Capítulo 53.

Elieth no terminaba de entender por qué Karl se encontraba tan raro. Después del episodio de las flores y del confrontamiento con los Del Valle, tanto Karl como Marie andaban muy serios y callados, y sobre todo Marie, que parecía estar realmente furiosa y refunfuñaba a cada ratito, hasta que Eli le preguntó qué le pasaba y Marie, muy hosca, le respondió groseramente que se metiera en sus propios asuntos y se marchó, dejando a Elieth muy sorprendida.

¿Qué es lo que les pasa a todos ustedes?.- cuestionó Eli, sorprendida.- Pareciera como si hubiesen acabado de librar una batalla interna.

Me siento como si le hubiese dado una ofrenda de paz a mis enemigos.- confesó Schneider, muy pensativo.- Como si le hubiese regalado flores a una rival.

Eso sí que es raro.- replicó Eli.- Sé que Leonardo y tú no se pueden ver ni en pintura, eso lo entiendo, pero que consideres a Rika como tu enemiga… Bueno, no sé, la chica es un tanto despectiva con los que no considera dignos de confianza, eso lo sé bien, pero de cualquier modo, no pensé que tú pensaras así de ella.

En realidad no tengo nada en contra de ella.- negó Karl.- No la conozco, realmente, pero no sé… Algo tiene esa familia que me hace tenerle cierto rechazo, es como si nos hubiésemos conocido antes de nacer y ya desde entonces fuésemos rivales.

Eso podría creértelo.- replicó Eli.- Algo sucede cuando Lily y tú se encuentran, o cuando Leonardo y tú se encuentra, o cuando Rika y tú se encuentran. Bueno, me entiendes, es difícil de explicar, pero no necesito hacerlo, porque bien que me entiendes. Y Marie anda igual, al parecer, ella no se puede ver con ningún Del Valle, o casi con ninguno…

Elieth se quedó callada, pensando en la evidente atracción que se había suscitado entre Marie y Leonardo al verse ese mismo día, así como lo había notado en ocasiones anteriores, cosa que le daba a entender a Eli que esos dos se querían secretamente, pero por razones muy parecidas a las que habían tenido Romeo y Julieta, no habían podido amarse abiertamente. Karl notó el silencio momentáneo de Elieth, pero no le sorprendió; él también estaba pensando en lo mismo, que el rechazo de Marie para todos los Del Valle no aplicaba con Leonardo.

Como sea.- suspiró Karl.- Ojalá que encuentren pronto a Misaki, y donde quiera que esté, espero que esté bien.

¿Cómo sabes que Misaki no está muerto?.- Eli enarcó las cejas.- Lo han dado oficialmente por muerto.

No está muerto.- negó Karl, firmemente.

¿Cómo lo sabes?.- repitió Elieth.

No lo sé.- Karl no encontró una buena respuesta.- Simplemente lo sé.

De verdad que ustedes tienen algo raro.- replicó Eli, suspirando.- No preguntaré.

Ella se acercó al joven y se sentó en el sillón junto a él, abrazándolo y besándolo. Karl se dejó querer y acurrucó a la chica contra él y se quedó un buen rato sin decir nada.

¿Ya no me odias?.- preguntó Karl, muy serio.

Nunca te odiado.- replicó Elieth.- Solo, no sé, de vez en cuando me dan ganas de patearte tu bien formado trasero.

Gracias, supongo.- Karl rió levemente.- Sé que me comportado como un idiota, y lo lamento. No sé por qué deje que la maldita fama me distrajera de lo que realmente me importa.

¿Y eso es…?.- Eli no quería caer, no tan fácilmente.

Tú.- respondió Karl, mirándola a los ojos.- Te amo, y nunca dejé de hacerlo.

Ella ya había escuchado eso antes, pero en esa ocasión Karl parecía estar arrepentido en verdad de haberla dejado ir. Ella suspiró y volvió a recargarse contra él, pensando muy bien en lo que iba a decir.

Me porté como un idiota.- repitió Karl.- Y para ser sincero, solo usé a Nydia para darte celos.

¡Ja!.- Eli se echó a reír.- Qué vanidoso.

Y qué idiota.- replicó Karl.- Lo confieso.

Bueno, eso que ni qué, pero te redimiste con todo lo que hiciste por nosotros cuando mi hermano murió.- comentó Eli, en voz muy baja.- Sin ti, no hubiese conseguido reponerme…

Era lo mínimo que podía hacer.- murmuró Karl, abrazándola más fuerte.- ¿Qué ha sucedido con Médicins sans Fróntieres?

Después de lo sucedido, le han dicho a Lily que se tome su tiempo también.- contestó Eli.- Pero ella igual que yo, no sabe si volver o no.

¿A qué te refieres con esto?.- quiso saber Karl.

A que estamos pensando en renunciar.- suspiró Elieth.- Yo no quiero dejar sola a mi familia ahora, y pues Lily no quiere dejar a su prima, con todo esto. Ella está pensando en realidad en pedir un tiempo más de permiso, pero yo creo que voy a renunciar. Estoy un poco cansada de andar de aquí para allá, quiero estar aquí por un tiempo.

Karl no dijo nada, agradecido que Elieth se quisiera quedar un tiempo más en Alemania; eso le daría la oportunidad de conseguir que ella volviese con él para siempre.

Ya nos desviamos mucho del tema.- comentó Elieth, después de un rato.- Aun quiero averiguar el por qué te llevas tan mal con esa familia.

Créeme que yo también quisiera saberlo.- suspiró Karl.

En esos momentos, Karl se preguntó en dónde podría estar Francesco; ya tenía muchísimo tiempo de no saber de él, cosa que le preocupaba, llegándose a preguntar si ya lo habrían matado también, aunque descartó esa idea de inmediato. Al menos Karl esperaba que su primo se supiera cuidar bien.

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Anya trataba de contener la hemorragia que fluía de la herida que tenía en el abdomen, cosa que le estaba costando más trabajo cada vez. Ese maldito Jäger le había causado una herida muy profunda y estuvo incluso cerca de matarla, pero ella al final había sido mucho más ágil y rápida y terminó asestándole un golpe que pudo haber sido fatal, pero el maldito demonio había conseguido burlar en el último momento el Ataque del Caos que había lanzado Yami contra él, el mismo golpe que había usado con Amichi y que había ocasionado que éste se separara de su cuerpo humano. Ahora Anya estaba herida también, y buscando un sitio en donde pudieran curarla ya que ella no podría hacerlo; los poderes de curación no estaban incluidos entre sus poderes de demonio, así que desgraciadamente Yami tendría que buscar ayuda humana sino quería morir.

No fue tan difícil; bastó con dejarse caer a la entrada de un hospital y fingir ser una mujer de bajo mundo que había recibido una herida por cuestiones de la carne y del placer. Los médicos de inmediato la atendieron y tuvieron que meterla a cirugía para cerrar la herida y la pasaron a cuidados intensivos, pensando en que quizás no sobreviviría la noche. Sin embargo, en cuanto Yami se quedó a solas, con los demás pacientes y los enfermeros del turno nocturno, la mujer se levantó de la cama y se arrancó el suero, monitores y demás, y se acercó tan lentamente al enfermero que éste no se dio cuenta de en qué momento ella le rebanó la garganta con un bisturí que se había robado de la sala de quirófano. El hombre se desvaneció en el suelo y, cuando su compañera corrió a ver lo que había sucedido, Anya le cortó la yugular de un tajo y después la desvistió para tomar su uniforme y salió a los mal iluminados pasillos del hospital, buscando la manera de robarse algo que pudiese disminuir el dolor que sentía por la herida.

Maldito cuerpo humano.- gruñó Anya.- Como demonio no duele tanto la maldita cosa.

Mientras ella esperaba a que se descuidara el aprendiz de médico que estaba vigilando los narcóticos, se puso a analizar la pelea ocurrida con Jäger, horas atrás, para tratar de saber en dónde había estado su error.

Después de que Jäger y Yami se transformaron y sacaron sus armas, él dio el primer golpe, como siempre, pero ella lo había detenido diestramente con un movimiento de su katana. Jäger había sonreído levemente y se lanzó entonces a hacer un ataque más elaborado, usando su famosa rapidez y agilidad para asestarle a Yami más de mil golpes por minuto. La diablesa, sin embargo, se movía con la misma rapidez y evitó casi todos los ataques del virrey de las sombras.

Nunca pensé que tendría que enfrentarme a ti alguna vez, de verdad que no llegué a pensar nunca que tú fueras la traidora.- dijo Francesco, muy serio.- Por cierto que aprendiste bien a pelear.

Tuve un buen maestro.- replicó Anya.- Me enseñaste muy bien, demasiadas cosas.

Y nunca pensé que las usarías todas en contra mía.- replicó Jäger.- O en contra de Schatten.

Con él, solo quisiera usar las habilidades que tengo bien aprendidas para la alcoba.- respondió Yami, con malicia.- Podría enseñarle al rey muchísimas cosas que no conoce.

Eso, si dejara que te acerques a él, cosa que no va a suceder.- replicó Jäger.- No voy a dejar que te acerques a él.

Me lo supuse, por eso es que debo sacarte del camino.- Anya lamió la hoja de su katana.- Va a ponerse esto muy interesante…

Jäger sacó su espada también y se puso en guardia; Yami blandió su arma y ambos demonios se pusieron a pelear uno contra el otro, usando todos sus poderes y su fuerza en la batalla. Ambos eran buenos, eran los mejores en su reino, Yami era muy cercana a Schatten y, por ser mujer, eso significaba que de verdad ella era una de las mejores en su área, una estupenda guerrera, alguien en verdad difícil de vencer, y Jäger lo sabía mejor que nadie. Después de todo, él la había entrenado en persona y hubo un tiempo en donde él confió plenamente en ella, por lo que estar peleando contra Yami era algo que nunca se imaginó que pudiera suceder algún día.

Los humanos, desde la tierra, veían dos bolas de fuego chocar contra sí en el cielo, e incluso hubo gente que juró ver a dos personas con alas negras peleando una contra la otra y creyeron escuchar el sonido metálico que hacían las espadas al chocar entre sí. Anya lanzaba sus ataques de caos y oscuridad contra Francesco con toda su fuerza, porque sabía que con alguien como el virrey no se podía bajar la guardia, pero Jäger evadía todo, no sin cierta dificultad, y a su vez lanzaba llamas negras a su oponente y trataba de herirla con su espada. El demonio tenía cierto cuidado de no matar a su oponente, ya que de hacerlo acabaría con alguien del reino de la Luz y se rompería el Pacto de Sangre, cosa que sin dudar rompería la precaria tregua que había entre ambos reinos. Yami sabía muy bien esto, cosa que sin duda le estaba dando la ventaja, ya que ella había dejado muy en claro que le importaba un soberano comino el Pacto de Sangre y la dichosa Profecía. Incluso, parecía ser que a Anya le importaba muy poco la vida en general, ya que no tenía ningún cuidado con sus ataques y éstos alcanzaron a varias personas, causando caos en la ciudad. Francesco no estuvo de acuerdo con esto y decidió alejarse, para trasladar la batalla a un lugar más despoblado.

Quién lo diría.- se mofó Yami.- Un demonio cuidando de humanos.

Somos seres de sombra, pero eso no significa que seamos malvados.- replicó Jäger.-

¿Qué es lo que tramas?

Ya te dije, tener lo que es mío.- replicó Yami.- Lo que es de demonios, debe quedarse con los demonios y no con una simple mortal…

¿Con una "simple mortal"?.- Jäger enarcó mucho las cejas.- ¿A qué te refieres? ¿Acaso tú conoces la Profecía?

De principio a fin.- sonrió Yami.- Y no voy a permitir que se cumpla. Una mortal no va a tener lo que yo tanto he deseado, así como tampoco permitiré que haya paz con los ángeles, eso nunca.

Ya me lo temía, que solo me hubieras usado para acercarte al rey.- gruñó Francesco.

¿Y por qué no habría de hacerlo?.- cuestionó Anya, con una sonrisa de burla.- ¿Quién querría quedarse con el segundo al mando cuando puedes tener al mismísimo "káiser"?

No era que a Jäger le molestara ser utilizado por Yami para conseguir sus propósitos, era más bien el hecho de que ella fuese lo suficientemente despiadada y desgraciada como para planearlo todo a sangre fría, y sin importarle quién cayera en el camino, con tal de que ella consiguiera cumplir su objetivo. El demonio entonces blandió su espada y convocó su poder de llamas negras con la misma, de manera que la hoja de la espada pronto comenzó a arder con fuego de la oscuridad. Yami sonrió al ver eso, era la famosa técnica de la Espada Llameante del virrey de las Sombras.

Siempre tuve deseos de enfrentarme a esa técnica.- dijo Yami, blandiendo su katana.- Para burlar su ataque, y, quién sabe, quizás copiarla.

Jäger ya no dijo nada y se lanzó al ataque; la velocidad de él sorprendió sinceramente a Yami, a quien le costó mucho trabajo esquivar el primer golpe, y también el segundo, aunque el tercero la alcanzó y le dio de lleno en el estómago. Yami gimió de dolor, y Jäger creyó que la había vencido, bajando su guardia; eso para él fue un error fatal, ya que ella aprovechó entonces para lanzarse su Ataque del Caos Total, cosa que lanzó al demonio al mismo limbo de oscuridad al que había sido arrojado Amichi. Yami alcanzó a sacarse la espada de Jäger del cuerpo y la lanzó hacia la Tierra, sonriendo satisfecha de que su ataque hubiese resultado tan eficaz. Francesco, sin embargo, murmuró un nombre justo antes de que la oscuridad terminara de cernirse sobre él, algo que pareció más un conjuro ya que con esto logró evitar caer en el limbo y cayó a la Tierra, herido. Yami maldijo al demonio, en el último momento él se había escapado su ataque, aunque por lo menos había conseguido quitárselo de encima.

Así pues, mientras Anya estrangulaba al pobre pasante que cuidaba los narcóticos, terminaba de recordar la batalla ocurrida con Francesco y bufó. Las cosas no estaban saliéndole bien en ese mugroso mundo, en los reinos de Luz y Sombra ella ya habría conseguido matarlos a todos, pero en la Tierra no estaban saliéndole las cosas tan fáciles.

Parece ser que es momento de cambiar de estrategia.- murmuró Anya, mientras se inyectaba morfina para quitarse el dolor.- Este cuerpo humano limita mucho mis habilidades.

Lo más importante en esos momentos era encontrar la espada perdida de Jäger, para tratar de descubrir la forma en la que se convocaba la Espada Llameante y, quién sabe, quizás conseguir hacerla funcionar. Yami sabía por experiencia propia que las armas de los demonios reales (así también como la de los ángeles reales) no funcionaban con otro que no fuese su dueño, así que quizás la espada de Jäger no iba a responder las órdenes de Yami. Sin embargo, ya se las arreglaría para tratar de encontrarle el truco al arma y usarla después a su favor.

Lentamente, la morfina comenzó a hacer su efecto y Anya volvió a tener control sobre su cuerpo. Ella dejó caer la jeringa vacía sobre el cuerpo inerte del médico muerto. Era hora de salir de ahí, antes de que los empleados de limpieza encontraran los cadáveres que había dejado en el camino.