55- Confianza
Si hubiera sido secuestrado, atado, y enterrado con los ojos vendados, Falco tendría la confianza ciega de que Fox vendría a rescatarlo y salvarle la vida aunque fuese en el último segundo, cuando la última parte de oxigeno que hubiera podido utilizar se hubiera convertido en dióxido de carbono y el final estuviese cerca. Sabe que no lo traicionará, que siempre podrá contar con él, que le cubrirá las espaldas cuando lo necesite. Fox sabe por igual que si llega un momento en que su vida o su salud dependan de Falco como dependió el mismo día en el que lo encarcelaron o tuvo aquel accidente en la basa entonces él hará lo imposible por ayudarlo, le cueste lo que le cueste. Ha tomado años, muchos años, pero la confianza que han creado el uno con el otro puede ser la más fuerte que conocen, tan fuerte como la que Peppy ha tenido en su día con James.
Esa fe ciega es la que hace que ambos puedan concentrarse en sus batallas sabiendo que sus aliados jamás se convertirán en asquerosos traidores como lo fue Pigma una vez aunque sus vidas dependan de traicionar al otro.
Hay veces que a pesar de esa confianza contar determinadas cosas cuesta en demasía incluso luego de una relación de tantos años y una amistad tan fuerte. Falco se encuentra a veces en esa situación en la que se despierta mirando a un punto perdido en el vacío y en la que, muy a su pesar, es incapaz de hablar con Fox quien descansa a su lado y encontrar la fuerza y las palabras para explicarle el dolor que siente tras una pesadilla que ahonda en los traumas más dolorosos de su vida, en los años más oscuros de su infancia.
Es entonces cuando el faisán hubiera agradecido el haber hablado con Fox sobre esto mucho tiempo antes, en cambio en esos momentos parece no tener fuerzas para hacerlo.
Llegó un momento en el que las pesadillas y los recuerdos se volvieron tan vívidos e insoportables que se rindió, agotado, asustado, y pensó que era el momento de confiarle a Fox su secreto más doloroso para que lo ayude a superarlo de una vez por todas. La habitación estaba a oscuras y hubiera deseado que el zorro no hubiera apagado la luz aquel día. Su cuerpo, rígido del miedo, comenzaba a temblar. Los recuerdos se agolpaban por momentos en su mente, plagados de pesadillas, palizas y dolor, un miedo interminable que parecía que un día había conseguido callar en su mente sin saber que tarde o temprano afloraría de nuevo cuando no estuviera preparado. El cánido se despertó aquella noche preocupado y se giró hacia él pasando la mano por su brazo, amedrentado por lo mucho que el ave estaba temblado.
-¿Falco?
Fox sintió la rigidez de sus músculos y tanteó la mesilla en busca del interruptor. Conocía esa sensación porque él mismo la había vivido, pero jamás la había visto en Falco ni hubiera imaginado que algún día la sufriría.
-Falco. ¿Qué ocurre...?
Falco lo mira como un niño aterrado que había visto la guerra por primera vez, pero no hace nada, no dice nada, solo lo mira en shock sin saber qué hacer. Fox baja un poco la luz, lo abriga bien y lo abraza dejando que su cabeza repose en su pecho, meciéndolo calmadamente dándole tiempo a vivir la sensación y calmarse. Sabe que sea lo que sea no morirá por ello, solo necesita tiempo, saber que está allí.
-Está bien, Falco. Estoy aquí, no estás sólo. No estás sólo, amor...
Poco a poco él mueve un ala, dejando que se pose sobre el cuerpo del zorro. Los recuerdos son demasiado fuertes para afrontarlos solo, por eso agradece que esté allí con él ahora.
Fox espera paciente a que su amado se calme. La simple idea de que esté sufriendo esto lo pone enfermo habiendo vivido lo terrible que es, sensaciones que no le desearía ni al mismo Andross. Sea lo que sea está seguro de que Falco se ha guardado esto dentro de sí durante todo el tiempo que ha podido, vistiendo la máscara del gran farsante fingiendo que todo está bien, sea porque su orgullo lo ha obligado o sea porque no ha querido poner más peso sobre los hombros de su alma gemela que lo intenta hacer sentir mejor ahora.
Pasan los minutos y los sonidos de la nave se oyen lejanos en la habitación. Las estrellas se apagan y encienden rápidamente a su alrededor y el sector Z brilla por el polvo de colores en la ventana.
-Fox...
-¿Sí, Falco? ¿Estás mejor?
-Tengo que contarte algo.
-Dímelo, desahógate. Puedes contarme lo que quieras.
-...S-Sabes que mis padres me maltrataban y me obligaban a ir a esas cosas que llamaban terapias de reconversión,¿no?
-Sí, y eso es tétrico.
-No te conté muchas cosas de ellas.
-...Esperaba a que estuvieras preparado para hablarme. Supuse que era algo muy difícil de contar.
-Tienes razón, lo es.
Falco seca sus lagrimas dejando que Fox lo recueste junto a sí. Fox es la seguridad que le falta cuando sus fuerzas flaquean y por alguna razón el estar piel con piel junto a él lo alivia más de lo que jamás había pensado. Sus manos se deslizan suavemente por su cabeza y su espalda y el suave calor de ellas se hace agradable.
-No te sientas obligado.
-No es que me sienta obligado, Fox. Es que no puedo más con esto sin decírselo a nadie. Necesito tu ayuda con esto.
-Me digas lo que me digas mis sentimientos por ti no van a cambiar, eso tenlo por seguro.
-...
El faisán se acomoda un poco mejor, pensando un poco antes de decir nada. Le toma unos segundos comenzar, respirando profundamente tratando de calmar sus sensaciones.
-De pequeño era feliz, de verdad. Tenía muchos amigos y me era muy fácil hacerlos. El día en que le dije a mi padre que había un chico que me gustaba acabó todo. Me cambiaron de colegio a uno religioso y comenzaron a vigilarme las veinticuatro horas del día, un control constante.
Ello discutieron durante muchos días y se echaron las culpas de que fuera así el uno al otro. La relación empeoró y también me echaron la culpa de ello.
Cuando empezamos a ir a aquellas reuniones lo primero que me dijeron es que si hacía lo que ellos decían y lo hacía con fe podría curarme y volverme normal otra vez. Yo era muy pequeño y me creía en serio que había algo malo en mi.
Falco callo durante unos minutos tras la angustia de recordar su pasado. Ahí es donde siempre se ha quedado hasta ahora cuando cuesta la historia su vida, el resto lo ha ocultado y enterrado en el fondo de sí mismo por años.
Fox espera paciente a que continúe, dolido por verlo sufrir así. No conoce a aquellas personas y espera no hacerlo nunca. Normalmente respetaría las decisiones de otros, pero no en estas situaciones, especialmente cuando Falco es la víctima.
Sus ojos tristes lo miran buscando el apoyo que pudiera brindarle y le sonríe, asiente y le da la mano con la que entrelaza sus dedos.
-Es un maltrato continuo, lleno de violencia. Te ponen un apodo, jamás te llaman por tu nombre, ni siquiera tus padres lo hacen en casa. Te hacen sentir inferior, hablan como si lo supieran todo, como si no tuvieras entendimiento alguno y de verdad pudieras luchar contra todo lo que sientes. Te hacen sentir como un demonio. Cuando vas siendo mayor las cosas empeoran, sobre todo cuando consideran que no lo estás intentando lo suficiente. Cuando eres mayor eres un animal de laboratorio. Te drogan. Te dan descargas eléctricas. Te dan palizas día sí y día también. Les das igual...
-...Por eso es por lo que no puedes volar.
-Sí, fue el día que me escapé. Pero fue pero la razón por la que me escapé.
-...¿Y a caso se necesita algo más...?
-Sí. No aguantaba más que me violaran. Yo...
Fox estrecha un poco más a su amado entre los brazos helado al escuchar sus palabras. Los recuerdos fluyen por su mente en forma de imágenes y sonidos que es incapaz de controlar, decidiendo intentar concentrarse en las sensaciones en este momento. Intenta mirar al zorro y graba su ojos en la mente, el sonido de su respiración, y quizá porque lucha con garras y dientes por aferrarse al presente consigue salir del torrente de pesadillas después de un tiempo.
-...Dice que es para generate rechazo, pero creo que en el fondo esa gente se aprovecha de ti y es quien está verdaderamente enferma. Nadie en su sano juicio le hace eso a ningún menor, y a nadie en general. Todo aquello me repugnaba, Fox, hizo que los odiara, que odiara el sexo y que me odiara a mí mismo durante mucho tiempo. No podía mirarme al espejo, hay veces que no puedo aún hoy... Son muchas cosas, Fox. Es mucho lo que recuerdo porque lo vivía cada día durante mucho tiempo. Necesitaba irme de allí. Tenía que hacerlo.
-...
-...
-Eres muy fuerte, Falco. Siempre lo has sido.
-Gracias. Lo necesitaba. Necesitaba en serio oírlo... Supongo que ahora no estoy solo en esto.
-Y nunca lo estarás.
-Siento haber tardado tanto en contártelo.
-No, no. Comprendo que haya sido tan difícil. Joder...
-Por favor, no me abandones por eso.
-¡Ni hablar! Tú no tienes la culpa de haber pasado por esto, intentaste hacer lo que pensabas que era correcto, te obligaron a pasar por ello. Joder, cariño... Lo siento tanto...
-Tenía miedo de contarlo y que me dejaras.
-Lo comprendo. Eso no pasará jamás.
El zorro se encoge un poco más contra el ave dándole algo más de calor. Poco a poco va dejando de temblar olvidando el temor al rechazo que había imaginado una vez acunado por el calor, la protección y la comprensión de Fox.
-¿Te encuentras algo mejor?
-Sí, algo mejor sí.
-¿Te preparo algo caliente?
-Sí. Una tila estaría bien.
-Eso está hecho, amor.
Antes de abandonar la cama el zorro besa su frente y le acaricia los brazos. Fox entiende que él no es el culpable y jamás podrá comprender por qué esa clase de gente puede llegar a tener hijos a los que no van a cuidar e intentán modelar para su uso.
A partir de hoy, se dijo, Falco tendría en él a ayuda que una vez el faisán hubo necesitado y le hubo ofrecido a él incansable y contra todo.
