Hola a todos…
¿Qué tal les va? ¿Ya listos para empezar el fin de semana? Espero que la pasen muy bien…
Ya no los entretengo mucho porque hoy tenemos un capítulo largo…
HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
QUINTO LIBRO: FAMILIA
CAPÍTULO 55: "RESULTADOS"
"Lo que impresiona de un hombre no es su mente, sino el resultado de ésta"
Walter Bagehot.
Inglaterra, julio del 2005.
No fue necesario para Draco llegar muy lejos, antes de siquiera haber abandonado la fábrica uno de los chicos que trabajaba con Harry: Sergio Laurent, si es que no se equivocaba, llegó corriendo por el pasillo que intercomunicaba la fábrica con la escuela de defensa. Gael, que había visto a su amigo salir corriendo por uno de los pasillos lo había seguido silenciosamente, tratando de entender por qué actuaba así.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó rápidamente Draco, obviando los saludos, no estaba para eso en ese momento.
El chico le dio una mirada de asombro antes de negar con la cabeza, seguramente preguntándose cómo es que Draco podía saber que algo había pasado.
—Señor Malfoy, lo siento, no lo sé bien, Cleave se ha comunicado conmigo, dice que ya habían terminado la misión y que Zabini se estaba escapando, que ellos lo capturaron y de pronto el jefe simplemente cayó de la escoba y…
—¿Cayó? ¿Cómo que cayó?
—¿Él está bien? —preguntó Gael a la vez que Draco.
—No saben cómo, simplemente se desplomó, lo han llevado a San Mungo, pero no quieren dar informaciones porque dicen que sólo un familiar puede recibir…
Draco no terminó de escuchar, corrió en dirección contraria, hacia las chimeneas que lo llevarían a San Mungo.
*
—Draco espera —pidió Gael mientras Draco seguía corriendo por el inmenso pasillo que daba a la sala de emergencias. Nunca se le había hecho tan largo un pasillo. Tal vez sí, una vez, cuando había tenido que avanzar uno igual de largo pero no en San Mungo, sino en una morgue, para reconocer el cuerpo de su madre. Negó con la cabeza, Harry está bien, sólo será una tontería y lo mataré por asustarme así, se dijo, pero el ritmo frenético de su corazón, la forma como sus manos y piernas temblaban, el frío en su piel... El pánico le decía que no todo estaba tan bien.
—Draco —repitió Gael con cansancio, Draco se detuvo en seco, recién recordando la presencia de su amigo.
—Qué.
—Que Mikel dice que ya viene, que lo esperes porque es probable que no te dejen entrar —explicó Gael, tenía el móvil mágico en la mano y lucía avergonzado.
—Es mi pareja, por supuesto que me tienen que dejar entrar —bramó Draco empujando las puertas de emergencia y llegando hasta la recepción donde una enfermera vieja y gorda lo miraba con el ceño fruncido.
—No siempre funciona así —replicó Gael, aunque Draco no le estaba prestando atención, estaba más ocupado calmándose para no parecer tan borde delante de la mujer, seguro que así conseguiría un mejor efecto.
—Buenos días, enfermera —saludó con voz articulada y calmada, le sorprendió lo calmada que salió, el saberse aún dominador de sus nervios de ser necesario —, mi pareja está internado y necesito saber cómo se encuentra.
—¿Nombre? —preguntó la mujer con nada de carisma, Draco se obligó a no maldecirla en ese momento y a no cambiar la expresión de su rostro.
—Potter, Harry Potter.
—Ah, Potter —suspiró la mujer y por un instante sonrió, Draco trató de no arrugar la nariz por el asco de imaginar a esa mujer fantaseando con su Harry —. Está en emergencia, no pueden pasar a verlo, según las políticas del hospital sólo la familia consanguínea o la esposa puede hacerlo, y según sé no está casado.
—Pero yo soy su pareja.
—Eres un chico y él es un chico, hasta donde tengo entendido no hay matrimonios entre los de su clase —explicó dándole una mirada más atenta a Draco; por un instante pareció reconocerlo.
—Y hasta donde yo sé la discriminación se paga así que cuide su boca si no quiere que la demande o presente una queja.
—Nadie te está discriminando, y así protestes igual no pasarás, está prohibido, ya lo he dicho, sólo familia consanguínea y esposa.
—Pero él no tiene familia consanguínea —alegó Gael, interrumpiendo a Draco y sujetándole el brazo con algo de fuerza —; toda la mató ese tal Voldemort.
La enfermera soltó un chillido y retrocedió un par de pasos mientras varias personas más, que estaban cerca, los miraron de manera reprobatoria.
—No pasarán, punto —bramó la enfermera mirándolos más de lejos, como si acercarse a ellos implicara contagiarse de algo.
—Sí que lo haremos, él no tiene porqué estar aquí, no hay nadie dentro que vele por él y es más, este lugar no me gusta, lo quiero llevar a una clínica, a donde trabaja nuestro medimago personal —siguió protestando Draco.
—¡Ja!— la mujer pareció más contenta aún —; este lugar es el mejor de toda Inglaterra y de Europa, tenemos un reconocimiento que lo demuestra —dijo señalando hacia uno de los diplomas que decía "Premio en servicios de Salud 2004" —y hasta que el señor Potter no pueda firmar una autorización no lo trasladaremos a ningún lado y hasta que no salga de emergencias tampoco los dejaremos pasar a verlo, así que ya pueden ponerse cómodos y sentarse junto con el resto de mortales.
Draco entrecerró los ojos, su cuerpo luchando entre la angustia y el pánico. Gael lo jaló con un poco más de fuerza hasta que consiguió hacerlo caminar hacia los sillones y finalmente hacerlo sentar.
—Mikel llegará en cualquier momento —le consoló Gael sentándose a su lado y pasando un brazo por los hombros.
—Pero... ella ni siquiera me quiere decir... ——Draco soltó un suspiro de exasperación y saltó de su asiento cuando algo vibró en su bolsillo derecho —. Genial, justo ahora —protestó molesto mientras sacaba el móvil mágico, similar al que tenía Gael y la mayoría de sus amigos.
—Diga —dijo luego de tratar de calmar la voz.
—¿Draco? —era la voz de una mujer y a Draco le costó identificarla —Querido, soy yo, la señora Weasley, Ron me ha prestado esta cosa, la verdad es que sigo sin entender exactamente cómo es que funciona pero... —Draco puso los ojos en blanco y estuvo tentado a colgar sin ningún tipo de ceremonia, pero entonces escuchó en el fondo el llamado de una medibruja a uno de los laboratorios. La voz de esa locutora era similar a la que él estaba escuchando en ese momento.
—¿Señora Weasley, dónde está?
—En San Mungo, cariño, para eso los llamaba, sé que Harry no está, pero en cuanto puedas comunicarte con él dile que Hermione ya entró en labor de parto... —la señora dudó por un momento y pareció que alguien le decía algo antes de seguir —¡Está vez es en verdad! —aclaró, refiriéndose a todas las veces anteriores en que no habían sido más que falsas alarmas.
—Claro —respondió con voz ronca, sintiéndose culpable por mentirle de esa manera, pero no había mucho que pudieran hacer, aunque si Weasley decía que quería información tal vez... pero Ron estaba ahora con Hermione y no debía despegarse de su lado —, yo le digo, no se preocupe.
—Oh, de acuerdo, cariño —dudó nuevamente —sabes que puedes venir ¿verdad? nos gustaría que lo hicieras, estamos todos esperando, pero pronto nacerá y entonces podrás ver al bebé también.
—Sí, lo sé, intentaré llegar, ¿en qué piso están?
—Quinto.
—De acuerdo, yo le digo a Harry en cuanto pueda contactarlo y —ahora fue el turno de dudar hasta que finalmente carraspeó y soltó el aire con lentitud —dígale a Ron y Hermione que les mandó ánimos y que Harry seguramente también lo haría si pudiera.
—Gracias, Draco, te veo pronto —respondió la mujer, luego hubo un pequeño alboroto y la comunicación se cortó, Draco se quedó mirando el aparato por un momento más y luego negó con la cabeza.
—¿Pasó algo malo?
—¿Peor que tener a Harry en una sala de emergencias y no poder verlo dices?
—Lo siento —murmuró Gael y Draco se dejó caer hacia atrás, hacia el respaldo de la silla, y cerró los ojos por un momento, concentrándose en Harry, en sentirlo, era algo que no habían hecho mucho, pero que sabía funcionaba, si es que estaba tranquilo y concentrado, pero no pudo percibir otra cosa más que ese pánico y ese terror. Negó con la cabeza y abrió los ojos, Gael lo miraba preocupado.
—Mikel vendrá y...
—Por más que venga no me dejaran verlo, puedo ser su novio o esposo pero ellos no lo reconocerán, y ni siquiera sabemos que es lo que tiene o...
Cleave salía de la sala de emergencia en ese momento, parecía hasta avergonzado y refunfuñaba contra el guardia, en cuanto giró y vio a Draco y Gael su mirada se iluminó y, sin importarle los otros pacientes doloridos que estaban por allí, corrió hacia ellos, haciendo bastante bulla.
—Señor Malfoy, señor Malfoy —jadeó en cuanto Draco se puso en pie.
—¿Qué ha pasado?
—El jefe se cayó de la escoba, no le había dado ningún hechizo, simplemente se cayó sin que nadie lo empujara, cuando ya iba a llegar al piso el auror ese que es amigo suyo, Joel no sé qué, lo detuvo y evitó que se rompiera cualquier cosa, pero no despierta y los medimagos no dejan que nadie entre a verlo, yo lo hice un momento pero luego me encontraron y me sacaron... —relató con voz acelerada.
—¿No despiertas dices?
—No, probaron unos hechizos... no sé cuales.
—¿Enervate? — preguntó Gael.
—Sí, ese creo y otros, pero no pasa nada...
—¡Mierda! —bramó Draco hacia la enfermera —. ¿No entiende? No hay nadie que lo pueda ver, soy su pareja, por todos los demonios, ¡Harry ni siquiera se puede despertar!
—Las reglas son las reglas —le respondió la mujer y Draco no estaba tan seguro de que ella no disfrutara con maltratar a la gente de esa forma. Sintió la mano de Gael sobre el hombro, tratando de detenerlo y también consolarlo.
—Mikel...
—Ya, ya —bufó Draco aún sin soltarse de su amigo —; llegará pronto, lo has dicho unas veinte veces.
Gael pareció a punto de contestar mientras Cleave, que no conocía a Draco de tan mal carácter, retrocedía unos pasos, Draco se sintió ligeramente culpable por ser tan malo con su amigo, pero no podía contenerse.
Un instante después, usando la túnica de medimago y bastante agitado, apareció Mikel, le dio una mirada extraña a Gael, que inmediatamente soltó a Draco y retrocedió unos pasos.
—Draco —saludó con una inclinación de cabeza.
—Hola, me dicen que no puedo entrar y menos trasladarlo, lo quiero llevar a la clínica, tú lo puedes atender allá, no confío en los que están aquí, además él no ha despertado.
—Bien, si no ha despertado tú puedes llevártelo sin esperar su autorización —le explicó Mikel con el tono paciente de siempre.
—No, no puedo, la mujer esa —dijo señalando con poca elegancia a la enfermera —dice que sólo la esposa o la familia consanguínea.
—¡Pero tú eres su esposo! —espetó Mikel, Draco escuchó a la enfermera bufar.
—Sólo se reconocen matrimonios mágicos.
—De acuerdo —Mikel tomó de un brazo a Draco y lo jaló hacia el mostrador, a su alrededor los pacientes que esperaba turno los miraban confundidos y hasta divertidos —. Traiga una forma de traslado para que la firme el esposo de Harry Potter, por favor.
—Mikel —susurró Draco, la unión que habían hecho era secreta, por supuesto, y sabían que no era legalmente una unión de matrimonio, no en toda regla al menos.
—Sólo mágicamente —repitió la mujer.
—Traiga la forma, si es que no fuera mágicamente no le permitiría firmar ¿no es así? por suerte las formas son más inteligentes que gran parte del personal de este sitio.
La mujer entrecerró los ojos, parecía furiosa, mientras se inclinaba hacia uno de los extremos y jalaba unos cuantos pergaminos, le entregó uno en color lila a Mikel y una pluma.
—Están desperdiciando una forma y tiempo —opinó a pesar de todo la mujer; Mikel la ignoró y fue rellenando todos los datos que sabía de Harry, preguntándole ocasionalmente a Draco una que otra cosa.
—Listo —informó Mikel —; yo soy su medimago personal y él su esposo, lo trasladaremos a una clínica privada.
—Primero que el supuesto esposo firme —le retó la enfermera apoyando los codos en el mostrador y mirando a Draco burlonamente; Mikel hizo un asentimiento y le pasó la pluma a Draco, que no entendía exactamente qué era lo que pasaba y simplemente firmó, esperando que todo terminara más rápido, que dejaran de hacerle perder el tiempo en ese tonto sitio.
Cuando Draco estampó su firma la enfermera soltó un jadeo ahogado.
—No puede ser...
—¡Oh, vamos!, no sea tan dramática y muévase, que tengo un paciente que atender —replicó Mikel con claro enfado en la voz mientras le hacía un gesto de despedida a Gael y jalaba a Draco de un brazo hasta la puerta de entrada a emergencia. El guardia que había estado mirando todo de manera curiosa le dio una mirada más a la enfermera que simplemente asintió para que los dejaran pasar.
*
Jules Weasley nació el martes veinte de julio, en el quinto piso del hospital para enfermedades mágicas de San Mungo. Lloró bastante y por suerte no hubo mayores complicaciones que la de una Hermione histérica con ganas de dirigir hasta su propio parto y un Ron al borde del desmayo cada vez que asomaba la cabeza para ver el progreso de su primogénito.
Todos los Weasley y los padres de Hermione estaban tratando de obtener las mejores imágenes del pequeño y pelirrojo niño mientras Ron observaba a su pequeño con la boca ligeramente abierta, no creyendo que pudiera ser tan pequeño y a la vez tan perfecto. Hermione, cansada, sonreía con alegría hacia los demás, orgullosa del inicio de su familia, lamentablemente solamente faltaba el padrino para que la felicidad estuviera completa, aunque sabían que estaba trabajando y que probablemente pronto estaría de vuelta para que pudiera conocer al pequeño.
Mientras la familia Weasley se multiplicaba, Draco seguía a Mikel a través de los tópicos y pasillos de la sala de emergencia, sus pasos, al igual que los de Mikel, eran rápidos y cargados de temor. Miraba a todos lados, esperando ver en alguna camilla, en algún lugar, la cabellera alborotada de Harry y encontrarlo ya despierto y esperando, aunque la presión en su pecho le decía que no, que no lo encontraría así.
—Bien, ya está todo coordinado —comentó Mikel hacia Draco, deteniéndose delante de una puerta —; sólo tenemos que esperar a la señal, en la clínica ya lo están esperando.
—¿Aquí? —preguntó Draco mirando la puerta cerrada.
—Pues claro, ¿acaso pensaste que lo dejarían en el corredor?; además está inconciente, es considerado de cuidado.
—¡Oh, Dios!
—Calma, seguramente el vínculo hace que te sientas peor, pero no te preocupes, estoy seguro que no se trata de nada malo, nada realmente malo —trató de tranquilizarlo Mikel mientras empujaba la puerta para poder ingresar.
Draco prácticamente empujó a Mikel a un lado para entrar, aunque fuera por el vínculo que se sentía peor eso no importaba, necesitaba verlo y constatar con sus propios ojos que todo estaba bien. Pero no lo estaba.
Harry estaba sobre la cama, una sábana blanca cubría su torso desnudo y una gran cantidad de hechizos alrededor sonaban de manera descoordinada, en la mesa una fila de pociones, no todas completamente llenas.
—Bien, necesito que te pegues a él y lo tomes de una mano para hacer el traslado contigo porque si no te dejaríamos aquí y tendrías que llegar solo a la clínica —continuó explicando Mikel mientras juntaba las pociones levantaba los pergaminos que eran la historia médica de Harry del pie de la cama y empezaba a calibrar los hechizos controladores.
Draco no le prestó atención, antes de que el chico se lo hubiera pedido ya estaba al lado de Harry, había apartado el cabello de la frente, dejando ver la cicatriz mucho más roja por la palidez de su rostro. Harry por lo general no era pálido, no le gustaba verlo así, sólo podía significar que estaba muy enfermo. Sus labios estaban resecos y entre abiertos y respiraba pausada y lentamente. Draco lo sujetó de una mano, ésta se sentía fría, helada.
—¿Por qué está así? —preguntó hacia Mikel que seguía dando vueltas alrededor.
—En medio minuto más estaremos en la clínica.
—¡Mikel! —protestó Draco sin dejar de observar todo lo que el chico hacía.
—Luego, en la clínica… —Mikel de pronto sacó algo de su bolsillo, un pequeño disco grueso y transparente y lo dejó sobre la cama, a los pies de Harry, dio una mirada alrededor y asintió; en ese momento Draco experimentó la más extrañas de las apariciones, sintió el cuerpo de Harry y el de Mikel pegarse más a él, también la cama, las sábanas y pociones, el ruido de los hechizos se hizo mucho más agudo e insoportable, era como si trataran de meter toda la habitación en un pequeño armario. El estómago le dio una vuelta y no estuvo seguro de si realmente estaba derecho o de cabeza, hasta que por fin sus pies tocaron el piso y la sensación desapareció mucho más rápido de lo que había pensado.
—Draco, ya era hora —suspiró Gael a un lado, Draco frunció el ceño, aquel lugar era mucho más iluminado que el de San Mungo, había una gran cantidad de medimagos alrededor de Harry y lo apartaron de él con muy poca delicadeza.
—¿A qué hora llegaste? —preguntó Draco sin dejar de mirar a Harry y los hechizos que le practicaban,
—Recién, todos estaban frenéticos, esperándolos, incluso dijeron que estaban tardando demasiado y temieron que la condición de Harry fuera… —se detuvo cuando Mikel levantó la cabeza y le dio una mirada de advertencia y entonces Gael simplemente negó con la cabeza.
—Hola Draco, que bueno que llegaron —saludó Zettie llegando en ese momento, traía entre manos un gran grupo de pergaminos y un par de pociones, Draco las conocía, él mismo las había hecho, aunque no entendía por qué la mujer estaba allí.
—Hola, Harry está herido, creo —explicó arrugando la frente, ahora que lo recordaba nadie había dicho nada de que se hubiera lastimado, es más, hasta lo habían salvado de dar contra el piso —. O al menos…
—Se desmayó y no despierta —clarificó la mujer, parecía contenta.
—Pues…
—Medimago Mikel, supongo que ya probó su teoría.
Mikel asintió fastidiado.
—Sí, no hay ningún envenenamiento ni hechizo encubierto, aunque tiene una rara interacción de magia… es extraño —Draco les dio miradas confundidas.
—Ahora, Draco, debes calmarte ¿de acuerdo? Sé que por el vínculo las cosas se sienten peor, pero en un momento más todo estará bien —le trató de tranquilizar la medibruja mientras se acercaba a la cama de Harry, los demás enfermeros y medimagos que habían estado sobre él se apartaron.
—¿Qué estás diciendo? Es una emergencia, ¡por todos los demonios! —casi gritó Draco —; y ustedes actúan como si fuera un día de campo.
—¡Oh, bien! Parece que el mal carácter es tuyo —bufó la medibruja e hizo un ademán a todos para que salieran, Mikel le dio una mirada de desilusión —. Prefiero que sea privado, al menos por ahora, estoy segura de que pronto Draco les dirá más —les dijo la medibruja, finalmente Mikel y Gael, junto con los otros medimagos y enfermeros, salieron de la habitación, no sin antes darle mirada de ánimo a Draco, que ya estaba al lado de Harry nuevamente, tomándole la mano que seguía tan fría como al inicio y dándose cuenta de que el sólo hecho de tocarlo así, de tenerlo cerca y poderlo mirar lo dejaba más calmado.
—Ah, es maravilloso ese vínculo —suspiró la medibruja mientras levantaba la varita hacia Draco.
—¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Draco cada vez más enfadado, allí estaba Harry en la cama, inconciente y ella actuaba como si nada pasara.
—¿Aún no te has dado cuenta?
—Evidentemente.
La medibruja soltó una carcajada y levantó uno de los frascos de poción.
—Creo que es momento de iniciar con esto.
—No, eso es aún hasta que uno de los dos… —Draco abrió los ojos y miró hacia Harry y luego hacia el frasquito que volaba sobre ellos —. No puede ser.
—Pues… déjame hacer el hechizo.
—Claro… pero hay que darse prisa si es que él está… ¿Por qué sería él quien está?
—Es lo que me parece más lógico —explicó ella mientras levantaba la varita —y por lo que dijo el chico que trabaja con él, no hay razón para que esté así, excepto un desbalance en el nivel de magia, pero claro, Mikel ya probó eso —dijo adelantándose a lo que Draco iba a replicar —, sin embargo estoy segura que nadie ha probado con verificar si hay alguien más interfiriendo con su magia.
—Alguien como un bebé —pensó en voz alta Draco.
—Exacto —asintió la mujer —ya lo teníamos pensado, ¿recuerdas?; la mayoría de brujas lo experimenta durante el inicio del embarazo, cuando su cuerpo se está acostumbrando a tener al bebé en su interior, sin embargo, no llegan a quedar inconcientes a menos que realicen un despliegue mayor de magia; Harry estuvo en una misión, por lo que me dicen, así que… —se encogió de hombros suponiendo que su explicación había sido comprendida por completo.
—Oh —masculló Draco viendo como Zettie levantaba la varita y susurraba un par de palabras, la varita dejó salir unos rayos de color rosa y estos se posaron sobre el abdomen de Harry; él ya había visto antes la realización del hechizo: si es que había un bebé, o el inicio de una vida en el interior, los rayos rosas serían rechazados y saldrían disparados hacia el techo; si por el contrario, no había tal bebé los rayos pasarían a través de Harry.
Draco apretó un poco más la mano del inconciente Harry, mientras veía como los rayos volaban hacia el techo y eran repelidos con mucha fuerza.
—Vaya, tenemos a alguien muy fuerte allí dentro —exclamó la mujer con una gran sonrisa.
—Yo… —Draco, por primera vez en mucho tiempo, no supo qué decir.
—No te preocupes, no debes decir nada, no a mí al menos, —con un movimiento más de varita la poción que flotaba sobre ellos bajó hasta la altura de la mano de Draco y luego los demás hechizos que sonaban en la habitación se detuvieron —; ya sabes, dale la poción para estabilizar su magia, una toma en la mañana, una en la noche y pronto seguiremos con todo lo demás, por lo que veo esto recién lleva más o menos tres semanas, así que tendremos mucho trabajo.
Draco volvió a mirar hacia Harry y recordó aquella noche en el laboratorio, tres semanas atrás más o menos, cuando habían estado tristes tras la noticia de que aún no habían logrado concebir.
—Pero… él no ha despertado y…
—Sólo ponla en sus labios, él la beberá y luego despertará, prefiero dejarlos solo por ahora, para que estén más cómodos, creo que se lo merecen —sonrió guiñándole un ojo, recordando lo tristes que habían estado cuando había hecho el primer diagnóstico negativo —, si pasa algo malo, que no pasará, me llamas, afuera están todas las enfermeras y demás.
—Claro… yo… Gracias
—Anda, despiértalo de una buena vez para poder iniciar con todo el tratamiento y el estudio.
—Sí —asintió rápidamente Draco.
—Y, Draco —agregó la mujer deteniéndose delante de la puerta y girando hacia él —te felicito, ya te dije, cuando nos conocimos, que me parecía asombroso que hubieras ideado algo así, que eras verdaderamente un genio, y el ver que esto está funcionando no hace más que demostrar que lo eres. Muchos te recordaran por esto.
—Gracias… aunque no lo hice para que me recordaran —Draco sonrió imaginando nuevamente a su pequeño, a un pequeño fruto de él y de Harry —, lo hice por él y por mí.
—Lo sé, ambos serán muy buenos padres, ambos se lo merecen —asintió la mujer.
—Eso espero —suspiró mirando hacia Harry, que permanecía imperturbable, en cuanto la puerta se cerró destapó el frasco de poción, con mucho cuidado levantó la cabeza de Harry un poco e inclinó el frasco sobre los resecos labios. Las primeras gotas de la poción cayeron sobre la mandíbula de Harry pero al instante siguiente su garganta tragaba el resto del contenido, Draco sintió como la piel se calentaba e incluso las mejillas y labios ganaban color.
Cuando posó a Harry sobre la cama nuevamente éste ya respiraba más calmado, y su rostro asemejaba a sólo estar durmiendo y no enfermo. No pudo resistir la tentación y terminó de destapar a Harry, su torso estaba desnudo, y puso una mano sobre el marcado abdomen, una extraña sensación lo llenó, era una mezcla de miedo y anhelo, casi podía jurar que había magia pura en ese sitio…
—¿No te parece que no es el lugar ni el momento? —preguntó Harry en ese momento, su voz lo hizo sobresaltarse y retroceder mientras éste se sentaba. Ni siquiera había notado en qué momento el pánico de su pecho había cambiado por esperanza y alegría.
—¡Harry! —Draco negó con la cabeza —. Eres un tonto, te caíste de la escoba.
—Gracias, cariño, es justo lo que necesito para sentirme mejor —suspiró Harry jalando los cobertores nuevamente, no recordaba más que haber estado volando y luego la pesadez y la oscuridad caer sobre él.
—Tengo derecho a estar enojado, ¿sabes? No tienes ni idea de lo difícil que fue que me dejaran verte en ese San Mungo de porquería y luego traerte aquí y…
—¿Esto no es San Mungo?
—No, es la clínica del Buen Merlín, donde trabaja Mikel —explicó Draco mientras se acercaba nuevamente a la cama y se sentaba en ella.
—Ah… con San Mungo hubiera bastado, honestamente no creo que sea necesario exagerar, estuve despierto toda la noche y seguramente estaba agotado y…
—Casi te rompes el cuello al caer y eso no es todo, nadie podía despertarte —le interrumpió Draco, Harry negó con la cabeza.
—Estás exagerando, seguramente, como he estado bajo mucha presión estos días, me puse algo débil, pero no es nada de cuidado, es la primera vez, después de todo, en que me desmayo.
—¿Antes ya habías tenido estos mareos?
—Curioso nombre, yo lo llamaría cansancio extremo.
—Y yo Gryffindor descuidado —se quejó Draco dándole un golpe a Harry en el brazo.
—Wow, Gryffindor, si hemos llegado a ese punto es porque en verdad te asusté, lo siento, ¿de acuerdo? —se excusó Harry con voz calmada, jalando a Draco por los brazos para abrazarlo —; prometo ser más cuidadoso y no dejarme caer de la escoba aunque esté en medio de un gran desmayo.
—Eres un idiota —protestó Draco abrazado a Harry y escondiendo su cabeza en el cuello ahora tibio del chico. Sus manos fueron a la cintura y se resistió a volver a tocar su vientre.
—Y te amo —continuó Harry ignorante de porqué Draco estaba de pronto tan emocionado, casi lo podía sentir al borde de las lágrimas, era como si hubiera sido sometido a un gran esfuerzo emocional y esas fueran las consecuencias.
—Y yo… Los amo —declaró finalmente, separándose de Harry lo suficiente para ver su desconcertada expresión.
—¿Qué?
—Lo que dije, a ti y a nuestro bebé —se animó finalmente a poner una mano en el vientre desnudo de Harry que jadeó por la sorpresa.
—Dices que… ¿esos mareos y…? —Harry soltó un pequeño jadeo —Wow ¿eso fue…? —preguntó extrañado por aquella sensación de magia.
—Ajá, me lo acaba de confirmar Zettie —le explicó Draco acercándose más a él pero sin sacar la mano del vientre plano y musculoso de Harry.
—Entonces yo…
—Los amo —repitió Draco acercándose a él y besándolo —, de verdad que lo hago.
Finalmente Harry sonrió, y se abrazó a Draco, ambos se dejaron caer sobre la cama, besándose muy lentamente para luego juntar las cabezas y ambos mantener la mano en el abdomen de Harry.
—De ahora en adelante no más vuelos en escobas —le advirtió Draco.
—Vaya… aún no lo puedo creer….
—¡Potter! —reclamó Draco.
—Ya, ya, no más vuelos en escobas, pero…
—¿Sí?
—¿Es verdad? ¿Estás seguro?
—Sí, tendremos un niño, Harry.
—Realmente lo haremos —susurró Harry aún incrédulo, no queriendo levantar más la voz, no queriendo romper el momento.
*
HARRY POTTER LO HABRÍA HECHO DE NUEVO:
Ante ustedes una nueva y muy extraña noticia, tenemos entendido que el día de ayer Harry Potter, quien fuera denominado como el "Salvador del mundo mágico", fue ingresado en San Mungo, por el área de emergencias, al parecer había sufrido un accidente laboral. Como es conocido por todos Potter, que fuera auror, uno de los mejores de su clase, abandonó el cuerpo de aurores tras revelar que mantenía una relación de muchos años con Draco Malfoy y en la actualidad trabaja como agente independiente, dando clases en su muy conocida escuela de Defensa y además brinda sus servicios a todos los que necesiten ayuda para resolver casos y no quieran hacerlo a través del Ministerio.
Es en uno de estos trabajos que sufrió un accidente y cayó de la escoba, quedando inconciente. Fue ingresado en calidad de Gran emergencia a San Mungo e instantes después llegó Draco Malfoy, buscando que le dieran información sobre su pareja y que además lo dejaran entrar a verlo e incluso trasladarlo.
"El hospital cumplió con informarle de la mejor manera posible al señor Malfoy que no era posible permitirle ver al señor Harry Potter por el momento, pues, a nuestro parecer estaba muy delicado y además no era un esposo o familiar directo, que es lo que nuestras leyes establecen", explicó una muy amable enfermera a este diario. Y aunque todos sabemos que Draco Malfoy es la pareja oficial de Potter y vive con él desde hace muchos años no existe una ley que le permita verlo en un caso como este, al no ser su esposo legal ni mágicamente, sin embargo, y esto es lo que nos sorprende, el medimago de la "familia", Mikel Hayman, quien antes trabajaba en San Mungo y fue echado por un problema de ética, llegó a la sala de emergencias y, de muy mala manera, aseguraron varios de los trabajadores del hospital, solicitó que le permitieran hacer el traslado de un inconciente Potter, a lo que el hospital respondió de la misma manera que a Malfoy, pero Hayman insistió en hacer que Malfoy firmara la forma de traslado, argumentando que era su esposo.
Sabemos muy bien que aunque el Ministerio ha iniciado (gracias a Potter, entre otros) una campaña en post de la igualdad de derechos y oportunidades, evitando así la discriminación, aún no ha autorizado la unión legal o mágica entre dos magos del mismo sexo, y a pesar de eso Malfoy pudo firmar las formas para autorizar el traslado de Potter a una clínica privada.
Estas formas están hechizadas para que sólo el que tiene un lazo verdadero, mágico o legal pueda firmarlas, como medida de precaución y para agilizar procesos. Está de más decir que todos en el hospital quedaron sorprendidos por el hecho de que Malfoy sí estuviera unido a Potter de aquella manera, es decir, ¿Draco Malfoy ya no es más Draco Malfoy sino Draco Potter? ¿Están mágicamente unidos? ¿Esto no representa un crimen y un delito ya que el Ministerio no ha autorizado dichas uniones?
En la actualidad no se conoce ningún rito de enlace que permita la unión de dos magos del mismo sexo, y en los registros muggles no hemos encontrado nada acerca de la unión bajo esas leyes de ellos dos, así que estamos muy curiosos a la forma como Potter ha logrado romper las leyes nuevamente y salirse con la suya.
Dasha Ogden
Draco bufó y tiró el diario a un lado de la cama.
—Claro, de manera amable, sí, cómo no.
—¿Estás renegando tú solo de nuevo? —preguntó la adormilada voz de Harry al costado, apenas estaba amaneciendo pero Draco no había podido dormir muy bien en aquella cama de la clínica donde habían pasado la noche, sólo por precaución.
—Es que estos idiotas de "El Profeta" han contado todo lo que ha pasado ayer —protestó Draco de mal humor.
—Ya, menos mal que llamamos a los Weasley —suspiró Harry sentándose, Draco le dio una mirada apreciativa y el mal humor desapareció por completo.
—¿Cómo has dormido? —preguntó pasando un par de dedos por el cabello desordenado y tratando inútilmente de ordenarlo.
—Supongo que bien, sigo creyendo que entre tú y Zettie exageran demasiado.
—Y yo que eres un loco imprudente que no mide las consecuencias —respondió Draco encogiéndose de hombros y jalando a Harry para darle un beso.
—Y así me quieres —replicó Harry en cuanto se apartaron.
—Pues qué se le hace, ¿verdad?
—¡Oh, que cruel! —protestó Harry con falso tono herido.
—Ya, ya, que muero de hambre, ¿qué tal si nos vamos a casa a desayunar?
—Si es que Zettie ha dicho que se puede...
—Claro, dijo una noche y la noche ha terminado, ¿verdad?
—Ya... cuando te conviene no le haces caso a la medibruja —se burló Harry mientras se agachaba a recoger el diario del piso y darle una leída veloz al titular, donde aparecía una foto de Harry y Draco tomada una tarde que habían ido al Callejón Diagon en busca de ingredientes, era una que no le gustaba mucho a Harry, pues ambos salían muy serios mientras miraban las vitrinas.
—Anda, sólo vamos, no leas esas tonterías —suspiró Draco mientras también se ponía en pie para vestirse.
—¿Así que te peleaste con las enfermeras?
—Sólo con una amargada que tenía fantasías indecentes contigo —explicó Draco jalando los pantalones.
—¿Fantasías indecentes? ¿Era bonita?
—¿Qué? —Draco se detuvo un momento a mirar a Harry que sonreía con burla y luego negó con la cabeza —. Debe ser el hambre lo que te tiene tan tonto.
—Ya... —Harry soltó una carcajada —. ¿Draco Potter? Eso es...
—Ni lo pienses —advirtió Draco arqueando una ceja y con la mejor mirada de "No te metas conmigo o te dejo en abstinencia hasta el nacimiento de nuestro primogénito" que pudo.
—Pero suena genial...
—Por favor, Potter —bufó Draco arrastrando un poco las palabras, de aquella forma que a Harry tanto le divertía —; ni se te ocurra pensarlo de nuevo, además, ¿por qué es Draco Potter? ¿Por qué no Harry Malfoy, a ver?
—Porque no pega y...
—Porque creen que yo soy la chica de esta relación —protestó Draco.
—Evidentemente ninguno es la chica aquí —respondió Harry un poco más serio.
—Evidentemente —aceptó Draco acercándose a él —. Y ahora iremos a desayunar y seguir haciendo planes, tenemos tantas cosas que hacer antes de este pequeño nazca —dijo con una sonrisa, le importaba una mierda quién creyeran que era el chico o la chica allí, sólo interesaba ahora el bebe y la familia que tendrían. Apoyó una mano algo temblorosa sobre el vientre de Harry y volvió a sentir la oleada de magia, tenue pero reconfortante.
—Wow, eso se siente raro —susurró Harry, no queriendo romper el encanto del momento.
—¿También lo sientes?
—Sí...
—Vaya... ¿Qué se siente? —preguntó curioso jalando a Harry hasta la cama nuevamente, ambos se sentaron uno al lado del otro.
—No mucho, es como si cuando tocaras allí una energía emergiera desde mí, queriendo alcanzarte... causa hasta cosquillas.
—¿No te sientes mal ni débil, verdad?
—No, no señor, y deje de ser tan paranoico, ya dijimos que lo de ayer no volverá a pasar porque sólo tenía un desequilibrio de magia y estaba exhausto y ya está resuelto —repitió lo que Zettie les había dicho.
—Igual tengo derecho a preocuparme, no me gusta que cargues con esto tú solo y...
—No es como si se tratase de un sacrificio y definitivamente no estoy solo, no seas tonto, estamos juntos, pero si sigues así durante los siguientes ocho meses que quedan realmente voy a empezar a enfadarme —le advirtió antes de darle un beso en los labios y ponerse en pie nuevamente —. Sólo tendremos un bebé, no es una enfermedad y lo haremos bien, todo estará bien. ¿De acuerdo? —Draco asintió lentamente —Ahora si a desayunar, muero de hambre, y luego tenemos que ir a ver a Hermione y Ron —continuó alegremente mientras jalaba a Draco de una mano para hacerlo moverse. Draco lo siguió, mirándolo atentamente y pensando que tal vez Harry tenía razón, no había razón para extralimitar los cuidados, pero también en que Harry era lo que más quería en el mundo y que ahora tenía en su interior algo muy querido y valioso para ambos, ningún cuidado extra sería exageración para ellos.
*
Antes de salir de la habitación Zettie los había ido a ver, luego de hacer un par de exámenes más, dar muchas recomendaciones a ambos y un cronograma de visitas, los dejó salir de alta.
Cuando llegaron a casa había varias lechuzas esperando ya, después de librar a las aves de sus cargas se sentaron a desayunar con las cartas a un lado, leyéndolas en voz alta.
La primera era de Lucka y Ethan, preguntando qué demonios era aquello de que estaban enlazados y cómo lo habían conseguido, prometieron aparecer al día siguiente ya que comprendían que Harry aún estaba algo convaleciente, también preguntaron por su salud y si es que estaba realmente bien, como les había dicho Mikel la noche anterior.
La segunda era de Joel, su compañero auror, diciendo que estaba seguro de que "El Profeta" se había vuelto loco, ¿cómo diablos podrían estar enlazados si no era permitido? Él también prometió darse una vuelta un día de esos a saber cómo estaba y a darle las últimas novedades sobre el caso de Zabini.
Noah, que permanecía en Rusia, con su hermano y su cuñada, pero que recibía "El Profeta" cada mañana, también había escrito diciendo que no creía que lo que el diario decía fuera verdad, pero que, en caso lo fuera, felicitaba a Draco por haber conseguido la fidelidad absoluta de Harry y les deseaba felicidad a ambos, luego de decirles, claro, que estaba ofendido porque no había sido invitado ni comunicado. Eso hizo a Draco soltar una gran carcajada y a Harry fruncir el ceño.
La noche anterior, luego de que Harry despertara, Draco se había encargado de decirle a todos los que habían estado al pendiente: Gael, Mikel y los del equipo de trabajo de Harry, que sólo se había tratado de una debilidad y mala suerte, y que Harry ya estaba bien, auque necesitaba descansar. Claro que Mikel no se había creído aquello, pero al notar la reticencia en Draco para hablar había cedido a sus intentos de sacarle la verdad. Gael lo había mirado de una manera significativa y no había preguntado absolutamente nada al respecto, Draco se había preguntado si es que su amigo lo conocía tan bien como para darse cuenta de qué era lo que realmente pasaba, sobre todo porque la sonrisa no se le podía quitar de la cara tan fácilmente.
También había respondido a las llamadas de Joel, que no podía salir del Ministerio por estar aún viendo el caso de Zabini pero que estaba preocupado por Harry. Luego había ubicado a los Weasley, en San Mungo, y les había relatado todo lo ocurrido, excepto cual era la razón para esa "debilidad". La señora Weasley había pasado más de media hora recomendándole a Draco toda una suerte de platillos y pociones para hacer que Harry se mantuviera fuerte, y finalmente lo dejó ir sólo después de que este prometiera que vigilaría la dieta de Harry minuciosamente.
También había visto al pequeño Weasley, pelirrojo, como no, y había contado una escueta historia sobre lo que había pasado a Ron y Hermione, prometiendo que a la mañana siguiente estarían allí ambos para que Harry conociera al pequeño Jules (Draco pensaba que era demasiado pequeño, nunca había visto en verdad un niño tan chiquito y se preguntó si el suyo sería igual al nacer, se veía tan frágil y necesitado de protección).
—No puedo esperar a que Ron y Hermione sepan de esto —comentó Harry saliendo ya del baño, envuelto en toallas y listo para vestirse, Draco, que se había duchado primero, esperaba sentado sobre uno de los pequeños sillones leyendo el profeta y renegando solo nuevamente.
—¿Sepan qué? —preguntó dejando de lado el diario y repitiéndose una vez más que realmente no debía leer esas cosas.
—Lo del bebé, por supuesto —contestó Harry abotonándose la camisa.
—¿Se los diremos ahora?
—¿No lo haremos? —preguntó Harry extrañado mientras dejaba de abotonar la camisa y miraba a Draco seriamente.
—Pensé que…
—Ah —Harry arqueó una ceja —, no quieres decirlo —concluyó.
—No he dicho eso —respondió Draco poniéndose en pie rápidamente para alcanzar a Harry.
—Entonces debo haber amanecido hablando otro idioma porque juraría que es lo que has dicho.
—Me refiero a que no ahora, en este momento.
—¿Cuándo entonces?
—No lo sé, tal vez más adelante…
—¿Te avergüenza?
—Por supuesto que no, Harry, no seas tonto.
—Tonto, claro, no quieres decirlo —Harry se apartó de Draco antes de que éste lo tomara de la mano y caminó hacia el otro lado, para sacar un par de calcetines del cajón.
—Es sólo que quiero que… no sé como decirlo, siento que es muy pronto, debemos acostumbrarnos, estar seguros de que todo estará bien y luego…
—Ya…
—Harry, por favor, no quiero que empecemos a pelear por esto —suspiró Draco alcanzando a Harry en la cama y sentándose a su lado —si lo quieres decir, de acuerdo, todo tuyo, no me opongo.
—Lo haces sólo por complacerme.
—Lo hago porque sé que es lo que quieres y si eso te deja más tranquilo y te quita de la cabeza todas esas ideas tontas, mejor aún.
—Lo lamento —suspiró Harry, —supongo que podemos esperar.
—Lo que quieras, Harry, de verdad —dijo antes de inclinarse y darle un beso en los labios.
*
En cuanto llegaron a San Mungo se arrepintieron de haberlo hecho, al parecer los periodistas también se habían enterado del nacimiento del bebé Weasley, hijo de dos de los principales héroes de guerra y querían obtener fotografías de todos los que los visitaban y de ser posible del pequeño también.
Harry apretó un poco los labios y, tomando de la mano a Draco, caminó por el pasillo, maldiciendo su suerte y rogando por no sentirse mareado en medio de toda esa cantidad de flash y preguntas.
Draco apretó un poco más fuerte la mano de Harry e ignoró a todos los periodistas que, ahora que los tenían cerca, preguntaban sobre si era o no verdad lo de su enlace y si es que Harry ya se encontraba totalmente recuperado.
Soltaron a la vez un suspiro de alivio cuando por fin pudieron llegar hasta el pasillo cerrado, donde estaba la habitación de Hermione.
—Esos idiotas —masculló Draco.
—Aún no hemos decidido qué hacer con ellos —reflexionó Harry mientras, ahora más relajados, seguían avanzando por el pasillo.
—Pues, es una pena que no nos dejen hechizarlos, ¿verdad? Sería bueno poder hacerlo.
Harry soltó una pequeña carcajada.
—Me he dado cuenta de que te estás volviendo un pequeño amargadito.
—Vaya gracias, ¿y dices que me amas?
—¡Y mucho! —le sonrió Harry—, me refiero a que si les responderemos en algún momento sobre el enlace.
—No sé —Draco se encogió de hombros —, igual ya lo saben, pero no sé que tantos problemas puede darnos esto…
—Tal vez debamos preguntarle a Hermione, o a Boris.
—Hermione —aceptó Draco —, Boris está ocupado con el trabajo y no sabe nada al respecto, ella está más al tanto de todo.
—Cierto...
Ambos se detuvieron delante de la puerta de la habitación de Hermione y se sonrieron antes de tocar. Ron les abrió la puerta, lucía algo cansado pero igual no perdió oportunidad de abrazar a Harry con fuerza antes de estrechar la mano de Draco e invitarlos a pasar.
—Que bien que hayan llegado, nuestros padres acaban de irse hace tan sólo un momento —comentó Ron mientras cerraba nuevamente la puerta.
—Hola —saludó Harry con una gran sonrisa a Hermione, que tenía en brazos al pequeño bebé.
—Mira quien llegó, Jules —le habló Hermione al pequeño —: tu padrino Harry.
Harry rápidamente llegó hasta un lado de la cama y se inclinó lo suficiente para darle un beso en la frente a la chica antes de ver de más de cerca al niño, mientras Ron llegaba al otro lado y sonreía orgulloso. Draco sonrió a modo de saludo a Hermione y se quedó a un lado, viendo al trío de amigos y escuchando sus comentarios acerca de cómo había sido el parto y lo que les habían dicho del niño.
Pasaron toda la mañana allí, Draco estuvo a la espera de que Harry les diera la noticia, pero aquello no ocurrió, y finalmente para la hora del almuerzo llegaron los padres de Ron, que abrazaron y examinaron a Harry al detalle, cerciorándose de que estuviera realmente bien y que además agradecieron a Draco el haberles contado lo del accidente la noche anterior y así ahorrarles la angustia esta mañana al leer "El Profeta".
—Tendría que revisar algunas leyes o libros más a fondo —les dijo Hermione cuando Harry le preguntó acerca del enlace —, pero, como te dije cuando encontré el hechizo, no está prohibido ni nada de eso, legalmente no estás casado con Draco, es un enlace de magia privado y que funcione para cosas como llenar formas y demás es algo que no esperábamos…
—Aún así no pueden desenlazarnos, ¿verdad? —preguntó Draco, que estaba de pie junto a Harry, que sostenía con inmenso cuidado al pelirrojo niño, que dormía tranquilamente. Draco ratificó lo bien que se veía Harry con un niño en brazos.
—No, eso es imposible, saben que ese enlace es para siempre, no hay forma de que ni siquiera ustedes puedan desenlazarse.
—Wow, enlazado a Malfoy de por vida.
—¡Ron! —protestaron a la vez Harry y Hermione, Draco le dio una falsa mirada de fastidio y el chico soltó una carcajada. Aún le gustaba molestar a Draco cada que tenía oportunidad, y Draco tampoco perdía sus oportunidades.
*
Habían decidido tomarse el día libre y en la tarde fueron directamente a hablar con la corredora de bienes raíces que les estaba ofreciendo la casa blanca que tanto les gustaba, era una pequeña mansión en las afueras de Gillingham, suficiente para tener a varios niños corriendo por los jardines, con habitaciones espaciosas y de techos altos, con ventanales que dejaban entrar la luz del sol e incluso podían tener dos estudios separados, uno para cada uno.
Harry dejó que fuera Draco el que se encargara de negociar, era algo que le salía natural, y se entretuvo mirando las instalaciones de la casa mientras su esposo permanecía impasible con las negociaciones.
Aquella noche, cuando llegaron a casa, lo hicieron con un título de propiedad a nombre de ambos por la casa y con todo listo para empezar la mudanza en el momento que creyeran conveniente.
Draco había sugerido, y Harry lo había apoyado, en que compraran muebles nuevos para ese lugar y dejar Grimmauld Place tal como estaba, después de todo sería más difícil mover todo hacia allá y además la idea era iniciar un hogar, su propio hogar, y eso significaba también el escoger la decoración y demás cosas.
Se pasaron la cena haciendo una gran lista de todo lo que necesitarían, necesitaban mudarse cuanto antes, la idea era que Harry pasara la mayor parte de su embarazo allí, y lo más cómodamente posible.
*
A la mañana siguiente se despertaron sobresaltados por la llegada de una lechuza, en cuanto Draco la dejó entrar la reconoció, o al menos el colgante que llevaba, era del Ministerio de Magia e iba dirigido a ambos.
Harry esperó sentado en la cama, aún con cara de sueño mientras Draco, con manos algo temblorosas, desataba el sobre y dejaba ir al ave, al parecer no requería una respuesta.
—¿Qué crees que sea? —preguntó Harry poniéndose de pie al fin y llegando hasta Draco que ya luchaba por romper el sello mágico, aunque parecía imposible, pese a que iba dirigido a él.
—Ven, pon tu mano aquí —pidió extendiendo el sobre hacia Harry, en cuanto éste lo hizo el sobre emitió un pequeño brillo púrpura y el sello que tanto trabajo había dado a Draco se rompió solo.
—Ah, hechizo de alta seguridad, no quieren que nadie más que nosotros lo lea —comentó Harry mientras Draco ya extraía la nota del interior, para luego leerla en voz alta:
Estimados señor Potter y señor Malfoy:
Por medio de la presente se les pide que se apersonen el día de hoy, 23 de julio del 2005, a las instalaciones del Ministerio, a la oficina del señor Ministro Kingsley Shacklebolt, a las 10 de la mañana, los estará esperando para mantener una muy importante reunión.
Atentamente
Amanda Malcom
Asistente primera
Oficina del Ministro de Magia
Ministerio inglés.
—Oh… —suspiró Harry dejándose caer en uno de los sillones, Draco le dio una mirada preocupada y se sentó junto a él.
—¿Te sientes mal?
—No, no, es por la carta, seguramente querrán saber si es verdad lo del enlace.
—Oh…
—Exacto —Harry cerró los ojos y se los apretó con los dedos, gesto que hacía cuando estaba realmente preocupado.
—Estoy seguro que saldrá bien, no es una orden de arresto y además… no es ilegal, Hermione lo revisó mucho y estaba segura de eso, de otra forma no nos lo habría dejado realizar.
—Pero traerá algún problema…
—Seguro, pero no tantos… no quiero que te preocupes por esto ¿de acuerdo? —Harry asintió a regañadientes —, no necesitamos que te enfermes o estreses justo ahora.
—No, no lo necesitamos, pero no puedes evitar que me preocupe, ¿qué tal si piden que deshagamos el enlace?, ¿o que le digamos a todos que no es cierto, que no estamos enlazados?
—Primero que no pueden deshacer el enlace, y segundo, que el negarlo o admitirlo es algo que no haremos, no nos pueden obligar —declaró Draco con voz firme.
Harry no dijo más nada y pronto ambos se pusieron en movimiento para poder ir al Ministerio.
Lo hicieron por una de las chimeneas de visitas, no había tanta gente alrededor, sólo los empleados del Ministerio y algunos magos o brujas que requerían hacer algún trámite, al menos la prensa no estaba enterada de esa visita. Harry tenía acceso a la chimenea privada de Kingsley, pero desde hacía años, desde la última reunión en que había renunciado al puesto de auror luego del ataque, no la había vuelto a usar, ni siquiera estaba seguro de si aún tendría acceso en realidad y además, por como habían terminado las cosas ese día no le pareció adecuado usarla.
Draco lo tomó de la mano y ambos caminaron con pasos más o menos rápidos hasta el ingreso a los pisos, un mago mayor, Draco estaba seguro que era el que siempre había estado allí, sólo que ahora lucía un poco más gordo y gruñón, registró sus varitas, le sonrió a Harry y le dijo que lo admiraba mucho, aunque apenas y le dirigió una inclinación de cabeza a Draco como saludo.
En el pasillo hacia el elevador ya se había pasado la voz de que ambos, o al menos Harry, estaba en el edificio, pues varias personas salieron de las oficinas pequeñas del primero piso, para mirarlos y comentar cosas entre ellos. Draco puso su mejor mueca de fastidio mientras Harry, aún tomado de la mano de Draco, caminaba como si realmente no hubiera tanta gente alrededor.
—A veces he pensado —empezó a decir Harry una vez estuvieron en el elevador, gracias a Merlín, solos —que deberíamos irnos a otro sitio, a Sudamérica, es más cálido ¿sabes?
—¿Qué dices?
—O Australia, es un lugar agradable también…Al menos allí no nos mirarían tanto…
—¡Oh, vamos! —desestimó Draco —, a estas alturas deberías estar acostumbrado, al menos no te insultan ni nada.
—Pues… ¿y los niños? Ellos se sentirán incómodos si es que viven rodeados siempre de flashes y esas cosas, de gente preguntándoles cosas que no entienden.
Draco sonrió, Harry se asombró del gran cambio en su expresión, de esa sonrisa tan radiante.
—Los niños… primero que llegue este —dijo poniendo una mano en el abdomen de Harry antes de inclinarse a darle un pequeño beso en los labios, la magia del bebé revoloteando entre ambos.
—Los criaremos bien —continuó sin apartarse mucho de Harry —protegeremos la casa y su mundo, hasta que tengan que ir a la escuela, podrán jugar con los hijos de los Weasley y con Teddy, y verás como serán felices… nosotros nos encargaremos de que lo sean.
Fue este el turno de Harry de sonreír y adelantarse lo suficiente para darle un beso, el sonido del elevador se escuchó a lo lejos, pero Harry no se sintió interesado más que en esos labios y ese sabor.
La luz de un flash los hizo separarse abruptamente, delante de ellos, o no tan cerca ya, una chica de cabellos lacios y largos, pintados de diversos colores, retrocedía con la cámara en mano y una expresión de felicidad absoluta en el rostro.
—¡Hey! —gritó Draco dando un paso hacia el frente, Harry lo sostuvo con más fuerza del brazo mientras la chica corría hacia el final del pasillo.
—Déjala, no hay mucho que puedas hacer.
—Sí, si puedo —jadeó Draco soltándose del agarre de Harry y con intensiones de seguirla, Harry lo volvió a detener con más fuerza aún.
—Será peor, ya tiene la foto de todas maneras.
—Malditos periodistas…
—No importa, en serio… estábamos en un lugar público, ella tenía derecho a tomar la foto.
—Mañana saldrá en algún diario.
—Probablemente —aceptó Harry —, pero ahora debemos llegar con Kingsley, tenemos una reunión pendiente.
Draco asintió fastidiado, pero aquello no melló el ánimo de Harry y ambos, aún tomados de la mano, llegaron hasta la oficina principal del Ministro, donde una muy amable Amanda Malcom los recibió. Harry, que ya la conocía, la saludó muy amablemente, y le presentó a Draco, como su pareja. La chica sonrió en respuesta y estrechó la mano de Draco, diciéndole que amaba sus pociones y que la que había sacado el año pasado para los resfríos era realmente efectiva y le había librado de días de horrible congestión y malestares.
Draco no pudo evitar reírse por el comentario, aunque no era la primera persona que le decía algo así cuando era presentado. Si había algo que lo llenaba de orgullo propio era que cuando fuera presentado ya no todos lo relacionaran con Voldemort y con los mortífagos.
Extrañamente, antes de ser invitados a pasar Kingsley salió a recibirlos, Harry pudo escuchar algunos murmullos en el interior de la oficina y supuso que la reunión sería mucho más importante de lo que había pensado.
—Harry —saludó Kingsley con una inclinación de cabeza —, pensé que usarías la chimenea personal, no tenían que pasar por todo el trámite allá abajo.
—No hay problema —correspondió Harry, aliviado de que el trato con el hombre no haya cambiado demasiado, no lo había visto mucho luego de la renuncia, y las pocas veces habían estado rodeados de muchas personas como para interactuar demasiado. Además nunca había estado Draco a su lado.
—¿Recuerdas a Draco?
—Por supuesto, ¿cómo estás?
—Bien, gracias.
—Es un gusto verte, ¿sabes? Estoy al tanto de lo que has avanzado en todo este tiempo, quién lo diría, en tan poco tiempo has hecho tantas cosas… Sabía que Harry tenía razón cuando vino a verme hace años y dijo que eras mucho más que lo que te habían obligado a ser.
Draco se sonrojó un poco y Harry desvió con toda intensión la mirada hacia la puerta del despacho de Kingsley; Harry no le había contado que había dicho eso, es más, nunca le había dicho mucho al respecto, sólo que había dicho que era coaccionado por Voldemort y que no era malo.
—Es muy amable de su parte decir eso —respondió al fin y Kingsley negó con la cabeza.
—Vamos, puedes tutearme, no hagas que me sienta más viejo.
—De acuerdo.
—Ahora, Harry, en el interior está el jefe del área de Aprobación de hechizos, así como también la jefa de Legislación mágica, con sus ruidosos asistentes, todos tienen curiosidad por lo que han hecho… yo también la tengo —admitió —antes de entrar deseo saber… ¿es verdad?
—¿Qué hay un enlace?
Kingsley asintió.
Harry le dio una mirada más a Draco y luego también asintió.
—Sí, lo hicimos hace un tiempo, nada de magia negra, nada ilegal, es uno antiguo, no fue creado por nosotros, ya era practicado en la antigüedad y nosotros… pensamos que era buena idea hacerlo, no era nuestra intensión que se supiera, ni hacer un escándalo de eso…
—Interesante… —Kingsley le sonrió a Draco y luego señaló hacia la puerta —vamos entonces, que ellos, y yo, estamos impacientes por saber qué es lo que han hecho.
—No se puede revertir —previno Draco rápidamente, mientras Kingsley se giraba ya para abrir la puerta, dudó un instante antes de girar sólo un poco el rostro.
—Genial.
En cuanto entraron a la oficina pudieron sentir la tensión en el ambiente. Kingsley sonrió de manera forzada mientras los invitaba a sentarse en uno de los sillones de la pequeña sala de estar, delante de ellos había varias personas, un mago y una bruja, que aparentemente eran los jefes de los cuales les había hablado Kingsley, rodeados de unos cuantos magos y brujas más jóvenes, cargando carpetas y maletines. Definitivamente no parecían nada amables.
—Draco, Harry, les presento a Jazmín Thoreau, jefa de legislación mágica y a Jacke Wharton, jefe de aprobación de hechizos, ambos desean hacerles unas cuantas consultas.
Ambos saludaron cortésmente aunque sólo recibieron asentimientos de cabeza por parte de ambos jefes y fueron ignorados por los asistentes que revoloteaban las carpetas sin mirarlos.
—Bueno, señores, debemos empezar de una vez, no tenemos todo el día, estoy seguro que los chicos tienen cosas que hacer, después de todo —dijo Kingsley mientras se sentaba en uno de los sillones, Draco y Harry permanecieron en silencio mientras Thoreau extendía una regordeta mano hacia una chica que rápidamente sacó de una carpeta lo que al parecer era un recorte del artículo de El Profeta de la mañana anterior y se lo entregaba.
—Tenemos curiosidad —empezó con voz fastidiada, era una bruja de algo más de sesenta años, con el cabello canoso en una trenza larga que caía sobre la espalda y túnica oscura y sin adornos —, según lo que dice el diario ustedes han creado un hechizo que los vincula el uno con el otro, como si fueran una pareja…de esposos, cosa que según tenemos todos claro, es prohibida.
—En realidad lo que está prohibido es la unión de dos magos o brujas del mismo sexo en un enlace matrimonial reconocido por el Ministerio —contestó Draco ganándole la palabra a Harry.
—Exacto —continuó Harry —y nosotros no hemos hecho eso.
—¿Y qué es exactamente lo que han hecho? —preguntó Wharton inclinándose hacia el frente, era un mago un poco más joven que Thoreau, en sus cincuenta años posiblemente, con el cabello rubio algo ralo y marcadas entradas, algo rechoncho y con una túnica de color celeste claro que se ajustaba más cada vez que se movía.
—Un hechizo de unión, un juramento de lealtad.
—Un hechizo no reconocido por el Ministerio, señor Malfoy —respondió el mago con fastidio, hizo un gesto y otro de los asistentes asintió sacando de uno de los maletines un gran libro oscuro y viejo que Wharton tomó y abrió rápidamente en una página marcada —, uno que no figura entre los aceptados para este tipo de casos y creo que no es necesario recordarle que eso es una falta, y usted más que nadie, que ya tiene antecedentes por faltar a las leyes, debe estar conciente de lo que amerita una falta.
—No estamos aquí para discutir los antecedentes de Draco, Jacke —replicó rápidamente Kingsley, aún así Draco no quitó la mirada de fastidio de Wharton.
—Así es, según tengo entendido, señor Wharton, es un delito si es magia negra, si es coaccionada o si creamos un hechizo para incumplir una ley, sin embargo ninguna de esas circunstancias ha sido empleada aquí.
—Draco y yo sólo hicimos un juramento, y eso es legal, juramos fidelidad y unión entre nosotros, no es nuestra culpa que San Mungo reconozca eso como parte de lazos matrimoniales.
—Pero, señor Potter, un juramento de esa naturaleza generalmente liga a las personas de por vida, ¿está usted conciente de eso? ¿Lo hizo sabiendo que sería así? —preguntó la mujer con una actitud mucho más suave, como si Harry se tratara de un pobre niño engañado.
—No soy tonto, señora Thoreau —respondió Harry rápidamente —y mucho menos engañado, fui yo quien lo propuso y como les dije, nadie rompió la ley aquí.
—Necesitamos estar seguros de eso, señor Potter —intervino Wharton —, es por eso que estamos aquí, considerando su nombre y su fama no queremos hacer de esto un evento público, no hasta saber al menos qué es lo que han hecho.
Draco y Harry intercambiaron una mirada y luego Draco extendió un pergamino hacia el hombre.
—Allí está el hechizo que usamos, la historia del mismo y todo lo que pueden necesitar.
—Esto ayudará —murmuró el hombre leyendo lo que Draco había puesto allí —, es un hechizo muy antiguo, no lo he escuchado desde la escuela, y entonces ya era historia antigua… —Draco luchó por no poner los ojos en blanco ante el comentario.
La jefa de legislación mágica, Jazmín Thoreau parecía algo enfadada, estaba con los brazos cruzados mientras observaban a Wharton leer el pergamino y fruncir las cejas.
—Evidentemente no es magia negra… —masculló pasándole el pergamino a la bruja —, y tienen razón en que no es ilegal, no está entre los hechizos prohibidos…
—Pero tampoco entre los aceptados —argumentó Thoreau entregándole de vuelta la copia a Draco.
—Se lo puede quedar —respondió Draco sin moverse ni hacer ningún ademán de querer aceptar el pergamino —tenemos un libro de donde copiamos eso.
—¿Están ya las dudas claras? —preguntó Kingsley que había permanecido en silencio casi todo el tiempo.
—Ahora debemos decidir qué hacer con esta información —acotó Wharton —¿Qué es lo que diremos a los medios?
—Draco y yo no haremos una declaración —negó rápidamente Harry, los tres magos lo miraron asombrados e incluso los asistentes dejaron de tomar notas y leer pergaminos para mirarlos.
—¿Cómo dice? —preguntó con voz dura Thoreau.
—Que no haremos una declaración —contestó Draco está vez —, Harry y yo tenemos cosas que hacer, nuestras propias empresas y vidas y no deseamos hacer de lo que fue un juramento privado e íntimo un circo.
—Pero la prensa… —empezó Wharton.
—La prensa puede preguntar, pero nosotros podemos no responder y les pedimos… o mejor dicho, exigimos a ustedes no mencionarlo, no tienen derecho a hacerlo, es nuestra vida privada y queremos que se mantenga así.
Thoreau le dio una mirada interrogante a Kingsley que sólo se encogió de hombros, parecía dispuesto a no darles la razón a los jefes.
—Los chicos tienen razón, Jazmín, después de todo no han roto ninguna ley ni han hecho nada malo, si ellos no quieren que esto aparezca en los medios debemos simplemente ignorarlos hasta que encuentren algo más de que hablar.
—Pero… —Wharton frunció el ceño y negó con la cabeza —, Belkin ha dicho estar muy interesado en presentar la propuesta…
—¿Boris? —preguntó Harry mirándolo extrañado.
—Ajá, Boris Belkin, sé que es amigo suyo… estuvo con ustedes en la presentación de la ley anti-discriminación —explicó Wharton —esta mañana llegó a la oficina con Aarón Bonaccord, ya saben supongo que andan juntos —dijo arrugando ligeramente la nariz —; el punto es que estaban dispuestos a iniciar una nueva propuesta de ley, pero necesitaban saber el hechizo y por supuesto tenerlos a ustedes de ejemplo.
—Eso es algo que aún ni siquiera se ha planteado en el Wizengamot —arguyó Thoreau —creo que nos estamos precipitando.
Harry y Draco intercambiaron una mirada interrogante, por ningún motivo Draco quería volver al tiempo en que estaban llenos de trabajo por buscar aprobar una ley, aún recordaba lo duro de ese tiempo, incluso cuando habían hecho las paces ya, además Harry necesitaba cuidados y reposo, no podía permitir que se enfrascaran en eso nuevamente. Había llegado el momento de ser un poco egoístas y velar por su familia. La palabra lo hizo sonreír y tomó la mano de Harry, que simplemente sonrió en respuesta, ambos se entendían sin siquiera necesitar una palabra.
—Si Aarón o Boris desean hacer algo así me parece bien —explicó Harry —, les daremos toda la información del hechizo, pero por lo pronto, como Draco ya les ha dicho, él y yo estamos muy ocupados por el momento como para poder dedicarnos a eso.
—Entonces —suspiró Kingsley mientras Thoreau y Wharton fruncían el ceño molestos —, ya que sabemos que no es un hechizo ilegal ni de magia negra y que además tenemos dicho hechizo en nuestro poder creo que no debemos entretener más a Draco ni a Harry.
—Supongo —gruñó Wharton.
Luego de eso ambos se despidieron tensamente de ambos magos y Kingsley los acompañó hasta la pequeña antesala, agradeciéndoles por haber llegado con tan poco tiempo de aviso y asegurándoles que se encargaría personalmente de que la noticia de que en verdad había un lazo entre ellos no se filtrara a los periódicos.
*
Y Kingsley cumplió su palabra, en ninguno de los diarios salió publicado que Harry y Draco habían hecho algún tipo de enlace, pese a que algunos periodistas seguían escribiéndoles pidiéndoles entrevistas, la noticia fue pasando y tras la primera semana las cosas se volvieron más o menos normales.
Durante esos días Aarón apareció nuevamente por Grimmauld Place, Draco y Harry lo habían visto poco durante los últimos tiempos, cada uno metido más en su trabajo, y no pudieron negar que les alegró ver nuevamente al hombre animado y lleno de entusiasmo que había sido en el pasado. Por supuesto que Boris había aparecido junto a él, con una gran cantidad de planes y horarios para poder presentar la propuesta en el Wizengamot.
Sus demás amigos: Giles, Matías, Lucka, Ethan y Tyrone también aparecieron por allí y en la segunda noche Harry y Draco les confirmaron acerca del enlace y la forma como lo habían hecho, aunque también les dijeron que no era posible que ellos los ayudaran a llevar a cabo la nueva ley, pues ambos tenían otros proyectos entre manos.
Gael miraba desconfiado a Draco, había intentado interrogarlo más de una vez en la fábrica, cuando estaban a solas, pero el chico no soltaba prenda de lo que había pasado realmente con Harry, y después de varias negativas simplemente dejó de insistir, pensando en que Draco le diría lo que pasaba en el momento adecuado.
Durante esas noches Harry tuvo la sensación de volver un poco al pasado, cuando todos trabajaban entusiasmados y hasta muy tarde tratando de tener todo listo para la audiencia del Wizengamot, para que aprobaran la ley anti-discriminación, sólo que está vez se sintió mucho más alterado por tanta gente en su casa.
Tardaron una semana en hacer entender a Aarón, que era el más animado, que no podrían ayudar con la ley, y que por supuesto no podía usarlos como ejemplo ya que no querían admitir la unión entre ellos, que era algo íntimo y privado.
Luego de que Aarón tuviera en claro la forma como el hechizo funcionaba y buscara a un experto creador de encantamientos que entrevistó a Draco y Harry durante mucho rato, hasta tener en claro la forma de lograr un encantamiento de lealtad similar al que ellos habían usado pero con menos cantidad de magia de por medio, sus amigos decidieron crear la "base de operaciones" esta vez en casa de Aarón.
Fue entonces cuando Draco y Harry pudieron respirar al fin tranquilos, y dedicarse realmente a todos los preparativos que tenían que realizar.
*
El cumpleaños de Harry ese año fue mucho más tranquilo que los años anteriores, Draco, como era ya la costumbre íntima entre ambos, lo despertó a media noche, con un pastel y las velas encendidas para que pudiera pedir un deseo; al día siguiente pasó la mañana recibiendo lechuzas de todos sus amigos, tanto él como Draco se tomaron el día libre y estuvieron, además de revisando detalles para la mudanza, disfrutando de simplemente poder estar solos y tranquilos. En la madriguera se organizó una pequeña cena con los Weasley, Andrómeda, Teddy y sus demás amigos, que volvieron a cantarle el "Feliz cumpleaños" y le llevaron presentes; el centro de atención fue el pequeño Jules, al que ya todos habían ido a conocer durante los días anteriores pero que de todas maneras causaba curiosidad y risas. Fue divertido ver al pobre niño pasar de brazo en brazo ante la atenta mirada de Hermione y la aterrada mirada de Ron, ambos lucían bastante cansados y declararon que tener un niño en casa era algo agotador. Harry y Draco intercambiaron miradas asustadas ante ese comentario, pero pensaron que el esfuerzo y el cansancio, que todo, valdría la pena con tal de tener una familia.
Luego del accidente en escoba, Harry tenía que reconocer que Draco estaba mucho más protector, sobre protector sería la palabra correcta, pues siempre estaba yendo a su oficina a ver si necesitaba algo o si se encontraba bien, si había tomado la gran cantidad de pociones que debía ingerir para mantener el embarazo y sobre todo que no estuviera haciendo nada extremo (aunque Draco era capaz de considerar extremo el subir una escalera a demasiada velocidad).
Zettie revisaba a Harry todos los días, medía los niveles de magia y le llevaba un conteo de las pociones que Draco debía fabricar para que Harry tomara, entre Draco y ella Harry se sentía algunas veces abrumado, realmente no se sentía nada diferente, ni siquiera habían vuelto a aparecer los mareos ni la debilidad… No hasta unas cuantas semanas después.
Draco se encontraba en aquella etapa del sueño en que estaba a punto de despertar, pero no quería hacerlo; se sentía bastante cómodo con el cuerpo caliente de Harry a un lado. Pero de pronto ese calor se alejó, medio escuchó unos pasos acelerados cruzar la habitación y claramente el sonido de alguien vomitando en el baño.
Se puso en pie de un salto para descubrir a Harry aferrado a la taza del baño, de rodillas y, tal como había oído, vomitando.
—Hey… —le llamó arrodillándose a su lado y sosteniéndole la cabeza mientras el chico seguía vomitando.
—Ve a descansar —jadeó Harry jalando la palanca del baño y sentándose en el frío piso, abrazando sus rodillas —, no quiero que me veas enfermo.
—No seas ridículo, ya te he visto enfermo antes —reprendió Draco mientras mojaba una toalla en el lavabo y se la pasaba a Harry sobre el rostro. Harry trató de quitársela de las manos pero Draco le dio una mirada de advertencia.
—No es para tanto.
—No es tanto —Draco apartó finalmente la toalla y miró a Harry críticamente, Harry estaba verde y con unas ojeras enormes —. ¿Qué tan mal te sientes?
—Regular —mintió Harry, realmente se sentía fatal.
—Zettie nos dijo que esto podría pasar.
—Lo sé —respondió Harry, que aceptó la mano de Draco y se puso en pie, se enjuagó la boca en el lavabo y durante un instante miró su reflejo en el espejo, realmente estaba muy demacrado, tuvo que reconocer.
—Vamos, es mejor que vuelvas a la cama, yo iré a buscar a Zettie para que te revise de todas formas…
Harry dio unos cuantos pasos hacia la habitación pero se detuvo abruptamente; Draco, que lo sostenía de un brazo, también se detuvo.
—¿Qué…? —pero antes de que pudiera formular su pregunta Harry ya volvía corriendo al baño.
Le costó un par de intentos más retornar a la cama, se dejó arropar por Draco y de pronto se sintió agotado, pese a haber dormido profundamente durante la noche, apenas y lo escuchó que salía para buscar a Zettie mientras se arropaba más en la cama.
*
Zettie le dio otra gran cantidad de pociones, esta vez para evitar que siguiera poniéndose enfermo, esto sucedía, según le explicaron Draco y ella, porque su cuerpo estaba sintiendo los cambios que la poción para mantener el embarazo estaba haciendo y esperaban que no duraran más que un par de semanas más.
Harry se quedó en cama los primeros días, sintiéndose enfermo y cansado, Draco iba y venía de la fábrica y de la Escuela de Defensa, trayendo y llevando mensajes para Harry e incluso de la casa nueva, donde estaba tomando medidas para los nuevo muebles, siempre tratando de estar pendiente de él y de lo que pudiera necesitar, pero pronto, pese a que los síntomas aún permanecían, Harry, contrario a la opinión de Draco, se puso a ayudarlo un poco.
Decidieron darle la noticia a sus amigos más cercanos: Hermione y Ron y Gael y Mikel; una vez estuvieran instalados en casa, todavía en un tiempo más, cuando tuvieran ya todo más coordinado, pues de pronto el trabajo de Draco y el suyo, (ahora dirigir a los que trabajaban con él porque de ninguna manera podía ir a hacer trabajo de campo personalmente) y la mudanza los estaba alterando demasiado.
Sabía que Draco intentaba mantenerse paciente y de buen ánimo por él y por el bebé, pero a veces las cosas se tensaban entre ellos. Tal vez hubiera sido mejor hacer una cosa a la vez, primero la casa, luego el bebé, pero ya estaban embarcados en eso y no podían y realmente no querían, dar marcha atrás. Pese a todo ambos estaban disfrutando del embarazo, asombrados por la conexión mágica cada vez que Draco se acercaba a Harry o lo acariciaba, e incluso hablaban en murmullos hacia la pequeña criatura, contándole cómo estaban preparando su habitación y todo lo que pudiera necesitar, y desde luego, cuanto lo querían.
Aquella mañana, luego de lo que aparentemente se cumplían cuatro meses de embarazo, Harry y Draco partieron hacia la clínica para que Zettie pudiera hacer al fin un ultrasonido mágico, para ver el desarrollo del bebé y si todo estaba bien, habían esperado hasta ese momento porque era lo que la medibruja les había recomendado, aunque ella se había guardado sus comentarios y sospechas sobre el por qué había tanta fuerza mágica en el vientre de Harry.
Luego de que Harry se acomodase sobre la camilla, Zettie les explicó que proyectaría una pequeña imagen del bebé, y así constatarían que todo estuviera en orden.
Harry se quedó muy quieto y algo tenso mientras sentía a la medibruja hacer algunos movimientos de varita sobre su ya algo más grande abdomen, a su lado Draco le tomaba de una mano y miraba atentamente todo lo que la mujer hacía, hasta que finalmente una imagen plateada emergió de su vientre.
En un inicio todo era demasiado oscuro y Draco se inclinó un poco más hacia adelante para poder ver mejor, conocía ya esa imagen, la había recreado en su laboratorio muchas veces, y la había estudiado en los libros otras tantas; esperó paciente hasta que finalmente la imagen se fue aclarando poco a poco, y allí estaba, aunque…
—No entiendo —comentó Draco en voz alta y Harry levantó un poco más la cabeza para ver mejor, preocupado por el comentario de Draco.
—¿Qué es? ¿Qué pasa?
—Es justo lo que pensaba —comentó la medibruja asintiendo con la cabeza.
—Pero… —Draco inclinó el rostro hacia un lado y se mordió el labio.
—Draco —llamó Harry más alarmado, no entendiendo de todo la imagen —, ¿qué pasa con el bebé?
—No pasa nada con ellos —le tranquilizó Zettie.
—Ah ¿entonces por qué…? —Harry frunció el ceño y miró hacia la imagen con más atención, tratando de adivinar exactamente qué era lo que pasaba —. ¿Ellos? —preguntó recién procesando las palabras de la medibruja.
—Son dos —jadeó Draco hablando por fin.
—¿Dos?
—Harry, son dos, dos bebés —le explicó con una sonrisa orgullosa antes de darle un beso en los labios a un muy sorprendido y anonadado Harry.
—Bromeas —respondió Harry mirando hacia Zettie y esperando que ella lo desmintiera.
—No, claro que no, es por eso que había tanta magia, siempre pensé en esta posibilidad pero no quería arriesgarme a insinuarla hasta que pudiéramos hacer el ultrasonido, como se trata de un caso único en que hay tantas pociones y magia involucradas no podía estar completamente segura, pero sí, si pueden ver tienen a dos bebés juntos, es decir, gemelos.
*
La sala de prensa que el Ministerio había acondicionado para la ocasión estaba rebosante de periodistas, no sólo del Reino Unido, sino también del resto del mundo, todos pendientes de las audiencias que se iniciarían en un momento más.
En el estrado estaba Aarón, junto a Ignatius Lenfent, un experto en la creación de enlaces y hechizos, y Boris, que había ayudado en la parte legal de la propuesta de ley; al fondo de la sala, al otro lado de los periodistas su demás amigos; Gael, Giles, Matías, Ethan y Lucka permanecían quietos en espera de que la rueda de prensa concluyese para que pudieran ir a la audiencia, esa tarde podrían al fin exponer la propuesta ante el Wizengamot.
—Señor Bonaccord —preguntó una mujer poniéndose en pie en el momento en que Aarón la señalaba, dándole permiso para preguntar —, se dice que Harry Potter y Draco Malfoy, contrario a las leyes, ya han hecho un enlace de matrimonio, es decir que están casados ¿es eso cierto?
—Lamentablemente ni Harry ni Draco están aquí en este momento para contestar a aquello, nosotros no podemos hablar por ellos.
Un pequeño alboroto se formó mientras varios periodistas levantaban la mano, tratando de llamar la atención.
—Usted —señaló Aarón hacia otra mujer.
—Dasha Ogden, de "El Profeta" —informó inútilmente la mujer, pues ya todos la conocían, incluso había recibido una crítica por parte de los demás periodistas cuando la MACH fue juzgada, ya que muchos de los artículos que se publicaron durante los años anteriores a eso eran de ella —, Potter y Malfoy no están aquí, efectivamente, ¿entonces debemos suponer que su apoyo, el que brindaron para la primera ley anti-discriminación, ya no existe?
—No, no lo creo, el que no estén presentes no implica que no nos apoyen, nos han ayudado bastante, pero por ahora están más ocupados en otros proyectos y no pueden estar aquí, junto a nosotros, pero claro que nos apoyan.
—O será —continuó ella —, que no necesitan el permiso del Ministerio, dado que aparentemente hacen lo que mejor les plazca, para unirse, porque ya lo están.
—Creo que esa pregunta ya fue contestada —intervino esta vez Boris, mirando enojado hacia la mujer —, no tenemos permiso para decir nada acerca de ellos, excepto que nos apoyan, al igual que muchos más, sin estar presentes hoy.
La mujer iba a protestar pero entonces otra bruja, con un acento francés se adelantó:
—¿Cuántas posibilidades creen tener para sacar adelante esta nueva propuesta?
—Esperamos que muchas —sonrió Aarón —, sabemos que la comunidad es cada vez más tolerante a la homosexualidad y que además entiende que el que dos personas que se amen y se unan no tiene nada de malo ni inapropiado.
—¿Cuál sería el punto? —preguntó nuevamente Dasha. Aarón le dio una mirada de fastidio y señaló hacia otra periodista.
—¿Piensa usted entonces —empezó a preguntar la otra periodista, por su acento era, aparentemente, italiana —que la comunidad no se opondrá a que las parejas se enlacen?
—No creo que el cien por ciento de la comunidad esté de acuerdo… ¿cuándo hemos estado todos de acuerdo en algo? Sino no habría tanta competividad en campeonato de quidditch —comentó Aarón, haciendo que algunos riesen —, sin embargo, creo que podremos lograr que la unión sea legal y demostrar que la comunidad gay es grande y tiene derechos similares a los heterosexuales.
—¿Y cuál sería el punto? —preguntó nuevamente Dasha, Boris abrió la boca para replicar, molesto por su interrupción pero Aarón le puso una mano sobre su brazo y lo detuvo.
—¿Cuál sería el punto con qué? —preguntó Aarón dejando de mostrarse tan amable.
—Con unirse, por supuesto, la unión en matrimonio está creada para poder formar una familia, que es la base de la sociedad, sin ofender, claro está, las parejas del mismo sexo no pueden cumplir con ese requisito.
—¿Usted tiene novio, señorita Ogden? —preguntó Aarón con voz calmada.
—¿Cómo dice?
—Que si tiene novio, pareja… ¿alguien?
—Eso no es…
—Claro, lo supuse —suspiró Aarón y Boris soltó una pequeña risita —; cuando uno está enamorado de otra persona piensa en pasar el resto de su vida a su lado, independientemente de poder o querer tener una familia; piensa en comprar una casa, o un departamento, en compartir vacaciones, festividades y todo lo demás, pero también piensa en su seguridad, en su bienestar, y eso es lo que queremos obtener esta tarde, lograr que las parejas puedan sentirse libres de decidir con quién pasar el resto de sus vidas, cuidar de alguien y protegerlo.
La periodista parpadeó ligeramente y luego negó con la cabeza.
—Aún no podrán tener una familia en verdad… es decir, no pueden tener hijos.
—Un paso a la vez —respondió Aarón y señaló a otro periodista, un alemán que, no podía negar era bastante apuesto. El hombre se puso en pie y le dio una sonrisa descarada.
—Debo suponer, señor Bonaccord, que usted ya tiene planeado con quién pasar el resto de su vida.
Aarón sonrió y colocó su mano sobre la de Boris.
—Pues yo sí, sólo falta que me acepten.
—¡Aarón! —recriminó en un murmullo Boris mientras el periodista lo miraba con una ceja levantada.
—¿Me dice que…? —preguntó el periodista, dejando la pregunta en el aire.
—Que ya es hora de marcharnos —respondió Boris poniéndose de pie y mirando enfadado a Aarón, le había pedido que se enlazara con él, que el día que dieran la aprobación iniciaría todos los tramites para hacerlo, y él, aunque no le había contestado aún, en el fondo se sentía muy animado por la idea. Aunque quería darse algo más de tiempo, darle más tiempo a esa relación, una que habían iniciado hacía poco y que efectivamente iba bien; Aarón había demostrado que era alguien diferente, al menos en el tema de andar tras otros chicos, y Boris estaba aprendiendo a confiar en él.
—Muchas gracias por todo, señores, los vemos luego de la audiencia —se despidió Aarón, tomando a último momento la mano de Boris para salir de la sala de prensa, listos para iniciar con la audiencia en busca de la aprobación del enlace mágico para homosexuales.
*
Gael llegó a casa ligeramente achispado, había estado celebrando con sus demás amigos en casa de Aarón la aprobación de la ley que permitía a las parejas homosexuales el unirse por medio de un enlace, el cual sería reconocido por todos como un matrimonio. Era un gran avance, algo que, algunos años atrás, ni siquiera habían soñado lograr.
Recorrió lentamente la sala de estar, apreciando los muebles que habían llegado poco tiempo atrás para culminar con la decoración del lugar, había disfrutado mucho el tiempo que él y Mikel habían pasado juntos en eso.
Lamentó una vez más que el chico no haya podido cambiar su turno en la clínica y que no haya podido asistir ni a la audiencia ni a la celebración.
Subió las escaleras, dispuesto a darse un baño y meterse a la cama a dormir un rato más mientras esperaba que volviera de la clínica, cuando su teléfono móvil sonó. Se trataba de Draco, que había estado trabajando todo el día en la fábrica y que le contaba que ya había escuchado las buenas nuevas, llamaba para felicitarlo.
Se dejó caer en la cama mientras conversaba con él, relatándole todo lo que había acontecido durante el día, incluyendo lo pesada que había estado aquella periodista, Dasha Ogden, con sus preguntas tontas, y lo brillante que se había visto Boris defendiendo todo el marco legal del asunto, confesando que había sido bastante convincente; sin darse cuenta el tiempo se le fue pasando mientras reía de las cosas que Draco le decía y como le hacía prometer que no dejarían de asistir a la inauguración de su casa la semana siguiente, hasta que en un momento, aburrido de estar en una misma posición, se sentó para caminar por la habitación, fue entonces que se dio cuenta que Mikel estaba apoyado en el marco de la puerta, mirándolo con aquella expresión que había empezado a detestar cada día más. Se apresuró a despedirse de Draco, repitiendo una vez más su promesa de que tanto él como Mikel asistirían al almuerzo la semana siguiente y cortó la comunicación.
—Hola —saludó con algo de precaución —, hemos ganado ¿lo has oído en la radio?
—Sí… lo escuché —respondió Mikel acercándose a él y dándole un posesivo beso en los labios —¿Estuviste bebiendo? —preguntó apartándose de él luego de un instante.
—Con los chicos, en casa de Aarón, aún están celebrando allí si es que quieres ir, no creo que se detengan hasta… tal vez año nuevo —sonrió un poco más relajado.
—Ah… ¿Y llamaste a Draco para contarle la gran noticia?
—No —Gael negó con la cabeza y se apartó unos cuantos pasos de Mikel, fastidiado nuevamente —. Ha sido él quien llamó, y eso no tendría nada de malo.
—Yo no estoy reclamando nada —se defendió Mikel rápidamente.
—Te conozco, sé cuando viene uno de tus tontos reclamos —atacó Gael cruzándose de brazos, sintiendo como toda la euforia por haber ganado iba desapareciendo.
Mikel no le contestó, puso los ojos en blanco y luego se giró y se metió al baño.
Gael se quedó en pie un momento más, escuchando el agua de la ducha caer, pensando en si debía entrar al baño y meterse bajo el agua con él o no. Finalmente se dio la vuelta y salió de la habitación, seguramente que sus amigos sí seguirían celebrando y tomar un trago más le haría bien.
*
Draco recorrió con la punta de los dedos el costado de Harry, que se refregaba lentamente contra él, mientras dejaba unos cuantos besos por el cuello y el hombro, saboreando la piel de Harry.
—Draco… —suspiró Harry sintiendo la erección de Draco frotarse entre sus nalgas y bastante ansioso ya.
—Te amo —le murmuró Draco mordiendo un poco más la nuca de Harry y apoyándose mejor con una mano en la cama mientras que con la otra guiaba su erección hacia el pasaje estrecho y lubricado.
—Sí… —jadeó Harry sintiendo a Draco entrar poco a poco en él, ahora tenían mucho más cuidado, era lo que había recomendado la medibruja, sin embargo, eso no quitaba que fuera apasionado e igual de placentero.
—Oh Dios —suspiró Draco sujetando con una mano la cadera de Harry e inclinándose hacia delante para poder besarlo en los labios. Harry se arqueó de tal manera que lo hizo entrar un poco más en él y gimió dentro del beso.
—¿Está bien? —preguntó Draco algo preocupado, apartándose un poco y entrando nuevamente. Draco siempre andaba preocupado de que todo estuviera bien en cuanto a Harry se tratara, más aún en esas situaciones.
—Ajá… sí, así está bien —le respondió Harry arqueándose todo lo que su condición le permitía, estremeciéndose cada vez que Draco entraba más y más en él.
—Mmm… Harry —jadeó Draco inclinándose nuevamente para besarlo en el cuello y en cualquier porción de piel que encontrara libre, mientras la mano con que sujetaba la cadera avanzó un poco más, se entretuvo jugueteando con el oscuro vello antes de hacerse de la dura erección.
—Oh… sí, Draco —Harry comenzó a empujarse con un poco más de fuerza, agitando sus caderas para que esa mano ganara algo de velocidad mientras su interior era invadido una y otra vez.
Se movieron rítmicamente durante un rato más, en medio de besos y palabras sueltas, mientras la velocidad iba aumentando hasta llegar al punto de no retorno. Draco mordió con fuerza el hombro de Harry mientras se derramaba en su interior y sentía la esencia caliente de Harry entre sus dedos, acompañada de un sonoro gemido.
—¿Estás bien? —preguntó Draco saliendo lentamente de Harry y mirándolo con atención, Harry tenía los ojos cerrados y soltó un pequeño suspiro de satisfacción.
—Mejor que bien, creo yo.
Draco pasó una mano por el largo cabello de Harry ordenándolo hacia atrás y luego le dio un beso en la mejilla antes de dejarse caer completamente, Harry inmediatamente se acomodó a su lado y sintieron el brote de magia del abdomen de Harry al rozar la piel de Draco, ambos sonrieron complacidos.
—Pronto tendremos que ponernos en movimiento —advirtió Draco luego de haber estado dormitando por un rato más.
—Mmm… lo sé —suspiró Harry, realmente últimamente estaba tan cansado que no le provocaba mucho el tener que moverse.
—Si quieres puedes quedarte descansando hasta que lleguen, yo me encargaré.
—No, ya me levanto —aceptó pese a todo, aquella tarde llegarían sus amigos para el almuerzo inaugural de la nueva casa y sería el momento en que les darían la noticia, pese a que Harry ya llevaba seis meses y un poco más de embarazo, se habían encargado muy bien de esconder su condición ante los demás. Durante un tiempo había sido bastante sencillo ocultarlo, pero de pronto al quinto mes sus bebés parecían haber querido manifestar su presencia y abultar el vientre de Harry de tal forma que ya no era posible ocultarlo.
—Sabes… aún no hemos decidido qué haremos cuando nazcan.
—Lo sé, tendremos que tener una niñera, o buscar una guardería, aunque eso no me apetece —contestó Harry sin abrir los ojos y disfrutando del estar junto a Draco en la cama.
—Ni a mí, eso de dejar a los niños…
—O niñas —corrigió automáticamente Harry, a pesar de que se habían hecho otro ultrasonido unos días antes para ver cual era el sexo de sus gemelos estos, o estas, habían decidido que era divertido esconderse entre ellos y no se habían dejado ver. Draco había reído diciendo que eran niños muy pudorosos.
—O niñas —rectificó Draco ya sabiendo que Harry esperaba que lo fueran —no me apetece dejarlos en un lugar donde hay más niños… tal vez cuando crezcan.
—Entonces una niñera será, aunque creo que cuando nazcan tendremos que turnarnos para cuidarlas…
—O cuidarlos —corrigió esta vez Draco —. Partiremos los horarios —continuó—, nos turnaremos mañanas y tardes, ya le he pasado a Gael casi todo lo de los viajes para no tener que hacerlos en un buen tiempo así que eso no será problema.
—Cierto… ¿y la casa? Realmente necesitaremos ayuda —Harry comenzó a tensarse un poco recordando lo difícil que era manejar una casa de ese tamaño entre ambos, era imposible limpiarla, por más hechizos de limpieza que se supieran, eso sin considerar el tener que cocinar y todo lo demás.
—Si compráramos algunos elfos domésticos… —tentó Draco nuevamente, esa había sido su solución desde el inicio, pero Harry se negaba en redondo a tener, según decía él, un esclavo.
—Ya sabes que esa idea no es válida —gruñó Harry.
—Tenías a Kreacher.
—Pero porqué me lo heredaron, de otra forma no habría tenido a ninguno, lástima que no hayan ya elfos libres, creo que Dobby era el único.
—Los elfos libres son mal vistos, Harry, ya sabes que si son libres es porque hicieron algo malo y en su casa no los quisieron más, no creo que sea recomendable…
—Sí hay un elfo libre —interrumpió de pronto Harry, recordando el cuarto año, el mundial de quidditch y haber visto a uno, o mejor dicho, una, siendo echada sin razón aparente.
—Deben haber, seguro, pero…
—No, no —Harry se levantó un poco para ver a Draco —; es una elfina en realidad, ella no hizo nada malo, en verdad, yo lo vi, es más, estoy seguro que aceptará que le paguemos y todo.
—¿Pagarle?
—Ajá.
Y entonces Harry le contó toda la historia, Draco se sorprendió de que, tras tantos años, aún hubieran partes de la vida de Harry que no supiera realmente, como la historia de cuando casi los acusan de convocar la marca tenebrosa (le pareció ridículo que hubieran siquiera sospechado que ellos habían convocado la marca tenebrosa) y lo que pasó en el torneo de los tres magos, sintió a Harry entristecerse cuando llegó al final y contó lo de Cedric, el chico que había muerto durante la recuperación del cuerpo de Voldemort y como Barty Crouch Jr. se había desenmascarado delante de él, cuando casi lo mata. Lo apretó con un poco más de fuerza en torno a si y asintió recordando varias partes de ese año, la felicidad con que su padre había declarado que en efecto, el Señor Tenebroso había vuelto y lo maravilloso que pintaba el futuro en ese entonces. ¡Ah! Viejos y olvidados tiempos.
—Claro, habla con McGonagall y con ella, si quiere pues… —aceptó finalmente, dándole el gusto a Harry y no encontrando una mejor solución.
—Genial —sonrió Harry contento antes de darle un beso en los labios y ponerse en pie —. Vamos, ahora toca decirle a los chicos sobre nuestra familia —dijo señalando el más abultado vientre antes de jalar una bata y cubrirse, en realidad no le gustaba mucho que Draco lo viera así de "gordo".
—Es tonto que te cubras, ya te he visto.
—Y si ya me has visto ¿para qué quieres verme de nuevo?
Draco negó con la cabeza y se puso en pie también, jalando a Harry hacia el baño.
—Vamos, quiero bañarme contigo —le pidió con voz insinuante.
—Pero…
—Vamos, no seas tonto, además aún tenemos tiempo antes de que lleguen los chicos —le susurró una vez llegaron al baño, empezando a quitarle la bata.
*
Durante los primeros meses, cuando la condición de Harry no había sido tan notoria, éste había hecho su vida normal, o casi normal, considerando la paranoia de Draco, visitando a sus amigos, los Weasley y Andrómeda y Teddy, pero luego, cuando ya era imposible disimular que algo extraño estaba pasando, solamente se comunicaba con ellos vía flú o mediante cartas, se había excusado de sus ausencias argumentando resfriados y demasiadas ocupaciones acomodando la nueva casa, así que sus amigos ni nadie había sospechado.
Había dejado de ir al trabajo, comunicándose también vía flú con su asistente durante todo el tiempo para estar al tanto de todo lo que ocurría y de cómo iban las clases, y Draco le ayudaba trasladando documentos importantes y la información sobre los casos que tomaban y dejaba a cargo de Cleave o Laurent.
Esa sería la primera vez que todos notaran el cambio, y no podía negar que se encontraba algo más que nervioso ¿qué se supone que le dirían sus amigos a eso? ¿Se sentirían horrorizados?
—Si sigues golpeando la mesa de esa manera se terminará rompiendo —reprochó Draco pasando a su lado y dándole un apretón en el hombro.
—Lo siento —masculló Harry, ambos estaban en el comedor, la asistente de Draco, una mujer de mediana edad que había contratado poco tiempo atrás, había hecho un contrato con un restaurante de comida mediterránea y les habían llevado todo preparado y servido, dejando incluso la mesa lista, con hechizos de conservación, aún era algo temprano pero ambos ya estaban preparados para que sus amigos llegaran y visitaran la casa y por supuesto, para darles la noticia; habían invitado sólo a un grupo pequeño, primero a Ron y Hermione, a Gael y Mikel, a los señores Weasley y a Andrómeda, luego podrían hablar con el resto, pero por lo pronto ellos, que al fin eran los más cercanos, necesitaban saber lo que pasaba.
—No estés nervioso, no dirán nada malo…
—No lo puedes saber, Hermione y Ron tienen ese mal hábito de enojarse cada vez que hago algo que no les gusta.
—Eso fue cuando eran menos maduros, ahora ya hasta son padres, te entenderán y estarán felices… y si no… pues aún me sé un par de buenos hechizos para dejarlos petrificados antes de que digan algo de que arrepentirse…
—¡Draco! —advirtió Harry molesto, Draco soltó una pequeña carcajada y estuvo a punto de contestar cuando el sonido de las apariciones, producidas por los trasladores que les habían dado a sus amigos iniciaron.
—Vamos, ya es hora —suspiró Draco extendiendo la mano a Harry para que se pusiera de pie; luego de dudar un instante más, éste asintió y se puso en pie y, tomados de la mano, caminaron hasta la puerta principal para recibir a sus amigos.
*
Ron frunció el ceño mientras Hermione miraba extrañada a la pareja, cierto que no habían visto a Harry durante el último mes y medio, tal vez dos meses, porque habían estado demasiado atareados, ellos cuidando a Jules y en los trabajos y Harry y Draco en la nueva casa y sus respectivos negocios, pero definitivamente no esperaban encontrarse con un Harry que luciera tan extraño y diferente.
—Hey… ¿qué tal? —preguntó Gael a modo de saludo mientras estrechaba las manos de Harry y Draco y evitaba lucir desconcertado, detrás de él Mikel tenía la misma mirada que todos los demás.
Draco supuso que mejor hubiera sido que los recibiera él solo y que luego cuando pasaran vieran a Harry y les dijeran que era lo que estaba pasando.
—Hola a todos, gracias por venir —saludó hacia el resto, los señores Weasley y Andrómeda.
—Sí… es genial que pudieran venir —apoyó Harry sintiéndose también algo cohibido.
—Cariño, ¿estás bien? —preguntó la señora Weasley acercándose a él y mirándolo con atención.
—¿Por qué no pasamos? —contestó preguntando Draco antes que Harry siquiera abriera la boca —es obvio que tenemos que decirles algo y el jardín no es el lugar apropiado.
Todos asintieron no muy convencidos y siguieron a la pareja hasta la casa, Draco se dio el tiempo de indicarles hacia que lado quedaba la cocina y el comedor antes de llevarlos a la sala de visitas, donde ya había unas copas y un par de botellas de champagne heladas y listas. Esperaba que realmente ellos quisieran brindar.
—Entonces… ¿ya tienen todo acomodado aquí? —preguntó el señor Weasley mientras se sentaba en uno de los largos sofás, a su lado la señora Weasley, sin quitarle la mirada de encima a Harry se sentó también. Junto a ellos Andrómeda estudiaba a Harry con más atención que nunca, lo que hacía que se sintiera demasiado incómodo.
Harry se había puesto una túnica azul, algo ancha pero que no evitaba mostrar en algo su abultado vientre, y sonrió tímidamente hacia la mujer mientras se sentaba en uno de los sillones frente a ellos, Draco rápidamente se sentó en el brazo del sillón y colocó una mano sobre su hombro.
Ron, Hermione, Gael y Mikel se sentaron juntos y apretados en otro de los sofás, sin despegar la mirada de la pareja. Harry podía ver como Ron, que normalmente ya no se llevaba tan mal con Draco, ahora lo fulminaba con la mirada, seguramente suponía que cualquier cosa que estuviera pasando sería absolutamente su culpa.
—Sí, hemos terminado, no creo que nos falte nada —contestó Draco cortésmente, el señor Weasley siempre, pese a todo, había sido muy educado con él —, hace un par de días terminamos de instalar los últimos muebles en el segundo piso.
Harry sabía que se refería a la pequeña excursión que habían hecho hacia una tienda de artículos para bebés en Nottingham, un lugar bastante pequeño y a su parecer excesivamente caro, pero que Draco había escogido por su discreción y buen gusto. Finalmente habían salido cargados de una gran cantidad de artículos para amueblar la habitación de los bebés. Claro que al fin habían tenido que comprar un par de cada cosa.
—Y ya hemos conectado la chimenea con la fábrica y la escuela —continuó Harry con la explicación —, ayer en la tarde dejamos Grimmauld Place definitivamente.
—Eso es genial —comentó Hermione —ese lugar, después de todo, es demasiado espeluznante para vivir…
—Efectivamente lo es —apoyó Draco apretando un poco más la mano sobre el hombro de Harry, que le sonrió en respuestas dándole permiso para que dijera lo que tenía que decir —especialmente ahora que la familia está creciendo.
—¿Creciendo? —murmuró Gael sin entender y mirando hacia Draco, esperando una explicación más clara.
—Sí —afirmó Harry con la cabeza a la vez que levantaba el brazo para tomar la mano de Draco y entrelazar los dedos —, con los niños…
—O niñas —aportó Draco rápidamente, Harry sonrió un poco más.
—… que vienen en camino —completó Harry mirando hacia sus amigos.
Ron abrió la boca pero ningún ruido emergió de su garganta mientras Hermione inclinaba la cabeza hacia un lado y ponía ese gesto de incomprensión que Harry le conocía tan bien. La señora Weasley desvió la mirada inmediatamente hacia el vientre de Harry y entrecerró los ojos, como si tratara de ver más allá de su túnica y ropas.
Andrómeda frunció el ceño y su mirada se dirigió interrogantemente hacia Draco.
Gael hizo un gesto de incredulidad mientras Mikel se llevaba las manos a la boca y abría los ojos enormemente.
—¿Van a adoptar un niño? —preguntó Hermione finalmente, luego del instante de silencio, su voz sonaba insegura.
—No, en realidad los tendremos —corrigió Draco, su mirada y su actitud habían cambiado a una mucho más prudente, prácticamente esperando cualquier comentario desagradable y listo para contestar de la peor manera. Nadie lastimaría a Harry o diría algo hiriente y saldría bien parado de allí.
—¿Ambos? —susurró la señora Weasley mientras su mirada brillaba un poco más sin perder de vista el vientre de Harry.
—Bueno, yo los tendré —informó Harry en voz baja y lenta —, son gemelos.
La boca de Ron se abrió un poco más y se dejó caer completamente sobre el sillón mientras Hermione ponía una mano sobre su pierna, seguramente deteniéndolo de que pudiera decir o hacer algo estúpido.
—A ver si entiendo —empezó Gael lentamente, Harry se preguntó por qué no sonaba tan asombrado como todos los demás —, ¿hiciste una poción y un bebé crece dentro de Harry?
Draco arrugó un poco la nariz ante lo claro de la explicación de Gael, debió haberla pensado antes.
—Sí, más o menos así.
—Sólo que no es un bebé, sino dos —aclaró Harry mirando cautelosamente aún hacia los demás.
—Eso… ¿eso realmente se puede hacer? —preguntó Hermione inclinándose hacia delante.
—Curioso, lo mismo preguntó Harry —comentó Draco con una sonrisa tensa.
—Ya lo creo… es —el señor Weasley dudó un instante y Draco levantó una ceja, esperando el comentario —no lo puedo creer, es todo… pero es…
—Genial —dijo por fin la señora Weasley —¡Tendrán una familia! —exclamó con voz en cuello mientras se ponía de pie y caminaba hacia ellos, que la miraban perplejos —Una familia…
El abrazo de oso no se hizo esperar y pronto Draco y Harry se vieron envueltos entre los brazos de la mujer, que los apretaba y murmuraba una y otra vez: "fantástico"
—Sí que lo es —se apuró a intervenir Hermione poniéndose en pie también y abrazándolos en cuanto la señora Weasley los soltó. Draco y Harry recibieron el segundo abrazo de la tarde con algo de alivio, aunque aún faltaban el resto de sus amigos.
—Pensé que delirabas —comentó Gael poniéndose en pie y jalando a Mikel de una mano con él —cuando vi esa poción hace tanto tiempo —aclaró —, pensé que estabas loco, que no podrías conseguirlo —extendió la mano hacia Draco y éste correspondió al saludo con una sonrisa sincera.
—Gracias por creer que estaba volviéndome loco —contestó Draco, Gael hizo un gesto de disculpa y luego negó con la cabeza antes de abalanzarse sobre él y abrazarlo con fuerza.
—Loco de remate, pero te felicito —Gael se apartó de él y Draco vio a Mikel abrazando a Harry para felicitarlo también —y a ti, Harry, mira que… —volvió a negar con la cabeza e intercambió puestos con Mikel, para abrazar ahora a Harry —, simplemente no lo puedo creer.
Mikel le sonrió a Draco de manera amable y le dio un apretón de manos —Menudo lío en el que se están metiendo, pero los felicito, ustedes serán unos padres geniales.
—Nunca dejarán de asombrarnos… definitivamente —reprochó Andrómeda en tono cariñoso mientras daba un abrazo a Harry y luego otro a Draco, la relación entre ambos había mejorado bastante, Draco ahora siempre la llamaba tía Andrómeda y ella estaba muy orgullosa de ser su tía.
Luego de ella el señor Weasley, que esperaba paciente a un lado, se acercó y les dio un breve abrazo a cada uno, su rostro no había perdido la expresión de sorpresa, pero su sonrisa parecía sincera.
—Los felicito a ambos, Mikel tiene razón, serán unos padres fantásticos.
Cuando el pequeño alboroto se disipó Harry inclinó el rostro hacia un lado, buscando a Ron, que parecía pegado al sofá, observando todo con una mirada indescifrable, todos se giraron a mirarlo, Harry no podía ver sus rostros, sólo se fijaba en Ron, que se sonrojó al saberse el centro de atención, sintió la mano de Draco apretarse con más fuerza sobre su hombro nuevamente y la tensión aumentar en su cuerpo.
—Lo siento —masculló Ron poniéndose en pie y caminando rápidamente hacia ellos, Harry no entendió ese comentario, y quiso preguntar a qué se refería con que lo sentía, ¿sentía que estuvieran esperando un par de niños? ¿Sentía que no pudiera aceptar tal cosa? Pero no se dio tiempo de preguntar en voz alta, pues los brazos de su amigo lo envolvieron con fuerza, con tanta fuerza como la que la señora Weasley ponía en sus abrazos.
—Te felicito —le dijo en voz queda antes de apartarse —es que me han dejado asombrado —se excusó antes de girar hacia Draco y mirarlo con el ceño fruncido.
Draco le devolvió la mirada aceptando de manera silenciosa el reto, luego de un instante Ron suspiró y extendió la mano.
—Supongo que para algo tenía que servir tantas horas encerrado en el laboratorio, si has logrado esto.
—Gracias —contestó Draco en el mismo tono impersonal.
—Y ya sabes que…
—Si les hago algo me matarás —recitó Draco de manera automática, era un discurso que Ron le había dado un par de veces en el pasado.
—Exacto; no olvides lo de lenta y dolorosamente.
—Cierto —asintió Draco.
—¿No es genial lo bien que se llevan? —preguntó Hermione sarcásticamente hacia Harry mientras hacía una mueca de descontento, Harry asintió en respuesta sabiendo que nunca entendería la forma como Draco y Ron se toleraban.
—Entonces —dijo Draco con voz más aliviada —¿Brindamos?
*
La historia de Tamara Clarke:
Era mil novecientos noventa y siete y Jhon Clarke, su esposo por más de cincuenta años anunció que al fin había conseguido un contacto en el bando que ganaría la guerra, estaba emocionado y feliz, ¡incluso daba saltitos! pese a sus supuestos dolores de vejez; "ahora podremos hacer algo para que la sociedad mejore" había dicho entusiasmado mientras le comunicaba lo que pasaba a su esposa y su único hijo.
Tamara sólo había apretado los labios y se había abstenido de comentar nada, debía analizar la situación de mejor manera, no a la ligera, eso era algo que ella siempre hacía, pensar todo muchas veces antes de siquiera dar una opinión.
Le tomó algo de tiempo formular una opinión respecto al nuevo pasatiempo de su esposo, pasatiempo que su único hijo disfrutaba también.
Ella, al igual que su esposo y la familia de este, eran de sangre pura ¡Merlín no permita lo contrario! y había crecido con ideas muy claras al respecto: los magos sangre pura habían heredado su poder desde épocas milenarias, cuando Merlín caminaba por el mundo lanzando hechizos para que las plantas crecieran y los animales y bestias dejaran de estar enfermos, y los sangre muggle le temían, luego, con el paso del tiempo habían tenido que refugiarse y esconderse de esos mismos sangre muggle, ya que crecían en número y en maldad además, pues se dice que obligaban a los magos o brujas que capturaban a realizar hechizos y pociones para bienestar de reinos u hombres acaudalados, eso llevó a que se creara el estatuto de privacidad en el mundo mágico, todos se fueron aislando hasta crear los poblados y comunidades mágicas; pero de pronto eso había cambiado también, habían nacido brujas y magos extrañamente de muggles (o de magos indiscretos que habían negado su paternidad) y estos habían tenido que ser incorporados a esa sociedad secreta y desde entonces todo había ido mal, la sociedad se iba corrompiendo, antes era mucho mejor, exclusivo, ahora ni siquiera estaban seguros de que el secreto de la existencia de ellos persistiera o que los muggles no tuvieran algún plan maquiavélico para apropiarse de sus poderes.
Había escuchado a esa mujer, Dolores Umbridge, que muchos muggles habían encontrado la forma de robar la magia, de hacer que magos y brujas compartieran sus poderes con ellos, y que esa seguramente era la forma en que habían nacido los tan nombrados sangre muggle (ella, pese a todo era una dama, no podía ir diciendo por allí sangres sucias, aunque por supuesto que manejaba el término y además había escuchado a su esposo y a su hijo bastantes veces mencionarlo).
En ese entonces no encontraba tan dañino que esa gente tratara de arreglar el mundo, e incluso estuvo complacida ayudando a su esposo, recibiendo gente extraña en casa para que se quedaran a pasar la noche y a tomar un plato de comida caliente, dándoles algunas pociones para el resfriado o el dolor de golpes. No fue hasta mil novecientos noventa y ocho, en que las cosas le parecieron ya no tan atractivas, sobre todo cuando vio esa horrible marca en el brazo de su hijo inflamarse y a él retorciéndose de dolor mientras decía que "El Lord" lo llamaba, su esposo no tenía esa marca, y ninguno de los que había cobijado tampoco, su hijo parecía feliz de portarla, aunque afeara la bella piel de su brazo o le causara dolor. Aquella vez se dijo que tal vez debía meditar un poco más sobre lo que realmente estaban haciendo los hombres de su familia.
No fue hasta seis meses después, cuando en lugar de regresar a casa, como cada amanecer, su esposo y su hijo, volvió sólo esté último, herido de gravedad, había sangre por todos lados, "los de la orden han atacado", explicó en medio de lamentos su hijo, mientras la sangre ensuciaba el piso del salón, ese donde había recibido a tantos compañeros de la causa. "No pude salvarlo a él" continuó explicando su hijo en medio de accesos de tos "Nunca nos detenemos para rescatar a nadie, pero yo no podía dejarlo..." Su hijo lloraba mientras ella lo sostenía en sus brazos, le contaba cosas horribles acerca de matanzas, de gente siendo ajusticiada, le dijo que tenía miedo, que tenía miedo de lo que pudiera encontrar más allá, pasando la vida.
Cuando Tamara dejó el cuerpo sin vida de su hijo sobre el piso no necesitó mucho tiempo para decidir qué hacer. Era anciana, y las dos razones de su vida habían muerto ¿qué le quedaba ya? nada, absolutamente nada por que luchar o que defender.
Se puso su mejor túnica de salida a la calle y su sombrero de flores rosas, tomó su monedero con todo el oro que tenía en casa, una foto de su familia, de lo que había sido su familia durante tantos años y la llave de su cámara en Gringotts, pensando que podría necesitar ese oro en algún momento, cerró su casa y salió a la calle, hacia el Ministerio de magia, en busca de los aurores.
Tuvo la suerte de encontrar a un par de aurores bastante amables y les dijo todo lo que sabía, lo que había escuchado en las cientos de reuniones de su esposo y su hijo, con los demás que se denominaban mortífagos, dio nombres, fechas, tenía una buena memoria, y supo aprovecharla. A cambio de su participación los aurores prometieron no mencionar el nombre de su hijo ni el de su esposo como delincuentes o mortífagos y dejarla a ella quedarse en una pequeña pensión, para su sorpresa, muggle, pero no tenía mucho más de donde escoger, después de todo.
Ellos se habían encargado de todo y esa misma noche estaba ya en una pequeña y acogedora habitación con vista a un verdoso jardín, rodeada de mujeres vestidas de blanco que daban la impresión de ser amables. Sus gastos estaban pagados hasta el final de sus días, y aunque sabía que aún le quedaban sus buenos años por vivir, se dejó jubilar y encerrar en ese sitio ¿qué más podría hacer sin su esposo e hijo al lado?
Un año después de que llegara a ese lugar, en donde ya tenía una rutina establecida y había aprendido las costumbres muggles, llegó uno de los aurores con los que había hablado tiempo atrás: "¡La guerra ha terminado!" había clamado, aunque el otro auror, su compañero, no había podido sobre vivir, "Potter lo ha hecho, ha matado a ya sabe quien" continuó el hombre, pero ella ya se sentía demasiado vieja y cansada para intentar volver a casa, era feliz allí, tenía un lugar para ella solita y sin embargo podía ir a hablar con las otras mujeres cuando quisiera, podía ver esa cosa llamada televisión que emitía esas imágenes tan lindas… No, definitivamente volver no era más una opción ni un deseo, no tenía ya familia ni nadie que la esperara.
El auror había prometido que todo se mantendría en reserva, muchos magos habían desaparecido durante la guerra y otros tantos habían sido capturados y condenados luego de ésta, no había nada que temer, sin embargo, sus archivos seguirían manteniéndose en privado, ya que gracias a ella y sus declaraciones habían podido detener a un pequeño grupo de mortífagos.
Y así había sido la pequeña historia de su participación en la última guerra.
Ahora Tamara estaba cómodamente sentada en su mecedora, disfrutando que la tarde era lo suficientemente cálida para que sus huesos no dolieran y que el sol se estaba poniendo a lo lejos, creando colores maravillosos en el cielo, cuando lo escuchó, un sonido poco habitual para una tarde de jueves.
Antes de girar a ver quién estaba en la puerta lo supo, lo había sabido desde mucho tiempo atrás, desde que se había recluido allí, los malos siempre se vengan, eso era lo que ella creía y ésta no sería la diferencia.
No gritó, aceptó con dignidad el castigo, dos hombres la tomaron de los brazos mientras un tercero se acercaba a ella con una jeringa, era curioso que ya no cubrieran sus rostros, o que ya no usasen magia. El líquido entró como un ardiente suero por sus venas y le enfrío poco a poco la piel, no les dio miradas resentidas ni de miedo, simplemente se dejó acomodar en la mecedora nuevamente, escuchó una voz de hombre: "traidora"; curioso que fuera a ser lo último que escuchara mientras el cielo seguía cambiando de color, a uno cada vez más oscuro y sus ojos se le iban cerrando poco a poco hasta que… simplemente todo acabó.
*
Muchas gracias a todos por leer; espero que este capítulo les haya gustado.
Creo que ya se imaginan lo que pasará en el siguiente capítulo…
Antes de despedirme quería compartir con ustedes lo que magann (Magali) ha creado: es una imagen de los personajes..
h t t p : / / s 8 4 6 . p h o t o b u c k e t . c o m / a l b u m s / a b 2 7 / z a f y _ dr a c o /? a c t i o n = v i e w & c u r r e n t = p e r s o n a j e s p a o . j p g
Le deben quitar los espacios para verlo...
Les dejo un beso y como siempre, agradecida y contenta de todos los lindos comentarios que envían…
Zafy
