Niñera

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No hablaba, no me decía nada sólo se aferraba a mi con fuerza. Estaba confundido, hace un momento ella lloraba por Neji Hyuga, me tome unos segundos para digerirlo y ahora que iría a enfrentarlo ella se apegaba a mi como su yo fuera oxígeno en el universo.

-¿No me lo dirás?- ese silencio en ella no me gustaba.

Le tome del rostro y la hice mirarme, me destrozaba verla perturbada, temerosa, si quería que me contara necesitaba calmarla, darle seguridad y confianza. Junte nuestros labios, buscaba darle ternura, transmitirle calma pero Mi Hinata sólo llevo sus manos a mi nuca y sus labios se movían con desesperación sobre los míos; la rodee por la cintura y la levanté del piso, insistía en marcar un ritmo lento en aquel beso al igual que ella insistía en un ritmo torpe y ansioso.

-Tranquila amor- dije entre besos -no me iré a ningún lado.

La recosté en la cama, el sexo liberaba, relajaba y esperaba calmarla con eso. Subí su blusa y baje mi rostro a sus pechos llenándolos de besos húmedos, mis manos acariciaban su vientre, estaba más delgada o sólo mi preocupación por ella incremento al verla de esta forma y comenzaba a alucinar; Mi nena estaba agitada pero no por mi causa si no por su temor, se lo arrancaría completo.

Mis manos llegaron a sus rodillas y de ahí subí por sus suaves muslos, marque un camino de besos hasta volver a sus labios y meter mi lengua en su rica boquita, se estaba calmando cada vez un poco más, tome el borde su sus pantis y las deslice para abajo, para luego abrir mis pantalones.

-Preciosa, te amo como loco Mi pequeña- quería consolar sus miedos -no me iré jamás ¿sí princesa?- necesitaba hablar con ella, me rompía verla en mal estado -aquí estoy.

Sus manos reaccionaron quitándome la camisa, nuestros sexos se rozaban con delicia, su bello cuerpo me incitaba a tomarla, poseerla y sentirla mía. Mi nena me abrazo por la espalda con fuerza apagando me bien mi pecho a sus bellos cenos, me hundí en su vagina, amaba ese lugar tan húmedo, tan proclamado mío, tan placentero; sus gemidos me cautivaban aunque esta vez sonaban diferente, entrecortados y ligeros.

-Nena, te amo, Mi pequeña- me moví con algo más de entusiasmo -te adoro- no sentía que ninguna palabra ya expresara bien lo que sentía por ella -te idolatro Mi Diosa hermosa.

Su agarre en mi espalda se aflojo un poco, ya sólo sus dedos se incrustaban en mi espalda causa de la excitación y el placer de sentirnos; ya la sentía volver, relajarse, le bese el rostro con devoción, su estreches me absorbía, en cada estocada se apretaba y mi pene se sentía muy bien; acelere más, no buscaba perder el control, quería hacerla venir a mi y que me compartiera su dolor, su preocupación, aún si terminaba molesto, la quería sincera pero estar en esta posición me costaba no querer cogérmela con rudeza.

-!AH!- le había dado su orgasmo.

Yo sólo no pude dejarlo hasta ahí, me moví mucho más brusco hasta derramarme dentro de Mi princesa. Deje caer mi peso en ella por unos segundos, luego me recosté de lado sobre la cama, Mi nena se recostó igual quedando frente mío, su pequeña y delicada mano acaricio mi pecho y mi abdomen, sabía que le gustaba esta zona de mi cuerpo y me encantaba que le gustará. Acaricie su cabello, siempre largó, siempre suelto, tan oscuro como siempre y con ese adorable flequillo que se le pegaba a frente con el sudor.

-¿Vas a contarme?- le bese la frente.

Ella callo por unos segundos más, no me miraba, sólo observaba lo que veía frente de ella, aquel torso que ya conocía bien, que había tocado mil veces y que en ocaciones sólo lo repasaba por puro aburrimiento.

-Neji...- de nuevo ese sujeto -él no se fue por voluntad, tú lo hiciste- no supe como interpretar eso, ¿me reclinaba? O ¿sólo decía que ya lo sabe?

-Y sabes bien porque- la abrace.

-No me lo dijiste- su voz, dolía escucharla así.

-¿Eso es lo que te molesta?- beso mi pecho.

-¿Por qué- su voz temblaba, estaba lastimándola -no confías en mi?- y la escuche llorar en mi pecho.

Acaricie su cabello, Mi princesa era lista, lo sabía bien, sólo fue cuestión de tiempo para que hilara el asunto. Ya había olvidado la razón del porque no le dije, la imagen de Neji Hyuga escupiendo sangre me vino a la mente, ella había pedido que no lo lastimara, que no le hiciera daño y yo no había cumplido su petición, había evitado que se molestara conmigo pero eso la hizo creer que no confiaba en ella. La había roto.

-Hice lo que no querías que le hiciera- no estaba orgulloso por eso pero tampoco pediría una disculpa -no fue fácil para mi dejarlo ir sólo así y menos después de ver aquel cofre.

-¿Qué cofre?- me enfrente a su mirada desbordada por algunas lágrimas.

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Suspire no pensé nunca hablarle de esto y aquí estábamos; Hinata ponía aquel video en la estancia, yo estaba recargado en la pared con las manos cruzadas y mirando para otro lado, no pensaba volver a verlo.

-"Oh Hinata"- escuchar de nueva cuenta su voz me hizo apretar mis brazos.

-"Ni...i-s...an ah, ah, ah"- nunca supe que era más despreciable, que él deseará a MI PRINCESA o que forzará a aquella castaña a hacer algo así de repugnante.

No hubo más sonido, gire el rostro y la vi con los ojos abiertos y el control apuntando al televisor, lo había apagado. Se quedo así unos segundos que me parecieron eternos.

-Había más cosas pero simplemente no podía tolerar verte en ellas- esas fotografías donde estaba dormida, en la ducha o cualquiera más, todo ahora era sólo cenizas.

-¿Por qué lo guardas?- bajo la cabeza.

-Garantía- dije -si él vuelve se lo mostraré a Hiashi-san.

Hinata me vio con terror en el rostro, la entendía exhibirla a ella tampoco me agradaba, aunque ella no estaba involucrada en aquella escena físicamente.

-Aún si vuelve- se levantó -no lo muestres.

-Amor...

-No- dijo apenas -Tenten-san ya sufrió bastante- sus lágrimas corrían por sus mejillas de nuevo.

Camine asía ella y la encerré en mis brazos. Tal vez nunca entendería el tamaño de su bondad, bese su cabello, antes de ella siempre pensaba en los demás, siempre expresaba su voluntad por no dañar a otros, realmente era un ángel o una deidad; era en momentos como esté en que me sentía muy inferior a ella y en que mis sentimientos por ella aumentaban. Ya no podía esperar a dar el siguiente paso con ella.

-Quédate esta noche- suplique.