Disclaimer: Los personajes de la serie Victorious no me pertenecen, como a nadie en FF.


La costumbre es la perdición de la raza humana.

El techo de la habitación del hospital es extremadamente blanca, las paredes también. Se mantienen pulcras y, lo entiendo, es un centro de salud, la imagen de limpieza es importante, pero cómo lo mantienen tan impecable. El techo del tráiler está lleno de grietas y tenues manchas. No me hace falta más que acostarme y puedo perderme descubriendo formas; los tristes rezagos de mi infancia, pasando el tiempo inventando historias con las nubes. Cat era buena en eso.

—Estás despierta —me dice mamá entrando con una taza de café en una mano y una botella de agua que me acerca, en la otra.

—No me digas que estoy a dieta.

—El doctor fue claro, nada de bebidas fuertes por un par de semanas.

—No voy a tomar un ron anejado cien años, es un simple café.

—Agua y lo que sea que te den de comer aquí.

Ruedo mis ojos y acepto la bebida, muero de sed. Me acomodo mejor con el control de la cama —al menos no tengo que moverme demasiado para dejar la posición horizontal—, e intento abrirla, me es imposible, mi lado izquierdo es inservible. Se la paso y con mucha facilidad gira la rosca.

—Hablé con la directora de la escuela. Te enviará la tarea, debes estar pendiente de tu correo electrónico.

—Estupendo. —Me quejo. Excelente momento para recordarme que el incidente de anoche me retrasará en las clases… aunque, tal vez ni esté aquí para rendir los exámenes de diciembre—. ¿Te dijo el doctor cuando me darán el alta?

—Ah, de eso quería hablarte. —Su tono desborda una falsa alegría, presiento una ola mojadora de sarcasmo—. Tu abnegado papá decidió que, él y el doctor, decidirán eso por ti. Bienvenida a la vida que querías. Serás prisionera de este lugar hasta que les de la gana.

—Lindo genio.

—No te pases de lista conmigo, Jade. ¿Tenías que llamar a tu papá anoche?

—¿Y qué esperabas? Necesitaba atención médica y, entré tú y papá, el que tiene dinero es él —le explico lo obvio—. No quiero más deudas. Es mi papá después de todo, ¿qué tiene de malo?

—Mi seguro pudo cubrir los gastos, no hacía falta que James venga a imponer su voluntad.

—Tu seguro está suspendido por falta de pago. Vi las notificaciones sobre la mesa.

—¡Lo habría arreglado!

—¿Cómo? ¿Pidiéndole ayuda a Bill?

Me mira con reproche. Tiene todo el ánimo de pelear, está enfadada y, como siempre, la que paga los platos rotos soy yo.

—Dime, mamá, ¿cuando ibas a contarme sobre la mudanza?

Le sorprende mi conocimiento sobre el tema. Inmediatamente sonríe con amargura y niega.

—James… Bien, tenía que ser. ¡No puede guardar la privacidad ajena!

—Está preocupado.

—¿Tu papá? ¿Preocupado por ti? La última vez que se vieron fue hace más de seis meses. Ni siquiera te llamó por tu cumpleaños.

—Nos vimos ayer, fuimos al malecón, hablamos.

—¡Oh!, ¿y con qué te sobornó ahora? Porque ya no te gustan los peluches que te conseguía a los doce años.

—Esos no eran sobornos, eran regalos que ganábamos juntos. Tienes que ser tan malditamente cínica.

—¡Cuida tu tono conmigo, todavía soy tu mamá!

Y esa es la señal de: «quédate callada Jade o tu boca se buscará una merecida cachetada». Me pregunto si todas las madres tienen una frase o una mirada con la que controlan completamente a sus hijos o es solo la mía la que, con una corta frase, consigue lo que nadie en este mundo puede obtener de mí. Silencio obligado.

—Me confirmaron el puesto hace una semana…

—¿Una semana completa? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Estabas esperando al día anterior al viaje?

El silencio otorga. Lo que me hace pensar en que esto no se trata del viaje…

—No ibas a decírmelo… No estabas segura de si querías ir a Boston… Dime que no… No.

—Jade, hija, no es tan simple.

—No, no… ¡No!

Evitó mencionarlo porque estaba pensando en volver con ese idiota, o quizá nunca terminar con él. Papá fue el que puso la demanda de protección, no mamá. Ella se arrepintió de viajar… ¡Esto es, malditamente… genial!

—Tú no entiendes…

—Puedes verme o me volví invisible.

—¿Qué? —pregunta con una cara de desconcierto.

—Soy transparente, ¿no? Me volví un fantasma y no me puedes ver.

—Creo que es hora de tu medicina…

—Exacto, la medicina, dámela. Debo tomarla porque de lo contrario la costilla que el hijo de… que tu novio me rompió, empezará a doler de tal forma que no me dejará respirar. ¡Oh y espera!, me pasas por favor ese papel, quiero apuntar algo… ¡con mi mano rota!

Su boca se abre y vuelve a cerrarse, conteniendo adentro las estúpidas excusas que ya inventó. De seguro no era su intención hacerme daño, fue un error, es culpa de mi padre, no hace falta que ella se marche o que yo lo haga, mencionará a mis amigos, aunque ya en este punto poco sabe de ellos.

—Espero que papá logre hacer que lo detengan y le den un buen tiempo por asaltar a una menor.

—Por favor, no digas eso.

—¡Estás enferma mamá!

—Bill no es una mala persona, solo… solo ha perdido mucho.

—¿Y nosotros no? —le contesto lastimándome por el esfuerzo, una punzada me recorre el pecho y termina en mi quijada, haciéndome temblar—. Ya no quiero pelear, me duele hacerlo, aunque quisiera decirte un par de cosas más.

—¿Qué te dijo tu papá?

—¿Te importa de verdad o quieres saberlo para ver cómo lo contradices?

—Hija, dímelo, por favor.

Su inseguridad es palpable y cómo me gustaría seguir dándole vueltas, pero ya me cansé de este juego.

—Quiere que me quede en Los Ángeles, que pida la emancipación y te deje.

—¿Qué… le dijiste? —Duda.

—¿Qué crees? —le contesto, pero aún veo cuestionamiento en su rostro—. Hmm, creía que me conocías mejor —le reprocho—. Le dije que me iría contigo y que no me interesa su dinero.

Un movimiento ligero en sus labios me indica que se alegra por lo que acabo de comentarle, no debería.

—Pero me equivoqué. Dime, ¿qué hago apoyándote, una vez más? ¿Que Bill me deje una marca que arruinaría mi carrera?, ¿que un día me golpee tan fuerte y que, para mi mala suerte, no haya un vecino que saque un arma para amenazarlo y obligarlo a que me deje vivir? Esa es la vida que tú elegiste. Si quieres ser su costal de boxeo… —La miro con pena, ya no tiene ese destello de tranquilidad de hace un momento—. Ese es tu problema, yo no tengo por qué sufrir las consecuencias… de tu estupidez.

Y lo dije, por un segundo me cubre el miedo de que su enfado explote en mi mejilla, pero no lo hace. Su mirada cambia a una de vergüenza y, sin pensarlo mucho, toma sus cosas del sillón, dando pasos apresurados a la puerta. Dice que volverá en la noche para ver como sigo. No regresa a verme, me da la espalda y se marcha.

La costumbre.

¿Por qué no puede mamá encontrarle el gusto a las paredes blancas?

No, tienen que encantarle las agrietadas.

Como sea, leeré algo, a ver si con eso me distraigo lo suficiente hasta que llegue mi desayuno, gelatina y quién sabe que masa pegajosa que me hará vomitar.

Entrada número treinta y seis.

15 agosto, 2015

No estaba de ánimo para salir. Mi cansancio y mi preocupación me tenían hiper sensible. Llegué a casa después de ver a papá y pasé una hora llorando en el piso del baño después de verme fijamente al espejo e imaginar que mi madre portaba el mismo rostro. Me sonreí y una serie de pensamientos me mató, ¿era esa la sonrisa que ella me daba?, ¿su voz se parecía a la mía?, porque la recuerdo y era dulce, ¿tengo la voz dulce?

Escuché una canción familiar desde la habitación, era Carmen llamándome, pero de verdad no quería contestarle. Me levanté, me lavé la cara, para eso el teléfono timbraba por una séptima vez y me di por vencida.

—Paso a recogerte en dos horas. Nos divertiremos esta noche —me dijo sumamente alegre. No sabía que tenía planeado, igual nada importaba.

No tenía ganas de darme un baño, de alindarme, o de ponerme perfume, pero lo hice. Unos tragos me pondrían de humor. Lucía linda, mi pantalón destrozado, mis botas nuevas, una camiseta que ese mismo día corté en el cuello y las mangas, su color favorito de labial y listo, solo tenía que llegar y llevarme a beber mis penas, No quería nada más.

Ella timbró a eso de las once de la noche. Mamá ya estaba en casa y me animó a pasar una buena noche. Le abrió la puerta y la saludó con un abrazo, nos shipea, es una pena. Me puse la chaqueta al hombro y salimos, pero antes de llegar al borde de la acera, sacó de la solapa de la suya una pequeña flor blanca con violeta.

—Me recordó a ti —me dijo con un beso y me tomó de la mano. Fue dulce. Se lo agradecí y la olí, no tenía un perfume muy particular, aunque la suavidad de sus pétalos me bastó para sacarme una sonrisa.

Cuando llegamos a la casa de la fraternidad, la fiesta ya estaba en marcha. Habían borrachos por todos lados, barriles de cerveza y esas mangueras que uno ve en las películas. Carmen me llevó directo al bar y me dio de beber algún tipo de anisado, sabía asqueroso, detesto el dulce que te queda en la boca después de tragarlo.

—¿Bailamos?

No había tomado lo suficiente para eso, así que me excusé buscando un baño. No hay mejor disculpa que una necesidad natural, nadie te dice que no.

Pasé por uno de los estudios de la casa, habían varios chicos que se veían conocidos, una de ellas me reconoció.

—Hey, la amiga de Leo, ¿no?

—No recuerdo su nombre, la he visto a lo mucho dos veces.

—¿Buscabas algo en especial?

Le dije que no. Fue cuando caí en cuenta de que estaban agrupados en una mesa, separados del resto de gente.

—¿Estás segura? —me preguntó coqueta y me llevó de la mano hasta donde estaban sus amigos.

Tenían pastillas en varias bolsas diferentes. Eran, en su mayoría, medicamentos recetados, no me sorprendió. Lo que sí lo hizo, fue que directamente me acercara el billete de un dólar hecho tubo señalándome unas líneas de polvo blanco. Negué, no había probado cocaína en mi vida y para ser franca me asustaba la idea. No me atrae hacerme esclava de otro vicio, suficiente tengo con los cigarrillos.

—¿No lo has hecho nunca?

Volví a negar.

—¿Tienes miedo?

Vi a un par de chicos jalar las líneas sobre la mesa de vidrio, se me hizo irreal, tenía miedo.

—Eres linda —mencionó, sujetó mi mano derecha y separó mi dedo índice doblando el resto, lo introdujo lentamente en su boca y le dio una lamida. A mí me dio un poco de asco. Después asentó la yema sobre el polvo y lo regresó hasta mis labios—. Esta cantidad no hará nada, solo pruébalo, no tienes por qué temer.

No quise abrir la boca, así que ella volvió a tomar iniciativa y con su otra mano pellizcó mi quijada, apartando mis labios. Frotó mi dedo en mis encías varias veces y terminó empujándolo hacia la punta de mi lengua para luego rozarlo en mi labio inferior.

Mi boca comenzó a amortiguarse, mi lengua se sentía estúpida. Tragué y el sabor era amargo, volví a tragar y sentí un nudo formarse en mi garganta, carraspeé.

—Dale unos minutos y, si te gusta, ya sabes donde estamos.

Salí a la sala principal y vi a Carmen a lo lejos. Lo que fuera que sentía, quería que esa sensación dejara mi boca. Fue un error vagabundear por la casa de una fraternidad, sola. ¿En qué estaba pensando?

Fui al bar y tomé otro aguardiente, supo peor que el anterior, pedí agua helada y la bebí. Por fin tuve algo de calma.

Pedí dos cervezas y me dirigí a mi pelirroja, un par de canciones y le pediría que termináramos la noche en su habitación. No tenía interés en esa rápida vida universitaria, solo en ella.

Cuando la alcancé, solo con verla ya me sentí mejor, animada, un poco. La música estaba buena y sus amigos un poco locos, reímos bastante hasta que llegó uno en particular.

—Jon Cho, ella es la amiga que te conté.

—¿Tú?—me dijo su acompañante al verme, reconociéndome de inmediato.

—¡¿Tú?! —le respondí yo.

Sí, esa fue la conversación, nada más que en lugar de los «tú» nuestros nombres.

A Carmen se le fue la diversión al darse cuenta de que el chico con cabeza de resorte, la parejita de su mejor amigo gay, era amigo mío —que acabo de enterarme que también es gay— y quien además admitió abiertamente que está aún en la escuela y es mi compañero de curso. Yep. Gracias, muchas, muchas gracias.

—¡¿Por qué no me contaste que tenías diecisiete años?!

—Carmen, qué importa.

—¡Importa, yo tengo diecinueve! ¡Eres menor de edad!

—Cumplo los dieciocho en febrero, no falta nada.

No puedo admitirle al todo el mundo que soy una farsa total y en realidad ya los tengo.

—Por Dios… —se lamentó—, iba a pedirte que fueras mi novia hoy.

—Carm…

—Esto no está bien —su desesperación se notaba en las docenas de vueltas que le dio al metro cuadrado donde hablábamos alejadas del ruido de la fiesta.

—Carmen, está bien. De verdad, no pasa nada.

—¡Estás loca, podría terminar en la cárcel y con un récord de asalto sexual, de violadora!

—¿Por ser mi novia?

—¡Por tener sexo contigo!

—Si quieres no tendremos sexo hasta mis dieciocho —bromeé, no le hizo gracia—. Le agradas a mi mamá. No pasará nada lo prometo.

—Pasará, le sucedió a un amigo por meterse con alguien que no llegaba a la edad legal en mi ciudad y eso que en Cincinnati la ley es más flexible y la edad mínima es dieciséis.

—Tu amigo se tiró a una niña de quince, ¡yo no tengo quince años!

—¡California no es Ohio! Lo siento, pero me pides mucho.

—Vamos, lo del sexo va en serio, no tendremos nada hasta febrero.

—Creo que mejor… seamos amigas hasta entonces y… si tú y yo nos sentimos igual…

Lo decía en serio y lo peor es que para ese entonces el pequeño vuelo que tuve con la cocaína en mis encías empezaba a bajar. Me dio muchísima tristeza y a eso sumémosle mi ya tan alterada sensibilidad.

—Okey… como quieras. No te quiero perder.

—No lo harás —me aseguró sin un abrazo o una sonrisa como la que me dio en la acera. Todo cambió.

Nada dura para siempre, la vida es efímera, la realidad incierta, nada ni nadie está asegurado en el mundo y yo tengo la peor suerte de todas. Estoy sola.

Wow…

Tori… Dios.

No sé como sentirme. Tengo la culpa atorada en la garganta. Ha pasado tiempo desde que escribió esta entrada y cada vez es más gente la que se va. Trina a estudiar, Cat a vivir con su familia, Leo a Brasil, yo quizá a Boston. No dudaría que sea por esto por lo que se resiste a tener una relación o… puede ser que está esperando a Carmen.

De repente toda la inseguridad que sentía por Leo se la roba una pelirroja que no conozco.

—¿Jade? —me asusta un voz conocida y volteo hacia la puerta, cerrando de inmediato el diario.

—¡Jan! ¿Qué haces aquí?

—Vine a visitar a Leo. ¿Qué te pasó? —me dice dejándose entrar, sin mi permiso.

—Tuve un roce con una bota.

—Oh… bueno, no quisiera ver a la bota, seguro ahora es una sandalia ahora o… —bromea y sonríe. No es mi sonrisa o la de papá. Debe ser la de su madre, como sus ojos, son café, su piel algo morena. Me da curiosidad de cómo es esa mujer.

—Jade, hija —dice una voz aún más familiar que entra por esa misma puerta, también sin preguntar—. Tuve unos minutos y quise pasar a verte…

—¡¿Papá?!

¡Oh, rayos!


Nota:

Corregir capítulos largos es, doblemente largo.

La canción de hoy es: The Funeral - Band Of Horses, hermosa canción. Triste y hermosa.

Guest/LenyRehim: Lo leeré en estos días que me libere un poco, seguramente la próxima semana, lo he visto en la lista, pero al ser Cori no entré a leerlo de una. Le daré una oportunidad si me dicen que está bueno. He leído Everlong, por supuesto, creo que todos hemos pasado por ahí. Tras líneas enemigas no, pero me suena conocido, ¿es una traducción? Tienes razón con lo de Tori, yo estaría igual, zafada, pero aun queda mucho diario que explique varias cosas. No he visto Rizzles, lo googleé, pero no tenía idea siquiera de la serie. Saludos tmbién y gracias por los varios reviews.

erivip7: No veo dross, lo vi una vez pero me dio mucha gracia su voz, para asustarme necesito algo más darks, pero la buscaré para ver que tal está el que me recomiendas. y tu predicción del capítulo, tenía que ser así. Saludos también.

Iskrystal: me imaginaba que sería así con los inicios de ambos capítulos, pero me di la libertad porque al ser diarios no hay mucha distancia el uno del otro. y justo estos tres los publiqué el mismo día. Suerte también, hoy fue un día difícil, pero en la noche alguien me recordó que soy muy feliz, así que termina bien. Gracias.

Kuroneko: Pienso igual. Siempre me dicen hay cosas peores, pero eso que me pasa es lo peor en ese momento para mí, ¿podrán dejarme llorar? Yo soy igual que tu amigo XD. No sé a lo que te refieres con la descripción del padre. Creo que me perdí de algo, tengo ganas de ir a leer todos tus reviews a ver qué se me fue de la mente. Tampoco vi Glee, y me gusta, Dianna pero no Rachel (ese es el personaje, ¿no?) Chequearé el de Mi Chico Ideal. Gracias por las sugerencias. Suerte también.

Gracias a todos los que comentan y leen. Aprecio mucho su apoyo. hasta mañana.