Cap. 49
El automóvil en el que se movieron hacia el destacamento estaba algo apartado del centro de Londres.
Desde donde se encontraban se podía ver el fulgor de las balas y las granadas.
Terry tuvo miedo.
- Si hubieras estado aquí, Candy, habría sido peor. No podría soportar saber que hubieras elegido ir al frente.
Las maniobras comenzaron. Lo pusieron a cargo de un oficial de unos cincuenta años.
- Jóvenes, es momento de que los distribuya en diferentes punto. Grandchester y Carlson irán juntos…
La lista de quienes irían juntos se incrementaba. Terry respiró hondamente. Ya tenía compañero pero su objetivo se diluía en el tiempo.
Carlson y él se reunieron en un punto.
- Ahora…sólo queda que nos den instrucciones.
- Y yo tengo que encontrar a alguien.
- ¿A quién?
- A Daniel Brown…
De pronto escuchó la voz de un soldado agazapado en un rincón.
- ¿Alguien me llamó?
Terry se acercó.
- ¿Tú eres…Daniel Brown?
- SÍ…¿tú quién eres? ¿De dónde me conoces?
- Soy Terry Grandchester. Conozco a tu padre…él está muy grave y me envió para buscarte. Por eso me alisté.
Daniel se puso en pie.
- ¿Dices que te alistaste tan sólo para buscarme a mí?
- En parte…y en parte para darle una lección a mi padre.
- ¿Qué es lo que quieres de mí?
- Hablarte sobre tu padre…te extraña demasiado, te necesita.
Daniel bajó la cabeza.
- Tienes razón…quizás así sea. Pero tengo miedo de volver. Fui un cobarde.
Terry le contó.
- Mi relación con mi padre tampoco es muy buena, puedes contarme.
Daniel respondió.
- Cuando mi madre murió, mi padre comenzó a beber. Yo traté de ayudarlo, pero luego fui yo quien comenzó a beber también. No lo obedecía, él estaba mal y yo me burlaba de él. Entonces, al ver que estaba perdido, decidí abandonarlo y me alisté. Pero ahora…ya no puedo volver. Este es mi mundo…no puedo dejar la causa por la que lo aposté todo. Ya no espero nada de la vida. Mi padre está solo y seguramente así morirá. Y yo…también lo haré.
- No seas pesimista- dijo Terry- tu padre espera que vuelvas para recomenzar. Date la oportunidad de hacerlo. Quizás no sea demasiado tarde. En mi caso es diferente. Para mi padre…ya estoy muerto.
Todos se miraron. Carlson añadió.
- Por lo menos ustedes tienen padre pero ¿yo? Soy huérfano…ni siquiera conocí a mi padre. Abandoné a mi madre porque no tenía trabajo y ahora soy sólo un muchacho sin rumbo. Cuando esto termine, vuelvan con ellos para intentarlo de nueva cuenta.
Terry contestó.
- Gracias, Carlson. Daniel…en verdad, tu padre te necesita. Estaba muy grave cuando lo dejé. Estuve en su casa, me cuidó como si te hubiera cuidado a ti. Quizás está muy arrepentido.
- De nada valdrá su arrepentimiento conmigo.
Terry recordó lo rebelde que él había sido poco antes con su propio padre. Le parecía verse reflejado en aquel muchacho.
Candy estaba como ida. Pensaba en la capacitación pero por momentos su mente se volcaba hacia Terry su cabeza parecía estallar.
- No puede ser…es mentira…es demasiado…tengo que sobreponerme.
Avanzaba como un fantasma por los pasillos. Su palidez se acentuaba con el uniforme blanco, sin distinguirse su color de piel.
Por fin, llegó hasta el aula y continuó hablando. Ni ella misma se reconocía.
Estaba triste y le parecía que el tiempo se hacía eterno.
De pronto, una de las enfermeras la fue a ver y le dijo.
- Alguien quiere verla, señorita White.
- Gracias.
Y justo frente a sus ojos, estaba Albert.
Candy, en un impulso corrió a sus brazos.
- Albert…no sabes lo mucho que te extrañé…estoy…sufriendo tanto…
- Lo comprendo, mi pequeña- dijo Albert compungido.- Yo también lo siento mucho…y por eso he venido.
- ¿Cómo lo hiciste?
- Casi desde que llegué decidí volver. Dejé a Archie temporalmente mientras venía a verte. La tía abuela iba camino a Nueva York y no quería encontrarme con ella.
- ¿Qué querrá?
- Seguro es por lo del matrimonio. Elisa es quien ha estado difundiendo todo esto.
- Ella y Melanie…-aseguró la enfermera.
- Seguramente- resolvió Albert.- Ahora ven…¿tienes tiempo de que hablemos?
Candy asintió.
Fueron a un privado y ahí Albert le preguntó.
- ¿Cómo te sientes?
- Mal…demasiado triste. Como si no respirara…como si no pensara.
- ¿No puedes avisarle al doctor Leonard que te releve?
- No puedo, Albert. El doctor ya se ha portado muy bien conmigo.
Albert movió ligeramente la cabeza.
- Ya no quiero que pases por esto…tú no te mereces sufrir más, Candy. Si yo pudiera evitarlo.
- No te mortifiques, Albert.
Pero el tutor se apresuró y pidió.
- Candy…¿te casarías conmigo, en verdad?
Candy entornó los ojos.
- No puede ser…¿te das cuenta de lo que me pides?
- Sí, Candy…creo que es lo mejor para ti, para mí…es una súplica. Lo que ocurrió con Terry debe ser una señal para los dos. La vida sigue…él no hubiera querido que te quedaras sola.
La muchacha negó.
- Es muy pronto para decidir eso, ¿no te parece?
- Sí, Candy…perdóname…
La enfermera se tornó comprensiva.
- Te agradezco mucho, Albert…y si un día decidiera casarme…ese serías tú.
Albert la miró con dulzura. Esta vez ella ya no rechazó esa mirada de amor.
El entrenamiento era duro y difícil.
Terry aprendía a defenderse y a sobrevivir conforme se adecuaba a aquel sitio. Cada día era una nueva oportunidad para vivir y para ayudar a otros a vivir.
Gracias a Carlson y a Daniel, Terry aprendía manejar las armas y podía utilizarlas mejor.
En la noche, tras haber pasado todo un día revisando a los heridos y a cerrar los ojos de los que morían, Daniel dijo tristemente.
- Sé que falta poco…el próximo seré yo, Terry…
- No digas eso, Daniel…
- Es verdad, Terry…no tengo esperanzas de sobrevivir…me he salvado por ahora de milagro, pero algo me dice que no faltará mucho para que me vaya. Por favor, si vuelves a ver a mi padre, dile que lo amé mucho y si ya no…sólo te pido que visites su tumba en mi nombre y ruegues que perdone mi ceguera y mi egoísmo.
Terry pensó en él mismo.
- Tú por lo menos eres capaz de reconocer que te has equivocado. Yo, en cambio, me he pasado el tiempo tratando de averiguar por qué mi padre ha procurado hacerme daño, pero no he reparado en lo que yo le hecho…en las expectativas que tenía en mí y que no cumplí…él también tenía derecho de recibir de mí algo más que rebeldías y quejas.
Daniel interrumpió.
- Intenta recuperar tu relación con él, antes de que sea demasiado tarde.
- Algo me dice que…ya es demasiado tarde.
En la noche, cuando se disponía a descansar un poco antes de la siguiente maniobra militar, se retiró a un rincón para escribir una carta.
"Candy…estoy en el frente…no me quedó opción. Un buen hombre me pidió que buscara a su hijo como un gran favor. No pude negarme. El hombre está muy grave. He encontrado a su hijo y quiero devolverlo al lado de su padre antes de que sea demasiado tarde. Y en cuanto eso suceda, volveré para buscarte. Ya nadie va a separarnos nunca más.
Espero que puedas ver a mi madre y le digas que pronto iré a verla. Que no se preocupe por mí. La extraño tanto igual que a ti.
Manda mis saludos a Albert y dile que lo aprecio de verdad.
Te amo con todo mi ser. T. G. G. B."
Cerró la carta y la guardó para poder enviarla con las demás al día siguiente.
Mientras cerraba el sobre, observó que había un periódico de Londres y comenzó a leerlo para distraerse. Su sorpresa fue mayúscula cuando leyó en un encabezado:
"El magnate William A. Andley contraerá matrimonio con su protegida, la señorita Candice White Andley. Aún no se ha confirmado la fecha del enlace, sin embargo, comentan familiares allegados que esperarán sólo algunas semanas más…"
- Esto no puede ser…no puede ser posible que Candy se case con Albert…
Las lágrimas comenzaron a brotar. Esa información tenía que ser mentira, una absurda mentira…
