Dije que estaría de vuelta pronto y aquí estoy*_* Me ha encantado escribir este capítulo, o sea, me he pasado el día entero escribiéndolo ayudado de la música, que conste y quería dedicarselo a todas las personas que tienen un momento para leerme y valorar lo que escribo, y especialmente a las chicas que he conocido hoy, que crean sus propias teorías sobre mi fic y eso me hace sentirme genial. Ellas son increíbles, y no me hace falta pasar meses con ella como para saberlo. Así que espero que lo disfrutéis. También he hecho caso a "writerboy35" al que le pregunté si debía profundizar en la relación de Rick y Meredith y me aconsejó que había quedado ya bordado.
Y bueno, no temáis que el capítulo anterior y casualmente el 50 marcó la mitad del fic y ahora comienza una trama nueva en la misma línea, queda mucho para el final*_* Ojo, esto no quiere decir que queden otros 50, me refiero a que es la mitad de la historia:)
Buenas noches, (al menos desde España):") y que disfruteis, besos!:*
PD: Una review no hace mal, recordadlo (T.T)
NUEVE AÑOS DESPUÉS...
-No me creo que vayas a casarte.
Rick miró a su mejor amigo a través de sus gafas de sol Ray Ban. Éste, con otras gafas también a juego observaba la enorme piscina, revuelta ahora con tantas personas, mientras bebía de una pajita fluorescente un liquido verdoso que supuso sería un mojito.
-Ya era hora.-fue lo único que dijo.
El escritor siempre había pensado que Jake se cansaría alguna vez de su novia pasados unos cuantos meses. ¿El por qué? Conocía a su mejor amigo lo suficiente como para saber de qué pasta era, pero él tampoco podía decir mucho pues su carácter se asemejaba al suyo.
-Nueve años, son nueve años.-añadió dando un trago a su propia bebida.
Arrugó la cara al notar el amargor del alcohol surcando su lengua y su paladar. Estaba acostumbrando a ese sabor, sin embargo ese parecía mucho más fuerte.
-Teniendo en cuenta de que Taylor nació hace cuatro, que amo a Scarlett como el primer día y que vivimos ya juntos, solo necesitábamos esto.
Rick pensó en su propia hija, que casualmente jugueteaba en la piscina con la hija de su mejor amigo, ambas de la misma edad. No eran familia, ni la sangre de la una corría por la de la otra, no obstante al haber estado juntas desde que las dos habían nacido se trataban como tal.
El pelo pelirrojo era fácil de ver entre tantas rubias y morenas. Su hija era la única con ese color tan llamativo y a la vez especial. Meredith había contribuido en ello. Eso sí, cuando la pequeña te miraba, sus ojos no podían ser más azules que los de Rick.
-Yo en trámites de separación y tú casándote. Dime que no es una ironía.-farfulló el escritor con una risita divertida.
Escuchó el largo suspiro de Jake. Algo así como un "quién lo iba a decir". Él llevaba alrededor de tres años y medio con Meredith cuando se quedó embarazada de su hija Alexis. A decir verdad ese fue el pequeño empujón que los llevó al matrimonio, pero aún así se querían. Todavía pensaba en la enorme casualidad que les hizo conocerse, el hecho de salir corriendo con una idea fija en la cabeza y encontrar a alguien que volviera a hacerle feliz.
Al principio solo necesitaba que ella saliera de su cabeza, algo que nunca consiguió hacer del todo, pero que Meredith hizo más llevadero. Poco a poco la pelirroja fue ganándose su corazón. Era una mujer divertida, ingeniosa y terriblemente inteligente. No era Kate, estaba claro. Sin embargo llegó a quererla hasta tal punto de casarse con ella y compartir una hija juntos.
Una hija a la que amaba con locura y de la que estaba más que orgulloso. Tenía algo que conseguía animarlo hasta en sus peores días, cuando Kate volvía y su mundo se desvanecía. Alexis estaba ahí para enseñarle sus primeras palabras y sus primeros pasos.
No supo nada más de ella, solo que había conseguido llegar a ser detective de homicidios, lo que siempre quiso. Y no solo eso, sino una de las mejores de Nueva York. Lo que nunca supo fue si consiguió saber algo más de su hermano.
No volvió a escuchar su voz, no volvió a verla, simplemente desapareció y con ella, él.
-¿Vendrá?-después de haber estando pensando eso, la pregunta le fue inevitable.
Jake se inclinó un poco para mirarlo, y no hizo falta que se quitase las gafas para que los dos supieran en qué pensaba el otro.
" -¿Boda?-preguntó Jake con un nudo en la garganta. Todos rieron en voz alta.
-Algún día tendremos que casarnos, ¿no?-Scarlet le guiñó uno de sus ojos azules para tranquilizarlo.
-Pero tienen que pasar años luz para eso, ¿no?-sus amigos permanecían en silencio, expectantes ante su reacción y lo que su novia iba a contestarle.
-Claro, cuando los coches vuelen y eso...-siguió ésta con una sonrisa.
-Ah, entonces sí.
-Hay que elegir padrino y madrina.-Scarlet desvió automáticamente la mirada hacia Castle y Beckett.
Estos se miraron entre si y volvieron a mirarlos.
-¿Nosotros?-intervino Rick esta vez.
Jake y Scarlet asintieron convencidos.
-Mi mejor amigo y su mejor amiga, es lo justo. ¡Si yo me caso tú vienes detrás, no te jode!-gritó Jake en una carcajada.
-¿Tú quieres?-le preguntó Castle a Kate en un susurro. Ésta enrojeció al sentir las miradas impacientes de todos sobre ella.
-Hmmm...¿Sí?-respondió en un hilo de voz. Rick se inclinó para besarla y hacer el momento más cómodo.
Sonrió bajo sus labios, abrazándolo con fuerza.
-¡Que vivan los novios!-gritaron Mike y Espósito a la vez rociándolos a todos con latas de cerveza."
Ya habían pasado esos "años luz" y ahora él sería su padrino, tal y como dijeron esa noche. Esa noche tan inolvidable para todos. No solo por Kate, por su relación con ella en ese momento, sino por Mike.
Supuso que ella también sería la madrina de Scarlett, pero hasta entonces no había querido preguntar nada. Una parte de su corazón esperaba verla después de esos nueve años, ese haz de esperanza que siempre estaba ahí, oculto bajo los recuerdos y las emociones.
-Volvió a Rusia hace unos días para tramitar un par de cosas.-respondió. Vio algo en el rostro de Rick que le hizo pensar en si todavía seguía amándola, aunque conocía la respuesta.-Sigues enamorado de ella.
Rick se mordió el labio inferior con fuerza. Si se podía querer a una persona sin haber olvidado a otra, él lo había hecho. Y nadie podría juzgarle por ello.
-Nunca dejé de estarlo.
Celebrar la boda en un banquete era demasiado común para la perspectiva de Scarlett y Jake. Seguir el modelo de todos no era lo suyo, por eso él les había cedido su casa de los Hamptons para que pudieran celebrarlo allí, en medio de la naturaleza y a pie de playa. Las vistas eran increíbles desde cualquier punto de la enorme casa veraniega. Desde una parte podías ver a lo lejos la orilla del mar mezclándose con la arena y desde otra los pequeños acantilados dónde los adolescentes se dedicaban a saltar.
Y ahí estaba él, ayudando a sus amigos a prepararlo todo para el gran día. De momento solo habían llegado los familiares para poder pasar la noche allí, y todos estaban disfrutando del relax del verano en su piscina. Tenía varios altavoces situados en la terraza, por el cual la música sonaba creando un mejor ambiente.
-Rick, ¿has visto a Tay y Alexis?-Scarlett se apoyó en la barra americana.
Éste, que estaba terminando de colocar las diversas bebidas en sus respectivos lugares antes de que llegase el barman se giró.
-La última vez estaban en la piscina.
-Pues ya no.-la chica se pasó la mano por la cara.-Dios, son puro nervio.
El escritor rió, comprendiéndola totalmente. Cinco años son suficientes para que empiecen a correr de arriba abajo, sin tener algo fijo con lo que jugar. Les podía apetecer tan rápido inventar historias con las barbies como patinar por el loft, y ahora que estaban en los Hamptons habían cogido la costumbre de jugar al escondite con los demás niños. Pero claro, eran pequeños y una casa grande era toda una tentación.
-Esto es lo que tienen los hijos.-observó la cara de cansancio y a la vez excitación de su amiga. Él sabía lo que se sentía el día antes de tu boda, los nervios, las ganas, todo.-¿Una copa?-cogió una botella de ginebra y se la enseñó como si se tratase de un camarero ofreciendo un vino. Eso hizo que la rubia sonriera.
-Sí, por favor.
-Marchando.
Scarlett sentía la impaciencia en su pecho, esas ganas de que pasasen las horas volando y que estuviera ya vestida y preparada para subir al altar y encontrarse con el hombre de su vida. Una sensación indescriptible, muy parecida al momento en el que rompió aguas y supo que vería por fin a su pequeña. Las pequeñas cosas de la vida que no sabes apreciar hasta que te suceden en primera persona.
Rick estaba concentrado en preparar su gintónic. Lo veía diferente, parecía estar nervioso también. Conocía sus planes de separación con Meredith, aunque no era ese el motivo de su preocupación pues él y la pelirroja continuaban teniendo una gran amistad, así que no tenía que temer en cuanto a la custodia de Alexis se tratara o al dinero. Ella sabía qué pasaba.
-¿Dónde está Mer?
El escritor hizo una mueca graciosa fingiendo que se devanaba los sesos pensando y dijo al fin:
-En Los Ángeles.-vertió la ginebra en el largo vaso y añadió:-Creo que ha conseguido un papel para una película.
-Oh, me alegro por ella.
Rick había conocido a Meredith cuando su carrera como escritor comenzaba a darse a conocer. Jake y ella sabían que había sido justo después de hablar con la madre de su mejor amiga, y aunque querían a Kate y comprendían su situación se alegraron mucho cuando vieron que volvía a ser el mismo, que volvía a ser feliz. Todo esto explotó con la llegada de Alexis, por supuesto. Él escribía y ella actuaba, ambos eran buenos y la vida no podía irles mejor.
-Yo también, aunque hayamos decidido tomar caminos diferentes... La querré siempre, ella fue mi apoyo y nunca lo olvidaré.-le entregó el vaso sonriendo melancólico. Esa sonrisa hizo que su corazón se encogiera.
-Sé que no es de mi importancia, Rick, pero...¿qué pasó?
Solo ellos sabían con exactitud sus motivos, y si tan bien se les veía, pensó que no supondría ningún problema comentarlo. Además, si el necesitaba hablar ella podía ayudarlo.
Rick rodeó la barra, dispuesto a sentarse a su lado. Apoyó el codo en la superficie de mármol y pensó en lo poco que le costaba hablar de eso. Con sus amigos claro, la prensa llevaba mucho tiempo acosándolo. Le gustaba ser famoso y tener dinero, como a todo el mundo, sin embargo esas partes de lo que suponía serlo las odiaba.
-Nos dimos cuenta de que de repente éramos solo amigos. Nos teníamos mucho cariño por lo que habíamos pasado juntos. Ella sabía que yo sigo teniendo a Kate en mi cabeza y yo sabía que ella había encontrado a otra persona que le daba lo que yo no podía.-confesó agachando la mirada. Acababa de reconocer delante de Scarlett que después de nueve años, seguía enamorado de la persona que le rompió el corazón por amarlo demasiado.
-Oh, cariño.-la rubia le acarició el brazo con ternura.
Se compadecía tanto de Rick... Era un hombre genial, no se merecía todo el dolor que sufría si en cuanto amor se trataba. Ella era la persona que más hablaba con Kate, y gracias a eso sabía sus sentimientos. No había sido un camino de rosas para ella, estaba segura de que no. Los dos estaban hechos el uno para el otro, y sabía que tarde o temprano el destino los uniría de nuevo.
-Pero tranquila. Alexis me da la vida, igual que mi madre o vosotros. Mañana os casáis y estoy muy contento por vosotros.-dijo él sonriendo.
Después de todo ellos habían estado siempre para él y tenía mucho que agradecerle. Los había visto en sus mejores y peores momentos, era testigo de su amor a cada día que pasaba. Necesitaba ser parte de uno de los días más felices de sus vidas.
-Ya sabes que nosotros te queremos muchísimo. No solo eres nuestro padrino en la boda, sino el padrino de nuestra hija.
-Para mí es mi sobrina.-los dos sonrieron ante el comentario.-Ya lo sabes.
-¡Papá!-la vocecilla tan conocida hizo que se girara.
Una maraña de pelo rojo corría hacia él con los brazos extendidos. Rick se bajó del taburete, dispuesto a cogerla en brazos una vez llegara a sus pies. Y eso hizo, la levantó sin hacer la menor fuerza y dejó que la pequeña se aferrara a su cuello.
-¿Qué pasa calabaza?
-Que Tay quiere pillarme.-comenzó a decir entrecortadamente a causa del jadeo por la carrera.-Pero esto es maret.
-¿Maret?-preguntaron Scarlett y Rick confusos y a la vez divertidos.
Alexis llevaba el pelo húmedo, al igual que su cuerpo el cual solo llevaba un pequeño bikini rosa.
-Sí. Significa que estoy a salvo, que no puede pillarme.-explicó como si fuese algo obvio.
Los dos adultos se miraron entre sí, riendo. A los pocos segundos apareció la hija de Jake y Scarlett, medio derrapando gracias al agua. Ésta también saltó en brazos de su madre al ver que no podía pillar a Alexis.
-Cariño, no corras por aquí y menos mojada que te caerás y te harás daño.-Scarlett besó la mejilla de su hija, que también tenía la respiración acelerada y los mofletes encendidos.
-Pero mamá, estamos jugando.-replicó la pequeña.-¿Eso es agua?-señalo el vaso del gintónic con lo que parecía unas enormes ganas de bebérselo.
-Es alcohol.-respondió Rick.
-Pues yo quiero beber agua.
-Yo también papi.-dijo Alexis aún apoyada en su pecho desnudo.
-Ve, busca a papá y pídele que os dé un zumo o un vaso de agua.
Las dos asintieron conformes y bajaron de nuevo al suelo, no sin antes darles un beso a sus padres.
Rick las observó en silencio, sonriendo inconscientemente. Taylor no era su hija, pero la quería de una forma increíble, ya lo había dicho, la quería como su sobrina, como Will.
Notó la pequeña diferencia de altura entre ella y su hija, pues Taylor medía unos pocos centímetros más. Su pelo era largo, muy largo y castaño claro. Podía llegarle por la cintura perfectamente. No había salido ni rubia como su madre, ni moreno como su padre, sino como una fusión de los dos. Lo que sí había heredado de su madre eran sus ojos azules. Eso era lo único en lo que se parecía con su propia hija.
Alexis tenía su pelo rojo por la parte alta de la espalda, también totalmente liso. Recordó haber visto su pelusilla de ese color una vez la tuvo en sus brazos al nacer. Sabía que tendría el mismo color que el de su abuela y su madre, incluso él, al nacer tuvo esa pelusilla rojiza. Su madre se lo dijo cuando la vieron.
-Están enormes, eh.
Scarlett asintió sonriendo. Estaba apoyada en la palma de su mano.
-Aún recuerdo cuando eran dos bebés y nos íbamos todos juntos a Coney Island.
Rick rió. Él también lo recordaba. Habían ido cantidad de veces a esa isla. A él y a Jake nunca le habían dejado de gustar las montañas rusas, los parques de atracciones, ese ambiente feriante. Aunque, cada vez que iba se acordaba de la pelea de Kate con su ex, porque eso era algo inolvidable. Eso y aquel hombre misterioso con el que frecuentaron y conocía su nombre y al cual nunca volvió a ver.
-Dentro de poco crecerán, se irán al instituto, tendrán novio-esto último lo dijo con una mueca que a Scarlett le pareció muy divertida pues daba la impresión de que le daba miedo que llegase ese momento-y después irán a la Universidad...
-Dios, ¿cómo puedes pensar en eso ahora? Me das dolor de cabeza, Rick.-bromeó la rubia levantándose al fin del taburete.
Ahí el escritor pudo ver el bikini que lucía la futura novia. Colores fluorescentes, justo para llamar la atención. Y es que Scarlett tenía un cuerpo capaz de quitar el hipo.
-Porque pasará dentro de poco.-esa vez fue él quien uso ese tono obvio, haciéndola reír.
-¡Preocúpate del presente, no del futuro!-chilló ésta antes de desaparecer por las puertas dobles de cristal que daban al jardín trasero.
-O del pasado...-susurró más bien hacia sí mismo que otra cosa.
Cogió el gintónic de Scarlett y sin pensárselo dos veces se lo bebió de un trago.
La casa estaba llena de invitados y la ceremonia tendría lugar en un par de minutos. Gracias a Dios el cielo estaba despejado y podía verse el azul sin que nada lo tapara, pues el día anterior había estado cubierto de nubes grisáceas amenazantes. Rick iba mirándose dónde podía, pendiente de que su esmoquin a juego con el de Jake no se ensuciara ni que su pelo se despeinara.
Salió al jardín. Las sillas de plástico estaban perfectamente colocadas y alineadas. Los adornos alrededor del altar improvisado pendían con elegancia, y el servicio merodeaba cerca de los invitados por si alguien necesitaba cualquier cosa. Había personas ya sentadas, pues nadie quería perderse el enlace.
-Richard, ¿has vestido a Alexis?
El escritor miró a su madre. Martha siempre iba acompañada de sus aires de diva, al igual que de sus vestidos ahora más caros que antes y los cuales pagaba Rick. Su pelo pelirrojo estaba peinado, como siempre también corto, sobre sus hombros y sus ojos azules centelleaban.
-Claro. Está con Scarlett y Taylor. Son ellas las que llevan los anillos, ¿recuerdas?
-Oh, es cierto querido.-aprovechó para coger una de las copas que paseaban los camareros sobre las bandejas de metal y le dio un sorbo.
-Madre, ¿ni siquiera ha empezado la ceremonia y ya estás bebiendo?
-Richard, tú siempre igual.-hizo un gesto con la mano, restándole importancia y sin decir más se dirigió a un grupo de personas que supuso serían de su misma edad y entabló conversación más rápido de lo que Rick hubiera pensado.
Le sudaban las manos, no podía evitarlo. Estaba nervioso, y ni siquiera sabía por qué. Ese tipo de eventos le hacían sentirse así y más cuando se trataba de sus dos mejores amigos.
Pensó en hacerle una visita a la novia antes de acudir al lado de Jake, así que rodeó la casa hasta llegar a la entrada principal. La puerta estaba abierta, algo normal cuando la gente iba y venía. Además, su casa estaba alejada de las demás y había demasiada gente como para que alguien se atreviera a robar y aunque lo hicieran, no había nada de valor que otra persona no pudiera ver si se lo llevaban.
Subió las escaleras, topándose con miembros de la familia de Scarlett, como primas, las cuales le miraban de forma coqueta o sus tías.
Alexis corrió a abrazarse a sus piernas cuando entro en su habitación.
-Mira qué guapa esta la tía Scarlett, papá.
La pequeña continuó señalándola, pero Rick estaba boquiabierto. Se había quedado literalmente sin palabras ante la belleza de su amiga. Su pelo rubio estaba más ondulado de lo normal, formando perfectos tirabuzones que caían por su espalda en cascada. Conocía el vestido, él ya lo había visto después de que anunciaran la boda en su casa y lo expusieran, pero para nada se imaginaba que una vez puesto pudiera verse tan precioso.
Obviamente la tela era blanca, sin embargo se dividía entre partes de encaje y partes de raso. Sus uñas también estaban pintadas del color del vestido y sus manos estaban enfundadas en guantes blancos de encaje.
-Estás preciosa, Scarlett.-dijo al fin aún sorprendido.
Ella rió, levantándose para abrazarlo con fuerza.
Notó que sus zapatos eran de cristal, algo que le hizo gracia pues esa misma noche les había contado a las niñas el cuento de la Cenicienta antes de dormir.
-Tú tampoco estás nada mal.-respondió ella contemplando su esmoquin negro de Armani.
Las niñas estaban demasiado ocupadas hablando sobre los anillos como para hacerles caso. Las dos llevaban el mismo vestido color rosa y parecían princesitas. Eso era lo que más les gustaba.
-Solo quería venir a ver cómo estabas.
-Nerviosa, muy nerviosa.
Rick entrelazó sus manos con las de ella en señal de apoyo.
-Saldrá bien, tranquila.-dijo.
Ella susurró un "eso espero" por el cual los dos rieron. Le dejó un beso en la mejilla antes de pedirles a las pequeñas que se comportaran bien y no hicieran nada que pudiera enfadar a Scarlett. Sin más demora volvió a bajar las escaleras, sintiendo como si su cabeza estuviera embotellada.
No pasó desapercibido un extraño olor a frutas al pasar por el jardín, un olor familiar y a la vez raro. Observó la cantidad de plantas enredaderas y arbustos silvestres que rodeaban la casa y se convenció a sí mismo de que se trataba de eso.
Jake lo miraba, demasiado nervioso como para estarse quieto desde el altar. Cargaba el peso de una pierna a la otra, varias veces con la vista fija en la entrada, por dónde Scarlett pasaría en unos minutos.
Se abrazaron. Un abrazo cargado de cariño, en el cual Rick le transmitió toda su confianza y su felicidad al poder verles así.
-¿La has visto?
-Está preciosa campeón. Tienes suerte.-rió Rick.
Jake lo miró con el ceño fruncido.
-Es una venganza, ¿me equivoco?
-Que listo es mi niño.-le apretó un moflete a su amigo, totalmente divertido y Jake le apartó la mano de un golpe, riendo también.
Al menos los nervios se hacían más pasables si se comportaban de nuevo como si tuvieran veinte años. Ahora con treinta y cuatro no podían ser así. No tanto.
En su boda con Meredith, Jake había estado torturándolo los minutos previos antes del enlace.
Martha negaba con la cabeza desde su asiento, pensando en que los hombres nunca cambiaban ni maduraban. Pero se moría de alegría al volver a ver a su hijo con ese entusiasmo. A ninguna madre le gustaba ver a su hijo sumido en la más profunda tristeza.
Cuando la música nupcial comenzó a sonar, los dos se miraron dejando de pelear al instante. Rick observó los ojos verdosos de su amigo, pensando en la primera vez que se conocieron y el tiempo que había pasado desde entonces, y Jake solo podía dar las gracias por no tener un amigo a su lado, sino un hermano.
Se colocaron mirando al frente, a la entrada. Ambos con las manos entrelazadas apoyadas en la parte baja de su estómago.
Primero aparecieron Alexis y Taylor, cogidas de la mano. Sonreían a todos al mismo tiempo que tiraban pétalos de rosa a sus respectivos lados con la mano libre, ya que las dos sujetaban la cestita dónde descansaban los anillos rodeados de más pétalos con la otra.
Los dos amigos rieron al ver a sus niñas tan implicadas en la tarea. Subieron los pequeños escalones lentamente, con miedo a caer y cada una se colocó al lado de su padre, dándole la mano.
Las siguientes fueron las damas de honor. En total eran seis, así que entraron de tres en tres. Las tres primeras sujetaban tres ramos de flores, sonrientes. Sus vestidos eran rosa fucsia. Rick se fijó en que tenían un corte lateral en una de las piernas por las que se podían ver parte de su muslo hacia abajo. Llevaban tacones de aguja negros y el escritor solo podía pensar en qué pasaría si se resbalaran.
El momento esperado llegó, y con él apareció Scarlett. Para sorpresa de todos no iba solamente acompañada de su padre, sino de alguien más, alguien que solo unos pocos conocían. Alguien que hizo que el corazón de Rick se detuviera y estallase en mil pedazos.
Sus ojos almendrados estaban fijos en el frente, pero de vez en cuando le era inevitable no mirar a Rick. La belleza de la mujer había captado la atención tanto de solteros como de casados. Su pelo, a juego con el de la novia, caía todo por el lado derecho de su cuello, en tirabuzones. Tal y como Rick recordaba, solo que ahora un poco más largo.
Nueve años y parecía haberse vuelto aún más perfecta de lo que era cuando la conoció. Su piel bronceada, sus labios carnosos y perfilados. Su perfecta nariz o su sonrisa. Esa sonrisa que antes daba calor al alma de Rick y ahora lo helaba.
Y cómo no, su cuerpo de diosa estilizado por el vestido. Esas curvas que volvían loco al escritor cuando las repasaba con los labios.
-Dijiste que no vendría.-musitó Rick viéndose asaltado por sensaciones contradictorias.
Deseo, dolor, amor, pasión, miedo, odio.
Ese momento en que sus miradas se encontraron, dispuestas a retarse. Ese momento en que ella se mordió el labio, incapaz de controlar lo que sentía después de tanto tiempo. Ese momento en el que él continuó mirándola hasta que se hubo colocado en el extremo opuesto y no pudo seguir mirando.
Ese momento en que algo en su interior volvió a nacer.
-Te mentí.
