Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 49

Esme con un traje de baño de dos piezas en color blanco y unos lentes de sol, estaba acostada en una de las tumbonas de ratán que se encontraban al borde de la piscina en el tercer piso de la residencia Cullen, disfrutando del maravilloso momento en que Carlisle le aplicaba con suaves masajes circulares protector sobre el vientre que cada vez era más prominente y empezaba a subir un poco más, ya no era sólo abultaba la únicamente la parte baja de su vientre.

En una mesa al lado había un vaso con leche helada, porque era lo único que calmaba la tortuosa acidez, también una gran variedad de fruta fresca picada en un recipiente de cristal, pero su debilidad eran las ciruelas y los kiwis.

Aún no lograba hacerse a la idea de vivir al lado de ese hombre y en un clima tan tropical al que empezaba a adaptarse. Carlisle Cullen era más de lo que le había pedido a la vida, era atento y amoroso. Admitía que extrañaba desesperadamente los momentos pasionales, su deseo aumentaba con los días y para su mala suerte no podía tener relaciones sexuales hasta que no pasara la etapa de riesgo. Según el doctor que la estaba tratando.

Anhelaba que el tiempo pasara rápido para poder conocer a sus hijos, o al menos ansiaba que en la próxima ecografía por fin pudiese saber el sexo. Ella se conformaba con que fuese un niño y una niña, pero le habían dicho que eso era imposible en su caso. Así que ya estaba preparada para criar a dos niños o dos niñas.

Aunque intentara parecer calmado y sonriente ella sabía que estaba muy preocupado por su sobrino y que si él mismo no se había embarcado en un avión para ir en su búsqueda había sido por petición de ella y era por la misma razón que no se atrevían a llamar a Bella, por si no había llegado para no ponerla sobre aviso.

Escuchó las puertas que daban al interior de la cada abrirse, seguido de unos pasos y Carlisle se puso de pie.

—En un minuto regreso —le comunicó dándole un beso en los labios y se alejó.

Carlisle fue al encuentro de uno de sus guardaespaldas.

—Buenos días señor. Tenemos noticias —le anunció el hombre, de tez morena y ojos pardos.

—Vamos adentro —le pidió pasando de largo. Se ubicaron en la antesala que aunque no podía esconderlos de la vista de Esme si evitaba que los escuchara, lo que menos quería era angustiarla—. ¿Qué noticias me tienes? —preguntó deseando internamente que su sobrino se encontrase seguro.

—Hable con los pilotos, me confirmaron que tuvieron que viajar hasta el aeropuerto de Anchorage, porque al parecer la señorita Swan se encuentra en la localidad de Valdez. Que está a unas seis horas de carretera.

—Ed es un caso perdido. Va matarme de un disgusto, le dije que no condujera —dijo el hombre soltando un suspiro y frotándose la frente con preocupación—. ¿Saben si llegó? Porque no he logrado comunicarme con él su teléfono esta fuera de servicio.

—Sí señor se registró en el Best Western, en el hotel de la localidad por unas horas, pero después se trasladó hasta unas cabañas que pertenecen al Best Western que están ubicadas a cuarenta minutos aproximadamente.

—Entonces si está con Bella, debería llamar. No está cumpliendo el trato que hicimos —expresó como si Edward pudiese escucharlo—. Gracias, Jarred. Voy a llamar a Bella, si necesito algo más te avisaré.

El hombre asintió en silencio y se marchó. Carlisle regresó al área de la piscina donde se encontraba Esme.

—Ed está con Bella —le informó tomando un paño y quitándose los restos de protector solar que había olvidado—. Me gustaría poder comunicarme con él, sólo para saber que llegó bien.

—Bien, podemos llamar. Aunque no aseguro que te conteste a la primera. Lo más probable es que seas realmente inoportuno —le dijo con una sonrisa. Se alegraba de que las cosas se solucionaran entre Edward y Bella, deseaba que fuese de buena manera.

—Lo que menos quiero es ser inoportuno, ¿crees que deba darle un poco más de tiempo?

—Definitivamente. Amor, ya Edward es un hombre, sabe valerse por sí sólo. Tus hijos ya no son unos niños que no sepan desenvolverse en el mundo. —le dijo tomándole una mano y entrelazado sus dedos.

Carlisle aprovechó y se sentó al borde de la tumbona de ratán.

—Sé que son hombres independientes y aún no sé en qué momento el tiempo pasó tan rápido. Sin embargo el que sean hombres con mujeres y hasta hijos no los deja exentos de que me mantengan al tanto de su integridad.

—Bueno esperemos al menos unas horas para que Edward aclare su situación con Bella y después lo llamas. O tal vez sea él quien se comunique antes contigo.

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La herida de Edward requirió algunos puntos de sutura que lo hicieron sufrir un poco durante el proceso, además de una vacuna contra el tétano.

El doctor le recetó algunos medicamentos, no sólo para la herida sino también para el golpe en la parte derecha de la cadera y prácticamente le exigió guardar reposo por setenta y dos horas. No debía hacer ningún movimiento que le reabriera la herida.

Una vez que el doctor se marchó Edward se puso de pie y llamó a su tío, quitándole la angustia de encima al asegurarle que estaba bien y que la situación con Bella se había arreglado. Obviando el pequeño detalle de que ella era hija de James Borden, prefería explicárselo personalmente.

Al finalizar la llamada acompañó a Bella a la pequeña cocina que deseaba prepararle algo de comer.

—Sólo tengo un huevo y pan, creo que podemos compartirlo. Desayunamos y descansas un poco mientras yo voy a hacer unas compras —informó mientras separaba la yema de la clara del huevo y Edward tomaba asiento en la silla que conformaba un comedor de manera de cuatro puestos.

—Estás demente si crees que voy a dejar que salgas de aquí. No puedes exponerte, la vía es sumamente peligrosa.

—Ed me llevará el señor que vive cerca, conoce estos caminos como nadie. Ya he ido antes a hacer las compras.

—Bells, por favor no lo hagas.

— ¿Y que se supone que vamos a comer? No tengo nada más.

—Podríamos llamar al hotel y que nos envíen una compra y la recarguen al servicio, supongo que deben tener esa opción, sino para que alquilar cabañas en el fin del mundo.

—Supongo que sí, y sino no me queda de otra, porque no vamos a pasar hambre.

—Yo me encargo de llamar al hotel y ya verás que sí nos traerán las compras. —expresó con seguridad.

—Está bien, ¿quieres los panes tostados?

—Como quieras.

—Ed, no me los comeré yo, bueno el mío lo quiero tostado.

—Sin tostar entonces —dijo sonriente y ella arrugó la nariz en un gesto divertido, queriendo expresar que no podía con él—. ¿Bella puedo hacerte una pregunta? No quiero incomodarte, sólo saber si quieres hablar.

—Si no me haces la pregunta, no sé si podré respondértela. Yo después te haré unas a ti.

—Bien, espero responder, ya no quiero tener más secretos contigo. ¿Te hiciste cambio de nombre? —preguntó observando como una mota de polvo danzaba en el rayo de luz que se colaba por la ventana.

—No, nunca logré hacerlo, sí intenté, pero me pedían algunos documentos y autorización que no tenía. Cuando me escapé lo hice únicamente con el pijama que tenía puesto y para poder estudiar Charlie tuvo que viajar a Tenopah y buscar algunos en el registro, pero nunca pude cambiarme el nombre. Sé que me preguntas eso porque no me apellido Borden. A mi madre no hubo quien la llevara a un hospital, así que nací en mi casa, gracias a la señora Sue, lo supe por ella y después mi padre nunca tuvo tiempo para acompañar a mi madre al registro, así que tuvo que hacerlo sola. —hablaba sirviendo en un plato la clara revuelta del huevo y en otro una rodaja de pan tostada y otras dos sin tostar.

Edward observó en silencio a Bella colocar la comida en la mesa, también colocó una jarra con agua y un vaso. Esperó a que se sentara a su lado y antes de probar los alimentos se acercó a ella y con uno de los dedos pulgares le acarició los labios.

—Gracias —le dijo son total sinceridad y le dio un beso en la boca y otro en la mejilla.

Bella le sonrió con la mirada en los hermosos ojos dorados y correspondió con otro beso. Después sirvió un poco de agua en el vaso y le dio un trago antes de comer.

—Sé que Borden está detenido y verdaderamente espero que no salga en libertad. ¿Dónde lo detuvieron? ¿Tuviste noticias de mi madre? —preguntó con la mirada en los alimentos.

—Lo detuvieron en Nueva york, estaba viviendo con su hermano —contestó observando como Bella tragaba en seco y como el pan empezó a temblar en su mano, pero rápidamente lo regresó al plato—. De tu madre no sé nada, ni siquiera tengo idea de cómo se llama. Mi objetivo eran los hermanos Borden no su familia, en mi mente nunca estuvo hacerle daño a personas que no son culpables, aunque admito que no podía evitar sentir odio hacia todo lo que los relacionaba.

Edward terminó de hablar y Bella guardó silencio por más de un minuto, en el cual él se le aferró a una mano.

—Renée —dijo al fin en un murmullo—. Mi madre se llama o se llamaba Renée. —elevó la mirada y buscó la de Edward—. ¿Crees que le haya hecho algo malo?

—De Borden puedo esperar cualquier cosa, no sé cuáles eran sus razones para que estuviese viviendo con su hermano y ahora que me has dicho que nunca te cambiaste el nombre no quiero pensar el por qué estaba en Nueva York, contaba con fácil acceso para llegar a ti, pero ya no tienes nada que temer. Te juro que no saldrá de la cárcel. Sí quieres podría preguntarle por tu madre. Encontrar la manera de saber de ella.

Bella agarró nuevamente el pan y esta vez le dio un mordisco, masticó muy lentamente con la mirada al frente y no en la de Edward.

—No, no quiero saber de ella —dijo en voz baja pero con gran resolución. Lo que menos deseaba era remover un pasado que debía estar enterrado.

No quería saber si aún seguía con vida, porque estaba segura que si se había separado de James y nunca osado buscarla, le confirmaría que nunca la había sentido siquiera un poco de pena por la única persona que se exponía a ser golpeada en sus intentos suicidas por defenderla.

Edward observó en silencio a Bella que estaba con la mirada en algún punto imaginario en su plato, sabía que intentaba comprender situaciones de su pasado. Entonces él le tomó una mano, ganándose con eso la atención de los maravillosos y hermosamente extraños ojos violetas.

—Siento haber sido violento contigo. Juro que nunca más lo haré, debí pensar primero, pero me dejé llevar por las emociones que se despertaron al pensarme enamorado y engañado de la peor manera.

—Juro que no lo sabía. Si al menos hubiese tenido la sospecha, ni siquiera me habría acercado. Sé lo que se siente estar roto por dentro. Confío en que nunca me harás daño, por favor no me permitas llegar al punto de mi madre. Cuando estés casando de mí prefiero que desaparezcas, que te vayas sin siquiera despedirte.

—Nunca serás como tu madre, porque eres una mujer fuerte, decidida con ideas propias. No quieres vivir a la sombra de nadie y fue eso lo que me cautivó. Verte luchar por lo que quieres. —le pellizcó cariñosamente una mejilla y le lanzó un beso.

Bella sonrió cumplida ante la ternura que Edward le prodigaba. Le tomó la mano y le besó uno a uno los nudillos.

—Debes estar cansado —era algo que Edward no podía ocultar porque sus facciones lo delataban—. Termina el desayuno, te acompaño en un baño de agua tibia, y después quiero que duermas al menos unas ocho horas.

—Realmente no estoy tan cansado, no tengo sueño —en realidad estaba mintiendo apenas si podía mantener los ojos abiertos, el borde de los párpados le ardía, pero temía dormir y que Bella se fuera, temía que aunque se hubiesen confesado el amor que sentían y aclarar completamente que ninguno de los dos tenía culpa en la tragedia que los unió en el pasado, ella no estuviese preparada para estar a su lado por los demonios que aún la acosaban.

—Pues aunque no tengas sueño vas a dormir. Ed se te ve exhausto, prometo acompañarte.

—Cuando estemos en la cama veremos si decido dormir.

—Tendrás que hacerlo no hay nada más que hacer en este lugar a menos que quieras ver televisión.

—Puede que en este lugar no haya mucho que hacer, pero en tu cuerpo me sobran cosas por hacer —dijo alargando su mano y tomándole una teta.

—Creo que el doctor fue lo suficiente claro, cuando recalcó que debías guardar reposo. Ningún esfuerzo físico y verdaderamente no quiero ser la causante de que se reabra la herida.

—No tiene que ser un gran esfuerzo —alegó enarcando ambas cejas y Bella le correspondió elevando una de las de ella con perspicacia.

—Mejor vamos a bañarnos —le pidió poniéndose de pie y tomándole una mano a Edward.

Él se dejó guiar al baño, donde Bella lo desvistió y aunque quiso hacer lo mismo con ella no pudo, para no exponerse a ningún movimiento que le perjudicara la herida, la vio desnudarse ante sus ojos y él que la conocía mejor que nadie, que se conocía ese cuerpo de memoria, no pasó desapercibido que había perdido peso.

Los huesos de las caderas se le acentuaban, al igual que las costillas, suponiendo que eso se debía al sufrimiento que había vivido desde que abandonó Nueva York.

Se arrepintió de no haberle confesado qué era lo que lo unía a Vulturi, de no haber confiado en ella como se lo merecía. Tal vez se hubiese ahorrado tanto sufrimiento, aunque nada cambiaría el hecho de que fuese hija de Borden, tal vez hubiesen estado preparados para afrontar la situación de mejor manera.

Bella entró a la tina con la ayuda de Edward y ambos se sentaron, ella lo hizo detrás de él, ambos agarraron esponjas y las empaparon de agua.

Edward la exprimía en las rodillas de Bella y le recorría los muslos, mientras que ella le frotaba la espalda, hombros y cuello, evadiendo la herida que estaba cubierta por un apósito de gasa.

Ella de pronto soltó una carcajada y dejó caer la frente contra uno de los hombros de Edward.

—Y ahora a qué se debe la risa, cuéntame el chiste y así nos reímos los dos —dijo divertido tomándole una mano y entrelazando los dedos.

—Es que soy una tonta —dijo en medio de risas y para calmarse le mordisqueaba el hombro a él hasta llegar al lóbulo de la oreja el que le succionó por varios segundos y disfrutó del estremecimiento que le arrancó al cuerpo de su hombre, de su amor.

—No creo que seas una tonta. Una provocadora sí, te recuerdo que una cosa es lo que diga el doctor y otra muy distinta es lo que sienta la magnum y cuando se carga no respeta ninguna prescripción médica —le dijo tomándole la mano libre de Bella llevándosela al miembro, instándola a que lo tocara, ella se rehusaba porque no quería excitarlo—. Sólo un poco Bells. —suplicó porque moría por sentirla masajeando esa parte que tanto la había extrañado.

—Pues dile a la magnum que se vaya con cuidado —advirtió apretando juguetonamente el pene que a cada apretón se hacía más duro—, porque al pedido de la comida añadí el de condones. Olvidé las anticonceptivas y he perdido el ciclo.

Edward carraspeó ruidosamente al tiempo que se removía en la tina y Bella soltó otra carcajada al sentir como la media dureza que había adquirido el pene despareció de golpe, entonces ella lo soltó.

— ¿Supongo que pediste suficientes condones? —la voz de Edward se escuchó ronca, debido al temor que le causaba la remota posibilidad de dejar a Bella embarazada.

—Sí, creo que tres cajas de Trojan Magnum de 36 es suficiente.

—Más que suficiente, creo que estás planeando asesinarme a cogidas.

—Tanto como asesinarte no, pero sí quiero quitarme las ganas que te traigo.

—No hagas esos comentarios —le pidió siendo plenamente consciente de que debía contenerse—. No me has dicho por qué te reías —le recordó, a él difícilmente se le pasaba algo por alto.

Bella volvió a reír y le depositó un sonoro beso en la mejilla.

—Es que más de una vez me sentí celosa de Alice.

—Entonces sí estabas celosa —soltó una carcajada y Bella le tapó la boca con una de sus manos en un gesto juguetón.

— ¡Ya! No te burles no que no tenía la más mínima idea de que fuese tu hermana, cualquiera en mi lugar se habría sentido de la misma manera, es que tal vez tu no podías ver cómo te comportabas y más de una vez me provocó abofetearte porque te interesabas más en ella que en mí.

—Hey, nunca me he interesado más en ella que en ti. Son situaciones completamente distintas. Te dejé claro muchas veces que no me interesaba y Alice siempre expresó abiertamente que le gustaba mi primo. Algo completamente distinto a lo que hace tu amigo Mike, que no pierde la oportunidad para dejar claro que si me descuido no te dejará tranquila hasta que cedas. Claro falta que yo se lo permita.

—Sigues con los absurdos celos con Mike —dijo con el orgullo hinchado.

—Que no son celos, ese enano no me hace competencia.

—Creo que no se trata de competencia, más bien se trata de que tienes la certeza de sus sentimientos.

—Bueno sí lo admito, me jode saber que compartes tiempo con alguien que te tiene ganas.

— ¿Entonces sí sientes celos de él?

—Sí, algunas veces —masculló sintiéndose derrotado en ese momento.

Bella soltó un grito de júbilo y le cerró con los brazos y piernas cuello y cintura aferrándose a él, evitando la herida para no lastimarlo.

—Ay que emoción, mi fiscal siente celos. ¿Sabes por qué pasa eso?

—No, no lo sé.

—Porque estás perdida e irremediablemente enamorado de mí —susurró y le plantó los labios en la mejilla, en un beso largo.

—Sí, ya te di todo el poder para que te burles —hizo pucheros como un niño malcriado.

—No me estoy burlando, estoy feliz porque no soy la única que no sabe qué hacer con este jodido sentimiento que no me deja pensar en otra cosa que no sea en ti.

— ¿Con cuánta frecuencia piensas en mí? —se regodeó contento ante la confesión de Bella.

— ¿Te sirve si respondo veinticinco horas al día?

—Bueno, qué más da, puedo conformarme con eso.

—Es que no puedo contigo Edward Cullen —confesó sonriente—. Anda ponte de pie. Vamos dormir.

Edward lo hizo y ella también, al salir de la tina Bella se encargó de secarle el cuerpo. Dentro del mismo baño había dos armarios de madera en los que se guardaba la ropa.

—Mierda —masculló Edward recordando que su único equipaje había quedado en la camioneta—. Creo que pillaré una pulmonía, no tengo ropa.

—Puedes colocarte algo mío, déjame ver que tengo por aquí —abrió uno de los armarios.

—Bella no me quedará nada tuyo.

—Yo creo que un pijama sí. Vamos a probar. —sacó uno rosado con lunares negros y se lo lanzó.

—Bonito color —hizo una mueca de desagrado una vez que lo atajó con agilidad—. Estoy seguro que no me quedará.

—Es el más grande que tengo, seguro que sí te quedará.

Edward empezó a colocarse la prenda sólo por quitarle la idea a Bella y ella empezó a carcajearse al ver que el pantalón del pijama no le pasaba de los muslos.

—Te lo dije, no me queda. ¿Tienes suficientes frazadas?

—Sí, hay docenas —se puso de cuclillas y sacó tres de la parte baja del armario.

—Con eso será suficiente.

Minutos después se encontraban en la cama y aunque Bella no tenía sueño se había prometido quedarse en la cama velando el sueño de Edward, admirarlo en paz y llenarse de su presencia que tanta falta le había hecho.

— ¿Estás calentito? —le preguntó protegiéndolo con sus brazos, bajo las frazadas. Mientras él se deleitaba acostado sobre el pecho de Bella dejándose mimar por ella.

—Sí, podría estarlo más, pero tengo que esperar que lleguen los condones.

—Mejor duérmete Edward y no tientes a las ganas y mucho menos a la suerte.

—Está bien voy a dormirme, pero deberías de ayudarme a hacerlo, por qué no me cantas algo como lo hiciste con Liam.

—Liam es un bebé.

—Yo soy tu bebé ahora —dijo con malcriadez.

— ¡Ya Edward! No seas tan chantajista.

— ¿Por qué no puedes llamarme bebé? Algunas parejas usan esos apodos ridículos y les gusta.

—Porque si te digo bebé nunca más volveré a coger contigo, me sentiré una pedófila, prefiero decirte mi fiscal, mi pantera o amor mío —confesó rascándole la cabeza y depositándole un beso en la coronilla.

—Me gusta mucho más el último, meu amor —le tomó una de las manos y le dio un beso.

Bella se estremeció sutilmente al escucharlo hablar en portugués, sintiendo que el corazón casi, casi no le cabía en el pecho. Se alejó un poco de los cabellos de Edward y empezó a tararear.

Remember once the things you told me

And how the tears ran from my eyes

They didn't fall because it hurt me

I just hate to see you cry

Sometimes I wish we could be strangers

So I didn't have to know your pain

But if I kept myself from danger

This emptiness would feel the same…

A Edward el corazón empezó a brincarle en la garganta, ante la hermosa y maravillosa voz melodiosa de Bella, pero más allá de eso estaba la letra del tema que le erizaba entera y totalmente la piel, mientras batallaba con las infinitas ganas de llorar que lo azotaban, todas sus emociones se intensificaron con la vibración de la voz de Bella que le gritaba que estaba conteniendo el llanto.

I ain't no angel

I never was

But I never hurt you

It's not my fault…

Él levantó la cabeza y se encontró la mirada ahogada en lágrimas de Bella y antes de que una corriera por su mejilla él la atrapó con uno de sus pulgares.

—Puede que no te creas un ángel, pero para mí lo eres. Él día que asesinaron a mi madre dejé de creer en Dios como un ser bondadoso. En este preciso momento vuelvo a creer en él, tal vez empecé a creer en él desde el momento en que te atravesaste frente a mi auto. Recuerda que compartimos dolores y secretos, ahora siento que estamos más conectados, porque no sólo los compartimos sino que también nos une —se acercó a ella y le dio un beso en los labios mientras seguía con su pulgar atrapando las lágrimas incontenibles que Bella derramaba—. Es increíble como la vida, el destino o lo que sea, ha jugado con nosotros, me ha dado lo que más quiero, lo que más amo y lo más importante que tiene mi vida en este momento. Lo hizo de uno de los hombres a los que odio con todo lo que tengo. Si no fueses hija de Borden, no fueses mi Bella, mi mariposa, y te juro, yo te juro amor mío que mi única manera de tocarte será con caricias —empezó a acariciarle el rostro—. Lo haré con la presión exacta justo para llevarte a los límites del deseo, mi única misión será darte placer y ternura, mis manos nunca te dañaran, de mi boca no escucharás un insulto, juro que lucharé cada segundo para que sientas lo que es el amor verdadero.

Bella sollozó y se abrazó a él con fuerza, en su arrebatado amarre lo lastimó y Edward no pudo evitar quejarse.

—Lo siento, lo siento —dijo con voz ahogada por el llanto.

—Tranquila, no pasa nada. Ya no llores, me jode verte hacerlo… Me aprisiona el pecho de una manera que casi no me deja respirar. No sé porque todo llanto de mujer lo relaciono con el sufrimiento de mi madre y es algo que no puedo evitar —le confesó acariciándole los cabellos y ella ocultaba la cara en su pecho.

Bella le dio varios besos, mientras se llenaba de ese calor humano que él le brindaba, sintiendo el latir descontrolado del corazón de Edward golpear contra sus labios.

—Lo único que me queda es mi amor y mi confianza, y son tuyas. Te creo Ed, creo completamente en ti. Eso sólo se lo había ganado Charlie y me había asegurado de no entregárselo a nadie más, pero ahora te pertenezco, soy tuya, quiero ser tu complemento.

—Y lo eres desde hace mucho. Entraste marcando diferencias Bella y rompiste todas las barreras, me convertiste en un ser completamente dependiente, algo que nunca imaginé me fuese a pasar —le besó los cabellos y siguieron murmurándose y acariciándose hasta que se quedaron dormidos uno en los brazos del otro.

Alguien llamando a la puerta despertó a Bella, Edward ni se inmutó estaba completamente rendido.

Ella salió de la cama y al abrir era la persona enviada del hotel, con las compras y además le entregó las pertenencias de Edward que la compañía de alquiler de autos le había dejado en la recepción, adicional el contrato que había firmado previamente en el que estipulaba que debía pagar el costo de los arreglos del vehículo si tenía alguno o si no el costo total del auto.

Aceptó todo lo que le entregaban y le dio una propina al chico por haberse tomado la molestia. Dejó las cosas de Edward en la sala donde puso a cargar el teléfono y pasó a la cocina para llenar la alacena.

Sobre la nevera había un reloj digital y era pasada la hora del almuerzo, percatándose que había dormido más de tres horas. Sabía que cuando Edward se despertara lo haría hambriento y se dispuso a preparar algo realmente sustancioso.

Como no destacaba cocinando prefirió encender el pequeño televisor de la cocina y buscar un programa que le ayudase a preparar algo de lo cual no se avergonzaría.


Espero que les haya gustado el capítulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capítulo…

Hola Liam —saludó ella sonriente sabiendo que el niño no le entendería.

Ante la voz y presencia de Alice a través de la pantalla el niño palmeó queriendo atraparla y Jasper no pudo preceder el movimiento del niño que se lanzó y le plantó un beso.

Hey —Jasper lo alejó de la pantalla mientras Alice se carcajeaba—. Este pequeño bribón quiere quitarme la novia de frente.