Capítulo dedicado especialmente a Zryvanierkic en el día de su cumpleaños! Espero que te guste ^^
El domingo ha amanecido caluroso aunque nublado. Hoy toca partido. El primero de la temporada, y se juega en casa. Hace ya más de medio año que ni Aspros ni Defteros se pierden un encuentro. Este inicio de liguilla juvenil no va a ser la primera excepción.
Los chicos están arriba, supuestamente preparando sus bolsas con los articulos de higiene y unas mudas limpias de calle. Cuando el partido finalice, Aspros ha propuesto ir los cuatro a comer fuera de casa, quizás en algún restaurante con terraza, para acabar de saborear los pocos días de verano que le queden al fatídico año.
Defteros hace días que está sumido en un estado de reflexiva observación que no termina de vislumbrar claro. A ésto se le añaden los repetidos rechazos que perpetra cada vez que Aspros intenta acercarse a él, y el mayor de todos comienza a dudar seriamente sobre la corrección de haber expuesto su realidad, la de él y Defteros, ante sus hermanos menores. Si en su clandestinidad Defteros ya se mostraba receloso y esquivo, ahora simplemente ha borrado de su catálogo de gestos todos y cada uno de los que imprimían cierta cercanía y complicidad con él.
Desde que han comenzado el curso, apenas seis dias atrás, los menores están regidos por una docilidad y falta de palabras que sustituyen a base de miradas y silenciosos análisis, que parecen someter a los mayores a una cuarentena que a Aspros comienza a superarle.
Es evidente que su confesión les ha distanciado. A él y Defteros de los menores, y a él aún más de Defteros. No hay enfados, no existen estúpidas pugnas y batallitas y la armonía que se ha asentado bajo ese pesado techo está drenando el ánimo del mayor. Aspros echa en falta una espontaneidad perdida, y en medio de esa añoranza ha decidido ofrecer a Defteros la indiferencia que su gemelo últimamente también despacha para con él. No se le acerca. No le ofrece caricias secretas. Y menos aún le reclama algún beso que le calme el alma. Por mucho que lo necesite y le urja para salir adelante, y no hacerlo sumido en la soledad que desde hace días le abraza.
Quizás ir a almorzar fuera ayude a recuperar algún tipo de cercanía fraternal más natural y menos anquilosada. Es su último recurso ante un situación que creía controlada, y que se ha tornado más escurridiza que las escamas de una dorada.
Defteros ni tan sólo le ha ayudado a recoger la mesa después del desayuno. Ha desaparecido dejándole solo, con todo por hacer y una pesada tristeza cayendo sobre sus supuestos inquebrantables hombros. Aspros trata de no pensar de más mientras va llenando el lavavajillas con las tazas de los cafés y los platos de la noche anterior. Desea poder alcanzar los niveles de paciencia necesarios para seguir otorgando tiempo a Defteros. Un tiempo que para él ya se está extinguiendo.
Las cucharillas caen en el cesto de los cubiertos, y cuando la boca del electroméstico es sellada, Defteros se materializa a sus espaldas, cerrando la puerta de la cocina y generando una hermética intimidad que descoloca a Aspros.
- ¿Qué pasa, Defteros? - Defteros...Ésta es la señal que alumbra el enfado o la tristeza de Aspros, que ni siquiera regala una mirada de reconocimiento a su gemelo, el cual se acerca a él y deja un sobre blaco en la encimera de mármol.- ¿Qué es ésto? - Aspros se seca las manos con un repasador antes de tomar el sobre, palpar dinero en él y definitivamente rendirse a buscar la mirada de su mitad, fija sobre él.
- Son todas las propinas acumuladas durante la temporada. Y la paga de finalización de contrato...- informa Defteros, apoyándose con la baja espalda contra la mesada. Aspros abre el sobre por inercia y se fija en la cantidad de dinero guardado en él, sin comprender en absoluto el significado de ese gesto.- Lo he estado apartando para nosotros...para los cuatro.- El mayor sigue sin agarrar el hilo que le tiende Defteros, que suspira otro tipo de tristeza al desvelar sus intenciones maceradas en soledad.- Es para cuando llegue la Navidad. Hay suficiente para irnos los cuatro de aquí durante una semana.
- ¿Para Navidad? - pregunta Aspros todavía más fuera de juego, devolviéndole el sobre a Defteros, que lo toma entre sus manos, extrae los billetes de 100 y 50 euros guardados en él y los recuenta por enésima vez.
- ¿Acaso quieres pasar esos horribles días aquí? - inquiere Defteros, con cierto deje de ofensa ante la falta de previsión de cálculos que le ofrece la sorprendida mirada de Aspros.
- Todavía no había pensado en ello, Defteros...- Aspros se excusa frunciendo el ceño al tiempo que decide poner en marcha el lavavajillas.
- Si nos quedamos aquí será una mierda. No quiero que los chicos vuelvan a pasar los malos momentos que vivieron el día de su cumpleaños...
- No podemos hacer nada para que papá y mamá regresen. Nos debemos acostumbrar a vivir días difíciles sin ellos.
- Pero podemos hacerlos más llevaderos. Distintos...crear unos nuevos recuerdos sin el dolor de su marcha. O intentarlo...- se explica Defteros, que parece haber estado engendrando por tiempo una misteriosa idea, totalmente unilateral.
- ¿Y qué propones?
Aspros se apoya con una mano sobre la mesada al tiempo que la otra busca descansar sobre su cadera, todo mientras lucha para no dejarse contagiar por la melancolía de su gemelo.
- Ir a pasar las Navidades al monte Parnassos...a esquiar.
- ¡¿A esquiar?! ¡Ninguno de nosotros sabe!
- ¡Pues aprenderemos, Aspros! - exclama Defteros mirándose a Aspros con la necesidad que también siente de él y que cabezonamente se prohíbe.- He ahorrado lo suficiente para costearnos los "forfaits", un monitor y un hotel.- Piénsalo...¿de verdad deseas pasar esa mierda de dias aquí? ¿quieres que de regreso al colegio todo el mundo les hable de lo felices que habrán sido esos días y que ellos sólo hayan almacenado más tristeza?- A Defteros ya se le han humedecido los ojos. Como siempre que les recuerda a ellos, y que piensa en Saga y Kanon ante todo y todos.- ¿Se te ocurre algo mejor?
Aspros sigue con la frente arrugada, la mirada alejada del foco del licuado azul de su perdición y con una insostenible tensión gobernando el nervioso golpeteo de sus dedos diestros sobre la mesada. Piensa, reflexiona y valora, asumiendo finalmente el acierto de la idea de Defteros.- Quizás no es tan descabellado como parece...
- Es perfecto - concluye el menor, borrando con la mano la incipiente emoción instalada perpetua en su clara mirada.
- Deberías haberlo compartido conmigo antes. Me hubiera gustado - le regaña Aspros, dignándose a mirarle por encima de sus recelos más íntimos.
- No quería hacerlo hasta estar seguro que el dinero alcanzaba. Además, tú no tienes ningún derecho a reprocharme nada ahora. Eres tú el que siempre lo decide todo de forma unilateral. Como cuando sacaste el tema de la charla sobre sexo sin siquiera ponerme al tanto de tu intención...
- ¿Y qué tiene que ver éso con lo que estamos hablando ahora? - pregunta Aspros sintiéndose atacado fuera de tiempo y sin razón.
Defteros abandona la lacerante mirada que le brinda Aspros, y desliza la propia entre los senderos de sus sospechas, aparentemente inadvertidas por el mayor.- Creo que deberías...deberíamos retomar esa charla con ellos...
- Ya quedó todo claro en su momento. Ya saben cómo actuar cuando se hallen frente a sus necesidades físicas. Y les ofrecí las defensas adecuadas para ello...
Aspros no está en la onda que ha comenzado a tantear Defteros, es más que evidente. Y no le culpa, porqué Aspros ya soporta demasiadas responsabilidades que quizás le impiden vislumbrar entre unas líneas borrosas y confusas, las mismas que a Defteros se le están convirtiendo abrumadoramente nítidas a cada paso que avanzan los últimos días. El menor inspira profundamente, no una vez...no. Un par de ellas, incrementando un nerviosismo que a Aspros empieza a atribularle de verdad.- Aspros...¿no te has dado cuenta que cada vez Saga y Kanon se parecen más a nosotros?
Ya lo ha soltado. Y lo ha hecho buscando de nuevo los siempre azules y serenos ojos de su gemelo, a quién ahora la incomprensión de tal absurdas palabras le alcanza el techo imaginario bajo el cuál se almacenan todas las reflexiones estúpidas de Defteros.- Pues claro...y cuánto más adultos se hagan, más se parecerán a nosotros. Los cuatro salimos indiscutiblemente a papá...
Defteros bufa, niega enérgicamente con la cabeza y por fin abandona el apoyo de su espalda contra la mesada. Extrañamente para Aspros, la mano de Defteros cae sobre su hombro y la repentina frunción de su mirada comienza a inquietarle. Y a hacerlo de verdad.- No Aspros...no físicamente. - le alarma su gemelo - creo...pienso sinceramente que son como nosotros.
El énfasis asentado en la palabra son es suficiente para lograr que Aspros descienda de repente sobre la tierra. Pero no su tierra, sino la que pisa Defteros con pies de cristal desde que lo suyo pasó a ser un secreto con dominio a cuatro bandas.
- No...no creo...ésto serán imaginaciones tuyas, Def...- dice, mirando con veloz intermitencia cada una de las fijas pupilas de Defteros sobre él.- Desde que lo saben eres tú el que está desquiciado, y no sé porqué.
- Obsérvales...Estúdiales cuando no se den cuenta que lo haces. Tú hazlo, y pronto empezarás a descubrir mentiras repetidas Aspros...
- ¿Pero qué narices quieres decir, Def? ¡De verdad! ¡Te estás trastornando en exceso!
- ¡Que les mires, joder! ¡Y piensa en cómo éramos nosotros diez años atrás! El patrón se repite...
Defteros no miente. Nunca lo hace, y cuando alguna vez ha osado intentarlo le ha salido tan mal que Aspros ha olido la mentira antes siquiera de ser hilvanada por sus labios.
- Quizás estén madurando...Es posible que estén llegando a un punto de fraternidad que nunca antes han sabido compartir, y ésto no es malo Def...
Aspros necesita justificarse todas las razones que se le ocurren y que de alguna manera derriban los argumentos levantados por Defteros, que sigue mirándole con un atisbo de terror naciente tras su cristalino azul.
- Durante esta semana me han mentido. Los dos. Y lo han hecho con la misma torpeza en que mentía yo a mamá cuando necesitaba lavar la ropa que delataba nuestra avería...
Aspros no quiere seguir escuchando. No desea que lo que auguran las palabras de Defteros sea cierto. Con tosquedad se deshace del contacto de la mano de su gemelo sobre su hombro, y los pasos comienzan a dibujarle confusos círculos en un pequeño espacio que no le dejará escapar de la más cruda realidad que existe.
De la misma que él un día decidió aceptar y defender. Pese a todo. Ante todos.
A su lado, Defteros permanece quieto los pocos instantes que su mano resiste la necesidad a la que finalmente se rinde. El pulgar es afianzado entre sus labios, y los dientes reanudan la tortura que siempre ejecutan sus más fieles verdugos: la ansiedad y los nervios.
- Quizás saber lo nuestro les ha confundido las ideas...Quizás quieran imitarnos de alguna manera, creer que intimar entre ellos es lo normal...- sigue reflexionando Defteros entre dientes, uñas y el sabor metálico de la naciente sangre.
- No sabes si lo hacen. O hasta qué punto han llegado si ésto es cierto - le corta Aspros abruptamente, deteniendo sus circulares pasos para ofrecerle una dura mirada de inútil defensa ante no sabe definir exactamente qué.
- Estoy casi seguro que es así, Aspros...- murmura Defteros, que ya acoge al eterno nudo que ata todas sus emociones en medio de su garganta.- Y no quiero que sea así...no deseo que sufran todo lo que sufrimos nosotros...
- No tienes nada de seguro, Def...y creo que estás hablando bajo el influjo que tu maldita culpabilidad te insufla constantemente, la misma que te hace ver cosas que no son. Siempre te has sentido culpable de lo nuestro. Nunca lo has aceptado del todo...
- Éso no es verdad Aspros...lo sabes - susurra Defteros, herido de lleno en lo más hondo de su vulnerable alma - Yo nunca me he arrepentido de lo nuestro...
- Lo sabía antes, Defteros. Te creía antes...Pero ahora hace tiempo que lo dudo.
- ¡Joder, Aspros! ¡No todo es tan fácil como tú quieres que sea! ¡Lo nuestro no es un juego! ¡Es una apuesta! ¡Y muy peligrosa!
La mirada y la voz de Defteros amenazan con romperse de un momento a otro, y Aspros es plenamente consciente que le ha herido, quizás regido por el resentimiento arrastrado durante los últimos días, quizás también gentileza del certero temor que corrosivo nace dentro de él, y que le recuerda que su gemelo tiene razón: no todo es tan fácil como él quiere que sea...
Para ellos no lo fue. Y sigue sin serlo.
- Def...Def...mírame...- dice Aspros después de haberse sobrepuesto a su propia tribulación, agarrando de ambos hombros a su hermano para obligarle a conectar algo más que sus miradas.- Les observaré...haré lo que me pides...y si descubro algún indicio que dé veracidad a tus temores...sólo te voy a decir una cosa: nosotros lo superamos solos...y solos, ellos no lo van a estar. Jamás.
Jamás...
¡Gracias Krista y Iass696 por vuestros reviews anteriores!
