Albus abre los ojos TEMPRANO. Aun desnudo, lo cual sigue pareciéndole extraño y bastante enredado con Minerva. Sonríe un poco y levanta levemente la cabeza buscando, desde luego, a Gellert que bosteza por ahí.
Con bastaaaante cuidado para no despertar a Minerva, se mueve y sale de debajo de ella, haciendo que gire y dándole un beso en el hombro.
Minerva que se reacomoda como gatito.
Es tan mona. No hablen de gatitos que va a hacerle cariños en la panza a ver si ronronea.
¡Hala, concéntrate!
Se levanta sigilosamente, la cubre bien con las mantas y toma su varita, cambiándose y aseándose con magia. Para cuando llega al escritorio ya está nuevamente hasta... ejem... "peinado"
No, no va a ronronear como humana.
ASH. Sería divertido.
Sí, pero los humanos no ronronean.
—Gellert —saluda y es que... está nervioso y sonriente. SONRIENTE.
—Guten morguen —le sonríe él.
—Estaba pensando que... voy a... voy a hablar a Nunmergard.
—Ya lo sé. No creo que te dejen hablar conmigo a traves de la chimenea.
—Aún así es lo más... cerca que hemos estado.
—En los ultimos treinta años.
—Treinta años. No voy a pensarlo siquiera —prende la chimenea con la varita y lanza un puño de polvos, haciendo que un carbón pequeño levita hasta su escritorio. Cuando aún esta verde le pone distraídamente el dedo índice encima y con voz clara pide a Nurmengard. Prisión de Máxima seguridad.
Gellert sonríe como un niño y se acerca a sentarse frente a él.
El suspiro profuuuuuuuuuuuuundo que hace que se note claramente que Albus Dumbledore está nervioso.
—Hallå —saluda la pequeña carita del funcionario aparecida en la brasa.
Ahí va la varita de Albus directa a su cuello porque vale que pueda hacer muchas monerías, pero tampoco habla todos los idiomas del universo tan perfectamente como le gusta, más aún para expresarse en este asunto. Asi que... traductor automático.
—Buenos días, ¿hablo a la prisión Nurmengard?
Está bastante animado el hombre porque... el cambio de turno es pronto. Aunque es ABSURDAMENTE temprano en el horario continental.
—Ja, ja.
—Habla Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —acerca su varita y mete un poco la punta al carbón sacando su hechizo identificador del lado del hombre.
El funcionario levanta las cejas porque... sabe quién es, desde luego.
—Ehm... no hay... quiero decir... el supervisor llega en un rato y...
—Envié una carta ayer para su prisionero... Gellert Grindelwald. La lleva mi fénix, Fawkes.
—¿Eh? ¿Una... carta? Espere un momento.
—No sé si ha llegado ya mi Fénix. Es probable que sí. Es rojo.
—Sí... sí. Estoy viendo que llegó ayer por la tarde el sobre.
Fawkes el tramposo.
¡Le mandó el patronus!
Pero en la noche. Vale, tarde, noche, está bien. Llegó el sobre pues.
—Bien. Entiendo que tienen que hacer una revisión del contenido. Si su consejo revisor tiene algun inconveniente o rechazan la carta, por cualquier motivo, avíseme pro favor para que pueda exponerles el tema.
—Ah... sí. De hecho, hay bastantes aquí, no sé cuando van a hacer la revisión, pondré una nota a su nombre, aunque ya le digo que se rechazan como el noventa por ciento de lo que llega.
—Ehm... ya, bueno, pero no todas llegan con mi nombre. Ehh... ¿puedo preguntar cómo está Grindelwald?
—Yo... no lo sé, estoy en administración, pero puedo buscar al funcionario que esta de guardia y se ocupa de la ronda en la zona de máxima seguridad.
—E-Eso me parece excelente. Gracias —asegura mientas piensa... Albus Dumbledore, vas a terminar yendo a Nurmengard y hablando con todo puto mundo.
Eso justo asegura Gellert
Albus aprieta los ojos proque si va a Nurmengard... si llega a ir... joder. No, no va a ir, ¡no va a ir!
—Eso dices siempre...
—Es que si voy y no te voy a ver, va a ser peor. Si voy y te voy a ver... es absurdo mandarte una carta.
—Ahora... pídele a ver qué.
—¿Que le pida... verte? —es que se pone tres veces más nervioso.
—Claro, al funcionario, a ver qué te dice. Relájate, no te va a dejar ahora, pero te dará los horarios de visita y todo eso.
Albus tamborilea los dedos en la mesa. Cero relajado.
—¡Esto es divertido!
—Sí lo es... en realidad sí lo es.
—Y emocionante, oigo tu corazón incluso.
—Por supuesto que oyes mi corazón.
—Me refiero a más fuerte de lo normal.
—Sí, por supuesto que al triple de fuerza y de velocidad —se ríe un poco—. Te echo de menos, Gellert.
—Hallå? —interrumpe la voz del chico.
—Sí, sí... perdon. ehm... Aquí estoy.
—L-Le... Le paso con Karlsson.
—Karlsson. Buenos días.
—God morgon, profesor Dumbledore.
—Le comentaba a su compañero que el día de ayer envié una carta para Gellert Grindelwald.
—¿Usted?
—Sí. Necesito su opinión científica.
—¿La de... él?
—Desde luego que la de él, es el mago más entrenado qué hay en la prisión.
—Las cartas científicas estan prohibidas.
—¿Por que van a estar prohibidas? ¿Porque ustedes no las entienden? Bueno, vamos a tener que buscar la manera.
—No. Podría haber mensajes ocultos entre los conceptos, no sería la primera vez. Toda precaución es poca con él.
—Si sabe quien soy yo, ¿verdad? Yo le puse ahí...
—Desde luego, y por usted es que tenemos esta especial dedicación en la seguridad.
—Lo sé, sin embargo me parece que puedo perfectamente bien enviarle tres artículos y que los lea. Son artíuclos de divulgación científica.
—No soy yo quien decide qué cartas son adecuadas... eso es cosa del comite de la prisión.
Albus suspira
—¿Qué día se reúne el comité de la prision?
—Más o menos se reunen una vez al mes.
Gellert BUFA.
—¿Cuando fue la última reunión?
—Eh... no lo sé.
—Igualmente esto es demasiado lento, Albus, ¡tiene que haber otra manera! ¿O es que planeas escribirme una sola carta? Aunque se reunieran mañana, ¿qué pasará con la siguiente? ¡vamos a morir de ansiedad!
—Señor Karlsson, no creo que sea buena idea que tenga que ir yo y hacer una junta de consejo sobre el trato a los presos. Estoy de acuerdo, MUY de acuerdo en que sean cuidadosos con, no solo Gellert, hay bastantes personas ahí dentro que ha puesto la justicia, sin embargo, hay ciertos derechos...
—Mire, es que no tiene que decirmelo a mi —suspira porque este hombre suena igual que esa señora tan anciana de la historia.
Y le ha llamado Gellert... No se ha dado cuenta. Karlsson sí, pero ya le han dicho alguna vez que Dumbledore está loco.
—Así que, necesito que me de los datos de los miembros del comité, los horarios de visita de los presos.
—Espere, Eriksson se los dará ahora.
—¿Cómo está Gellert Grindelwald? ¿Asumo que sí podrá decirme eso, o es que los presos en su prisión han perdido ya todos los derechos?
—Nunca se sabe con semejante hijo de puta.
Es que... la tensión.
—Albus... Albus, mírame —pide Gellert—. Ya sé que odias hacer esto, pero no tenemos tiempo para esto. No vas a ir a Nurmengard a pelearte con el comité de la prisión, no vas a conseguirme comodidades. No así por las buenas. Has tardado treinta años en hacer esto...
—¿Y qué quieres que haga? ¿Que META las cartas? —Y es que sabe, SABE que no se debe referir a eso. No va a hacerle un hechizo al hombre solo para...
—No, pero habla con el guarda. Ofrecele dinero o lo que sea, corrompele. Este hombre está en contacto directo conmigo. No vamos a estar esperando un mes a que decidan si puede leer tu carta y otro a que decidan si pueden enviartela. Tienes que hacer esto a mi modo, no al tuyo. Y desde luego no vamos a dejar que un comite de suecos sepa que me echas de menos.
Es que el corazón, se le va a salir.
—¿Usted le ve directamente? ¿Tiene trato con él?
—Además, cinco minutos de contacto conmigo y ya estás engañando a alguien para algo. Que se note que he vuelto —sonríe sonrojo con eso, desde luego.
—¿Eh? ¿Yo? Sí... es decir... soy uno de los encargados del area de máxima seguridad, sí.
—¿Pero usted personalmente trata con él?
—¿A qué se refiere?
—Bueno, hacer ronda, ver cómo está, hablar tres palabras con... ¿como ha dicho usted? Semejante hijo de puta.
—Sí y llevarle comida y traerla... y sacarle de la celda para que limpien y le cambien las sábanas sí.
—¿Y cómo está? —pregunta y es que... poco falta para que entre ahí y le sacuda de la garganta
—Ahora, dormido, debería. No sé qué quiere saber. De verdad está todo bien, no corre peligro. No sé si ha tenido usted una pesadilla ni... porque quiere que lea esos artículos.
—¿Habla con usted de algo? En algún momento deben tener charla insulsa.
—Ehm... sí, bueno... —ya se nota que está más incómodo.
—Ya me lo imagino... seguramente le preguntará cosas básicas. Con lo aburrido que debe ser estar ahí.
—¿A qué se refiere con cosas básicas?
—A usted, sobre su familia, sus hijos... ¿tiene hijos?
—¿Yo? Sí. Una niña.
—¿Cómo se llama?
—Me debe caer taaan bien esta lumbrera —comenta Gellert.
—Ingrid.
—Ingrid, bonito nombre. Viene del alemán. Ing, fertilidad, fridh... belleza.
—Sí, sí, sí... más popular en Noruega —creo que tuvo exactamente esta misma charla con Gellert. Albus sonríe un poco.
—¿Qué más le cuenta, Karlsson? Aun parece intersarse por el mundo?
—¿Eh? ¿Quién?
—Grindelwald. ¿Le ha contado algo de él?
—¿Cómo qué? ¿Esta intentando sacarle información para algo?
Albus mira a Gellert a ver si cree que mentirle con eso funcionaría.
Se encoge de hombros, tal vez sí, de hecho por el tono de voz diría que es la primera vez que al hombre le hace sentido algo de toda esta conversación. Así que... Albus suspira.
—No quiero que usted sepa mucho sobre el tema si está en contacto con él, pero desde luego que tenemos una pista que nos lleva a concluir que algo ocurre. De ahí la urgencia de esos artículos. Puedo asegurarle que usted recibirá una condecoración y un aumento si esto sale bien.
—¿Q-Qué? Pero... ehm... de... ¿de qué se trata? —suena un poco acojonado, la verdad.
—Nada malo, pero si alguien puede ayudarme a resolverlo es él, se lo garantizo. Y mire que soy yo. ¿Qué tengo que hacer para que pasen mis cartas con Grindelwald, evitando al consejo?
—Ehm... mire, no sé que le han dicho o que ha... leído, pero yo no tengo nada que ver.
—Oh, cielos... hay algo en lo que tener que ver —sonríe Gellert. Albus sonríe.
—Hmm... todo esto podría... ser conveniente —le asegura a Gellert—. Ohhh... no, eso dudo muchísimo que tenga que ver. Aunque podría ser... ¿qué sabe usted del tema?
—Y además sabemos que no estoy loco. No cuando hay carne en el asador —insiste Gellert.
—Nada. Prácticamente... o sea, solo algunos hablan y... pero nada. Debería hablar con la gente del turno de día.
—¿Hablan sobre que?
—Sobre ello. Sobre cosas que hacen y que... ehm... le haré llegar los artículos a Grindelwald.
Albus levanta imperceptiblemente las cejas pero asiente tan contento.
—Llámeme cuando lo haga, ¿quiere? Albus Dumbledore, Colegio Hogwarts.
—Cielos, sea lo que sea espero que no sea peligroso... o que sí lo sea —comenta Gellert.
—Puedo ir ahora mismo, si quiere.
—¿Le espero aquí? —pregunta/ordena.
—Ah... si quiere. Aunque no sé como va a reaccionar. No puedo llevarle para que hable con él, eso está estrictamente prohibido.
—Ah, no, no. Empecemos por esto... aunque ¿no tiene visitas?
—No.
Albus frunce el ceño.
—Uhm... bueno, le paso a Eriksson que le dará la información que ha pedido antes.
—Vaya a darle los artículos, por favor. No le diga que ha hablado conmigo.
—Ah... ¿No le digo que son suyos?
—No, eso sí.
—Hum... está bien. Tenga un buen día —ahí se va el hombre.
—No, espere... lo espero aquí y me dice que ha dicho.
—Ah, espere —es la voz del otro chico, se oye como le dice eso último a Karlsson.
—Gracias.
—Bien, dice Karlsson que... ¿quiere venir a visitarnos?
—¿A-A visitarles?
—Me refiero a... venir a Nurmengard, a ver a Grindelwald.
—Quizás podría, más adelante.
—Ehm... Tengo que decirle que requiere de todo un roceso burocrático, pero puedo mandarle la documentación.
—Oh, tengo una persona experta en burocracia.
—Bien, ¿se lo dirijo a... esa persona entonces? ¿Su secretaria?
—¡No! No... mi subdirectora. Pero no, diríjalos a mi, yo sé los hago llegar.
—De acuerdo —asiente... un poco incómodo porque ha dicho que se quedaría ahí y no sabe que más decirle.
—No estoy seguro de que sea una buena idea que Minerva sepa lo que planeas hacer...
—Pero es un trámite burocrático horrible —protesta porque él es malo para eso.
—Siempre podemos llevarla, desde luego.
—¿A Minerva? ¡No! ¡Por Merlín! —aprieta un poco los ojos.
—No creo que te permita ir solo
—¿Minerva?
—Sí.
—Vamos a ver primero si el guardia no vuelve con todo y mis artículos de vuelta —Se humedece los labios.
—¿Por que iba a hacer eso?
—¡Quizás no quieras saber de mí! —es que esta histérico.
—Seguramente no.
—No ayudas —le mira con cara de circunstancias
—Y seguramente... ya sabes, Karlsson parecía asustado. Seguramente pensó que era algo serio. Pediste que me la entregara ahora, que te ibas a esperar aquí. Seguramente me despertó para dármela.
—Hace treinta años no sabes nada de mi, Gellert. Treinta años. Día tras día de estar aquí. Quizás no te parezca tan mal que te despierten por esto —se limpia las palmas de las manos en las piernas.
Utiliza la imaginación de Albus para crear la escena en la que él está dormido en la cama destartalada y lúgubre de la celda de la prisión que Albus se imagina cuando piensa en Nurmengard, con Karlsson, rubio, gordo y medio tonto utilizando un hechizo poco amable y echándole la carta a la cabeza prácticamente con algún grito de "lee esto deprisa o vas a pasar el resto del día con los dementores" y añadiendo "Hijo de puta".
Albus se pellizca el puente de la nariz porque... no es así. No podría distar más de ser así. Estaba ridículamente cerca. Podría entrar ahí y paralizarles a todos e ir a la celda, meterse ahí y... abrazarle, maldita sea, y decirle que llevaba treinta años echándole de menos cada puta hora, casi.
—Y quizás te pondría la nariz en su sitio otra vez del mismo modo en que Abie la torció.
—Cualquier cosa sería mucho mejor que treinta años de silencio.
—¿Albus? —interrumpe la somnolienta voz de Minerva, que viene de la puerta de la habitación. Lleva aun el pelo suelto y una de sus batas horterísimas. La primera que ha encontrado.
—¿Señor? —pregunta Eriksson exactamente a la vez.
Que crueles. Albus se gira a mirarla en PÁNICO momentáneo, mira a Eriksson. La mira a ella otra vez.
Ella se frota un poco el ojo desde la puerta.
—Vuelve a la cama, es muy temprano, Minina. Ahora voy —le pide, y aunque esta visiblemente sobresaltado consigue mantener más o menos el tono de voz y Gellert sonríe porque esto es divertido.
—¿Señor? —pregunta Eriksson un poco descolocado con eso.
Minerva bosteza y... no hace mucho caso, la verdad.
—Pero me he despertado y no estabas—tan desconsolada—, ¿qué estás haciendo?
—Ehm... Karlsson. Si? —mira al carbón, la mira a ella—. Llamada urgente. Dame un minuto, Minerva.
—Soy Eriksson, señor. Karlsson ha mandado un patronus. Dice que se ha puesto a reír como un loco. Dice que nunca lo había visto así.
Albus aprieta los ojos porque eso... es una bloody señal de... NADA, ¡joder! ¡Con él no es señal de nada!
—Pero ¿llamada urgente con quién a estas horas? —pregunta Minerva y se acerca a la mesa, presionando.
—Ehm... ¿los ha recibido? ¿Ha dicho algo?—pregunta Albus humedeciéndose los labios y... abriendo un poco los brazos y ofreciéndole a Minerva el abrazo. Entre más cerca Minerva, más fácil hacer un hechizo para que no escuche o algo así.
—No... no ha dicho nada, por lo visto ha abierto el sobre, los ha visto por encima y aun se está riendo. Tememos un poco del contenido, Señor... no lo habrá hechizado o algo, ¿verdad?
Y ahí va ella ni lenta ni perezosa directa a sentarse en su falda. Albus niega con la cabeza, y es que... no le viene del todo mal abrazarla un poco y sonrojarse a la vez. Gellert. El Gellert de verdad, se estaba riendo. Por él. Aún cuando fuera en burla... por un instante es como.. una realidad brutal, más allá que el que de burle de él.
—A lo mejor es una risa histérica, tu podrías hacer perfectamente una en este momento —comenta Gellert aun sentado en el escritorio, mientras Minerva le rodea el cuello con los brazos.
De hecho es que... es eso o llorar. Opta por apretar un poco más a Minerva contra si y hacer... ambas cosas un poco a la vez. Risa y llanto.
—Cuelga —pide Minerva y le besa.
Ok, esto es.. joder. ¿¡Que coño hacen los dos?! ¡Esto no vale!
Lo siento, solo se han alineado los astros, por lo visto.
Albus cierra los ojos con Minerva, y es que el corazón... ¡a ver si no le da una arritmia, coño!
¡De hecho, es su culpa por hacerlo todo a la vez!
No le riñan.
¡Pues... pues!
Le devuelve el beso a Minerva, esto no pasa de que Klassen, Karlsson o como se llame piense que está aún más demente de lo que está ya, de por sí.
—Ehm... —vacila el chico al otro lado de la chimenea al botar que no hay respuesta... ¡Joder! Como esté Dumbledore intentando matar a Grindelwald... ¡para eso hay bloody protocolos de seguridad y no dejan aue lleguen las cartas! ¡?Ahora uno se muere de la risa como puto demente y el otro no contesta! ¡Puta carne de psiquiatrico! TODOS.
Es que creo que en la vida había peleado tanto el cerebro de Dumbledore por mantenerse enfocado en loquesea con tal de no perder la consciencia real y el tratar de evitar pensar en ello y concentrarse en el beso. A la vez Consigue con MUCHÍSIMO esfuerzo separarse un poco de Minerva y abrazarla igual.
—Llamo mañana. Vigílele —se despide del sueco sentenciando su día entero a... volverse LOCO. Sueco que suelta una palabrota cortando la comunicación y ahí va otro beso.
Por Merlín. Es incapaz de elegir que coño sentir, así que va a sentirlo todo a la vez. Suerte, Minerva, porque ahí le tienes, despellejado. Si alguien ha podido tenerle entre brazos tan franco y transparente alguna vez, eres tú en este momento, aunque no seas capaz de verle.
Es una pena que no sea capaz de verle... pero no lo es. Qué se le va a hacer. De todos modos ya tendrá tiempo de sobreanalizar la risa cuando ella se vaya a clase. Y tal vez de pelearse consigo mismo y perder por no volver a llamar a por más información al respecto más allá de la primera reacción. Opina Gellert ahí sentado mirando el beso.
Entrar en pánico. Si, seguro. Es que quiere ir a ver qué coño hace.
No, eso ya lo está haciendo muy bien desde ahora.
Al menos Minerva ayuda a que piense MUCHO MUCHÍSIMO menos de lo que estaría pensando ahora si no tuviera un GRAN trozo de cerebro apagado.
Y ahí va a seguir, no parece tener intención de parar
Va a calmarle un poco, la verdad, gracias
¿Ves qué bien? Tanto que se ha quejado antes...
¿Cuando se quejó? Solo se asusta. Aunque se siente culpable.
Cuando abrió la puerta y le contestaron a la vez. Él tiene a Minerva aquí que le bese y le abrace y le haga sentir bien.
Ah... bueno, el shock del momento.
Sí, sí, claro, ahora resulta.
¡Dejen de quejarse! Y es que menos mal que Minerva solo le besa porque si le viera, porque notaría que está llorando y riéndose a la vez. HISTÉRICO.
Mmmmm... puede separarse si quieres, pero no es buen momento para esto, lo siento.
Noooo, no. No. Que no lo note. Tíratelo, venga, solo recuérdale que haga el hechizo de la juventud.
¿Ahora mismo? Ehm... vale, por ella no va a quedar
Pues... ahora mismo si quiere, él va a dejarla hacer. Minutos sin control son buenos minutos en este momento. Solo que cuando termine va a estar un poco como trapo.
Entonces sí puede que pase... si se le levanta.
Por eso le digo a Minerva que le recuerde hacer el hechizo.
No, no se lo va a recordar, lo siento.
Ugh. Una cosa más que pensar. Genial.
De hecho... venga que si no... Se separa un poco.
—No me gusta despertarme y que no estés en la cama —susurra con un poco de ansiedad.
Es que no, no es por ti, te lo juro Minerva. De hecho no está flácido, debes notarlo, solo no está lo bastante... Y es que... es fácil hablar con Minerva. Es Minerva. Es el mundo normal y conocido y... es como estar en casa. Le acaricia el pelo un poco.
—Menos mal que estás aquí.
Ella sonríe con eso, ala, ya estás perdonado.
Y luego preguntas si serás o no la mujer de su vida... ¿¡de verdad?!
¡No lo pregunta!
Peor aún, se queja de que lo piense.
¡No! Solo es que se lo dice... cuando no...
¡Eso hacia el otro día! Decir que no, que no era la mujer de su vida porque no tenía un anillo y nosequé.
—Te quiero —asegura ahora ella. Y es que ella... le da un piso donde pararse. Estabilidad. Recarga la frente contra la suya.
—Y yo a ti, Minerva McGonagall —responde sinceramente, sintiéndose un poco en el ojo del huracán, el instante de paz dentro de la tormenta.
Ella sonríe complacida con eso y vuelve a besarle y por lo visto va a tener que venir Pomona.
Y una pequeña parte de su cerebro le recuerda que él es un privilegiado, sin merecerlo del todo. Porque Gellert está ahí solito, y él... ¡es que tiene demasiada suerte!
Sí. Va a tener que venir Pomona. Ella admite que sonríe cuando entra al comedor y no está ahí con un "JA!" Medio indignado
Pues espera a que no esté tampoco en tooodo el desayuno, por lo visto
Cielos, y luego la muy cínica va a decir que no le gusta tanto.
Pues es que al paso que van... Más vale que vaya Pomona. Puede llevarse a Filius, si quiere.
Al paso que van... exactamente, de ser por ellos dos Minerva se salta la mañana.
Exacto... llama a su jefe y le dice que está enferma.
Su jefe va a darle el día. A veces pasa... los profes se enferman. Ups.
¿Ves? Ya lo sabíamos. De eso sí podeis quejaros. Es que además seguro se lo ha llevado a la cama otra vez y esta ahí dándole besitos.
Y es que es lo que necesita. Aunque aún está pensando paralelamente en la risa. Pero igual... una risa es mejor que otra cosa.
Es mejor que haberle roto la nariz al guarda.
Una risa es que leyó algo y supo de quién era.
¿Pero qué pudo haber leído? El guarda debería haberle dicho de quién era la carta de todos modos.
¡Algo debe haber leído igual!
Desde luego que algo debe haber leído, no hay mucho más que hacerle a la carta.
Pues eso es mejor que no saber nunca nada de él. Quizás muera esta noche, Albus... y si lo hace todo podría haber ido peor. Podría no haber pasado esto con Minerva. Podría no haber escrito nunca a Gellert.
Dios mío con el drama.
Podría no saber su respuesta. Vale, no, ¡no puede morirse! Bajo NINGUNA circunstancia.
Más vale que levantes el culo de esa cama, Albus, dicen los elfos que hoy hay mousse de limón de postre.
¡Cielos! Vale, sí que lo levanta, pero es que mira cómo sonríe Minervaaaaa. Otro ratito.
De hecho ella es la que lo abraza y no lo deja irse
Albus se ríe un poco, porque a pesar de todos los nervios y la completa histeria, está de buen humor.
La montaña rusa emocional.
¡Es culpa de ambos!
Ya... ya.
—¿Nos quedamos?
—No hay ningún otro sitio en el que quiera estar —Minerva sonríe y asiente. Él le peina un poquito otra vez. Cierra los ojos, sonriendo, dejándose hacer.
—Soy mala influencia —susurra Albus.
—No es cierto, eres perfecto.
—Disto mucho de ser perfecto, pero me alegra que... te lo parezca —se ríe otra vez y se sonroja un poco y no te alegra, pero hoy estás idiota.
—Claro que no distas nada en lo absoluto —es que lo dice sin vacilar ni un poco, mirándole a los ojos.
—Yo creo que no me estás viendo en tu sano juicio... es el afecto lo que habla, Minina.
—Claro que no.
Se ríe. Ella está súper embobada, tenemos que decirlo.
—Piensa bien, si me sabes un MONTÓN de defectos.
—Si no estuviera en mi sano juicio significaría que no lo he estado desde los once años.
—Vale, ahora sí voy a sonrojarme —cierra los ojos y es que si lo hace un poco porque... ¡es tan mona!
Ella se acerca y le besa otra vez.
—Tú sí eres perfecta —susurra a medio beso.
Cieloooos... Pomonaaaaaa sacanos de aquiiiiiiií
La miel... ¡Albus dice que dejes de quejarte! Y es que creo que Pomona va a darle tregua y a dar ella su clase sin preguntar porque... es Minerva.
¿Y quien va a dar transfiguraciones?
Pomona o Filius, el que tenga libre.
Filius protesta pero... tampoco va a ir a la segunda clase. Ni a la tercera. Ni a ninguna como no la saque de ahí alguien.
Pomona dice que calle y no proteste, que es lo mínimo que pueden hacer por ella
Es que al fin, ¡AL FIN ha perdido el control! No va a impedírselo ni s truncarle la felicidad. Si es necesario va a poner a Slughorn a dar clase de transfiguraciones.
A Filius le empieza a preocupar esto... a partir de las once de la mañana.
—Hala, solo es un día de Minerva sin control! Ejem... espera. Es como... si la tierra dejara de girar.
—O sea, sí, no pasa nada, solo es raro.
—¡Pero solo un día! ¡Ya, ya, lo es, pero de eso se quejaban ayer!
—Sí, sí, pero... o sea, precisamente.
—Ayer dijo que no ocurriría y hoy... vale, si es un pooooco raro. ¡Pero no vamos a impedírselo! Por UNA vez.
—Vale, vale... solo digo que es la hora de comer y seguimos sin saber nada.
—¿Crees que algo les haya pasado?
—Solo digo que... Esto es inusual.
—Lo es, pero no implica que este mal. De hecho es justo lo que debería haber pasado desde el principio.
—No sé... —Filius suspira.
—¿Qué pasa?
—Pues que me parece raro
—¿Raro malo?
—Es decir, no digo que esté mal, me alegro por ella, pero...
—¿Ajá?
—No sé. ¿Saltarse clases? Ella no ha sido así ni cuando eramos estudiantes.
—Es UN día tras años de frustración y tras un expediente perfecto. ¡UN día!
—Vale, vale —levanta las manos.
—Aunque saltarse clases. Ha dado clase incluso estando afónica.
—¿Estás segura que esta con Albus de todos modos? No sé, tal vez está enferma en su cuarto.
—Si que... ugh. Noooo, ¡la mato si es eso! Voy a tener que ir a buscarla.
—Solo para asegurarnos —asiente.
—Vale, vale. Tú podrías preguntar a la gárgola de Albus.
—¿Preguntarle qué? —sí, se le ha olvidado.
—Como que qué, si está Minerva ahí —Pomona le mira de reojo.
—Ah... ¿y tú vas a mirar a su despacho?
—Que si, que para ver si está enferma ahí en vez de con Albus —le mira del todo.
—Vale, te mando un patronus si está ahí.
—Perfecto —le sonríe—. ¿Que te apuestas si sí lo está? No les interrumpas, eh?
—Vale, vale —se ríe—. ¿Una cerveza?
—Estoy siendo benevolence contigo —Pomona asiente y le extiende la mano para cerrar el trato.
—¿Por? ¿Qué es lo que quieres? —igual sonríe y le da la mano.
—No lo sé, solo es que una cerveza por esto te va a salir muy barato...
—¿Dos cervezas? ¿Una canción a elegir en el baile?
—Una cerveza y una canción.
—Vale —se ríe.
—¡Trato entonces! Espero tu patronus.
—¡O yo el tuyo!
Igual Filius se va al despacho de Dumbledore y cinco minutos más tarde se lo ha mandado para que vaya, diciéndole que la espera para entrar. Haciendo que Polmona corra por toda la escuela hasta el despacho.
—JAAAA! —respiración agitada cuando llega—. Te lo dijeeee.
¡Cinco puntos menos para Hufflepuf!
¡No me jodas!
No se puede correr.
Minerva, ve a concentrarte en el fabuloso metesaca con tu Albus.
¿Han conseguido estar en eso otra vez?
Eventualmente Albus ha hecho el hechizo viagra. Aunque no se si eso sea justo ahora, creo que ya pasó. Ahora deben estar... hablando. Las horas infinitas.
De todos modos... ¿alguna idea de la contraseña? Esto es más divertido con un acertijo #RavenclawRulz #TodosVagos
—Postre... qué postre le gusta a Minerva.
—¿El té hecho con lagrimas de Slytherins? O bueno, luego habla de las bebidas imperialistas, pero bien que se relame con el tiramisú.
Pomona se ríe.
—Y tres litros de whiskey. Mmm... ¿galletas escocesas?
—¿Tarta borracha?
La gárgola niega.
—¿Caramelos de limón con whiskey?
—¿Los labios de Albus Dumbledore con Wishkey?
—Los labios de Albus Dumbledore. Punto.
—No, no, estoy seguro que el wishkey está de algún modo incluido —Filius está muerto de risa con todo esto.
—No whiskey, no party. A ver si Albus no termina borracho solo con los besos de Minerva.
Hasta la Gargola se estaría riendo de poderse reír las gárgolas.
—Y mira que ya tiene una edaaad.
—Pero casi nunca bebe nada. En serio... quizás si entramos al fin les veamos tontear. Postres de la semana. ¿El lunes que hubo?
—Ehm... Eso de chocolate, ¿no? ¿Cómo se llama?
—¿Que de chocolate? Chocolate —mira a la gárgola.
La gárgola niega.
—¿Qué de chocolate entonces?
—El bizcocho ese... Es que a mi no me gusta.
—Ahh, el relleno.
—Sí
—Culan? Culi? Cule? Algo así.
—Coulant!
Mira que suertudos. La gárgola se quita. Vale, pues ahí van.
—Cielos, y si de verdad les atrapamos a la mitad del sexo. No sé si quiero verle el culo a Albus mientras...
Y el problema del pensamiento de Filius es que... "en serio crees que él va encima?" Y los imagina de las dos formas y aprieta los ojos.
—¿Oyes algo?
—¿V-Voces en el cuarto?
Pomona abre se asoma del todo al despacho, caminando con suavidad, de puntas. Filius prefiere esperarse ahí, gracias. cosas de Ravenclaws.
—Aquí no están, claramente.
—M-Mira a ver en el cuarto —se frota las manos con nerviosismo. Pomona piensa que como la echen...
—Ven acá —le hace un gesto con la mano, susurrando lo más silenciosa que puede—, no me vas a dejar sola en esto.
—Eh... N-No... no hace falta.
—Sí que hace, no seas cobardica.
Filius se acerca un poco y ella se lleva una mano a los labios y acercándose del todo al cuarto, abriendo la puerta sólo un poquiiiiiito.
Filius se queda tras ella con los ojos apretados porque de verdad no quiere ver. Pomona se agacha un poco y trata de ver la cama. Joder es que ¡al menos un besito!
Deben estar en eso justo
—Aww... —susurra pomona porque, miraleeeeees. Son muy monos y Minerva... ¡No se estaba inventando que ahora se besuqueaba y se tiraba a Albus!
Filius es que...quiere y no quiere ver.
SÍ quiereeee. No sabe que quiere pero sí quiere. Es como cuando tus OTP de serie de televisión se lían por primera vez.
Sí, creo que les mira entre los dedos.
¿Y los otros dos que no se enteran o qué?
Albus es que... le está contando cualquier tontería mientras ella se ríe y le da besos.
Y él es que mira que dócilmente se deja y se los devuelve jugando tontamente con su pelo, haciéndole trenzas para acá y trenzas para allá.
Filius tiene una ceja levantada con las mariposas. O sea, estan ahí, haciendo brillitos y sobrevolando la cama. ¿En serio nadie las está viendo? ¿Y esas son burbujas?
Lo son, sí. En forma de corazón. Pomona está segura por esa enorme.
Sí, verdad? Ella las está viendo también... no es solo cosa de él que se ha vuelto loco por el trauma.
Y eso de ahí arriba es... ¿nieve que cae y se difumina? Y velas que flotan... y pétalos de rosa. Es que... ¿de verdad?!
—Ehm... —decide carraspear Filius y sí van a notaron porque no es como que haya mucho ruido.
Nop, no hay garras, Minerva solo se gira un poco a mirarles.
Ala... menos mal. Albus se gira también un poquitín, lentamente y Pomona se queda CONGELADA con cara de culpable, recordando sus tiempos de alumna.
Filius se humedece los labios y cambia de pie el peso.
—Ehm... solo queríamos ver que... estuvieran bien.
—¿Aja? —pregunta Minerva como si estuvieran sentados en el escritorio trabajando.
Otra respuesta inesperada, ciertamente. Pomona parpadea.
—V-Veo que sí están bien... ehm... te-te cubrimos entonces —Pomona la mira, mira a Albus, la mira.
—Es que es mediodia —explica Filius.
—Siento que no haya avisado con anticipación, pero Minerva va a tomarse máximo dos dias libres... —asegura Albus repentinamente.
—Gracias, Filius. ¿Cómo está el tiempo? —pregunta ella un poco sarcastica. Él se revuelve con eso y mira a Pomona de reojo.
—¿Dos días?! —protesta Pomona a lo que ha dicho Albus—. Uff... Vale, vale... lo que sea.
—Cerrad la puerta al salir, Pomona.
Pomona asiente, tragando saliva y es que... Minerva da miedo HASTA CUANDO UNO LA ATRAPA A ELLA!
Filius es que... baja la cabeza y espera a que sea Pomona la que salga, no esperaba para nada que esto fuera a ir así.
—Wow... —susurra Pomona... cerrando la puerta al salir tal y como le han ordenado.
—Esto ha ido...
—Raro. De cojones que RARO. Minerva es... RARA.
—Sí, no sé... ¿y dos días?
—¡No tengo ni idea de qué coño les pasa!
—Es decir... me parece bien que estén contentos y todo eso, tal vez es lo que tú decías ayer.
—De hecho es que... parece ser justamente el asunto. Minerva ha perdido la cordura... al fin.
Filius asiente.
—Igualmente... ugh. Estas cosas se planean, ¿cómo vamos a cubrir todas sus clases?
—No tengo ni idea, ni siquiera ha dejado deberes o temario que haya que dar.
—Bueno, mira, pensemos que está... muy enferma o algo así. Las clases que no podamos dar se las damos libres y ya está... no es como que Minerva falte con frecuencia.
—Habrá que repartirlas entre todos...
La angustia de ambos, y ninguno dice "vale, yo las divido y tu.. haces esto otro.
—¿Y qué vamos a decirles a los otros?
—Pues que está enferma... ¿no?
—Tiene una calentura... que nomás no se le baja —se ríe un poco.
Filius sonríe y niega.
—Un dolor en el... muy bajo abdomen. No hemos de decir que por el sobreuso. Aunque admito que esoty impresionada, pensé que Albus no...
—Debe haber encontrado ese hechizo que preguntaban Potter y Black.
—Ugh, ugh... —Pomona se ríe igual, porque vale, a pesar de todo, le alegra por Minerva—. ¿Has visto... las mariposas?
—Y las pompas de jabón, ¡cielos!
—De corazón. ¡CORAZÓN! Y había... flores y nieve y... ¿así es el cuarto de Albus siempre?
—¡Yo qué voy a saber!
—No lo sé, seguro que has estado ahí para ALGO alguna vez. ¿No te ha... enseñado su colección de calcetines o algo así?
—No, no en su cuarto, o sea en el despacho sí, pero...
—Pues.. Mariposas y burbujas de jabón de corazón... cielos. Mineva no se lo va a acabar NUNCA en cuanto la vea.
—¿A qué te refieres?
—En cuanto yo la vuelva a ver, digo... desde luego pretendo burlarme cruelmente de ella
—Ah... si es que vuelve a salir de ahí... Ni siquiera parecía un poco avergonzada ¿Y si deja de darle vergüenza?
—¿¡Para siempre?! Nooo...
—Pues no lo sé, si ya se ha abierto y relajado con la situación.
—Jo, ¿y con qué la vamos a molestar? —se pregunta un poco agobiada—. Aunque vale, sería lo más... sería lo mejor para ella, que al fin deje de tener el tema estigmatizado. Y que bueno, sean pareja. De hecho JUSTO actuó como tal. Ugh... pero... ¡es que era el único tema que teníamos para molestarla!
—No lo sé, a mi me parecía bonito que en realidad... le diera así vergüenza y eso.
Pomona tuerce la boca porque sí, le parecía bonito a ella también
—O sea, es que ha sido como si solo... no sé, jugaran ajedrez. En fin, solo le estoy dando demasiadas vueltas.
—¿Jugaran ajedrez?
—La respuesta, ¿sabes? No sé, yo me habría muerto de vergüenza. Pero estaban ahí como si... les hubieramos encontrado comiendo o jugando ajedrez o trabajando.
—Ahhh, ¡sí! ¡Claro! Yo... creo que me habría muerto de la risa y de la vergüenza. Al menos me habría movido... y más aún, bueno, con ÉL. O sea no es como que nos la hubieramos encontrado en su cuarto con Mefistófeles o algo así. Es con Albus. Sin duda alguna, TODO lo que está pasando es raro.
—Y no tiene mucha lógica, porque ayer estaba roja como un tomate mientras bailaban.
—Filius... ¿estás hablando como de una teoría de la conspiración?
—¿Eh?
—No sé, ¿me estás queriendo decir que pasa algo super raro?
—No, no, no lo sé, si solo les hemos visto dos segundos.
Y lo que pasa es que Pomona sabe que Filius es listo y cuando le da vueltas a algo es porque su cerebro analítico le está diciendo que algo va mal.
—¿Crees que debo preocuparme por Minerva?
—No lo sé. Tal vez deberíamos... no. Es que no tiene sentido que volvamos, porque van a decirnos lo mismo.
Pomona le toma del brazo y tira de él de vuelta.
—¿Qué haces?
—Volver.
—No, pero es que ¡van a decirnos lo mismo!
—No, no... es que se me está ocurriendo que quizás dijo eso y luego se puso como LOCA.
—¿Eh?
—Quizás solo actuó así un segundo, porque Minerva no pierde nunca el control... pero en cuanto nos fuimos se puso histérica. Vamos a ir hasta ahí y a oírle a través de la puerta.
Filius se deja tirar... ¿qué otra cosa va a hacer?
De hecho, Albus también está... o sea... es que se ha girado a mirarla en cuanto han salido por la puerta... aún esperando las uñas.
Minerva sonríe y se estira un poco en la cama cuando se van. Albus se ríe un poco.
—¿No vas a hacerte gato esta vez?
—No, ¿por qué? ¿Quisieras?
—No, solo es que... han entrado aquí Filius y Pomona... —dedo entre los pechos de nuevo, distraidamente.
—Ya lo sé —sonríe y se mueve para dejarle hacer mejor—. Pero ya se han ido. Y me encanta el plan de pasar dos días aquí contigo.
—¿Aunque eso implique que mi caos y desorganizacion tomen tu vida y la revuelvan completamente?
—Cualquier cosa tuya que tome mi vida estará bien.
Todos parpadeamos al unísono.
—Aun así... Pomona y Filius...
—¿Qué?
—Nos vieron en la cama, Minina... —es que aún sigue esperando la histeria, quizás está demasiado en shock.
—Sí, ya lo sé —está bastante ilusionada de hecho—. ¿Es que te preocupa?
—A mi no, en realidad... —se ríe un poco—. Pero ayer con trabajos me dejaste tomarte la mano frente a todos.
—Bueno, ayer... olvídate de ayer, puedes tomarme la mano cada vez que quieras.
—Anda... ¡cada vez que quiera! ¿Y solo la mano?
—Lo que quieras —sonríe y se sonroja un poquito. Él se ríe otra vez, porque debe estar en broma—. ¿Qué? ¿Qué es lo que querrias?
—En realidad... no lo sé. No hemos hablado de esto... ¿quieres hacerlo público?
—Sí, si tú quieres.
La mira a los ojos y es que hay algo aquí que no encaja. Quizás hay algo aquí que no encaja desde las seis de la mañana... se humedece los labios y sonríe de lado.
—¿Así que ahora puedo hacer caos completo en tu vida y hacer lo que yo quiera?
—Claro que sí.
—Como... ¿portarme mal sin que me riñas ni me bajes puntos de Albus Dumbledore?
—Claro que no voy a reñirte.
—Ya, como si ese no fuera tu pasatiempo favorito —Albus se ríe otra vez, porque claro que le está tomando el pelo.
—Mi pasatiempo favorito es darte besos y quererte, mi amor... —sonríe otra vez, con ensoñación.
La mente más brillante se ha tardado seis putas horas en llegar a esta conclusión. Seis. SEIS. Creo que hasta se sonroja mentalmente. Debió darse cuenta de esto al primer beso, cuando estaba hablando y ha llegado a besarle y a pedirle que colgara. Pero el pánico... y es que... también quizás cuando le ha dicho que le quiere. Se yergue un poco. Mirándola sonriendo pero con el ceño fruncido. Y es que ha pasado tantas horas con Minerva, TANTAS, que... esto es extraño.
—¿Estás bien?
Digamos que... la necesitabas así en ese momento. Sí, aunque va a darle vergüenza no haberlo notado un bue nrato.
—¿Eh? Desde luego. ¿Tú no lo estás?
—Sí lo estoy, solo es que te ves muy contenta..
—¡Lo estoy!
Albus parpadea otra vez y sonríe. Ella sonríe también y le acaricia la cara con cariño.Y es que... está suavecita, y mona y.. dulce. Y algo le ocurre. ¿Veritaserum? O una poción de amor.
—¿Desayunaste algo?
—Lo que nos trajeron los elfos.
Albus se pregunta si está así desde anoche, con cierto agobio. Y es que... ahora que lo piensa se sonroja un poco porque estaba disfrutando a Minerva tan... así. Quizás solo está atontada por una poción de amor. Quizás llevaba más días consumiéndola. Porque hala, por qué no pensar en eso también. ¿Quizás todo esto había pasado por ello? No parecía lo más probable, pero era posible... Es que... desde que le dijo que no le gustaba que no estuviera en su cama cuando despertaba. Se siente un poquito culpable y le acaricia el brazo.
Ella sigue sonriéndole con ensoñación y haciéndole cariñitos.
—Cierra los ojos... —le pide valorando si llevarla con Poppy... o intentar arreglarla ella, para ahorrarles a todos la verguenza.
Minerva lo hace.
—Te propongo un juego... —¡no juegues con Minerva así!
—¿Aja? —ojos cerrados.
—¿Te gusta... Mefistófeles?
—No —arruga la nariz.
Albus se ríe de sí mismo, no es por nada. Ella sonríe un poquito al oirle, aun ojitos cerrados
—¿Qué cosas no te gustan de mi?
—Ninguna, eres perfecto
—Disto mucho de ser perfecto... ¿qué hay de los treinta años?
—No era el momento adecuado.
Vale, no es veritaserum...
Ya, claro, ahora finge que eso estabas probando.
Ajem, ajem.
—Minerva, creo que... creo que alguien te dio una poción de amor.
—¿Qué?
—Pasa algo raro...
—¿El qué?
—Estás diciendo cosas que habitualmente no dices... siendo sumamente sincera conmigo y sin protegerte —le hace un cariño en la cara.
—¿Y no te gusta que sea así? —tan preocupada.
—Sí me gusta, aunque me preocupa el por qué estás siendo así. ¿Has comido algo además de lo que trajeron los elfos?
—No... si he estado contigo todo el tiempo. Solo estoy siendo así porque quiero agradarte
—Tú no necesitas ser de ninguna manera distinta para agradarme, Minerva —asegura porque, tampoco parece esta ser un apoción de amor como tal. Quizás sea un hechizo extraño, o distinto. Algo más complicado. Piensa en si pudo haber sido Henry... una poción o algo que debía estar dirigido a él—. ¿Has comido alguno de mis caramelos de limón?
—No, sé que te gustan mucho.
—Sí que me gustan —sonríe—. ¿A ti te gustan?
—Sí.
—¿Tanto como te gusta que me porte mal y pierda los papeles que debo firmar? —pregunta jugando al ensayo y error.
—Eso es parte de tu encanto.
Albus suspira sonriendo. Esto no era sinceridad, era... incapacidad para ver lo malo en él.
Ahíi se estira por la variiiiita. Con lo mona que era y lo lindas que eran las mariposas y las flores y... cielos. Había estado el tan embobado como ella... que claramente estaba trastornada.
—¿Desde cuándo sientes esta...necesidad de agradarme en todo y no estar en contra de mi en nada?
Ella se sonroja un poco porque...
—Desde que te conozco .
Tienes que ser más cuidadoso con tus preguntas, querido, si no quieres que más tarde te desteste.
—¿Desde cuando crees que no es buena idea ocultármelo? —pregunta bajando un poco el tono de voz y dándole un beso rápido en los labios.
—Pero si lo sabes desde siempre.
—Usualmente me riñes, querida, y estás en contra mía en muchísimas cosas. Y así me gustas —agrega con cuidado.
—P-Puedo... puedo reñirte si es lo que quieres. Quiero que estés contento y que me quieras —le abraza. Albus traga saliva con eso y la abraza de vuelta, acariciándole la espalda.
—¿A qué le tienes miedo, Minerva? —susurra.
—¿Miedo?
Albus agradece que no le conteste lo que temía que le contestara, soltando el aire.
—Yo estoy contento, y te quiero. No tienes que preocuparte porque no lo haga —y es que aún abrazada así como está, se pregunta si todo esto es lo que ella verdaderamente piensa. Aun sospecha de Henry. La poción de la sinceridad.O... quizás es la poción de decirle lo que quiere oir, proque quizás todas estas palabras solo le endulzan los oídos. Siempre te ha gustado, Albus, que Minerva te diga lo que quieres oír.
Pomona está con la oreja pegada a la puerta del cuarrto, tratando de oír y pidiéndole a Filius que se invente un encantamiento que funcione en la pared de este cuarto para ver lo que ocurre dentro. No le importa cuantas protecciones mágicas le ha puesto Albus.
Vale, Filius está literalmente peleando contra los hechizos de Albus Dumbledore (y parece especialmente emocionado por ello.)
—Voy a... voy a probar una cosa contigo, ¿vale? —propone Albus levantándose de la cama... y ahí Pomona abre la puerta del cuarto de nuevo, un poquito.
Minerva le mira desde la cama..
Así que ahí va Dumbledore a levantar la varita, y solo porque Pomona es una histérica y Filius le h ametido no se que en la cabeza es que grita desde la puerta pensando que... coño, ¡la está atacando!
—AAAAH! ¡Noo! ¡¿Qué coño haces!? ¡PARA! —grita Pomona y le pega la madre de los sustos, no es por nada.
Ni te cuento a Minerva. De hecho, dafuq, hasta a Filius. Y mira que él sabía que estaba ahí.
Ahí va Pomona a acercarse a la cama, sacando su varita y creo hasta temblando un poco porque... ehm... o esa bueno, sacar su varita contra Albus Dumbledore es como, aterrorizante.
—¡Pomona! —Minerva la riñe y la fulmina.
Novatos... asegura Gellert. O más bien... aficionados.
—¿Qué te estaba haciendo? Iba a atacarte —vale, se le ha ido la olla a Pomona, sí, ¡es culpa de Filius!
—¡Claro que no me está atacando! ¿Qué estás haciendo aquí?
—Ehm... —aparece Filius también en plan "Holiii"—. Es que creemos que podría haberte estado dando un filtro de amor o algo...
Albus se pellizca el puente de la nariz sin decir nada, un poco atrapado.
—¿Durante los últimos treinta años, Filius? —protesta Minerva frunciendo el ceño ahora a él.
—Todo el... todo el mundo relajese un poco, ¿vale? Sí pasa algo extraño, pero claramente no... se lo he dado yo —puntualiza Albus haciendo un movimiento de su varita y vistiendo del todo a Minerva, vistiéndose él también porque... demasiada desnudez por aquí.
—No he tomado nada —asegura Minerva agradeciendo que la vista porque de nuevo ni sabe dónde está su varita.
—¿Pero quién se lo ha dado entonces? —pregunta Filius.
—No a propósito, seguramente... esto es una broma de alguien, o una poción dirigida a alguien más. Pomona, por favor, baja tu varita que me pones nervioso —qué coño te va a poner nervioso.
—¿Una broma de alguien? ¿Estamos hablando de alumnos o...? —es que mira a Pomona de reojo porque bien que Slughorn ha sido lo primero que ha dicho ella. ¿Concidencia que sea el maestro de pociones? No lo creo—. La RATA SLYTHERIN!
—No he tomado nada y menos que me haya dado él —protesta Minerva cruzándose de brazos.
—¿Cuánto hace que está así? —le pregunta Filius a Albus, que se sonroja un poco, visiblemente incómodo.
—Desde hoy al amanecer —admite.
—Mmm... parece normal, ¿no? ¿Cuánto duran normalmente los efectos de una poción de amor? —pregunta Filius acercándose a Minerva a ver si reconce algún sintoma físico de estar bajo el embrujo.
La mente super brillante no parece ser capaz siquiera de notar que su chica está bajo un filtro de amor...
—No, no lo parece, porque significaría que la tomé antes de ir a dormir y habrían durado los efectos toda la noche hasta ahora —protesta—. Porque no podeis entender que nada más amo a este hombre —señala a Albus.
Albus se mira los pies.
—Ya, bueno, en realidad... esta parece más una poción de la sinceridad que un filtro de amor —comenta Pomona sarcásticamente.
Minerva consciente asegura que como alguien nombre otra vez esto los matará a todos.
¡Es que la realidad supera a la ficción!
De hecho, estais todos muertos a efectos prácticos. Lo siento, erais buena gente, siempre saludabais y fue bonito mientras duró.
—¿De la sinceridad? —pregunta Filius—. No sé, tal vez Poppy podría revisarla.
—Yo... me encargo —pide Albus que hace un buen rato estaba tan embobado él mismo e idiotizado que propuso hacer esto por dos días, en serio... Ugh, vale, esto también es bastante embarazoso para él, Minerva, creeme—. Vayan a arreglar las clases de Minerva y yo me encargo de llevarla con Poppy.
—Pero... ¿De veras crees que deba revisarme? —pregunta a Albus porque, bueno, si él lo dice, que es el dueño de la verdad absoluta... Él la mira y sonríe un poquito, asintiendo levemente.
—A lo mejor tambien debería revisarte a ti... —propone Filius para él porque... o sea, es que había bloody mariposas ahí revoloteando. Y burbujas.
Minerva asiente entonces conforme. Albus se ríe un poquito y se sonroja sinceramente, rascándose un poco la mejilla.
—No, creo que lo mío es efecto de Minerva en general —admite derrotado.
—Y el mío es efecto tuyo.
—De todos modos yo me quedaría más tranquilo —asegura Filius.
Y es que... por un instante no le hace tanta gracia pensar que Minerva no le quiere tanto como dice o como ha sentido este rato. Si no se podía ser más estúpido, por Merlin.
—Vayan, vayan... ahora iremos nosotros.
Filius mira a Pomona porque no está seguro que sea una buena idea dejarles solos y Minerva se acerca a abrazara Albus, que la abraza también
—Venga... ¿qué voy a hacerle? —hace un gesto a Filius y a Pomona. Pomona se acerca a Minerva que la mira, sin soltarse
—Cuídate —le pica el pecho con un dedo.
—No es lo que le hagas es que tu... —empieza Filius y se detiene con ello.
Minerva frunce el ceño sintiendo esto un poco agresivo por parte de Pomona.
—No tengo que cuidarme de nada cuando estoy con mi amor.
—Mmmm, igualmente cuídate —Pomona la mira a los ojos y es que en realidad si que está un poco preocupada. Ojos en blanco de la profesora de Transfiguraciones.
—¿Es que yo qué? —pregunta Albus en relación a lo otro, a Filius.
—Creo que también necesitas un poco de revisión y no sé si sea realmene bueno dejaros solos si estais bajo un embrujo.
—Filius... —y es que era mucho más fácil fingir que estaba bajo un embrujo y ya. Aprieta los ojos—. Estoy perfectamente bien y no necesito ninguna revisión.
—Exacto —replica Filius porque eso es lo mismito que dice Minerva.
Albus le hunde un poco la nariz en el cuello a Minerva, pensando en... ejem, bueno quizás si que había tomado un poco de filtro de amor y... Bah, a si mismo no iba a engañarse con eso.
—Basta los dos, estamos perfectamente bien —replica justamente ella abrazándole contra sí.
—Nada os quitará ir con Poppy entonces y quedarnos tranquilos —responde Filius... y lo que pasa es que no quiere pensar que Minerva está bajo el influjo y Albus no, porque diez de cada nueve veces que eso pasa, suele ser culpa del que no lo está y no quiere pensar eso de él.
Y es que... ¿en dónde había estado el problema? ¿En que subconscientemente quería tenerla así solo para él...? Quizás ni tan subconscientemente... había pasado seis horas con Minerva endulzándole los oídos y el estaba tan... contento con ello.
—Filius tiene razón, vamos a ver a Poppy.
Y es que Gellert está muerto de risa en algún lado. Debe estar oyendo sus risas de fondo que no ayudan al suuuuper sonrojo.
Minerva asiente porque... lo que quiera. LO QUE QUIERA. Ni siquiera protesta con que es una perdida de tiempo
Vale, eso de sin protestas SÍ que no le gusta. Mira a Filius y a Pomona de reojo y carraspea un poco.
Filius suspira agradecido y mira a Pomona de reojo y Minerva trata de darle otro beso a Albus porque... ¿por qué no?
Pomona que está viendo por ahí y revisando a ver si encuentran residuos de poción o un frasco o algo para llevarle a Poppy
¿Cómo lo hace? O sea, ¿hay algún hechizo? ¿O solo busca un frasco en forma de corazón con una etiqueta "Love Potion"?
Pues varita en mano, revolviéndolo todo y seguramente, no, bueno, si hubiera eso sería muy útil, pero quizás viendo a ver si hay una taza por ahí o un residuo de comida que pudiera traer el filtro de amor.
Ah, no, no. O sea, si va a encontrar los platos del desayuno, pero no hay restos de poción.
Albus no se quita, pero aprieta un poco los labios haciendo el beso bastante frío. Y es verdad que ha dejado de sonreír en un 70%
Pues Pomona no está segura, aunque si que sabe buscar esto porque semanalmente, y en febrero diariamente, suelen tener un caso.
—No parece haber nada aquí...
Filius vacila nervioso sin mirarles y decidiendo que mejor vayan ya, Minerva ni siquiera nota que el beso es frio, tan feliz. Es que Albus aún no supera que les haya incluso dicho que DOS días.
—Vamos, por la chimenea.
Bueno, ahí van todos a la enfermeria en Romería. Para horror de Poppy por la chimenea que llena todo de residuos de carbón. Se lo tiene MUY advertido a Albus.
—Buenas tardes, Poppy —sonríe Filius. Minerva aun va PEGADA a Albus como garrapata.
Y la hacen pegar un salto porque estaba muy concentrada escribiendo historias médicas.
—Anda, Filius! Por donde has... oh! Ugh, los pieeees. ¡Límpiense los pies!
—¡Perdona, perdona! —es que Filius sí sabe que lo odia y ahí va con su varita
De hecho Albus suele limpiar tras él igual, si también sabe que lo odia.
—Poppy... Tenemos un problema con Minerva... —empieza Albus y es que la FULMINACIÓN.
—¿Otra vez?
—Solo es que Filius y Pomona son unos exagerados —asegura ella.
—Ehm... no. No es el mismo de la vez pasada.—se apresura Albus asegurar.
—Menos mal... aunque parece que estar contigo es un peligro. ¿Qué le pasa? Ven a que te revise —le hace un gesto a Minerva, ella vacila porque eso implica soltar a Albus.
—Creemos que está bajo el influjo de una poción de amor —explica Filius. Albus vuelve a sonrojarse sintiéndose un completo idiota.
—Y no hemos venido antes porque estábamos disfrutando de ello —añade Gellert.
Poppy levanta las cejas y, vale, eso explica el abrazo. Mira a Albus que, gracias, se sonroja aún más con el comentario oportuno de Gellert.
—¿Desde cuándo empezaron los síntomas?
—Pomona estaba buscando restos por el cuarto pero no ha encontrado nada en los platos sucios —sigue Filius—. De hecho, puede que ambos estén... Aunque Albus no parece tanto.
—Calculo yo que hace treinta años —responde Minerva poniendo los ojos en blanco. Albus suspira, mirando al techo.
—Ehh... cielos —susurra Poppy y mira a Albus que solo está ahí, claramente incómodo.
—Desde la madrugada dice Albus —agrega Pomona.
—Y de nuevo, pero venimos a la hora del té porque nos va la marcha —insiste Gellert.
Poppy mira el Reloj de reojo y se gira a Filius por explicaciones.
—¿Lleva desde el amanecer con un filtro de amor encima y es AHORA que la traen?
—Solo... pensabamos que se había relajado por fin —explica Filius sonrojándose.
—Eso es porque es lo que ha pasado —es que mira que feliz parece ella.
Albus se mira los pies, porque sí lo parece y lo parecía. Parecía feliz dándole besos y oyéndole... y dándole más besos aún y acariciándole y dejando hasta las clases por él.
—Es Minerva, ¡parece que no la conocieran! —les riñe y Albus piensa que es muy fácil decirlo así ya que sabes... y cuando no eres tú el consentido.
—Poppy, no les riñas —protesta ella.
—¿Ven? Es la primera vez en mi vida que oigo esas palabras —la señala—. Esto se detecta en UN segundo.
—¡No me pasa nada! —insiste.
—No es tan fácil, Poppy, cuando solo... bueno, ella podría estar solo bajo un influjo natural, no inducido —explica Filius—. Además, ninguno aquí le haría eso.
—Es que no puedo creer el drama que estais haciendo, ayer tú misma —Minerva acusa a Pomona—. Me decías que debía relajarme y dejarme quererle y ahora que sí le quiero más que nadie en el mundo —abraza más a Albus—. Pensais que estoy enferma y bajo quién sabe qué poción.
—Ya, yo te dije que te soltaras pero esto no eres tú normalmente suelta, esto eres tú que ha perdido la cabeza.
Albus le hace un cariño a Minerva en la espalda, mirándole de reojo porque... ¿no se estaba dejando quererle?
—¡No he perdido ninguna cabeza!
—Como sea, Poppy, lo que necesitamos es que la revises —interrumpe Albus.
Minerva suspira, igual agarrada a él, que le da un beso en la cabeza.
—Bien, la reviso, la reviso. Igual necesito que venga a sentarse aquí.
Ella se revuelve un poco porque noooo quiereeee soltarleeeeee
—Volveré... No tardo, ¿vale? —le hace un cariño en la mejilla y le sonríe un poquito—. Yo no me voy de aquí sin ti.
Ella sonríe con eso, soltándole. Poppy no tarda ni un segundo en tirar de ella y recostarla en una de las camas, pasándole la varita por encima. Ella suspira así tan aaaay y soniente, mirándole a él.
—¿Lleva todo el tiempo así o ha ido en aumento?
La varita revela que la mayor actividad o concentración de poción esta en las... regiones vitales. Y si... estaba así desde el... principio y ha ido nada más en aumento? Albus vacila un instante.
—Me parece que ha estado estable y no en aumento —puntualiza el sin comprometerse a nada más. Poppy levanta las cejas al notar la zona.
—Solo porque no puedes ser más encantador —asegura Minerva para Albus.
—Desde luego que no, querida —él le sonríe un poco, igual y le cierra un ojo aunque no suena tan contento como quisiera parecer. Igualmente estas frases ahora le parecen del toooodo hechas y de... poción de amor. Ojos en blanco a si mismo.
—Ehm... —Poppy mira a Filius y a Pomona de reojo—. Quizás prefieres que hablemos solos, Albus.
Filius se acerca a Minerva entendiendo eso.
Poppy de le acerca un poco y le pregunta sobre el sexo con protección y cuales condones ocuparon. Le pide a ver si es posible que traiga los condones que han estado utilizando.
Minerva llama a Pomona para que se acerque mientras Poppy habla con Albus, sin dejar de mirarles. Ahí va Pomona acercándose y pasándole una mano por la cabeza, peinándola un poco.
—¿Estás bien?
—Es muy mono, verdad? ¿Creeis que me quiere? —les pregunta a ella y a Filius.
—Claro que te quiere —Pomona suspira y mira a Filius que también la mira con cara de circunstancias. Minerva hace una risita
—Filius... ¿crees que Albus... —empieza Pomona. Él la mira—. Ehm... haya hecho esto?
—Es que... no, es... ¿para qué hacerlo? No es como que ella necesitara... ¿no?
—No. Pero me preocupa lo que hablamos de que no estaba... normal.
—Supongo que no lo está debido a esto.
—No, no. De antes Filius. De que no estaba lo bastante feliz. ¿Y si lleva haciendo esto días?
Filius mira a Minerva.
—Es que... ella lleva así años y no creo que Albus sea capaz...
—No me ha envenenado —asegura Minerva.
—Pero es que tampoco me creo que no se haya enterado. Y tú no lo has visto pero estaba a punto de lanzarle un hechizo cuando les he interrumpido
—¡No iba a lanzarme nada! —protesta tuerce un poco el morro
—¿Y que iba a hacer con su varita apuntada hacia ti?
—Tal vez vestirme como ha hecho antes —replica ella. Albus se les acerca.
—Minerva, voy a ir a mi cuarto por... unas cosas y vuelvo en un momento.
—Te acompaño —se incorpora.
—¿Crees que es necesario? Volveré en un segundo —igualmente no parece tan incomodo con la idea de que venga aún buscando un minuto a solas.
—No es porque sea necesario —se baja de la cama.
—No, no... a donde vas —protesta a Pomona, deteniéndola un poco.
—¡A acompañar a Albus! —se le acerca y le toma del brazo antes de que lo ponga. Él le pone una mano encima de la suya.
—Que venga conmigo, no pasa nada. Ahora volvemos.
Filius les mira y luego a Poppy y Pomona
—¿Vamos tras ellos o que? —pregunta Pomona.
—¿Quién pudo haber hecho esto? ¿Un alumno?
—Es que Albus no haría algo así —insiste Filius.
—¿¡Albus?! —pregunta Poppy sorprendida porque ni lo había pensado.
—Yo solo digo que Minerva lleva días rara —insiste Pomona.
—¿Para que iba Albus a darle una poción de amor a Minerva? Es innecesaria.
—Pero rara así solo ha estado hoy.
—No parece tan feliz como pensábamos que estaría.
Filius suspira.
—Claro que si está contenta, ¡no exageren! Solo ella es seria. Dejen de buscar tres pies al gato y mejor pensemos en quien SÍ pudo ser. Y si Albus está igual. No parece, pero si fueron los condones...
—¿Los condones? —pregunta Filius.
—Oh... ugh. No les digan que les dije, pero la mayor concentración de poción de Minerva está en... bueno, sus partes íntimas.
Filius levanta las cejas y mira a Pomona porque eso lo explica y porque no había restos en la comida.
—Oh, por Merlín.
—Tú viste sus condones, ¿no? En Hogsmeade me contaste...
—Albus compró una cantidad absurda de condones, sí... ¿Alguien sabe si alguno de los que venden tiene ese efecto? Y... bueno, el tendría que tenerlo también, ¿no? —Pomona asiente.
—Bueno... no creo, o sea... si es un condón, siendo estrictos con el uso, a él no le entró en ningún sitio, solo es contacto cutaneo.
Pomona aprieta los ojos con esa explicación.
—Igualmente lo tocó con una parte muy... masculina y excitada de su anatomía. Ugh.
—Bueno, sí pero no es lo mismo, ¿no? —mira a Poppy porque ella es la experta.
—No, la mucosa de Minerva estuvo en contacto con la poción. No es que la vagina absorba demasiado, sería mucho peor de haber sido sexo anal, pero...
—Poppy Pomfrey... para —protesta Pomona, a estas alturas sin otra reacción más allá de la risa.
—Aunque si los condones están hechos para eso debe ser... o sea... precisamente para eso.
—Pues querría ver exactamente que condones son, que esto me parece fuera de proporción y bastante ilegal —se queja Poppy.
—Pues ilegal o no eso querría decir que no es culpa de nadie, solo son los condones que usaron, ¿no?
—Sí, eso creo —asiente Filius.
—¿Tienes una manera de contrarrestar el filtro, Poppy?
—Varias, creo que sí. ¿Hay algún otro síntoma o algo más que han visto y no me hayan dicho?
—Mariposas y burbujas y... nieve.
—Y pétalos de rosa.
—¡¿Que?!
—Revoloteando sobre la cama..
—Oh cielos —Poppy se ríe sin poder evitarlo.
—Es como un síntoma del fin de los tiempos —asegura Pomona sonriendo un poco y mirando a Filius.
—Eran bastante impresionantes
—De hecho todo el cuarto era como... de sueño.
—Y bueno... es que ella...
—¿Ajá?
—Estaba irreconocible
—Dándole besitos y haciéndole mimitos.
—Pero quien sabe... tal vez son así cuando están a solas.
—¿Minerva? Mmm no se, no la veo —valora Poppy.
Filius se siente un poco mejor porque ahí tienes porque no lo han desbubierto, que bastante le ha picado que le dijera que era súper fácil darse cuenta.
Ah... ya. De un Ravenclaw a otro Ravenclaw con amor
—De hecho es que ya bastante raro ha sido verá ahora abrazando a Albus.
—Bueno, cuando estás en la cama es otro asunto —insiste Filius picado.
—Aquí el gran conquistador al habla —le pica un poco más Pomona, riendo—. Pero vale, sí, con él, a solas... yo pensé que... es que aún pienso que debe de ser más dulce, si con él de por sí suele serlo.
—¡No es eso! ¿Veeees?
—Es que sí, a ver, la primera vez que les vimos era... estaban ahí, desnudos los dos, no tenían ni idea de que estábamos ahí, hablando de algo a susurritos. Por Merlín, uno en esos momentos no es como de cara a la galería. Minerva, aunque esta vez tenga la jodida poción de amor, en general a solas con él debe ser algo asi. ¿Albus no nos pidió dos días?
Filius asiente.
—¿Dos días? —Poppy se ha perdido.
—Aunque a lo mejor ya sabía y planeaba aprovechar.
—Albus... aprovechar que Minerva está enamorada de él. ¿A que coño se ha dedicado los últimos bloody treinta años? —protesta Pomona.
—No tanto eso como que lo está abiertamente. Creo que se abría dejado arrancar las uñas antes de decirle que le quiere, aunque lo haga pasionalmente
—¿Tanto así? —pregunta Pomona que es que la conoce, pero siempre le impresiona su frialdad—. Joder con Minerva.
—Pues eso creo.
—Y ahora le ha dicho el hombre que amo, mi amor... con nosotros ahí.
—Exacto... No sé, le entiendo un poco. A ver qué dicen cuando vuelvan.
—Si es que vuelven, ya deberían estar aquí...
—Han ido andando, ya vendrán. ¿O quereis ir?
Poppy niega con la cabeza.
—Quería revisar a Albus... ustedes le han visto más, el realmente no parece bajo el influjo.
—Tendría sentido si es con los condones, ¿no? Ya hemos discutido eso —Filius indignado, solo le falta agregar "¿o que no pusiste atención?"
—Sí, sí, vale.
Luego le dicen a él que si no se da cuenta de las cosas y... ¡jum!
Venga, Filius, hombre. ¡No te pongas así!
—Filius, ya que estás aquí, podrías ver este hechizo que le hicieron a este muchacho? —a ver si así—. No encuentro que es...
¡Pues vale! ¡La ayuda! ¡Pero ni se crea!
