Todo contigo
El número 12 de Grimmauld Place estaba repleto de personas que querían celebrar el éxito de Hermione. Cada persona que había sido parte del proyecto estaba ahí, además de amigos y colegas del Ministerio de Magia.
Hermione pensaba que era algo exagerado que Harry organizara una fiesta de celebración, pero Ginny y Marceline insistieron en que así como habían pasado meses trabajando, merecían y necesitaban un poco de diversión.
Luego de dos horas, tuvo que aceptar que ver a sus amigos sin tener que pensar en la larga lista de tareas por hacer para el proyecto era liberador. Era extraño escuchar los agradecimientos de Lavender Brown, Bill Weasley y de otros afectados por los prejuicios hacia los hombres lobo, pero le alegraba profundamente saber que los había ayudado.
Y aunque sabía que no pasaría, cada vez que las llamas de la chimenea o el timbre de la puerta indicaba que alguien llegaba, Hermione se imaginaba que Remus llegaría. No creía que volverían a lo de antes, pero aunque todo lo que había hecho era por el bien de la sociedad, sabía muy bien que era por él que había puesto toda su energía en sacar la reforma.
- Es el primer día en Hogwarts - le susurró Bran cuando la vio mirar la chimenea mientras Lee Jordan entraba al salón - probablemente nadie en el castillo sabe sobre el Wizengamot, todos se enterarán en la mañana cuando reciban El Profeta. Remus Lupin te escribirá, vendrá a verte y mi hermana ganará diez galeones.
Hermione le sonrió con tristeza aceptando uno de los espumantes que tenía en la mano.
- Ha pasado mucho tiempo, Bran, dos años - le contestó Hermione - me pidió que lo olvidara.
- Porque no creía en la reforma - le recordó el mago - y ahora está aprobada.
- No es tan sencillo como parece, no sólo la reforma y honestamente, no quiero ilusionarme con que llegue de la nada y que todo vuelva a ser lo de antes.
- Quizá tienes razón, quizá no tienes que ilusionarte, pero quizá solo debes recordar que está a una lechuza de distancia.
Y con eso terminó la conversación sobre el hombre lobo y se enfocaron en disfrutar de la velada. Hermione conversó con los Weasley, se rió con las anécdotas de sus ex compañeros y vio dichosa como Marceline y Dean Thomas desaparecieron juntos por uno de los pasillos.
Pero a pesar de lo que le dijo a Bran y del buen tiempo que estaba pasando en Grimmauld Place, si se había imaginado a Remus iba a llegar, con su bufanda color mostaza y sonrisa amistosa. Como una adolescente había creado toda una escena en la que el hombre lobo caminaba directamente hacía ella y sin molestarle el público la besara como en una de las novelas románticas de Molly Weasley.
Decidida de que debía dejar de pensar así, decidió que ya era hora de volver a su departamento, porque no importaba cuando se lo imaginara, tenía que aceptar que Remus Lupin no llegaría a Grimmauld Place.
- ¿Segura que quieres irte? - le preguntó Harry - siempre puedes tomar tu habitación por la noche.
- Crookshanks debe estar esperándome - le sonrió la bruja a su amigo - pero nos vemos el lunes, ¿no?
- Almuerzo con Ron - recordó Harry - no lo olvidamos.
Con una leve sonrisa se despidió de todas las personas que estaban en el camino hacía la chimenea y en medio de un bostezo, lanzó los polvos verdes para ir a su departamento.
Crookshanks maulló a penas llegó, recordándole que no le había entregado suficiente atención durante la última semana (o los últimos meses, si era honesta). Sintiéndose culpable, se sentó en su sillón individual y con unas palmadas en sus piernas el gato saltó a su regazo, esperando que la bruja lo acariciara.
Hermione movió sus dedos desde la cabeza a la cola y por primera vez en dos años, se relajó. Si bien había un montón de leyes que quería aprobar, un sin fin de cambios que quería generar y muchas cosas que pensar, sentía que había logrado lo imposible.
Con o sin Remus.
El gato se movió para escalar su pecho y entre el movimiento, la bruja se dio cuenta que estaba llorando. No eran lágrimas de tristeza, sino de liberación. Quizá estaba triste por no saber si Remus volvería a estar con ella, pero lo que sentía era que le había entregado sus derechos al hombre que amaba. No tendría el miedo de no tener trabajo, quizá algunos lo mirarían feo por su condición, pero desde ese día, era un mago con derechos legales, al igual que cualquier miembro de la comunidad mágica. No tendría que luchar por la custodia de su hijo y en caso de quedar desempleado, tendría ayuda ministerial para conseguir la poción mata lobos.
Esté o no con ella, Remus tenía por fin la oportunidad de ser feliz sin excusas y eso la hacía genuinamente feliz.
Aun con lágrimas cayendo por sus mejillas, Hermione sonreía y pensaba en lo que le había dicho Bran. Quizá nada iba a ser como antes entre ella y Remus, pero por lo menos ya no debía temerle a las amenazas de custodia de Andrómeda, podía escribirle sin remordimiento y aunque algo egoísta y casi egocéntrico, quería ser ella la que le informara que era un hombre libro.
Al fin y al cabo, Bran tenía rayón, Remus estaba a una lechuza de distancia.
Decidida, Hermione se levantó del sillón, asustando a su mascota y se dirigió a su mesa de comedor que estaba repleta de archivos y materiales de trabajo. Algo alterada, buscó un frasco de tinta, su pluma, un pedazo de pergamino y empezó a escribir la carta que en el fondo, sabía que quería escribir hace mucho tiempo. .
"Remus,
No sé si verás esto antes que El Profeta, pero quería..."
Un golpe en la puerta interrumpió su carta y con la varita en mano, Hermione se dirigió a la puerta. Habían pocas personas que sabían donde vivían y aún menos que tocarían la puerta a las una y media de la madrugada.
Iba a abrir la puerta, apuntando con la varita, pero justo golpearon otra vez la puerta, ésta vez acompañado de una voz.
- ¡Hermione! - se escuchaba la voz de Remus Lupin.
A Hermione se le apretó el corazón, no sabía si quería abrir la puerta o no. Por un momento pensó que estaba durmiendo en el sofá y estaba soñando, pero nuevamente se escuchó el fuerte golpeteo contra la puerta.
Bajando la varita y sin estar completamente convencida, giró la manilla y abrió la puerta. Al ver a Remus frente a ella, olvidó todas sus dudas. El mago estaba en la puerta, con cada cicatriz que recordaba, con su túnica algo desaliñada y su respiración agitada le hacía parecer que había corrido una maratón. En su mano tenía un montón de pergaminos, un sobre morado con el sello ministerial y Hermione pudo reconocer el profeta.
Y sin decir ni una palabra, Remus botó los pergaminos y sobres, se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
- Gracias - le dijo mientras la apretaba contra su pecho - gracias.
Aun atónita, Hermione escuchó los mil y un gracias que Remus no paraba de recitar, mientras le correspondía el abrazo, acomodándose entre su túnica, sintiendo ese olor que solo podía describir como lo que se siente al leer frente a la chimenea. No pudo evitar recordar la primera vez que se besaron en la casa de los gritos, cuando él la consoló abrazándola, igual como estaban ahora.
- No hay nada que agradecer - le susurró Hermione acariciando su espalda - esta reforma debió haber aparecido mucho antes.
- Siento que nunca vas a aceptar lo maravillosa que eres - Remus se separó de Hermione y la miró a los ojos - eres increíble, Hermione.
Parecía como si Remus estuviera hipnotizado en su rostro, sonaba completamente honesto y mientras más mantenía su mirada fija en su rostro, más avergonzada se sentía. El ser observada tan penetrantemente la hacía sentir acalorada a pesar de que era de noche y estaban con la puerta del departamento abierta.
- Te extrañé - confesó Hermione, sintiendo como volvían a caer las lágrimas.
Hermione se acercó a él y se apoyó otra vez en su pecho. A pesar de estar completamente confundida, su pecho siempre la había calmado con el rítmico de sus latidos y el movimiento de su respiración. Siempre había sido un lugar donde se sentía segura.
Remus movió su brazo y puso su mano en el rostro de la bruja, obligándola a verlo a la cara. En silencio, limpió su mejilla con su pulgar y volvió a acercarse. Ambos querían decirse tantas cosas, ambos tenían tanto miedo e inseguridad de no saber qué iba a pasar entre los dos, pero finalmente, después de tantos meses, ambos tomaron la mismas decisión en el mismo instante.
Besarse.
Hermione no podía dejar de pensar que había estado equivocada, se sentía exactamente igual que antes, igual que en su oficina, igual que en los pasillos de las mazmorras, igual que cada vez que se habían besado. Cada terminación nerviosa estaba activada y no tardaron en utilizar sus manos para recorrer nuevamente sus cuerpo.
De apoco Remus cerró la puerta con una pierna y Hermione lo llevó, sin dejar de besarlo, lejos de la entrada del departamento. Entre disculpas y pasión, ambos tropezaron y cayeron torpemente sobre el sofá.
- No hay día en que no haya pensado en tí - le susurró Remus mientras la atraía más hacía él - pensé que nunca más te vería.
Cada beso y palabra se sentía mejor que cualquier fantasía que había imaginado durante la fiesta. Hermione no tardó en desabrochar la camisa de Remus y sentir cada cicatriz de su pecho. Su sostenedor desapareció casi tan rápido como el cansancio y el miedo de lo que pudiese pasar entre ambos.
Cuando al fin se separaron, dos horas después, Hermione se atrevió a preguntar lo que había pensado desde que llegó.
- ¿No deberías estar en el castillo? - preguntó - es el primer día.
- Ya no soy profesor - respondió Remus mientras trataba de abrocharse la camisa - renuncié.
Al ver la cara de Hermione, Remus se dio la vuelta en busca de los pergaminos que había traído consigo. Después de encontrarlos separados en la entrada del departamento, le entregó el contrato a Hermione.
- Esto es increíble - exclamó la bruja después de inspeccionar los documentos - pero, ¿pensé que te gustaba enseñar?
- Amo dar clases, es lo que siempre quise- reconoció el hombre lobo - pero con este trabajo puedo estar cerca de Teddy, puedo leerle cada noche antes de dormir, puedo estar contigo sin preocuparme de la custodia de mi propio hijo.
Hermione sonrió, era la primera vez que Remus hablaba más allá del momento.
- No sé qué se vendrá en el futuro, Hermione - le confesó Remus volviendo a sentarse en el sillón - pero me gustaría que estuvieras a mi lado, no se que es lo que esperas y sé que no hemos hablado literalmente en años, pero Hermione, quiero que sepas que estoy dispuesto a aceptar cualquier condición que pongas, si no quieres que nadie sepa para no arruinar tu carrera, vendré a escondidas cada vez que lo pidas, seré la persona más discreta que conozcas. Si quieres tiempo para pensar, tómate todo el tiempo que necesites, yo estaré esperándote y si quieres que te traiga flores frente a los Weasley y lo haré, tú solo dime.
- Si - respondió Hermione lanzándose sobre él.
- ¿Si? - trató de confirmar el hombre lobo - ¿Sí a qué?
- Si a todo, Remus - respondió Hermione lanzándose sobre él para abrazarlo - Yo quiero todo contigo, Remus.
- Y yo contigo, Hermione.
Y llegó el reencuentro y me emocioné... ya casi no queda nada, solo un pequeño final de reconciliación y el epílogo, no puedo creer que esto esté llegando a su fin. Espero lo disfruten. Gracias por los comentarios, los mensajes internos, por simplemente leer, pero saber que esperan o esperaban, si esta bien con el límite de romance que puse, ya que creo que pueden darse cuenta que no quise ser muy gráfica.
Tengan fantasías, bailes flamenco y coqueteen con el amor de sus vidas.
Simona Polle
