Capítulo 50.- Extrañas coincidencias

Prefería no mirarle a los ojos, optaba mejor por ignorar la situación en la que se había metido sin siquiera desearlo y mucho menos esperarlo. ¿A dónde se supone que era conducido?¿Por qué esa gélida mirada le atravesaba como si fuera una afilada espada?¿Qué era aquella sensación que le incomodaba más allá del simple hecho de ser evidentes enemigos? Había algo en él que no lo convencía, que le hacía desconfiar y que al mismo tiempo le hacía entender por qué todos aquellos peculiares seres habían abandonado el lugar en cuanto llegó.

Tragó saliva pesadamente y enfocó su mirada hacia el frente, ¿qué más podía hacer? Seguía prácticamente a ciegas un camino que era indicado silenciosamente por aquel hombre. No sabía si rogar porque alguno de sus amigos apareciera o por que no se cruzara ninguno de ellos en ese instante.

—…Sogeking…El Rey de los Tiradores…-emitió casi en un susurro, uno que escuchó con claridad Usopp-.

—¿C-Conoces…mi nombre? –cuestionó con mesura, continuando con su avance-.

—Tu capitán y tú son muy conocidos por todos los mares. Piratas problemáticas, emergidos en la peor era Pirata.

—¿Qué quieres? –al fin se armó de valor, encarándole; la adrenalina solía hacer maravillas en ocasiones-.

—No ganarás nada sabiéndolo antes de tiempo. Los cambios no afectarán el resultado establecido.

—¿Qué…dices? –no comprendía sus palabras pese a su simpleza y falta de rodeos-.

—Pronto te reunirás con todos ellos. Por ahora no tienes de qué preocuparte.

La sonrisa del capitán se extendió enormemente al contemplar cómo lentamente su tripulación nuevamente iba reuniéndose. No obstante, faltaba alguien, alguien que no había sido visto por ninguno de los chicos. Una nueva búsqueda daría inicio.

—¿A dónde se habrá metido Usopp? –cuestionaba la navegante con preocupación-.

—Ninguno de nosotros lo vio por ninguna parte…Es súuuupeerrr extraño.

—Usopp-san, debe ser fuerte…Yohohoho.

—Franky, Brook, encárguense de arreglar todo para que podamos irnos de aquí –indicaba autoritariamente Nami- Nosotros buscaremos a Usopp, ¿entendido?

—Estará listo en un santiamén, Nami –sonrió confiado Franky-.

—Les deseamos suerte con Usopp-san…Yohohoho.

—Ya hemos estado prácticamente en toda la isla, ¿dónde se supone que está metido? –Sanji simplemente no se explicaba cómo es que no se lo habían topado pese a que ya habían estado en prácticamente todos los lados-.

—No en todos –intervino Sweety Boy-.

—¿De qué lugar hablas? –preguntó de inmediato Robin-.

—Hay una zona de pequeñas bodegas donde se almacenan las materias primas que llegan cada mes para mi fábrica. Están ubicadas en la parte norte de la isla, tras pequeñas casas, por lo que no se ven a simple vista a menos que se curiosee alrededor de la zona.

—Vayamos a echar un vistazo –decía Luffy, quien aunque no era más un gigante, seguía estando demasiado redondeado que apenas y podía estar de pie-.

Aquel mal genio era acentuado en la mueca que había adquirido sus labios; no solamente no había logrado encontrar a la persona que le interesaba confrontar, sino que también ahora tenía que dar media vuelta y regresar por el camino que había tomado. La situación se tornaba mucho más frustrante y tampoco entendían por qué aquellos seres que tanto se entrometían en su avance, ahora simplemente se habían esfumado.

—Todo está demasiado calmado. Eso lo hace sospechoso –indicaba Laila quien había abandonado las alturas para incorporarse a tierra-.

—Posiblemente el estruendo que escuchamos hace unos instantes atrás fue producido por mugiwara-ya.

—Qué molestia –el humor del pelirrojo simplemente se tornaba cada vez más volátil-.

—No te puedes quejar, tomaste este camino por ti mismo –aclaraba Laila antes de que empezara a lanzar pestes hacia ella- Seguramente ese par ya dieron con Monkey D. Luffy.

—De igual modo no hay nada que se pueda hacer más por esta isla en decadencia –comentó Law-.

—¿Ese de allí no es Usopp? –preguntaba curioso Shachi que había colocado la mirada hacia espaldas de sus acompañantes; aquel sin duda era el tirador, pero no venía solo, estaba acompañado de alguien que no parecía resultarle familiar a nadie-.

—¿Y ese sujeto? –inquiría Penguin; no le trasmitía buena vibra aquel chico de ojos carmesí-.

—….No creo que se trate de un visitante casual…-musitaba Law sin despegar su mirada del extraño-.

¿Es que lo correcto era atacar y después cuestionarse sobre las habilidades e intenciones del enemigo? Era una respuesta que pronto llegaría a ellos, especialmente a quien se había precipitado sin motivo aparente.

¿Rápido? Esa descriptiva se quedaba corta para definir el modo en que aquel hombre se había trasladado del punto en el que se encontraba, no únicamente con el objetivo de evadir las flechas que habían sido dirigidas hacia él, sino también para encarar a quien había osado enfrentarle sin tener un motivo claro.

Posiblemente si aquel hombre no hubiera intervenido en el momento justo el daño que aquella mujer hubiera sufrido sería incluso peor.

Su cuerpo estaba completamente entumecido y sintió como el simple hecho de respirar era una tarea complicada y dolorosa. El forastero había alcanzado a rosarla, a acariciar fugazmente el área de su caja torácica antes de que su capitán alejara al peli negro de un simple movimiento de su gran brazo metálico.

Podría considerarse como fortuna que existiera un médico entre los presentes, uno que se encontraba movilizándose y atendiendo en brevedad a la chica que luchaba por no caer en la inconsciencia.

—Mujer estúpida. A ver si así aprendes a no ser tan precipitada y a pensar un poco antes de actuar –Kid no era precisamente la persona adecuada para decir algo como eso, pero estaba en todo su derecho; la manera en que su subordinada se comportó no era la correcta-.

—…I-Idiota…-mascullaba con dificultad-.

—No estás en condiciones de hablar –regañaba el cirujano- Si te mueves demasiado harás que tus costillas perforen tus pulmones.

—Ungh…-podía sentir el dolor que se acrecentaba conforme transcurría el tiempo-.

—¡Qué cosa más horrible le han hecho a Laila-chan! –exclamó Shachi, quien estaba preocupado por la condición de la arquera-.

—¿Quién demonios eres? –cuestionó con hostilidad Kid quien ya contaba nuevamente con aquel par de monstruosas extremidades de metal-.

—Ningún asunto que manejar con alguno de ustedes dos, Eustass Kid y Trafalgar Law. Considero que estoy en todo mi derecho de defenderme ante una agresión que no provoqué, ¿o me equivocó?

—¡Lo sabía, lo sabía, este hombre es demasiado peligroso! –gritaba Usopp en la protección de su mente-.

—Decidiste meterte con el pirata equivocado, mocoso –chasqueó Kid; y aunque aquel sujeto estaba en todo su derecho, no iba a pasar por alto lo que había hecho-.

—¿Piensas hacerme pagar por lo que le hice a tu subordinada? –cuestionó sin malicia, tan planamente como su propio timbre de voz le permitía- Debo darte crédito por haberla salvado justo a tiempo, un poco más y ya no estaría allí, postrada sobre el suelo, mirándome con aberración.

—Hablas mucho –se quejó malhumorado Kid- Y ya que no quieres decir quién eres, tendré que sacártelo por la fuerza.

—La tortura es mi segunda especialidad, Eustass –dijo cándido, casi divertido-.

¿Quién iba por la vida escondiendo semejante arma entre sus ropas?¿Es qué no le preocupaba ser víctima de su propia herramienta de defensa? Quizás el pelirrojo se había topado con alguien que además de carecer de sentido común, desconocía el significado del miedo.

Aquella espada cimitarra, cuya hoja al poseer una llamativa división le hacía adquirir la forma peculiar de uve, era sostenida sin problema alguno en la mano zurda del chico. Parecía estar listo para el embiste que aquel pirata quisiera darle.

¿De qué servía la gran fuerza y poder destructivo que su ataque poseía cuando no le podía atestar un buen golpe?¿Qué tan escurridizo se podría llegar a ser?¿Por qué no atacaba y sólo le miraba fijamente con aquella mirada que empezaba a inquietarle lentamente?

No es que aquel acero no fuera lo suficientemente duro y resistente, sino más bien que el filo de esa arma era más de lo que esperaba. Posiblemente la había impregnado de haki y había hecho de ella algo mucho más peligroso de lo que ya era.

Así como las piezas iban cayendo nuevamente iban reintegrándose, volviendo a construir lo que en algún momento fueron. Parecía ser una batalla tediosa y sin un rumbo fijo.

—¿Piensas pasarte cortándolo todo, mocoso?

—¿Vas a seguir con tu misma estrategia? Algo tan grande no va a darme un golpe certero, Eustass –lo desafió con la mirada y quizás esbozó en sus labios un gesto parecido a una pequeña sonrisa-.

—¡Mocoso engreído!

¿Y todo aquel viento repentino que había aparecido?¿Es que acaso el clima también iba a ponérsele en contra e irrumpir en su combate? Realmente tenían que estar bromeando.

—¡¿Pero qué demonios estás pensando Feng?! –gritó enfurecido Kid, que no despegaba la mirada del rubio, mismo que parecía más que divertido reapareciendo de entre aquel pequeño remolino que había impactado sobre tierra-.

—¿Y así esperas que me una a tu tripulación? Vaya forma más burda –se mofaba-.

—Estorbas –fue lo único que alcanzó a decir tras empujar de lado al chico para que le permitiera continuar con su entretenimiento-.

—De modo que tú eres Feng –masculló el peli negro bajando su arma- Esta isla goza de presencias llamativas.

—¿Quién se supone que eres?¿Un aliado de Sable? –no se le podía ocurrir ningún enemigo más factible que ese hombre-.

—¿Tendría algo de malo si así fuera? –no lucía molesto por la suposición-.

—En realidad ninguna. De igual modo tienes finta de ser nuestro adversario –indicó Feng, mirando detenidamente al chico-.

—Solamente vine por curiosidad. Nunca está de más echar un vistazo a quienes osan derrocar a mi humilde capitán.

—¿A quién te refieres? –cuestionaba Kid presurosamente-.

—Al hombre que Mugiwara y Trafalgar Law intentan derrocar –dijo sin cuidado, resguardando su arma nuevamente entre sus ropas-.

—…Kaido….-soltó Law en automático- Uno de sus subordinados…

—Claro que ahora mi capitán está ocupado lidiando con los que se le han unido al Barón Rojo. No demorarán en tornarse carmesí todos los mares –parecía complacido con un futuro tan sangriento-.

—A buena hora los subordinados de los Yonko aparecen –masculló con fastidio Feng-.

—Aunque no vine en son de enfrentamiento –comentaba- Es sólo que no podía pasar por alto un ataque hacia mi persona sin siquiera haber hecho algo para merecerlo. Esa clase de acciones nublan un poco mi temperamento.

—¿Entonces a qué demonios has venido? –la situación se le estaba volviendo cada vez más extraña y no era el único que se sentía de ese modo-.

—A nada en especial, Feng. Sólo vine a liberarme de la carga que me impedía continuar…-dio media vuelta empezando a caminar sin prisa, y al mismo tiempo como si no temiera que alguno de aquellos hombres fuera a atacarle por la espalda- Por cierto, saluda de mi parte a Marie.

Aquel nombre no tenía significado alguno para los presentes, no obstante, para él parecía ser todo lo contrario. Conocía a la persona a la que se refería, pero, ¿cómo es que la conocía? Como si no se sintiera suficientemente inquieto con la presencia de ese hombre ahora tenía que lidiar con eso. A su parecer él sabía más de lo que debería.

—Oye, reacciona –habló repentinamente Kid, sacando de su introspectiva al chico-.

—Perdona…-no puso mucha atención a su alrededor; lo único que sabía es que aquel chico ya no se encontraba por ninguna parte-.

—¿Te encuentras bien? –irrumpió Usopp, ya un poco mejor tras la partida del chico-.

—Descuida, es sólo que me tomó por sorpresa lo último que mencionó.

—¿Quién es esa tal Marie? –el tirador tenía cierta curiosidad-.

—Alguien muy importante para mí…Pero pasemos ese tema, por ahora tenemos que concentrarnos en volver con los chicos. Hay algo que quiero pedirles.

Si bien se había adentrado en aquella isla y buscado al susodicho capitán, ahora no parecía tener el ímpetu de hace unas horas atrás cuando dio inicio a su búsqueda, teniendo el ferviente deseo de enfrentarle y comprobar por sí mismo lo mucho que había mejorado aquel hombre. No es que se sintiera intimidado por encontrarse entre toda la tripulación entera de los Sombrero de Paja, quienes en su gran mayoría le miraban con recelo, sino más bien estaba inquieto por toparse con un hombre al mando de Kaido.

—Pensé que te le irías encima a Luffy –dijo con cierta burla Feng-.

—Ni siquiera está en sus cinco sentidos. No tiene caso alguno vencerle de esa forma –colocó la mirada en el capitán, quien yacía recostado sobre el suelo con cara de tonto; tanto dulce le había causado tremenda indigestión-.

—Hasta suenas un hombre honorable –Feng gustaba de fastidiar al pelirrojo-.

—Pero puedo patearte el trasero a ti, si gustas –le desafiaba-.

—No creo que algo como eso sea posible –sonreía campante- Además, tienes que preocuparte más por tu subordinada. Apenas y la libró.

—Jeziel, ¿es así como se llamaba, no Usopp? –preguntaba el cocinero-.

—Así es…Y no me equivoqué al juzgarlo, realmente es un sujeto problemático –ya estaba más cómodo sin toda esa azúcar encima-.

—¿Pero qué relación tiene él en esta isla? Esta isla está bajo el cuidado de Shanks –musitaba Nami-.

—Probablemente pretendía invadirla –contestó Zoro- Los Yonko parecen tener el deseo de querer expandir su territorio siempre que puedan.

—No es una idea tan disparatada –comentaba Robin- Sin embargo, no ha hecho nada más que aparecerse. No nos ha atacado ni se ha visto embarcación alguna en la cercanía.

—Pero me tomó por sorpresa el hecho de que…Kaido esté teniendo confrontaciones con Sable –agregaba Law, quien secaba sus manos con un pequeño trapo blanco; había regresado de atender a la chica malherida- Hasta ahora Kaido es considerado como el pirata más fuerte después de la caída de Shirohige. Incluso el Gorosei considera que es uno de los pocos piratas que es capaz de dar muerte a Barba Negra –esas palabras no eran alentadoras-.

—No sería mala idea dejar que esos dos se mataran mutuamente –dijo Usopp-.

—La probabilidad de que algo como eso suceda es nula –contradijo Law- Sable no parece ser lo suficientemente estúpido ni débil para ello. Que Kaido sea un hombre precipitado e iracundo no indica que Sable lo sea.

—¿Tan poderoso es ese tal Sable? –Kid seguía incrédulo ante esa posibilidad-.

—No creo que lo hayan dejado vivir por buena persona –sentenció una voz más, una que no formaba parte de la charla inicial; era Rayleigh quien llegaba en compañía de Jinbe-.

—…El Rey Negro…-musitó Kid viéndolo detenidamente; estaba sorprendido de verle allí-.

—Yo soy un testigo de lo que el poder y crueldad de ese hombre son capaces de ser. No debes subestimarlo joven pirata –estipuló Rayleigh-.

—Jaziel ascendió rápidamente dentro de la tripulación de Kaido, tanto por su fidelidad como por la eficiencia de su trabajo. Ningún pirata que le haya enfrentado volvió a ser visto –informaba Jinbe- Es un hombre peligroso que parece compartir con Kaido algo más que su hostilidad hacia sus enemigos.

—Pues nos hemos salvado de una bastante gorda –suspiraba Usopp con tranquilidad-.

—Aunque estoy sorprendida –la castaña llegó montada sobre el lomo del tigre; parecía haber sido mandada a realizar alguna tarea-.

—¿Por qué lo dices Lynn? –le miraba con desconcierto la pelirroja-.

—Porque usó el Rokuogan para crearle tal daño a tu compañera –observó fijamente al pelirrojo- Lo cual no es una buena señal, ya que es algo que sólo los que dominan por completo el Rokushiki son capaces de hacer. Pero me sorprende que lo haya hecho sin causarse daño alguno…-descendió y simplemente se cruzó de brazos- Y yo que pensaba que Baldassare era el único capaz de hacer uso de esa técnica final sin sufrir consecuencias en su cuerpo.

—¡Otro monstruo igual que Baldassare! –chilló de inmediato Usopp; ese tipo de coincidencias de la vida no le agradaban en lo más mínimo-.

—No vino por nosotros, eso debería de bastarnos por ahora –espetó seriamente Feng, algo que le pareció extraño a su hermana, sin embargo, no mencionó nada al respecto-.

Se habían trasladado hasta la bahía, hacia aquel lugar en el cual se encontraban sus embarcaciones y donde reinaba la tranquilidad y el orden, situación que no imperaba más en la isla. Y aunque la vista del amanecer delineándose sobre el calmo mar en el horizonte era un evento maravilloso y único, no era algo que tuviera con cuidado a los chicos; ellos estaban más involucrados en el hecho de terminar de desayunar y reorganizarse para marcharse de aquel sitio.

—Tu barco desde aquí luce realmente mal –mencionaba Lynn quien terminaba su bebida caliente; el resto de los puestos elaborados con troncos de árboles estaban desocupados ya-.

—Todo es culpa de tu hermano y tuya, par de bestias –soltó sin un pelo en la boca tras empinarse aquella botella de sake entera-.

—Ya te dije que todo fue tu culpa, no debiste de iniciar una pelea en TU BARCO…-le regañaba; Kid empezaba a creer que todas las mujeres eran igual de temperamentales-.

—Ya habrá tiempo para que ajuste cuentas con tu capitán –depositó la botella sobre la arena-.

—Parecen muy entretenidos –decía Law acercándose hasta donde se encontraban- Eustass-ya, luces más interesado en entablar conversación con una subordinada de tu enemigo que de tu propia gente.

—Puede decirse prácticamente lo mismo de ti –sonrió burlonamente- Estoy consciente de que no la dejarías morir tan fácilmente. Además le hace bien estar sola, debe pensar en la estupidez que hizo.

—Hasta Eustas-ya tiene su corazón –soltó con cierto sarcasmo-.

—Encárgate de tus asuntos Trafalgar, que yo me haré cargo de los míos –sonó tanto mordaz como burlón y el que haya mirado de reojo a la castaña no ayudó a mejorar el humor del cirujano-.

—Eustass-ya...-lo miró duramente-.

—No es muy inteligente lo que pretendes Trafalgar –se cruzó de brazos y simplemente dio una rápida carcajada-.

—¿Perdiste tu brazo o sólo usas esa armadura por gusto? –interrogó la chica-.

—No soy muy afecto hablar de eso –la miró fulminantemente- Tanta curiosidad es mala, mujer.

—Entonces hice la pregunta incorrecta…-sonrió y se puso de pie- ¿Quién te lo arrancó? –soltó sin más solamente para marcharse de allí-.

—No te ofendas, pero es muy joven para ti –se mofó cándidamente el pelirrojo-.

—Idiota –mascullaba el otro-.

Si bien se habían acostumbrado a viajar sobre aquel increíble animal ahora tenían que resignarse a navegar como usualmente lo hacían; no es que fuera algo difícil, sino más bien que ya se habían acostumbrado a la compañía de aquel compañero, pero era por una buena causa.

No hubieron demasiadas palabras de despedida ni mucho menos; partir de una isla dejando tras ella viejos enemigos no era algo que sucediera a menudo, pero no por ello debían darle demasiada importancia. Tenían un camino que continuar y no podían estancarse por demasiado tiempo. Además, si se habían marchado en gran parte había sido a petición de aquel hombre. Tampoco estaban muy preocupados, ya que no se quedaba completamente solo en la isla.

—¿Estás seguro de querer quedarte Feng? Bien podrías haberte ido con ellos –dijo Rayleigh, quien permanecía en la isla con Jinbe-.

—No hay problema. Quiero asegurarme de que todas las personas lleguen con bien a la isla más próxima mientras se arregla la situación de este sitio.

—Fue una buena idea usar al Ryuda para movilizar a toda esa gente. Aprovechando su gran tamaño y velocidad no demorarán en llegar a la siguiente isla –musitaba Jinbe-.

—Quedé sorprendido de lo bien que manejó al Ryuda, Sweety Boy –comentaba Feng-.

—Sobre lo que mencionaste Feng…-decía Rayleigh-.

—Será mejor que ustedes mismos lo vean.

No era una sección demasiado visitada dentro de la isla; tampoco es como si quisieran encallar ni por accidente en una zona tan rocosa y poco transitable. Pero había algo allí que resultaba del interés de los cuatro hombres que habían descendido sin problema alguno desde aquel húmedo y oscuro túnel hasta aquel acceso al mar.

Fragmentos numerosos de madera flotando sobre las suaves olas, llegando hasta la pequeña costa arenosa y acumulándose irremediablemente. Oscuras banderas acompañando a los irreconocibles navíos a los que alguna vez ayudaron a identificar de entre las demás tripulaciones piratas. Pero aquello no era lo sustancial, lo importante, lo memorable…

No es que no hubieran percatado de tan visible situación, sino más bien parecían haberla dejado pasar momentáneamente. ¿Cuándo el mar había perdido su celeste tono y había adquirido aquella coloración carmesí ligeramente rebajada por la cantidad de agua adyacente?¿En qué instante esa sección empleada como depósito de viejos barcos hundidos también fungía como cementerio ambulante?

No era el significado tras la ausencia de vida, sino la cantidad; no era el motivo de sus muertes, sino el sufrimiento impregnado en sus rostros que incluso tras abandonar este mundo conservaban tan vívidamente.

Era una cantidad abrumadora de cuerpos meneados por el contoneo de las olas, hundiéndose ocasionalmente, sirviendo posiblemente de alimento a algún rey marino que transitaba la zona, atraído por el olor a sangre y muerte. Una tragedia extinta que continuaba sintiéndose demasiado vívida.

—Comprendo por qué no deseabas que los chicos vieran esto –expresó con conmoción Jinbe; aunque había contemplado cuadros parecidos anteriormente, aquel escenario le producía un amargo sabor de boca-.

—Iban a querer ir de inmediato tras el culpable…-Rayleigh simplemente enfocó su mirada en las dos banderas que permanecían en tierra- Pero si son…

—…Son las banderas de los Piratas de Kaido…-sentenció Kid- ¿Cómo es que fueron derrotados de este modo?

—No creo que hayan empezado a pelear entre ellos mismos –agregaba Feng- Así que se me ocurre algo, pero…sería algo demasiado descabellado y sin fundamento alguno…

—Te refieres a ese chico, ¿no es verdad? –cuestionó Kid; el silencio del chico hablaba por sí solo- Hacer una estupidez como ésa le costaría la vida. Kaido no perdonaría algo como esto…No parece tan idiota ese muchacho.

—¿Entonces qué más podría ser? –aquella pregunta habría de ser contestada prácticamente al instante-.

Cada bala de cañón impactaban furiosamente contra el área en la cual se encontraban, empezando a debilitar la roca que estaba sobre ellos. ¿De qué se trataba?¿Qué tenían ellos que ver en el conflicto que pudieran tener con aquellos barcos caídos? No obstante, no iba a serles fácil, no con aquellos cuatro hombres que no eran para nada frágiles piratas.

No había alegría más grande que devolverles con la misma potencia aquellas balas de cañón que no fueron más que repelidas e impulsadas por la habilidad del pelirrojo. Y si con eso sentían la preocupación carcomiéndoles por dentro, en cuanto percibieran el abrupto cambio en el clima sabrían que estaban en grandes apuros.

Los tres barcos empezaron a tambalearse ante el feroz viento que asolaba a sus alrededores. Aquello era algo que no podían controlar por sus propios medios.

—Esa es la bandera de Marshall D. Teach –estipulaba Rayleigh-.

—¿Ellos terminaron con estas embarcaciones? –preguntaba un tanto estupefacto Kid-.

—¿Sabes lo que esto significa? –lanzó al aire Jinbe con sus pupilas vibrando impacientes-.

—…Una declaración oficial de guerra…entre Barba Negra y Kaido…-concluyó funestamente Rayleigh-.

El fuerte sol amedrentaba con violencia desde lo alto, siendo implacable, atormentando así a todo aquel que transitara por las angostas callejuelas que se vislumbraban entre las grandes edificaciones, mismas que en su gran mayoría no eran más que meros establecimientos. Sin embargo, aquello era algo que no importaba en lo más mínimo, había quienes no estaban en disgusto con ello.

¿Quién podría preocuparse del calor cuando había una persecución a diestra y siniestra desarrollándose en aquellas angostas calles tapizadas por grisáceo adoquín? A simple vista que sólo existía un cazador, uno incansable que no se esforzaba demasiado en alcanzar a aquel grupo de seis hombres, que si bien eran robustos y llevaban consigo armas de temer, no parecía significar demasiado frente a su rival.

Tampoco es como si fueran a recordar el rostro de su adversario; aquello era imposible considerando que había una máscara cubriéndole el rostro, una de tonalidades llamativas y motivos peculiares. Sin olvidar claro está la capucha que ocultaba a la perfección su cuerpo entero.

Era rápido, no quedaba duda de ello; también era fuerte y era capaz de anticipar los movimientos de sus contrincantes sin demasiado esfuerzo. Maniobraba muy bien pese a la escases de espacio que tenía a su alrededor y así mismo utilizaba los objetos que estaban a su alcance para liberarse de las armas que sus enemigos poseían. Parecía tratarse de alguien que llevaba largo tiempo peleando.

—Esto ha sido demasiado sencillo –musitó el hombre, sacudiéndose las manos y colocando su mirada hacia su derecha, hacia aquel tejado donde alguien parecía no importarle tomar el sol pese al negro sombrero que cubría su cabeza-…Baldassare…

—De nada sirve que te siga trayendo a sitios como estos. El nivel es demasiado mediocre para ti.

—Hmp…Es tu culpa por subestimarme –soltó burlonamente-.

—¿Qué esperabas? Después de lo ocurrido era válida mi desconfianza –comunicó tranquilamente- Será mejor enfocarnos más en lo que realmente requerimos antes de que el período de tiempo concluya.

—Me siento un tanto sorprendido. Tienes demasiadas influencias Baldassare.

—Sé cómo moverme, que es diferente muchacho. Cuando crezcas un poco más y no cometas actos imprudentes sabiendo que eres incapaz de salir victorioso, lo entenderás.

—Eso fue un golpe bajo –soltó sarcástico-.

—Si quieres estar a su nivel, entonces tendrás que callarte y hacer lo que yo te diga.

—Jamás pensé tenerte de maestro…No es algo que me agrade.

—No eres el primero que lo dice –sonrió burlonamente- Además pronto tendrás la oportunidad de observar lo mucho que ha mejorado Monkey D. Luffy.