Nota del autor:
El 15 de mayo inició la ronda novena, y naturalmente hay un ambiente demasiado enrarecido. Y de paso, empezarán a haber cambios en la forma de trabajo de las dos comisiones de negociadores, los cuales han intentado apresurar el ritmo del proceso con una metodología nueva: reuniones individuales. Agreguémosle una nueva controversia que ha surgido repentinamente, y que de alguna forma, no se cual, va a interferir en el proceso: la posible reelección del presidente Juan Manuel Santos Calderón. Naturalmente, hay mucha división y desconcierto al respecto, en especial después de un intento de reforma parlamentaria al periodo presidencial colombiano (pasar d años, sin posibilidades de reelección), y también después de toda la controversia que suscitó la tan compleja reforma constitucional del 2006, en la que se establece que ningún presidente de la república podrá ser elegido por MAS DE DOS PERIODOS.
Bueno, debido a esto, he tenido que replantear ciertamente algunos capítulos que tenía proyectados sobre otros temas ciertamente espinosos y delicados, y que he de tocar en cierto punto. Son temas demasiado sensibles, que pueden herir susceptibilidades de diverso tipo.
Otro hecho está en que he tenido relativamente algo de inconsistencias para escribir esta historia. Principalmente por motivos personales que no vienen al caso, pero intentaré seguir, pues siento que debo reencausar el sentido original de esta historia (que es sobre el proceso de paz actual y así mismo sus más claros precedentes), pero me es inevitable tocar el tema de la actual crisis venezolana, y además que me es difícil tratarlo de una forma neutral. Todos ya lo habrán notado: en los capítulos dedicados a la crisis venezolana hay un notorio sesgo antichavista, porque siento que es necesario que Latinoamérica se libre del mal enorme que la consume: el falso dogmatismo. Y no solo hablo del asqueroso dogmatismo Castro comunista que existe en este momento en Venezuela, sino también del mismo enfermo discursillo dialéctico de la extrema derecha, imbuido en paranoicas y retorcidas fantasías seudofascistas.
Sin embargo, algunos dirán: "¿Cómo un colombiano puede tener autoridad moral para escribir sobre lo que sucede en Venezuela?", es sencillo decirlo, pero quisiera aclararlo de una vez: la crisis venezolana también me concierne. No solo como colombiano, o como un demócrata convencido (porque creo en el pluralismo democrático, y creo también que todas las ideas merecen un espacio, siempre y cuando se acojan a preceptos mínimos de convivencia y respeto), sino también porque tengo familiares en Venezuela. Inevitablemente, cualquier cosa que pueda suceder en José, siempre repercutirá en Juan y viceversa.
Aryana-MMVA: comentarios como los tuyos me dan las suficientes fuerzas para seguir con esto. Admito que a veces es demasiado duro escribir una o dos palabras, pensando tal vez en las reacciones que se desatarán, y también con respecto a ciertos temas que son demasiado complejos. Sin embargo, cuando llegan comentarios de este tipo siento que me vuelve el alma al cuerpo, me dan ese impulso que necesito para seguir con esta historia, que siento que ha trascendido más allá del fandom, para convertirse en un testimonio vivo, en una lumbrera eterna que siempre permanecerá viva y encendida para evitar que todas estas infamias caigan en el olvido. Te agradezco tus palabras desde el fondo de mi corazón, pues con ellas, siento que al menos he cumplido con parte de mis objetivos. Eres bienvenida con nosotros, puesto que en este momento tan trascendental, Colombia necesita de todos sus hijos para que podamos sanar sus heridas.
Por cierto, habrá algo de lime (no voy a malacostumbrarlos) en este capítulo. Después de ya transcurridos cincuenta y cuantos capítulos, siento que es necesario corresponder a ustedes con algo de… bueno, ustedes ya saben.
Total, después de la nota de siempre, los dejaré con el capítulo.
Capítulo 52: acompañándote en la soledad y en la oscuridad.
La Habana, el 16 de mayo por la tarde.
El inicio de la ronda novena sería totalmente distinto. Las rondas no serían a partir de negociaciones conjuntas, sino en mesas de trabajo separadas. El ambiente, no era el mejor: sencillamente la controversia estaba abierta por los rumores de una reelección. Los choques entre los jefes negociadores eran evidentes: naturalmente el pragmatismo de Márquez y el laconismo frío de Humberto de la Calle no aportaba a la discusión del primer punto.
Y también estaban sus dudas frente a su propio presidente. Dudas que crecían con el paso de los meses bajo ciertas actitudes de su mandatario, ciertamente demasiado vacilantes y poco sólidas. No era para menos, la oposición colombiana estaba realmente consolidada en un asidero muy favorable, existía el evidente descontento entre el grueso de la opinión pública colombiana, cualquier paso mal dado lo afectaría.
Desatendió los dos comunicados. Leía atentamente en su Tablet las ultimas noticias. Nada favorable, la crisis venezolana seguía en ritmo cancerosamente destructivo, y mientras tanto varios escándalos seguían destapándose con invariable frecuencia. INTERBOLSA había sido una olla demasiado pútrida, que revelaba un mundo de finanzas muy oscuras, en los que Narcos y guerrilla empezaban a interferir en el mercado de valores.
—bueno, como una conclusión final, durante la semana del 20 al 24 ambos equipos negociadores trabajarán por separado. —dijo entonces Noruega de forma cortante y fría—evidentemente nosotros, como facilitadores nos rotaremos para supervisar los trabajos de ambas comisiones.
Los ojos de la representación del reino escandinavo se fijaron en la representación de la nación colombiana.
—Jean Paul…. Pon algo de atención a esto, o sino tomaré esa pad y te la romperé en tu cabeza si no vuelves a atender
—ahora sé cómo se siente Mathias —contestó sardónicamente el colombiano, esbozando una sonrisa cansada.
Guardo la Tablet, y miró los documentos que habían en la mesa, no era nada nuevo para él, eran simplemente las 25 principales proposiciones que circunscribían al tema de desarrollo agrario, y otras nuevas que habían sido agregadas con el paso del tiempo.
—como venía diciendo, —prosiguió el nórdico— trabajaremos por separado y de paso, intentaremos agilizar conclusiones para el siguiente punto. Para el fin de esta ronda, todos debemos de tener listo el primer acuerdo que deberá de cerrar este punto de la agenda, para así pasar al siguiente.
—entendemos perfectamente su solicitud de agilidad, señor Noruega —le dijo entonces Pablo Catatumbo— noto sin embargo, que ninguna de las partes ha decidido ceder.
—y es verdad, señor Catatumbo —siguió el escandinavo de cabellos rubios y ojos púrpura— pero en este momento, creo que todos coincidimos en apresurar el paso para que el proceso pueda fluir... ¿no es verdad?
—supongo que te referías a mí —le dijo el chico de cabellos negros y ojos verde esmeralda.
—sí, y también aludo al principal hecho de que el señor Narváez Montenegro no puede participar en las próximas rondas, a menos de que su situación política se estabilice. —luego, miró a Márquez con sus glaciales ojos purpura— en este instante lo mejor que puede pasar es que Venezuela se retire como mediador en el proceso.
—la revolución bolivariana está siendo atacada desde adentro, y usted simplemente se empeña en decir que excluyamos a la república bolivariana de Venezuela del proceso —dijo Márquez— es inadmisible, es por el señor Narváez y por el comandante Hugo Chávez, que siempre está presente en nuestra memoria, que estamos aquí buscando la paz.
—y por eso, y por el beneficio del proceso no debemos de tocar el tema de la crisis política que aqueja al señor Narváez Montenegro. —insiste el nórdico.
Todos callaron. Noruega simplemente tomó un vaso de agua, leyó un par de documentos redactados en Nyonorsk1, posteriormente se sentó en su lugar.
—bien señores, todo está dicho —dijo entonces Carlos Machado, representación de la república de Cuba— desde mañana empezaremos con las rondas individuales. Nosotros, como naciones facilitadoras nos encargaremos de supervisar el trabajo de ambas comisiones de forma imparcial.
—Carlos y yo estaremos supervisando a la comisión gubernamental, dirigida por el señor Humberto de la Calle. —dijo el nórdico.
—mientras que Juan y yo nos encargaremos de vigilarlos a ustedes —atinó a decir el chileno de forma seca.
Silencio. Todos se estaban cruzando las miradas con algo de frialdad manifiesta, y algo de incomodidad.
—¿no hay oposición?,… bien. —dijo entonces Noruega— las comisiones empezarán su trabajo mañana por la mañana.
Se disolvió la reunión de ese día, y las comisiones entonces se dirigieron a sus lugares de residencia.
Esa misma noche, en la casa de Carlos…
El calor era sofocante, a pesar de ser de noche. La guayabera parecía impregnarse a su cuerpo, por lo que se la quitó. Esta estaba ya de por sí bastante húmeda por el sudor corporal, mientras intentaba aclarar toda la información que llegaba con la crisis venezolana.
Intentó telefonear de nuevo a José, pero la línea estaba cortada por completo. Una tarea que ciertamente era imposible. Y por alguna extraña razón, se sentía vigilado. Quizás era paranoia, o impresiones suyas, no importaba. Lo único que quería hacer era tomar un baño rápido, refrescarse, e intentar no pensar en lo que estaba sucediendo, y en el nuevo rumbo que tomarían las negociaciones a partir de ese momento.
Una por una, desenrolló las vendas que estaban en sus brazos, torso y piernas. Acto seguido, se quitó la ropa interior e ingresó a la ducha, abrió la llave y dejó que el agua cayera sobre su cuerpo.
En medio de todo, intentaba pensar coherentemente todos los sucesos que se estaban desencadenando: ¿Cómo pudo haber llegado a eso?... ¿por qué había optado por traicionar a su hermano?, ¿importaba más la conveniencia política o lo que le pudiese pasar a José?. Todas esas dudas le inundaban su mente en ese instante, era un ambiente político demasiado confuso, demasiado enrevesado, demasiado difícil de entender. Además de eso, estaban los cuestionamientos alrededor de algunas políticas que ciertamente generaban varias dudas en su interior, con respecto a la forma de gobernar de su actual presidente. Pero era una enorme contradicción con respecto a sus últimos mandatarios: sentía esas mismas contradictorias emociones con respecto a Uribe.
No sabía que pensar.
Salió entonces de la ducha. Se secó con una toalla que tenía a la mano, y se abrigó con ella. Estaba cansado, a pesar de que su cuerpo no lo aparentase. No deseaba pensar en nada en ese momento, muchas cosas cruzaban por su mente: los acuerdos a los que tenían que llegar, los cuestionamientos hacia su presidente, el manto de dudas frente a una posible reelección, los cuestionamientos de la oposición frente al gobierno,… escándalos, problemas y más problemas que no parecían acabar.
Lukas se dirige hacia su cuarto. Lleva consigo algunos cuantos documentos, entre ellos la ley de restitución de tierras. No entiende algunos puntos, desea que alguien se los explique antes de empezar con las veedurías a las reuniones individuales. A pesar de haber comprendido y entendido el complejo entramado legal colombiano (el nórdico se había asombrado mucho con la complejidad y vastedad de la legislación colombiana), algunas cosas se le hacían difícil de entender. La constitución colombiana la entendía a la perfección, era su deber conocer el fundamento legal básico de la legislación colombiana.
Total, Juan no se había percatado de que no había puesto seguro en la puerta. Lukas abrió, encontrándolo desnudo, con la toalla alrededor de su cuello, recién salido de la ducha.
—Luke, ¿supongo que necesitas algo?... —inquirió el colombiano con algo de perpleja inocencia.
—e-este… yo… —tartamudeó el noruego— mejor regreso más tarde.
—ah… discúlpame, como vivo solo, estoy acostumbrado a salir así del baño… vivo solo desde hace ya más de 180 años, así que debería de ponerme más presentable.
—eh… no, no.. no tengo problema.
Le recordaba un poco a Mathias, y no sabía por qué. Tenía ese aire de leve inocencia en sus ojos verde esmeralda que se lo hacían recordar. No era arrogante, bueno, no en desmedido exceso, pero tampoco podía negar el buen estado físico del colombiano. Musculatura definida y bien trabajada, aunque no excesiva, se notaba el estricto entrenamiento militar en su cuerpo. En un sentido práctico, era un soldado listo para la guerra, adiestrado para ella, y que vivía permanentemente en la guerra. Lo demostraban así sus cicatrices, de todo tipo y clase: cortaduras, quemaduras, tonos levemente dispares en algunas partes de la piel de la representación de la república de Colombia que indicaban diferentes niveles de cicatrización. Total, no era la primera vez que veía a un hombre sin ropa, pero era algo incómodo para el nórdico ver a su compañero de trabajo recién salido de la ducha, como si nada.
Y además de eso, notó otras cosas… que bueno, le causaron ciertamente algo de incomodidad, pero que no podía negar que en algo era favorecido el hispanoamericano.
Naturalmente, Juan se enrolló la toalla alrededor de su cadera, cubriendo sus "regiones vitales", con algo de vergüenza. El nórdico evadió algo apenado la mirada, e inmediatamente se acordó del motivo por el que entraba al cuarto del hispano.
—Eh.. tengo algunas dudas con respecto a las leyes de restitución de terrenos…. Que desearía que me aclararas.
—claro, ¿puedes mostrarme los documentos?
Con algo de mal disimulados nervios, sacó algunos papeles del folder que llevaba consigo. Toma su libreta y empieza a atender las explicaciones que le da el colombiano, sentado como si nada en su cama. Él está a su lado, apuntando de forma nerviosa, tratando de no pesar en lo que acababa de ver, pero era inevitable. Total, era demasiado tiempo el que había transcurrido desde su ultima vez, no es que necesitase de la compañía del danés, no quería que este estuviese pegado a él como una lapa, pero a fin de cuentas lo extrañaba. Así no lo pudiese aceptar de forma abierta.
—….total, el impedimento principal de algunos de los procesos han estado en la doble, inclusive tripe titulación de varios predios que habían sido expoliados. —ilustraba el chico de cabellos color azabache— hay casos muy confusos en los que pueden haber cuatro o cinco reclamantes, sobre una misma extensión de terreno.
Y proseguía así por espacio de varios minutos, mientras el nórdico, a una prudente distancia tomaba nota, intentando no distraerse en el físico del latino de ojos verde esmeralda.
—…Luke… desde que iniciamos, me andas mirando raro.
—tonterías mías —dijo el nórdico de forma seca.
Él sonrió. Era extraño, pero a Lukas se le hacía más sincera y encantadora la sonrisa del colombiano que a la del danés, siempre arrogante y confiada.
—no son tonterías tuyas, estás pasando por lo mismo que yo y no lo aceptas.
—no es verdad, no siento nada por…
—eres un vil mentiroso —dijo entonces el colombiano, acercándose cautelosamente al noruego. Este se sobresaltó un poco— sé que extrañas a tu "rey del norte"…
—¿Cómo es que-,..?
—ay Luke… ¿crees que tú eres el único nórdico con el que me relaciono?
"Tino… ese idiota me las va a pagar", afirmó para sí el noruego algo molesto. Sin embargo, no se había fijado que la toalla que cubría al colombiano se había caído, revelando lo que ocultaba. La situación de por sí era incómoda para el noruego, se sentía como una presa acorralada. Y esa sensación no le gustaba.
—dime, ¿piensas que yo pueda reemplazar a José?...
Eso dejó algo frío al colombiano. El noruego lo miró fijamente, sus ojos purpura se cruzaron con los ojos verde esmeralda del colombiano. Miró esa insondable desesperación, esa soledad espantosa, ese remordimiento amordazado que siempre estaría ahí, como su carga eterna, como otro de sus tantos lastres.
—no hablo de eso —le dijo entonces Colombia a Noruega— tú estás solo, pero sabes que puedes contar con Mathias Køhler cuando lo necesites. Pero José… él es otro caso, no podría ayudarlo, así quisiera.
—adivino: conveniencia política.
—si, los intereses del gobierno de Maduro interfieren en el proceso, y eso es inevitable separarlo.
Necesitaba de compañía, de alguien que lo entendiera, de alguien que supiese claramente a lo que se enfrentaba. La edad no importaba, a pesar de todo él era consciente de que el reino escandinavo le llevaba unos 500 años de ventaja, mientras que él apenas tenía 202 años y contando.
—no quiero pensar en nada —le dice entonces el colombiano, con un deje de tristeza— quiero olvidar… quiero que tú me ayudes a olvidar…
—no podrás olvidarte de…
Lo cortó con un repentino beso. Era algo tal vez demasiado sorpresivo para el nórdico semejante reacción. ¿Acaso ese era su escape?... pero había algo… diferente e indescriptible en ese beso: sabores a café, con matices fuertes e intensos era lo que sentía en ese momento. Dejó que la lengua del colombiano entrara en su boca, sintiendo otros sabores, frutos del trópico, el fuerte sabor del canelazo y el chocolate, mezclado con otras sensaciones diferentes y nuevas que jamás había sentido.
Juan sintió algunos sabores algo extraños, apagados y tenues, pero que eran serenos y relajantes: los sabores tenues del reihmerlsøhlm eran los más predominantes. Avellanas, un sabor profundo a miel silvestre y frutos secos era lo que sentía en ese momento. Era simplemente relajante, una sensación de sosegada placidez y quietud.
—olvidarme de que… ¿de José, del proceso, de mis responsabilidades? —le dijo entonces el colombiano de forma algo brusca después del beso.
—no vuelvas a…
Otro beso, mucho más profundo y apasionado. Era inevitable. E incorrecto. Pero que importaba, a fin de cuentas ya habían iniciado, tendrían que terminar. El noruego entonces tomó las riendas de la situación, pasando a una posición dominante, respondiendo a los besos con otros más apasionados. Era extraño, pero Lukas no parecía ser tan frio y cortante en ese momento.
Aun así, entre todo esto, el noruego se detiene justo a tiempo. Su camisa está desabotonada, aun no se ha quitado ninguna de sus prendas, lo cual era demasiado conveniente para él.
No puedes dejarte llevar, él es tu amigo, estás en medio de un proceso de paz como nación facilitadora… ¡no puedes reaccionar a tus impulsos como una zorra de quinta! —se espetaba para sí el nórdico en su mente.
Juan Pablo miró a Lukas con perplejidad.
—¿sucede algo? —inquirió entonces el latino
—no es correcto lo que me propones.
—y dime, ¿qué es lo correcto? —le cuestionó el colombiano con algo de sequedad— todos hemos hecho cosas que han sido incorrectas durante cientos de años, pero que eran necesarias. El concepto de lo correcto e incorrecto no existe, no hay nada que sea totalmente correcto o incorrecto, solo hay necesidades. Y en este momento, necesito de ti más que nunca.
—pues, búscate a otro.
El noruego se levantó de la cama. Pero el colombiano le detuvo. Lo miró fijamente a los ojos, en un gesto de súplica. El necesitaba calor, de alguien que lo entendiera, de alguien que lo acompañase en medio de su soledad, de alguien que de verdad lo comprendiera. Durante todo el tiempo que había transcurrido desde el inicio del proceso, el noruego lo había apoyado en todo sentido. En secreto le agradecía toda esa dedicación hacia el proceso, sentía que al menos podía entender su situación en ese momento de espantosa incertidumbre.
—Luke… de verdad, te necesito —le suplicó el colombiano.
Lo abrazó. El colombiano se aferró con fuerza a ese abrazo, como si fuera un náufrago aferrado a su única tabla de salvación. El noruego no sabía qué hacer, que pensar, como reaccionar en ese instante. Era difícil para el en ese momento tener una posición frente a lo que estaba sucediendo, hacer de tripas corazón era demasiado duro para Juan en medio de aquel desastre anárquico en el que se sumía su propio hermano.
Sin embargo, no pasó nada. Excepto tal vez, que el noruego simplemente se dejó abrazar, intentando servir de compañía par aquel hombre desesperado que estaba a su lado, quizás tal vez intentar paliar su enorme soledad e impotencia frente a lo que pasaba.
Lo único que puede oír, antes de que este sucumba ante el sueño es una sola frase, de tres palabras, corta, como una desesperada suplica.
—no me dejes solo…
Y eso generaba en el nórdico una serie de dudas frente a sus emociones.
1 Variante del noruego tradicional, usada como lengua común en las entidades oficiales.
