Penny sintió un intenso dolor en el pecho, un pinchazo con cada inspiración. La densa niebla de su inconsciencia empezaba a desaparecer. Después de ese aguijón en su costado, lo siguiente que pudo percibir fue un tenue resplandor. Abrió los ojos muy despacio. Formas borrosas aparecieron frente a ella y parpadeó. Soltó un gemido de protesta. También parpadear suponía un considerable esfuerzo. Empezó a ser conciente de que todo su cuerpo le dolía. Poco a poco, las formas borrosas empezaron a volverse nítidas. El techo era blanco, al igual que las paredes y su cama. Miró su brazo vendado y la sonda que aparecía en su muñeca, conectada a una bolsa de suero que colgaba sobre su cabeza. Intentó moverse, pero lo descartó al instante, con una mueca de dolor. Indudablemente, estaba en un hospital.

De pronto, se quedó paralizada. Sheldon estaba acurrucado en una butaca frente a su cama, profundamente dormido. La chica tragó saliva. Súbitamente, empezó a recordarlo todo. Sheldon y Erika, besádose; su alocada carrera en su coche y la horrorosa explosión antes de caer inconsciente. Un dolor aún mayor hizo que sus ojos se inundaran de lágrimas al recordar todo. Pero aún así, no podía apartar la mirada del joven físico. Sabía que debía odiarlo pero no pudo evitar observarlo fijamente. Sheldon dormía en una muy incómoda posición, encogido al máximo. Su rostro aparecía cansado, muy pálido y un tanto triste. Penny sintió que algo le atravesaba el corazón al verlo. Se maldijo por no ser capaz de mantener su furia e intentó avivarla, pero al ver el rostro de Sheldon se evaporó por completo. La chica reprimió un sollozo. Empezaba a dudar. ¿Y si había algo más que no sabía en toda aquella pesadilla? Sabía que Sheldon jamás la traicionaría. Estaba allí, con ella, mostrando todos los signos de que no se había separado de allí desde que, probablemente, la habían ingresado. Aunque, por otro lado, tal vez lo hacía porque se sentía culpable por el beso de Erika. Penny apretó los ojos, sintiéndose superada por ese caos de suposiciones. De pronto, se quedó otra vez absolutamente inmóvil. Sheldon estaba despertándose. El joven físico emitió un leve quejido y se frotó el dolorido cuello, intentando levantar la cabeza y adoptar una postura adecuada. Abrió despacio los ojos y parpadeó. Penny tragó saliva. Sheldon sintió que el cielo se abría ante él al ver de nuevo esos ojos esmeralda. Ahogó un jadeo mezclado con un sollozo.

- Penny…

Las lágrimas inundaron los ojos azules. La chica se quedó sin respiración al verlas. El físico se acercó, mirando como si temiera que aquello no fuera real. Se detuvo a medio metro de su cama.

- Estás… despierta.

Ella le miró muy confusa, sin saber siquiera qué decir.

- Estás despierta…- repitió él, con un hilo de voz.

No pudo aguantar más. Sheldon se derrumbó de rodillas y rompió a llorar, sepultando su rostro en el borde de la cama. Penny abrió la boca y los ojos, absolutamente atónita, sin poder hacer otra cosa más que verle deshacerse en lágrimas. Intentó decir algo, pero le estaba temblando tanto la garganta que no lograba emitir un solo sonido. Sólo lo había visto llorar así cuando Meemaw había sufrido aquel infarto. La chica sentía que sus ojos también se llenaban de lágrimas. No podía verle llorar. Nunca. Tragó con fuerza, aguantando el dolor, y movió despacio la mano vendada hasta tocar suavemente el oscuro cabello.

- Sheldon…

Sheldon tembló ante el contacto, emitiendo un respingo y levantó la cabeza. Hizo un esfuerzo sobrehumano para poder hablar.

- ¿Es… Estás bien?

La chica se mordió apenas el labio inferior.

- Creo que… sí. Bueno, me duele todo el cuerpo como si me hubiera pasado un camión por encima.

- Es que te ha pasado un camión por encima.- Sheldon sentía que más lágrimas le estaban ahogando.- ¿Recuerdas lo que ocurrió?

La chica apartó la mirada.

- Por desgracia, lo recuerdo todo demasiado bien.- dijo dolida. Sentía otra vez ese sufrimiento insoportable.

- Penny…

- Te vi, Sheldon. Vi cómo besabas a Erika en su coche.

Sheldon la miró implorante.

- Penny, yo no la besé. Fue ella la que… me besó.- ella apartó la mirada, furiosa, con un bufido. Sheldon se acercó sintiéndose morir.- Te lo juro. Ella… se aprovechó de un instante en el que… me hizo bajar la guardia.

Los ojos verdes de Penny relampaguearon de furia.

- Y, ¿con qué diablos te hizo bajar la guardia? ¿Con sus encantos de zorra barata?

El físico parpadeó.

- No… Ella me hizo dudar diciendo que… tú, a la larga, no serías feliz a mi lado porque tu mundo es muy diferente del mío. Y yo…

Penny le miró sorprendida. Tragó saliva. Otra vez ambos mantenían una conversación en la que cada uno de ellos estaba hablando de cosas completamente distintas. Sheldon bajó la mirada.

- Sé que no debí darle crédito, pero en ese momento… - agitó con furia la cabeza.- La idea de que pudieras ser infeliz conmigo… me dejó bloqueado. Y Erika aprovechó la circunstancia.

La joven abrió la boca.

- ¿Esa estupidez te dejó tan bloqueado como para permitir que ella te besase?

- No es una estupidez. Haría lo que fuera para evitar que fueses infeliz. Incluso apartarme de tu lado, si fuese necesario.

Penny tragó saliva al ver esos profundos ojos azules, tan llenos de tristeza y de sinceridad. De pronto, todo parecía encajar. Ahora podía ver claramente que era ridículo pensar que Sheldon pudiera tener algún interés en Erika. La chica sentía que de nuevo, un nudo le estaba impidiendo respirar. Pero esta vez, era un nudo de felicidad, en lugar de angustia.

- ¿En… serio?

- ¿Cómo puedes dudarlo a estas alturas, Penny? ¿Cómo pudiste pensar que Erika me interesaba?

- Tal vez porque… nunca me has dicho… lo que sientes.- replicó ella, con un esfuerzo titánico.

Sheldon la atravesó con la mirada.

- ¿Quieres saber por qué nunca te lo he dicho?

La chica sentía que le iba a dar un infarto. Sólo pudo asentir con la cabeza.

- Porque te quiero tanto que me duele como jamás nada me ha dolido en toda mi vida. Porque simplemente decirlo hace que duela más todavía y callarlo era la única manera de soportarlo, la única manera de… mantener un poco de control.

Penny empezó a temblar. ¿Estaría soñando?

- Pero… entonces… ahora que lo has dicho…

Sheldon suspiró con cara de pena.

- He perdido la esperanza de mantener el control desde que entraste en mi vida, Penny. Ya me he resignado a mi destino.

La chica no pudo evitar una involuntaria sonrisa al ver esa inconfundible y adorable expresión en su rostro. Tenía un cúmulo tan grande de sentimientos en el pecho que creía que iba a explotar. Deseaba romper a reír y a llorar a la vez, saltar de la cama y besarlo hasta perder el sentido. Pero el punzante dolor del costado la devolvió a la realidad. Sheldon la miró preocupado al ver su mueca de dolor.

- ¿Te duele mucho? Iré a buscar al doctor.

- Sheldon, espera. Por favor, no te vayas.

- Penny, el médico debe saber que has recuperado el conocimiento y que…

La chica bufó. Al diablo el dolor. Al diablo el médico. Al diablo todos sus discursos. Logró alzar la mano lo suficiente como para aferrarlo por el cuello de la camiseta y lo acercó, fundiendo sus labios con los suyos en un beso apasionado, arrancándole la respiración. Sheldon se sintió morir y resucitar de nuevo. Pero sabía que ella aún estaba demasiado débil. Logró romper el beso entre jadeos.

- Penny, estamos en un hospital… y tú acabas de salir de la UCI no hace mucho…- le advirtió.

- Dilo otra vez.- ella le miró adorándolo con sus ojos verdes.

- Estamos en un hospital y tú…

La chica le fulminó con la mirada. Sheldon tragó saliva y bajó la cabeza, derrotado.

- Te quiero…

Penny le dedicó la sonrisa más hermosa que jamás había visto. Después volvió a robarle el aliento con otro beso apasionado. Sheldon sentía que aquello estaba escapando a cualquier control.

- Penny, por favor…- gimió, intentando respirar.- Estamos en un hospital…

- Oye, no me dirás que no es un buen lugar. No puede ser más aséptico.- replicó ella con una irresistible y maliciosa sonrisa.

Él la miró severamente.

- Te equivocas. En un hospital, a pesar de que la higiene es estricta, proliferan bacterias que no hay en otros lugares y que…

Penny rió de nuevo y volvió a silenciarlo con otro beso.