Capítulo 50

Como si se tratara de ese regalo que había estado esperando con tanto anhelo, los ágiles dedos de Sheldon se deslizaban por la delgada tela del camisón púrpura de Amy, perdiéndose en cada caricia.

Sheldon estaba dispuesto a deshacerse del sugestivo atuendo de Amy, lo antes posible, aunque la innecesaria cantidad de encaje le dificultaba la tarea.

"Amy… esto tiene demasiadas cintas", Sheldon soltó un resoplido de frustración. Amy sonrió con ternura, y resolvió ayudar a Sheldon con aquel exasperante camisón.

Después de unos cuantos intentos de vencer la intrincada construcción de la prenda de vestir, y con un poco de ayuda de Amy, Sheldon consiguió que los finos breteles del camisón, rueden por la suave piel de los hombros de ella, dejando al descubierto su pecho que se elevaba y descendía al ritmo de su agitada respiración.

Los labios de Sheldon no demoraron un segundo más en recorrer la tersa piel de su Amy con impaciente entusiasmo. Amy sentía su piel erizarse excitantemente ante tan íntimo nivel de exposición. Ella sabía que nadie en el mundo conseguiría hacer que se sienta de esa manera… Solamente Sheldon.

Amy rodeaba la espalda de Sheldon con sus brazos, aferrándose a él; buscando que el mínimo espacio entre ellos desaparezca por completo.

Los dulces labios de Amy se juntaron con los de Sheldon en un apasionado beso, separándose apenas para permitirle acceso a la cautivante exploración que emprendía la lengua del físico teórico.

"¡Oh Sheldon!" Repetía Amy casi sin aliento. "Te amo", sonaba una y otra vez en sus labios, como si se tratara de un mantra.

A Sheldon le fascinaba escuchar su nombre en los labios de ella. Ese nombre que él consideraba tan insulso, tenía un gusto diferente cuando era pronunciado por la amorosa voz de Amy. Las jadeantes palabras de su amada neurobióloga eran el impulso que Sheldon necesitaba para poner en marcha la apasionada demostración del amor que sentía por ella.

A pesar de la confortable cotidianidad de su convivencia, Amy y Sheldon mantenían la expectativa y el encanto de la primera vez que estuvieron juntos.

La mirada de Sheldon se perdía en las acogedoras curvas del cuerpo de Amy, suspirando al verla de nuevo frente a él, más aún después de un prolongado tiempo de abstinencia.

"Eres hermosa." Sheldon le susurró al oído. "Hermosa… te amo", le dijo mientras la tomaba por la cintura y gentilmente la ayudaba a recostarse en la cama, tendiéndose suavemente sobre ella y mirándola fijamente. "Te amo", repitió Sheldon. "Soy solamente tuyo… tuyo por siempre. Tú lo sabes. ¿Verdad?".

Amy sonrió al contemplar el adorable gesto del rostro de Sheldon. "Sí lo sé. Yo también soy sólo tuya… para toda la vida", le dijo suspirando mientras lágrimas caían lentamente por sus mejillas. "Te amo tanto. Soy tan feliz a tu lado". Amy besó la mejilla de Sheldon y rio con ternura.

"Dices que estás feliz y aun así… estás llorando", Sheldon secó suavemente las lágrimas del rostro de Amy. "Si no te conociera tan bien pensaría que sufres algún tipo de trastorno bipolar, pero yo sé que…" Amy acercó sus labios a los de Sheldon, logrando que el elocuente físico se callara con aquel beso.

"Shelly, ¿podríamos concentrarnos en lo que estábamos haciendo?", Amy guiñó el ojo con picardía mientras desataba el cinturón de Sheldon. En un rápido movimiento, los pantalones de Sheldon cayeron al piso junto con el resto de su ropa.

De inmediato, las manos de Sheldon retomaron su exploración sobre la piel de Amy, mientras los labios de ella recorrían los puntos más sensibles del cuello de Sheldon.

Para él, estar unido a Amy en tan íntimo abrazo, se sentía como volver a casa después de un largo viaje. Ella era su destino, su hogar y estar junto a Amy se sentía natural y correcto, siempre había sido así, desde el primer instante.

"¡Ah, Amy!" Un gemido inesperado escapó de la garganta de Sheldon cuando pudo al fin sentir la acogedora calidez de Amy contraerse a su alrededor.

"Asumo que… los ejercicios de Kegel funcionan" Amy se ruborizó intensamente. Amy no demoró más en probar los suaves labios de Sheldon. No podía pasar un segundo más sin sentir sus beso.

"Funcionan… sí", Sheldon respiraba con dificultad. "Funcionan perfectamente. ¡Vixen!", dijo con voz entrecortada, juntando su frente a la de Amy.

"¡Vixen!" Amy sonrió al escuchar esa palabra entre susurros. Hace tiempo que Sheldon no la llamaba así. Las manos de Amy acariciaban la espalda de Sheldon con insaciable fervor y él respondía con caricias igualmente intensas por toda la piel de ella.

Más caricias, más besos, más gemidos, reemplazaron a todas las palabras y por un instante indefinido, no existía nadie más en el mundo.

Por mucho que Sheldon hubiese intentado restringir, racionar y racionalizar cada sentimiento y cada emoción, no había logrado ponerle límites al amor que sentía por Amy. Había decidido amarla por completo, con todo su ser, con toda su vida, sin guardarse nada.

"¡Oh Dios!" un grito ahogado escapó de los labios de Amy. "¡Oh Dios, Sheldon!"

Al escucharla invocar a esa deidad en la que no creía, Sheldon no podía dejar de pensar en que, si en efecto, existiese un Dios, ese Dios había creado a Amy Farrah Fowler pensando en Sheldon Lee Cooper y viceversa.

Para saber que Amy era todo lo que Sheldon necesitaba, bastaba mirarla ahí frente a él, con las mejillas sonrosadas y el cabello suelto y despeinado extendiéndose sobre la almohada; bastaba sentir su respiración agitada y percibir el olor de su perfume al besar su cuello.

La pasión fue poco a poco cediéndole espacio al agotamiento y sueño fue atrapándolos hasta que ambos se quedaron profundamente dormidos, uno en brazos del otro, como cada noche.


Al día siguiente y después de un agradable desayuno en familia, Sheldon recordó algo que había querido comentarle a Amy.

"Amy, sabes que no soy una persona a la que entretenga divulgar chismes pero anoche en la cena, Raj me comentó que el Profesor García y la doctora Stevenson del departamento de Geología rompieron su compromiso." Sheldon dijo casualmente. "Al parecer, descubrieron infidelidades mutuas; así que… no tendremos que asistir a esa boda a finales de enero." Sheldon no pudo ocultar una sonrisa al saber que se libraría de la obligación de ir a tal evento social. "De todas maneras no me daba más de un año a aquel matrimonio y no iba a sentirme a gusto rodeado de tantos geólogos." Sheldon se encogió de hombros mientras arrullaba a Thomas y Olivia, uno en cada brazo.

"¡Es una pena!", se lamentó Amy. "Tenía muchas ganas de conocer el Athenaeum. He visto el edificio por fuera y los jardines que lo rodean pero me hubiese gustado asistir a esa boda."

El Athenaeum es un edificio ubicado dentro de las instalaciones Caltech, que cumple las funciones de club privado y es además uno de los lugares predilectos para organizar bodas en Pasadena. A Amy siempre le había gustado el lugar pero hasta el momento no había tenido la oportunidad de conocerlo.

"Bueno, en otra ocasión será. Ya tendré tiempo para conocer el famoso Athenaeum." Amy le dijo a Sheldon mientras ayudaba a Nicholas con su libro para colorear. "Espero que el Profesor García y la Doctora Stevenson logren arreglar sus diferencias."

Como si se tratara de una súbita revelación, la imagen de Amy entrando al gran salón del Athenaeum, con un hermoso vestido de novia, se apoderó de los pensamientos de Sheldon.

Sheldon fijó su mirada en Amy y tragó saliva, para aclararse la garganta. "A… Amy, creo que podrías conocer el Athenaeum antes de lo que esperas."

"¿Sí?" preguntó ella. "¿Vamos a ir?" Amy se dirigió hacia el sofá donde se estaba Sheldon y se sentó a su lado.

"Sí. Amy, vamos a casarnos allí". Respondió Sheldon con voz firme y resuelta. "Después de todo, si esa boda se canceló hay un espacio libre para el próximo mes".

"¿Lo dices en serio?" Amy no se esperaba aquella espontánea propuesta. "Por supuesto que me gustaría casarme allí pero…"

Sheldon acercó su rostro al de Amy y dulcemente la besó en los labios. "Amy, a principios de este año, tú y yo estábamos planeando nuestra boda." Amy levantó en sus brazos a Thomas, para ayudar a Sheldon.

"Amy, sé que nuestros planes para casarnos tuvieron que posponerse por motivos de fuerza mayor." Sheldon hizo una pausa para mirar a Thomas y Olivia que dormían como angelitos en brazos de sus padres. "Pero… mi propuesta sigue en pie."

"Creo que estamos bien así. No sé si tengamos tiempo para organizarlo todo." Amy trató de pensar con lógica, a pesar de que casarse con Sheldon era lo que más quería.

"Amy, sé que estamos bien como estamos. Firmar un contrato no provocará que yo te ame más o menos de lo que ya te amo." Sheldon respiró hondo y mordisqueó su labio inferior, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

La pequeña Olivia que dormía en sus brazos empezó a despertarse de repente, Sheldon la meció suavemente para calmarla.

Amy los miraba con ternura, sintiéndose profundamente agradecida de lo que la vida le había dado.

"Quizá sea por mi crianza profundamente cristiana o por mi estricto sentido de la moralidad, pero siento que esto es lo correcto. Amy, yo quiero casarme contigo, quiero darte el lugar que tu mereces… como mi esposa". Sheldon confesó con extrema sinceridad en su mirada. "Ya te lo propuse antes pero… ¿quieres ser mi esposa?".

"Sí, sí, sí", Amy asintió con vehemencia. "Por supuesto que sí", dijo con un suspiró, uniendo sus labios a los de Sheldon en un cálido beso.


"Nunca pensé que Amy y yo tuviésemos tantos amigos y familiares; de hecho, no recuerdo que nuestra lista de invitados haya sido tan grande." Dijo Sheldon paseando con nerviosismo de un lado a otro.

El jardín que rodeaba al edificio del Athenaeum en Caltech, lucía más hermoso que de costumbre. Los arreglos florales de orquídeas blancas y lilas que Amy había escogido llenaban de aroma y belleza aquel lugar.

Cubriéndose la frente con la mano para no quedar enceguecido por el brillo del sol en aquella inusualmente luminosa tarde de Enero, Sheldon miró hacia los asistentes a la boda.

Toda la familia de Sheldon había llegado desde Texas, allí estaba Meemaw, Mary Cooper, Missy, George y otros familiares que escasamente veía.

La familia de Amy era mucho más pequeña, y en ella se destacaban su madre y su tía Marion que llevaban en brazos a Thomas y Olivia, mientras que Mary Cooper caminaba por el pasillo, de la mano de Nicholas.

Penny, Bernadette, Howard, Raj y Emily se encontraban junto a Sheldon, esperando a la novia.

"Sheldon, nadie quiere perderse tu boda con Amy", Leonard le dio una palmada en la espalda. "Por eso estamos todos aquí", dijo sonriendo. "Y… mira quien acaba de llegar."

Al escuchar las palabras de Leonard, Sheldon volteó la mirada, encontrando frente a él, una visión que bien podría definirse como celestial.

"A… Amy", Sheldon suspiró al verla. Sheldon evitó pestañear para no perderse ni un detalle de la más encantadora imagen que haya tenido ante sus ojos.

Amy caminaba hacia él, con aquel vestido largo, en color blanco marfil. Su cabello suelto, cayendo en ondas sobre sus hombros y sus dulces labios formando una sonrisa, quedarían marcados en la memoria de Sheldon, para siempre.

"Hola", susurró Amy al estar junto a Sheldon.

"Hola", respondió él, tragando saliva con dificultad. Extendió su mano temblorosa hacia Amy y ella la tomó suavemente.

Tanto la mano de Amy como la de Sheldon se sentían igualmente frías al contacto pero con sólo hacer contacto entre ellos, aquel temblor y aquel frío desaparecieron inmediatamente.

A pesar de estar juntos y verse a diario, ese era un día tan especial, que Amy no podía quitar sus ojos de Sheldon. Se veía tan elegante y guapo con su smoking de color gris oscuro, con una flor blanca en la solapa. El olor de su piel, a talco para bebé y loción para después de afeitar era casi hipnótico.

Y en esa especie de trance hipnótico permanecieron Sheldon y Amy, perdidos en la mirada del otro, sintiéndose solos a pesar de estar rodeados de tanta gente.

Las palabras del ministro sonaban como un eco lejano para Amy y Sheldon, un eco disipado por el sonido de la respiración agitada de él y los latidos acelerados de ella.

Al llegar el momento de intercambiar votos entre los futuros esposos, el ministro anunció:

"Tengo entendido que la novia ha escrito sus propios votos. ¿No es así, Amy?"

Amy asintió con seguridad. "Así es", respondió.

Sheldon la miró con sorpresa. "Amy, no tenía idea de que escribiste tus propios votos. No planeamos hacerlo."

"Lo sé, pero sentí que debía hacerlo." Añadió Amy, sonriendo dulcemente.

"Para ser sincero, yo también escribí mis votos." Sheldon pronunció en voz baja. "Aunque sería recomendable que tú digas tus votos primero, porque si empiezas a llorar al escucharme, no vas a poder continuar." Sheldon dijo en tono condescendiente. "Por eso no escribí mis votos en klingon."

Amy asintió, sin dejar de sonreír. "Está bien… comenzaré yo".

"Sheldon… sé que es difícil decirte algo que no te haya dicho antes. Es difícil porque tú ya conoces todo sobre mí y probablemente no te diré nada que tú no sepas. Podría empezar diciendo que, aunque no creas en el destino… haberte conocido no es una casualidad; de la misma manera no es casual haberme enamorado de ti y amarte tanto como lo hago ahora." Amy hizo una corta pausa para tomar aire. "Como lo haré siempre." La voz de Amy se quebró de repente. Sheldon tomó firmemente de sus manos.

"Sheldon, prometo amarte siempre, con todo mi ser, con todo lo que tengo, para el resto de mi vida y prometo decírtelo hasta que te canses de escucharlo. Y aunque… te exaspere que señale lo obvio… te diré que te amo unas 4580 veces, multiplicado por 621. ¡Te amo!"

Al disimulo, Sheldon se secó, con el dorso de la mano, una lágrima que amenazaba con caer por su mejilla. Respiró hondo, disponiéndose a pronunciar sus votos ante Amy.

"Amy, 4580 multiplicado por 621 veces son 2'844.180 veces. Yo quiero estar junto a ti para escucharte decir que me amas, no sólo ese número de veces sino todas las que quieras. Yo también responderé que te amo porque tú me enseñaste a hacerlo. Yo no buscaba a nadie, yo no creía necesitar a nadie y te encontré… te necesité tanto y sin darme cuenta empecé a amarte y así de enamorado estoy hasta el día de hoy y así estaré siempre."

Después de pronunciar sus votos, Sheldon y Amy sellaron su unión con un beso que trataba de resumir todo el amor que sentían… para siempre.


"Papi, mi mamá y tú se casaron aquí. ¿Verdad?" preguntó Olivia al admirar los bellos jardines, alrededor del Athenaeum, en Caltech.

"Sí, justo aquí", respondió Sheldon, señalando el lugar donde hace tres años se celebró su boda con Amy.

"Papá… ¿por qué Olive siempre pregunta cosas obvias?" Nicholas refunfuñó al escuchar la pregunta de su hermana menor. "Nosotros estuvimos sentados justo por aquí, con nuestras abuelas. Yo lo recuerdo perfectamente." Añadió Nicky, que ahora tenía cinco años.

"Yo no lo recuerdo", dijeron Thomas y Olivia en coro.

"Por supuesto que no lo recuerdan, ustedes tenían solamente tres meses de edad y Nicholas tenía más de dos año. Es por eso que no lo recuerdan. Pero sí, estuvieron aquí." Sheldon, con tono conciliador, trataba de evitar enfrentamientos entre sus pequeños hijos.

"Se los dije", sonrió triunfantemente Nicky. "Tengo memoria eidética."

"Papi, ¿cuándo va a venir mi mamá?" preguntó Thomas con una mueca de tristeza. "Ya la extraño y… tengo hambre". Thomas se frotó los ojos con los puños, como si estuviera a punto de llorar.

"¡Oh! Seguro no tardará en llegar e iremos a casa para comer todos juntos. Hoy es día de pizza". Sheldon dijo con entusiasmo, levantando a Thomas en sus brazos.

"¡Mami!" exclamó Olivia al ver a Amy. Los tres niños corrieron hacia ella para abrazarla con todas sus fuerzas.