Capítulo 49: El Final de la Gran Batalla

La suave pero algo afligida voz de Egmont resonaba dentro de la cabeza de Alrun como un eco lejano que poco a poco fue volviéndose más y más potente, hasta que logró regresarla al mundo real.

Parpadeó débilmente un par de veces hasta que logró enfocar su vista sobre su querido protector.

—¿E-Egmont? ¿E-eres tú en verdad? —murmuró débilmente.

—Sí, mi señora —le respondió éste, apoyando suavemente la cabeza de su ama sobre sus rodillas. Ella se le quedó mirando un tanto desorientada.

—Creí que habías muerto…

—Yo también, mi señora; pero resulta que sólo me había desmayado.

La Guardiana Sagrada sonrió aliviada, sintiéndose muy afortunada como hacía mucho no lo sentía. Pero, cuando recordó lo que había pasado antes de desmayarse, miró lentamente hacia ambos lados:

—¿Qué pasó con la diosa Calypso?

—Aquí estoy —respondió la aludida, sobresaltando a la elfo.

—¡Usted! —exclamó, sentándose lo más rápido que pudo con la ayuda de Egmont—. ¿Entonces… he fallado? ¿Le fallé a mi hija y a Philippe?

—No —sonrió la ex pitonisa, acercándosele—. No fallaste. Lograste salvar sus vidas arriesgando la tuya… y eso era lo que yo quería que hicieras.

—¿Cómo? ¿Quería que yo arriesgara mi vida por ellos? —se sorprendió tanto como Egmont.

—Era la única manera de obligarte a contemplar tus propios sentimientos acerca de los humanos —le explicó—. A pesar de que amas y amaste a dos de ellos, nunca te diste completamente y mantuviste cierta distancia, manteniéndote fría ante el cariño del que los humanos son capaces de dar. Dime, Guardiana Sagrada, ¿por qué no te opusiste con todas tus fuerzas al Sagrado Consejo de los Elfos para evitar la muerte de Philippe y el destierro de Alwine? No lo hiciste porque seguías apegada a las rígidas reglas de los Guardianes, manteniéndose siempre al margen de las cosas mundanas y de lo que no tenía que ver con tu deber. Pero al pasar el tiempo comenzaste a sentir más y más dolor y nostalgia por el humano que murió por ti y su hija; y luego de que te separaron de ella, sentiste todo el dolor y sufrimiento que puede sentir una madre humana, así que ideaste una intrincado plan para darle una oportunidad a Philippe y a su hija para que pudieran vivir juntos, arriesgándote a la ira de tu gente y de tu dios. Pero te faltaba algo: sentir verdadero amor por los humanos arriesgando tu vida por ellos. Para eso, debías hacer un cambio muy profundo en tu ser y por eso puse a tus seres amados en verdadero peligro de muerte —Un dejo de tristeza pareció nublar su mirada—. Amar a un humano no tiene que ser necesariamente una tortura para nosotros… Ellos son muy especiales, sobre todos cuando expresan su amor… —Su rostro volvió a iluminarse, obligándose a sí misma a dejar su pasado atrás—. Ahora sabes amar y arriesgarte por ese amor, y ése es el regalo que quise hacerte, Guardiana Sagrada de Odín.

Alrun guardó silencio, sumida en profundas cavilaciones. Sí, a pesar de que seguramente recibiría un castigo por parte del Consejo Sagrado, no se arrepentía de sus actos al sentir ahora en su interior una gran liberación y calidez que nunca antes había sentido. Ahora se sentía tan libre y liviana como una pluma suspendida en el aire.

Se puso de pie con la ayuda de su fiel Egmont.

—Le agradezco su regalo, diosa Calypso. Creo que llegó la hora de despedirme de mi hija y regresar a Asgard con la espada de Odín —Alrun conocía de sobra las raras maneras que tenían los dioses de "hacer entender" las cosas a los demás, así que decidió no quejarse por nada porque sería un atrevimiento de su parte—. ¿Qué sucederá con la tormenta? —Se volvió un tanto preocupada hacia la tempestad.

Calypso la imitó.

—No te preocupes, muy pronto se detendrá.

XOX

Bart "Sangre Negra" Morgan, el sanguinario hermano menor del gran pirata Bartolomé Morgan e Isabel Jacobson, antes George Jacobson, hija menor de los fallecidos Mary Ann Livsey y Steven Jacobson, hermana del fallecido George Jacobson y sobrina de Christian Jacobson, se encontraban luchando fieramente sobre uno de los puentes de madera del puerto de la Isla del Naufragio. Cada uno poseía una espada legendaria sumamente poderosa y unas habilidades marciales tan igualadas que hacía parecer que la lucha iba a durar toda una eternidad.

Dobleces, cruces, giros, saltos, bloqueos, puñetazos y patadas… Todo era válido para conseguir la tan buscada victoria para coronar al gran vencedor.

Sangre Negra tenía un tamaño impresionante, en cambio Isabel era menuda, casi del mismo tamaño que el capitán Jack Sparrow, su fuerza no era nada comparada a la de su enemigo, pero aquella falta que parecía grave la compensaba con su agilidad, velocidad e inteligencia, igualándose y hasta superando a su rival.

Con un rugido Morgan descargó un poderoso sablazo sobre la joven a la que había arrinconado contra la barandilla del puente, pero esta se hizo a un lado y la espada fue a clavarse sobre la madera de la barandilla, partiéndola en dos y provocando que el endeble puente comenzara a desmoronarse poco a poco.

—¿Eso es todo lo que tiene, capitán Morgan? —se mofó la joven—. Pensé que esta lucha sería entretenida.

—Entretenido será el momento en que te convierta en mi perra, maldita puta —contestó el otro, comenzando a descargar golpe tras golpe sobre Isabel, de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, golpes que ella bloqueaba con destreza pero se veía obligada a retroceder mientras él avanzaba—. ¡Bien! ¿Qué te parece mi nuevo poder, perra?

—¡No me impresiona en lo más mínimo! —replicó, siempre concentrándose en cada movimiento como siempre lo hacía en cada combate.

Ambos siguieron haciendo lo mismo con el puente temblando bajo sus pies hasta que finalmente no pudo sostenerlos más y se desplomó sobre el agua, cayendo los dos contrincantes al agua junto con los viejos maderos, alzando una nube de polvo que bloqueó la vista de los que estaban presenciando aquel combate.

—¡Isabel! —Christian corrió hacia la orilla del muelle junto al recién curado Seagull Hood para averiguar lo que había ocurrido con su sobrina.

—¡Iré a rescatarla! —declaró el pirata, disponiéndose a tirarse al agua, pero el doctor lo detuvo tomándolo por el brazo.

—¡No lo haga! ¡Esta es la lucha de mi sobrina!

—¡Pero podría estar ahogándose, encanto!

—¡No me diga "encanto" y sea hombre de una vez! —replicó fastidiado—. ¿No entiende que ésta pelea es muy importante para Isabel? ¡La estuvo esperando durante toda su vida! ¿Cree usted que un poco de agua la detendrá antes de completar su venganza?

—¿Venganza? ¿Y qué demonios ha conseguido con esa estúpida idea de venganza? —rebatió furioso—. ¡Tan sólo consiguió arruinarse la vida! ¡Usted debió obligarla a seguir otro camino cuando aún era una niña!

—¿Y cree que no lo pensé? ¡Isabel estaba tan obstinada y traumada que era más que seguro que iba a dejarse morir si me negaba! —Su semblante se entristeció—… Creí que con el tiempo cambiaría de idea, pero su determinación creció conforme ella iba cumpliendo años… —Volvió a alzar la vista, una mirada de sabia y triste resignación—. Mi esperanza es que, después de que derrote a Morgan, ella vuelva a ser la niña dulce y soñadora de antes.

—El pasado es el pasado, encanto, y nada vuelve a ser como antes. Pero espero que, si Isabel le patea el trasero a ese granuja, por lo menos se dedique a ser una verdadera mujer.

Ambos hombres se quedaron en silencio unos cuantos segundos hasta que Teague, también recién curado por Alwine, les llamó la atención.

—¡Ya salieron del agua!

Y tal y como él había anunciado, Isabel y Sangre Negra habían salido del agua uno detrás de la otra. Aprovechando la ventaja de que estaba debajo de la almirante, el pirata quiso rebanarle un pie con la espada, pero afortunadamente ella fue más rápida y pudo evitar semejante desgracia, retirando el pie a tiempo.

Los dos combatientes volvieron a ponerse de pie, uno frente al otro, empapados pero con la misma determinación que antes. El agua no había podido apagar el fuego del infierno que ardía en sus espíritus.

Luego de contemplarse largamente con un recíproco e intenso odio, ambos exhalaron un grito de guerra y se lanzaron nuevamente al ataque, blandiendo sus poderosas armas que, cuando chocaron entre sí, emitieron un estruendoso sonido y una luz incandescente. Ambos chocaban sus mitológicas espadas con una fuerza suprema que éstas le otorgaban, pero tampoco se hizo de esperar un formidable puñetazo en la cara de Isabel por parte de Morgan y una poderosa patada giratoria en el rostro de su enemigo por parte de la oficial, comenzando a golpearse mutuamente sin detenerse.

—No sabía que ella podía hacer esa clase de movimientos… —dijo Seagull, sinceramente sorprendido.

—Se entrenó con los mejores maestros del oriente —le contó Christian, sin perder de vista un solo movimiento de su sobrina.

Luego de haberse tomado un breve descanso para tomar aire y reponerse de los golpes y las heridas, los combatientes volvieron a trenzarse en su feroz batalla de esgrima, cruzando sus sables una y otra vez con igual fuerza. De pronto, Sangre Negra volvió a propinarle un tremendo golpe de puño en el rostro de la joven, lanzándola de espaldas al suelo, levantando una nube de polvo. Antes de que ella pudiera levantarse, el malvado pirata se le lanzó encima, sujetándola fuertemente por el cuello con una de sus grandes manos, comenzando a ahorcarla con crueldad. Isabel se debatía desesperada para poder liberarse de esa garra monstruosa, pero la había atrapado en una posición muy desventajada para ella, comenzando a asfixiarla.

—¡Tenemos que ayudarla! —exclamó Seagull, abalanzándose sobre ellos.

—¡No! —dijo Christian, tomándolo fuertemente por la muñeca, deteniéndolo—. ¡Ni siquiera se atreva a interferir!

—¿Qué dices? ¿No ves que ese imbécil va a matarla? —se volvió furioso.

—¡Sí! ¡Lo veo! —replicó con un dejo de desesperación a pesar de que trataba de permanecer sereno—. ¡Pero ésta es su lucha personal y no debemos interferir aún si su vida estuviera en peligro! ¡Es su vida! ¡Su lucha! ¿Entiende? ¡No debemos entrometernos aunque eso signifique su muerte!

El capitán Hood quiso seguir protestando, pero sintió el temblor en la mano del doctor, comprendiendo que él también quería ir a ayudarla pero se obligaba a sí mismo a no hacerlo. Levantó la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de Christian, cuyos ojos reflejaban toda la desesperación, dolor y fuerte determinación que lo invadían en ese momento.

—Esta es una lucha de vida o muerte para mi sobrina… Es aquí en donde se decidirá su destino y debe hacerlo ella sola, ¿entiende? Cada uno es responsable de su propio destino.

Seagull no dijo nada, pero se volvió muy preocupado hacia los dos combatientes que seguían en la misma posición en que los dejó.

—¿Es que nadie va a ayudarla? Ese mastodonte la va a matar —dijo Jacky, sentada sobre una caja de madera al lado de su padre y los dos niños.

—No lo creo —replicó Teague, concentrado en cada movimiento de Isabel y Morgan—. Ella no perderá, porque si pierde, eso significará que toda su vida fue todo un fracaso.

—¿Cómo lo sabes?

El viejo pirata giró su cabeza hacia ella.

—No he vivido en vano todos estos años, mi pajarita —y volteó para seguir observando la pelea.

—Ah… Eso lo explica todo... —dijo Jacky, no muy convencida.

Y tal como lo dijo Teague, Isabel logró hacer acopio de todas sus fuerzas y levantó Excalibur contra el vientre de su atacante, cortándolo de un solo tajo, obligándolo a brincar hacia atrás mientras exhalaba un horrible quejido de dolor.

—¡Maldita perra! ¡Te partiré en dos! —exclamó furioso, colocando instintivamente la mano sobre el estómago, con los ojos inyectados en sangre mientras que con la otra mano blandía su espada contra ella, pero Isabel era rápida y pudo esquivar el ataque con un salto hacia atrás, pero tuvo la mala fortuna de tropezar y trastabillar, descuidándose un segundo, segundo que Morgan aprovechó para clavar la hoja del sable en su abdomen.

—¡Isabel! —gritó Christian.

—¡Maldición! ¿No se lo dije? ¡Debimos intervenir! —se quejó Seagull, desenvainando su espada para ir en su auxilio. Pero se quedó como piedra cuando escuchó reír a la joven.

—Morgan, Morgan, Morgan… —repitió Isabel, tomando la hoja de la espada de Odín con la mano, sonriendo burlonamente ante el sorprendido rostro del pirata—. Eres un ignorante… ¿Acaso no sabías que mientras yo posea a Excalibur no puedo desangrarme?

En efecto, "Sangre Negra" bajó la vista hacia el abdomen atravesado de la mujer y se encontró con que no salía siquiera una sola gota de sangre de él.

Al tener tan próximo, Isabel aprovechó esto para volver a clavarle la espada en el estómago de "Sangre Negra".

—Ahora los dos estamos en la misma situación, imbécil —le dijo, sonriendo astutamente.

—¿Lo crees, puta? ¡A ver qué te parece esto, perra! —gritó, descargando una formidable descarga de rayos sobre Isabel, provocando que ella gritara como nunca antes lo había hecho—. ¡Jwah, jwah, jwah! ¿Qué te parece, zorra? ¡No te esperabas esto, ¿verdad? ¡Jwah, jwah, jwah! ¡A ver cuál de los dos resiste más!

Isabel se obligó a sí misma a dejar de gritar, enarcando las cejas y brillándole los ojos mientras soltaba a Excalibur y sujetaba con fuerza la hoja de la espada de Odín.

—¡Jackyyy! —gritó, llamando su atención—. ¡Lánzame el anillo!

—¿Eh? ¿El anillo? ¿Cuál anillo?

—¡El anillo, imbécil!

—¡Ah! ¡Ése anillo! —replicó con un dedo en alto, y enseguida metió la mano en el bolcillo de su casaca y sacó del Anillo de la Maldición de la Calavera y se lo lanzó directamente a Isabel, quien lo atrapó al vuelo con la mano derecha e inmediatamente se lo colocó en el dedo anular de la mano izquierda del sorprendido "Sangre Negra".

—¡¿Qué?

—Ten tu merecido, maldito —le dijo, sonriéndole maliciosamente mientras sacaba a Excalibur de su cuerpo.

Morgan parpadeó dos veces, desconcertado, luego soltó la espada de Odín y retrocedió unos pasos hasta que sintió un leve mareo que lo hizo tambalear. Segundos después, estaba mirándose las manos con los ojos como platos. ¡Ya no eras sus enormes, callosas y sucias manos, eran las suaves, esbeltas y delicadas manos de una mujer!

Pero el pirata no tuvo más tiempo para asimilar lo que le había ocurrido, puesto que, de pronto, un extraño humo surgió de la nada y comenzó a envolverlo lentamente hasta que un viejo conocido surgió de la niebla.

—¡Es Abdul! ¡El sirviente del Jeque Alí Tel Aviv! … Y sigue tan pelón y sonriente como siempre… —agregó Jacky sarcásticamente.

Y sin mediar palabra, el mencionado árabe tomó a "Sangre Negra" del hombro y lo empujó hacia el interior de la niebla para llevárselo a su nuevo amo que ya lo estaba esperando para reunirlo con las demás mujeres de su harén y convertirla en su esclava sexual por toda la eternidad.

—¡NO! ¡NNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOO…! —gritó el pirata, sumergiéndose en la niebla y desapareciendo para siempre del mundo real.

—Eso… no me lo esperaba… —dijo Jacky, poniéndose de pie bastante sorprendida al igual que los otros cuando la niebla se disipó.

Isabel nada dijo y se sacó la espada de Odín de su abdomen con un sólo movimiento.

—Isabel, querida sobrina, ¿estás bien? —Christian se le aproximó, ansioso.

—¿Y tú quién eres? —preguntó sin volverse a mirarlo.

Por unos segundos su tío se quedó desconcertado con aquella pregunta, pero enseguida recordó que ella no sabía nada acerca de su "resurrección".

—Soy tu tío Christian, Isabel. La madre de la pequeña elfo me resucitó en este cuerpo joven, pero sigo siendo el mismo.

—No —se volvió—. Eso no es cierto. Mi verdadero tío murió la noche en que ese maldito rufián lo mató.

—Isabel… —murmuró lleno de tristeza. Había pensado en recriminarle por la muerte de Annete, pero había algo en ella que lo hacía desistir de esa idea. ¿Tal vez era lástima?

La joven le sonrió con cariño, una sonrisa que hacía mucho tiempo no había visto en ella.

—Te ves tan apuesto como te recordaba cuando era una niña, tiito. ¡Hasta estás mucho más joven que yo! —le puso las manos sobre los hombros llenándosele los ojos de lágrimas—. Lamento mucho haberte hecho daño, querido tío. Mi odio llegó a tal extremo que no me importó a quién lastimaba en mi camino. ¡Estaba tan ciega! Me comporté como una estúpida todo este tiempo… —se entristeció de tal manera que Christian quiso decirle algo para consolarla, pero ella alzó la mano, deteniéndolo—. No, tío. No quiero consuelo alguno de tu parte, no lo merezco. Además, aún no me arrepiento completamente de todo lo que hice y sería muy hipócrita de mi parte si te lo permitiera.

Posó sus ojos sobre Jacky y frunció el entrecejo, poniéndola muy nerviosa.

¿Te encontraste con James, verdad? —le dijo.

—¿Y-yo? —balbuceó, llevándole la mano abierta al pecho, haciéndose la desentendida.

—Sí, tú. ¿Es que acaso hay otra paria como tú?

—Pues… Ciertamente que no, a menos que te refieras a ese paria de allí —señaló hacia el capitán Seagull Hood, quien cruzó su mirada con la de Isabel.

—Isabel… —se acercó a ella, ansioso por tocarla pero se obligó a sí mismo a contenerse porque sabía que ella lo rechazaría—. ¿Se acabó, entonces? ¿Darás fin a toda esta locura y vivirás una vida normal?

Ella se le quedó mirando con una expresión muy seria.

—No lo sé —fue la sorpresiva respuesta, dándole la espalda para colocar la Sagrada Espada de Odín sobre una caja de madera.

—¿Cómo que no lo sabes? ¡Ya te deshiciste de ese tipo! ¿Qué más quieres, demonios? ¡Ése tal Norrington está con Jacky! ¡Ya olvídate de él, maldición!

Isabel volteó y lo fulminó con la mirada, furiosa.

—¡Tsk! ¡Ese idiota! ¡Ahora esa loca se la agarrará conmigo! —se quejó la preocupada Jacky.

En efecto, Isabel hizo bruscamente a un lado a Seagull y se encaminó con paso firme hacia la nerviosa pirata, quien miraba desesperada hacia todos lados buscando algún agujero en dónde meterse hasta que su peor enemiga se detuvo a un paso de distancia.

Y mientras Jacky sudaba como nunca antes en su vida, Isabel la contempló de abajo hacia arriba, llamándole la atención la prominente "pancita" de la pirata.

—¿Ese bebé es de James? —le preguntó sin ninguna emoción en la voz.

—Y mío también, como notarás —replicó, siempre bromeando.

La mujer le lanzó una terrible mirada de desprecio antes de volverse hacia su tío, quien aún permanecía al lado de Seagull, sólo que ahora Alwine estaba a su lado, agarrándolo asustada de la mano.

—Toma esto, tío —le dijo, alargándole un sobre que sacó de su casaca.

Él la tomó y luego alzó la vista hacia ella, desconcertado.

Es un regalo para James —le explicó—. Dile que lamento mucho lo que pasó entre nosotros dos; Y dile también que desde ahora en adelante siempre lo consideraré como al amigo que él siempre quiso ser para mí.

—¡Isabel! ¿Acaso tú…? —la tomó del antebrazo, afligido.

Ella asintió.

—Sí, me voy.

—¿A dónde te irás? —quiso saber Seagull—. ¿Por qué no te quedas con tu tío? ¡Juro que no volveré a tocarle un solo cabello si vienes conmigo! A-además, ¡él tan sólo fue una diversión para mí! ¡Nunca tomé en serio nuestra relación, te lo juro!

Christian, tras escuchar todo eso, se puso rojo como un tomate. Isabel, en cambio, desenvainó nuevamente la espada Excalibur con una velocidad increíble y colocó la filosa hoja en la entrepierna del desvergonzado pirata.

—Espero que todo lo que dijiste haya sido una estúpida broma de tu parte, Seagull, porque si es cierto te aseguro que te verás obligado a renunciar a la idea de ser un hombre, ¿me entiendes?

—E-entiendo —asintió bastante nervioso, alzando ambas manos en señal de rendición.

—Muy bien… —volvió a envainar la espada para luego dirigirse hacia el bote en el que había llegado a la isla.

—¿Volveremos a vernos algún día? —le preguntó su tío con una gran expresión de tristeza en su rostro.

La joven mujer guardó silencio unos instantes antes de contestarle, sus ojos se llenaron de lágrimas así que no se atrevió a volverse hacia él. Era demasiado orgullosa como para mostrar algo de su debilidad femenina.

—Vagaré por todo el mundo buscándome a mí misma hasta que me encuentre, y cuando logre eliminar todo el veneno que yo misma me inyecté durante todos estos años, volverás a verme, querido tío… Y también tú, Seagull. No puedo quedarme contigo ahora porque estoy segura de que te destruiría… ¿Vas… a esperarme, verdad?

El capitán Seagull Hood comprendió que decir aquello debió haber sido muy difícil para ella.

—Te esperaré, te lo prometo.

—Gracias y… adiós.

Y de un salto abordó el bote y comenzó a remar con todas sus fuerzas comenzando a alejarse velozmente del muelle bajo la consternada mirada de los demás.

—Bueno, doc, fue hermoso, pero lo nuestro se acabó —declaró Seagull, colocando la mano sobre el hombro de Christian, sin quitar su vista de la esbelta figura que comenzaba a alejarse en el horizonte.

—¡Aleluya! —exclamó aliviado.

Pero Seagull Hood se volvió hacia él y le sonrió pícaramente.

—De todas maneras, acepto su ofrecimiento de amistad, porque, después de todo, seremos parientes algún día —le tendió la mano.

Christian dudó un momento en tomarla, pero finalmente lo hizo y los dos exhalaron una pequeña risilla. Luego se volvieron hacia la mujer que tanto querían y que muy pronto desaparecería en la lejanía, deseándole con todo su corazón que encontrara muy pronto lo que se había dispuesto a encontrar para regresar finalmente con ellos.

Jacky suspiró aliviada y se dejó caer sobre una caja con su fiel Billy a su lado. ¡Por fin Isabel iba a dejar en paz a Norry!

—¡Mi pequeña Alwine! ¡Hija mía! —los sobresaltó la voz de la Sagrada Guardiana de la espada de Odín.

—¡Mamita! —exclamó la alegre chiquilla, soltando la mano del doctor para correr directo a su madre, quien la abrazó tan amorosamente como nunca antes lo había hecho.

—¡Mi querida hijita! ¿Estás bien? ¿No te pasó nada? —la alzó entre sus brazos, besándola tiernamente en la frente.

—Estaba ese señor malo, mamá, pero se fue cuando se convirtió en una señora —le explicó con toda inocencia.

—¿Se convirtió en una señora? —inquirió extrañada.

—No le haga caso, madeimoselle Alrun —le dijo el doctor, acercándose a ella—. Pero al fin pudimos librarnos de aquel malvado pirata. Pero… ¿por qué despareció usted tan misteriosamente?

Ella estuvo a punto de contestarle, pero la diosa Calypso intervino sin que los demás hubieran reparado en ella antes, sobresaltándolos.

—Las dos teníamos un asunto qué arreglar, pero ya está todo bien ahora.

—¿T-tía Dalma? —inquirió la extrañada Jacky, poniéndose de pie y frunciendo el entrecejo, pues a pesar de la nueva apariencia de la mujer, aún se parecía a la que había sido antes como humana..

—Sí, Jacky, soy yo. Pero ahora volví a ser la diosa Calypso.

—¡Vaya! Entonces Barbossa consiguió liberarte, ¿eh? Pero me imagino que no le diste gusto, ¿verdad? —se acercó a ella con su característico andar contoneante.

—No —asintió sonriendo maliciosamente.

—¡Ésa es mi chica! —exclamó llena de excitación, haciendo un gesto de darle una palmadita amistosa a la diosa, pero frenó la mano a tiempo al darse cuenta de que estaba siendo demasiado atrevida.

La ex pitonisa le sonrió cordialmente y se volvió hacia Alrun y a Egmont, quien ya había recogido la sagrada espada del lugar en donde Isabel la había dejado antes de irse.

—Toma la espada, Guardiana Sagrada, es hora de marcharnos. Debes enfrentar al Sagrado Consejo de Elfos por todo lo que hiciste.

—Muy bien… —llena de tristeza, le entregó la niña a Christian—. Cuídala mucho, ¿quieres?

—¿Entonces no puedes quedarte con ella? —le preguntó él, percatándose del cambio en el trato que ella ahora le daba.

—No, no puedo —acarició la cabecita de la llorosa niña—. Salí de Asgard para recuperar la espada sagrada y conocer a mi hija, pero también tengo un deber y un castigo qué cumplir y me haré responsable de mis propios actos como la Sagrada Guardiana que soy —Le dio un afectuoso beso en la frente de Alwine—. Cuídate mucho, querida mía; hazle caso a tu padre y hazme sentir orgullosa de haberte tenido y tal vez volvamos a vernos cuando seas grande.

—… Sí, mamá… —asintió la dulce pequeña, restregándose los ojos con las manitas mientras hacia pucheritos.

—Su hija se comportó como toda una valiente al curar nuestras heridas —le contó Christian—. Sé que seguirá haciéndola sentir muy orgullosa de ella.

—Lo sé —Alrun le sonrió cariñosamente y, luego de dedicarle una significativa mirada al desconcertado doctor, caminó hacia la capitana Jacky Sparrow y extendió la mano.

—¿Qué pasa? —inquirió la pirata, haciéndose la desentendida, pero Alrun frunció el entrecejo a modo de advertencia, así que Jacky tuvo que ceder y le entregó de mala gana el diminuto barco vikingo que le había robado para encontrar a Norrington.

Ya con el barco plegable del dios Freyr en sus manos, Alrun se dirigió hacia Egmont, rozando sus dedos sobre la mejilla de Billy al pasar a su lado, y tomó la Espada Sagrada de Odín de las manos de su fiel protector, volviéndose luego hacia todos los demás.

—Muchas gracias por todo y disculpen las molestias que les causé.

Y tanto ella como Egmont, se desvanecieron en el aire, marchándose hacia el Templo Sagrado de Asgard acompañados por el fiel dragón Fafnir.

La pequeña Alwine se aferró fuertemente al cuello de Christian, escondiendo la cabecita bajo su barbilla y rompiendo a llorar desconsoladamente mientras él trataba de calmarla acariciando su rubia cabeza.

—¿Esa elfo estará bien? —le preguntó el preocupado capitán Teague a la diosa Calypso.

—Lo estará. Yo intercederé por ella ante el dios Odín.

—¿Y qué pasará con Davy Jones? Porque si mal no recuerdo, y no recuerdo muy mal, recuerdo, y recuerdo muy bien, que él quiere destruirnos —dijo Jacky.

La diosa la miró fijo.

—Ya lo verás —desapareciendo otra vez.

XOX

Mientras tanto, el malvado capitán del Holandés Errante se reía ante el desconcertado Jack Sparrow y la afligida Elizabeth, quien había corrido hacia su mortalmente herido esposo.

—¡Will! ¡Mírame, Will! ¡Todo está bien! —le decía entre lágrimas, desesperada, acunando con sus manos las mejillas del gimiente muchacho ante la mirada de los otros dos piratas.

Cerca de allí, "Bootstrap" Bill Turner, quien seguía apoyado en la pared del castillo, fijó sus ojos en la daga que él le había entregado a su hijo antes de separarse la vez anterior. Tal vez el recuerdo de la promesa de su primogénito de liberarlo de la maldición, hizo que "Bootstrap" por fin recuperar la memoria y el dominio de sí mismo.

—¡William…! —murmuró, con los ojos celestes bien abiertos—. ¡Hijo! —recapacitó, levantándose y saltando furioso sobre las espalda del sorprendido Davy Jones, comenzando a luchar contra él mientras Jack se debatía entre acuchillar él mismo el corazón de su enemigo y cumplir con su sueño de vivir para siempre o permitir que Will lo hiciera para salvar su vida… Ésa era la única manera de ayudarlo aunque eso significara condenarlo a una vida eterna alejado de su amada.

—¡Will! ¡Will! ¡No! ¡Despierta! —gritó la desesperada Elizabeth al ver que él perdía el sentido. Desafortunadamente, su flamante esposo se estaba muriendo.

Mientras tanto, Jones y Bill seguían peleando cuerpo a cuerpo hasta que finalmente el primero aprisionó al segundo contra la balaustrada con su enorme pinza.

—¡No podrás detener mi juicio final! —le dijo, disponiéndose a darle el golpe fatal con el otro brazo.

—¡Detente, DavyJones! —gritó la diosa Calypso, parada sobre la barandilla de babor, llamando la atención de su enemigo, quien se volvió, sorprendiéndose al verla.

—¡Qué demonios! —exclamó el pirata—. ¡Eres tú! ¡La diosa Calypso!

—Vine a detenerte de una buena vez —le dijo, extendiendo la palma de su mano hacia él —¡Este será tu juicio final por todas las atrocidades que cometiste!

—¡Ni lo sueñes! ¡Primero te destruiré! —gritó, sacando sin cuidado la espada del cuerpo de Will, ocasionándole más daño, y abalanzándose velozmente en contra de la diosa.

Pero la diosa Clypso expulsó un fuerte viento de su mano a unos cuantos centímetros de ser tocada por el arma de Jones, petrificándolo.

—¿Q-qué p-piensas hacer? ¿Matarme? ¡Ya estoy muerto p-por tu culpa! —se quejó intentando moverse sin éxito alguno.

—Tuviste la oportunidad de cambiar, Davy, pero elegiste el odio y la venganza… —le espetó, tratando de dominar su propio dolor—. Como fui yo la que te puso al mando de este barco, yo te expulso de él ahora.

Al decir esto, la diosa alzó el índice en dirección al corazón, que dejó de latir en el acto en las manos del sorprendido capitán Sparrow, quien antes, luego de mucho pensar, se lo había llevado a Will para que éste lo acuchillara y así darle la posibilidad de sobrevivir a la muerte.

—¡Ah! —Jones se llevó la mano al pecho mientras sentía cómo la vida se escapaba de su cuerpo, clavando la mirada sobre la mujer que antes había amado con locura—. ¡Calypso!

Y así, ante la atónita mirada de todos, el malvado e invencible capitán del Holandés Errante cayó por la borda hacia el profundo ojo del embudo marino, desapareciendo en su interior para siempre.

Con gran sorpresa y pesar para Jack, el corazón de Jones de volvió polvo negro en sus manos.

—Davy Jones ya no necesita un corazón humano, ya que siempre lo rechazó —declaró la ex pitonisa.

—¡No! ¡Will! —gimió Elizabeth, aferrándose desesperadamente al cuello de su moribundo esposo, llamando la atención de los demás.

—Will… Hijo… —murmuró su padre, acercándosele muy afligido y arrodillándose ante él para romper a llorar amargamente—. ¡Perdóname, hijo! ¡Te fallé como padre!.

—No se preocupen —dijo la diosa, acercándose al muchacho para poner su mano encima de su pecho y, para el asombro y la dicha de Elizabeth, la mano de Calypso brilló con una luz dorada y curó milagrosamente su herida, salvándole así la vida.

Podría haberlo nombrado como capitán del Holandés Errante, pero eso hubiera sido una crueldad para ambos —explicó la diosa mientras la joven esposa abrazaba con todas sus fuerzas a su esposo recién curado.

—¿Y a quién nombrarás como capitán del Holandés Errante, Tia Dal… Quiero decir, ¿diosa Calypso? —se corrigió Jack, acercándose muy solícito a ella, con las palmas de manos juntadas.

—Este barco ha hecho más daño que beneficio y será tragado por la tormenta junto con las almas que habitan en él —fue la nefasta noticia tanto para Will como para su padre, y claro, también para Jack Sparrow, echando por la borda todos sus proyectos de vivir una vida eterna.

—¡No! ¡Eso no es justo! —se quejó el muchacho, poniéndose de pie con la ayuda de Elizabeth mientras su padre traba de calmarlo.

—Está bien, Will. Es lo mejor —le dijo.

—¿Lo mejor? —se volvió a él tan furioso como desesperado—. ¿Cómo puede ser lo mejor la muerte?

—La muerte es una parte del orden natural de este mundo, William Turner, deberías aceptarlo como tal —le explicó la diosa con tono severo, mirando de soslayo al capitán Sparrow para luego volver a poner su atención sobre el chico—. Tu padre debió morir hace mucho tiempo, joven Turner, ahora debe cumplir con el final su destino y llegar al purgatorio.

—¡No! ¡No pienso volver a perder a mi padre otra vez! ¡Hice todo esto para liberarlo de las pinzas de Jones ¿y ahora debo dejarlo ir así como así?

—¡William! ¡Compórtate como un hombre! —lo amonestó su padre, tomándolo fuertemente por los hombros para obligarlo a mirarlo a los ojos— Escucha… —trató de suavizar su tono de voz para calmarlo—, ella tiene razón, hijo; yo debí haber muerto hace mucho tiempo ya y acepté la propuesta de Davy Jones para librarme cobardemente de la muerte y dedicarme entonces a hundir barcos y asesinar gente inocente… Aquella fue mi decisión, hijo, y ahora debo pagar mis pecados en el purgatorio para poder volver a encontrarme con tu buena madre… ¡Y ese es mi mayor deseo ahora que te he encontrado, hijo! El verte ya convertido en un hombre y enamorado de una buena mujer es el mejor regalo que me has hecho!

—Papá…

—Ya no hay más tiempo —los interrumpió la diosa Calypso, llamándoles la atención.

Y así era, el gran embudo de agua había comenzado su terrible tarea de tragarse todo lo que estuviera cerca, incluyendo al Holandés Errante y al Perla Negra.

—¡Nos está arrastrando! ¡Hay que separarnos antes de que nos hunda! —ordenó el capitán Barbossa, manteniendo a duras penas el timón entre sus manos.

Obedeciendo la orden de su capitán y sabiendo que se jugaba la vida en ello, Raggety metió apresuradamente dos balas encadenadas dentro de un cañón pequeño que se encontraba sobre la cubierta mientras los fusileros Murtogg y Mullroy se ponían a salvo abordando el barco pirata luego de haber saltado del Holandés Errante. Rápidamente Gibbs encendió la mecha del cañón que apuntaba hacia arriba y este escupió estruendosamente las balas que fueron a impactar contra el palo de mesana del barco de Jones que se había atorado con el del Perla, dándole la oportunidad a Barbossa de girar el timón con todas sus fuerzas, logrando separar los dos navíos y evitar ser arrastrado junto con del condenado barco de Davy Jones.

Entretanto, "Bootstrap" Bill Turner sacó el cuchillo que estaba clavado en la balaustrada y, luego de contemplarlo detenidamente, se lo entregó a su hijo.

—Nunca olvides de dónde vienes, William —se despidió.

A pesar del intenso dolor que sentía en su corazón, el joven muchacho tomó el regalo de su padre, aceptando finalmente su destino.

—Saluda a mamá de mi parte —le pidió con la tristeza pintada en el rostro.

—Así lo haré, hijo —asintió.

—¡Vamos, chico! ¡Toma a tu mujer y larguémonos de aquí antes de que formemos parte en la cadena alimenticia de los peces! —le pidió Jack, tomando uno del cabos y lanzándole otro—. ¡Hay que volar!

Lleno de ansiedad, Will volvió la cabeza a su padre.

—¿Qué esperas? ¡Ya tienes una esposa! ¡Vive tu vida que yo ya viví la mía! —exclamó.

—¡Will! ¡Tenemos que irnos! ¡Se nos acaba el tiempo! —le pidió Elizabeth, tomándolo del brazo.

Él se le quedó mirando por unos instantes, comprendiendo finalmente las palabras de su padre.

—Bien, vámonos.

Ambos se despidieron silenciosamente de Bill Turner y Elizabeth se aferró fuertemente del cuello de su esposo mientras éste enrollaba parte de la cuerda en la muñeca, aferrándose luego fuertemente con la mano.

—¿Listo, Jack? —volvió su cabeza hacia él.

—¡Hace siglos! —respondió.

Y sin nada más qué decir, el capitán Sparrow disparó el otro extremo de la soga mientras "Bootstrap" cortaba el otro cabo que sujetaba a su hijo con su espada, entonces los tres fueron expulsados hacia arriba, aferrados a una especie de paracaídas improvisado con las viejas velas del Holandés Errante mientras éste se hundía irremediablemente dentro de la boca del monstruoso embudo, siendo finalmente tapado por las aguas junto con toda su tripulación y la diosa Calypso,

Fue entonces cuando la tempestad cesó y una suave brisa transportó al paracaídas y sus pasajeros hasta caer suavemente sobre las calmadas aguas del mar, permaneciendo a flote hasta que el Perla Negra se aproximó a ellos para recogerlos.

—¡Ya era hora, Jack! —se quejó Ana María en cuanto su capitán subió a bordo—. ¡La armada sigue ahí a pesar de la deserción de la mayoría de su gente y la destrucción de la mayoría de los nuestros!

—¡El Endeavour se aproxima por estribor y creo que es tiempo de abrazar esa antigua y noble tradición pirata! —intervino Gibbs muy nervioso y asustado, refiriéndose a la tradición de "huir".

—No soy muy afecto a las tradiciones —declaró finalmente el aludido, sin quitarle la vista de encima al mencionado navío, sorprendiendo a todo el mundo.

Se aproximó a la balaustrada de estribor, contemplando el reducido ejército de Beckett con el Endeavour al frente, rodeado por los flancos por decenas de barcos árabes guiados por Nefud Yidda y los navíos ingleses liderados por James Norrington. Luego miró hacia babor y contempló la diezmada flota pirata que se encontraba detrás del Perla.

Estaba seguro de que los hombres de Yidda seguirían luchando debido a su legendario orgullo, pero no estaba seguro de que Norrington haría lo mismo para no poner a sus hombres en contra de sus propios compañeros, poniendo en peligro sus cabezas como traidores de su país. En cuanto a sus demás compañeros piratas, estaba seguro que, de un momento a otro, iban a tomarse las de Villadiego, así que la victoria aún no estaba decidida para ninguno de los dos bandos.

—¡Detengan todo! —se volvió hacia sus hombres—. ¡Las velas cerradaaas! —Les pidió a los masteleros.

—¡Borren esa ordeeen! —replicó Barbossa, volviéndose luego hacia Jack, furioso—. ¡Nos vas a asesinar a todos así!

—¡Borren lo que borró él! —insistió a los confundidos masteleros que se encontraban en lo alto de los mástiles.

—¡Pero, capitán! —se quejó Gibbs.

—¡Tú, cállate! —lo amonestó Jack, histérico.

—¡Sí, pero…!

—¡Cállate!

—¡Pero…!

—¡Ya!

—¡Capitán…!

—¡Silencio! —exclamó, cortando por lo sano la discusión, subiendo finalmente hacia el castillo de popa en donde Cotton seguía maniobrando el timón con la compañía de su reaparecido loro para contemplar a su enemigo en la lejanía.

Al otro extremo del campo de batalla, el capitán del Endeavour estaba observando todos los movimientos del enemigo con el catalejo. Lord Cutler Beckett se encontraba a su lado.

—Acabaron con el Kraken y el Holandés Errante —bajó el catalejo y giró su cabeza muy preocupado hacia el representante de la Compañía de las Indias Orientales—. El almirante Norrington sublevó a gran parte de nuestra flota… ¿Aún cree que tenemos chances de ganar?

—Esta batalla se decidirá con un solo movimiento de ajedrez —respondió Beckett, mucho más calmado y confiado que su oficial al mando—. ¿No entiendes lo que ése pirata quiere hacer? Está esperando que se honre nuestro convenio.

El capitán lo miró muy extrañado.

Y así, tal y como los dos líderes querían, el Perla Negra y el Endeavour se prepararon para la batalla final desplegando los cañones de sus toberas, preparándose para luchar frente a frente en un combate a muerte. El que decidiría cuál de los dos bandos ganaría.

—No es nada personal, Jack —dijo Beckett el sonriente, confiando en sus propias fuerzas y astucia—. Es sólo un buen negocio.

Entonces, ambos barcos comenzaron a acercarse, separándose del resto para decidir entre ellos quién iba a ganar y, lógicamente, quién iba a morir.

—¡Desplieguen las velas! —ordenó Jack Sparrow en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca de su enemigo.

—¡Sí! ¡Desplieguen las velas! —repitió el capitán Barbossa, contagiado por el entusiasmo de su compañero y también por no quedarse atrás como líder, tomando del control del timón.

—¡Prepárense para disparar! —gritó a su vez Lord Beckett.

Pero, antes de que lograran siquiera encender una sola mecha de cañón, una larga y estruendosa serie de potentes cañonazos se hicieron escuchar por todo el lugar, llamando la atención de los combatientes. Pues aquellas detonaciones nada tenían que ver con sus armas.

Y entonces, para sorpresa de todo el mundo, la mismísima flota real se encontraba a unas cuantas millas de distancia del campo de batalla, dispuesta a detenerlo todo y pedir explicaciones a quien había urdido semejante disparate a espaldas del rey.

XOX

Una hora más tarde, Jacky, Billy, Alwine, Christian, Teague y Seagull se encontraban en la playa esperando ansiosos el regreso de su gente. Sus corazones estaban rebosantes de dudas, temor y esperanza acerca de sus fortunas.

—Norry… —murmuró la preocupada pirata, mordiéndose las uñas de la mano, con los ojos oscuros fijos en el horizonte con el sol ocultándose en la lejanía.

De pronto, el italianito sordomudo divisó algo en distancia y gritó, apuntando con el índice lleno de emoción:

—¡Miren! ¡Allí vienen!

—¡Lo sabía! —exclamó Seagull, golpeando el puño contra la palma de su mano para luego abrazar confianzudamente al fastidiado doctor.

Todos comenzaron a saltar de alegría hasta que ordenaron sus pensamientos y se dieran cuenta de algo muy extraño.

Lentamente, todos se volvieron hacia el atónito Billy, quien permanecía con ambas manos en la boca, los ojos como platos y blanco como un papel.

—¿Escuché mal o creo que escuché que el pequeño Billy habló y los escuchamos hablar? —inquirió Jacky con una seguidilla de palabras absurdas.

—Ciertamente habló… —opinó el capitán Teague.

—¡Es imposible científicamente! —exclamó el doctor.

—¡Es un milagro! —replicó Seagull.

—¡No! ¡Fue mi mamá! —festejó la pequeña Alwine, lanzándose al cuello del sorprendido y desconcertado muchachito—. ¡Qué alegría, Billy! ¡Qué alegría! ¡Puedes hablar! ¡Puedes hablar!

—S-sí… Puedo hablar… —asintió el dichoso pero confundido italianito. Era muy extraño escucharse a sí mismo.

Felices por la buena estrella de Billy y la buena acción de Alrun, nuestros protagonistas se dispusieron a esperar la llegada del los suyos, cosa que demoró una interminable hora.

Poco a poco y uno por uno fueron llegando los barcos pirata de la Hermandad de los Piratas, Nefud Yidda, en cambio, se había retirado a sus tierras luego de la tregua que había concedido el Procurador del Rey, quien era el que había intervenido en la batalla. Muchos no lograron sobrevivir, claro, pero grande fue la alegría de todos cuando vieron llegar al Perla Negra sano y salvo a la orilla de la playa.

Todos corrieron para recibir a sus capitanes y su tripulación, exclamando vítores de alegría cuando los vieron bajar uno por uno, pues ya otros le habían informado que la batalla había terminado bien.

—¡Vaya! Veo que el viejo chivo sigue con vida —se burló en cuanto lo vio bajar con la joven Jade alzada en sus brazos y escudado por Wai y Su Shi—. ¿La mocosa está bien?

—¡Sí, sí! ¡Está bien! —respondió muy malhumorado, pasando de largo, camino al pueblo y seguido por su gente, incluyendo a toda la tripulación del Perla que pasó lo más rápido posible para no tener que quedar a conversar con su capitana, hasta su hermano salió huyendo a toda prisa cuando la vio…, tropezando en la arena un poco más allá..

—¡Vaya! ¿Ésa es la manera de tratar a su querida capitana Jacky Sparrow que se preocupó por ustedes todo este tiempo, desagradecidos? —se quejó, poniendo los brazos en jarra.

—Hola, Jacky —la saludó Elizabeth a sus espaldas y ella se volvió rápidamente.

—¡Ya era hora de que alguien se dignara a saludar…!

—Lo siento mucho, Jacky —la interrumpió con una expresión tan seria en el rostro que la pirata se asustó de veras, bajando los brazos.

—¿Qué pasa? —el corazón comenzó a latirle a toda velocidad… ¿En dónde estaba Norry?

—James no pudo venir… —le avisó la joven, pero no pudo seguir hablando y miró a Will para que la ayudara.

—Se lo llevaron prisionero junto con Beckett —siguió el muchacho tratando de contenerse—. En Inglaterra les harán una Corte Marcial por los crímenes cometidos.

Jacky nada dijo, movió la boca como un pez y cayó sentada en la arena, con la mirada perdida en el vacio mientras Will y Elizabeth trataban de consolarla y Teague y Billy, alarmados, corrieron hacia ellos.

Notas de una Autora Descuidada:

Cada quien debe hacerse cargo de sus actos, reza más o menos el dicho… y eso es lo que quiso hacer James, pero… ¿habrá sido una buena decisión? Muy pronto lo leeremos en el siguiente y último capítulo de esta trilogía… ¡el Epílogo!

Querida Isa Lionheart: je, es cierto, pensé que el Kraken iba a tener más protagonismo, pero eso hubiera sido poner al Perla en una muy mala posición XP además, Jade tiene un par de espadas muy poderosas… ¿qué iba a poder hacer el Kraken con eso? Je XD A mí también me gustó mucho el casamiento entre Will y Elizabeth, pero claro, Barbossa es el mejor ahí :D ¡Elizabeth tendrá mucho para contarle a sus hijos! : ) Sip, estas peleas entre Alrun y Calypso fueron como las de Caballeros del Zodíaco o Dragon Ball, dos anime que siempre me gustaron y que por lo visto las viste, je XD ¡Isabel le dio su merecido a Sangre Negra! Pero decidió irse lejos para encontrarse a sí misma, dejando atrás a dos caballeros que la quieren tanto… Perdón, son tres con James. La verdad es que escribo una página por día para no cansarme, y es en el último día en que corrijo el capítulo y contesto los mensajes ^^ Lamento no haber dejado a Will como capitán del Holandés, es que, para mí, hubiera sido muy cruel de mi parte hacerle eso a pesar de que se ve guapísimo en ese papel XD ¡Podés darme la lata todo lo que quieras! XD

Querida NaYaTo: ¡Y te extrañaba, amiga! Y ya falta tan sólo un capi más y se termina esta historia, así que a no aflojar, ¿eh? ¡Y ni Egmont ni Alrun murieron! Pero igual debieron despedirse de la pequeña Alwine… : ( Da una especie de tristeza el destino que siguieron el doc y Philippe, ¿no? Pero bueno, por lo menos tienen la posibilidad de seguir por otro camino volviendo a ser jóvenes ;D ¡Y parece que Norry volvió a ser el hombre valiente y regio de antes! ¡Eso es James! Pero… ¿podrá regresar para ver a su amada? ¡Lo leerás en el siguiente capi! XD Esa Jacky… ¿cómo será como madre? O.O Jade es una chica estupenda, ¿no? Y creo que Barbossa fue el primero en darse cuenta de eso y por esa razón se hace el indiferente a pesar de que se preocupa por ella XD ¡Y finalmente Morgan tuvo su merecido! ¿Te gustó? A mí también me da una especie de tristeza terminar esta historia que me llevó tanto tiempo, pero bueno, las cosas siempre terminan tarde o temprano, ¿no? ¡Triste realidad!

Querida Barby Uzumaki: ¿te gustó el final de Morgan? ¡Se lo merecía! Morir era poco para él. No, no te equivocabas, ése era el plan exacto de James : ) La verdad fue Will el que acabó con Jones con la ayuda de Jack, pero esta vez fue Calypso la que lo eliminó el final… : ) ¡Y el casamiento! ¡Barbossa es el mejor para casar parejitas! XD Tenés razón con eso de que era más conveniente que Jones atacara a Jack en vez de a Will… pero bueno, son cosas del guión que falla en algunas cosas con tal de darle más protagonismo a la gallina de los huevos de oro, que lamentablemente es la verdad de las superproducciones : ( Al final, nadie terminó siendo el capitán del Hoaldés Errante : ) Te doy un consejito de hermana mayor a hermana menor, disfrutá tus años de cole porque, a pesar de lo engorroso del los estudios, es la mejor etapa de nuestras vidas. Lamentablemente te darás cuenta de eso cuando esa etapa quede atrás XP

Y lamentablemente falta el epílogo final de toda esta extensa historia… ¡Y pensar que parecía tan lejano éste desenlace y ahora está tocando la puerta para entrar! Tal vez, y sólo tal vez, se me ocurra una cuarta parte si veo la cuarta entrega de Piratas del Caribe. El único problema sería en posponerla largamente hasta que termine mis otros fics inconclusos… Bueno, eso ya lo veremos más adelante, ¿verdad? Y tal vez volvamos a encontrarnos ^^ Las únicas pelis que he visto son Viviendo con mi Ex y Pollyana (ésta última una linda historia a mi entender ^^ Lamentablemente mi tía no pudo traerme de España la novela Bailando Para Degás : ( pero bueno, la intención es lo que cuenta, ¿verdad? Igual me trajo una lamparita nocturna para lectores que parece va enganchada al libro : )

¡Nos leemos en el último capítulo!

¡Mil gracias por leer!

¡Cuídense!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu

PD: capítulo dedicado al pueblo japonés que sufrió la desgracia de ser desbastado por un terremoto y un tsunami el pasado viernes 11 de Marzo de éste año… ¡Que tampoco se convierta en una desgracia nuclear!