Varias horas antes

El entusiasmo de ese chico siempre me produce repulsión, si me hubieras hecho caso varios años antes no tendríamos que soportar su charla porque sería mudo.

A Kyoko le dio mucha gracia aquel odio hacia Dean que ya duraba bastantes años. Pero en esta ocasión estuvo algo de acuerdo con ella. ¿Cómo podría Dean pensar que estaba enamorada? Nunca se arriesgaría a perder su libertad de tal manera, el amor no era para ella. Tenía demasiados problemas, se contentaba con mantener a su familia y amigos.

Pensativa estaba, recorriendo los pasillos hacia los aposentos de su tío Cam. Acababa de volver de la cocina y estaba eufórica por llevarlo al comedor. El cocinero le había asegurado que tendría los platos preparados a tiempo.

A medio recorriendo al doblar una esquina, oyó unos murmullos de una habitación próxima. Aunque curiosa, no se acercó pues ya había experimentado que escuchar a escondidas no traía nada bueno, siempre era información que se podía malinterpretar.

-Sé que solo lo hemos visto un par de veces pero no podemos simplemente darle la espalda – Ignorándolo, ella cruzó por la puerta decidida a hacer oídos sordos - Es un gran amigo de Kyoko y la cuido cuando ninguno de los dos pudo. Le debemos mucho a ese muchacho.

Su cuerpo se congeló al instante. Era imposible malinterpretar tal cosa ¿Verdad? Hablaban de un amigo suyo en problemas, ¿A quien se referían?

-Si nos movemos ahora, podemos arriesgar todo el plan que ya hemos preparado. No hay que levantar ninguna sospecha o podríamos perderlo ahora que lo tenemos algo localizado – Cole contestó a Victoria – Tampoco me gusta esta situación, intentaré que el chico reciba algo de ayuda externa a nosotros con algunos favores pero por lo demás no puedo asegurar nada.

-Kyoko no se quedará quieta al oír sobre Fuwa, ten por seguro que se escaparía a la mínima oportunidad para ayudarle – Había una nota de orgullo en el tono de Victoria.

-No mencionaremos nada, no dejaré que mi hija se exponga ante los barrios bajos de Paris.

¿Shou?¿Están hablando de Fuwa Shou?¿ En que se ha metido ahora para tener que mencionar los barrios bajos de París?

Era imposible. No podrían haber capturado a Shou. Era tan diestro en la espada como ella y sabía que nunca se relacionaría con la gente de aquel lugar. Prostíbulos, casinos ilegales, todo ello era solo una pequeña parte de lo que se podría encontrar allí. Shou nunca había mostrado inclinación a tales sitios.

Estoy sintiendo como se acercan personas. Deberíamos movernos de aquí.

Si la encontraban allí sería malo. Se alejó de inmediato de aquel lugar, corriendo directo a una de las salidas secretas que su padre había instalado por varias zonas del torreón.

Ya fuera, se dejó caer de rodillas, pensando en las razones por las que Shou estaría en problemas con esas personas.

¿Lo tienes que pensar tanto? Es obvio lo que tenemos que hacer ahora ¿No?

-¡No hay nada de obvio en esto!- espetó, sin poder guardarlo dentro – La única razón para estar en problemas con esas personas es involucrándose con ellos en sus negocios ¡Shou nunca entraría a ningún lugar de aquellos! ¡No Shou!

No me refería a nada de eso. Lo único que sabemos es que está en problemas. Eso debería bastar para saber que hacer.

-Es increíble que me estés diciendo esto – Levantó el rostro al cielo – Pero tienes razón, eso debería bastar. Sigue siendo un amigo, aunque eso no evita la paliza que le daré cuando lo vea.

Espero que no menciones nada a Dean, ya tuve suficiente de él está mañana.

Dean. Sería mejor no decirle nada, su ausencia no se notaría hasta la cena. Había más probabilidad de que se dieran cuenta si eran dos los que desaparecían.

-Sera una lastima perderme la reunión familiar.

No creo que haya sido una simple reunión familiar. Desde que estamos en está isla he notado a demasiados usuarios de habilidades, es demasiado extraño.

-El misterio tendrá que esperar, ahora debemos buscar un barco. No debe ser difícil, Paris es un sitio bastante visitado por los mercaderes en esta época del año.

Recuerda no decir tu nombre, ese despiste tuyo de antes fue demasiado. Ahora que te han visto será mejor también ocultar el rostro. El chisme correrá a Cole antes de que te lo esperes si eres vista.

-Entonces desenfundare mi gorra, hace mucho que no la uso.

Actualidad

-No puede ser real…. – Ren observó con cansancio al muchacho dormido, escondido en las entrañas de su barco – El destino debe odiarme

Su rostro estaba oculto por la gran gorra vieja que llevaba, pequeño y delgado con ropas demasiado grandes parecía no tener más de 17 años.

-Ey chico – Ren empezó a zarandearlo – Despierta antes de que saqué mi espada.

El muchacho siguió roncando tranquilamente. No tenía paciencia para esto, sobretodo para lidiar con un descarado polizón.

Con la intención de darle un par de bofetadas suaves para despertarlo, notó que su mano era detenida en el aire para su sorpresa.

-¡Ya me levanté! – gritó de pronto el muchacho, que al levantarse le dio de lleno en la cabeza.

Este no era para nada su día.

-¿Por qué estás en mi barco?

Kyoko observó a la última persona que le gustaría ver. Ren Tsuruga parecía impaciente por su respuesta.

-Todo esto es un malentendido – dijo, intentando aparentar la voz de un muchacho – Yo solo estaba esperando al dueño del barco para pagar un billete al saber dónde se dirigían. He oído de los marineros que marchareis a Francia.

-¿Esperando dentro de mi barco en vez de fuera? – No sonaba nada convencido.

-Me dio algo de curiosidad verlo por dentro.

Apestas mintiendo, antes de que esto se arruine será mejor que me des el control por un momento

Cuando el infierno se congelé, pensó ella.

-¿Te dio curiosidad? ¿Por eso te pusiste cómodo para dormir? – El intento del chico en verdad divertía a Ren.

-Yo…

Solo copia mis palabras entonces, ya te veo siendo lanzada del barco en el siguiente puerto.

-Le diré la verdad – el muchacho pareció serio repentinamente – He sido vendido por mis padres a causa de las deudas. Tengo una tía lejana que puede ayudarme con este asunto en Francia.

- Este no es el único barco a Francia chico.

-Ayudare con el barco, con cualquier cosa. Le ruego que me deje ir con usted – se arrodilló ante el.

Agacha la cabeza e intenta temblar un poco. Si pudieras lagrimear algo, quedará perfecto.

Ren vio al chico con desconcierto. No parecía ser ningún espía ni nada parecido, la gorra le había impedido ver sus ojos pero por el tono de voz no parecía estar mintiendo.

Pararía en el próximo puerto y le pagaría un billete a un mercader para llevarlo. No podía encargarse del muchacho, las distracciones eran imposible a estas alturas.

-Escucha…

El chico alzó el rostro, temblando junto a su pierna, con las mejillas manchadas por lagrimas.

-Sé lo imploro

El maestro notó un agudo dolor de cabeza al intentar levantarse. Con visión borrosa observó la estancia en que se encontraba. Madera, las paredes eran de madera.. ¿Una casa?

-¿Ya está despierto? – preguntó una voz femenina – No se levante.

La muchacha a su costado era bella, con cabello negro y ojos profundos y hermosos. Blanca piel y hermoso rostro.

-¿Dónde estoy?

-Le encontré inconsciente en el bosque. A las afueras del pueblo. Cerca a Birmigham.

-¿Birmigham? – sorprendido se levantó, al instante notó como si un cuchillo estuviera en su cabeza.

-Le he dicho que no se levantara, mo – dijo algo irritada – Los hombres y su estúpido orgullo.

¿Birmigham? Apenas se había alejado un kilómetro de sus perseguidores. No tardarían en buscar por esta zona.

-¿Alguien más me ha visto muchacha?

Extrañada por esa pregunta se alejó del camastro.

-Mi hermano. El y yo te cargamos hasta nuestra choza. Eres demasiado grande para una persona.

-Me gustaría que nadie más supiera que estoy aquí. Juro que me iré tan pronto pueda caminar, te pido ese único favor.

-¿Estás metido en problemas? – su voz denotaba desconfianza

-Nada muy grave, solo un marido celoso. Espero que pueda esconderme solo un par de días.

Kanae observó al convaleciente. No podía ni levantarse del camastro, el riesgo de un ataque por parte suya no era muy probable. Podía esconderlo por un par de días, con arma en mano solo por prevención. Lo que no podría hacer era abandonarlo en el bosque.

-Esta bien – marchándose a por su pistola se paró en la puerta - ¿Cómo tengo que llamarte forastero?

-Reino, solo Reino.

-Yo soy Kanae.