. – "Hacían pactos con el diablo para deshacerse de este."
– "Exactamente, Nikos." – Kuroko dio un sorbo a su café. – "Cuando te obsesionas con cazar monstruos, terminas convirtiéndote en ellos. Afortunadamente, lo único que queda ahora de tan inicuos instrumentos son las mencionadas balas Schwinger."
– "¿Tienen en reserva?" – Interrogué. – "¿Han llegado a usarlas alguna vez?"
– "Las reparten con gotero, Aria-san. Son exorbitantemente caras." – Informó la francotiradora. – "Únicamente poseemos cinco proyectiles, exclusivamente bajo mi supervisión desde que obtuve el rango de alférez y me volví un diamante. Nunca hemos tenido que recurrir a estas, pues Doppel-san ha sido capaz de controlar a sus semejantes eficientemente. Pero siempre cargo con ellas, por prevención."
– "¿Por qué la pregunta, Potato?" – Cuestionó burlonamente la muerta viviente. – "¿Necesitas ayuda para calmar a tu azulita?"
– "Oh, ya sabes cómo son las peleas de pareja, Leutnant." – Bromeé. – "A veces se requiere un incentivo para convencerla de que me deje estar arriba."
Con excepción de una apenada Tionishia, una avergonzada Manako y una fastidiada helénica, todas se echaron a reír. Me alegraba que nadie más estuviera ahí para irle con el chisme a la segadora, de lo contrario, dormiría en el patio por un año por andar haciendo mofa de nuestras íntimas actividades. Aunque lo de dejarme dominarla era verídico; las hijas del Vacío Infinito adoran el poder y no lo sueltan, incluso en la cama. Las carcajadas mermaron su intensidad y el tema del operativo regresó implícitamente, aunque nadie había dicho nada al respecto. La curiosidad era mucha y podía evidenciarse en nuestros rostros.
– "Inició alrededor de las siete, antes meridiano." – Comenzó la capitana, pasando el dedo por la circunferencia de su recipiente. – "El reporte, tan escueto como exaltadamente urgente, indicaba que hallaron los restos de sangre y un fémur aparentemente humano en las cercanías de Aokigahara."
– "¿El célebre bosque de los suicidios?" – Dije. – "El cual, si mal no recuerdo, visitamos 'voluntariamente' durante la correteada que usted y Doppel nos dieron por medio Japón."
– "Cosa bien merecida por jugar a las pirómanas." – Acotó la Abismal. Dyne se hizo la inocente; Mei no estaba enterada de lo sucedido con el dinero original. – "Como sea; el caso llevaba meses sin resolverse. En parte por la apatía del Buró de Investigación Criminal como por la mala comunicación entre los diferentes niveles. Y dado que la zona posee esa infame reputación, aunado a los condenados atentados, los sucesos fueron casi archivo muerto."
– "Pero las pruebas ahora eran irrefutables. El fragmento óseo estaba fresco, incluso con algo de materia muscular adherido a él. Las hormigas se habían hecho un banquete con este horas antes." – Narró la pelirroja heterocromática, con prolijo detalle. – "Nos armamos hasta los dientes y aprovechamos que un helicóptero Kawasaki BK117 del Buró de Investigación había aterrizado en la azotea, para transportarnos. Llegamos en relativamente poco tiempo y justo en el momento en el que una camioneta con una arachne peluda en su parte trasera aparecía, huyendo a toda velocidad en un pequeño claro sin camino definido."
– "Nuestro vehículo era mucho más veloz que uno terrestre, pero los árboles era demasiado densos para permitir un disparo contundente, especialmente con el fuerte viento de las alturas y el constante oscilar del helicóptero." – Continuó la cíclope. – "El sol me daba directo en el ojo y dificultaba distinguir la profundidad adecuadamente. Traté de detener el transporte, ya sea inutilizando el motor o destruyendo las llantas, pero desperdicié dos disparos en vano."
– "El hecho que la tarántula nos atacara con un fusil automático no facilitaba las cosas para Manacchi. En más de una ocasión los proyectiles impactaron el metal." – Dijo Tionishia. – "Eso era lo más preocupante. A pesar del movimiento y el tambaleo de la camioneta, la puntería de esa peluda era demasiado precisa. Pocos adversarios demuestran disciplina tan férrea bajo el combate. Ni siquiera nuestro fuego de respuesta fue suficiente para azorarla demasiado. No puedo decir lo mismo de la persona conduciendo."
– "Y fue el tercer intento, exitoso, de nuestra francotiradora lo que le orilló al vehículo a chocar contra el tronco de un roble al levantarse la tapa delantera. Todo pudo terminar ahí, pero la araña saltó de inmediato y se ocultó bajo el follaje." – Dilucidó Doppel. – "Nuestra prioridad era la invertebrada, así que abandonamos a los del transporte y perseguimos a la fugitiva por otros tensos minutos, entre fuego intercambiado y el intenso sol quemándonos las pestañas."
– "La desgraciada me abrió un agujero nuevo, justo debajo del pecho." – La teniente no muerta señalo el área con su dedo. – "Después me atravesó la rótula con un proyectil de 7.62x39. Fusil automático Type 56, contrabando común. Le regresé el favor descargando mis Steyr AUGs dobles para obligarla a cambiar el rumbo; oportunidad perfecta para que Manacchi le diera en la pierna media derecha con su Remington 700. El siguiente hirió su omóplato izquierdo y el último, en su costado abdominal derecho, le pararon en seco."
– "Ahí, Doppel descendió desde el helicóptero para vigilarla mientras el pájaro metálico aterrizaba en un espacio suficientemente amplio. Ella la cargo junto con Tio en la camilla y regresamos al lugar donde el transporte quedó estampado." – Agregó Smith. – "Lo encontramos fácilmente, pues sus ocupantes le prendieron fuego antes de huir. Las llamas consumieron cualquier clase de evidencia incriminatoria, pero la principal culpable ya estaba en nuestras manos. Los forenses, en su análisis prematuro, confirmaron que las marcas de dientes en los huesos correspondían a la dentadura de la tarántula y con eso la trasladamos a la estación central de la Policía Metropolitana de Tokio para que fuera procesada. Veinte minutos de persecución, cero inocentes heridos, misión cumplida, Honorem et Gloriam."
Las tres novatas quedamos cautivadas por la crónica del grupo y su eficiencia. Admirábamos como cada miembro podía tomar las riendas impecablemente del relato; perfecto ejemplo de unidad. Esa anécdota, aunque fuera un simple ejercicio de remembranza oral, nos recordaba lo importante del trabajo en equipo. Poder saber que se cuenta con el apoyo de la persona de al lado y confiar plenamente en esta, ese era el ideal implícito del grupo. Alzando y chocando nuestros recientemente servidos vasos por una servicial Honda, llenos del aparentemente interminable néctar de frutos drupáceos, brindamos por el éxito de toda la Agencia Nacional de Policía y por el próspero futuro de MON.
Entre risas y Zombina removiendo su ropa para dejarnos admirar sus heridas aún no remendadas, el teléfono de la capitana empezó a vibrar y emitir un curioso canto al ritmo de '¡Hey, hey, hey Smith!' en su monofónica bocina. Que tan fatuo himno a la vanidad fuera pronunciado por las inconfundibles voces de sus subordinadas, me provocaron conjeturar que posiblemente la coordinadora las persuadió (por no decir que coaccionó) de rendirle tributo con su melodiosas cuerdas vocales. Tomando el aparato y deslizando su dedo para aceptar la llamada, la pelinegra nos instó a que guardáramos silencio con un ademán y le contestó a la persona del otro lado.
– "Smith, K.; 6079. ¿Quién habla? ¡Ah, Emily! ¿Qué sucede?" – Kuroko hizo gesto a Mei para que bajara el volumen del reproductor de audio. Ella obedeció, aunque desafiara la voluntad de Yuuko. – "¿Eh? No, estamos trabajando. Sí, todas. ¿Cuál música? Aquí la única que oye cancioncitas en su cabeza eres tú, Jimi Hendrix. ¿Quién carajos es Roger Waters? Agh, ya te dije que estamos ocupadas. Sí, una misión. ¿Eh? ¿Zoe no hizo el reporte del incidente en el American Food?"
– "Simijo…" – Musitó la zombi al ver la mirada asesina de su superior. – "Lo olvidé…"
– "Lo sé, más papeleo para ti, pero tú estás más que acostumbrada a estos pequeños inconvenientes, ¿cierto? Sí, estoy consciente de que la teniente no es la más viva. ¿Captas? Acepta que te reíste, malhumorada." – Continuó la agente. – "Sí, sí, ya sé que estás tupida hasta los ovarios de trabajo, pero necesito esas jodidas entrevistas y demás documentos perfectamente organizados y resplandecientes en mi escritorio para mañana. ¿Podrías abandonar lo de los bonos, de una vez? ¿Cuántas veces debo repetir que eso será hasta fin de año? ¡Que no estamos holgazaneando, condenada rechazada de la Pampa! ¿Eh? ¡Buenos Aires, la Pampa; ¿qué diferencia hay?! ¡Tu mamá es uruguaya! ¡No, la tuya!"
– "Lo siento, Patrona…" – Silica regresó. – "Pero la señorita Honda estaba en medio de colocar otro disco y no pude convencerla de que disminuyera el volumen."
– "Descuida, Emy. Esa sólo fue nuestra nueva mecánica, aunque estoy seriamente en volverla un cinturón de piel. Ya la conocerás cuando le hagas un minucioso examen psicológico. ¿Recuerdas a Alex DeLarge? Precisamente." – Smith entrecerró los ojos. La lagartija tragó saliva. – "Como sea, tú regresa a sea lo que sea que estés haciendo y mañana me entregas los reportes, ¿vale? No me salgas con que sólo eres la psicóloga, Wilde; aquí todos se ocupan de todo. ¿Acaso quieres volver a lavar baños con un cepillo de tres cerdas? Exacto. Qué bueno que ya entendiste, amiga. Claro, ya sabes que te queremos. ¿Eh? ¡No, tú eres la sucia lesbiana! ¡La puta que te parió!"
La furiosa capitana arrojó el celular hacia la pared, pero fue atrapado por un veloz mechón de cabello de la cambiaformas antes que el aparato se disolviera en miles de trozos de polímero procesado. Luego de regañar a la muerta viviente y al resto del grupo (excepto a Doppel), caminó hasta mí y me arrastró hasta el espacio bajo las escaleras, donde nadie podría interrumpirnos. Apretándome contra la pared con un solo brazo aferrado a mi hombro, proeza permitida gracias a la flexibilidad de mi abdomen arácnido, Kuroko alzó su otra mano libre y con sus dedos realizó un rápido y continuo movimiento juntando el pulgar, índice y medio.
Estaba exigiendo el dinero.
Rayos, no sé quién sea esa tal Emily, pero en verdad que encabritó a la coordinadora. ¡Y ahora yo estaba pagando las consecuencias! Musitándole que se calmara, logrando limitados resultados, le comuniqué que Ekaterina amablemente me había mostrado la exitosa transferencia bancaria en su teléfono, beneficiándola tanto a ella como a sus subordinadas. Eso debió sosegar sus ímpetus.
– "¿Nuestras cuentas?" – Interrogó la coordinadora, alzando una ceja. – "¿Cómo diablos conoce esa enana nuestras cuentas privadas?"
Debió, del verbo 'No lo hizo'.
Tirando de mi inocente orejita, la vesánicamente denodada líder de MON me jaló hasta la sala, esgrimiendo una mueca de enfado que podría asustar a la Abismal. Y es que cuando se trata de dinero, la humana asume el papel de demonio que la falsa historia de la doppelgänger le adjudicó. Habrá sido una anécdota apócrifa, pero a veces la pelinegra se empeñaba en demostrar su veracidad. Hallamos a la sospechosa de haberse infiltrado a los virtuales balances financieros, con muy tangibles consecuencias, platicando despreocupadamente con Rachnera y Meroune, carcajeándose de algún chascarrillo, el cual que hizo reír discretamente a la avergonzada sirena por el alto contenido inmoral de tal chiste. Sin siquiera disculparse por la súbita interrupción, la mujer del gobierno tomó del brazo a la cambiaformas y nos regresó al espacio bajo la escalera a ambas.
– "Muéstramelas…" – Ordenó Smith a Eka, sin ocultar la vena palpitando en su frente. – "Ahora."
– "¿Es una broma?" – Se preguntó la aludida. – "Mire, agente. Esto será muy gracioso, o eso creo, pero estaba en medio de una interesante charla."
– "No me importa, hija del Caos Reptante." – Aseveró la otra. – "Muéstralas."
– "¿Es necesario?"
– "Mucho."
– "¿No podrías… no lo sé… solicitarlo de mejor manera?"
– "Por favor, tercera inquilina de Karurosu Sarver, ¿podría hacerme el favor de mostrar lo que deseo ver?"
– "Sí, muy convincente argumento." – Giró los ojos. – "Por Azatoth, que jamás creó que me pedirías algo así. O quizás sí, pero no conmigo."
Inesperadamente, la cambiaformas, que me recordó que para su especie la ropa no es más que su cabello transformado, desapareció el saco que vestía y luego la camisa de su ya de por sí provocativo uniforme de colegiala, con esa coqueta faldita azul. Casi se me detiene el corazón cuando su sostén, de encaje color perla, también se desvaneció frente a nuestros incrédulos ojos. Ekaterina lucía similar a Doppel, pero su físico era de una mujer mayor, más voluptuosa y alta, así que sus atributos pectorales al descubierto eran igual de agraciados y redondeados.
(Des…)afortunadamente, la doppelgänger estaba muy consciente de que no podía andar de exhibicionista en casa ajena y, como medio práctico de autocensura, despareció los pezones de sus pechos, mostrando únicamente dos montes de oscura piel perfectamente lisos, sin aquellos suaves botoncitos carnosos que fueran la cereza del erótico pastel. Curioso espectáculo semi-sensual, pero el impávido rostro de la coordinadora señalaba que esa no era la respuesta que estaba buscando. La Abismal, tan confundida como yo, encogió los hombros, esperando que la capitana aclarara su intención exacta.
Suspirando y acomodando sus oscuras gafas (que ignoro el porqué las usa en interiores), Kuroko realizó de nuevo ese movimiento con sus tres dedos. Comprendiendo el pecuniario gesto detrás del ademán, la cambiaformas sonrió comprensivamente y volvió a ataviarse con su cabello multiforme al tiempo que encendía la pantalla de su aparato telefónico. Lo hurgó unos segundos y triunfalmente presentó ante nosotras las tablas que indicaban que las cantidades monetarias acordadas se encontraban perfectamente intactas en las cuentas bancarias de las cinco integrantes de Monster Ops: Neutralization. Eso debió sosegar sus ímpetus.
– "Estas cosas son estrictamente privadas, bajo una nómina que sólo nuestros integrantes conocen." – Advirtió Smith, entrecerrando los ojos. – "¿Acaso Sarver ha estado metiéndose donde no debía?"
El verbo 'deber' ya no es lo que era…
– "Erm… ¿No?" – Respondió Ekaterina, con cero afán de sonar convincente. – "¿Pero es realmente tan malo que conozca uno que otro secretillo inofensivo? Es decir, sólo sabe que tienen cuentas financieras activas, nunca se ha dicho que las haya manipulado. Y si pudiera, ¿lo crees tan mezquino para meterse con el capital de una agente gubernamental y su equipo de élite?"
– "Sí."
– "Bueno, pero no lo ha hecho, ¿verdad? Además, obtuviste la plata, a pesar de que los cuatrocientos mil se perdieron supuestamente y únicamente tengo como testimonio la palabra de tu novata arácnida."
– "¿Acaso crees que mis subalternas mentirían?"
– "Síp."
– "¡Hey!" – Protesté.
– "Que bueno que desconfíes, porque comprendes a la perfección mi sentir actual." – Dijo la pelinegra. – "Las dos sabemos que el expediente de tu casero no es precisamente el más limpio, y que gracias a mí se ha mantenido perfectamente impoluto desde que tuve la desgracia de conocerlo."
– "Más razón para tener la plena certeza de que él no intentaría traicionar a una de sus más valiosas aliadas." – Afirmó la doppelgänger, haciendo su cuerpo más pequeño y liberándose del agarre. – "Karu está loco, pero no es estúpido. ¿Buena persona? Ni su madre le creería; ¿Prudente? Un día terminará matándose; ¿pero un fariseo apóstata? Hay implicaciones que ni el Abismo tolera, compañera."
– "¿Crees que te tengo miedo?"
– "¿Y yo de ti?"
– "Tengo una Doppel."
– "Tenemos una Plu."
– "Mi arachne es más grande."
– "Nuestra centáuride tiene un hacha gigante."
– "Yo se la quité."
– "Le dimos una mejor. Y viene con reproductor de MP3."
– "Nuestra francotiradora es una ternura."
– "Rachel también. Y Haru no necesita de armas para ser lindo."
– "¿Por qué estamos teniendo esta absurda competencia en primer lugar?"
Porque estamos atrapados en una dimensión donde la lógica se ha ido por el caño y ha sido regurgitada desde una infausta alcantarilla maloliente, diría yo. En ocasiones, sigo pensando que nuestras vidas son actualmente un relato mal redactado. ¡Y a mí me tocó el papel de payasa!
– "Tú empezaste." – Ekaterina encogió lo hombros. – "Oye, Karu nunca alteraría sus reservas financieras. Es un científico (o algo así), pero no un ladrón. Al menos, no con sus aliados. Podrás no creerme, y hasta te comprendo, pero te aseguro que mi hospedador es más honorable de lo que piensas."
– "El dinero no es lo que me preocupa; sino el hecho que él posea tanto poder y actúe por su propia cuenta en asuntos tan delicados." – Aseveró Kuroko. – "Ignoro cuantas fechorías haya cometido ya, pero te aseguro que no hesitaré en llevarlo ante la verdadera justicia si llega a sobrepasarse. Y aunque crea que la información le da poder, eso no le servirá de nada cuando se enfrente al juicio imparcial de…"
– "Acabo de agregar cincuenta mil yenes más a tu cuenta." – Interrumpió la cambiaformas, enseñando el teléfono. – "Los tomé de los fondos personales de Irina. Ella va a descontrolarse cuando se entere, así que agradece el sacrificio que estoy haciendo."
– "Si piensas que seré persuadida por el papel moneda…"
– "Y otros cincuenta mil, de parte de Ruri."
– "O que voy a vender mis ideales por un poco de pecuniarios beneficios..."
– "Listo, también los cien mil enteritos de Rachel. Van a crucificarme con clavos Abismales por esto, ¿sabes?"
– "…"
– "…"
– "¿Trescientos mil?"
– "Síp."
– "¿Completos?"
– "Íntegros."
En el giro menos sorpresivo en la historia de los sobornos, pero igual de perturbador, la ahora tornada en jubilosa coordinadora abrazó a la Abismal chica y, para nuestro eterno horror, le cubrió de besos la frente y repitió hasta que la piel de la doppelgänger pasó de su habitual bronceado a un pálido cadavérico, con su dueña adquiriendo la misma rigidez corpórea de un muerto. Smith la dejó caer, dio una vuelta sobre su eje, trovando melodiosas dádivas verbales sobre la esplendidez de la existencia y lo apoteósico de la amistad sincera. Así, con esa alegría desbordante, ella regresó con el grupo y yo permanecí contemplando estupefacta a una igualmente absorta Ekaterina, yaciendo estoicamente en el suelo como un níveo sarcófago con la máscara mortuoria puesta en el rostro.
Sacudiéndome la cabeza para tratar de menguar la intensidad de tan mefistofélicas imágenes y evitar devolver la comida, dejé a la aún inmóvil y anonadada cambiaformas en el suelo y volví con los demás, esta vez uniéndome a Aiur, que platicaba junto a Draco, con Miia y Steno, intercambiando anécdotas cotidianas y dejándolas en blanco cuando hacía referencias a cosas que sólo la serket entendía. Reí por una ingeniosa alusión a los sables curvos de Hammerfell que sólo yo pude apreciar y luego recordé que parte de haber invitado a ese par fue para ayudarles tanto para estar unidas como para eximir los errores que agobiaban a la dracónida.
Exhalé un suspiro de satisfacción al contemplar como todo había salido a pedir de boca, viendo a las antiguas enemigas charlando y compartiendo risas en completa calma. Discretamente advirtiendo mi presencia, la dragonewt volteó a verme y esgrimió una silente sonrisa de agradecimiento, regresándole yo el gesto con gusto. Por poco olvidaba que parte de la intención original era que mi superior pudiera investigar más sobre el caso del profesor Geber, pero eso pronto quedó descartado. El trabajo, la investigación, todo ese maldito hastío puede esperar; era día de celebración.
Además, no quería acercarme a Smith hasta sacarme esa escena de mi mente.
– "Disculpe, señorita Honda" – La serket habló a la casera al verla servir más bebidas. – "¿Puedo preguntarle algo?"
– "Por supuesto, Aiur, ¿qué deseabas? Y puedes llamarme solamente Yuuko, que mi apellido me hace sentir vieja."
– "Vale, Yuuko. Bueno, quería saber si ese Nintiendo 64 que vi en la sala aún funciona."
– "Oh, supongo que sí. Hace mucho que no lo enciendo, pero siempre lo limpio." – La mujer castaña miró hacia el lugar, sonriendo nostálgica. – "Un regalo de graduación de la preparatoria. El único que obtuve de mis padres, gracias a mis poco gratas calificaciones. Buenos recuerdos con Mio, Nano y las demás chicas. Aún debo tener los cartuchos por ahí, ¿quieres probarlo?"
– "¡Sí!" – Exclamó la chica alacrán, con entusiasmo. – "D-digo, si no es molestia."
– "No hay problema." – Rió al ver a la escorpiona tan animada. – "Ven, démosle un vistazo. Aria, en la habitación con la estrella verde en la puerta, hay una caja que dice "Hakase" en un costado. Tráela, si fueras tan amable."
– "Jawohl, frau Kommandanterin." – Hice un saludo militar. Ella me dio una llave.
– "Gracias, Yuyuuko." – Agradeció la alacrancita. Ignoro qué referencia habrá sido esa. – "Draco, ¿me acompañas?"
– "Soy terrible en esas cosas, Aiur." – Se disculpó la aludida. – "Casi pierdo la paciencia con ese juego de carreras que probamos en el centro comercial, ¿recuerdas?"
– "Bueno, era Mayro Kratt 9. Está diseñado para deshacer lazos familiares y aumentar la presión sanguínea hasta causar arritmia."
– "De todas maneras, presiento que no te divertirías mucho conmigo, compañera." – La reptil sonrió, resignada. – "Dispénsame."
– "Hoy es día de sorpresas, Durnehviir." – Insistió la invertebrada, ofreciendo su mano. Je, buen apodo. – "Una oportunidad, y luego puedes retirarte si lo deseas."
– "Está bien, Draco." – Aconsejó Miia. – "No debes dejar sola a tu amiga."
– "Sí, creo que tienes razón." – Accedió la rubia ojizarca. – "Vale. Vamos, Aiur."
Sonriendo y tomando a la poiquiloterma del brazo, la serket siguió a la dueña de la morada al tiempo que yo subía escalera para encontrar la caja que Honda me indicó. No tardé en dar con la estrella de glauca pintura fluorescente e inserté la llave, destrabando la puerta. Había varios objetos, como libros, artículos escolares ya muy vetustos y una que otra estatuilla de Siddhartha Gautama. Logré dar con el contenedor, cerrado y con las palabras indicadas escritas en bruno marcador. La tomé y bajé hasta la sala donde residía la anticuada televisión de dieciséis pulgadas, de rayos catódicos. Yuuko poseía una más grande y de alta definición del otro lado, pero conservaba la pantalla viejita porque, según sus propias palabras, las consolas viejas sólo se disfrutan en equipos tradicionales, opinión que la chica alacrán compartía.
Soplando un poco el aparato de plástico gris, la pareja de Mio insertó los cables a la parte trasera del voluminoso monitor. Los controles, de extraña configuración, se hallaban muy bien conservados y estaban siendo inspeccionados por la dragona y la escórpida. Honda me ordenó que abriera la caja y tomara los cartuchos. Acatando el mandato, me retiré un guante y con mi filosa extremidad dactilar corté la cinta café que resguardaba el cartón, para ir descubriendo varios rectángulos de curvadas esquinas del mismo color que la consola y con varias etiquetas, mostrando los variados títulos poseídos.
– "¡Ah, GoldenEye 007! ¡La obra maestra de Rare!" – Exclamó Aiur, como topándose con un tesoro. – "¡El verdadero padre de los FPS en consolas! ¡Halo es desecho de skeevers comparado con esta belleza!"
– "Veo que tienes excelente gusto, alacrancita." – Sonrió Yuuko, encendiendo el televisor. – "No eras de las que elegían a Oddjob, ¿verdad?"
– "¡Que Talos me salve de tan infame desgracia! ¡Yo sí tenía honor!" – Afirmó la invertebrada. – "¡Armas de alto calibre o pistola de oro en el mapa Archives usando a Jaws! ¡Esos si eran retos!"
– "Da gusto cuando encontramos a alguien con nuestros mismos gustos, ¿cierto?" – Mencioné, acomodando el resto de los cassettes. – "Confieso que a veces me siento mal de que pueda hablar con más naturalidad con Zombina que con Lala o Cetania sobre armas o conflictos bélicos del siglo XX."
– "Yo siempre me siento contenta con Erin, porque comprendemos perfectamente muchos de nuestros problemas." – Añadió Draco. – "Crecer de manera solitaria también propicia a que se busque siempre compañía de otras compañeras de escamas, sólo para sentirse en familiaridad y seguridad."
– "Mio y yo diferimos en varias cosas. De niña, a ella le gustaba, y creo que aún le parece interesante, el yaoi." – Comentó Honda. – "A mí nunca me interesó y en una ocasión, peleando, le dije que era una degenerada que disfrutaba de homosexualidades. Lo sé, fue tremenda hipocresía de mi parte; al menos me dio una buena tunda y no me habló por casi un mes como castigo. Y lo merecía completamente. Pero, el punto es que a pesar de nuestras diferencias, ambas poseemos una conexión más allá de las superficialidades."
– "Lala sabe casi instintivamente lo que voy a decir cuando platicamos a solas en la recámara. No necesitamos de palabras, sólo usar los gestos correctos y así nos entendemos. " – Expresé, sonriendo. – "Cetania y yo somos igual de jóvenes y llenas de energía, aunque ella lo expresa mejor que yo. Es ese entusiasmo que me ayuda a atreverme a cosas que no me aventuraría normalmente. Y, entre ella y la dullahan, experimento una gigantesca y muy divina confianza que no sentía ni con mi propia familia. No puedo explicarlo con palabras."
– "Es casi mágico." – Prosiguió Yuuko. – "Y es eso lo que verdaderamente nos une con esa persona especial. Los susurros del corazón son sutiles, pero muy profundos."
Afirmando todas con la cabeza al unísono, la castaña insertó el cartucho en la ranura de la consola y encendió el aparato. Al volver este a la vida, un poco de estática se desplegó en la cristalina pantalla y sin dilación, fuimos recibidas por el áureo logo de las compañías creadoras y la célebre tonada del agente secreto británico más conocido del mundo hizo su aparición junto a una recreación en primitivos gráficos de tercera dimensión de las famosas películas. Haciendo chasquear sus quitinosas pinzas de la emoción, Aiur no esperó a que la secuencia virtual finalizara y oprimió el rojo botón para dar inicio.
– "Hola, ¿qué hacen?"
Nos dimos la vuelta, encontrándonos con Papi y Suu, comiendo una bolsa de gomitas sabor fresita. Temblé un poco al recordar lo que esas cosas desataron la última vez. Creo que ahora le tengo fobia a las wyverns.
– "Hola, niñas." – Saludé. – "¿Cómo están?"
– "Ah, Arian-nee, vimos a 'Kekaterina' tirada cerca de las escale…" – La pajarita se pausó. – "¡Oh! ¿Es ese un juego? ¡Se ve divertido! ¿Podemos unirnos? ¿Verdad que sí?"
– "Claro, lindas. Tenemos cuatro controles, hay para todas." – Instó Yuuko, sonriente. – "Son Aiur y el 'dúo gomitas'. ¿Quién se quedará el último?"
– "¿No participarás?" – Preguntó la escórpida.
– "Me encantaría, pero debo atender a los demás. Y probablemente Mio y el resto estén por llegar. Ustedes diviértanse, no se preocupen."
– "Comprendemos. Muchas gracias, Yuuko." – Agradeció la dragonewt.
– "De nada. Que se la pasen bien." – Dijo ella y se retiró. – "Y nada de minas de proximidad. Son deshonorables."
– "Draco, quiero que seas de mi equipo." – Propuso la alacrana pelinegra, agitando juguetonamente su colita. – "No me dejarás solita, ¿O sí?"
– "Por supuesto que no." – La ojizarca se sentó a su lado, algo separadas. Las serkets, como nosotras, ocupan mucho espacio. – "Pero te recuerdo que soy terrible. No pude pasar a esos condenados draugar en Skyrim."
– "Estoy contigo, escamosa." – Comenté. – "Sigo creyendo que esas gallinas son las verdaderas dueñas de Tamriel. Mata un oso con una navaja y nadie se impresiona, pero le tocas una pluma a esas cacareadoras y te convierte en paria de Nirn."
– "Es que son unas noobs." – Opinó una inusitadamente burlona Papi. – "Yo derroté a Alduin usando solamente mis manos."
– "Noobs." – Repitió la limo, sonriendo con complicidad.
– "Y luego dicen que los videojuegos no son dañinos." – Bromeé. – "Suu, ¿me pasas un control?"
– "No." – Replicó la aludida, sorpresivamente insensible. – "Noob."
– "¡Oye, tampoco es para que me trates así, gelatinosa!"
– "Suu tomó mucho de ese té helado y ahora su actitud es muy fría." – Informó la arpía añil, concentrada en el partido que ya había dado comienzo. – "Me recuerda a Lala-nee cuando recién llegó a la casa."
– "Spatzi no era así de gélida."
– "Sólo era un teátrico acto para ocultar sus propias inseguridades y el temor de ser rechazada, encerrándose en su propia burbuja de autocompasión y aislamiento social." – Habló la glauca limo. – "En parte es un mecanismo de defensa para evitar el pesar de envolverse entre los efímeros mortales y desarrollar amistades que durarán sólo un parpadeo por su efímera existencia. No puedes ser dañada si lo que sucede a tu alrededor no te importa. Quizás todos necesitamos de esa indiferencia en mayor o menor medida para evitar ser abrumados por la inequidad social que permea al mundo real y la intrascendencia de nuestros actos en la escala universal del todo."
– "Por Meridia, ¿qué acaso le dieron de comer un libro de Nietzsche a la gelatinita?" – Se extrañó Aiur. – "No esperaba una reflexión tan nihilista a esta hora. Me recuerda a esa loca de la guitarra que se ponía a hacer covers malísimos de Pink Floyd en el parque."
– "¡Volvimos!" – Escuché la voz de Cetania en la puerta. – "¡Y ahora sí que venimos cargadas!"
Dejando a las jugadoras perderse en su mundo de espías, disparos digitalizados y cínicas limos, fui al encuentro de las cocineras autoproclamadas de la celebración, con la festejada a la cabeza de ellas, ni más ni menos. Ahí, comprobé que la declaración de la rapaz no fue solamente una hiperbólica locución para expresar abundante cantidad de víveres; en verdad que se habían abastecido en demasía. Todas cargaban con enormes y pesadas cajas llenas de interminables ingredientes y alimentos suficientes para al menos tres días de festines nórdicos ininterrumpidos. Me apresuré a liberar a mi irlandesa de su lastre, ya que era la más cercana. El resto también se ofreció a ayudar. De la misma manera, y sin importarme que las ocho piernas me pasaran la cuenta después, auxilié a la falconiforme y la invité a depositar su caja en mi tórax arácnido.
Obedeciendo la emplumada, llevé ambos contenedores hasta la cocina. Me sentía peor que Atlas con el firmamento entero a sus espaldas, pero después de un titánico esfuerzo por coordinar mis extremidades a levantarse del suelo, llegué hasta la cocina, donde casi me desplomé del alivio al dejar las voluminosas arcas alimenticias en el piso. Al menos los besos de mis amadas como agradecimiento me reanimaron a mí y mis pobres músculos. Además, aunque seguían viéndose con miradas desafiantes, la halcón y la segadora habían postergado su habitual rivalidad para volver a cooperar junto a las demás en la preparación de las vituallas. Con Mio asumiendo su puesto de mando natural, sus cinco (la pajarita se sumó al final) obedientes cocineros se movieron prestos y diestros por la zona, cortando verduras, batiendo ingredientes y creando mil y una maravillas culinarias.
Avisándome la chef Aizawa que deberíamos esperar un buen rato, decidí no interrumpir a los artistas gastronómicos y retorné a la sala de eventos principal. Ekaterina se había recuperado y ahora mantenía distancia de Smith. Platiqué un momento con Cerea, Yuuko y las gemelas Sprins, que estaban junto con Ami, quien cuidaba a Haru, sobre temas respecto a la cultura de las lamias. Sentí más simpatía por nuestra Miia, remembrando (con algo de pesar) la mala impresión que llevé de ella, en parte por esa cuestionable actitud que mantenía al principio. Pero, ahora que conocía mejor los motivos que la llevaron a desarrollar aquella obsesiva, casi sofocante personalidad respecto a Kimihito y sus celos, me di cuenta que no éramos tan diferentes.
Steno también ayudaba a evitar que el casi trágico pasado de las hermanas nos afectara, especialmente a su hija, y se centraba en relatarnos sus anécdotas de niñas, las travesuras que hacían y, cuando su melliza parecía estar al límite de su provocación, cambiaba hacia vivencias como Constrictor-Sensei, ese apodo que utilizaba en sus trabajos como mangaka. Honda, como escritora aficionada, estaba muy interesada en los consejos que la sierpe le daba. Dibujar y escribir eran superficialmente actividades diferentes, pero comprendían el mismo arte narrativo y una gran aventura gráfica no puede existir sin una excelente historia detrás de esta, así como un relato sobresaliente no puede triunfar si las palabras no permiten al lector sumergirse en el mundo que el autor desea y recrearlas en su mente como vivas imágenes. Ambas cosas eran conceptos inherentemente entrelazados y prácticamente inseparables. Una simbiosis artística.
– "Voy a serte honesta, Yuuko: No es fácil ser una escritora." – Mencionó la lamia, acariciando a su pequeña. – "Seré mangaka y mi medio es visual, pero compartimos los mismos problemas. Para empezar, y quiero que siempre lo recuerdes: Tu primera historia siempre, pero siempre, será basura. No hay excepciones, no hay milagros; el primer trabajo de un autor es horrible, inmaduro y te dará pena admitir que es tuyo más adelante."
– "Eso no es muy reconfortante, hermana." – Dijo su melliza. – "Vas a deprimir a Yuuko y ni siquiera ha empezado."
– "Miia, ¿recuerdas esos horribles bocetos que yo hacía, cuando no estaba ocupada con crear esos monótonos planos arquitectónicos?" – Preguntó la menor de las gemelas. – "Habrán sido aceptables ante nuestros juveniles ojos, pero en el mundo profesional o incluso en las ligas amateur, 'aceptable' es un sinónimo de rechazado. Y eso es lo que sucedió con el primer intento de doujin que intenté publicar; nadie lo quería y vendió peor que un shampoo para calvos."
– "Pero ahora eres mucho más reconocida." – Dijo Honda, ahora arrullando a Haruhiko. – "Tu manga, 'Archer's Forbidden Love', vendió suficientes copias para desbancar a otros títulos con mayor trayectoria comercial. Incluso le hicieron una adaptación animada."
– "Una efímera pero gratificante recompensa por mi esfuerzo. Cuando inicié, aquello parecía un sueño sumamente inverosímil." – Sonrió Steno, nostálgica. – "Aún recuerdo cuando me alegré como nunca al recibir mi primera carta física de mi aparentemente único fan. Era corta, breve, apenas una felicitación y sus buenos deseos de que continuara; pero para mí era mejor que una misiva proveniente del mismísimo emperador. Aún la conservo, como el verdadero tesoro que es. Yo sólo era una inmigrante que salió de una aldea desértica y que trabajó incansablemente para seguir su ingenuo sueño; y entonces, me volví una diminuta, minúscula y solitaria estrella para alguien más."
– "Inspirador." – Opiné, asintiendo con la cabeza. – "Me recuerda a cuando estaba nerviosa por haber decidido unirme a MON. Iba caminando por la calle y, una pequeña empusa, que no me conocía y viceversa, me saludó. No hubo palabras, únicamente ese fugaz intercambio de gestos amistosos; suficiente para recordarme las razones verdaderas por las cuales luchamos."
– "Te entiendo a la perfección." – Steno abrazó a su hija y besó su cabecita. – "Todas tenemos un motivo para nunca rendirnos. Orgullo, familia, amigos, etcétera; son el combustible verdadero detrás de nuestra voluntad. Incluso cuando la adversidad se cierna, como un ominoso dragón escupe-fuego protegiendo un inexpugnable castillo, hay que continuar hacia adelante. Y aún ahora, cuando pareciera que he logrado la fama, sigo sintiéndome tan insegura como el primer día."
– "¿En verdad?" – Cuestionó Yuuko. – "Yo creo que vas perfectamente, amiga."
– "Toda gloria es efímera, es ley de la vida." – Afirmó Sprins. – "Especialmente en el mundo tan cruel y volátil como el del manga comercial."
Soltando a su retoño, la lamia se incorporó y colocando sus manos detrás de ella, se dio la vuelta y observó el solitario ventilador de techo color ocre que proseguía en su juego de revoluciones por minutos sin cesar.
– "Hay días en los que siento que pierdo toda la voluntad para tomar un lápiz y comenzar los trazos de mi próximo trabajo." – Relató la ofidia. – "Un día te despiertas y aunque la migraña del día anterior, que te impedía concentrarte, ya ha desaparecido, las ganas de levantar las manos y dibujar un línea se han esfumado junto con esta. Piensas que necesitas distraerte y lo haces; das un paseo, ves algún programa para relajarte, cualquier cosa que, crees, te despejará la mente. Pero entonces, esa chispa, ese impulso que tanto nos hacía movernos como cuando estábamos llenos de ilusión, se mantiene ausente. Y cuando nos damos cuenta, recorremos el ciclo de trescientos sesenta grados y regresamos a la misma trampa inicial. Un ejercicio de solemne inopia.
¿Sabes qué es lo peor? Ver que la competencia logra más que tú con la mitad del esfuerzo.
Tuve suerte con mi primer éxito. Podemos alegar que fue fruto de mi ardua labor, de esa incansable perseverancia de trasnochar y continuar ilustrando aunque los ojos se me resecaran, la cabeza me palpitara por el sueño y la muñeca amenazara con desarrollar túnel carpiano. Y si bien, todo eso es verídico, gran parte de mi triunfo se deriva de haber llegado en el momento correcto, cuando hubo un ligero resurgimiento del romance ambientado al final de la era Tokugawa. Lazan una película exitosa en las salas cinematográficas y, ¡boom!, aparezco yo con un manga que trata exactamente del tema de moda. Victoria asegurada. Y la fama, aunque modesta, es simplemente apoteósica. Pasas de una desconocida que salió de la arena a ser considerada celebridad, genio, artista…
Inspiración.
Sentí nostalgia. Me consideraban niña prodigio en Lamnius y ahora también en tierras niponas. Aquello fue como alimentar a mi hoguera con turbosina, haciéndola arder de pasión y una energía incontenible. Archer's Forbidden Love obtuvo tantos volúmenes que parecía no tener fin. Hasta que lo tuvo, porque la historia simplemente ya no daba para más. Los protagonistas formalizan su relación, los amigos y conocidos con quienes compartieron gratos momentos también reciben su retribución, los enemigos yacen derrotados y la aventura termina de idílica forma. ¿Trillado? Por supuesto, ¿pero qué cosa es la vida sino repetición constante?
Repetición.
'¡Produce otra obra maestra! ¡Recrea tu éxito!'. Tus superiores insisten, la empresa lo demanda, el capitalismo lo exige. Esto es un negocio, y si no estás produciendo, no eres útil. El problema, es cómo. Fuentes de inspiración hay en todos lados, así como historias que surjan de una talentosa mente joven y viva, como decían mis admiradores. Pero, cuando das tu mejor material y te empeñas en este hasta concluirlo, lo que siga será obligatoriamente comparado con el anterior. Lo peor, estaba exhausta. Pasé días, meses, más de un año esculpiendo minuciosa y delicadamente esa aventura. Lo di todo, ofrecí mi mejor disparo.
Y no me detuve.
Mis energías se mermaban con el paso del tiempo, pero yo volvía a arremeter, apoyada por la esporádica iluminación creativa que hacen surgir más ideas y mejorar tu relato. Fue cansado, sin duda, pero siempre me divertí al volver esa nívea hoja frente a mí en un vivo y armonioso panel dibujado. Repetí el proceso infinidad de veces hasta que por fin agregué la última repasada de tinta, marcando la conclusión de mi saga más laureada. Ese último volumen se vendió como pan caliente y fue, gracias al cielo, bien recibido. Estaba satisfecha conmigo misma. Y nuestros contadores también.
Repetición.
Había que empezar de nuevo, volver a meter al genio en su lámpara y desearle que el sueño suceda por segunda ocasión. Más fácil decirlo que hacerlo. Yo quise concentrarme en proyectos pequeños, sencillos, como entremés mientras conjeturaba el siguiente parteaguas gráfico que seguiría elevando mi prestigio y el de la empresa hasta las nubes. Sólo necesitaba tiempo, unas vacaciones, recargar pilas y regresar a la batalla del papel, tinta y largas noches desvelándose con café.
Mis superiores dijeron no.
El tiempo es ahora, los negocios se hacen en el acto, y la era del Bakumatsu ha pasado de moda. Mis viejas ideas, que tanto gustaron al inicio, ya no servirían, requería algo novedoso, impresionante, sin precedentes. Y que obtuviera resultados, preferentemente monetarios. Yo estaba seca. Ninguno de mis proyectos contemplaba escalas tan grandes, no después de haber finalizado en menos de un mes mi magnum opus.
Ahí entró la basura.
En un irónico giro, aparecieron nuevos artistas con los conceptos que los altos mandos estaban buscando. Cualquiera pensaría que eran más de esos genios con nociones radicales, que sacudirían el mercado con sus revolucionarios designios. Y yo los apoyaba, porque conocía más que bien la sensación de que el futuro te brille en la cara y tus ambiciones estén al alcance de la mano. Todos merecen una oportunidad en esta vida, todos merecen triunfar.
Excepto la basura.
Estos 'talentosos' dizque-artistas no tenían ideas frescas, ni visiones innovadoras; sólo se limitaron a imitar la misma porquería que hemos tragado una y otra vez desde que a alguien se le ocurrió plasmar un relato en un medio tangible. ¿Cuál es el cliché del que más se ha abusado en el medio? ¿Es posible seguir explotando algo tan trillado? Por supuesto, incluso yo lo hice. Un par de guerreros encontrando el amor en el campo de batalla es tan genérico que yo me sorprendí que en verdad hubiera funcionado. Y siendo sincera, no tengo nada contra el reutilizar (noten la repetición) aquellos tropos hasta la saciedad, siempre y cuando presenten ese algo que los diferencia del resto.
Yo, aunque mi concepto era, sinceramente, excesivamente común, evité caer en las trampas del conformismo y crear refritos de arquetipos usados ad nauseam. Me esforcé por exhibir giros a las tramas convencionales, pequeños detalles en las personalidades de los personajes, lo suficientemente sui generis para hacerlos únicos, pero no tanto que alienaran al público. El perfecto balance, algo que hasta ahora no he podido lograr al cien por ciento, era una presa muy fugaz y sabía eludirme con maestría, pero en ocasiones lograba hacerme con esta. Ellos no.
Y me refiero en plural porque no eran uno, ni dos, sino muchos. Demasiados.
No quiero sonar pretenciosa, no deseo presentarme como un parangón de originalidad ni sabiduría artística, porque no lo soy. Sólo soy una dibujante más que quiso un poco de reconocimiento y lo obtuvo por un breve intervalo en su vida, y que todavía seguía persiguiendo a tan escurridizo objetivo. Pertenezco a la misma materia grupal que conformamos este medio tan variopinto, no soy única, no soy especial. Eso lo sé muy bien.
Pero ellos, eran terribles.
Lo anterior no es envidia, aunque no negaré que la cultivé por mucho tiempo, sino una honesta opinión respecto a sus trabajos. ¿Tienen idea de cuál fue la obra que rompió records de ventas y se posicionó como el barco insignia de la empresa? ¿La gran leyenda del manga juvenil? 'Mi casero, mi amor'. En serio, suena a una pésima broma satírica. Pero no lo era, para nada. La trama es sobre un idiota suertudo que acaba con nada menos que dieciséis atractivas mujeres. Bastante original, ¿cierto? No tengo nada en contra de los harenes, proviniendo de una cultura donde aquello era imperativo. Sería hipócrita de mi parte descalificar una obra ajena debido a la premisa. Pero, como dije, mi desdén por tal trabajo es causa de su pésima ejecución.
Y es que, como muchas otras que le siguieron, no aportaba absolutamente nada nuevo. Protagonista masculino con nula personalidad que se topa en indecentes enredos con las habitantes de una posada para mujeres y logra ganarse su corazón. Y los pedazos de carne del sexo femenino (me rehúso a llamarlas personajes) no eran mejor. La típica chica básica que odia al joven y se vuelve la principal candidata a su pareja, la tsundere que lo ama en el fondo, la que sólo quiere divertirse, la pequeña loli tierna, la de los grandes atributos, moral dudosa y principal fuente de fanservice. Podría seguir, pero ya saben el resto. Es extremadamente genérico, pero con el tratamiento adecuado, puede volverse algo único, como yo intenté y logré hacerlo.
Ellos no.
Cada página, cada tomo, cada maldito volumen, era un desfile infinito de un estereotipo tras otro. No había cambio, ni desarrollo alguno que justificara leer tan insulsas páginas cada mes. Era repetirse (nuevamente la palabra) una y otra vez en las mismas situaciones para avanzar a la trama. ¡Ja! ¿Cuál trama? La historia, si se le pudiera llamar así, era una mera excusa para mostrar mujeres en paños menores y demás incidentes que hasta el más neófito de los consumidores calificaría de trillados. He visto películas para adultos con mejores guiones.
Pero de alguna manera, funcionó.
Eso era lo más insultante. Los resultados no se hicieron esperar y en la primera semana, se convirtió en best seller implícito, formalizando el título al mes. Y debido a que crear capítulos no requería de mucho, estos se produjeron a vertiginosa velocidad, logrando el número suficiente para ser adaptados en un medio animado. Correcto, aquel producto tan insípido y predecible era la nueva sensación, al igual que muchos otros con exactamente la misma premisa. Me pareció inesperado, pero todavía no era injusto. Es más, creyendo que podría contribuir y elevar la calidad, ofrecí mi ayuda a aquellos autores, pues de nuestras ideas podrían brotar verdaderas innovaciones.
Ellos dijeron no.
Irónico. Cuando se presentaron para trabajar para nosotros, con solamente un portafolio roído y su trémula alma al descubierto, hubieran dicho lo contrario. Pero ahora que habían probado la fama, mostraron su verdadero ser y su mano solicitando caridad se volvió un puño cerrado decorado con un extendido dedo medio. Ellos insultaban al arte con su chatarra, yo batallaba por evitar el despido, respaldándome únicamente con mi gloria pasada. La vida es injusta.
Y el colmo es que en realidad no podía reclamar. Al final de cuentas, era entretenimiento que cumplía perfectamente su función de hacer pasar un rato agradable al consumidor. ¿Quién rayos soy yo para dictar lo que la gente disfruta? Sería insultarme a mi misma y mi trabajo; reprochar el concepto que me atrajo en primer lugar a ese mundo. Todos merecemos distracciones, pasatiempos para liberarnos del hastío de la vida diaria. No hay pecado alguno en disfrutar de una inocua literatura (o manga) humorística entre sesiones de Shakespeare; en una producción de Michael Bay después de la trilogía post-guerra de Roberto Rosellini; en escuchar el Top 10 de la radio antes de Mozart. Necesitamos de golosinas de vez en cuando.
El problema es cuando volvemos esos adictivos caramelos en nuestra dieta principal. Nuestros estándares bajan y llenamos las caries culturales con más vacua estupidez. Y ellos se estaban aprovechando de eso, disfrazando tan desechables productos de grandiosos manjares. Furiosa por tan (según mi opinión) inmerecido ascenso y tremendo escupitajo al arte, confronté a uno de ellos cara a cara y, en un muy vergonzoso arranque de furia, exigí saber por qué continuaba infectando el mercado con su estiércol literario y ganando el terreno que pertenecía a los artistas reales. 'Es lo que el público quiere…' fue lo que este respondió.
Tenía razón.
Ahí comprendí que estaba creando una tormenta en un vaso de agua y dirigiendo mi ira hacia los individuos equivocados. Abrí los ojos y finalmente observé la gran mentira que siempre estuvo frente a mí todo este tiempo. Ellos, a quienes despreciaba por su supuesta falta de originalidad, a quienes imprequé mil y una vituperaciones en secreto, hundiéndome en las arenas movedizas del resquemor, eran actualmente las víctimas de los auténticos culpables:
Los propios lectores.
Por supuesto; debí saberlo, debí aceptarlo. Preferí buscar chivos expiatorios en lugar de reconocer que el mundo no funcionaba como lo imaginaba dentro de mi idealizada visión de este. Tales desechos son populares porque son fáciles de digerir, de consumir y no requiere esfuerzo alguno. Son frituras visuales sazonadas con una sobredosis de erotismo, bromas absurdas y la apelación a la generación actual, tan desmedidamente embelesada con aquellos postres vacíos, para ocultar su terrible sabor. La chatarra que se empaca en un llamativo empaque consistente en atractivas mujeres en trajes de baño, imágenes explotables y la promesa comercial de una experiencia inigualable, por mucho que sea de consciencia general que aquello no es más que vacías farfullas.
La basura vende.
Tan incómoda verdad no puede negarse. El público no quiere sumergirse en tramas complicadas, exige la acción en la cara desde el primer párrafo. No desea perder el tiempo con el desarrollo gradual de personajes, sino burdos arquetipos que llenen los nichos necesarios para que la fantasía de marcha. Adiós a los conflictos internos y al estudio de las significativas interacciones convencionales, hola al chiste barato y pornografía autocensurada apelando al denominador más común para resanar los huecos argumentales. No buscan protagonistas humanizados que tomen las riendas de su destino y deuteragonistas que complementen las faltas de este, sino vacíos self-inserts que satisfagan las fantasías de autocomplacencia. Y si aquello incluye múltiples marionetas de agraciados cuerpos con poco cerebro y una exacerbada concupiscencia que puedan ser recreadas en plástico y vendidas en masa, mucho mejor.
Era duro, pero así es el mundo. Y dado que el dinero es quien dicta a esta industria tan hambrienta del papel moneda, como todo negocio, no hay necesidad de cambiar tan lucrativo plan. Confieso que casi me deprimo, mis ganas de seguir dejando mi huella fueron mermadas por tan duro golpe de realidad. ¿Qué caso tenía ir contra la corriente, que al final terminará arrastrándonos y consumiéndonos si deseamos permanecer en donde estamos? Sería más fácil volverse parte de la gran farsa y disfrutar de cómo los números en las cuentas se mantienen en el lado positivo.
Hasta que me recordaron que el esfuerzo valía la pena.
Como al principio, fue otra carta. Una admiradora; se llamaba Eiko, muy joven y que se unió en los últimos episodios de mi saga anterior. Contrastando con su escasa edad, su misiva era tan larga que tuvo que dividirla en dos; tanto por elegir un tamaño de letra algo grande como la extensión del mensaje. En este, me agradecía por haberle brindado horas de entretenimiento cuando más lo necesitaba, lo mucho que se identificaba con los protagonistas y cómo sus ideales le inspiraban más que varias obras de auténticos profesionales, porque, según sus honestas palabras, se sentían más sinceras que las trabajadas prosas de los autores famosos. Y que deseaba seguir mis pasos.
Incluso, y esto nunca lo olvidaré, me envió un dibujo adjunto de lo que, declaró, sería su primera obra. Era muy sencilla, amateur, nada estrafalario y hasta, perdonen la palabra, genérico. Pero, el entusiasmo estaba ahí. La chispa que alguna vez surgió dentro de mi persona estaba palpitando detrás de tan simples trazos en el ligeramente manchado papel donde Eiko se decantó por plasmar con todo su corazón. No me avergüenza confesar que derramé una solitaria lágrima por tan deíficas muestras de apoyo. Había perdido fe en la industria y en mí misma, incluso pensando en abandonar mi honor por el dinero fácil del entretenimiento masificado híper-consumista.
Ella lo evitó. Esa pequeña de doce logró guiar mi tren a punto de descarrilarse de nuevo al camino correcto. Comprendí entonces, que el verdadero triunfo no está en la cifras de ventas, ganancias netas o adaptaciones animadas; sino en cautivar a aquellos que, aunque pocos, aportan mucho a nuestra moral. Esos héroes que nos rescatan cada vez que leen lo que tanto nos esmeramos por concebir, que nos agradecen por el continuo esfuerzo de nuestra creatividad y que, cuando la fortuna es bondadosa, dejan una huella profunda en sus corazones.
Esos fieles seguidores son nuestra razón de seguir intentarlo, porque nuestro propio orgullo no es suficiente para mantener la máquina andando. No me rendiré; seguiré enarbolando mi bandera con mi cuerpo firme sobre la tierra. Por los que creen en mí y nunca me abandonan, esperando ansiosamente mi próxima entrega que les esgrimirá una sonrisa en sus labios. Su esperanza merece ser recompensada, así como yo me veo gratificada por su existencia. Serán los que perpetúen el mito de mis creaciones. Cuando la basura sea descartada y olvidada, mi trabajo seguirá de pie, porque, si es tan bueno como se alega, entonces nunca perecerá. Después de todo, vale la pena luchar por ellos.
Al final, he triunfado, y nadie puede negarlo."
Steno, más que exhausta por tan extensísimo monólogo, tomó un trago de su bebida sabor a frutas y exhaló después de refrescar su garganta. Todas, incluyendo a su hija, habíamos descubierto que nos mantuvimos quietas en todo el tiempo que ella se purgaba verbalmente de sus propios demonios. No necesitó disculparse por tan elocuente diatriba, porque entendíamos y apoyábamos totalmente su discurso. Era la verdad absoluta, como lo he comprobado infinidad de veces. El éxito real se halla en lo que inspiramos a las personas a nuestro alrededor y que, a pesar del paso del imparable tiempo, nunca es erosionado de sus almas. Y ya lo he hecho, por tan intrascendental que pareciera en el gran orden de las cosas y el sempiterno curso de la vida. Desde ese punto, puedo decir que también he ganado.
Y siempre estaré agradecida con quienes lo hicieron posible.
– "¡La comida está lista!"
Todos volteamos en la dirección. Anunciándolo al sonar una áurea campanita, Mio indicó que las vituallas que ella y su grupo de expertos maestros de las artes cisorias ya estaban a nuestra disposición. Había pasado más de una hora y el trabajo grupal logró dar resultados veloces. Con un sonoro chasquido de dedos, ordenó a sus afanosos artesanos gastronómicos que cargaran con sus maravillas comestibles en sus manos y se formaran. Prestamente, cada uno de los integrantes empezó a desfilar al tiempo que todos los invitados se reunían, con sus estómagos emitiendo el veredicto positivo respecto a las viandas que se paseaban ante sus ojos.
Con ordenanza casi marcial, los cocineros se posicionaron frente al resto, mostrando una muestra de la selección culinaria que aguardaba por ser consumida. Lo más curioso, es que cada platillo representaba perfectamente a quien se encargó de su supervisión. La festejada no contaba con uno, porque los susurros indiscretos que le dio a su pareja revelaron que el "bufet" principal se lo daría en la noche. Nos alegramos que las niñas no captaran tan bochornosa declaración, aunque Suu sonrió maliciosamente y su probóscide se meneó juguetonamente. Yo sé que esa limo es la verdadera poseedora de la mente cochambrosa de la residencia Kurusu, pero sabe ocultarlo muy bien tras esa carita inocente.
Mi Lala, como esperaba, se decantó por los manjares de su natal Irlanda y presentó su clásico cottage pie, decorando el centro de la dorada corteza de patatas con una llamativa banderita irlandesa hecha de guisantes, papitas molidas y zanahorias, aunque el olor no era el típico de tal alimento, evidenciando que aguardaba una sorpresa al probarlo. Tradicional, hogareño, y aún así misterioso; aquellas tres palabras describían perfectamente a mi talentosa segadora. Asintiendo con la cabeza, me dejó a entender que era de mi propiedad y, agradeciendo con una reverencia la exclusividad, tomé la bandeja plástica donde residía y esperé a que los demás terminaran para empezar a degustar.
Su amiga, Sanae, preparó yemista helénica; que eran pimientos y tomates rellenos de carne de cerdo (picada, no molida) aderezados con, sal, paprika y queso derretido. La lámpades ya había mostrado su decantación por las amarilidáceas, así que no nos sorprendió ver que también los acompañó de ambarinas rajitas de cebollas fritas. Ofreció su creación a quien deseara y fue ahí cuando todos los que conocíamos los hábitos alimenticios de Dyne la volteamos a ver.
Nikos adoraba los pimientos rellenos, incluso plasmándose como su sobrenombre. No es necesario decir que la ninfa enmudeció al instante cuando la empusa, haciendo su sonrisa jactanciosa por su victoria anterior, tomó en sus quitinosas manos verdes la bandeja. La mantis nunca dejaba escapar una oportunidad para seguir demostrando su superioridad ante Paromia, aunque fuera por tan vanas razones. Y al final, ambas son de la misma tierra mediterránea, así que podría verse como una ofrenda involuntaria de paz.
El siguiente fue Kimihito, representando al espíritu japonés destacando entre tantos platillos occidentales. Siendo tan trabajólico y habilidoso, optó por un auténtico banquete que incluía toda clase de recetas del país del sol naciente que cargaba en dos bandejas. Desde sopas ramen, oden, tonkatsu (para los carnívoros), ensalada pelirroja (para los herbívoros), hiyayakko y kare raisu; el festín era un caleidoscopio de la gastronomía nipona, con seis platos diseñados para satisfacer el paladar de sus amadas inquilinas, que no dudaron en hacerse con su preferido y agradecerle con besos en la mejilla. Por supuesto, Smith no salió con esa tontería de las leyes. Después de todo, su experimento de crear lazos profundos entre las especies estaba desarrollándose como ella esperaba.
Y aún continuaba embelesada con sus trescientos mil, así que ni atención le prestó.
Amanda, la amable vaquita francófona y revelada experta en cocina gala, presentó una ensalada niçoise, mejor conocida como nizarda. Mientras admirábamos la diversidad de ingredientes que conformaban el platillo, como pepinos, cebollas moradas, atún, alcaparras, tomatitos miniatura y huevos duros; la minotauro relataba que aquel era el primer platillo que aprendió a preparar en su tierra natal y le traía gratos recuerdos de su niñez. Fue una ternura verla hablar de su patria y familia, demostrándome que al igual que yo, estamos lejos de casa y siempre la extrañaremos. El mundo es en verdad una esfera muy pequeña, volví a pnesar. Casi instintivamente, Roberto dio un paso adelante al terminar el discurso de la bovina, dándose cuenta que había actuado por descuido, sonrojándose. Su compañera rió por el entusiasmo de su hospedador y se lo ofreció con una gran sonrisa. Este, complacido, lo tomó.
Por último, pero no menos importante, llegó el turno de mi adorada Cetania. Me hubiera encantado decir que ella realizó un rimbombante despliegue de su herencia americana y nos maravilló con algo hecho en la tierra de la libertad. También me encantaría decir que se declaró paz mundial, Alemania se volvió el país más poderoso, me saqué la lotería y al día siguiente contraje matrimonio con la emplumada y la dullahan; pero la vida es una cruel artista que pinta el cuadro de nuestra existencia con su paleta de crueldad, que posee todos los tonos necesarios para torturarnos. Y ahora, el horrible color de la carne quemada había manchado los buenos intentos culinarios de la pajarita.
– "Ya que yo únicamente me encargaba de cortar ingredientes y pasarlos, sentí que debía cocinar algo también. Esto fue lo único que pude crear antes que el resto acabara." – Dijo tímidamente la falconiforme, con la cabeza baja. – "Se supone que era lomo de ternera estilo Kansas, con salsa barbecue, pero me distraje y lo dejé arder. Lo siento."
– "Está bien, linda, fue sólo un pequeño descuido." – Intenté reconfortarla. – "Yo me la quedaré, ¿vale?"
– "Las reglas de estos ejemplos son sólo uno por persona, descendiente de Arachne." – Mencionó la peliblanca. – "Son los dictámenes directos de la boca de la festejada y su palabra es irrevocable."
– "Spatzi, no seas así, por favor."
– "Me temo que Lala tiene razón, Aria." – Habló Aizawa. – "Aunque tampoco es que esto sea imperativo. Estas únicamente son muestras. Hay más variedad en la cocina."
– "Yo la tomo, entonces." – Fue Mei la que se ofreció. – "Claro, si no ven inconveniente."
– "No es necesario que te sacrifiques, amiga." – Replicó la halcón, disintiendo con la cabeza. – "Mejor me como mi propia infamia. Suficiente daño le hemos hecho los americanos al mundo como para seguir torturándolo."
– "Descuida, Cetania. Con lo mal que cocinaba el tío Hiraku sus pescados, esto luce como el alimento del Valhalla." – Sonrió la reptil. – "Además, me encanta la carne."
– "Vale. Thanks, Mei."
– "Não há de quê."
De esa forma, se distribuyeron el resto de los platos y nos sentamos a degustarlos en diferentes lugares. Algunos lo hicieron en la cocina, y las chicas de mayor tamaño optaron por el espacio en la sala. Por suerte, había suficientes mesas para acomodar la considerable cantidad de viandas que Mio y compañía lograron confeccionar. Pasamos por una diversa y vasta galaxia de sabores, olores y culturas en el transcurso de lo que nos llevó satisfacer a nuestros recargados estómagos, impulsados por la excelente sapidez de los alimentos. Después de consentir a mi paladar con la gastronomía del Éire (con relleno sorpresa de carne a la alemana), la gentil Amanda se propuso a cambiar mi negativa opinión sobre su patria y me ofreció una tartiflette, que es básicamente un pastel de patata con queso reblochón y tocino; muy parecido al cottage pie de mi segadora, pero con toque galo.
– "Adelante, Aria, sé que te gustará." – Afirmó la minotauro. – "Bon appétit."
– "Danke, Amanda. Luce y huele delicioso." – Agradecí. – "Aunque no sé si puedas superar la maestría de mi azulita."
– "No lo hice para competir con tu novia, compañera; aunque sí para recordarte que Francia no es tan mala como afirmas." – Sonrió maliciosamente. – "Y demostrar su superioridad sobre los platillos germanos."
– "Con que esas tenemos, ¿cierto, vaquita?" – Le seguí el juego e inserté la cuchara. – "Sehr gut, me gusta cuando el contrincante se confía demasiado. Es propenso a cometer más errores."
– "Nunca subestimes la perspicacia de la Résistance, arañita. Los derrotamos en las dos guerras, y esta vez no será la excepción."
– "La tercera es la vencida." – Probé bocado. Mis seis ojos se abrieron. – "Scheisse…"
– "¿Es ese peyorativo bueno o malo?"
– "La cuarta será la definitiva." – Suspiré, aceptando su victoria. – "Vale, tenías razón, amiga. Está genial."
– "Merci beaucoup." – Hizo una reverencia. – "Entonces, ¿ya piensas mejor de nosotros?"
– "Un poquito." – Enfaticé con mis dedos. – "Pero de seguir así, pronto me verás cantando la Marsellesa."
Reímos y ella prosiguió sirviendo al resto de los invitados, encargándose de repartir su vino francés en las copas de quienes lo solicitaban. Cetania, aún apenada por su chasco en la cocina y tener que ver a la pobre Silica sufrir silentemente con cada mordida que le daba a su carne quemada, se decantó por esparcir la bebida Lesbia que la mantis había proveído. Smith era la mayor consumidora de tal brebaje alcohólico, al igual de Zombina, Doppel y Ekaterina, esta última posiblemente tratando todavía de olvidar de ese besucón incidente con la coordinadora. Espero no tener que atisbar de nuevo a Kuroko compartiendo un ósculo con otra cambiaformas; es demasiado terror concentrado como para resultar intacta. ¿Quizás ese es el verdadero castigo del Abismo?
La irlandesa se sentó a mi lado izquierdo, degustando alitas de pollo neoyorquinas estilo Buffalo. La rapaz, ya de mejor humor, se acomodó a mi derecha a deglutir su coddle; carne de cerdo con tocino, salchicha y vegetales. Fue la castaña quien mencionó que aquel inusual intercambio cultural culinario era una pequeña oferta de paz entre ambas, en agradecimiento por todo el trabajo que las dos realizaron para asegurar que la celebración siguiera siendo un éxito. Otorgándoles un tierno beso en sus mejillas, dejamos por un momento las usuales riñas para charlar sobre su segunda odisea al ir de compras. No necesito mencionar que disfruté de aquella tranquilidad.
La tarde estaba sobre Asaka y Helios bañaba el cielo con sus ambarinos rayos, dándole a las nubes un aspecto áureo-azulado. Con el vino y demás bebidas adicionales de etílica índole que la fuerza cocinera expedicionaria se encargó de conseguir en su viaje, el ambiente se tornaba algo más animado, por no decir que las risas que el brebaje desinhibía evidenciaban que las libaciones a Dionisio ya habían hecho su efecto en algunos individuos. La americana había tomado un poco, pero en cantidades mínimas. La peliblanca no parecía tener interés en el alcohol, igual que yo.
Con el elixir derivado de la fermentación de las uvas europeas ya habiéndose asentado en los sistemas de los invitados, se decidió que era momento de algún juego grupal para bajar la comida. Ahí, fue Rachnera quien sugirió (maliciosamente) una sesión de 'Verdad o Reto'. Hubo algunas oposiciones de parte de las más tímidas (o serias, como Nikos), pero la mayoría estaba de acuerdo. Sentí un pequeño pellizco en el corazón al recordar que eso lo practicaban varias chicas en el colegio, pero nunca me invitaban. Quizás esa ausencia de experimentar tan potencialmente embarazoso entretenimiento fue la que me motivó a apoyar la moción de mi congénere, al igual que varios más. Incluso Mei, ya recobrada de su parálisis temporal por carne quemada, deseaba participar.
– "¿Qué hay de los niños?" – Cuestionó entendiblemente Meroune. – "No me parece que sea prudente recrearse de esa manera en sus influenciables presencias."
– "Ah, no se preocupen, que están absortos con el Mayro Kratt 64." – Informó Aiur, regresando junto con Draco. – "Deberían angustiarse porque desarrollen animadversión los caparazones de quelonios y cáscaras de banana, o a que se vuelvan a adictos a la velocidad excesiva."
– "Bueno, creo que está decidido." – Opinó Yuuko. – "Pero, ¿cómo lo jugaremos?"
– "La clásica botella." – Doppel mostró el recipiente vacío del vino Lesbio, agitándolo. – "Dos vueltas: Una para designar al que pregunta, y la otra a su víctima."
– "Que ninguno de los retos involucre terceros, incluyendo comunicación telefónica." – Habló Cerea. – "No hay que incordiar a los ajenos con esta reunión privada."
– "Debemos otorgar un permiso de exoneración." – Acordó Miia. – "En caso que no se desee contestar o realizar el castigo."
– "Suena razonable. Y si el que gira, termina apuntándose a sí mismo, deberá responder una cuestión sin oportunidad de excusarse." – Añadió Sanae. – "¿Qué clase preguntas o retos no deberíamos permitir?"
– "Las muy delicadas. Una cosa es confesar un pequeño pecado, otra abrir viejas heridas." – Acotó Manako. Cómo aceptó a esto, nunca lo sabremos. – "Sería mejor también prescindir de las de carácter demasiado subido de tono."
– "Oh, vamos, Manacchi. Esas son precisamente las mejores." – Protestó Zombina. – "Además, no es que intentes ocultarnos nada, ¿o sí?"
– "¡C-claro que no!"
– "Aún así, asegurémonos de no excedernos." – Dijo Steno. - "Hay que divertirnos, no sofocarse."
– "Los que deseen ser eximidos de este juego, que hablen ahora o callen para siempre." – Promulgó Rachnera. Nadie pronunció palabra. – "Eso me gusta."
– "Amanda, ¿estás segura de participar?" – Preguntó Roberto a la minotauro. – "Si quieres, puedes entretenerte junto a los pequeñines."
– "Estaré bien, Robie. Puedo soportarlo." – Rió tenuemente la bovina. – "Ya soy una niña grande."
– "Pero, ¿en verdad?"
– "Por supuesto."
– "¿No se te olvidará? Recuerda que tienes algo de amne-"
– "Roberto García de la Madrid..."
– "Ay, mamá; mi nombre completo…"
– "¿Acaso estás insinuando que soy incapaz de tomar mis propias decisiones sin tu ayuda?" – La francesa se cruzó de brazos. – "¿Te has proclamado mi dueño, con alevosa soberbia?"
– "¡Eso, vaquita! ¡Hic! ¡Recuérdale quién es la que tiene los ovarios bien puestos!" – Exclamó Smith, roja de ebriedad y alzando su copa. – "¡Hic! ¡No te dejes mangonear por el patriarcado opresor!"
– "¡Vale, vale, ya entendí!" – Se disculpó el mexicano. – "Perdón, solamente estaba preocupado."
– "Nos aseguraremos que sea un evento ameno, señor García." – Aseguró Tionishia. – "Además, recuerde que MON siempre está vigilando que no se sobrepase el límite de privacidad establecido. Confíe en nosotras."
– "¿Sabes, lagartijita? No estás tan fea… ¡Hic!" – Hipó Kuroko, tomando a Silica de los hombros. – "¿Qué te…? ¡Hic!... ¿Qué te parece si vamos bajo la escalerita para que nadie nos vea?"
– "O eso creo…" – La ogresa sonrió, sosteniendo a su capitana. – "Venga por aquí, Jefita. Recuerde que eso está prohibido por la ley."
– "¡Suéltame grandulona! ¡Hic! ¡Yo soy la ley aquí!"
Ignorando las vituperaciones de la coordinadora, hicimos a un lado los muebles para poder formar un círculo. Nos alternamos los lugares, para que fueran lo más imparciales. Lala terminó frente a mí y Cetania a la izquierda del grupo, con Aiur y Sanae justo mis lados. Ekaterina y Mei acabaron junto a Smith, deseando poder desaparecer cada vez que ella cabeceaba en su dirección. Admito que fue gracioso que Manako terminara viéndose aún más diminuta entre las imponentes Tio y Amanda. Dada nuestras diferencias físicas, el círculo era muy grande y sería incómodo moverse a cada momento para hace girar la botella del centro, así que se decidió que Doppel actuaría como árbitro y operaría el cristalino recipiente con su largo cabello, aunque también sería participante. Entregándoles a todos una galleta, que sería su carta de amnistía y comerían en caso de optar por no aceptar el reto o la pregunta, el juego dio inicio.
– "¡Aquí viene lo bueno, jóvenes!"
Con esa exclamación, la alférez cambiaformas dio un empujón al cuello de nuestro rudimentario sistema de elección al azar hecho de verde vidrio, girando este sobre su propio eje, moviéndose ligeramente a la derecha por la imperceptible desigualdad del suelo, desacelerando paulatinamente al tiempo que todos formulaban que clase de desafío impondrían en su potencial objetivo en caso de tener la oportunidad. Yo tenía más que preparadas las hazañas que les haría realizar a la dullahan y a la rapaz cuando Tique me sonriera. Aunque aquello debería esperar, porque la primera escogida fue Miia. Con ella señalada, la doppelgänger repitió la acción anterior, esta vez la tensión elevándose al desconocer quién quedaría a merced de la ofidia.
– "Sugiero que se prohíban los besos." – Habló la hermana de nuestra lamia. – "Así evitamos tensiones innecesarias y demás conflictos."
– "¡Ay, Steno, si serás malvada!" – Protestó su gemela. – "¡Sabes que eso iba a pedirle a mi Cariño!"
– "Lo siento, Miia, pero precisamente por eso es necesario. Imagina que obliguemos a alguien que no lo desea y se ha gastado su galleta. Sería demasiado incómodo."
– "¿Incluso entre parejas?" – Pregunté. – "Dudo que a Spatzi o Süsse les moleste que yo les muestre cariño."
– "Hay que ser imparciales, Aria. Y sinceramente, besar a un ser amado no es reto." – Aseguró la ofidia. – "¿Qué opinas, Mio?"
– "Es mejor prevenir que lamentar." – Asintió la susodicha. – "Disculpen, pero creo que será mejor así."
Hubo sonidos generalizados de decepción, yo incluida, pero comprendimos que era necesario. Es decir, si bien me perdía la divina oportunidad de ordenar a mis novias que compartieran un sensual intercambio de saliva entre ambas y satisfacer mis fantasías más profundas, también estaba a salvo de que alguien les ordenaran lo mismo a ellas, o a mí. Digo, podrían dictarme que le propinara un ósculo a la capitana y entonces yo terminaría imitando a Saadia al saltar de la estación de policía. Pero dejándonos de funestos pensamientos sobre abyectos contactos bucales con la humana, fue precisamente a la coordinadora quien la botella acabó eligiendo como la subordinada temporal de la poiquiloterma.
– "Hmm… ¿Qué le preguntaré?…" – Caviló la pelirroja. – "¡Ah, lo tengo! ¡Agente!"
– "¿Quién?" – Smith, saliendo de un ligero sueño, se miró extrañada. – "¿Yo?"
– "¡Sí, usted! ¿Recuerda que una vez confesó que elegir a mi Cariño como mi hospedador se debió a un error?"
– "¿Yo dije eso?"
– "Así es. Bueno, quisiera saber quién hubiera sido la liminal que se le hubiera asignado a él, de no haber tal confusión."
– "Uhm… Espera un momento, la cabeza me da vueltas." – Replicó la líder de MON, evitando perder el balance. – "Uhm… ¡Ah, claro! Tú ibas a ser inquilina del demente de Sarver."
– "Oh, ya veo." – La serpiente se pausó. – "¡Espere, ¿qué?!"
– "¡¿Eso significa que Rachel iba a ser la huésped del señor Kimihito?!" – Cuestionó Ekaterina, igual de estupefacta. – "¡¿Cómo es posible?!"
– "Culpen a sus nombres. ¡Hic!" – Kuroko ahogó un eructo. – "Digo, Sarver se llama Karurosu mientras Cariño-kun se apellida Kurusu. Es fácil confundirse cuando una tiene prisa y está ocupada hasta las narices. Pero al final todas terminaron felices, ¿no?"
– "Eso no puedo negarlo." – Sonrió la sierpe. – "Creo que debo agradecerle, agente."
– "Es un placer."
– "Aunque admito que hubiera sido interesante convivir con Miia en lugar de Irina." – Mencionó la cambiaformas. – "Tendríamos conversaciones más inteligentes que con esa ponzoñosa."
– "¡Jóoodete Ekaaa!" – Oímos a alguien gritar en la lejanía.
– "Insólitas revelaciones, y faltan más por venir. Hora del round número dos." – Avisó Doppel. – "¿Qué oscuro secreto será develado ahora?"
La botella giró de nuevo, bailando libremente contra reloj al no hallarse en piso alguno que mermara su rotación. La que daría la orden ahora sería Meroune. En la consecuente elección, fue el turno de Rachnera. Que afortunada, pensé, la sirena, aunque propensa a perderse en sus fantasías fatalistas, era la más educada de la residencia y jamás se atrevería a ofender a la arachne; especialmente que ahora son copartícipes. Todos aguardamos lo que tendría preparado para su amiga.
– "¿Rachnee-sama?" – Habló la ojizarca de rosados cabellos.
– "¿Sí, socia del alma?"
– "La reto a que nos enseñe su sostén."
Si ella no estuviera a tres chicas de distancia, hubiera jurado que Lorelei era actualmente alguna de las doppelgängers disfrazada. Los de la familia estábamos acostumbrados a los pensamientos extraños que la acuática solía declamar, pero ninguno de ellos incluía un despliegue descarado de exhibicionismo. Incluso Arachnera, quien ya nos había enseñado sus atributos con anterioridad, con o sin ropa, se extrañó de tan inusitada petición. La princesa afirmó con la cabeza, aseverando que hablaba en serio y la tejedora suspiró, meneando la cabeza.
Y también sonriendo con complicidad.
Sin dilación, tomó su nívea blusa y la alzó para dejar al descubierto un brassier de encaje de ardiente color rojo pasión, el cual no se molestaba en ocultar la redondez de sus bellos senos. Pero más grandes que las glándulas mamarias de la araña, eran los ojos de todos los presentes, amenazando con salirse de sus cuencas craneales si continuaban creciendo de manera tan desmedida. La cíclope se tapó su único ojo, Tio se llevó la mano a la boca, Dyne sacó la lengua del disgusto y Amanda, roja como tomate, tenía su mano y hasta cola sobre los globos oculares de su casero, para evidente decepción del mexicano.
Por el otro lado, la falconiforme dio un pulgar arriba, al igual que Sanae y Draco. Zombina se echó a reír y no sabíamos si Mei estaba conteniendo una hemorragia nasal o si impedía devolver su comida. El resto se debatía entre desviar la mirada o soportar el bochorno. Yo no negaba que le quedaba perfectamente, pero tampoco me sentía muy cómoda con mi congénere enseñándolas. Volvió a taparse y una muy satisfecha Mero asintió cortésmente para indicar que estaba complacida.
– "Rachnee-sama y yo iniciamos nuestro negocio particular, donde ofreceremos al público prendas íntimas tan onerosamente fabricadas como la que acaban de admirar." – La sirena habló con tono relajado, pero sin perder ese toque empresarial. – "Aún no hemos empezado formalmente, pero les aseguro que tendremos nuestros primeros encargos listos en muy poco tiempo."
– "Ofrecemos precios bajos para nuestros mejores amigos." – Continuó la tejedora. – "Desde sostenes y bragas hasta trajes especiales para los más fetichistas. Y lo creamos perfectamente personalizados para el mayor disfrute de sus usuarios y de quienes deseen despertar sus pasiones con ellos."
– "¡Dame diez!" – Sanae alzó la mano. – "¡A Ingegärd le quedarían perfectos!"
– "Uhm…" – Yuuko alzó tímidamente la mano. – "Quizás…"
– "Le hemos regalado un conjunto de nuestros mejores modelos tanto a su pareja como a usted, Honda-san." – Replicó Lorelei a la pregunta implícita de la casera. – "Podrán comprobarlo cuando revisen sus obsequios."
– "Uhm… Gracias."
– "¡Puras calenturientas en esta fiesta! ¡Hic! ¡Ni que estuvieran tan buenas!" – Imprecó la coordinadora, sosteniéndose de una incómoda Mei. – "¡Yo quiero uno también! ¡Hic! ¡Les enseñaré como los viste una verdadera supermodelo!"
– "Jefa, por favor, cálmese." – Le rogó Manako. – "Doppel-san, ¿podrías continuar, si no es molestia?"
La Abismal contuvo la risa y comenzó con la tercera ronda. Roberto primero, la empusa después. Subteniente mediterránea contra su contraparte latina. ¿Quién probará ser mejor combatiente en esta guerra de fruslerías y humillación?
– "Hmm…" – El latino pensó unos segundos. – "Mio, ¿tenemos picantes?"
– "Gran variedad de pimientos." – Afirmó Aizawa. – "¿Necesitabas alguno en particular, Roberto?"
– "Habanero. Todos."
– "¡Sacrebleu!" – La minotauro se sobresaltó. – "¡Robie, no seas cruel con la grillita!"
– "Molon labe." – Contestó la helénica, confiada. – "He sobrevivido peores cosas."
– "Esa es la actitud, subteniente Nikos." – Sonrió García. – "Mio, ¿nos haría el favor?"
– "Vuelvo enseguida." – Se detuvo un momento. – "Eres valiente, Dyne. Fue un gusto conocerte."
La dueña del restaurant se retiro por unos momentos a la cocina mientras los ex-suboficiales no se quitaban la mirada retadora de encima. La festejada regresó con un plato conteniendo diez variopintos ejemplares de capiscum chinense, mejor conocido como chile habanero; ejemplar popular en la cocina mexicana por su intenso picor, tanto al entrar… como al salir. No lo digo yo, lo decía una arachne proveniente de tal nación en el colegio de Weidmann. Entendiendo que debía hacer, la griega tomó el primero y sin perder el tiempo, acercó el picante en su boca, deteniéndose a centímetros de esta.
– "Masticados, no tragados."
Así ordeno García; y así obedeció la mediterránea. Uno por uno, los pimientos rojos, verdes y amarillos fueron desapareciendo al ser triturados por los molares de la nativa de Mitilene. La pelinegra se mantuvo insólitamente estoica durante su calvario de capsaicina concentrada. Eso sí, las lágrimas que recorrían su mejilla desde el primer mordisco no podían ocultarse. Acabando ella con el décimo, tan rojo como su rostro enchilado, la griega retomó su pose solemne. El soldado, genuinamente impresionado, admitió con un aplauso que pronto se volvió grupal, que la empusa había pasado la prueba con todos los honores. La triunfante mantis, celebrando otra laureada conquista para las tierras helénicas, se dejó caer de espaldas en el suelo, sin hacer gesto o movimiento alguno.
Victoria pírrica.
Luego de que Centorea y la americana se aseguraran de aplicar sus conocimientos de medicina (pocos, pero mejores que los del resto) con la paralizada Dyne, el juego siguió su curso con una integrante menos. Apenas habíamos entrado al cuarto círculo y ya debíamos abandonar toda esperanza. Aiur obtuvo el papel de la mandamás y yo el de su fiel lacaya. Bien, por un lado, es una prima arácnida y eso ayudará que congenie lo suficiente para elegir algo relativamente seguro. Y por el otro, nuestras especies estuvieron en guerra desde el inicio de los tiempos y puede, aunque no estoy segura, que parte de ese desdén haya quedado inconscientemente grabado en sus neuronas y ahora, con todo ese poder en sus quitinosas extremidades, pueda salir a flote.
Arachne mía, protégeme de toda escórpida.
– "A ver, Jaegerjaquez…" – Habló la serket.
– "Jaëgersturm." – Corregí.
– "Eso. Dime, con toda sinceridad…" – Sonrió maliciosamente. – "Aparte de la azulosa y la emplumada; ¿con cuál de las presentes saldrías en una cita y cuál sería la razón?"
¡Demonios, Arachne celestial! ¡¿Por qué me abandonas?!
– "¿Es necesario, alancrancita?" – Cuestioné. – "Es decir; ¿estás consciente de que mis novias están presentes?"
– "Oye, aceptaste el desafío, arañita. ¿Puedes combatir terroristas, pero no contestar esa interrogante?" – Dijo con sarcasmo. – "Ahí tienes a tu galletita salvadora, ¿deseas morderla, cazadora?"
– "Pero…"
– "Sólo una mordida y saldrás viva, heroína…" – Enfatizó con sus pinzas. – "No más bochorno, no más vergüenza, no más Aiur…"
– "Pero…"
– "Está bien, te entiendo. Es algo que hasta una agente de élite no podría soportar." – Alegó, encogiendo los hombros. – "¿No sería fantástico vivir en un universo donde no existieran esta clase de preocupaciones? ¿Un mundo feliz donde las reconfortantes vacaciones estuvieran al alcance de una pastilla… O galleta? Ahh… el soma es tan placentero…"
– "Pero…"
– "Oh, la gloriosa Germania, reducida a cenizas después del último conflicto por no atender el llamado de la patria. Qué horror, qué tragedia, ¡qué decepción!"
– "¡Bien, si eso quieres, eso tendrás! ¡Saldría con Zombina, ¿de acuerdo?!" – Exclamé, aporreando un puño en el piso. – "¡Porque es fantástica, asombrosa, valiente y compartimos los mismos gustos! ¡Somos como almas gemelas! ¡Y hasta la besaría al final del encuentro, porque me encantaría saborear sus sensuales labios! ¡¿Ya estás contenta, venenosa?!"
– "Aiur wins." – Declaró la quitinosa de bruna cabellera, sonriendo jactanciosamente. – "Flawless victory."
Ay, mamá araña… Ya lo confesé. Caí redondita.
– "Eres despiadada, Aiur." – Comentó Draco, estupefacta. – "Hasta Erin se asustaría de tu excesiva maldad."
– "Joder…" – Silbó la muerta viviente, anonadada. – "Entonces era verdad. Le gusto a la araña."
– "B-bueno, honestamente no es de sorprenderse mucho, Bina-san." – Dijo Manako, nerviosa. – "Era obvio que la conexión entre tú y Aria-san es muy fuerte. Aunque no pensé que tanto."
– "Tal vez ella ha asociado el concepto de compañerismo con los mismos sentimientos que experimenta por Cetania." – Añadió Tionishia. – "Esto resulta en una cohesión más intensa y, por ende, una mayor sensación de camaradería. No se ha cohibido por los rangos y desea demostrarle su aprecio de la manera más honesta. Es en cierto modo, es la encapsulación más sincera de la devoción hacia su equipo y el compromiso para con este."
– "Nah, sólo es una lesbiana degenerada empedernida y sin remedio." – Expresó Dyne, ya recuperada. – "Lo sé, más de lo que quisiera."
– "Yo creo que es algo tierno." – Manifestó Mei. – "Claro, quizás inesperado y profesionalmente riesgoso; pero no podemos estar en contra del amor, ¿cierto?"
– "Da igual lo que signifique. Patas largas acaba de soltar toda la sopa." – Terció Doppel, torciendo la boca. – "Lo peor, Saadia ganó la apuesta."
– "¡Carajo, Jaëgersturm! ¡Tenías que ser tú, como siempre!" – Vociferó Smith, arrojando sus gafas al suelo. – "¡Le aposté cincuenta mil a esa maldita matasanos que no lo dirías! ¡Pero tenías que joderme, ¿verdad?! ¡¿No puedes dejar de ser tan lame-almejas un solo momento de tu maldita vida?!"
Esto no puede ser peor…
– "¡Condenada araña traicionera! ¡Lo volviste a hacer!" – Gritó la rapaz. – "¡Primero tus armas, luego la mantis y ahora hasta con muertas! ¡¿Qué acaso tu depravada ambición no tiene fin?!"
Yo y mi bocota…
– "¡Gaaack! ¡C-Cetania!" – Intenté protestar. – "¡N-no puedo respirar!"
– "¡No shit, Sherlock! ¡What a fuckin' genius!" – Imprecó en su lengua natal al tiempo que trituraba mi tráquea. – "¡Hoy sí no tendré piedad contigo, rata de ocho patas! ¡Pérfida garrapata necrófila, te dejaré igual de muerta para que disfrutes como te gusta, desgraciada!"
– "Suficiente, vástago de Electra. Prometeo debe ser liberado del tormento de su alado martirio en este instante." – Lala zafó mi cuello de las manos de la arpía, a quien empujó hacia atrás. – "Retírate."
– "¡Argh, no me interrumpas, pitufo! ¡O usaré tu cabezota como pelota de beisbol!"
– "No." – Le gruñó la Abismal. – "Retírate."
– "Ah, danke schön, Spatzi." – Inhalé tremenda bocanada de hermoso aire. – "Eres mi deífica salvador-¡AAACK!"
– "Así que finalmente has mostrado tus verdaderas intenciones, descendiente de Arachne." – Expresó la furiosa segadora, ahorcándome con una sola mano. – "Tus codiciosos deseos de adjudicarte a la hija de Hécate y a la de Taumas no son suficientes para ti, y ahora anhelas a un cadáver andante para satisfacer tus insaciables perversiones de la carne. Ya me es imposible tolerar tus avances con esa peste alada… ¡¿Y ahora también debo preocuparme por una occisa revivida?!"
– "¡L-Lala! ¡Me estás matando!"
– "Esa es la intenci-¡Oh!"
– "¡Maldita novata marimacha, ya te llevó el diablo! ¡Ahora sí te mostraré que las historias sobre mí eran ciertas!" – Injurió repentinamente Kuroko desde atrás, asfixiándome con una soga que habrá sacado de quién sabe dónde. – "¡Cincuenta mil! ¡Perdí cincuenta mil yenes por tu culpa! ¡Devuélvemel-Hey!"
– "¡Trágate esto, Potato! ¡Toma, toma!" – La empusa comenzó a golpearme la cabeza con una bandeja metálica para comida. – "¡Maldita patata; mi vida sólo es problemas desde que te conozco! ¡Ya muérete!"
– "¡Ay, Dyne, para, para! ¡Ay!" – Quise cubrirme, en vano. – "¡¿Y ahora por qué me pegas?!"
– "¡Porque hay que aprovechar la oportunidad! ¡Este maldito chile me está quemando la boca y debo liberar este ardor!" – Exclamó, descaradamente. – "¡Y porque te odio, Jaëgersturm! ¡Te odio!"
– "¡Nikos, deja un poco para mí!" – Dijo la falconiforme. – "¡Apriétale los ojos y yo la estrangulo!"
– "¡El alma de esta mortal me pertenece!" – Declaró la dullahan, invocando su guadaña. – "¡Apártense y contemplen el juicio del Caos Eterno recaer sobre esta miserable criatura de intrascendental existencia!"
– "¡Ay, mamá araña!" – Grité con el exiguo oxígeno en mis pulmones. – "¡Ayudaaa!"
Pero nadie acudió en mi rescate. No podía respirar, y el ataque cuádruple era tan intenso que me resultaba imposible recurrir a mis filotráqueas abdominales. No recuerdo lo que sucedió en esa vorágine de vesánica rabia e ignominiosa venganza; o más bien, trato de no hacerlo, porque aún valoro mi cordura. Sólo puedo decir que ser arrastrada por cuatro iracundas mujeres y ver al mundo tornarse oscuro, rojo y blanco por la anoxia y los constantes golpes al tiempo que las vituperaciones hacia una misma crean una monstruosa cacofonía que horrísonamente retumba sin cesar en los conductos auditivos, sin piedad ni pausa, es una experiencia demasiado horripilante para ser descrita con otra palabra que no sea el sufrimiento mismo. Eso y una jaqueca que no me abandonará el resto del día.
Debí comer esa maldita galleta.
Regresé. O mejor dicho, me cargaron y me dejaron caer al suelo, como un costal de papas. Ignoro por qué seguía participando, estando casi muerta. Mientras yo tiritaba en el piso como chinche esquizofrénica, quejándome afásicamente por el intenso escozor corporal, la botella hacía su tremebunda ronda de víctimas para el siguiente sacrificio. Cada vuelta era descender un nivel más profundo del infierno que ni Dante podría concebir. Cuando el mefistofélico envase terminó sus dos vueltas de la condena, fue Steno que quedó a merced total de Miia. No pensé que el mal pudiera manifestarse nuevamente, después de recibir yo tremenda paliza, pero la mayor de las Sprins lanzó una carcajada que haría temblar al mismísimo Satán y su séquito de demonios en el Cocito. Oh, Arachne, ten piedad de la serpiente.
– "Hazlo, hermanita. Vamos…" – Dijo Miia, con sonrisa de psicópata. – "Haz ese baile dizque-sensual que inventaste; el que practicabas de noche en el cuarto, cuando creías que nadie te veía. Excepto yo..."
La lamia se tallaba las manos ansiosamente. Ignoraba que clase que danza es a la que se refería pero era obvio que le resultaría demasiado vergonzosa a su gemela. La lengua bífida de la mayor de las mellizas producía el seseante sonido característico de las sierpes, en anticipación a la humillación de su consanguínea. Fue en ese momento cuando me alegré de ser hija única y no tener una malvada hermana mayor que me tratara peor de lo que a la que la vida ya me tenía acostumbrada. El tiempo pasaba y Miia aumentaba los decibeles de su horripilante carcajada, al igual que sus tics nerviosos junto a sus esporádicos espasmos corporales. Tal vez ella no fuera Quetzalcóatl, la serpiente azteca emplumada, pero igualmente exigía sacrificio en sangre.
Steno comió su galleta.
– "¡Kshaaa! ¡Eres una tramposa, hermana!" – Apostrofó Miia, agitando su cola con ira. – "¡No se vale, repítelo! ¡Esa salvación comestible no debería ser admitida!"
– "Reglas son reglas, gritona." – Respondió la melliza, limpiándose elegantemente la boca con una servilleta. – "Y fuiste tú quien sugirió tal idea en primer lugar, tonta."
– "¡Aaargh!"
Haciendo caso omiso a los anatemas verbales que seguía profiriendo la rabiosa ofidia contra su familiar, la doppelgänger hizo otra ronda de abuso, humillación, decepción y sufrimiento. Debería culpar a Rachnera por sugerir tan diabólico juego, pero parte de mí deseaba seguir atestiguando el monstruo (lo que somos, actualmente) que muchos se guardaban en el interior. En esta ocasión, Draco le daría órdenes a la mismísima Doppel. Los ojos de la dragonewt brillaron al saber que tendría oportunidad de preguntar u ordenar lo que sea una liminal con capacidades polimórficas infinitas. Aiur la observaba de soslayo, vigilando silentemente a su amiga rubia, sin ocultar muy bien sus celos.
– "Agente…" – Habló la dracónida, titubeando un poco. – "V-verá…"
– "¿En quién quieres que me transforme?" – Interrogó la hija del Caos Reptante, jugando despreocupadamente con su cabello. – "¿Alguien de los presentes o a quien admiras en secreto?"
– "¿Cómo lo…?"
– "El manzano da manzanas, poiquiloterma. Soy una cambiaformas, imitar es mi trabajo."
– "Bueno, si no es molestia…" – La ruborizada escamosa tomó su celular y se lo mostró a la Abismal. – "En ella. En traje de baño. Y que baile sensualmente."
– "Ya veo. ¿Qué tan revelador será el atuendo?"
– "Uhm…" – La dragona se sonrojó como fresita. – "Que deje poco a la imaginación."
– "Correcto. ¿Rasurada o al natural?"
– "¡¿E-e-eso a qué viene?!"
– "Para mayor precisión y disfrute. Entonces, ¿lisa o con pelos?"
– "¡¿C-cómo voy a saberlo?!"
– "Con matorral será entonces." – Doppel rió mientras se colocaba en el centro del círculo. – "¡Están advertidos si sufren de problemas cardiacos o embarazos prematuros! ¡Mantengan las manos dentro del vehículo y fuera de sus entrepiernas en todo momento! ¡Se recomienda discreción!"
Con tan desternillante (para ella) declaración, la alférez se rodeó a sí misma con su platinado cabello, creando una especie de remolino envolvente que la engulló por completo y luego, en un instante, mutó ante nuestros azorados ojos. Creció de tamaño, tornando su cabello en morado-azul y con escamas de verde intenso que cubrían una atlética y voluptuosa figura, sin contar ese minúsculo bikini amarillo de una pieza que formaba un triángulo desde su entrepierna, bifurcándose al estar a la altura del pecho y mostrando más carne de la que una esperaría.
Cumpliendo con lo prometido, la nueva forma adquirida por la doppelgänger resguardaba una feminidad con el vello intacto, apenas siendo resguardado por el delgado traje de baño, que amenazaba con liberar lo inefable en cualquier momento. Si Rachnera causó paros cardiacos al enseñarnos sus prendas íntimas, la cambiaformas nos derretiría el cerebro al instante por tan desvergonzada exhibición de erotismo, rayando en entretenimiento exclusivo para adultos. No sé qué era lo que más me preocupaba; El hecho que estuviéramos en peligro de que alguna de las niñas apareciera y la traumáramos de por vida, o la sorpresa de que, de todas las criaturas de sangre fría que habitan este vasto planeta, Draco eligiera precisamente a esa loca y vesánica wyvern que ha intentado matarnos más de una vez.
Lo peor, comenzaba a parecerme atractiva.
Agitando esos enormes pechos, rebotando como globos de agua; moviendo ese bien formado trasero, haciendo brincar a esos carnosos glúteos y desafiando las leyes de censura no escritas, Doppel nos ofrecía un espectáculo por el que generalmente deberíamos de pagar una cuantiosa suma mientras soportábamos estridente música, humo de cigarro, olor a alcohol y gemidos guturales del insaciable público arrojando billetes al aire. Ignoro de donde aprendió tan sugestivos movimientos, pero había que admitir que la Abismal sabía menearse de la manera más provocativa posible. Obtuvimos una vista completa y casi sin restricciones de la wyvern, que seguramente nos mataría a todos si supiera lo que no podíamos dejar de admirar, absortos.
Bueno, al menos iría al infierno después de una pequeña mirada al cielo.
Draco, por su parte, no podría lucir más feliz, como evidenciaba esa cara tan roja como la hemorragia nasal que no se molestó en ocultar. Las presentes con preferencias por compañía femenina, como una servidora, tampoco disimulamos nuestro deleite visual. Incluso Lala, volteando hacia el otro lado, observaba con interés en ocasiones. Me alegro de que a las mujeres no se nos note la excitación a primera vista como a los hombres. Los pobres de Kimihito y Roberto hacían un titánico esfuerzo para que sus cuerpos no les traicionaran. Y estoy segura, que al igual que yo, deberán desahogarse de alguna manera en privado. Mio carraspeó sonoramente, indicando que el (nada desagradable) espectáculo debería cesar de inmediato, mandato obedecido por Doppel en el acto.
– "¿Era esa la famosa Erin?" – Preguntó Cetania, saliendo del trance. – "¿La misma Erin que ha tratado de arrancarnos la cabeza infinidad de ocasiones?"
– "Eso creo…" – Respondió la dragonewt, aún ensimismada. – "Es… única, ¿cierto?"
– "Creo… creo…" – Tartamudeó Mei, embobada. – "Creo que ya no soy virgen."
– "Robie…" – Habló Amanda a su casero. – "¿Por qué estás tan quieto y encorvado hacia adelante?"
– "Ejercicios de espalda." – Replicó mecánicamente el soldado, sudando como en un baño sauna. – "Mantenerla recta es saludable para la espina dorsal."
– "Ahora entiendo cómo es que ese de Geber la soporta." – Mencionó Kuroko. – "No puedo culparlo."
– "Esto debo probarlo con Karu." – Rió Ekaterina. – "Aunque creo que debería quedar entre nosotros."
– "Sin duda." – Opinó Sanae. – "Un dragón iracundo es demasiado dolor. Créeme, lo he vivido."
– "Y pensé que yo era atrevida. Pero mis seis ojos están bien satisfechos." – Opinó Rachnera, complacida. – "Uhm… ¿Pasamos a la siguiente ronda?"
– "Por supuesto." – Yuuko sacudió su cabeza. – "Erm… Sería mejor no repetir algo así. Por nuestro bien físico y mental. ¿Vale?"
Todos asintieron. Siguiente giro de botella y el verde contenedor eligió a Kimihito para que ordenara a Manako. Debo confesar que me preocupé un poco por la cíclope; no porque Kurusu le obligara a algo vergonzoso, siendo una buena persona, sino porque, a pesar de haber dejado varios malos hábitos atrás, las pretendientes del muchacho la miraban con algo de sospecha. Los celos son un axioma del género femenino, me cuesta admitir. La temblorosa chica de cabellos púrpura aguardó nerviosa mientras el pelinegro formulaba algo para ella.
– "¿Manako-san?"
– "¿Eh? ¿S-sí, Kurusu-san?"
– "Si pudieras ser alguno de nosotros, ya sea temporal o para siempre, ¿a quién elegirías y por qué?"
– "Oh, bueno…"
– "Tómate tu tiempo, Manakin. No hay prisa…"
– "Gracias, Kurusu-san. Bien…"
Una pregunta bastante inofensiva y actualmente interesante, lo cual es preocupante, porque significa que la normalidad hace mucho que dejó de ser común entre nosotros. La francotiradora pensó por un momento, usando su gran ojo para observar a todos los presentes antes de dictar su veredicto.
– "En realidad, no sabría decirlo. Cada persona tiene tantas virtudes que yo quisiera para mí." – Contestó la cíclope, viendo al suelo, ruborizada. – "Por ejemplo, me gustaría ser tan osada y valiente como Bina-san, Roberto-san o Aria-san. Poseer la fuerza, tanto física como mental de Tio-san y Dyne-san. La perspicacia de Cetania-san, tan aguda como la de Doppel-san. El talento de Lala-san, Sanae-san y Mio-san, o usted mismo, para crear viandas tan exquisitas. O simplemente, la capacidad de liderazgo de Smith-san, que siempre me motiva a darlo todo. Y yo simplemente soy una francotiradora."
Ella alzó la mirada.
– "Pero, por el otro lado, si yo ocupara su lugar, ¿acaso sería tan buena como cualquiera de ustedes? Es decir, sería la de siempre, pero con una apariencia distinta… Y los verdaderos individuos no existirían, al menos, como los conozco y aprecio." – Expresó. – "No tengo derecho a quitarles ese lugar, a reemplazarlos, porque son invaluables. Dirán que también tengo virtudes, como mi compasión y maestría en las armas de precisión, lo cual reconozco con humildad; pero, es la combinación de tan variadas personalidades lo que nos hace ser quienes somos. Mi contestación es: Si pudiera ser alguien, sería yo misma, porque es lo correcto; para crecer, para aprender, para demostrar mi plusvalía. No puedo transformarme en alguien más para hacerlo.
Al final, yo soy Manako, y quiero seguir siéndolo. Siempre."
No hablamos, estábamos tanto halagados como conmovidos por tan honesto discurso. La alférez tenía razón, sólo podemos existir como nosotros mismos, y debemos asumir esa responsabilidad. Debo decir que cuando apenas me uní al grupo, a veces yo deseaba volverme precisamente como Zoe, a quien admiro (y sigo haciendo), pero era un deseo de transformarme en una copia idéntica, prácticamente sustituirla… Porque me sentía demasiado inferior para poder emular tanta grandiosidad. Pero, si algo me enseñó ese duro entrenamiento y el apoyo de mis compañeras, es que puedo lograrlo. No requiero de suplantar a un ejemplo, por puedo aprender de él y ser tan bueno como este. Nunca seré como Zombina, no exactamente igual; pero puedo ser yo misma, quien es capaz de enfrentarse a los mismos retos que ella y salir victoriosa. Lo seré. Seré la laureada heroína, la fuerte guerrera, la apreciada hermana, la estimada inquilina, la amada novia.
Seré Aria Jaëgersturm.
– "¡Aww, Manacchi! ¡Eres tan buena!" – Expresó Tionishia, a su lado, abrazándola. – "¡También te queremos mucho!"
– "No merecemos a alguien como ella." – Dijo la zombi, sonriendo.
– "Nadie podría merecerla." – Añadió Doppel.
– "Demasiado pura para este mundo." – Acotó Dyne.
– "Hay que conservarla." – Afirmó Mei.
– "Ni reemplazarla. Eso las incluye a ustedes, novatas. No las cambiaría por nada." – Mencionó Smith, limpiándose discretamente una lágrima. – "Bueno, a la arachne sí, pero ahora no hay reemplazos disponibles."
– "¡Hey!" – Protesté.
– "Gracias, Manako-san. Concuerdo contigo." – Sonrió Kimihito. – "¿Desean seguir jugando?"
– "Claro, esto se pone cada vez mejor." – Aseguró Mio. – "Doppel, ¿nos haría el honor?"
– "Ojalá la próxima sea menos melosa." – Rió la aludida, girando la botella. – "Preparen sus traseros."
El envase de transparente cristal verde y etiqueta dorsal que lo marca como auténtico producto de los viñedos de helénica tierra prosiguió su indiscriminada rotación, seleccionando imparcialmente a esclavizador y esclavo, cruel jugarreta que nos sigue sorprendiendo con momentos de escozor y algarabía por igual, gracias al actuar de sus participantes. Desgracias y alegrías que parecen al azar, pero son provocadas por las personas; es la perfecta descripción lacónica de la vida misma. La primera fue Amanda, de ahí, volví a ser escogida como sacrificio. No desconfiaba de la minotauro, pero tragué saliva por si ella mostraba algún lado oscuro que hubiera decidido salir como respuesta a mis anteriores comentarios despectivos hacia su gala patria. Vamos, vaquita de la bondad, no me maltrates más de lo que ya estoy.
– "¿Aria?" – Habló ella.
– "¿S-sí?" – Di un pequeño sobresalto al oírla.
– "Bien, sonará extraño que haga esta cuestión, especialmente conociendo tus preferencias, pero la curiosidad es mucha." – Aclaró la francesa. – "Si llegaras a tener una hija, ya seas tú o tu pareja, ¿cómo la llamarías y por qué elegirías tal nombre?"
– "Oh… Esa sí que no me la esperaba."
– "Espero no te incomode. Quería hacérsela a alguna de las otras chicas, pero no sé si me vuelva a tocar."
– "Tranquila, está bien. Actualmente, te agradezco por preguntar algo normal." – Suspiré. – "Bueno, creo que si, de alguna milagrosa manera, lograra procrear descendientes con alguna de mis damas; la llamaría…"
Lo anterior fue sólo para ganar tiempo. ¿Qué podría contestar? Soy mujer, Cetania y Lala también, la reproducción entre el mismo sexo está restringida a partenogénesis, y eso sólo en animales, no liminales. Sin embargo, eso no ha detenido mis pensamientos fantasiosos sobre lograr concebir una pequeñita que continúe el legado de los Jaëgersturm con cualquiera de mis chicas. Mi imaginación siempre se debatía en si resultaría en una niña híbrida, como una arachne con alas, o de piel azul y cabeza removible. La genética y demás son cosas que no comprendo del todo y si algo me han enseñado los Abismales, es que ellos no siguen regla mortal alguna. Todo es posible, nada es mentira; ahora comprendo su veracidad. Finalmente, como la victoriosa antorcha de la gran Niké, mi mente se encendió.
– "Eve…" – Contesté. – "La llamaría Eve."
Lala sonrió.
– "Eve. Qué bonito nombre." – Afirmó Amanda. – "¿Por qué lo has elegido?"
– "Fue alguien muy especial, para esa persona especial para mí. Y así, también sería especial para nosotras."
– "Comprendo." – Reverenció la minotauro. – "Muchas gracias, Aria. Ojalá se cumpla ese deseo."
– "Danke, Amanda." – Regresé el gesto. – "Yo también lo espero."
La dullahan se levantó de su lugar, dirigiéndose a mi posición y rodeándome con sus brazos para plantar un suave beso en mis labios, el cual acepté con ahínco. Ella sabía que no lo había dicho simplemente para generarle simpatía, porque nunca recurriría al recuerdo de su pequeña amiga para una táctica tan desleal. Sabía en su corazón que yo hablaba en serio, y al igual que yo, deseaba que tal sueño se hiciera realidad. Sería más que hermoso. Separándonos, nos vimos directo a los ojos, esbozando una gran sonrisa. Sus áureas ventanas del alma tenían la frase 'Te amo' impresa en ellas, así como los míos. Abrazada la irlandesa a mí, reposando plácidamente en mi regazo, yo acaricié su largo cabello platinado, besando su cabeza en ocasiones, disfrutando del calor de mi amada segadora.
– "Ustedes son unas melosas sentimentales sin remedio, ¿sabían?" – La americana disintió con la cabeza, pero sin dejar de sonreír. – "La pobre de su hija se hundiría en un mar de achuchones almibarados. La mía no, me aseguraría de que no saliera tan llorona como tú, flaca. En fin, ¿otra ronda más?"
– "Por supuesto." – Afirmó Aizawa. – "Espero la próxima nos quite lo empalagoso de estas tortolitas."
– "Ay, Mio, tú eres igual de meliflua cuando estamos a solas." – Reclamó Yuuko, dándole una palmadita en su brazo. – "Me dices osita, cubito de azúcar y demás apodos dulzones. Y no empecemos cuando estamos en la c-"
– "Doppel, gira esa cosa, si no es problema." – Interrumpió molesta una ruborizada Mio. – "¿Por favor?"
– "Más secretos por descubrir..." – Mencionó la aludida. – "Más armas para usar en su contra en el futuro."
Continuamos con la sesión por otra hora. Las preguntas y retos variaron, en algunos casos exigiendo detalles muy íntimos que fueron evitados por las galletas de la misericordia que los suertudos aún poseían. Mi mayor preocupación, que la pajarita o la peliblanca pasaran malos ratos, afortunadamente resultó ser infundada y sólo tuvieron que realizar actos sencillos, como balancear un huevo en su cabeza por un minuto (que la castaña logró superar) o usar la ropa interior de fuera (que la irlandesa evitó con su bizcocho salvador). Cuando escuchamos llorar al pequeño Haruhiko, que necesitaba un cambio de pañal, fue la señal para que el juego terminara. Aquella intervención también salvó a Kimihito, sin galleta, que revelara cuál de sus inquilinas sería la primera en volverse madre (de suceder), para decepción de las pretendientes.
Con las niñas habiendo tenido suficientes de videojuegos y uniéndosenos, la fiesta entró en una pequeña fase de baile, donde varias parejas aprovecharon para enseñar su destreza motriz al ritmo de los conocidos años setenta. La minotauro aceptó la invitación del mexicano para asistir a la pista central mientras Draco obtuvo valor para pedirle valsar una pieza a Miia, que accedió. A pesar de que yo danzo peor que un ajolote epiléptico, tuve que acompañar a Aiur para evitar que picara con su cola a ambas reptilianas debido a sus celos, recordándole que no perdiera los estribos. Zombina, Ekaterina y Sanae exhibían extravagantes movimientos que hubieran pasado por rituales diabólicos para cualquier testigo.
Manako hacía un bailecito tímido junto a la monumental Tio y la viva Mei, que insistían en animarla. Doppel se quedó a atender a Kuroko, que había entrado en estado vegetal por una reacción adversa del alcohol y la comida. Kurusu batallaba por salir vivo de la pelea encarnizada que se desarrolló entre su harén no declarado, reclamando cada una de sus integrantes su exclusividad. Dyne hace mucho que se encerró en el baño, dejando sus profundos lamentos como testamento de las dolorosas consecuencias que su osado consumo de picante le dejó. Mio y Yuuko parecían embelesadas al moverse al compás, encerradas en su mundo. Las pequeñitas disfrutaban sin problemas, creando la coreografía más mona que hayamos presenciado al girar sus brazos y menear sus caderas al unísono.
Yo, por mientras, tomaba una decisión crítica: Como evitar partirme a la mitad.
– "Ven, flaca. Hace mucho que no bailamos." – La estadounidense jalaba mi brazo derecho. – "Hagámoslo pegadito."
– "A chuisle, exijo que dediques tu tiempo hacia la dueña de tu alma para compartir tan personal pasatiempo." – La peliblanca hacía lo mismo con el izquierdo. – "Recreemos la noche de tu incólume retorno remembrando los místicos movimientos de nuestra apasionada noche bajo el manto nocturno de Selene."
– "¡Go away, smurfette! ¡Blondie is mine!"
– "¡Lig dom, peste alada! ¡La descendiente de Arachne me pertenece!"
– "¡Fuck off!"
– "¡Gabh transna ort fhéin!"
– "Ya no siento mis extremidades." – Me quejé, yendo de un lado a otro en el vaivén. – ""¿No podemos hacerlo las tres al mismo tiempo?"
– "¡No!" – Exclamaron al unísono.
Atrapada en un cliché tras otro, así es mi vida. Mi hospedador y yo cruzamos miradas, encogimos los hombros en comprensión y resignación, y volvimos a ser disputados entre las personas que nos hacen la existencia un infierno y paraíso a la vez. Finalmente, y gracias a que sigo en buenos términos con la diosa Tique, logré convencer a mis damiselas que alternáramos después de dos canciones, con la castaña ganando la primera ronda. Accediendo de mala gana, la dullahan se sentó de brazos cruzados y boca torcida mientras la alegre halcón me llevaba al centro de la pista. Tomándola de ambas alas, asentimos al mismo tiempo, lista para enseñarle a todos lo divinamente que danzan un par de agentes de élite enamoradas.
Y entonces, se fue la luz.
Demostrando que mi historia es más trillada que las que de tanto se quejaba Steno, media Asaka se vio atrapada en un repentino apagón y la música cesó tan pronto la energía eléctrica brilló por su ausencia. Afortunadamente no estuvimos solas al descubrir que realizábamos inspirados pasos sin melodía de fondo y pronto la inconformidad general debido a la falta de luz se hizo presente. Smith, de vuelta a la vida, no dilató en tomar su celular y llamar a las oficinas de policía centrales, donde le informaron que el incidente se debía a un desperfecto en las instalaciones de TEPCO, la compañía eléctrica encargada de suministrar a la región Kanto; y que tardarían alrededor de una hora para restablecer el servicio, con suerte. El astro rey todavía no se ocultaba, aunque su manto anaranjado se volvía cada vez más exiguo al tiempo que las sombras aumentaban de tamaño.
La dueña de la casa y su inquilina fueron a buscar velas por si las reparaciones se extendían hasta la noche y evitar que las niñas se sintieran inquietas por la oscuridad. Mio temió que la abrupta interrupción marcara la prematura conclusión del evento, pero, inesperadamente, Dyne se volvió la heroína del día al preguntar por el paradero del piano que Honda mantenía en la residencia. Eso encendió un foquito (je, buen chiste) en la cabeza de Yuuko y ella nos solicitó esperar mientras le pedía ayuda a Tio y Amanda que le ayudaran. Las tres se retiraron por unos momentos y pronto, regresaron con gran objeto que esgrimió una mueca de alegría genuina en el rostro de la impasible empusa.
Con ciento veintidós centímetros de altura y un ancho de ciento cuarenta y nueve, la ogresa y la minotauro dirigían un hermoso piano vertical en un bello acabado color negro ébano satinado. La hospedadora cargaba en manos un banquito del mismo tono, acolchado. Lentamente y con cuidado, las chicas empujaron el instrumento hacia el espacio que Honda les señaló, creando un pequeño chirrido en las ligeramente oxidadas rueditas de transporte. Ya en posición, la chica agradeció a sus ayudantes al tiempo que colocaba el taburete y, con una reverencia, invitaba a la mantis a tomar asiento. Acercándose, la pelinegra inclinó la cabeza en agradecimiento y ajustó ligeramente la altura del banco con la manivela del costado antes de acomodarse.
Nikos alzó una cubierta de bruna madera y reveló que esta protegía un hermoso teclado dicromático de fenol y acrílico; teclas que la griega ansiaba por despertar de su letargo. La mujer de Lesbos informó que se trataba de un Kawai K-300, nombre derivado del fundador de la compañía, Koichi Kawai. Flexionando los dedos de sus verdes manos humanoides cubiertas de quitina, tan articuladas como las de Rachnera, la helénica inhaló profundamente y, saboreando el momento, colocó su índice derecho sobre una de ellas. Vuelta a la vida, la nota 're' resonó en toda la sala, sin otros sonidos que obstruyeran admirarla en toda su gloria acústica. Ensimismada por la apoteósica sensación de reencontrarse con su talento, que hasta ese momento sólo habíamos escuchado que poseyera pero que ahora comenzaba a manifestarse ante nosotros, la mediterránea permitió al resto de sus dedos recorrer la totalidad de aquellos rectángulos musicales con entera libertad.
Do-re-mi-fa-sol-la-si-do; las notas altas y bajas, los andantes, los adaggios, los fortissimos, las sinfonías, los opus magnum, las leyendas. Todo ese universo de armoniosos sonidos y deíficas tonadas concentradas en tan sólo ochenta y ocho teclas; y ahora la nativa de Mitilene lo recorría a placer, deslizando sus diez prestos dedos por esos cuerpos geométricos en blanco y negro, invocando las melodías que inspiraron sueños, avivaron pasiones y desencadenaron lágrimas a quienes tuvieron la fortuna de escucharlas a lo largo de la historia. Piezas reconocibles por hasta el más neófito, como las obras de Chopin, Mozart y Bach, hasta algunas no tan arraigadas a la cultura popular que sólo unos escasos versados podrían recitar sin necesidad de investigar su identidad.
Debo confesarlo, Dyne nunca lució más grandiosa en su vida como ahora.
Luego de haber experimentado con diferentes piezas pequeñas del gran repertorio artístico disponible, como quien prueba diversos dulces para decidir por cual decantarse, la pelinegra se decidió por 'Bagatela número 25', mejor conocida como 'Für Elise (Para Elisa)' del célebre Ludwig van Beethoven. Tonada fácilmente identificable que ha sido usada en infinidad de no sólo compilaciones musicales, sino también de juguetes, comerciales, películas y cada medio que permita la reproducción de sonido existente. Y aún así, tan simple creación del compositor germano sigue deleitando los oídos con la misma pasión y magia como cuando este la plasmo por primera vez en papel. Y Nikos lograba revivir esa magia majestuosamente.
– "¿Alguna en particular que deseen?" – Preguntó la griega, al terminar la pieza. – "Me entrené con la música clásica, pero también conozco algunos contemporáneos, si es de su agrado."
– "Tchaikovski." – Replicó Paromia. – "Danza del Hada de Azúcar."
– "Mi menor, compás binario de dos cuartos." – Asintió la mantis, flexionando sus dedos. – "¿Tha chorépseis?"
– "Nai."
– "Katalavéno."
Acomodándose sus medias, la lámpades estiró su cuerpo entero, desde su espalda hasta sus piernas, mostrando gran flexibilidad. Luego de unos cuantos ejercicios de calentamiento más, tomó posición y asintió a la pianista que podía comenzar. La nativa de Mitilene prestamente principió con los cuatro compases iniciales al tiempo que la cocinera del Aizawa empezaba su interpretación del ultra-famosísimo ballet ruso, El Cascanueces, cuya música, compuesta por el compositor Piotr Tchaikovski, ha pasado a la inmortalidad desde que fue revelada al mundo en 1892. Sanae ahora continuaba ese legendario legado con su impoluta gracia de movimientos mientras se trasladaba en el círculo que implícitamente formamos alrededor de ella y la sargento de MOE.
Con la delicadeza de una nívea flor y la precisión de una profesional, la ninfa había pasado de una trabajadora en un restaurante a una danzarina consagrada. Su ropa era casual, no llevaba más maquillaje que no fuera el carmesí del pintalabios y su aliento era ligeramente etílico; sin embargo, nada de eso impedía que ella desempeñara el papel de prima ballerina assoluta inmaculadamente, girando, caminando de puntillas, realizando aquellos hipnotizantes movimientos de brazos que podían competir con la más avezada veterana del baile interpretativo. Acompañada del garbo que su compatriota de verdes facciones irradiaba con esa maestría de las teclas, el dúo mediterráneo mantuvo a su público embelesado, haciéndolo despertar en unánimes aplausos al concluir su demostración. La lámpades agradeció con una gallarda reverencia.
– "Prima ballerina del grupo Káto Kósmos, Sala de conciertos de Atenas, ocho años de edad." – Reveló Paromia. – "No poseo la gracia de ese entonces y estoy fuera de práctica, pero nunca olvidaré el entrenamiento de la profesora Triántē."
– "Impresionante." – Musitó Mio. – "Nunca me dijiste que fueras una profesional, Sanae. ¿Por qué lo dejaste, si eras tan buena?"
– "Oh, no, jefa, soy tan amateur como cualquier estudiante del colegio." – La aludida disintió con la cabeza. – "Y sinceramente, mis dedos comenzaron a matarme después de un tiempo y la dieta era tan rigurosa que preferí retirarme por la paz. Los comensales son menos exigentes."
– "Eso no quita el hecho que aquello fuera mayestático." – Opinó Lala, ofreciéndole la mano. – "Buen trabajo, compañera."
– "Efharistó, Azul." – Regresó el gesto. Volteó a ver a la empusa. – "Y te agradezco a ti también, grillita. ¿Celebramos con cebolla frita?"
– "No, sólo acepta mi superioridad y prosigue alabando mi talento." – Respondió la mantis, riendo tenuemente e improvisando una tonada. – "Señorita Aizawa, ¿gustaría elegir algo?"
– "Uhm, ¿Rondo alla Turca de Mozart?" – Sugirió la mencionada. – "¿Te acuerdas esa obra que hicimos en primaria, Yuuko? ¿Cuándo te pusiste ese traje de…? ¿Qué era, una jenízaro?"
– "Ni me lo recuerdes." – Honda tembló. – "El escenario se nos vino encima y a Annaka casi la mata un reflector. Y para colmo, nos reprobaron."
– "Pero fue divertido, debes admitir. En fin, ¿procedemos, Dyne?"
– "Sonata para piano número once en La mayor, segundo movimiento." – Asintió Nikos. – "Con gusto."
Las notas del allegretto escaparon del instrumento de teclas, haciendo que la festejada esbozara una sonrisa al momento que meneaba su cabeza bajo el veloz ritmo de tan apresurada tonada que hace alusión a las marchas de los turcos, populares en los tiempos del talentoso Wolfgang Amadeus. Me preguntaba si mi padre, admirador del compositor austriaco, también se hubiera unido al bailecillo improvisado entre Aizawa y su pareja, que ejecutaban al compás de la acelerada melodía. Acabada esta, aplausos para las danzantes y la intérprete resonaron en la sala. Pronto, la falta de electricidad dejó de importar y nos relajamos con el repertorio que la helénica nos tenía preparados.
– "Sargento." – Habló Kuroko, dándole un vaso con agua. – "¿Conoces a Bebu Silvetti?"
– "Por supuesto, Jerarca." – Respondió la griega, bebiendo. – "Gracias. ¿Cuál tonada le satisfará, capitana?"
– "Se llama simplemente 'Piano'. Nuestra música de graduación." – Smith rió un poco, nostálgica. – "Fue cuando recién terminamos el entrenamiento de MON, en el Área de Maniobras Este del Monte Fuji."
– "¿Como nosotras?"
– "Sí, pero el de ellas fue el completo. A ustedes todavía les falta terminarlo." – Aclaró. – "En todo caso, Emily Wilde, nuestra psicóloga, la tenía reproduciendo en la furgoneta durante el viaje entero a la base. A las chicas les trae recuerdos de estar sucias, enlodadas, llenas de quemaduras, con agujeros de bala en sus ropas y jaqueca; pero también de gigantesca alegría por haber superado las exigentes pruebas. Así que, si fueras tan amable."
– "Será un placer."
Con un melódico moderato, la mediterránea deleitó a la mandamás y al resto de Monster Ops con su interpretación de la obra del músico argentino. Las chicas sonrieron al instante y, chocando sus vasos con té de durazno, brindaron por su éxito y el nuestro, acto en el que la arpía y yo nos unimos. Las solicitudes no se hicieron esperar y pronto la talentosa pelinegra casi le quita el protagonismo a la festejada, aunque Aizawa demostró tener la situación bajo control y seguir proclamándose la estrella al bailar una que otra pieza junto a su amada Honda. Desde la época del Clasicismo hasta el siglo XX, la mezcla de eras, ritmos y sentimientos plasmados se conglomeraban en ese pequeño piano de negra madera y níveas teclas, fabulosamente. El sol ya estaba en sus últimos momentos y la noche le sustituiría, por lo que nos vimos en necesidad de encender las velas. Ahí, tuve una idea.
– "Dyne…" – Susurré a la empusa. – "¿Has oído 'Mariä Wiegenlied'?"
– "Quizás. ¿Me refrescas la memoria?"
– "Maria sitzt im Rosenhag…" – Tarareé.
– "¿Deduzco que es la canción de cuna de la virgen María de Max Reger?"
– "En el blanco. Déjame ver, ¿la tocabas en Navidad?"
– "Ahora tú acertaste. Una vez la interpreté instrumentalmente al batallón entero, para beneplácito del capitán Arkantos. Gané una pieza más de pavo en Nochebuena."
– "Bueno, ¿podrías concederme el placer ahora a mí, por favor?"
– "De acuerdo, Jaëgersturm. La sé en allegretto, ¿te parece aceptable?"
– "No entiendo mucho de términos musicales, Pepper. Significa que es rápido, ¿no?"
– "Es un tiempo algo más corto al allegro común…" – Explicó, tocando un poco. – "Así. ¿Está bien?"
– "Sí, es perfecto. Me sorprende tu memoria, no necesitas partituras."
– "Las he repetido infinidad de veces. De hecho, he confundido algunas notas aquí y allá, pero nadie parece notarlo. ¿Empezamos ahora?"
– "Dame un minuto. Y prepárate para hacerlo con soprano incluida."
– "¿Ahora eres cantante?"
– "Tal vez sea mejor cantando que besando."
– "No me obligues a tocar tu marcha fúnebre, Potato." – Respondió, sonrojada. – "De prisa."
Riendo, prestamente fui en busca de la persona que me acompañaría en tan importantísima misión. Hacía mucho que la planeaba, especialmente desde que encontré a la tiple que conocía tal pieza. La nativa de Mitilene era el último de los ingredientes necesarios para llevar el plan a cabo, y ahora que estábamos reunidos en tan especial ocasión, no habría momento más apto para lo que yo tenía en mente. No tardé mucho y me encontré con mi congénere, conversando con Meroune y Centorea. Disculpándome por la interrupción, tomé a la arachne del brazo y le llevé a un lugar algo privado.
– "Rachnee, ¿recuerdas que te dije que Herr Kommandant mencionó que tenías una hermosa voz?" – Susurré. – "Esta es tu oportunidad."
– "¿De qué hablas, cazadora? ¿Cuál oportunidad?" – Cuestionó la tejedora. – "Espera, no estarás pensando en que cante con la empusa esa o algo así, ¿verdad?"
– "Por supuesto que sí. Tú misma lo has demostrado las madrugadas; mis oídos no me engañan. Anda, será divertido."
– "No, Aria." – Retiró mi mano. – "No quiero hacerlo."
– "Sabes que sí quieres. Es más, no estarás sola; yo también te acompañaré."
– "La respuesta sigue siendo negativa, Sparassediana." – Se dio la vuelta. – "Estoy discutiendo importantes asuntos empresariales con Mero. Si me disculpas."
– "Rachnee, tú nunca le das la espalda esto."
– "¿Qué? ¿A cantar? ¿Desde cuándo? Soy una tejedora, no una artista."
– "Hablaba de demostrar tus habilidades." – Afirmé. – "Siempre estás dispuesta a dejar en claro tu superioridad, especialmente en materias del amor. Y no actúes como si no supiera de que hablo; ambas somos arachnes, ser las mejores es nuestro aforismo de nacimiento."
– "¿Ahora intentas darme cátedra con mis propios discursos?"
– "No, porque tú misma lo hiciste. Es innecesario recordarte algo que tú predicas." – Retruqué. – "¿O acaso me estás diciendo que esas palabras de aliento, que tanto me ayudaron, eran falsas?"
– "Sabes que no. Es sólo…" – Se pausó unos segundos. – "No me siento a gusto en este momento."
– "Hermana, si tienes miedo a que se burlen…" – Disentí con la cabeza. – "No debes preocuparte."
– "Eres una agente de élite y aún así no te salvaste de una buena paliza." – Rió sardónicamente. – "¿Qué te hace creer que me tratarán bien a mí?"
– "Que no eres yo, tejedora. Sólo mis superiores y mis novias me vapulean, y aún así, me estiman demasiado a pesar de mis metidas de pata. Tú misma me sigues valorando, incluso cuando no lo merezco." – Volví a acercarme, colocando mi mano en su hombro. – "Además, estás entre amigos, familiares, y el hombre que te ama. Nadie se atrevería a decirte nada."
– "Por amabilidad. Es un día especial, no desean arruinarlo."
– "¿Por qué te infravaloras?"
– "Sabes que es verdad. No deseo verme vulnerable."
Me posé frente a ella, sosteniendo de ambos hombros.
– "No, hermana. No dirían nada porque no tendrían razón de hacerlo. Si quieres un buen espejo, mira a Dyne. Nikos es como tú, no confía mucho en las personas y prefiere la soledad." – Aseveré. – "La vida no la ha tratado bien y no debe tener muchas victorias a su nombre, por eso se rodea de cuanta vanagloria puede cuando algo le resulta positivo. La forma de tratar a Sanae es prueba empírica de lo que digo. Esa mantis también tus temores.
Ella jamás me ha dicho mucho, pero sé que comparten miedos similares. Estaba temerosa de tocar el piano, pude notar la trémula expresión en su cara al verlo ser movido por las chicas. Y aún así, se atrevió a demostrar de lo que es capaz, venciendo el pánico escénico y la incertidumbre de fallar. Tú puedes ser tan valiente como ella, tan fuerte, tan talentosa; incluso más.
Porque eres mi confiable hermana, nuestra amada inquilina, una habilidosa tejedora, una grandiosa descendiente de Arachne."
Alcé su barbilla, viéndola a sus seis ojos carmesí.
– "Eres Rachnera Arachnera."
Para cuando terminé mi breve soliloquio, Rachnera no tenía palabras. Nuevamente, la sempiterna rueda de la vida había intercambiado los papeles y ahora regresábamos a ese punto cuando yo me encontraba en su situación, temerosa de afrentar los retos y sin valorar mi propia persona. 'Eres Aria Jaëgersturm', dijo ella en esa ocasión, y tenía razón. Ahora, le regresaba el favor en infundirle la confianza necesaria para salir ahí y comprobar que, al igual que dicta el orgullo de nuestra especie, podemos hacerle frente a cualquier contrariedad que se nos imponga, incluso los de nuestra propia mente insegura.
Pasaron varios afásicos segundos entre nosotras, hasta que las facciones de la tejedora se tornaron serias y, con una casi imperceptible asentir de su cabeza, accedió a interpretar esa canción que tanto la había oído vocalizar en las madrugadas que mi ligero sueño me despertaba a tiempo para admirar silentemente la pasión secreta de mi congénere. Tomé su mano, simbolizando mi apoyo constante, y ella la sostuvo con fuerza. Inhalando profundamente, ella se encontraba lista. Sonriéndole, señalé con un sutil cabeceo que nos dirigiéramos junto a los demás. Arachnera me siguió, manteniéndose cerca de mí, sin duda batallando los últimos restos de pavor que todavía recorrían su exoesqueleto.
Regresando a la sala, las velas ya se encontraban plenamente distribuidas alrededor de las zonas de tránsito principales; colocados sobre prácticos portavelas para transportar luz personal, en caso de requerirla. Con el sol virtualmente oculto y la oscuridad cerniéndose por la urbe, la iluminación que proveían aquellos objetos de parafina le otorgaban un aspecto bastante etéreo, pero familiar a la morada. Como una historia del siglo XIX, donde reunirse a mitad de la noche alrededor de la chimenea y escuchar atentamente las anécdotas de los abuelos era una excelente convivencia. Ese idílico romanticismo occidental ahora permeaba la casa, apoyado por el sonido de las teclas que la mediterránea producía en su improvisación de una pieza original.
Carraspeé para llamar la atención de todos, logrando que la centraran en nosotras. Sin decir nada, hice una reverencia y, aún tímida, Rachnera también. Curiosos por lo que acontecería, los invitados tomaron lugares, algunos sentados y otros colocándose de pie para admirar mejor. Los ojos de todos estaban sobre nosotras, expectantes, interesados. La mano de la tejedora hizo un sutil movimiento, buscando la mía. Se la proveí, calmando parcialmente sus ansias. El silencio imperaba, los dedos de la pelinegra se estiraban, creando un mudo ruidito cuando las uniones quitinosas chocaban unas con las otras; y el corazón de mi compañera latía con tremenda fuerza.
El público comprendió la ansiedad de la arácnida y no hizo ademanes de acelerar la presentación, manteniendo la calma al tiempo que mi congénere la recuperaba paulatinamente. Suspirando ella, me miró y con otro cabeceo tenue, dio visto bueno para comenzar. Sonriéndole, repetí la acción con la empusa, que también esgrimió una mueca de aceptación y asumió una pose recta en su acolchado taburete.
Era hora.
Colocando los cuatro dígitos de su extremidad superior derecha, la mantis dio inicio con el allegretto en tonalidad do mayor al opus setenta y seis, número cincuenta y dos de Max Reger. Pude sentir los dedos de mi amiga tensarse al pulsarse la primera tecla, reconfortándole yo con una suave caricia de mi pulgar sobre su dorso. Previniendo que ella necesitaba algo más de confianza, inicié yo con el primer verso.
– "Maria sitz im Rosenhag…" – Canté. – "Und wiegt ihr Jesuskind…"
'María se sienta en el rosal y mece a su niño, Jesús…' profesaba la canción. De evidentemente religiosa índole, creada en 1912 para la Navidad. Aún así, aunque ninguno de los presentes profesara la fe judeocristiana, el ambiente no mermó su agradable sensación; porque la música, el arte, los sentimientos que este evoca, no pertenecen a ideología alguna. Puedo disfrutar del folclor soviético aunque me oponga al comunismo, así como un pagano puede hallarse embelesado por los cantos budistas. La música, en su más pura expresión, no tiene bandera ni afiliación; es inmaculado, puro, auténtico.
Libre.
La tejedora sostenía mi mano todavía al unírseme en el segundo verso, usando su restante para hacer temerosas gesticulaciones, intentando recrear el sentimiento a pesar de su cohibición. Yo cantaba fuerte, ella casi musitaba. Pero, al mismo tiempo, el saber que yo estaba ahí, a su lado, compartiendo el escenario, le dieron motivos para empezar a soltar un poco sus precauciones, elevando el volumen de su voz. Lo estaba logrando, estaba confiando.
– "Hold ist dein Lächeln…" – Articulábamos las dos. – "Holder deines Schlummers Lust…"
'Encantadora es tu sonrisa, encantadora es tu alegría mientras sueñas…', continuaba. Sentí su mano soltarse. La dejé ir, porque ya no era necesario que la anclara. Con ambas extremidades libres, sus movimientos se hicieron más pronunciados, extensos, majestuosos. Yo, discretamente, reducía el tono de mi voz al tiempo que ella aumentaba la suya. Solamente era una pieza de dos minutos y medio, que ya estaba a punto de terminar, pero la duración era irrelevante cuando uno se permitía dejarse llevar por la apoteósica sensación.
– "Schlaf, Kindlein, süße…" – Loaba ella. – "¡Schlaf nun ein!"
'Duerme, niño, mi querido; ve a dormir…'
No importaba que su voz no fuera la de una soprano profesional, sonando algo ronca en ciertas modulaciones; que su pronunciación del alemán fuera pobre o que por ciertos momentos se desincronizara con la melodía del piano; la tejedora no podía sonar más divina en aquel momento. Para ese momento, la arachne se había sumergido de lleno y se elevaba tan alto como sus metafóricas alas, que la habían despegado del suelo, le permitían. Ella ahora miraba al cielo, tan infinito como la soltura que experimentaba.
No poseía entrenamiento teatral, pero sus manos expresaban claramente es vehemente pasión en su interior. Su quitina era oscura y se ocultaría en la penumbra de la noche, pero ahora brillaba como la más fulgurante estrella en el firmamento. Rachnera lo había logrado, había vencido su miedo y, arriesgándose a exponer su corazón, desnudó su alma a través de su exaltado canto. No había cadenas de temor que la ataran, ni barrotes de inseguridad que la encerraran.
Por un pequeño momento, ella fue libre.
Al finalizar, con una nota magníficamente sostenida que hizo eco por la residencia, una furtiva lágrima se concentraba en la comisura de su ojo inferior izquierdo, que fue contenida con un ejercicio de supremo autocontrol. La música había terminado. Dyne aguardaba silenciosamente al igual que nosotras, por la reacción del público. Este, imitó el afónico estado. Sus expresiones, pasmadas, bien podrían ser de asombro, o, en el peor de los casos, temor a expresar algún disgusto. Los segundos pasaban, el reloj de la cocina producía ese desesperante tic-toc, las velas goteaban la parafina en sus recipientes y las flamas bailaban junto a las sombras. Mi compañera comenzaba a sentir un leve temblor en su cuerpo y su corazón iniciaba otra sesión de bombeo percusionista.
Entonces, aún sin pronunciar palabra alguna, Kimihito dio un paso al frente. Pensamos que aplaudiría, que sonreiría y aclamaría la interpretación chocando repetidamente las palmas de sus manos. Él simplemente caminó. La exigua iluminación ocultaba gran parte de su rostro. Él seguía avanzando y su paso lento, pero firme, no revelaba las intenciones del muchacho. Finalmente, logró estar lo suficientemente cerca, deteniéndose enfrente de la arácnida de cabellos lila, viéndola a sus seis brillantes y rojos globos oculares.
Él estaba llorando.
Lágrimas, tan expresivas y tan ambiguas a la vez. Esconden todo un vasto universo de emociones condensadas en tan diminuto paquete líquido. Las gotas sentimentales recorrían las mejillas del chico, pero sin modificar sus circunspectas facciones faciales, imposibles de leer. El silencio revelaba que también mi bomba sanguínea se había acelerado. No tenía idea de que reacción tendría Kurusu, aunque estaba segura que no sería negativa, no podía serlo. Tal vez esperaba que ella interpretara su afásico plañir como señal de aprobación, o quizás había hallado aquella exhibición de vulnerabilidad por parte de la orgullosa arachne deíficamente conmovedora. Ahí, él dio su veredicto final.
La besó.
La respuesta más corta y contundente que puede haber. Un pequeño contacto bucal silencioso que dice más que un coro entero, un suave movimiento que reúne todo el vocabulario existente y lo despliega en un sencillo roce de labios. Aquello fue toda la contestación que Rachnera pudo necesitar. Sus seis ojos, como los del resto de los testigos, se abrieron tan pronto tan inesperado ósculo se manifestó en medio de las luces de las ardientes velas. Y al igual que el haz de luz de un poderoso faro en medio de la niebla marina, ese beso se abría paso sobre todo, resaltado por el brillo ambarino del fuego de la iluminación casera que los cubría.
El tiempo se detuvo, el tic-toc de los relojes enmudecieron, el resollar de las personas sorprendidas apareció y desapareció en un parpadeo. Todo en la casa, a excepción de las flamas, danzando despreocupadamente en sus níveas bases, permanecía completamente inmóvil. Mostrando piedad a su quitinosa compañera y permitiéndole respirar con sus pulmones humanos, Kimihito se separó. Ahora, el estoicismo de su rostro había dado paso a una pequeña sonrisa mientras las lágrimas no paraban de fluir de sus enrojecidos ojos, casi imitando a los de la mujer que proseguía estupefacta.
– "Mi madre solía arrullarme con esa canción. Hacía tanto que no la escuchaba con la misma belleza, hasta ahora." – El muchacho rompió el silencio, ahogando un sollozo. – "Yo… Yo te amo, Rachnera."
No hubo mayor evento desde el Big Bang que hubiera podido reproducir con precisión quirúrgica el titánico impacto que esas breves palabras causaron en todo el lugar. Yo desconocía si el sonido que me invadía los tímpanos en ese momento eran los de un corazón acelerado o si mi cabeza amenazaba con explotar de tanto asombro incontenible. Era irónico; todo el día se habían visto besos y declaraciones de amor a plena vista entre mujeres, actos que aún causan disturbios ante los ojos de la sociedad moderna, sin que hubiera queja alguna. Pero ahora, un pequeño contacto oral y una sincera expresión de cariño entre un hombre y una mujer, la muestra de afecto más popular y aceptada, le había robado el aliento a todo el mundo. Ahí, la tejedora pudo organizar a su azorada red sináptica y ordenar a su paralizado cuerpo reaccionar.
Ella huyó.
Sin previo aviso, mi congénere escapó del lugar, sin importarle que el resto de la residencia se hallara sumida en las tinieblas. Con su bruno exoesqueleto desapareciendo en la lobreguez imperante, la tejedora subió las escaleras a toda prisa. El pelinegro intentó ir tras ella, pero yo le detuve. Comprendiendo, él asintió con la cabeza, regresé el gesto y fui tras mi confundida amiga. Tomando un portavelas conmigo, seguí el rastro de la fugitiva, guiándome vagamente por el rastro de su distintivo aroma. Cuando toda la evidencia apuntaba a una puerta, con la clara huella ultravioleta en la pieza de madera, giré la manija, hallando a la chica, de espaldas.
Haciendo a un lado la gran hoja de una palmera plástica, pude contemplar a Rachnera; aún sin voltearse y con la cabeza alzada, observando al azuloscuro de la noche que ya había nacido. Las estrellas decoraban débilmente el cielo, ganando resplandor conforme el segundero virtual de mi reloj agregaba electrónicos dígitos a los minutos. Sin decir nada y cerrando la puerta, me quedé parada en mi lugar, esperando a que mi hermana arácnida me diera respuesta alguna. No la apresuré, estaba consciente de que la vorágine de sentimientos en su interior poseía la potencia de un huracán continental y estaba en batalla por mantener a flote el barco de la cordura en su océano de confusión.
– "Aría…" – Habló ella, sin moverse. – "¿Puedes verlas?"
– "¿De qué hablas, hermana?"
– "Las estrellas." – Aclaró. – "¿Puedes contemplarlas?"
– "Por supuesto. Ahora con la contaminación lumínica ausente, su resplandor es más evidente."
– "Exacto. Brillan en medio de la negrura del espacio, sin que la impasibilidad de la oscuridad las detenga." – Expresó. – "Cúmulos de indomable energía, ardiendo a millones de años luz, flotando libremente, llevando su fulgor a donde sea que la gravedad las guíe. Antorchas sempiternas rondando la vastedad de la existencia, recordándonos lo pequeños que somos."
Hubo una pausa, entonces, continuó.
– "De pequeña las veía con curiosidad. Me preguntaba si algún día crecería tan alta como para poder tomarlas en mis manos. Tenía la infantil idea de que al hacerlo, al alcanzarlas, sería muy feliz." – Relató. – "Todas las noches, trazaba líneas imaginarias entre los puntos luminosos y antes de dormir, planificaba mis excursiones, cuando decidiera ir en busca de ellos. Eran fruslerías infantiles, claro, pero para mí, aquellas esferas de gas incandescente siempre representaron los sueños, la felicidad, la alegría. Un objetivo demasiado lejano para poder alcanzarlo, pero con la esperanza de que algún día, lo lograría."
Finalmente, se dio la vuelta. Estaba llorando.
– "Y hoy, Aria, todo eso me alcanzó a mí." – Declaró, sonriendo. – "Lo logré. Después de años pensando que no tenía a nadie que me apreciara tanto en este mundo, que me aceptara por lo que soy, a pesar de mi horripilante apariencia, mis inefables defectos e insufrible actitud; lo logré. Encontré la felicidad, hallé la alegría, mis sueños se volvieron realidad tangible. Soy… ¡Soy feliz!"
Soltando una sonora risa, de júbilo puro, la tejedora me rodeó con sus brazos de un salto. Yo era más grande y hasta fuerte que ella, pero Rachnera logró levantarme del suelo sin dificultad, haciéndome dar vueltas en el aire al tiempo que su carcajada aumentaba sus decibeles. Mi única reacción, fue sonreír también. Fusionándome con sus contagiosas albricias, me uní a mi congénere y de igual manera dejé escapar una risotada de genuino regocijo. Tenía razón, sus mayores deseos se cumplieron. Kimihito fue el genio de la dorada lámpara que los concedió, sellando el contrato magníficamente con un beso. No podía estar más contenta por mi compañera, mi amiga, mi hermana.
Rachnera Arachnera, una simple arachne tejedora, por fin había hallado la felicidad absoluta.
Ignoro cuanto tiempo nos la pasamos dando vueltas sobre esa pequeña terraza, chocando de vez en cuando con la balaustrada de madera o la plástica vegetación, pero cuando decidimos volver con los demás, necesitamos de nuestras ocho extremidades para evitar caernos del balcón por lo mareadas. Todo sin que las sonrisas desaparecieran de nuestras facciones. Iluminadas con la pequeña flamita de la vela, bajamos las escaleras para encontrarnos con todos los invitados, preocupados por nuestro bienestar. Oímos un suspiro grupal al ver la mueca de satisfacción en el rostro de la arachne de cabellos lila. Y en el centro del grupo, se hallaba el príncipe azul de mi congénere, feliz también de que ella se hallara en perfecto estado. Pensé que el reencuentro acabaría con otro entusiasta ósculo de parte de la tejedora, e incluso todos se hicieron un poco hacia atrás cuando la vieron avanzar raudamente hacia el muchacho y dar un salto.
Ella simplemente lo abrazó.
Sonrisa en labios, lágrimas en ojos y corazón a flor de piel, Rachnera se pegó tanto como pudo al hombre que siempre deseó, rodeándolo con brazos y pedipalpos, dejando que su sollozo le dijera todo lo que necesitaba saber. Kimihito, siempre comprensivo, la rodeó con los suyos y acarició suavemente su espalda. Pero más sorprendente que tan pacífica escena, eran las reacciones del resto de las inquilinas de la residencia Kurusu. Cualquiera hubiera esperado un caos absoluto, una vesánica ira desatada por apenas la vaga sugestión de que otra fémina que no fueran ellas mismas realizara un acercamiento tan íntimo con el muchacho a quién reclamaban como su futuro esposo. Un beso sería declarar guerra abierta, una lucha encarnizada y violencia sin precedentes hasta que cualquiera de las involucradas claudicara voluntaria o involuntariamente.
Ellas lo apoyaban.
Unidas como aliadas, compañeras, familia; las cinco chicas restantes miraban con agrado que la arachne se hallara tapizando la cara de su amado casero con tantos besos como estrellas había en el cielo. Lo mismo se podría decir del resto de los presentes, contemplando y aprobando tanto amor bajo el idílico manto de las brillantes llamas sobre las velas en sus manos. Fue en ese momento que Miia arrastró su cuerpo ofidio hacia adelante y puso una mano entre el pelinegro y la araña, impidiendo que sus labios volvieran a unirse. La tensión fue tan grande que la vela que yo cargaba se apagó de repente al abrirse la puerta del balcón y dejar entrar a una fuerte brisa. Parece que había hablado demasiado rápido.
– "Rachnera…" – Dijo la lamia, con su rostro oculto por la penumbra. – "Detente."
– "¿Por qué?" – Cuestionó la aludida, ligeramente gruñendo.
– "Lo sabes bien, araña." – La empujó hacia atrás. – "Trabajo en equipo, ¿recuerdas?"
Esperen, ¿qué?
Como si no fueran suficientes sobresaltos por ese día, ahora era la serpiente quien reclamaba los labios de su Cariño, enfrascándose en un abrazo tanto con extremidades superiores como su larga cola rojiza. Su longitud fue el apoyo perfecto para evitar que ambos cayeran al suelo por el peso. Por supuesto, aquello sólo era el principio.
– "¡Miia, ese ósculo ya ha durado demasiado!" – Protestó Centorea, jalando de la cola de la escamosa. – "¡Al menos gánate el tuyo como Rachnera!"
– "¡Hicimos un juramento de honor, Miia-san!" – Meroune ayudó a la equina. – "¡Partes iguales, trato equitativo! ¡No monopolice a nuestro Amado!"
– "¡Esposo, quiero pastel!" – Exclamó Papi, ignorando la trifulca. – "¡Pastel!"
– "Suu puede sosegar a sus entusiastas pretendientes, Amo." – Aseguró la limo. – "Sólo deme la señal."
– "¡Miia, lombriz idiota! ¡Lo vas a asfixiar!" – Imprecó la tejedora. – "¿Quién está siendo egoísta ahora?"
– "Ehem…"
Smith detuvo el espectáculo con un carraspeo. Dándose cuenta de que estaban rompiendo la ley más sagrada del Acta de Intercambio al declarar sus intenciones románticas con un humano; y frente a una agente gubernamental, ni más ni menos, las chicas prontamente soltaron al muchacho y se formaron casi marcialmente, alejadas de él. Rayos, ¿cómo pudimos olvidarnos de algo así?
– "Como su coordinadora y representante directa del Programa y sus leyes, les recuerdo que esta clase de conducta es más que ilegal en todo el país e incluso el mundo." – Aseveró la capitana, circunspecta. – "Y todos aquí son absolutamente culpables de quebrar demasiados estatutos y posiblemente haber creado nuevas ofensas en el proceso. No hay excusa, debería arrestarlos en este preciso momento."
– "¡Hauptmann, espere!" – Me apresuré a detenerla, pero Doppel me paró en seco con su cabello. – "¡Agh! ¡No sea tan cruel! ¡Se lo ruego!"
– "Lo siento, cabo Jaëgersturm, pero es mi obligación cumplir con mi trabajo. Y no te muevas, o también te incluiré en la lista de infractores." – Respondió, tomando su celular y operando la pantalla. – "Smith, K.; 6079. Con el superintendente Kuribayashi, por favor. De acuerdo."
– "Smith, no hablarás en serio." – Kimihito se quejó. – "Es decir, claro, está prohibido, pero, ¿de verdad amerita medidas tan drásticas?"
– "Sólo sigo órdenes, Kurusu." – Sentí un escalofrío al no escucharla llamarlo Cariño-kun. – "No me gusta, pero no puedo rehusarme. No podemos culpar al alcohol por tan inefable violación de los códigos éticos en los que fue fundado este proyecto. Y la amistad que te guardo a ti y tus amiguitas no evitará que yo haga lo que deba hacer."
– "Creí que este era precisamente el objetivo del Programa."
– "Si hubieras leído con detenimiento el manual, sabrías que esto traería graves consecuencias."
– "Nunca me diste uno. Al menos, uno útil."
– "Creí que ya estabas enterado, y ya que nunca preguntaste, supuse que no había necesidad." – Volvió a su teléfono. – "Un momento. Ah, ¿jefe? Sí, Kuroko. Tenemos un código diecinueve ochenta y cuatro. Correcto. Sí, entiendo. Por supuesto, jefe, sin dilación."
Ella guardó su celular. Sus subordinadas se formaron detrás de ella, con miradas pétreas.
– "¿Qué respondió el viejo, Hafh'drn?" – Preguntó la cambiaformas. – "¿Otro caso para el Minimor?"
– "Sin duda, alférez." – Replicó la coordinadora. Se volteó, dirigiéndose al chico. – "Dime una cosa, casanova. ¿Estás consciente de lo que hiciste?"
– "Sabes que sí."
– "¿Aceptas responsabilidad absoluta por ello?"
– "Todas lo aceptamos." – Contestó Rachnera, colocándose junto a su casero. Las chicas lo imitaron. – "Estamos juntas en esto, agente."
– "Como amigos." – Añadió Mio, tomada de la mano de Yuuko. El resto se colocó detrás de ellas, en señal de apoyo. – "Aunque tenga poco de conocerlos, estoy dispuesta a tratarlos como si fueran hermanos y hermanas. Y a defenderlos como tal."
– "Y como familia." – Fue mi turno, con Lala y Cetania, tomadas de mi mano. – "Ni siquiera la ley misma es superior a ese lazo tan único. Adelante, Hauptmman, cumpla con su trabajo."
– "¿Te estás dando cuenta que estás desobedeciendo a tu superior directa y volviéndote cómplice, cabo?" – Interrogó Smith. – "Aunque seas de mi equipo, no seré flexible contigo."
– "Honorem et Gloriam, Hauptmann. Honor y gloria. ¿Cuál de las dos es más importante para usted?"
– "Sabía que ese idealismo te llevaría a esto algún día, Jaëgersturm. Lástima, pudiste llegar lejos." – La capitana suspiró, observando su reloj. – "En todo caso, ya casi es hora. Señorita Aizawa, es su cumpleaños. ¿Algún último deseo antes de que todo esto acabe?"
– "Usted sabe que esto está mal, agente." – Expresó Mio, disintiendo lentamente con la cabeza. – "¿Por qué lo hace?"
– "Porque, si soy absolutamente sincera…" – Kuroko sonrió tétricamente, como un demonio. – "En el fondo lo disfruto."
¡Puf!
Con un chasquido de dedos de parte de la líder de MON, la corriente eléctrica regresó a la casa. Las lámparas de la sala, los focos de los cuartos pequeños, el ventilador en el techo, todo aparato conectado que emitiera señales de vida, regresó de su letargo al instante. El súbito cambio de iluminación nos hizo cerrar los ojos para evitar el fulgor de la luz a base de gas mercurio. Con nuestra vista aclarada, volvimos a enfocarnos en Smith, que continuaba en su lugar junto a su equipo. Ella sonreía con complicidad, hasta soltar una pequeña carcajada. Fue seguida de Zoe y Doppel. Tio sonreía nerviosamente y Manako cubría su rostro con ambas manos.
– "En verdad. Ustedes sí que son más crédulos que un niño." – Rió la coordinadora, disintiendo con la cabeza. – "¿Cómo pudieron tragarse tan pésimo teatro? Zoe, ¿lo grabaste?"
– "De principio a fin, Capi." – Contestó la muera viviente, mostrando su celular. – "Y a sesenta cuadros por segundo."
– "Un momento, Chief, ¿de qué habla?" – Injirió la rapaz. – "¿Qué no iba a arrestarnos?"
– "¿Por qué? ¿Por unos cuantos besos y abrazos efusivos?" – Rió sardónicamente. – "Por el horror de Azathoth, granate, ¿por quién me tomas?"
– "A ver, un momento, por favor." – Yuuko dio un paso al frente. – "¿Alguien puede decirme qué demonios está sucediendo?"
– "Fácil, cayeron en otra de nuestras bromas." – Doppel replicó, condescendientemente. – "Lo cual me sorprende; esta era más que terriblemente improvisada. O somos muy buenas actrices o los estándares de ingenuidad han decaído bastante desde mi último despertar."
– "Yo sabía que estaban tomándonos el pelo." – Mencionó Dyne, bostezando. – "La transición tan drástica que la Jerarca tomó fue demasiado apresurada como para resultar del todo convincente."
– "¿Y por qué no dijiste nada entonces, grilla jactanciosa?" – Le cuestioné.
– "Es divertido." – Respondió, encogiendo los hombros. – "Pero en todo caso, actualmente quebramos la ley. Aunque las razones, personalmente, me parecen absurdas. Jerarca, no piensa realmente en reportarnos a sus superiores, ¿cierto?"
– "Legalmente, debería hacerlo, sargento. Y con la irrefutable evidencia en video, el veredicto sería unánimemente en su contra." – Dijo la capitana. – "Pero, eso implicaría demasiado papeleo; no sólo para preparar el letárgico juicio, sino también arreglar las deportaciones, traslado, retiro de fondos. Y sin contar que también implicaría la disolución de MOE y todo por lo que trabajamos. Bleh, que se vaya al carajo la ley. ¿No es hora del pastel?"
Gracias a la holgazanería por salvarnos el pellejo. Sigo pensando que después de todo, la mandamás es descendiente directa de Belfegor, aunque ella abarque el espectro entero de pecados capitales. Excepto lujuria; no quiero imaginarme a Kuroko haciendo… ¡Argh, fuera de mi cabeza, espanto!
– "Smith, a veces no sé si tu bondad es relativa a tu pereza." – Suspiró Kimihito. Ofreció su mano. – "Pero me alegro que siempre estés de nuestro lado. Gracias."
– "Al contrario, gracias a ti, Cariño-kun. Por ser la prueba fehaciente de que nuestro proyecto es más que un éxito." – La estrechó. – "Sabía que hice la elección correcta contigo. ¿Cuándo celebrarán nupcias?"
– "Aún es muy temprano para hablar de matrimonio, pero ten por seguro que serás la primera en saberlo." – Nos miró al resto. – "Y lo mismo para señoras y señores. Ojalá no falten."
– "Oye, si esto sucede únicamente en el noviazgo, ya quiero saber lo que pasará en la boda." – Rió Roberto. Lo acompañamos en la carcajada. – "Gracias, compadre. Estaremos junto a ti en el gran día."
– "En todo caso, Cariño-kun, por mucho que me alegre que hayas encontrado a tus almas gemelas, te recomendaré que mantengan secrecía respecto al asunto, ¿sí? Ya saben, restricciones y demás basura burocrática que espero algún día desaparezcan." – Aseguró la agente, acomodándose un par de gafas oscuras. Era de noche, pero no le importaba. – "Y lo más importante, usen protección. A menos que en verdad desees complicarte la existencia y pasarte el resto de tu vida cuidando el equivalente a una guardería. Y si tomamos en cuenta la libido de las especies a tu cargo… Bueno, serán muchos pañales."
– "Ehem… Claro. Lo tendré en cuenta." – Kurusu tosió, ruborizado. – "Sin embargo, hay algo que no entiendo. Pude escuchar que tu conversación por teléfono era genuina. ¿De qué se trataba realmente?"
– "Sólo para reportar que la energía seguía ausente y solicité saber si tenían noticias de cuando regresaría. Me alegro que este reloj aún conserve su precisión." – Aclaró, dando vueltas alrededor. – "Y si te preguntas por qué molestaría al superintendente de la policía para algo tan trivial, es porque le prometí que le llevaría un pedacito de pastel. En realidad serían dos. Le encanta lo dulce, tanto como a Tio, pero eso es confidencial, ¿sí?"
– "Descuida, guardaremos el secreto como tú mantendrás el nuestro." – Sonrió el muchacho. – "Después de todo, tienes un corazón de oro."
– "Cariño-kun, soy humana, como tú. No una fría autómata con aires de jurisprudencia. Y aunque te parezca extraño, tampoco soy ajena al amo..." – Ella se pausó. Suspirando, volteó a vernos, sonriendo resignadamente. – "Ah, qué diablos; es día de revelaciones. ¿Alférez?"
– "¡Finalmente!" – La cambiaformas se acercó. – "Pensé que nunca te atreverías."
Ay, mamá araña…
He leído sobre horrores indescriptibles, he visto cosas espeluznantes en mi vida, mis antepasados vivieron aún peores y he sobrevivido a situaciones increíblemente peligrosas. Estoy enamorada de prácticamente la muerte misma, una hija del Abismo e incluso me he acostumbrado a los cuerpos decapitados. Soy una agente de élite, una soldado; mi mente debería estar más que preparada para cualquier contrariedad. Excepto que, para lo que acontecía frente a mis seis ojos en ese momento, no había forma lógica de poder procesarlo.
Doppel y Smith se estaban besando.
De la forma más descarada y claramente visible, la doppelganger había enlazado su lengua con la de la humana, recorriendo cada rincón de la cavidad bucal con ahínco y dejado escapar indecentes gemidos de placer. Si bien yo sería la primera en defender un acto tan sencillo como un ósculo entre dos mujeres, ahora mi única reacción ante tan inefable escena era el horror absoluto. Mis compañeros e incluso las subordinadas de la capitana tuvieron la misma idea y observaban estupefactos como la líder de MON intercambiaba secreciones salivales con la Abismal. Que ambas recorrieran lujuriosamente el cuerpo de la otra, especialmente cuando una estaba totalmente desnuda, no hacía las cosas más fáciles. Al acabar tan aterrador encuentro de labios, ambas se los relamieron con evidente concupiscencia y, abrazadas, de dirigieron al pasmado público.
– "Sí, es verdad." – Aseveró la pelinegra. – "¿Alguna objeción?"
– "¡¿C-C-Capi?! ¡¿D-desde cuándo…?!" – Zombina tartamudeó, como si fuera a desfallecer de nuevo. – "¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?!"
– "Una mujer…" – Musitaba una azorada Tionishia. Manako hacía mucho que se desmayó. – "Todo este tiempo, la Jefita era…"
– "Eso es irrelevante." – Aseveró Kuroko. – "Lo que realmente importa es que, al igual que yo, todos ustedes guarden el secreto."
– "O el juicio del Abismo será cruel." – Conminó la cambiaformas. – "¿Capisce?"
El resto asintió con vehemencia. Más por miedo que por aceptación. No, no es que estuviéramos en contra de tal relación entre dos féminas; no necesito repetir las obvias razones. Y cierto, era genial que mi superior resultara ser en verdad del mismo equipo que yo. Más lesbianas siempre vienen bien. Sin embargo, tan repentino cubetazo de agua fría nos dejó tan congeladas como estatuas de hielo. Demasiado pronto, demasiado impactante, demasiado para la realidad misma. Incluso la segadora se mantenía atónita y patidifusa por tan insólito evento. Es decir, ¿cómo se puede albergar en la mente tan improbable serie de sucesos, dignos del libro de terror más escalofriante jamás concebido? Ni todo el alcohol y café del mundo podrá borrarlo de nuestras ya occisas neuronas.
Y entonces, ambas empezaron a reír.
– "Sinceramente…" – Dijo la coordinadora. – "Nunca me cansaré de esto."
¡Aaargh!
¡No, no tengo más palabras para expresar lo que sentía en mi interior! ¡Nada de unir verbos y sustantivos para formar sentencias coherentes y rebuscadas metáforas! ¡Sólo voy a gritar como una demente! ¡Aaargh!
– "¡¿Ekaterina?!" – Exclamaron todos al unísono.
– "Oh, vamos. Ya lo sospechaban desde un principio." – La doppelgänger del hogar Sarver asumió su forma regular. – "Pero bueno, qué se le va a hacer… ¡Tada! ¡Eka lo hizo de nuevo!"
– "¡Aaargh!" – Grité, jalando mi cabello. – "¡Esto ya es… Aaargh!"
– "¿Pero… cómo?" – Cuestionó Mio. – "Tú estabas detrás de mí, te vi. ¿Cómo lograste…?"
– "Agradezca a la compañía eléctrica, señorita Aizawa." – Smith, esperábamos la real, entró caminando. – "Mientras sus ojos eran cegados por la iluminación artificial, nuestra cómplice cambiaformas me sustituyó impecablemente mientras yo desaparecía de escena. Mi posición tan cercana a la pared me permitió esfumarme al instante. Ingenioso, ¿cierto?"
– "Ay límites que no deberían cruzarse, Capi." – Bina se tallaba la sien. – "Gah, a veces me arrepiento de haber revivido. ¿Era necesario todo esto?"
– "Culpa a Potato. Le aposté a Saadia que podría jugarles la broma máxima. No perderé esos cincuenta mil sin pelear, aún así deba engañar al país entero."
– "¡¿Y ahora yo soy la culpable?! ¡No es jus…!" – Me pausé. – "¡Bah, me da igual! ¡Aaargh!"
– "¿Podemos… podemos olvidarnos de todo esto y pasar a otra cosa?" – Interrumpió Mio, hastiada y sobándose ambos lados de la cabeza. – "Ya es tarde, deberíamos cortar el pastel antes que nos salgan con otra sorpresa. Rayos, no dormiré en un mes entero…"
– "Ah, claro. Vengan, amigos, hora de que la festejada sople las velitas." – Indicó Yuuko. – "Y por favor, agente, nada de bromas de tan… peculiar índole."
– "Dudo que pueda retener algo en el estómago en los próximos días…" – Comentó la falconiforme, cubriéndose el estómago y la boca. – "Diablos, necesito ir al baño…"
– "Somos marionetas del tiempo…" – Musitaba una espantada Sanae. – "Envases vacíos girando alrededor de la indiferente existencia…"
– "Rachnera-sama, ¿cree que su seda soporte nuestro peso?" – Preguntó Lorelei.
– "Saltar de un edificio será menos doloroso, Mero." – Respondió la tejedora. – "Aunque Aria podría prestarnos su pistola."
– "Robie…" – Habló una temblorosa Amanda a su casero. – "Creo que me internaré en un manicomio a partir de ahora…"
– "Tú y yo, juntos, Amanda." – Replicó el aludido. – "Tú y yo."
– "Redrum…" – Decía la pequeña Ami, azorada. – "Redrum…"
– "Santa Madre, Santa Madre, envíame a tus hijos…" – Murmuraba Papi. – "Pues los pecados de los indignos deberan purgarse en un bautizo de sangre y miedo…"
– "Cuando más tiempo miras al Abismo…" - Repetía Mei. – "El Abismo también mira dentro de ti…. Cuando más…"
– "Ush, que delicados me salieron ustedes." – Disintió Smith. – "Vamos, princesas, que se hace tarde y mi jefe nos matará si no recibe su rebanada."
Pasados algunos minutos en los que batallamos por recuperar la cordura o al menos nuestro control sobre nuestras funciones motrices básicas, logramos coordinarnos para abandonar la escena del crimen. Hicimos un pacto implícito de nunca, jamás de los jamases, volver a pensar en tan inefable cosa; por nuestro bienestar mental. Lala se había aferrado a mi brazo todo este tiempo que terminó entumiéndolo de la presión. Y cuando una creación del Vacío Eterno está aterrada, significa que la cosa es demasiado grave. Por suerte, tan pronto las tartas dulces aparecieron en la periferia, pudimos olvidar (o simular) el ver a la alférez y la capitana insertarse la lengua hasta la úvula. Yo tenía pensado en que mi azulita y yo termináramos el día con algo de acción arachne-dullahan, pero creo que optaré por el celibato hasta que mi entrenamiento finalice. Y ella estaría de acuerdo.
Pero dejando de lado las monstruosidades que las fauces del Caos Infinito habían implantado en nuestras seseras, me alegra reportar que la operación de colocar las veintiséis velitas en el pastel y ver a la americana encenderlas, justo con el truco que aprendió cuando incendiamos la carriola de Haru, fue todo un éxito. Irónico, esas mismas flamas que nos causaron tanto sufrimiento ahora habían esgrimido una sonrisa en el rostro de Aizawa, expectante de continuar la tradición de apagarlas de un soplido. Pronto, la obligatoria canción, deseándole un feliz cumpleaños a la festejada salió al mismo tiempo de nuestras bocas, y también nuestros corazones. Agradeciendo ella con varias reverencias por habernos tomado la molestia de acompañarla en su día especial, se preparó para neutralizar las llamas de las velitas.
– "Por más días como este…" – Musitó la estrella de la celebración.
– "Err… ¿Estás segura que ese es tu deseo, Mio?" – Interrogó Yuuko, naturalmente extrañada. – "Es decir… Bueno, tú sabes."
– "Por supuesto que sí, linda. A pesar de correríamos el riesgo de sufrir daños irreparables en todo momento, nunca cambiaría esta demencia por nada en el mundo." – Sonrió la chica de pelo azul. – "La vida ordinaria es muy aburrida después de todo."
Con eso, la dueña del restaurante sopló con fuerza, extinguiendo el fuego que emanaba de las mechas de las polícromas velitas cumpleañeras. Recibiendo una sonora ovación de nuestra parte, se procedió al corte (realizado entre la pareja) y posterior distribución de confite a base de leche, levadura y merengue al resto de los invitados. Si bien el pastel principal era enorme, también habían varios más pequeños, que sin duda serían útiles, pues el hambre de los comensales no se había arruinado aún después de presenciar la ignominia misma. Además, ese relleno de fresitas era sencillamente divino. Claro, sigo creyendo que el tanque que mi irlandesa me preparó en más que insuperable, pero admití que Honda poseía gran talento para la repostería casera.
Sentándome a degustar mi manjar de blanca cubierta junto a mis novias, no pude evitar sonreír al contemplar lo vivo que lucía la residencia. Kimihito se debatía en cual pedazo de pastel, ofrecido por cada una de sus inquilinas, llevar a su boca primero. Papi, Suu, Ami y Haru se llenaban sus alegres caritas de merengue al tiempo que Steno batallaba por limpiárselas. Aiur instaba a Draco a que probara su jalea (del pastel…) mientras esta trataba de convencer a una apenada Mei de lo mismo. Dyne y Sanae discutían por algo y MON, junto con Ekaterina, trataban de revivir a la pobre Manako, que había perdido el color y todavía no se reponía de la sorpresa. Amanda y Roberto eran los únicos que charlaban pacíficamente, junto a Yuuko y Mio.
Era increíble.
Apenas ha pasado poco menos de un mes desde que llegué a este país, con únicamente una maleta y un puñado de esperanza, deseando un mejor futuro. En ese corto intervalo de tiempo, he conocido a gente de toda clase, especie y personalidades. He sido testigo de eventos tanto medianamente extraordinarios como realmente sobrecogedores. He vivido altibajos, a veces pasajeros, a veces duraderos. He pasado de limpiar bandejas de pollo frito barato a barrer el suelo con la escoria criminal. He forjado amistades tan variadas como las situaciones que provocaron nuestro encuentro. Y lo más importante, hallé el amor; no en una, sino en dos grandiosas mujeres a quienes nunca abandonaré y deseo pasar el resto de mi vida a su lado.
Y ahora, todo ese mundo que recorrí a lo largo de este corto camino, estaba reunido aquí, en esta humilde morada. Algunas compañeras igual de importantes no estaban presentes, como Titania, Saadia, mis jefas pingüinas o incluso la fastidiosa de Saukki Nukka; pero a todas esas personas las llevábamos en el alma. Y ellas seguramente también. Ya sean amigos, aliados, familia o amantes, cada uno de esos individuos, esas brillantes estrellas que conformaban las galaxias de mi universo, eran piezas fundamentales en mi existencia. No estaría aquí sin su apoyo, sin su comprensión, sin su amor. Llegué lejos gracias todos aquellos que me brindaron un poco de tiempo y espacio en sus interiores, y me recompensaron sobradamente.
Y espero jamás decepcionarlos.
Sonriendo de mejilla a mejilla, deposité mi plato a un lado y suavemente rodeé a ambas de mis damas con mis brazos, pegándolas a mi cuerpo. Sin decir nada, las mantuve abrazadas, simplemente disfrutando de su cálida compañía. Ellas no objetaron y, también sin pronunciar palabra alguna, se relajaron y me abrazaron también, reposando sus cabezas sobre mí, en completa paz y sin importarle que estuvieran tan cerca la una de la otra. Con tan apoteósica sensación, alcé sus divinos rostros y con ternura besé sus hermosas bocas, respondiendo ellas con un ardiente entusiasmo. Repetí la acción varias veces, sin que alguna se quejara por el constante intercambio de saliva, dejándose llevar totalmente por la alegría que permeaba el ambiente. Las amaba, ellas a mí, compartíamos el amor; nada podía ser más perfecto. Al final del día, lo había logrado.
Mi nombre es Aria Jaëgersturm, y estoy completamente feliz de haber llegado aquí.
NOTAS DEL AUTOR: Una historia, un sueño, un año, 53 episodios, mas de 600,000 palabras. ¿Quién lo hubiera creído?
Al igual que Aria relata en este capítulo, esta celebración es la culminación de todo lo que ha sucedido en el trayecto. Para ella será un mes, para mí un año; pero el sentimiento es exactamente el mismo. Como Jaëgersturm, llegué con nada, excepto unos cuantos recuerdos del pasado, dispuesto a probarme una vez más. Última oportunidad, todo o nada, no había vuelta atrás. Empecé de nuevo, desde abajo, lentamente ganando amistades, asegurándome de desarrollar esos lazos que con el tiempo se reforzaron y probaron ser parte indispensable en la vida de nuestra protagonista. Ella contaba con sus amigos y familia, yo con mis lectores.
Los personajes invitados (tanto en el relato como literalmente), creados por otros autores incluyen a Steno y su hija Ami (Paradoja el Inquisidor), cuyo soliloquio tan efusivo respecto al estado actual de la industria, sea cual sea el medio, es exactamente el mismo que el mío en la vida real. También está la impredecible Ekaterina y el pequeño Haruhiko (Alther), que nunca para de sorprendernos con sus elaboradas bromas y ternurita, respectivamente. Aiur (Arconte), una amante de los videojuegos y friki que se siente a gusto entre reptiles y tiene un lado oscuro capaz de poner en problemas a arañas incautas. Amanda y Roberto (Onix Star), quizás los más normales y amables del grupo, también son de los más sorpresivos, porque nunca te imaginas si te darán un momento de ternura o te enchilarán las entrañas, literalmente. Y, aunque discretamente, Emily Wilde (JB-Defalt) también hizo una pequeñita aparición, pero no por eso deja de ser importante.
Mio, la festejada, como mis lectores, se encuentra pasmada de ver tanta gente nueva y desconocida en su día especial. Estoy seguro que muchos de mis seguidores se sintieron extrañados al encontrarse esos personajes paseando como si nada en mi universo, quizás alienándolos un poco en la primera impresión. Pero, igual que Aizawa, al final se alegraron de haber cruzado su camino con todos ellos, porque hicieron su vida, aunque fuera temporalmente, más amena y agradable.
Algunos se quedaron, otro decidieron tomar un rumbo diferente, pero la mayoría, a quienes les seguiré agradeciendo por su lealtad, permanecieron a mi lado. Caminamos juntos, como aliados, compañeros; una fuerza que unida es increíblemente poderosa. Y, emulando los sucesos de tan larga historia, logramos destacar. Aria demostró que era más que una simple arachne y se unió a un equipo de élite. Yo comprobé que aún tengo energías para contar una historia y lograr que al público le agrade. Por supuesto, una agente de MON tiene más prestigio y éxito que un mono como yo; pero la sensación de lograr algo, de alzarse contra tus propios temores y dejar en claro que valemos más de lo que creemos, es exactamente el mismo.
Y por eso, esta fiesta está dedicada a todos aquellos que creyeron en mí, y que aún continúan tomándose la molestia de darse un espacio en sus vidas para mantenerse al tanto de este loco con afinidad por las alemanas arácnidas. En verdad, muchas, pero muchísimas gracias a mis compañeros escritores, a mis fieles lectores que me han agregado a su lista de seguimiento y a los que, aún desde el anonimato, siguen apoyando esta saga. Ojalá hayan disfrutado de leerla, como yo de escribirla. Y, si no terminó de convencerles, ojalá al menos hayan obtenido una que otra distracción y se olvidaran de sus problemas por un intervalo aceptable de tiempo.
Antes de despedirme, los invito a dejar sus opiniones, que son el principal combustible que mantiene este oxidado barco a flote. Sus reseñas siempre serán bienvenidas y espero que yo siga cumpliendo sus expectativas. Sí, estoy más loco que una cabra esquizofrénica, pero al menos leer mis fruslerías les recuerda que siempre habrá alguien peor que ustedes, y así se sentirán mejor.
¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Danke schön, Kameraden! ¡Obedezcan a la Gran Sirena! ¡Auf Wiedersehen!
