Cap 51
La sorpresa fue simplemente perfecta. Mágica e inolvidable, justo como Maura lo quería pero hubo algo con lo que no conto en sus previsiones. Los detalles, como el que al día siguiente tuvieran que trabajar o todas las cancelaciones incluyendo el invernadero de la ciudad o hasta la comida pero por suerte, su madre y su ahora suegra oficial se ofrecieron a hacerse cargo y con un asesinato múltiple no pudo negarse aunque en realidad le supo a fracaso su descuido.
Ella no era así. Siempre había planeado todo lo importante para que la perfección fuera la norma por desgracia esta vez no fue así y mientras se lamentaba por todo el trabajo que ahora cargaba su familia debía aumentar el lamento de no estar completamente concentrada en su trabajo. Eso le era inaceptable.
Jane sonrió mientras se quitaba su nuevo anillo de matrimonio, no estaba segura de que significaban las formas pero si lo estaba de que era una declaración de su esposa. Un te amo, sin lugar a dudas.
Tuvo que quitárselo y guardarlo en una caja en el cajón de seguridad de su escritorio del que extrajo su arma que paso a tomar lugar en la funda que colgaba de su cinto, por un momento pensó en comprar una cadena para traerlo siempre consigo pero tuvo que dejar la opción al ser llamada por su jefa de brigada. La agente Jones no era alguien a quien debiera escuchar sin poner atención como ya había aprendido en aquel tiempo.
Maura suspiro a la vez que abandonaba una cada en los suburbios, se quitó los guantes que tiro a la basura y luego del bolsillo de su pantalón extrajo su anillo con el diamante en forma de bola de béisbol y el marco con forma de placa de policía muy pequeña pero bien delineada donde los espacios eran rellenados por zafiros pequeños de la misma forma que la principal. Sonrió entendiendo el claro mensaje de su esposa y no pudo evitar estremecerse al deslizarlo por su dedo para devolverlo a su sitio, aunque poco era el tiempo en que lo había tomado, ya le era más que necesario que estuviera ahí.
-¿Jane ya hizo que te arrepintieras? –. Pregunto Korsak a su lado con una sonrisa –Eso es rápido...
-Es Janie. Hasta yo huiría de ella si pudiera... –. Agrego Frankie posicionándose junto a su nueva pareja.
La forense rio por lo bajo negando –Jamás podría cansarme de ella pero el anillo perfora mis guantes, aumentando las posibilidades de una contaminación indirecta en las evidencias o exponiéndome a alguna amenaza.
Ambos detectives caminaron a su lado, acompañándola a su auto. Korsak asintió –Lo entiendo…
-Buen pretexto para cuando Janie se entere –. Afirmo Frankie con una sonrisa que se amplió cuando vio el gesto levemente ofendido de la forense –Muy sólido. Me gusta.
-No estoy mintiendo –. Se quejó Maura provocando sus risas.
-Lo sé, cuñadita. Solo estaba jugando –. Soltó el italiano entre risas a la vez que el mayor negaba.
-Cuando Jane se entere de que estas molestando a su esposa, te molera a palos –. Aseguro Korsak –¿Verdad? Mau... –. Guardo silencio al ver la brillante sonrisa de la forense. Todo por haber sido llamada "cuñada" por primera vez y no pudo evitar sonreírle con ternura por un momento. Al llegar junto al auto de la cobriza se detuvieron –Bueno ¿Qué tal el matrimonio?
Maura dejo escapar un suspiro –Bien pero tuve grandes equivocaciones y ahora debemos sufrir por ellas.
Frankie la miro confuso –¿Equivocaciones?
-Si. Al hacer la boda tan de improviso... –. La forense abrió la puerta de su auto y comenzó a acomodar sus cosas en el interior sin dejar de hablar con frustración evidente –... los planes no van como deberían. Nos dormimos tarde y despertamos a primera hora, ambas tenemos trabajo y casos activos que requieren nuestra atención... creo que Jane no volverá hoy a casa... y la luna de miel está detenida hasta dentro de dos semanas porque pedimos los días tomando en cuenta la fecha de la ceremonia en el invernadero así que nuestra agenda previa a ausencia está muy abarrotada.
Los detectives mantenían una mueca en sus rostros –Lo siento mucho, doctora –. Dijo Vince a la vez que le palmeaba el hombro buscando que se relajara un poco.
-Gracias, detective –. Soltó la forense en un suspiro desanimado pero al instante volvió a llenarse de energía –Bueno, será mejor que me vaya al laboratorio de una vez. De nada sirve quejarse ahora y hay mucho trabajo que hacer.
-Por supuesto, cuñadita. Tú no pierdas los ánimos –. Afirmo Frankie tratando de animarla a la vez que esta cerraba la puerta de su auto con una sonrisa y arrancaba motores.
La vieron desaparecer por la calle, seguida por la camioneta de la morgue que transportaba los 5 cuerpos de adictos asesinados y torturados. Algo que sin duda les daría al menos una semana ocupada sino es que más.
Frankie saco su teléfono y comenzó a escribir bajo la mirada de su compañero con el que volvía a la escena del crimen –¿Le vas a decir?
-Por supuesto...
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Jane corría persiguiendo a un sospechoso por el parque cuando escucho su teléfono pero no se detuvo. Salto una banca desocupada y acelero el paso para atrapar de una vez al que le había lanzado un helado en la cara cuando trato de detenerlo varios metros atrás, su blusa pintada de rosa y pegajosa decía que era personal. Se lanzó sobre su espalda, tacleándolo y haciéndolo golpear el suelo con firmeza, aunque el golpe la atonto un poco no por ello se quitó de encima y en su lugar desenfundo su arma para apuntarle en la espalda dejándole sentir el cañón, obligándolo a que dejara de retorcerse.
-¡No te muevas! ¡FBI! Manos donde pueda verlas. Arriba ¡Ya! –. Exclamo controlando su acelerada respiración.
-Ya voy. Ya voy. Por favor no dispare –. Se quejó el hombre contra el césped –Pesa mucho...
Lucy que llego justo en ese momento no pudo evitar reír por lo bajo para luego canturrear –Un sospechoso te dijo gorda...
-Cállate –. Gruño Jane a la vez que guardaba su arma y sacaba sus esposas que con rapidez pasaron a encontrarse ajustadas en las muñecas del hombre que fue levantado y llevado al auto de la agencia.
-No quiero estereotipar pero ¿Porque los hacker son gordos? –. Se quejó Lucy al ser la encargada de empujarlo levemente en el camino.
La morocha elevo los hombros –¿Necesitan más grasa para alimentar sus super cerebros?
Su compañera asintió levemente –Supongo...
Llegaron junto a su auto a la vez que la morocha sacaba su teléfono del bolsillo y leía el mensaje de su hermano, soltó un suspiro negando mientras sonreía, cosa que su compañera vio luego de haber encerrado a su sospechoso en la parte trasera.
-¿Qué pasa?
-Maura. Al parecer está molesta porque no hemos tenido tiempo juntas y no lo tendremos pronto –. Respondió Jane mientras sacaba las llaves del auto.
-¿Porque no? ¿No tuvo algo de miel Rizzoli de forma oficial? –. Pregunto Lucy juguetonamente.
Jane soltó una carcajada –No. No pudimos... ambas teníamos trabajo hoy y llegamos tarde a casa.
-Pobre. ¿Y por qué no ahora? –. Dijo con simpleza la castaña antes de subir al auto junto al pasajero, acomodándose justo tras el asiento de su compañera que la imito.
-¿Ahora?
-Si -. Lucy elevo los hombros –Estamos cerca del recinto y podrías pasar a... Mua mua mua...
La italiana negó sonriendo poniendo el motor en marcha –No quiero que la prim...
-Yo no dije eso. Dije mua mua mua... algo para que pase el día y espere la noche donde le prepararas algo lindo.
-Tenemos oídos, sabes –. Dijo la italiana mirando por el retrovisor al hombre que lucía más interesado en la plática que en su futuro.
-Tranquila. No ira a ningún lado, solo estaciónate en el sol para que no deje de pensar en su helado –. Solto Lucy con una sonrisa.
-Ey. Esa es brutalidad policiaca –. Se quejó el sospechoso.
-Lástima que no somos policías –. Le refuto la castaña con sorna para luego mirar hacia su compañera –Y yo te espero con una condición.
-¿Cuál?
La castaña sonrió con malicia y rio –Pídele a Frank que te compre condones femeninos jejejeje solo de imaginar su cara jejeje...
La italiana no pudo evitar soltar una carcajada –Eres muy mala ¿No quieres también un helado para la espera?
Lucy volteo a ver a su sospechoso que puso cara de dolor –Oh, por supuesto que si...
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Maura gruño luego de examinar su segundo estomago del día, ni siquiera eso le regresaba el buen humor y al ver la hora pensó en detenerse para tomar un pequeño refrigerio ya que el almuerzo estaba cerca y no tenía duda de que se lo perdería.
Se quitó los guantes y escribió unas notas más en el informe que ya luego pasaría a limpio luego camino hacia su oficina hiendo directo a su escritorio donde dejo los papeles, se detuvo un instante pensando en que sería mejor para tomar si una manzana o una barra de cereales cuando unas manos delgadas y alargadas comenzaron a deslizarse por sus caderas hasta su vientre.
No se asustó o sobresalto, solo pudo sonreir al reconocerlas y a la fragancia que les siguió o los labios que se impactaron con dulzura contra el costado de su cuello.
-Hola Sra. Rizzoli –. Susurro melosamente Jane contra su oído antes de mordisquearlo –¿Qué tal su día?
Maura sonrió –Buen día Sra. Isles. Debo decir que en este instante está mejorando...
-¿Eso porque? ¿Un estomago divertido?
La forense se dio la vuelta y rodeo el cuello de su esposa con sus brazos –No había comido en muchas horas así que no pero mejoro porque está usted aquí –. Susurro antes de darle un beso lento y suave.
La morocha sonrió y sobre sus labios susurro –Que bien pero tratemos de que su esposa no se entere...
-Por supuesto aunque no soy muy buena para mentir...
-Eso me encanta más –. Agrego Jane antes de reclamar sus labios con intensidad permitiendo que la acumulación de deseo se expresara hasta el punto de arrancarle un gemido a la cobriza que se encontraba igual de desesperada que ella.
Trataron de avanzar hacia el vestidor donde tendrían un poco de privacidad pero sin que sus labios se alejaran de la otra, aquella fue una tarea incompleta quedando solo junto a la pared tras el escritorio de la forense que sin pensar en nada comenzó a recorrer el cuerpo de la agente con sus manos lentamente pero con firmeza. Suspiros se escaparon de entre ellas y las caricias aumentaron hasta el punto en que Jane coló una de sus manos en el pantalón de su esposa para acariciar y estrujar su trasero mientras esta le abría los botones de la blusa para tocar su piel y recorrer sus senos a la vez que sus labios iban a su cuello para besarlo por unos momentos antes de volver. Jugando de esta forma y besándose sin parar por un rato.
Ambas querían mas pero ninguna permitió a la otra seguir, cuando sintieron sus cuerpos demasiado calientes y sus manos más que inquietas se alejaron casi un metro para volver a acomodarse las ropas sin dejar de sonreírse con picares.
-Sra. Rizzoli. Por favor contrólese o me hará perder la razón –. Susurro Jane recuperando el aliento a la vez que se abrochaba los botones.
-Usted empezó, Sra. Isles –. Maura le sonrió atándose el cordón de su pantalón –Así que es su culpa.
-No me arrepiento –. Respondió al instante la morocha acercándose a robarle un casto beso.
Antes de que se alejara, la forense la sujeto por la blusa y volvió a acercarla más para susurrar contra sus labios con una sonrisa –Ni yo. Jamás...
-Eso es porque no tenemos ni veinticuatro horas casadas, ya verás luego –. Dijo riendo la agente.
-Lo dudo mucho –. Maura le dio otro beso y luego la soltó –Bueno cariño ¿Qué haces aquí?
-Ver los cadáveres de desconocidos, ya sabes cuánto lo disfruto –. Dijo la morocha con evidente sorna mientras retrocedía arreglándose el cabello.
Maura negó riendo por lo bajo –Sí. Me imagino que ahora compartes mi deleite por los jugos gástricos o el sistema intestinal.
-Por supuesto.
-Entonces, por favor. Acompáñame a revisar su vejiga.
-Gracias, no gracias –. Respondió al instante Jane abrazándola y dándole un beso sonriendo –Yo solo quiero verte a ti por un momento...
-Agente contrólese –. Susurro Maura acercándose a besarla de nuevo por unos segundos a la vez que la abrazaba.
-Lo mismo digo, doctora... en especial porque debo irme –. Jane le sonrió con tristeza y su esposa suspiro asintiendo –Te veré en casa...
La forense le sonrió con cierta tristeza –Si, cariño.
-Te amo...
-... y yo te amo a ti –. Susurro la cobriza e inevitablemente sus labios volvieron a unirse con dulzura por unos momentos.
La agente rompió el agarre en el instante en que se separaron para recuperar aire y sonriendo se fue alejando unos pasos sin dejar de verla –Me voy que tengo a un sospechoso cocinándose en el auto...
-¿Como que cocinándose? –. Pregunto confusa Maura pero su esposa solo se rio con cierta malicia antes de enviarle un beso y salir de su oficina para desaparecer así como había llegado…
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Pero las cosas no siempre van como uno quiere y a las dos horas Jane tuvo que llamar a su flamante nueva esposa, y decirle que no llegaría aquella noche a casa.
Y por supuesto todo fue a peor. Por el resto de la semana todo en sus vidas personales se detuvo, Jane se encontraba buscando a un pedófilo que era demasiado bueno con las computadoras como para hackear y acosar a jovencitas de todo el país y fuera de las fronteras mientras Maura estaba concentrada en la investigación de un asesino de drogadictos que se creía alguna clase de vengador limpiador de calles, dejando como resultado demasiados cuerpos en poco tiempo.
Llego la mañana de viernes y con desanimo Maura desayunaba un insípido cereal, su rostro mostraba con claridad la tristeza que le inundaba pero de pronto su corazón se detuvo. Dio un salto de su silla y corrió hacia la puerta ya que escucho que un auto se detenía en su entrada y en cuanto abrió la puerta una gran sonrisa ilumino su cara.
Jane con semblante agotado luego de dos días de trabajo incesante pero nada de eso importo en el momento en que la vio, dejo caer sus cosas al suelo y abrió sus brazos para recibir a su esposa que se lanzó con efusividad hacia ella. Se abrazaron con fuerza por un largo rato y para luego mirarse con dulzura un instante antes de unir sus labios con suavidad en tímidos toques que poco a poco fueron aumentando de intensidad con dulzura.
Sus labios lentamente se alejaron y se sonrieron sin dejar de mirarse a los ojos o soltar su abrazo. Se quedaron en silencio por otro rato, sin poder alejarse o decir algo, solo disfrutando del momento juntas pero tuvieron que salir de su burbuja.
-Hola.
-Hola cariño.
Jane sonrió –Es un placer verla de nuevo, Sra. Rizzoli.
La cobriza acaricio su mejilla –Lo mismo digo, Sra. Isles.
-Ha pasado demasiado tiempo –. La agente se inclinó para pegarse más a la mano de su amada –Lo siento...
-No cariño. No es solo tu culpa –. Susurro la forense sin dejar de acariciarle con el pulgar –El trabajo ha sido absorbente y no es culpa de nadie.
La morocha no pudo evitar darle un nuevo beso momentáneo –Te amo.
Maura sonrió –También te amo. Vamos dentro a que descanses... –. Soltó a su esposa y se puso a levantar sus cosas del suelo –Te preparare algo rico de comer mientras tu tomas un baño y luego dormirás unas buenas ocho horas...
-No puedo –. Soltó en un suspiro la agente haciendo que la forense se detuviera al instante para voltear a verla –Tengo que volver para el medio día.
-Oh, cariño –. Le miro con preocupación y le tomo de la mano a la vez que entraban a la casa –Tu salud puede verse perjudicada.
Jane sonrió levemente y apretó su agarre –Lo sé cariño pero estoy bien y realmente no podría descansar con ese puerco libre –. La cobriza asintió sonriéndole con cierto orgullo pero sin dejar de preocuparse, su esposa se acercó y le beso nuevamente –Pero felicidades por haber atrapado al tuyo. Me entere de que tú metiste bastante en el laboratorio. Bien hecho, cariño.
La forense sonrió –Gracias cariño.
-Supongo que te darán el fin de semana libre –. Su esposa asintió y la agente sonrió levemente –Y tu madre me llamo...
-Oh no –. La cobriza negó bajando la mirada suponiendo lo que le había dicho –Jane. No.
Le sujeto de las manos y le sonrió brillantemente –Cariño está bien. Ve y diviértete, búrlate un rato del arte demasiado caro para ser real. Relájate. No tiene caso que estés aquí sola mientras yo voy a estar trabajando posiblemente todo el fin de semana, por favor ve con tu madre a Paris –. Jane sujeto su rostro y la beso sin dejar de sonreir –Por mi ¿Si?
Maura no pudo evitar sonreir sintiendo su corazón revolotear en su pecho –Te amo.
-Y yo te amo a ti –. Afirmo Jane sonriendo brillantemente.
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Esa misma tarde. Jane se tomó un momento del trabajo y llevo a su esposa al aeropuerto, a los andenes de aviones privados.
Lucy que le había acompañado se mantenía en silencio a unos pasos atrás permitiendo que la pareja se besara y despidiera con privacidad.
-… Jane no –. Dijo Maura intentando negarse una nueva ocasión.
La morocha sonrió negando –Cariño solo son un par de días, volverás el domingo por la tarde y yo te llevare a cenar a un lindo lugar. Prometo que me tendrás todo lo que quieras después, me encargare de tener tiempo para nosotras así que ve y disfruta un poco de los franceses pero no demasiado.
La forense suspiro con cierto desánimo pero termino sonriéndole a su esposa –Esta bien pero espero que cumplas tu promesa.
Puso su mano sobre su pecho –Palabras de girl scout –. Le beso con dulzura –No bebas demasiada champagne y disfruta el tiempo con tu madre.
-Está bien y será mejor que tú no hagas locuras. Atrápalo pero vuelve a casa –. Susurro Maura en una leve suplica que la morocha acepto asintiendo con firmeza.
-Lo prometo. Es tiempo –. Dijo al escuchar al piloto privado de su suegra que indicaba que todo estaba listo para el abordaje.
La pareja se besó y abrazo por unos instantes más para luego dejar ir a la cobriza a la que acompaño hasta las escaleras del pequeño jet.
Jane vio a su esposa perderse tras la puerta de metal y luego se miraron por el hueco de la ventanilla junto a la que la cobriza se había sentado. El avión arranco y en pocos momentos desapareció por los aires.
Entonces la morocha sonrió y volteo a ver a su compañera –A correr por las maletas –. Saco su móvil y llamo a un número rápido mientras corría hacia el estacionamiento del aeropuerto –Má ¿Dónde están?... muy bien ahora vayan al andén 15…
