Cambio de planes
Eran las cinco de la mañana. Alastor Moody, como cada lunes, abandonó la casa de Perseus Parkinson. Conocía de antemano las argucias y artimañas de las que eran capaces de usar los mortífagos, y una de ellas era la de rastrear la magia cercana a ellos. Si había alguno vigilando los alrededores, podrían perfectamente percatarse de los conjuros usados fuera de las paredes de cualquier cuartel de la Orden.
Y llegó a Grimmauld Place Apareciendo justo en el parque más próximo para poder despistar a quien quiera que estuviera rondando por ahí en busca de pistas sobre ellos. Empujó la puerta del lavabo público y escudriñó con su ojo mágico cada árbol y cada sombra que proyectaban las farolas de bombillas naranjas en el espacio abierto y oscuro. Nadie, por ahora. Caminó y caminó hasta llegar a Grimmauld Place, y a partir de ahí su defensa pudo relajarse nada más ver en el comedor a Sirius Black. Los demás, como los planes de la Orden dictaban, se encontraban en misiones.
—¡Alastor! Te estaba esperando, amigo. Entra, entra, tengo buenas noticias de Harry.
—Horrocruxes —cortó. La punta de su tosco bastón apuntó a Sirus—. Sólo quiero saber sobre los horrocruxes.
—Siempre tan frío cuando se trata de los progresos de mi ahijado —le sonrió mientras doblaba El Profeta. Estaba dibujando bigotes a todas las fotografías e imágenes que habían en él—. Han eliminado a otro horrocrux, Angelina ha resultado herida en el brazo mientras intentaban eliminarlo, pero están todos bie-
—¿Van a volver pronto?
—Sí, aunque ese 'pronto' es muy relativo, ya lo sabes. Según Harry, sólo les queda uno que puedan destruir antes de tener que enfrentarse a quien-tú-sabes para matar a su serpiente. No tienen ni idea de cuánto tiempo les va a costar.
—Bien —el gruñido que fue acompañado por su asentimiento sonó bastante alegre. Sujetó con fuerza el bastón para darse la vuelta.
—¿Y ya está? Un grupo de jóvenes están dando su vida por destruir el alma del mago más capullo de todos los tiempos, ¿y dices "bien"?
Alastor, sin girarse a Sirius, puesto que ya estaba andando hacia la puerta para salir del comedor, habló:
—No son los únicos que están poniendo su vida en peligro, Black. Por lo que a mí me concierne, toda la comunidad mágica está en la misma situación —ladeó su cara un par de grados y el ojo de cristal se puso en blanco para poder mirar al hombre que dejaba a sus espaldas—. Puedes felicitarles de mi parte. Están haciendo un buen trabajo.
—Se lo diré, Alastor, ya sabes que necesitan mucho apoyo emocional.
Lo primero que hizo Moody al salir de la casa de los Black fue vigilar todos los rincones que su ojo mágico podía abarcar. No iba a bajar la guardia nunca, y no había día en esta guerra que no le viniera algún que otro recuerdo doloroso por bajarla en la primera guerra que luchó años y años atrás. Siguió el mismo recorrido que antes hasta esconderse en el lavabo público y, en un ágil movimiento, Apareció a dos calles de la casa de Perseus. Volvió a repasar el lugar antes de empezar a caminar.
Justo cuando la casa de ladrillos pintados de blanco aparecía frente a sus ojos, vio a una lechuza parda volando hacia la mansión de Perseus. Quitarle la carta que resguardaba fue tan fácil como agitar la varita. La lechuza salió volando por el susto del hechizo, e inmediatamente un acciorecogió el pergamino durante su caída.
"A las siete y media de la tarde"
Alastor empujó la puerta de la mansión con la mano, estrellándola contra la pared. Tonks, Lupin y Molly giraron la cabeza, dispuestos a reaccionar con la varita por si había peligro persiguiendo al auror.
—¡Hay un traidor en esta casa!
El grito rebotó en las paredes, alarmando a Arthur Weasley, quien bajó de las escaleras varita en mano.
—¿Cómo? —la rabiosa mirada del auror le hizo comprender a Arthur de la situación en la que se encontraban—. ¿Quién?!
—¡Eso hay que descubrir! ¡Que bajen todos los que se encuentren en esta mansión! Parece ser que tenemos a una culebra reptando entre nosotros.
Al cabo de cinco minutos, los jóvenes, despeinados y bostezando, bajaron por las escaleras.
—¡Quiero saber ya quién es el receptor de esta carta!
Todos se encogieron de hombros como respuesta. Pansy parpadeó muy despacio, todavía intentando descender del mundo de los sueños.
Un clic sonó en su cabeza.
—Uh, creo que es mía... De mis padres.
Hermione despertó al instante.
—¿Cómo?! Me dijiste que-
—Sí, sí, y era cierto.
—Pero... ¿por qué? —susurró Hermione, muy confusa, ignorando el resto de los presentes—, ¿por qué les has dicho que sigues viva sabiendo que sería muy peligroso para ti? Si quieren buscarte-
—Quería despedirme de ellos de alguna forma, son mis padres, maldita sea. Incluso ellos se merecen saber lo que piensa su hija y el porqué ha cambiado de bando.
—¿Eres idiota? —espetó Ron—. ¿A quién se le ocurre enviar cartas a unos mortífagos cuando estamos escondiéndonos de ellos? Y encima, en especial tú.
—Si te crees que mis padres traicionarían el honor de la familia Parkinson diciéndole al Señor que su única hija huyó de la emboscada cuando debía de luchar por el bando de los mortífagos, estás muy equivocado. Nunca irían al mismísimo Señor Tenebroso a decirle que sigo viva porque soy una traidora a la sangre. Prefieren seguir ellos mismos vivos y sin ser torturados. Pero, en fin, ¿queréis culpar a alguien de traidor? Aquí estoy, por lo que veo.
—Se utilizará Legeremancia en ella para comprobar sus verdaderos ideales —Alastor dio un rápido vistazo a los otros dos Slytherins—. Y en vosotros también. No voy a permitir ningún desliz aquí, hay demasiadas vidas en juego.
Los integrantes de la Orden asintieron. Ante la indignación de Hermione y Pansy, se preparó la sala para la acción. En poco y nada, Alastor apuntaba a la mortífaga entre ceja y ceja.
—Nunca negaré que desconfío de ti —sentenció el auror.
—¿Qué pasa? ¿Tu ojo falso detecta demasiada oscuridad en mi interior? Pfff —sonrió de lado, cerrando los ojos y escuchando el Legeremens que se introducía en su mente, acaparando los millares de recuerdos.
Sabía perfectamente lo que él buscaba y no tardó en encontrar la reunión de mortífagos donde la asignaban como doble espía. Tal y como Pansy esperó, Alastor dejó de indagar más, quedándose en ese punto de vista. Cuando el auror regresó a la realidad, mantuvo la seria mirada en las facciones de Parkinson.
—Tú... —gruñó, incapaz de contener la rabia—. ¡Es una espía con la única misión de infiltrarse a la Orden aprovechando la confianza de Hermione!
—¡Pansy!
El rugido de Perseus congeló el ambiente, creando una tensión difícil de calmar entre ambos familiares. Ante la incrédula y decepcionada negación de cabeza de su tío, Pansy entrecerró los ojos, orgullosa.
—¿Ni siquiera vas a explicarte? —continuó su tío.
—¿Perdón? ¿precisamente tú me haces esta pregunta? No he dado explicaciones a nadie durante diecisiete años y quieres que empiece por ti —amordazó—. Por el traidor de la familia, qué risa.
Pansy se cruzó de brazos incluso al percibir el dolor en el rostro de él. No iba a tener tacto si no le apetecía, y aunque ella misma fuera una traidora, sabía que Perseus todavía le dolía escuchar esa palabra.
—No eres precisamente la más indicada para juzgar a alguien por estar con un no-sangre pura —replicó Helena.
Su marido acomodó una mano en su hombro para que no continuara.
—Cada uno tiene sus prioridades, algunos tienen a sus familias —detalló Perseus, abrazando a la muggle—, y otros a sí mismos.
—¿Y qué haréis? ¿matarme? —retó Parkinson, alzando ambas manos con aburrimiento. Ella sabía lo que de verdad había pasado, pero la tensión de la guerra estaba claramente presionando a los adultos—. No he querido traicionaros. Ya os he dicho que sólo quería que supieran de mis pensamientos de traidora a mi sangre ya que iba a contárselo cuando nos viéramos. Me han prometido mucha discreción porque a ellos les conviene que su hija muerta siga teniendo su honor ya que sino la familia volvería a ser... investigada por traición, y eso significa ser repudiados socialmente e interrogados con frialdad. Tal y cómo sucedió cuando mi tío se escapó con una muggle —atacó, enviándole una mirada ácida—. ¿Qué haréis conmigo, entonces? ¿Mh?
—Devolverte a tus seres queridos.
La tosca sonrisa de Alastor Moody al querer redondear el sarcasmo despertó la irritación en ella.
—Adelante, encantados de reunirnos, venga, va, empezad.
—¡Pansy, cállate! —Hermione se situó delante de ella para crear una barrera entre la Slytherin y los demás—. ¿Es que no sabéis que está bromeando porque le parece estúpida vuestra reacción?
—Sólo queremos bloquearla para que no haya posibilidades, Hermione —Tonks la miró apenada—. No podemos permitirnos bajar la guardia en estos tiempos, ¿lo entiendes? Que sus intenciones sean buenas o malas ya apenas importa porque la desconfianza que hay traería muchos problemas en esta casa. Ahora lo mejor será-
—Está de mi lado y yo estoy del vuestro, no hay nada más que decir. Sé que ha aparecido una escena que afirmaba que era una doble espía, pero, por favor, continuad los recuerdos y veréis que todo ha cambiado porque ha recuperado su memoria. Alastor —nombró, señalándolo—. Vuelve a mirar, compruébalo, ¡no puedes quedarte sólo con el pasado!
—Aunque fuera verdad, es muy peligroso para la Orden y Harry, demasiado —Arthur suspiró. No le gustaba nada lo que estaba pasando y hacia dónde se dirigían.
—La confianza que hay no es la suficiente como para que se quede en mi casa —añadió Perseus, a varios metros de distancia—. Y esto no se trata de dar oportunidades para comprobar si nos equivocamos o no, porque si tenemos razón, acabaríamos muertos.
—Pues yo confío en Parkinson —Ginny contuvo la expresión de decisión repasando con su mirada a cada uno—. Parkinson es imbécil y una cabrona, pero cuida de Hermione. Es cierto que le fue difícil darse cuenta de que la amaba, pero eso no significa que borréis del mapa el hecho de dónde se encuentra ahora, ¿pensáis que no hubiera utilizado la mínima oportunidad para traicionarnos a nuestras espaldas? Ya habéis visto que se ha podido comunicar y no le ha importado decir que era de sus padres.
—Ella simplemente se quedaba aquí gracias a la protección de estar muerta —dijo Moody—. Si no hubiera sido por el plan de Draco Malfoy, seguiría en el campamento sin intención de unirse al otro bando. He visto con mis propios ojos sus verdaderas intenciones y no voy a dejarlo pasar.
—¡Seguiría en el campamento porque no hubiera recuperado la memoria que le ha devuelto Daphne! —exclamó Hermione, harta—. En el campamento —¿qué debía de explicar de ahí?—, viví un tiempo con Bellatrix Lestrange y después con Pansy, no podéis ni imaginaros la diferencia. Con Pansy comía y podía ducharme, no recibía torturas ni humillaciones, además... me cuesta admitir que ella era como la conexión con Hogwarts y mi pasado que me mantenía con fuerzas —dio un paso más, cortando la distancia con Alastor—. Puedo jurar que allí, entre ella y yo, a pesar de nuestras discusiones, nos conocíamos más de lo que lográbamos comprender. Perdimos la memoria en Hogwarts y nuestro enlace no se rompió ni tiempo más tarde. Y a ti —hundió el dedo índice en el pecho del auror—, ni se te ocurra romperlo porque no tienes ni la menor idea de lo que soy capaz de hacer por mi novia y esta relación que pienso mantener a flote aunque me cueste la vida. Pansy está de nuestro lado y jamás, nunca, me traicionaría. Ella y yo somos una en esta guerra, si a ella se le echa de esta casa o se la encierra o lo que sea que queráis hacer, a mí también me tendréis que hacer lo mismo —repasó con la mirada a los espectadores—. Y dudo que queráis perder más aliados tal y como está la situación —chasqueó la lengua—. Parece que os hayáis olvidado de cuál es mi origen y mi sangre, ¿creéis que defendería a alguien que quisiera verme muerta? ¿O que ese alguien se hubiera declarado a una sangre sucia delante de todos sólo como actuación cuando ni siquiera era necesario porque ya estaba dentro de un cuartel de la Orden? Si no confiáis en ella, nos vamos a otro sitio para que os quedéis tranquilos.
Con la cabeza alta, bucles balanceándose por el ritmo del andar, Hermione agarró la mano de Pansy y fue caminando hacia las escaleras del segundo piso como si hubiera ganado la mayor batalla jamás cometida. Aunque la rabia seguía estando presente en su mirada.
—Más os vale reconsiderar la situación cuando bajemos por las escaleras porque ninguna de nosotras dos estamos dispuestas a dejar de luchar por nuestros ideales —dijo Ginny, quien alzó una ceja, orgullosa, y fue siguiendo a Hermione sin dejar de observar a los presentes. Daphne la siguió muy de cerca.
El único Slytherin que quedó en la sala fue Draco y éste no dudó en demandar a Lupin que registrara en sus recuerdos para que se quedaran más tranquilos respecto a él.
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¡Pam!
—Vale, cambio de planes, todas nos vamos hasta que todo se tranquilice. Es lo mejor —informó Hermione, llevándose por delante las prendas de ropa del armario de su habitación y guardándolas en una maleta. Sacó la varita de Pansy de su bolsillo y se la lanzó.
—Espera, espera, ¿todas, todas? —inquirió Ginny, abrumada por la energía de Pansy y Hermione unidas para recoger el equipaje.
La cabellera dorada de Daphne se meció por la obertura de la puerta en cuanto se abrió. La única que giró sobre sus talones para ver quién era fue Ginny. Ambas brujas se miraron, inquiriéndose.
—¿Te vas tú también? —preguntaron a la vez.
Daphne terminó de abrir la puerta para adentrarse arrastrando tras de sí una maleta negra con las iniciales D.G bordadas en ella.
—Prefiero irme con vosotras sabiendo que ellos nos dejarán irnos porque en el fondo saben que están equivocados —opinó Daphne. Dejó la maleta cerca del armario—. Desde que Draco nos trajo ya desconfiaban de nosotras —se dirigió a Pansy que seguía recogiendo—, pero Tonks me dijo que Ginny también dio la cara por nosotras y que por eso se relajaron un poco. Después de todo, este es un cuartel secundario, incluso terciario. Sólo sirve para dormir en él.
—¿Entonces te vienes, D?
Pansy miró esperanzada a su mejor amiga.
—He preferido aprovechar lo que acaba de pasar... Me temo que el Señor ya debe de haber descubierto mi relación con Weasley. Antes de nuestro secuestro, Graham me dijo que estaban revisando con Legeremancia a todos los jóvenes mortífagos para asegurar sus ideales, supongo que han entendido que los hijos de los mortífagos no tienen por qué pensar igual que sus padres.
—¿Estabais juntas, al final?! Imposible —se sorprendió Parkinson con un abrigo en la mano. Lo lanzó a la maleta sin apuntar, donde se dobló y se colocó gracias a un conjuro.
—La relación que fingíamos más bien —Ginny alzó una ceja—. Pensaba que en esa época lo tenías controlado y que no te afectaría en tu futuro como mortífaga.
—No me afectaba. El problema está en que no me he podido explicar diciendo que era para conseguir información del Ejército de Dumbledore, y esto lo digo suponiendo que han descubierto los recuerdos en los Slytherins de cuando fingíamos estar juntas... Aunque con lo que ocurrió con Millicent y Pansy ya me habían puesto en el punto de mira.
Daphne se sentó en el borde de la cama, cruzando una pierna encima de la otra y sacudiéndose la larga melena. Con el ceño fruncido y la mente en sus asuntos, inclinó el cuerpo por apoyar la otra mano en el colchón y peinarse con los dedos la melena que se había colocado a un lado de su cuello.
"Maldita y sensual rubia", pensó la pelirroja mientras recogía los pequeños objetos de la pareja, molesta al descubrir que, efectivamente, Greengrass se acercó a ella por información.
—Así que, después de todo, mi intuición estaba en lo cierto —dijo Weasley, lanzando, inconscientemente, los objetos con rabia contra el interior de la maleta—. Te acercaste a mí más por interés que por... otra cosa.
Daphne ni la miró. Continuó desenredando su melena, inmersa en sus pensamientos.
—Te he hablado —gruñó Ginny, parando en seco sus movimientos.
—Lo sé, soy pensadora, no sorda.
—Pues demuéstralo, ¿qué te parece si por una vez en tu vida eres sincera con los demás y no engañas a nadie?
El elevado tono puso en alerta a Hermione. Ésta dirigió su atención a su amiga, preocupada de que llegara a más.
—No te engañé —susurró Greengrass, incapaz de echar un vistazo a la Leona.
—¿Ah, no? ¿No me dijiste que no te acercabas a mí por algún objetivo en concreto? ¿Que simplemente... tuviste la oportunidad de acercarte para conocerme y la aprovechaste? ¿No has estado en Hogwarts intentando convencerme una y otra vez que no me mentías respecto a la Brigada Inquisitorial ni el Ejército de Dumbledore? ¡ME MENTISTE! ¡Incluso ahora lo estás haciendo!
Hermione dio un brinco, desenfundando la varita al mismo tiempo que Ginny. Parkinson las imitó, segundos después, apuntando a la menor.
La tensión presionaba demasiado. Weasley, con la respiración agitada y la mandíbula haciendo fuerza, continuó apuntando a la Slytherin que se encontraba sentada en la cama y observaba con interés el suelo.
—Era otra época... Mi objetivo principal era aprovecharme de ti, pero no pude.
El Expelliarmus de Hermione impactó contra la varita de Weasley antes de que la rabia de ésta se comprobara en su magia. A partir de entonces, fue un caos absoluto. Ginny se abalanzó hacia la Slytherin, impotente por haber sido desarmada y frustrada por la pasividad de ésta. Entre gritos e insultos, Hermione la bloqueó como pudo a pesar de la inmensa fuerza que aquella pequeña podía llegar a crear.
—¡MÁS TE VALE SALIR DE AQUÍ AHORA MISMO, TRAIDORA!
—¡Ginny, por Merlín, detente! —chilló Hermione, abrazándola con la ayuda de Pansy—. ¡Greengrass, haz algo!
No obstante, la nombrada siguió con el rostro neutro contemplando a la nada, ignorando los gritos y el pataleo de la Gryffindor.
—No parará hasta que me golpee, soltadla —pidió la rubia, mostrando la cara dispuesta a dejar que se la desfiguraran.
La bofetada que recibió la sorprendió de sobremanera. Sus ojos celestes se toparon con los serios de Parkinson, y de ahí, los bajó hacia la mano de su amiga que temblaba a un lado de su propia cara, roja por el bofetón. Con lentitud por culpa de la conmoción, Daphne fue acercando su propia palma para acariciarse la mejilla.
—No sabes cómo me jode que vayas de madura y no tengas el valor de afrontar este tema —los labios de Pansy formaron una fina línea por la desaprobación que sentía hacia Daphne—. Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. Así que hazme el favor de decidir ya en si ser una cría o una adulta porque no voy a tolerarte más este tipo de reacción cuando alguien te pide explicaciones.
Greengrass desvió la cara, dolida.
—Como si fuera cualquier alguien quien me pide explicaciones... —dijo, negando con la cabeza y poniéndose de pie. Fijó su vista en la rabiosa de Ginny, quien continuaba intentando desprenderse del agarre de Hermione—. Prefiero la tortura a explicarme.
Dicho eso, agarró su maleta y abrió la puerta. Escuchó un quejido, los muelles de la cama, otro grito y su muñeca siendo agarrada y herida por unas uñas.
Daphne, al girarse por el tirón, vio a Hermione tirada en la cama junto con Pansy y la furiosa de Ginny enfrente suyo, presionando la muñeca, clavando su mirada en la de ella a más de intentar aplacar la rabia para no destrozar a la Slytherin.
—Cobarde —dijo simplemente Weasley, reprimiendo el enfado.
Aquello trastocó a Greengrass, dejándola boqueando como un pez.
—Lo sé —el hilo de voz mostró la vergüenza que sentía.
—No esperes nada de mí, Greengrass —nombró con asco, como la primera vez cuando se conocieron—. Te di la oportunidad de confiar en ti y me apuñalaste, eso es suficiente para saber quién eres realmente.
Ginny lanzó sin miramientos la muñeca que sujetaba y continuó recogiendo ante la atenta mirada de todas las brujas. Hermione, sin saber muy bien cómo actuar, fue mirando a cada una de las presentes, quienes siguieron como si no hubiera pasado nada. Era mejor ignorar la discusión, supuso.
—Tenemos todo lo necesario para ti, Gin —Hermione se puso en pie y añadió tres pantalones más—, no hará falta que hagas tu maleta.
—Me llevaré una mochila pequeña para mis objetos personales.
—Nada de vibradores, eh —bromeó Parkinson, colocando la foto de ella y de Malfoy dentro de la maleta.
En una mirada de nostalgia, sacó la foto de los Slytherins y situó enfrente del vidrio la suya con Granger. Ya no era necesario fingir. Guardó la de su amigo detrás, cerrando la tapa trasera del marco.
Se escuchó la cerradura de la maleta después de haber guardado la fotografía, ocasionando que las jóvenes conversaran con la mirada.
—Hora de irse, parece ser... —dijo Pansy.
Hermione estuvo varios segundos quieta, observando la maleta que habían preparado para ella, Pansy y Ginny. Empezó a desordenar lo que ya había dentro para meterlo todo en su útil bolso sin fondo. De esta forma, pensó, evitaría tener una mano ocupada por la maleta y sería mucho más ágil si la situación lo requería.
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Un malestar interno les recorrió a las cuatro jóvenes. Alastor estaba apoyado en la chimenea y escuchando el crepitar del fuego, parecía estar desinteresado en la decisión de las brujas mientras los demás mostraban una cara de tristeza y arrepentimiento. Ginny se rascó la mejilla, indecisa y, colocándose la mochila en el hombro, dio un par de pasos.
—No pienso perder de vista a mi única hija en esta guerra, no y no —sentenció Molly, atrapando entre sus brazos a Ginny.
—Mamá, si no podemos estar porque no hay confianza, nos iremos. No muy lejos, claro, queremos seguir estando en contacto con la Orden —murmuró, procurando agarrar aire. Sólo se encontraba en esa situación para acompañar a Hermione y cuidar su espalda.
—Seguimos en el mismo bando —Hermione se adelantó hacia la entrada, unida de manos con Pansy—. Como os hemos dicho, están con nosotras, así que únicamente nos vamos para evitar tensiones y problemas, ya nos informaréis de lo que os interese que sepamos.
—De esta manera será más fácil, nada de discusiones en esta casa. Antes de iros borraremos los recuerdos de la ubicación de esta casa a la señorita Greengrass y Parkinson —informó Arthur—. Tonks se pondrá en contacto con vosotras cuando sea necesario —dijo, posando la mano en el hombro de la bruja—. Eso sí, exclusivamente sólo Hermione y Ginny deben de conocer la información, ¿ha quedado claro? Para nosotros, vosotras dos seguís estando bajo sospecha y si por un casual nos enteramos de que una de nuestras chicas ha sufrido una traición o daño alguno por parte vuestra...
Molly carraspeó, disimulando la sonrisa. Su marido no era un as en amenazar, demasiado bueno para ello. En cambio, la severa mirada de Perseus, Ron, Tonks, Lupin y Alastor eran suficiente para redondear la amenaza.
Ambas Gryffindors se miraron y asintieron con firmeza. Granger confiaba en las Serpientes, pero no era tan imbécil de dejarse engañar por amor ni amistad.
—No hace falta decir que confío en vosotras —la amplia sonrisa de Draco provocó el fruncimiento de ceño de ambas Slytherins—. Pero si debéis de iros, el dinero para pagar el alojamiento lo pongo yo.
Daphne le golpeó las costillas a Pansy en cuanto esta soltó una carcajada al no estar acostumbrada a ver a su amigo tan amable y dedicado. De lo que era capaz de hacer Draco por lograr una buena imagen.
—No hace falta, lo tengo todo pensado —con las manos entrelazadas en el estómago, Daphne se adelantó, dando un paso y posando primero el talón para acabar virando la punta del pie—. Los únicos cabos sueltos, son el permiso de la familia Weasley para realizar una transferencia de mi cámara de Gringotts a la suya y tres bolsas de tu oro, Draco.
Una exclamación contestó al discurso junto con el asentimiento de confianza del Slytherin.
—No aceptaré tus monedas aunque deba de decidir entre eso y la muerte—soltó la pequeña pelirroja, ofendida.
—Estoy muerta, mis monedas se las queda el banco si en menos de un año no se retira el dinero de allí. Y Pansy está en las mismas.
—¿Y por qué un año?
—Porque para los duendes es igual a un estornudo, hablando de tiempo. Para ellos es muy poco y para los magos es suficiente para sacar el dinero de la cámara.
—¿Y cuánto dices que tienes y nos vas a dar? —preguntó Ron, buscando en su bolsillo un trozo de pergamino para apuntarlo—. Serán los intereses de llevarte a Hermione y a mi hermana contigo, tenlo en cuenta... Me he callado porque sé que mis gritos no van a servir de nada, pero si fuera por mí os echaba a las dos a patadas y sin recuerdos ni de haber nacido.
Daphne ignoró la amenaza.
—Mmh... pues mis padres han estado ingresando cada mes desde que nací veintinueve mil cuatrocientos cuarenta galeones para mi futuro... durante diecisiete años... Es decir, que sin contar lo que he ganado con mis negocios en Hogwarts durante dos años... son... alrededor de los seis millones de galeones, sobrepasando.
—¡¿QUÉ?! ¡Mamá dale el permiso para que haga la transferencia! —chilló Ron.
—¡Mamá! ¡No! ¡Di algo!
—¡MAMÁÁÁ!
—¡MAMÁÁÁ!
Molly boqueó con la boca, sin palabras, ignorando la pelea de chillidos de sus dos hijos.
—Señora Weasley, el dinero servirá tanto como para los gastos de la guerra por parte de la Orden como para pagar la casa muggle en la que nos hospedemos, será un desperdicio que otros seres lo utilicen para su ocio y placeres.
—¿Y qué te parece si en vez de dárnoslo a nosotros, Ginny ocupa una cámara y lo ingresáis ahí para las dos? Después de todo, con el dinero de los miembros de la Orden ya tenemos suficiente.
Perseus asintió, riendo. Él provenía de una familia de ricos y se había llevado un buen pellizco de la herencia por ser hijo primogénito.
—¿Para las dos?! —el rubor en la menor de los Weasley, que superó con creces a su tono de cabello, se contagió en Daphne.
El enrojecimiento de Ginny provenía de la ofensa y el enfado; el de Daphne, por malinterpretar las palabras.
—Eehh... Mh —tragaron saliva, contactando fugazmente la mirada y desviándola.
Qué incomodidad el tener que fingir que estaban bien enfrente de los adultos.
—¿En qué piensas, Pansy? Te veo muy callada.
La Slytherin alzó el mentón como reconocimiento a su nombre a través de la voz de Draco. Dejó de ver interesante el hombro de Hermione para observar a Malfoy. Con un esbozo de sonrisa, llena de "No sé qué voy a hacer, pero sí con quién así que dejo que me guíen", levantó la mano con la que estaba unida y se arremangó por el calor. Percibió la incomodidad de Helena y los presentes al contemplar la Marca Tenebrosa palpitando como si estuviera viva.
—Si Él viera a quién estás agarrando con el brazo de la Marca... —murmuró Malfoy, ausente en sus pensamientos.
Cerró los ojos con verdadero dolor al presenciar una escena fugaz de lo que Lord Voldemort sería capaz de hacer si se enterase de lo suyo con Harry.
—Teniendo en cuenta que ya lo sabe... —se encogió ella de hombros, indiferente—. Ahora estamos en un nuevo plan, que es simplemente huir, huir y huir.
—¿Plan B? —sonrió Draco.
—Después de las mil y una aventuras, quizás plan Z número quinientos tres —bufó Pansy.
—No vamos a huir, huir y huir, no sé de dónde has sacado la idea —interrumpió Granger, frunciendo el ceño al ir de Slytherin a Slytherin—. Aprovechando que Harry y los demás están en busca de los Horrocruxes, nosotras nos enfrentaremos por la retaguardia. A su debido tiempo.
—¿Horrocruxes...? —murmuró Pansy, balanceando las manos que tenían entrelazadas para que contestara rápido.
—Es una larga historia, créeme, muy larga.
—Creía que nos íbamos porque ellos no confiaban en mí —bisbiseó—, y que ese plan del apartamento sólo era para Weasley y Daphne.
—Primero conseguiremos un piso para las cuatro, después será como si fuera otro cuartel de la Orden. Estamos en guerra y no pararemos hasta ganarla.
Alastor se adentró, cojeando, en el círculo donde las chicas eran las protagonistas.
—Nada de traiciones, mortífaga —gruñó Alastor, señalándola con efusividad. Parkinson arrugó la nariz, creando una expresión de asco y superioridad digna de su antiguo yo—. Obedecerás a la Orden, te mantendrás alejada de la información y no saldrás del piso sin que una de ellas dos te acompañe —el ojo falso se removió de arriba a abajo repasando la figura que estaba a la defensiva. Poco después, la pupila de cristal se quedó fija en Daphne—. Está claro que tú también estás incluida en estas advertencias.
Con un ruido gutural, parecido a un asentimiento, Alastor regresó a la chimenea. Hermione le dio a Ginny un toque en el codo y ésta carraspeó:
—Mmh, bien, si no hay más... nos vamos ya. Oh, claro, el borrado de memoria...
—¿Dónde iréis primero? —preguntó Lupin cuando Pansy se acercó a Tonks para que ésta utilizara un Obliviate sobre ella.
—Primero a Gringotts, y acabo de recordar que necesitamos capas para cubrirnos —empezó Greengrass—. Ah, mi varita también me sería muy útil tenerla en este viaje...
¿Sabéis cuando empezáis a hacer algo, os despistáis, vienen otros asuntos, os olvidáis por completo de lo que hacíais y vuestra mente se vuelve tan imbécil que se piensa que ya ha hecho lo que habéis empezado? Bueno, pues ya sabéis por qué he tardado tanto en subir el cap T.T
Espero que el capi valga la pena la espera de hoy :D y sorry por esta metedura de pata, podría haber dicho que me caí por las escaleras y así ya me salvo de quedar como una olvidadiza, pero no me aburro tanto como para eso jajjaja ¡buen finde!
